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PATRIA Y HUMANIDAD

GUERRA MEDIÁTICA CONTRA CUBA O LA FÁBULA DEL PAÑO MARAVILLOSO

GUERRA MEDIÁTICA CONTRA CUBA O LA FÁBULA DEL PAÑO MARAVILLOSO

Por Antonio Rodríguez Salvador

No hay guerra mediática contra Cuba, opinan en ciertos círculos (viciosos, casi escribo). Bien, no entremos en polémica, solo concentrémonos en El Paño Maravilloso.

Por si el lector no recuerda ese cuento del infante don Juan Manuel, que siglos más tarde versionó Hans Christian Andersen, brevemente lo resumo. Cierta vez, unos malhechores le hacen creer al rey que pueden
fabricar un traje que resultará invisible para quienes sean hijos de padres ladrones. El rey cae en la trampa y lo manda hacer: así sabrá quién, en su corte, no es hijo de padres honrados.

Mientras imaginariamente se lo entallan, los malhechores le van preguntando si le gustan los encajes de la pechera, las perlas de los puños, tal color de las mangas… Obviamente, el rey no veía nada (o solo veía sus calzoncillos y su barriga desnuda) y, sin embargo, a todo decía que sí.

Y lo mismo hace la masa de cortesanos: ¡Qué hermoso!, decía alguno;¡bellísimo!, aplaudía otro: ya sabemos que en todas partes hay oportunistas y adulones: esa caterva de gente inclasificable en las escalas que miden la ética y el amor propio.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Cuba? Pues bien, así como nadie veía el traje del rey, tampoco a nadie, por ejemplo, se le ocurriría colocar a La Habana entre las ciudades más violentas del mundo. Qué vengan a decírselo a los habaneros y habaneras que enamoran hasta
media noche en los parques, o alguna que otra vez amanecen de rumba en el Malecón.

Sin embargo, si uno se toma un minuto, y busca en la barra de Google la expresión "violencia en La Habana" (así entrecomillada para que el resultado sea literal) queda anonadado.

Hoy 25 de noviembre a las 2: 30 de la tarde, en Google aparecen nada menos y nada más que 2 070 000 páginas que "dan fe" de esa violencia. ¡Cómo lo leyó: más de dos millones! Comparémoslo, por ejemplo, con "violencia en Ciudad Juárez" (115 000); "violencia en Bagdad" (69 200); "violencia en Medellín" (94 400); en tanto, San Pedro Sula, tercera ciudad más violenta del mundo, solo consigue 5 910 entradas.

Así tenemos que, mientras en el Nueva York desnudo más de 4 mil manifestantes pacíficos han sido arrestados en los últimos días (muchos videos y fotos dan fe de la brutalidad policial), en el "paño maravilloso" de Internet la expresión "violencia en Nueva York" solo consigue 6 350 entradas. Es decir que de acuerdo con el impacto mediático, y si comparamos La Habana con Nueva York, por simple regla de tres tenemos que más del 60 % de los habaneros se supone deberían estar presos.

Ridículo como el propio papelazo del rey; pero ahí no termina todo. Recientemente la UNICEF (algo que también había reconocido la FAO) informó que Cuba es el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil. El informe expresa que el 28 % de los niños desnutridos del mundo vive en África Subsahariana. Sin embargo, cuando se teclea la expresión "hambre en África" se tienen 171 mil resultados, menos de la mitad que al buscar "hambre en Cuba" (353 mil) De paso, apuntemos que la frase "hambre en Haití" consigue solo 12 600.

Se pueden poner muchos más ejemplos de ese paño sucio con que se pretende arropar a Cuba: "narcotráfico en Culiacán" remite a 1 200 páginas; "narcotráfico en Cali", a 12 200; mientras que "narcotráfico en La Habana" encuentra 146 mil.

Por último, una curiosidad. Recientemente han ocurrido varias manifestaciones de indignados en Miami; pero al teclear la expresión "indignados en Miami", solo se consiguen 2 060 resultados, cifra irrisoria en relación con los "indignados en La Habana" (63 800) que nadie ha visto.

 

LLEGADA TARDÍA

LLEGADA TARDÍA

Luis Sexto

Una página de juventud

Las charlas de mis compañeros, las imágenes eróticas del cine y el insolente cachumbambé trasero de las criollitas que ya Wilson estaba por descubrir en el semanario Palante, empezaron a entretener mi audacia. Vete, me decían, como en el poema de Amado Nervo, cuerpo y alma al par. Contente, replicaba el custodio de mi libertad impuesto desde la niñez por una educación religiosa que entonces por laberínticas tergiversaciones convertía en ácido lo más humano de la gente.

Un sábado, al fin, ganó la cicuta.

Regresé del trabajo al atardecer, tras cinco días hospedado en un barracón tan viejo como el siglo. Por aquellos años en el país empezaba a repartir una justicia nueva, y a los 18 yo tenía un empleo en un ingenio azucarero de Artemisa. Lejos de la capital. Pero la distancia era también un regalo con su posibilidad de conocer, de crecer valiéndome de mi libérrima capacidad para andar y decidir.

Esa noche, sin embargo, la propia Revolución que tanto me había dado, me “quitaría” algo. Ahora no lo lamento. Me alegro. Porque me introduje naturalmente en el supremo misterio de la vida: sin comprar el acceso. Tuve que conquistarlo, merecerlo, en la liza incierta, desesperada, febril, del enamoramiento. Por influencia de una moral sustancialmente ideologizada creía que la adquisición mediante dinero de un intercambio amoroso, deterioraba la luz que despedía un beso. Aún lo creo, pero a los 18 años sostener ese principio reclamaba un camión de heroísmo.

En el central Eduardo García Lavandero -antiguo Pilar-, uno de mis compañeros de trabajo contaba sus visitas dominicales a una casa de esas, un prostíbulo, y yo, muy petulante, con la palabra reseca le dije una vez:

-A mí no me gusta el amor tarifado.

El, un tanto sin entender lo que este  niño fino decía, respondió:

-Ah, sí; está bien –y prosiguió el lúbrico relato cuyas peripecias me habían obligado a una declaración desganada, sin convicciones, pero también azuzaban los sentimientos de mi cintura, infatigables tironeos donde se mezclaban urgencias fisiológicas y necesidades líricas. Mis ojos soñaban con la figura esbelta, el rostro pálido y los labios rojos de Gudelia... aquella muchacha del ingenio por quien, al verla pasar y con el interés de hablarle, dejé un bistec de palomilla sin consumir en el restaurante artemiseño de Cabrera. A mi edad ese gesto era tan heroico como sujetar otros deseos.

Aquel sábado me vestí con inusual tiento. Alquilé un taxi. Lléveme con mujeres, pedí al chofer. Recaló en la calle Pajarito, en La Habana. Ahí tienes, me indicó. Me aproximé a la puerta. Había un miliciano con un fusil que meses después yo aprendería a reconocer como M-52.

-¿Que quieres? 

-Mujeres, claro.

Sonrió. Palmeó mi espalda.

-¿Qué pasa, compañero?

-No te inquietes; no hay nada malo en tu deseo.

-¿Nada?

-Bueno, es que llegaste tarde.

-¿Tarde?-apenas eran las ocho de la noche.

-Sí, muchacho. Tarde. El Gobierno Revolucionario los cerró hoy.

(Del libro Con Judy en un cine de la Habana y otras crónicas de la ciudad, Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2006)

LA VENGANZA DEL FANTASMA

LA VENGANZA DEL FANTASMA

 Por  Paul Mc Millan

 

Si es cierto que los fantasmas existen  y salen  en rondas nocturnas,  el del Presidente John F. Kennedy, asesinado el  22 de noviembre de 1963, en lo que se conoce como “El magnicidio de Dallas”,  debe andar recorriendo el que también fue su escritorio  en el despacho oval de la Casa Blanca. 

Tal vez no sea el único,  porque antes del fueron ultimados otros tres:  Abraham Lincoln, en 1865; James A. Garfield, en 1881, y William McKinley  (1901), los tres Republicanos. 

Una nada rara costumbre la de eliminar un Jefe de la nación en Los Estados Unidos de América,  porque no conformes los matones con los ya citados, fueron victimas también de ataques a los cuales sobrevivieron, otros nueve Presidentes mientras ostentaban el cargo.

 Fueron ellos Andrew Jackson (1835); Theodore Roosevelt  (en 1912, tras finalizar su mandato); Franklin Delano Roosevelt  (1945), en los finales de la segunda guerra mundial; Harry S. Truman (1950);  Richard Nixon (1974);  Gerald Ford (1975); Jimmy Carter (1979) y Ronald Reagan (1981). 

 Fuera por las causas que fueran, nadie tiene derecho de asesinar o intentar hacerlo a un Jefe de Gobierno, o a cualquier persona simple, pero así ha ocurrido desde el asesinato de Lincoln. Ello demuestra cuál ha sido en cada caso la actitud de la oposición.  Elegido en 1960,  Kennedy se convirtió en el segundo Presidente mas joven de la  nación, después de Theodore Roosevelt. Y ejerció solamente desde enero de 1961, hasta su asesinato en 1963.

 Su mandato estuvo caracterizado por disimiles e importantes eventos que quedaron recogidos no solo para la historia de los Estados Unidos, sino mundial, como la invasión a Bahía de Cochinos,, y tras ella la llamada “crisis de los misiles” (instalados en Cuba por la antigua URSS) y que se consideraban de alta peligrosidad para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Igualmente bajo su gobierno se inicio la construcción del muro de Berlín, la carrera espacial, la consolidación por los derechos civiles en los Estados Unidos y los primeros sucesos de la guerra en Vietnam del Sur.

Ante el homicidio a Lee Harvey Oswald, a manos de Jack Ruby, cuando era conducido por la policía, el expediente fue sellado por la Comisión Warren, que investigaba el caso, debido a que opino que “podría existir una conspiración en torno a su asesinato”.

El tiempo ha pasado y el proceso continúa silenciado hasta cuando se decida reabrirlo, con la esperanza de conocer la verdad del magnicidio. Y aunque todo apunta hacia –una parte—del exilio cubano por el apoyo negado a última hora para la invasión a Cuba, no existen pruebas conclusivas.

Pero, si así fuera,  qué importa una mancha más para un grupo de energúmenos que 52 años después de que Fidel Castro asumiera el poder continúan esperanzados en derrotarlo a cualquier precio, aunque ese fuera desaparecer al actual titular americano o a cualquiera otro futuro. O sembrar a Cuba de bombas, no precisamente de flores y palmas. Y  aunque el pueblo agredido hace 50 años  (si bien una considerable cifra emigró hacia este y otros países), cuenta con mas de 11 millones de personas que no desean mayoritariamente abandonarlo a su suerte o a las de aquellos que pretenden “salvarlo” con falsas promesas económicas y de libertad.   

Por el momento, aquí, en el país “mas democrático del mundo”, un fantasma deambula por la Casa Blanca, aunque tal vez no sea solo el de Kennedy, sino el “fantasma de la conciencia” de vivos y muertos, que no saben qué hacer para acabar con los miles de problemas que enfrenta esta nación, en medio de la mas grande crisis que recoja su historia.

       

      

      

       

     

LA POLÉMICA DEL DÍA

LA POLÉMICA DEL DÍA

Por ARGELIO SANTIESTEBAN *

Una oda a la cochiná…

                  

 Periódicamente la red  --que, entre otras cosas, parece diseñada para los histéricos--  se estremece con el ataquito de moda.

 Tal es el caso armado alrededor de la crítica ejercida contra el video-clip  "chupi-chupi".

   ¿Vale la pena que yo emita mi humildísimo criterio?  ¿Decir que aquello es un despliegue de gusto pedestre mixturado con retraso mental profundo?   ¿Recordar que somos el país que nos regaló, gracias a Matamoros,  la habanera "Mariposita de primavera",   o "Convergencia", de Bienvenido Julián Gutiérrez?

   No.   No es necesario.  Que en el pecado lleven su penitencia.  y sobran todas mis diatribas, pues basta con examinar la dichosa letra.   That is quite enough.

   Para quienes no hayan tenido acceso al engendro teratológico, lo reproduzco a continuación.

  

Dame un chupi chupi,
que yo lo disfruti,
abre la bocuti,
y trágatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
dale ponte cuqui,
y apaga la luqui,
que se formo el balluqui.

Coro:
dame un chupi chupi,
que yo lo disfruti,
abre la bocuti,
y trágatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
dale ponte cuqui,
y apaga la luqui,
que se formo el balluqui.

Póngase calentuqui mamuqui
pa q me chupe el platanuqui
que yo tengo mas sabores
que los mismo tuti fruty
de vainilla, de fresa
pa que no se te arruge el cuti
echame un luki
embarrate pa que yo lo difruti

hay, tu te viene, tu te vay’
Hay, tu te viene, tu te vay’
No me digas que te vay’
Te consigo una permuta de …

Coro:
Dame un chupi chupi,
Que yo lo disfruti,
Abre la bocuti,
Y tragatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
Dale ponte cuqui,
Y apaga la luqui,
Que se formo el balluqui. X2

Hace rato mami que yo estoy callendote atra’
Enfermera pa’ que tu me cure mi enfermedad
Oye que con mi fanatismo metele locura
Ven pa’ mi campismo y dame un chupi chupi
Mucho gusto mami soy el choco
Hambran paso pa’ que chupe un poco
para pa pan pan sin tacañeria
Felicidades fulana en tu dia

Dice que hay noche de adrenalina
Te voy a dar un chupi chupi en la picina
Te voy a dar candela y sin gasolina
Un visto de la vecina
Que a mi me gusta tu ñaca ñaca tu cuchi cuhi
Q’ ami me gusta tu perfume Gucci
Ponme la cara de loca que yo te pongo la music
Pa devorarte en el Jacuzzi

[Coro:]
Dame un chupi chupi,
Que yo lo disfruti,
Abre la bocuti,
Y tragatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
Dale ponte cuqui,
Y apaga la luqui,
Que se formo el balluqui. X2

Esto es tan reaski
Lo vendo yo y sin elaski
Pa’ que se vaya a la molaski
Tu viene yo me voy como hacemos mamaski
Es que esto no es de carne mama esto es de plasti
de plastilina, mi china,
Vamonos directo pa la China,
Pa’ que se vote la adrenalina,
dame un chupi chupi en la cochina

mami yo se que tu esta’ kechi
ponteme arrebatechi
dime si te piache que esta talla lleva mechi
dale al ritmo bechi
llename de bechi
sacate la lengua que te voy a dar la lechi
cambio

mamita vamono sin jockey

que yo estoy loco y tu estas loki
para bajarle el calentoki
para que papi te lo toki

sin jockey la niña esta sin jockey
se baja el calentoki pa que papi se lo toqui
sin jockey la niña esta sin jockey
se baja el calentoki pa’ que papi se lo toqui

Si no quiere buscarte un problema,
Sacudete y tirala buena
Dale un chupi chupi a la nena
Que estoy loca por verte en la esena

Chupi chupi chupi ma que se pone brava mama
Chupi chupi chupi ma que se pone brava mama

[Coro:]
Dame un chupi chupi,
Que yo lo disfruti,
Abre la bocuti,
Y tragatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
Dale ponte cuqui,
Y apaga la luqui,
Que se formo el balluqui. X2

Dame un chupi chupi de tequila,
Aqui esta tu papi el que te aniquila
En la cama me pongo como cine
Me pongo mas feo q los monstro de thriller
Estoy echandote pila
La cama de mi cuarto se alquila,
Introducete en la fila,
Uno pregunta mami tu te depila

Vamo a dejar el audi
Vamono en Suzuki
No importa que halla frio que se te conjele el cuti
Es que nos vamo de party a la calentuti
A lo rico rico
Pa que tu lo disfruti,
No me detengo ay dio
Pero t voy a dar lo que tu quiere
El inmortal, aqui presente
Oye bebe que mas tu quieres,

Dame un chupi chupi mi puti viene sin mojo

Dame un chupi chupi para qe salga el chorro
Ve bajandote el ciper
Te voy a quitar la ñique
Te gusta mi meñique
Yo te lo voy a meter
Un chupi chupi sin excuse me soy el timoner
Ponte pa esto chula ven que puedo yo …

sin jockey la niña esta sin jockey
se baja el calentoki pa que papi se lo toqui
sin jockey la niña esta sin jockey
se baja el calentoki pa’ que papi se lo toqui

chupi chupi chupi chupi chupi chupi ma
chupi ma dale chipi ma
chupi chupi chupi chupi chupi chupi ma
chupi ma dale chupi ma

[Coro:]
Dame un chupi chupi,
Que yo lo disfruti,
Abre la bocuti,
Y tragatelo tuti.

Dame un chupi chupi,
Dale ponte cuqui,
Y apaga la luqui,
Que se formo el balluqui. X2

Yo soy tu loco descarado,
El mal criado
Yo se que tu carece de lo que presume,
Tu sabes que conmigo se te cae el blume.

 

   ¿Acaso no les prometí, unas líneas más arriba, pruebas tangibles, concretas,  asquerosísimas?  Pues ahí están, sólidas como puños.

   Y, si alguien sigue albergando dudas al respecto  -- y tiene estómago a prueba de retos excrementicos--, reléase la letra escatológica, de seguro imaginada en algún  excusado fétido

   (Alguien  –quien mira hacia el monitor mientras yo redacto--  acaba de comentar: “es una oda a la cochiná`.

 

 

 *ARGELIO SANTIESTEBAN (Banes, Cuba, 1945): Periodista y escritor. Recibió el Premio de la Crítica en su primera convocatoria.

EL CADÁVER DE KENNEDY AÚN ESTÁ CALIENTE

EL CADÁVER DE KENNEDY AÚN ESTÁ CALIENTE

Apostillas  ingenuas

Thomas Merton,  monje trapense devenido  uno de los escritores más influyentes  entre los escritores católicos después de su ingreso en el monasterio de Nuestra Señora de Getsemany,   escribió sobre los Estados Unidos una frase lapidaria en el libro Conjeturas de un espectador culpable, publicado en inglés en 1966. No entienden, dijo. Y quizás cuando sea la hora del borrón y cuenta nueva en Norteamérica,  el epitafio del gran país podría ser la conclusión de  este contemplativo a quien el retiro y el silencio en los bosques de Kentuky, no le impidieron estar al tanto del mundo que se expandía entre contradicciones al otro lado de las puertas del monasterio.

“Nuestros estadistas –escribió- no han aprendido el nuevo lenguaje. Y en general, son incapaces de interpretar  las nuevas señales. Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.” Más adelante, apunta: “Decidimos que Cuba está totalmente dispuesta a sacudir el yugo de Fidel Castro y eso da lugar al fracaso de Bahía de Cochinos. Después de haber hecho el ridículo, descubrimos que los hombres que nos proporcionan información, en vez de eso, nos han hecho tragar propaganda”.

En estos días,   para confirmar el juicio de Merton, los precandidatos a la presidencia vuelven a introducir a Cuba como una oferta en su menú de campaña.  Tanto Herman Cain como  Mitt Romney , aspirantes a la nominación presidencial por el Partido Republicano, han echado mano de ese archivo tan manoseado y lleno de polvo fracasado.  

“Lo que llama la atención  -ha escrito en El Nuevo Herald  Alejandro Armengol- no es el recurso gastado del anticastrismo, sino la facilidad con la cual los políticos, en especial los candidatos a cualquier puesto, acuden a éste. Y peor aún, que encuentren algún iluso, o algunos cientos de ilusos que lo sigan. En muchos casos está en juego algún dinero o la promesa de un futuro cargo, pero eso es para los vivos que buscan aprovecharse de la situación. Para los votantes es simplemente el engaño, que sigue funcionando”.

 Les falta –sostiene ahora el autor de este blog-  la valentía, la honradez y la visión política que distinguió a John F. Kennedy. El 24 de octubre de 1963, le dijo al periodista francés Jean Daniel:

"Yo creo que no hay un país en el mundo, incluyendo cualquiera y todos los países que han estado bajo dominación colonial, donde la colonización económica, humillación y explotación fueran peores que en Cuba, en parte debido a la política de mi país durante el régimen de Batista.

“Yo estoy de acuerdo con lo que planteó Fidel Castro en la Sierra Maestra, cuando con toda justificación reclamaba justicia y especialmente anhelaba liberar a Cuba de la corrupción. Inclusive puedo ir más allá: en cierto sentido era como si Batista fuera la encarnación de un número de pecados cometidos por Estados Unidos.

“Ahora debemos pagar por esos pecados. Sobre el régimen de Batista, yo estoy de acuerdo con los primeros revolucionaros cubanos. Eso está perfectamente claro."

Claro estaba para el presidente Kennedy en ese momento después de haber continuado la política contrarrevolucionaria de su predecesor. Al parecer, quería cerrarla y transformar la hostilidad en acercamiento. Y el 22 de noviembre de 1963 Jean Daniel, por encomienda de Kennedy, hablaba con  Fidel Castro sobre la posibilidad de que ambos países intentaran normalizar las relaciones. La conferencia no llegó a ningún acuerdo: una noticia de última hora selló la conversación: Kennedy había sido asesinado en Dallas.

Kennedy adelantó su comprensión de las causas que promovieron a la revolución cubana. Los Estados Unidos, sin embargo,  no entendieron y JFK murió víctima de una probable conspiración todavía sin esclarecer públicamente y en la cual el expediente Cuba parece ser uno de los móviles. Por tanto, entre otras factores, la hostilidad contra el gobierno revolucionario de la mayoría de los políticos norteamericanos, resulta  un tótem y un tabú.  Obama  evadió el tema en su campaña. Pero desde la presidencia,  ha bajado la cabeza ante los mismos ídolos.

Tal vez, el fantasma de Kennedy los  asuste. El precio de ver claro es muy alto.

 

LA AUTOCRÍTICA

LA AUTOCRÍTICA

 

Luis Sexto

En una de mis tantas escuelas, antes de ir a casa cuando era alumno externo de los salesianos, o antes de dormir en la etapa del internado, el director nos daba las buenas tardes o las buenas noches hablándonos de una propuesta ética. Previamente, todos habíamos dedicado un minuto a pensar en el valor o el desvalor de nuestras acciones del día. A ese acto de reflexión, llamábamos examen de conciencia.

Más tarde, aprendí a llamarlo autocrítica.

Pero qué es la autocrítica. Oímos hablar de ella, incluso nos la recomiendan en el arte, la política, la economía. Y a mi parecer, como dije, equivale a un examen de conciencia, a un mirarse hacia adentro y ejercer la crítica contra nosotros desde la propia carne. El ejercicio autocrítico es una especie de fogón de la espiritualidad. Porque el hombre, o la mujer conversan, como dijo Antonio Machado, con “el hombre que conmigo va”. Esto es, reconoce en sí mismo a un interlocutor cuya vigencia impide que la conciencia se nos enmusarañe. O que los errores nos descosan la obra.

Sobre la autocrítica, Dora Alonso me recomendaba: ni tanta, ni tan poca. Porque si escasa, puedes perpetuarte en la misma estación; si excesiva, puedes encontrarte en el mismo apeadero por la ruta inversa: la esterilidad. Lo decía refiriéndose a la obra de un escritor o un aprendiz de escritor. Pero la opinión de la maestra, cuyas cenizas revuelan, a petición suya, en el aire de Cuba, abarca todo el espectro de la autocrítica. Compone, así, un medicamento cuya dosis hay que medir y pesar con exactitud. Si queda corta, no cura; si se pasa, daña al paciente.

Todo ello es razonable. Pero –ah, a partir del “pero” suele venir lo más interesante- le tengo miedo a la autocrítica. Más bien, miedo a cierto uso de la autocrítica. Recientemente, alguien decía en el Noticiero de TV que la agricultura había producido tanto y tanto y tanto, aunque, a pesar de las cifras, aseveraba, “no estábamos contentos con lo hecho”. En efecto, nadie, particularmente los consumidores, puede estar satisfecho con los resultados de nuestra agricultura. De ahí, pues, la autocrítica intervenía para atenuar el juicio de lo que en teatro nombran “la cuarta pared”: el público. ¿Quién no está dispuesto a perdonar a quién reconoce su falta?

Por ello temo que la autocrítica se transforme en una retórica, en un decir que se decolora, que promete lo que nunca cumple, que expresa un pesar que no se siente. Temo, en fin, que un hábito necesario y constructivo derive en un recurso enmascarador. En la poltrona de las justificaciones. A mí me enseñaron que un examen de conciencia, cuando se hace sinceramente, tiende al mejoramiento. Si pasan los días y los mismos yerros, las mismas insuficiencias, aparecen en el escrutinio, la autocrítica es simple coqueteo con la verdad. O más claro: no es verdad. 

 

A CABALLO SOBRE UN LEÓN

A CABALLO SOBRE UN LEÓN

Luis Sexto

Un reportaje de hace veinte años

Nos habíamos detenido para tirar un centavo al aire y seguir el camino que indicara la estrella o el escudo. Entrevimos el tractor en la distancia polvorienta. Lo esperamos. Y el operador sólo me dejó decir:

-Oiga, dónde vive…

-Raúl Acosta –completó  la pregunta con certeza.

Repliqué negándome a creer que fuera un adivino, un mago que aún no hubiese conseguido empleo bajo el globo de un circo o en la caja de un televisor.

-Ah, más de 20 personas me preguntan por él todos los días.

La gente, sin embargo, no busca a la persona de Raúl Acosta. Su nombre es apenas el pase; la contraseña. Y los visitantes se internan en aquella llanura cuadriculada de guardarrayas, donde predomina el verde rastrero del tomate, y el silencio es el único rumor que el oído escucha, cortado de vez en cuando por un trino o un mugido lejano;  se internan a riesgo de extraviarse ante tanta diversidad de rutas y tanta ausencia de señales, para llegar a Hato de las Vegas, la finca de Raúl Acosta.

Allí, cuantos vienen de La Habana, y Pinar del Río, y Consolación del Sur, y de otros lugares, rinden su curiosidad cuando entran en el patio aparentemente espectacular de Raúl Acosta, y ve compartir el espacio a puercos con gallinas, y gallinas criollas con gallinas de guinea, y gallinas de guinea con patos, y patos con halcones, y halcones con tórtolas, y tórtolas con pericos, y pericos con tomeguines, y tomeguines con pájaros vaqueros, y pájaros vaqueros con palomas, y palomas con azulejos, y azulejos con negritos, y negritos con faisanes, y faisanes con pájaros degollados mexicanos, y pájaros degollados mexicanos con jutías, y jutías con ratones, y ratones con conejos, y conejos con jicoteas, y jicoteas con curieles, y curieles con monos, y monos con cocodrilos, y cocodrilos con leones…

 

Nosotros sí buscábamos a Raúl Acosta. Pretendíamos llegar al batey de Hato de las Vegas –cerca de Herradura- para conocer la pieza principal de ese patio que viola la tradición de albergar sólo a animales cuya carne abastezca la mesa doméstica. Porque si pintoresco es un zoológico particular; si insólito son los leones de melena negra dándose existencia sedentaria en un paraje de la campiña pinareña, más lo es el hombre que los salvó de una muerte necesaria, los crió, los nutre, los baña, y los jinetea como si fueran caballos de palo.

Raúl Acosta,  en cambio, no se juzga como un ser único, dependiente de su voluntad. Estima que lo dirige  una especie de instinto, cosa natural. Nadie le enseñó a querer a los animales, ni tampoco leyó libros. Ya los 68 años reconoce que el amor por los pájaros y los cuadrúpedos lo invadió desde niño. Cuentan por aquel paraje que cuando alguien llamaba a Raulito, la madre decía: “Andará por uno de esos rincones de Dios currándole la pata a cualquier pájaro herido”. Y todavía práctica la medicina de la ternura; no puede incumplir ese juramento de un Hipócrates veterinario que la conciencia del niño recitó como en un juego. Cada vez que se encuentra un animal enfermo, lo trae para la casa. Y cuando hace 47 años su mujer fue a vivir con él a  Hato de las Vegas, encontró curieles, conejos, pájaros amparados por la generosidad de Raúl.

Flaco, pero con músculos elásticos, narizón y de ojos verdes, Raúl Acosta es un campesino que heredó de su padre casi 54 hectáreas. Las cultiva ayudado por sus cuatro hijos, y con tanto tesón y efectividad que es un distinguido proveedor del acopio estatal al que destina, exclusivamente, la leche de sus 50 vacas, la carne de sus 100 carneros y sus 60 cerdos, y el arroz y los tubérculos…

Podría ser rico, opinan muchos vecinos. Y no lo es. Su casa conserva el guano y las maderas tradicionales en el campo. Dentro –donde se aprecia orden y limpieza- solo el televisor desentona con el ajuar de la modestia guajira. Los animales le cuestan: los alimenta,  y  los compra cuando se entera de que un ejemplar valioso ha caído en el ámbito de una persona que, quizás, lo maltrate o, en un momento de irresponsabilidad, lo sacrifique en un festín de domingo.

-Sí, me cuestan un mundo. Hace poco me avisaron de que había un venado pequeño en San Cristóbal; fui y lo compré en 600 pesos. Créame, tengo más interés en los animales que en el dinero.

-¿Qué ve en ellos?

-No sé explicarlo. Tal vez ustedes no me crean si les digo que los considero como amigos, familia…

(Castillo, el fotógrafo, lo  retuvo  llevándose la mano a uno de sus ojos humedecidos.)

-Y si los perdiera,  qué ocurriría en su vida.

-Que no puedo vivir sin ellos. He planteado que si en Pinar del Río se construyera un zoológico, yo donaría mis animales al gobierno. Pero con una condición…

Permití que el silencio expresara el monosílabo interrogativo.

-…Que me dejen cuidarlos.

-Son muchos, viejo.

-Sí y nunca los he contado. Van desde uno hasta 20 ejemplares de cada especie. Por ejemplo, tengo ocho cocodrilos, que ya necesitan un estanque mayor, y también más seguridad. Porque los problemas aumentan.

El herbicida que vuela sobre la llanura se posa en los árboles y los destiñe y los deshoja afeando y quitando capacidad de oasis al patio. Y las jaulas –toscas, simples, aunque seguras- se dispersan de modo que aprovechen el techo de alguna rama indemne.

Hemos salido del bohío. Raúl Acosta nos ha llevado a la jaula de Joe y Joanka, la pareja de felinos cuya jeta plácida niega que las estas fieras pertenezcan a la especie de leones menos domeñables de África.

Llegaron a Hato de las Vegas recién nacidos. La escasez de alimentos en el zoológico de La Habanas –ah, sí, transcurren los años iniciales  de los 1990, extinción del socialismo europeo- los había condenado a perecer. Acosta los recibió de regalo. Y crecieron saltando sobre las camas y mordisqueando las sábanas. Entre las fieras y el hombre –también Josefina, una de las hijas- se solidificó una relación parecida a las de un perro y su amo.

Cierto día, cuando Josefina –heredera de la ternura paterna- limpiaba la jaula, la pareja se escurrió por la puerta entreabierta. La mujer los vio cuando, con sigilo, como sabiendo que obraban mal, avanzaban hacia el fondo del patio. Les gritó:

-¡Joeee,  Joankaaa!

Y regresaron.

-Nos habían dicho: nunca les griten para que si se ven obligados a hacerlo, obedezcan.

Esa relación tan pacífica maravilló a varios artistas del circo soviético, que aceptaron, en su visita a hato de las Vegas, las evidencias de lo que Raúl y Josefina hacen con los leones, pocos, o ningún experto puede repetirlo. Raúl Acosta pasó a demostrarlo. Lo siguió Josefina. Joe y Joanka reposaban en el piso. El viejo se acostó sobre el macho. Josefina le tomó la cabeza, le abrió la boca y medio la mano derecha, casi el brazo. Un  colmillo mostraba mansamente su posibilidad de trucidar aquel miembro. Luego ambos cabalgaron sobre el lomo de Joe.

-Sabemos cuándo podemos acercarnos y jugar. Si están comiendo, no podemos entrar, ni siquiera si hubiera un objeto, un pedazo de hierro dentro: el instinto los manda a defenderlo.

Hasta ahora ningún animal ha mordido a Raúl. Ni los monos. Chita y Mimbo pertenecen a los llamados monos verdes, como decir: eléctricos, fieros. A Raúl le sacan la comida del bolsillo.

-Podemos creer que usted los hipnotiza.

-No, no vaya a creerlo. Pienso que con paciencia y cariño se consigue cualquier cosa de los animales. Aunque le voy a decir la verdad: tengo buena mano para la tierra y los animales.

Según Josefina, su padre transpira un olor de bondad, a amparo, que los animales advierten. Y por muy huidizos que sean, al cabo se entregan en la mano de Raúl

-¿Podrá  con tanto ajetreo diferenciar a sus hijos de los animales?

-Mire usted, hijo es hijo, pero cuando pierdo un animal lo lloro como si fuera un hijo.

-Pero uno podría pensar que confía más en las bestias que en los hombres.

-Bueno, confío más en los animales que en ciertos hombres. A mi manera de ver, lo que sería capaz de hacerme la maldad de un ser humano, no me lo haría un animal.

Pero Raúl Acosta no teme. Porque no tiene enemigos. “Sirvo como un paño de lágrimas para mis vecinos”. Si de madrugada necesitan ir al médico, los lleva al pueblo en su yip

La última pregunta lo estremeció. No soporta a los cazadores, que para él no son personas.

-¿Entonces usted nunca ha cazado; ni ha matado a un puerco?

Y la respuesta, con el tiempo, me obligará a recordar a este hombre raro,  personaje  de una historia  que corresponderá a un futuro todavía entre añoranzas:

-Yo no como carne.

 (Hasta hace unos meses, Raúl Acosta vivía, aunque ya había desaparecido su  zoológico doméstico. Tenía entonces 89 años. La foto que acompaña a este post fue publicada en el semanario Guerrillero, de Pinar del Río, en marzo de 2011 )

 

 

 

 

 

 

LOS DÍAS TERRENALES

LOS DÍAS TERRENALES

Libros publicados en Cuba

Luis Sexto

Distinguido por  haberse inclinado hacia el lado más espinoso de la vida: la izquierda, José Revueltas vivió en constante conflicto con su conciencia y con los rasgos deshumanizados de una militancia, pretendida militancia, que se pone por encima de los valores humanos. Todo lo rígido, todo lo inapelable, parece decir Revueltas en Los días terrenales, es usualmente inhumano.  

Esta novela, publicada recientemente en La Habana por la Casa de las Américas, confirma que una novela política será efectiva si no renuncia a convertir los hechos en un interiorizado conflicto ético. No puede haber política sin personalización, y Revueltas nos va apasionando con el universo descrito en Los días terrenales.  Y yo desafío a que se ponga después en conceptos la peripecia de los personajes para averiguar si consigue hacer estallar una revolución en el alma de los lectores.

Ciertamente, un ensayo o una monografía jamás podrán contener el mundo de sueños, el mundo hondo y conmovedor de un poema o una novela. Pero aunque todo en el lenguaje y la técnica de la novela sea oblicuo, sugerido, trasvasado en imágenes, Los días terrenales, publicada por primera vez en 1949, no esquivó el problema principal de la lucha por el triunfo de la revolución proletaria en México,  ni consiguió evadir la polémica con quienes se reconocieron desnudos y vacíos  de todo compromiso con lo más entrañable del hombre: la libertad de conciencia, el libre albedrío de la subjetividad humana.  

José Revueltas, cuya vida acumuló sólo 62 años, fue  un díscolo entre los comunistas mexicanos según los enfoques dogmáticos. Tuvo a veces que hacerse la autocrítica para subsistir siendo fiel a sus ideas. Ideas que lo separaban de sus compañeros de ideales revolucionarios  y a la vez le ganaban el odio de la clase que ejercía el poder.  Vivió, pues, como partido en dos. Y entre expulsiones y críticas de su partido y  la cárcel de sus enemigos, pasó su existencia. Desde los primeros años juveniles estuvo en Islas Marías, presidio mexicano de tétrica fama, y ya en la madurez, acusado de ser ideólogo de la revuelta estudiantil de 1968, lo hospedaron en la cárcel de Lecumberri, donde, escritor cada día y en cualquier hora y rincón, escribió una de sus novelas mejor valoradas: El apando.

Novelista, ensayista, dramaturgo, guionista de cine, escribió básicamente para inquietar. Los muros del agua, Los motivos de Caín, y otras, y en especial Los días terrenales, aún nos advierten, con su cuadro dramático, incluso trágico y a veces grotesco, que las  ideas, cuando se defienden desde posiciones rígidas y se les atribuyen más valor que a los seres humanos, se vuelven enemigas de los principios y fines que las sustentan y las justifican.

Los días terrenales, preciso y conmovedor documento literario, sigue despierta, con su lenguaje plástico, cromático, intenso como densa atmósfera de gases tóxicos. Todavía tiene en sus páginas el farol  de vigilante nocturno con que la literatura acompaña el paso del Hombre durante sus días en la Tierra.