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PATRIA Y HUMANIDAD

EL IMÁN DEL IMPOSIBLE

EL IMÁN DEL IMPOSIBLE

 Por Jesús Arencibia Lorenzo*

Palabras en la presentación del libro Nosotros que nos queremos tanto,en Pinar del Río, el 14 de diciembre de 2001.

 

Nada atrae más la intuición poética que las cumbres de lo inaccesible. Bécquer, que sabía algo de estas cosas lo dejó magistralmente dicho: mientras haya un lugar que al cálculo se resista, habrá poesía.

El Periodismo —borrador diario del gran poema del futuro— a veces no halla en sus agobiantes rutinas un espacio para la conquista de quimeras, para el desnudamiento público de tesoros lejanos mediante el bisturí de «la palabra precisa»; esto es, documentada y bella.

Acaso sea ese el primer y gran acierto del libro que hoy nos reúne: Partir de un mito, explorarlo en sus recónditas esencias y llegar nuevamente a él, para dejarlo allí, incólume al oído del corazón y del tiempo.

Pedro Junco, con sus magníficos 23 años, intocados por el óxido de la vejez, es el novio eterno de esta tierra, como Polo Montañez es su esposo maduro, un romance a deshora signado igualmente por el ángel trágico de la felicidad efímera.

Y ahora que escribo “efímera”, advierto la redundancia. ¿Qué felicidad no lo es? ¿Cuánto dura la dicha de un beso, el sol de una aventura, la caricia de una fuga? Pero al mismo tiempo, ¿cómo renunciar a imaginarlos perennes en el turbión de las penas diarias?

23 años tenía Pedrito. Y un talento. Y una vocación. Y un misterio. Su Nosotros, pieza redonda, magistral donde las haya, es el guión perfecto de un melodrama: pasión, intriga, ruptura inexplicada, y, más allá, para siempre, Amor, doloroso Amor irrenunciable.

Luis Sexto y Pedro Viñas, jóvenes maestros del oficio, conocen bien el paño de lágrimas que cortan. Y lo hacen con el asombro, la honestidad y el rigor que solo es dado a los buenos sastres de la prensa. Así, siguen el hilo invisible de la melodía; se detienen cada vez que resulta necesario en las puntadas de la historia; consultan los tejidos similares al que palpan; y empatan aquí, bordan allá, para develarnos las costuras de la leyenda.

Reportaje. Ese el único membrete que reclaman para su obra. No investigación musicológica, ni tratado academicista. Y hemos de recordar que en ese género se consuma el máximo escalón de la pirámide periodística, según confesara el colombiano Gabriel García Márquez, otro que conoce «el secreto profundo de la emoción». Reportaje, porque quienes escriben tienen la humildad de escuchar muchas voces para hallar la voz; porque admiten cuando una nota se les escapa del pentagrama; porque asumen el reto de nadar a contracorriente de prejuicios y edulcoraciones; y porque después trenzan en armonioso relato, sus desvelos más íntimos.

¿Cómo no emocionarse ante la canción trunca de una existencia? ¿Cómo evadir el milagro de una flor en la chata geografía de la cotidianidad? ¿Cuánto alentaba y pudo ser en el joven seductor que haría fiebre en las vitrolas? ¿Hasta dónde alcanza, para enamorar, la vida, y para encumbrar, la muerte? ¿Lo sabes tú, Julio Antonio Mella? ¿O acaso tú, Alberto Yarini?...

Preguntas. Preguntas. Y ahí está el otro gran mérito del libro. Nos deja más inquietudes que certezas y unas pocas certezas en hombros de muchas inquietudes.

Ya casi no digo más. Solo que cuando un manojo de páginas como las que Sexto y Viñas nos proponen —cosidas y cocidas por años y esmeros— conversa tan fluidamente con quien se les arrima, bien vale la pena escucharlas. No sé otros, pero Nosotros, que nos queremos tanto, no nos perderíamos esta travesía.

*Jesús Arencibia Lorenzo (1982). Poeta; periodista de Juventud Rebelde y profesor de la facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana.

 

 

 

"NOSOTROS" EN LA MIRA

"NOSOTROS" EN LA MIRA

Por Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga*

A propósito de la presentación del libro Nosotros que nos queremos tanto, efectuada el 14 de diciembre de 2011, en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba en Pinar del Río.

Luis Sexto y Pedro Viñas Alfonso, son un par de viejos zorros del periodismo, que saben encontrar agujas en pajares y noticias donde las haya; o se puedan crear. Y ahí radica lo esencial de sus obras. Nada rehúyen ni escapa a sus pupilas afiladas en busca de horizontes poco o mal trillados, esenciales para localidades perdidas en la bruma y en aquellas donde la luz es más opaca por el bullicio. Ahora nos presentan una especie de océano en el desierto, porque la existencia azarosa, precoz y acelerada de Pedrito Junco, ha sido tratada, pero es bueno decirlo, sin la necesaria separación entre esencia y fenómeno, única forma de hallar la ciencia, al decir de Carlos Marx.

   En Nosotros que nos queremos tanto*, el lector enfrenta una nueva forma de decir acerca del bardo, aquel que con influencias románticas de varias latitudes, bien pudiera haberse erigido en nuestro Agustín Lara, porque llevó una carga enorme de sensibilidad musical, con letras capaces de hacer diana en corazones desamparados, hambrientos de amor y fe, venturas, desventuras, remembranzas de requiebros y, sobre todo, dolor, mucho dolor del bueno y del menos bueno, que solo almas enamoradas pueden ofrecer.

   Complace la entrada a los ocho capítulos, con letras de las canciones de Pedrito Junco, que abren la senda para llegar al Pinar del Río de la época, entre figuras entrañables como El Niño Rivera, Miguelito Cuní, Tebelio Rodríguez del Haya y su Comité Todo por Pinar del Río, el doctor Pedro González Batlle, y tantos otros, que surcaron el espacio vueltabajero para abrir sendas al futuro de las presentes generaciones. En ellas se anida como el más fuerte exponente universal y, para colmo, por una canción.

   He ahí la trama de este reportaje-novelístico-poético y narrativo, de exquisita factura. El libro sigue la huella de Nosotros. Escarba con lupa de orfebre los resquicios, para entregarnos un fresco literario inédito, más abarcador y, hasta donde ha sido posible, científico. Y digo hasta donde ha sido posible, porque son escasas y a veces poco fidedignas las fuentes primarias, como suele suceder con alguien que solo comenzó a vivir la tercera década de vida.

   Los hermanos Amado y Aldo Martínez Malo, con Pedro Junco: viaje a la memoria, y Pedro Junco, soy como soy, abrieron la senda. El primero, fiel y entrañable amigo, culto, profesor insigne de Educación Física en el Instituto de Segunda Enseñanza donde aquel había estudiado; él tuvo el placer inmenso, y así me lo confesó en más de una ocasión, de presentarle a María Victoria Mora, la mujer que, entre tantas, más amó el músico. Aldo era un niño y llevaba sus cartas de amor. Pero ellos, en ese par de libros que debemos leer para acercarnos a una personalidad tan entrañable, en su intimidad para amamantar el mito, no pudieron estudiarlo de la mano de la ciencia. Imposible, por serles tan cercano. Entonces nos llega este libro, con un manojo de criterios bien calzados y argumentos irrebatibles, que nos llevan de la mano hacia vericuetos poco conocidos de una vida preclara y disipada en corto espacio.

   En Nosotros que nos queremos tanto, los autores nos introducen en amores, desamores y sueños del compositor, de puño y letra y en la de aquellas que lo amaron, donde descollaron dos: María Victoria y Rosa América Cohalla, poetisa matancera que lo quiso con locura, un alma donde Pedrito encontró el consuelo de la confidencia sobre un amor imposible. Imbuidos en las vicisitudes del artista, echamos a un lado el dolor de aquella que supo, por encima de todo, serle sincera y amiga, aunque desgarrara su sensible corazón.

   Alguna vez Pedrito le escribió: “Tú sabes bien que hay ‘alguien’ que sobre todas me gusta y ansío, pero debes saber que algo en ti también me atrae, algo que realmente no puedo explicar, quizás sea lo sincera, lo buena, lo dulce…” Estremece aquella mujer echada a un lado por “alguien”, que el hombre de su vida prefirió. No obstante, fue capaz de responder: “Te dije que soy tan sincera, que a veces soy ruda…” Y a continuación, apartándose del mal momento, requiere: “¿No has escrito nada?...” Bello título de novela.

   Dos encrucijadas nos asaltan en esta obra: ¿Para quién Nosotros? Y la verdadera causa de muerte. Acaso, quizás, como afirman los autores, pudo ser una inspiración entre novelones, boleros y canciones, que dejaran desierta la ofrenda. Todo es posible en corazón sensible y apasionado de poeta. Ejemplos sobran en la desidia, el desamor, el renunciamiento, el dolor y la ignorancia, abundantes en boleros y la vida misma.

   ¿Acaso Pedrito se sintió morir? Paradojas disímiles acompañaron su vida, llena de dudas, cual Hamlet en su laberinto. No solo en Nosotros delinea amargura existencial. En Santuario, dedicada a María Victoria Mora Morales, profundiza en la imposibilidad de ese amor. “Llegaste, / cuando menos lo esperaba yo. / Porque el destino quiso que sufriera yo…”

   No pueden los autores, casi siete décadas después, darnos la última palabra, no la tienen, por las cosas de la vida y la trascendencia, pero nos acercan a una personalidad que salta del mito a la leyenda. ¿La dedicó a María Victoria? ¿A Rosa América? ¿Al resumen femenil de su vida? Pudo ser a una o la otra, o a todas. Queda al lector escoger destinataria. Acierto de este libro con campos expendidos.

   ¿Y la muerte? ¿Cómo, por qué, dónde, repercusión? En el capítulo final se dice la que hoy es última palabra, en Certificado de Defunción: “Pedro José Buenaventura de Jesús Junco Redondas, falleció a consecuencia de anoxemia, bronconeumonía…” Por consiguiente, hasta que se demuestre lo contrario, queda excluida la tuberculosis que alimenta el mito hasta nuestros días. Esclarecedor hallazgo de los investigadores.

   Por último, porque siempre es así, quisiera disentir: Extrañé la iconografía, necesaria en cualquier acercamiento biográfico. Y también un párrafo en la página 103, donde se afirma: “Podemos concluir, pues, que Pedro Junco solo sintió amor a su ego, a su espléndido sentido del Eros…”

   Faltaría acercarse a la Divina Providencia, si es posible, para descubrir hasta dónde puede amar el corazón de un hombre. Por la propia oferta de este libro, se puede constatar que Pedrito fue un eterno enamorado de la vida, de sus semejantes, familia, amistades y, sobre todo, del sexo opuesto, aunque bien se afirme que en una suerte de rebelión hacia su fe religiosa. Fue tan grande su amor, que en una canción recorre el mundo y, con ella, nos lleva de la mano a los pinareños y a todos los cubanos.

   Quisiera disculpen el atrevimiento, pero cumplo con amigos a quienes reverencio y deseo, cuando sea mayor, ser como ellos.  Mucho se hablará de este libro. Algunos saltarán, otros lo mimarán, pero nadie podrá soslayarlo. Y es batalla ganada para el villaclareño Luis y el vueltabajero Viñas.

 

*Juan Antonio. Martínez de Osaba y Goenaga, escritor, autor de numerosos libros sobre deportes, el último se titula Lazo, el rascacielos de Cuba.

 *Editorial Bablo de la Torriente Brau, La Habana,2011

 

 

EL VACÍO DE LA IRREALIDAD

EL VACÍO DE LA IRREALIDAD

Por Lorenzo Gonzalo,

Periodista cubano radicado en Miami

 En la foto, Yoani Sánchez y otros llamados disidentes entrando en la residencia del jefe de la Oficina de Intereres de los Estados Unidos en La Habana, el pasado 7 de diciembre.

En medio de la campaña de persecución contra el gobierno de Cuba y los esfuerzos por desestabilizar al Estado cubano, se intenta agregar otros ingredientes que puedan enriquecer el pobre inventario que tiene la prensa sobre supuestas barbaridades que allí se cometen.

La última de todas, es la flotilla marítima compuesta por cuatro barcos de recreo que partieron del Sur de la Florida hacia Cuba para lanzar fuegos artificiales desde las agua internacionales. En otro artículo nos referimos a ella y mencionamos el caso como un ejemplo de las diferentes maneras de buscar dinero fácil, utilizado por alguna gente, que aprovecha el derroche que hace Washington con los ingresos proveniente de los impuestos.

La prensa local de Miami, periódico oficial de la campaña contra Cuba, aprovechó el show marítimo para “denunciar” que decenas de “opositores” fueron detenidos con motivo de ese evento. La información implica que de no haber sucedido estas detenciones, con la presencia de los cuatro barcos llevados desde Miami, se hubiera desencadenado un enfrentamiento con el gobierno.

El propósito de estos barcos era lanzar fuegos artificiales en las costas frente a La Habana para llamar la atención y llevar el mensaje subliminal a la población, que  “desde la orilla estadounidense, están los aliados y las fuerzas de la democracia”. El sueño no mencionado, pero corroborado por el tipo de campaña que tanto estos marinos como el resto que se dedica a desbarrar y levantar calumnias para que la opinión pública mundial tenga una idea equivocada de los sucesos en Cuba, es provocar rebeliones callejeras, protestas, que puedan convertirse en incontrolables y alentar entonces una intervención de los marines estadounidenses, al estilo de Santo Domingo, Guatemala, Panamá, Granada y otras por el estilo.

No quieren democracia para Cuba, sino intervención. No pretenden que los cubanos, por sí solos, puedan encontrar vías sociales que sean más justas en sus aplicaciones. El interés fundamental es llegar a ser ellos los “genuinos representantes de Estados Unidos en la Isla”.

Una prueba contundente es la reunión en casa del representante de la Oficina de Intereses Estadounidense en Cuba, que tuvo lugar el 7 de diciembre de este año.  Justamente pocas horas antes de la llegada de dicha flotilla.

Casualidades que tiene la vida. Los máximos exponentes de esa supuesta oposición al gobierno de Cuba, concurrieron como es costumbre para celebrara el evento, y no descontemos también que muchos o todos, recibieran instrucciones por separado sobre la estrategia en juego.

Suponiendo que las noticias de la prensa en relación a los detenidos en Cuba, sean ciertas, imaginémonos que efectivamente una docena de personas protestara en alguna calle desconocida de La Habana u otra ciudad, en apoyo de aquellos que viven de ese negocio en Miami.

La pregunta más importante sería: qué significa la detención de “una docena” de personas en un país de más de once millones de habitantes, donde las algazaras callejeras, las pocas veces que suceden, escasamente llegan a un par de decenas, con una tendencia paulatina a disminuir en la medida que las reformas del Estado progresan? Es de apuntar que aunque ocurren detenciones en algunas oportunidades, los detenidos están de patitas en la calle a las pocas horas y no se les maltrata físicamente.

 

Podríamos agregar además, por qué no detuvieron a los dirigentes de esos grupos, ninguno de los cuales cuenta con más de tres o cuatro miembros, cuando asistieron a la casa del representante de Estados Unidos el 7 de diciembre?

Aunque esta es la realidad dicha condensadamente, hay quienes se dedican a denunciar la violación de los “derechos humanos” en la Isla lo cual es otra patraña para hacerse de una parte del dinero presupuestado por Washington para esos menesteres. Se trata de alguna que otra organización sobre “derechos humanos”, tema muy socorrido en los últimos cuarenta años y que los países poderosos no gustan que les sea aplicado a ellos. Precisamente uno de esos representantes de los derechos de la gente, llamado Elizardo Sánchez Santacruz, estuvo entre los presentes. Nos imaginamos que un antiguo “socio”, llamado Richard Roselló, también podría haber concurrido aunque este último se separó del primero por el tema de la que hemos mencionado. Hace un tiempo, este señor abrió su página en internet para hacer su “negocio” por cuenta propia.

Estos cancerberos de los “derechos humanos” inventan muertos, presos políticos no tipificados como tales, supuestos detenidos injustamente y hechos similares.

Nada de esto provoca la caída del gobierno pero deja dividendos. Al final, como dijo uno de estos famosos disidentes, “hay que vivir de algo”.

Es una lástima, que la dinámica de los sucesos en Cuba con respecto al Estado, haya quedado dividido entre quienes miran hacia Estados Unidos con el objetivo de alcanzar cierta preponderancia, principalmente algunas dádivas y quienes aparentemente apoyan incondicionalmente las políticas oficiales del gobierno. La existencia de un escenario socio político de esta naturaleza, donde la realidad se plantea en blanco y negro, evita las coloraciones y relega a un segundo plano la existencia de pensamientos y personalidades que pudieran jugar un papel de importancia en el aceleramiento de los ajustes, para impulsar el proceso dentro de las normas institucionales vigentes.

Se dice que a ciertas fuerzas de poder en Cuba le interesa la existencia de semejante realidad, pero en verdad muchas veces pensamos que Washington ha sido siempre el más interesado, si no es incluso el creador, de semejante contraste bicolor.

A Washington no le interesa que puedan encontrarse avenidas viables para un proyecto social que logre reformar el sistema político al uso en los países llamados capitalistas, y mucho menos la formación de un Estado de nuevo tipo, donde un número fuerte de instituciones públicas de carácter participativo, se puedan engarzar a las funciones de gobierno. Para Washington la realidad socio política solamente consta de lo estatal y lo privado, pero el concepto de propiedad y funciones públicas como algo ajeno del Estado, pero a la vez parte representativa del gobierno, es un asunto cuyo desarrollo no le interesa porque se sale de sus esquemas de propaganda tradicional. A Washington conspira en contra de la existencia de un debate democrático en Cuba.

Los grupos de cubanos de origen que se dedican a obscuros menesteres como medio de ganarse la vida o de adquirir notoriedad, falseando las realidades y creando obstáculos a los procesos de ajustes políticos y al normal abastecimiento comercial de la Isla, son parte del esquema estadounidense.

La mejor de todo es que dentro de esos grupos se pelean por la plata y como buenos ejercitantes de actividades indebidas, terminarán desacreditándose. Llegará el momento en que Washington se perderá la escalera y como el pinto del cuento humorístico, hallará de repente que se ha quedado prendido de la brocha. A falta de sostén a su política, entonces ya solamente le quedará la fuerza, pero seguramente o al menos así lo deseamos, será muy tarde para usarla en contra de un pequeño país, porque cada día Estados Unidos se rodea más de un mundo donde nuevos actores surgen al viento de nuevas ideas y de mejores sueños, haciéndole competencia de todo tipo.

Washington trabaja hoy con cuentos de hadas, con una irrealidad que indefectiblemente terminará en vacío.

 

 

TRES MINUTOS

TRES MINUTOS

 

Por Luis Sexto

El 11 de diciembre de 1911, se jugó el primer partido oficial de fútbol en Cuba,entre el Sport Club Hatuey (formado por cubanos y españoles) y el Rovers Athletic Club (compuesto por ingleses, escoceses, irlandeses y galeses). Escenificado en el desaparecido Campo Palatino, en la capital, el tope terminó con un solitario gol de Jack Orr, capitán del Roverts. En ese propio año se fundó la Federación de Fútbol de Cuba y se jugó la primera temporada en el parque Almendares, de La Habana.
Reproduzco esta crónica como homenaje a aquellos pioneros.

Hace años escribí de fútbol. Y lo reclamo como un mérito. En un país donde todos sus habitantes redactan anualmente, entre gritos y polémicas, sus reseñas y manuales de béisbol, el que se dedica a ver, juzgar y escribir de fútbol es una especie rara, casi insólita. Con muy poca compañía.

Yo he estado habitualmente en minoría. Así he vivido. Y no me quejo. He aprendido a hablar o escribir para los pocos interesados en cuanto digo o escribo. De modo que, queriendo ser periodista, me deshollinaron un espacio en el semanario deportivo LPV, en 1973. Y cuando me preguntaron qué deporte podrían asignarme como obligación reporteril, enfaticé que yo prefería introducirme entre las redes del balón. Algo sabía. Y algo más aprendí asesorado por un amigo, más bien hermano, por quien mantengo en vigilia sentimientos de gratitud. Oscar Monroy –y sus hijos agradecerán la mención de su padre- educó mi percepción balompédica desde la cancha de su experiencia como comisionado nacional de fútbol y luego funcionario en la propia Comisión.

¿Por qué elegí el fútbol para estrenarme como cronista deportivo? Tal vez por la misma razón que más tarde me incorporé el ciclismo. Por su interés humano. O por su demanda de generosidad y abnegación al establecer que la pelota sea manipulada con los pies, las piernas y la cabeza, los miembros menos aptos. El fútbol posee, para mí, una sustancia mística. Propone en su esencia la semilla de un ideal de perfección que, traducido en mito y quimera dominical, es ejercicio de voluntad y cátedra de colectivismo bajo el estímulo del rito multitudinario más antiguo: el alarido.

Antes de componer mis primeras cuartillas sobre este deporte –aquellas de agosto de 1972, durante los Juegos Escolares Nacionales, entonces toda una fiesta numerosa y bullente-, yo había leído una antología de textos literarios sobre el fútbol, firmados por poetas y escritores que no esquivaron el atractivo de hurgar en el misterio que subyace en la gloria efímera de un gol, el encantamiento de una finta, un drible, o en la pasión del jugador que, cuando pierde, siente que se pierde a sí mismo.

Albert Camus baja de las cimas de El extranjero, se mete en una cancha, evoca su juventud y asegura que todo cuanto sabe sobre la moral y las obligaciones humanas se lo debe al fútbol. Vertiginoso como el rodar de una pelota, un poema de Thiago de Mello cuenta la niñez del poeta, cuando llevaba “El sol en los pies peleando en un baile fraternal”. En esos versos el fútbol es “dolor y fiesta: / la perfección dormida/ sobre el pecho del pie/ de repente se yergue/ y se cumple y florece: es el corazón viajando/ por el trayecto del sol en el viento/ la delicada esfera, la indomable, la rosa”.

No lo niego. El fútbol me sedujo principalmente mediante la emoción de los poetas. Lo había jugado en mi adolescencia, entre los salesianos que nos exigían, sin la ventaja de la réplica, el ajetreo físico desde la una menos cuarto a la una y media. Después, nunca más me incluí en un partido, salvo aquel día en Camagüey.

Transcurría 1974. Se celebraban los Juegos Juveniles de la Amistad, con equipos balompédicos de todo el campo socialista. A alguien se le ocurrió convocar un duelo entre los entrenadores y los periodistas. Y de pronto me visten de defensa lateral derecho. Y ahí viene al ataque el viejo Germán González. Es una roca rodante. Yo debo ser el muro. Se mueve a la derecha. Ahora a la izquierda… Se me va. Apenas veo el balón. Me canso… Qué pasa. ¿Un terremoto? La cancha se pandea. Me deslizo por la hierba. Me alzan. Y oigo al médico del estadio decir algo así: Si no fuese tan joven, habría sido su último partido.

Y Joaquín Ortega, Miguelito Hernández, Juanito Moreno –y otros periodistas y fotógrafos que no logro precisar- saben que la única crónica que yo no pude escribir, fue la de esos tres minutos cuando quise protagonizar el juego que habitualmente reseñaba desde las barreras. Seguí por un tiempo escribiendo de fútbol. Pero con temor. Mi crédito se habría ido a las duchas, si mis pocos lectores se hubieran enterado de que aquella mañana no llegué a tocar el balón. (Del libro El día en que me mataron y otras crónicas en primera persona)

 

CRÓNICA DE UNA NOCHE ANUNCIADA

CRÓNICA DE UNA NOCHE ANUNCIADA

Luis Sexto

Apostillas ingenuas

No vi los fuegos artificiales echados a la noche, más oscura entonces por el norte aguado y frío que caracterizó el 9 de diciembre.  No sé  si desde 12, 5 millas, podrían verse  desde el muro del Malecón habanero  los artificios luminosos con que Ramón Sául Sánchez ha pretendido llamar la atención del mundo, sobre la violación de los derechos humanos en Cuba. ¿Los habrá visto el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Y la OTÁN los habrá visto?

A decir verdad, el Consejo de Seguridad  ha demostrado carecer de ojos. Ve por los empeños geopolíticos de los Estados Unidos. Y el humo que aún echan las ruinas de Libia le impide ver a la OTAN. Pero no les hace falta. Ramón Saúl Sánchez y su grupúsculo de pescadores nocturnos no necesitan que nadie los vea. Quieren provocar un incidente para que el gobierno norteamericano les abra la entrada triunfal en La Habana, sin exponer al  Movimiento Democracia que los mantiene con un buen pasar en Miami. Quieren venir.  Se han puesto viejos y añoran la tierra donde nacieron y apenas trabajaron, como tampoco trabajan en el exilio. Porque el exilio es para eso: para vivir  haciendo los cuentos de los peligros pasados.  Porque de peligros presentes, nada. Para eso, que los yanquis envíen varios drones. Nosotros solo les ofrecemos el pretexto. El nuevo Maine, o el nuevo Pearl Harbor.

Lo intentaron el 24 de febrero de 1996 al violar  dos avionetas el espacio aéreo cubano.  Hasta ese momento habían sobrevolado a La Habana varias veces, arrojando volantes. Como mosquito en casa propia, se adentraron en cielos cubanos y se fragmentaron  lamentablemente como volutas de fuegos no artificiales.  Lamentablemente. Pero el que se defendió no pudo ser el culpable, sino el que atacó e intentó burlarse de la dignidad de un país, un pueblo y un gobierno. La Fuerza área Revolucionaria tuvo que pararlos.  

No creo, sin embargo, que los cuatro o cinco yates de buen vivir, al pairo  a 12,5 millas de Cuba  vayan a correr el riesgo de perder el seguro porque sus dueños no puedan reclamarlo.  

Ramón Saúl Sánchez y sus adjuntos no van a exponerse. Ni siquiera  cuando era uno de los hombres duros  en la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Esta organización, dirigida por un hombre fe y malo, Orlando Bosch, ejecutó más de 90 ataques contra instalaciones cubanas en varios países. Incluso,  la voladura de un avión sobre  aguas de Barbados, donde murieron 73 personas. Habitualmente,  las posibilidades de salir vivo de cada acción eran superiores al ciento por ciento.

Ahora pienso que el  weekend nocturnal y caribeño  del 9 de diciembre es una manera cómoda de gastar la parte del dinero que les toca  a los aguerridos marineros de Ramón Saúl de los 20 millones de dólares aprobados por Obama para subvertir el orden en Cuba. Ah, si supiera el presidente norteamericano en qué se gasta… Lo que les sobra  luego del paseo será, pues, para mantener los yates y entretener el ocio de la guerra ficticia en que  entretienen sus días en tierra ajena.

Yo empezaría a reconsiderar mi postura y mi opinión  sobre el exilio duro de Miami si tuviera la certeza de que entre esos grupos de veteranos de maniobras dominicales  en los Everglades o en el terrorismo sin riesgo, hay a un hombre honrado. Uno solo. Como  diez  justos en Sodoma.  

Repito: no vi los fuegos artificiales, ni comprobé si se vieron desde el Malecón. No me interesaron. Pero mi curiosidad tiene ansiedad por saber en que yate estaba Ramón Saúl Sánchez: ¿En el de más atrás?  ¿Y cómo habrá pasado la noche en su breve flotilla de almirante sin cañones ni mar? Tal vez, hizo lo mismo que Basulto, cuando echó a sus hermanos de rescate hacia los cielos de Cuba y él, prudentemente se quedó atrás. Es que Ramón Saúl sabe, como  Basulto, que los mártires no cobran.

 

LA GUERRA Y LA DISTANCIA

LA GUERRA Y LA DISTANCIA

Luis Sexto

Libros publicados en Cuba

He terminado de leer La guerra queda lejos, poemario publicado por la editorial  Letras Cubanas, y me percato que Yamil Díaz Gómez -nacido en Santa Clara en 1971- es un poeta irreverente. Irreverente de una irreverencia que tiene el sentido de la cordura antidogmática, de la cordura opuesta a la insensatez, y que ejerce la liberad para escribir,  sobre todo, con la libertad del que no filtra el aire, ni moja el dedo para saber de qué rumbo sopla el viento.

Lo exalto al decir que es un poeta transgresor. Transgresor, esto es, original, lo mismo en verso que en prosa narrativa o periodística, que todos esos lenguajes se juntan en Yamil  para convertirlo en un escritor completo, como un "utility", jugador de todas las posiciones del béisbol, que al cubano Yamil Díaz Gómez tanto le apasiona.

En La guerra queda lejos, el lector atento, competente, pulsa una poesía engarfiada en lo concreto, con raíces  que beben el  ser y la identidad del humus y el agua de la vida. Hallarán los lectores en este libro, pues,  una poesía variada en formas,  porque no se atiene a una corriente fija, estable, sino mira, salta buscando la diversidad donde su vocación y su talento para lo testimonial y lo familiar  hallen el espacio que les permita oficiar anchamente el riesgo de ser libre y de ser poeta.  La guerra queda lejos nos habla, por tanto, con  una voz adecuada a las viejas y nuevas notas de la palabra: décimas, sonetos, versos libres… Rico es el muestrario donde el poeta elige la forma para cada evocación, cada figura, para cada recuerdo familiar envuelto en la lejanía de lo que parece lejano y, sin embargo, alumbra en las noches con los reflejos llameantes  de una hoguera tutelar.

¿Qué busca un lector cualquiera cuando lee un poema? Qué podría buscar sino el eco de su propio sentir, resonancia que también halla el poeta cuando accede a seguir los impulsos de convertirse en letra e imagen en agonía jubilosa y elegiaca a la vez.  Por tanto, La guerra queda lejos, de Yamil Díaz Gómez, nos asume, nos conduce entre los aletazos de nuestra peripecia de cubanos. Y el poeta, dueño de los resortes de la libertad, nos dice irreverente y cuerdamente: Yo soy el muerto. Mi casa/ muerto a muerto se disuelve. /   Soy la añoranza que vuelve. / Yo soy el tiempo que pasa…

(Escrito para Radio Progreso, en la sección Al pie de las letras)

LA VIRTUD DEL LENGUAJE

LA VIRTUD DEL LENGUAJE

 

Por Lorenzo Gonzalo*

¿Por qué Obama sabe lo que el pueblo cubano quiere?

 

Dan Restrepo director para Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad, dijo en entrevista con El Nuevo Herald que el Presidente Obama seguirá apoyando cualquier propósito que permita al “pueblo cubano controlar sus propios destinos”.

 Realmente no sabemos qué significación tiene para este funcionario la frase: “el control del pueblo cubano sobre sus propios destinos”. Nos imaginamos que se refiere a que los cubanos puedan elegir a los representantes del Estado a través de un proceso electoral semejante al de Estados Unidos. Reiteradamente ese ha sido el objetivo de las sanciones impuestas a Cuba, de los atentados y de los actos terroristas cometidos por personas bajo la dirección de los órganos de inteligencia de Estados Unidos, durante los 52 años transcurridos desde que un movimiento popular armado derrotara la dictadura de Fulgencio Batista el 1ro de Enero del año 1959.

Washington ha pretendido aplicarle a Cuba la política que estrenaran los sucesivos gobiernos estadounidenses, a partir de la innecesaria e injusta guerra con España declarada y ganada en el año 1898.

Malinterpretando la política estipulada por el Presidente Monroe, acuñada como “América para los americanos”, la cual suponía que Europa no tenía que intervenir en los asuntos internos del Hemisferio americano, se dedicó a imponer sus criterios a golpe de fuerza, extorsiones y asesinatos en los pueblos latinos y caribeños.

 Basado en esa insana tradición, el funcionario pronunció sus declaraciones.

Dan Restrepo manifestó textualmente que el gobierno de Obama “apoya los deseos básicos del pueblo cubano de determinar su propio destino”. Es inexplicable cómo un funcionario pueda saber los “deseos básicos” de la ciudadanía cubana.

Los órganos de inteligencia de Estados Unidos siempre se han equivocado respecto al futuro socio político de Cuba. En sus predicciones acostumbran a recurrir al argumento de que la represión obliga a los cubanos a asumir determinadas conductas, entre ellas acudir a las citas multitudinarias en la Plaza de la Revolución para significar su apoyo al gobierno.

Sin dudas que presiones de todo tipo, entre ellas ser mal vistos en el centro laboral por los sindicatos oficialistas, son utilizadas para que la gente acuda a esas marchas. No es menos cierto que las presiones de organismos de barrio a la hora de las votaciones, hace que las personas no solamente concurran a las urnas, sino que marquen un SÍ donde interiormente, quizás preferirían marcar el NO. Respecto a esto último debemos aprovechar para señalar que, aunque muchos criticamos el sistema de votación cubano donde los aspirantes quedan reducidos a una sola persona, la diferencia entre un voto favorable o uno desfavorable legitima o invalida a quienes representan los intereses más oficiales. Por tanto el voto cuenta y es totalmente válido y legítimo.

Los órganos de inteligencia estadounidense se equivocan, porque nunca consideran la esperanza que los cubanos tienen por un mundo mejor que el representado por el estadounidense y porque desconocen su idiosincrasia y las huellas dejadas por su intervención en Cuba, durante la Guerra de independencia contra España.  Minimizan además el tono criollo del proceso revolucionario cubano, que si bien es cierto se enfrascó en un tipo de Revolución que no requería y que hoy es posible comprender, ha tenido la voluntad de ajustarse a los clamores de la población y ha actuado en coordinación con esa ciudadanía.

La esperanza ha primado sobre los turbios ofrecimientos de un país poderoso que, más allá de esas promesas, solamente le ha enseñado a Cuba las garras de la agresión y objetivamente se presenta como el enemigo que acecha un botín y no como el posible aliado, dispuesto a ayudar para recibir a cambio y en proporción a la ayuda.

No podría concebirse que Dan Restrepo, en representación de su cargo, a estas alturas del juego, repita las palabras que han impedido un acercamiento con la Isla. El problema de Washington estriba en que para hablar pide la rendición. No lo decimos nosotros, lo han dicho muchos a lo largo de estos cincuenta años, incluyendo partes y correspondencias oficiales del gobierno cubano.

Si verdaderamente la Casa Blanca, con su empleado el Presidente Barack Obama, continúan pensando de esa manera, la solución para unas relaciones normales entre ambos está lejos de ser cierta.

El comienzo de la solución consiste en reconocer que el Estado cubano marcha hacia una organización que, por primera vez, ha podido separarse de la influencia soviética, quien en su momento y por circunstancias explicables históricamente, secuestró el pensamiento renovador que por vez primera definió la economía como ciencia, identificándola junto con otros clásicos de la época, como una categoría sociológica.

Como segundo aspecto, Washington y el Estado representado por el gobierno estadounidense, tiene que reconocer que Latinoamérica y el Caribe marchan por senderos de reformas profundas, las cuales están cambiando el pensamiento de la gente y los conceptos sobre apropiación y administración.

Estos dos aspectos son básicos, para que Estados Unidos siente bases que en el futuro le permitan ejercer una política de menos injerencia en los asuntos internos de terceros Estados que, no solamente le son ajenos sino que responden a poblaciones con criterios históricos diferentes al suyo.

Es tiempo ya, que los discursos al estilo del funcionario Dan Restrepo se dejen a un lado, como es tiempo también que los latinos como el señor Restrepo que laboran para el gobierno de Washington, se dispongan a estudiar objetivamente la evolución que tiene lugar en sus países de origen.

Solo así podrán prestarle mejores beneficios a Estados Unidos, a quien entregan sus buenos oficios, contribuyendo de esa manera a su crecimiento, y convirtiéndolo en un buen vecino que para siempre deje de ser el fantasma monstruoso de una permanente amenaza.

 Cambiar de lenguaje muchas veces es una buena manera para cambiar el pensamiento.

(*Periodista cubano radicado en Miami)

 

 

 

 

NOVÁS CALVO VINO

NOVÁS CALVO VINO

 

Luis Sexto

Libros publicados en Cuba

El  escritor y periodista Lino Novás Calvo experimenta desde finales de la década de 1980, su resurrección en la literatura cubana. Y es justo. En lo particular, he sido partidario, desde mi modesto papel de periodista, de  no  hacer emigrar la obra detrás del hombre que emigra. Por ello, en mis clases de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, impuse la lectura obligatoria de Jorge Mañach, y los alumnos de cuarto año alcanzaban el derecho al último examen  si  entregaban un texto original  que demostrara la lectura de Indagación del choteo. También, entre  los reportajes de Lino Novás Calvo, “Guerra de nervios en Santa Lucia”, publicado en Bohemia en 1948, era en mis clases uno de los modelos. 

El concepto de emigración se reformulará pronto en Cuba. Pero ya hemos hecho  nuestro lo que nunca debimos perder. Y sé que desde algún sitio de este hemisferio alguien pretenderá rectificarme con el argumento de que Novás Calvo no emigró, sino se asiló, en 1960, en la embajada de Colombia, en La Habana, para reunirse con su esposa e hija en los Estados Unidos. En verdad, Lino Novás Calvo no era perseguido ni tenía ninguna causa  pendiente que lo obligara a introducirse en una sede diplomática. A mi juicio, fue el expediente más cómodo, incluso menos costoso. Mucho tiempo después, dijo que lo había hecho cuando el Gobierno Revolucionario confiscó Bohemia. Y realmente puede comprobarse en los archivos que la reconocida revista fue abandonada por su propietario y director, Miguel Ángel Quevedo, refugiado en la embajada venezolana en el propio añó 60, como igualmente procedieron otros dueños y ejecutivos de medios impresos.  Enrique de la Osa, uno de los periodistas estelares -quizás el mejor- de la nómina de Quevedo, llamó entonces  por teléfono a Fidel Castro y de acuerdo con lo que Enrique me contó en 1986, le dijo: Fidel, Miguelito se asiló. Y Fidel, luego de meditar unos segundos, respondió: Paga las deudas y ocúpate; Bohemia no puede cerrar.

Pero lo fundamental radica en que la  obra de Lino Novás Calvo, uno de los narradores cubanos más recios y reconocidos, vuelve a estar entre nosotros junto con su autor. Terminando los 80s, la Editorial Letras Cubanas publicó una antología de la obra de Novás Calvo . Y Ediciones Unión, en 2008,  una  voluminosa órbita  en la que incluye  poemas de  su breve paso por la poesía, además de sus cuentos, que renovaron ese género en Cuba y también , me atrevo a decir, en Latinoamérica, e inserta a Pedro Blanco el negrero, una de las ejemplares novelas cubanas. Han aparecido también con otros sellos editoriales el epistolario y los cuentos detectivescos del autor de Cayo Canas.

En estos días, Ediciones Oriente llevó a las librerías  un volumen titulado Fragmentos de interior, de  Cira Romero,  autora de una considerable, aguda y certera obra investigativa y enjuiciadora sobre la literatura cubana.  Fragmentos de interior es un libro testimonial. Ha sido compuesto, juntando preguntas de entrevistas, juicios de expertos y textos parciales de Novás Calvo, de modo que todo parece una vivaz  y fluida indagación cuyo resultado es  un panorama biográfico, literario, incluso psicológico de este escritor, nacido en Galicia en 1903, y llegado a Cuba cuando niño. Es, por tanto, un escritor cubano. Un gran escritor cubano  que falleció en Nueva York en 1983. No lo vamos a culpar por ello.

Novás Calvo, que gozó del respeto y el afecto de lo más valioso de la intelectualidad cubana de su tiempo, aunque muchos de ellos fueran comunistas o de derecha, vivió entre las décadas de los 40s y 50s, un gran desencanto. Simpatizante de la izquierda, había ejercido de  periodista en España durante la guerra civil,  pero luego abjuró de esa filiación política. Incluso, empezó a lamentarse de ciertas dificultades con la literatura y  a veces reputó al periodismo como lo único válido, según me confesó Lisadro Otero, subordinado de Novás en Bohemia, y de quien recibió recomendaciones que intentaban apartar de la literatura al más tarde autor de Temporada de ángeles. En una de sus cartas a José Antonio Portuondo -publicadas en Cuestiones privadas, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002-, Novás le expresa que se considera seco, incapaz para escribir. En 1947 le confía: “(…) Me falta idioma; el lenguaje está manido, viciado, emporcado, por el uso; ha perdido frescor, no hay forma apenas de decir nada con originalidad; todas las imágenes están asendereadas y todos los giros gastados; solo queda algún modo personal de combinar las partes y de huir de los tópicos, pero esto mismo limita el lenguaje, lo hace amanerado, peculiar, y, a la larga, fácilmente corruptible…”

Lino Novás Calvo fue un hombre signado por méritos humanos. Realizó en Cuba diversos oficios, entre ellos taxista. Y desde el autodidactismo supo convertirse en un escritor muy notable, a veces excepcional. Dominó el idioma inglés con tantra propiedad como para traducir, el primero,  El viejo y el mar, de Hemingway, su amigo íntimo. Traducción que Bohemia publicó completa en un número casi especial.   Hemingway quedó complacido. Claro: gran escritor traduce a gran escritor. Qué titular más justo y exacto. Y justo será también que leamos  a Novás Calvo en Fragmentos de interior, ese cuadro que compuso Cira Romero para darnos la visión de un creador que confirma cuanto de humanidad, incluso de inseguridad y de duda, habita en muchos de quienes  saben conmover con la palabra… (Adaptacíón del comentario difundido por Radio Progreso)