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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

ENTRE LA ESPERANZA Y LA DESCONFIANZA

ENTRE LA ESPERANZA Y LA DESCONFIANZA

Por Federico Vázquez , Noticias del Sur 

Luis Sexto es un escritor y periodista cubano con una larga trayectoria y gran reconocimiento entre sus colegas.  Desde 1972 ha trabajado en distintos medios escritos y radiales. "Luis es un fino orfebre de la palabra" dijeron recientemente en un homenaje ofrecido al periodista en La Habana. Basta con leer sus columnas en Juventud Rebelde para notar la justeza de la frase.   Publicó además varios libros de crónicas urbanas y poesía. También ha publicado algunos títulos referidos al oficio periodístico. Su mirada de la realidad cubana tiene el mérito de escaparle a los lugares comunes. Luis entiende que al hacer foco en las falencias y tareas inconclusas del socialismo en Cuba ilumina y reafirma sus principios y sus sueños.  Revolucionar la Revolución, como única forma de que no muera.  Desde Noticias del Sur queremos agradecerle su predisposición para responder nuestras inquietudes.  A continuación, la entrevista:  

-En tus columnas de Juventud Rebelde así como en tu blog  "Gente, hechos y cosas de Cuba" (ahora se llama Patria y Humanidad)  hacés un interesante entretejido de la cotidianeidad cubana con los aspectos más generales del devenir político y social de la isla. ¿Cómo definirías el estado de ánimo del cubano de a pie, hoy en día? ¿En qué aspectos se ha transformado desde los comienzos del Período Especial hasta hoy?  

Andar a pie no es una actividad muy cómoda. Por ello, a mi juicio, el cubano de hoy se mueve entre la esperanza y la desconfianza; la duda y la fe. La gente lleva demasiados años –unos 15- sufriendo directamente los impactos de la escasez y la distorsión. En parte, es el resultado del bloqueo económico y comercial de los Estados Unidos, y en parte, obra de errores y descuidos internos. En estos años se ha puesto de manifiesto la incapacidad de nuestra organización económica para generar riquezas. Las transformaciones de los años 90, que incluyeron ciertas medidas de mercado y que lograron estimular la economía, fueron prácticamente eliminadas a fines de la década, y todo empezó nuevamente a deteriorarse, aunque con la vigencia dañina de medidas como la doble moneda. Ya no circula físicamente el dólar, pero su papel lo heredó el CUC, que sigue valiendo lo que este y que vale en la medida que lo respalde el dólar o el euro. Tienes que tener en cuenta que el mercado más nutrido solo vende en CUC y que el CUP, el peso ordinario, apenas cuenta con un mercado que le dé valor. Y lo que se halla en los mercados agropecuarios es a precios elevados, es decir, que el CUC sigue imponiendo los precios en ambas monedas, a pesar de que los salarios, bastante bajos en proporción al costo de la vida, siguen generalmente pagándose en pesos comunes. Por otra parte persisten problemas en el transporte, en la construcción de vivienda; la asistencia médica se ha desvalorado; la educación también. El predominio de una visión burocrática  hace que la vida sea muy rígida y que ciertas estructuras de gobierno y administración intenten evitar transformaciones mediante las prohibiciones y la reducción de la legalidad. Hay, evidentemente, que rescatar la revolución. Y el cubano medio quiere la solución de sus problemas pero no al precio de perder el espíritu de la revolución. Pero desconfía de lo que aquí llamamos bandazos. Hoy se hace; mañana se deshace. Y por supuesto desconfía de una burocracia que vive  como no vive la mayoría.  Pero confía y tiene esperanzas en líderes como Raúl Castro donde consideramos que se congrega lo más revolucionario y honrado del país.  

-En una de tus columnas has escrito: " La crítica coadyuva a eliminar el yerro. La crítica pública, incluso la que aparece en la prensa, equivale a un espejo. ¿Cómo, si no, darnos cuenta que necesitamos mejorar, retocar, modificar, si escondemos los errores? ¿Cómo combatiremos las tendencias negativas si intentamos ocultar sus manifestaciones? " (La cita corresponde al 21 de Octubre de 2005 en tu columna de JR). ¿Dónde creés que es más urgente para la Revolución hoy "mejorar, retocar, modificar"?

 Primeramente yo creía que las readecuaciones estructurales que Raúl Castro calificó de necesarias el pasado 26 de julio, sólo debían afectar a la estructura económica. Pero cada día se hace más evidente que la reestructuración ha de comprender lo económico y lo político. Claro, hay una interdependencia entre ambas esferas. De modo que si nosotros queremos transformar la economía es preciso modificar las formas de propiedad y la relación de las personas con el poder. Está claro que el papel preponderante del Estado, no garantiza la socialización de los medios productivos. En pie sigue un remedo de  la caduca organización capitalista: un patrón y un asalariado. El patrón representa al Estado cuyos representantes se burocratizan y empiezan a representar, aunque parezca increíble, sus propios intereses de grupo o de "nueva clase". Hace falta lograr que los trabajadores actúen como verdaderos dueños de los medios de producción. Y para ello no bastan las apelaciones éticas y políticas con los que  algunos creen se resolverán las contradicciones. Es evidente que el capital postulado de Marx: "de lo que se trata es de transformar el mundo", sigue vigente dentro de su filosofía enrumbada hacia la praxis. Hay, pues, que democratizar la sociedad, incluyendo la producción, porque sin esas readecuaciones será imposible resolver los principales problemas materiales de la sociedad cubana: la vivienda, el transporte, el alimento, el calzado y el vestido. Y a partir de ahí ofrecer estímulos para vivir aquí, en Cuba, ahora, y con ello detener un proceso migratorio que poco a poco puede exponer el país a su fragmentación. Y anular, con cuanto se conquiste adentro, la influencia exterior del bloqueo norteamericano. Cuando me refería en 2005 a la necesidad de la crítica, me dirigía a aquellos que la impiden, porque no quieren que las cosas se reactualicen. Por supuesto,   la crítica o su ausencia  en los medios de difusión y en todos los espacios de la vida política, ha de ser  una prueba de la democracia realmente existente.  

-Hace muy poco Cuba ha realizado elecciones de delegados municipales y desde los medios masivos regionales esto fue ignorado o visto como una mala copia de la democracia liberal. ¿Cómo lo has vivido tú, y como crees que lo ha vivido el pueblo cubano?

Teóricamente, el sistema electoral cubano es casi perfecto, democrático participativo, pero las distorsiones burocráticas lo laceran y limitan. Un funcionario municipal, no se siente obligado a rendir cuenta a los electores y un delegado de circunscripción carece del poder para hacer cumplir la ley. Y si alguno  rinde cuenta cree que está siendo un favor. Porque su rango está incluido dentro de cierta intocabilidad. Honradamente,  estoy esperando por las readecuaciones que en ese sentido den "a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".  A pesar del apoyo masivo al proceso electoral, me parece que el común de mis conciudadanos lo ven con la misma duda metódica que yo. Yo voto, porque apoyo directamente lo que me parece que no está totalmente cristalizado. No quiero ayudar a destruirlo. Pero aguardo por el reinado de la democracia participativa donde la opinión del pueblo influya en quienes solo deben ser sus servidores.

-A los ojos del mundo Cuba ha iniciado un proceso de cambio interno producto de la convalecencia de Fidel y el consecuente nombramiento de Raúl como presidente provisional.  Al menos en lo que puede rastrearse en la red, los intelectuales cubanos se reparten entre los que ven una apertura para nuevos debates y los que temen un retroceso a épocas mas oscuras. ¿Cuál es tu visión?  

Cuba, me parece, no ha iniciado todavía un proceso de cambio interno. Ha estado discutiendo su necesidad y las vías más adecuadas  que dejen atrás un esquema de socialismo cuyos modelos europeos fracasaron al concebirlo mal y aplicarlo peor. Pero estoy convencido que, derrotada la resistencia burocrática, empezaremos a recorrer un camino de transformaciones racionales. Será difícil pero inevitable si el espíritu de la revolución quiere perdurar y con él la independencia política, por cuya destrucción los Estados Unidos hace 50 años que hostiga a Cuba. Ahora bien, yo me cuento entre los intelectuales. Pero al contrario de muchos, que solo miran a su ombligo porque el exceso de ego los contamina, a mi me preocupa la independencia y la justicia social, más que mi statu como intelectual. Es decir, que la obra que yo pueda desarrollar está también condicionada por el destino de mi sociedad y mi país. Ahora bien, creo que entre todos y honradamente podemos cerrar el camino a cualquier distorsión que pretenda regresar a posiciones irracionales. Desde luego, a los verdaderos revolucionarios ya les parece un despropósito retornar a  una "dictadura de los funcionarios" en la cultura. Hay que defender el arte y el trabajo intelectual no solo como el reflejo de la sociedad, sino también como una práctica creadora que ayude  a   emanciparla.

-Por último Luis: Vivimos tiempos en que el afán de consumo y el ansia de lucro, aceitados magistralmente por una publicidad comercial casi omnipresente intenta reemplazar ciudadanos por consumidores,  creatividad por pasividad compradora. La cultura mercantilizada al extremo. ¿Qué valores, qué experiencias creés que la gente de Cuba ha generado en estos casi 50 años de Revolución que puedan ser útiles para enfrentar esa realidad en las sociedades latinoamericanas de nuestros días?  

Cuba ha intentado desarrollar la filosofía y la práctica del Ser oponiéndola al Tener. Ocurre, sin embargo, que el Ser sin el Tener "algo" no puede desarrollarse, y noto, por tanto, escepticismo en los ciudadanos en relación con la desmesura que  ha perjudicado al Ser. Porque, con el pretexto del consumismo y el desarrollo, habitualmente se ha limitado el consumo a lo básico, esto es a lo incompleto. El concepto de lo básico ha sido muy restringido, a pesar de otras ventajas como la salud y la educación. ¿Qué decía Santo Tomás de Aquino? Decía, creo, que no se le puede hablar de Dios a un estómago hambriento. Hagamos un traslado creador de esa norma pastoral y digamos: no se le puede hablar de ética, valores, a gente insatisfecha. Pero cuando corrijamos esa distorsión me parece que el proyecto cubano, lo cristalizado y lo que aún queda por concretar, podrá ser una alternativa racional a las aberraciones del capitalismo. Digo racional, esto es, la conjugación entre el ser y el tener, la igualdad y la libertad ¿Porque  quién quisiera tener igualdad en detrimento de una libertad distorsionada por los controles burocráticos? Es difícil. Serán muchas las contradicciones, pero esa es la tarea histórica del pueblo cubano. Salvar la justicia en libertad y bienestar. Desde luego, con los ojos abiertos: vigilando al Norte, de donde hasta ahora solo provienen amenazas que, por supuesto, hay que valorarlas en lo que realmente valen. Ni más ni menos, porque la amenaza, el condicionamiento del miedo a perderlo todo, puede generar una tendencia al inmovilismo. A eso, me parece, ha apostado la política exterior norteamericana en relación con Cuba, Fidel Castro y la revolución.   

EL DIA QUE EL REY DIJO ALGO QUE NO LE HABIAN ESCRITO

EL DIA QUE EL REY DIJO ALGO QUE NO LE HABIAN ESCRITO Por  Pascual Serrano

El pasado sábado 10 de noviembre, en la Sesión Plenaria de la XVII Cumbre Iberoamericana, asistimos a una bronca sin precedentes entre el presidente venezolano Hugo Chávez, el español José Luis Rodríguez Zapatero, el nicaragüense Daniel Ortega y el rey de España Juan Carlos I. “¿Por qué no te callas?”, le espetó el rey español al presidente venezolano, que había calificado de “fascista” a José María Aznar por su apoyo al golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. Borbón, visiblemente alterado, abandonó el acto de clausura de la Cumbre Iberoamericana que se ha celebrado en Santiago de Chile para no escuchar las críticas que el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, dirigió a la multinacional española Unión Fenosa. Por su parte, Rodríguez Zapatero reclamó a Chávez «respeto» para Aznar, destacando que «fue elegido por los españoles».

Repasemos el comportamiento de cada uno de los protagonistas.

Hugo Chávez

Se ha dicho que no tenía sentido criticar a Aznar en una cumbre que abordaba la cohesión social de la comunidad iberoamericana, pero pocos informaron de que la intervención de Chávez previa al incidente era en respuesta a las palabras recién expresadas de Zapatero, quien afirmó que un país nunca podrá avanzar si busca justificaciones de que alguien desde fuera impide su progreso. El presidente venezolano mostró su desacuerdo y respondió que “no se pueden minimizar” el impacto de los factores externos, en referencia al apoyo de Aznar al golpe de Estado en Venezuela en el año 2002.

Se le acusa a Chávez de recurrir al insulto para dirigirse a Aznar y no respetar las formas y la educación. Pero no debemos olvidar cuál es el motivo de la indignación de Chávez: un gobierno quiere derrocar a un presidente legítimo y apoya un golpe de Estado y frente a eso la reacción es acusar al presidente de insultar al golpista. El mundo al revés.

También se ha vuelto a afirmar que no era el lugar ni el momento adecuado para la acusación. Eso mismo le dijo la derecha al ministro de Asuntos Exteriores español Miguel Ángel Moratinos cuando recordó en un programa de televisión la implicación del gobierno de Aznar en el golpe contra Chávez. ¿Cuándo es el momento para decirlo? No hay cumbres iberoamericanos bajo la temática “los golpes de Estados que se quisieron dar en América Latina y quiénes estaban detrás de ellos”, de modo que habrá que explicarlo en algún momento que los presidentes se reúnan y debatan.Rodríguez Zapatero

El presidente español reaccionó molesto a las críticas de Chávez al ex presidente Aznar y recordó que fue elegido democráticamente. Un presidente puede tener la obligación de defender las instituciones de su país ante críticas extranjeras, pero no las políticas de otros gobernantes. Si el presidente de Venezuela hubiera embestido contra el Parlamento español, el Tribunal Supremo o cualquier otra institución la reacción de Zapatero habría estado justificada, pero lo que afirmaba Chávez sobre la participación española en aquel golpe, además de ser verdad, fue también reconocido y revelado por el ministro de Exteriores español primero en un programa de televisión y posteriormente en el Congreso de Diputados. No debería molestar nunca la verdad.

El presidente español se permitió también la impertinencia de afirmar ante los periodistas tras la cumbre que advertía al venezolano que esperaba que fuese "la última vez" que en un foro como la cumbre iberoamericana alguien actúa como lo hizo él con sus críticas al ex mandatario José María Aznar. ¿Por qué no puede un presidente denunciar en una cumbre el apoyo de un país a un golpe de Estado?Zapatero volvió a estar desafortunado poco después en un mitin en Buenos Aires, donde dijo que en una reunión internacional, si alguien ataca y descalifica a tu compatriota, aunque éste sea un rival y adversario, "tú sales a defenderle" . ¿Debemos defender a Franco?, ¿también a los españoles que participaron y fueron condenados por los atentados de Atocha?, ¿deben los alemanes defender a Hitler?, ¿qué hacemos en Iraq con los iraquíes que defienden a su compatriota Sadam Hussein?, ¿qué haríamos con un saudí que defendiera a su compatriota Bin Laden?Si Zapatero quiere defender a compatriotas lo que debería hacer es pedirle al fiscal general que apoye a los abogados de la familia Couso, que está pidiendo justicia por el asesinato del periodista José Couso por militares estadounidenses en Bagdad. Ahí es donde se debe ver la defensa de un presidente a sus ciudadanos.Juan Carlos de Borbón

El rey de España por primera vez dijo algo espontáneo que previamente no había sido escrito por ningún asesor, ni Casa Real ni miembro del gobierno. Los españoles pudimos ver su capacidad analítica, nivel intelectual, conocimiento geopolítico, dotes diplomáticas y respeto a un gobierno legítimo en su expresión: "¿Por qué no te callas?". Numerosos medios y analistas comentan que el rey perdió los nervios; estoy convencido de que no los perdió, simplemente, por única vez, ha hablado por su propia boca y no repitiendo lo previamente indicado por nadie. Ya sabemos por lo tanto lo que puede dar de sí el Borbón cuando se lo deja solo. A algunos nos pareció estar oyendo en ese "¿Por qué no te callas?" el “Se sienten, coño” de otro militar español [1]. Aunque quizás lo que alarmó a Juan Carlos de Borbón fueron los detalles secretos del golpe de Venezuela que estaba contando Chávez. ¿Pensó quizás que se acercaba a alguna revelación peligrosa? 

Vayamos ahora a ver las reacciones

Partido Popular

A través de su secretario de comunicación, Gabriel Elgorriaga, aseguró que el incidente ha sido consecuencia "de la imprevisión, de la negligencia y de la falta de capacidad de actuación" del presidente Zapatero. ¿Creía Zapatero que defender el golpismo de Aznar frente a las verdades de Chávez le iba a granjear aplausos de la derecha?Gaspar Llamazares

El coordinador de Izquierda Unida ha demostrado gran sensatez admitiendo que "puede discutirse la oportunidad de las formas", pero subrayó que "lo que no es discutible es lo dicho por Chávez sobre la implicación y el apoyo" del Gobierno de Aznar "a la intentona de derrocarlo en 2002”.Para Llamazares, "lo que hace Chávez es decir la verdad", y que "a estas alturas alguien se escandalice" por censurar aquella maniobra "es, cuando menos, hipócrita".

Editoriales de El País y El Mundo

“También don Juan Carlos estuvo en su papel, puesto que el presidente venezolano cruzó con sus descalificaciones la línea de lo tolerable en una relación entre países soberanos”, decía el editorial de El País. Años criticando la mala educación y la ausencia de formas del presidente de Venezuela y aparece Juan Carlos de Borbón diciéndole "¿Por qué no te callas?" al presidente de otro país en el plenario de una cumbre y dicen los del diario global que “estuvo en su papel”. La sintonía con el editorial de El Mundo es absoluta: “al matonismo político del presidente venezolano, Hugo Chávez, que está contagiando a otros presidentes, como el nicaragüense Daniel Ortega. Y fue el Rey de España quien paró los pies al caudillo venezolano en presencia de todos los mandatarios iberoamericanos, diciéndole lo que hace mucho alguien le tenía que haber dicho”. "¿Por qué no te callas?", eso es lo que hay que decirles a los presidentes latinoamericanos cuando no nos gusta lo que dicen, según el criterio de este periódico. Además, entre un rey no elegido y un presidente elegido en las urnas, El Mundo reserva la consideración de “caudillo” para el segundo.Diario Público

Dicen en portada que “Daniel Ortega también ataca a España” y lo vuelven a repetir en la página 2: “Los representantes de Nicaragua y Cuba también critican a España”. No es verdad, nadie atacó a España, Chávez criticó a Aznar y Daniel Ortega a Unión Fenosa. Ni Aznar ni esa empresa privada son España. Uno de sus analistas, Jesús Gómez, escribe: “Lo último que necesita la izquierda latinoamericana es una dosis extraordinaria de mesianismo y desprecio por la democracia y sus formas”. Lo preocupante es que no se refería a los golpistas de Estado contra Venezuela, sino a su presidente democrático.

El amotinamiento de los países dignos contra golpismos y abusos procedentes de presidentes y multinacionales españolas en esta cumbre nos debe hacer reflexionar a todos que ha llegado la hora de cambiar las relaciones entre la antigua metrópoli y América Latina.

Las expresiones y avances hacia la unidad latinoamericana deben conllevar el alejamiento de una ex metrópoli que, con un jefe de Estado no electo que manda callar a los presidentes democráticos de América Latina y abandona las reuniones cuando no le gusta lo que oye, demuestra que no ha entendido que las cosas han cambiado. Si el gobierno de España va a esos encuentros a representar y defender a las multinacionales y a presidentes golpistas, este país europeo sobra en las cumbres latinoamericanas.

Cuando un joven se hace adulto e independiente, llega el momento en su vida en que debe dejar de invitar a sus cumpleaños y fiestas sociales a aquel compañero del colegio violento y bestia que le molestaba en el recreo.

América Latina debe elegir entre unidad y soberanía o metrópoli que le dice que se calle.

PALABRAS Y PALABRAS

PALABRAS Y PALABRAS

 Chispeante y exacta nota enviada desde Miami.  El autor queda en el anonimato. ¿Podrá ser de otro modo?  

Cuando el señor presidente de los Estados Unidos de América habla de Cuba,  solo"opina", "dictamina", "informa", "decide" y "sentencia", dentro de otras acepciones del verbo opinar. Pero cuando Fidel Castro se refiere a la política estadounidense, "arremete", "agrede", "ataca" y "embiste", entre otros sinónimos del verbo arremeter. 

Ello marca la diferencia cuando al informar, los presentadores de noticias en la televisión hispana cambian también sus caritas. Hay que verlos, en el primer caso alegres, satisfechos, complacidos, mientras en el segundo engurruñan el rostro cual enanitos del cuento de Blancanieves. Cualquiera de ellos se convierte en un "Elmer gruñón", aquel de nuestros personajes infantiles en las tandas de muñequitos (comics). 

Y ello es algo que se repite  constantemente, cuando desde Venezuela Chávez habla --siempre dirán que arremete--, lo mismo que Evo Morales, de Bolivia, y hasta la mismísima madre de los tomates, si criticara al jefe del gobierno de esta nación o a los súbditos que le siguen. Valga destacar entre estos a los hermanos Diaz-Balart, en sus constantes intervenciones ante las cámaras de la televisión en español de Miami. Resultan tan elocuentes que generalmente comienzan hablando de un hecho histórico y terminan haciéndolo de extraterrestres; o inician un tema acerca de Cuba y lo finalizan comentando sobre tomates. 

¡Cuánta inteligencia desperdiciada!. Y resulta una constante, cuando igualmente se refiere a la lsla el senador Mell Martinez u otro de la misma camada.Raul, Alarcon y el canciller Felipe Perez Roque, no emiten un juicio u ofrecen ideas. Ellos también embisten, resultan disonantes y se estrellan contra la política norteamericana. E igualmente resulta paradójico cuando cualquier otro senador trata de abordar el tema del ridículo y anacrónico bloqueo. Sus palabras son calificadas generalmente de equivocadas, erróneas y hasta entupidas en muchos casos. Me pregunto, ¿será cuestión de verbos confundidos? 

The old tricks of greed

By Luis Sexto 

I call on sensibleness. On balance. The Cuban reality shall not be judged without the external component. The dependence on the external situations has been a contumacious sword in the history of Cuba. It would be worth investigating how many projects, how many improvement intentions have failed because of the pressure of foreign circumstances at different moments of the national history, during the chains of colonialism and in the waste pulp republic.

We could not either deny – if we make a balanced and sensible analysis – that the work of the revolution was determined, efficiently and quantitatively, by the blockade imposed by the United States of America on Cuba almost since the very beginning of 1959. Even the mistakes made by revolutionaries – real and influential ones, we must admit – are somehow the result of the constant hostility from the North and the cautiousness imposed by the real and sometimes imminent risk of seeing how the blood and passion of several generations could dissolve and fail in some of the traps schemed by the enemies of our independence and our ideals of social justice.

Who could deny that? The Revolution was born defending itself. The United States of America and its national and foreign allies did not want it. They still do not want it. Since the very beginning, they had the suspicious presentiment that what had been gestated at Moncada Headquarters, and later on conquered in the mountains by workers and dispossessed farmers, had burst into the country’s history as the reincarnation of the unfinished project of the cordial, just and decorous republic of José Martí. The eagles of greed soon realized that the change of men in January of 1959 was also a change of essence and classes. And then the dirty war began. And the economic blockade was part of it.

It is true, when one thinks sensibly as well, that in several periods of the last 44 years some people thought of blockade as the joke of the old naughty shepherd who used to scare his pasture colleagues with the false warning of ¨here comes the wolf¨. Or maybe it got old, wearing the sheets of a ghost. It was barely visible. The commercial relations with the former socialist block eased the material shortages originated as a result of the North American prohibitions. But, by forcing the technological reconversion, closing the credit windows, and banning the bilateral trade between Cuba and its nearest market, the blockade facilitated the fastening of a new dependence.

The blockade has been an aged-origin recipe in the foreign policy of the United States of America. They have used it more than once, at least against us, as the most convenient formula to their interest. While reading an old book – Oh, old books teach us so many things – I learned that 85 years ago the United States of America tried to impose a price in the 1918 sugar crop which was to be conciliated with the calculations of Wall Street. And in the light of some sort of speculative denial by the Cuban landowners, Washington chose the blockade – embargo, they used to call it in order to soften the term, just as they do today – of the foodstuffs that Havana had purchased from US companies. It was a way to persuade the Island that, among other dependences, it depended on the US market for its foodstuffs. The episode ended with the victory of Mister Wilson, the president, and Mister González, the ambassador, even though the last name sounded like latinity of popular ancestry. Liberals and conservatives, generals and doctors, aristocrats and foremen were persuaded. And the sugar trunks of the United States of America filled with another 600 million dollars at the expense of ¨our colony of Cuba¨, as Harold H. Jenks used to say in a book whose title, shamelessly and possessively, described a very possessive and shameless situation.

Being a concept as old as war, the blockade and its synonyms of siege and enclosure imply the strategy of defeating the enemy through isolation, starvation, and thirst. In domestic fights, between neighbours, one would hear about denying salt and water to the other as an irresistible means to offend him and overpower him. The world’s chronicles tell us about the siege of Troy, Jerusalem, Numantia, Leningrad…And they will mention the blockade on Cuba, perhaps remembering it as the longest of all, and they will underline that it is different to all the others because it does not siege a fortress or a city with warlike devices. Instead, it uses extraterritorial laws, circulars, warnings, threats…And it is exercised in times of peace against an entire country, without discriminating between victims or targets, using the economic, financial and commercial goods as evils.

In view of this event, turned into a process of aggression, Suárez, Vitoria, Vives – founders of International Law – would write, in awe, new texts that maybe the powerful ones – the United States of America and its allies – could not read, even though the majority in the UN´s General Assembly has for 15 years recommend that they do so.

LA ÚNICA OPCIÓN

LA ÚNICA OPCIÓN

Por Luis Sexto 

La vida no cabe en un manual. Imprevisible y cambiadiza, quien pretenda esquematizarla en un recetario ha de estar dispuesto a modificar reglas, inventar variantes. Los manuales decían que el socialismo real estaba exento de crisis. Y una crisis, paradójicamente tan solapada como clara, lo hizo desparecer en su aparente más compacto bastión. 

Los manuales de la derecha, a su turno, aseguraron que Cuba, por imperativo del reflejo, debe cumplir el mismo destino que la extinta Unión Soviética, en un tiempo el aliado, el amigo más fuerte y generoso de la Isla del Caribe. También se equivocaron. Desde hace 17 años, Cuba resiste las secuelas de la catástrofe del modelo de socialismo predominante en el mundo hasta 1990.  Y se mantiene erguida porque su pueblo, con preclara intuición política, se niega a ser reneocolonizado, a dejar de ser nuevamente nación en la servidumbre criolla del traspatio norteamericano. 

Ese es el ingrediente esencial de la perdurabilidad: el querer ser, el desear seguir siendo. Pero no basta con la intención, el propósito. La lucha por permanecer, prevalecer –eso es, lucha- necesita de una sabia y dúctil táctica que se despliegue o repliegue según recomienden las circunstancias. La política, al decir de José Martí, es la verdad. Y la verdad no es solo el principio que oriente la política, sino, además, la voz del momento. Por lo cual hay que estar atentos al suceder real; averiguar cuál es la tendencia principal, la contradicción básica de modo que podamos discernir el curso que facilite adecuarnos a las demandas de hoy, de ahora, para así dominarlas y perdurar.

¿Complicado? ¿Tendré yo alguna cepa del virus socialdarwinista sin saberlo?  A mí manera de ver, lo que me impulsa a afirmar cuanto antes dije es mi recelo hacia el voluntarismo, esa deformación ideológica que soslaya tácticas y estrategias, que aplaza la reflexión, proscribe la inteligencia  y prefiere elevar la improvisación a rango principal de la política. Aceptar ese procedimiento posiblemente equivaldría a sufrir los  retortijones irracionalistas de un Schopenhauer.                                                       

La resistencia en Cuba, si en verdad nuestro pueblo y cuantos lo representan en el Gobierno han de decidido resistir, tiene que adoptar decisiones y realizar modificaciones en la estructura económica que excluyan la vocación numantina como alternativa. La inmolación de un pueblo solo conduce a la destrucción de todo ese pueblo. ¿Y es justo, útil? Quizás la mística oriental advierta cierto provecho social en el holocausto de un individuo; tal vez la historia de Occidente vea con aplauso la ruina de una ciudad para salvar el resto del país, como el paciente acepta la amputación de un miembro para proteger el cuerpo. Pero extirpar el cuerpo, implica la muerte de “todo” el paciente. En términos sociales, el heroísmo y el martirio solo se justifican si de ellos se deriva un beneficio indudable para la causa común. 

Usemos la conocida alegoría: No llega más lejos quien arremete contra el obstáculo del camino; el golpe puede invalidar al caminante. Llegará más lejos el que se detiene y reflexiona sobre la forma de burlar el inconveniente, aunque tenga que rodearlo y con la vuelta hacia un lado o hacia atrás se retrase.  Como propone De Bono: si el camino de A a B está bloqueado, se necesita trazar el lazo de la ruta C para alcanzar a B. El asunto no es llegar más lejos o más rápido; es llegar al punto propuesto, a veces con patas de liebre; otras, con paso de tortuga o de cangrejo. 

Hay que afrontar la verdad. Las consignas, que suelen ser un producto propagandístico del voluntarismo, a veces impiden ver la realidad en sus perfiles y riesgos. La sociedad cubana, vista integralmente, no solo desde ciertas estadísticas, sino desde la rutina diaria de los ciudadanos –lo micro como eco de lo macro-,  presenta un equilibrio inestable de lo que no cae y parece que va a caer. Probablemente, de seguir la situación embarrancada en el inmovilismo, las definiciones las dicte el tope de la vara que mide la acumulación de los fenómenos. Me parece que esa es la percepción más objetiva. Algunos podrán escandalizarse con estos juicios. Pero decirlo no supone que uno lo acepte como algo  inevitable. ¿Quién aceptaría que Cuba, con todo cuanto significa en lo social y lo político para su pueblo y América Latina, se desmorone? 

Por ello, para impedir que el bloqueo de los Estados Unidos logre agotar al país, se precisa una readecuación de las estructuras económicas. Cuba derrumbará primordialmente los muros sutiles del bloqueo con lo que construya o reconstruya dentro del país. En esa estrategia parece haber consenso entre ciudadanos, comentadores profesionales de la realidad y figuras claves del Gobierno y el Partido Comunista, aunque por lo lento y hermético del proceso uno deduzca que la mentalidad burocrática –esa que se resiste a ceder parte de su poder centralizador- estorba la fluidez de la reflexión nacional que ahora se escucha en centros de trabajo y bases políticas, y estorbará, sobre todo, el rigor y la aplicación de medidas de readecuación que propicien que la pobreza y la carencia dejen de ser inherentes a nuestro socialismo. No creo que la sociedad cubana –país de economía abierta- viva de sí misma, pero sí puede lograr que sus vínculos solidarios con Venezuela o la República Popular China impulsen el desarrollo de las fuerzas productivas internas, luego de que sean liberadas con audacia y visión de largo plazo. Aunque hay un riesgo: creer que el problema fundamental de Cuba es la falta de recursos, y que construyendo nuevas fábricas, colmando las tiendas, saturando las necesidades de transporte y vivienda, todo volverá a la normalidad.   

Habrá que interiorizarlo: nuestra realidad no solo permanece limitada por un desequilibro entre la necesidad y su satisfacción. Enfocarla tan reducidamente equivaldría posiblemente a cometer un error de proporciones casi irreversibles en esta etapa,  aguda y de pocos asideros. Porque si se mantiene el orden vigente –un exceso de centralismo y la intervención estatal aun para lo más nimio, como ingerir un helado o beber un refresco, entre otras normas inoperantes por rígidas- podría garantizar a lo sumo la resistencia a corto plazo. El recurso, incapaz de reproducirse atenazado por una organización no apta de gestar riquezas, se agotará y ubicará al país ante un nueva trampa, tal vez más complicada y con menos oportunidades de superarla. Y es preciso, como dije antes, proyectar a largo plazo. Lo contrario, es decir, lo inmediato, quizás nos mantenga en el precario equilibrio de hoy. La mirada que coloca el objetivo estratégico en  el futuro, puede prevenir los errores. El criterio que observa con cristales de visión corta,  tendrá que corregir los yerros después de cometidos. 

Estamos los cubanos aún a tiempo. La discusión convocada por el Partido Comunista,  sin cautelas ni llamamientos públicos a la cordura, a ras de pueblo, manifiesta en su viveza que la ciudadanía cree en  la Revolución y el socialismo. Importa saber ahora que Cuba está abocada, llamada a ciertas transformaciones, a la adopción de medidas económicas, incluso políticas, que varíen las fórmulas que en otros tiempos rigieron el devenir del país, sin que alguien suponga que se trata de derogar el socialismo cuando es lo opuesto: hacerlo perdurar. Y si el esquema vigente  no satisface las justas urgencias de los seres humanos y demuestra en la práctica su incapacidad productiva, parece evidente que va en contra de la vida y del realismo con que ha de asumirse los obstáculos de la historia. Un acto impolítico sería desoír esos reclamos que critican  todo cuanto de voluntarista, y por tanto de irracional, subsiste en la sociedad cubana, permeada todavía por los dátiles menos dulces  del socialismo soviético.   

Quizás escribo demasiado didascálicamente. Y trasmita, a mi pesar, el equívoco de intentar yo, que empecé hablando de lo inservible de los manuales, concebir un nuevo manual. Solo levanto la bandera que echó al aire la revolución cubana para conquistar el poder y ofrecérselos a los humildes: la audacia creadora, con el realismo atemperando el ideal. Ahora, cuando las circunstancias exigen preservar el poder, hace falta la misma visión estratégica: buscar la solución fuera de los manuales. Consultar con las necesidades. Y con el pueblo que las sufre. Y apostar por la vida.  

Vida o… vida., no hay otra opción. 

LA HISTORIA DE REGIS DEBRAY

LA HISTORIA DE REGIS DEBRAY


Por Eduardo Febbro
Desde París

Han pasado tantos años y ha corrido tanta tinta... pero muchos pliegues de la historia quedaron envueltos en la corriente del tiempo y de las sucesivas versiones del episodio que condujo al Che a Bolivia, al arresto y condena en Bolivia del intelectual francés Régis Debray, a la posterior detención del Che, a su asesinato y a la liberación de Debray. Biógrafos, comentaristas, agentes de la CIA y hasta algunos compañeros del Che que sobrevivieron a la expedición boliviana han dado de este episodio y de la captura del Che argumentos siempre renovados, contrapuestos, contradictorios, a veces delirantes, otras lejanos a toda forma constatada de la verdad. De la media docena de biografías válidas que existen del Che ninguna ofrece la misma explicación. ¿Quién entregó al Che? La versión más sólida apunta a Debray como el culpable de haber indicado dónde se encontraba Guevara en su periplo mortal por Bolivia. El 31 de agosto de 1996, en Buenos Aires, la primera hija del Che, Aleida Guevara, acusó a Debray de haber “hablado más de lo necesario”.

El acusado encontró un defensor inesperado en Benigno, uno de los ex compañeros del Che en Bolivia, que negó que Debray fuera el responsable directo del arresto. Dos años más tarde, el mismo Benigno iba a ser protagonista de una de esas escenas dignas de un circo: ya exiliado en Francia, Benigno viajó a Miami para encontrarse con Felix Rodríguez, un agente cubano de la CIA que pasó años persiguiendo al Che por medio planeta. Ambos posaron juntos en una foto para promover la paz entre cubanos. Enemigos de antaño, reconciliados por la vejez y los intereses políticos del momento. 

Rodríguez no comentó en ese entonces las confidencias que le había hecho en 1989 al periodista norteamericano John Weisman, publicadas luego en el libro Shadow Warrior. Allí, el ex agente de la CIA afirma que luego de la captura de Debray –20 de abril de 1967– el intelectual francés, interrogado por la CIA, dijo lo esencial: “Fue el testimonio de Debray lo que convencio a la CIA de concentrar sus esfuerzos en la captura del revolucionario”. En 1996, el periodista norteamericano John Lee Anderson escribió una de las biografías de referencia –Che Guevara, A Revolutionary Life– en la cual también desarrolla el argumento de que fueron las palabras de Debray las que sellaron el destino del Che. Otras versiones, en especial la del intelectual y político mexicano Jorge Castaneda –Compañero. Vida y muerte del Che Guevara– y la del francés Pierre Kalfon –Che Guevara, una leyenda del siglo– dan vuelta esas acusaciones y acusan a Ciro Bustos de haber hablado demasiado. Bustos era uno de los compañeros del Che en Bolivia arrestado al mismo tiempo que Debray. Leídas a través del tiempo, cada biografía parece responder a una voluntad personal de buscar un culpable: Bustos, Debray o algún otro.Los bolivianos que participaron en aquella caza a los revolucionarios sonríen con cierta condescendencia cuando evocan. Uno de ellos dijo a Página/12: “A Debray no teníamos necesidad de torturarlo para que hablara. Tenía tanto miedo que cuando le soplábamos los ojos se ponía a llorar. Pero lo que él pudo decir no cambia la historia, no nos servía de mucho. Nosotros ya sabíamos por dónde andaba el Che cuando capturamos a Ciro Bustos y a Régis Debray. La CIA nos había dado un respaldo decisivo”.

Los bolivianos aseguran hoy que no les hacía falta ni que Bustos, ni que Debray les confirmara que el comandante Ramón era el Che. El año pasado, el general Gary Prado, el hombre que el 9 de octubre de 1967 capturó al Che en La Higuera al mando de la compañía de los Rangers, contó a Página/12 las condiciones del arresto, la lástima que le daba tener al Che cercado desde hacia algunas semanas, observándolo como palomas prisioneras hasta cerrar para siempre el diario de esa aventura. “Esos últimos días son totalmente surrealistas. Sabían que el ejército se les estaba viniendo encima, nos habían visto, sabían que mi compañía tenía 160 hombres. ¿Y qué hicieron? En vez de dispersarse y decir, bueno, hasta otro día camaradas, dejamos los fusiles, nos compramos un pantalón y una camisa, nos sacamos la barba y sálvese quien pueda, no, siguieron marchando ¿rumbo a qué? ¿Al sacrificio? Había combatientes muy buenos, de mucha experiencia, pero totalmente desubicados dada la realidad del país. Estaban perdidos en una zona donde las características son difíciles, ahí en pie de monte, al comienzo del Chaco, donde no hay ni mucho que comer y donde la gente es muy especial”. Prado narró a este diario la forma en que el grupo del Che se dividió en dos –en uno de ellos estaba Debray– y cómo esa división los llevó a la pérdida.Régis Debray fue juzgado y condenado a 30 años de cárcel. Casi cuatro años después salió en libertad gracias a una negociación secreta con Francia cuyos compromisos nunca fueron cumplidos por París. Hace casi cuatro décadas, los diplomáticos bolivianos se enteraron de que Debray había sido puesto en libertad leyendo el diario Le Figaro. Sólo al día siguiente les llegó de La Paz un telegrama con la confirmación y el anuncio de que llegaría un agregado militar en misión especial, el general León Kolle Cueto, hermano del ex primer secretario del Partido Comunista de Bolivia. 

 En los años en que Debray estuvo preso en Bolivia el personal diplomático boliviano era la oveja negra de los círculos diplomáticos: “No nos invitaban ni a un cóctel de beneficencia”, recuerda uno. El general Kolle Cueto fue acreditado debidamente en la cancillería francesa y pidió cita con el ministro de Defensa, Michel Debré. Este jamás lo recibió. Cueto había sido enviado a París a cobrar la recompensa pactada en la negociación destinada a abrir las puertas de la cárcel de Régis Debray. El acuerdo era amplio. Francia se había comprometido a entregar lanchas fluviales para la Fuerza Naval boliviana, equipamiento completo para un batallón de ingenieros, entrenamiento a pilotos de la Fuerza Aérea y un hospital militar. Nunca hubo ni lanchas, ni hospital, ni equipos de ningún tipo. Cueto refirió el problema de la cita con el ministro a la cancillería francesa y obtuvo una cita con el canciller Maurice Schumann. El canciller lo recibió y cuando el general le reveló el acuerdo, Schumann le dijo: “Es imposible. Francia no negocia esas cosas”. Cueto se quedó sin el tributo que su país había negociado en medio de circunstancias políticas nacionales muy especiales. 

Bolivia estaba gobernada entonces por el general Juan José Torres, un militar del ala izquierda de las fuerzas armadas que había llegado al poder mediante un golpe de Estado y luego fue derrocado por otro golpe lanzado por Hugo Banzer. Uno de los hombres que negociaron el acuerdo con los franceses, que desempeñó un papel preponderante en la posterior liberación de Debray, el ex vicecanciller Fernando Laredo, no recuerda los hechos con ningún encono: “Los franceses no cumplieron pero eso fue culpa nuestra. Nosotros manejábamos el asunto de la liberación de Debray pero como el gobierno de Torres no controlaba todo en algún lado se nos fue de la mano. Había otros grupos que también negociaban con los franceses. Francia no nos engañó. Había mucha confusión y demasiados negociadores. Eso fue lo que pasó”. Laredo refirió a Página/12 que la liberación, con o sin acuerdo, fue una decisión política de Torres. “Sabíamos que si nosotros no lo sacábamos otros militares lo iban a liquidar. Para ellos, Debray era un apoyo sustancial de las guerrillas de América latina, lo que no era cierto. Era una cuestión de principio”.

La decisión de extraer a Debray de la cárcel la tomó Torres en persona. Pero no fue simple. Ciertos sectores castrenses no querían soltar a Debray. Para conseguirlo se montó una operación al mando del mayor Rubén Sánchez, comandante de los Colorados de Bolivia, el regimiento de escolta presidencial, militar de izquierda y miembro del MNR. Fue con un comando a Camiri, donde Debray estaba detenido en una división del ejército desde la cual se dirigían las operaciones contra la guerrilla del Che. Sánchez tomó el edificio y liberó a Debray. “El avión ya estaba listo para llevárselo. Cuando el comando entró en Camiri Debray pensó que venían a matarlo”, cuenta Laredo. El avión partió rumbo a Chile. 

Debray escribe numerosos ensayos y, como muchos otros ex aventureros de izquierda, sus ideas huelen a salones para damas elegantes y asustadizas que acuden de vez en cuando a los confesionarios. París no entregó jamás las piezas del intercambio. Debray nunca pagó sus deudas. Ni con Bolivia, ni con la historia de América latina. 

REDESCUBRIR AL CHE

REDESCUBRIR AL CHE

Por Luis Sexto 

Estoy leyendo al Che. Y no es extraño. Desde la colina del aniversario 40 de su caída en combate –sí, porque fue herido en una pierna, inutilizada su arma y luego asesinado por el sargento Mario Terán- bajo el fulgor de sus huesos, muchos cubanos volvemos a las páginas de Ernesto Guevara para, primeramente, homenajearlo –leer es también eso: un homenaje- y seguidamente redescubrirlo, repensarlo. Quizás algunos lo estén descubriendo, profundizándolo por primera vez, porque la barba y la boina del guerrillero les habían configurado una imagen presuntamente completa y definitiva: el Che épico, en perjuicio de su esencia intelectual y profética. 

Profética, sí: no es una errata. El Che es un profeta, hombre que avizora, anticipa, clama y vive de acuerdo con lo que prevé y anuncia. El Che, por tanto, escribía como dijo de sí mismo  Jean Paul Sartre, para alertar. Y su estilo, de estudiarlo, yo lo clasificaría en términos de otro francés, Hervé Bazin,  como el “estilo cancerbero”, de “perro guardián que muerde sin dejar de vigilar”. 

Escribió abundantemente. A la par de cuanto peleó o trabajo para liberar y organizar la sociedad cubana. Atendía dos frentes: el de la pólvora o la discusión ministerial y el de la tinta. Cada día, en  sus campañas bélicas o en sus jornadas de trabajo, anotaba una experiencia, deducía una verdad. El propósito, evidente: hacerlo perdurar todo en la convocadora campaña de la letra  y el libro. Cuando se retiró del Congo, a fines de 1965, en su primera faena luego de hallar un sitio donde esperar el tránsito hacia su próxima escala –Bolivia-, el Che narró, escrutó, criticó, calificó, conceptualizó su período guerrillero en el entonces Congo-Leopolville, en un texto que tituló, como continuación del que había escrito sobre sus experiencia en la Sierra Maestra, Pasajes de la guerra revolucionaria. El Congo. 

Tenemos, pues, doblemente vivo al  Che. En su ejemplo de ética solidaria, servicial, hecho arquetipo, y en su obra de previsor y vigía que nos está advirtiendo: Estén alertas. No se dejen morder por la opresión, la injusticia, la corrupción. La revolución es una ofrenda y una conquista que requiere  de manos limpias, puras,  para la entrega consciente y  la espada justiciera.Sé que, como todo condotiero que lucha contra intereses poderosos y dominantes, el Che es muy controvertido. Pero cuando uno le pulsa el filo de su pensamiento y el rigor –a veces rayano en la rigidez- con que actuaba y se evaluaba, y la dosis de bondad humana con que juzgaba a los demás, a pesar de su sinceridad sin miedos, uno comprende que el común de sus enemigos, esos que lo insultan sin respetar los valores humanos del rival, no logran sobrepasarle las rodillas, midiéndolos de abajo para arriba.  

Para juzgarlo hay que conocerlo. Y leer sus relatos, permeados por una mirada irónica y generosa a la vez o leer sus ensayos y cartas donde se juntan creadoramente profundidad, cultura y audacia, implica un modo de conocerlo y empezar a respetarlo, aunque no se compartan sus ideas, o algunas, concebidas bajo los apremios de los ideales y realidades del Che, ya no sean válidas. 

Unas palabras poco difundidas cierran esta visión somera de Guevara. Puede uno reaprender con ellas  que, al juzgar a los hombres, la mezcla y el equilibrio condicionan el proceder objetivo y justo. Durante el vuelo hacia La Habana de Juan Pablo II, en 1998, hubo una conferencia de prensa. Uno de los periodistas le preguntó al Papa su parecer sobre el Che Guevara. Quería una condena. Y no podemos dudar de la respuesta del Santo Padre. En Cuba, Wojtila dijo lo que agradó y también lo que disgustó. Por ello, me parece honrado cuanto el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica apuntó acerca del Che: “Ahora se halla ante el Tribunal de Dios. Dejemos a Nuestro Señor  el juicio sobre sus méritos. Ciertamente, estoy convencido de que quería servir a los pobres.” 

Y este periodista apuesta a que, en el centenario de su muerte, Che Guevara aún vivirá. El Hombre, como especie, no puede prescindir de estos ejemplares.

EL CHE VUELVE A GANAR OTRO COMBATE

EL CHE VUELVE A GANAR OTRO COMBATE

 Por Héctor Arturo 

Lean bien este nombre: Mario Terán. Mañana nadie lo recordará, como ya le ocurrió hace cuatro décadas, cuando lo convirtieron en noticia. Pero ahora solo les pido que al menos por un instante graben bien este nombre en las memorias, para que nadie olvide y todos juzguemos. 

El hijo de este señor se presentó en el periódico "El Deber", de Santa Cruz, en Bolivia, con el ruego de que publicaran una nota de agradecimiento a los médicos cubanos que habían devuelto la vista a su anciano padre, tras intervenirlo quirúrgicamente de cataratas, mediante la Operación Milagro, un verdadero milagro. 

El padre de este boliviano agradecido es Mario Terán. A los que tenemos más edad, puede que el nombre nos suene a haberlo escuchado antes. Los jóvenes quizás jamás hayan oído hablar de él. 

Mario Terán fue el suboficial que asesinó al Comandante Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967, en la escuelita de La Higuera. 

Al recibir la orden de sus jefes, tuvo que acudir al alcohol para llenarse de valor y poder cumplirla. Él mismo narró después a la prensa que temblaba como una hoja ante aquel hombre a quien en aquel momento vio "grande, muy grande, enorme".Che, herido y desarmado, sentado en el piso de tierra de la humilde escuelita, lo observó vacilante y temeroso, y tuvo todo el coraje que le faltaba a su asesino para abrirse la raída camisa verdeolivo, descubrirse el pecho y gritarle: "No tiembles más y dispara aquí, que vas a matar a un hombre¼ " 

El suboficial Mario Terán, cumpliendo órdenes de los generales René Barrientos y Alfredo Ovando, de la Casa Blanca y de la CIA, disparó sin saber que las heridas mortales abrían huecos junto a aquel corazón para que continuara marcando la hora de los hornos.Che ni siquiera cerró sus ojos después de muerto, para seguir acusando a su asesino.

Mario Terán, ahora, no tuvo que pagar un solo centavo por haber sido operado de cataratas por médicos cubanos en un hospital donado por Cuba e inaugurado por el presidente Evo Morales, en Santa Cruz.Anciano ya, podrá volver a apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar la sonrisa de sus nietos y presenciar partidos de fútbol.

Pero seguramente jamás será capaz de ver la diferencia entre las ideas que lo llevaron a asesinar a un hombre a sangre fría y las de este hombre, que ordenaba a los médicos de su guerrilla que atendieran por igual a sus compañeros de armas que a los soldados enemigos heridos, como siempre lo hicieron en Bolivia, al igual que antes lo había hecho en las montañas de la Sierra Maestra, por órdenes estrictas del Comandante en Jefe Fidel Castro.Recuerden bien este nombre: Mario Terán, un hombre educado en la idea de matar que vuelve a ver gracias a los médicos seguidores de las ideas de su víctima.A cuatro décadas de que Mario Terán intentara con su crimen destruir un sueño y una idea, Che vuelve a ganar otro combate. Y continúa en campaña¼   (PUBLICADO EN GRANMA, 28 DE SEPTIEMBRE DE 2007)