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PATRIA Y HUMANIDAD

MENSAJE DESDE MIAMI

Por Fray Antorcha

El pueblo de los Estados Unidos entregó las llaves de la Casa blanca al primer afro americano, tras mas de 100 años de haberse abolido la esclavitud en este pais y cuando apenas hace la mitad de este tiempo, los ciudadanos negros no tenían ni siquiera permiso para votar.

La aplastante victoria del demócrata Barack Obama (349 puntos), sobre el republicano John McCain (173 unidades), demostró las ansias de 62 millones de estadounidenses, entre los cuales se cuentan por supuesto inmigrantes legales de muchas otras naciones, de cambiar los destinos de la nación, sumida en la mayor crisis económica de la historia, gracias a la ineficiencia del peor presidente, que como tal quedará en la memoria de este país el “desgobernante” George W. Busch.

Y a cuentas del cual quedaran también los más de cuatro mil soldados muertos en las dos contiendas bélicas ordenadas por este ser irracional, que si no pudo cumplir su promesa de capturar a Bin Laden, mejor dicho fue su justificación para enviar las tropas a Afganistán primero y luego a  Irak-, tampoco pudo demostrar que el país árabe contara con armas nucleares que pusieran a riesgo a la Unión  americana.

 Y mientras el nuevo ocupante del despacho oval para el cuatrienio 2008-2012 se dispone a mudarse su nueva residencia, el otro, que usa cuello y corbata sin merecerlo, dispone sus maletas para partir por fin a su rancho, de donde nunca debió salir, cuando realmente debiera ir directo a la cárcel, por lo ya apuntado, además de por gastar miles de millones de dólares, una de las principales causas de la actual crisis económica, en dos guerras tan perdidas como la de  Vietnam en la década de los 70.

  Pero mientras esto ocurre, los archienemigos de su propio país, donde algunos nacieron, como los hermanitos Lincoln y Mario Diaz Balart, republicanos junto a la también cubana-americana Ileana Ros-Letinen, avivan las esperanzas de que se mantenga el embargo a Cuba y de que el Presidente Obama no sostenga encuentro alguno con los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Tal vez para estos dos países latinoamericanos el que ello suceda o no, no cambiaria sus destinos, pero indiscutiblemente que seria de un gran beneficio, sobre todo para ambos pueblos, más allá de las diferencias políticas.

   Ya en las primeras apariciones de los llamados "analistas políticos" --en teoría--, algunos admitieron que de encontrar Cuba petróleo en sus aguas jurisdiccionales, ello podría cambiar el curso de las cosas, aun cuando la degenerada ley Helms-Burton, dictaminaron, prohíbe que el titular americano se reúna con su homologo cubano.

  Pero una cosa piensa el borracho y otro el bodeguero, porque al menos que se sepa, hasta hoy, Obama no le ha pedido su opinión a los guapos de café con leche y pan con mantequilla, que cabizbajos y silenciosos dejaron de dar gritos en favor de su candidato preferido, McCain, con quien contaban para endurecer la política hacia Cuba.

 Al hablar  hace unas noches ante mas de 150,000 seguidores en Chicago, Barack Obama aseguro que "el sueño de esta nación sigue vivo, en tanto aseguro que el cambio a América había llegado.

  Esperemos, en contra del mal deseo de tantos y tantos “republicanólogos” cubanos, mafiosos y desheredados de llevar el gentilicio del cual muchos otros miles vivimos orgullosos, que el triunfo demócrata logre cambiar el curso de la historia respecto a Cuba, porque si algo quedo demostrado ya, es que los cubanos --extiéndanse los enemigos de su propio país--, que contaban con el apoyo de McCain para seguir endureciendo la política, no deciden nada con sus votos, como siempre han pregonado.

 Miami ya no es solo ciudad de mayoría cubana, sino también venezolana, argentina, colombiana, peruana, mexicana y de otros países latinoamericanos, de entre los cuales muchos apoyan la causa de Cuba y respetan y apoyan a nuestro pueblo.

Y mientras el señor McCain también se encamina hacia su zona, pensamos que no pudo demostrar lo que respondió hace apenas unos días a un periodista aquí: ".... a los hermanos Castro ya los tengo controlados".

Nadie sabe cómo, pero tal vez quiso decir: "A los hermanos castro ya los tengo enc...", o colocados en un cuadro en mi alcoba para observarlos sin poder hacer nada en absoluto en contra  ellos.

              

              

 

 

 

LA PARÁBOLA DEL ESPEJO

LA PARÁBOLA DEL ESPEJO

Por Luis Sexto

Iríamos contra la cordura si calculáramos lo que no se tiene sobre la base de los deseos. O calcular lo que se podrá tener sin saber cuánto se tiene. O gastar sin saber cuánto sale por la tubería de la inconciencia... ¿Dice usted que todo ello es cosa sabida? Y yo le digo que sí y añado un punto más: muy sabida.

Ocurre, sin embargo, que en la conducta personal, los desastres económicos domésticos –cataclismos en pequeño formato- provienen de echar cuentas en el aire, por encima de cuanto se puede o se debe. Predominan los gustos, las adicciones, la irresponsabilidad. No me alcanza el dinero, pero no puedo fumar menos, ni beber menos, ni… dejar de hacer tantas cosas que me placen, porque mañana, mañana será otro día y quizá un golpe de suerte nos cambie la existencia…

Esa película, que suele exhibirse en los cines familiares, se rueda sobre un guión que a veces tiene origen en el célebre espejo de un cuento infantil. Como la bruja, lo consultamos, pero en lugar de esperar a que el genio que habita detrás del azogue responda, respondemos nosotros como si presumiéramos que el espejo nos va a decir lo mismo.

Ese error, ese vivir a base de presunciones, es la causa más común de tantas desgracias domésticas. ¿Sólo domésticas? ¿Por qué no sociales? Algún lector agudo lo pregunta e insiste. ¿No cree usted, por ejemplo, que la crisis financiera capitalista que ha erosionado la aparente seguridad económica del mundo, no ha sido también la consecuencia de no dejar hablar al espejo y el juego de la bolsa ha proseguido como si habitáramos el mejor de los mundos posibles?

Estoy de acuerdo. Y no quisiera ir demasiado lejos. Esta columna se ha aplicado a comentar temas internos, que no por ser propios son inmunes a condicionamientos externos, esto es, a  problemas ajenos. Pero, insistiendo, en Cuba también ha subsistido, además de en lo familiar y lo personal, esa tendencia a anticiparse al espejo y responder preguntas sin que la realidad –nuestro espejo- diga su parecer.

Vivimos en un ámbito de “buenos deseos” donde la voluntad se ha erigido por momentos en camino y vehículo a la vez, y como resultado de ese concubinato un vástago mal nacido: el voluntarismo. Las cuentas no han podido ser, alguna vez, más absolutas que bajo el predominio de la voluntad a todo trance: se quiere o no se quiere. Si se quiere, vamos aunque vayamos en contra de lo posible, lo sustentable, lo racional. Ah, y si no se quiere… pues a ningún lado vamos. Hemos de proseguir lo que queremos. O lo que quieren algunos ¿Y la realidad qué dice; qué dice el espejo mágico? Ah, el espejo está a nuestro favor: confirma cuánto hacemos o dejamos de hacer… sin que le consultemos.

Así, en esta parábola, transcurren los días en la existencia de ciertas familias, ciertas personas, incluso de ciertos sectores sociales. Quien bebe, y se embriaga, y maltrata a la esposa bajo los efectos de su descontrol, supone que el espejo le dirá que hace bien: primero el deseo, el gusto, mi interés -¿hay algo más justo?- y después, la paz y el bienestar de la pareja, los hijos, el hogar.

Advierto que no he querido sustituir a Calviño, psicólogo, conductor de un espacio de la Televisión cubana. Soy solo un observador, y a veces la ignorancia, mi ignorancia, que es usualmente un mal espejo, coincide con los juicios especializados. Ahora bien, esa conducta de hacer y hacer, o deshacer y deshacer, presenta varios riesgos, sobre todo dos, digamos en el caso del bebedor sin límites: que la esposa se canse y se marche de la casa o lo bote con legítimo derecho, o tanto lo sature el alcohol que ya nada pueda curarlo…

No me gustan las moralejas. Pero, me parece, que habría que deducir de cuanto he dicho una verdad moral y convertirla en un método: antes de decidir, consultar con la realidad, con el espejo, y dejar que hable primero, para sacar las cuentas sobre lo concreto, de modo que si algunas personas dependen de mis decisiones, mi sustento, mis programas, como cabeza de la familia, hemos de partir de un principio: lo que a mí me puede convenir, si no les conviene a ellos, no debo hacerlo. Y así evitar un conflicto de intereses, como ese que se armaría si el que pide prestado esconde su intención de no pagar. Mire usted, cuánto lío por no dejar hablar, responsablemente, al espejo.

 

 

¿Cuál será mañana la política internacional de Estados Unidos?

Por Michell Collon

 

Con cada nuevo presidente de Estados Unidos, se dice: "¡No puede ser peor que el anterior!"

Se pensaba que Kennedy sería un presidente moderno y simpático. Empezó la guerra de Vietnam.Se pensaba que el piadoso Carter sería un presidente más honesto que los demás. Financió a Ben Laden en Afganistán. Se pensaba que George Bush padre sería menos agresivo que el cow-boy Reagan. Bombardeó Iraq. Se piensa que Obama será ...

 

Después de Bush todos esperamos un cambio o bien nos tememos los peor. ¿McCain u Obama? ¿En qué cambiarán las elecciones la situación de Iraq, Afganistán, Palestina, África, el Cáucaso, Cuba o Venezuela? ¿Y las relaciones con las grandes potencias, Europa, Japón, Rusia, China?

 

No creemos que la política internacional de Estados Unidos se decida en la Casa Blanca. De hecho, la elite estadounidense está dudando actualmente sobre la estrategia que se va a seguir en los próximos años. En este texto se analizan las dos opciones que se le ofrecen. La crisis económica hace que la pregunta sea aún más candente: ¿cómo hará Estados Unidos para seguir siendo la superpotencia que domina el mundo?

Este texto es un extracto de nuestro libro Los 7 pecados de Hugo Chavez (capítulo 11: Estados Unidos, el oro negro y las guerras de mañana), de próxima aparición. En las páginas anteriores se explican las razones del ascenso y posterior declive de Estados Unidos. Investig’Action considera necesario publicar ya este extracto para arrojar algo de luz sobre los actuales debates acerca de las elecciones en Estados Unidos…

 El fracaso de Bush

 ¿Qué balance se puede hacer de esta guerra global que la administración Bush ha llevado a cabo a partir del 11 de septiembre? Negativo. Prácticamente en todas partes…
En Afganistán e Iraq Estados Unidos desencadenó sendas guerras que ha sido incapaz de ganar y que no ganará nunca. A Bush le hubiera gustado emprender una tercera contra Irán, pero al estar demasiado debilitado tuvo que renunciar a ello. El objetivo de esta guerra era asegurar a Washington el control del petróleo. En cinco años su precio ha pasado de 25 dólares a más de 100 dólares, lo que ha tenido unas consecuencias muy negativas para la economía estadounidense y mundial.
En América del Sur Estados Unidos ha perdido total o parcialmente el control de casi todas sus colonias: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil. En el momento de escribir estas líneas sólo le quedan Perú, Chile y Colombia.

También en África la resistencia se ha marcado tantos. El Congo de Kabila se ha negado a ponerse de rodillas. Y cuando Washington buscaba dónde instalar el centro de su nuevo mando militar Africom, todos los países declinaron educadamente.
Igualmente, en el sur de Asia a un grupo de estrategas estadounidenses les preocupaba recientemente el ascenso de las resistencias en todas la región y proponía reforzar la ‘capacidad de proyección’ de Estados Unidos en el sur de Asia. En su jerga esto quiere decir los medios de organizar el desembarco de militares, bombardeos o apoyo a golpes de Estado. Pero se apresuraron a señalar que debido a la impopularidad de Estados Unidos en esta región sería imposible encontrar un país que pudiera acoger la sede de esta fuerza estadounidense (1).
La política de Bush ha provocado resistencias incluso entre los aliados europeos. Así, en la cumbre de la OTAN en Bucarest del pasado mes de abril George Bush reclamó una nueva expansión para integrar en esta ocasión a Ucrania y Georgia, dos pistolas que apuntan a Rusia. Pero sufrió la negativa firme y pública de Alemania, Francia, España, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, poco deseosos de enemistarse con Moscú, su suministrados de gas. Steve Erlanger y Steven Lee Myers, dos analistas cercanos al Pentágono, vieron en ello «un notable fracaso de la política de Estados Unidos en una alianza normalmente dominada por Washington» (2).

En Rusia, precisamente, el tono está subiendo. Moscú se niega a que se instale en el continente europeo unas armas que Estados Unidos llama escudo antimisiles: «Si una parte del potencial nuclear de Estados Unidos está en Europa (...), tendremos que tener unos objetivos en Europa» (3). Además, en mayo de 2008 Rusia probó un nuevo misil intercontinental de cabezas múltiples «en respuesta a los actos unilaterales e infundados de nuestros socios», declaró Putin. Sin embargo, Washington asegura que el escudo antimisiles no se dirige contra Rusia, sino sólo contra Estados como Irán. Pero Putin replica: «ningún misil iraní tiene tanto alcance, así que es evidente que esta novedad también nos concierne a nosotros, los rusos» (4).

 China, como Rusia, tampoco dio marcha atrás ante las múltiples presiones y campañas organizadas por Washington.


La elite estadounidense se divide

 Hace diez años Zbigniew Brzezinski, ex-consejero del presidente Carter y el estratega más importante de Estados Unidos, publicó El gran tablero de ajedrez, una especie de libro de instrucciones sobre «Cómo seguir siendo la única potencia que domina el mundo» (5). Con la brutalidad de quien ya no está en el poder, en este libro explicaba que era imperioso que Washington debilitara no sólo a sus rivales, Rusia y China, sino también a Europa y Japón, y que les impidiera aliarse entre sí. Divide y vencerás.

 ¿Que nota se podría poner hoy en día a George Bush basándonos en los criterios definidos por Brzezinski? ¿Ha conseguido debilitar a las grandes potencias rivales? Notable en relación a Japón, bien (por ahora) en lo que concierne a la Unión Europea, pero suspendido en lo que concierne a Rusia y muy deficiente en lo que concierne a China.

 Bush ha provocado globalmente tantas resistencias que el dominio de Estados Unidos se ha debilitado. Los sectores que le habían llevado al poder (armamento, petróleo, automóvil, defensa, farmacéuticas) constatan que las guerras de Bush no han aportado ni grandes beneficios ni nuevas zonas de explotación. De hecho, han costado más que los beneficios aportados. Y la administración Bush ha demostrado ser un pequeño círculo restringido que piensa mucho cómo llenarse personalmente los bolsillos pero que es incapaz de tener sutileza táctica y una verdadera visión a largo plazo.


Una vez que el fracaso ha resultado evidente se ha exacerbado las divisiones en el seno de la elite estadounidense, e incluso de la administración Bush. A partir de 2006 los neocons han tenido que ceder el terreno. Han tenido que aceptar que el ministro de la Guerra, Donald Rumsfeld, sea sustituido por Robert Gates, un hombre de la Trilateral y de la tendencia Brzezinski. En un discurso pronunciado ante los alumnos de la Academia Militar de West Point el nuevo ministro en cierto modo aceptó la debilidad del militarismo estadounidense: «No combatan a menos que se vean obligados a ello. Nunca combatan solos. Y nunca combatan durante mucho tiempo» (6). Tiempo después la comisión bipartita Baker-Hamilton condenó el intento de Bush de remodelar el ‘Gran Oriente Próximo’ por no ser realista y recomendó, por el contrario, un enfoque más táctico respecto a Siria e Irán.
Incluso en el seno de los servicios secretos y del ejército se han desencadenado varias revueltas. En diciembre de 2007, cuando Bush quiso preparar un ataque contra Irán bajo el pretexto clásico de las armas de destrucción masiva, dieciséis servicios de inteligencia estadounidenses sorprendieron a todo el mundo publicando un informe donde constataba que al menos desde 2003 Irán había suspendido su programa nuclear. (Continuará)



LA CASA DEL CIMARRÓN

LA CASA DEL CIMARRÓN

Por Luis Sexto

 

Esteban Montejo vagó durante años por el lomerío del nordeste del entonces departamento central. Era hombre de monte, huidizo, rebelde. Los árboles, la manigua, las cuevas le sirvieron de techo para guarecerse de la lluvia o del relente. Ya centenario, sus memorias ―espigadas por la sensibilidad de Miguel Barnet― conformaron la Biografía de un Cimarrón, en la que hubo un recuerdo para una de esas casas montunas: la cueva de Guajabana, cerca de Caibarién, donde durmió sobre un esponjoso colchón de guano de murciélago.

Es la misma a la que ahora llegamos, fatigados, pero con la emoción enfervorizada. Acabábamos de escalar unos 80 metros de la falta sur del rocoso Cerro de Guajabana; casi verticalmente, agarrados a piedras, raíces, gajos que las lluvias habían convertido en asideros ensebados. Ya en una dolina, especie de vallecito, cultivada de plátanos por guajiros de las sitierías aledañas, y sombreada por guásimas, almácigos y frijolillos, la cueva nos tienta con su bocaza a la derecha. Pasamos, y se explaya de improviso un salón semejante al vestíbulo de un hotel; fresco, colmado de anárquicas figuras que estalactitas y estalagmitas modelan con la audacia de un escultor liberado de las academias. Parecen idolillos, o manos, o búcaros, o parejas de enamorados.

Esta nave fue, en tiempos de fundaciones telúricas, el sumidero del río Guaní, que  discurre al pie del Cerro, y que arrastraba, cuando lo vadeamos, en vez del agua limpia que bebió Esteban Montejo, el mosto del complejo agroindustrial Heriberto Duquesne. Se nos presentaba como un pantano. Si en el siglo XIX hubiera podrido el aire como el día de nuestra excursión, el mal olor habría espantado al cimarrón con mayor rapidez que los perros de los rancheadores.

 Pero aquellos parajes conservaban entonces su agreste inocencia. Y Esteban permaneció 18 meses en Guajabana, burlándose de las reglas del fugitivo, que prescribían la movilidad constante. La cueva lo invitó al acomodamiento. Y el cimarrón cambió todos sus miedos a duendes, güijes, cocorícamos y majases por la seguridad y la atmósfera de un hogar. Para él, la cueva “era igual que una casa por dentro”y estaba allí “como aquel que dice, veraneando”.

Hastiado, al fin, se introdujo en el bosque a hacer lo que le reclamaban los músculos ociosos: andar y andar en una libertad prisionera de la cautela.

Pero el cimarrón se marchó de Guajabana sin conocerla enteramente. No se decidió a recorrer la galería que lo hubiera conducido a otro salón, el del resolladero. O del sumidero. Porque no se ha podido precisar si Esteban se hospedó en la entrada o en la salida de la caverna. Por ambas puertas permite el acceso, aunque la trepada es menos abrupta por el sur, ruta ―la nuestra― que lleva al hoyo donde las aguas del río se perdían, hace milenios, en el subsuelo.

EL OLOR DEL HOMBRE

El círculo de una linterna de bolsillo se adelanta por el túnel, cauce fosilizado del Guaní, que curvándose del suroeste al nordeste, se alarga  unos cien metros, con un ancho promedio de diez. Las excretas de los murciélagos ya no aplanan el suelo; varios años atrás las sacaron para fertilizar campos agrícolas. El paso ahora baja o sube declives. Caminamos lentamente. Medio giro a la izquierda. Otro a la derecha. Y relampaguean las luces del respiradero.

Es menos ancho y despejado que el salón del sumidero. Pero también abunda la geometría cavernaria, esculpida por gotas de agua carbonatadas en un taller de paciencia. Y, sobre todo, el olfato capta, mediante inexplicables sensaciones, un ambiente de hospitalidad, de hueco materno, como si allí el hombre hubiese dejado su olor. Y, en efecto, lo dejó. En este mismo espacio, en los intestinos del Cerro, desde donde vemos al mar encimársenos en una cercana visión, el Grupo Espeleológico Cayobarién desenterró, en 1981, restos de un asentamiento siboney:  residuos alimentarios, instrumentos de trabajo, y la osamenta de siete aborígenes. Nosotros, tan sólo en una búsqueda superficial, recogemos huesos de jutías, fragmentos de quelonios y conchas marinas ―que al menos yo aún conservo―, desechados por los indios unos nueve siglos antes de que supiéramos que ellos habían utilizado la bóveda del resolladero de Guajabana.

LA PRESENCIA DE LO ALTO

El Cerro de Guajabana tiene el prestigio del solitario. Con 110 metros es la única altura estimable en la franja arcillosa, donde se aglomeran los más densos palmares de Cuba, entre Remedios y Caibarién. Desde los tiempos coloniales, Guajabana, que en lengua aborigen significa tierra llana, recibió el nombre de  Caja del Muerto, por su similitud con un sarcófago. En la cima, que llamaban la Vigía, la vista del custodio seguía la silueta blanquecina de algún barco, en cuya cubierta podía estar, en zafarrancho, alguna dotación pirata. A su espalda, un valle rematado, algo más al sur, por la Sierra de Bamburanao.

La belleza de la cueva mayor ―existen otras menores― tocó campanas en la Isla. Y en 1800, el sabio Alejandro de Humboltd la reconoció durante su primer viaje científico a Cuba, aunque no hay certeza documental. Sí la hay, en cambio, de la visita del Obispo Espada. En un recorrido pastoral, el mitrado de La Habana, aprovechando su estancia en Remedios, se llegó a la cueva célebre. Su ilustrísima se esforzó democráticamente en ascender una altura que su secretario, en el acta de la visita, calificó de inaccesible. Era el 2 de abril de 1805. Y el prelado, que los anales cubanos recuerdan por sus ideas y obras de progreso, grabó su firma en una pared de la caverna. Y hasta 1907, según el dato de José A. Martínez Fortún, historiador de Remedios, se apreciaba la rúbrica episcopal. Hoy se aprecian otras de menos rango y fama, que en distintos tiempos quisieron perpetuar sobre la piedra un paseo dominical o la furtiva pasión de un amor a deshora, y dañaron la integridad natural de la cueva con el grafito, la pintura o la punta de una aguja.

Mas no era el único perjuicio. Ya, en el momento de nuestra misión reporteril, hace varios años, jutías, cotorras y pericos se aproximaban a la extinción en Guajabana. La dinamita, que regularmente estallaba en el extremo derecho, ejecutaba su faena destructiva desde hacía tres lustros. Tres siglos más adelante, según los cálculos de los operadores de la cantera allí abierta por el Ministerio del Azúcar en Villa Clara, sólo un alvéolo quedará del Cerro, cuya verdadera riqueza, aseguran en Caibarién y Remedios, no radica en su materia rocosa, ni en sus yacimientos de zeolita. Trasciende esos valores desgastables, para erigirse en símbolo histórico nacional. Voces de una comunidad aborigen y de un esclavo prófugo claman por que el Cerro que fue su habitación, continúe como sombrero de monte sobre testa de sabana.

 

SALVADOR BUENO EN LA MEMORIA

SALVADOR BUENO EN LA MEMORIA

Por Jesús Dueñas Becerra

La Biblioteca Nacional “José Martí” (BNJM), que dirige el doctor Eduardo Torres Cuevas, fue sede el día 21 de octubre de 2008 del sencillo, pero emotivo homenaje al doctor Salvador Bueno Menéndez, quien fuera jefe de redacción de la emblemática revista de la BNJM, y luego, asesor literario de ese templo sagrado de la sabiduría humana, donde dejara una huella indeleble.

Entre otros invitados especiales, se hallaban la señora Ada Roig, su viuda, así como su hija, la psicóloga y profesora de enseñanza artística Ada Bueno Roig, así como otros miembros de la familia Bueno-Roig.

La doctora Araceli García Carranza Bassetti, jefa del departamento de investigaciones bibliográficas de la BNJM, y el periodista Luis Sexto, profesor de la facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, presidieron ese fraternal encuentro en el espíritu con esa figura cimera de la cultura cubana e iberoamericana.

Los licenciados Olga Vega, Ileana Ortega y Víctor G. Domínguez, periodista de una emisora local, así como el escritor y periodista Julio Domínguez García y el investigador Tomás Fernández Robaina, sintetizaron las virtudes fundamentales cultivadas en el jardín del intelecto y el espíritu por el doctor Salvador Bueno Menéndez en sus casi nueve décadas de existencia terrenal.

Cada uno de los oradores hicieron un breve esbozo biográfico-profesional de la fecunda vida del insigne profesor, periodista e investigador: cómo, cuándo y dónde lo conocieron, y consecuentemente, pudieron apreciar en toda su dimensión la calidad de su obra crítico-literaria, paradigma para quienes nos dedicamos al ejercicio del criterio y del periodismo cultural.

Disciplinas que el ex presidente de la Academia Cubana de la Lengua estructurara sobre la base de cinco pilares fundamentales: la ética, el humanismo, la espiritualidad, el amor a la lengua cervantina y a la cultura cubana y universal.

El también Doctor en Ciencias Filológicas, grado científico que defendiera en una universidad este-europea cuando era toda una personalidad en los campos de la docencia superior, la crítica artístico-literaria y la investigación cultural en nuestro país, nos deja dos lecciones magistrales impartidas por él mediante el ejemplo vivo. 

Cuando tengas que escribir sobre algo que no te guste o no te agrade, lo mejor que un crítico puede hacer es -sencillamente- callarse la boca y guardar la pluma (en esta época, estoy seguro de que diría: no maltratar ni estropear el teclado del ordenador).

Hay una diferencia esencial entre modestia y humildad: la modestia es un vicio y no una virtud, porque detrás de esa falsa modestia se esconde lo peor del ser humano, mientras que la humildad es estar consciente de lo que se sabe [...], pero estar muchísimo más consciente de lo que NO se sabe, porque el conocimiento humano es infinito como el universo.

Finalizo con el aforismo martiano con que decidí comenzar esta crónica: “los sueños no mueren”. Doctor Salvador Bueno Menéndez, la semilla que usted sembró en la BNJM crece y seguirá creciendo, al decir del Apóstol… “[…] como los pinos […] como las palmas”. Nosotros -con humildad- nos encargaremos de regarla y embellecerla.        

Crimen (financiero) contra la humanidad

Crimen (financiero) contra la humanidad

Por José Saramago*

 La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no conocemos o conocemos poco y mal.

 Apeles podía consentir que el zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la rodilla. En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A primera vista, Apeles tenía razón, el maestro era él, el pintor era él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente, ¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes (¿para quién?).

Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso, de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en estas líneas. Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy? ¿Por qué no?

El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales.

¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba, nos señalaban como reos de condena pública. Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.

  ¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo? ¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los contribuyentes, fingen ignorar?

 Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos: ¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos penales del mundo? ¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.

*José Saramago es Premio Nóbel de Literatura

 

UN ECO FAMILIAR

UN ECO FAMILIAR

Por Luis Sexto

El barrio más pujante, moderno, céntrico de La Habana, partió de una paradoja y todavía continúa en ella, aunque sea en el nombre. Y residir en esa zona –lo digo sin ínfulas exclusivistas- me ha favorecido manosear, desde mi balcón, ciertas reflexiones sobre el carácter del cubano, en particular las actitudes menos dúctiles o las más intransigentes o intolerantes.

“Dile que no”. De frente o de espalda, esa es una de las frases -tan socorridas como la aspirina- del vocabulario habitual entre nosotros. Aunque después digamos sí, la afirmación se cuece, se ablanda, se retuerce primeramente en la negación. Y por ello, al igual que Enrique José Varona solía ver en 1916 y años posteriores a un émulo de Felipe Segundo en cada cubano investido de algún poder, aunque fuese un portero, me parece ver a un bodeguero español o a un celador de barrio durante la colonia, en cada letrero de “prohibido” o “no se puede”.

El origen de esa mueca ya suma cinco siglos. Entonces la faja de edificios, truncos remedos de rascacielos, punteada de hoteles, teatros, cines, restaurantes, luces, y dividida en anchas avenidas en donde confluye la ciudad desde disímiles rumbos, era una zona boscosa. En esos tiempos, el centenar y medio de habitantes de San Cristóbal de La Habana, no se volvían al mar buscando la plácida o poética visión de un azul que, aun en invierno, copiaba con limpieza la afilada luz  de Cuba.

Cierta pesarosa incertidumbre les coloreaba el rostro al poner los ojos en el agua, ahora calma y luego sacudida por el desenfreno de las turbulencias climáticas provenientes del norte... Cuando se aproximaban velas, la ansiedad poseía en primer término a los vigías de la caseta blanca de lo que más tarde fue castillo del Morro. Podían ser algunas de las naos que, en derrota hacia España, atracaban para tomar agua, leña, y otros bastimentos, haciendo del puerto de La Habana el más cursado por las naves procedentes de las Indias Occidentales.

Pero también hacia sotavento podían recortarse los voladores bergantines de piratas o corsarios. El filibusterismo paseaba entonces por su época de esplendor e impunidad. Diez años antes, el francés Jacques de Sores había asaltado la villa, tras desembarcar en la caleta de San Lázaro. El fuego abusó del caserío de guano y embarrado.

El Cabildo de La Habana, por ello, se removía inquieto en sus sillas  el 10 de diciembre de 1565. Empañaba  la paz de los ediles, la existencia de ese monte tupido que orillaba el litoral desde los límites del pueblo hacia el noroeste, y que, como a Sores, podía facilitar la ruta para atacar subrepticiamente por tierra  a la villa.

Qué hacer, se preguntaban los señores constituidos en concejo.¿Más vigilancia? Muchos en la villa se negaban a cumplir sus deberes  en la milicia, o se dormían mientras vigilaban  la costa. ¿Talar el bosque?  ¿Poblar esa área hasta la desembocadura del río Casiguaguas, llamado así por los aborígenes, y luego de La Chorrera y más tarde también Almendares por los vecinos?

Faltaban quizás recursos humanos y materiales. También los permisos de la Corte. Y tal vez aún no había fondeado en la bahía un galeón repleto de deseos de trabajar.

No había, pues, otro remedio que adoptar el acuerdo más simple, el menos costoso y fatigoso:  prohibir. Y el barrio más pujante, moderno, céntrico de la ciudad del futuro, heredará la paradoja como nombre. Porque, destinado por su ubicación al protagonismo urbano, surgió siendo un predio prohibido al tránsito y al desarrollo para impedir que cualquier enemigo de La Habana hallara una vía expedita dentro de aquella selva impenetrable.

El Cabildo decidió cerrar el camino natural que bordeaba la  costa, en el espacio que cedía la bajamar y el monte, y ordenó que, bajo pena de multas de 500 pesos para gastos de guerra o de 100 azotes, ninguna persona, por osada que fuera, podía residir, transitar, abrir senderos, cultivar y apacentar ganado en esa franja boscosa, que comenzó a llamarse El Vedado. Donde vivo.

 

 

 

 

 

 

 

LA MAGIA DE LOS DESEOS

Por Luis Sexto

El tres de agosto de 1969, le confesé a mi amigo Enrique Pichardo en una carta: “Para escribir quiero sufrir todos los dolores que quepan en el corazón del hombre. Este es mi programa: escritor y no escribano. Escritor con todo el peso de la humanidad encima.”

La vida satisfizo mi deseo. Pichardo, poeta sin poemas, que durante un infarto cardiaco, semanas antes de morir, oyó entre sueños a Rubén Darío y Boris Pasternak reprocharle su existencia de mortal carente de obra literaria, me comprendió. Pero su sabiduría no pudo advertirme que los deseos suelen ser peligrosos. Pueden convertirse en una masa cruel. Perdí, por ejemplo, un hijo...

Pero, ciegos como la vida, también me compensaron cuando el 22 de septiembre de 1988 me encontraba en Leningrado. Como lo desee. La ventana de mi habitación se zambullía en el Neva. En la orilla opuesta el crucero Aurora. Neva. Aurora. Y Dostoievski, noches blancas, Raskólnikov. Revolución. Petersburgo. Palabras claves que repetía para entender el paisaje que el cristal de la ventana autorizaba a alcanzarme en uno de los pisos altos del hotel.

Estaba allí por primera vez según mi pasaporte. Pero qué vez sumaba esa  de acuerdo con mi imaginación estremecida por el jugador que lo apostó todo a la literatura y se quedó para siempre en el mundo de los hermanos Karamázov. O cuántas veces fui conducido por John Reed para atestiguar sobre los diez días que cambiaron el mundo. Arte e historia, potencias conjugadas. Luego, en el Museo del Ermitage, temblé como en un terremoto del alma, cuando me detuve ante un cuadro de Fra Angélico. Y sé que no es una frase. De la historia permanece hoy la cronología. Del arte, todo. Porque el arte está sobre el tiempo.

Los deseos también. Y en estos días visité a Bayamo. Me senté bajo dos palmas en el patio de la casa donde nació Tomás Estrada Palma. Al mirar hacia arriba, desde un cielo límpido se filtró el color de la historia: las sombras. La inexplicable atmósfera de un vértigo, en una espiral de añoranzas.

Lo mejor de aquella vivienda fueron los vecinos. Enfrente, Carlos Manuel de Céspedes; al lado, Luz Vázquez. Mujer cuya ventana torneada pervive testimoniando aquella noche en que Céspedes y Fornaris le cantaron la canción fundacional de nuestra trova. “No recuerdas gentil bayamesa...” Estrada Palma no merecía vivir allí, como no mereció más tarde nada de lo que representó. Yo hubiese permutado mi casa por la suya. Luz Vázquez me duele en su fugitiva persistencia musical, en cuyo seno he doblado la cabeza.

Volví a la ventana al oscurecer.

De la cabeza de Luz Vázquez pende la noche. Baja dispersando la cauda melancólica del vacío, mientras las guitarras encuerdan la letra con que se perpetuó la madera enrejada de aquel beso... que no le dado. He venido en el sonámbulo presentimiento de la esperanza. Míos serán la sombra, el nunca, la perfidia inaudible de tu ventana, en esta noche de Bayamo que se deshilacha en tu pelo hacia la remota incertidumbre echada al tiempo, como el engarce de un hombre que se va sin que el otro haya vuelto.

Ah, qué misterios el de los deseos. Hay que cuidarse de ellos. Te hacen hablar boberías, cualquier domingo en que uno no tiene ganas de escribir. Y sin embargo escribe.