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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

LO QUE BUSH NO DIJO

LO QUE BUSH NO DIJO

Nota del editor      

Las relaciones humanas, también las políticas y diplomáticas, cuando quieren rehuir  un  compromiso, inventan otro.

Eso ha pasado con el señor presidente de los Estados Unidos en las Naciones Unidas.  La emprendió contra el gobierno cubano en un ámbito donde las mayoría de los votos apoyan generalmente a Cuba y se oponen a Washington cuando, por ejemplo, se somete a votación una resolución contra el bloqueo norteamericano a la Isla. Salvo dos o tres países sumamente obligados con la Casa Blanca, todos  dicen no al bloqueo, y el que no puede hacerlo, porque las presiones norteamericanas lo dañarían, se abstiene. 

Ahora bien, un analista político equilibrado, racional, en vez de reprocharle a Bush su diatriba contra el gobierno cubano, contra Fidel Castro y, en suma, contra el pueblo cubano, le preguntaría:

¿Por qué, señor Presidente, usted llevó al plenario de la ONU un tema que solo le preocupa a usted o a algunos de sus aliados? 

¿Por qué, señor Presidente, usted no le explicó a los jefes de Estados o de Gobierno presentes en las naciones Unidas, las razones de su negativa a firmar el tratado de Kyoto sobre la emisión de gases tóxicos?

Ese tema sí interesa a todos los países del mundo, porque a todos afecta. Y su país es, señor presidente, el que más contamina la atmósfera. ¿Sabe el pueblo norteamericano que cada vez que de Cabo Cañaveral parte un cohete hacia el cosmos la capa de ozono se destruye en un porciento inquietante?  No, no lo sabe: esa es una noticia censurada. 

Y sigue el analista preguntando:

¿Por qué, señor presidente, usted no habló de los móviles verdaderos que condujeron a los ejércitos de los estados Unidos a invadir ese país, y por qué no  pidió perdón por haber engañado y manipulado a la opinión pública norteamericana y del mundo con pretextos que resultaron invenciones de los servicios secretos de Langley?   

¿Por qué, mister Bush, usted no pidió perdón por las más de 600 000 víctimas civiles iraquíes?

¿Por qué no se refirió a la destrucción y saqueo de  valores patrimoniales de ese país que ha sido cuna de la civilización, y ofreció recomponerlos o devolverlos?  

¿Por qué no habló de  la legalización de la tortura, de la cárcel de Guantánamo? 

Y de Afganistán, por qué no habló?

¿Y de las provocaciones contra Irán exigiendo el desarme de otros mientras su país se rearma cada año, por qué no habló en la ONU?  

Evidentemente, el presidente de Norteamérica la horrible se fue por la tangente. Cuando no quieras afrontar los riesgos de un camino, ignóralo. Y busca el atajo.

GENIOS EN EL ARTE DE ENCUBRIR, MENTIR...

GENIOS EN EL ARTE DE ENCUBRIR, MENTIR...

 Por: José Agapito Ramírez

¿Qué puede esperarse de una sociedad que ha sido gobernada durante mucho tiempo con falsos valores desde la mentira, la manipulación y el encubrimiento, y de arrogarse para sí el título dizque la mejor democracia del mundo; o de venderse hipócritamente como el Cid Campeador o como el adalid de la verdad y ejemplo del recto proceder? ¡Es triste, pero esa gran nación o mal nacido imperio, cae precipitadamente por su propio peso hacia el oscuro abismo de su propio infierno, sin que haya una luz en el túnel que los auxilie o los redima de sus genocidas y perversos errores! 

Es lamentable que todo un pueblo dormido y engañado como lo es el pueblo estadounidense, se haya dejado gobernar por un enjambre de malos líderes de la peor calaña, y dejar que un onagro de la ralea de George Bush se haya hecho del poder mediante un proceso electoral fraudulento y de dudosa conquista. 

Una de las más antiguas recetas utilizadas por la CIA para desinformar a sus propios ciudadanos, consiste en colocar una determinada noticia en un medio de comunicación extranjero y esperar tranquilamente a que llegue al propio país merced a la colaboración de periodistas amigos. 

Dice el premio Nóbel portugués José Saramago: “La manipulación de las conciencias ha llegado a un punto intolerable…” Forma parte de una operación de canalización que es cultivada sistemáticamente. Revistas que antes eran de reflexión y pensamiento son ahora frívolas; la televisión, que puede ser un instrumento de educación extraordinario, se ha convertido en eso que algunos llaman muy bien “telebasura”…

Los gobiernos estadounidenses y más ahora con el no menos aguardentozo George Bush mienten, alteran y manipulan invocando el sacrosanto principio de la seguridad nacional. Los EEU durante muchos años han invertido grandes recursos en un sofisticado programa de guerra cultural, que aún cuando no ha estado dirigido a las grandes masas de la opinión pública, consiste en convencer a los intelectuales de los cinco continentes de las bondades de la causa norteamericana: “Lo que la Agencia CIA se proponía hacer, era formar personas que a partir de sus propios razonamientos, estuvieran convencidas de que todo lo que hacía el gobierno de EU era correcto” 

Durante el mandato presidencial del fallecido actor Ronald Reagan (1981-1989), la sarta de mentiras y encubrimientos fueron muchas veces refrendadas o convalidadas por su Secretario de Estado señor George Shultz, en el que no estando su país en tiempos de guerra declaraba con sorna y cínica actitud que: “En tiempo de guerra, la verdad es tan preciosa que debe ser protegida por una sarta de mentiras”. 

Ya en 1914, durante un desayuno en el pretigioso Club de Prensa de Nueva York, John Swinton, antiguo jefe del staff de The New York Time, hizo esta confesión espontánea: Si permito que mis opiniones sinceras aparezcan en mis escritos, antes de 24 horas mi trabajo se habría esfumado. El trabajo del periodista es destruir la verdad; mentir categóricamente; pervertir; vilipendiar; actuar servilmente a los pies de Mamón y vender a su país para ganarse el pan diario… Somos la marionetas y vasallos de hombres poderosos que actúan detrás de la escena… Somos prostitutas intelectuales. 

Los últimos acontecimientos que han sacudido al mundo parecen haber dado la razón más que nunca al periodista norteamericano I. F. Stone, cuando en uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría dijo: “Todos los gobiernos están dirigidos por mentirosos, y nada que salga de ellos debe ser creído”. En el arsenal secreto del que dispone el gobierno estadounidense, la mentira es una de las armas más socorridas, sutiles y destructivas que existen, terminó diciendo Stone. (joseagapo@cantv.net)

BUROCRACIA, DISTORSIÓN Y RIGIDEZ

BUROCRACIA,  DISTORSIÓN Y RIGIDEZ

Por Luis Sexto  

El juicio más común la define por el mueble que la distingue: el buró, la mesa de trabajo, y por el soporte en que habitualmente estampa sus disposiciones: el papel. Pero esas metáforas son eminentemente simplistas. Pudo Einstein pensar acodado a una mesa y hacer sus cálculos sobre papel, sin que por ella pudiéramos tacharlo de burócrata. Y si quisiéramos  extender el calificativo a un médico, que oye la cantinela de su paciente sentado a una mesa, o a un escritor, que emborrona sobre el mismo mueble su novela, también erraríamos. Porque la burocracia halla su definición en una actitud que poco se relaciona con sus atributos palpables.  Más bien es un mal intangible. Casi intocable por tortuoso. 

Habría, para empezar a entenderla, acudir a Max Weber en un libraco muy voluminoso, pero portador de ciertas certezas sociológicas en la interpretación de esa entidad etérea en el capitalismo. No voy ahora a levantarme para repasar sus capítulos. Este artículo pretende presentar a la burocracia como un problema práctico, aunque trasciende lo puramente técnico para insertarse en lo ideológico y dentro de ello en lo político. Prefiero acudir a otro libraco más a mano y sintonizarnos sin muchos filosofismos. Reproduzco, pues,  las tres últimas acepciones del Diccionario de la Real Academia Española. Burocracia: 2) Conjunto de los servidores públicos. 3) Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos. 4) Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Esta última, relacionada con las anteriores, es la definición que más se aproxima a la que la experiencia me ha permitido deducir.  

Mi experiencia en Cuba, no otra. Porque es el papel de la burocracia en mi patria el que me interesa dilucidar y sobre el cual advertir de los peligros que entraña en el mejoramiento del socialismo. Y, desde luego, con óptica de periodista, que es observador y a veces objeto sufriente de las actitudes burocráticas. 

Le mejor definición de la burocracia o de la mentalidad burocrática la leí en un breve relato de Eduardo Galeano, especie de parábola evangélica. Sin que nuestra cultura de origen grecolatino sea narrativa, como la hebrea de los tiempos bíblicos, a veces una historia ilumina los conceptos encapsulados de los analistas para que los comprendamos transparentemente Cuenta el autor de Las venas abiertas de América Latina que en una unidad militar el oficial de guardia castigó a un soldado a cumplir una posta al lado de un banco, en el polígono del cuartel. Durante horas estuvo el soldado custodiando el asiento que no necesitaba protección. El oficial cumplió el turno y se le olvidó derogar su orden, y el que llegó a sustituirlo, sin información previa, relevó al recluta castigado con otro guardia. De modo que durante 20 años, creo, se hizo “la posta del banquito”, hasta cuando alguien preguntó con qué fin, y nadie supo decirlo. Por tanto, la burocracia, necesaria en muchos aspectos de la administración pública, comienza a ser peligrosa cuando pierde el sentido de su finalidad.  

José Martí, el libertador y el pensador  de todos los tiempos, previó  los peligros de una burocracia incontrolada, adueñada de los resortes del Poder. Tildó “la vida burocrática”de “peligro y azote” y quiso a la república cubana libre de la “peste de los burócratas”. Evidentemente, Martí intuía que la burocracia como representante de los intereses del pueblo, podría soslayar en algún momento de su ejercicio esos intereses para tener solo en cuenta los suyos como grupo o casta.  Hoy por hoy, la rigidez, el papeleo, la ineficiente administración, que le atribuye el DRAE  a la burocracia, ha “mediocrizado”, descontextualizado las prerrogativas del Estado socialista cubano. Ha sido una especie de Hada madrina al revés: todo cuanto su varita mágica toca se ha convertido en una caricatura de las aspiraciones socialistas. Maltrata, encona todo cuanto de creativo trajo la Revolución de Fidel Castro a Cuba. Acudiendo a una imagen del acidulado Giovanni Papini, la burocracia, transformada en mentalidad, en ideología, posee el secreto de una alquimia “coprófera”, esto es, suele convertir el oro en excremento. En eso ha sido un auxiliar inconsciente o involuntario del bloqueo norteamericano. Quizás, también inconscientemente, le convenga que el bloque perdure como garantía de su existencia mediatizadota y anárquica. 

En Cuba, dice la voz del pueblo, las actitudes burocráticas responden con un problema a cada solución; con un “no” a un “sí”. Y diluyen cada iniciativa en papeles y reuniones. Y ven la realidad a través de los colores de sus cristales, o el mirador de sus balcones, habitualmente altos y alejados de la calle o los talleres. O a través de informes que suelen estar adulterados por quienes no desean que la verdad se conozca. No exagero. Y si lo digo aquí, en este espacio de la izquierda, es porque la izquierda necesita disponer de experiencias y porque alguna vez, y más de una vez, lo he dicho en periódicos de mi país. Y baste la aclaración si es que alguien necesita una justificación de cuanto está leyendo.

El socialismo europeo se disolvió, como “Alka Zeltzer” en agua, gracias a las distorsiones burocráticas. Distorsiones que obligaron al discurso político a andar por los aires mientras la realidad de la gente por el fango. No inventemos enemigos. Las causas principales de la extinción del socialismo del siglo XX, el que fracasó, están dentro de sí mismo: incubó la mentalidad, por no decir la casta, que echó por la borda la correlación del predominio de clases a favor de los trabajadores. ¿Quiénes se beneficiaron en la  Unión Soviética con la ruina? ¿Quiénes son hoy, allí, los ricos?  Los burócratas, que desde mucho antes de Gorbachov, Eltsin y su banda, sustituyeron el piso del Estado socialista por arenas movedizas. La burocracia, por supuesto, brotó de una sociedad rigidizada por el verticalismo, en detrimento de la horizontalidad democrática. Veamos claramente: donde falta la democracia, y  el centralismo se excede a costa de los lados, prospera la burocracia. Y con esta, el dogma y la corrupción. 

Cualquier proyecto de renovación y perfeccionamiento del socialismo en Cuba, además de la oposición de los Estados Unidos y su permanente guerra, y de los que dentro del país pugnan de una u otra forma por empujar a Cuba hacia el capitalismo,  tendrá por principio que afrontar y anular la resistencia burocrática. Todo cuanto le parezca limitación de sus intereses, sus privilegios, su capacidad para deslegitimar toda decisión constructiva, toda libertad legítima contará con su hostilidad, traducida en indiferencia, extremismo, distorsión. Hechos que lo confirmen sobran. ¿Por qué las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, decisión política del partido Comunista en 1993, se han paralizado en el fracaso? La respuesta la conocen aquellos que desde las empresas eran personajes poderosos que dispensaban, como señores feudales generosos, su poder sobre la producción agropecuaria. Ellos impidieron que cuajara el principio primordial de esta organización productiva en la agricultura: la autonomía para utilizar el uso de los medios de producción, que el Estado le vendió a los colectivos de trabajadores, y de la tierra, otorgada en usufructo por el propio Estado. Las estructuras empresariales prosiguieron imponiendo su mando, quebrando leyes, reglas y procedimientos y limitando la relativa independencia de las cooperativas. La agricultura, así, como denunció Raúl Castro el 26 de julio pasado, se ha plagado de marabú, ese arbusto casi invencible que todo lo copa y asfixia. Y muchos años antes Fidel denunció que el campo se había  colmado  de oficinas. 

Hasta en las tiendas la burocracia introduce su estrechez de visión. Instalaciones con numerosas puertas, solo mantienen una abierta para entrar y salir. Y dentro, los compradores tendrán que pagar, dependiendo de la mercancía, en diversas cajas, con la consiguiente pérdida de tiempo.  ¿Y los trámites legales, en particular los de la vivienda? ¿O los del trabajo por cuenta propia?  Una sola imagen los ilustra: la subida a un Gólgota cuyas estaciones requieren un Pilatos de papel. En fin, hermetismo. Inmovilidad. Y a veces corrupción. 

 

En cualquier otro país podrá ser igual o peor. Pero en Cuba el enfrentamiento ideológico y político me parece inexcusable. Imprescindible. Se juega la supervivienda de la Revolución. Las acciones burocráticas, por engorrosas, limitadoras, enajenantes, tienden a liquidar la causa del socialismo en el corazón del pueblo.  Y el antídoto es el mismo pueblo.  Ampliando los usos, espacios y controles democráticos y flexibilizando las estructuras económicas, se reduce la burocracia a eso que dice el diccionario: conjunto de servidores públicos. Ese es su estado ideal. Pero ¿tendremos valor para obligarla, como el domador al tigre, a marchar cabizbaja hacia el rincón subalterno que le corresponde?

On Criticizing Cuba

By: Luis Sexto

A reader asked me if at some point I would write about the positive aspects of Cuba. I answered that I have been working as a journalist for 35 years, and all this time I have defended, along with my people, the values of the Revolution. Has anybody who knows me ever read or heard the contrary?

I am not going to justify myself or make statements in good faith — that sounds bad. I will deal with the issue because, as it often happens, you can speak about good things in many different ways. I discuss and criticize negative aspects to preserve the positive ones. Human actions are also a target of opinion. My training as a journalist is based on authors such as Che Guevara and his «vigilant style. » Nobody has ever read a line written by Che in which he was not critical — because criticism is vigilance. It is the «being alert» of Julius Fucik.

If there is an impact I would like to make in my writing, it would be to make people think. Traditionally, criticism has always been some kind of offence. Fernando Ortiz referred to this tendency in his books in his youth: Ensayos de psicología tropical, written in the early 20th century. We react to criticism —the wise man said— in an intolerant and generally defensive way, considering criticism as the enemy. That is why it is very hard to understand one another, which almost forces us to do without this method, and miss out on the corrective elements.

Has anyone educated their children without using criticism? Maybe the children who «turned out bad» are the result of this lack of criticism. Such parents believe in hiding defects and justifying actions, because if you “come down too hard on the boy he might get mad, and leave home.” I have heard these arguments before. Look at the family life of any unfortunate family and you will see that the too wide strainer is the channel through which clean water is dirtied.

Coincidentally, a few days ago, in a public debate about the radio, a person questioned the practice criticism because “it may give bullets to our enemies.” My position was the same I have always held: the enemy is delighted that we don’t criticize — they count on it. Certain mistakes, without public criticism, continue to do damage.

After Fidel Castro’s admonishment on November 17, 2005 —when he forecasted that our mistakes may do what the United States has never achieved— nobody should be able to sleep peacefully.

Criticism, which is not exclusive to the press, should also come from the party, the government, administrative and management meetings, union assemblies, neighborhood assemblies and their representatives—from the public— because many of the flaws are public. Like an old Latin saying goes, publica publice tractanda sunt, meaning that public mistakes should be dealt with in public to prevent harm to the community.

There’s something else before I finish. I would like to ask reader if he has ever tried to understand journalists. There might be some journalists who adapt themselves and can write while ignoring difficult questions; however, the heritage we have recieved from the time of Jose Marti to the present day —passing through Mella, Villena, Roa, Marinello, Che, Fidel— teaches us to unite political convictions with the role of the press.

We owe loyalty to many things, but is it possible for us to resign ourselves to knowing that collective work is in danger and still just go on as if it were not our business?

INVENTANDO NOTICIAS

INVENTANDO NOTICIAS

Así se manipula a quienes  elogian  “la prensa libre” y creen en ella.  

Apenas la semana pasada, unos cuantos medios de noticias y sitios en Internet divulgaban el rumor de que Fidel había muerto.  Los rumores llegaron a su punto máximo el pasado viernes.  Cuando el domingo los medios de noticias cubanos publicaron una columna que él había escrito el sábado, los reportes crearon una variante: que un pequeño grupo de miembros del partido comunista estaban escribiendo columnas para que pareciera que él aún estaba vivo.  Los periodistas estadounidenses que informan desde Cuba dijeron que no vieron ninguna señal de que sucediera algo, e incluso el Departamento de Estado negó tener información sobre la muerte de Fidel Castro, pero los medios de comunicación no refutaban los rumores. El martes, Fidel escribió nuevamente.  Esta vez comentó que de todos los Presidentes de los Estados Unidos que había conocido, solo uno, James Carter, “por motivos ético-religiosos, no fue cómplice del brutal terrorismo contra Cuba”. El Presidente cubano escribió acerca de los muchos candidatos que actualmente están tratando de obtener el voto de la Florida, y observó: “Hoy se habla de que un ticket al parecer invencible podría crearse con el binomio Hillary presidente y Obama vicepresidente”.  Sin embargo, él no los tomó muy en serio, pues inmediatamente después escribió: “No están haciendo política; están jugando a las barajas un domingo por la tarde”.  En el momento justo, un considerable número de importantes periódicos y servicios de noticias, encabezados por CNN y Fox, publicaron titulares en los que se decía que “Castro Apoya el Ticket Clinton-Obama”, y otros sitios menos relevantes continuaron divulgando el mismo disparate.  Simpaticemos o no con el Presidente cubano, hay que admitir que él no dijo nada semejante.  A pesar de eso, esto constituyó un gran titular eficaz para atraer lectores.  Estos son algunos ejemplos de los titulares publicados el 28 de agosto:

  • CNN – Castro afirma que el ticket Clinton-Obama es “invencible”
  • Houston Chronicle – Castro afirma que el ticket Clinton-Obama es triunfador
  • Concord Monitor – Castro satisfecho con las posibilidades de triunfo del ticket Clinton-Obama
  • Telegraph.co.uk (RU) -- Fidel Castro pronostica que el equipo Clinton-Obama será el ganador
  • Hollywood Today Newsmagazine – ¿El fantasma de Castro pronostica que Clinton y Obama serán compañeros de  candidatura?
  • Stop the ACLU – Castro aprueba el ticket Clinton-Obama
No fue sino un sitio del Oriente Medio el que interpretó correctamente la columna: 
  • Peninsula On-line (Qatar) – Castro reprende al binomio Hillary-Obama en sus comentarios
 El frenesí continuó el día 29:
  • NEWS.com.au, Australia: Castro apoya a Hillary Clinton
  • New York Times – Castro afirma que el binomio Clinton-Obama es “invencible”
  • USA Religious News – Porqué Castro aprueba el binomio Clinton-Obama (Este equipo extremista afirmó que la columna no mencionaba a Dwight Einsehower, lo cual es una muestra de que en realidad nadie allí la había leído.)
  • Investor's Business Daily – La Aprobación de Castro
  • Judicial Watch, DC -- Fidel Castro desea alianza Clinton-Obama para campaña presidencial
  • New York Post: CASTRO: HILLARY GANARÁ (En letras mayúsculas, por supuesto.)
  • Lawrence Journal World, Kansas -- Castro pronostica victoria del binomio Clinton-Obama
  • Reuters – Pronóstico de Castro: binomio Clinton-Obama será el ganador
 Y así por el estilo.  Adivinen quién lo interpretó bien esta vez. 
  • PRESS TV (Irán) – Líder cubano critica severamente el binomio Hillary-Obama
 Algunos articulistas se sentían ofendidos porque Fidel estaba interviniendo en los asuntos políticos de los Estados Unidos, pero no se percataban de que Estados Unidos estaba tratando no solo de intervenir en los asuntos políticos de Cuba sino también de derrocar al Gobierno de ese país.En honor a la verdad, un reporte de la periodista Anita Snow, de AP, sí tenía un titular correcto en algunos medios: 
  • ABC News – Ensayo de Castro critica a los candidatos a las elecciones de 2008
  • PensacolaNewsJournal.com -- Ensayo de Castro critica a los candidatos a las elecciones de 2008
 Sin embargo, esas fueron las excepciones.  Desde los periódicos de Murdoch en Australia y su periódico New York Post hasta el New York Times, desde Reuters hasta el Houston Chronicle, los titulares eran los mismos.La noticia aquí es que los medios noticiosos estadounidenses dominantes, y el mundo angloparlante, pueden estar tan ajenos a las realidades de Cuba como la comisión creada por el presidente Bush para la anexión de la Isla, pero aún así sirven para influir en la opinión pública en relación con un aspecto de las relaciones exteriores importante para los Estados Unidos. Que se lea incorrectamente o se tergiverse de manera intencional las palabras del Presidente de otra nación es un asunto serio.  En el caso de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, once millones de cubanos enfrentan cada día el bloqueo impuesto por los Estados Unidos con el objetivo de estrangular la economía de Cuba. Los cubano-americanos que viven en los Estados Unidos son alejados de sus familias en la Isla.  Los profesores universitarios tienen restricciones muy severas en sus visitas a Cuba para estudiar las realidades de la vida en ese país.  El comercio con la Isla, por supuesto, está obstaculizado por esas regulaciones que el Gobierno de Bush puede imponer sin necesidad de consultar al Congreso.  Esta es la política oficial de los Estados Unidos.Los lectores y televidentes en los Estados Unidos y, por extensión, el mundo angloparlante merecen algo mejor.
(Editorial de La Alborada, Estados UnidosTraducido por Yanitza González y revisado por Sarahymi Serra, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión ) 

LA VERDAD SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

LA VERDAD SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

Por José Martí 

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el purito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y formas que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva. Es de hombres de prólogo y superficie, -que no hayan hundido los brazos en las entrañas humanas, que no vean desde la altura imparcial hervir en igual horno las naciones, que en el huevo y tejido de todas ellas no hallen el mismo permanente duelo del desinterés constructor y el odio inicuo,-el entretenimiento de hallar variedad sustancial entre el egoísta sajón y el egoísta latino, el sajón generoso o el latino generoso, el latino burómano o el burómano sajón: de virtudes y defectos son capaces por igual latinos y sajones. Lo que varía es la consecuencia peculiar de la distinta agrupación histórica: en un pueblo de ingleses y holandeses y alemanes afines, cualesquiera que sean los disturbios, mortales tal vez, que le acarree el divorcio original del señorío y la llaneza que a un tiempo lo fundaron, y la hostilidad inevitable, y en la especie humana indígena, de la codicia y vanidad que crean las aristocracias contra el derecho y la abnegación que se les revelan, no puede producirse la confusión de hábitos políticos y la revuelta hornalla de los pueblos en que la necesidad del conquistador dejó viva la población natural, espantada y diversa a quien aún cierra el paso con parricida ceguedad la casta  privilegiada que engendró en ella el europeo. Una nación de  mocetones del Norte, hechos de siglos atrás al mar y a la nieve; y a la hombría favorecida por la perenne defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un gobierno que es como piratería política, la excrescencia famélica de un pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos y rencorosos, que de una espantable esclavitud y una sublime guerra han entrado a la conciudadana con los que los compraron y los vendieron, y, gracias a los muertos de la guerra sublime, saludan hoy como a igual al que hacían ayer bailar a latigazos. En lo que se ha de ver si sajones y latinos son distintos, y en lo que únicamente se les puede comparar, es en aquello en que les hayan rodeado condiciones comunes: y es un hecho que en los Estados del Sur de la Unión Americana, donde hubo esclavos negros, el carácter dominante es tan soberbio, tan perezoso, tan inclemente, tan desvalido, como pudiera ser, en consecuencia de la esclavitud, el de los hijos de Cuba. Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas; semejantes Estados Unidos son una ilusión o una superchería. De las covachas de Dakota, y la nación que por allá va alzándose, bárbara y viril, hay todo un mundo a las ciudades del Este, arrellanadas, privilegiadas, encastadas, sensuales, injustas. Hay un mundo, con sus casas de cantería y libertad señorial, del norte de Schenectady a la estación zancuda y lúgubre del sur de Petersburg,-del pueblo limpio e interesado del Norte, a la tienda de holgazanes, sentados en el coro de barriles, de los pueblos coléricos, paupérrimos, descascarados, agrios, grises del Sur. Lo que ha de observar el hombre honrado, es precisamente, que no sólo no han podido fundirse, en tres siglos de vida común, o uno de ocupación política, los elementos de origeny tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino que fa comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias, y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta conquista. Es de gente menor, y de fa envidia incapaz y roedora, el picar puntos a la grandeza patente y negarla en redondo, por uno u otro lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al sol. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en fa política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice. Ni con el deber de hombre cumple, de conocer la verdad y esparcirla; ni con el deber de buen americano, que sólo ve seguras la gloria y paz del continente en el desarrollo franco y libre de sus distintas entidades naturales; ni con su deber de hijo de nuestra América, para que por ignorancia, o deslumbramiento o impaciencia no caigan los pueblos de casta española, al consejo de la toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. 

Lo malo se ha de aborrecer, aunque sea nuestro;-y aun cuando no lo sea. Lo bueno no se ha de desamar sólo porque no sea nuestro. Pero es aspiración irracional y nula, cobarde aspiración de gente segundona e ineficaz, la de llegar a la firmeza de un pueblo extraño por vías distintas de las que llevaron a la seguridad y al orden al pueblo envidiado. .-por el esfuerzo propio y por la adaptación de la libertad humana a las formas requeridas por la constitución peculiar del país. En unos es el excesivo amor al Norte la expresión, explicable e imprudente, de un deseo de progreso tan vivaz y fogozo, que no ve que las ideas, como los árboles, han de venir de larga raíz, y de ser de suelo afín, para que prendan y prosperen, y que al recién nacido no se fe da la sazón de la madurez porque se le cuelguen al rostro blando los bigotes y patillas de la edad mayor: Monstruos se crean así, y no pueblos: hay que vivir de sí y sudar fa calentura. En otros la yanquimanía es inocente fruto de uno u otro saltito de placer, como quien juzga de las entrañas de una casa, y de las almas que en ella ruegan o fallecen, por la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite; padézcase; carézcase; trabájese; ámese, y en vano; estúdiese, con el valor y libertad de sí; vélese, con los pobres; llórese, con los miserables; ódiese, la brutalidad de la riqueza; vívase, en el palacio y en la ciudadela, en el salón de la escuela y en sus zaguanes, en el palco del teatro, de jaspes y oro, y en los bastidores, fríos y desnudos; y así se podrá opinar, con asomos de razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos. En otros póstumos enclenques del dandismo literario del segundo imperio, o escépticos postizos bajo cuya máscara de indiferencia suele latir un corazón de oro, fa moda es el desdén, y más, de lo nativo; y no les parece que haya elegancia mayor que la de beberle al extranjero los pantalones y las ideas, e ir por el mundo erguido, como el faldero acariciado, el pompón de la cola. En otro es como sutil aristocracia, con la que, amando en público lo rubio como propio y natural, intentan encubrir el origen que tienen por mestizo y humilde, sin ver que fue siempre entre hombres señal de bastardía el andar tildando de ella a los demás, y no hay denuncia más segura del pecado de una mujer que el alardear de desprecio a las pecadoras. Sea la causa cualquiera,- impaciencia de la libertad o miedo de ella, pereza moral o aristocracia risible, idealismo político o ingenuidad recién llegada,-es cierto que conviene, y aun urge, poner delante de nuestra América fa verdad toda americana, de lo sajón como de lo latino, a fin de que la fe excesiva en la virtud ajena no nos debilite, en nuestra época de fundación, con la desconfianza inmotivada y funesta de lo propio. En una sola guerra, en la de secesión, que fue más para disputarse entre Norte y Sur el predominio en la República que para abolir la esclavitud, perdieron los Estados Unidos, hijos de la práctica republicana de tres siglos en un país de elementos menos hostiles que otro alguno, más hombres que los que en tiempo igual, y con igual número de habitantes, han perdido juntas todas las repúblicas españolas de América, en la obra naturalmente lenta, y de México a Chile vencedora, de poner a flor del mundo nuevo, sin más empuje que el apostolado retórico de una gloriosa minoría y el instinto popular, los pueblos remotos de núcleos distantes y de razas adversas, donde dejo el mando de España toda la rabia e hipocresía de la teocracia, y la desidia y el recelo de una prolongada servidumbre. Y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril, mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos e ignorantes o silvestres indios.-Y para ayudar al conocimiento de la realidad política de América, y acompañar a corregir, con la fuerza serena del hecho, el encomio inconsulto,-y, en lo excesivo, pernicioso--de la vida política y el carácter norteamericanos, Patria inaugura, en el número de hoy una sección permanente de Apuntes sobre los Estados Unidos, donde, estrictamente traducidos de los primeros diarios del país, y sin comentario ni mudanza de la redacción, se publiquen aquellos sucesos por donde se revelen, no el crimen o la falta accidental-y en todos los pueblos posibles en que sólo el espíritu mezquino halla cebo y contento, sino aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestren las dos verdades útiles a nuestra América:-el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos,-y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos. 

Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894 

CINISMO VS ÉTICA

CINISMO VS ÉTICA

Por Luis Sexto 

Deshonestamente. Descaradamente. Suele así juzgarse la realidad cubana en medios del extranjero. Y en ciertas saletas del patio. Porque cuando a la política, como acto o como enfoque, le falta la ética, por mucho que se alegue honradez el resultado aflora como cinismo. 

Gusto de tener presente un apotegma del brasileño Leonardo Boff. El ex sacerdote y teólogo de la liberación recomendaba que, ante un debate, una crítica,  habría que partir de una perspectiva ética más que de un punto de vista “meramente político”. Lo cual para mí significa que ningún juicio político sin ética es honrado. Importa, decía Boff, que  comencemos por ser honestos”. Y dejemos que la realidad se muestra “tal cual es”. 

Por lo regular, cuantos enjuician a Cuba y sus circunstancias en Washington, Miami, Madrid, o en cualquiera de los medios de prensa dominantes y globalizadores del planeta, esconden la realidad cubana. También la esconden en los tea party de los crepusculares grupúsculos anexionistas locales.

Unos y otros aducen que los problemas actuales de Cuba son provocados por el estado socialista. De lo que resulta que el organismo político, social y económico que tanto ha realizado por el país y sus habitantes es el culpable de las espinas del llamado período especial. Es decir, culpable de los apagones, la Revolución que electrificó el 95 por ciento de un país casi sin electricidad en 1959; de la escasez de medicamentos, la Revolución que graduó a 70 000 médicos sobre los 6 000 de 1958; de las enfermedades, la Revolución que extendió a 77 años el promedio de vida de los cubanos que hace cinco décadas vivían unos 62; de las dificultades escolares, la Revolución que alfabetizó a un 40 por ciento de iletrados y graduó más de medio millón de profesionales; de los salarios deprimidos, la Revolución que convirtió el trabajo en un derecho popular y un deber estatal; culpable de ciertos desvalores, la Revolución que enseña la solidaridad, el amor al semejante, el predominio del ser sobre el tener... 

Ese es el análisis. Exactamente. Realidad atribuida única y fanáticamente a los presuntos errores –que no excluyen algunos reconocidos y rectificados y otros que habrá que rectificar inevitablmente- y a la ficticia voluntad destructora de cuantos gobiernan en Cuba. Nada, desde luego, de lo otro: la obra levantada. Los problemas resueltos. Los empeños por resolverlos. Y el apoyo de una mayoritaria decisión ciudadana. Y nada tampoco de lo de más allá: la guerra sucia de EE.UU. El bloqueo. Las leyes extraterritoriales. Eso no cuenta. Que si Cuba afronta iliquidez financiera, y el FMI y el Banco Mundial no le prestan dinero como prestan todos los días a cualquier Estado, porque EE.UU. se opone, culpa es del gobierno cubano… 

Y así, la realidad se escamotea. Descaradamente. Ese es el modo de actuar de “la libertad de cierta luz” vitriólica que busca generar la oscuridad. Estemos atentos. Se nos quiere ofrecer el cinismo como posición objetiva, justa y honrada. Y el cuento se reduce a este cuadro: te asfixio apretándote el cuello, y luego, sin soltarte, digo a todos que te estás ahogando. Te culpo. Y te lo reprocho. Actitud cínica. Y cinismo, define el diccionario, es impudicia. Desvergüenza.                                                                                         

AUDACIA Y REALISMO, ¿LA FÓRMULA CUBANA?

AUDACIA Y REALISMO,  ¿LA FÓRMULA CUBANA?

Por Luis Sexto 

Raúl Castro tendió el 26 de julio de 2007 un ramo de olivos a los Estados Unidos, por segunda vez en menos de un año. ¿Político o impolítico? ¿Táctico o estratégico? ¿Coherente o inconsecuente? Las respuestas necesitan mucho más que encerrar en un círculo el SÍ o el NO, como en un fácil examen escolar. Cuba no es una asignatura simple. La complejidad la acompaña, con su teoría de equívocos, pistas falsas, deseos admitidos como verdades y verdades deslegitimadas como falsas aprehensiones. 

Un análisis con alguna posibilidad de certeza ha de partir admitiendo que la mayor desgracia que el futuro podría depararle a Cuba,  sería que los norteamericanos  fueran saludados nuevamente “como libertadores”. Con derecho a imponer su paz, su orden, su cultura, como en 1898, después de haberse servido de la debilidad de España y la ingenuidad –no exenta de incapacidades materiales- de los luchadores por la libertad. En aquel momento frustraron la independencia política y el desarrollo autónomo de la economía nacional, aprovechándose de esa situación que en la punzante, desenfadada y natural lengua de los cubanos  se sintetiza en “coger los mangos bajitos”, esto es, sin subir a la mata o levantar una vara: solo estirando un palmo el brazo.  

Sin embargo, es advertible que toda la culpa no fue de ellos, incluso habría que, en justa evaluación, reconocer los beneficios que le aportaron los norteamericanos a la Cuba de la posguerra: arruinada por la contienda independentista y limitada por 400 años de coloniaje. También los cubanos, en particular sus dirigentes, posteriormente a la aprobación de la Enmienda Platt –cuya aceptación era  previsiblemente inevitable, porque el rechazo a ese apéndice constitucional habría perpetuado el ejército de ocupación-, adoptaron decisiones que anudaron aun más la dependencia. ¿Por qué el congreso de la república no aprobó la propuesta de Manuel Sanguily, ardiente y lúcido intelectual independentista, de rechazar el Tratado de Reciprocidad con los Estados Unidos en 1903? La defensa de su tesis  fue tan apasionada, tan preclara, tan profética, que un poeta y periodista allí presente escribió un soneto -luego célebre por otra razón: fue falsamente acusado de plagio- que comparaba al agudo coronel del Ejército Libertador con Don Quijote: “Que siga el caballero su camino/ agravios desfaciendo con su lanza; / todo noble tesón al cabo alcanza/ fijar las justas leyes del destino”. Estaba, al cabo, defendiendo a la “Más fermosa.”: la patria. 

Quiero decir, en síntesis, que los cubanos a partir de 1902, a pesar del sometimiento jurídico y efectivo de la república al protectorado estadounidense, tuvieron espacio, aunque fuese mínimo, para la maniobra, para la resistencia inteligente. Habría que indagar, modificar un tanto ese enfoque catastrófico, rígido y unilateral con que a veces enjuiciamos el pasado, y poner las coyunturas también bajo la responsabilidad de las acciones que debían haber limitado la absorción de nuestra república y quedaron en el paraíso de las ideas sin realizar, a influjos de un anexionismo solapado o del predominio de ambiciones y egoísmos de partidos y familias, y las posturas soberbias de algunos titulados “hombres fuertes” que mantuvieron a la sociedad cubana dividida, como escribió el fenecido ensayista Joel James, “contra sí misma”.

 No se trata de exonerar a los Estados Unidos de haber empezado en Cuba, a título de estreno mundial, la dominación neocolonialista, ni de pretender anular las palabras del jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, cuando escribió en su Diario que los norteamericanos en Cuba no iban a dejar un adarme de simpatía. Pero no tan poca dejaron. Como advirtió Martí, el anexionismo, ese ver en la propia disolución dentro de Norteamérica la solución de los males y las insuficiencias de la república, seguiría  encandilando en el futuro a una porción de cubanos. Hoy, efectivamente, no solo continúa  entreteniendo al millón de emigrantes que radican en territorio de la Unión, y al grupo de presuntos “dirigentes del exilio”, sino también a los que en Cuba aspiran a emigrar o desean el predominio de Mc Donald’s, Malboro  y Hollywood en la Isla. 

Hubo, desde siempre, una vanguardia que, abroquelada en el antiimperialismo martiano, arriesgo vida, hacienda e intelecto para conquistar definitivamente la independencia y un desarrollo creadoramente nacional. La revolución de Fidel Castro, en cuya ideología participan postulados martianos y marxistas-leninistas afincados en una tradición revolucionaria antidictatorial, nacional liberadora y socialista, consiguió en 1959 establecer todo el espacio para que las fuerzas del progreso quebrantaran las manquedades heredadazas en los inicios del siglo XX, entre las cuales, desde luego, figuraban las impuestas por la influencia neocolonial de los Estados Unidos. Y le enseñó al pueblo a desprenderse del miedo y hacer suyo cuanto era suyo por derecho. 

Liberar a Cuba, rescatar sus riquezas y ventajas naturales de la apropiación extranjera,  implicaba, necesariamente, golpear los fundamentos del predominio yanqui, para quien Cuba y sus islas y cayos adyacentes venían siendo reputados, desde el primer lustro del siglo XIX, como una especie de traspatio. Quitárselo, es decir, nacionalizar lo que a Cuba en derecho pertenecía, implicaba que el águila soplara los clarines de la guerra. Pero, por otra parte, ¿los sucesivos gobiernos norteamericanos habrían aceptado una cesión pacífica, cordial, compensada de las propiedades que adquirieron en Cuba a precio de liquidación? Parece que no. Al menos se negaron a recibir la compensación a pesar de que, como es conocido, el tribunal supremo de la Unión declaró el derecho de Cuba a la nacionalizar las propiedades extranjeras. 

Y en los últimos 48 años, pues, ha sido la guerra. Una guerra a veces caliente; otras, fría. Siempre la hostilidad en actos o en retórica. Siempre efectiva en leyes bloqueadoras del comercio o de la economía cubana. Cuanto digo es conocido. Y vemos que la mayor conquista de esa política de intervención permanente ha sido circunscribir a Cuba dentro de los ámbitos de la resistencia numantina, en una apuesta a la ruleta del tiempo, cuyo número predicho es la ataxia y el deterioro. Al final, cuando se detenga el vertiginoso giro, los “americanos”vendrían, al igual que en 1898, como los salvadores de una circunstancia material incivilizada. ¿Quién les negará el Ave César de los libertadores? Ingenuos, y necesitados, habría como para levantar la mano. 

La propuesta de Raúl Castro -tendido de puente a la administración que en 2008 se encargará de gobernar al enorme y desarrollado país- resulta, pues, un acto coherente, positivo. Junto con la preparación para rechazar cualquier amenaza militar, quién podrá estimar de impolítica o desmesurada la oferta de negociar el diferendo en términos de igualdad: de país soberano a país soberano; no de grande a pequeño; no de tiburón a sardina, como reza la imagen clásica.  

Cuba, y parece que el propio Gobierno Revolucionario lo admite, necesita “cambiar lo que haya que ser cambiado”, según una de las ideas de Fidel al definir la esencia de la revolución. Sería mejor cambiar lo necesario sin la hostilidad de los Estados Unidos. Pero no creo que sea conveniente condicionar la aplicación de cualquier fórmula que ayude a fundamentar un socialismo cuyo horizonte no sea la pobreza repartida, la precariedad como estrategia, a la tranquilidad en nuestras costas, mares y aires. A mi modo de ver, la normalización de las relaciones con Washington, no provendrá principalmente de que ellos altruistamente lo acepten, sino de cuanto se haga dentro de Cuba, sobre todo en la economía, para liberarnos del caballo de Troya de la pobreza, el deterioro, la distribución igualitarista y las limitaciones que reducen la democracia, cuya extensión se ha aplazado hasta hoy en aras de la unidad nacional ante una probable agresión militar.  

El círculo, inevitablemente, se ha vuelto vicioso. Cuántas generaciones tendrán que sacrificarse aún; cuánta sangría más en una emigración, politizada en ambas orillas, que es primordialmente económica porque busca espacio para el bienestar: casa, transporte, abundancia de alimentos, libertad de movimiento, descentralización, y el fin de la excesiva intervención del Estado en su vida. Aparte del papel facilitador, estimulador  de la ley de ajuste cubano, la mayoría de cuantos emigran, según mi óptica, salen a encontrar lo que no hallan dentro de su país, a pesar de todo lo positivo que la revolución ha creado. La sociedad cubana está internamente bloqueada por una madeja de prohibiciones burocráticas y oficinas y pasillos herméticos que reducen el papel de las potencialidades culturales y científicas que la revolución desató y preparó. Cuánto gente de ciencia y técnica, hábil y culta, pervive supeditada a la inanidad.  Por ello, enjuiciar la emigración como un balón que únicamente permanece en el terreno de los Estados Unidos,  supondría tapiar las claraboyas que favorezcan iluminar  los hechos para precisarles sus causas más profundas. Los cantos de sirena pudieran no afectar o afectar menos, si Ulises se sintiera satisfecho donde está. 

Merece los calificativos de audaz y valiente la propuesta que Raúl le formuló a la Casa Blanca en nombre de Cuba. Pero audaces y valientes habrán de ser  igualmente los estudios y reflexiones que tiendan a implantar estrategias, resortes y estructuras que ayuden a trascender el plano de pobreza generalizada en que nos hemos desenvuelto. Pobres y acusándonos interna y mutuamente, en voz baja o a gritos de dejar perder la revolución es en cierta medida el estado a que las presiones norteamericanas pretenden conducir al país rebelde y paradigmático, cuya revolución surgió como reivindicación histórica de todo el daño que los yanquis y sus aliados internos, por acción u omisión,  habían infligido a Cuba. 

Cuba ganará la guerra con audacia, que es también cordura y sentido, como ha dicho Fidel, “del momento histórico”.  Un frente de esta guerra puede despejarse a tiros y cañonazos, que es lo más fácil para nosotros, aunque no para ellos. El otro frente habrá que ganarlo con realismo y audacia, porque resulta más exigente, más complicado, más sutil, más urgido de la inteligencia y de una unidad nacional que implique avanzar, pues la unidad para el estancamiento tiende a agrietarse por su rigidez.  O el paso adelante que distribuya el poder democráticamente anulando anticuadas teorías y prácticas que hoy solo benefician a la distorsión burocrática o… el camino continuará y nosotros quedaremos en la cuneta, viendo la marcha prepotente de los “nuevos libertadores”.