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PATRIA Y HUMANIDAD

EL ECO DE LAS PIEDRAS

EL ECO DE LAS PIEDRAS

Por Luis Sexto

Estamos en el poblado de Baracoa, lindando con El Salado un poco más allá de Jaimanitas. El sol rebota en el suelo de piedra caliza con el picante candor de la media mañana. Más allá, manigua sobre piedra y, al fondo, el mar, que con un ronquido calmo se recuesta sobre los arrecifes del litoral.

La cantera es pequeña. Apenas seis hombres horadan, pican y desprenden bloques que los quintuplican en volumen y los superan  en estatura. Martillos y barrenas neumáticas picotean el cuero de la tierra hasta desprender el retazo previamente marcado. Una grúa baja luego sus aparejos. Alza a aquel jimagua de témpano polar, y lo amontona fuera del hoyo donde antes, quizás varios meses o años antes, se compactaban decenas de bloques... Nada extraordinario, en fin. 

 Sin embargo, estamos en una cantera única.

 Piedra es piedra. La llamada de Jaimanitas algo más: una piedra célebre que usted oye nombrar cuando le hablan de que aquel edificio, ese monumento fueron construidos con piedras de Jaimanitas. Y ante términos tan claros uno estima que puede imaginarla, conocerla. Y supone que es una piedra especial, propia de esa playa del litoral noroncidental de la ciudad de La Habana. Y uno se equivoca. A medias.

 En Jaimanitas ya no hay piedras, al menos en ese sitio ya no existen canteras. Y, a pesar de ello, los arquitectos e ingenieros de la construcción prosiguen invocándolas, empleándolas. Porque la piedra de Jaimanitas es originaria de ahí mismo... y no lo es. También puede verse, tocarse, sacarse en otras zonas del país.

CIUDAD EMPEDRADA

Las rocas inscribieron una persistente incidencia en la fundación y expansión de la Habana. Palacios, iglesias, fortalezas se erigieron con piedras, Varias canteras cercaban la incipiente villa, muy próximas al núcleo primigenio. La calle Lagunas, cuentan ciertos cronistas, adquirió ese nombre porque en sus predios hubo una cantera y el agua colmaba varias depresiones que la excavación provocó. Y más al oeste surgieron las de San Lázaro, donde el adolescente José Martí purgó sus primeros impulsos patrióticos. Por los horrores que sufrió y vio sufrir en otros, las llamó el cementerio de San Lázaro. Físicamente las describió así: “... Extenso espacio de ciento y más varas de profundidad. Fórmanla elevados y numerosos montones ya de piedras de distintas clases; ya de cocó, ya de cal...”

Canteras hubo en el barrio de El Cerro. Y en el de El Vedado, cuando había dejado de ser eso: vedado, porque en el siglo XVI un acuerdo del Cabildo vedó  el paso por caminos y trillos y prohibió el cultivo de la tierra y la crianza de ganado en esa franja de monte que por la costa hacia occidente llegaba hasta La Chorrera. Así pretendían evitar los habaneros de entonces que piratas y corsarios los sorprendieran por tierra.

Las canteras, mientras se alargaban las ambiciones de espacio de la ciudad, fueron alejándose. La última, dicen, abrió sus cuencas en la actual intersección de Quinta Avenida y calle 84. Y después saltó muy largo: a Jaimanitas. Tal vez en el siglo XIX. La playa, ubicada en la desembocadura del río de igual nombre, ganó por mucho tiempo predilección entre los bañistas. El caserío, en 1862, apuntaba solo 67 habitantes.

LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN

  En una época, el dueño donaba su nombre a la cantera que le pertenecía; también el lugar cedía su crédito. Ocurrió con la de Jaimanitas, que le regaló incluso su apelativo a la piedra. Piedras así, con la misma composición geológica, hay en toda la costa norte de Cuba. Las canteras de La Habana prestaron rocas parecidas para edificar el Castillo de los Tres Reyes del Morro, la iglesia Catedral, el Palacio de los Capitanes Generales... Pero si ello es verdad, no redondea toda la verdad.

Porque resulta que la piedra de Jaimanitas se refiere también a un toque, un distintivo, una marca de calidad. Precisamente, desde esa playa hasta El Mariel, según estudios geológicos, asoman su blancura los más reputados yacimientos de la piedra. El resto carece de esa distinción. La Corporación de Mármoles Cubanos intentó explotar canteras en la provincia de Granma, pero los resultados surgieron con el signo de menos; la piedra es allí sumamente porosa.

Jaimanitas equivale, pues, a un sello. Y por esa causa, el único centro de elaboración radica en Santa Fe, cerca del lugar que bautizó a la roca. Los bloques de un metro y tantos centímetros de alto y fondo llegan en camiones desde la cantera de Baracoa, a unos nueve kilómetros, y una máquina italiana computadorizada los divide en láminas de hasta un mínimo de dos centímetros de espesor, y luego se transforman en losas, entre otras medidas, de 20 por 40, ó 40 por 40, ó 40 por 60 centímetros. Setenta y cinco trabajadores, entre ellos l7 mujeres, participan del proceso en la planta y  la cantera.

Ahora hay un auge. Aunque ya no se emplea como piedra sillar, la de Jaimanitas se utiliza abundantemente como revestimiento de exteriores. Bella en su impresión cromática entre lo blanco y lo amarillo, sustituye la pintura; permeable por su ajustada porosidad, absorbe la humedad, pero la transpira, la expulsa, y de ese modo protege la edificación de agentes corrosivos. Hoteles como el Meliá Cohíba en la capital, y en Varadero, Camagüey, Holguín adoptaron o proyectan asumir el esplendor de esta roca.  Y al pasar frente a la Biblioteca Nacional, el Palacio de la Revolución y otros edificios, el transeúnte se percata que se  revistieron con ella.

En partidas incluso mínimas, va a Canadá, Venezuela, República Dominicana, Panamá, Argentina, islas Caicos... Es superior, incluso, a sus similares de  canteras de Colombia y La Florida. En una plancha de dos centímetros de espesor, usted casi nunca halla un hueco pasante.

Como todas las rocas del planeta, la piedra de Jaimanitas esconde millones de años de gestación. Es una piedra sedimentaria. Los geólogos la clasifican como caliza organógena. Y componen sus ingredientes: arena, caracoles, conchas y otros restos fósiles. Tres variedades la diferencian: la arenisca, con predominio, como se aprecia en el nombre, de arena; la conchífera, y la coralina, la más dura y frágil a la vez. Y como la naturaleza no se divide, ni se compartimenta, todas se combinan en un mismo bloque, aunque la mezcla no las empareja.

(Este reportaje fue escrito en el año 2001)

 

 

MÁS VALE SER MEDIOCRE QUE IGNORANTE

MÁS VALE SER MEDIOCRE QUE IGNORANTE

Por Fray Antorcha

 

Nuestro colaborador, desde Miami, responde a un comentario del Sr. Fabián Pacheco Casanova, también residente en La Florida,  y que insertó en el artículo titulado No es lo mismo terrorismo que comunismo, firmado por Fray Antorcha en esta misma página

   

La mediocridad no se cubre con nada –sencillamente, se es mediocre o no se es--, y el socialismo, como fase primera del comunismo no necesita de mantos ni justificaciones. Necesita de hombres, que estén dispuestos a compartir con el prójimo el pan nuestro de cada día. Pero más vale ser mediocre que ignorante.

      El primero, tiene la capacidad reducida de plasmar en el papel lo que sus neuronas le indican. El segundo ni siquiera piensa. Escribe o dice lo que piensan otros. O sea, es un frustrado intelectual, en este caso político.

     Por lo tanto no me llamo defensor de  una DOCTRINA PERDIDA. Está tan perdida, que los pueblos latinoamericanos se unen cada día más en torno a ideas socialistas, si bien no nominadas como tal, sí con la misma esencia de esa doctrina.

        ¿Acaso no sabe lo que esta ocurriendo en Venezuela, Bolivia, Argentina, Ecuador, Chile con sus definiciones y en Guatemala, El Salvador, entre otros con sus ofertas de cambios que apuntan hacia la distribución equitativa de las riquezas? Eso al final, es parte de un mismo sistema.

        Por otro lado, el muro de Berlín no lo mandaron a levantar Stalin o Lenin. Fue indirectamente Hitler, en el ocaso de su locura por crear su soñada raza aria, libre de impurezas. Envenenó y dividió a un mismo pueblo mediante su guerra de conquista que terminó en la derrota de Alemania. Lo demás es historia conocida que me ahorro: dos Alemanias resultante del triunfo aliado; dos visiones del mundo y una hostilidad permanente.

   Habría, sin embargo, que haber compartido con los alemanes de un lado o del otro (como tuve el honor de hacerlo), para saber cuánto anhelaban unirse sin importar diferencias políticas. Porque “los problemas de los alemanes –como me dijo en cierta ocasión una muchacha en la antigua capital de la Republica Democrática Alemana-- solo podemos resolverlos los mismos alemanes”. Tenía razón, lo definieron ellos mismos, como lo harán los cubanos de la Isla, no los del exilio.

        Y en cuanto a “esos que llegan”, ninguno tiene un verdadero nombre. Tuvieron siempre un pseudónimo para no ser reconocido por los que antes fueron objetivo de sus investigaciones. Ahora tienen uno solo: traidorcillos baratos, a quienes no les importan justamente ni las familias que dejaron atrás porque para estos siempre fue “todo para mí, para mí y para mí. Y si algo queda, para mí también.

              Y si algo puedo aclararle bien, es que pese a sus inmerecidos elogios de frío y calculador,  no existe para mi nada más agradable que poder responderle con la verdad a cada una de sus frases vacías, y viciadas  de un odio irreparable.

              A Pablo lo decapitaron pero no cedió en sus empeños, cierto. Y hablando sobre la historia de Adán y Eva, nos dejó saber que lo mismo que a través de un hombre (Adán) “la muerte reinó como resultado del delito de un solo hombre”, aquellos declarados libres de culpa reinarán en la nueva vida mediante un solo hombre: Jesucristo.

         La historia se repite en Cuba, donde gobierna un hombre no elegido de Dios, pero sí por un pueblo declarado libre de todo sistema opresor, como el capitalismo.

      Me gustaría, de todo corazón, que en Cuba se efectuaran las tan cacareadas “elecciones libres”, supervisadas por la ONU, por observadores de otros países y hasta por seres extraterrestres, para darme el lujo de ver al menos el  90% de los cubanos –repito, de la Isla--, votando de nuevo por el mismo gobierno, tal vez con alguno que otro pequeño cambio, los lógicos que el pueblo pida y considere. Y que de seguro, no llevarán a las boletas electorales a los muertos, como se hacía en los gobiernos anteriores a 1959 y a alcaldes corruptos, ladrones, borrachos e inmorales, como muchos de Miami, sobre todo. Y casi todos, de origen cubano.

      La mitología azteca es muy rica al igual que todas las culturas del mundo, pero lo que se destaca son sus sacrificios, que aterrorizaron a los conquistadores españoles, y estos en consecuencia masacraron a los indios, justificando la muerte masiva causada por la conquista europea  con la muerte ritual en los sacrificios. Pese a todo, el Imperio Azteca fue un estado que floreció en el siglo XIV en Mesoamérica y que  impuso con astucia su jerarquía sobre sus aliados y extendieron sus dominios hasta las costas de México y el Pacífico.

       Hay tanto de que hablar del Imperio Azteca; sin embargo nada justifica  que en México se produzcan hoy 400 decapitaciones en un sólo mes, sin tener que ofrecer las doncellas a sus dioses, precisamente. En cambio en Cuba, nadie ha encontrado todavía a ningún decapitado o mutilado en alguna calle de la Isla, aunque algún asesinato halla como en cualquier sociedad humana, pero esas y otras monstruosidades que proliferan en el mundo de capitalismo, no son parte de la cotidianidad en Cuba.  

Y por supuesto, señor,  está justificado también su desatino mental. Cómo deberán estar sus neuronas después de tanto aguardiente español con el negro Soasnabar.?.   Te guste o no, para tu desgracia la antorcha seguirá encendida, dándole fuego a todo lo que pretenda interrumpir su paso por la historia, como sucedió en México. Y ojalá vivas hasta ese tiempo para que lo observes con tus propios ojos. Ya veo que tu frustración viene de cuando Aureliano Sánchez Arango te daba de desayuno tu galletita con guayaba y un jarro de chocolate caliente…

        

      

 

        

 

NUEVAS PREGUNTAS DEL DIARIO FOLHA DE SAO PAULO A LUIS SEXTO

Por Flavia Marreiro

18 de abril de 2009

Acabo de ver que el noticiero del medio día del sábado en Cuba ha transmitido las declaraciones de Obama sobre un "nuevo comienzo" con Cuba. ¿Cuál es la repercusión en la isla?

LS) Al parecer, los cubanos aprecian, en primer término, que el presidente Obama emplea un lenguaje distinto al de sus predecesores. Y aprecian también  que Cuba, hasta ahora, no está siendo utilizada como elemento de política electoral.  Frases como "nuevo comienzo", incluso la admisión -formulada por Hilary Clinton- del fracaso de la política tradicionalmente usada contra Cuba,  implican al menos una expectativa, un propósito que se aparta de las intenciones de las administraciones anteriores, que comenzaban sus períodos hablando "más de lo mismo" en el tono prepotente de siempre. Al menos, puedo creer que  el pueblo cubano presta una mesurada atención al nuevo lenguaje y a los nuevos hechos, teniendo en cuenta también  que algunos ciudadanos pueden ser mucho más optimistas y ver más claramente el inicio de una época caracterizada por la distensión. Yo, en lo particular, no soy tan optimista. Obama es él y su circunstancia política como presidente de los Estados Unidos y por tanto me refugió en cierto audaz escepticismo.

 La impresión es que estamos viendo en intercambio más caluroso de declaraciones en décadas entre Washington y la Habana. ?Estoy en lo correcto?

 LS) En efecto, Obama ha sido más cuidadoso en sus referencias a Cuba; ha dado incluso los pasos que prometió a sus electores de origen cubano, como la eliminación de las restricciones para viajar a Cuba desde los Estados Unidos, y alguna medida más. El Gobierno de Cuba, a su vez, ha dicho que está dispuesto a conversar con los Estados Unidos sobre cualquier tema, pero en estricto plano de igualdad, es decir, no de potencia a país pequeño; no de país dominante a país dominado. Pero, como se sabe, desde el año 2007 Raúl Castro expresó esa disposición del gobierno cubano, y luego la repitió dos veces, y ahora la ha reiterado.

 Cuál podría ser el próximo paso de ese acercamiento? Poner fin al dinero para iniciativas como la TV Martí? Y por el lado cubano? Por el exilio moderado hay una exigencia para que Raúl actue también en el sentido concreto del acercamiento, con la suavización de las normas migratorias internas, tema que apareció en los debates promovidos por Raúl en la isla. Cual es su opinión?

 LS) Mi criterio es que Obama se anotaría un punto en su credibilidad con respecto a Cuba, si empezara a desmantelar el aparato financiero que mantiene la actividad contrarrevolucionaria en el llamado exilio de Miami y Madrid. Por supuesto, el anticastrismo existe allí porque los fondos federales lo han convertido en una industria que ha enriquecido a muchos llamados líderes democráticos. Yo aseguro que lo menos que desean muchos cubanos que hablan o piensan en inglés y comen en inglés y desean tener un epitafio en inglés, es derrocar al gobierno revolucionario,  porque al hacerlo se quedarían sin los abultados presupuestos al calor de los cuales han medrado. Ese, en suma, podía ser un próximo buen paso, si las cautelas electorales y releccionistas del Partido Demócrata no se pliegan, a su vez, a las presiones de los cubanoamericanos. 

Ahora bien, me parece que Cuba no ve un probable y mutuo acercamiento con los Estados Unidos, como un asunto de recibir y dar algo a cambio. Es necesario tener en cuenta que Cuba, celosa de su soberanía e independencia, no permitirá que su política interna sea una moneda de cambio: hago si tú haces; te agrado si tú me agradas. En esos términos, creo, que ningún intento de acercamiento prosperará. La soberanía y la autodeterminación no están, según mi enfoque, en la mesa de negociaciones del lado cubano. Lo juzgo así porque de otra manera equivaldría a deponer las armas. Una cosa es que el gobierno y los cubanos estimen necesarias readecuaciones en sus estructuras económicas y políticas y otra que acepten que un país vecino, por fuerte y ancho que sea, las exija a cambio de mejores relaciones. Aceptar esas presiones, aparte de calificarlas de intromisión en asuntos internos, me parece, que sería para el gobierno cubano como traicionar las banderas fundamentales de los últimos 50 años. La revolución peleó principalmente por conquistar la independencia de Cuba, limitada por la dependencia neocolonial de los Estados Unidos que databa de 1902, desde el inicio de la república luego de terminada la guerra de independencia contra España.

Incluso, el diferendo con los Estados Unidos va mucho más atrás, hasta 1805, cuando la entonces naciente potencia del Norte, vio en la Isla de Cuba una de las presas de su geopolítica. Algunos cubanos quisieron anexar a Cuba al gran país de Norteamérica, pero el patriotismo antianexionista siempre estuvo vigente, encabezado por hombres extraordinarios: el Padre Félix Varela, hoy Siervo de Dios en el proceso de canonización de la Iglesia Católica Romana, pero siervo de la patria desde mucho antes porque fue el primer predicador y teórico contra la anexión o la dependencia de los Estados Unidos; después, José Martí, que dijo que todo cuando hacía por la independencia de Cuba era para impedir que los Estados Unidos cayeran sobre América Latina con Cuba dominada. Y en la última mitad del siglo XX, Fidel Castro les devolvió a los cubanos el sueño de la independencia que habían perdido. Todos estos antecedentes son necesarios para entender el diferendo con los Estados Unidos y su aparentemente posible superación.

Finalmente, he de aclarar que las limitaciones migratorias en Cuba -que cada vez son menos y que muchos, entre ellos este periodista, quisieran verlas eliminadas totalmente- tienen un origen: la manipulación que los Estados Unidos han hecho de la emigración, convirtiéndola en un arma política contra la revolución. La ley de ajuste cubano, que prácticamente les da a los cubanos el derecho a entrar ilegalmente en territorio norteamericano es la expresión más cabalmente inhumana del uso político de la emigración por parte de Washington, porque ha estimulado el secuestro de naves y las travesías en frágiles embarcaciones por el estrecho de La Florida. Cuba solo se ha defendido en ese campo como en otros.

 Hay los que dicen que la liberación de los viajes y el acercamiento en si mismo es un reto para el gobierno cubano, por la presiones internas que pueda despertar. Qué piensa usted?   Se espera que ese acercamiento pueda ayudar Cuba a poner en mejor ritmo las reformas anunciadas por Raúl para salir de la paradoja del "equilibrio precario" al que usted una vez se rewfereía en Juventud Rebelde?

 LS) Cuba, su gobierno y su pueblo ha venido enfrentando el reto que implica la hostilidad de los Estados Unidos. El bloqueo ha sido el mayor desafío: sobrevivir como sociedad y nación socialistas con una potencia hostil a 90 millas de distancia, una potencia que dicta leyes de bloqueo con fuerza extraterritorial, limitando también a terceros países. Un bloqueo que obliga a recorrer miles de kilómetros para comprar arroz, por ejemplo. Y que no digan que Estados Unidos, con Bush, abrió el mercado a Cuba. Lo que Cuba les compra desde hace unos años a los productores norteamericanos no es todo cuanto Cuba necesita, y, sobre todo, es un mercado de una sola dirección: Cuba no les puede vender, ni recibir créditos y debe pagar por adelantado lo que adquiere en los Estados Unidos. Tal vez las noticias no se difundan con ese contenido, pero esa es la norma vigente.

Por lo demás, Cuba tendrá que asumir sus desafíos internos, es decir, mejorar el socialismo, hacerlo más eficiente, desarrollar sus fuerzas productivas, ampliar aún más el ejercicio de su democracia; Cuba tendrá que hacerlo con los Estados Unidos como país vecino o como país enemigo. No creo que se pueda condicionar las transformaciones internas, ya impostergables, a las relaciones con los Estados Unidos. El equilibrio precario del cual hablé un día en Juventud Rebelde y también en este mismo diario brasileño, tendrá que reforzarse desde adentro y para ello habrá que aceptar todos los desafíos: internos y externos. Porque a lo único que Cuba no podría apostar es a desaparecer como nación independiente y como proyecto de un socialismo que garantice el bienestar y la libertad. Claro, el mejor ámbito para mejorar el socialismo es la paz, porque permitiría concentrar adentro todos los esfuerzos .

 

LA GEOMETRÍA MÁS CORTA

LA GEOMETRÍA MÁS CORTA

Por Luis Sexto

Preocupada admirablemente por las cuartillas que esperan la opresión de mis dedos, mi mujer entra a veces en la sala y me pregunta puntillosa: ¿Conversando, eh? Estoy, en efecto, conversando con algún amigo a cuya confianza no le parece intromisión, ni grosería, el reproche conyugal.

 Los tres sonreímos. Luego voy a responderle, y pienso que antes pudiera recitar un álbum de conceptos sobre la conversación para explicar mi actitud de aparente derrochador del tiempo. Porque cuanto más vivo más creo que si Robinson Crusoe no hubiera hallado a Viernes, él mismo lo habría inventado trasfundiéndole la vitamina del movimiento a una estatua de arena. Lo imagino, aún sin compañía, en un día cualquiera de su soledad náufraga e isleña, sentándose frente a las pencas cabizbajas de un cocotero para iniciar un diálogo monologado, como un sordo ante otro sordo. El propio Daniel Defoe se percató de que, sin un compañero, el novelesco paladín de la autosuficiencia hubiera resultado antipático por inhumano.

Veamos un expediente más conmovedor. El monje  trapense Thomas Merton y el Dalai Lama iban a entrevistarse en la capital de Tailandia cuando el contemplativo norteamericano se electrocutó al oprimir el interruptor de un ventilador en su habitación de hotel. Un periodista español, de nombre ahora olvidado, quiso imaginar el encuentro como el diálogo de dos hombres que nunca hablaban. ¿Qué tendrían que decirse el monje cristiano, hermano Lois en el monasterio de Gesetmany, Kentucky,  y el líder budista del Tibet? 

Quizás no halla conversación más intensa que la de dos hombres que suelen hablar dentro de sí. Antonio Machado confesó conversar con el hombre que lo acompañaba interiormente, en una alteridad, en un eco, que duplica el monólogo en la imagen de sí mismo. Conversación intensa y extensa de dos mudos que callan hasta el día en que la garganta acorta el deslumbramiento de unas palabras ante la verbosidad de otras palabras. Y por tanto no hay términos más ajustados, ni precisos, que los que surgen del develamiento y la evaluación interna del silencio. Porque este no es si no la espera generadora de la conversación; el callar para decir. Rubén Darío el musical y rítmico poeta primordial del modernismo, hablaba poco. El colombiano Vargas Vila, famoso quizás por el estruendo de sus prosas y sus discursos orales, dijo en un librito ya muy escurridizo sobre Darío que el nicaragüense no hablaba. Su conversación se ajustaba a monosílabos. La deidad que lo otorgó el genio de la imagen y la palabra, le quitó a cambio el de la conversación. O probablemente la poesía, la más entrañable, necesita del silencio para incubarse.

Pero exaltando el silencio no rebajemos la conversación, que parece resultar un diálogo de medular estela en un fluir lento, distendido, sin la estridencia polémica del furor; más bien, con la anuente displicencia del que no desea tener la razón, sino buscar la verdad. Un arte educado, según Monterroso. No habrá conversación si hay charla, cháchara o palique. Estos tres demonios de la seudo conversación se agostan en su propia insuficiencia, en su incapacidad para convocar el buen juicio, la constructiva multiplicidad de todas las flechas de la rosa náutica hacia un concierto reflexivo. Este es el ojo de la aguja: la esquiva consciente de lo baladí, que es el caldero donde cháchara, palique y charla, se transforman en un caldo aderezado con  la excelencia de lo insustancial. Habrá conversación cuando el meridiano cero perviva más allá de cualquier numeración creciente, de cualquier contacto con la urgencia del aburrimiento, Y se mezclen lo utilitario con lo sensible, lo racional con lo intuitivo.  Saber y placer. Porque registrado el concepto en sus expedientes más antiguos, conversación implica sabiduría, trasvase de ciencia y experiencia, y luego amodorradas creadoramente en la conciencia y transformadas en carne primordial del carácter.  Es ese el decir de Stefano Guaso para el que “chi non conversa no ha esperienza, sabor supremo de la civilidad renacentista por donde el juicio nos evita  el ser  poco men che bestia”.

La conversación implica la convivencia. Es la geometría más corta entre dos personas. Amor que no conversa se anula en la trágica ficción de los cuerpos, como los polos que chispean al juntarse y se queman en la misma vaguedad del roce. Cama y mesa, tradicionalmente, convocan la conversación. Nunca entendí por qué en el refectorio de los seminarios preconciliares y en cuarteles de reclutas el silencio regía la maquinal animalidad del comer. Precisamente, la conversación humaniza el acto de masticar y tragar que evidencia nuestra insuficiencia como especie. En silencio, somos simplemente leones que, en vez de gruñir, hacemos sonar los cubiertos. La paz comienza en una mesa animada, dispuesta a la satisfacción orgiástica y por ende a la anuencia, al perdón que legitima  las explicaciones; la guerra puede surgir en una mesa callada, seca, donde el hartazgo fisiológico traga sobre todo el desbordamiento espiritual reprimido. Ocurre igual en la cama. Previo al acoplamiento, al viaje de uno y otra hacia el interior ajeno, se humedece en la conversación, un recoger cabo que acerca el bote al espigón. Después, en la laxitud, el abismo nervioso del orgasmo se enriquece en el intercambio de aquellas regiones a las cuales no se llega si no en la palabra que desnuda y desbroza.

Con Dios el creyente incluso ha de conversar. La oración recitada, los textos concebidos como mercancías piadosas defraudan la buena fe. Dios podría cansarse de escuchar frases no sentidas, anotadas como en el libreto de un programa de televisión. Dios tal vez solo oye sentimientos, porque ve por los oídos el suspiro intermitente de la angustia, la oxigenación desesperada del alma inmóvil y muda en la soledad. Para Dios los ojos hablan: la mirada prendida del pasamano, que es nuestra inferioridad angustiada, y el deseo de escalar la ansiosa certidumbre de ser oídos en el luminiscente diálogo del alma vacía. Pero si se pronuncia alguna palabra ha de decirse en el intercambio susurrante de la conversación, en la humilde actitud del que habla para levantarse por sobre las limitaciones de su lengua. Ha de andar en lo cierto el pintor mexicano Newman, al creer que las manifestaciones grandilocuentes no son agradables a Dios: elevan un sonido falseado por la prepotencia. Yo pienso, en particular, que la humildad es el lenguaje de Dios, lo cual supone un problema teológico que a pocos habrá de interesar y  que aquí no voy a acometer presuntuosamente.

El maestro que forma discípulos –no el profesor de pedantesca resonancia-, o el escritor que concierta y realza a los lectores –no el que los aplasta y espanta- consigue, a mi parecer, la comunión mediante el ejercicio conversacional. Y paramos otra vez en la humildad. La conversación discurre sobre la ideología de la mansedumbre. Porque la polémica tampoco integra, ni sustituye la conversación. La polémica es puja, confrontación. De sólito los contendientes no se oyen; solo atinan a  concentrarse en la argumentación  que habrá de demoler al rival. La conversación alude al puente entre las dos orillas de un abismo. En la conversación empieza la convivencia. Porque el que conversa se independiza de sí y se enchufa a la boca del otro, en el más carnal reconocimiento de la libertad propia y ajena. Y se independiza, incluso, de la verdad.  Que no hay verdad que sirva y sobreviva, si  uno no escucha, tolera y acepta. Esto es, si uno no habla en la paridad reconocible del diálogo, oscilando entre la sabiduría y el placer. Como  jinete sobre un jamelgo en camino desierto,  despojado de  los atuendos intransitables del reloj…

Debo, pues, muchas chispas, muchos arranques a la sugerencia de algún interlocutor. “¿Conversando, eh?”, me cuestiona mi mujer. Y tras de agradecerle su inquietud, le respondo:

“No; trabajando”.

VIGENCIA DE FERNANDO ORTIZ

VIGENCIA DE FERNANDO ORTIZ

 Por MIGUEL BARNET

Cuando el 10 de abril de 1969 llevamos el cuerpo de Fernando Ortiz al Cementerio de Colón y el féretro cayó con un golpe seco que taladró mis oídos, pensé que no era posible que una energía tan intensa, un talento tan grande, una sensibilidad tan profunda pudiera desaparecer de pronto y caer en aquel hueco insondable.

A cuarenta años del triste suceso y gracias a la labor de investigadores e instituciones la obra del sabio cubano, a quien Juan Marinello calificó de tercer descubridor de la Isla, tiene hoy más vigencia que nunca. Entre otras razones porque Don Fernando como le llamábamos todos respetuosamente nos puso ante un espejo, el espejo del ser social cubano que es el de la visión universal y proteica del mundo.

Porque ser cubanos es ser universales, como él afirmó en su clara definición de la identidad nacional, a la que vio como proceso totalizador y no como medio de fragmentación. Precursor de los estudios culturales y del choque de las etnias, Don Fernando abrió con visión antropológica una brecha por la cual hemos ido andando con brújula precisa los que nos internamos en la espesa fronda de la cultura cubana. Las herramientas que nos legó el maestro sirven hoy para el análisis de todos aquellos fenómenos de la vida cubana que estaban ocultos o relegados por la ciencia de su época. Una visión global y desprejuiciada y un pensamiento de enfoque anticolonialista e integral son la patente del abogado devenido en precursor de los estudios antropológicos y sociológicos en Cuba y en el continente.

Nacido en La Habana el 16 de julio de 1881, Fernando Ortiz no dejó nunca de ser un cubano de pura cepa, aun cuando vivió una larga estancia en España de niño y viajó por el mundo impartiendo conferencias y asistiendo a Congresos y Seminarios de carácter científico. Si Félix Varela, el presbítero lúcido nos convocó a pensar en cubano, Don Fernando puso en práctica ese ideal y lo llevó hasta su límite más extremo en pos de una visión esencial y poliédrica. Ni panhispanista, ni panamericanista sino latinoamericano y cubano, su conducta cívica, su óptica positivista, de un positivismo moderno y dúctil lo condujo por el camino de la verosimilitud cuando otros de su generación y aun de promociones sucesivas se perdían en la madeja de una ideología alienante y reduccionista.

Fernando Ortiz Fernández fue ante todo un fundador. Rompió tabúes aparentemente indestructibles no solo con hurgar en la naturaleza virgen de la Isla, y en el pozo de las culturas africanas, que revalorizó para la ciencia antropológica, sino porque demostró ser portador de una apreciación de múltiples hechos y circunstancias que habían sido escamoteados por la historiografía acomodada a los patrones occidentales y eurocentristas. Fue un electivista consecuente con la tradición filosófica del siglo diecinueve y con el magisterio de José de la Luz y Caballero. Múltiples son los empeños a los que dedicó más de sesenta años de su prolífica vida intelectual. Uno de ellos, quizás del que menos se hable, fue la iniciativa de crear la Colección Cubana de Libros y Documentos Inéditos o Raros. Publicó desde 1929, hasta que su energía no encontró más émulo, a los clásicos del pensamiento cubano, Arango y Parreño, Félix Varela, José Antonio Saco, Cirilo Villaverde y otros autores que ya en esos años no estaban en los anaqueles de nuestras librerías. Como un coloso rescató "a los antiguos buenos cubanos" y estimuló con esfuerzos colectivos, la necesidad de la cultura, esa energía que es elemento primordial de la forja de una idiosincrasia y de un pensamiento. Porque contó con todos, fue pivote y centro de los más alentadores movimientos culturales, y fundó revistas como Archivos del Folklore Cubano, Estudios Afrocubanos, Ultra y otras.

En 1923, cuando aún el maestro no había realizado ni una cuarta parte de su inmensa obra científica, Rubén Martínez Villena, su secretario de entonces, escribió: "La virtud ubicua de su talento abarca y resuelve a la vez complicados y disímiles asuntos. Simultáneamente lo hemos visto, con asombro, desarrollar todo el conjunto de sus actividades: redactar un alegato jurídico, despachar su consulta, confeccionar un proyecto de ley, reorganizar una compañía mercantil, afrontar un problema parlamentario, revolver al paso una librería de viejo. Y terminada la jornada fatigosa, los que pasaran frente a su casa en las horas altas de la noche, pudieran ver iluminada la ventana de la biblioteca en donde se entrega, como en un descanso, a la labor de nutrir con la lectura su espíritu incansable". Ese espíritu que le hizo posible erigir una obra que comenzó en Menorca a los 13 años y que terminó en La Habana un día como hoy hace cuarenta años. Están frescos en mi memoria los días en que enriquecía con nuevos vocablos y definiciones más completas y abarcadoras el Nuevo Catauro de Cubanismos, obra a la que dedicó sus últimas y ya gastadas energías.

Inmerso siempre en el centro del debate nacional, el triunfo revolucionario lo encontró en el umbral de los ochenta y aún así sirvió al país como Presidente de la Comisión Organizadora de la Academia de Ciencias, a petición de su entrañable amigo Antonio Núñez Jiménez, quien una vez creada fue su primer presidente.

No voy a hacer un recuento de la vasta bibliografía de Don Fernando; pero sí quiero hacer constar mi sorpresa y estupor cada vez que me acerco a ella. Lamento profundamente que sus libros, discursos y correspondencia no estén todavía al alcance de todos porque desde Los Negros Brujos, Los Negros Esclavos, Entre Cubanos, El Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, El Engaño de las Razas, hasta su Nuevo Catauro de Cubanismos, Ortiz nos dio una lección de disciplina intelectual, de vocación científica y cultural, de humanismo y de entrega a una causa por la que sacrificó su precaria salud hasta el último de sus suspiros: Cuba. Cuba era para él más que un país, una devoción inmarcesible, una pasión.

Su lema de "Ciencia, Conciencia y Paciencia" preside como signo de alerta la Fundación que lleva su nombre y que se creó hace ya trece años para perpetuar la obra de quien no vacilo en calificar como el cubano más útil del siglo veinte para las ciencias sociales de nuestro país.

Hoy, que muchos velos de prejuicios raciales, sociales y de pensamiento felizmente se han descorrido, digámosle una vez más a Don Fernando, gracias maestro por haber sido un pilar para la fragua de la nueva Cuba.

 

Volver a la semilla

Por Liomán Lima

 

Trabajo de clase de este alumno en el cuarto año de periodismo,  Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana. Tema: El pueblo donde nací

Roncali barría de luz las noches de Guanahacabibes. Mientras, en sus casuchas de madera y tejas todavía contaban que el tesoro era cierto, que estaba perdido por hechizos de piratas en algún lugar cercano al faro y  algún día habrían de encontrarlo.

Noches de mi pueblo, noches de mi infancia: las casas eran un país de sombras largas. Como en los tiempos originales del hombre las manos dibujaban, por un instante, animales oscuros en las paredes. Alrededor de un viejo quinqué, hoguera de eternos apagones, nacían historias de botijas enterradas y  oro, mitos de proezas y miedo, de barcos hundidos o gritos más allá de los farallones.  

Guanahacabibes parecía un pueblo sacado de las leyendas,  detenido en el tiempo, como si todavía  no se hubieran creado Internet o las guerras, o  aún fuera historia futura el pecado de la manzana. Maravilla de pueblos perdidos en medio de la nada. Macondos cotidianos de pocas casas y  piedras como huevos prehistóricos.

No nací allí. Había llegado con solo unos meses. Pero fue entre sus manglares y gente buena, de esas que en la capital  llaman tontos, con leyendas de corsarios y luces nocturnas, de ciervos encantados y sonidos de radares donde aprendí la lección infalible de crecer.

Los niños éramos entonces una hermandad de piratas armados de piedras y palos que salíamos a desandar las sombras, a buscar mapas envejecidos dentro de botellas o  a molestar tortugas en desove. Otras veces, alumbrábamos con linternas hacia las casas o nos uníamos en alaridos desesperados.  

Así, al amanecer, cuando las manos callosas comenzaban a tensar las pitas y acariciar las proas de los botes, ya se escuchaban los rumores de los fantasmas de la noche anterior. Y nosotros reíamos y sabíamos que era bueno vivir en un lugar así, donde es todavía posible creer en misterios, como pasos perdidos del hombre, como viajes a su semilla.

Después tuve que regresar a la ciudad de Pinar del Río, llena de olvidos y burlas, donde un día había nacido y de la que nada recordaba. Pero alguna parte de mi vida quedó allá, acompañando al torrero en la soledad de su servicio o escondida, tal vez, junto a los tesoros todavía ocultos.

 Quizás algún día deba regresar a buscarlos, como cuando era un muchacho.  Volver. Andar otra vez por sus calles de tierra, sobre la cuerda de la memoria. Escarbar entre los recuerdos y los aromas. Asomarme a las ventanas de un pueblo viejo para verme marchar hacia los nuevos senderos de la vida.

 

 

 

EFECTIVIDAD VS ESPECTACULARIDAD

EFECTIVIDAD VS ESPECTACULARIDAD

Por Luis Sexto

Publicado en Juventud Rebelde, La Habana

Las últimas experiencias beisboleras en el Clásico mundial trasmiten una verdad ya al parecer indubitable: más que la espectacularidad hace falta la efectividad, porque el mejor es quien renuncia a la difícil pirueta para convertir en lance aparentemente fácil la bola complicada. Y hasta aquí el ejemplo, porque si prosigo quebrantaré uno de mis propósitos programáticos cuando empecé el ejercicio del periodismo: nunca escribir de béisbol.

Si he recurrido a la pelota es por su vigencia social. Y sirve para intentar demostrar en que lo que funciona en un terreno de juego, podría de cierta manera aplicarse también en la sociedad. Ciertos deportes tienen el carisma de reproducir el drama de la existencia. Por esas similitudes entre el deporte y la vida, en el lenguaje coloquial muchas veces nos ponemos en tres y dos, o nos quedamos con la carabina al hombro, o morimos en un flaicito al cátcher.

De modo que, sin forzar la situación, advierto que la sociedad también le conviene renunciar a la espectacularidad y asumir la efectividad como una norma. Por supuesto, no me he vuelto lelo. He escrito renunciar, aunque puedo usar también el verbo denunciar: denunciar como nocivas ciertas acciones recargadas de lo espectacular y que estropean el predominio de la efectividad.

¿Imaginan a qué acciones me refiero? Por ejemplo, el maratón, ese afanarse en pocos días para construir, rectificar, o recuperar el tiempo perdido por causas diversas, como la baja productividad, o la incoherente inversión, o el retraso de los recursos, en fin, mil razones que derivan, en algún caso, hacia el pretexto. Desde luego, no dudo de que la táctica de los maratones sea válida en este o aquel momento. Aplicada como esquema operativo, como solución “política” tiende primeramente a quebrantar la seriedad del trabajo, a extender la idea de la provisionalidad y a convertir el voluntarismo en el rasero de las soluciones.

Hay más inconvenientes. Pero me ciño al político. Porque podría entonces creerse que la política es la ciencia –y el arte- de movilizar siempre en las emergencias y no la de movilizar cada día, orientando y educando hacia el afán constante y disciplinado de las hormigas. ¿Puede reanimarse un pueblo o un municipio en una semana después de meses y años conviviendo con la desidia o la incapacidad material? ¿Podría la aglomeración de trabajadores de todos los sectores, la suspensión de la vida ordinaria resanar en ese lapso el deterioro de calles y edificios? Lamentablemente, a veces se pretende hacerlo. Y luego del mercuro cromo y la aspirina, del brochazo que se diluye con el primer aguacero o del relleno que se hunde prontamente, dormir mansamente porque los problemas han recibido una respuesta.

Como no quiero pecar de agresivo ni de injusto, admito que la insuficiencia material ha aplazado ciertas obras, ciertos cuidados de preservación. Pero también reconozco que el expediente del maratón se ofrece dúctil, sin resistencia, para dar brillo ante una visita o una fecha caracterizada. El maratón y los recursos afines compensan en su espectacularidad. Merecen la música y el discurso del triunfalismo, de la complacencia de lo que ha sido hecho en un tiempo récord, en una estirada olímpica. ¿Y después dejaremos que todo transite hacia el nuevo deterioro y hacia el siguiente… maratón?

No me parece muy original decir –por evidente- que la espectacularidad queda habitualmente en el aire, detenida como la pose de una jugada de esas que los narradores califican con un adjetivo desgastado por el uso: “tremenda”. Quizás lo tremendo sea convencernos de que la eficiencia, que resulta de gastar lo mínimo; la eficacia, que se remite al cumplimiento de los planes, y la efectividad, que es la certeza de que cuanto se hace pasa la prueba de la vida, componen el único maratón plausible: el de avanzar cotidianamente, aunque sea una pulgada, frente a las urgencias que todos los días, al decir de un pensador latino, nos traen casi imperceptiblemente y nos ponen al borde del KO.

LOS TONTOS ÚTILES

Por Fray Antorcha

Desde Miami

Dice un viejo proverbio que de buenas intenciones está preñado  el camino del infierno. Yo no confiaría mucho en las palabras de un traidor, aquellos de quienes también se dice “Roma  les paaga, pero los desprecia.

Terrorismo, significa amenaza, terror, que es lo que siembran los sanguinarios, o perversos, o salvajes. Comunismo se traduce en  comunidad de bienes, repartición de las riquezas por igual, los mismos beneficios para todos y muchas más cosas que las mentes egoístas no pueden entender. Por ello,  por ambiciones, por no querer transitar los mismos caminos que los pueblos –no el populacho, que es el nuevo calificativo de los  desalmados--, la historia esta plena de traidores desde hace miles de años.

Acaso no traicionó Bruto, a Julio César, inspirado por la sospecha de que este intentaba convertir a la Republica en una Monarquía bajo su mandato? Pero después de ello, Marco Antonio, devoto y mejor amigo del César, al hablar junto al cadáver, en un tono más personal  sobre su posición, superior a la táctica racional que Bruto usaba en sus parlamentos, volvió la opinión publica contra los homicidas, y los traidores fueron expulsados de Roma.

En los Estados Unidos los traidores a su propia patria –acogidos como héroes aquí--, suman unos cuantos. Puede alguien con sentido común creer lo que ahora diga un supuesto escolta; o un teniente coronel, o coronel; o un ex-embajador u otro tipo de ex-funcionario?.

En múltiples ocasiones he tenido la desagradable oportunidad de ver y escuchar ante las cámaras y micrófonos de cierto programa, a un personaje que hace mas de dos décadas fue representante de Cuba ante el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y ahora emite sus opiniones contra lo que antes defendió y gracias a lo cual también disfrutó de altos privilegios.

Ese señor seguramente nunca pasó hambre en Moscú, porque el edificio del CAME, que tuve la oportunidad de visitar, albergaba a diplomáticos de lo antiguos países socialistas, quienes tenían entre sus prerrogativas  desde recibir sus comidas en un lujoso comedor, hasta las de disfrutar de algunas comodidades inherentes a su cargo. Por qué no pensaba entonces en su “maltratado pueblo”?. Porque la gordura que exhibe puede sacarle fácilmente un ojo, solo  con el desprendimiento de un botón de su guayabera. Y esa panza data de antes de llegar a Miami.

Puede alguien realmente coherente creerle a todos los traidores que comparecen ante otros programas en canales hispanos para desprestigiar al sistema que los colmó (equivocadamente) de honores y los hizo “confiables?. Da lo mismo que sea un cabo, un sargento, que un general. Pero indiscutiblemente un contrato de 50 mil dólares mensuales a un traidorcillo de poca monta, para hablar de lo que sabe, de lo que no sabe y de lo que le digan que hable, no resulta nada despreciable. Cuando las historietas se les acaben volverán de nuevo al viejo baúl de los recuerdos y los mismos que lo auparon antes, los eliminarán,  como se desclasifican los viejos documentos de la CIA o de cualquier otra agencia de inteligencia en el mundo.

Basta de engaños. Ni la CIA, ni el FBI utilizan los servicios de tales desleales. Son los medios de la prensa hispana de Miami, quienes pretenden alimentar en la mente de todos los cubanos honestos, el veneno de sus serpientes. Pero será el tiempo quien se encargará de corregirlos, cuando se les acaba el repertorio de sus mentiras y patrañas. Estos son los tontos útiles que le venden sus vidas al diablo, si es preciso.