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PATRIA Y HUMANIDAD

RAÍCES EN EL BOLSILLO

 Por ENRIQUE MILANÉS LEÓN

 

SE supone que, al menos para el público, no deberíamos escribir de nuestros maestros, pero en el mundo de la sensibilidad, al menos en ese, la poesía manda todavía, así que de vez en cuando podemos elogiar la virtud entrañable y, ante la probable suspicacia de algún detractor del modelo o del alumno, echar mano al argumento salvador de que aun el segundo no ha aprendido la cauta lección de la prudencia.

Tal impulso me rondó tras beberme las Historias de bolsillo de Luis Sexto Sánchez(Editorial Pablo de la Torriente Brau), título marcado por el dilema de los buenos libros: el disfrute apura su lectura, pero nos precipita a un punto final que deja el deseo de zarpar en pos de otras estampas.

Rara mezcla la suya: con apellido de dinástico conquistador de historias y personalidad de sencillo cubano de a fe, Sexto rastrea y teje hebras interesantes en «pieles» del cuerpo identitario donde (otros) ilustres cronistas cubanos, anteriores y actuales, parecían haber esquilmado la lana de la singularidad insular.

Animado por la misión del escritor citada al inicio del libro, en frase de Antonio Soto Paz («no dejar perder las cosas»), Sexto sabe, dice y escribe que el cómo se cuenta un texto decide el salvamento de las cosas, un pensamiento coherente con un hombre que ha hecho del estilo periodístico su carrera en la carrera.

Justo en la primera línea de un prólogo capsular —en la cuerda de las historiasque introduce— el autor blasona de su condición de periodista y revela que el librole «surgió así», tras más de 40 años de conversaciones y cuidadosas lecturas, zapateando la Cuba verdadera con atento oído del mundo, en una época de meticulosa sordera.

Para mostrar trozos del alma nacional desde disímiles pasajes, el Premio Nacional de Periodismo José Martí pidió silencio al hombre de criterio que es y dejó al lector a solas con la anécdota. Acostumbrado a sensibilizarnos con su capacidad de análisis y con la belleza de su repertorio lexical, el maestro indiscutido de la crónica y el comentario cubanos entrega por 176 páginas esas «armas» y presenta 73 historias desnudas, de dos o tres páginas, sin ornamentos, mas conserva en el lance la fuerza de su verbo.

Así, inicia su paseo por la Cuba precolombina, nos sumerge en viñetas colonialesde cuando La Habana «mataba» la insalubridad… a cañonazo limpio, nos cuenta singulares pasajes eclesiales, bromas de antología, razonamientos hilarantes (¿cómo puede ser sabio Alejandro de Humboldt si no hace más que anotar y escuchar?), progresos terroríficos como la «escandalosa» velocidad del primer ferrocarril cubano, pasajes de cuando el machete mambí fue, por Cuba, finísima arma de duelo… pasando por embriagantes aventuras del ron y sus parientes, avatares de piratas, detalles del ingenio criollo y los criollos ingeniosos.

Además, se incluyen en el texto la estampa en que un amante en Santiago confunde el temblor de la ciudad con un orgasmo de su compañera de lecho, controversias espléndidas, largos silencios de hombres del batey, encuentros entre los héroes y el pueblo de la Revolución, y las quejas de una señora porque casi no puede vivir… con solo 118 años. Claro que no adelanto nada: recuerden la alcurnia del cómo, y el de Luis Sexto es más alto que el mío.

Historias de bolsillo se levanta sobre retazos, oídas, oraciones reconstruidas con devoción arqueológica, murmullos medio rulfianos… El autor no tiene reparos en admitir que aquí o allá el dato está incompleto o que alguna fuente fue sepultada bajo el polvo de mil versiones. Porque de eso se trata la leyenda; el lector tendrá que poner su línea en cada historia.

Estas viñetas enseñan, más nítidamente que cualquier otro de sus textos, el hábil manejo de la suspensión y la gran capacidad de humor de un hombre muy serio —con esa seriedad que tanto ayuda a Cuba aunque no quepa en los estereotipos del «cubano cubano»— que, tras larga escritura en prensa impresa, asume a diario, en Radio Progreso, un espacio de opinión sobre los grandes asuntos de Cuba que se inscribe entre los más altos ejercicios periodísticos de la actualidad nacional.

Luis Sexto sabe que el dilema de los titulares de prensa de hoy y los sueños del niño de mañana están conectados con las anécdotas del ayer. Es lo que dice, junto con él, el diseño en la portada de Historias de bolsillo: un árbol vigoroso enraizado en libro amarillento. Envueltos entre las páginas y las raíces, estamos todos los cubanos.

 

CUBA… PARA LOS CUBANOS

CUBA… PARA LOS CUBANOS

 

Por Patricio Zamorano,

desde Washington DC

Director Ejecutivo de http://www.InfoAmericas.info


Es extremadamente interesante el choque narrativo en lo político que ha tenido el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos estos últimos meses. La voz conservadora oficial de EEUU coincide en un punto central: “Estados Unidos ha cedido una enormidad en este acercamiento”, “Cuba no ha cedido en nada”, etc. Desde el análisis progresista, es obvio el efecto espejo: “Cuba ha demostrado un triunfo diplomático de proporciones”, “ha entrando en negociaciones de igual a igual contra el antiguo agresor”, etc.

No hay sorpresas en la encrucijada de estas ideas. El punto de inflexión “tercerista” me lo dio un amigo argentino, que no quiso ir a ver el izamiento de la bandera este último 20 de julio de 2015 en el histórico inmueble en calle 16 de Washington DC. “Cuba ha cedido demasiado a Estados Unidos. ¿Para qué darle tanta ventaja política a Obama? ¿Qué ha hecho Obama para terminar el embargo y devolver Guantánamo?”, me dijo sombrío. Para él todo este proceso es un regalo innecesario con un precio demasiado barato por todo el daño que EEUU ha provocado en más de 50 años de embargo.


UNA FOTO QUE SIRVE A TODOS

 

Entonces, la casi onírica foto entre el presidente Raúl Castro y Obama en el Palacio de la Revolución les sirve a ambos. A Raúl, le otorga un enorme triunfo, pues en ese gesto Obama legitimó sólidamente el régimen político e institucional de Cuba, lo validó, lo convirtió en interlocutor, lo saco de la caverna reservada a los “parias” enemigos de Estados Unidos. Y lo dijo el propio Obama en suelo cubano, con todas sus letras: “Cuba no es una amenaza para Estados Unidos”. Por supuesto, todos ya sabíamos eso. Solo el establishment conservador de EEUU con el trasnoche lleno de lagañas de la Guerra Fría aún consideraba a Cuba en un pedestal de “enemigo”. Lo que no decía en público la Administración de Obama lo decían sin embargo en privado sus funcionarios en los cafés de networking alrededor de Pensilvania Ave, bordeando la Casa Blanca.



MARTÍ NO DEJARÁ DE SER MARTÍ

Sorprende en todo caso que los cubanos hayan permitido a Obama ir a rendirle honores a Martí en su propio memorial. El mismo héroe legendario, cuya estatua señala dura con su dedo extendido a la Embajada de EEUU en el Malecón, escribió con urgencia clarificadora que "los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos". El cálculo de los asesores de Obama es preciso: con ese gesto, con la frase respetuosa que escribió en el libro de visitas del memorial, con haber traído a su esposa y a sus hijas, haberse paseado por la Habana Vieja bajo la lluvia torrentosa de su llegada (¿mensaje esotérico de la historia?), Obama avanza entre los moderados de la isla, se gana las simpatías de millones, no hay duda. Pero este es el presidente que al mismo tiempo deporta a una cifra record de más de 2 millones de indocumentados, pero no al tristemente célebre terrorista Luis Posada Carriles, quien luego de derrumbar un avión lleno de cubanos en 1976 vive una jubilación soñada en Miami (aunque un poco molesto con la cena de los Obama en un paladar de la Habana Vieja).

Y en todo este ruido mediático, vuelven las palabras de Martí cuando señalaba en una carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber (…) de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso [en contra] de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia. (…) Viví en el monstruo y le conozco las entrañas".


Otro punto a favor de Obama es que disfruta de un lugar reservado en la historia, como el presidente que cumplió la promesa hecha en un abismantemente lejos 2007, de visitar Cuba “sin precondiciones”, lo que le causó ácidos ataques de “ingenuidad” de la derecho republicana y… de la propia Hillary Clinton. Y Obama quedó en paz tras estas horas paseando por el Malecón: pudo centrar sus críticas en el tema de los derechos humanos, pudo criticar la democracia cubana, pudo reunirse con la minoría disidente. Misión cumplida.


LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

Y LA CUBA IDEALIZADA

 

Pero hay un cuarto pie del análisis, el tema central de la izquierda más comprometida con la historia de la Revolución Cubana, un grito silencioso que emana directamente de la epopeya de la Sierra Maestra. Esto más allá de la incomodidad de muchos progresistas por la forma en que Obama fue recibido en la Cuba de Fidel (¿incluido el propio Fidel…?). ¿Qué pasará con la Revolución tras las reformas económicas que se lanzaron hace un lustro? Porque hay que analizar la posición de Obama no en lo que dice, sino que en lo que no dice. Nótese su énfasis en los temas políticos. Nótese su énfasis en los temas ideológicos, institucionales, de los derechos cívicos. Pero al mismo tiempo nótese su “ausente” énfasis en el tema económico. Obama no ha reconocido ampliamente el enorme avance de reformas que se parecen felizmente a lo que es EL punto central del “deber ser” estadounidense: el comercio, el emprendimiento empresarial, el consumismo. La numerosísima comitiva que acompañó a Obama está compuesta por muchos empresarios, y previo al mismo Obama no fue el canciller John Kerry u otra autoridad política quien aterrizó en La Habana para avanzar en el reencuentro entre los países en reuniones de alto perfil: fue la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker. Es decir, Obama ha abandonado la ruta política para abrazar la ruta comercial y sacar el mayor provecho del contacto “pueblo a pueblo” que provocarán los turistas estadounidenses.

 
LAS VERDADERA RAZÓN DE EEUU: LA ECONÓMICA,

NO LA POLÍTICA

 

Lo que no se dice, es que todo este acercamiento se debe justamente a las reformas económicas que está implementando Cuba. Son tan importantes, son tan revolucionarias para la propia Revolución, que Obama las ha valorado tanto como para iniciar la reconstrucción de relaciones diplomáticas. El análisis a mi juicio es claro: 50 años de política de agresión no han servido para nada. Lo prueba incluso la increíble odisea (una segunda campaña de la Sierra Maestra), que protagonizó el pueblo cubano durante los noventa, cuando en el periodo especial el hambre lo era todo, junto a las convicciones. Si la caída brutal de la economía solventada por la ex Unión Soviética como cliente gigantesco no doblegó ni al gobierno ni a los cubanos, menos lo iban a hacer las agresiones del embargo estadounidense. Entonces la estrategia ha cambiado radicalmente. Obama pasa ahora a la estrategia económica, intentando aprovechar el espacio que ha creado el propio gobierno cubano. Por eso llenó la comitiva de emprendedores y empresarios, por eso liberalizó las tarjetas de crédito de EEUU, permitió la semana pasada que las empresas establezcan oficinas directamente en Habana, liberalizó como nunca antes el envío de remesas y donaciones, y amplió hasta lo máximo posible sin llamarlo “turismo”, las licencias de viaje para los ciudadanos estadounidenses.


REFORMAS REVOLUCIONARIAS

POST-REVOLUCIÓN

 

Obama acepta plenamente, entonces, que quienes hablan de falta de cambios o reformas en Cuba están profundamente equivocados. Para recordar lo radical de muchos de estos cambios en progreso: disminución del volumen de trabajadores que dependen de puestos del Estado, para transferirlos al sector privado, de varios cientos de miles; creación de un sistema tributario, sectorial, que recolecte desde la iniciativa privada; unificación de las dos monedas que conviven actualmente en Cuba, y que garantiza un sector amplio subsidiado para los cubamos más pobres; nueva ley de inversión extranjera, que amplía y facilita el flujo de capitales; ampliación de una gran variedad de licencias para el trabajo por “cuenta propia” (los famosos “cuentapropistas”). Obama sabe todo esto. Pero como lo dicta una regla sabia del pueblo, “¿cuándo no es pascuas en diciembre?”

Los que hemos ido a Cuba estos últimos años sabemos los efectos de estas reformas. Cuando visité la isla en 2013 las cuadras que rodeaban la esquina central de 23 y G en el Vedado eran solitarias. Muy pocos lugares para comer, muy pocos servicios. En el último viaje en 2015 pude ver con sorpresa el nacimiento casi mágico de varios restaurantes, locales de reparación de celulares, pizzerías, bares… Todos matizaban una avenida llena de vida comercial. Los dueños, casi todos jóvenes. Una pareja joven de retornados de Miami me muestran entusiasmados la vieja casona que vi derruida un año antes, y que ahora se viste de modernidad para un bar de estilo.

 

TURISMO: ¿AUTORIZADO?

 

El Departamento de Estado está activamente alentando a instituciones culturales y académicas, deportivas y profesionales, de comenzar en masa el éxodo a Cuba. No lo puede llamar abiertamente “turismo”, pues las leyes del embargo están plenamente vigentes, pero el cambio de política es claro: basta con ir ahora solo, no en delegación, y apelar a una de las múltiples categorías de licencia autorizadas. Lo que la administración de Obama no ha dicho, es que este proceso lleva años activo. En los tres viajes académicos que he hecho a la isla desde 2013, nunca ningún policía de aduanas me ha preguntado absolutamente nada sobre la licencia utilizada para viajar a la isla, mi agenda de actividades, los institutos de la Universidad de la Habana visitados, las clases impartidas. El énfasis fue, el primer año, sobre la presencia o no de habanos o ron en mi equipaje… Y el año pasado se amplió a varios cientos de dólares el margen autorizado de compra de productos cubanos. En rigor, la frontera está normalizada hace mucho tiempo, sin declararlo vox populi, y Obama ha desarrollado magistralmente un acercamiento gradual que rinde ahora sus frutos, cuando puede pisar La Habana sin que el Congreso se lo prohíba, y con los Marco Rubio, los Menéndez, los Cruz y los Trump sin ninguna fuerza política para negarse. En ese sentido, el gobierno de Obama ha escuchado las amplias voces en los pasillos del lobby que insistían con ironía que si los republicanos realmente quisieran cambiar Cuba, deberían eliminar el embargo, y meter cientos de miles de turistas con cámaras automáticas, piel blanca mal quemada por las playas de Varadero, cerveza fácil y cargados de dólares.

La porfía de los republicanos respecto del embargo ha provocado un efecto curioso: Cuba está implementando reformas que crean en lo concreto un sector privado autónomo, sin la presión política ni económica que cientos de miles de estadounidenses podrían hacer incontrolable. El embargo ha sido, por tanto, la mejor protección al ritmo de las reformas.

 

AL PUEBLO, LO QUE ES DEL PUEBLO

 

En resumen, ¿ha abandonado Estados Unidos su política de agresión contra el gobierno de Cuba, finalmente legitimando a sus representantes, los Castro? ¿Ha iniciado Cuba aperturas de reforma económica que abrirán un mercado privado interno? Hasta hace poco tiempo la respuesta a estas preguntas era obvia. Pero en este momento, estas preguntas no tienen sentido.

En los tres viajes que he hecho a la isla acudí, especialmente la primera, con un prejuicio enorme. Realicé sondeos lo más amplios posibles sobre el tema de las reformas económicas. Me entrevisté con periodistas, artistas y profesores. Con gente de la calle, ex ministros, economistas y trovadores. Iba a sondear el disenso, la inconformidad dividida con el cambio en algunas áreas importantes del modelo socialista. Pero no encontré ninguna voz que criticara el avance de las reformas. Ni una.

Es claro que estas reformas cuentan con el apoyo de los cubanos. No puedo imaginarme una conciliación mayor que esa. Existen otros grupos de intelectuales independientes que, sin identificarse directamente con la disidencia anti-castrista y pro-EEUU, quieren también mayor avance en lo político. Desean cambios en la estructura de representatividad legislativa, y desean iniciar el debate sobre el multipartidismo. Yo diría que es una discusión demasiada cargada de complejidad en el actual contexto. No cabe duda que las reformas económicas devendrán en ajustes del sistema político. ¿En qué grado? Si Cuba quiere esos cambios institucionales, si son funcionales al modelo social que viene luchando por preservar por tantos años, entonces la respuesta es más que obvia: será la propia cubanía, los propios cubanos serán quienes tomarán esa decisión. El que Estados Unidos pretenda intervenir irá exactamente en contra de la “libertad” que le desea constantemente al pueblo cubano. Y es eso un punto fundamental de esta historia, una diferencia de prisma radicalmente distinto entre Estados Unidos y América Latina. EEUU identifica “libertad y democracia” con aquello que emule a su propio sistema político, bajo la ilusión de que es “estándar” para el resto de los pueblos del planeta. Es producto, sin duda, de la distorsión de la doctrina del “excepcionalismo”, que tanto daño ha hecho a tantos países y pueblos, y de la exacerbación de los valores del mercado. En ese sentido “libertad”, en boca de EEUU, no es sólo libertad política. Es también libertad económica, la concepción de ciudadanía sobre la base de la capacidad de consumo, que construye el carácter individual del sujeto social, que lo hace competir en un mercado de las habilidades y del acaparamiento de capital. Cualquier cosa que huela a colectivismo (y el candidato social-demócrata Bernie Sanders lo sabe perfectamente), está condenado al fracaso. Incluso la salud, la educación, la vivienda: bajo las premisas valóricas estadounidenses, todos estos son factores del gran mercado de la competencia, y no derechos fundamentales del ser humano.



LA GRAN PAJA EN EL PROPIO OJO

 

Como señalaba antes, el ajuste del modelo económico en Cuba es el verdadero cambio radical, el área que Obama no reconoce en público, que avanza minuto a minuto en silencio. Nuevamente, el presidente de Estados Unidos mantendrá sus reclamos sobre el tema del cambio institucional, y el de los derechos humanos. Que EEUU insista en eso, es realmente indefendible.


Es cierto que el gobierno cubano restringe la capacidad de operación de la marginal oposición cubana cercana a Estados Unidos. Y es cierto que arresta a las Damas de Blanco en sus actos de desobediencia civil. Pero un país como Estados Unidos, que gravísimamente ejerce la tortura, que mantiene a presos en Guantánamo sin juicio, sin defensa secreta, sin condenas, pudriéndose en un limbo legal y territorial exasperante; que ha matado a miles de civiles inocentes con los extraterritoriales y letales drones; que ha ayudado a diezmar de la faz de la tierra a miles de dirigentes de izquierda masacrados por dictaduras de derecha afines, que intervino directamente en guerras civiles en El Salvador y Nicaragua, y un largo etcétera. No puede pretender realmente ser serio en denunciar violaciones a los derechos humanos en terceros países. No cuando tiene la mayor población carcelaria del mundo, desproporcionadamente de origen afro-estadounidense. No cuando mueren cada semana jóvenes y adultos negros reprimidos por las fuerzas policiales. Cuando desgarra a miles de familias cada mes a través de deportaciones arbitrarias de inmigrantes. Cuando se niega a ratificar las instancias de derecho internacional que pondrían límite a los crímenes de guerra de sus soldados. Cuando ha invadido o bombardeado ya decenas de países, sin que ni Naciones Unidas ni el Papa ni nadie logren contrarrestar tanta violencia militar. Y con la complicidad de los medios de comunicación que cubren el planeta sin darle urgencia al tema de la brutalidad castrense de las tropas estadounidenses. La verdad, Estados Unidos tiene un récord de derechos humanos aberrante, pero eso no ha frenado que siga vigente el ideario simbólico del “excepcionalismo estadounidense” que tanto gusta en Washington.

Detrás del ruido de la politización del tema de los derechos humanos que ejercerá Estados Unidos de ahora en adelante en el nuevo espacio político abierto voluntariamente por el gobierno cubano en la isla, queda una pregunta esencial. ¿Qué quieren los cubanos? Esa pregunta es para los cubanos. No compete tampoco a la izquierda latinoamericana que sueña con mantener el heroísmo de la revolución en un pedestal congelado y virtuoso (¿quién no añora la genialidad de los héroes?), y cuando la social-democracia se ejerce ampliamente (para bien o para mal) en toda América Latina excepto en Cuba. No compete tampoco a la derecha anticomunista de Estados Unidos, rabiosa por que esta “islita” de 11 millones de habitantes esté comandando una apertura sin responder a amenazas, sin coerción, sin presiones externas.


Aunque Cuba esté implementando reformas económicas que rompan con el modelo comunista puro que ha sobrevivido como una reliquia por más de cinco décadas, lo está haciendo por las necesidades de su población, y por que se le viene en gana. He ahí la derrota del colonialismo incrustado en la denuncia martiana sobre el imperialismo. Después de lustros y lustros de historia desde el fatídico día lluvioso en que Martí vertió su sangre por la independencia de su isla amada, Cuba sigue de pie…
¿Y Cuba, entonces?

Bueno… Cuba, para los cubanos…

ACTITUD EXPECTANTE

ACTITUD EXPECTANTE

Luis Sexto

Ante la visión atiborrante de una mesa sueca,  dudas qué comer, comes y al final te quedas posiblemente sin haber probado lo más sabroso, aunque no fuera, a simple ojeada de comilón, lo más apetitoso. Pero, abusando del nombre de la mesa, te haces el sueco y olvidas lo que dejaste sin comer para recordar lo comido.

Y si miráramos hacia nuestros campos, qué recordaremos: lo sembrado o lo que está por sembrarse; lo comido o lo que necesitamos comer. Conocidas las últimas estadísticas, que remiten a un descenso en las cosechas, tendremos que proseguir anhelando lo que está por sembrarse y por tanto por recogerse.

Ahora bien, esa actitud expectante no puede generar el  conformismo. Bajan las cifras, y hemos de intentar explicarnos las causas, aunque de primera intención parezcan inexplicables.  Inexplicables, aunque tengan explicación. Porque al área activa se añadieron más de 900 mil hectáreas de tierras ociosas, y los efectos calculados en conjunto se escurren como tierra trasformada en arena.

¿Acaso el mercado no tiene apetito? ¿O qué falta en las tierras de las cuales hemos esperado tanto: acaso escasean las  ganas de trabajar, o los recursos,  o la autonomía para  establecer dónde, cómo y qué producir?

Posiblemente  haya de todo en estas cuentas que parecen sumarse  como si se restaran.  En el fondo, opera una condicionante por defecto de índole cultural. No tendré espacio para echar hacia atrás y destapar las relaciones que los criollos manutuvieron con la tierra, explotada hasta casi finales del siglo XIX con mano esclava. Después, predominó la propiedad latifundaria que hallaba sentido y riqueza en lo extenso de sus cañaverales. Y el pequeño agricultor malvivía bajo las limitaciones y los miedos condicionados por la geofagia, cuyo reloj marcaba la supresión de las estancias, las vegas o de las tierras realengas. En esos años de capitalismo dependiente, Cuba importaba el 63 por ciento de los granos que consumía. También, la papa.

Tampoco  bastaron los tiempos de las empresas agropecuarias  de propiedad estatal –extensas y de seguro empleo y salario-, ni las cooperativas, ni el campesinado redimido por la Revolución, para convencernos de que en nuestro país hemos de inclinarnos sobre la tierra, a falta de exuberantes minas de oro o de petróleo. Y uno aprecia en  los últimos cincuenta años un crecimiento de la histórica escisión entre el cubano y la tierra. Lo prueban encuestas que durante la década de 1990 configuraban una verdad: en municipios agrícolas, sólo el uno por ciento de la población, o el do, o el cuatro laboraban en el campo cuando la escasez de alimentos no se podía reducir con las compras en el mercado externo.

Precisando, la herencia del pasado y su devaluación del trabajo agrícola todavía atenúan, a mi modo de ver, la percepción de las urgencias alimentarias y económicas de nuestra sociedad. Entre los productores, la conciencia del peligro quizás no sea tan hiriente como para azuzar la certeza de que del trabajo agropecuario depende hoy nuestra existencia de pueblo independiente y organizado sobre el lecho de la justicia.

Pero esa mirada con que la tierra -y válgame la imagen- se juzga entre impresiones e imprecisiones como cantero de jardín y no como madre nutricia de la sociedad, también se articula en la tozudez de un control que se cree imprescindible e inobjetable. Basada en cartas, entrevistas y observaciones, mi experiencia confirma que a pesar del estímulo del vigente decreto ley 300, y del 259 que lo antecedió, aún las fuerzas productivas continúan sometidas a directrices, y a veces a arbitraria distribución de los insumos, que les entorpecen la autonomía desde jefaturas de cooperativas y dirigencias municipales. Súmele a esas formas de desestimular, la escasez de inversiones en maquinarias y fertilizantes.

Habremos, por tanto, de tener en cuenta que la tierra, el corral y los potreros  no necesitan de celos fiscalizadores que inflen una atmósfera de ilegalidad y restrinjan las invitaciones de la legalidad. ¿Llegaremos todos a aceptar que nuestra agricultura requiere menos reproches por sus incumplimientos y más  preguntas colectivas por las causas de las insuficiencias; más confianza que desconfianza, más diálogo constructivo que silencios reprobadores, y mejores acopio y mercado,  y menos frutos podridos a orillas del camino, y pagos más rápidos para avivar el sentido y la productividad del trabajo?  Requiere, sobre todo, que la cultivemos inteligentemente. Porque el agro se enrique con la ciencia y la técnica. Tal vez, algunos custodios de la disciplina  deban  compartir sus giras por la campiña con asesores que enseñen a emplear las fórmulas promovidas en laboratorios e instituciones de investigación.

Lo sé. Las explicaciones no se comen. Pero, como la papa, cuando abunda, ayudan a comer.

 

YA NO ESTÁ UMBERTO, QUEDA SU ECO

YA NO ESTÁ UMBERTO, QUEDA SU  ECO

 

El 19 de febrero tendrá desde ahora un nuevo significado en el decursar de los años. Murió Umberto Eco. Nacido Alejandría el 5 de enero de 1932, sobresalió como intelectual, escritor, semiólogo y filósofo. Ejerció  notable influencia en su país y el extranjero.

Entre sus obras maestras, destaca El nombre de la rosa (1980), un éxito de ventas ambientado en el siglo XIV, que narra la investigación que realizan fray Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk alrededor de una misteriosa serie de crímenes que ocurren en una abadía. Ocho años después publicó El péndulo de Foucalt, también una de sus mejores títulos que narra la historia de tres intelectuales que inventan un supuesto plan de los templarios para dominar el mundo.

Fue un criticó del l mal periodismo. En uno de sus últimos títulos, Número cero, abordó los misterios que rodearon la muerte el dictador italiano Benito Mussolini. En esta novela realizó una feroz e irónica crítica al mal periodismo, la mentira y la manipulación de la historia.

 Si criticaba al mal periodismo, era defensor del oficio. Siempre fue fiel a la convicción de que el periodismo es el oficio necesario en sociedades que pretenden ser democráticas. Por eso, ante la debacle que han tenido los medios impresos con la llegada del formato digital, Eco aseguraba: "Una de las alternativas que se abren para los diarios es profundizar en las noticias y generar un debate sobre ellas. Hegel dijo que la lectura de los diarios por la mañana eran el rezo matutino del hombre moderno, pero no sé si mi nieto querrá rezar de esa manera", precisó Eco.

 A juicio de Eco, "los nuevos medios de expresión que han surgido a lo largo de la historia no han matado a los anteriores". Así, ni el cine terminó con el teatro ni la televisión obligó a desaparecer a la radio.

 El libro, sus propios libros, también sufrieron la llegada de Internet. Eco no apoyaba el invento de Gutenberg por razones nostálgicas, sino por variados argumentos que desgranaba en su libro No esperéis libraros de los libros."Si tuviera que dejar un mensaje de futuro para la humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico", afirmaba Eco para la prensa italiana. "He visitado la Biblioteca Nacional y he visto libros que tienen 500 años de antigüedad y manuscritos de hace mil años. Ahora bien, no sabemos cuánto puede durar un disquete de ordenador. Los llamados discos flexibles han muerto antes de agotar su capacidad de almacenamiento de datos", comentaba.

"Desconocemos todavía la dimensión del fenómeno de Internet. Pero en un libro o en una obra de teatro sabemos quién es el autor o la tendencia ideológica, mientras que Internet se presta a una especie de mermelada comunicativa en la que todos hablan igual, como sucedió con las emisoras de radio hace unos años".

En una entrevista publicada por del diario turinés La Stamp, afirmó queLos enemigos de los libros son "principalmente los hombres, que los queman, los censuran, los encierran en bibliotecas inaccesibles y condenan a muerte a quienes los han escrito. Y no, como se cree, Internet u otras diabluras", afirmó.

Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2000, Eco además de ser conocido por novelas como La isla del día antesBaudolino o La misteriosa llama de la reina Loana, a lo largo de su vida profesional también fue responsable de numerosos ensayos sobre semiótica, estética medieval, lingüística y filosofía.

Nombrado por la Mesa del Consejo de la UNESCO (1992), miembro de su Foro de Sabios, junto a otros intelectuales es miembro de la Academia Universal de Culturas, Eco fue nombrado Doctor “honoris causa” por más de 25 universidades de todo el mundo, entre ellas, la Complutense de Madrid, Tel Aviv, Atenas, Varsovia y Berlín.

 Legión de Honor de Francia desde 1993 y premio austríaco de Literatura Europea por toda su obra en 2004, en Salzburgo, en sus últimos años de vida compaginó su actividad académica y literaria con conferencias, coloquios, debates y colaboraciones en los medios de comunicación.

Con datos fundamentales tomados de El PortalVoz

@elportalvoz

LUIS SEXTO: “SOY SOLO UN HOMBRE QUE CUENTA LO QUE HA DESCUBIERTO”

LUIS SEXTO: “SOY SOLO UN HOMBRE QUE CUENTA LO QUE HA DESCUBIERTO”

Por Maykel Paneque

 

La Editorial Pablo de la Torriente, que abrió el programa literario del Pabellón Cuba, subsede de la 25 Feria Internacional del Libro de La Habana, logró repletar el Salón de Mayo con la presentación del libro Historias de bolsillo, del periodista Luis Sexto (Villa Clara, 1945).

Se trata de un volumen de relatos, anécdotas y crónicas de un observador persistente y sagaz que hace un alarde certero de cómo el periodismo logra sabotearle a la literatura sus recursos para elevarse, dijo José Alejandro Rodríguez en las palabras de presentación.

Con una destreza difícil de alcanzar, Luis Sexto ha escrito estos relatos trepidantes de emoción basándose en la famosa técnica del iceberg, propuesta por Hemingway, donde logra sugerir más de lo que dice.

En esta joya escrita con maestría las crónicas nos remiten a rasgos de cubanía e idiosincrasia donde su autor ha sabido reconstruir, desde la ficción, curiosidades pocos conocidas de personajes y hechos significativos de una historia nacional que abarca más de cuatro siglos, subrayó Alejandro Rodríguez. El también corresponsal del diario Juventud Rebelde resaltó la capacidad de Sexto para superarse así mismo, quien ha ejercido el periodismo de investigación por más de cuatro décadas con hondura y sensibilidad, por lo que “puede llamársele sin exageración uno de los grandes periodistas cubanos de todos los tiempos”. Libro que resiste varias lecturas prometedoras, donde se entrelazan drama y humor, ironía y sarcasmo, azar, misterio y enigmas. Estas crónicas ejemplares, que contienen una verdad universal, respiran libres de cualquier sensacionalismo ramplón, acotó.

Por su parte, Luis Sexto confesó que escribir, más que un acto ocasional, ha sido la razón de su vida. “Me llevó cuatro años terminar Historias de bolsillo, pero eso ya no cuenta, este libro estará en sus manos desde hoy, lo que cuenta es lo que escribiré mañana. Lo que intenté en estas crónicas, relatos o viñetas, como se les llame, fue encerrar el mundo en cincuenta líneas, un desafío que me hace feliz porque soy solo un referencista, un hombre que cuenta lo que ha descubierto, una persona que no cree haber llegado a parte alguna, todo lo contrario, se empecina por empezar cada día”.

Luis Sexto, Premio Nacional José Martí 2009 por la obra de la vida, ha publicado por la Editorial Pablo de la Torriente, entre otros, los títulos El cabo de las mil visiones; Periodismo y literatura, el arte de las alianzas; Asunto de opinión y Con luz en la ventana.

 

LA FERIA DEL LIBRO EN EL PABELLÓN CUBA

LA FERIA  DEL LIBRO EN EL PABELLÓN CUBA

 

La editorial Pablo, de la UPEC, abre presentaciones

Por Jorge Gorgoy Crespo

 

La Editorial Pablo de la Torriente, de la Upec, comenzó a poner a disposición del público sus novedades que estarán presentes en la XXV Feria Internacional del Libro de La Habana, cuya inauguración oficial tuvo lugar este jueves.

Entre los presentadores y presentados, en esta oportunidad, prestigiaron al Pabellón Cuba, sede de este primer evento ferial, los Premios Nacionales de Periodismo José Alejandro Rodríguez y Luis Sexto. El primero tuvo a su cargo la tarea, según él, nada fácil, de presentar el libro Historias de bolsillo, obra de su también laureado colega.

Un libro que, al decir del presentador, vindica la palabra y el alto vuelo del periodismo cubano a pesar de sus máculas y detractores. “La historia de este país necesita salirse de las cláusulas y las frías exposiciones, el libro es una joya porque está escrito con maestría, busca hechos reales y los mezcla con la ficción”, aseguró Pepe Alejandro.

En 41 anécdotas, leyendas o relatos, el autor nos ofrece un recorrido por la historia de Cuba, desde antes de la llegada de Colón, para continuar viaje a lo largo de cuatro siglos donde, según Luis Sexto, “solo cuento lo que he descubierto, no lo juzgo”.

Al establecer un diálogo con los presentes el autor contó que demoró casi cuatro años en terminar su libro, al tiempo que llevaba de la mano otros proyectos, porque todo tiene una interrelación, “nada es descoyuntado, todo tiene un ciclo”.

 

La tarde de este primer día de la Feria la Editorial Pablo también presentó el volumen Caballeros andantes, del periodista Luis Hernández Serrano, hombre que según Ricardo Ronquillo, presentador del libro, debe medirse “no de los pies a la cabeza, sino de la cabeza al cielo”.

Es que Hernández Serrano, afirmó Ronquillo, sigue persiguiendo la noticia. El poeta, como el periodista, no tienen tiempo, no se jactan nunca de lo que hacen y este es un hombre de los que aportó mucho al ejercicio del periodismo cubano.

El Pabellón Cuba, fue escenario también de la presentación de cinco libros de historietas editados por la Pablo. Entre ellos “Contar con Arte”, una antología de historietas y el libro “Juan Delgado, un relámpago a caballo”, donde se narran las peripecias de ese intrépido mambí, cuando trasladó los cadáveres de Antonio Maceo y Panchito Gómez Toro, hasta que les logró dar sepultura.

Entre las novedades presentadas estaban la nueva historieta “Kukuy el Güije en Yola, la precuela”; “Hongos, un mudo diferente”, y “El mundo de los Dinosaurios” libros para colorear y aprender, otra historieta para niños es “Wankarani, el robot asesino” y la versión del libro de Jack London “El Mexicano”.

A partir de este viernes y hasta el próximo 21 de febrero La Habana será referente de la producción editorial y la lectura, pues múltiples instalaciones acogerán presentaciones de libros y diferentes actividades culturales.

 

En la foto, José Alejandro Rodríguez (izq); a la der. Luis Sexto, autor del libro Historias de bolsillo.

LOS DESAFÍOS DE LA CREACIÓN LITERARIA

LOS DESAFÍOS DE LA CREACIÓN LITERARIA

 

Entrevista con  Enrique Cirules

Por Enrique Pérez Díaz 

Cubarte

Hace unos 30 años conocí a Enrique Cirules. Todavía yo estudiaba Periodismo y el azar nos hizo cercanos y al instante quedé subyugado por la palabra contagiosa de este hombre que me hablaba de sus investigaciones con la emoción de un testigo ocular de cada hecho por él relatado y el entusiasmo de un eterno adolescente amante de las aventuras sin fin. Este hombre alto, de mirada soñadora y con un verbo ágil, enseguida me llevó a los escenarios de pescadores y contrabandistas, de luchadores contra el fascismo en Europa, de la mafia en la Cuba de los años 50 que yo no conocí y, sobre todo, al mundo mítico de un Ernest Hemingway, cuya lectura puede marcar a cualquiera, sobre todo a aquellos que un día se afanan en el oficio de contar historias. Muchos años después, cuando aún yo soñaba con leer Las nieves y el sol, un proyecto de libro del que también me habló con gran entusiasmo, el azar volvió a reunirme con mi tocayo Cirules en las oficinas de Gente Nueva, cuando siempre con un original bajo el brazo, se presentaba optimista con similar vehemencia y pasión a las de un escritor adolescente. Este diálogo es el resultado de aquellos encuentros y mi deseo de reconocer la perseverancia con que Enrique Cirules siempre ha deseado ser leído y aceptado por los adolescentes y jóvenes.

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una literatura? o simplemente ¿Literatura para personas?

Para mí la literatura es una manera de comunicar, de ofrecer conocimientos, y develar secretos, emociones, sentimientos; de acercar historias fascinantes a los lectores, con sus pasiones, alegrías, esperanzas, ilusiones y nostalgias. Es, además, la máxima expresión del asombro, del deslumbramiento, de la maravilla humana. El instrumento que utilizo para desencadenar intercambios de experiencias. El acto que fija en la memoria el rastro de los acontecimientos. Es decir, la palabra escrita como huella de lo uno y lo diverso, en el complejo y extraordinario comportamiento humano, en el total devenir de la existencia.

Por eso disfruto igual con un cuento infantil, una fabulación para adolescentes, las aventuras que encantan a los jóvenes, como con la lectura de una afamada novela, un exquisito ensayo o una complicada investigación histórica, si estas poseen la capacidad persuasiva de hacerme pensar, reflexionar, sumergirme en un universo de revelaciones.

¿Qué piensas de la infancia?

Es una maravillosa etapa de la existencia humana. Época de formación, de aprendizaje, de raíces y sueños. La infancia nos marca recuerdos, anhelos. Es parte del misterio que nos acompaña, en el después...

¿En tu concepto los niños leen hoy día más o menos que antes?

No tengo datos precisos; pero sí el conocimiento del escenario cubano. Este es un fenómeno que actualmente se comporta de manera desigual, y tiene mucho que ver con la actitud de la familia, con criterios y valoraciones de la cultura, de su importancia para conquistar una vida feliz, de éxito. En el pasado —al menos en mi pasado— era una realidad muy generalizada la ausencia de libros. Era corriente el analfabetismo, y muchos firmaban con la huella del pulgar. La inexistencia de bibliotecas, incluso de escuelas, justifica aquella realidad pasada; pero actualmente existe un segmento de personas adultas, en relación con nuestros niños y jóvenes, que desdeñan la lectura, en un país sembrado de escuelas, y eso es algo inadmisible.

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niños?

Tu pregunta es un tanto compleja, porque está en la misma esencia de la actividad del escritor. Los libros, en primer orden, si de niños y jóvenes se trata, deben poseer un especial encanto y fascinación, y mucho poder persuasivo; pero esto sólo se logra con un lenguaje adecuado y una estructura narrativa muy precisa. En la construcción de las historias tiene mucha importancia la forma y el lenguaje, o dicho de otro modo: contenido y continente. El estilo, la manera que el escritor elige para trasmitir el mensaje literario. Este es uno de los grandes desafíos, parte de los misterios de la creación literaria.

¿Eres tú parecido a alguno de los personajes de tu obra?

Ciertos críticos, siempre atentos, han reparado en mi predilección por determinados temas. Unos dicen que soy el escritor que más personajes norteamericanos ha incorporado a la literatura cubana; y algunos me definen como un escritor de la otredad. En realidad, he canibaleado muy poco mis experiencias personales, el entorno de mi formación, de mi época. Me sorprende la agudeza de tu pregunta, y la respondo de manera ambigua: con un sí y con un no. Hasta ahora no creo haber construido un personaje estrictamente coincidente con mi personalidad. Lo que sí está presente en alguno de mis personajes, es mi manera de soñar, de apreciar lo circundante y sus desafíos. La creación literaria es uno de los procesos más complejos de la mente humana; y persiste en mí una voluntad de construir libros que me gustaría leer, y que todavía no he encontrado.

¿Cómo concibes idealmente a un autor para jóvenes?

Veamos, un escritor para niños, en primer término, debe ser capaz de tener, entre sus mejores amigos, a los niños. Debe aprender a oírlos, a estudiarlos, a disfrutar de su extraordinaria capacidad imaginativa. El escritor que aspire a transitar ese desafío debe aprender de los niños y de la naturaleza. La sabia naturaleza: el rumor de un río, el silencio del monte, del bosque, de la selva, el misterio del mar, la inocencia y encanto de ciertos animales. Tengo muchas anécdotas vividas, experiencias personales, he sostenido diálogos con niños y gatos, he tenido por amigo a perros y caballos, a gorriones y torcazas, he conocido de delfines, he sido amigo también de ciertos “locos”, y he sostenido con ellos conversaciones de “sordos”, y me he podido asomar a ese increíble universo de la imaginación, del delirio, de la total inocencia de algunos seres, y he presenciado esa secreta y misteriosa relación que es capaz de sostener un niño con ciertos animales: gatos, perros, caballos, aves…! Pero sobre todo, he podido comprobar el enorme poder imaginativo de los niños, con sus sueños, ilusiones, inquietudes, interrogantes, que contribuyen en mucho a nutrir la visión de cualquier escritor. No hay que olvidar que, en literatura, la obra se construye primero en la imaginación, antes de que se concrete con el fascinante universo de la palabra escrita. Quién no se sienta motivado por estos misterios o trate de acercarse a esos misterios, difícilmente podrá construir una verdadera obra de arte para niños. Eso es algo de muy difícil realización. Esto lo afirma alguien que, precisamente, no escribe para niños; sino que su escritura está dirigida a los adolescentes; y en especial, hacia los jóvenes.

¿Reconoces influencias de autores clásicos o contemporáneos?

Sin dudas las hay. Ya que, desde luego, en la medida en que uno toma conciencia de que el camino que ha elegido, que se ha trazado, es el de la literatura, se convierte en un voraz lector. Pero ocurre que, al mismo tiempo, uno trata de alejarse cada vez más de lo que pudiera ser la influencia directa de otro autor. Es algo que, sin embargo, no siempre se puede lograr. En esto, los lectores –y en especial los críticos– tienen un olfato más despierto que el propio escritor.

¿Cuáles fueron tus lecturas de pequeño?

Muy pobres. En el paraje donde nací no había libros para niños. Las escuelas eran pocas y muy endebles. Pero esas ausencias eran suplidas en el entorno familiar con lo que suele llamarse la literatura oral. Lo narrado, lo contado, lo comunicado: las historias orales. En mi caso, de manera casi mágica, entré en contacto con la memoria oral de mi comarca: historias de naufragios, de navegantes, de piratas y aventureros, de las brujas de la Gran Canaria, de los desafíos de la caballería mambisa, con las huestes de Gómez cuando ocupó la villa de San Fernando de Nuevitas en 1874. De esa manera, durante los primeros diez años de mi existencia, toda esa realidad se me reveló. Después, cuando el viejo Antonio me compró los veinte tomos de El Tesoro de la Juventud, comenzaron días, semanas, meses, de una gran fiesta del espíritu. Luego las lecturas se convirtieron en una vorágine: revistas, periódicos, textos de física, de química, de arqueología, de historia universal y nacional. Cualquier libro que tuviera al alcance, incluyendo los comics. Recuerdo que una ocasión leí de un tirón toda una colección de viejos libros de medicina, como si realmente estuviera leyendo una colección de novelas.

¿Cómo insertas tu obra dentro del panorama actual de la llamada literatura juvenil de nuestro país?

En realidad, sólo trato de escribir libros que sean del interés, del encanto, de los jóvenes lectores. Libros que ofrezcan alguna fascinación o develen algún misterio, alguna experiencia, una fabulación que, de alguna manera, enriquezcan el inquietante universo de los jóvenes y los adolescentes. Los libros que a mí me gustaría leer, para mi deleite, de las múltiples realidades que conocí, que aprendí, en mi extraordinaria comarca, en los primeros veinte años de mi existencia.

¿Qué tributos morales debe portar consigo un buen libro infantil?

En primer lugar, el tributo de la sinceridad, de la honestidad, de los más nobles valores humanos: La fidelidad, el amor, la admiración por su historia. El enfrentamiento entre el bien y el mal. El sentido de la solidaridad, tal y como lo definió el Ché: que en el espíritu de los niños y los jóvenes crezca esa pasión de sentir como suya cualquier injusticia que se comenta en cualquier parte del mundo.

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

Algo clave, ahora muy difícil de lograr, con los sucesivos editores el autor tiene que enfrentarse a diferentes criterios, apreciaciones y gustos, y cada nuevo libro está expuesto a diversos modos de edición. Me refiero a ciertos editores que muestran la terquedad de realizar ediciones tal y como a ellos les hubiera gustado escribir los libros. Me refiero al estilo, a la adjetivación, a veces a la puntuación..., a la facturación de la obra literaria. Cada autor, tiene –o intenta– tener su propio estilo, su propia manera de comunicar y un buen editor es aquel que sea capaz de estimular las coordenadas en las que se mueve un autor, con el fin de que el autor logre afilar cada vez más su instrumento de comunicación. Pero ya esa magistral relación que fue capaz de establecer Max Perkins (para citar un ejemplo) con los escritores Thomas Wolfe, Scott Fitzgerald o Hemingway, ha desaparecido.

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio ¿cuáles escogerías? ¿Algunos de los que has escrito?

Pregunta difícil de aceptar, con los miles de libros que uno ha leído. Digo esto, porque textos de los llamados menores, han sembrado muchos recuerdos, añoranzas; y hay libros a los que uno vuelve una y otra vez. Ocurre que, en entrevistas, en declaraciones, sobre este asunto, a veces se contesta de manera retórica, y repite temas, libros, autores. Es una cadena. Pero construir un orden que sea honrado, es bien difícil, en este complicado salvamento al que me obligas. De cualquier modo, lo intentaré: Hamlet, de William Shakespeare; La educación sentimental de Flaubert. De ser posible con una colección de sus cartas. Las primeras dos terceras partes de La guerra y la paz, de Tolstoi. Cecilia Valdés, de Villaverde. Cirilo es el único novelista cubano que ha sido capaz de crear un mito: la mulata Cecilia, que ha iluminado también la música, el teatro, las artes plásticas, etc. El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. El polvo y el oro, de Julio Travieso. El pequeño príncipe, de Antoine de Saint-Exupèry. La expansión territorial de los Estados Unidos, de Ramiro Guerra. El conde de Montecristi, de Alejandro Dumas. París era una fiesta, de Ernest Hemingway. Y como insistes, tiraré dentro de la mochila un ejemplar de El imperio de La Habana y otro de Conversación con el último norteamericano.

Hay una zona de tu literatura que linda con lo testimonial y que sin embargo, puede ser de gran interés para los jóvenes. ¿Podrías hablar de esta relación?

Esta es una pregunta que me tomaría mucho espacio contestar, y tiene mucho que ver con la relación que se establece entre la cultura, la historia y la literatura. Lo que ocurre es que, generalmente, los autores no hablan de los procesos preliminares para la escritura de un libro, digamos de una novela, tal y como lo proclamaba Hemingway, cuando se refería al estudio de una realidad, que implica la investigación sobre el tema. En este sentido, las investigaciones que realizaba Flaubert para la escritura de cualquiera de sus novelas, resultan paradigmáticas. De igual forma, actuaba Tolstoi, Balzac, y casi todos los célebres.

¿Cuál es tu libro más entrañable?

El próximo. El que estoy por escribir.

¿En qué proyectos trabajas ahora?

En varios, pero se trata de palomas volando, de las que prefiero no hablar ahora.

 

 Notas

 Enrique Cirules. Nació en Nuevitas, Camagüey, en 1938. Escritor, ensayista y periodista. Ha publicado: Los perseguidos, cuentos. Editorial Arte y Literatura, 1972 (Premio Concurso 26 de Julio de la Dirección Política del MINFAR); Conversación con el último norteamericano (novela sin ficción), Editorial Letras Cubanas, 1973 (Premio Concurso 26 de Julio de la Dirección Política del MINFAR); En la corriente impetuosa (cuentos), Editorial Letras Cubanas, 1978; La otra guerra (cuentos), Editorial Letras Cubanas, 1979. (Finalista del Premio Casa de las Américas); El corredor de caballos (cuentos), Editorial Letras Cubanas, 1980; La saga de La Gloria City (novela), Editorial UNION, 1983; Los guardafronteras (relatos) Editorial UNION, 1983; Extraña lluvia en la tormenta (novela), Editorial UNION, 1988; Bluefield (novela), Editorial Letras Cubanas, 1988 (Premio del Concurso 26 de Julio de la Dirección Política del MINFAR); El imperio de La Habana (ensayo), Editorial Casa de las Américas, 1993 (Premio Casa de las Américas, y Premio de la Crítica); Luces sobre el canal (cuentos), Editorial UNION, 1998; Hemingway en la cayería de Romano (ensayo literario), Editorial José Martí, 1999, (Mención en el Casa de las Américas); La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana; Editorial Ciencias Sociales, 2004; Santa Clara santa (Novela) Editorial Letras Cubanas, 2006; Hemingway, los otros y yo (ensayos), Editorial Extramuros, 2012; El último viaje del Spring Coral (relatos), Editorial Gente Nueva, 2013 Hemingway: ese desconocido (ensayo) (Mención Casa de las Américas, 2013) y El amor y la furia, Editorial Gente Nueva, 2015.

Enrique Pérez Díaz (La Habana, 1958) Escritor, periodista, crítico, investigador y editor. Ha ganado diversos premios como La Edad de Oro, Pinos Nuevos, Ismaelillo, Abril, Premios Especial Abril 2001Romance de la niña mala por el conjunto de su obra para niños, Premio Aniversario del Triunfo de la Revolución del MININT y La Rosa Blanca de la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC y su Premio Especial por Mejor Texto en el 2002, categoría de finalista del EDEBE de España y Mención Especial del Premio Iberoamericano para Leer el XXI, del IBBY(2001), por sus libros de cuentos y novelas para niños, que discurren en el mundo de hoy y sus temas candentes, aunque apuestan por la fantasía, la ilusión. Posee la Distinción por la Cultural Nacional, La Orden Félix Elmuza y es Vanguardia Nacional del sindicato de Trabajadores de la Cultura. En 1997 su proyecto de investigación y ensayo Presencia femenina en la narrativa infantil y juvenil cubana mereció el Premio Razón de Ser.

Entre otros, ha publicado, Inventarse un amigo, Minicuentos de hadas, El último deseo, Sombras del circo, La sombra y su árbol, El niño que conversaba con la mar, La gran fiesta de los bichos, El (des) concierto de los gatos, Mensajes, País de unicornios, Monstruosi, El payaso que no hacía reír, ¿Se jubilan las hadas?, Minino y Micifuz son grandes amigos, Las Cartas de Alain, la serie policíaca de los Pelusos y Escuelita de los horrores, Las golondrinas son como el mar, El fanstama soñador y la princesa, entre otras, por editoriales cubanas y Anaya, Ediciones SM, EDEBE, Santillana, etc. También es autor de numerosas selecciones y antologías sobre literatura cubana y extranjera. Su obra se estudia en programas escolares de Estados Unidos, España, Argentina, México, Martinica y República Dominicana y está traducida al inglés, portugués, japonés, alemán, euskera e italiano.

Presidió desde 1993 hasta el 2008 la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC y es miembro del Comité Cubano del IBBY. Sus artículos y ensayos sobre literatura para niños han aparecido en diarios y revistas como Revolución y Cultura, Unión, Ámbito, Perfiles, Cauce, Chinchila, Casa de las Américas, Temas, Upsalón, SIC, El mar y la montaña, La Gaceta de Cuba, En julio como en enero (Cuba), Amigos del libro, Peonza, Acción Educativa y Alacena (España), Revista Latinoamericana de Literatura para niños y Hojas de Lectura (Colombia), La Mancha e Imaginaria (Argentina), Vagón literario (Alfaguara de México) y Bookbird (Revista del IBBY Mundial), de la cual es el Editor Asociado por Cuba. Ha viajado por el Caribe, América y Europa impartiendo conferencias o como cuentacuentos y en 1998 su proyecto de investigación sobre los Premios Hans Christian Andersen le mereció una Beca en la Internationale Jugendbibliothek de Munich, Alemania. Actualmente dirige la Editorial Gente Nueva.

 

LA VUELTA

LA VUELTA

  Luis Sexto

 Algunos comentaristas sueñan que la ruta ciclística entre Guantánamo y La Habana, sea el embrión que rescate las vueltas a Cuba. Para evocar el desaparecido giro nacional,  reproduzco el prólogo que escribí para el libro titulado  La Vuelta es Cuba*, de Joel García León, hoy uno de los cronistas deportivos más sobresalientes en Cuba

 

Nunca gané una Vuelta. Paradójicamente la Vuelta me ganó, otorgándome  el premio de la emotividad y su tributo permanente: la nostalgia.  He terminado de leer este libro, y mi corazón ha viajado a rueda de la memoria y la añoranza. ¡La Vuelta! ¿Habrá alguien que habiendo participado en ella, dentro o fuera del pelotón, haya podido olvidar esas jornadas cuando nos parecía que un nuevo hombre se formaba con el barro distinto del polvo y el sudor?

En las páginas que siguen se verá que ninguno de los protagonistas de este entrañable guión ciclístico ha logrado borrar la cicatriz de la Vuelta. Porque, como en el poema famoso de Amado Nervo dedicado a su amada, “quien la vio no la pudo jamás olvidar”.  Y ahora este libro de Joel García nos la resucita vital, cierta, creadoramente. Y lo primero de cuanto podría decir sobre la obra, se refiere a su clasificación genérica. Me parece que los mejores libros son esos que carecen de la ductilidad que facilite introducirlos en un casillero. Y por tanto aquí cada lector encontrará lo que más lo apremia o le satisface. Desde el dato estadístico y la valoración técnica o periodística, hasta la confesión inédita, la intrahistoria, el dato nunca sabido del cúmulo de pasiones humanas que surgen y se pulen en una vuelta ciclística.

Yo me reencontré, al leerlo, con una de las etapas más fecundas de mi vocación periodística. Cubriendo la Vuelta, siendo testigo y a veces víctima de las insolencias e inclemencias del camino y las provocaciones de la meta lejana, experimenté hace 30 años el privilegio de ejercer el periodismo. Lo supe desde el primer momento. No tuve que esperar la aparición de las cenizas o el reposo de las aguas para apreciar nítidamente cuánto me transformo la Vuelta en mis conceptos profesionales. Y si poco después de haber cubierto el giro de 1976, abandoné el sector deportivo con el propósito de adscribirme a otros temas, cada vez que la Vuelta repetía su ciclo mi corazón de enamorado experimentaba el desgarramiento. Así debe pasarnos a todos. Y menciono en particular a Elio Menéndez, uno de los parteros de la Vuelta Ciclística a Cuba, de quien aprendí mis primeros términos en la ruta.

La Vuelta es una de las tantas cristalizaciones perdurables del INDER. Su inauguración en 1964 ayudó a masificar el ciclismo y a convertir el espectáculo deportivo en una fiesta de cultura. Cuando los trabajadores de la zafra armaron por primera vez un arco con sus machetes a orillas de la carretera para que los ciclistas gozaran del triunfo de competir, y los habitantes de pueblos y caseríos se aglomeraron en las aceras con sus  pañuelos en el aire, la Vuelta empezaba a gestar un público respetuoso y querencioso de la gloria deportiva, bajo cuya influencia revolucionaria Cuba se hacía mejor sociedad.

Joel García, periodista de 29 años, nos reproduce en este libro las primeras 30 ediciones del giro nacional. Pero, como ya he insinuado,  no asume la postura del compilador que pone nombres, tiempos y fechas. Trasciende esa mínima, aunque necesaria, función. Y junto con todo el andamiaje estadístico, onomástico y cronológico, nos delinea en un estilo restallante, vívido, rápido como la bicicleta de Pipián Martínez o  Locomotora Vázquez, la profundidad humana de la épica de la Vuelta. Predomina en el autor el gusto por una síntesis que se afinca en el detalle más revelador. Y las páginas, más que resúmenes, son crónicas noveladas que a la vez que informan, recrean el ambiente geográfico y psicológico de la carrera con un tino de estirpe romántica.  De la Vuelta no se puede escribir sino así: mojando las teclas en la sensibilidad. Y para ello hay que estar enamorado. Joel García –que escribe su libro con la misma edad con que yo cubrí mi primera Vuelta- también fue seducido. Él, al igual que ruteros, directivos y periodistas, se percató que le habían dado acceso a un hecho único. Y no ha tardado en regalar a su novia el anillo que afianza un compromiso, una pasión.

La Vuelta cuenta con un corto prólogo. Una carrera que calienta las piernas. Y este prólogo -cuya encomienda, ante la ausencia de otros con mayores méritos, me honra- ha de ser también breve. Termino de escribir. Y mi corazón pedalea jadeante tras el pelotón que se estira y se pierde en la ignota incertidumbre del que hace camino al andar,  y que aunque no sea el Líder, el ganador, sabe que habrá ganado siempre el fuego y el placer de la aventura, la promesa, el tesón. Y la nostalgia. 

Corta es la vida, larga es la cola de la Vuelta. 

 

 

*Ed. Deportes, La Habana, 2005