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Política

Lista de países que apoyan al terrorismo: ¿y por qué Cuba?

Lista de países que apoyan al terrorismo: ¿y por qué Cuba?

Por Patricio Zamorano

Publicado originalmente en Radio Cooperativa, Santiago de Chile, el 10 de mayo de 2013


Nadie en el Departamento de Estado de Estados Unidos cree que Cuba ampara al terrorismo internacional o que realiza actos terroristas. Por lo menos, eso se desprende paradójicamente de su propio reporte que incluye a los “países que apoyan al terrorismo” y realizado por la cancillería estadounidense cada año.

La inclusión en esa lista de países no hace más que agregar más sanciones a los ya amplios efectos del embargo y bloqueo que Estados Unidos mantiene contra la isla por más de 50 años (las restricciones son similares al embargo, aunque también tienen un énfasis en la prohibición de venta de armas estadounidenses a esos países). El tema es también un interesante ejercicio interpretativo sobre cómo lo relacionado con el “terrorismo” ha respondido en el último tiempo a los contextos geopolíticos e ideológicos del área de influencia de Estados Unidos, entre los que ha caído Cuba, espacio que la isla y la potencia del norte han cohabitado, invariablemente unidos, en una compleja historia común.

El tradicional informe sobre terrorismo que el Departamento de Estado publica año a año posee una pequeña lista de “países que apoyan”  actividades terroristas. Esta lista incluye a Siria, Irán, Sudán y Cuba. El reporte iba a ser publicado a fines de abril, y fue retrasado hasta fines de mayo. No se han dado razones claras sobre ese cambio de agenda. Se especula que quizás implique cambios en la lista que podría incluir sacar a Cuba o agregar otro país, pero no se han dado señales claras al respecto.

Qué dice en lo concreto…

El contenido del más reciente informe de 2012 sobre el terrorismo y el tema de Cuba es interesante de analizar, por las inconsistencias que contiene, y la ambigüedad que en general ha tenido la política estadounidense sobre el tema. En el caso específico de Cuba, el reporte justifica en pocas líneas la inclusión del país y al mismo tiempo desacredita las razones, en sólo tres párrafos que representan unas 250 palabras entre las casi dos mil que se destinan a Irán, Sudán y Siria.

Señala básicamente dos elementos. Uno, es la presencia de ex combatientes del grupo separatista vasco ETA, sin explicar el contexto. El párrafo señala literalmente y de forma confusa, sin dar antecedentes previos que expliquen la presencia de esos individuos, que “tres miembros sospechosos de pertenecer a ETA fueron arrestados en Venezuela y deportados a Cuba en septiembre de 2011 luego de navegar desde Cuba. Uno de ellos, José Ignacio Echarte, es un fugitivo de la ley española y se cree tiene vínculos con las FARC. Informes sugirieron que el gobierno de Cuba estaba intentando distanciarse de los miembros de ETA que viven en la isla, empleando tácticas como por ejemplo no proveyéndoles servicios como documentos de viaje a algunos de ellos”.

Lo que no dice el informe, es que fue el ex presidente español Felipe González quien pidió en negociaciones con el gobierno de Cuba en los años ochenta dar asilo a algunos de estos miembros para facilitar el proceso de desarme del grupo de esa época, considerado por algunos “terroristas”, y por otros, “combatientes separatistas”. La vida de los etarras que han llegado a la isla no ha sido fácil en sus propias palabras, pues han estado en la práctica “retenidos” bajo estricto control, según los propios reclamos de los militantes que exigen se les deje en libertad de viajar a otro país. Algunos de ellos han usado incluso la palabra “cárcel” para describir su situación en la isla. Autoridades cubanas han señalado además en diversas intervenciones públicas que repudian las acciones terroristas de ETA, autoridades que incluyen al propio ex canciller cubano Felipe Pérez Roque.

Luego, en el mismo párrafo sobre ETA, el informe señala que “informaciones de prensa indicaron que el gobierno de Cuba proveyó cuidado médico y asistencia política a las FARC. No hubo indicación de que el gobierno de Cuba proveyó armas o entrenamiento paramilitar a ETA o a las FARC”. Este texto no tiene información sobre fechas de este supuesto “cuidado médico” (que Cuba aplica a todos los habitantes sin excepción) ni detalles más profundos, por lo que es imposible analizar el fondo de estas aseveraciones. Sin embargo, ratifica en el mismo párrafo que no ha habido apoyo militar alguno, ni a ETA ni a las FARC. Es decir, en los propios ejemplos expuestos arriba se debilita el mismo contenido en que se basa la inclusión de Cuba en la lista de estados que apoyan el terrorismo.

En el segundo párrafo, pequeño, señala que existen ciudadanos estadounidenses “fugitivos” en Cuba, pero no entrega nombres concretos ni mayor información. Los más recientes fugitivos en Cuba este año 2013, una madre y padre estadounidenses que secuestraron a sus propios hijos rompiendo la restricción a su custodia legal de los niños, fueron arrestados rápidamente, deportados inmediatamente y entregados a autoridades de Estados Unidos. En cualquier caso, este párrafo no explica en ningún sentido el vínculo de los fugitivos a los que se alude con el terrorismo.

El tercer párrafo, y final, describe la falta de compromiso de Cuba con el llamado “Financial Action Task Force”, o FATF, organización internacional que promueve la generación de medidas contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Luego, en el mismo párrafo, tras describir la no participación de Cuba en la organización, señala textualmente que en 2011 el país “asistió a la reunión del FATF sobre Lavado de Dinero en América del Sur como país invitado, y preparó un documento informal describiendo su sistema anti-lavado de dinero y de medidas para evitar el financiamiento terrorista”. Cabe hacer notar que sólo 34 países del planeta y dos organizaciones son miembros de FATF. En América Latina, por ejemplo, ni Chile ni Colombia, entre muchos otros, son miembros del FATF. No por eso deben caer en una lista de naciones que apoyan al terrorismo.

En estos tres párrafos no hay ninguna señal que justifique la inclusión de Cuba en la lista, por la simple razón de que no existen hechos concretos relacionados con este tema.

Las paradojas

La inclusión en la lista y la existencia del embargo y sus consecuencias generan paradojas muy curiosas. Por ejemplo, en la orden administrativa firmada por Obama bajo su primer gobierno, éste amplió el derecho de los cubano-estadounidenses de viajar a la isla con completa libertad, cuantas veces quieran y sin restricciones ulteriores (bajo Bush, ese grupo de personas solo podía viajar a la isla cada tres años). Es decir, si Cuba es un Estado que ampara al terrorismo, la actual política del gobierno de Obama crea la paradoja de que el propio presidente de Estados Unidos con su ampliación del derecho de viaje a los cubano-estadounidenses expone a cientos de miles de seres humanos a una hipotética situación de riesgo… Esto no resiste el menor análisis.

Asimismo, al Estado que ampara supuestamente al terrorismo, Cuba, el gobierno de Colombia (aliado estratégico de Estados Unidos) le pidió ser patrocinador de las históricas conversaciones de paz con las FARC, que se realizan formalmente en estos momentos en La Habana. Es decir, un supuesto Estado que apoya al terrorismo, apoya al mismo tiempo la paz entre un aliado de Estados Unidos y un grupo guerrillero. Y con el beneplácito del gobierno de EEUU, que apoya las conversaciones.

Las paradojas siguen. Cuba, el Estado que supuestamente apoya al terrorismo internacional, acaba de ser elegida presidente de la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, recibiendo el cargo continental de parte del presidente Sebastián Piñera, de Chile. Es decir, todos los países de América Latina eligieron a un Estado terrorista para liderarlos por un año. Esto (repitamos la frase), no resiste el menor análisis.

Cuba no ha efectuado absolutamente nunca un ataque terrorista contra Estados Unidos ni ningún ataque terrorista de ninguna forma. Es cierto que apoyó hace décadas a grupos guerrilleros o fuerzas militares en América Latina y África, lo que correspondió a una época y a un contexto en que Estados Unidos, a su vez, apoyaba a los grupos paramilitares de contraataque al avance comunista en varios frentes, en el ignominioso escenario de batalla de la guerra fría. Pero eso hace décadas. El financiamiento de grupos militares en terceros países, invasiones y operaciones de guerra de alcance mundial corresponde en la actualidad a otros países. Lamentablemente el terrorismo se viste de muchas formas, mucho más allá de ataques suicidas con bombas, bolsos dejados en maratones y ataques a trenes subterráneos. También se viste de drones y bombardeos que rompen la soberanía de terceras naciones y que se diluyen en las lágrimas del costo colateral de vidas civiles. Por ejemplo, reportes de Naciones Unidas y de prensa han denunciado en reiteradas ocasiones la violación de soberanía y el costo en vidas humanas civiles, incluyendo decenas de niños, producto de los bombardeos estadounidenses en zonas tribales de Pakistán, donde se busca neutralizar a terroristas. Niños han sido víctimas de operaciones de la OTAN y Estados Unidos también en Afganistán.

Terrorismo “a la medida”

Y el tema tiene un componente de amplias repercusiones. Por ejemplo, Naciones Unidas aún no concuerda en una definición oficial del concepto “terrorismo”. El debate eterno ha girado en torno al reclamo de muchos países y actores de la sociedad civil que consideran necesario dejar fuera de la definición los actos realizados por grupos nacionales que luchan contra fuerzas invasoras o colonialistas. La misma ambigüedad conceptual existe en torno a la lucha de grupos internos contra sus propios gobiernos o regímenes que mantienen el poder por la fuerza. En ese sentido, “terrorismo” y “heroísmo” son las dos caras de una misma moneda (muy cercanas en la rima) según el grupo que defina la clasificación de motivos ajenos o intereses propios. Al fin y al cabo, la utilización política del término puede provocar fácilmente (si es que no ha ocurrida ya) la lamentable trivialización del concepto, lo que afecta directamente a la propia defensa de los esfuerzos contra el flagelo terrorista.

El problema es que el término “terrorista” se utiliza dentro de ecuaciones geopolíticas muy específicas y funcionales a intereses específicos. Los “rebeldes sirios” apoyados por Estados Unidos son los “terroristas” en palabras del presidente sirio Bashar al-Assad que “provienen del exterior” a “desestabilizar” su gobierno. Chiítas y sunitas en el Irak de la post-invasión de Estados Unidos se masacran unos a otros en una lucha de terror mutuo y bombas suicidas. Ya caído el muro de Berlín, los gobiernos conservadores del hemisferio occidental a ambos lados del Atlántico ya neutralizaron la utilización del término “comunistas” como la “amenaza roja” al modelo: los “terroristas” parecen haberla reemplazado, como comodín político utilizable en un amplio rango de amenazas, reales o ilusorias. Para las fuerzas de ocupación estadounidenses en Afganistán, los “terroristas” que atacan a sus unidades llegan de vuelta de cada operación a sus bases clandestinas en las montañas con la convicción de ser “combatientes de la libertad contra el invasor”. La doble cara de la moneda histórica.

El pragmatismo y curiosidades del término tienen antecedentes históricos clarificadores. Irak, por ejemplo, fue agregado a la lista del Departamento de Estado de países que apoyan el terrorismo en 1979, y fue removido después en 1982 para permitir el amplio apoyo militar y logístico estadounidense en momentos en que el gobierno iraquí luchaba contra la revolución iraní. En esa época, Sadam Hussein era un favorito de Washington y el presidente Reagan. Luego, en la primera Guerra del Golfo de 1990, cuando Sadam invade Kuwait, Estados Unidos lo devolvió a la lista, al momento en que iniciaba la guerra contra el ex aliado. Libia llegó a la lista en 1979, y permaneció ahí hasta que otro republicano, George H. Bush, sacó al país del listado en  2006 celebrando el “continuo compromiso” de Gadafi contra el terrorismo. Estar fuera de la lista no le sirvió al hombre fuerte de Libia para salvarse de los rebeldes enfurecidos que lo lincharon unos pocos años después, luego del apoyo militar estadounidense a los grupos opositores.

La lista ha servido para materias más allá del terrorismo: Corea del Norte logró ser sacada de la lista en 2008, en la negociación donde aceptó inspecciones internacionales a su programa nuclear. Varios años después, y pese a las amenazas concretas de su armamento nuclear, incluidos ensayos de explosiones, aún permanece fuera de la lista.

¿Qué señales concretas existen a favor de terminar con la presencia de Cuba en una lista cuyos propios antecedentes no justifican su inclusión? El informe de este año se ha atrasado en un mes, aunque la vocería oficial de Obama ha señalado que no existen planes de sacar a Cuba de la lista, quizás en cierta forma descartando que el retraso se deba a esa posibilidad. En una época de gestos unilaterales entre Estados Unidos y Cuba para mejorar relaciones coartadas por cinco décadas, el gesto de sacar a la isla de esa lista este mes de mayo o durante 2013 sería sin duda un hecho en la dirección correcta hacia la normalización de las relaciones entre ambos países.

Cuba está realizando reformas económicas importantes, abriendo la iniciativa privada y disminuyendo el rol del Estado en varias áreas de la sociedad. Ha liberado la salida al exterior de los cubanos (con la excepción de ciertas categorías específicas), la inversión extranjera está ampliándose, especialmente en el sector turístico y energético, y los propios hermanos Castro han dado señales de abrirse a otros liderazgos de nuevas generaciones, más jóvenes que la edad de la Revolución. ¿Será capaz el gobierno de Obama de avanzar en los propios gestos unilaterales realizados hasta ahora, entre ellos, liberalizando los viajes de los cubano-estadounidenses, permitiendo las remesas hacia la isla y ampliando las licencias para intercambios académicos, artísticos y periodísticos?

Es de esperar que los gestos de mutua conveniencia para los pueblos cubano y estadounidense continúen. Sacar a Cuba de la lista de apoyo al terrorismo sería el primer gran paso hacia el término del embargo contra la isla, condenado año a año por Naciones Unidas por ya más de dos décadas. Y un paso importante en la verdadera lucha contra el terrorismo.

 

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Patricio Zamorano
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CUÁNDO ES Y CUÁNDO NO ES FRAUDE

CUÁNDO ES Y  CUÁNDO NO ES FRAUDE

 

Según el manual de la CIA, todo depende  de si el gobierno  implicado  en la  votación muy ajustada es pro norteamericano o es independiente de los Estados Unidos

A propósito de la apretada victoria electoral de Nicolás Maduro, el sociólogo Atilio Borón ha citado estos ejemplos: en las elecciones presidenciales de Venezuela en 1978, Luis Herrera Campins, candidato del COPEI, obtuvo el 46.6 por ciento de los votos contra el 43.4 de su rival de Acción Democrática. Diferencia: 3.3 por ciento, y el segundo reconoció de inmediato el triunfo de su contendor.

 Antes, en 1968, otro candidato del COPEI, Rafael Caldera, accedió a la presidencia conel 29.1 por ciento de los sufragios, imponiéndose sobre el candidato de AD, Gonzalo Barrios, quien obtuvo el 28.2 por ciento de los votos. Diferencia: 0.9 por ciento y asunto concluido.

Más próximo en el tiempo, contrasta con el autoritario empecinamiento de Capriles, la
actitud del por entonces presidente Hugo Chávez que, en el referendo constitucional del 2007, admitió sin más trámite su derrota cuando la opción por el No obtuvo el 50.6 por ciento de los votos contra el 49.3 por ciento del Si a la reforma que él favorecía. A pesar de que la diferencia fue de poco más del uno por ciento, Chávez reconoció de inmediato el veredicto de las urnas.

Resultados electorales muy ajustados son más frecuentes de lo que se piensa. En Estados Unidos, sin ir más lejos, en la elección presidencial del 7 de Noviembre del 2000 el candidato demócrata Al Gore se impuso en la votación popular con el 48.4 por ciento de los votos, contra el republicano George W. Bush, quien obtuvo el 47.9 delos sufragios. Como se recordará, una fraudulenta maniobra efectuada en el colegio electoral del estado de Florida -cuyo gobernador era casualmente Jeb Bush, hermano de George W.- obró el milagro de “corregir los errores” en que había caído un sector del electorado de la Florida posibilitando el ascenso de Bush a la Casa Blanca. En suma, el que perdió ganó, y viceversa: todo un ejemplo de soberanía popular de la democracia estadounidense.

En las elecciones presidenciales de 1960 John F. Kennedy, con el 49.7 por ciento de los sufragios, se impuso a Richard Nixon que cosechó el 49.6. La diferencia fue de apenas el 0.1 por ciento, poco más de 100.000 votos sobre un total de unos 69 millones, y el resultado fue aceptado sin chistar.

Pero en Venezuela las cosas son diferentes y la derecha grita “fraude” y exige un recuento de cada uno de los votos, cuando ya Maduro accedió a efectuar una auditoría. Llama la atención, no obstante, la  intolerable injerencia del inefable Barack Obama que no dijo ni una palabra cuando le robaron la elección a Al Gore, pero encontró tiempo ayer por la tarde para decir, por boca de su vocero, que era "necesario" y "prudente" un recuento de los votos dado el resultado "extremadamente reñido" de las elecciones venezolanas.

¿Admitiría Obama que un gobernante de otro país le dijera lo que tiene que hacer ante las pocos transparentes elecciones estadounidenses?

SIN LEY, ¿HABRÁ PAÍS?

SIN  LEY, ¿HABRÁ PAÍS?

Luis Sexto

El título de este artículo no quiere decir lo que de sopetón uno presume: que en Cuba no hay leyes. Existen. Pero me parece que está lastimado el concepto de la legalidad. Porque un número impreciso de nuestros conciudadanos acatan las leyes, pero no las cumplen, de modo que actúan como si  acarrearan agua en una canasta.

Y ese obrar como si el país fuera  una llanura muy dilatada por la cual anduviéramos camina que te camina sin topar con un semejante, o sin ver un cartel de no eche basura, o deténgase, baje velocidad, niños en la calle; o suelte eso que no es suyo, o pague lo que debe… Ese obrar tan indiferentemente ante el orden,  indica que algunos de nosotros creen vivir en un paisaje lunar donde no existe la ley porque no existe el otro.

El período especial con sus recortes materiales y su incertidumbre, nos ha dejado una pérdida tan ancha que no resultará fácil reponerla. Lo estamos pulsando actualmente. La sociedad amplía sus espacios, reconoce derechos que hasta hace poco no integraban la legalidad. Y, sin embargo,  la conciencia de la ley  continúa sufriendo el desmadre del menosprecio. No pretendo llegar al extremo. No afirmo que todos estrujemos las leyes como papel inservible. Digo que los que la violan hacen más ruido que los que las respetan. La virtud suele andar en puntillas. Uno ve menos a quienes echan la basura  en el recipiente. Y, en cambio, solemos  notar a quienes tiran las latas de cerveza desde el balcón a la calle o al patio, y gritan en las madrugadas, y edifican un piso sobre su azotea, o su meten en casa ajena cerrada para habitarla. Recientemente, inspectores de urbanismo llegaron al barrio, impusieron multas y obligaron a desbaratar instalaciones que la licencia de trabajo por cuenta propia no amparaba. Pero, muy cerca, dejaron garajes levantados con herramientas de rompe y raja en jardines de uso común en edificios multifamiliares. ¿Les ordenaron a estos violadores demoler o fueron anuentes y se marcharon con las manos en los bolsillos? ¿O acaso se conformaron con ver un permiso cuyo origen es también ilegal? ¿Acaso no va contra las normas urbanísticas permitir clavar en un jardín, en avenida principal, cuatro vigas en el suelo, cercarlas y tirarles por encima unas planchas de cinc para guardar un vehículo?

Son, dirán algunos, pequeñeces. Problemas de poca significación. Me sirven, sin embargo, para ilustrar cuáles son los caminos de la impunidad. Porque el mayor peligro de incumplir la ley como si fuera un hábito, es que se extienda por el cuerpo social la impunidad. ¿Sabemos qué significa la impunidad? Cuando nos referimos a leyes y a violaciones no solo hemos de tener delante el delito mayor -homicidio, robo, malversación. Y si he señalado las quebraduras más leves, más bien de orden disciplinario como respetar las normas de urbanismo, las reglas de convivencia, los valores patrimoniales, es porque la experiencia enseña  que los violadores de lo aparentemente sin importancia, al permanecer impunes,  inflan el pecho y se definen como  “tipos” poderosos, resuélvelo todo, compradores del orden, y así van desbrozando en su percepción el atajo para llegar a conductas más dañinas.

¿Y nos damos cuenta que el sentimiento de impunidad  en unos condiciona en otros ciudadanos el sentimiento de inseguridad? Impunidad y seguridad no pueden extenderse sin que la sociedad se crispe.

Ahora, por qué la impunidad. Ya lo dije: unos perdimos el respeto por las leyes, porque creímos que las necesidades sin resolver, los apremios materiales justificarían cualquier ardid, cualquier identidad de “bicho cubano”. Pero también algunos representantes de esta o aquella  institución, se permearon de los resortes del pícaro, actuaron a medias, o no actuaron, y  se juntaron dos impunidades: la de cuantos actúan sin discernir las fronteras entre el bien y el mal, y la impunidad del que se cree impune para proteger la impunidad. Y tales piezas  se han engarzado con la soldadura del “dejar hacer”.

Hace unos meses pregunté en este diario si habría que esperar a que se actualizara la economía para empezar a rescatar los límites usurpados por la impunidad. No me ofusco. Algo se hace. Pero a veces me siento inseguro, como dejado a mi suerte, al saber que  transeúntes y  vecinos creen que no puede pasar nada.  (Publicado en Juventud Rebelde)

 

 

 

 

 

QUIÉN QUIERE ESTAR EN ESTA HISTORIA

QUIÉN QUIERE ESTAR EN ESTA HISTORIA

Luis Sexto

El húngaro Paul Tabori escribió un libro que uno ha de leer más de una vez: Historia de la estupidez humana. La edición que conservo cuenta con más de 600 páginas. Gruesa historia, ¿eh? Pero nunca tan gruesa como para decir que está completa. El propio autor dice, después de poner el FIN, que la estupidez no termina: se repite y acumula nuevos folios.

De primera intención  resulta un libro curioso. A quién no le gusta conocer las estupideces ajena. Porque desde luego, ninguno de esos episodios que Tabori cuenta va conmigo. Así solemos pensar. Si fumo, el cáncer consumirá a otros; si soy promiscuo sexualmente, el SIDA no tiene por qué alquilar una habitación en mi organismo y empezar a debilitarme. Para eso, para contraer males mediante hábitos negativos, están los demás… Yo seré siempre un elegido de la fortuna. Y ya vemos cómo, con  esas actitudes, ingresamos en esa historia de la cual queremos excluirnos. ¿Yo estúpido?

Hay diversas maneras de serlo. Por ejemplo, dice Tabori que el papeleo es la estupidez más costosa de la historia. Señala otras manifestaciones. Pero no recuerdo si cita a la mentira como una de las formas más tontas de la estupidez. Debe haberla tenido en cuenta. Pero si no la tuvo presente, se la sugiero. Y la expongo como a Tabori le gusta, mediante una breve anécdota -¿debo aclarar que verídica? Un director llamó a uno de sus administradores preguntándole por tal tarea (ponga usted los nombres de personas, cosas y lugares). El subordinado le respondió diciéndole que usted, director, nunca me ha asignado recursos para acometerla. El jefe cambió el tema, y cuando ser marchó, el otro comentó con alguien que estaba al lado: Sabes por qué me pregunta: porque ya la reportó a la provincia como terminada…

Nadie se asombre. Esto que digo no es nuevo. El presidente Raúl Castro  habló de ello hace un tiempo. Yo mismo he retomado el tema. Me acuerdo de aquel  mi artículo de Bohemia, en los 90, titulado Esa vieja dama indigna. Poca y lentamente cambian las cosas. La mentira sigue usurpando la dignidad de los métodos de trabajo. Y el que la usa –digo con respeto- se adscribe al casillero de las estupideces. ¿No decimos acaso que más pronto se agarra a un cojo que a un mentiroso y que para decir mentiras y comer pescado hay que andar con mucho cuidado?

Ahora bien, cuáles son las causas de la falsedad en ciertos informes y partes, evaluaciones y pronósticos. El periódico no me cede espacio para abrir un hueco en el piso y pasar al subsuelo. Solo puedo insinuar, en términos generales, que la ética se nos ha escurrido por el camino de las conveniencias, la doble moral y el papeleo burocrático. Pero, además, si aún algunos prosiguen usando la mentira como técnica de rendir cuentas, es porque detectan un agujero negro en instancias que deben exigir la verdad y solo la verdad y que, en cambio, se contentan con cualquier número o dato y soslayan confirmar la realidad que les llega en papeles y frases cuadradas. Entre los revolucionarios -pensará alguien- no debemos andar con esa bobería de estar desconfiando. Y quizás otro se recomiende a sí mismo: Suave, suave, que la exigencia es un bumerang…

Así, pues, quien no confirma y fiscaliza, tácitamente admite que le tomen el pelo, o deja campear libremente esa forma de estupidez por nuestra economía y nuestra sociedad.

Claro, también estar demasiado seguro de que nadie me puede engañar, a mí, el que  se  sabe todas las fórmulas para presentar cuentas sucias como si fuesen limpias, es un modo de ganar un sitio en la Historia de la estupidez humana

 (Publicado en Juventud Rebelde)


UNA RELACIÓN SALUDABLE*

UNA RELACIÓN SALUDABLE*

Luis Sexto

Publicado hace seis años, este artículo todavía mantiene cierta vigencia acerca de la relación dialéctica entre el dogma y la herejía

Ha sido una vocación inclaudicable del hombre la de actuar en contra de cuanto pretenda ser definitivo, inexorable, o le limite el pensamiento, el criterio racional, de modo que la historia de las doctrinas políticas y religiosas podría ser también la historia de la lucha entre el dogma y la herejía. Donde se plantó la cuadriculada y hermética aspiración de constituir una verdad inapelable, se irguió la heterodoxia para destapar cajas, demoler muros, deshollinar gavetas, aunque más adelante el heresiarca de hoy se convirtiera en el dogmático de mañana.

Fue contradictoriamente un religioso, un jerarca eclesiástico, pero a la vez un filósofo el  que legitimó la herejía y a los herejes. Conocido es el apotegma de San Agustín en que el autor de la Ciudad de Dios y de unas Confesiones en plenitud de debilidad humana, reconoce el necesario papel regulador de los herejes: “Oportet enim heresses esse”.  Esto es, el hereje opera como una rendija a través de la cual  se filtra la prueba que afianza y perfecciona el dogma. Desde luego, el obispo de Hipona cocinó la idea para servirla en su mesa. No obstante, partiendo del criterio agustino de la necesaria y plausible heterodoxia, podemos emprender una aventura hacia lo profundo del dogma y sus paradojas.

Un escritor y periodista católico –periodista que punza, no complace-  escribió,  a fines del siglo XX, que “siempre que el hombre expone lo que ha hecho el hombre, da un juicio implícito sobre los hechos, aunque solo sea por sus omisiones o sus silencios”.  Hasta aquí  el francés Jean Guitton parece estar de acuerdo con casi todo el pensamiento de su época. Pero enseguida adopta una posición antidogmática: “Lo que a mi modo de ver lo deshonraría sería dar a entender que tiene la objetividad de un aparato, o que todo historiador debería interpretar  los hechos de la misma manera.” Y más adelante, establece que “la fuente de todas las herejías está en concebir el acuerdo de dos verdades opuestas y creer que son incompatibles”.

Deduzco, pues, que el origen de las herejías se enraíza en la rigidez de la ortodoxia. La ortodoxia  -el pensar apegado al dogma- no ha aprendido a utilizar la flexibilización como una de las fórmulas de su invulnerabilidad y, por tanto, de la perdurabilidad de las verdades que se estiman correctas. Dogma es palabra de origen griego que, teniendo una prosapia limpia, ha venido ensuciándose en su actitud irremovible e intransigente de “cosa acabada, terminada definitivamente”, que eso significa “dokein” cuando se une a un pronombre personal, yo, por ejemplo, he acabado.

El dogma carece de recursos. La razón no le es afín. Incluso el dogma la rechaza con un “odio lúcido”, y es lúcido porque posiblemente  los dogmas intuyan que su caída depende, en primordial medida, de la crítica. ¿De que se sirven aquellos para apuntalar su inaccesibilidad al debate y al cuestionamiento? En la autoridad. En el poder de cuantos lo establecen, imponen y sostienen. Ha sido, así,  adoptado por el autoritarismo como el garante de su poder incuestionable.

Focalizado en el plano de la religiosidad, quizás sea ahora menos dañino, aunque en una época atizó la candela bajo los pies de cuantos pretendieron removerlo o modificarlo. Y ocurrió así determinado por los vínculos e intereses comunes del poder político y las jerarquías eclesiales. Porque, cuando el dogma pasa a la política como instrumento, como piedra fundamental, comienzan los riesgos para los grupos, sociedades y Estados que lo organizan y ubican sobre un pedestal ideológico. Una de los problemas del llamado socialismo del siglo XX, el también nombrado real, fue la aplicación dogmática del marxismo. De guía para la acción, se transformó en “señor feudal” de la acción. Un rápido paneo por sobre la historia de las sociedades socialistas europeas, nos abastecería de actos tan irracionales que podrían añadir un nuevo volumen a la Historia de la estupidez humana, del húngaro Paul Tabori. El dogma, por insuficiencias reflexivas, es incapaz de detectar las contradicciones que se generan en su nombre. Y con estas, sobreviene la parálisis. Y con la parálisis, el lento deterioro de las sociedades dirigidas por el dogma filosóficamente político, que es el que me parece más actual y peligroso. El dogma religioso ofrece, en estos tiempos, la libertad de creer o no creer. Y nada pasa por norma, al menos en las sociedades occidentales.

Pero en la política, la cerca que bordea al dogma está vidriada con picos y fondos de botellas: se hiere quien los toque. La discusión, la discrepancia, la crítica se proscriben o se toleran entre condicionamientos. Y con ello el dogma se priva de su principal aliado: los herejes. Porque los herejes anticipan con sus audacias y temeridades la verdad más completa, que ha de sobrevenir en los días próximos. Al fin llega, pero nadie reivindica a sus gestores, porque se ha de pagar el precio por anticiparse. Pagarlo asumiendo el descrédito del revisionista o del inoportuno.

En las izquierdas, a pesar de la experiencia del socialismo europeo, de tan claras moralejas acerca del destino de los cerrojos y las mordazas, y en las derechas, no obstante los fracasos de ciertas “verdades inconmovibles”  que prometen un “estado de bienestar general”,  aún subsiste  el dogmatismo.  Es un hábito cómodo. Significa decidir en las cúpulas sin el esfuerzo que implica el debate. Y a veces, para cancelar el exceso de presión, apelan a la unidad del grupo, del partido, de la sociedad. Pero, a mi modo de ver, en la unidad propugnada por el dogmatismo no cabe la diversidad. Exige la unidad de los unánimes. Porque los dogmas no distinguen entre la necesidad y los fines, entre el derecho y la intención, entre la opinión y la oposición, la sugerencia y la impertinencia. Y por ello favorecen  el desarrollo tentacular de la doble moral y sus normas éticas encapsuladas en apariencias sin esencias. Pero la unanimidad, reducida tan solo a levantar la mano,  alguna vez empezará por resquebrajarse en nombre de los mismos derechos que el dogma  reconoce –en apariencias- defender y garantizar: la libertad y la razón.

Parece escabroso comprender que la unidad política excluye la imposición de dogmas. Porque la unidad política se formula y reformula constantemente en torno de un programa, jamás alrededor de las abstracciones de una cosmovisión. Y su agente principal consiste en el esfuerzo de hombres y mujeres libres que alcen la mano para opinar, debatir,  cuestionar  sobre todo a cuanto no ayude a que la diversidad fortalezca la unidad. Y que debatan, opinen y critiquen como herejes necesarios para que impedir la dogmatización de las ideas y la burocratización de las acciones. Ah, sí. Dicho de paso, dogma y burocracia son afines. Como el maniquí y su vestido.

 

 

*Diario digital Insurgente, marzo de 2007.

 

PRIMERAS IMPRESIONES

PRIMERAS IMPRESIONES

Luis Sexto

 

 

 

 

 

 

Un tema en el que muchos sabemos poco

Los 76 años de Francisco I  no prometen destacarlo como un papa de largo pontificado.  Sin embargo,  la elección de su nombre parece definirlo como un pontífice que no discurrirá por el continuismo de  sus dos últimos predecesores. 

La elección del nombre suele marcar una voluntad de asemejarse a algún predecesor o distanciarse de otros o de todos los 265 sumos pontífices anteriores.  Esa parece ser una tradición. Y con la elección de un nombre nunca utilizado, el cardenal Jorge Mario Bergoglio posiblemente insinúe que no desea acercarse  a ninguno de sus predecesores más inmediatos. En cualquier caso, la elección del nombre lo podría remitir a san Francisco de Asís, que aspiraba a un  mundo  donde cupieran en paz todas las criaturas sin discriminar a  ninguna, incluido el lobo, que tendría derecho a la redención.  Francisco de Asís fue un ex rico que abjuró de sus riquezas para predicar la necesidad de la pobreza, convirtiéndose en el paladín de un cristianismo ligado al desprendimiento y la caridad evangélicos, y predicador implacable contra la  corrupción eclesiástica en el  siglo XIII.  Las costumbres y votos de la  orden de los frailes menores fue, por contraste, la principal crítica contra el lujo y la impureza de la Iglesia jerárquica.

Bergoglio, según sus biógrafos, se distingue por su humildad: ha preferido vivir en un pequeño apartamiento en vez de en el palacio arzobispal de la arquidiócesis de Buenos Aires, y ha viajado en ómnibus, y ha volado en clase de turista,  pasaje barato e incómodo.

  Uno se pregunta si, siendo jesuita, por qué no eligió el nombre de Ignacio, el santo fundador de la Compañía de Jesús. Quizás por ser Ignacio de Loyola un ex militar demasiado beligerante.  Pudiéramos aventurar la opinión de que Bergoglio prefiere no hacer ruido con las armas con que tendrá que rescatar el crédito y los valores cristianos de cierto sector de la iglesia Católica Romana. De los jesuitas, el nuevo papa  tiene la inclinación a  imbricarse  en la cuestión social y política. Pero en ese aspecto se le adjudica el error de no defender a dos miembros de su orden, apresados por la dictadura militar argentina. Entonces no era obispo, pues fue consagrado el 20 de mayo de 1992 como auxiliar en Buenos Aires. El dato, desde luego, es solo eso: un dato, en días de masificación informativa cuando cualquier letra sirve para infamar. Me abstengo de evaluarlo por ese hecho. Y si así resultó, quizás los años le hayan hecho purgar su decisión aparentemente errónea y culpable. Pero no parece atinado suponer que se puede llegar a papa con la pesada cruz  del decrédito.

Por lo dicho sobre el nombre escogido -que quizás no esperaraban los cardenales que lo eligieron en la quinta votación el 13 de marzo de 2013-, tal vez  Francisco I comience a renovar a la Iglesia romana con el ejemplo personal de modestia y la renuncia al absolutismo, como Juan XXIII, a quien consideraron un anciano inofensivo y transformó una Iglesia envejecida.  Probablemente la mansedumbre y el tacto del santo cuyo nombre adoptó, sean las virtudes apropiadas  para redimir a ciertos depredadores internos de la Iglesia de Cristo.  

No esperemos en este nuevo período en la conducción de la Iglesia Católica Romana, modificaciones drásticas en la moral y los principios básicos sostenidos por más de dos milenios. El papa no aprobará el aborto, ni el matrimonio entre personas del mismo sexo. Reclamárselo sería desconocer el fondo ético del cristianismo, ignorancia demasiado frecuente. Si Francisco I se ubica del lado de los pobres, necolonizados y agredidos, y por sus nombres  condena,  como Jesús a los fariseos, a las potencias que han conducido al planeta a la quiebra de la paz y la justicia, ya sería bastante. 

                  

 

LA GRATITUD, ESE DEBER

LA GRATITUD, ESE DEBER

Luis Sexto

Ante el deceso de Francisco Aruca

La muerte de Francisco González Aruca  el 6 de marzo pasado en Denver, Colorado,  me ha conmovido.  Primamente, por ocurrir a destiempo: a pesar de sus 72 años, todavía ese cubano lleno de ingenio y de sano criollismo, sobre todo con un micrófono a pie de labios, podría rendir mucho más.  Luego, mis sentimientos se entristecen por haberlo querido fraternalmente desde la gratitud por su obra y su amistad.

Por unos tres o cuatro años, colaboré con Progreso Semanal,  su página web, y me sentí orgulloso por haber formado parte de su equipo de columnistas. Ya era suficiente para estimarlo. Luego, al conocerlo personalmente y oírle contar algunas estaciones de su vida política, más lo quise.

Un mediodía  en La Habana, sentados un grupo de amigos a una mesa generosa, contó  cómo fueron sus orígenes como  peleador a favor de la revolución cubana en territorio de los Estados Unidos. Cuando se marchó de Cuba tenía 20 años. Y se había fugado de una prisión donde cumplía  una condena de 20  por delitos  contrarrevolucionarios. Encontró asilo en la embajada de Brasil.

Tras el salvoconducto, llegó a los Estados Unidos. Más tarde continuó sus estudios. En  la universidad, cuyo nombre no retuve, el profesor  de economía política dijo a  los alumnos que el capitalismo era propicio para el bienestar de una determinada cantidad de afortunados. Pero que siempre habría otra cantidad que debía sufrir la pobreza.

Según reveló Aruca, de formación católica, aquella lección le hizo preguntarse si él había arriesgado su vida y su libertad en contra de la revolución cubana, para que viviera felizmente sólo un  grupo.

De ahí, de ese honrado y autocrítico cuestionamiento, partió el Francisco Aruca  que, a pesar de lograr  el éxito económico,  poco a poco se acercó a su patria, tal como era y es, sin exigirle cambiar en su esencia revolucionaria, aunque  cuando creyó necesario criticarle errores, los criticó.    

Más no puedo decir. Solo agradecerle públicamente  aquel gesto de 2011 cuando, ya en trance de fallecer mi madre, en Miami, él me facilitó gratis, ida y vuelta,  en su empresa Mar Azul, mi rápido vuelo a esa ciudad para despedirme de la mujer que más he amado  y de la cual viví separado las dos terceras partes de mi vida.

Descansa en paz, mi chispeante, criollo, generoso colega y amigo.

DEL LADO DE LOS POBRES

DEL LADO DE LOS POBRES

Luis Sexto

Apostillas ingenuas

 

Un hombre no es la Historia. Pero se le parece.  Brota de ella, la hala, o la empuja, y va conformando un movimiento  en que la gente adquiere la conciencia de la necesidad y la necesidad  de su conciencia. Y si uno de esos hombres fundamentales desaparece, queda su índice guiador, su voluntad avizora. Infinitamente lamentable, por tanto, es el deceso de Hugo Chávez. Pero el destiempo de su muerte es el incremento de su vigencia en la trascendencia de la historia. Ya no es un líder ahora es una estrella,  un norte que se busca hacia el sur.

Por la reacción de sus enemigos, podemos medir el valor de Hugo Chávez. Lo odiaba la oposición burguesa y oligárquica, heredera de doña Bárbara y aliada de mister Danger, que también lo odiaba. Ambos, el criollo voraz y el yanqui imperial  mantienen su odio en fuego cruzado. Y cuán terrible es el terror de la derecha. En estos días, vi los videos  de   cuando el asedio a la embajada cubana en Caracas en abril de 2002, tras el fantasmal golpe de Estado que mantuvo prisionero dos días al legítimo presidente  Chávez. Entre algunos pícaros de Miami, estaba Capriles aupando la destrucción de los autos oficiales de la sede diplomática de Cuba. También vi la entrevista entre Capriles y el embajador  Germán Sánchez. Germán le dijo: ustedes violan los convenios internacionales que otorgan inmunidad a las embajadas. Si aquí hubiera funcionarios venezolanos asilados, tendríamos el derecho de protegerlos, y si ustedes pretenden entrar, nos defenderemos hasta morir. Y no es un discurso, aclaró el embajador. Y no entraron, y poco después el vídeo los muestra escurriéndose aprisa entre callejas o en automóviles refrigerados. Chávez había vuelto.

 Por otro lado, el concepto de la política en los Estados Unidos lo ejemplifica el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara y representante republicano por California, Ed Royce, cuyas declaraciones citó un despacho de la agencia EFE: “Hugo Chávez era un tirano que forzaba al pueblo de Venezuela a vivir en el miedo. Su muerte merma la alianza de líderes izquierdistas contra Estados Unidos en Suramérica; ¡qué alivio!". Y esta frase final sintetiza otras reacciones en el seno del Poder en Washington. No se aprecia ni un gesto humanitario ante el deceso de un hombre.  Pero, ¿podría ser distinto, si cada día mueren hombres, mujeres y niños bajo los vuelos asépticos de los drones y misiles norteamericanos ante la indiferencia de muchos? Si alguna duda uno tuviera sobre el calificativo que Rubén Darío asignó a los sostenedores del imperio norteamericano, estas y otras reacciones confirman  que el líder del modernismo literario acertó cuando calificó a los rubios aspirantes a imitar a Roma como  “nuevos bárbaros de Atila”.

Y en efecto: los que gobiernan desde el poder aparente o tras las cortinas del capital en el Norte que, según Martí,  nos desprecia, se inquietan sólo por sus intereses económicos  y sus apetencias geopolíticas. Mas, las exequias de Hugo Chávez y el respeto mundial que ha bajado la cabeza sobre su cuerpo inerte, han confirmado que a quien tildaban de tirano, quiso más a los seres humanos que cuantos alardean de  democracia, palabra que en el lenguaje de Washington  se ha desnaturalizado y convertido  en un espolón de injerencia.

Martí llamó “hijo” a Rubén Darío. Y el Apóstol de la independencia de Cuba y uno de los primeros en alertar sobre los gérmenes de prepotencia y predominio que engordaban bajo los cimientos de la sociedad mercantilista de los Estados Unidos, también habrá llamado “Hijo” a Chávez al recibirlo en la dimensión imperturbable de la Historia. Bolívar, a su vez, le habrá dicho bajándose de su caballo: Sube, sube Hugo, hijo mío. Mi cabalgadura también te pertenece.

Sobre la memoria de Chávez, por ello, podrá caber este epitafio: Aquí vive Hugo Chávez. Porque se puso del lado de los pobres, vivirá para siempre.