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PATRIA Y HUMANIDAD

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Por Luis Sexto

Como profesor de la Facultad de Comunicación Social, cada año los alumnos que preparaban sus trabajos de diploma o tesis de grado me sometían a numerosos y variados interrogatorios. Me parece útil reproducir varias de esas preguntas y respuestas, alusivas a diversos temas que los estudiantes suponían que el profesor dominaba, quizás por viejo. Cuarenta años en el periodismo, tal vez,  me autorizan a exponer criterios que  sirvan  como un aviso, una señal.

PERIODISMO Y REALIDAD

P.- ¿Toda problemática social es de interés periodístico? ¿Cuándo podemos decir esto?

R.- De primera intención podríamos decir que toda problemática social –creo entender problema más que problemática- ha de interesar al periodismo. En suma, la razón de ser de nuestra profesión es captar, sintetizar, codificar la vida social –la realidad- y difundirla como información. Eso es así, quizás desde los avissi venecianos, en el Cuattrocento, o desde mucho antes. ¿Por qué aparecieron? Pues, para empujar el desarrollo del comercio, de los viajes, para estimular, mediante el conocimiento general o de cuantos sabían leer, la certeza de que el mundo se ensanchaba. Es decir, la gente necesitaba saber para actuar.

Desde luego, tanto ayer como hoy la prensa difunde información desconocida y significativa. Esa es la noticia. Lo conocido no es, habitualmente, contenido de los medios periodísticos. Por lo tanto, siempre hay que discernir qué problema debe de ser interesante para caber en un periódico. Esa condición es relativa. Depende del tipo de sociedad y de las circunstancias.

Por supuesto, ese espectro sobresale por su anchura. Todo cuanto pueda tener una incidencia social, y sea información desconocida y significativa, interesa a lectores, escuchas y televidentes. Para ello, ya sabemos que la teoría del Periodismo ha determinado los valores de la noticiabilidad: proximidad política, proximidad geográfica; interés humano;  proximidad psicológica, afectiva, etcétera. Si cualquier problemática social cumple esas o algunas de esas condiciones, compete al periodismo, teniendo en cuenta, como dije, la naturaleza del sistema social. Quizás, como sabes, un cortador de caña recordista, no debe interesar en Estados Unidos, España, México o Bolivia, pero a nosotros, por su vinculación con el orden político y económico de Cuba, tuvo, con más o menos fortuna, espacio en nuestros medios. Si no interesó más fue por causa de nuestras limitaciones formales y periodísticas. Por ejemplo, a quién no le interesaría en Cuba un reportaje sobre las fiestas house. O el problema de las jineteras, o el trasiego clandestino de mercancía desde cualquier puerto, o el porqué nuestra agricultura se retrasa y languidece en la improductividad. En efecto, que toda problemática social puede ser, relativamente, de interés periodístico por sí misma. Después, viene lo otro: que sepamos expresar ese interés en la forma apropiada para que el interés no se diluya en la nada.

P.- ¿Considera que le corresponde al periodismo estar en el centro de la vida misma, aunque haya baches –casi insalvables– que saltar?

R.- Debe estar en el centro de la vida. Esa es su función. Claro, que la presa integra la estructura del poder; se debe a reglas, normas, regulaciones, impuestas por el Poder. Lo de Cuarto Poder en las sociedades capitalistas es un sofisma, en todo caso un Cuarto Poder que se pliega al primero cuando es necesario. No olvidemos que los dueños de periódicos son capitalistas. Por ejemplo, en Cuba, durante la república neocolonial, había un acuerdo implícito entre los medios: ninguno podía atacar a otro, y mucho menos a sus directores o propietarios. Había solidaridad de clase. Ahora, debemos estar en el centro de la vida, pero los periodistas honrados afrontan limitaciones. Algunas justificadas por el interés nacional y  otras como expresión de una burocracia que no tolera que le quiten la paz de administrar sin rendir cuentas. Pero, la prensa ha de luchar, no antagónicamente, contra las limitaciones. La crítica es dolorosa, pero los periódicos, en Cuba, insisten en mantener el derecho de advertir, alertar, sacudir para construir y preservar. Una sociedad que no pueda construirse tal como es en un periódico es, al parecer, una sociedad enferma, o cuando menos inestable.

En otras sociedades el antagonismo es inevitable entre la prensa de izquierda y los gobiernos de derecha. O entre la prensa revolucionaria y la prensa de apropiación privada, como en el caso de Venezuela.

PERIODISMO Y LITERATURA

P.- No han existido medias tintas entre “literatura” y “periodismo”: antes del “Nuevo Periodismo” norteamericano muchos escritores de ficción publicaron en periódicos piezas literarias (de no ficción), que se han clasificado además como periodismo; y a partir de los años sesenta los nuevos periodistas emprendieron un periodismo que se propuso clasificar (y lo logró) como literatura (de no ficción).

R.- En efecto, parece que el periodismo literario está presente desde el siglo XVIII, con El diario del año de la peste, de Defoe. Ese es un reportaje que hoy se llamaría literario o narrativo, literatura de no-ficción. A mi parecer, sin embargo,  la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, en el XVI, es un antecedente notable. El conquistador español, devenido narrador, escribió un gran reportaje, quizás el primero en nuestra lengua y el primero sobre América. Es un texto de información actual en aquella época y  contada como una novela, viéndose más que oyéndose. Después, el periodismo literario, dicho sumariamente, pasa por Víctor Hugo, José Martí, James O´Kelly; los modernistas Manuel Gutiérrez Nájera,  Rubén Darío, Enrique Gómez Carrillo; también por José Ortega y Gasset, Azorín, Ramiro de Maeztu;  John Reed, Pablo de la Torriente Brau, Hemingway, García Márquez, Norman Mailer y muchos más antes de la aparición del Nuevo Periodismo.

P.- En realidad, el llamado “periodismo personal o literario” no es un fenómeno nuevo; mas solo de un tiempo acá empezamos a reflexionar sobre tal hibridación y a crear conscientemente desde ese baluarte. ¿Pudiera decirse que el periodismo literario no es literatura (aunque pudiera llegar a serlo), sino una variante periodística que se vale de algunos de sus recursos técnicos y de estilo para agregar a sus enunciados perdurabilidad y atractivos?

P.- A mi juicio no es literatura en su estricto sentido, pero es una categoría de arte, porque combina el tratamiento de la actualidad con los recursos estéticos de la narrativa. Es decir, en el periodismo literario se aprecia también una apropiación artística de la realidad, pero sin ficción. Resulta una mezcla creadora de los fines y géneros del periodismo con la sensibilidad, las técnicas y el lenguaje literarios, de modo que el contenido informativo resalte por su profundidad y sensibilidad. Lo caracterizan las técnicas de la narración: el predominio de la acción, la trama, los  puntos de vista personal, espacial, temporal; las estructuras circulares, cronológicas, discontinuas, invertebradas. Estilísticamente singulariza al periodismo literario un lenguaje ajustado en el tono a su tema, y una organización del enunciado variable en su ritmo, armónica, con un nivel tropológico que, además de embellecer la prosa, la haga más diáfana y precisa. Es decir,  calidades estéticas que permitan que el texto permanezca vigente, vivo.

P.-¿Qué géneros (literarios y periodísticos) pueden merecer tal clasificación?
Explique y ejemplifique en cada caso.

R.- Al menos en el periodismo, los géneros no merecen esa clasificación, sino el resultado de su tratamiento. Son los habituales del periodismo, pero enriquecidos por el tratamiento literario. Digamos que el reportaje y la crónica se ajustan muy bien al periodismo literario. En el reportaje se cuenta una historia y su lenguaje y estructura pueden apegarse a lo literario. La crónica exige un lenguaje casi poético, una exaltación lírica y su estructura puede ser: cronológica o circular o zigzagueante. También el artículo cuando se realiza con actitud de ensayista, esto es, que valora  tanto el concepto como la forma. Pongamos por ejemplo, los artículos de Jorge Mañach en el Diario de la Marina, o sus Estampas  de San Cristóbal y Glosario en El País, entre los años 20s y los 30s del siglo XX. En ellos hay estilo seductor, cautivante, sin dejar de ser claro y conciso. La entrevista de personalidad, si trasciende la rutina de preguntas banales y de un esquema sin vitalidad, sin interés, también se inserta en el llamado periodismo literario.

 

P.-En general, ¿cómo aprecia el comportamiento del periodismo personal o
literario en Cuba?

R,- No es frecuente, ni común. Sin embargo, son numerosos los periodistas que lo escriben: Leonardo Padura, Yamil Díaz Gómez, Ciro Bianchi, José Alejandro Rodríguez, Michel Contreras, Luis Vázquez Muñoz, José Aurelio Paz, Enrique Milanés León, Eduardo Montes de Oca, Félix Guerra, Osmar Álvarez Clavel, Leandro Estupiñán, Jesús Arencibia, Roger Ricardo, Rafael Grillo, Francisco G. Navarro, Julio García Luis, Joaquín Ortega, Katiuska Blanco, Rosa Miriam Elizalde…

P.-De la historia del periodismo cubano, hasta hoy, menciones autores y obras paradigmáticas.

Solo es posible ahora una breve enumeración: Escenas norteamericanas, de José Martí, y el reportaje Terremoto en Charleston, del propio Maestro; Episodios de la revolución cubana, de Manuel de la Cruz; muchas crónicas de Julián del Casal; Presidio Modelo, de Pablo de la Torriente; Estampas de San Cristóbal y Glosario, de Jorge Mañach;  Los ojos de Argos, de Ruy de Lugo Viñas; Prosas Varias, de  Miguel Ángel de la Torre; Crónicas, de Miguel Ángel Limia; artículos y crónicas de Rubén Martínez Villena; Bufa subversiva, de Raúl Roa; Prosa de prisa, libro con crónicas y artículos de Nicolás Guillén; crónicas y artículos de Ramón Vasconcelos, Fernando G. Campoamor, Félix Pita Rodríguez, Mirta Aguirre;  reportajes de Lino Novás Calvo; textos de la sección En Cuba, de Enrique de la Osa; los reportajes de Gente de pueblo, reunidos bajo ese título por Onelio Jorge Cardoso;   libro de crónicas de viaje de Francisco C. Bedriñana,  titulado Nuestra América es así; artículos y reportajes de Lisandro Otero; Los fantasmas de Omaha, reportajes de Jaime Sarusky recogidos en un libro con ese título; Ahora se acabó el chinchero, de Santiago Cardosa Arias; El año 61, de Dora Alonso, volumen de sus experiencias en La Sierra Maestra después del triunfo de la Revolución y su faena como corresponsal de guerra en Playa Girón,  y El viaje más largo, colección de reportajes, de Leonardo Padura… Y siendo objetivo, justo y honrado como clasificador, tengo que anotar también que, en un tiempo, sobresalieron Norberto Fuentes, con los reportajes de Nos impusieron la violencia; Manuel Pereira, con Cro-nicas, publicadas primeramente en Granma y luego compiladas en libro,  y Bernardo Marqués. El destino político ulterior no puede limitar el perfil periodístico literario de estos  tres autores, ni invalidar a su obra anterior. (Toamdo de La palma de la mano)

MI SECRETARIA

MI SECRETARIA

Por Luis Sexto

Mamá ha emigrado recientemente por segunda vez. No regresará más. La muerte, como esas tiendas que siempre tienen la razón, no admite devoluciones. Y yo, a solas con la noticia, confío en que tal vez la letra, exorcista  empecinada, pueda  mediante un acta de amor sustraerla de tan inapelable norma. Porque para hacer perdurable lo efímero, para eso, soy periodista.

Ella quería ser mi secretaria cuando lograra ese propósito. La recuerdo baldeando la cocina y sin apenas mirarme oyó mi descontento con el trabajo que en esos días realizaba. Tenía unos 18 años. Mi obsesión era escribir: la arquitectura de la felicidad se articulaba para mí en una redacción de periódico, aunque nunca había entrado en ese espacio todavía inimaginable por mi vocación, salvo cuando, oyente habitual de un programa de Luis Grau, en Radio Popular –emisora ubicada en Infanta o Ayestarán, que no preciso, muy cerca de la plazoleta de Carlos III- fui a conocerlo, con cierto atrevimiento, y vi una cabina de locución y trasmisión. De Grau, lo digo en su honor, conservo unas memorias muy agradecidas. Me le acerqué cuando, ya fuera del estudio al terminar su programa de música entonces llamada del ayer, hablaba con quien luego supe era el músico Joaquín Mendível. Grau me atendió con bondadosa cordialidad y en lo adelante nos hicimos amigos, si pudiera llamarse amistad a la relación de  un muchacho sin oficio y una avezada y culta voz de la radio. Pues, sí: fuimos amigos y alguna vez lo visité en su casa de 17 y 26, cerca del barranco por donde se baja a un barrio humilde a orillas del Almendares.

Mamá conocía de esa relación que fertilizaba mis sueños, y ahora escuchaba callada mis lamentaciones. Estábamos en la cocina. Me miró levantando la cabeza desde el piso que limpiaba en cuclillas, y como asegurándome el futuro cierto de mis proyectos,  me confió su deseo de ser mi secretaria cuando yo fuera un periodista famoso. Le dije que no, con la sorda prerrogativa de quien solo reconoce como únicos derechos los propios, y como deberes, los ajenos.

Con el tiempo, la pesadumbre derivó en llaga moral. Durante los primeros años de mi madurez, periodista ya un tanto envejecido, aunque no célebre, el fuetazo que hice restallar sobre la abnegación y el amor de mi madre, me dolía en toda la claridad de mi injusticia. ¿Cómo habría asimilado la urticante negativa de su hijo mayor? ¿Se le habría comprimido el corazón en tanto la pena se le transformaba en una piedra de cuarzo o en una perla oculta entre las valvas de su ternura herida?

Hacía años que había emigrado con el resto de sus hijos. Uno se había adaptado a saberla lejana, a sólo oír el día de mi cumpleaños su perseverante llamada telefónica. A fines de siglo, la desgracia hizo parada en nuestra familia. Y a los Estados Unidos llegué con mi hijo menor muy enfermo para intentar esa esperanza que llaman “lo último”. Al otro día volví a paladear la sazón de la cocina de mamá: tres décadas sin  el toque maternal de sus frijoles, la delicadeza del arroz desgranado, y tanta carne de pollo frita para aquel adolescente comilón desde la infancia. Luego, me levanté; fui a la cocina y  con el mismo inexplicable pudor que a veces me impidió besarla o decirle mamá, perdóname, le pedí el nombramiento que tan cruelmente le negué cuando aún no sabía de verdades inapelables como la muerte. Mamá, yo sé que ahora serás mi brazo más fuerte, mi líder, mi estrella en país extraño, y por todo eso ¿me dejas ser tu secretario? Ella comprendió y me abrazó; lloraba. Yo también. Y ahora estoy en paz.

 (Publicado en Juventud Rebelde)

 

 

¿GITANOS EN CUBA?

¿GITANOS EN CUBA?

Por Amaury del Valle

Para los que se han inquietado por el destino de los gitanos en Cuba, este reportaje investigativo les informará.  Descendientes de estos nómadas, asentados para siempre en Cuba, conversaron con Juventud Rebelde

Anochecía en el campamento. Parizza miraba inquieta una y otra vez hacia fuera de la tienda. ¿Pero qué le pasa a esta hommí (mujer) que está tan inquieta?, preguntó el viejo Burtia a su mujer Terca, quien a esa hora terminaba de cocer la comida del día, antes de salir de nuevo para la feria.
Parizza, la más pequeña de todos los hermanos, cada uno nacido en un país diferente, casi siempre la acompañaba hasta la carpa donde un gran letrero anunciaba que allí se desentrañaba el misterio de la suerte futura, para todo aquel que por la palma de su mano o las cartas quisiera conocer qué le deparaba el mañana.
Pero aquella noche sería diferente. En plena madrugada, cuando todos en el campamento dormitaban, en especial los hombres después de un fatigoso día frente a la fragua, la pequeña Parizza, de solo 15 años, ató unas pocas ropas y prendas, se quitó los collares y aretes para no hacer ruido, y salió en medio de la noche a lo desconocido.
Pocos metros más allá, en plena oscuridad, un auto la esperaba con el motor encendido. Parizza y Rogelio se fundieron en un largo abrazo, y la muchacha dejó escapar alguna que otra lágrima, sabiendo que la decisión tomada por amor, la alejaría para siempre de su tribu, de los gitanos Cuik.

MONTESCOS Y CAPULETOS TROPICALES

La historia de Rogelio Sandín y Parizza Cuik merece algo más que un intento fallido a todas luces de dibujar con trazos grotescos el quehacer de los gitanos en Cuba, cuya influencia va mucho más allá de un simple pincelazo de folclor en el siglo XX.
Sí. Los gitanos sí estuvieron en Cuba. Y todavía están.
Desandando la trama de su presencia en la Isla, tropezamos con algunos descendientes de ellos, quizás los únicos de esos constantes nómadas, vilipendiados por muchos, pero que en realidad son hombres y mujeres trabajadores, amantes de los suyos, con un gran sentido de la unidad, cuyo único defecto, si así puede llamársele, es poner su honor y la fidelidad a los suyos por encima de todo.
La historia de Parizza y Rogelio, como dijera una vez el escritor Leonardo Padura, asemeja más a una saga del medioevo que a un suceso real acontecido en el siglo pasado, cual si en suelo tropical los caprichos hubieran querido repetir la historia de los Montescos y los Capuletos, esta vez con un toque gitano, español y tropical.
Él, nacido en Benavente, España, criado muy cerca de gitanos y con ganas de ser maestro, un día partió hacia Cuba en busca de buena fortuna y con solo 50 pesetas en el bolsillo.
Ella, de sangre gitana y nacionalidad inglesa por su partida de nacimiento, conoció al joven Sandín en España, apenas una niña, pero la constante movilidad de su gente, un día aquí y otro allá, la alejó de él y la trajo a América, donde después de andar por varios países, llegó a Cuba con los suyos a probar fortuna.
Quiso el destino que Parizza y Rogelio volvieran a encontrarse en la Perla del Caribe, que su padre y hermanos miraran con desconfianza a Rogelio, el joven gazyó, como le decían a quien no era gitano, que este la siguiera hasta Matanzas y encontrara amigos que le ayudaran, para que al final el rapto fuera la única solución para consumar su amor.
Parizza, después de esa noche, se vistió de gazyí (mujer no gitana), se cortó las trenzas, escondió los aretes y collares. El viejo Burtia, por su parte, hombre conocedor del mundo, viajante en más de 20 países y que hablaba ocho idiomas a pesar de no saber leer ni escribir, tampoco se cruzó de brazos y pidió ayuda a las autoridades para castigar al osado joven. Y Rogelio, caballero al fin, se presentó ante Burtia y Terca para pedir la mano de Parizza.
Aunque aparentemente los gitanos aceptaron a regañadientes la unión de la muchacha con un gazyó, en realidad no retiraron la denuncia, y cuando el campamento partió en busca de otros trabajos, la guardia rural se personó para aprehender a Rogelio. Sin embargo, este, sabedor de las mañas gitanas, había pedido a un amigo que ocupara su lugar, mientras él escapaba nuevamente con su amada a un sitio desconocido.
Pasarían meses antes de que el testarudo Burtia y su esposa Terca aceptaran lo inevitable, en parte impotentes ante la resolución de la hija, y en parte ablandados por la certeza de que el vientre que veían crecer sería —quisieran o no— su nieto, fruto de la unión de una gitana con un gazyó.
LOS GAZYO Y LAS GAZYI
Sentados en casa de Rogelio Sandín degustamos la historia de su abuelo y abuela, junto al mayor de los hijos, su hermana Natasha y la madre de ambos, Zenaida Hernández. Esta última, también gazyí, en su momento se casó con el hijo de Rogelio y Parizza, desafiando las costumbres y aprendiendo a hacerse querer por los gitanos.
“Es que hay mucha fábula alrededor de ellos, dice Zenaida. Los gitanos no son ni ladrones ni delincuentes. Siempre han sido una tribu nómada, discriminada en muchos lugares, pero que se gana el pan honradamente: los hombres, con su trabajo como paileros, gracias al dominio de los metales y en especial del bronce; y las mujeres adivinando la suerte con las cartas o leyendo la mano”.

De la familia Cuik hoy solo quedan dos ramas en Cuba, los descendientes de Rogelio y Parizza, y los de Yanko, el hermano de Parizza, quien también se asentó en la Isla para echar raíces hasta el final de sus días. “El resto ha ido emigrando”, me cuentan Rogelio y Natasha.
“Muchos se fueron porque se casaron con otros gitanos o gitanas, otros en busca de nuevos horizontes, pero el viejo Burtia murió aquí y su mujer también. En esto influyó mucho la pequeña Parizza, la hija predilecta de ambos. Aunque también ellos decían que este era el único país donde habían podido vivir tranquilos, sin que nadie los molestara”.
Los Cuik, que llegaron a Cuba en la década de 1920 por primera vez y estuvieron entrando y saliendo en varias ocasiones, se asentaron definitivamente aquí por esos años, y comenzaron a desgajar su prole por varios lugares, aunque el más habitual de todos era la barriada de Arroyo Apolo y la zona de Lawton, por la cual sentían una curiosa afinidad.
Si bien casi todos residían muy cerca unos de otros, a veces varios hermanos en una misma casa, en tiempos de zafra se juntaban para recorrer los campos y ganarse la fortuna de diversas formas, por lo cual es usual que personas viejas narren haber visto gitanos en casi todos los confines de Cuba.
“En tiempos de corte viajaban para las colonias de caña, cerca de los centrales, y allí pedían permiso al jefe de la guardia rural para montar sus tiendas de campaña”, narra Rogelio. Ellos tenían diferentes atracciones, como carruseles, tiros al blanco, rifas, y las mujeres leían la suerte. Los hombres, mientras, recorrían las dulcerías y panaderías cercanas para arreglar las tártaras y calderos de bronce, pues eran maestros en eso”.
Precisamente Yoyo y Tomás, cuyos nombres cubanos son Pedro y Ángel, dos de los hijos de Yanko que aún viven en Los Pinos, crecieron junto a la fragua de su padre en ese reparto. Conservando la tradición gitana todavía usan sus nombres en caló (lengua de los romanís o gitanos) tanto para ellos como para designar a sus hijos.

“Recuerdo que cuando pequeño, dice Ángel, íbamos al campo a acompañar a los nuestros a las ferias, a los circos. Formábamos parte de la vida gitana hasta que éramos adolescentes. Esa es nuestra raíz y nunca la negamos.
“Ahora nosotros estamos integrados a Cuba, nuestros muchachos han crecido como cualquier niño o niña, pero si usted pregunta por acá dónde viven los gitanos, entonces todo el mundo nos señala. Porque eso sí, ninguno de nosotros siente pena por ser lo que somos. Al contrario, estamos muy orgullosos de que por nuestras venas corra sangre gitana y cubana”.
NADA DE ALALA ALALA
Los gitanos cubanos que quedan, escasos ya por el paso del tiempo y la costumbre inveterada de viajar, todavía conservan algunas de sus tradiciones. El pan hecho de huevo, el té sin falta en cada casa, las fotos, el respeto por la palabra de los mayores, la estabilidad del matrimonio, la alegría en cada cosa, el gusto por los colores vivos, los grandes aretes y hasta por las prendas de oro, son algunos de los rasgos que los caracterizan.
“Es que en el caso de las prendas, por ejemplo, los gitanos las llevaban al cuello o engastadas en los dientes por su propia naturaleza de raza perseguida, siempre presta, necesitada de una reserva a la cual echar mano para huir en caso de peligro”, explica Natasha.
También es frecuente en ellos hablar el caló y conservar muchos usos. “Eso sí, nada de ‘alala alala’ —dice Tomas— que eso es un invento que no significa nada, ni tiene nada que ver con nosotros. Otros términos sí, y hasta costumbres como leer la mano o tirar las cartas, pero no lo que hacen muchas gazyí para engañar a la gente haciendose pasar por gitanas”.
Como buenos andantes, gustan de las fiestas familiares y reunirse todos en torno a los mayores a oír historias, quizás rememorando los tiempos en que lo hacían junto al fuego en las largas noches de los campamentos. Conservan, además, el respeto sagrado a los mayores, al punto de que aún está por abrir el baúl de una tía fallecida hace unos años, pues hasta que todos los familiares viejos no autoricen no puede hacerse.
Y algo muy importante para ellos y que nunca van a perder: siguen siendo fieles a sus promesas, orgullosos de su honor, sabedores que, al igual que antaño no necesitaban de un papel para asegurar un juramento, también hoy la palabra de un gitano es ley.
¿DE DÓNDE SERÁN?
Según diversos estudios, los gitanos o romanís son un pueblo que procede originalmente de la India, aunque ha migrado por Asia, África, América y Europa, continente donde se ha concentrado un mayor número.

Los gitanos, conservan su propia lengua, pero en muchas ocasiones hablan más de un idioma como resultado de su vida nómada. Sus hijos, si bien son inscritos en el país que nacen con nombres de esa lengua, llevan por el resto de sus vidas su patronímico propio gitano.
Hasta el momento los estudiosos no se han puesto de acuerdo sobre el origen del término “gitano”, algunos aluden que pudiera provenir de la denominación griega Aigypt[an]oi o Gipsy, con la cual los helenos designaban a los egipcios y por tanto a los gitanos, por las similitudes que encontraban entre ellos al dedicarse ambos al comercio y a la vida nómada.
Otras interpretaciones sugieren que en una violación de las reglas lingüísticas, frecuente en el uso a diario del habla, la palabra pudiera derivarse de los términos indoarios “gujjar” y “gujrati”, que designaban a una tribu de esa zona conocida por sus características nómadas.
Los gitanos no solo se han dedicado a la lectura de la fortuna, el comercio, el servicio o el nomadismo. También existieron entre ellos intelectuales, políticos y personajes de la farándula, algunos tan conocidos como Charles Chaplin, la actriz Rita Hayworth, el teólogo Frei Betto y hasta el mismo ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.
Aunque no existen cifras oficiales, los expertos calculan que actualmente debe haber 34 millones de gitanos en todo el planeta; de estos, unos 17 millones en la India, donde se originó su movimiento, y otros 5 millones en Europa Oriental.
LLEGARON JUNTO A COLÓN
Aunque no existen investigaciones profundas sobre la entrada de gitanos a Cuba, hay quienes creen que los primeros llegaron junto con los colonizadores, pues era frecuente que se utilizara a los gitanos presos para conformar las tripulaciones de los barcos que se lanzaban al Nuevo Mundo.
Todo parece indicar que las migraciones masivas son de más acá, de los albores del siglo XX, cuando varias familias o tribus gitanas llegaron junto a las oleadas de inmigrantes españoles que vinieron a probar fortuna.
En Cuba, si bien los gitanos fueron menos discriminados que en otros lugares, también sufrieron lo suyo durante la neocolonia. Hasta una ley, dictada en 1936, prohibió su ingreso a la Isla, algo que constituía un verdadero crimen, toda vez que en esos momentos muchos de ellos huían de España, donde fueron duramente perseguidos por el franquismo.
ARRAIGO POPULAR
Muchas costumbres y tradiciones gitanas han pasado a ser parte del acervo cultural del pueblo cubano, aunque en ocasiones no nos percatemos de ellas.
En el vestir y la moda destacan las grandes argollas y los collares de pendientes, la infinidad de pulseras en un mismo brazo, las cadenas en el pie, así como los pañuelos atados a la cintura, al igual que las sayas de pliegues y colores vivos, muchas de ellas decoradas con motivos de flores o selváticos.
Otro aspecto importante es la comida, como el té de frutas o el “brazo gitano”, dulce muy gustado por los cubanos, y sustituto del tradicional y occidental cake. Su música también influyó mucho en la andaluza y por ende en la criolla, heredera de ritmos y bailes españoles.
También la lengua caló ha hecho de las suyas, y en el habla marginal destacan palabras gitanas con significados muy similares a las utilizadas a diario en esta jerga, como son: jamar (comer), curda (borracho), chivato (soplón) y puro/a (padre/madre).
RAZA MALDITA
A lo largo de la historia, los gitanos han sido constantemente perseguidos y discriminados, e incluso se les asocia con delincuentes de la peor calaña, acusándolos muchas veces de delitos que no han cometido.
En la Edad Media, por ejemplo, muchas gitanas fueron a parar a la hoguera acusadas de herejes por el hecho de conocer las propiedades medicinales de algunas plantas, y por su tradición de leer la suerte a través de las cartas o la palma de las manos.
No obstante, la mayor masacre de gitanos tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando alrededor de medio millón de “romanís” fueron asesinados por el nazismo en los campos de concentración o “raizas” hechas exprofeso para exterminarlos por ser una “raza inferior”.
Todavía hoy, como ha denunciado Rajko Djuric, presidente de la Organización Mundial de Gitanos, este pueblo vive perseguido y se discrimina a los “romanís”, pues según él, no se les toma debidamente en consideración como víctimas de la persecución nazi.

HABLAN LOS GURÚES

HABLAN LOS GURÚES

Los pejes siguen muriendo por la boca

El Nuevo Herald, que ofrece gratis El País de España para poder venderse, ha añadido a su fama de mitómano -¡ah, recuerdo aquellas noticias de Pablo Alfonso que había que desmentir cinco días más tarde-, aparte de ese descrédito, decimos, ahora ha vuelto a usar su carisma de gurú. Y ha publicado hoy una serie de juicios de expertos sobre el nombramiento del General Leopoldo Cintra Frías como ministro de las Fuerzas Armadas en Cuba.

Lo primero que llama la atención es la incapacidad de los titulados expertos en  asuntos cubanos  y en relaciones internacionales, para elucubrar un pronóstico o una interpretación capaz de no hacer el ridículo ante lectores inteligentes y, sobre todo, informados.

El lead de la nota informativa dice:

El nombramiento del general cubano Leopoldo Cintra Frías como nuevo ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) hizo aflorar el miércoles reacciones de cautela entre analistas y disidentes a ambas orillas del Estrecho de la Florida.

El encabezamiento es repetitivo, redundante. Todo cuanto se haga en Cuba suscita reacciones de cautela y preocupación por esos lares del otro lado del Estrecho y también de este. Eso es verdad. Pero es la norma. La plantilla del esquema.  Veamos por qué están preocupados:

Andy Gómez, académico de Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, dijo que la confirmación de Cintra en el cargo indica que la estructura del poder cubano sigue “apostando” por la línea dura.

Y por qué el nombramiento de Leopoldo Cintra Frías confirma una voluntad política de “línea dura”. La explicación de míster Andy Gómez no puede ser más simple:

Los Castro no están interesados en perder el poder de ninguna manera (…) y  Cintra ha sido un hombre muy leal a Fidel como a Raúl Castro. Esto nos muestra que si la gente esperaba cambios desafortunadamente no vamos a ver nada de eso.

Parece que el experto Andy Gómez esperaba que el Gobierno de Cuba nombrara ministro de defensa a un hombre de línea blanda como ´Pepe´ Hernández, el presidente de la FNCA. Entonces sí hubiera habido cambios, como para establecer un nuevo éxodo, y los cubanos de aquí salir a prisa para ocupar las casas de los de allá, vacías al regresar estos a sus ex casas de Cuba, para vitorear a ´Pepe´. Lo que nos esperaría… Bueno, como diría Rita Montaner, tía de otro experto célebre: mejor que me calle, que no diga na… En suma, los que están empeñados en no perder el poder, son miles y miles de cubanos humildes y de hombres y mujeres que, aun con sus imperfecciones, estiman que la revolución cubana es superior a todo lo que prometen desde Miami y Washington. Al menos, nos hemos ganado la soberanía y la independencia. Y es bastante.

 Continuando, desde Arlington, Virginia,  llegó lo más inteligente de cuanto informó El Herald. Leamos:

 Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington, dijo que Cintra responde a las necesidades del gobierno cubano para ocupar un ministerio “clave”. Sin duda Cintra es una persona de mucha confianza y es un relevo que se produce dentro de los círculos del alto mando.

Es evidente. Cuánta razón tiene el respetable analista. Habría que preguntarles a Obama y al Congreso de la Unión si ellos nombrarían a un ministro de Defensa que no respondiera a sus necesidades como potencia. ¿Acaso podrían haber nombrado al difunto Bin Laden?

Ahora, al final, contrariamente a la técnica periodística para la construcción de la información, empieza lo mejor de la nota de El Nuevo Herald:

José “Pepe” Hernández, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), radicada en Miami, subrayó que lo que está ocurriendo en Cuba es una prueba que la concentración y el monopolio del poder guían la agenda de gobierno. Desafortunadamente es una piñata política y militar que pretende mantener a todos los integrantes del círculo más íntimo del castrismo.

Habría que preguntarle a don ´Pepe´ si cuando murió Mas Canosa, la FNCA no mantuvo el poder entre los hombres más cercanos del difunto. Entre ellos, el propio ´Pepe´.

Pero, en el final, un finalísimo final, son estas dos declaraciones:

Oscar Elías Biscet, el hombre que hizo huelgas de hambre en su casa tomando batido de carne de cerdo, como si fuera jugo, criticó el nombramiento de Cintra Frías con estas palabras no  tan exactas cuanto originales:

Cuba es un país militarizado y Cintra goza de la entera confianza de los Castro en cuanto a la línea ideológica y política del sistema.

A decir verdad, Cuba es un país que se ha militarizado para defenderse. Los Estados Unidos, modelo de democracia, además de fuente de empleo para muchos expertos y analistas, están remilitarizados, con una industria bélica que, al cabo, en última instancia, como dicen los marxistas, decide allí lo fundamental. Y se han militarizados para hacer la guerra fuera de su territorio. Es decir, como estrategia de dominación. No he leído nunca una declaración de Biscet contra el armamentismo norteamericano.

Ahora, la estrella de la nota. Guillermo Fariñas, que de psicólogo, ha derivado en visionario, en pitoniso, profetizó:

Creo que posiblemente vamos a empezar a ver fricciones en las Fuerzas Armadas, que uno diría que es uno de los pilares de la revolución cubana.

Sabio el gurú. Por qué han de haber fricciones. No lo dice. No lo puede decir. Tal vez ignora que el General Cintra Frías era viceministro primero durante el mandato del fenecido Julio Casas Regueiro. Y no hubo fricciones, salvo que Fariñas, con su capacidad psicológica haya podido hacerle algún test  mental al edificio Sierra Maestra, cuyas paredes deben saber demasiado. Tanto Cintra  Frías como el General  López Miera, viceministro primero y jefe del Estado Mayor, son dos de los más competentes generales de las FAR, y cuya historia personal los convalida.

Claro, digo esto sin saber qué otras cosas ha dicho el ´Coco´ Fariñas. A lo mejor, para ministro de Defensa debe ser un “inmortal” sobreviviente de numerosas huelgas de hambre, gracias a las terapias intensivas que le facilita el gobierno que él combate.  Es decir, Fariñas es el hombre apto para impedir fricciones.

De verdad, las cosas de El Nuevo Herald y sus fuentes no pueden tomarse en serio. ¿Cuanto tiempo llevan haciéndolo sin ningún efecto? ¿Cómo dijo? ¿Cincuenta? Ah, sí, cincuenta años y un poquito más, aunque El Herald lleva menos y parece que sí le queda poco…

 

 

 

 

 

BUSCO UNA GITANA

BUSCO UNA GITANA

 Por Luis Sexto

Discurriendo por esa franja de tanteo, duda, ilusión entre los 18 y 20 años,  un amigo amable, abierto como un padre, me recomendó irónicamente buscar una gitana para que averiguara el porvenir en las líneas de mi mano. Entonces la incertidumbre, la impaciencia y la desconfianza de mi autoestima juvenil en crisis, querían saber si las aspiraciones que paseaban por el camposanto de mi frustración, merecerían alguna vez el cuño del éxito.

Inútil consejo, le argüí. Nunca encontraré una gitana. Y fíjate qué ocurrencia. Cuando la tuve cerca, no me interesaron sus carismas adivinatorios, porque ocurrió siendo niño. En esa edad, el futuro era un sueño dormido, sin nombre, sin habitación. Sin frío ni calor. Después, ya no vi más gitanas, ni gitanos, en Cuba.

Pero en un tiempo vivieron su existencia errabunda en nuestra Isla. De pueblo en pueblo. Como lo cuenta la telenovela cubana que hace un tiempo aleló a los televidentes con sus intrigas triangulares, sus malos de cianuro y sus buenos en almíbar.

Mis recuerdos fijan la presencia de un campamento gitano quizás en 1950 o en algún año posterior. Levantaron las tiendas en el campo donde en mi pueblo jugábamos pelota. Y no noté ningún alboroto, ningún deslumbramiento de los vecinos ante lo insólito. Lo raro. Más bien el tránsito de los  nómadas, parecía ser una estampa recurrente, posiblemente en época de fiestas. Porque aquellas mujeres de faldas anchas, corridas más al sur de las rodillas, y con el pelo -negro al igual que los ojos- trenzado como soga, vendían su conocimiento del futuro como un artículo de feria. Se acomodaban señorialmente a la puerta de sus casas de lona y leyendo en tu mano o en una baraja ofrecían llevarte allí, donde la curiosidad, la duda o la esperanza punzaban por penetrar para oír, habitualmente, la descripción de un paisaje afortunado.

Los varones, en la explanada, te invitaban a ver sus artes de acróbatas, además de sus habilidades reparadoras de la cacharrería doméstica.

A dónde se marcharon los gitanos. A pesar de que a los 18 años empecé a recorrer a Cuba, nunca más los tope. Algún investigador ha  indagado sobre el polvo de los archivos o entre la gente, y descubrió que unos se integraron a la sociedad cubana y formaron familia después de 1959, y otros tal vez siguieron gitaneando tras una  punta de la estrella Polar, en el peregrinaje de los romíes, o los cíngaros, o los gypsis  -como también los nombran. El enigma ha acompañado a ese pueblo, aunque ahora sabemos con alguna certeza que proceden de la India y que su lengua, ágrafa, se deriva del sánscrito. Llegaron en el siglo XI a Europa cargando en sus carretas un pasado ciego y el apego a una libertad que para ellos solo tiene sentido en la provisionalidad del nómada y en la retraimiento comunitario de sus cultura y sus costumbres. La discriminación, forma de la intolerancia y la incomprensión, los ha enlutado, y la persecución hitleriana los diezmó, tanto o más, en términos comparativos, que a los judíos. Sin embargo, el cante jondo y el baile flamenco, de acuerdo con el poeta español Félix Grande, le agradecen una dosis de pasión, de ese vigor interno que exuda y quema.

Una vez quise imitar a los gitanos. Y leí la mano de una muchacha. No me introduje en el futuro. Columbré el pasado. Y acerté. Tanto que ella casi fallece de la impresión. ¿Soy muy lúcido, como me ha dicho una voz más lúcida que yo, o el pasado de una mujer puede ser también el de otras que he conocido?  Perdón. Saco mis pies de esas aguas. Y admito que todavía me interesa precisar mi futuro. ¿Llegaré a escribir bien? Si me leyera ahora, aquel amigo, cariñoso como un padre, y que fue obispo auxiliar de La Habana -Monseñor Fernando Azcárate y Freyre de Andrade- ante mi tozuda inseguridad volvería a recomendarme lo mismo que en mi juventud. Búscate una gitana y entrégale tu mano.

DECIRES Y DESAIRES

DECIRES Y DESAIRES

 Por Luis Sexto

 Ideas sobre la prensa cubana

La prensa cubana está bajo un escrutinio casi implacable (y el casi es una fórmula paliativa de periodista “avergonzado”).  Lectores que leen los periódicos y lectores que no los leen desde hace tiempo, que de todo hay en el calendario crítico cuyas hojas se derraman sobre Cuba, insisten en la opacidad de nuestras páginas, nuestras ondas y nuestras imágenes. Las acusaciones más comunes giran en torno de un color predominante, el gris, y de las omisiones que convierten a la prensa en secretista, acrítica, cómplice, y  cuya función veraz y objetiva suele estar fuera de foco.

Lo más llamativo es que algunas de esas voces inconformes, todas atendibles, atribuyen las insuficiencias y deficiencias a los periodistas, que no saben ser cultos, valientes y audaces profesionales. Pero tal vez muchos han olvidado que cuando algunas de esas voces ocupaban posiciones directivas, jamás toleraron la crítica y hasta se  molestaban por una pregunta aguda o excesivamente profunda, y como insulto nos tildaban usualmente de “comilones”. Varios de mis colegas pueden hasta contar sobre ojerizas sistemáticas decretadas por funcionarios que, hoy, al añadirles el prefijo ex, no cesan de fustigar a  medios y periodistas por la “mala prensa”.

Y uno se percata, además, de que se  estigmatiza a la prensa cubana desde variadas fronteras y posiciones en un planeta donde los medios se distinguen universalmente por mentir, por escamotear la verdad o tergiversarla mediante la semántica manipuladora. ¿Difunden todas, todas las noticias, y sin manipulación, los medios norteamericanos y europeos o las notas sobre asesinatos, accidentes, robos, discusiones en el parlamento hacen creer acaso que la prensa verdaderamente informa lo que cada ciudadano debe saber? ¿Ha de ser solo la prensa cubana la única exigida y denostada, sin reconocer que -y sea dicho sólo como dato explicativo y no justificativo-  ha ejercido su papel bajo un estado de sitio, implantado por los Estados Unidos desde 1961 hasta hoy, cuando aún ese país aprueba fondos para subvertir el modelo social y político en Cuba?

Pero aparte de esa referencia histórica sin la cual ningún análisis redondeará con certeza sus conclusiones,  mi experiencia de 40 años en los medios sugiere que la “mala prensa cubana” es, en determinante volumen, invención de la mentalidad burocrática nacional, copia de la soviética, y del poder centralizado que geométricamente se grafica con una línea recta y vertical, trazada de arriba abajo, y con un lingote de plomo en el extremo inferior. Reparemos en este ejemplo: El pasado domingo 30 de octubre el periódico Juventud Rebelde insertó en su sección Acuse de recibo, una carta del presidente de Cubana de Aviación. Respondía a un viajero que reclamaba le pagaran el plasma averiado en un viaje. El funcionario demostró respetuosa y acertadamente la falta de razón del reclamante. Del mismo modo, el periódico había publicado la queja de acuerdo con su norma de confiar en la veracidad de lo dicho por el remitente. Tras su alegato,  el jefe de Cubana  arremetió contra el periodista, porque “ha publicado una noticia parcializada, que involucra a una institución cubana querida por el pueblo a lo largo de sus 83 años de existencia(…) No puede permitirse el lujo de ser superficial un periodista de Juventud Rebelde (…) al no investigar las dos partes de la noticia”.

 Aun si la enjuiciamos desde un punto de vista neutral, la carta del presidente de Cubana de Aviación es insolente cuando califica al periodista. Apoyado en cierta sensación de impunidad que otorga el rango, según suele creerse, de un golpe dictó la opinión definitiva sobre el redactor: usted es superficial. De ese modo, se ha venido obstruyendo desde hace años el papel de la prensa en Cuba: acusándola de lastimar el crédito de las instituciones, tan respetables todas y por lo tanto merecedoras de que no se les critique o denuncie en la prensa. Cuando ha ocurrido, el argumento más socorrido ha sido una frase sacramental: “Usted ha lacerado la imagen del organismo”. No aceptan, sin embargo, que solo  los errores desacreditan a la institución.  Como escribí  hace poco en Progreso Semanal, la mentalidad predominante conceptúa a la prensa como espejo mágico de la sociedad: solo te admito que digas que todo cuanto hacemos es inmejorable.

Y esos criterios avanzan quejumbrosos, advirtiendo del peligro de que  la Unión Soviética cayó porque “liberó a la prensa”. Y la idea circula por este despacho, y por esa oficina, y se pasea por aquella reunión o congreso. Y así  han venido cocinando una atmósfera en la que se anulan prácticamente las diversas resoluciones del Buró Político del Partido Comunista de Cuba -la última en 2007-  que recomiendan, también exigen, el ejercicio de la crítica y la realización de un periodismo más creador.  Por otra parte,  si la información falta en nuestras páginas, si evidentemente no aparecen noticias para presentarles a los lectores, televidentes y radioyentes el relieve del país para que sepamos dónde vivimos y hacia dónde vamos,  la causa eficiente  proviene de las fuentes que se cierran con el pretexto de cumplir orientaciones de los “niveles superiores”. No tengo por qué callarlo: Ministros hubo que prohibieron la entrada  de periodistas en las fábricas, empresas y establecimientos, incluso hasta en las escuelas. Y funcionarios políticos, en provincias y municipios, han dictado qué sección del periódico debe ser eliminada y  cuál ha de sustituirla. ¿Por qué? ¿Para demostrar que están por encima de cualquier límite?

Juzgado el problema con más equilibrio, mirémoslo desde nuestro lado. Y hemos de admitir que, en efecto, nuestra prensa adolece del sentido de la oportunidad, de variedad noticiosa, de omisiones, de profundidad en sus análisis. ¿Internamente cuál es el problema primordial de los medios, concausa de las ya enumeradas? La desprofesionalización de periodistas y editores. No he de afirmar que los graduados de las escuelas de periodismo ignoran el ABC.  Más bien carecen de  la experiencia suficiente para ocupar el puesto de los que se han jubilado o han abandonado el ejercicio del periodismo por  razones en que casi todos coinciden: carencia de estímulos y de un clima de creación y libertad responsables. Por otro lado,  un número de editores y directivos han sido improvisados para formarse luego con el método de  rajando leña  se aprende a cocinar.

No hay fuerza, en verdad. Nuestra prensa, formal y conceptualmente carece de fuerza. Y ha derivado hacia la propaganda árida, repetitiva, farragosa. Y esas cojeras deslegitiman el discurso de medios y periodistas. Ahora bien, nadie como periodistas y fotorreporteros han luchado por defender el espacio que les corresponde en la sociedad socialista. Nosotros, los que hemos entregado nuestros días al servicio de la Revolución mediante el periodismo, sabemos que nuestro papel es ancilar, subordinado a los intereses de la nación, e influido también por la advertencia martiana –nada desdeñable en su dimensión actual- de que si el enemigo está delante, la prensa calla. Pero en qué reunión, asamblea, festival de la prensa, plenos y congresos de la Unión de Periodistas no se han levantado dos, tres, más colegas asistidos por el crédito de su obra y su lealtad política, para exponer las limitaciones, principalmente exógenas, que mediatizan a la prensa en su cometido de orientación y movilización social y política, y de corrección de vicios y defectos públicos. Habrá, pues que, aceptar que nuestra prensa, para ser efectiva,  ha de estar solo sometida a intereses políticos generales dentro de una autonomía que la proteja de la manipulación burocrática.

Pero el periodismo cubano no ha renunciado a los enfoques polémicos, ni a  su función de instrumentos de la conciencia crítica de la sociedad. A pesar de que profesionalmente se escabulle por las troneras de  la rutina y el exceso de consultas y reparos, todavía la prensa puede enumerar un grupo de competentes profesionales. Dotados de ideología filosófica y política, nutridos además por un concepto ético y profesional, no se despojan de las ropas del que trabaja para servir y, por tanto,  no se cubren con los atributos del privilegiado, ni exigen la capacidad omnímoda de estar por encima de cualquier principio, responsabilidad y compromiso. En cambio, conscientes de su función en el socialismo, se confirman aptos para conmover y convencer con la palabra y la imagen.

Resumiendo, cómo lograremos una prensa útil, crítica, amena, alternativa de medios extranjeros, y eficaz en la defensa  de la independencia y el socialismo, y que satisfaga a quienes la oyen, la ven o la leen, y también a los profesionales que la realizan. ¿Privatizándola?  Esta aparente solución es anulada por una verdad práctica: Por  su naturaleza, la apropiación privada está habitualmente en litigio con la naturaleza pública de los medios. La objetividad de la prensa privada se diluye en la conciencia clasista de sus propietarios y por ello coinciden y defienden las causas que, por lo común, son enemigas de las mayorías desposeídas. No ignoramos a quiénes pertenecen las megalómanas cadenas de TV, de Radio o de periódicos y revistas. Ni desconocemos que  míster Forbes no es uno de los “indignados” que reclaman justicia en Wall Street; ni el grupo Prisa se adscribe en el directorio como órgano de sindicatos y trabajadores esquilmados.

Hablemos, pues, en la sociedad cubana, de propiedad social efectiva, que en un periódico, un noticiero radial o televisivo equivale a la regulación endógena responsable y comprometida con principios y fines nacionales. Esto es, regulación desde dentro, aunque el director lo nombre el Partido. Un director que responda por el uso de su autoridad y dirija sin tutelajes externos, cuyos pareceres olvidan y desconocen técnicamente el destino final de la prensa y los medios: ser en la mañana, la tarde y la noche un examen de conciencia de nuestra sociedad.

LA CUESTIÓN: SER O NO SER CONSERVADOR

LA CUESTIÓN: SER O NO SER CONSERVADOR

Por Luis Sexto

La  crónica de las revoluciones nos facilita una conclusión: casi todas han sido hábiles al conquistar el poder, pero menos hábiles al defenderlo. Pocas han perdurado sin que la restauración del “viejo régimen” haya dado una vuelta a ese ciclo que llamamos, en una imagen cómoda,  “la rueda de la historia”.  

Juzgar desde el presente el pasado es comúnmente fácil, opondrá alguno a mi afirmación. Pero el análisis de los hechos pasados se hace no solo para justificar las acciones de cuantos nos precedieron, sino para aprender de aquello que, aunque pueda ser explicable racionalmente, nos trasmite una especie de aviso: obrando igual podrás llegar al mismo fin, aunque sean distintas las circunstancias. Qué nos enseña, por ejemplo, el fracaso de la Revolución de Octubre, después de que el mundo que ella había generado y en apariencias consolidado hizo implosión en 1990. Primeramente, ese trágico episodio de fines del siglo XX confirma mi aserto inicial: fue muy capaz para destronar al zar y su tinglado de opresión medieval; incluso, se defendió con  armas triunfales de la invasión hitleriana, pero no pudo impedir que todas sus conquistas se extraviaran en un camino de retorno. Lo que parecía imbatible, cayó; lo que reputamos de eterno, feneció.

La disolución  de la Unión Soviética, el País de los Soviet, el primer país socialista de La Tierra, como llamábamos al vasto conglomerado de repúblicas socialistas surgidas a partir de Octubre de 1917 –según el calendario Juliano-, ha dejado numerosas experiencias para las revoluciones que aspiren, en el siglo XXI, a permanecer como génesis de cambios irreversibles.  El tema, claro, resulta excesivo para un análisis periodístico. Pero como sólo escribo a título de periodista, con ese derecho abordo lo que, me parece, todavía no ha encontrado una juicio equilibrado y definitivo. Tal vez, deban pasar cien años para hallar el justo medio en nuestra evaluación. Por ahora, me parece que una verdad, entre muchas, asoma como la punta de un volcán desde lejos: la voluntad política de hacer la revolución necesita de la voluntad política de hacerla perdurar. ¿Y quién no tiene esa intención? No niego que la voluntad de existir perennemente anima a los revolucionarios. Sucede, sin embargo, que la voluntad política de permanecer exige vivir en dialéctica, en actuar utilizando el sí y el no, en un careo creador que evite el anquilosamiento, la rigidez de las estructuras.

En la URSS predominó un apego inflexible a los llamados principios. Nadie en 1917, ni antes, ni después, ha sabido con certeza –Fidel Castro lo ha reconocido- cómo se levanta el socialismo sobre las ruinas del capitalismo o las supervivencias de la Edad Media. Los bolcheviques creyeron haber hallado una ruta. Más tarde, Lenin se percató, al parecer, que no conducía a ningún sitio seguro, y comenzó a tantear. Para mí, la NEP fue eso: un tanteo que se frustró con la muerte del líder de Octubre y la vuelta a las posiciones originales que Stalin impuso: la propiedad estatal como ficción de la propiedad socialista. Lenin tenía razón: una sociedad, como una casa, no empieza a edificarse por el techo: se precisa fraguar los cimientos y eso no es cosa de poco tiempo, ni de pocas y primarias conquistas. Con ese modelo basado en  el control de la burocracia estatal, un país tan dotado de bienes naturales solo pudo alcanzar unas ocho décadas de existencia. Y sin plenitud. Sí; desarrollo en un sector y subdesarrollo en otro. No olvido cuando, en 1988, visité la región siberiana de Sukpay, donde leñadores cubanos trabajan la madera que el gobierno soviético le concedía a Cuba, y supe que los médicos del contingente tenían que asistir, sobre todo los estomatólogos, a escolares que con su dentadura podrida acusaban la falta de ese servicio 70 años después de la Revolución.

Fue políticamente erróneo adoptar con rigidez principios a los que los fundadores del Marxismo solo calificaron de “guía para la acción”. Los principios no pueden estar separados de los fines. Si en la esfera personal el sacrificio de un hombre a sus normas puede resultar admirable, en los procesos sociales la inmolación como destino, no como accidente parcial, logra el valor del fracaso. Porque habría que preguntarse: ¿Para qué edificamos el socialismo? ¿Para acatar principios o para, mediante principios, alcanzar los fines del desarrollo, la libertad y el bienestar humano dentro de reglas de equidad, igualdad, justicia?  Habrá, pues, que aceptar que los mejores principios son los que más cabalmente cumplen sus fines de transformar la vida.  Socialismo que pretenda la igualdad sobre la pobreza y las restricciones, no puede llamarse así.  Con lo cual uno va aceptando que más que las filosofías, los revolucionarios han de tener a la vista las tendencias de la naturaleza humana. A veces se legisla y se teoriza contra ella. Inútilmente. Porque las necesidades de nuestra especie no toleran barreras: cumplida la norma cuantitativa, las demuelen o saltan sobre ellas.

Queremos, en efecto, transformar al hombre viejo: delinear y sustanciar al nuevo. Pero no parece plausible que en sociedades con esquemas económicos incapaces de producir riquezas y que más que con soluciones, respondan con sueños “a las necesidades siempre crecientes”  de las personas,  pueda surgir un hombre distinto. ¿Cuánto de lo viejo no desempolvan la pobreza y las carencias en la conciencia humana?

Vivir en dialéctica -ese gobernar previendo, según José Martí, ese obrar al tanto de lo que empieza a ser inservible para sustituirlo por una réplica creadora- resulta trabajoso. No creo que aquel ensayo del español Mira y López sobre “la psicología del revolucionario” haya perdido su vigencia. Uno ha lamentado que los revolucionarios de ayer, los hábiles, los dispuestos a destruir el viejo régimen, se hayan convertido en conservadores de su obra, conservadores renuentes a aplicar la dialéctica, ley y método que, por otra lado, pululan en sus referencias. Ese tipo de revolucionario encorsetado por la burocracia, que ha trenzado sus intereses personales con su posición en el esquema del nuevo poder, suele sustituir la visión crítica de la realidad con la autocomplacencia; la actividad política con la retórica.

Espero que nadie confunda que en estas notas abogo por los principios generales -claros, precisos y posibles- que informen la acción revolucionaria para tomar el poder, pero sobre todo, apoyo la actitud de mantenerlos siempre en posibilidad de cambiar, que no equivale a desfigurarlos, sino a adaptarlos. Mayor que el riesgo de cambiar, de responder a las urgencias de la vida modificando enfoques y tácticas, es el de no cambiar. Porque si los principios se revisten de blindaje excluyendo lo que un ideólogo cubano, muy inteligente, llama “tesis que los adecuan”, obtendremos quizás la certeza próxima de oxidarlos entre los hierros que estimamos su salvaguarda.

La historia de las revoluciones sigue dictando su cátedra de experiencia: conquistar el Poder, pero saber conservarlo.

 

 

 


 

¿ES VERDAD LO QUE OIGO, VEO Y LEO?

¿ES VERDAD LO QUE OIGO, VEO Y LEO?

Por Luis Sexto

Uno se pregunta qué es ser periodista en un mundo donde hay que preguntarse a cada rato si lo que veo, oigo o leo es verdad o simple ficción teatral. Y por lo cual uno puede deducir que los “periodistas mediáticos” –fíjense que no es lo mismo que periodista a secas- han venido derivando hacia una mutación que oscila entre el escenógrafo y el tramoyista, bajo el control genético de los grupos de poder político y económico.

El asunto es ya un plato común en el menú temático de la actualidad. Qué significa, pues, ser periodista en este mundo. No renuncio a repetir que el periodista en la mayoría de los medios más influyentes y  en la mayoría de los sitios habitables del planeta, es un personal auxiliar –directa o indirectamente-  de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos y sus aliados. Y no es raza nueva. Una de sus células matrices surgió y prosperó en  la guerra hispano cubana americana, en 1898, cuando el astuto William Randolph Hearst -propietario de la cadena “mediática” del mismo nombre- le dijo aproximadamente al presidente de los Estados Unidos: Prepare la guerra que yo pongo las justificaciones. Que consistían en publicar noticias presuntamente provenientes de sus enviados a La Habana con historias fraudulentas o manipuladas de modo que ante la opinión pública norteamericana se amontonaran las buenas razones para avalar una guerra del naciente imperialismo norteamericano contra el senescente colonialismo español. ¿Alguna diferencia con los preparativos de la campaña contra Irak, Afganistán o Libia? ¿O la que se elucubra contra Siria e Irán?

Ya desde entonces –preliminares del siglo XX- el periodista a lo Emilio Zola o a lo John Reed se viene transformando en una figura con olor a naftalina o a formol.  Raramente algunos, que suelen ser de izquierda, son capaces de echarse a las espaldas una causa y defenderla con ingenio, coraje, verdad, como en el caso Dreyfus, o se arriesgan a ser testigo abnegados, verídicos, objetivos, de un “México insurgente” o de “diez días que estremecieron al mundo”, o apuestan a la denuncia de “los hombres del presidente”. Por tanto, ser hoy periodista de vocación, servidor de la verdad -sobre todo de la verdad de los de abajo, los escarnecidos y oprimidos- es un modo fuera de moda dentro de la llamada democracia occidental o burguesa, cuyos medios se han centralizado o concentrado tanto que sus fines de servicio público se frustran bajo la avalancha de intereses privados o corporativos. Raspen la piel de una red de periódicos o de televisoras, o en la propia web y verán los vasos sanguíneos de un monopolio –aunque ya la actualidad no admita este término- vinculado a troncos empresariales de múltiplo objeto y razones sociales.

Casi no existen opciones. Ahora predominan los “periodistas mediáticos”. Han empezado a ser una categoría infamante. Su autoestima se disuelve ante las cámaras y las palabras, porque “median” entre la verdad y la mentira, entre el terror y los aterrados,  entre la guerra y los que la fomentan y se benefician con la destrucción y la muerte. El periodista español Antonio Maira ha inventado, a mi parecer, el verbo cipayear, que les encaja sin mayores regodeos. No escriben ni reportan, cipayean en nombre de un  crédito concentrado a base polvos de estrellas extintas.

La periodista española Maruja Torres cuenta en su libro Mujer en guerra que cuanto conflicto bélico cubrió en su borrascosa profesión fue con la misión de dar color a lo que pasa. Los editores del El País sabían qué le pedían a la polémica columnista cuando la remitieron a Beirut. Otros se ocupan de decir lo que pasa. Pero no basta si seriamente se empeñan los medios en informar.

“Dar color” en el periodismo sugiere mucho más que una pincelada. Una frase saturada de alguna sentimentalidad gratuita. El periodista polaco Rysiard Kapuscinski en una entrevista con el periódico La Jornada, de México, lo definió así, de modo que ya podemos entender de que empiezo a hablar: Uno se percata que los instrumentos tradicionales del periodismo son insuficientes cuando queda mucho por decir en una nota informativa, un cable.  Y por ello hay que pedir prestado ciertos recursos a la literatura de no ficción para que el periodismo pueda reflejar el llanto de una madre sobre el cadáver de su hijo calcinado por un misil y la desesperación de una familia ante su casa arruinada por bombas y cañones.

El norteamericano Norman Sinn llama periodismo o reportaje personal a lo que otros llaman periodismo literario.  El nombre de periodismo personal, parece ser el que más se ajusta dadas las circunstancias en que hoy predomina la imagen y con ella la televisión. Aparte de sus características hipnóticas, de su imposibilidad de establecer una relación dialógica con el receptor, la TV es uno de los medios más enmascaradores y manipuladores de la realidad. Las cámaras de vídeo la eligen y graban de modo aséptico. Periodistas y camarógrafos llegan solo a donde necesitan, hablan exclusivamente con quien necesitan y sin siquiera oler el ambiente toman el autobús o el helicóptero hacia los estudios donde con un fragmento de realidad pretenderán expresar todo el orbe local. La TV y otros medios han inaugurado la época de “la información como espectáculo”, según el parecer de la propia Maruja Torres, que estima, además, que muy a menudo una foto miente tanto como mil palabras A mi parecer, la mayor manipulación periodística del acontecer se ubica en la aparente objetividad de la noticia o la información. Poco espacio se le da a los valores humanos.

El periodismo personal, pues, viene siendo un antídoto para esa manipulación mediática que ignora las zonas más conflictivas de un conflicto. Le enviada de El País tenía razón: ir a Beirut para “dar color”… el color de la sangre y el color de dolor singularizado en una persona, víctima de una guerra cuyo sentido se oculta a veces en subterfugios de nacionalismos, de tendencias religiosas o de rescate de las libertades conculcadas por un “genio del mal”. Y para “dar color”, para escribir como artista, y persona humana  lo que se observa como periodista, se necesita levantar las cubiertas de los sótanos, penetrar en las alcobas, llegar a los hospitales y cementerios. Ya no se trata de contar cuantos misiles estallaron esa noche. O cuantas excusiones de la aviación de los invasores.

El periodista narrador, el John Reed de este momento, tendrá que andar por ahí, democrática y honradamente entre la gente, dándoles protagonismo a los parias, apostando incluso su vida a una historia verídica que servirá para revelar el color más soterrado e intenso. Ese que hoy casi ningún medio, ni ninguna fuerza política mezclada con la pólvora y las explosiones, quieren dejar ver.