Blogia

PATRIA Y HUMANIDAD

RECUERDOS DE VENTURITA

RECUERDOS DE VENTURITA

Por Luis Sexto

 

Un personaje de novela

Mi encuentro con Ventura Morejón ocurrió, creo, en 1993, cuando aún yo estaba documentado como un hombre feliz. Acompañado de un fotógrafo de Bohemia llegué a la Ciénaga de Zapata para entrevistar al actor Manuel Porto, establecido allí en una “inmigración” que contrastaba con la emigración de varios de sus colegas. Luego de grabar la telenovela titulada Cuando el agua regresa a la tierra –de dilecta memoria-, Porto, con la anuencia y el apoyo de Faustino Pérez, fundó allí un grupo de teatro, decidido a levantar los hornos del carbón espiritual mediante la leña de la cultura.

Al día siguiente, regresábamos a La Habana. Pero a invitación del actor, decidí viajar a Maneadero –60 kilómetros hacia el oeste- para conocer a Ventura Morejón, una especie de modelo del Ventura Fundora que Porto encarnaba, con ademán telúrico, terroso, arbóreo, en la telenovela entonces en el aire.

-¿Podrá ser el personaje de una crónica? –pregunté.

-A lo mejor –prometió Porto.

Formalmente Maneadero ya no existía. Poco tiempo atrás se le había acabado la referencia de ser el sitio habitado más occidental de la Península de Zapata, cerca de la ensenada de la Broa, y desde donde, en bongo, se podía pasar a Güines. La gente se había mudado a puntos más céntricos. Quedaba en pie una casa de madera que aguardaba despedazarse: la antigua tienda; en torno se dispersaban los cimientos enyerbados de varios bohíos. Era un poblado desierto. Fantasmal. Y por ello el silencio nos llegaba más sobrecogedoramente, porque donde vivió la gente, permanece el olor desgarrado del vacío...

Olor que, sin embargo, no venía solo. Un tanto escabullido, sirviendo de frontera entre la manigua rala y el monte oscuro, el bohío de Ventura Morejón nos enviaba el aroma de chicharrón recién frito. En un corral, el viejo, con 77 años, marcaba con sus señas las orejas de tres o cuatro puercos y les propinaba luego una tierna cuchillada en los testículos antes de echarlos al monte a criarse. Era mínimo, como Pulgarcito. Fibroso como las raíces de una ceiba. Locuaz y ocurrente como hombre habituado a hablar con flores o con ramas de soplillo o yana. Cuando acabó su faena castradora le dijo a Porto que estaba muy bravo, porque en la novela habían puesto cosas que no eran su historia. Tras oír la explicación del actor, aceptó que a las novelas había que ponerle su poco de mentira para que las personas las creyeran.

Después, sentados en el patio, entre bocados de masa frita, oí su historia. Qué le cuento, si no que nací en la misma Ciénaga, en El Roble, en tierras del Estado que algún fulano reclamaba para sí con trampas, pero cuando vino Fidel dijo la verdad: Aquí nadie le compró tierras a Dios. Soy el sexto de nueve hermanos; me querían mucho, porque yo era enfermizo, asmático.

Creció corriendo detrás de las vacas y los puercos jíbaros; tenía el cuerpo zurcido por los colmillos de mil lances. Y no tengo hijos; me casé tarde, hace diez años; esperaba a una mujer que sirviera de verdad, y aquí está conmigo, en la soledad que me gusta. 

A los 20 se dedicó a cazar cocodrilos. Al cocodrilo no hay que huirle, si le viene para arriba usted le tira la gorra a un lado, y él va a buscar lo que usted tiró. Y ahí mismo lo golpea con un palo en la cabeza y el bicho obedece. Al parecer, y a pesar de su escueta anatomía, Ventura  no se espantaba ante ningún animal de la Ciénaga. Ni fobias ni miedos podían influir en su psicología agreste, habituada a afrontar el peligro, el desamparo. Sin embargo, me equivoqué al valorar a aquel hombrecito que ya consideraba como mi personaje. No resistía oír hablar de los majaes. Se doblegaba. Una vez, de joven, fue a sacarle la manteca a uno y al rajarlo con el cuchillo, el animal me cagó todo y me manchó una camisa azul.

-Majá? Qué asco –dijo.

-Qué lastima –lamenté.

Y Ventura ripostó:

-¿Y qué quiere? Yo no soy  perfecto. ¿Eh?

 

«EL DECLIVE DE ESTADOS UNIDOS ES INEVITABLE»

Por Michel Colom

Brzezinski proponía en su libro una estrategia agresiva y maquiavélica para salvar al Imperio estadounidense. Pero, ¿cree él mismo que funcionará? Por muy sorprendente que parezca, la respuesta es no.
«A largo plazo la política global está condenada a hacerse cada vez menos propicia a la concentración de un poder hegemónico en las manos de un solo Estado. Por lo tanto, Estados Unidos no sólo es la primera superpotencia global, muy probablemente será la última» (p. 267).
La razón se debe a la evolución de la economía: «El poder económico también corre peligro de dispersarse. En los próximos años ningún país será susceptible de alcanzar aproximadamente el 30% del PIB mundial, cifra que Estados Unidos ha mantenido durante la mayor parte del siglo XX, por no hablar de la barrera del 50% que alcanzó en 1945. Según ciertos cálculos, Estados Unidos todavía podría detentar el 20% del PIB mundial a finales de esta década para caer a un 10-15% de aquí a 2020, mientras que las cifras de otras potencias (Europa, China, Japón) aumentarían para igualar de forma aproximada el nivel de Estados Unidos. (...) Una vez que se haya iniciado el declive del liderazgo estadounidense, ningún Estado aislado podrá asegurar la supremacía de la que goza hoy Estados Unidos» (p. 267-8).
«Una vez que se haya iniciado el declive del liderazgo estadounidense». Por lo tanto, Brzezinski no habla de una posibilidad, sino de una certidumbre. Escribe esto en 1997. Hoy resulta claro que el declive ha iniciado totalmente. El mundo llega a ser multipolar.
Pero, ¿quizá Brzezinski es un pesimista aislado? ¿Quizá los neocons que inspiraron a Bush son más 'optimistas', si nos atrevemos a usar esta palabra? Pues bien, de hecho no lo son mucho más. En el texto fundador de toda la política de la administración, el Project for a New American Century (PNAC, Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense), redactado en 1992 por Paul Wolfowitz y sus amigos, encontramos, por supuesto, toda la ideología de la nueva cruzada militarista, pero también un observación que llama la atención: «Actualmente Estados Unidos no tiene ningún rival mundial. El objetivo de la gran estrategia de Estados Unidos debe ser preservar y extender esta posición ventajosa el mayor tiempo posible (...) Preservar esta situación estratégica deseable en la que se encuentra Estados Unidos en este momento exige unas capacidades militares predominantes a nivel mundial» (7).
«El mayor tiempo posible». Por lo tanto, también aquí se cree que no será posible que Estados Unidos sea eternamente el amo del mundo. He aquí una gran paradoja. El mundo entero teme a Estados Unidos. Pero los dirigentes estadounidenses, por su parte, saben que están al mando del Titanic. Y están divididos en dos opciones respecto a cómo salvar al Imperio tanto como sea posible...

DOS OPCIONES PARA SALVAR AL IMPERIO
¿Cuál será la política estadounidense en los próximos años? La elección de uno u otro presidente es, desde luego, una indicación, pero no es decisiva.
Recordemos que durante la campaña presidencial de 2000 George Bush había prometido ¡una política internacional mucho más humilde y menos intervencionista que la de su predecesor! Mientras que el otro candidato, Al Gore, había propuesto un presupuesto militar más alto que el de Bush. Creemos que las grandes orientaciones de la política internacional no las deciden los presidentes, sino las multinacionales en función de sus necesidades del momento y de su evaluación de la relación de fuerzas mundial.
Y, precisamente, tras el balance de fracaso de los años de Bush que acabamos de describir la elite estadounidense parece bastante dividida respecto al camino que hay que seguir. ¿Cómo salir de esta delicada situación?
La primera opción posible es la opción militarista. En estos últimos años la han encarnado los neocons de Bush con la estrategia de Wolfowitz. La agresión y la intimidación como estrategia general. Multiplicar las guerras, inflar al máximo los gastos en el complejo militar-industrial para obtener el crecimiento y el dominio de las multinacionales estadounidense, y también para intimidar a aliados y rivales.
La otra opción es la defendida por Brzezinski y que a él le gusta llamar 'soft power' (poder blando). Otros hablan de un 'imperialismo inteligente'. Se trata, de hecho, de lograr los mismos objetivos de Estados Unidos pero por medio de unas formas de violencia menos directas y visibles, contando menos con las intervenciones militares estadounidenses, muy costosas, y más con los servicios secretos, las maniobras de desestabilización, las guerras por medio de países interpuestos y también con la corrupción...

DE LOS ERRORES Y OTROS DEMONIOS

Por Luis Sexto

El 10 de octubre, día que no es un día común en Cuba, cobra hoy, especialmente, una actualidad singular. Nos pide que apartemos la rutina del feriado, de la efeméride litúrgica, para elevarlo al rango de una fecha que nos dicta un proceder sin el cual nuestra historia no hubiese sobrevivido.

La unidad es, en Cuba, la fórmula política más antigua y más nueva. Cuando faltó en 1878, la causa nacional de la independencia tuvo que esperar a que Martí, el Unificador, fundara el partido Revolucionario Cubano, en cuya ágora cabía, en plenitud de igualdad, el esclarecido empuje como el empuje humilde. Bastaba que fuera cubano de toda cubanía, porque cubana era más que blanco, más que negro, más que anciano, más que joven, más que creyente o no creyente…

Cuanto de progreso en lo político y lo social ha edificado nuestro pueblo, ha sido mediante el concierto, la directriz suprema de la unidad, que da fuerza en lo diverso. No será imprescindible detenerse ahora en el relato pormenorizado de tanto episodio. La unidad, como ha sido en nuestra historia ayer, es hoy el concepto definitorio de la mejor política cubana. La realidad, que se destaca hoy por su contundencia, golpea en el hombro y también en el estómago. Y no exige un ojo muy afilado para interpretar sus signos principales.

¿Qué ocurre? Que la nación y sus conquistas revolucionarias de independencia, justicia, solidaridad afrontan el más erizado riesgo de su curso. El último obstáculo suele ser el peor. Y lo es, porque los anteriores ya han sido superados.

Hay en Cuba, así, una única necesidad: salvar el país de las secuelas de los huracanes y los maleficios rezados y actuados desde el extranjero, y salvarlo también de las inconsecuencias de errores acumulados. O lo que es todo lo mismo: resguardarlo del sometimiento al extranjero y de la fragmentación del capitalismo….

La política es la ciencia de la hora, la ciencia de responder al momento con el código que el momento reclama. Aunque ciertos contenidos jamás envejecen, lo de ayer puede ser lo de hoy si tiende a colmar las urgencias actualizadoras de la política.

Desde el 10 de octubre de 1868, desde aquel amanecer en que un hombre símbolo –Carlos Manuel de Céspedes- se despojó de lo suyo, esto es, de sus riquezas, su posición, sus aspiraciones individualizadas, para asumir en sí, en su abnegación, las necesidades y el ideal de los cubanos; desde aquella madrugada Cuba cuenta con un modelo que nos hace recordar: La unidad implica sacrificios y riesgos. Porque habrá que dejar fuera del caldero común de la nación, lo que cada uno tiene de egoísta, de celador suspicaz de sus excesos, para sumarse a la necesidad de todos.

Por ello, por cuanto obliga, no habrá unidad sin comunicación, sin el intercambio que nos congregue mediante la explicación, el raciocinio que, atento a cualquier grieta, nos convierta en un fajo de comprensión.

Me pongo –e invito desde mi espacio modesto de observador que se quema, pues cree en su patria y en la obra de sus mejores compatriotas-, me pongo, digo, e invito a reflexionar en nuestra situación. A voltear de vez en cuando la cabeza atrás. No sé debe de vivir mirándonos hoy, sin que la vista de largo plazo provea qué hacer para el futuro, ni sin que de vez en cuando pensemos qué hacemos ahora que hayamos hecho antes y que la práctica haya tildado de erróneo. El acto de independencia del 10 de Octubre fue un acierto. El Zanjón, un error. Y Martí organizó el 24 de Febrero tratando de evitar que en la nueva campaña se cometieran los mismos errores. Por ello, si la táctica a veces se improvisa ante la demanda urgida de la realidad, la estrategia repugna la improvisación. Hoy, sí. Y mañana qué. Porque lo peor de los errores de ayer es que se cometan hoy.

Ese, me parece, es uno de los mensajes más claros de nuestra historia. Y si alguien me reprochara que yo no soy claro, advierto que hay verdades que han de verse iluminadas desde dentro de cada conciencia, con esa luz que difunde el vivir hoy aquí, con la presencia de lo que fuimos ayudándonos a ser lo que somos. Y, sobre todo, lo que necesitamos ser. Esta, lo que necesitamos ser, es nuestra mayor responsabilidad ante la historia que el 10 de Octubre, fecha más de inquietud que de holgorio, nos hace recordar en medio de nuestras comprensibles incertidumbres. Y de nuestras irrenunciables certezas. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

 

 

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA (2)

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA (2)

Por Luis Sexto

 

La Casa de las Américas, en La Habana, publicó en 2007 un libro largamente esperado. No me engaño. Quién no deseó alguna vez que Aleida March escribiera sus memorias sobre Che Guevara. No era este un deseo escabroso, intrigante, ni respondía a afanes de chismografía doméstica. Qué visión  más precisa y exacta que la íntima, la familiar, el paisaje humano desde la perspectiva del hombre de todos los días, en el nicho donde se trenzan los afectos más hondos y perdurables. Los afectos del esposo, del padre en un hombre muy importante y singular.

Había hasta ahora múltiples acercamientos al Che; numerosas valoraciones desde el punto de vista  político, militar, económico. Echábamos de menos, sin embargo, el relato de su intimidad, esa mirada que confirmara, desde el ángulo más personal, al político, al pensador, al hombre de acción.

Aleida March ha conseguido completar la imagen de Che Guevara con un testimonio único en este libro titulado Evocación. Lo he leído dos veces y no puedo decir, bajo el riesgo de mentir, que he quedado inconforme. Descontando aquellos pormenores de índole sumamente íntima, u obviando los hechos cuya naturaleza estratégica exijan todavía el silencio, Aleida March, la esposa de Ernesto Guevara, y su camarada de lucha desde las montañas del Escambray, en el centro-sur de Cuba en 1958, ha escrito un texto colmado de interés y humedecido por la entrañable presencia de un hombre que la autora, a pesar de estar tan cerca y quizás por esa propia cercanía, supo ver en su dimensión exacta de hombre extraordinario.

Aleida March tomó la decisión más justa: hablar del Che, del amor de ambos, de padre, del esposo, del yerno. Y con toda esa crónica en la que parpadea la nostalgia, puso de manifiesto la ternura contenida, pero enorme y nunca adormecida del Che Guevara. Como la que apreciamos en esta carta: 

“Mi querida:  Es la última en mucho tiempo, quizás. Pienso en ti y en los pedacitos de carne que dejé detrás. Este oficio deja mucho tiempo para penar, a pesar de todo.

“(…) Ahora te mando un par de besos apasionados, capaces de derretir tu frío corazón; divide uno en pedazos para los niños. Dale otro más moderados a los suegros y los demás componentes de la fila.

“En las noches del trópico volveré a mi viejo y mal ejercido oficio de poeta (…) y tú serás la única protagonista.”

Quién podría pensar que ese hombre que sabía amar, escribir cartas dulces y amorosas, leer y escribir versos, ese hombre que sabía darle al sentimiento su lugar  en la vida; quién podría pensar, sin caer en culpa de odio e injusticia, que la existencia de condotiero, soldado, constructor de pueblos, no estaba regida en el Che Guevara por el amor, la ternura aun cuando disparara un fusil.

Evocación es un libro tan útil y necesario como un episodio de la revolución.

 

CUANDO UN AMIGO SE VA

CUANDO UN AMIGO SE VA

Por Luis Sexto

Ha muerto Helio Orovio. Y sé que no ha muerto, para mí, solo el poeta, el musicólogo, esa figura que recogerán los obituarios como una pérdida de la cultura nacional; el autor del Diccionario de la música cubana, antecedente de otros proyectos, tal vez más voluminosos y precisos, pero que transitan la huella dejada por Orovio.

La noche del 6 de octubre, el noticiario de la Tv me aplastó contra mi sillón al oír la noticia. ¿Cómo es posible si hacía unos instantes, mientras revisaba el original que estoy acabando de escribir sobre Pedro Junco y toda la mitología de su bolero “Nosotros”, me dije: Debo llamar a Helio para consultarle este o aquel juicio; consultar su procedencia, su exactitud histórica o técnica.

Cuando pensé en él, no pude creer que podía ser una señal  telepática, como un aviso de su muerte. Tantas veces lo recordaba en el día; lo veía tan escasamente viviendo él tan lejos –ahora tan lejos- en Santiago de las Vegas, ese pueblito donde nació en 1938 siendo “nieto de Ramón el lector”, camino de Santiago por donde se le iba la nostalgia en sus poemas rumberos y rumbeantes, versos percutientes de músico popular estudioso, licenciado en derecho diplomático y fino poeta conversacional, irónico y maldito como José Z. Tallet, a quien le consagró la antología cimera soñada a sus 30 años.

Lo conocí en 1966. Todavía Helio no había cumplido 30 años. Y a mi me faltaban siete para hacerlo. Fui a verlo una tarde a El caimán Barbudo, en la redacción de Juventud Rebelde. Yo quería ser poeta y varios de sus poemas, publicados en el polémica mensuario juvenil, en aquella época fundacional, me habían conmovido por la sencillez, por ese lenguaje de casi todas las calles. Supuse que me comprendería. Me le acerqué y le dejé varios de mis versos aprendices. Se había comprometido a leer mis torpezas. Y una semana después dejó su criterio con Silvia Freire, la secretaria de Redacción. En papel gaceta, manuscrita a lápiz, la carta trasuntaba magnanimidad, cercanía.

¿Debo reproducirla? Si lo hago es para su honra póstuma. Le agradecí siempre su estímulo. Y una vez la publiqué en Juventud Rebelde, en una crónica que no hablaba de su futura muerte, sino de su fecunda existencia. “Hay momentos en los poemas que casi tocan la poesía, pero las caídas son muy visibles luego. (...) El poeta tiene que ser creador. No puede escribir por la voz de nadie, aunque ese nadie se llame César Vallejo. (...) Ahora bien creo que tienes sensibilidad, amor a la poesía y fuerza vital. Debes aprender a utilizarlas mejor.”

Cómo fue posible que Helio, ya entre las voces prominentes de aquella generación insurgente que en el Caimán Barbudo entonces lideraba, desde un extremo, Jesús Díaz, luego tan veleidoso, pudo expresar una crítica severa sin negarme la posibilidad de algún día  llegar a escribir un poema decente. Helio Orovio había salvado de la dispersión y la inseguridad mi vocación literaria.  Amarillenta, conservo esta carta entre mis papeles más queridos.

Helio Orovio era, sobre todo, una buena persona. Su mejor epitafio

 

AL PIE DE LA GUILLOTINA

AL PIE DE LA GUILLOTINA

 Por Luis Sexto

Los médicos conservan el halo místico de los viejos alquimistas, los remotos curanderos, los brujos de la tribu: despiden inconscientemente el azufre de lo mágico; sudan en la humedad de la recóndita cueva de los Papeles del Mar Muerto Sus antecedentes son el Buen Samaritano, Galeno, Hipócrates, Cagliostro, Simón el Mago. Por todo ello, que los enriquece con milenios de tradición, y por su ciencia moderna y eficaz, respeto a los médicos. Cuando ellos hablan sobre mi salud, yo callo: oigo, asimilo; me reoriento, confío…

Alguno ha sido mi amigo. El doctor Tomás Morejón, muy querido en San José de las Lajas. Con él yo podía conversar, preguntarle, y él me respondía tan amablemente que la fraternidad endulzaba sus respuestas. A mí lo ligaba su pasión por el ejercicio del periodismo, tanta que por unos años fue corresponsal voluntario,  y como había nacido en Placetas y yo muy cerca, en General Carrillo,  le parecía que él y yo estábamos vinculados desde mucho antes de nacer. Murió sin conocer la última prueba de nuestros telepáticos acercamientos. Cuando falleció repentinamente durante una visita familiar a Nueva Jersey, yo estaba, sin saber uno del otro, en Nueva York, cubriendo el viaje de Fidel en el cincuentenario de las Naciones Unidas… ¿Casualidad? Él me hubiese querido más por ese azar.  Morejón tenía sus ideas… Pero médico, gran médico, era. Y yo lo escuchaba, a veces con miedo: no solía equivocarse cuando miraba y juzgaba a un paciente.

Pero con ningún otro médico me atrevo. Les informo escuetamente de mis síntomas. Y ellos juzgan, comprueban, y deciden el tratamiento. A lo más que me he aventurado es a no cumplirlo, o a no asistir al laboratorio para un análisis o a someterme a un aparato de diagnóstico. Y de ello tengo que arrepentirme, porque alguna vez he llegado un poco tarde a la solución del mal.

En estos días, mi cervical ha salido a navegar: los tumbos del mareo me han mantenido medio atontado. Y el ortopédico, con el propósito de descartar otras causas posibles, me remitió al hospital para que me revisaran el canal de las carótidas y precisaran si algún arrecife tupía el fluido sanguíneo.

La mañana me favoreció. Apenas había leído yo las primeras cinco líneas de una crónica de Rolandito Pérez Betancourt –las cuales aseguraban una lectura interesante- oí mi nombre en voz alta: me tocaba entre los primeros. Entré tímidamente en una pequeña habitación junto con otro paciente; una mampara dividía el mínimo espacio. El doctor dijo: esperen al lado. Y unos segundos después pronunció mi nombre.

Saludos. Y enseguida: Bájese los pantalones.  Un tanto dudoso, los bajé sin preguntar. No me atrevía. Supuse que como nunca me había hecho un ultrasonido especial, quizás la medicina habría hallado nuevos fórmulas, nuevos caminos para llegar desde abajo a arriba. Oí una señal rápida como rasgar de papeles y vi unos signos y rayas en la pantalla del monitor.  Luego, el doctor me ordenó: Súbase los pantalones. Fue en ese instante cuando  me arriesgué: Doctor, perdone, le voy a preguntar solo por curiosidad, no se ofenda. Qué tienen que ver los testículos y la cervical. Una pausa, casi invisible. Y dijo:

Nada; me equivoqué- y explicó que él le había pedido a la enfermera que llamara primeramente a los pacientes con órdenes de  “doppler” en los testículos.

- Suerte que no estamos en el salón de operaciones… comenté.

Ah, sí, repuso avergonzado, mientras hacía un paneo por mi cervical. Pero, advirtió, creo que con ánimo de atenuar su bochorno: Tiene usted un “huevo” duro….

Y yo, dejando a lado mis aprehensiones, mi clásico respeto por los émulos de Merlin  y Bianchón, el médico de Balzac, dije: No se preocupe, debe ser el calor, el calor…

 

 

 

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA (1)

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA  (1)

Por Luis Sexto

 

En ese libro sin iguales que llamamos El Quijote, el flaco y loco caballero dice, en un momento de indignación: Yo sé quien soy. Como notamos, el loco no lo estaba tanto… Y por ello nosotros también sabemos quién es Don Quijote, el perseguidor de entuertos, el rival de cuanto molino de viento surge ante la andadura tropelosa de la Humanidad. 

Pero, ¿sabemos quién era Miguel de Cervantes?  Lo pregunto porque tanta fuerza tiene Don Quijote en su brazo y en su espíritu que a veces creemos que este andariego señor de rocín flaco y lanza  apasionada, se hizo solo, como en un sortilegio merlinesco, recitado por la necesidad de tener un paladín y un paradigma humano en que se mezclen el arrebato y lo cuerdo; la ternura y la violencia;  lo individual y lo solidario… Pues, déjenme repetirlo sin hacer el ridículo: Miguel de Cervantes es el padre de Don Quijote, de ese ingenioso hidalgo de la Mancha, desafiante burlador de las convenciones de clase, sexo y raza.

Para conocer, pues a Miguel de Cervantes y Saavedra, hay un libro en las librerías cubanas que nos lo muestra como envueltos en un estuche de seda y terciopelo, bajo el título de Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, firmado por María Teresa León, escritora española que le concedió al poeta Rafael Alberti el privilegio de ser un esposa.

Es un libro hermosísimo. Hermosísimo. No hallo otra palabra más original para este libro donde María Teresa León nos demuestra que Cervantes no solo nos enseñó a hablar, sino a ella la enseñó a escribir, tan bien, que esta biografía novelada, este acercamiento a la vida de Cervantes es muy digno del célebre autor del Quijote.  Tierna, capaz, armónica, musical prosa que en María Teresa es a la vez nota fuerte, recia,  como de alma de hierro.

De María Teresa León se publicó también recientemente en Cuba, Memoria de la melancolía,  volumen en el que uno confima, si fuera necesario, que esta señora es una de las plumas más dúctiles y competentes de la literatura española del siglo XX.

Al final de Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, aparece un ensayo de Fina García Marruz, otro nombre grande de escritora y mujer grande unida a un nombre grande de escritor y hombre llamado Cintio Vitier. Pues aquí, en este libro cuya edición fue preparada por la Editorial Gente Nueva –para niños y jóvenes- se juntan dos maestras de las letras y la sensibilidad hispánicas, para hablar de su Maestro Cervantes.

 

Lo que el viento no se llevó

Por Niurbis Soler Gómez.

 

Me ha llegado desde Chaparra esta sensible crónica

Chaparra es como una muchacha que mira indiferente el paso de los años, cargando en su espalda todo el polvo almacenado en tantos siglos.

Aunque sus líneas paralelas ya no conducen a ningún sitio, dos chimeneas la enlazan con la distancia.

Sus calles abren un horizonte por donde escapa la gloria, buscando el atardecer.

Hay tanta historia en sus portales que el tiempo no cabe en los horcones y se convierte en páginas que la desnudan.

Chaparra es un paisaje que no se apaga en la memoria, la fe para los que nunca creyeron  y la suerte para los que no levantaban el fatalismo geográfico como bandera.

Chaparra es un pueblo de poesía, de palabras y de sueños.

Pero todo lo que se reflejaba en las pupilas cambió de repente. Los primeros indicios fueron los partes meteorológicos, la braveza del cielo, el cambio de humor del aire y la llovizna.

En una sola madrugada se cayeron el esfuerzo y las ilusiones; y el amanecer gris, solo trajo basura, dolor y lágrimas. Muchas lágrimas.

Los techos ya no apuntaban al amanecer, los árboles que midieron mi estatura ya no estaban para aliviarnos del sol, las calles perdieron sus contornos y la oscuridad se repartía por todos los sitios y rincones.

Entre tanta penumbra, muchos se aprovecharon del dolor ajeno; creyendo que la naturaleza les había obsequiado un ciclón de oportunidades, vagaron recogiendo migajas, sin saber que sus almas reflejaban la podredumbre que llevaban dentro.

Sin embargo, otros hacían la luz como por intuición. Esos demostraron que la solidaridad y la amistad son las armas del desamparo y que la ayuda, en tiempos difíciles, hace al ser humano más limpio.

Después del abatimiento, las lágrimas se secaron y el dolor le dio paso a la recuperación.

Ahora, donde había cuatro habitaciones solo hay un lugar para acomodarnos, las calles han recobrado sus contornos y los techos saludan al amanecer, a pesar de los disímiles agujeros por donde se filtra la poca luz que tenemos.

Chaparra volverá a ser un pueblo de poesía, de recuerdos y de historia, y aunque muchas cosas quedaron en el olvido, el viento no se pudo llevar lo que nos hace humanos.

No se pudo llevar ni la esperanza, ni los sueños.