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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

EL VACÍO DE LA IRREALIDAD

EL VACÍO DE LA IRREALIDAD

Por Lorenzo Gonzalo,

Periodista cubano radicado en Miami

 En la foto, Yoani Sánchez y otros llamados disidentes entrando en la residencia del jefe de la Oficina de Intereres de los Estados Unidos en La Habana, el pasado 7 de diciembre.

En medio de la campaña de persecución contra el gobierno de Cuba y los esfuerzos por desestabilizar al Estado cubano, se intenta agregar otros ingredientes que puedan enriquecer el pobre inventario que tiene la prensa sobre supuestas barbaridades que allí se cometen.

La última de todas, es la flotilla marítima compuesta por cuatro barcos de recreo que partieron del Sur de la Florida hacia Cuba para lanzar fuegos artificiales desde las agua internacionales. En otro artículo nos referimos a ella y mencionamos el caso como un ejemplo de las diferentes maneras de buscar dinero fácil, utilizado por alguna gente, que aprovecha el derroche que hace Washington con los ingresos proveniente de los impuestos.

La prensa local de Miami, periódico oficial de la campaña contra Cuba, aprovechó el show marítimo para “denunciar” que decenas de “opositores” fueron detenidos con motivo de ese evento. La información implica que de no haber sucedido estas detenciones, con la presencia de los cuatro barcos llevados desde Miami, se hubiera desencadenado un enfrentamiento con el gobierno.

El propósito de estos barcos era lanzar fuegos artificiales en las costas frente a La Habana para llamar la atención y llevar el mensaje subliminal a la población, que  “desde la orilla estadounidense, están los aliados y las fuerzas de la democracia”. El sueño no mencionado, pero corroborado por el tipo de campaña que tanto estos marinos como el resto que se dedica a desbarrar y levantar calumnias para que la opinión pública mundial tenga una idea equivocada de los sucesos en Cuba, es provocar rebeliones callejeras, protestas, que puedan convertirse en incontrolables y alentar entonces una intervención de los marines estadounidenses, al estilo de Santo Domingo, Guatemala, Panamá, Granada y otras por el estilo.

No quieren democracia para Cuba, sino intervención. No pretenden que los cubanos, por sí solos, puedan encontrar vías sociales que sean más justas en sus aplicaciones. El interés fundamental es llegar a ser ellos los “genuinos representantes de Estados Unidos en la Isla”.

Una prueba contundente es la reunión en casa del representante de la Oficina de Intereses Estadounidense en Cuba, que tuvo lugar el 7 de diciembre de este año.  Justamente pocas horas antes de la llegada de dicha flotilla.

Casualidades que tiene la vida. Los máximos exponentes de esa supuesta oposición al gobierno de Cuba, concurrieron como es costumbre para celebrara el evento, y no descontemos también que muchos o todos, recibieran instrucciones por separado sobre la estrategia en juego.

Suponiendo que las noticias de la prensa en relación a los detenidos en Cuba, sean ciertas, imaginémonos que efectivamente una docena de personas protestara en alguna calle desconocida de La Habana u otra ciudad, en apoyo de aquellos que viven de ese negocio en Miami.

La pregunta más importante sería: qué significa la detención de “una docena” de personas en un país de más de once millones de habitantes, donde las algazaras callejeras, las pocas veces que suceden, escasamente llegan a un par de decenas, con una tendencia paulatina a disminuir en la medida que las reformas del Estado progresan? Es de apuntar que aunque ocurren detenciones en algunas oportunidades, los detenidos están de patitas en la calle a las pocas horas y no se les maltrata físicamente.

 

Podríamos agregar además, por qué no detuvieron a los dirigentes de esos grupos, ninguno de los cuales cuenta con más de tres o cuatro miembros, cuando asistieron a la casa del representante de Estados Unidos el 7 de diciembre?

Aunque esta es la realidad dicha condensadamente, hay quienes se dedican a denunciar la violación de los “derechos humanos” en la Isla lo cual es otra patraña para hacerse de una parte del dinero presupuestado por Washington para esos menesteres. Se trata de alguna que otra organización sobre “derechos humanos”, tema muy socorrido en los últimos cuarenta años y que los países poderosos no gustan que les sea aplicado a ellos. Precisamente uno de esos representantes de los derechos de la gente, llamado Elizardo Sánchez Santacruz, estuvo entre los presentes. Nos imaginamos que un antiguo “socio”, llamado Richard Roselló, también podría haber concurrido aunque este último se separó del primero por el tema de la que hemos mencionado. Hace un tiempo, este señor abrió su página en internet para hacer su “negocio” por cuenta propia.

Estos cancerberos de los “derechos humanos” inventan muertos, presos políticos no tipificados como tales, supuestos detenidos injustamente y hechos similares.

Nada de esto provoca la caída del gobierno pero deja dividendos. Al final, como dijo uno de estos famosos disidentes, “hay que vivir de algo”.

Es una lástima, que la dinámica de los sucesos en Cuba con respecto al Estado, haya quedado dividido entre quienes miran hacia Estados Unidos con el objetivo de alcanzar cierta preponderancia, principalmente algunas dádivas y quienes aparentemente apoyan incondicionalmente las políticas oficiales del gobierno. La existencia de un escenario socio político de esta naturaleza, donde la realidad se plantea en blanco y negro, evita las coloraciones y relega a un segundo plano la existencia de pensamientos y personalidades que pudieran jugar un papel de importancia en el aceleramiento de los ajustes, para impulsar el proceso dentro de las normas institucionales vigentes.

Se dice que a ciertas fuerzas de poder en Cuba le interesa la existencia de semejante realidad, pero en verdad muchas veces pensamos que Washington ha sido siempre el más interesado, si no es incluso el creador, de semejante contraste bicolor.

A Washington no le interesa que puedan encontrarse avenidas viables para un proyecto social que logre reformar el sistema político al uso en los países llamados capitalistas, y mucho menos la formación de un Estado de nuevo tipo, donde un número fuerte de instituciones públicas de carácter participativo, se puedan engarzar a las funciones de gobierno. Para Washington la realidad socio política solamente consta de lo estatal y lo privado, pero el concepto de propiedad y funciones públicas como algo ajeno del Estado, pero a la vez parte representativa del gobierno, es un asunto cuyo desarrollo no le interesa porque se sale de sus esquemas de propaganda tradicional. A Washington conspira en contra de la existencia de un debate democrático en Cuba.

Los grupos de cubanos de origen que se dedican a obscuros menesteres como medio de ganarse la vida o de adquirir notoriedad, falseando las realidades y creando obstáculos a los procesos de ajustes políticos y al normal abastecimiento comercial de la Isla, son parte del esquema estadounidense.

La mejor de todo es que dentro de esos grupos se pelean por la plata y como buenos ejercitantes de actividades indebidas, terminarán desacreditándose. Llegará el momento en que Washington se perderá la escalera y como el pinto del cuento humorístico, hallará de repente que se ha quedado prendido de la brocha. A falta de sostén a su política, entonces ya solamente le quedará la fuerza, pero seguramente o al menos así lo deseamos, será muy tarde para usarla en contra de un pequeño país, porque cada día Estados Unidos se rodea más de un mundo donde nuevos actores surgen al viento de nuevas ideas y de mejores sueños, haciéndole competencia de todo tipo.

Washington trabaja hoy con cuentos de hadas, con una irrealidad que indefectiblemente terminará en vacío.

 

 

CRÓNICA DE UNA NOCHE ANUNCIADA

CRÓNICA DE UNA NOCHE ANUNCIADA

Luis Sexto

Apostillas ingenuas

No vi los fuegos artificiales echados a la noche, más oscura entonces por el norte aguado y frío que caracterizó el 9 de diciembre.  No sé  si desde 12, 5 millas, podrían verse  desde el muro del Malecón habanero  los artificios luminosos con que Ramón Sául Sánchez ha pretendido llamar la atención del mundo, sobre la violación de los derechos humanos en Cuba. ¿Los habrá visto el Consejo de Seguridad de la ONU? ¿Y la OTÁN los habrá visto?

A decir verdad, el Consejo de Seguridad  ha demostrado carecer de ojos. Ve por los empeños geopolíticos de los Estados Unidos. Y el humo que aún echan las ruinas de Libia le impide ver a la OTAN. Pero no les hace falta. Ramón Saúl Sánchez y su grupúsculo de pescadores nocturnos no necesitan que nadie los vea. Quieren provocar un incidente para que el gobierno norteamericano les abra la entrada triunfal en La Habana, sin exponer al  Movimiento Democracia que los mantiene con un buen pasar en Miami. Quieren venir.  Se han puesto viejos y añoran la tierra donde nacieron y apenas trabajaron, como tampoco trabajan en el exilio. Porque el exilio es para eso: para vivir  haciendo los cuentos de los peligros pasados.  Porque de peligros presentes, nada. Para eso, que los yanquis envíen varios drones. Nosotros solo les ofrecemos el pretexto. El nuevo Maine, o el nuevo Pearl Harbor.

Lo intentaron el 24 de febrero de 1996 al violar  dos avionetas el espacio aéreo cubano.  Hasta ese momento habían sobrevolado a La Habana varias veces, arrojando volantes. Como mosquito en casa propia, se adentraron en cielos cubanos y se fragmentaron  lamentablemente como volutas de fuegos no artificiales.  Lamentablemente. Pero el que se defendió no pudo ser el culpable, sino el que atacó e intentó burlarse de la dignidad de un país, un pueblo y un gobierno. La Fuerza área Revolucionaria tuvo que pararlos.  

No creo, sin embargo, que los cuatro o cinco yates de buen vivir, al pairo  a 12,5 millas de Cuba  vayan a correr el riesgo de perder el seguro porque sus dueños no puedan reclamarlo.  

Ramón Saúl Sánchez y sus adjuntos no van a exponerse. Ni siquiera  cuando era uno de los hombres duros  en la Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU). Esta organización, dirigida por un hombre fe y malo, Orlando Bosch, ejecutó más de 90 ataques contra instalaciones cubanas en varios países. Incluso,  la voladura de un avión sobre  aguas de Barbados, donde murieron 73 personas. Habitualmente,  las posibilidades de salir vivo de cada acción eran superiores al ciento por ciento.

Ahora pienso que el  weekend nocturnal y caribeño  del 9 de diciembre es una manera cómoda de gastar la parte del dinero que les toca  a los aguerridos marineros de Ramón Saúl de los 20 millones de dólares aprobados por Obama para subvertir el orden en Cuba. Ah, si supiera el presidente norteamericano en qué se gasta… Lo que les sobra  luego del paseo será, pues, para mantener los yates y entretener el ocio de la guerra ficticia en que  entretienen sus días en tierra ajena.

Yo empezaría a reconsiderar mi postura y mi opinión  sobre el exilio duro de Miami si tuviera la certeza de que entre esos grupos de veteranos de maniobras dominicales  en los Everglades o en el terrorismo sin riesgo, hay a un hombre honrado. Uno solo. Como  diez  justos en Sodoma.  

Repito: no vi los fuegos artificiales, ni comprobé si se vieron desde el Malecón. No me interesaron. Pero mi curiosidad tiene ansiedad por saber en que yate estaba Ramón Saúl Sánchez: ¿En el de más atrás?  ¿Y cómo habrá pasado la noche en su breve flotilla de almirante sin cañones ni mar? Tal vez, hizo lo mismo que Basulto, cuando echó a sus hermanos de rescate hacia los cielos de Cuba y él, prudentemente se quedó atrás. Es que Ramón Saúl sabe, como  Basulto, que los mártires no cobran.

 

LA VIRTUD DEL LENGUAJE

LA VIRTUD DEL LENGUAJE

 

Por Lorenzo Gonzalo*

¿Por qué Obama sabe lo que el pueblo cubano quiere?

 

Dan Restrepo director para Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad, dijo en entrevista con El Nuevo Herald que el Presidente Obama seguirá apoyando cualquier propósito que permita al “pueblo cubano controlar sus propios destinos”.

 Realmente no sabemos qué significación tiene para este funcionario la frase: “el control del pueblo cubano sobre sus propios destinos”. Nos imaginamos que se refiere a que los cubanos puedan elegir a los representantes del Estado a través de un proceso electoral semejante al de Estados Unidos. Reiteradamente ese ha sido el objetivo de las sanciones impuestas a Cuba, de los atentados y de los actos terroristas cometidos por personas bajo la dirección de los órganos de inteligencia de Estados Unidos, durante los 52 años transcurridos desde que un movimiento popular armado derrotara la dictadura de Fulgencio Batista el 1ro de Enero del año 1959.

Washington ha pretendido aplicarle a Cuba la política que estrenaran los sucesivos gobiernos estadounidenses, a partir de la innecesaria e injusta guerra con España declarada y ganada en el año 1898.

Malinterpretando la política estipulada por el Presidente Monroe, acuñada como “América para los americanos”, la cual suponía que Europa no tenía que intervenir en los asuntos internos del Hemisferio americano, se dedicó a imponer sus criterios a golpe de fuerza, extorsiones y asesinatos en los pueblos latinos y caribeños.

 Basado en esa insana tradición, el funcionario pronunció sus declaraciones.

Dan Restrepo manifestó textualmente que el gobierno de Obama “apoya los deseos básicos del pueblo cubano de determinar su propio destino”. Es inexplicable cómo un funcionario pueda saber los “deseos básicos” de la ciudadanía cubana.

Los órganos de inteligencia de Estados Unidos siempre se han equivocado respecto al futuro socio político de Cuba. En sus predicciones acostumbran a recurrir al argumento de que la represión obliga a los cubanos a asumir determinadas conductas, entre ellas acudir a las citas multitudinarias en la Plaza de la Revolución para significar su apoyo al gobierno.

Sin dudas que presiones de todo tipo, entre ellas ser mal vistos en el centro laboral por los sindicatos oficialistas, son utilizadas para que la gente acuda a esas marchas. No es menos cierto que las presiones de organismos de barrio a la hora de las votaciones, hace que las personas no solamente concurran a las urnas, sino que marquen un SÍ donde interiormente, quizás preferirían marcar el NO. Respecto a esto último debemos aprovechar para señalar que, aunque muchos criticamos el sistema de votación cubano donde los aspirantes quedan reducidos a una sola persona, la diferencia entre un voto favorable o uno desfavorable legitima o invalida a quienes representan los intereses más oficiales. Por tanto el voto cuenta y es totalmente válido y legítimo.

Los órganos de inteligencia estadounidense se equivocan, porque nunca consideran la esperanza que los cubanos tienen por un mundo mejor que el representado por el estadounidense y porque desconocen su idiosincrasia y las huellas dejadas por su intervención en Cuba, durante la Guerra de independencia contra España.  Minimizan además el tono criollo del proceso revolucionario cubano, que si bien es cierto se enfrascó en un tipo de Revolución que no requería y que hoy es posible comprender, ha tenido la voluntad de ajustarse a los clamores de la población y ha actuado en coordinación con esa ciudadanía.

La esperanza ha primado sobre los turbios ofrecimientos de un país poderoso que, más allá de esas promesas, solamente le ha enseñado a Cuba las garras de la agresión y objetivamente se presenta como el enemigo que acecha un botín y no como el posible aliado, dispuesto a ayudar para recibir a cambio y en proporción a la ayuda.

No podría concebirse que Dan Restrepo, en representación de su cargo, a estas alturas del juego, repita las palabras que han impedido un acercamiento con la Isla. El problema de Washington estriba en que para hablar pide la rendición. No lo decimos nosotros, lo han dicho muchos a lo largo de estos cincuenta años, incluyendo partes y correspondencias oficiales del gobierno cubano.

Si verdaderamente la Casa Blanca, con su empleado el Presidente Barack Obama, continúan pensando de esa manera, la solución para unas relaciones normales entre ambos está lejos de ser cierta.

El comienzo de la solución consiste en reconocer que el Estado cubano marcha hacia una organización que, por primera vez, ha podido separarse de la influencia soviética, quien en su momento y por circunstancias explicables históricamente, secuestró el pensamiento renovador que por vez primera definió la economía como ciencia, identificándola junto con otros clásicos de la época, como una categoría sociológica.

Como segundo aspecto, Washington y el Estado representado por el gobierno estadounidense, tiene que reconocer que Latinoamérica y el Caribe marchan por senderos de reformas profundas, las cuales están cambiando el pensamiento de la gente y los conceptos sobre apropiación y administración.

Estos dos aspectos son básicos, para que Estados Unidos siente bases que en el futuro le permitan ejercer una política de menos injerencia en los asuntos internos de terceros Estados que, no solamente le son ajenos sino que responden a poblaciones con criterios históricos diferentes al suyo.

Es tiempo ya, que los discursos al estilo del funcionario Dan Restrepo se dejen a un lado, como es tiempo también que los latinos como el señor Restrepo que laboran para el gobierno de Washington, se dispongan a estudiar objetivamente la evolución que tiene lugar en sus países de origen.

Solo así podrán prestarle mejores beneficios a Estados Unidos, a quien entregan sus buenos oficios, contribuyendo de esa manera a su crecimiento, y convirtiéndolo en un buen vecino que para siempre deje de ser el fantasma monstruoso de una permanente amenaza.

 Cambiar de lenguaje muchas veces es una buena manera para cambiar el pensamiento.

(*Periodista cubano radicado en Miami)

 

 

 

 

GUERRA MEDIÁTICA CONTRA CUBA O LA FÁBULA DEL PAÑO MARAVILLOSO

GUERRA MEDIÁTICA CONTRA CUBA O LA FÁBULA DEL PAÑO MARAVILLOSO

Por Antonio Rodríguez Salvador

No hay guerra mediática contra Cuba, opinan en ciertos círculos (viciosos, casi escribo). Bien, no entremos en polémica, solo concentrémonos en El Paño Maravilloso.

Por si el lector no recuerda ese cuento del infante don Juan Manuel, que siglos más tarde versionó Hans Christian Andersen, brevemente lo resumo. Cierta vez, unos malhechores le hacen creer al rey que pueden
fabricar un traje que resultará invisible para quienes sean hijos de padres ladrones. El rey cae en la trampa y lo manda hacer: así sabrá quién, en su corte, no es hijo de padres honrados.

Mientras imaginariamente se lo entallan, los malhechores le van preguntando si le gustan los encajes de la pechera, las perlas de los puños, tal color de las mangas… Obviamente, el rey no veía nada (o solo veía sus calzoncillos y su barriga desnuda) y, sin embargo, a todo decía que sí.

Y lo mismo hace la masa de cortesanos: ¡Qué hermoso!, decía alguno;¡bellísimo!, aplaudía otro: ya sabemos que en todas partes hay oportunistas y adulones: esa caterva de gente inclasificable en las escalas que miden la ética y el amor propio.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Cuba? Pues bien, así como nadie veía el traje del rey, tampoco a nadie, por ejemplo, se le ocurriría colocar a La Habana entre las ciudades más violentas del mundo. Qué vengan a decírselo a los habaneros y habaneras que enamoran hasta
media noche en los parques, o alguna que otra vez amanecen de rumba en el Malecón.

Sin embargo, si uno se toma un minuto, y busca en la barra de Google la expresión "violencia en La Habana" (así entrecomillada para que el resultado sea literal) queda anonadado.

Hoy 25 de noviembre a las 2: 30 de la tarde, en Google aparecen nada menos y nada más que 2 070 000 páginas que "dan fe" de esa violencia. ¡Cómo lo leyó: más de dos millones! Comparémoslo, por ejemplo, con "violencia en Ciudad Juárez" (115 000); "violencia en Bagdad" (69 200); "violencia en Medellín" (94 400); en tanto, San Pedro Sula, tercera ciudad más violenta del mundo, solo consigue 5 910 entradas.

Así tenemos que, mientras en el Nueva York desnudo más de 4 mil manifestantes pacíficos han sido arrestados en los últimos días (muchos videos y fotos dan fe de la brutalidad policial), en el "paño maravilloso" de Internet la expresión "violencia en Nueva York" solo consigue 6 350 entradas. Es decir que de acuerdo con el impacto mediático, y si comparamos La Habana con Nueva York, por simple regla de tres tenemos que más del 60 % de los habaneros se supone deberían estar presos.

Ridículo como el propio papelazo del rey; pero ahí no termina todo. Recientemente la UNICEF (algo que también había reconocido la FAO) informó que Cuba es el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil. El informe expresa que el 28 % de los niños desnutridos del mundo vive en África Subsahariana. Sin embargo, cuando se teclea la expresión "hambre en África" se tienen 171 mil resultados, menos de la mitad que al buscar "hambre en Cuba" (353 mil) De paso, apuntemos que la frase "hambre en Haití" consigue solo 12 600.

Se pueden poner muchos más ejemplos de ese paño sucio con que se pretende arropar a Cuba: "narcotráfico en Culiacán" remite a 1 200 páginas; "narcotráfico en Cali", a 12 200; mientras que "narcotráfico en La Habana" encuentra 146 mil.

Por último, una curiosidad. Recientemente han ocurrido varias manifestaciones de indignados en Miami; pero al teclear la expresión "indignados en Miami", solo se consiguen 2 060 resultados, cifra irrisoria en relación con los "indignados en La Habana" (63 800) que nadie ha visto.

 

LA VENGANZA DEL FANTASMA

LA VENGANZA DEL FANTASMA

 Por  Paul Mc Millan

 

Si es cierto que los fantasmas existen  y salen  en rondas nocturnas,  el del Presidente John F. Kennedy, asesinado el  22 de noviembre de 1963, en lo que se conoce como “El magnicidio de Dallas”,  debe andar recorriendo el que también fue su escritorio  en el despacho oval de la Casa Blanca. 

Tal vez no sea el único,  porque antes del fueron ultimados otros tres:  Abraham Lincoln, en 1865; James A. Garfield, en 1881, y William McKinley  (1901), los tres Republicanos. 

Una nada rara costumbre la de eliminar un Jefe de la nación en Los Estados Unidos de América,  porque no conformes los matones con los ya citados, fueron victimas también de ataques a los cuales sobrevivieron, otros nueve Presidentes mientras ostentaban el cargo.

 Fueron ellos Andrew Jackson (1835); Theodore Roosevelt  (en 1912, tras finalizar su mandato); Franklin Delano Roosevelt  (1945), en los finales de la segunda guerra mundial; Harry S. Truman (1950);  Richard Nixon (1974);  Gerald Ford (1975); Jimmy Carter (1979) y Ronald Reagan (1981). 

 Fuera por las causas que fueran, nadie tiene derecho de asesinar o intentar hacerlo a un Jefe de Gobierno, o a cualquier persona simple, pero así ha ocurrido desde el asesinato de Lincoln. Ello demuestra cuál ha sido en cada caso la actitud de la oposición.  Elegido en 1960,  Kennedy se convirtió en el segundo Presidente mas joven de la  nación, después de Theodore Roosevelt. Y ejerció solamente desde enero de 1961, hasta su asesinato en 1963.

 Su mandato estuvo caracterizado por disimiles e importantes eventos que quedaron recogidos no solo para la historia de los Estados Unidos, sino mundial, como la invasión a Bahía de Cochinos,, y tras ella la llamada “crisis de los misiles” (instalados en Cuba por la antigua URSS) y que se consideraban de alta peligrosidad para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Igualmente bajo su gobierno se inicio la construcción del muro de Berlín, la carrera espacial, la consolidación por los derechos civiles en los Estados Unidos y los primeros sucesos de la guerra en Vietnam del Sur.

Ante el homicidio a Lee Harvey Oswald, a manos de Jack Ruby, cuando era conducido por la policía, el expediente fue sellado por la Comisión Warren, que investigaba el caso, debido a que opino que “podría existir una conspiración en torno a su asesinato”.

El tiempo ha pasado y el proceso continúa silenciado hasta cuando se decida reabrirlo, con la esperanza de conocer la verdad del magnicidio. Y aunque todo apunta hacia –una parte—del exilio cubano por el apoyo negado a última hora para la invasión a Cuba, no existen pruebas conclusivas.

Pero, si así fuera,  qué importa una mancha más para un grupo de energúmenos que 52 años después de que Fidel Castro asumiera el poder continúan esperanzados en derrotarlo a cualquier precio, aunque ese fuera desaparecer al actual titular americano o a cualquiera otro futuro. O sembrar a Cuba de bombas, no precisamente de flores y palmas. Y  aunque el pueblo agredido hace 50 años  (si bien una considerable cifra emigró hacia este y otros países), cuenta con mas de 11 millones de personas que no desean mayoritariamente abandonarlo a su suerte o a las de aquellos que pretenden “salvarlo” con falsas promesas económicas y de libertad.   

Por el momento, aquí, en el país “mas democrático del mundo”, un fantasma deambula por la Casa Blanca, aunque tal vez no sea solo el de Kennedy, sino el “fantasma de la conciencia” de vivos y muertos, que no saben qué hacer para acabar con los miles de problemas que enfrenta esta nación, en medio de la mas grande crisis que recoja su historia.

       

      

      

       

     

EL CADÁVER DE KENNEDY AÚN ESTÁ CALIENTE

EL CADÁVER DE KENNEDY AÚN ESTÁ CALIENTE

Apostillas  ingenuas

Thomas Merton,  monje trapense devenido  uno de los escritores más influyentes  entre los escritores católicos después de su ingreso en el monasterio de Nuestra Señora de Getsemany,   escribió sobre los Estados Unidos una frase lapidaria en el libro Conjeturas de un espectador culpable, publicado en inglés en 1966. No entienden, dijo. Y quizás cuando sea la hora del borrón y cuenta nueva en Norteamérica,  el epitafio del gran país podría ser la conclusión de  este contemplativo a quien el retiro y el silencio en los bosques de Kentuky, no le impidieron estar al tanto del mundo que se expandía entre contradicciones al otro lado de las puertas del monasterio.

“Nuestros estadistas –escribió- no han aprendido el nuevo lenguaje. Y en general, son incapaces de interpretar  las nuevas señales. Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen.” Más adelante, apunta: “Decidimos que Cuba está totalmente dispuesta a sacudir el yugo de Fidel Castro y eso da lugar al fracaso de Bahía de Cochinos. Después de haber hecho el ridículo, descubrimos que los hombres que nos proporcionan información, en vez de eso, nos han hecho tragar propaganda”.

En estos días,   para confirmar el juicio de Merton, los precandidatos a la presidencia vuelven a introducir a Cuba como una oferta en su menú de campaña.  Tanto Herman Cain como  Mitt Romney , aspirantes a la nominación presidencial por el Partido Republicano, han echado mano de ese archivo tan manoseado y lleno de polvo fracasado.  

“Lo que llama la atención  -ha escrito en El Nuevo Herald  Alejandro Armengol- no es el recurso gastado del anticastrismo, sino la facilidad con la cual los políticos, en especial los candidatos a cualquier puesto, acuden a éste. Y peor aún, que encuentren algún iluso, o algunos cientos de ilusos que lo sigan. En muchos casos está en juego algún dinero o la promesa de un futuro cargo, pero eso es para los vivos que buscan aprovecharse de la situación. Para los votantes es simplemente el engaño, que sigue funcionando”.

 Les falta –sostiene ahora el autor de este blog-  la valentía, la honradez y la visión política que distinguió a John F. Kennedy. El 24 de octubre de 1963, le dijo al periodista francés Jean Daniel:

"Yo creo que no hay un país en el mundo, incluyendo cualquiera y todos los países que han estado bajo dominación colonial, donde la colonización económica, humillación y explotación fueran peores que en Cuba, en parte debido a la política de mi país durante el régimen de Batista.

“Yo estoy de acuerdo con lo que planteó Fidel Castro en la Sierra Maestra, cuando con toda justificación reclamaba justicia y especialmente anhelaba liberar a Cuba de la corrupción. Inclusive puedo ir más allá: en cierto sentido era como si Batista fuera la encarnación de un número de pecados cometidos por Estados Unidos.

“Ahora debemos pagar por esos pecados. Sobre el régimen de Batista, yo estoy de acuerdo con los primeros revolucionaros cubanos. Eso está perfectamente claro."

Claro estaba para el presidente Kennedy en ese momento después de haber continuado la política contrarrevolucionaria de su predecesor. Al parecer, quería cerrarla y transformar la hostilidad en acercamiento. Y el 22 de noviembre de 1963 Jean Daniel, por encomienda de Kennedy, hablaba con  Fidel Castro sobre la posibilidad de que ambos países intentaran normalizar las relaciones. La conferencia no llegó a ningún acuerdo: una noticia de última hora selló la conversación: Kennedy había sido asesinado en Dallas.

Kennedy adelantó su comprensión de las causas que promovieron a la revolución cubana. Los Estados Unidos, sin embargo,  no entendieron y JFK murió víctima de una probable conspiración todavía sin esclarecer públicamente y en la cual el expediente Cuba parece ser uno de los móviles. Por tanto, entre otras factores, la hostilidad contra el gobierno revolucionario de la mayoría de los políticos norteamericanos, resulta  un tótem y un tabú.  Obama  evadió el tema en su campaña. Pero desde la presidencia,  ha bajado la cabeza ante los mismos ídolos.

Tal vez, el fantasma de Kennedy los  asuste. El precio de ver claro es muy alto.

 

HABLAN LOS GURÚES

HABLAN LOS GURÚES

Los pejes siguen muriendo por la boca

El Nuevo Herald, que ofrece gratis El País de España para poder venderse, ha añadido a su fama de mitómano -¡ah, recuerdo aquellas noticias de Pablo Alfonso que había que desmentir cinco días más tarde-, aparte de ese descrédito, decimos, ahora ha vuelto a usar su carisma de gurú. Y ha publicado hoy una serie de juicios de expertos sobre el nombramiento del General Leopoldo Cintra Frías como ministro de las Fuerzas Armadas en Cuba.

Lo primero que llama la atención es la incapacidad de los titulados expertos en  asuntos cubanos  y en relaciones internacionales, para elucubrar un pronóstico o una interpretación capaz de no hacer el ridículo ante lectores inteligentes y, sobre todo, informados.

El lead de la nota informativa dice:

El nombramiento del general cubano Leopoldo Cintra Frías como nuevo ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) hizo aflorar el miércoles reacciones de cautela entre analistas y disidentes a ambas orillas del Estrecho de la Florida.

El encabezamiento es repetitivo, redundante. Todo cuanto se haga en Cuba suscita reacciones de cautela y preocupación por esos lares del otro lado del Estrecho y también de este. Eso es verdad. Pero es la norma. La plantilla del esquema.  Veamos por qué están preocupados:

Andy Gómez, académico de Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami, dijo que la confirmación de Cintra en el cargo indica que la estructura del poder cubano sigue “apostando” por la línea dura.

Y por qué el nombramiento de Leopoldo Cintra Frías confirma una voluntad política de “línea dura”. La explicación de míster Andy Gómez no puede ser más simple:

Los Castro no están interesados en perder el poder de ninguna manera (…) y  Cintra ha sido un hombre muy leal a Fidel como a Raúl Castro. Esto nos muestra que si la gente esperaba cambios desafortunadamente no vamos a ver nada de eso.

Parece que el experto Andy Gómez esperaba que el Gobierno de Cuba nombrara ministro de defensa a un hombre de línea blanda como ´Pepe´ Hernández, el presidente de la FNCA. Entonces sí hubiera habido cambios, como para establecer un nuevo éxodo, y los cubanos de aquí salir a prisa para ocupar las casas de los de allá, vacías al regresar estos a sus ex casas de Cuba, para vitorear a ´Pepe´. Lo que nos esperaría… Bueno, como diría Rita Montaner, tía de otro experto célebre: mejor que me calle, que no diga na… En suma, los que están empeñados en no perder el poder, son miles y miles de cubanos humildes y de hombres y mujeres que, aun con sus imperfecciones, estiman que la revolución cubana es superior a todo lo que prometen desde Miami y Washington. Al menos, nos hemos ganado la soberanía y la independencia. Y es bastante.

 Continuando, desde Arlington, Virginia,  llegó lo más inteligente de cuanto informó El Herald. Leamos:

 Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington, dijo que Cintra responde a las necesidades del gobierno cubano para ocupar un ministerio “clave”. Sin duda Cintra es una persona de mucha confianza y es un relevo que se produce dentro de los círculos del alto mando.

Es evidente. Cuánta razón tiene el respetable analista. Habría que preguntarles a Obama y al Congreso de la Unión si ellos nombrarían a un ministro de Defensa que no respondiera a sus necesidades como potencia. ¿Acaso podrían haber nombrado al difunto Bin Laden?

Ahora, al final, contrariamente a la técnica periodística para la construcción de la información, empieza lo mejor de la nota de El Nuevo Herald:

José “Pepe” Hernández, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), radicada en Miami, subrayó que lo que está ocurriendo en Cuba es una prueba que la concentración y el monopolio del poder guían la agenda de gobierno. Desafortunadamente es una piñata política y militar que pretende mantener a todos los integrantes del círculo más íntimo del castrismo.

Habría que preguntarle a don ´Pepe´ si cuando murió Mas Canosa, la FNCA no mantuvo el poder entre los hombres más cercanos del difunto. Entre ellos, el propio ´Pepe´.

Pero, en el final, un finalísimo final, son estas dos declaraciones:

Oscar Elías Biscet, el hombre que hizo huelgas de hambre en su casa tomando batido de carne de cerdo, como si fuera jugo, criticó el nombramiento de Cintra Frías con estas palabras no  tan exactas cuanto originales:

Cuba es un país militarizado y Cintra goza de la entera confianza de los Castro en cuanto a la línea ideológica y política del sistema.

A decir verdad, Cuba es un país que se ha militarizado para defenderse. Los Estados Unidos, modelo de democracia, además de fuente de empleo para muchos expertos y analistas, están remilitarizados, con una industria bélica que, al cabo, en última instancia, como dicen los marxistas, decide allí lo fundamental. Y se han militarizados para hacer la guerra fuera de su territorio. Es decir, como estrategia de dominación. No he leído nunca una declaración de Biscet contra el armamentismo norteamericano.

Ahora, la estrella de la nota. Guillermo Fariñas, que de psicólogo, ha derivado en visionario, en pitoniso, profetizó:

Creo que posiblemente vamos a empezar a ver fricciones en las Fuerzas Armadas, que uno diría que es uno de los pilares de la revolución cubana.

Sabio el gurú. Por qué han de haber fricciones. No lo dice. No lo puede decir. Tal vez ignora que el General Cintra Frías era viceministro primero durante el mandato del fenecido Julio Casas Regueiro. Y no hubo fricciones, salvo que Fariñas, con su capacidad psicológica haya podido hacerle algún test  mental al edificio Sierra Maestra, cuyas paredes deben saber demasiado. Tanto Cintra  Frías como el General  López Miera, viceministro primero y jefe del Estado Mayor, son dos de los más competentes generales de las FAR, y cuya historia personal los convalida.

Claro, digo esto sin saber qué otras cosas ha dicho el ´Coco´ Fariñas. A lo mejor, para ministro de Defensa debe ser un “inmortal” sobreviviente de numerosas huelgas de hambre, gracias a las terapias intensivas que le facilita el gobierno que él combate.  Es decir, Fariñas es el hombre apto para impedir fricciones.

De verdad, las cosas de El Nuevo Herald y sus fuentes no pueden tomarse en serio. ¿Cuanto tiempo llevan haciéndolo sin ningún efecto? ¿Cómo dijo? ¿Cincuenta? Ah, sí, cincuenta años y un poquito más, aunque El Herald lleva menos y parece que sí le queda poco…

 

 

 

 

 

DECIRES Y DESAIRES

DECIRES Y DESAIRES

 Por Luis Sexto

 Ideas sobre la prensa cubana

La prensa cubana está bajo un escrutinio casi implacable (y el casi es una fórmula paliativa de periodista “avergonzado”).  Lectores que leen los periódicos y lectores que no los leen desde hace tiempo, que de todo hay en el calendario crítico cuyas hojas se derraman sobre Cuba, insisten en la opacidad de nuestras páginas, nuestras ondas y nuestras imágenes. Las acusaciones más comunes giran en torno de un color predominante, el gris, y de las omisiones que convierten a la prensa en secretista, acrítica, cómplice, y  cuya función veraz y objetiva suele estar fuera de foco.

Lo más llamativo es que algunas de esas voces inconformes, todas atendibles, atribuyen las insuficiencias y deficiencias a los periodistas, que no saben ser cultos, valientes y audaces profesionales. Pero tal vez muchos han olvidado que cuando algunas de esas voces ocupaban posiciones directivas, jamás toleraron la crítica y hasta se  molestaban por una pregunta aguda o excesivamente profunda, y como insulto nos tildaban usualmente de “comilones”. Varios de mis colegas pueden hasta contar sobre ojerizas sistemáticas decretadas por funcionarios que, hoy, al añadirles el prefijo ex, no cesan de fustigar a  medios y periodistas por la “mala prensa”.

Y uno se percata, además, de que se  estigmatiza a la prensa cubana desde variadas fronteras y posiciones en un planeta donde los medios se distinguen universalmente por mentir, por escamotear la verdad o tergiversarla mediante la semántica manipuladora. ¿Difunden todas, todas las noticias, y sin manipulación, los medios norteamericanos y europeos o las notas sobre asesinatos, accidentes, robos, discusiones en el parlamento hacen creer acaso que la prensa verdaderamente informa lo que cada ciudadano debe saber? ¿Ha de ser solo la prensa cubana la única exigida y denostada, sin reconocer que -y sea dicho sólo como dato explicativo y no justificativo-  ha ejercido su papel bajo un estado de sitio, implantado por los Estados Unidos desde 1961 hasta hoy, cuando aún ese país aprueba fondos para subvertir el modelo social y político en Cuba?

Pero aparte de esa referencia histórica sin la cual ningún análisis redondeará con certeza sus conclusiones,  mi experiencia de 40 años en los medios sugiere que la “mala prensa cubana” es, en determinante volumen, invención de la mentalidad burocrática nacional, copia de la soviética, y del poder centralizado que geométricamente se grafica con una línea recta y vertical, trazada de arriba abajo, y con un lingote de plomo en el extremo inferior. Reparemos en este ejemplo: El pasado domingo 30 de octubre el periódico Juventud Rebelde insertó en su sección Acuse de recibo, una carta del presidente de Cubana de Aviación. Respondía a un viajero que reclamaba le pagaran el plasma averiado en un viaje. El funcionario demostró respetuosa y acertadamente la falta de razón del reclamante. Del mismo modo, el periódico había publicado la queja de acuerdo con su norma de confiar en la veracidad de lo dicho por el remitente. Tras su alegato,  el jefe de Cubana  arremetió contra el periodista, porque “ha publicado una noticia parcializada, que involucra a una institución cubana querida por el pueblo a lo largo de sus 83 años de existencia(…) No puede permitirse el lujo de ser superficial un periodista de Juventud Rebelde (…) al no investigar las dos partes de la noticia”.

 Aun si la enjuiciamos desde un punto de vista neutral, la carta del presidente de Cubana de Aviación es insolente cuando califica al periodista. Apoyado en cierta sensación de impunidad que otorga el rango, según suele creerse, de un golpe dictó la opinión definitiva sobre el redactor: usted es superficial. De ese modo, se ha venido obstruyendo desde hace años el papel de la prensa en Cuba: acusándola de lastimar el crédito de las instituciones, tan respetables todas y por lo tanto merecedoras de que no se les critique o denuncie en la prensa. Cuando ha ocurrido, el argumento más socorrido ha sido una frase sacramental: “Usted ha lacerado la imagen del organismo”. No aceptan, sin embargo, que solo  los errores desacreditan a la institución.  Como escribí  hace poco en Progreso Semanal, la mentalidad predominante conceptúa a la prensa como espejo mágico de la sociedad: solo te admito que digas que todo cuanto hacemos es inmejorable.

Y esos criterios avanzan quejumbrosos, advirtiendo del peligro de que  la Unión Soviética cayó porque “liberó a la prensa”. Y la idea circula por este despacho, y por esa oficina, y se pasea por aquella reunión o congreso. Y así  han venido cocinando una atmósfera en la que se anulan prácticamente las diversas resoluciones del Buró Político del Partido Comunista de Cuba -la última en 2007-  que recomiendan, también exigen, el ejercicio de la crítica y la realización de un periodismo más creador.  Por otra parte,  si la información falta en nuestras páginas, si evidentemente no aparecen noticias para presentarles a los lectores, televidentes y radioyentes el relieve del país para que sepamos dónde vivimos y hacia dónde vamos,  la causa eficiente  proviene de las fuentes que se cierran con el pretexto de cumplir orientaciones de los “niveles superiores”. No tengo por qué callarlo: Ministros hubo que prohibieron la entrada  de periodistas en las fábricas, empresas y establecimientos, incluso hasta en las escuelas. Y funcionarios políticos, en provincias y municipios, han dictado qué sección del periódico debe ser eliminada y  cuál ha de sustituirla. ¿Por qué? ¿Para demostrar que están por encima de cualquier límite?

Juzgado el problema con más equilibrio, mirémoslo desde nuestro lado. Y hemos de admitir que, en efecto, nuestra prensa adolece del sentido de la oportunidad, de variedad noticiosa, de omisiones, de profundidad en sus análisis. ¿Internamente cuál es el problema primordial de los medios, concausa de las ya enumeradas? La desprofesionalización de periodistas y editores. No he de afirmar que los graduados de las escuelas de periodismo ignoran el ABC.  Más bien carecen de  la experiencia suficiente para ocupar el puesto de los que se han jubilado o han abandonado el ejercicio del periodismo por  razones en que casi todos coinciden: carencia de estímulos y de un clima de creación y libertad responsables. Por otro lado,  un número de editores y directivos han sido improvisados para formarse luego con el método de  rajando leña  se aprende a cocinar.

No hay fuerza, en verdad. Nuestra prensa, formal y conceptualmente carece de fuerza. Y ha derivado hacia la propaganda árida, repetitiva, farragosa. Y esas cojeras deslegitiman el discurso de medios y periodistas. Ahora bien, nadie como periodistas y fotorreporteros han luchado por defender el espacio que les corresponde en la sociedad socialista. Nosotros, los que hemos entregado nuestros días al servicio de la Revolución mediante el periodismo, sabemos que nuestro papel es ancilar, subordinado a los intereses de la nación, e influido también por la advertencia martiana –nada desdeñable en su dimensión actual- de que si el enemigo está delante, la prensa calla. Pero en qué reunión, asamblea, festival de la prensa, plenos y congresos de la Unión de Periodistas no se han levantado dos, tres, más colegas asistidos por el crédito de su obra y su lealtad política, para exponer las limitaciones, principalmente exógenas, que mediatizan a la prensa en su cometido de orientación y movilización social y política, y de corrección de vicios y defectos públicos. Habrá, pues que, aceptar que nuestra prensa, para ser efectiva,  ha de estar solo sometida a intereses políticos generales dentro de una autonomía que la proteja de la manipulación burocrática.

Pero el periodismo cubano no ha renunciado a los enfoques polémicos, ni a  su función de instrumentos de la conciencia crítica de la sociedad. A pesar de que profesionalmente se escabulle por las troneras de  la rutina y el exceso de consultas y reparos, todavía la prensa puede enumerar un grupo de competentes profesionales. Dotados de ideología filosófica y política, nutridos además por un concepto ético y profesional, no se despojan de las ropas del que trabaja para servir y, por tanto,  no se cubren con los atributos del privilegiado, ni exigen la capacidad omnímoda de estar por encima de cualquier principio, responsabilidad y compromiso. En cambio, conscientes de su función en el socialismo, se confirman aptos para conmover y convencer con la palabra y la imagen.

Resumiendo, cómo lograremos una prensa útil, crítica, amena, alternativa de medios extranjeros, y eficaz en la defensa  de la independencia y el socialismo, y que satisfaga a quienes la oyen, la ven o la leen, y también a los profesionales que la realizan. ¿Privatizándola?  Esta aparente solución es anulada por una verdad práctica: Por  su naturaleza, la apropiación privada está habitualmente en litigio con la naturaleza pública de los medios. La objetividad de la prensa privada se diluye en la conciencia clasista de sus propietarios y por ello coinciden y defienden las causas que, por lo común, son enemigas de las mayorías desposeídas. No ignoramos a quiénes pertenecen las megalómanas cadenas de TV, de Radio o de periódicos y revistas. Ni desconocemos que  míster Forbes no es uno de los “indignados” que reclaman justicia en Wall Street; ni el grupo Prisa se adscribe en el directorio como órgano de sindicatos y trabajadores esquilmados.

Hablemos, pues, en la sociedad cubana, de propiedad social efectiva, que en un periódico, un noticiero radial o televisivo equivale a la regulación endógena responsable y comprometida con principios y fines nacionales. Esto es, regulación desde dentro, aunque el director lo nombre el Partido. Un director que responda por el uso de su autoridad y dirija sin tutelajes externos, cuyos pareceres olvidan y desconocen técnicamente el destino final de la prensa y los medios: ser en la mañana, la tarde y la noche un examen de conciencia de nuestra sociedad.