Blogia

PATRIA Y HUMANIDAD

¿Cómo enfrentarnos a la sexta extinción masiva?

¿Cómo enfrentarnos a la sexta extinción masiva?

Por Leonardo Boff,

teólogo y ecólogo brasileño

Ya nos hemos referido anteriormente al hecho de que el ser humano, en los últimos tiempos, ha inaugurado una nueva era geológica -el antropoceno-, era en la que él aparece como la gran amenaza para la biosfera y el eventual exterminador de su propia civilización.

 Desde hace mucho  tiempo biólogos y cosmólogos están advirtiendo a la humanidad que el nivel de nuestra intervención agresiva en los procesos naturales está acelerando enormemente la sexta extinción en masa de especies de seres vivos. Está en curso desde hace algunos  miles de años. Estas extinciones pertenecen al proceso cosmogénico de la Tierra.

 En los últimos 540 millones de años la Tierra conoció cinco grandes extinciones en masa, prácticamente una cada cien millones de años, que extinguieron gran parte de la vida en el mar y la tierra. La última ocurrió hace 65 millones de años cuando fueron aniquilados, entre otros, los dinosaurios.

Hasta ahora todas las extinciones fueron ocasionadas por la fuerzas del propio universo y de la Tierra, como por ejemplo la caída de meteoros rasantes o por convulsiones climáticas. La sexta está siendo acelerada por el ser humano. Sin su presencia desaparecería una especie cada cinco años. Ahora, a causa de nuestra agresividad industrialista y consumista, multiplicamos cien mil veces la extinción, nos dice el cosmólogo Briam Swimme en una entrevista reciente al EnleihtenNext Magazine, numero 19.

Los datos son estremecedores. Paul Ehrlich, profesor de Ecología en Standford calcula     que son exterminadas 250 mil especies al año, mientras que Edward O. Wilson, de Harvard, da números más bajos, entre 27 mil y 100 mil especies por año (R. Barbaut,  Ecología geral. 2011, p.318). El ecólogo E. Goldsmith de la Universidad de Georgia, EE.UU., afirma que la humanidad, al volver el mundo cada vez más empobrecido, degradado y menos capaz de sustentar la vida, ha revertido el proceso evolutivo en tres millones de años. Lo peor es que ni nos damos cuenta de esta práctica devastadora ni estamos preparados para evaluar lo que significa una extensión en masa.

 Significa sencillamente la destrucción de las bases ecológicas de la vida en la Tierra y la eventual interrupción de nuestro ensayo civilizatorio y quizás hasta de nuestra propia especie.

Thomas Berry, el padre de la ecología estadounidense, escribió: "Nuestras tradiciones éticas saben cómo manejar el suicidio, el homicidio e incluso el genocidio, pero no saben qué hacer con el biocidio y el geocidio". (Our Way into the Future, 1990, p. 104).

¿Podemos desacelerar la sexta extinción masiva ya que somos sus principales causantes? Podemos y debemos. Una buena señal es que estamos despertando la conciencia de nuestros orígenes, hace 13,7 millones de años, y de nuestra responsabilidad por el futuro de la vida. Es el universo quien suscita todo eso en nosotros porque está a favor nuestro y no contra nosotros. Pero pide nuestra cooperación, ya que somos los mayores causantes de tantos daños. El momento de despertar es ahora, mientras hay tiempo.

Lo primero que hay que hacer es renovar el pacto natural entre Tierra y Humanidad. La Tierra nos da todo lo que necesitamos. En el pacto, nuestra retribución debe ser de cuidado y respeto para con los límites de la Tierra. Pero, ingratos le devolvemos machetazos, bombas y prácticas ecocidas y biocidas.

Lo segundo es reforzar la reciprocidad o la mutualidad: buscar aquella relación mediante la cual entramos en sintonía con los dinamismos de los ecosistemas, usándolos racionalmente, devolviéndoles la vitalidad y garantizándoles sostenibilidad.

Para eso necesitamos reinvertarnos como especie que se preocupa por las demás especies y aprender a convivir  con toda la comunidad de vida.

Debemos ser más cooperativos que competitivos, tener más cuidado que voluntad de someter, y reconocer y respetar el valor intrínseco de cada ser.

Lo tercero es vivir la compasión no solo entre los humanos sino con todos los seres, compasión como forma de amor y cuidado. A partir de ahora ellos dependen de nosotros, si van a poder seguir viviendo o si estarán condenados a desaparecer.

Necesitamos abandonar el paradigma de dominación que refuerza la extinción masiva y vivir el del cuidado y el respeto, que preserva y prolonga la vida. En medio del antropoceno, urge inaugurar la era ecozoica que coloca lo ecológico en el centro. Sólo así hay esperanza de salvar nuestra civilización y de permitir  la continuidad de nuestro planeta vivo.

(Tomado de Granma, viernes 16 de marzo de 2012)

 

 

 

EL DÍA EN QUE ME MATARON

EL DÍA EN QUE ME MATARON

Luis Sexto

Un episodio de la juventud

No recuerdo haber muerto; sin embargo, me mataron.  Fue un día imprecisable en el que me inscribieron como difunto, por  broma o confusión, en  la memoria de los vivos. Murió en un accidente, difundieron en ciertos lugares por donde nunca más yo había pasado.

Y no me quejo. Cumplí involuntariamente un deseo de adolescente. Influido por un poema de Rubén Martínez Villena, había pedido en versos asistir, protocolar y silencioso, a mi velorio. Era una estrofa de cuatro o cinco líneas. La escribí durante una clase de matemáticas, y no pude proseguirla porque se mezcló con alguna metáfora algebraica que el profesor, golpeando tres veces el pizarrón, me exigió copiar. También la he olvidado.

Con el privilegio poético de estar muerto y vivo a la vez, quería confirmar si Balzac acertó al decir que en los cementerios todas las esposas son amantes, los amigos fieles y los ricos generosos.

Por entonces sabía muy poco de la muerte.

Ahora me he dado cuenta que el sentimiento de la muerte posee gradaciones. A los 18 años es una circunstancia emotiva; seduce el imaginar el propio rostro tieso, plácida y candorosamente juvenil, y oír el lamento de la gente por que uno haya fenecido siendo tan joven, tan inteligente, incluso tan hermoso. Es la edad de la audacia y el desprendimiento incontaminados de cálculos. Transitando por ella acometí mi único gesto heroico: arrojarme a las riendas de un caballo desenfrenado. Arrastraba un carretón, y el viejo que lo conducía y acopiaba desperdicios para cebar puercos, no podía detenerlo. Los ojos de Mirta, una amiga que entonces hacía que mi cerebro  se empapara de ternura, condecoraron aquel acto casi fílmico. Y no hubiese dudado en morir pateado para sentirla llorar por este muchacho loco.

Ah, la muerte, tan lejana e imposible.

Tras los 40 la posibilidad es más próxima, y menos romántica. Y nos parece inverosímil tener que encararla sin haber podido realizar los ideales de todo hombre, propósitos que quizás uno nunca consigue para disponer de un pretexto con el cual distraer a la muerte. Pero algo raro me falta por añadir. Desde mi infancia hasta la adolescencia, la muerte entumeció mis tardes.  Quizás aquella preocupación empezó como con un símbolo, una atmósfera, una señal. La vi cuando una noche acompañaba a mamá a la capilla, para oír unos sermones del mes de mayo. Íbamos por el callejón que delimitaba el pueblo de los campos. Por esos linderos vivíamos entonces. La luna, completamente redonda, me obligó a sentir tristeza, sensación de finitud. Quizás ya había visto recientemente al  primer muerto de mi vida: a Josefa, la vecina, de cuya cara apacible mamá quiso que me despidiera. Ambos momentos confluyen. Más adelante, trasladados ya a la casa de La Loma, la parte alta, asomado a una ventana que miraba al oeste, el rumbo del cementerio, volví a sentir la inutilidad de la existencia. Quizás fue el efecto del poniente que se embarraba de amarillo agonizante.  Me pregunté: para qué vivir si uno muere. Padecía precozmente, al parecer,  de vocación de perennidad. Y como la lógica, el engarce de los detalles, era mi talento más elogiado, deduje que para no morir habría que ejercer el único oficio a cuyo ejecutante la muerte no podía dañar. Y muy pronto, ante el familiar plato de sopa, papá preguntó  en qué pensaba yo trabajar cuando fuese joven, y le respondí:

-Como sepulturero.

Pero he muerto joven.

Lo supe cuando, después de varios años, volví a saludar a ciertos ex compañeros de trabajo. Reaparecí de improviso. Laboraban en un salón donde, en arbitrario conjunto, las mesas de dibujo mostraban, como escudos, sus tableros móviles.

-Buenas tardes.

Unos alzaron la cabeza y quedaron entontecidos; otros dejaron el compás en el aire; aquel, el índice puesto en el número nueve del teléfono...

-¡Sexto! – respondieron colocando en mi apellido signos de admiración especiales que no hallo en mi máquina.

Lo que todavía suele conmoverme al acordarme de aquella escena son las palabras de Pedro Vargas, topógrafo con quien yo jugaba inocentes partidas de ajedrez cuando ambos ayudábamos a que tomara rectitud y solidez la línea ferroviaria entre el central Colombia y la terminal marítima de Guayabal, entonces en el sur de la provincia de Camagüey y hoy perteneciente a Las Tunas.

Vargas había salido. Al regreso le informaron:

-¿Sabes quién te dejó saludos?

Casi airado respondió a lo que supuso un chiste:

-No jueguen con los muertos, caballeros. Y mucho menos con ese, que era tan buen muchacho.

Desde entonces, Balsac, para mí, es infalible. Y Vargas me resultó más simpático.

(Del libro El día en que me mataron y otras crónicas en primera persona

Los Cinco de Cuba y las verdades ocultas

Los Cinco de Cuba y las verdades ocultas

El profesor Martin Garbus, uno de los más prestigiosos juristas estadounidenses, integrante del equipo de defensa de los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos, y sus colegas Tom Goldstein y Richard Klugh, presentaron recientemente una moción ante la Corte del Distrito Sur de la Florida, a nombre de Gerardo Hernández Nordelo –uno de los Cinco- , con el fin de obtener la orden pertinente para que el gobierno entregue documentos que obran en su poder y que se negó a divulgar durante el proceso judicial.

La moción forma parte de la apelación colateral iniciada en junio de 2010, basada en el derecho que tienen sus defendidos de conocer el alcance de la campaña de publicidad negativa contra ellos financiada por el gobierno para asegurar que fuesen declarados culpables. Involucrados en la cobertura incendiaria pagada por el gobierno antes, durante y después del juicio contra los Cinco, se encuentran 84 periodistas, locutores y comentaristas de varios órganos de la prensa escrita, siete canales de televisión y 13 estaciones de radio. (1)

En enero de 2009, el Comité Nacional por la Libertad de los Cinco, basándose en la Ley de Libertad de Información (“Freedom of Information Act, FOIA”) solicitó al Buró de Gobernadores de Transmisiones (“Broadcasting Board of Governors, BBG”), agencia oficial de propaganda del gobierno, y a su Oficina de Transmisiones a Cuba (“Office of Cuba Broadcasting, OCB”) información sobre los pagos realizados a periodistas de Miami creadores de una atmósfera envenenada que impidió la realización de un juicio justo en esta ciudad. (2)

Varios meses más tarde, la OCB entregó muy limitada información preliminar sobre pagos realizados a algunos de estos periodistas. Desde entonces, la agencia se ha negado a liberar toda la información que posee sobre los contratos suscritos con la prensa de Miami, en particular los anteriores a 1999, de vital importancia para la defensa de Gerardo.

No obstante, el esfuerzo realizado durante varios años por el Comité Nacional por la Libertad de los Cinco, y la Sociedad para la Fundación de la Justicia Civil, logró poner al descubierto una cantidad impresionante de materiales probatorios de esta operación gubernamental. El periódico “Liberation” ha publicado hasta ahora más de 2,200 páginas de contratos entre periodistas de Miami y Radio-TV Martí (3). Aunque estos documentos constituyen sólo una parte minúscula de los que la OCB se niega a liberar, constituyen prueba suficiente de que el gobierno que juzgó a los Cinco pagaba al mismo tiempo a los periodistas que creaban la atmósfera que hacía inevitable la condena.

Recordemos que las leyes estadounidenses prohiben claramente la utilización de fondos federales para financiar la propaganda encubierta dentro del territorio de Estados Unidos. Los pagos secretos, realizados principalmente a través de Radio y TV Martí, a periodistas supuestamente independientes, no sólo son contrarios a la ética de los comunicadores sino que violan flagrantemente la ley y revelan que la condena a los Cinco fue determinada por razones políticas.

En el periodo que va desde el 27 de noviembre del año 2000 hasta el 8 de junio de 2001, que corresponde al tiempo transcurrido desde el inicio del proceso contra los Cinco hasta que fueron considerados culpables por el jurado, el Nuevo Herald publicó 806 artículos, y “The Miami Herald” 305, que podían influir negativamente en el proceso judicial (4). Esta sobresaturación de la prensa creando un clima hostil contra los Cinco debería bastar para que el sistema judicial de Estados Unidos declarase nulo un juicio que nunca debió realizarse en Miami.

FOIA es una ley federal que permite solicitar información al gobierno acerca de sus acciones. El gobierno está obligado a entregar toda la información requerida siempre que no esté clasificada o, por ley, exenta de divulgación. Está en vigor desde 1967 pero ha sufrido modificaciones a través de los años, sobre todo a partir de 1982. Con la escalada de guerras de agresión, operaciones encubiertas, programas de entrenamiento en técnicas represivas (Escuela de las Américas), apoyo a dictadores latinoamericanos, golpes de estado, asesinatos extrajudiciales, detenciones arbitrarias, prisiones clandestinas, torturas de prisioneros etc., la necesidad de sucesivas administraciones norteamericanas de mantener secretas sus acciones dieron por resultado varias enmiendas y órdenes ejecutivas que mellaron casi completamente el filo de esta ley, incluyendo la Orden Ejecutiva de 2009 del presidente Obama, aberración jurídica que permite reclasificar retroactivamente documentos que estén ya en trámite de entrega.

Numerosas operaciones encubiertas y los documentos relacionados con ellas permanecen total o parcialmente en secreto. Mencionaré entre las principales el derrocamiento de gobiernos electos democráticamente como los de Guatemala e Irán en la década de los 50, el financiamiento de partidos políticos pro-USA en Europa, la invasión a Cuba por Playa Girón en 1961, el golpe de estado de Augusto Pinochet en 1973, las operaciones militares secretas en Vietnam, Cambodia y Laos -financiadas con el tráfico de heroína- y la guerra sucia contra Nicaragua en los 80.

Mantener a toda costa el secreto de sus acciones tomó carácter obsesivo en las administraciones republicanas. Al término del mandato del presidente Ronald Reagan permanecían clasificados cerca de 7 millones de documentos. Pero el delirio del secretismo alcanzó su clímax con George W. Bush. Sólo en 2004, su administración clasificó 15.6 millones de documentos a un costo de 7.2 billones de dólares. Inventó, además, nuevas categorías de clasificación y mediante una orden ejecutiva selló todos los archivos presidenciales a partir de 1980. (5)

Durante la administración Bush-Cheney la tasa de clasificación de documentos aumentó en un 75 %. En 2005, por cada $1 gastado en desclasificar viejos secretos, las agencias federales gastaron $148 creando y almacenando otros nuevos (6). Por otra parte, una directiva interna del Fiscal General John Ashcroft de 12 de octubre de 2001 convirtió las solicitudes al FOIA en procesos extremadamente lentos, difíciles y costosos.

El secretismo ha servido para manipular a la opinión pública, impedir el análisis crítico tanto de la política interna como exterior del país y ocultar los errores y actos ilegales de los funcionarios del gobierno. También se ha utilizado con frecuencia contra opositores domésticos. Si mucho tienen que clasificar es porque tienen mucho que ocultar. No son extraños, por tanto, los obstáculos impuestos por la OCB a las solicitudes de información del Comité Nacional por la Libertad de los Cinco.

Pero el ocultamiento de evidencias que atañen al juicio contra los cinco patriotas cubanos abarca mucho más que documentos escritos. La Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) solicitó en 1996 al gobierno de Estados Unidos que mostrase las imágenes satelitales que posee y que demostrarían que las avionetas de Hermanos al Rescate violaban la soberanía de Cuba y que fueron derribadas en el espacio aéreo cubano. La solicitud fue rechazada. Tanto en el juicio como en los dieciséis años transcurridos, el gobierno de Estados Unidos se ha negado sistemáticamente a mostrar las imágenes del satélite, ocultando de este modo una prueba decisiva que anularía los cargos y las sentencias impuestas a Gerardo y a sus compañeros (7).

El gobierno de Estados Unidos no permitió, además, la presentación por la defensa de los numerosos testigos y abundantes pruebas de las acciones terroristas realizadas contra Cuba. Esta información era crucial para la defensa porque evidenciaba que el objetivo de los Cinco no era otro que el de monitorear a las organizaciones mafiosas de Miami con el fin de impedir acciones hostiles contra su patria.

El secretismo culpable se completa con el muro de silencio mediático en torno a los Cinco. Durante el juicio, y en los meses anteriores y posteriores a éste, la histeria de los medios de Miami, alimentada con fondos federales, logró crear lo que en Estados Unidos llaman un “jurado de linchamiento”, mientras el resto del país ignoraba completamente lo que sucedía en esta ciudad. Consumado el crimen, una férrea censura impide que el pueblo estadounidense conozca la verdad. Pero somos ya millones en el mundo los que tenemos como cuestión de honor y de principios el mantener contra la infamia una denuncia universal y permanente.

Notas

(1) Prensa Latina, 13 de junio de 2010.

(2) Gloria la Riva, National Press Club, Washington, DC., June 2, 2010.

(3) El BBG –agencia gubernamental- y su “Office of Cuba Broadcasting, OCB”, operan Radio y TV Martí.

(4) Salvador Capote: “Los Cinco y la propaganda encubierta”, Cubadebate, 2 de diciembre de 2009.

(5) J. R. Norton: “Saving General Washington”, Penguin, N.Y., 2006, pp. 71-72.

(6) Mark Green: “Losing Our Democracy”, Sourcebooks Inc., 2006, p. 265.

Fuente:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=151630

 

TOQUE DE SILENCIO

TOQUE DE SILENCIO

 

Luis Sexto

Sin chovinismo -como solemos advertir cuando defendemos lo nuestro con tanta desmesura-; sin chovinismo, La Habana me parece una de las ciudades más ruidosas del planeta. Y conozco varias. Para el estruendo aquí no hay horario: un grito o un claxon,  a las tres de la madrugada o a las dos de la tarde. Da igual, como decretamos en nuestro funesto dispendio. Si rebajáramos los precios del mercado agropecuario con la misma prodigalidad con que repartimos el ruido, algunas páginas de los periódicos quedarían sin contenido crítico.

Este rasgo habanero no proviene, sin embargo, del vértigo moderno, con sus urgencias motorizadas, su democrática diversión, sus calles anchas. Esta ciudad es también una de las más fieles a su pasado: se apega a la tradición, la hace perdurar... Y la supera. Muchas cosas que uno puede criticar hoy, ya fueron enjuiciadas unos 70 años antes, por citar una marca temporal. Rubén Martínez Villena condenó en una crónica  hacia 1920, el fanguillo grasoso que se impregna en los guardafangos de los automóviles y en los pantalones del transeúnte después de un aguacero y luego se apelotona entre el contén y el pavimento.  

 Y la tendencia a generar ruido retrocede hasta el pasmo. Una de las primeras provisiones del Obispo Espada, al ocupar su solio, fue el llamado Edicto de campanas, dictado en 1803, con el propósito religioso, urbano, higiénico, de regular el metálico disturbio. Espada, uno de los impulsores del progreso en Cuba en el siglo XIX, debió pensar que La Habana era la ciudad más bulliciosa de los dominios españoles. Aquí las campanas sonaban dilapidándose, burlándose de las normas diocesanas; una manga ancha las hacía tañer, en particular, en los toques de difuntos. Por las noches, al Ánima, se mecían durante veinte minutos. Los conventos –ámbitos de silencio y retiro- tiraban al paso público los toques internos que regían la disciplina comunitaria. Y al tintineo parroquial o conventual se le pegaban el chirrido de los carretones, la imprecación de los carretoneros, el pregón de los vendedores, la algazara de los esclavos domésticos...

Y para más ruido, la tradición del cañonazo.

Desde hace unos 300 años, ese estruendo cuartea la laxitud nocturna en la Habana. La explosión data de cuando la villa se protegía con un semicírculo amurallado, y con un cañonazo a las 4:30 de la madrugada y otro a las 8 de la noche, las autoridades avisaban que las puertas se abrían o se cerraban. Para el extranjero que viene por primera vez a La Habana, podrá figurársele un misterio el que todos los residentes del perímetro metropolitano acierten dar la hora a las 9: 00 p.m. sin consultar el reloj. La diferencia sería de segundos. Pero el enigma se aclarara enseguida al enterarse que un cañón envejecido a la intemperie de días y noches seculares, y que a veces ha tenido nombre como los hijos de Dios, es el cronometro inapelable de esa hora. Porque la influencia acústica del cañonazo va deshollinando los oídos de los parajes más cercanos al canal de la bahía. En el Parque Central se oye a los 4,3 segundos; en el Hotel Nacional, a los 9,7, y en la esquina de 23 y 12, se escucha dieciséis segundos después de que la mecha antigua del cañón haya hecho estallar la pólvora.

Los habaneros supieron que sería La Habana sin el cañonazo entre 1942 y 1945, cuando el entonces presidente Fulgencio Batista decidió suprimirlo por “razones de guerra y para ahorrar explosivos”. El decreto fue una salva de ridículo. ¿Qué sería La Habana sin el cañonazo? Pregunto. Y los que pudieran precisar el detalle ya no viven o no recuerdan. Y el habanero actual –menos acendrado por la mezcla migratoria, pero más escolarizado- diría preguntando a su vez mientras su índice derecho reposa, en pose de pensador, sobre la punta de la nariz: ¿Sin el cañonazo? Vamos a ver... Perderíamos una de las voces de la historia.

Respuesta correcta. Sabia. A mí, no obstante, me gustaría que ese estornudo de fuego, de simpática prosapia popular, convocara al silencio. A callar, llama el cañón. Qué alivio, señor. (Del libro Crónicas del primer día)

 

 

 

CARTAS SON CARTAS

CARTAS SON CARTAS

 Luis Sexto

Tengo la impresión de que ya apenas escribimos cartas. El teléfono, el correo digital y el chateo han sustituido al intercambio epistolar. No voy a decir si ahora somos más inteligentes, más profundos, o en cambio, la velocidad y la facilidad de los canales digitales, nos quitan eso mismo: profundidad y agudeza a nuestra inteligencia. En fin,  lamento que ya no escribamos  cartas o las escribamos en menor medida. En una época, que se va alejando, las cartas fueron entre muchos intelectuales un medio de intercambio de ideas y de confesiones. Y los ojos ajenos, al leerlas, asisten al  proceso de aprendizaje  de una época, y adquieren conocimientos íntimos de ese o aquel autor a quien leen y admiran.

En el año 2011 asistí en Cienfuegos al sexto encuentro de cronistas. Y tiempo hubo, al menos un poquito, para llegar a la librería del bulevar de la Perla del Sur, sita muy cerca del Prado, y hallé, publicado por Ediciones Mecenas, un epistolario de Florentino Morales, poeta e historiador de seguros méritos y reconocido  investigador que aportó  a Cienfuegos parte de su identidad histórica. El destinario con quien  se cruzaba cartas Florentino era José María Chacón y Calvo, uno de los grandes hispanistas cubanos.

En verdad, no puedo sino repetir lo que dije al inicio. Gracias a estas cartas incrementamos el conocimiento de ambos escritores. Vemos parte de su peripecia diario, de sus dudas, de los juicios críticos de uno para el otro y de este para aquel. Estas cartas vienen siendo como lecciones vivas y espontáneas.  Una vez entrevisté a Florentino Morales para completar un reportaje sobre el cementerio de Reina, luego publicado en Bohemia,  y fui alumno doméstico de Chacón y Calvo, visita asidua a su casa, quiero decir. Y al leer las cartas cruzadas entre ambos,  he incrementado el conocimiento que poseía de uno y otro. Y he visto, en particular, la grandeza humana de Florentino al someter sus poemas al juicio siempre sabio de Chacón y Calvo y aceptar las sugerencias de quien aquel reconocía como maestro, siendo él también un maestro.  

Confieso que entre mis lecturas preferidas están las cartas, además de las memorias y los diarios. Hace  poco también leí unas cartas de viaje de Angel Augier, poeta, ensayista, biógrafo de Nicolás Guillén, fallecido en  2010, con cien años de edad. Las cartas fueron dirigidas  a su primera esposa desde París a mediados de la década de 1950, cuando Augier  viajó a París para incrementar sus conocimientos de tipografía e impresión e investigar sobre cuatro poetas cubanos que escribieron en francés. 

Nacido en 1910,  no llegaba entonces   Angel Augier a  los 50 años. Y sus cartas familiares fueron escritas como crónicas de viaje. Describía cuanto de interés veía en París o en los países que, desde allí, y en virtud de su beca, pudo visitar.

 La lectura de Cartas de viaje, de Angel Augier, en edición de Letras Cubanas, ofrece, pues, un interés que va más allá de lo que entre 1952 y 1955  quedó en el ámbito familiar. Hoy, a pesar del tiempo transcurrido resulta útil y agradable leer las impresiones del autor de Isla en el tacto, un hombre culto, atento siempre a las revelaciones  que la vida le suministraba para  enriquecer el desván donde el escritor ha de guardar cada una de sus experiencias. Con los años, Augier recibió el premio nacional de literatura. Estas cartas, quizás, no aporten nada singular a su obra poética, ensayística, crítica, incluso periodística, porque periodista fue y lo confirma cuando en parís Charles Chaplin le pasó por el lado y Augier no dudó en entrevistarlo brevemente para la revista Bohemia. Me parece que  fue el primero, si no el único, periodista cubano que en le dirigió varias preguntas al archifamoso actor y director cinematográfico.

 Las cartas de viaje de Angel Augier tuvieron el mejor destino: ser conservadas para  esperar la ocasión de convertirse en un breve libro que este comentarista no duda en recomendar.

Desde mi modesta experiencia,  he llegado a concluir que un escritor o un periodista nunca deben de romper una cuartilla. Si al momento de escribirla, no fue destinada a la publicación, uno habrá de guardarla, porque tal vez mañana le veamos valores dignos de afrontar, como mínimo, la salida a las librerías o a las páginas de la prensa. Puede ocurrir con las cartas. Un escritor suele regularmente escribir bien, aunque sea una carta íntima. Incluso, ha habido escritores que sacaban copias  para luego  publicarlas. Otros, sin embargo, nunca pensaron que cuanto decían o contaban en una carta familiar, podía aspirar a convertirse en libro. El terreno, en fin,  es movedizo: nadie puede suponer las intenciones de un escritor. Pero de cualquier manera, el que domina el oficio de escribir debe regularmente mostrarse como lo que es, sobre cualquier papel o sobre el cristal de computadora.

Ah, tiempos dichosos aquellos en que escribíamos cartas. ¿Podrán convertirse los mensajes electrónicos en documentos perdurables y repletos de interés? El tiempo dirá… (Tomado de Cubahora)

VOLVIENDO A PALABRAS YA DICHAS

VOLVIENDO A PALABRAS YA DICHAS

Luis Sexto

 Adiós a las armas fue una de mis lecturas veinteañeras. Y aunque a veces recito espontáneamente su primera frase: “En el tardío otoño de aquel año…”, lo más recurrente es el final de la novela. Cuando concluí de leerla -alguna vez lo he  contado- terminé con una punzada  en el pecho. ¿Habrá sido mi primer infarto y ningún “sismógrafo” ha registrado todavía la hendidura? Fue, a pesar de mi suposición, la resonancia permanente de Hemingway en mi lado cordial.

En esas líneas finales, el escritor que habitó en San Francisco de Paula pintó el destino humano. Cuando el teniente Henry fue a despedirse de su mujer, muerta junto con su criatura en el parto, entró en la habitación, encendió la luz y era como decirle adiós una estatua. Luego apagó, y salió a la calle bajo la lluvia. Con el tiempo, todos terminamos siendo estatuas, y el caminar bajo la lluvia nos condiciona la más sugestiva imagen del desamparo…

Tras tantas lecturas, y unas cuantas cuartillas escritas, ¿se llega alguna vez a orientar, dirigir la verdad de la poesía y la vida?  Quizás Hemingway nunca estuvo seguro de haber ganado el cielo con Adiós a las armas. Y continuó escribiendo, con la sensación de ser tan pequeño como la pinchadura de un alfiler. Porque qué es la cima si no una altura relativa. El ascenso, lo más alto, resulta una quimera: suele quedar corto.

Tal vez lo que resultara destacable en mi cuestionable ejecutoria periodística, sería la vocación. No me sonrojo al decir que he comido y bebido tinta y papel. Ese es mi único mérito. Y cuando de pronto, sin haber estado habituado, nos hallamos braceando entre manos generosas que felicitan nuestro trabajo,  uno se confunde, duda, y lo asusta no ser digno, pero se consuela cuando viaja al pasado y empieza a recordar a tanto amigo célebre que nos empujó a renunciar a todo por una palabra. Fueron muchos. Y si no soy bueno, soy responsable de no haber empleado con efectividad a tantos maestros.

Pienso, pues, en José María Chacón y Calvo, que me enseñó la diferencia entre la palabra que empacha y la que se subordina al buen gusto; en Waldo Medina, que me recomendó que nunca desdeñará un espacio por mínimo que fuera; en  Dora Alonso, que me hizo ver que la autocrítica excesiva conduce a la esterilidad; en Cintio Vitier, que una tarde en el Palacio de las Convenciones me recomendó el arte supremo: ¡que tanto quepa en tan poco!; en Eduardo Héctor Alonso, cuya advertencia aun está vigente: la originalidad no se busca, se halla. Pienso en Enrique Pichardo, hombre sin fama, ni obra, pero tan agudo lector que era  capaz de obligar a corregir con esta tímida observación: Uhhh, eso suena raro.

Y pienso también en mi madre, Elda, que cuando yo era adolescente y notó mi vocación -como ya escribí a raíz de su reciente deceso- me animó diciéndome que sería mi secretaria cuando fuera famoso. Y pienso en mi padre, Manolo, el obrero, el hombre sin letras, cuyo corazón graduado en el amor y la cordialidad, me trató siempre, aun desde niño, como un ser importante. Y pienso -excusen lo  patético de esta referencia- en mi difunto hijo menor, Víctor Manuel, que, siendo muy pequeño, me oredenó, sentado sobre mis piernas cuando yo tecleaba un artículo: Escribe duro, papá...

Y por qué he juntado tantos nombres, tantos recuerdos aparentemente caóticos. Tal vez tenía ganas de escribir para que el periódico -papel que se rompe y cristaliza- recogiera, como en un almacén soterrado, a prueba de riesgos nucleares, esa tristeza que hoy, como en mi niñez, me oprime viendo el mundo pasar.

 

 

ANOTA QUE HAY DULCE PARA TODOS

ANOTA QUE HAY DULCE PARA TODOS

EL DUENDE, RADIO MIAMI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos acaba de  llegar  una  información  muy  detallada  de  como  una  agencia  del  gobierno  norteamericano,  la  National  Endowment for Democracy, más  conocida  por  sus  iniciales  NED,  invierte  parte  de  su  presupuesto  millonario  en  generosas  ayudas  económicas  a  distintas  organizaciones  fantasmas  del exilio  cubano radicado  en  Estados  Unidos .

Esta  detallada  relación  es  del  presupuesto  de  la  NED  del  año  2010  y fue  hecha  pública  en  agosto  del  año  pasado, pero  es  ahora   que  llega  a  poder  de  El  Duende  que  la  pública  para  que  todos  nuestros  lectores  y  oyentes  sepan   cuanto  le  pagan   a  esos que  dicen  “luchar  por  la  libertad  de  Cuba desde  el  exilio”,  o  lo  que  es  lo  mismo,  para que ustedes  sepan  por  donde  le entra  el agua  al coco.

Aquí  va  la  relación  con  la  cifra  de  dinero  adjunta :

“Alianza Afro-cubana”.  Integrada  por  un  grupito de  cubanos  de las  raza  negra : Premiados  en  110 mil  dólares.

“Asociación   de  Encuentro de  la  Cultura Cubana”,  una  organización  integrada  por  ex comunistas  cubanos,  premiada  en  91  mil  dólares.

“Centro para  una   Cuba  Libre”  que  dice tener la misión  de  ayudar  a  los presos  políticos  y  sus  familiares,  premiada  en 55 mil  dólares.

“Centro para la  Apertura y  Desarrollo  de América Latina” que  se dedica  a apoyar a los  llamados  Disidentes en  Cuba,  premiada en 60  mil  dólares.

“Pueblo  en  Necesidades”,  una  organización  de  bolsillo  que dice  trabajar  para mejorar  la  capacidad de  comunicación  de  los  llamados  “Periodistas “ndependientes”,  premiada  en 103 mil  dólares.

“Comité por  el  Sindicalismo  Libre”, 90  mil  dólares.

“Directorio  Democrático”, para  un  programa de  radio, premiado  con  175  mil  dólares.

“CubaNet”, para  ayuda  humanitaria  a los  llamados  “Periodistas Independientes”,  premiada  en  239 mil  dólares.

“Disidente Universal”  de  Puerto  Rico, para   un  volante  de  esa  organización  fantasma,  premiada en 50 mil  dólares.

Organización  evangélica  “ECHO”, un invento  del  cubano  exilado   Teófilo  Babún,  60 mil  dólares.

“Grupo   Internacional para  la Responsabilidad  Corporativa  de  Cuba”,  200 mil  dólares.´

“Instituto  Político  para  la  Libertad”,  49 mil 997  dólares.

“Instituto  Internacional  Republicano”,   premiado  en 800 mil  dólares.

“Instituto Internacional Demócrata”,  premiado  en  325 mil  dólares.

PIPA,   “Pueblo  en  Peligro”,  premiada  en 40  mil  dólares.

En  total,  la  NED  del  gobierno  de  Estados  Unidos   ha malgastado dos  millones  400  mil  dólares de  su presupuesto  para  sostener  a  una  serie  de  organizaciones  fantasmas  del  exilio   que  nada  aportan  al  bienestar  del  pueblo  cubano.  De verdad  que hay caras  duras  con suerte.  Y  la cosa  sigue.

 

¿EN QUÉ QUÉ QUEDAMOS: HAY O NO HAY BLOQUEO?

¿EN QUÉ QUÉ QUEDAMOS: HAY  O NO HAY BLOQUEO?

 

A confesión de partes, relevo de pruebas

WASHINGTON (AFP)  -- El banco holandés ING deberá pagar 619 millones de dólares a Estados Unidos por haber violado el régimen de sanciones contra Irán, Cuba y otros países, informó el Departamento del Tesoro este martes.

Es la multa más alta aplicada hasta ahora por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros del Tesoro estadounidense, que se encarga de vigilar la aplicación de sanciones en contra otros países, informó el comunicado de prensa.

ING aprobó más de 20,000 operaciones bancarias por un monto superior a los 2,000 millones de dólares con esos países desde principios de la década de los 1990 hasta 2007, según la acusación formal ante la justicia estadounidense.

En el caso de Cuba, “ING infringió la ley entre otras formas mediante el procesamiento de operaciones bancarias a través de su filial en Curaçao, por cuenta de clientes cubanos, sin especificar el origen de los pagos”, explicó el comunicado.