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PATRIA Y HUMANIDAD

COLOQUIANDO CON...

COLOQUIANDO CON...

Por Lianne Fonseca, Maylín Betancourt y Diannelis Silva

Entrevista publicada en 2009

El II Coloquio Universitario de Periodismo con sede en la Universidad Oscar Lucero Moya, de Holguín, contó con la presencia de importantes figuras del periodismo  actual como Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí en el 2009. La ocasión fue oportuna para el intercambio mutuo.

Luis Sexto es un periodista-escritor que ama a su profesión. Su labor y talento lo llevó a recibir el máximo galardón que  otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) por la obra de toda la vida. Cada viernes nos cautiva con su sección Coloquiando en el periódico Juventud Rebelde y nos hace reflexionar sobre los problemas sociales y políticos que enfrenta el país.


-¿Cómo se inició en el periodismo?

-De modo bastante accidentado. Resulta que a los 25 años yo había ejercido varios oficios. Después de ejercer de vendedor de ostiones en los portales de Cuatro Caminos, entonces esquina célebre en la Habana, y de refrescos en la calle Muralla y de haber sido trabajador de la construcción, empecé a trabajar en ingenios azucareros como medidor de tierras. Dos años después, el MINAZ me envió a una escuela para estudiar topografía; me gradué, y  en 1969 pasé al ejército; me licencié en el 71, conseguí empleo en la industria deportiva como bibliotecario, pero, como se puede deducir, yo no era feliz. En 1972 pasé un curso de corresponsales voluntarios y  pude cubrir los juegos escolares de ese año –muy recordados por su masividad y esplendor- y ya no regresé más a la Industria Deportiva: la dirección de Divulgación del INDER en la ciudad de La Habana consiguió mi traslado para el departamento de Prensa. Y pocos meses después, me ascendieron como redactor del Semanario Deportivo LPV. Ya empecé a ser el que había soñado. De esa publicación partió mi vida profesional. Como es natural, ingresé en la Universidad y me gradué de periodista. En fin, todo lo vivido me ha servido para escribir.

 -¿Por qué el periodismo como profesión y no otra?

-Tal  vez esta pregunta sea tan difícil de responder como la de por qué  nací con ojos verdes. En ambos casos diría que por determinaciones  genéticas. Desde niño no me recuerdo de otra manera que soñando con  ser poeta, periodistas, hombre de letras y además polemista. Lo  misterioso de esta vocación es que en casa no había nada que la  condicionara. Mis padres eran personas con pocas letras, aunque sí con  muchas luces de cordialidad y decencia. Ahora, ya terminando mi  carrera, me declaro incompetente para otra actividad que no sea el  
periodismo y la literatura. El ejercicio de las letras ha justificado  mi vida y la ha colmado de sentido, aunque yo no sea un clásico.

 -¿Cuándo surge y con qué objetivo la sección Coloquiando del periódico Juventud Rebelde?

-La primera sección se publicó en junio  de 2002. Y su objeto fue  el de abordar, en un espacio caracterizado por la misma frecuencia  semanal, el mismo día y por el mismo autor, la situación político  social de Cuba. Estilísticamente me propuse escribir de modo que el  enunciado pareciera una conversación íntima, en un estilo apagado. Por  ello la nombré Coloquiando, es decir, hablando cercanamente al lector,  como bajito, entre él y yo. Eso es lo que me preocupa: el tono  conversacional, lo cual me libera de estridencias o altisonancias.*

-En esta columna usted opina, juzga y analiza los problemas que  afectan a la sociedad sobre todo en el plano ético. ¿Qué lo motiva a  abordar estos temas?

-Me parece que puedo identificar dos razones primordiales: asumir  
el periodismo como un  servicio social y solidario y como un ejercicio  llamado a ejercer de instrumento de la conciencia crítica de la  sociedad. Y a estas razones  añadenles mi inclinación polémica, pues no tengo la  fórmula que explica por qué opino sobre los problemas que afectan a  nuestra sociedad, en particular en el plano ético. Si no tuviera  en cuenta los problemas para juzgarlos, creo que el periodismo no tendría sentido en  la sociedad ni en mí mismo como profesional de la comunicación.

-Recientemente obtuvo el máximo galardón que otorga la UPEC, el  Premio Nacional de Periodismo José Martí. ¿Cómo acogió este estímulo  por la obra de toda la vida?

-Con mucha sorpresa, y luego con mucha gratitud hacia el jurado que  reparó en mi obra y hacia cuantos se alegraron junto conmigo.  Pero  ello, como ya he dicho, no impide que yo piense más en mis  insuficiencias que en mis aciertos, y salude la decisión que me  premia, cuando todavía tengo una edad  lo suficientemente apta como  para intentar ganarlo con lo que me resta por hacer. Espero poder  demostrarle al jurado que no se equivocó.

-"Solo el amor alumbra lo que perdura", al decir de Martí. ¿Continúa  Luis Sexto enamorado de su carrera?

-Ya lo dije: vivo en periodismo y por el periodismo: lo asumo como una  misión sacerdotal, como una orden de campaña que ha de concluir con la  muerte. Deseo vivamente que, con mi último suspiro, quede en el aire  la última palabra de mi último Coloquiando o de mi último poema o mi  último relato.  Si uno es capaz de vivir hasta el final con la primera  mujer y única esposa y con la profesión soñada en la juventud, es porque perdura el amor.

¿Qué opina del periodismo cubano?

-Al juzgarlo, me juzgo; soy parte de él, desde hace casi 40 años. En  las redacciones respiran competentes periodistas: revolucionarios,  cultos, con estilo; sin embargo, el periodismo no se entera, o se entera a medias. Influyen muchos factores. Uno de ellos es que la prensa,  a partir de 1965. ha sido sometida a las coyunturas  políticas internas y externas, y por lo tanto ha tenido que bajar la cabeza, justificadamente algunas veces y otras limitada por la acción  burocrática para la cual la información periodística es una amenaza que pone en peligro sus asientos. Confío que alguna vez, nuestra sociedad socialista sea lo suficientemente racional para reconocer que  la prensa, regulada desde dentro,  con madura autonomía, es uno de sus principales resortes de perdurabilidad.

-A lo largo de su vida ha tenido diversas responsabilidades de  
dirección periodística en Trabajadores, Prensa Latina, Bohemia. ¿Se  siente satisfecho con la labor que ha desarrollado hasta ahora?

-Lo único que me satisface es lo que haré mañana; lo hecho hoy ya no  lo puedo cambiar, y generalmente le noto imperfecciones. Pero, siendo  sensato, crecí en un país en revolución y elegí servirlo en un sector  sumamente complejo. Hice, quizá, lo que debía: nunca aspiré a menos y  ello me conforta.  Ahora bien, no soy culpable de mi baja estatura, aunque sí creo tener el mérito de soñar con las estrellas más altas.  De cualquier modo, la obra de la vida ha de ser siempre provisional, hasta el último instante.

-El periódico Juventud Rebelde ya acumula casi 44 años de su  fundación y tiene mucha aceptación por parte del público. ¿Cómo valora  el trabajo que desarrolla  este órgano de prensa?

-A Juventud Rebelde le agradezco que el último tramo de mi carrera profesional sea recorrido beligerantemente, en campaña; peleando por causas tan nobles como la independencia, la justicia social, el predominio sin manchas de la revolución. Es mérito de Juventud Rebelde  nunca haber subvalorado a los periodistas mayores. Por el contrario, creo que nunca me respetaron tanto como en este periódico, a donde llegué casi con 55 años. Le pregunté entonces a Polanco si le inquietaban los viejos y él me dijo: al contrario, los necesitamos; ven para acá. Creo que con mi trabajo ayudo a Juventud Rebelde a estar cerca de la vida, y lo ayudo más que con mi presunta calidad, con mi cierta vocación juvenil por la lucha.

-¿Cuáles consejos daría a nosotros, los relevos del  periodismo?

-Tal vez los mismos que le daría a un periodista llamdo Luis Sexto. Primeramente, llenarnos de  cultura, para ser capaces de asociar los fenómenos más distantes y disímiles; no escribir nada que no  sepamos, ni de lo cual no  estemos convencidos; conceptuar la crítica como un método racional de  análisis; creer que solo siendo interesantes seremos periodistas, y  admitir que ser interesantes es también, entre otras calidades técnicas y estilísticas, escribir de modo que seamos claros y concisos, pero también amenos, armónicos, aceptables. Y un último consejo: poner la ética en un sitial tal alto que digan: podemos creerles porque viven y actúan como escriben.

-¿Proyectos?

-Escribir cuanto aún no he escrito, que es todo.

*Como saben algunos lectores, esta columna cesó, por voluntad de su autor, Luis Sexto, a fines del mes de febrero de 2012.

(Tomado de http://www.baibrama.cult.cu/pages/noticia.php?id=537)

 

 

PREGUNTAS DESDE COLUMBIA UNIVERSITY

PREGUNTAS DESDE COLUMBIA UNIVERSITY

Respondo estas preguntas como habitualmente lo hago con estudiantes cubanos.  Parto del principio que  quien me las formuló por correo electrónico sabe que mis respuestas la pueden ayudar en su tesis de maestría, y yo intuyo que es  una persona honrada que pide ayuda. Y yo la ayudo. La ayudo sin pedir nada a cambio. Como nada a cambio pido a los estudiantes cubanos.   Esas son las respuestas que tengo para dentro y para fuera de Cuba.  Aquí, en mi patria, también las expreso.  Tenga usted buena suerte. Omito su nombre, porque no le he pedido permiso para usarlo en mi blog. Respeto el español de sus preguntas.

Luis Sexto

1. ¿Están bien informados los gente cubana de la actualidad cubana?
 La prensa cubana tiene una naturaleza social que la diferencia de la prensa de apropiación privada. Por tanto, responder en términos absoluto implicaría ser inexacto y también injusto. Porque todo cuanto se diga sobre Cuba ha de estar matizado. Es decir,  la situación actual de Cuba es efecto  de numerosos factores. No podemos olvidar  que desde 1959, la revolución cubana, su gobierno y su obra han sido víctima de la hostilidad de los Estados Unidos. Decirlo ya parece que puede sobrar. Pero basta saber, por ejemplo, que el Gobierno de Obama aprobó un  presupuesto de 20 millones de dólares para promover la democracia en Cuba, y cuando dice democracia dice subvertir el orden establecido por más de 50 años y que goza de la anuencia de la mayoría de los cubanos residentes dentro del archipiélago. Por supuesto, si Fidel Castro y ahora Raúl Castro no contasen con respaldo popular, hace rato que la revolución no existiera.
No trato, desde luego, de adoctrinarla. Simplemente respondo una pregunta y esas referencias explican por qué la prensa cubana ha estado sometida a los vaivenes de la política de la Casa Blanca y del Congreso sobre Cuba. Ahora bien, puedo decirle que en estos momentos en Cuba se dirime un debate sobre el papel de la prensa en sociedades con aspiraciones de alcanzar el socialismo. Y ese debate sugiere que no siempre la prensa ha disfrutado del espacio suficiente para que los receptores -lector, televidente, radioyente- tengan una información completa de cuanto sucede en Cuba. Hoy todavía no lo tienen. A veces, las fuentes se han cerrado; en otros momentos, los medios no han sido capaces de aprovechar el espacio a su alcance. En suma, partiendo de hoy y mirando hacia atrás, el proceso de la prensa cubana ha sido una línea zigzagueante. En un momento, con amplio espacio, como en los primeros años de la década de 1960, hasta l968. Más tarde, más mediatizada, y luego, como en los años 80, con suficiente espacio como para decir que esa fue una especie de “década prodigiosa” de la prensa cubana. Y a partir de 1990, año que inaugura  lo que llamamos período especial, es decir, tras la caída de la Unión Soviética y los países del socialismo real, ha habido un período de restricción que se explica por la estrategia del atrincheramiento  tras el llamado secretismo, es decir, todo es secreto, denunciado últimamente por el Presidente Raúl Castro.

Aparte, pues, de las justificaciones dadas por el diferendo Cuba-USA, hemos de considerar también que desde los tiempos de Marx y Engels, dentro de partido de los comunistas en el siglo XIX ya se discutía cómo debía ser la prensa socialista. Si tenía facultades para, por ejemplo, criticar a los dirigentes del Partido, etcétera. Es decir, como la prensa suele ser clasificada como  enemiga de los poderes omnímodos y de las inefabilidades pontificias, y que por ello resulta habitualmente inoportuna, ya desde sus orígenes el marxismo afrontaba esas distorsiones que, por supuesto, han llegado hasta nuestros días. Pero, como le he dicho, en el caso de Cuba, para explicarlo claramente,  es necesario  no separar  la prensa de su circunstancia histórica, incluso material. Actualmente, unos -los funcionarios-van ganando comprensión y otros -los periodistas- vamos ganando capacidad de aprovechar, con responsable profesionalismo, lo que ganamos.

 2. ¿Está bien informada la gente de EEUU de la actualidad cubana?
Me parece que los ciudadanos norteamericanos no reciben una información veraz y en suficiente volumen  para entender qué es Cuba, qué busca, quiénes son Fidel y Raúl Castro, qué han querido, cuáles son las circunstancias históricas que les permitieron tomar el Poder, qué Cuba era la que ellos, apoyados en la mayoría del pueblo, decidieron cambiar, y por qué eligieron la alianza con la Unión Soviética e introdujeron a Cuba en la guerra fría de entonces. Posiblemente, los estadounidenses  crean, en mayoría, que  Fidel y Raúl son dos comunistas que gobiernan despóticamente a Cuba y que cuanto hagan los Estados Unidos contra ellos es bueno y justo.

Tampoco los ciudadanos norteamericanos saben exactamente qué ocurre hoy, y qué es la actualización de la sociedad cubana. Si usted tiene en cuenta que los principales medios suelen ser instrumentos de la política anticubana dictada por el grupo de origen cubano en el Congreso y además por la influencia de los grupos más beligerantes y financieramente más poderosos  de Miami, uno se percata de que de Cuba solo se sabe en los Estados Unidos lo que los grandes medios quieren que se sepa y muchas veces suele saberse  sin exactitud. No olvidemos la técnica de la “idea cerrada”, típica del periodismo de los Estados Unidos. Cuántas veces uno ve en el titulo, una idea que no se expresa o se explica en el cuerpo de la noticia. O emplean el desplazamiento semántico, es decir, que los hechos y los personajes se les da otro nombre. Por ejemplo,  refugiado en lugar de emigrante; prohibición en lugar de ley, y otras por el estilo. Cito al monje y escritor cisterciense de la estricta observancia Thomas Merton, que en su libro  Conjeturas de un espectador culpable, publicado en inglés en 1966, apunta que antes de la invasión de Bahía de Cochino se nos decía que el pueblo de Cuba no quería a Fidel Castro. Y luego del fracaso de la invasión, nos dimos cuenta de que quienes daban la información solo nos ofrecían propaganda. Hoy podemos suscribir esa observación de uno de los escritores católicos más leído del siglo XX. Fue norteamericano y vivió su vida monástica en el monasterio de Nuestra Señora de Gesetmany, en Kentuky.  He de advertir que los grandes medios: The New York Times, The  Washington Post y otros, no me parece que tengan entre sus prioridades la información sobre Cuba. Más bien, son libelos como El Nuevo Herald de Miami, y alguno más, aparte de las cadenas de TV, como CNN.

3. ¿Qué tan acertada es Radio Rebelde y el programa Hablando Claro en su representación de la realidad cubana?
Llevamos 19 años en el aire. Soy uno de los fundadores de Hablando Claro. Es más, el primer programa salió en mi voz, y recuerdo que el tema era la despenalización del dólar. Por primera vez el dólar circulaba libremente en Cuba. Y había que explicar las causas. Imagine usted, si antes era ilegal, cómo entender su despenalización. Ese fue el papel inicial de Hablando Claro: explicar, interpretar, incluso criticar  lo que no estaba bien hecho o correctamente decidido. Actualmente seguimos ejerciendo esa función. No creo que seamos un programa sin paralelo. Pero ha cumplido un cometido. Habitualmente, hablamos sobre los problemas subjetivos, es decir, los errores humanos que complican la vida de la población. Para eso nos nutrimos de las cartas de los oyentes, que creen en nosotros.  Tantos años en el aire, nos respaldan. Y lo hemos hecho sin consultar los temas o nuestras opiniones. Hemos sido respetados casi a lo largo de dos décadas. Y nuestro mensaje, a mi modo de ver, ha sido positivo. Hemos llevado confianza y hemos resuelto situaciones creadas por mala aplicación de las leyes, o de decisiones injustas, en particular en poblaciones y municipios donde el control del gobierno central es más difícil.

4. ¿Como evaluaría la información reportada sobre Cuba por otras cadenas en relación a la suya (ejemplo: CNN en español, TeleSUR, Televisión española, etc.)?
 No voy a proponer a CNN o la TV española como ejemplos imitables. Las conozco y me percato de su capacidad de manipulación. La objetividad de que blasonan es un simple slogan. En fin, TeleSur puede darle a la TV cubana lecciones. Al menos, ese podría ser una guía para  nuestra Televisión,  que no se utiliza informativamente como la sociedad cubana necesita. Debo aclarar, sin embargo, que si la TV cubana a veces no es lo suficientemente informativa, le aseguro que nunca ha mentido. Habría que discutir si la omisión, o el permanecer en silencio, o reaccionar tarde es equivalente de mentir o manipular. Pero cuando estoy en el extranjero y leo u oigo una noticia importante sobre Cuba y me preguntan qué creo sobre ella, digo primeramente que me traigan un periódico cubano o me permitan ver la TV u oír la radio cubanas. Después de leer la versión de Cuba, entonces estoy en condiciones de emitir un criterio.

LA VARITA DE LOS DESEOS

LA VARITA DE LOS DESEOS

Luis Sexto

Hace un tiempo visité la isla de los “cien nombres”. Es decir, la  Isla de la Juventud, que se llamó también de Pinos, y Del Tesoro, De los Baños y, al principio de nuestros tiempos históricos, La Evangelista… Es siempre un viaje único, porque único es su paisaje, su aire. Conversé con mis colegas, en particular del semanario Victoria. Hablamos de nuestra profesión; analizamos nuestras insuficiencias, nuestros aciertos y renovamos el interés por ser dignos del oficio creador que ejerció José Martíl.

Mis dos días de estancia allí merecerían una de aquellas crónicas dominicales en primera persona, que tanto recuerdo, pero menciono el episodio en este espacio, porque voy a citar un texto que leí a mis compañeros pineros en una de nuestras charlas: un poema de El profeta, del libanés Kahlil Gibran. Lo leí porque, dije, nos sirve a los periodistas como un programa. “Y yo os digo que en verdad la vida será oscuridad a menos que en ella haya estímulo. Y el estímulo será ciego, a menos que haya conocimiento, y el conocimiento será inútil, a menos que haya trabajo. Y el trabajo será vacío, a menos que haya amor. (…) Las necesidades de los hombres cambian, mas no su amor, ni sus deseos de ver sus necesidades satisfechas por el amor…”

Es solo un fragmento. Y lo he vuelto a citar porque nos sirve a todos: a la sociedad entera en momentos en que a veces vemos incertidumbre; o somos pusilánimes hoy, o mañana entusiastas, y pasado mañana escépticos… Hemos de tenerlo en cuenta. Los seres humanos no nos asemejamos a programas de computación: no basta con oprimir una tecla y ya empezamos a reír, o a trabajar, o a creer, u a olvidar lo que nos falta.

Uno de los equívocos principales de las sociedades que han perecido bajo los escombros de su retórica, ha sido soslayar el hecho irreversible de que el Hombre, el género, está compuesto por pasiones, deseos, y necesidades de índole material y espiritual. Actuar como si no fuera así, desconocer que en la conciencia de la masa y de cada individuo la realidad se refleja condicionada, matizada por circunstancias específicas,  a la larga o a la corta puede derivar en fracaso, en desilusión.

Entrando en la materia que hoy distingue el debate en Cuba, creo que no se trata de empeñarnos ahora, por ejemplo, en una campaña ocasional por erradicar el marabú, después de tantos años de indiferencia ante ese comején de nuestros campos. Claro, hay que erradicarlo. Pero para siempre. Y para ello hace falta desmontar el marabú mental; esos paños de autocomplacencia que nos hacen creer que la vida camina según nuestros deseos y a impulso de nuestra inacción. Y nos desvían confundiendo la apariencia con la esencia, el efecto con la causa. No; no es que los cubanos seamos vagos, como leí hace poco en un reportaje…

Marx habló de la utopía posible. Lenin de la utopía que la revolución puede hacer posible, aunque parezca imposible. Pero entre convertir lo imposible en posible, hay un trecho, una ruta que zigzaguea, que por un tiempo demora, se aplaza. Lo demás es ajustar la realidad a un modo inconsecuente de observarla y juzgarla.

Si ayer Cuba tenía la tarea de rescatar la independencia y hacer la Revolución, hoy las tareas se multiplican por un número inconcebible de complejidad: hemos de preservar la independencia conquistada  y salvaguardar y enriquecer la Revolución. Y hace falta, pues, que haya estímulo, y que el conocimiento signifique empleo, utilidad, creación para el que lo adquirió, y que el trabajo atraiga a hombres y mujeres por que les llene la vida de sentido y satisface sus necesidades. Habrá cosas posibles e imposibles… Habrá que hacer las posibles para después continuar en ruta hacia lo que ahora podrá parecer imposible.

La magia transformadora no radica solo en la varita de los deseos ni en los sueños. Perdura en el amor al trabajo y su base racional, y en la inteligencia que adecua, prevé, decide, y que como dice el poeta Gibran, no asegura que posee la verdad, sino una verdad, que dará paso a otras. Así, creo, piensan los hombres de ciencia y conciencia. (Artículo publicado en Juventud Rebelde)

 

DIEZ AÑOS SIN MANUEL

DIEZ AÑOS SIN MANUEL

Luis Sexto

Manuel González Bello murió el 31 de mayo de 2002 cuando había decidido impulsar definitivamente lo mejor de sus letras, es decir lo más chispeante y seductor de su estilo de periodista. Aparte de algún título como el libro dedicado al ex canciller Raúl Roa, González Bello –Manolito, para cuantos lo quisimos con su modo desenfadado de transitar por nuestros días- dejó un volumen póstumo que recientemente la Casa Editora Abril ha publicado, luego de la primera edición de la editorial Mecenas, en Cienfuegos.

Con una sonrisa, así se llama este conjunto de crónicas costumbristas, crónicas del mejor costumbrismo, ese que no se resuelve  en fotografías groseras de las personas, las cosas y los hechos. Y para que algún lector se ubique en la sustancia de este libro, hago recordar que esos textos aparecieron en Juventud Rebelde a fines del siglo XX, bajo el epígrafe de Crónicas del sábado. En esta columna podíamos leer, como ahora en el libro, finísimos alfilerazos a nuestra vida y nuestras costumbres, amables puntazos de uno de los periodistas más ingeniosos de cuantos integraron las redacciones en los últimos cuarenta años.

Manolito  –nacido en Tamarindo, Ciego de Ávila, en 1949- no dejaba tranquilo a ningún hábito, ni a ningún personaje que le parecieran articulados con los alambres oxidados de la falsedad o la desvergüenza. Hasta las goteras tuvieron su crónica definidora. O las permutas. Veamos: “Nunca una casa adquiere  tanto confort, comodidades y ventajas como en el momento en que el propietario la va a permutar. Tanto como para  preguntar: ¿Y entonces por qué permuta?” Y sigue  la crónica por la vía dolorosa del cambio de casa, deteniéndose en sus diversos personajes hasta el final de la crónica: “Cuando ya todo está colocado en la casa, viene la expresión inevitable: A mí no me hablen de permuta. Hasta la próxima, claro.”

Si el comentarista forzara un tanto las analogías, pudieran hallarse contactos, afinidades, entre las Crónicas del sábado y aquella sección de Eladio Secades nombrada Estampas de la época, cuyo espacio temporal se remite a la década de los 1950. Habremos, sin embargo, que salvar diferencias imprescindibles. Manuel González Bello superaba al casi insuperable Secades en el ritmo jadeante de la prosa, en la brevedad  y en la concisión. Pintaba Manolito sus episodios sin detenerse demasiado en la elaboración de trazo. Y sus crónicas sabatinas brotaban como el oro de las manos de Midas. “La suerte mía es que me hice periodista –es decir, me estoy haciendo-, porque otra cosa no sabría hacer en mi vida. Ahora, por cierto, la palabra periodista está en peligro de extinción –como las cotorras-, para dar paso a un nombre más… posmoderno, más ondoso, con swing: comunicador social. Es una onda más actual, que está de moda como el pelo corto, los géneros y el marketing”.

Manolito tuvo el poco común privilegio de trascender el periodismo con la prosa de urgencia. Lo que escribió le salió  también para después. Forma y contenido se le juntaron con vocación de perennidad. Y estas Crónicas del sábado, en particular, servirán como  instantánea, como referencia circunstanciada de un segmento de nuestro tiempo.

Leo y releo a Con una sonrisa. Y no puedo evitar evocar los ojos azules de Manolito, que Ares, el también punzante caricaturista, dibujó en la portada del libro  a su manera oblicua, mansa, de quien parece que juega., como parecen jugar los ojos de Manolito, cuya  mirada se viste de tigre y se acorazada de ironías,  pero en el fondo sonríe como dos gotas traslúcidas  sobre un cosmos limpio.

Para no falsear la memoria de a Manuel González Bello, habrá que recordarlo, principalmente, por su obra breve, pero repleta de preguntas incisivas y sedosas estocadas.

LA SOLEDAD DEL FARAÓN

LA SOLEDAD DEL FARAÓN

 

Por Luis Sexto

Carta de amor a Tutankamen es un poema en prosa, más bien página de un diario juvenil,  cuya contención lírica podría significar la definición de Dulce María Loynaz: verbalmente estoica, afiliada a una medida que represa le desbordamiento y le facilita  el discurrir por las profundidades. Esta carta de amor a un  faraón fenecido casi en la adolescencia, brota  durante  un viaje  de la poetisa por Egipto y otros lugares de esas tierras,  cultura tan antigua, que parecen sobrevivir en el misterio.

Formada en un hogar sensible, instruido, sus hermanos Flor, Enrique y Carlos Manuel también tenían en la mirada la claridad neblinosa de la poesía, incluso su  padre, el General Enrique Loynaz del Castillo. Difícilmente, por tanto,  la poetisa, a pesar de sus 26 años y un doctorado en la Universidad de La Habana, podía evitar conmoverse ante el sarcófago múltiple del joven faraón. Y tras regresar al hotel escribió este poema lírico en prosa, página de un diario, que aún reclama la vigencia gracias a la finura de su composición y lo maduro del impulso. El  español Antonio Oliver Belmás, poeta y experto crítico de la obra de Rubén Darío, subrayó en el prólogo del cuadernito, publicado en 1953, que con esta Carta Dulce María hubiera merecido que el joven Tutankamen resucitara.

Qué pasaba por el corazón de la poetisa. ¿Podremos intuir qué grado de intensidad experimentaban sus temblores, sus vacíos para atreverse a rodar las piedras, aventar las arenas de los siglos y dirigirse a un monarca egipcio fallecido a deshora? Dulce María, ya tan sagaz y tan sincera como en su madurez, se percató entonces  que escribía cosas como de loca. Se dirige al joven rey: “Déjame decirte estas locuras que acaso nunca te dijo nadie, déjame decírtelas en esta soledad de mi cuarto de hotel, en esta frialdad de las paredes compartidas con extraños, más frías que las paredes de la tumba que no quisiste compartir con nadie.” Antes le ha dicho: “Por esos ojos tuyos que yo no podría entreabrir con mis besos, daría a quien los quisiera, estos ojos míos ávidos de paisajes, ladrones de tu cielo, amos del sol del mundo.”  Y más adelante: “Pienso que tus cabellos serían lacios como la lluvia que cae de noche… Y pienso que por tus cabellos, por tus palomas y por tus 19 años tan cerca de la muerte, yo hubiera sido lo que ya no seré nunca: un poco de amor”.

Aunque Carta de Amor a Tutankamen se publicó 24 años después de haber sido compuesto, uno reconoce que en lo circunstancial de este texto,  además de los valores formales como la sobriedad y un discurrir sin apenas hacerse notar, ya estaban los valores internos de los poemas con que Dulce María alcanzará  su crédito como una voz recia y delicada a la vez. En este poema se aprecia la soledad, la frustración,  la ternura desasida y la contenida pasión de un Eros que se transforma en maternidad: Así –le dice al faraón dormido- te hubiera recostado yo sobre mi pecho, como un niño enfermo.

Dulce María Loynaz (1902-1997)  escribió varios libros de poemas. Entre otros -y cito los primeros-  Versos, Juegos del agua y Poemas sin nombre.  Este último en prosa. Y es en la prosa poemática, cuando el verso se desprende del maquillaje métrico y de la música exterior de la rima, donde la poetisa logra, a mi modo de ver, su mayor hondura. No me refiero, sea advertido, a su prosa novelística, en la cual ejerce también la poetisa;  sino la prosa en que cuajan las ideas poéticas con calidad y libertad irrepetibles. A mi parecer, pues, su libro superior es Poemas sin nombre. Un libro amor. Un libro filosofía. Un libro desolación. Un libro sueño. Quizá me sea permitido repetir un título de César Vallejo: Poemas humanos, generalmente breves, en que conviven lo erótico, lo bíblico, lo religioso, lo cotidiano, lo lírico.

Esta es una muestra: “Estoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que vi esta tarde lavando en el río. Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura  sobre este río negro de tu ausencia.” En otra página escribe: “Hasta en tu modo de olvidar hay algo bello. Creía yo que todo olvido era sombra; pero tu olvido es luz, se siente como una viva luz… ¡Tu olvido es la alborada borrando las estrellas!”

En Poemas sin nombre se esconde el evidente secreto de la estética que ha dado perennidad a la poesía de Dulce María Loynaz. El poema 105 lo revela: “Esta palabra mía sufre de la escriban, de que le ciñan cuerpo y servidumbre. He de luchar con ella siempre, como Jacob con su arcángel; y algunas veces la doblego, pero otras muchas es ella quien me derriba de un alazo”. En doblegar la palabra martirizándola con la afilada conciencia del estilo o negociando con sus probables desvíos y anuencias, en eso, en doblegar la palabra, consiste la faena del poeta en la arena solitaria de la experiencia poética. Y Dulce María logró que su poesía venciera el desafío de todo canto: permanecer. Y Aunque por mucho tiempo la autora se mantuvo exclusivamente en los límites de su casona familiar, su poesía seguía  vigente, viviendo existencia propia y acusando con su ternura o su desgarramiento la personalidad que la creó.

Entre La carta de amor a Tutankamen y Poemas sin nombre, se mece  un sutil hilo de comunicación que sostiene la coherencia de esta mujer signada por la plenitud del vacío*. (Publicado en  el blog La palma de la mano, Cubahora)

 

*En 1987, su patria dulce, de la que nadie pudo llevársela, le otorgó a Dulce María Loynaz el Premio Nacional de Literatura. Y España, la patria que le dio la lengua de su palabra doblegada, le entregó  el Premio Cervantes de 1992, símbolos máximos del recuerdo y la presencia.

NUEVO EDITORIAL EN DEFENSA DE ORTEGA

 Espacio Laical asegura que existe una estrategia para “eliminar al cardenal Ortega”

La revista Espacio Laical, del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana, salió en defensa del cardenal Jaime Ortega, acusado en los últimos meses de plegarse a los intereses del régimen y duramente criticado después de que en una conferencia en Estados Unidos llamara delincuentes a opositores que ocuparon un templo en La Habana días antes de la visita a la Isla del papa Benedicto XVI.

Sin especificar cuáles, la publicación alertó de la supuesta existencia de "ciertas facciones" que "han urdido una estrategia" con "el propósito de eliminar al cardenal y deshacerse de la línea política que éste ha promovido".

"Para lograrlo se ha concertado un frente que se propone atacar al arzobispo de La Habana y a los proyectos que desde la Iglesia intentan darle cuerpo a esta línea pastoral, que posee implicaciones políticas y sociales", dijo.

Añadió que "no se trata solo de ataques personales contra el cardenal", sino de "una guerra contra toda una línea evangélica que aspira a cambios positivos y serenos, graduales e incluyentes, ordenados y pacíficos, que logren articular un renovado modelo sociopolítico para Cuba".

La publicación acusó asimismo a la disidencia y al exilio de no tener "proyectos claros y universales para el destino de la nación" y de seguir "agendas dictadas desde fuera", en línea con el discurso del régimen, que describe a los opositores como "mercenarios" de Washington.

"Desde hace más de 30 años la Iglesia Católica en Cuba ha venido cincelando una propuesta de diálogo entre todos los cubanos, como metodología imprescindible para avanzar hacia una mayor concordia nacional", dijo Espacio Laical en un editorial firmado por José Ramón Pérez, Roberto Veiga, Lenier González y Alexis Pestano y titulado "Compromiso con la verdad".

Como ejemplos citó "la Carta Pastoral El amor todo lo espera, los cientos de pronunciamientos de los obispos cubanos, la labor desplegada por el laicado desde varias publicaciones eclesiales", la visita de los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI a la Isla y el reciente diálogo con el Gobierno cubano, entre otros elementos.

"Es posible afirmar que en los escenarios cubanos no ha existido otro actor social que se haya comprometido de forma tan radical en la construcción de una alternativa global de cambios positivos para Cuba", dijo la publicación. "Una personalidad clave en este camino, siempre crispado y zigzagueante, ha sido el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana", añadió.

"Figura clave"

Ortega "se ha consagrado a la construcción de una hoja de ruta que prefigura un camino de cambio gradual, pacífico, inclusivo, sin traumas para el país", afirmó Espacio Laical.

Señaló que el arzobispo ha desplegado "una agenda de diálogo amplia, en constante interacción con muchos ciudadanos, intelectuales, académicos, grupos de la sociedad civil, otras denominaciones religiosas, miembros del Gobierno cubano y del cuerpo diplomático acreditado en nuestro país, la Santa Sede, gobiernos de otros países, la Iglesia que peregrina en Cuba y en otras partes del mundo, así como con actores sociales y políticos cubanos situados en el exilio de Miami y en otras regiones del mundo".

"Todo ello lo ha llevado a conseguir una posición de liderazgo que ha desbordado lo estrictamente pastoral para convertirse en una propuesta de transformación ordenada y gradual del orden nacional", consideró.

"Esta gestión del cardenal Ortega nunca ha representado una aceptación acrítica de lo mal hecho por las partes del espectro nacional", señaló Espacio Laical.

"Unas veces en público y otras en privado, ha cuestionado el quehacer político opositor dentro y fuera de Cuba, que suele caracterizarse por criticar, condenar e intentar aniquilar, sin proyectos claros y universales para el destino de la nación", dijo.

La Iglesia "no puede comulgar con proyectos monitoreados y acoplados, en muchos casos, a agendas dictadas desde fuera de la Isla y sin un distanciamiento crítico claro sobre las medidas de bloqueo contra nuestra Patria", agregó.

Resaltó que Ortega fue "la única voz que, desde la Iglesia, condenó, sin ambages, el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y de otros oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, los ataques del comandante Fidel Castro contra monseñor Pedro Meurice y los llamados actos de repudio".

El cardenal ha tenido además "un protagonismo destacado en la preparación de todos los documentos episcopales emitidos sobre la realidad del país" y "ha intercedido anónimamente por la liberación de miles de presos políticos y comunes que no forman parte de esta última oleada conocida públicamente", dijo Espacio Laical.

"Odio y escasa inteligencia política"

Según la publicación, para Ortega "la solución definitiva para Cuba pasará por una metodología política signada por el encuentro, el diálogo y el consenso".

"Pero esto no es aceptado por muchos que, cargados de odio, de prejuicios y en algunos casos hasta de escasísima inteligencia política, prefieren derrocar al actual Gobierno y conseguir un triunfo que nuevamente excluya a los adversarios", acusó el editorial.

"Este tipo de victoria, por supuesto, podría conducirnos hacia un cambio político y económico, pero no hacia el necesario equilibrio nacional de inspiración martiana, en tanto muchas veces sus promotores parecen empecinados en excluir a todos aquellos que de alguna manera apoyan o han apoyado a la dirigencia de la Revolución", dijo la publicación.

"Dicha pretensión podría cincelar nuevos mecanismos electorales, que tal vez satisfagan a ciertos sectores políticos, pero serían reglas deficitarias de un verdadero contenido democrático y reconciliador", opinó.

 

 

¿CÓMO SE CONSTRUYE UNA PARTE DE LA CULTURA UNDERGROUND?

¿CÓMO SE CONSTRUYE UNA PARTE DE LA CULTURA UNDERGROUND?

     

Por Carlos Tamayo Rodríguez

Presidente de la Unión de Escritores de Cuba en Las Tunas

El desarrollo tecnológico ha traído consigo la apertura de estudios y «estudios» de grabación, alternativos a los del Estado.

Actualmente se compone música en computadoras, con el auxilio de diferentes software; beneficio para cantantes urgidos de backgrounds. Al disponerse de recursos para grabar las voces y mezclarlas con la música, se completa el ciclo —simplificado— de una disquera doméstica. Si se carece de formación académica en esta materia, si no se tiene buen gusto estético para seleccionar las canciones que conformarán el disco, puede afectarse intelectualmente a quienes consumen esa mercancía, en estuches ilustrados con fotos de los cantantes o las orquestas; también con imágenes existentes en Internet: féminas en hilo dental, de espaldas…

La reproducción del producto musical, o audiovisual, requiere del quemador de discos compactos, que se  adquieren en las tiendas recaudadoras de divisa; la cantidad de copias depende de la demanda en el mercado por cuenta propia, o como regalías promocionales: demos, obsequiados en emisoras de radio o en centros donde el operador de audio es quien decide la música a escuchar.

Además, el vendedor de discos —figura legalizada— es parte contradictoria en la ilegalidad de un negocio en el cual los autores y compositores no cobran el dinero de sus derechos, establecidos en la desactualizada y aún vigente Ley 14, mientras la ONAT (organismo tributario, nota de Luis Sexto), el vendedor, y otros, sí se benefician.

He referido algo sabido: cómo se construye una parte de la cultura underground; así circula cualquier cantidad de canciones cubanas y extranjeras, buenas y malas, al margen de la oficialidad institucional; sin asesores literarios que revisen las letras, ni arreglistas, ni repertoristas, ni productores musicales calificados, ni musicólogos, ni censores que impidan la difusión de la subcultura.

Un voluntarismo acrítico promueve en espacios públicos y privados, por audios particulares o de empresas e instituciones culturales, aquellas producciones, y las de sellos discográficos reconocidos; «todo mezclado». Los CD que entran en la programación habitual, provenientes del proceso referido, obsequiados por sus creadores, tienen que ser analizados por una Comisión de Calidad que compruebe su valor artístico y decida su difusión o no. Los medios estatales tienen el objeto social de contribuir a la elevación del nivel cultural de la población, y jerarquizar las obras probadamente valiosas; se supone que, si las trasmiten la radio y la televisión, es porque son buenas.

Si se viola la Política Cultural de la Revolución Cubana —como sucedió en el referido caso del Chupi chupi en LUCAS, y antes en emisoras de radio—, ello repercute en los hogares; cuando algunos de los convivientes rechazan determinado género musical, y les piden a los otros que no los atormenten, la espada de Damocles cae con esta argumentación: si lo difunden en los medios del Estado, ¡cómo no lo vamos a poner en la casa!

Téngase en cuenta que actualmente una persona puede ser, en sí misma, una buena o mala suerte de entidad promotora de productos comunicativos, musicales y audiovisuales, por el simple intercambio en memoria flash, CD, envíos por correo electrónico, teléfono celular, la escucha en Walkman, Discman (ya fuera de moda), MP3, MP4, VHS, DVD, distintos modelos de reproductoras de radio, casetes y discos, computadora, computadora portátil, Ipod… y lo que está por inventarse…

Referida la «democracia informativa» con medios alternativos; quienes deciden qué se trasmite por la radio y la televisión cubanas deben estar claros de que nadie puede, anárquicamente, imponer su gusto y trasmitir solo la música de su preferencia, porque aquí los medios no son de empresarios particulares, sino del Estado. Valga esto también para toda clase de institución estatal utilizadora de la música.

 

¿OPINIÓN VS ÉTICA?

¿OPINIÓN VS ÉTICA?

Luis Sexto

La foto muestra una escena familiar en un sitio de Cuba en 1957.

Excusen si me repito, pero complazco la petición de un forista

Gusto de tener presente un apotegma del brasileño Leonardo Boff. El ex sacerdote y teólogo de la liberación recomendaba que, ante un debate, una crítica,  había que partir de una perspectiva ética más que de un punto de vista “meramente político”. Lo cual para mí significa que ningún juicio político sin ética es honrado. "Importa, decía Boff, que  comencemos por ser honestos”. Y dejemos que la realidad se muestra “tal cual es”.

Por lo regular, cuantos enjuician a Cuba y sus circunstancias en Washington, Miami, Madrid, o en cualquiera de los medios de prensa dominantes y globalizadores del planeta, esconden la realidad cubana. También la esconden en los tea party de los crepusculares grupúsculos anexionistas locales.

Unos y otros aducen que los problemas actuales de Cuba son provocados por el estado socialista. De lo que resulta que el organismo político, social y económico que tanto ha realizado por el país y sus habitantes es el culpable de las espinas del período especial. Es decir, culpable de los apagones -cuando los hubo de modo casi general-, la Revolución que electrificó el 95 por ciento de un país inelectrificado; culpable de la escasez de medicamentos, la Revolución que graduó a más de 70 000 médicos sobre los 6 000 de 1958; culpable de las enfermedades, la Revolución que extendió a 78 años el promedio de vida de los cubanos que hace cinco décadas vivían unos 62; de las dificultades escolares, la Revolución que enseñó a leer y escribir a un 40 por ciento de analfabetos y graduó un millón de profesionales; culpable de los salarios deprimidos, la Revolución que convirtió el trabajo en un derecho popular y un deber estatal; culpable de ciertos desvalores, la Revolución que enseña la solidaridad, el amor al semejante, el predominio del ser sobre el tener...

Ese es el análisis. Exactamente. Realidad atribuida única y fanáticamente a los presuntos errores –que no excluyen numerosos reconocidos y rectificados o por rectificar- y a la "voluntad destructora" de cuantos gobiernan en Cuba. Nada, desde luego, de lo otro: la obra levantada. Los problemas resueltos. Los empeños por resolverlos. Y el apoyo de una mayoritaria decisión ciudadana. Y nada tampoco de lo de más allá: la guerra sucia de EE.UU. El bloqueo. Las leyes extraterritoriales. Eso no cuenta. Que si Cuba afronta iliquidez financiera, y el FMI y el Banco Mundial no le prestan dinero como prestan todos los días a cualquier Estado, porque EE.UU. se opone, culpa es del gobierno cubano.

Y así, la realidad se escamotea descaradamente. Ese es el modo de actuar de “la libertad de cierta luz” vitriólica y vitrálica que busca generar la oscuridad. Estemos atentos. Se nos quiere ofrecer el cinismo como posición objetiva, justa y honrada. Y el cuento se reduce a este cuadro: te asfixio apretándote el cuello, y luego, sin soltarte, digo a todos que te estás ahogando. Te culpo. Y te lo reprocho. Actitud cínica. Y cinismo, define el diccionario, es impudicia. Desvergüenza.

CUALQUIER TIEMPO PASADO...

La historia es. Nunca podrá ser como pudo haber sido. Los hechos son impertinentes. Guárdelos en un par de medias desusadas. Y aparecerán de improviso en cualquier gaveta. Rodando. Rodando. En cosas de historia, la mentira no perdura. La nariz le crece al mentiroso.

Ahora parece estar de moda en Estados Unidos delinear la historia de Cuba como ciertos cocineros del desmán quieren que haya sido. Dicen en Miami, por ejemplo, que Batista fue un paradigma de patriota. Apelan a la desmemoria, que suponen posible en las nuevas generaciones, para con un pasado que no fue, invalidar el presente, que sí es. Porque, si el golpista del l0 de marzo fue un patriota, para qué revolución. Pero los hechos, los hechos... Basta ojear algún resumen histórico de la mafia norteamericana, digamos la vida y milagros de Lucky Luciano. Y de pronto, Batista, ahí, facilitándoles el acceso a Cuba, y a los casinos, los hoteles, la trata de blancas y el tráfico de drogas,  a los negocios azucareros. Y también cobrando por los favores. ¿Patriota? Venga usted a ver.

Dicen también que en los años 50, en particular en 1957, había mejores índices de salud que hoy. Lo dijo hace unos años una funcionaria, muy alta, de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana. ¿Sabrá ella lo que dijo o es que alguno de los habituales  comensales de Malecón y M  quiso agradecer las lonjas de cerdo con un aporte estelar en la campaña contra la Revolución?

Y ahora, en mi blog, algunos o algún forista dice que cualquier tiempo antes de la Revolución fue mejor, al menos en lo referido al campo.Todo es posible. Pero vayamos a los hechos. A los hechos. Y en mi archivo, que vale tanto como haber vivido cien años, encontré el folleto que los desmiente. No es mi memoria, ni la de tantos cubanos que sufrieron aquellos tiempos. Son los papeles que traen desde el pasado la acusación contra aquel mismo pasado.

Un folleto de la Agrupación Católica Universitaria (ACU) resume una encuesta que esa asociación, caritativamente inquieta por la realidad del país, aplicó entre la población dedicada a los trabajos agrícolas en 1957. Se titula Por qué reforma agraria. En ese año, cito, “la población trabajadora agrícola que se puede calcular en 350 000 trabajadores y dos millones cien mil personas, sólo tiene un ingreso anual de 190 millones de pesos”. Y sigo citando: “Es decir que a pesar de constituir el 34% de la población, sólo tienen de ingreso el 10% de los ingresos nacionales.”

El folleto, el número 23 de la serie B – Apologética, expone, además, que el índice de desnutrición  “es de 91%”. Y “presuntamente un 14% padece o ha padecido de tuberculosis”, un 13% la tifoidea,  y “un 36% declara sin lugar a dudas que se halla parasitado”. Y “sólo un 8% recibe atención gratuita del Estado. Y la opción de un “80.76%, el médico “pago”. Pero de acuerdo con el salario promedio de 45 pesos en una familia promedio de seis personas, “resulta evidente que en la mayor parte de las enfermedades no reciben ninguna atención médica”.

Hay mucho más. Y la fuente es excesivamente confiable. Porque, cuatro años más tarde, varios de los que fueron integrantes de la ACU sirvieron a la CIA, o conspiraron contra la Revolución. Y otros emigraron hacia Norteamérica. Y no creo que allá se desconfíe del criterio de cuantos sirvieron o  sirven a los Estados Unidos en su guerra contra la Revolución de 1959. Al pasado, señores, no se le provoca. Sus huellas son demasiado visibles. ¿Les presto el folleto? ¿O quieren el censo de 1953?