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PATRIA Y HUMANIDAD

BUROCRACIA, DISTORSIÓN, RIGIDEZ

BUROCRACIA, DISTORSIÓN, RIGIDEZ

UN GIGANTE Y DOS DE SUS BRAZOS A LA VISTA DE TODOS


Luis Sexto, @Sexto_Luis


   El juicio más común la define por el mueble que la distingue: el buró, la mesa de trabajo, y por el soporte en que habitualmente estampa sus disposiciones: el papel. Pero esas metáforas son eminentemente simplistas. Pudo Einstein pensar acodado a una mesa y hacer sus cálculos sobre papel, sin que por ella pudiéramos tacharlo de burócrata. Y si quisiéramos extender el calificativo a un médico, que oye la cantinela de su paciente sentado a una mesa, o a un escritor, que emborrona sobre el mismo mueble su novela, también erraríamos. Porque la burocracia halla su definición en una actitud que poco se relaciona con sus atributos palpables. Más bien es un mal intangible. Casi intocable por tortuoso.

   Habría, para empezar a entenderla, acudir a Max Weber en un libraco muy voluminoso, pero portador de ciertas certezas sociológicas en la interpretación de esa entidad etérea en el capitalismo. No voy ahora a levantarme para repasar sus capítulos. Este artículo pretende presentar a la burocracia como un problema práctico, aunque trasciende lo puramente técnico para insertarse en lo ideológico y dentro de ello en lo político. Prefiero acudir a otro libraco más a mano y sintonizarnos sin muchos filosofismos. Reproduzco, pues, las tres últimas acepciones del Diccionario de la Real Academia Española. Burocracia: 2) Conjunto de los servidores públicos. 3) Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos. 4) Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. La última, relacionada con las anteriores, es la definición que más se aproxima a la que la experiencia me ha permitido deducir.

   Mi experiencia en Cuba, no otra. Porque es el papel de la burocracia en mi patria el que me interesa dilucidar y sobre el cual advertir de los peligros que entraña en el mejoramiento del socialismo. Y, desde luego, con óptica de periodista, que es observador y a veces objeto sufriente de las actitudes burocráticas.

   LA mejor definición de la burocracia o de la mentalidad burocrática la leí en un breve relato de Eduardo Galeano, especie de parábola evangélica. Sin que nuestra cultura de origen grecolatino sea narrativa, como la hebrea de los tiempos bíblicos, a veces una historia ilumina los conceptos encapsulados de los analistas para que los comprendamos transparentemente Cuenta el autor de Las venas abiertas de América Latina que en una unidad militar el oficial de guardia castigó a un soldado a cumplir una posta al lado de un banco, en el polígono del cuartel. Durante horas estuvo el soldado custodiando el asiento que no necesitaba protección. El oficial cumplió el turno y se le olvidó derogar su orden, y el que llegó a sustituirlo, sin información previa, relevó al recluta castigado con otro guardia. De modo que durante 20 años, creo, se hizo “la posta del banquito”, hasta cuando alguien preguntó con qué fin, y nadie supo decirlo. Por tanto, la burocracia, necesaria en muchos aspectos de la administración pública, comienza a ser peligrosa cuando pierde el sentido de su finalidad.

   José Martí, el libertador y el pensador de todos los tiempos, previó los peligros de una burocracia incontrolada, adueñada de los resortes del Poder. Tildó “la vida burocrática” de “peligro y azote” y quiso a la república cubana libre de la “peste de los burócratas”. Evidentemente, Martí intuía que la burocracia como representante de los intereses del pueblo, podría soslayar en algún momento de su ejercicio esos intereses para tener solo en cuenta los suyos como grupo o casta. Hoy por hoy, la rigidez, el papeleo, la ineficiente administración, que le atribuye el DRAE a la burocracia, ha “mediocrizado”, descontextualizado las prerrogativas del Estado socialista cubano. Ha sido una especie de Hada madrina al revés: todo cuanto su varita mágica toca se convierte en una caricatura de las aspiraciones socialistas. Maltrata, encona todo cuanto de creativo trajo la Revolución de Fidel Castro a Cuba. Acudiendo a una imagen del acidulado Giovanni Papini, la burocracia, transformada en mentalidad, en ideología, posee el secreto de una alquimia “coprófera”, esto es, suele convertir el oro en excremento. En eso ha sido un auxiliar inconsciente o involuntario del bloqueo norteamericano. Quizás, también inconscientemente, le convenga que el bloqueo perdure como garantía de su existencia mediatizadora y anárquica.

   En Cuba, dice la voz del pueblo, las actitudes burocráticas responden con un problema a cada solución; con un “no” a un “sí”. Y diluyen cada iniciativa en papeles y reuniones. Y ven la realidad a través de los colores de sus cristales, o desde el mirador de sus balcones, habitualmente altos y alejados de la calle o los talleres. O a través de informes que a veces están adulterados por quienes no desean que la verdad se conozca. No exagero. Y si lo digo aquí, en este espacio de la izquierda, es porque la izquierda necesita disponer de experiencias y porque alguna vez, y más de una vez, lo he dicho en periódicos de mi país. Y baste la aclaración si es que alguien necesita una justificación de cuanto está leyendo.

   El socialismo europeo se disolvió, como “Alka Zeltzer” en agua, gracias a las distorsiones burocráticas. Distorsiones que obligaron al discurso político a andar por los aires mientras la realidad de la gente por el fango. No inventemos enemigos. Las causas principales de la extinción del socialismo del siglo XX, el que fracasó, están dentro de sí mismo: incubó la mentalidad, por no decir la casta, que echó por la borda la correlación del predominio de clases a favor de los trabajadores. ¿Quiénes se beneficiaron en la Unión Soviética con la ruina? ¿Quiénes son hoy, allí, los ricos? Los burócratas, que partieron de Stalin,  esto es, mucho antes de Gorbachov, Eltsin y su banda, sustituyeron el piso del Estado socialista, la democracia leninista, por arenas movedizas. La burocracia, por supuesto, brotó de una sociedad rigidizada por el verticalismo, en detrimento de la horizontalidad democrática. Veamos claramente: donde falta la democracia, y el centralismo se excede a costa de los lados, prospera la burocracia. Y con esta, el dogma y la corrupción.

   Cualquier proyecto de renovación y perfeccionamiento del socialismo en Cuba, ha de experimentar la oposición de los Estados Unidos y su permanente guerra  -matizada hoy por el restablecimiento de relaciones diplomáticas-,  y la resistencia de los que dentro del país pugnan de una u otra forma por empujar a Cuba hacia el capitalismo. Y tendrá además que afrontar, y anular, el majaseo burocrático. Todo cuanto le parezca limitación de sus intereses, sus privilegios, su capacidad para deslegitimar toda decisión constructiva, toda libertad legítima contará con la hostilidad de la burocracia anquilosada sobre intereses y comodidades, acorazada tras la  indiferencia, el extremismo, la distorsión. Hechos que lo confirmen sobran. ¿Por qué las unidades básicas de producción cooperativa, decisión política del partido Comunista en 1993, casi se han paralizado en el fracaso? La respuesta la conocen aquellos que en las empresas estatales agropecuarias eran personajes prepotentes que dispensaban, y aún dispersan, como señores feudales su poder sobre la producción. Ellos impidieron que cuajara el principio primordial de esta organización productiva en la agricultura: la autonomía para utilizar el uso de los medios de producción, que el Estado le vendió a los colectivos de trabajadores, y de la tierra, otorgada en usufructo por el propio Estado. Recientemente se reevaluó y actualizó el principio de la autonomía, pero no estimo que las estructuras empresariales renunciaran a proseguir imponiendo su mando, quebrando leyes, reglas y procedimientos, y limitando la relativa independencia de las cooperativas. Así, la agricultura, como denunció Raúl Castro en fecha todavía recordable, se ha plagado de marabú,  ese arbusto casi invencible que todo lo copa y asfixia, o de otras yerbas inservibles. Y muchos años antes Fidel denunció que el campo se había colmado de oficinas.

   ¿Y los trámites legales, en particular los de la vivienda? ¿O los del trabajo por cuenta propia? ¿O el oído omiso  y la vista vendada ante los problemas  comunales?  ¿Y por qué las leyes de la actualización tardan tanto en prosperar, y las ventajas  más próximas a las personas se distorsionan, en este o aquel municipio, o empresa,  de modo que la gente no se percata de que todo cuanto el país legisla es para sustentar la justicia del socialismo? Una sola imagen ilustra el inmovilismo burocrático: la subida a un Gólgota cuyas estaciones requieren de  un Pilatos de papel y un Barrabás de historieta. En fin, hermetismo. Inmovilidad. Y a veces corrupción.

   En cualquier otro país podrá ser igual o peor. Pero en Cuba  la intensificación del  enfrentamiento desde las ideas y la política me parece inexcusable. Imprescindible. Se juega el orden de justicia social de la Revolución. Las acciones burocráticas, por engorrosas, limitadoras, enajenantes, tienden a liquidar la causa del socialismo en el corazón del pueblo. Y el antídoto es el mismo pueblo. Ampliando los usos, espacios y controles democráticos y flexibilizando las estructuras económicas, se reduce la burocracia a eso que dice el diccionario: conjunto de servidores públicos. Ese es su estado ideal. Pero ¿tendremos valor para obligarla, como el domador al tigre, a marchar cabizbaja hacia el rincón subalterno que le corresponde? Y como complemento, ¿sabremos nominar, elegir o nombrar a quienes deben de representar y  servir con honradez y convicciones limpias a los intereses del pueblo?

Actualizado en junio de 2016

FEO EPITAFIO

FEO EPITAFIO

Luis Sexto, @Sexto_Luis

  Hace unos años pregunté admitiendo que la pregunta y su respuesta eran obvias: ¿Nos hace falta la bondad? Cualquiera de mis lectores podrá decir que la bondad nos desborda, y por tanto lo que acabo de preguntar carece de sentido. En segundo turno, digo que, como lo creo útil, continuaré preguntando, más bien afirmando: sí; nos hace falta la bondad, porque sigo viendo espacios hueros de miradas, gestos y actos bondadosos.

    Tal vez uno de los datos más obvios de la realidad sea el menos obvio. Porque nos hemos habituado a creer que obramos en nombre de la bondad. Y por ello no nos percatamos de que, aunque padecemos de achaques estructurales en nuestra armazón social, la bondad se nos escurre como característica personal. Y cuando me refiero a esta virtud, cuya raíz latina es bonus, bona, bonum -dicho así, como lo exigían mis lecciones de latín adolescente-, aludo a la bondad que ha de permear la conducta política de cuantos nos consideramos revolucionarios en el sentido de personas con ánimo de mejorar la existencia de nuestros semejantes. Incluso de la naturaleza, nuestra madre, y a veces hermana.

   Es cierto que las actitudes burocráticas provienen, en parte fundamental, de la organización en que los seres humanos actúan. Si las decisiones de este o de aquel adquieren el cartel de inapelables, si quien, atrincherado tras un buró, impunemente continúa distorsionando las leyes según su parecer o sus intereses particulares, y se encarama en una torre de papeles, planillas, acápites, citas, cifras, estadísticas y olvida que no solo de papeles vive el hombre, podremos decir que refleja una estructura rígida, vertical, autoritaria.

   Pero no siempre la regularidad  se encarna en la generalidad. Porque uno topa con este o aquel que sabe moverse, aún dentro de la estrechez, guiado por la bondad, es decir, por la comprensión de que su ejercicio de poder, por pequeño que sea, solo se justifica si sirve a sus conciudadanos.

Ya ven: me voy arrimando a la sartén de lo político. Y en estas circunstancias, es decir, en el actual reacomodo estratégico de la sociedad cubana –que no tiene porque asemejarse al reajuste de las capas de la tierra y generar un “terremoto”- la bondad, y su afín solidaridad, tienen que mecharse de política constructiva, de política respetuosa y generosa; nutrirse de la convicción de que la justicia a secas, no traduce el ideal de la Revolución cubana. La justicia, para serlo en términos revolucionarios, necesita de la bondad.

Muerdo las teclas para no excederme, ni ser a mi vez injusto. Pero hemos de atizar la sensibilidad, para comprender las necesidades y los riesgos a que el país se expone si, por ejemplo, no recuperamos rápidamente la conciencia jurídica, y empezamos a preservar intactas las leyes de todos los días, que se quiebran por aquí o por allá, con la complicidad de todos nosotros.  En particular en las oficinas de los organismos encargados de gobernar y administrar los municipios, con su cola de barrios, puebluchos, caseríos; ah, en las oficinas, siempre tan limpias y acogedoras, a veces responden que cinco casas en tal comunidad con las fosas desbordadas, y los patios alfombrados por los excrementos,  no es asunto de ellos.  Y uno pregunta: ¿Y a quién corresponde inquietarse por las necesidades  que abrumen a la gente ?  ¿Y la política y su programa? ¿Y la ley y sus conceptos?  ¿Y dónde se contrata una bomba sanitaria que extraiga las mierda, o quién se debe  preocupar por que las aguas albañales que campean por los patios no causen una epidemia? Eso mismo escribieron hace poco algunos vecinos ai programa Hablando Claro en Radio Rebelde, donde colaboro con Antonio Moltó, José Alejandro Rodríguez, Alina Perera y Ricardo Ronquillo. La carta venía del ex central España Republicana, en el  municipio de Perico, en Matanzas. Esa comunidad ya no produce azúcar crudo, ni azúcar refinada, ni dextrana. Tampoco existe el ingenio, salvo dos chimeneas.  ¿Y que burócrata podría inquietarse por unas fosas desbordadas o por calles cuyos baches cuando llueve no admiten el tránsito motorizado, en un caserío inútil?

   Recuerdo con frecuencia unos versos de Bertolt Brecht,  poeta comunista alemán, cuyo sentido es como un toque de “atiendan todos”: “Ay, nosotros/que quisimos echar los cimientos de la bondad/no supimos también ser bondadosos”. No lo digo yo, repito; es texto de un escritor y dramaturgo comunista que, honrando su condición política, encaró la verdad para mejorar la vida del pueblo. En su patria, la difunta RDA, esa frase pudo equivaler a un epitafio. Para nosotros, aún vivos y coleteando en medio del un zarzal de llamas, el texto del poeta es un mandato. Porque si olvidamos que partimos del afán transformador de la Sierra Maestra y de la ética de la bondad de  Martí, podríamos perder la orientación, y al perderla perdemos los cimientos de la bondad y ganaríamos un epitafio muy desconsolador.

   Hace unos años, el presidente Raúl Castro, confesó en una entrevista: los revolucionarios viviremos según viva la Revolución. Si ella muere, moriremos definitivamente. Es decir, seremos olvidados.

PERIODISMO, COLOR Y LITERATURA

PERIODISMO, COLOR Y LITERATURA

 

Luis Sexto, @Sexto_Luis

 

   En la alianza entre el periodismo y la literatura hubo también una primera vez. Vienen de tiempos lejanos estas  relaciones promiscuas, según los términos del catalán Albert Chillon. Pero en cuanto a su origen, lo más seguro entre tantas aproximaciones, criterios y datos –que en una reducción culposa los hay hasta para confundir- es aceptar, con  cautela ante lo movedizo,  que el periodismo literario está presente desde el siglo XVIII con El diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Ese es un reportaje de índole histórica, publicado en 1722, que hoy  llamaríamos literario o narrativo y que se lee como literatura de no-ficción. Pero incluyo entre los antecedentes en nuestra lengua a La conquista de la nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

   En un momento, cuando aseveré la prominencia del libro del soldado de Hernán Cortés, estimé, con una dosis casi natural de presunción, de que aportaba un dato original. A ningún tratadista o estudioso de esa especialidad consultados por este periodistas, le había leído u oído ese juicio. Lo aventuré en mi libro Periodismo y literatura, el arte de las alianzas, cuya primera formulación data de 2002. Dos o tres años después  “descubrí” que Mariano Picón Salas, desde mucho antes, en un libro cuya ficha he perdido,  había  reconocido las formas del  reportaje en el  relato de Díaz del Castillo. El primero, como dije, en nuestro nuevo mundo, como Bartolomé de las Casas inaugura de este lado del Atlántico la literatura panfletaria.

   Díaz del Castillo narra en su libro hechos que aún son noticias después de 50 años, en aquella época en que las comunicaciones navegaban entre demoras, rumores e imprecisiones. Y  narra los acontecimientos con el dinamismo positivo del principio de la acción, pues no enumera hechos, los hace discurrir ante el lector, evitando la pesadez de las cartas de relación, antecedentes de la actual nota informativa.

A su turno, Defoe escribe El Diario del año de la peste  cuando el periodismo comienza a formular sus perfiles modernos. Y ya Hegel ha escrito o está a punto de escribir que el periódico es el devocionario donde la modernidad recita su  oración matutina. Aunque figure en el título, el Diario de Defoe no parece lo que nos sugiere: es una historia con apariencia verídica -una epidemia en 1665- y el término “diario” puede equivaler a exposición de noticias contadas en su circunstancia. Y ello  mismo compone una definición capsular del reportaje actual: información circunstanciada y personalizada. Defoe también se anticipa, con el empleo de cuadros estadísticos  a lo que hoy algún tratadista denomina  como “periodismo de precisión”.

   Por lo dicho, la pretensión del Nuevo Periodismo norteamericano de inaugurar la conjunción entre periodismo y literatura es solo un episodio reciente de esa tendencia que mezcla la estética y la información, pero con tanta capacidad de novelar desde  la subjetividad a personajes reales, sin falsearlos,  que pronto quizás suscitó la sospecha  entre los lectores. El exceso de literaturización pudo apresurar el tránsito de los calificados por Tom Wolfe aprendices de  novelistas, hacia técnica y expresiones más creíbles. Existe, pues, una convención;  el periodismo literario no es literatura en su estricto sentido. Es una categoría de arte que combina el tratamiento de la actualidad con los recursos estéticos de la narrativa: estilo y lenguaje  ajustados en el tono a su tema, y variable en su ritmo; armónico, con un nivel tropológico que, además de  la prosa, la haga más diáfana y precisa. Y en lo técnico, el predominio de la acción, los puntos de vista personal, espacial, temporal; las estructuras circulares, cronológicas, discontinuas, invertebradas… Es decir,  como sintetizó Norman Mailer la novela como historia y la historia como novela  

   Si no se aplican recursos literarios, no habrá periodismo literario, sino periodismo, que es a fin de cuentas una especie de literatura pragmática, de acuerdo con  Alfonso Reyes y Oldrich Belic. Y para Josef  Dubsky  es una formación estilística de trabajo.  Y puede uno deducir, así, que cuando decimos periodismo a secas hablamos de un estilo y un lenguaje elaborados particularmente sobre el interés, y el interés en el periodismo no radica sólo en la organización de mayor a menor importancia de los datos o las ideas, sino también es una categoría formal, que se vale de la imaginación y la creatividad. Ahora bien, para que ese periodismo adquiera tal vigencia, necesita ir más allá, y aparearse a la formación estilística de creación o de arte. Por lo tanto, fines y medios se complementan para un resultado: La literatura de no ficción.

   Después de los precursores, pasaron, en diversidad sumaria,  el francés Víctor Hugo,  el irlandés James O´Kelly, el norteamericano Mark Twain. Y coetáneamente o años más tarde, escriben agraciados por las aguas contaminadas de la literatura y el periodismo, el mexicano Guillermo Prieto y sus compatriotas modernistas Gutiérrez Nájera,  Amado Nervo, Luis Gonzaga Urbina; el nicaragüense  Rubén Darío, el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo; los norteamericano John Reed,  Ernest Hemingway;  el polaco Rysiard Kapuscinski; los cubanos Ruy de Lugo Viñas, Miguel Ángel de la Torre, Miguel Ángel Limia, Jorge Mañach, Víctor Muñoz, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente, Lino Novás Calvo, Onelio Jorge Cardoso, Loló de la Torriente, Lisandro Otero, Jaime Sarusky; los españoles Azorín, Ortega y Gasset,  y muchos más antes de la aparición del Nuevo Periodismo, en la década de 1960.

José Martí, para mi juicio, es un ejemplo único, al margen de escuelas o tendencias. Qué escribió Martí sino un inimitable periodismo literario. ¿Alguien negará que El terremoto de Charleston sea un reportaje modélico de la narrativa periodística ligada a la narrativa literaria?  

   En la actualidad, entre los cubanos lo ejercen Leonardo Padura, Yamil Díaz, José Antonio Fulgueiras, Ciro Bianchi, José Alejandro Rodríguez, Michel Contreras, Luis Vázquez Muñoz, José Aurelio Paz, Enrique Milanés León, Eduardo Montes de Oca, Roger Ricardo, Rafael Grillo, Francisco G. Navarro, Julio García Luis, Félix Guerra, Katiuska Blanco, Rosa Miriam Elizalde…

Los nombres, sin embargo, componen lo menos relevante. Lo primordial  para estas notas  consiste en precisar por qué este o aquel pueden incluirse en la clasificación de periodismo literario, o personal, como Norman Sinn dice que es también exacto. Y si se colara algún matiz profesoral al intentar explicar determinados salientes teóricos, júzguenlo como inevitable. Ciertos criterios estiman, pues, que uno se incluye  en el periodismo literario o se ubica fuera de este, mediante el uso de los géneros. Pero, según mi parecer, los géneros  periodísticos no merecen esa clasificación, sino el resultado de su tratamiento. Es decir, los géneros periodísticos responden a intenciones -tanto como en la literatura- y exigen un esquema básico, incluso un tono, además del estilo. Un reportaje plano es un plano reportaje, que suele predominar en el uso cotidiano. Pero  un reportaje construido con interés y calidad de estilo según la norma de la formación estilística de trabajo informativo, puede componer un enunciado aceptable o sobresaliente.

   Pero,  excluyendo la nota informativa, que aparenta impersonalidad, distancia entre reportero y hechos, los géneros habituales del periodismo despegan si los enriquece  el tratamiento literario. Esto es, si se convierten en excepciones y trascienden las insuficiencias de los rasgos y opciones exigidas por los medios.  Rysiard Kapuscinski en una entrevista con el periódico La Jornada, de México, lo resumió así, de modo que ya podemos percibir con mayor claridad los empeños del periodismo literario: Uno se percata –decía- de que los instrumentos tradicionales del periodismo son insuficientes cuando queda mucho por decir en una nota informativa, un cable.  Y por ello hay que pedir prestado ciertos recursos a la literatura, que se convierte en literatura de no ficción, para que el periodismo logre reflejar el llanto de una madre sobre el cadáver de su hijo calcinado por un misil y la desesperación de una familia ante su casa arruinada por bombas y cañones.

   El más apto es el  reportaje, molde narrativo del periodismo.  Equivaldría a un cuento, si el autor humanizara y personalizara literariamente la historia, con lo recursos técnicos que ya hemos mencionado.  La definición de  crónica se escabulle en la confusión de la polisemia, y este autor prefiere para definirla la práctica de los modernistas que la tomaron de Francia. Se aprovecha de la literatura nutriendo el lenguaje con una cuidadosa selección de palabras inscritas dentro de lo lírico. La crónica discurre mediante el principio de la emoción. Registra el eco subjetivo de los acontecimientos o procesos, figuras o lugares. No es la cosa en “sí”, sino el eco de la cosa en “mí”. Ahora bien, la “nueva crónica latinoamericana” –Caparrós, Villoro, y otros-  es supervivencia del Nuevo Periodismo norteamericano, y les encomienda a sus autores relatar los aspectos violentos, in cidencias de bajos fondos de las sociedades de América Latina, y por ello crónica adquiere el mismo valor semántico de los cronistas de Indias: llevar el tiempo,  sucesos que los escritores de hoy convierten en reportajes narrativos, como Bernal Díaz en su Historia verdadera

   También el artículo se exalta cuando el periodista asume la actitud del ensayista. Pongamos por ejemplo, los artículos de Jorge Mañach en el Diario de la Marina publicados entre los años 20s y los 30s del siglo XX y recogidos en Pasado Vigente, libro que la editorial Trópico imprimió en 1939. En ellos se degustan conceptos originales, enfoques inusuales y  un estilo seductor, musical, imaginativo, sin dejar de ser claro y conciso como establecen las normas periodísticas.  Finalmente, la entrevista de personalidad o biográfica, si trasciende la rutina de preguntas banales y de un esquema sin vigor, ni interés, se inserta también en el periodismo literario, como las de la italiana Oriana Falaci.

   La periodista española Maruja Torres cuenta en su libro Mujer en guerra que cuanto conflicto bélico cubrió en su borrascosa profesión fue con la misión de “dar color” a lo que pasaba. Los editores del El País sabían qué le pedían a la polémica columnista cuando la remitieron a Beirut entonces bombardeada. Otros se ocupan de decir lo sucedido. Pero no basta si los medios se empeñan seriamente en informar. Y “dar color” en el periodismo sugiere mucho más que una pincelada o una frase saturada de alguna sentimentalidad. Equivale a otra fórmula para nombrar al periodismo literario.

   En general, el buen periodismo empieza hacerse tras un proceso de práctica profesional y de interiorización de la cultura. Podremos escribir de modo que en vez de aburrir, interese y plazca. No todo en un periódico o una revista exigirá el ala y el color que José Martí pedía, aunque sí  habrá de mostrar el decoro profesional que en vez de emborronar, clarifique el enunciado.  Por tanto, el periodismo literario se les facilitará a aquellos que, oyendo la vocación personal, sepan adecuarlo a temas y urgencias. Y para ello, no habrán de bastar  las aulas. Quién escribirá un reportaje literario o una crónica sin haber leído al colombiano García Márquez, y al uruguayo  Galeano; a los mexicanos Almaguillermo Prieto,  Andrés Henestrosa y Carlos Monsivais,  y al chileno Pedro Lemevel… En fin, a tantos que ya hemos nombrado o hemos omitido.

 

ASÍ NO, COMPAY, ASÍ NO

ASÍ NO, COMPAY, ASÍ NO

 

 

 

 

 

 

 

 

El pasado viernes 13 de mayo, en la revista A primera hora de Radio Progreso,  leí  en mi columna Puntos sobre las íes, este comentario. Aprovecho la ocasión para añadir que, horas después de difundirlo, algunos oyentes me informaron que este vestuario había ganado premio en los carnavales recientes. Pero por conocer el escaso interés, la ausencia de participación genuinamente popular y la escasísima calidad que los va distinguiendo, no concurro a los carnavales de La Habana. Tal vez, si hubiera visto el mismo vestuario que aparece en la foto, habría expresado la misma crítica. Dicen que después de la reacción casi unánime de la prensa, han regañado, o despedido, a alguno de cuantos decidieron ese espectáculo de bienvenida al primer crucero norteamericano, en tocar el puerto de la Habana. Posiblemente, tanto como exigir responsabilidad, necesitamos reeducarnos, convocar una discusión masiva sobre la urgencia de recordar que la cultura empieza por saber qué somos y de dónde venimos, y hacia dónde queremos ir. La historia no puede ser letra muerta. Tampoco aula muerta ha de ser  la escuela que todos pasamos.

 

Luis Sexto

   EN ESTOS MOMENTOS de cambios en Cuba, hace falta ser mucho más zahorí, tener más rigor ético, más profundidad intelectual para saber qué puede hacerse  y qué, si se hace, perjudica. Ahora hace falta que la cultura actuante, previsora, sabia, nos alerte del disparate, del acto incongruente, y sea menos diploma y más acción racional.  La lucha en nuestro país por la pervivencia de la revolución y de sus sueños, o de sus mejores sueños, ha cambiado de escenario. No niego que para  algunos pudiera resultar más fácil la defensa de la revolución con un arma en la mano. Sí, resultaba fácil a pesar de los riesgos, porque sabíamos donde estaba el enemigo.

   Ahora las condiciones han cambiado. El enemigo ya no dice que lo es; se enmascara. Las relaciones diplomática sustituyeron a relaciones enconadas. Por ello, ahora no podemos olvidar la cautela inteligente. Ahora la escolaridad debe convertirse en cultura. Porque la cultura, que incluye la cultura política, nos ha de ayudar a diferenciar lo conveniente de lo inconveniente… Y para ilustrar estas ideas, me referiré a la fotografía  que me enviaron por correo electrónico  donde aparecen bailarinas cubanas recibiendo a viajeros del Adonia, primer crucero norteamericano, con visitantes norteamercanos a bordo, en atracar en el puerto de La Habana.  Esas muchachas, que bailarían bien, estaban vestidas con el consabido traje de bailarina: una trusa  confeccionada con la bandera cubana.

   Válgame la patria. Hasta dónde iremos a parar o hasta dónde irán a parar algunos en su descoco. Sí, descoco. ¡Cómo usar la enseña nacional para ataviar a bailarinas y recibir a viajeros. Pero cómo, cómo pudo ser posible,  si por preservar esa bandera independiente y soberana han muerto centenares, miles  de compatriotas, y que ahora se use para tapar las partes pudendas de  varias  bailarinas por respetables que ellas puedan ser.

   Ah, cultura es también cultura política, es saber respetar los símbolos de la patria. Cultura equivale a discernir lo útil de lo inútil, lo moral de lo inmoral, lo  razonable de lo absurdo. Tal vez hace falta tanto rigor en la disciplina pública como en el ejercicio de funciones públicas para que quienes tengan espacio para decidir decidan conforme a las leyes, a la ética y a la política de nuestra república.

   No, amigos míos, con la bandera, no, no se juega, ni con las mejores intenciones. Toda nuestra historia de nación independiente ha discurrido alzando esa bandera, luchando porque como poetizó Bonifacio Byrne, donde esté ella no hace falta ninguna otra que la escolte. Cómo ha sido posible… ¿A dónde podría llegar una conciencia festiva, aparentemente innovadora. A dónde podría llegar el uso festivo o irresponsable de nuestros símbolos nacionales. Incluso, a dónde se podría llegar con las mejores intenciones. Tendríamos que precisarlo tajante y claramente, en una nueva ley sobre los símbolos nacionales.

LA FALSA INFORMACIÓN DE EL HERALD SOBRE LOS VIAJES A CUBA

LA FALSA INFORMACIÓN  DE EL HERALD SOBRE LOS VIAJES A CUBA


Por  Max Lesnik

 Por su claridad y pertinencia,   reproducimos el texto de El Duende, sección difundida habitualmente en Miami, y que nuestro amigo Max Lesnik traduce, según advierte, del más allá, de donde a veces, dice el autor de este blog, se escapa el diablo.  

 

   No vamos  a repetir  todo  lo que dijo  El Miami Herald en su edición  del
pasado sábado  7 de  este mes  de mayo  sobre los supuestos  peligros de
viajar  a  Cuba por  los  cubanos  que viven en Estados  Unidos.  Sería
servirle  de  caja  de  resonancia a tan  sórdida y sucia propaganda
anti-cubana.  Solo  queremos  señalar  que  el infame  reportaje  está
escrito  por  una periodista cubana  de nombre  que no vale la pena
mencionar- lastima  de mujer en  tan triste papel-  a la  que la dirección
de ese  periódico  miamense  le  ha dado por  misión  la  de escribir cuanta
negativa  información se le pueda  ocurrir a una mente  infectada  de  odio,
dedicada a  ofrecer  una  sucia imagen sobre  Cuba para complacer  el
resentimiento  esquizofrénico que acumula  el sector  más aberrante de  la
extrema  derecha cubana de Miami.

La mejor respuesta a lo que  escribió  el  Herald  sobre  los  supuestos
peligros inciertos  que acechan a los  compatriotas  que viajan  a  Cuba
desde Estados Unidos, es que  el  año  pasado  fueron a la  isla-  según
datos oficiales-  390 mil cubano-americanos,  sin que a ninguno  de  ellos
se le  impidiera un regreso seguro  a Norteamérica, se le  confiscara su
pasaporte estadounidense  o mucho  menos  que  se  le  exigiera a  quedarse
en Cuba para  obligarlos a entrar  en el ejército  cubano  y hacerle
cumplir  el servicio militar  obligatorio.

Estos  son  entre  otros,  los  supuestos  peligros  que  corren  los
cubanoamericanos  que  visitan a Cuba desde  Estados Unidos según  dice  el
diario  Miami  Herald,  tanto  en su edición en  español  como  la  que
editan en inglés. ¿Se quiere  más perversa, infame  y mentirosa información
sobre  la  realidad  cubana?

El Miami  Herald  se  ha  ganado el  premio  de la  trompetilla  del año. O
mejor dicho  del  año  sin la  tilde  de la Ñ. Fooooo………

Y hasta  mañana martes  amigos  de El  Duende  que con   mi gallo  me voy
cantando a mi tumba fría. Bambarambay.

Nota de la Redacción: En Cuba hay tanta gente inteligente, tanta experiencia de gobernar bloqueados, insultados, acusados mentirosamente, que nadie podría pensar que el Gobierno Revolucionario adoptara una medida contra  toda lógica, todo sentido común,  y contra toda justicia. Con tantos problemas por resolver en Cuba, con tantas conquistas que defender,  a nadie se le podría ocurrir una ley o una regla o una práctica que creara nuevos problemas y generara nuevos enemigos.    Luis Sexto        

OÍDOS PARA SENTIR; CORAZÓN PARA VER

OÍDOS PARA SENTIR; CORAZÓN PARA VER

Luis Sexto

 

   Unos expertos sostienen que a la música de hoy le falta corazón. Pueden sobrar combinaciones de sonidos para componerla e instrumentos para ejecutarla, pero echan de menos el latido de la emoción. A ciertos juicios quizás les  parezca un disparate tal conclusión. Otros, en cambio, se darán cuenta de que lo  predominante en el éter o en algún espacio es la estridencia, el ruido que  enardece la herencia primitiva de nuestra especie.

 

   Mas, no se alarmen. No escribiré de música. Me he colado en sonidos  tan técnicos, tan especializados como un modo de entrar en la ausencia de corazón, particularmente en la política,en las relaciones entre países y en uso del derecho internacional. De tanta cordialidad carecen las potencias económicas y militares, que a la puerta del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas podría colgársele este cartel promocional: "Se legalizan  agresiones, siempre y cuando provengan del fuerte contra el débil".

 

   ¿Y qué letrero levantar en la fachada del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial? Cualquier término negativo encajará. Porque, en esencia, le falta corazón al capitalismo cuya economía aparenta multiplicar, y en la distribución resta más que divide: resta a los muchos para sumarles la diferencia a los menos. Y le falta sensibilidad a su prensa, o a  cierto sector de su prensa, que destruye un prestigio, sin discernir la verdad o la mentira, como si bebiera indiferentemente  un trago de mal güisqui.

 

   Pero no es hábito de esta columna aterrizar en pistas internacionales. Y si hablo de cordialidad y sensibilidad -casi sinónimos en la semántica de las relaciones humanas- es para insistir en que a cada uno de nosotros, los cubanos,  y a las instituciones del país no nos debe faltar la sensibilidad, ni la cordialidad. Y si un tímpano preparado para oír y valorar los sonidos medidos y armonizados, puede detectar la falta de corazón de esta o aquella música, también una conciencia sensible sabrá precisar qué es y que no es ni podrá ser la política en Cuba.

 

   Hace más de 150 años, un cubano llamado Antonio Bachiller y Morales, hombre de letras y ciencia, dijo en su curso de economía política en el seminario de San Carlos y San Ambrosio, que las acciones económicas eran válidas si servían para hacer felices al mayor número posible de personas. Dicho esto, que se empalma con los fundamentos del humanismo de la cultura cubana y la doctrina de la Revolución, tendremos que reconocer que la política necesita de un sustento ético. Porque sin el beneficio de la ética, la política se inclinaría a resolverse en consigna o cálculo de intereses.

 

   Como advertencia imprescindible, oímos que todo cuanto se decide hoy en la sociedad cubana en lo económico y lo social, incluso en lo político, exige una anulación de la vieja mentalidad y la articulación de un nuevo concierto de ideas, iniciativas, costumbres y enfoques que sean el antídoto de ciertas fórmulas ya estériles. ¿Quién negaría que si la visión pervive envejecida, prácticamente la concreción de leyes, resoluciones, modificaciones atravesarán una zona reblandecida, demasiado movediza como para subsistir erectas y actuantes?

 

   A mi manera de juzgar, la ética como orientación básica de los actos económicos o políticos nos tendrá que conducir a un fin, el fin auténticamente revolucionario y socialista, esto es solidario: procurar la felicidad o el bienestar de la mayor cantidad posible de nuestros compatriotas. Cualquiera otra finalidad quizás se conjuraría contra lo actualmente proyectado o aplicado. Por tanto, la ética del deber ser tendrá que prevalecer contra la desvaída ética de lo que no es o no ha sido.

 

   Se me ocurre un símil, un juego de palabras: podrá haber receso "docente", pero nunca habrán de entrar en receso las actitudes "decentes". ¿Me explico? La decencia, palabra que define verdaderamente a cualquier ciudadano, tendrá que convertirse en un rasero, una condición. Porque decente es mucho más que capaz, inteligente, culto. Decente viene siendo el que emplea sus facultades y posiciones para trabajar por los demás, sin acudir a las apariencias, o a las promesas fatuas, o a la mentira, ni otras mañas de basurero.

 

   Y en ello consiste la diferencia:  Nos renovamos en ideas y actitudes honradas, y consecuentemente con el espíritu de la nación y del socialismo renovado, seremos  medidos y pesados por nuestra actitud ética. O seremos proclives a renunciar a  la condición humana para convertirnos en un ancho e insaciable estómago. Y unos viviremos a costa de los otros.

NO ME QUIERAS MATAR, CORAZÓN

NO ME QUIERAS MATAR, CORAZÓN

Un libro y mi opinión

Luis Sexto

He leído en estos días, si no una suma, al menos una selección de los libros publicados e inéditos  del poeta Ricardo Riverón, nacido en Zulueta, en 1949, y hoy residente en Santa Clara. Está de más decir que Riverón nació villareño y sigue villareño, aunque hoy, las nueva división político administrativa lo haga villaclareño. Pero villareño o villaclareño es lo mismo, para quienes nacimos en el centro del país hace más de 60 años. Antes de proseguir, digo que Riverón y yo nacimos muy cerca uno del otro,  en la misma década de 1940,  y algunos de sus poemas recuerdan el mismo ambiente en que también ambos nos criamos.

Este libro titulado No me quieras matar, corazón, recoge poemas de los once  libros escritos por Riverón, en un lapso de 30 años. Es una especie de autoantología que el propio poeta considera que le resultó una tarea de íntimo padecer. Porque, me parece que el poeta, poeta entero, debió ser acuciado por  la duda, y el temor del equívoco. En fin, empeño tímido y temido, pues el autor,  cualquier autor consciente, sin campanillas de vanidad,  nunca estará seguro de haber elegido el poema más significativo o el más profundo. Suele ocurrir que el poeta seleccione los versos que lo son más entrañables.

Pero el lector no necesita pensar en lo que pudo elegir el poeta; más bien necesita leer, y introducirse en el temblor del poeta, para participar de la misma experiencia. La lectura, aunque parezca paradójico, es un proceso colectivo, aunque leamos individualmente y en silencio. Más de un lector, leen a la vez posiblemente el mismo libro, tal vez repasen las mismas páginas, y en este libro compuesto de otros libros quizás relean los mismo poemas, los poemas que más los conmovieron.

En fin, si colectiva la lectura, el poeta  tampoco parte de la soledad para escribir. El poema, la poesía, cuando merece ese nombre, es una experiencia que se suscita en el acompañamiento interior. Evoca el poeta un conglomerado de rostros, querencias, ambientes y experiencias,  que le punzan y le piden un vuelo, desde las sombras, al nicho, aún no del todo iluminado, donde han de perdurar con la luz plural de la letra y la lectura.

 No me quieras matar, corazón, poemario publicado por Ediciones Unión, nos trae los olores suaves de un reino donde lo que ha sido deambula sobre el caballito de palo de la infancia que el poeta nos ofrece como medio de solidaridad y limpieza permanente.  Este libro de Ricardo Riverón, este ofertorio de poemas, libres o en estrofas clásicas como el soneto y la décima, escritos y publicados en diversos momentos, encajan, como concierto lírico de una sensibilidad nunca falsificada, ni egocéntrica. Una sensibilidad que persiste en sus orígenes, y se reparte,  de acuerdo con un verso  de Riverón, como “lluvia hipnotizada”.*

 

*Difundido  el 16 de marzo de 2016, en Epigramas, Radio Progreso, la Habana

LA PALABRA EN EL AIRE

LA PALABRA EN EL AIRE

  Luis Sexto

Un libro y mi opinión

   Durante la feria  internacional del libro  de La Habana, en febrero de este año,  llegó, con el sello de Ediciones  Loynaz  La palabra en el aire, de Dulce María Loynaz, nombre que insiste afortunadamente en perdurar, no apartarse de sus lectores, y tal vez crear nuevos lectores.

   Desde luego,  el trabajo de estudio y promoción del centro Hermanos Loynaz, con sede en la ciudad de Pinar del Río, ayuda a mantener en el aire, es decir, en la atención de los lectores,  a  la autora de Poemas sin nombre y de Un verano en Tenerife, nacida en La Habana en 1902 y fallecida en la misma ciudad en 1997. Leer la prosa de Dulce María  equivale a toparnos con la poetisa en líneas largas. Hay tantas delicadezas en la prosa de la novelista de Jardín.  Me parece que el lector resbala sobre la prosa de Dulce María. Resbala en el fluir arremansado, claro, contenido de lo que se puede llamar el estilo de Dulce María.

   En La palabra en el aire aparecen conferencias, ensayos, artículos y discursos. Incluso se hallan también páginas de memorias, esto es, páginas que evocan episodios del pasado, como el dedicado a Gabriela Mistral, o a Enrique Loynaz, hermano poeta de Dulce María.  !Cuánto! llegamos a saber de Gabriela Mistral, esa mujer fuerte, tan recia y compacta como los Andes, cuando Dulce María recuerda las jornadas que la poetisa de Tala pasó en la casa habanera de la Loynaz. Son pocas páginas, pero muy relevadora, porque Dulce María cargaba sus palabras de un sugerente profundo sentido, de modo que lo poco nos pareciera mucho.

   La palabra en el aire nos permitirá conocer  además los enfoques de Dulce María sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rafael Marquina, José de la Luz León, Julián del Casal, Regino Pedroso, escritores cubanos, de los siglos XIX y XX, y Delmira Agustini, poetisa uruguaya. Dispondremos, además, de los  sendos discursos que la autora de Juegos de Agua leyó  cuando le entregaron el premio nacional de literatura y el premio Cervantes.

   Vayamos, pues, a leer La palabra en el aire, con la certeza de que no será aire impuro  lo que leamos, ni paja que arderá ante nuestros ojos. Más bien en estas páginas iremos sobre el agua… Agua,  palabra recurrente en la obra  de Dulce María Loynaz: agua de la prosa fluida y mansa de la escritora que piensa y valora; agua dulce que limpia y sana como un milagro bíblico; agua cuya corriente nos lleva por parajes poco conocidos sobre la barca segura de la inteligencia y la sabiduría de esta poetisa en verso y en prosa: Dulce María Loynaz, gloria de Cuba, aunque ya el término gloria nos parezca raro. Pero Cuba,  tierra que  la poetisa prefería a cualquier otra tierra, la llama hija.  Dulce María Loynaz merece el  título. 

 

 Texto difundido el 6 de abril de 2016, en  el espacio Epigramas, de Radio Progreso, La Habana.