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PATRIA Y HUMANIDAD

LA OBRA DE LA VIDA ES UNA QUIMERA

LA OBRA DE LA VIDA ES UNA QUIMERA

Por María Luisa García Moreno

Entrevista a Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo “José Martí

Luis Sexto es ese periodista-escritor buscado por los lectores en las páginas de cualquier publicación. Su firma resulta una de las más atractivas de la contemporaneidad cubana, tanto por esa capacidad de decir “al pan, pan y al vino, vino”, de reflejar en sus palabras las ideas de muchos, como por esa prosa exquisita de la cual hace gala. Es, sin duda, una de las figuras más verticales e incisivas del periodismo de estos tiempos. Ahora que ha recibido el más alto reconocimiento de la prensa cubana, la Casa Editora Abril conversa con Luis Sexto con el fin de conocer un poco mejor al hombre y sus motivaciones 

Acaba de recibir el Premio Nacional de Periodismo “José Martí” por la obra de toda una vida de servicio activo desde la trinchera de la palabra oral y escrita. ¿A quiénes recordó en ese momento?, ¿quiénes son las personas que han contribuido profesional o espiritualmente a que usted sea el periodista de excepcional calidad que es?

Tal vez lo que resulta de excepcional calidad sean mis propósitos de alcanzar una alta calificación en el ejercicio del periodismo. No me sonrojo al decir que me he entregado, sin condiciones, a mi vocación. Ese es mi mérito. Ahora bien, respeto el criterio de la entrevistadora y de otras personas. Cuando de pronto, sin estar habituado, uno se halla braceando en una mar de reconocimientos,  se confunde, duda y teme no ser de verdad digno. Pero me consuelo cuando viajo al pasado y empiezo a recordar a tanto amigo célebre que me auguró ese futuro que es hoy presente. Son muchos. Si no soy mejor, es por mi incapacidad para hacer fructificar el poco talento con que nací. Claro, no soy responsable de mis dotes, pero sí de no haberlas empleado con más eficacia. Pienso, pues, en José María Chacón y Calvo, que me enseñó la diferencia entre la palabra que empacha y la que se subordina al buen gusto; en Waldo Medina, que me recomendó que nunca desdeñara un espacio por mínimo que fuera; en  Dora Alonso, que me hizo ver que la autocrítica excesiva conduce a la esterilidad; en Enrique Pichardo, hombre sin fama, pero tan agudo que era  capaz de enmendar la plana de cualquier sesudo con una pregunta o una tímida observación. Y pienso en mi madre, Elda, que cuando yo era aún adolescente y ella vio mi vocación me animó diciéndome que sería mi secretaria cuando fuera famoso. Y en mi padre, Manolo, el obrero, el hombre sin letras, pero con el corazón diplomado en el amor y la cordialidad, que me trató siempre, aun desde niño, como un ser importante. Y pienso —excusen lo de patética que pueda resultar esta referencia— en mi difunto hijo menor, Víctor Manuel, que, siendo muy pequeño y yo aún un aprendiz, me dijo sentado sobre mis piernas mientras yo tecleaba un artículo: “Escribe duro, papá”. Y presente tengo a mi hijo mayor, Luis Felipe, que ha compensado todas las pérdidas: ha sido mi más reluctante y zahorí crítico; mis ideas se han depurado en la discusión, a veces apasionada, con su juvenil y madura lucidez. Y pienso, y doy gracias a mi esposa, Zenaida; ella ha garantizado mi retaguardia para que yo llegara, al fin, a ser un periodista y un escritor aún en cierne.

 

¿Recibir el Premio significa que, tras 40 años de labor, llegó al fin a la cima?

¿Se llega alguna vez a la cima? ¿Cuándo estamos en el pico propuesto y miramos arriba no nos seduce alcanzar el cielo? ¿No nos sentimos tan pequeños como la cabeza de un alfiler? Qué es la cima si no una altura relativa. Elio Constantín, otro de mis maestros, me dijo un día, siendo yo aprendiz: En este oficio del periodismo, el que cree que ha llegado, todavía  no ha arrancado. Repito: el Premio “José Martí” me ha beneficiado a tiempo para percatarme de que cuanto me resta de vida útil debe ser dedicado a tratar de merecerlo. La obra de la vida es una quimera: suele quedar corta.

Durante todos estos años ha ejercido un periodismo de opinión caracterizado por su honestidad y valentía. ¿Qué importancia concede usted a la labor que la prensa puede desarrollar en la Cuba de hoy?

Honestidad y valentía ha dicho. Y no de otra manera se ejerce el periodismo.  A 40 años de haber publicado mi primer artículo, repaso mi ejecutoria profesional y me doy cuenta de que la ética también es un aprendizaje lento. No he sido valiente en todo momento; alguna vez fui pusilánime. Y quebré la honradez plegándome a intereses seudopatrióticos pues, desde luego, no podían servir a la patria si eran deshonrosos. Y guardé silencio. Ya ve, desde “la cima” uno ve con más amplitud todo cuanto dejó de hacer o hizo mal. Ahora bien, he llegado a mis 63 años de edad convencido de que una sociedad sin prensa, sin una prensa que ejercida como instrumento autónomo de la conciencia crítica, se corrompe desde adentro. Este, ya parece claro, es el mayor riesgo de la sociedad cubana.

Simultánea a las tareas de periodista ha llevado la docencia.

¿Qué recompensa supone para usted esta labor? ¿Cuáles serían las principales recomendaciones que quiere trasmitir a sus estudiantes?

La docencia ha sido una extensión de mi vocación periodística; Kapuschinsky dijo que ninguna mala persona podría ser periodista, porque esta es una profesión que se ejerce para la gente y que se nutre y depende de la gente. Vivimos, pues, ofrendándonos,  arriesgando moral y físicamente lo que somos, incluso la vida. Por tanto, en el aula devuelvo algo de cuanto me han dado, y enseñar equivale, para mí, a un acto tan placentero como el de escribir. Siempre recomiendo a mis alumnos que el talento puede sobrar, pero sin la dedicación, sin la certeza de que el periodista lo es las 24 horas del día, las facultades pueden anularse o frustrarse.

Su prosa hermosa y vital le ha permitido publicar unos cuantos títulos, varios de ellos relacionados con el periodismo; pero ha dado a conocer también los poemarios Noticias de familia y Con luz en la ventana. ¿Cómo explica esa veta lírica en un hombre que usa la lengua como arma de combate?

Supongamos que la veta lírica  haya nacido conmigo, y presente ha de estar, incluso, en la “prosa de combate” que es el periodismo. He dicho nacido, porque de niño sentí habitualmente una tristeza indefinible, una inquietud anormal por la caducidad de todo; un día me preguntaron qué iba a ser cuando fuera grande y respondí: poeta. No creo que poesía y prosa  se excluyan. Salvando las diferencias insalvables, Martí supo combinar la poesía con las letras “fieras”; es más las enriqueció con su poética. La poesía, la veta lírica, corresponde a las esencias, y estas pueden circular, a veces irreprimiblemente, en la prosa.

En la recien finalizada Feria del Libro presentó un nuevo volumen. ¿Puede adelantarnos su título y tema?

Digamos que se vendió en algún lugar después del período internacional de la Feria. Es un pequeño volumen que reúne reportajes, quizás alguna estampa,  publicados la mayoría en Bohemia hace 15 o 20 años y también algunos en Juventud Rebelde en fecha más reciente. Son historias de personajes, es decir, presento a la gente común en su trabajo y ellos se van revelando como personas no tan comunes. Verdaderamente, ese era el periodismo que me gustaba: la búsqueda de personajes en lugares apartados o cercanos, aplicados a labores difíciles o con alguna singularidad. Se titula El camino siempre va a alguna parte. Y lo más que me escuece de ese librito son tres erratas imperdonables que me atribuyo. No hay justificación, ni mucho menos, culpar a otros. Solo me tranquiliza la certeza de que los lectores sabrán salvarlas.

Disfruté su maravilloso El cabo de las mil visiones: misterios y leyendas del cabo de San Antonio. Sé que fue publicado en Brasil y que la editorial Pablo de la Torriente salvó la honrilla nacional con una modesta y reducida edición.

¿Cuándo llegará ese libro al gran público cubano?

Le agradezco sus calificativos; sé que usted ha dicho eso mismo en otros sitios. Tal vez en alguna oración yo pueda pedir cuándo, cuándo llegará ese libro a tener una edición más numerosa. No tengo respuesta. Sé que otros juicios calificados lo han elogiado, como Joquín G. Santana, que profundizó en sus valores formales, exaltando la adecuación del lenguaje al medio y a la historia que narra. La editorial Casa Amarela, de Sao Paulo, también tuvo en cuenta el tratamiento del lenguaje. Y no tuvo reparo en hacer una fina edición, que agradeceré siempre al recién fallecido Sergio de Souza, director de esa casa editora, dedicada a publicar libros no escritos para el mercado sino para la sensibilidad. Para los brasileños, la reconstrucción del mundo mágico del cabo de San Antonio no fue un “tema local”.

¿En qué está trabajando ahora? ¿Qué sorpresas nos reserva aún Luis Sexto?

Proyectos existen: tengo trabajo hasta los 80 años. Que los realice con calidad, lo veremos. Ahora reviso un libro sobre Pedro Junco, célebre por su bolero “Nosotros”. Lo he concebido en coautoría con Viñas Alfonso, director de Palante. Investigamos, principalmente en documentos, y  el resultado rectifica el mito que envuelve al autor y su canción. Simplemente, hemos hecho un libro curioso que determina la verdadera causa de su muerte, revelador de que la novia de quien se despide en  “Nosotros” no fue una, sino muchas; en fin, datos que pueden interesar a cuantos se enternecen aún oyendo ese bolero, uno de los más universales de nuestra cancionística.

Quedan, además,  cuentos, una novela de autoficción que reviso y reviso y nadie conoce. Un poemario en fase de corrección. Y así otras letras y letrillas que llenan mi disco duro, además del periodismo y la docencia que me hacen olvidar que me voy poniendo viejo y ya recibo homenajes.

Y dejo a Luis Sexto “braceando en una mar de reconocimientos” —así, “una mar” con el cariño de los marinos o de quienes vivimos en esta Cuba rodeada de mar—, con esa modestia que lo caracteriza y hace de él lo que es: excelente persona, reconocido periodista y, a la vez —si es que eso no resulta una incongruencia—, desconocido escritor. Quizás “la mar de reconocimientos” llegue hasta allí y le abra a Luis las puertas de nuestro mundo editorial. Les aseguro que desde el libro, tiene también mucho que decir… (Casa Editora Abril)

 

NO ES LO MISMO TERRORISMO QUE COMUNISMO

Por Fray Antorcha

 

 Desde Miami

Este 15 de marzo, que marcó en la religión católica el tercer domingo de  Cuaresma, meditaba después de finalizada la ceremonia, sobre el significado de las “sugerencias” que ofrece el ayudante de la misa a los feligreses, a quienes se les pide que respondan a las  demandas con la jaculatoria  “Te lo pedimos señor”.

Que en una iglesia de los Estados Unidos se pida por el rápido regreso de nuestras tropas, vale, sobre todo por la cantidad de soldados originarios de esta nación, naturalizados e incluso ilegales que admiten ir a la guerra con tal de lograr su statu legal.   Y sobre todo, por la cantidad de inocentes muertos en una contienda preelaborada por el  Satanás hoy ex presidente de este país, recién enviado a su rancho,  y su compinche de infierno, el ex vicepresidente Dick Cheney. (En realidad no se cual de los dos fue peor, pero el segundo tiene siempre aseguradas sus ganancias, porque a eso se dedica en la vida civil: a  elaborar y vender equipamientos bélicos).

Que se pida también por la salud del Papa; del arzobispo de Miami; por los enfermos; por la desaparición del terrorismo y otros males igual. Pero que se incluya en la lista la petición de por la desaparición del comunismo, me parece además de un soberano insulto a la paz, una intromisión injustificada de la Iglesia Católica -tan cuestionada en los ultimos años por abuso sexual de sacerdotes y robos de las recaudaciones para los pobres en las misas-, y menos en fecha tan señalada como la de la cuaresma, en cualquiera de sus domingos, donde Dios pide a los seres humanos un fortalecimiento espiritual, basado en el amor, las concesiones y la piedad por el prójimo, desechando la soberbia, el odio, la arrogancia y las frases insultantes, entre otras.

 Por supuesto, no creo que son los sacerdotes de Miami quienes elaboran  las listas de peticiones. Son los mismos que tras terminar la eucaristía, luego de confesar los pecados que le convienen, corren a las esquinas de cualquier mercado, restaurante o peña gusaneríl a pedir por la desaparición física de todos los líderes de la Revolución cubana. Y son también los que debían ser expulsados de los centros religiosos, de la misma manera que Dios echó a los mercaderes del templo.

 De acuerdo con el apóstol Pablo, debido a nuestra condición humana todos estamos atrapados por la capacidad de morir, sujetos al sufrimiento y a la muerte, anhelando hacer el bien, pero a veces escogiendo el mal, esforzándonos por amar, mas aferrándonos al egoísmo.

 En el capítulo siete de su carta a los romanos reflexiona Pablo: “No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer…, me doy cuenta de qué, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro a mi alcance el mal. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mi algo que se opone a mi capacidad de razonar, es la ley del pecado que esta en mi y que me tiene preso…”

 Solamente Dios tiene el poder de romper estas garras de la muerte con la belleza de la creación y la persona humana. Por su muerte y resurrección  Jesucristo rompió el patrón de la muerte y le dio a la humanidad el poder de estar totalmente vivo, de la manera que Dios nos había destinado.

 Cómo pretenden estos apostadores del mal que los pueblos no tracen sus destinos, que escojan el camino más conveniente a sus realdiades. Tal vez por ello la vida los castiga cada día mas con el surgimiento de nuevos gobiernos de izquierda. Primero fue Venezuela, luego Bolivia, Argentina, Ecuador y ahora El Salvador. Podrán los mercaderes del templo superar las decisiones de las masas?. Seguro que no, como tampoco quitarán de las listas de peticiones en las misas la desaparición del comunismo, el unico tipo de sociedad donde los bienes se reparten entre todos, donde los hombres no son lobos del propio hombre y donde está demostrado, con fallas en el sistema, como en todos, por supuesto,  la justeza de los gobiernos de izquierda. Porque terrorismo es una cosa y comunismo es otra

PALABRAS DE LUIS SEXTO AL RECIBIR EL PREMIO JOSÉ MARTÍ

PALABRAS DE LUIS SEXTO AL RECIBIR EL PREMIO JOSÉ MARTÍ

En estos momentos, para mí cobran particular certeza los versos bíblicos que afirman que la vida humana dura lo que un suspiro y pasa como una sombra. Ahora, cuando recibo el Premio José Martí por la obra de la vida, que intenta hacerme ver que mi existencia no ha sido estéril, me percato, al sacar las cuentas, de que el tiempo ha sido poco y lamento que no me haya alcanzado para acumular las obras que tranquilizaran mi autocrítica y me justificasen ante mi profesión y ante mis compatriotas.

No han de tomarse mis palabras como una manifestación de modestia excesivamente interesada en remarcar una humildad tan vanidosa que satisfaga su egolatría en la imagen de una pequeñez artificial. Pero, aparte de cualquier embarazo íntimo, de cualquier autoexigencia que afinque mis pies en el suelo, debo agradecer al Jurado, cuya integridad ética y profesional se libra de cualquier sospecha, que me haya elegido, que haya reparado en mi obra para destacarla, en esta ocasión, sobre la obra de numerosos colegas. Agradecido y honrado estoy. Y también más comprometido con mi país y con mi deber.
Sí, compañeros y colegas: en momentos como estos -nunca previstos en medio de la campaña del trabajo- es cuando uno siente e identifica la dimensión total de ser miembro de un cuerpo, del cuerpo de la patria. Tal vez no haya mayor gloria que admitir desde la natural y común poquedad humana, que uno ha sido una pieza, una misma pieza, con la que también ha contado el engranaje de la nación y sus causas primordiales.
Cuantos me conocen saben que no me place separar trabajo de individualidad, ética de conocimiento, debate de sensibilidad y letra de convicción. No he asumido el periodismo como un casual atraque en el primer espigón que se me presentó en la travesía. Desde mi juventud temprana intuí que solo podía vivir en plena consonancia con mis compatriotas mediante el periodismo entendido como una vocación de servicio. Martí estuvo rondando con su influencia esa mi juvenil aspiración. Y hoy, cuando me premian en la base de este monumento al Fundador, lugar que se erige como el corazón del país,  confieso que si un mérito pudiera yo reclamar, en justicia, sería el de haber intentado ejercer el periodismo como un empeño de construcción cultural y política, y de creer, a prueba de decepciones, que cuanto se dice, se defiende, se sostiene, se informa en un medio de prensa, es tan básico para la sociedad como el arado o el torno, como la escuela o el discurso, o como el fusil que preserva, en extrema circunstancia, nuestra independencia y nuestros sueños de igualdad, libertad y solidaridad.

Si han de premiarme, pues, que sea por esa fe en cuanto escribo en periódicos o cuanto digo en radioemisoras Si han de castigarme -digo, si ello fuera imaginable- también deberían hacerlo por insistir mantener beligerante nuestro papel de periodistas, por pretender consolidar, responsablemente, la función que las sociedades humanas, y sobre todas la socialistas, le asignan a la prensa. Como el violín no es la orquesta,  tampoco la prensa es el ombligo de la sociedad. Pero de la misma manera que la orquesta no suena completamente sin el violín, la sociedad sin la prensa carecería del cordón umbilical que le suministrara aire y alimento. Y lo confieso con honradez: entre mis convicciones defiendo la que me confirma solo como un instrumento de la conciencia crítica de la sociedad. Y como ello, como instrumento voluntario, he recibido respeto y reconocimiento

Concluyendo: si alguna duda enfrió mis horas en algún instante triste, si alguna vez la depresión me insinuó entrever que cuanto yo hacía era inútil, hoy adquiero la noción de que si la vida humana es breve como un suspiro, no he pasado como una sombra. Junto a miles de colegas y millones de compatriotas he tenido la fortuna de militar en la épica de la Revolución, conciente de que  el guijarro de un arroyo apenas advertido integra también la base de la patria.  Al finalizar, creo expresar el sentir de los premiados con el Juan Gualberto Gómez por la obra de un año, jóvenes todos llamados a mayores cristalizaciones; creo, repito, expresar en su nombre la gratitud por este momento único que, como diría un hombre que nos sirve de modelo -Che Guevara- compensa con creces cualquier desgarradura, en este largo aprendizaje de ser útil en una vida que se nos queda corta. (11 de marzo de 2009, Memorial José Martí, Plaza de la Revolución, La Habana)









LA GEOMETRÍA DEL DEBATE

Por  Luis Sexto

 Tal vez el espacio no me alcance ahora para demostrar geométricamente  cómo se puede circular el cuadrado o cuadricular el círculo; bastaría, sin embargo, para recomendar la lectura de un libro que intenta  realizar la cuadratura del círculo. Y se titula así, La cuadratura del círculo, esta colección de reportajes que la editorial Abril,   juntamente con Juventud Rebelde, publicó y presentó en las Feria del Libro de La   Habana.

 Bajo el epígrafe de Periodismo incómodo, este volumen de casi 300  páginas recoge reportajes publicados en este diario en los últimos  tiempos, con una característica primordial: son textos que indagan en  situaciones conflictivas, mediante un periodismo que se moja los pies  y se echa al torrente de los problemas que afectan a nuestra sociedad.

 La cuadratura del círculo demuestra que no todo el periodismo cubano   es gris, inexpresivo, complaciente, propagandístico. Cuanto leeremos,  o releeremos, en estas páginas nos delinea una verdad: cuando el  periodismo se ejerce agudamente, acompañado por la responsabilidad,   pueden ofrecerse páginas sugerentes y avizoras. Páginas que se erigen  en un alerta, en un instrumento para colaborar en el mejoramiento de   la obra de la Revolución. Si la prensa se aplicara solo a elogiar o a  reportar acríticamente eventos y reuniones, nuestra sociedad carecería de un arma estratégica. Porque qué les sucede a los organismos vivo si no sudan, si no expulsan sus toxinas.

La prensa -y quizás mi experiencia periodística avala esta opinión-  compone uno de los espacios aún no totalmente aprovechados en Cuba.  Cuando Raúl se refirió en 2007 a cambios de conceptos, me figuro que  también incluía el cambio de la mentalidad predominante entre  nosotros; a esa visión rígida, solemne, casi litúrgica con que  asumimos las relaciones sociales. Alguien, por ejemplo, emite un  criterio inusual en una asamblea, y  la reacción de los presentes o de algunos de los presentes estalla como si todo el andamiaje político  del país amenazara con desplomarse por una opinión un tanto fuera de  lo común. Vivimos perennemente en guardia, en una mentalidad de  control y autocontrol que, sacadas las cuentas, solo enrarece y  deforma el clima de creación y trabajo en el país. Esa actitud, a mi  modo de ver, es el principal daño del bloqueo económico  norteamericano, que así deriva en autobloqueo.

Por supuesto, esa mentalidad de hierro fundido tiene diversos  ingredientes. Uno de ellos se remite a la estructura vertical de  nuestra sociedad. Lo que quizás, por razones de supervivencia, fue  necesario en un momento, hoy, en circunstancias internas y externas  distintas, entorpece el avance hacia un país superior, capaz de  multiplicar las posibilidades del gobierno del pueblo, para el pueblo  y, sobre todo, con el pueblo, ente que compone la imprescindible base  horizontal en Cuba. Si esa base faltara, cualquier sistema de raíz  popular se transformaría en régimen burocrático. Por tanto, ese concepto estrecho de los deberes políticos, ese creer  que hacemos bien cuando callamos la verdad o reprimimos un juicio  polémico, porque todo peligra si pensamos en voz alta, determina que  muchos de los espacios sean pobremente utilizados. ¿En qué han venido  a resultar las asambleas, o algunas de las asambleas, de rendición de  cuentas, espacio eminentemente democrático y socialista que, en  diversos aspectos ya carece de la atmósfera de debate que mi memoria  aún conserva? Contemporáneamente hemos -yo al menos- soportado que  cierto delegado nos advierta: no me hablen de esto, y de esto ni de  esto otro... El análisis racional nos recomendaría, en cambio, que por ser esos los asuntos complicados merecerían la discusión colectiva.

Como en una fotocopiadora lamentable, esa escena se repite en  organizaciones de masas o de otra índole, donde la esencia de nuestros problemas sufre la discriminación para beneficiar lo menos importante, lo que nada determina, ni supone un paso hacia adelante. La fría  retórica, en suma, distingue a muchas acciones y debates.El sector de la prensa, pues, ha seguido parecida fortuna: atascado en un campo que parece minado por las aprensiones y las dudas. Ahora,  desde el pasado día 2 y hasta el 14 de marzo, vivimos la jornada de la prensa, centrada en el centenario de Enrique de la Osa, periodista  cuyo apellido es también el imperativo de osar. Este lapso de  homenajes nos regala la ocasión para continuar reflexionado sobre las  diferencias entre el peligro y sus fantasmas, entre la audacia y la  rigidez, la comodidad del "dulce no hacer nada" y el progreso. Y en  consonancia con estos días, el libro de reportajes de JR, al intentar  cuadricular el círculo, nos enseña que, luego de trazada la geometría  del compromiso y la responsabilidad, lo que ha sido escrito y  publicado en vez de agrietar nuestra unidad, la preserva del deterioro.

Dictamen del Premio Nacional de Periodismo José Martí 2009

Tras analizar con todo rigor los expedientes de los 38 candidatos propuestos por las delegaciones de base de la UPEC, el Jurado del Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida del año 2009, en una tarea nada fácil por haberse reunido en la presente edición un conjunto de profesionales de larga trayectoria y muchos méritos, aprobó por mayoría otorgar el Premio:

 - A un periodista que desde hace 40 años ha incursionado indistintamente en la crónica, el reportaje y el artículo de opinión en distintos medios, combinando adecuadamente la hondura de los mensajes y la serenidad y la elegancia en el uso del lenguaje. 

- A alguien que en su trabajo profesional ha abogado siempre, guiado por el pensamiento de José Martí, para que la verdad se abra paso y por hacer un periodismo ético y digno servidor de la patria y de la revolución.

 

-A quien ha tenido diversas responsabilidades de dirección periodística en Trabajadores, Prensa Latina y Bohemia, y cuya voz se hace sentir actualmente en programas de opinión en Radio Rebelde, COCO y otras emisoras, y en una columna semanal en Juventud Rebelde. 

- Se destaca, además, en el periodismo digital, llevando la realidad de Cuba al mundo, en blogs personales que atiende sistemáticamente, y que tienen buena aceptación.

- Y si lo anteriormente expuesto no fuese suficiente, se trata de un profesional que ha puesto sus conocimientos y experiencia al servicio de los demás. Formando parte desde su fundación del movimiento docente Elio E. Constantín, que lo lleva frecuentemente a distintas provincias; acudiendo a las aulas de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, donde es profesor adjunto desde 1988, o a las del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, a cuyo claustro de profesores prestigia desde el 2002. Además, ha impartido cursos sobre periodismo en Bolivia y Venezuela. Y es autor de una docena de libros, algunos de ellos realizados para contribuir a la formación de las nuevas y futuras generaciones de periodistas.

Muchos otros méritos y servicios al periodismo revolucionario podríamos señalarle a este singular cronista y articulista, de estilo depurado, de juicios filosos, polémicos en no pocas ocasiones, pero que han ayudado a sembrar conocimientos y conciencias, a desarrollar el pensamiento e identidad nacionales. 

En fin, el cuadragésimo cuarto Premio Nacional de Periodismo José Martí, el máximo galardón que otorga la Unión de Periodistas de Cuba desde 1991, se adjudica a quien  ha tenido un elevado compromiso político y social, a alguien que un integrante del Jurado, en medio de la discusión de las propuestas, calificó como “un genuino guerrero” a favor de un mejor periodismo. 

El Premio del 2009 es para LUIS SEXTO SÁNCHEZ

Dado en La Habana, 19 de febrero de 2009

“Año del 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución”

Y firman la presente acta los integrantes del Jurado  

Juan Marrero González (Presidente)


Antonio Moltó Martorell


Rolando Pérez Betancourt


Juana Carrasco Martín


Hugo Rius Blein


Omar George Carpi


Maribel Acosta Damas


Edda Diz Garcés


Livia Reyes Ramírez


Orlando Romero Fernández


Miguel Torres Espinosa


Víctor Pérez Galdós


Jorge R. Bermúdez Ortiz


Juan Ayús García


Néstor Santamarina Pérez

    

 

MORIR POR EL PERIODISMO

MORIR POR EL PERIODISMO

Por Raúl Menchaca

A propósito del Premio Nacional de Periodismo José Martí

Conocí a Luis Sexto una lejana mañana de septiembre de 1982. Ambos formábamos parte de un aula universitaria donde aspiraban a obtener el título académico un grupo de periodistas en ejercicio, entre los que hoy sobresalen Sahily Tabares, Marisela Recasens, Idania Martínez, Rogelio del Río o Humberto Mayol.

Ya Luis era parte de la plantilla del diario Trabajadores y comenzaba a brillar con textos que se salían de la norma del periodismo cubano de entonces.

De Luis, siempre me llamó la atención su tranquila actitud ante la vida, una imagen externa que sólo oculta un telúrico afán por hallar las esencias del cubano, ese que con su labor día a día arrima el hombro en la construcción de un socialismo tropical y diferente.

En aquella aula de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana nació una amistad fundada en mi admiración hacia ese calvo simpático, con una hondura de pensamiento que sólo tienen los privilegiados y que no le mata un humor singular, tamizado por una vasta cultura y un talante contestatario que sin embargo tiene un alto compromiso con Fidel y la Revolución Cubana.

Después, la profesión nos unió incluso en el extranjero y Luis siempre se reveló como un ser humano extraordinario que ha sabido pasar por encima de duros golpes de la vida y de las mezquindades e incomprensiones humanas.

Además de laborar en el hoy semanario Trabajadores, dirigió la redacción cultural de la agencia de noticias Prensa Latina. Trabajó en la revista Bohemia y en el periódico Juventud Rebelde.

En Radio Rebelde tiene especial participación en Hablando claro, el programa donde discute sobre la actualidad cubana junto a Antonio Moltó, otro grande al que el periodismo cubano aún debe mayor reconocimiento.

Pero Luis, que guarda una profunda vocación magisterial, tiene tiempo para impartir la docencia en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí y en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Mantiene en Internet el blog personal Patria y Humanidad, y como si fuera poco atesora además una extensa obra literaria, que incluye poesía, ensayo y cuentos, pero se confiesa sólo "un reportero".

Columnista de fibra, de esos que sufren cada semana ante la cuartilla en blanco, este villaclareño nacido en Remedios sabe de la polémica respetuosa y argumentada pero desprecia a los traidores y a los vendepatrias.

"En el periodismo hay que exponer el pellejo, y eso me gusta. En el periodismo uno se puede morir, pero incluso, eso me gusta. Me gusta tener una causa por la cual morir", afirmó en una reciente entrevista y así fijó su posición ante la profesión y la sociedad cubana actual.

Por eso, entregarle este año el Premio Nacional de Periodismo José Martí, que se otorga por la obra de toda la vida, ha sido sólo reconocer a quien ha vivido dispuesto a morir por el periodismo.

 

FINA GARCÍA-MARRUZ

FINA GARCÍA-MARRUZ

Por Luis Sexto

La experiencia general lo confirma: Ciertos autores a veces se convierten en autores predilectos. Uno los lee la primera vez y se anuda a ellos, se convierten en personas cercanas y recurrentes. En estos días, la Feria del Libro de La Habana le ha dedicado la edición de 2009  a la poetisa Fina García-Marruz, nacida en esta capital en 1923. Poetisa digo y puedo decir más, ensayista, aunque creo hallar una imbricación esencial entre el que escribe poemas y piensa ensayos.  Porque, creo, que tanto el método como el estilo del ensayista se apoyan en la lírica, en la poética actitud del que penetra en un tema por un impulso de amor, como en un poema.

Deben permitírmelo hoy. No puedo al hablar de Fina García Marruz, sin desechar mis emociones. La siento como a alguien invisiblemente cercana, influyendo en mí con su delicadeza de espíritu, la maestría de su estilo y la profundidad de su saber y su sabiduría. Demás está decir, pues, que la mantengo entre mis escritores preferidos. Cuando me dispongo a leerla, debo deshollinar mi conciencia: ir a las páginas de Fina, limpio moralmente como un niño recién nacido. Sus libros lo exigen. Porque sus poemas o sus ensayos, en particular, los que asedian la figura y la obra de Martí, son como un bautismo en las aguas de un ejercicio literario tan honrado que contagia de blancura a cuantos se le aproximan.

Es cierto que a veces, la obra se deslinda de su autor. Un gran libro puede estar escrito por alguien cuya conducta no corresponda a sus letras. Puede suceder. Pero en Fina García Marruz, letra y vida forman una misma unidad humana, ética, literaria. Y cubana. Porque esta mujer de cultura enorme, universalizada por sus vivencias y conciencia, es fundamental y vitalmente cubana. Hemos de gritarlo: Fina García Marruz, ¡honra de Cuba! Quien lee alguna de sus obras, ya en versos o en prosa, no la puede jamás olvidar. (Leído en Radio Progreso, La Habana)

FÉLIX PITA RODRÍGUEZ, MÍSTICO CIVIL

Por Luis Sexto

Nacido el 18 de febrero de 1909, en el pueblo de Bejucal, al sur de la ciudad de La Habana, el poeta y narrador Félix Pita Rodríguez  recibe ahora, al redondearse su primer centenario, la gratitud por haberse erigido como una presencia insoslayable en la conciencia de la nación. Sólo ocurre con los escritores que trascienden las cercas del individuo y se amasan con los dolores, las aspiraciones, la historia de su pueblo. Y de voz personal, se transforman en sonido, voz, lengua patria

Félix comenzó enamorado del Hombre; quiso interpretarlo en su porción invisible, en esos resortes de la conducta que a veces son un misterio. Era, así, un filósofo a lo popular: buscaba el hombre y recaló en la indagación de Juan Pueblo, Juan Desposeído, Juan Pobre, la forma doliente de ser hombre. Y viajó aparentemente impelido por el afán de parecerse a algún personaje aventurero de Salgari. En realidad, el vagabundeo por el planeta fue el impulso natural de su humanidad. Sus libros son trasunto de la experiencia en un callejón místico en Guatemala o en una posada marginal de Veracruz.

Nunca se embarrancó o temió el naufragio. Poseía la escalera para subir y aposentarse en el cuenco del humanismo popular, que lo convirtió en filósofo de la lucha y el cambio. La sensibilidad  -aguzada, fantástica escalera- le despejó cualquier nubarrón vanidoso y le cortó a tiempo el ombligo como pecado original. Para él, como poetiza en Las crónicas, la vida era como estarnos  “jugando nada menos que todo lo que debe ocurrir mañana”. Su divisa era una toma de posición humilde y doméstica: “Servir es más preciso que brillar”.

Y no mentía. Lo certificaba su militancia en el bando de los intelectuales angustiados por la suerte del Hombre en el Madrid asediado durante la guerra civil o en el París adonde recalaban los perseguidos del fascismo, o en La Habana lacerada por la tiranía de Batista, y más tarde, encendida por la fe en la revolución de 1959.

La revolución le insufló de una nueva juventud. Y con Las crónicas: poesía bajo consigna, Félix Pita Rodríguez olvidó sus deudas formales con el vanguardismo y el surrealismo, y se insertó en una poética cuyo compromiso con la revolución pasó del espíritu a la letra. Nunca como en ese momento de 1961, obra y hombre se soldaron en una irradiación unánime. El joyero de versos engastados con cinceles que esterilizaba en los vapores del lujo verbal,  renuncia a  comprar una parcela en los terrenos de la posteridad y se abstiene de levantar “un edifico de nieblas, / construido utilizando materiales del sueño, / sombras del subconsciente, / ni purezas definitivamente puras”.

En ese libro –coloquial y enfático, épico y lírico, arisco y dulce a la vez- el poeta desenmascaró el fantasma del panfleto. Durante siglos se pretendió apartar la poesía de las urgencias de la historia. Panfleto y su derivado panfletario adquirieron fama de soeces y fueron reputados como sinónimos de miseria estética. Félix  también lo reivindicó.  La poesía –nos quiso decir- acompaña al hombre en el amor o el dolor, la pérdida o la ausencia, pero no pueden agitarse campañas sociales sin el poema que impulse a la lucha entre el barro de las trincheras o el calor de las plazas repletas, y recoja, en auténtica palabra, en interiorizada metáfora, el empeño unánime del pueblo.

El pueblo lo “leyó”, sobre todo, en la radio. Fue uno de los escritores que aprovechó las posibilidades masivas del entonces reciente invento. Y en la década de 1940, se convirtió en uno de los autores dramáticos más destacados del circuito CMQ, al adaptar textos literarios al lenguaje radial o dramatizar las noticias como en la “soap opera”.

Poemas, cuentos, estampas surgieron en el transcurso de su obra, que terminó con la muerte del poeta el 13 de octubre de 1991. Sus cuentos, más que historias, son indagatorias en el alma humana. Libros de cuentos –como San Abul de Monte callado y Tobías- donde “no pasa nada” en el exterior, pero dentro de sus personajes se libra un drama colmado de contradicciones, de puja entre el bien y el mal, el deber y el placer, en una prosa que jamás renuncia a arroparse con la poesía. Y Félix Pita Rodríguez, poeta de resonancias místicas, de espiritualidad civil, es recordado hoy en Cuba por haberse negado a escribir, como decía Tobías, su personaje arquetípico,  “historias llenas de pajas”.

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