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PATRIA Y HUMANIDAD

HASTA EL DAVID LUCE MAL…

HASTA EL DAVID LUCE MAL…

 ESTA REPRODUCCIÓN DISTORSIONADA  DE LA CÉLEBRE ESCULTURA DE MIGUEL ÁNGEL SIRVIÓ A LA FEDERACIÓN ALEMANA DE DEPORTE OLÍMPICO  PARA HACER CAMPAÑA CONTRA LA OBESIDAD. MENOS COMIDA CHATARRA; MÁS EJERCICIOS, PARECE DECIRNOS EL  JOVEN DE LA CÉLEBRE HONDA.

SOBRE UN ÁNGEL DE APELLIDO AUGIER

SOBRE UN ÁNGEL DE APELLIDO AUGIER

Por Virgilio López Lemus  

Ningún poeta cubano había alcanzado jamás la edad de 97 años. Cuando hoy 1º de diciembre Ángel Augier, nacido en 1910, abra sus ojos al día, Cuba tendrá un poeta de esa edad y los cubanos lo celebraremos con gozo. Comenzó muy joven, era un chico veinteañero cuando tomó dos decisiones transcendentales para su vida, ambas durante el infausto machadato: publicar su primer libro de poemas Uno (1932), y mudarse luego para La Habana desde el Central Santa Lucía, en Gibara, Oriente, donde había nacido, y donde comenzó a trabajar en las oficinas del ingenio azucarero y a vincularse con el primer Partido Comunista, motivo por el cual se le considera actualmente como el militante más antiguo de la Nación. Con el tiempo, se convertiría en el más importante entre los estudiosos de la obra de Nicolás Guillén, su labor lo ha llevado a ser uno de los críticos literarios de mayor significación del siglo XX cubano, y de lo que va del XXI. Con una veintena de libros de poemas publicados y otros varios de ensayos y compilaciones muy diversas, implanta ahora el aludido récord de sobrevivencia en nuestras tierras insulares.  

Así es que los cubanos tenemos muchos motivos para celebrarle a Augier un año más de vida. Nuestro Premio Nacional de Literatura (1991), ha sido condecorado con algunas de las distinciones más altas del país (Orden Félix Varela de Primer Grado, 1982) y de otras tierras, y sigue siendo un hombre útil, querido y respetado, un escritor e investigador incansable, alguien que de continuo está pensando en su último libro, que es el que tiene entre manos, el que organiza ahora mismo. Tenacidad, sentido del deber creativo, honestidad y limpieza de alma, son algunos de los dones que nos deja ver el que antaño fuera subdirector del Instituto de Literatura y Lingüística (de donde es Investigador de Mérito), vicepresidente de la UNEAC, y sobre todo un trabajador de sobrada ejemplaridad (Héroe del Trabajo, 2004).

Nacido el mismo año que José Lezama Lima, José Ángel Buesa y Dora Alonso, Augier ha entregado poemarios de alta calidad lírica, como Isla en el tacto (1965), Todo el mar en la ola (1989), o la notable compilación de su obra lírica en Antología poética (1928-2000), editada en el 2005.  

Algunos de sus ensayos medulares se refieren a Guillén, y otros a las estancias cubanas y las relaciones con nuestra cultura de grandes personalidades como Rubén Darío, Pablo Neruda, Federico García Lorca o Rafael Alberti. Sus estudios sobre estas y otras figuras son sencillamente imprescindibles para quienes pretendan un conocimiento a fondo también de sus épocas. Augier, fino prosista, se ha detenido en el análisis de la poesía cubana, en sus figuras centrales de los siglos XIX y XX, y en algunas de las líneas creativas más importantes, como es el caso de la poesía social o de textos dedicados a la ciudad de La Habana. Su labor de compilación y de amplio servicio de divulgación y conocimiento de las obras de otros poetas, son ejemplos vivos de generosidad y amor por la poesía.  

Alguien decía alguna vez en broma, que a Ángel Augier habría que nombrarlo ya Presidente de Honor de la comisión que organice los actos por su centenario. Puede parecer una feliz idea: no falta tanto, y el poeta está firme y decidido a acompañarnos en tales festejos. Por ahora, deseémosle mucha salud y démosle las gracias por vivir una vida tan extensa, intensa y rica en acciones de valor para la cultura cubana.

ES PRECISO RESPETAR LAS CULTURAS

ES PRECISO RESPETAR LAS CULTURAS

Entrevista a Mons. Carlos Manuel de Céspedes  

(Fragmentos)

Cintio Vitier afirma que su nombre y su apellido se remontan a lo que José Lezama Lima llamó “nuestro señorío fundador”. ¿Cómo percibe esa presencia en su formación y crecimiento como hombre de fe?
—Eso tiene que ver con lo que me preguntaban de las metas en la vida, y a lo que yo respondí con un término un poco anticuado, lo del “honor de la familia”. Al principio uno sabe que es Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal y punto. Después se va enterando de que ambas familias están en Cuba desde principios del siglo XVII. No he conocido a nadie cuyos dos troncos familiares hayan permanecido en Cuba desde mil seiscientos y pico.

«Lezama me decía si me veía por casualidad: “Tú no eres ni aristócrata ni burgués, sino un patricio”. “¿Qué patricio ni patricio?”, le contestaba yo. Y él insistía: “Sí, porque perteneces a los que fundaron este país. Buenos o malos, tu gente, los García-Menocal y los de Céspedes, fueron quienes fundaron el país”. No me quedaba más remedio que reconocer que era verdad. Saber que en todo lo que fue pasando en Cuba desde el siglo XVII en adelante, de un modo u otro, había personas de las dos familias, resultaba en cierto sentido una carga, una preocupación, porque exigía ser coherente.

«También me enteré de que en esa historia tan larga no todo el mundo había sido santo y ejemplar, que había habido pillos a más no poder, y pillas también. Pero en honor a la verdad, no fueron la mayoría, la mayoría ha sido buena gente, sin ser héroes ni cosas por el estilo. Un poco de todo. Y uno sabe eso, y uno va como que… es difícil de definir. Sientes que la identidad de la propia familia, y por tanto, la tuya propia, pertenece al tronco del país, ¿no? Cae mal hablar de eso, podría parecer presunción, pero es que es así. ¿Qué culpa tengo yo de eso? Ninguna. ¿Y qué mérito? Ninguno tampoco.»

¿Cómo se apropia de la cubanía alguien que ha heredado esa condición ancestralmente?

—Muchas veces me pregunto: “¿Y por dónde me entró a mí la cubanía?” En mi caso, supongo que por los genes. Era muy natural el pensar en cubano y como cubano y apreciar las cosas cubanas como quien aprecia las cosas de su familia. Para mí hablar de la Guerra de Independencia no es hablar de una Cuba ajena, es hablar de mi familia. Me ocurre lo mismo con la Iglesia, porque ambas familias han estado muy presentes también en ese ámbito. Cuba y la Iglesia son para mí dos realidades muy importantes, está la identidad del país en juego.

«La cubanía para mí es eso: ser yo y lo que aprendí de chiquito. Los cuentos que me contaban en mi niñez no eran los de Blancanieves y los siete enanitos, sino: “a tú tatarabuelo le cogieron preso un hijo y le dijeron que si él se retiraba de la guerra, pues entonces se lo entregaban y que si no lo fusilaban, y se lo fusilaron porque él dijo que era el padre de todos los cubanos” (…).


Usted considera que los jóvenes de hoy usualmente viven sólo lo inmediato y tienden a no hacer proyectos a largo plazo.

—No se puede generalizar, como tampoco pensar que todos los jóvenes de antes tenían proyectos a largo plazo. Pero como tono ambiental, me parece que los muchachos de mi época hacían más planes a largo plazo que la mayoría de los de ahora. Y es algo que percibo no sólo en Cuba, sino en otras partes también: se vive más de la inmediatez y hay menos preocupación por el futuro. En mis tiempos de adolescente, disfrutábamos o nos entristecíamos con las cosas inmediatas, pero pensábamos a largo plazo tanto en el plano personal (cuestión de estudios, profesión) como en cuestiones del país. Tras el golpe de Estado de Batista, nos preguntábamos: “¿cómo vamos a salir de esto?, ¿qué va a pasar ahora?”. Eso es a lo que me refiero. En general, repito, no digo que no haya jóvenes similares en ese sentido a los de hace cincuenta años (los hay y conozco algunos espléndidos), pero el tono que predomina no es ese.


¿Y qué clase de joven era usted, qué cosas le interesaban?

— (Risas) Eso tendrían que preguntárselo a mis amigos. Un joven bastante común. Nada de particular: era, que sé yo, estudioso, muy estudioso, pero muy salidor, me gustaban mucho no sólo las salidas a fiestas y comidas, sino también al teatro, la ópera, el ballet, y los conciertos. Me sentía muy comprometido con la Iglesia, pertenecí al grupo de Acción Católica e incluso fui catequista en barrios pobres de La Habana. Después en la universidad, estudié Derecho y llegué a ser presidente del grupo de Acción Católica de esa Escuela. Estuve muy metido en los problemas estudiantiles en tiempos de Batista. A los veinte años decidí ingresar al seminario, pero seguí siendo joven, porque a los veinte años se es joven todavía.

Cuéntenos de aquella conversación “larga y húmeda” que sostuvo con el Cardenal Arteaga antes de partir a estudiar a la Universidad Gregoriana de Roma.

—Éramos tres seminaristas los que fuimos bien temprano aquella mañana a su casa en el último piso del edificio donde se encuentra actualmente el Seminario San Carlos y San Ambrosio. Lo vimos después de misa con la idea de decirle que en uno o dos días partíamos para Roma, y despedirnos. Pero él dijo: “¡No!, vamos a sentarnos a conversar un ratico”, y entonces, en una terracita del tercer piso, fue escuchar los consejos de hombre viejo que había vivido mucho, que conocía bien Roma, la Universidad Gregoriana, y cosas que creía podíamos aprovechar más. Los tres estábamos convencidos, dado que el Cardenal a sus ochenta años no tenía muy buena salud, que si nos íbamos al menos por cuatro años, no lo volveríamos a ver. Él era un hombre muy cariñoso, muy cercano a nosotros. Esa despedida fue para siempre. Murió en marzo de 1963, y yo regresé en agosto.

¿Qué angustias personales le ha traído asumir el sacerdocio?

—No diría angustias, sino ciertas preocupaciones. Al comienzo de asumir mi vocación sacerdotal, me preguntaba: “¿Hasta cuánto te atreves a ser sacerdote si no tienes garantía de que serás fiel siempre?”. En Roma fui a hablar con un cura viejo amigo mío y le dije: “Padre, a mí me parece que soy un descarado. Aunque me comprometa cuando me ordene de sacerdote a esto, a aquello y a lo otro, ¿qué garantías tengo...?”. Él me interrumpió antes de terminar: “No las tiene nadie. Nadie. Si dijeras ahora que las tienes, te diría que no te ordenes, porque estarías loco. Uno confía en la gracia de Dios y en que tiene la voluntad y el deseo, y en que si ha sido fiel hasta ahora, lo podrá seguir siendo después también. Y si en algún momento quizá tú fallas y caes, te levantas y sigues caminando.”

¿En algún momento resultó un inconveniente cultivar paralelamente la amistad con marxistas, creyentes, exiliados?

—Eso nunca fue un problema, ni antes ni después de la Revolución. Para mí las relaciones humanas, y la amistad en particular, tienen que estar por encima de todo. Me he sentido capaz de ser amigo, antes y ahora, de personas que piensan como yo y de personas que no piensan como yo. Por otra parte, uno tiene que ser transparente. Nunca he ocultado mi pensamiento ni me gusta que me lo oculten, porque además, no menosprecio a nadie, ni me disgusto con nadie porque piense distinto a mí, ni en materia religiosa, ni en política, ni en ninguna otra. Se intercambian puntos de vista y se discuten si se tienen que discutir, pero nada más (…).

¿La jerarquía eclesiástica cubana incomprendió alguna vez su inclinación por las artes y su cercanía con quienes las cultivaban?

—Tanto decir “la jerarquía”, no. Se habla de “la jerarquía” y se piensa en los obispos. Imagino que unos mirarían eso con simpatía y otros no. Cuando era joven y tenía treinta o treinta y pico de años, me daba la impresión de que algunos sacerdotes de los mayores que me trataban con mucho cariño y con mucha atención, veían con cierta preocupación que fuera tan amigo de escritores, poetas, bailarines de ballet. Quizá les parecía que iba a ser un sacerdote mundano. Ya ha pasado el tiempo y se sabe que eso no ha significado un deterioro en mi vida sacerdotal y que sigo siendo amigo de aquellos que también ya son mayores como la misma Alicia, quien hace poco me dijo: “Mira que hace años que nosotros nos conocemos.” (Se ríe). Toda una vida.

¿Qué apreciaciones tiene acerca de la situación que enfrenta la sociedad cubana hoy?

—La sociedad cubana atraviesa por problemas que son propios de Cuba y que dependen de la evolución del hecho revolucionario y la concreta situación actual. Pero hay muchas cosas, de las positivas y las negativas, que vienen del mundo global. Cuando uno va a otros sitios y habla, por ejemplo, del cambio del concepto de la familia, se percata de lo que te dice un brasileño, un argentino o un francés es más o menos lo mismo que diríamos nosotros. Hay una serie de modelos culturales y de paradigmas culturales y éticos que han ido cambiando en el mundo, algunos para bien, por supuesto, pero otros para mal, y entonces hay que ver cómo se va armando ese mundo nuevo.

«Se dice en muchas partes, esto no es ninguna originalidad, que esta no es una época de cambios, sino un cambio de época, y cuando hay un cambio de época, pasa eso. Uno lee a los pensadores de principios del siglo XIX, después de la Revolución Francesa, y comprende que había un cambio de mentalidad. A nosotros nos está pasando igual, estamos en un instante de un cambio de época, y hay una serie de valores que vienen de atrás y que hay que tratar de conservar, no como piezas de museo, sino insertándolos en la vida nueva.

«Por estos días asistí al Congreso de Cultura y Desarrollo y todos estos temas salían constantemente, entre ellos la pluralidad cultural en el mundo contemporáneo. Es muy fácil de decir que hay que respetar la cultura, pero ¿cómo se va a ensamblar sin que el mundo se convierta en un caos? Tienes que respetar las culturas de manera tal que puedan articularse, si no es como vivir todos contra todos. No son cosas muy fáciles, ni creo que estén todas resueltas. Hay que pensar mucho, conversar mucho, buscando un camino común que nos ayude a todos.»


¿Qué senderos ha recorrido como intelectual y sacerdote para acercarse a la realidad personal del cubano medio, su sensibilidad, su criteriología, sus certidumbres y dudas?

—Vivir con ellos. Yo soy un cubano medio también, y vivo como un cubano medio y por ahí me entero cuáles son los problemas que tiene todo el mundo, que son más o menos los que tengo yo y los que tiene cualquiera. Uno intercambia criterios y oye y ve, y siente y padece. Nada más que eso.


Estima que las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, aunque mejores de lo que fueron, no llegan a ser todavía tan buenas como quisiera. ¿Qué tendría que cambiar para que se aproximaran a su ideal?

—Lo primero que debe cambiar (y está cambiando con respecto a otro tiempo) es que las relaciones personales sean más naturales, más espontáneas. Cuando hay buenas relaciones, de confianza, entre personas que tienen distintas posiciones, aunque uno sea obispo o sacerdote y el otro funcionario del gobierno a nivel nacional, todo se plantea de manera distinta. La Iglesia aspira a tener espacios en materia de educación, más espacio en materia de medios de comunicación, pero todo eso se ve de una manera diferente cuando se conversa en una tertulia en torno a una mesa de amigos, no desde posiciones enfrentadas y de desconfianza, y yo creo que eso, lamentablemente, por razones que no vienen al caso recordar ahora, primó al inicio de la Revolución. Después ha ido cambiando, pero muy poco a poco, y hoy creo que son más grandes esos círculos de personas que se tratan con naturalidad y son capaces de discutir sobre esos puntos de vista distintos sin pelearse necesariamente.

¿Por qué una gran cantidad de cubanos, a pesar de declararse católicos, lo son en un grado, según su propia opinión, “superficial y elemental”?

—A eso no se puede dar una respuesta única, habría que ir prácticamente grupo por grupo. En general, la evangelización en Cuba casi siempre fue un poco superficial, y por supuesto, después de la Revolución, cuando la educación quedó en manos del Estado, y no de un Estado indiferente frente a la religión, sino de un Estado que se proclamaba ateo, la formación religiosa quedó muy reducida al ámbito de la familia y de la parroquia, en la medida que la familia se acercaba a la parroquia. Por eso, si en un tiempo anterior había un porcentaje relativamente alto de personas que por lo menos hasta la escuela primaria tenían una educación religiosa paralela, después no ha sido así en cuarenta años. Cuarenta años no es mucho en la historia de la humanidad, pero si es mucho en la historia de una generación.

«La mayoría de los cubanos que tienen menos de sesenta años jamás pusieron sus pies en un templo, ni tuvieron una educación religiosa. En ese sentido la catolicidad de los cubanos es muy superficial, porque sus padres los bautizaron cuando eran pequeños, porque si tienen parientes fallecidos, mandan a decir una misa de difuntos, o cosas así. No es un compromiso ético, eso supone una vida habitual dentro de la Iglesia, una vida sacramental, un conocimiento del contenido de la fe.»


 Según su criterio, ¿cómo se valora actualmente la influencia de la herencia católica y de la herencia africana en la cultura cubana?

—Ahora se está haciendo una supravaloración de la herencia africana. No hablo sólo del aspecto religioso, sino cultural. Evidentemente, hay que tener en cuenta la herencia africana, la raíz africana es una de las influencias cubanas fuertes, pero yo creo que todo eso se inserta en la matriz hispana dentro de la cual entra la religión también. Antes las ramas, los injertos africanos, eran silenciados, y ahora, sin embargo, se exagera en sentido contrario, y se descuida, digamos, el tronco. La religión católica en este momento se valora menos a nivel oficial que las religiones africanas, de las cuales se habla constantemente, pero todo se reduce a un problema de época, de modo, de balance. Las aguas siempre tienden a tomar su lugar.

¿Acaso su interés por la poesía, la narrativa, el periodismo y la ensayística de la Isla está relacionado con el hecho de que aprecie con mejor evidencia el alma de la nación cubana en estas manifestaciones artísticas que por ejemplo en la reflexión filosófica y teológica anterior?

—Todo lo que hago está lleno de filosofía y de teología. No se pueden separar. Uno no puede separar la teología y la filosofía del pensamiento, de la poesía. Hay pocas cosas tan cargadas de filosofía y de teología como una de las obras poéticas más hermosas de toda la humanidad: La divina comedia, de Dante. Me interesa la poesía y el ensayo porque me interesa el pensamiento humano y la vida humana. Algunos tienen más vocación para un género que para otro. Alicia Alonso lo expresa bailando y yo escribiendo.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas que trae consigo construir una obra desde el silencio?

—Cuando me llamaron para decirme que tenía el Premio de la Latinidad, pregunté: “¿Pero por qué?, ¿qué he hecho yo para que me den el Premio de la Latinidad?”, y Ana María Luettgen, la directora de la Unión Latina, me dijo: “¿Y usted se cree que aunque no ha hecho gran publicidad, nosotros no sabemos que hace treinta años está enseñando latín y griego en Cuba, que se ha preocupado por la labor de la latinidad?”. A ese silencio me refiero, que no quiere decir hacer de manera oculta.

«Yo pensaba que ese ámbito no tenía tanta divulgación. Pero parece que la gente estaba atenta. Nunca he hecho ruido porque nunca me he creído un bárbaro en materia de cultura clásica, ni de latín, ni de griego. Lo enseño, pero porque en el país de los ciegos el tuerto es rey a veces, no por otra cosa. No obstante, considero que toda obra requiere del silencio de la reflexión, de la meditación, y claro, también requiere como les decía hace un rato, del intercambio con la gente y con la realidad. Depende del tipo de obra, algunas veces hacen falta más espacios de silencio en la vida para llegar a una conclusión, otras, menos.»

¿Qué privilegios halla al enfrentarse al arte, no como un crítico, sino como un consumidor de la belleza encarnada?

—No tengo lenguaje para la belleza. Sólo sé disfrutarla. Yo soy un consumidor informado, como me dice alguna gente de habla francesa. Siento placer ante las cosas bellas, las naturales, y por supuesto, la belleza de una obra literaria, de una escultura, de la pintura, de la música, que ha sido la gran compañera y amiga de mi niñez. Las disfruto, pero no puedo categorizar, sería decir boberías. No podría vivir sin ellas.

¿Cómo logra vivir la ancianidad a modo de prolongación servicial de sus dotes y capacidades de antaño, aun cuando siente que está limitado por sus padecimientos en gran medida?

Resulta que estoy menos limitado que lo que creía que iba a estar, porque sigo haciendo lo mismo que hacía hace veinte años. Me canso un poco más, pero lo hago igual. Me costaría mucho vivir con limitaciones tales que no pudiera hacer las cosas que hago. Cuando estuve más grave, el miedo mío no era morir, porque sé que un día hay que morirse de una cosa o de otra, y más pronto o después, eso nunca me ha impresionado demasiado. Mi miedo era quedarme inválido, no poderme valer por mí mismo. Me sentía con poca fortaleza para asumir eso. Pero afortunadamente no tuve que enfrentarlo, porque en menos de un año ya estoy haciendo todo lo que hacía antes de enfermarme.

(Tomado de La ventana)

CÓMO Y CUÁNDO LLEGÓ DON QUIJOTE A AMÉRICA

CÓMO Y CUÁNDO LLEGÓ DON QUIJOTE A AMÉRICA

Por Luis Sexto  

Casi al mismo tiempo en que echó a andar sobre Rocinante por el Campo de Montiel en su primera aventura, Don Quijote de la Mancha llegó a América, trayendo un mensaje de rebeldía entre sus aparentemente inofensivos episodios. Meses o semanas después de que en España empezara a circular la primera edición de la historia del generoso y demente don Alonso Quijano, en 1605, un número de ejemplares se embarcaron  en el puerto de Cádiz con destino a las costas americanas. 

Aún, al parecer, se desconoce la cantidad de libros amontonados en las bodegas de dos flotas que zarparon hacia el Nuevo Mundo en ese mismo año, pero ciertos historiadores- entre ellos el norteamericano Irving  A. Leonard-  afirman que es probable que la mayor parte de la edición príncipe  de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha haya sido remitida a colonias españolas de América. 

Si llegaron todos los ejemplares embarcados o se perdieron muchos en la insegura travesía de entonces, no hay certeza. Se sabe que en San Juan de Ulúa, México, Alonso de Dassa –notario procedente de la Península- declaró al ser requisado que traían consigo, para su propio entretenimiento, la primera parte de “Don Quijote de la Mancha”  y “Flores y Blanca Flor”. 

El propio capitán del buque donde viajó Dassa –La  Encarnación- confesó a los aduaneros o inquisidores que él también poseían un tomo de “El Quijote”y otro de “el libro de horas” que, de acuerdo con su leal saber y entender, no eran obras prohibidas”. 

Varios pasajeros de la misma nao, y de otras,  manifestaron haber leído durante el trayecto por el Atlántico –y “con gran contentamiento”- la entonces recién publicada novela de Miguel de Cervantes, recaudador de impuestos de la corte y sin más linaje que su trabajo y la inutilidad de uno de sus brazos, ganada en Lepanto al servicio del rey. 

También, por la vía de San Juan de Ulúa, el galeón llamado  Espírtu Santo trajo  262 ejemplares para don Clemente de Valdés, en México. Más o menos en esos días de 1605,  Don Quijote se bajó en  suelo de América más al sur. Fue en Portobelo, Panamá, adonde arribaron destinados a Lima ejemplares del “Ingenioso Hidalgo”que, tras fatigosas búsquedas en los Archivos de Indias, pudieron ser totalizados  parcialmente en setenta y dos. Los remitió el 26 de marzo de 1605 Juan de Sarría, emprendedor librero de Alcalá de Henares. 

Datos dispersos y generalmente incompletos impiden determinar a quién correspondió lo que con los siglos sería el mérito histórico de haber introducido, en tierras americanas, el primer ejemplar de “El Quijote”. Pero si ese detalle puede mantener insatisfechos a historiadores poco ocupados, a la generalidad basta saber que El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha fue en Hispanoamérica, una especie de best seller. Y ese hecho compone una paradoja. La censura religiosa y política de España otorgó franquicia  a la obra de Cervantes sin percatarse que no era lo que aparentaba ser ni lo que de ella decía su autor. “El Quijote”no fue un libro de caballería, ni tampoco una crítica a esa literatura que durante muchos años embotó a los lectores. Fue –y es- un texto en el que se expresa una nueva dimensión del hombre, capaz, según intenta demostrarlo el genial loco, de establecer la justicia en el planeta. 

España –y ahí está lo paradójico- junto con la opresión colonial trajo a América la vocación de libertad de sus mejores hombres.

UNA FOTO PARA SIEMPRE

UNA FOTO PARA SIEMPRE

Esta foto fue extraída de un periódico hindú y llegó con la siguiente leyenda: 

“SOLO QUIEN ES POBRE PROCEDE CON TANTA GENEROSIDAD.QUE PENA QUE EL HOMBRE NO SEA SIEMPRE ASÍ” 

Pienso que solo quien es verdaderamente RICO (de amor y sentimiento) actúa así…

El submarino: ¿es o no tortura?

El submarino: ¿es o no tortura?

 El juez Michael Mukasey, admite que la técnica conocida como "el submarino" es repugnante, pero se niega a decir si equivale a un método de tortura. Aun así, los senadores demócratas Charles Schumer y Dianne Feinstein votaron a favor de su confirmación como fiscal general de EE.UU.

Mukasey, Schumer y Feinstein deberían hablar con el periodista francés Henri Alleg. Editor de un periódico en Argelia, en 1957 fue sometido al llamado "submarino", o "waterboarding", por el ejército francés, cuando los franceses intentaban aplastar el movimiento independentista argelino. El periodista, de 86 años de edad, habló conmigo desde su casa en París:"Me pusieron sobre una tabla, me sujetaron a ella con correas y me acercaron a un grifo. Me cubrieron la cara con un trapo. Enseguida el trapo se llenó de agua. Uno tiene la sensación de estar ahogándose. El agua corría por toda mi cara. No podía respirar. Es horrible, una sensación horrible de tortura y de muerte, de estar a punto de morir". 

El periodista Stephen Grey, cuyo documental Rendición Extraordinaria se emite en los canales de TV de la PBS, me contó: "Yo, como muchos periodistas, debería publicar una corrección, en realidad una disculpa, porque todos hemos dado a conocer a ‘el submarino’ como una simulación de ahogamiento. Está claro, según los que lo han practicado, que se trata de un ahogamiento real... es algo que causa un fuerte impacto en la conciencia y, por lo tanto, estamos hablando de tortura".

 “Uno tiene la sensación de estar ahogándose. No podía respirar”, refirió el periodista Henry Alleg a Democracy Now.” 

En una encomiable demostración de compromiso con su trabajo, el ex fiscal general adjunto en funciones, Daniel Levin, según ABC News, se sometió al "submarino" cuando la Casa Blanca le encargó que replanteara su postura oficial sobre la tortura en el 2004. Cuando llegó a la conclusión de que "el submarino" es una forma de tortura, fue desplazado de su cargo. El pasado 5 de noviembre, activistas contra la tortura efectuaron una demostración real de un "simulacro de ahogamiento" frente al Departamento de Justicia. El actor de 26 años Maboud Ebrahimzadeh se ofreció como voluntario para ser la víctima. Al terminar la sesión, estaba al borde del llanto: "Es la experiencia más aterradora que he vivido. Y, a pesar de que es un ambiente controlado, cuando el agua entra en tus pulmones, quieres gritar, pero no puedes, porque ni bien lo haces te ahogas". 

Cuatro abogados militares enviaron una carta a Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial del Senado, declarando lo siguiente: "El ‘submarino’ es inhumano, constituye tortura y es ilegal". Veinticuatro ex agentes y analistas de inteligencia manifestaron su acuerdo con los abogados militares, añadiendo: "Sea que los servicios de inteligencia de EE.UU., estén actualmente usando o no esta práctica, debería ser bien fácil para él (Mukasey) responder".A pesar de esto, Mukasey declaró ante el Comité Judicial del Senado: "Desconozco lo que implica esta técnica, no sé si ‘el submarino’ es una forma de tortura". En la audiencia del Comité Judicial en la que se votó sobre el nombramiento, Leahy dijo: "Ningún senador debiera ser cómplice de las manipulaciones legales de esta administración.

Hemos perseguido las llamadas ‘torturas del agua’ durante más de 100 años". Soldados de EE.UU., han sido procesados por participar en simulaciones de ahogamiento en Filipinas en 1901 y en Vietnam en 1968. Estados Unidos encarceló a un oficial japonés en 1947 por usar este método contra tropas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial.El senador Edward Kennedy añadió: "No se equivoquen: el submarino ya es ilegal para la ley estadounidense. Es ilegal según las Convenciones de Ginebra, que prohíben ‘ofensas contra la dignidad personal’, lo que incluye el trato cruel, humillante y degradante. Es ilegal según la Ley contra la Tortura, que prohíbe actos ‘destinados específicamente a infligir sufrimiento severo ya sea mental o físico’. Es ilegal según la Ley sobre el Trato a los Detenidos, que prohíbe el ‘trato cruel, inhumano o degradante’. Y viola la Constitución".  

El senador prosiguió: "El simulacro de ahogamiento es una asfixia en cámara lenta que proporciona suficiente tiempo para contemplar la inevitabilidad del desmayo y la muerte. Normalmente la persona que lo sufre se pone histérica durante el proceso. Para los no iniciados resulta horrible observarlo, y si sale mal puede llevar a una hipoxia terminal. Cuando se hace correctamente, es una muerte controlada". (Tomado de un artículo de Amy Goodman, publicado en Democracy Now)

ENTRE LA ESPERANZA Y LA DESCONFIANZA

ENTRE LA ESPERANZA Y LA DESCONFIANZA

Por Federico Vázquez , Noticias del Sur 

Luis Sexto es un escritor y periodista cubano con una larga trayectoria y gran reconocimiento entre sus colegas.  Desde 1972 ha trabajado en distintos medios escritos y radiales. "Luis es un fino orfebre de la palabra" dijeron recientemente en un homenaje ofrecido al periodista en La Habana. Basta con leer sus columnas en Juventud Rebelde para notar la justeza de la frase.   Publicó además varios libros de crónicas urbanas y poesía. También ha publicado algunos títulos referidos al oficio periodístico. Su mirada de la realidad cubana tiene el mérito de escaparle a los lugares comunes. Luis entiende que al hacer foco en las falencias y tareas inconclusas del socialismo en Cuba ilumina y reafirma sus principios y sus sueños.  Revolucionar la Revolución, como única forma de que no muera.  Desde Noticias del Sur queremos agradecerle su predisposición para responder nuestras inquietudes.  A continuación, la entrevista:  

-En tus columnas de Juventud Rebelde así como en tu blog  "Gente, hechos y cosas de Cuba" (ahora se llama Patria y Humanidad)  hacés un interesante entretejido de la cotidianeidad cubana con los aspectos más generales del devenir político y social de la isla. ¿Cómo definirías el estado de ánimo del cubano de a pie, hoy en día? ¿En qué aspectos se ha transformado desde los comienzos del Período Especial hasta hoy?  

Andar a pie no es una actividad muy cómoda. Por ello, a mi juicio, el cubano de hoy se mueve entre la esperanza y la desconfianza; la duda y la fe. La gente lleva demasiados años –unos 15- sufriendo directamente los impactos de la escasez y la distorsión. En parte, es el resultado del bloqueo económico y comercial de los Estados Unidos, y en parte, obra de errores y descuidos internos. En estos años se ha puesto de manifiesto la incapacidad de nuestra organización económica para generar riquezas. Las transformaciones de los años 90, que incluyeron ciertas medidas de mercado y que lograron estimular la economía, fueron prácticamente eliminadas a fines de la década, y todo empezó nuevamente a deteriorarse, aunque con la vigencia dañina de medidas como la doble moneda. Ya no circula físicamente el dólar, pero su papel lo heredó el CUC, que sigue valiendo lo que este y que vale en la medida que lo respalde el dólar o el euro. Tienes que tener en cuenta que el mercado más nutrido solo vende en CUC y que el CUP, el peso ordinario, apenas cuenta con un mercado que le dé valor. Y lo que se halla en los mercados agropecuarios es a precios elevados, es decir, que el CUC sigue imponiendo los precios en ambas monedas, a pesar de que los salarios, bastante bajos en proporción al costo de la vida, siguen generalmente pagándose en pesos comunes. Por otra parte persisten problemas en el transporte, en la construcción de vivienda; la asistencia médica se ha desvalorado; la educación también. El predominio de una visión burocrática  hace que la vida sea muy rígida y que ciertas estructuras de gobierno y administración intenten evitar transformaciones mediante las prohibiciones y la reducción de la legalidad. Hay, evidentemente, que rescatar la revolución. Y el cubano medio quiere la solución de sus problemas pero no al precio de perder el espíritu de la revolución. Pero desconfía de lo que aquí llamamos bandazos. Hoy se hace; mañana se deshace. Y por supuesto desconfía de una burocracia que vive  como no vive la mayoría.  Pero confía y tiene esperanzas en líderes como Raúl Castro donde consideramos que se congrega lo más revolucionario y honrado del país.  

-En una de tus columnas has escrito: " La crítica coadyuva a eliminar el yerro. La crítica pública, incluso la que aparece en la prensa, equivale a un espejo. ¿Cómo, si no, darnos cuenta que necesitamos mejorar, retocar, modificar, si escondemos los errores? ¿Cómo combatiremos las tendencias negativas si intentamos ocultar sus manifestaciones? " (La cita corresponde al 21 de Octubre de 2005 en tu columna de JR). ¿Dónde creés que es más urgente para la Revolución hoy "mejorar, retocar, modificar"?

 Primeramente yo creía que las readecuaciones estructurales que Raúl Castro calificó de necesarias el pasado 26 de julio, sólo debían afectar a la estructura económica. Pero cada día se hace más evidente que la reestructuración ha de comprender lo económico y lo político. Claro, hay una interdependencia entre ambas esferas. De modo que si nosotros queremos transformar la economía es preciso modificar las formas de propiedad y la relación de las personas con el poder. Está claro que el papel preponderante del Estado, no garantiza la socialización de los medios productivos. En pie sigue un remedo de  la caduca organización capitalista: un patrón y un asalariado. El patrón representa al Estado cuyos representantes se burocratizan y empiezan a representar, aunque parezca increíble, sus propios intereses de grupo o de "nueva clase". Hace falta lograr que los trabajadores actúen como verdaderos dueños de los medios de producción. Y para ello no bastan las apelaciones éticas y políticas con los que  algunos creen se resolverán las contradicciones. Es evidente que el capital postulado de Marx: "de lo que se trata es de transformar el mundo", sigue vigente dentro de su filosofía enrumbada hacia la praxis. Hay, pues, que democratizar la sociedad, incluyendo la producción, porque sin esas readecuaciones será imposible resolver los principales problemas materiales de la sociedad cubana: la vivienda, el transporte, el alimento, el calzado y el vestido. Y a partir de ahí ofrecer estímulos para vivir aquí, en Cuba, ahora, y con ello detener un proceso migratorio que poco a poco puede exponer el país a su fragmentación. Y anular, con cuanto se conquiste adentro, la influencia exterior del bloqueo norteamericano. Cuando me refería en 2005 a la necesidad de la crítica, me dirigía a aquellos que la impiden, porque no quieren que las cosas se reactualicen. Por supuesto,   la crítica o su ausencia  en los medios de difusión y en todos los espacios de la vida política, ha de ser  una prueba de la democracia realmente existente.  

-Hace muy poco Cuba ha realizado elecciones de delegados municipales y desde los medios masivos regionales esto fue ignorado o visto como una mala copia de la democracia liberal. ¿Cómo lo has vivido tú, y como crees que lo ha vivido el pueblo cubano?

Teóricamente, el sistema electoral cubano es casi perfecto, democrático participativo, pero las distorsiones burocráticas lo laceran y limitan. Un funcionario municipal, no se siente obligado a rendir cuenta a los electores y un delegado de circunscripción carece del poder para hacer cumplir la ley. Y si alguno  rinde cuenta cree que está siendo un favor. Porque su rango está incluido dentro de cierta intocabilidad. Honradamente,  estoy esperando por las readecuaciones que en ese sentido den "a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".  A pesar del apoyo masivo al proceso electoral, me parece que el común de mis conciudadanos lo ven con la misma duda metódica que yo. Yo voto, porque apoyo directamente lo que me parece que no está totalmente cristalizado. No quiero ayudar a destruirlo. Pero aguardo por el reinado de la democracia participativa donde la opinión del pueblo influya en quienes solo deben ser sus servidores.

-A los ojos del mundo Cuba ha iniciado un proceso de cambio interno producto de la convalecencia de Fidel y el consecuente nombramiento de Raúl como presidente provisional.  Al menos en lo que puede rastrearse en la red, los intelectuales cubanos se reparten entre los que ven una apertura para nuevos debates y los que temen un retroceso a épocas mas oscuras. ¿Cuál es tu visión?  

Cuba, me parece, no ha iniciado todavía un proceso de cambio interno. Ha estado discutiendo su necesidad y las vías más adecuadas  que dejen atrás un esquema de socialismo cuyos modelos europeos fracasaron al concebirlo mal y aplicarlo peor. Pero estoy convencido que, derrotada la resistencia burocrática, empezaremos a recorrer un camino de transformaciones racionales. Será difícil pero inevitable si el espíritu de la revolución quiere perdurar y con él la independencia política, por cuya destrucción los Estados Unidos hace 50 años que hostiga a Cuba. Ahora bien, yo me cuento entre los intelectuales. Pero al contrario de muchos, que solo miran a su ombligo porque el exceso de ego los contamina, a mi me preocupa la independencia y la justicia social, más que mi statu como intelectual. Es decir, que la obra que yo pueda desarrollar está también condicionada por el destino de mi sociedad y mi país. Ahora bien, creo que entre todos y honradamente podemos cerrar el camino a cualquier distorsión que pretenda regresar a posiciones irracionales. Desde luego, a los verdaderos revolucionarios ya les parece un despropósito retornar a  una "dictadura de los funcionarios" en la cultura. Hay que defender el arte y el trabajo intelectual no solo como el reflejo de la sociedad, sino también como una práctica creadora que ayude  a   emanciparla.

-Por último Luis: Vivimos tiempos en que el afán de consumo y el ansia de lucro, aceitados magistralmente por una publicidad comercial casi omnipresente intenta reemplazar ciudadanos por consumidores,  creatividad por pasividad compradora. La cultura mercantilizada al extremo. ¿Qué valores, qué experiencias creés que la gente de Cuba ha generado en estos casi 50 años de Revolución que puedan ser útiles para enfrentar esa realidad en las sociedades latinoamericanas de nuestros días?  

Cuba ha intentado desarrollar la filosofía y la práctica del Ser oponiéndola al Tener. Ocurre, sin embargo, que el Ser sin el Tener "algo" no puede desarrollarse, y noto, por tanto, escepticismo en los ciudadanos en relación con la desmesura que  ha perjudicado al Ser. Porque, con el pretexto del consumismo y el desarrollo, habitualmente se ha limitado el consumo a lo básico, esto es a lo incompleto. El concepto de lo básico ha sido muy restringido, a pesar de otras ventajas como la salud y la educación. ¿Qué decía Santo Tomás de Aquino? Decía, creo, que no se le puede hablar de Dios a un estómago hambriento. Hagamos un traslado creador de esa norma pastoral y digamos: no se le puede hablar de ética, valores, a gente insatisfecha. Pero cuando corrijamos esa distorsión me parece que el proyecto cubano, lo cristalizado y lo que aún queda por concretar, podrá ser una alternativa racional a las aberraciones del capitalismo. Digo racional, esto es, la conjugación entre el ser y el tener, la igualdad y la libertad ¿Porque  quién quisiera tener igualdad en detrimento de una libertad distorsionada por los controles burocráticos? Es difícil. Serán muchas las contradicciones, pero esa es la tarea histórica del pueblo cubano. Salvar la justicia en libertad y bienestar. Desde luego, con los ojos abiertos: vigilando al Norte, de donde hasta ahora solo provienen amenazas que, por supuesto, hay que valorarlas en lo que realmente valen. Ni más ni menos, porque la amenaza, el condicionamiento del miedo a perderlo todo, puede generar una tendencia al inmovilismo. A eso, me parece, ha apostado la política exterior norteamericana en relación con Cuba, Fidel Castro y la revolución.   

¿DONDE ESTÁN LOS GITANOS?

¿DONDE ESTÁN LOS GITANOS?

 Por Luis Sexto 

Discurriendo por esa franja de tanteo, duda, ilusión entre los 18 y 20 años,  un amigo amable como un padre me recomendó irónicamente buscar una gitana para que averiguara el porvenir en las líneas de mi mano. Entonces la incertidumbre, la impaciencia y la desconfianza de mi autoestima juvenil en crisis, querían saber si las aspiraciones que paseaban por el camposanto de mi frustración, merecerían alguna vez el cuño del éxito.

Inútil consejo, le argüí. Nunca encontraré una gitana. Y fíjate qué ocurrencia. Cuando la tuve cerca, no me interesaron sus carismas adivinatorios, porque ocurrió siendo niño. En esa edad, el futuro era un sueño dormido, sin nombre, sin habitación. Sin frío ni calor. Después, ya no vi más gitanas, ni gitanos, en Cuba. 

Pero en un tiempo vivieron su existencia errabunda en nuestra Isla. De pueblo en pueblo. Como lo cuenta la novela cubana que hace un tiempo aleló a los televidentes con sus intrigas triangulares, sus malos de cianuro y sus buenos en almíbar.

Mis recuerdos fijan la presencia de un campamento gitano quizás en 1950 o en algún año posterior. Levantaron las tiendas en el campo donde en mi pueblo jugábamos pelota. Y no noté ningún alboroto, ningún deslumbramiento de los vecinos ante lo insólito. Lo raro. Más bien el tránsito de los  nómadas, parecía ser una estampa recurrente, posiblemente en época de fiestas. Porque aquellas mujeres de faldas anchas, corridas más al sur de las rodillas, y con el pelo -negro al igual que los ojos- trenzado como soga, vendían su conocimiento del futuro, como un artículo de feria. Se acomodaban señorialmente a la puerta de sus casas de lona y leyendo en tu mano o en una baraja ofrecían llevarte allí, donde la curiosidad, la duda o la esperanza punzaban por penetrar para oír, habitualmente, la descripción de un paisaje afortunado.  

Los varones, en la explanada, te invitaban a ver sus artes de acróbatas, además de sus habilidades reparadoras de la cacharrería doméstica. 

A dónde se marcharon los gitanos. A pesar de que a los 18 años empecé a recorrer a Cuba, nunca más los topé. Tal vez algún investigador indague sobre el polvo de los archivos, y pueda responder a qué punta de la estrella Polar siguieron los romíes, o los cíngaros, o los gypsis  -como también los nombran- que peregrinaron por nuestra Isla. El enigma los ha acompañado, aunque ahora sabemos con alguna certeza que proceden de la India y que su lengua, ágrafa, se deriva del sánscrito. Llegaron en el siglo XI a Europa cargando en sus carretas un pasado innombrable y el apego a una libertad que para ellos solo tiene sentido en la provisionalidad del nómada y en la retraimiento comunitario de sus cultura y sus costumbres. Y la discriminación, forma de la intolerancia y la incomprensión, los ha enlutado, y la persecución hitleriana los diezmó, tanto o más, en términos comparativos, que a los judíos. Sin embargo, el cante jondo y el baile flamenco, de acuerdo con el poeta español Félix Grande, le agradecen una dosis de pasión, de ese vigor interno que exuda y quema. 

Una vez quise imitar a los gitanos. Y leí la mano de una muchacha. No me introduje en el futuro. Columbré el pasado. Y acerté. Tanto que ella casi fallece de la impresión. ¿Soy muy lúcido, como me ha dicho una voz más lúcida que yo, o el pasado de una mujer puede ser también el de otras que he conocido?  Perdón. Saco mis pies de esas aguas. Y admito que todavía me interesa precisar mi futuro. ¿Llegaré a escribir bien? Al leerme ahora, aquel amigo, cariñoso como un padre, ante mi tozuda inseguridad volvería a recomendarme lo mismo que en mi juventud. Búscate una gitana y entrégale tu mano. (Del libro Crónicas del primer día)