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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

¿POR QUÉ NO SE PUEDE?

Luis Sexto

El llamado plural de modestia que, en esencia, implica lo opuesto, me exigiría a decir “notamos”. Pero como no sé si ustedes también lo notan, y como me gusta ser evidente responsable de cuanto digo, noto que persiste la tendencia a recortar el lenguaje de las relaciones sociales, en particular, las relativas a lo administrativo, legal, incluso lo político. Me referiré a una frase que ha venido sustituyendo a mil palabras en determinadas situaciones. Que usted quiere pasar por una puerta de las tantas que la tienda o el hotel tienen, y el portero, que se ha convertido en Cuba en todo un potentado -porque decide si usted entra o no entra-, le dice: no se puede. Al menos, por esa no; por esta. Y le señala la única abierta. Casi monosilábicamente, el no se puede se ha convertido sin decolorarse en el argumento más empleado ante cualquier pregunta, gestión, deseo, inquietud. No dudo que haya actos que no se puedan ejecutar, ni decisiones que no se deban tomar. Está claro. Si pregunto: puedo robar, me dirán sin necesidad de mayor explicación, que no se puede. Y si quiero perjudicar a mi vecino, o golpear a mi mujer, me dirán que no se puede. ¿Harán falta más explicaciones? Pero nuestra sociedad, obrando en legítima defensa, instituyó en cierto momento una carga de normas prohibitivas (yo diría que a veces excesivas, con lo cual se redujo el ámbito de la legalidad, mas esa sería otra discusión). Y ante ciertas dudas o interrogantes, el no se puede no basta para satisfacer la inquietud o la falta de comprensión de la ley o la medida. ¿Por qué, por ejemplo, hasta hace unos meses, un cubano no podía vender su vivienda? Quienes respondían alguna vez, no intentaban convencer con razones del porqué la casa, aunque propia, no se podía vender. Cierta vez, en una entrevista, le dirigí esa pregunta a un asesor legal del Instituto de la Vivienda, y me respondió con la misma frase sacramental: Porque no se puede. Como el cuento de la buena pipa.

Lo que quiero decir, en suma, es que  personas están confunden lo administrativo y lo político, incluso los separan. Existen reglas o prohibiciones administrativas o de gobierno que requieren de la fundamentación y la explicación políticas. Pongamos otro ejemplo. Abierta recientemente  la venta de automóviles nuevos, la lista de precios ha suscitado una reacción de alarma, de inconformidad entre los que pueden comprarlos e, incluso, entre los que no pueden. Quizás sean explicables los precios  si uno tiene en cuenta las circunstancias económicas desfavorables en que el país país legisla y concreta su traformación, o la necesidad de importar los autos, o cierta cantidad de dinero acumulado en pocas manos, o el estado de la red vial, el combustible básicamente de importación. Pero el que alguien pueda explicarse estos precios, que estimo temporales, no implica que no se expliquen públicamente por los que los han decidido. Por ello, me parece que el mayor problema de esos precios, no consiste en que sean elevados, sino en que les ha faltado el acompañamiento político mediante la exposición de las causas de esos precios.

Nuestra sociedad se apoya en el consenso. Y el consenso se conquista mediante la argumentación. La política, según una antigua raíz, es la ciencia –digamos- que se ocupa de los asuntos de la polis, es decir, de la ciudad. Lo político, sobre todo, en una sociedad que urge de la comunión de todos sus miembros, pasa por la persuasión, la explicación, el esclarecimiento de cuanto no pueda ser comprendido de inmediato. En lo político no cabe la imposición sin que, como mínimo, se haya demostrado su necesidad. En lo político no es inteligente el regaño, o la presión. Hablamos de la buena política. De la mala ya sabemos a donde conduce.

Me perdonan si he parecido didáctico. Carezco de diplomas y jerarquía, y me sobra el respeto por cuanto no me concierne. Soy solo un comentarista que no ha renunciado a opinar. Y tampoco ha minimizado su derecho a estar convencido de aquello que debe o no debe hacer.

MAL EPITAFIO

MAL EPITAFIO

Luis Sexto

 Veamos si esta pregunta es obvia: ¿Carecemos de bondad? Cualquiera de mis lectores en Cuba podrá decir,  quizás en un impulso circunstancial o en una finta oportunista, que la bondad nos desborda, y por tanto la pregunta resulta vacía de sentido. Pero, en segundo turno, digo que como lo creo útil continuaré preguntando, más bien afirmando: sí; nos hace falta. A veces, carecemos de bondad.

Tal vez uno de los datos más obvios de la realidad sea el menos obvio. Porque nos hemos habituado a creer que obramos en nombre de la bondad. Y por ello no nos percatamos de que los achaques estructurales en nuestra armazón social, no justifican que  la bondad se nos escurra como característica personal. Y cuando me refiero a esta virtud, aludo a la bondad que ha de permear la conducta política de cuantos nos consideramos revolucionarios.

Parece cierto que las actitudes burocráticas provienen, en parte fundamental, de la organización social y política donde los seres humanos actúan. Si las decisiones de este o de aquel adquieren el cartel de inapelables, si quien, atrincherado tras un buró, impunemente distorsiona las leyes según su criterio o sus intereses particulares, y se encarama en una torre de papeles, planillas, acápites, citas, cifras, estadísticas y olvida que no solo de papeles vive el hombre, podremos decir que refleja una estructura rígida, vertical, autoritaria. Pero no siempre la regularidad  se encarna en la generalidad. Porque uno topa con este o aquel que sabe moverse, aún dentro de la estrechez, guiado por la bondad, es decir, por la comprensión de que su ejercicio de poder, por pequeño que sea, solo se justifica si sirve a sus conciudadanos.

Ya ven: me voy arrimando a la sartén de lo político. Y en estas circunstancias, es decir, en el actual reacomodo estratégico de la sociedad cubana –que no tiene porque asemejarse al reajuste de las capas de la tierra y generar un “terremoto”- la bondad, y su afín solidaridad, tienen que mecharse de política constructiva, de política respetuosa y generosa; nutrirse de la convicción de que la justicia a secas, no traduce el ideal de la Revolución cubana. La justicia, para serlo en términos revolucionarios, necesita de la bondad.

Muerdo las teclas para no excederme, ni ser a mi vez injusto. Pero hemos de atizar la sensibilidad, para comprender las necesidades y los riesgos a que el país se expone si, por ejemplo, no recuperamos rápidamente la conciencia jurídica, y empezamos a preservar intactas las leyes de todos los días, que se quiebran por aquí o por allá, con la complicidad colectiva. No hace mucho, pregunté en cierto pueblo por el rastro donde vendían materiales de construcción para que ciudadanos urgidos adquirieran, como se dijo y se estableció, medios para reparar o construir su casa. Entré y pregunté solo para comprobar, y en la oficina –ah, las oficinas, siempre tan limpias y acogedoras- me respondieron que allí se vendió por un tiempo, pero ahora solo los organismos estatales podían comprar. Ah, dije, como preguntando en silencio: ¿Y la gente y sus necesidades? ¿Y la política y su programa? ¿Y la ley y sus conceptos?

Recuerdo con frecuencia unos versos de Bertolt Brecht,  poeta comunista alemán, cuyo sentido es como un toque de “atiendan todos”: “Ay, nosotros/que quisimos echar los cimientos de la bondad/no supimos también ser bondadosos”. No lo digo yo, repito; es texto de un escritor y dramaturgo comunista que, honrando su condición política, encaró la verdad para mejorar la vida del pueblo. En su patria, la difunta RDA, esa frase pudo equivaler a un epitafio. Para nosotros, aún vivos y coleteando en medio del un zarzal de llamas, el texto del poeta es un mandato. Porque si olvidamos que partimos del afán transformador de la Sierra Maestra y de la ética de la bondad de  Martí, podríamos perder la orientación y al perderla perdemos los cimientos de la bondad y ganaríamos un epitafio muy desconsolador. Hace unos años, Raúl Castro le confesó en una entrevista: Los revolucionarios viviremos según viva la Revolución. Si ella muere, moriremos definitivamente.

Es decir, seremos olvidados si en vez de modificar mejorando las estructuras que ya no operan efectivamente en nuestra sociedad, nos resignamos a que deformen la aplicación de nuestros ideales. Actuar es tan valioso como soñar... Y soñar no equivale a engañarnos, ni a engañar.  

 

LO CONVENIENTE Y LO INCONVENIENTE

LO CONVENIENTE Y LO INCONVENIENTE

Luis Sexto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces queremos hallar un “culpable” de lo que anda mal. Suelen existir errores, y los errores tienen un sujeto. A veces es colectivo, estructural. Habrá que distinguir la responsabilidad individual de la general. Por ejemplo, si alguien, en contra del sentido común, del parecer de los ciudadanos, incluso a contrapelo de sentencias firmes de tribunales, decide una acción, que se ejecuta y permanece, podríamos preguntar: ¿Es solo una persona la culpable?

A mi juicio, no. Comparten la responsabilidad quienes lo permiten o lo favorecen con su apoyo o sus exigencias de que las cosas hay que hacerse a cualquier precio. La comparten también estructuras organizativas verticales que facilitan “actuar cómo te parezca” sin respetar reglas, leyes, opinión pública. Por lo tanto, cuando se reflexiona sobre un problema o una actitud individual como la que he descrito –y conozco-, hay que emplear conceptos generales, hay que “filosofar” sobre lo que es bueno y malo, conveniente e inconveniente, justo e injusto. O lo posible y lo imposible.

Quiero decir, en fin, que nuestro país está moviéndose. Y mejorar es, más que un deseo, una necesidad que ha de superarse con readecuaciones económicas y sociales.  Comprobamos que hay conciencia de que el socialismo no puede descansar en un camastro de deudas pendientes, de proyectos realizados a medias o mal realizados, o deteriorados por las circunstancias.

Y cómo hacer para revertir carencias y falencias. A mi modestia de “opinador” le parece que hemos de acudir a las categorías de lo posible y lo imposible. De ello se puede derivar una conclusión: nuestra organización económica y social tiene que sistematizar el concepto de la “mejoría continúa”. Como bien indica la filosofía de la calidad, el enfoque que mejora no ha de aplicarse luego de cometerse el error, sino antes, para preverlo de modo que el voluntarismo y la improvisación sean proscritos de una vez y para todos los tiempos. Por otra parte, el control, el casi todopoderoso control que algunos encarecen,  no es capaz de superar por sí mismo las deficiencias; sólo está apto para mantener lo existente. ¿La práctica acaso ha confirmado que al controlar con rigor la entrada y la salida del trabajo –que hay que controlarla, desde luego- habrá un aumento automático de la productividad? Del mismo modo, la consigna -otro método ya saturado- no promueve, como con pases de magia, las condiciones básicas para que el trabajador tenga plena autoconciencia de su labor… 

La vida demanda respuestas correctivas o creativas todos los días. Verdad de Perogrullo que a veces queda tirada en la cuneta, como si a nosotros no nos tocara percatarnos de cuánto no hacemos correctamente. Para responder tendremos que " filosofar", enjuiciar la práctica como el médico al paciente, porque entre nosotros han campeado ideas carentes de reflexión crítica y de confirmación práctica.

(Publicado en Juventud Rebelde)

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?

Por Carlos Alzugaray Treto

 Obama en Miami

Tomado de Rebelión

Entre los días 8 y 10 de noviembre el tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos fue nuevamente objeto de manipulación por varios medios de prensa. El motivo fue una visita del Presidente Barack Obama a la ciudad de Miami que tuvo lugar en la tarde del viernes 8 denoviembre con fines de recaudación de fondos para las próximas campañas electorales para Senadores en Estados Unidos. Según la bitácora de actividades del Primer Mandatario que se puede encontraren el sitio web de la Casa Blanca, Obama llegó a Miami a las 3:45 pm para desarrollar las siguientes actividades: visita a un evento del Comité Nacional de Partido Demócrata a las 4:25 pm cerrado a la prensa; y breves intervenciones en dos funciones públicas de recaudación de fondos a las 6:20 y 7:45 en residencias privadas que sí estarían abiertas a la prensa. Como se ve una visita breve, focalizada en temas de política doméstica.

En condiciones normales, estas visitas no tendrían mayor trascendencia. De hecho el Presidente Obama llegó a Miami procedente de Nueva Orleans, donde había estado con semejantes propósitos y en esa ciudad no se generaron muchas noticias. No sucedería así con el periplo miamense. El propio día 8 la agencia EFE rompió el hielo con el siguiente titular: “Obama se reúne en Miami con disidentes cubanos Fariñas y Soler”. Sin embargo, poco tiempo después, el boletín electrónico especializado The Hill , una fuente imprescindible para seguir los principales acontecimientos políticos estadounidenses, se refirió a la misma actividad en un artículo de Justin Sink con el
siguiente titular: “Obama: E.U. debería ser ‘creativo y reflexivo’ en su política hacia Cuba”.

EFE ponía énfasis en el llamado “encuentro” e insinuaba que fue una larga entrevista, citando al anfitrión, Jorge Más Santos, Presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, quien, según la agencia, “manifestó que la reunión de los disidentes cubanos con Obama es ‘una gran señal de apoyo de la Casa Blanca’ a la oposición”.

The Hill, por su parte, reportaba que el Presidente había dicho que seguirá “actualizando” su política hacia Cuba y que se observaban cambios en la Isla. Como antecedentes de esa actualización se refirió a la flexibilización de los viajes a la Isla y al realizado por los cantantes Beyonce y Jay Z a La Habana con las nuevas licencias, tan criticado por sectores de la derecha cubano-americana de Miami. También informaba que las palabras de Obama tuvieron lugar en una función de recaudación de fondos (la tercera del día en Miami) en presencia de los Senadores demócratas Bill Nelson (Florida) y Michael Bennett (Colorado). No mencionaba ni a Berta Soler ni a Guillermo Fariñas, era como si no hubieran asistido.

Estos sólo fueron los cables iniciales. Al día siguiente hubo disímiles reacciones de los medios de prensa. Algunos destacaron en sus titulares fundamentalmente la noticia de la presencia de Fariñas y Soler en el evento, como lo hicieron El País (Obama se reúne en Miami con la disidencia interna de Cuba) y El Nuevo Herald (Primer Encuentro del Presidente con Opositores Cubanos: Obama se reúne en Miami con
Guillermo Fariñas y Berta Soler). Ninguno de los dos reportajes, firmados por Mayé Primera y Juan O. Tamayo respectivamente, hizo referencia directa alguna al discurso público del Presidente, citando solo a Más Santos, Soler y Fariñas. Ambos periodistas dan la impresión de que lo único que hizo Obama en la casa de Santos fue reunirse con estos y darles su apoyo.

El periódico La Opinión de Los Ángeles no sólo se hizo eco de esta versión de la noticia (Obama se reúne con disidentes cubanos en Miami) sino que le añadió un amplio reportaje de reacciones de los principales personeros del llamado “exilio”, reforzando con ello la idea de que había sido un encuentro histórico y que significaba que la Administración apoyaba a la “disidencia cubana”, como si eso fuera “un palo periodístico”. Solo al final del largo reportaje se refirió a que Obama estaba en Miami para recaudar fondos añadiendo: “A lo largo de su estadía en Miami, Obama ha manifestado la necesidad de que el Gobierno de Estados Unidos actualice sus políticas en relación a Cuba y señaló que no tiene sentido que las medidas puestas en marcha hace más de 50 años sigan siendo efectivas en la era de internet.”

Sin embargo, un buen número de medios consideraron que lo más importante eran los pronunciamientos del Presidente sobre Cuba en la reunión de marras en el que se refirió a la necesidad de actualizar la política hacia la Isla de manera “creativa y reflexiva.” Entre estos estuvieron ABC de España (Obama cree que EE.UU. debe revisar su política hacia Cuba); El Diario del Sur también de España (Obama empieza a ver ‘cambios’ en Cuba); Univisión de Estados Unidos (Obama afirma que EEUU debe revisar su política hacia Cuba); Progreso Semanal de Estados Unidos (Obama: Estados Unidos debe actualizar sus políticas hacia Cuba); y Associated Press de Estados Unidos (Obama: EU debe continuar actualizando sus políticas hacia Cuba). Aunque algunos de estos medios se refirieron a la presencia de Soler y Fariñas, obviamente esa no era la noticia.

¿Cómo interpretar todo esto? Lo que sucedió en realidad es que Jorge Más Santos organizó en su casa una cena de recaudación de fondos que duró entre 40 minutos y una hora, en la cual habló el Presidente. El discurso de Obama, que fue dado a conocer por el Federal News Service al día siguiente, deja claro varias cosas.

Lo primero, evidentemente, es que el Presidente no fue a Miami a reunirse con Soler y Fariñas, como El Nuevo Herald, El País y La Opinión, quieren hacer ver. Fue a recaudar fondos para el Comité Demócrata de Recaudación de fondos para campañas senatoriales, que encabeza el Senador Michael Bennett (Colorado). A esas actividades
asistió naturalmente el demócrata Bill Nelson de la Florida pues el otro senador de ese estado es el republicano Marco Rubio. Ambos, Bennett y Nelson fueron mencionados en el discurso por nombre y alabada su trayectoria. A los llamados “disidentes” los mencionó genéricamente.

Lo segundo, ¿por qué fueron invitados estos cubanos que se mueven entre La Habana y Miami con tanta facilidad pero que evidentemente no son fuertes donantes? Por una sencilla razón, fueron el anzuelo o señuelo que la Casa Blanca y Más Santos quisieron utilizar para atraer a algunos donantes más difíciles de convencer para que abrieran sus billeteras. Esta es la vieja táctica comercial de “bait and switch”, atraer al cliente con un producto llamativo y de bajo costo para después venderle otra cosa. Fueron pues dos invitados de piedra o “tontos útiles” según uno prefiera llamarles. Demostraron una vez más que son instrumentos de los círculos políticos norteamericanos que los usan para lo que les conviene.

Téngase en cuenta que en estas funciones, a las que el Presidente no puede dedicarle mucho más de 40 minutos o una hora de su apretada agenda, los comensales que pagan miles de dólares por asistir, tienen que compartir el tiempo entre ellos. Generalmente, los ayudantes del presidente se aseguran que los que más donan sean los que agarren quizás uno o dos minutos más con el presidente. El encuentro real dura segundos, lo que permite decir “Buenas tardes”, “Es un placer conocerlo”, “Sí, como no, me acuerdo de usted”, y “Gracias por llamarme la atención de ese problema¨.

Tercero, el discurso de Obama estuvo dedicado fundamentalmente a cuestiones domésticas: energía y necesidad de trabajar con el congreso para aprobar programas. Quizás le haya dedicado a Cuba un 25% del tiempo.

Téngase en cuenta que el contexto de Miami no es propicio para separarse del concebido guión de más mano dura y nada de concesiones o negociaciones. Incluso, hubo una época en que cuando los candidatos presidenciales iban a esa ciudad y hablaban de Cuba, cierta claque enardecida, partidaria precisamente del padre de Jorge Más Santos, el tristemente célebre Jorge Más Canosa, gritaba: “¡Guerra! ¡Guerra!”. Pero esos tiempos ya han pasado.

Pero veamos que dijo Obama, que la mayoría de los medios consideraron más noticia que el “no encuentro”:

“Hemos comenzado a ver cambios en la Isla”. Es cierto que lo dijo de una manera en que se insinuaba que era resultados de sus políticas pero vale recordar que no hace un año le dijo a una televisora hispana que no veía cambios. Así que se puede anotar como un hecho positivo.

“Y tenemos que ser creativos. Y tenemos que ser juiciosos. Y tenemos que continuar actualizando nuestras políticas.” Lo justificó argumentando que cuando Fidel Castro llegó al poder él acababa de nacer y que no se podía esperar que las mismas políticas funcionaran en la época de Internet y Google. No obstante, afirmó que el objetivo es el mismo, o sea, el cambio de régimen. Esto, por supuesto, no hace más que generar desconfianza entre la mayoría de los cubanos que no queremos injerencias foráneas en nuestros asuntos internos, como es natural. Aún teniendo en cuenta esto último es un cambio hablar de creatividad, medidas juiciosas y de seguir actualizando la política.

 Muchos despachos noticiosos asociaron varias frases del presidente en torno a la polarización existente en Washington como un obstáculo a la actualización de la política hacia Cuba, pero del texto del discurso eso no está claro. Parece referirse más a otras medidas. Aunque es cierto que las leyes Torricelli y Helms Burton aprobadas por el Congreso en 1992 y 1996 limitan la “creatividad” de su Administración. Así que si el Presidente lo que tenía en mente era conminar al Congreso a que lo apoye en la actualización de la política hacia Cuba, bienvenida esa iniciativa.

Dándole el beneficio de la duda, hay un giro de discurso novedoso con Cuba que permite avizorar que el Presidente está considerando otras medidas más positivas. Sus declaraciones contradicen dos importantes aspectos que son sustentados por lo más recalcitrante del lobby cubano-americano, en el cual se incluyen los Representantes Ileana Ross Lehtinen y Lincoln Díaz Balart, pero también los Senadores Marco Rubio y Bob Menéndez (este último de su propio partido), que en Cuba no hay cambios y que no hay que aflojar la política de mano dura. La política de Obama de flexibilizar los viajes de norteamericanos a Cuba es objeto de particular desdén y crítica. Este grupo tampoco está interesado en una política “creativa” y “juiciosa”. Para ellos, la política hay que mantenerla tal y cómo está y, si es posible, darle marcha atrás a algunas de las iniciativas de Obama.

Ya que el Presidente habla de cambios y creatividad, y confiando en que fue sincero, me permito hacerle desde la Habana las siguientes sugerencias:

Elimine a Cuba de la lista de estados promotores del terrorismo; después de todo es en La Habana donde el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han negociado y alcanzado acuerdos de paz muy significativos. El poco creíble argumento de que Cuba está en la lista por sus relaciones con la FARC se caerá cual mustia hoja de parra.

Acceda a la demanda unánime de América Latina y el Caribe de que se invite a la próxima Cumbre de las América de Panamá en el 2015 al mandatario cubano Raúl Castro, hoy Presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericano y Caribeños (CELAC). No se puede pensar en nada más juicioso que reconocer una realidad: Cuba forma parte de América Latina y el Caribe y es uno de los actores más
reconocidos en la diplomacia continental por parte de los demás países de la región.

Como resultado de estas dos medidas que fomentarán la confianza mutua entre ambas partes, acepte la propuesta cubana de iniciar conversaciones para la firma de un acuerdo bilateral de lucha contra el terrorismo. En ese marco, explore la posibilidad de que ambas partes encuentren una solución mutuamente aceptable de carácter humanitario para que los ciudadanos de ambos países que actualmente
cumplen condenas en el otro por realizar actividades al servicio de los dos gobiernos sean liberados y puedan regresar a sus respectivos países para reunirse con sus familias. Me refiero por supuesto a los cuatro agentes anti terroristas cubanos que todavía se encuentran en establecimientos penitenciarios estadounidenses y al contratista de su  país que se encuentra bajo custodia cubana.

 Si tanto resultado han dado sus políticas de flexibilización de viajes, continúe ampliándolas. Otorgue licencias más abarcadoras como le han sugerido varios grupos de lobby contrarios al bloqueo, incluso el cubano-americano Cuba Study Group .

Finalmente, trate de que sus principales asesores o Usted se reúnan con la mayor variedad de cubanos posibles, no sólo con sus preferidos. Estos preferidos le dicen a los funcionarios norteamericanos lo que quieren oír pues no les interesa lo que se
piense de ellos en Cuba. Fíjese si eso es así, que uno de ellos, Fariñas, se retrató con Luis Posada Carriles, el Bin Laden latinoamericano, el mayor terrorista asesino de cubanos inocentes; y la otra, Soler, afirma que la Cuba de Batista, durante la cual se
torturó y asesinó a mansalva, “era una joyita”.

Puede haber muchos, pero sugiero cuatro candidatos que no son funcionarios gubernamentales propiamente dichos, son reconocidos por sus contrapartes en Estados Unidos, y tienen fundado prestigio dentro y fuera de Cuba. El Presidente de Estados Unidos que en el 2008 argumentó que había que hablar con todo el mundo, se beneficiaría de hablar con estas personas, pues todas son promotoras del cambio: Mariela Castro, que tanto ha contribuido a cambiar la perspectiva de los cubanos sobre las comunidades LGBT; Miguel Barnet, escritor y antropólogo cuya Biografía de un Cimarrón , traducida al inglés y a otros idiomas, narra la historia de un esclavo fugado de sus amos en el siglo XIX; Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad de la Habana, reconocido mundialmente como uno de los mayores expertos en la restauración de monumentos arquitectónicos; y Rafael Hernández, editor de la revista Temas, una de las publicaciones más abiertas y diversas de Cuba. Por cierto, asegúrese que sus funcionarios le den la visa a este último pues se la han negado tres veces a pesar de que entre el 2010 y el 2011 impartió cursos sobre Cuba las Universidad de Texas, Harvard y Columbia y es coautor de varios libros de colaboración entre académicos cubanos y norteamericanos.

Con estas cinco iniciativas, el Presidente demostrará si es verdad que va a enfocar la política hacia Cuba con “creatividad” y “juicio” y, lo que es más importante, comenzará a despejar los velos de desconfianza que separan a ambos países.


La era post exilio

La era post exilio
     Por Lorenzo Gonzalo
“No negocie con el gobierno castrista si no estamos nosotros presentes”. Este fue el mensaje de un tal Guillermo Fariñas, quien se define a sí mismo como opositor del gobierno cubano, al presidente Barack Obama.
 
Cuando yo era muchacho, estudiante de bachillerato, agitador callejero que protestaba contra la dictadura de Batista, nunca se me hubiera ocurrido decirle a Ike Eisenhower, presidente estadounidense en ese entonces, que no negociara con el Dictador si no nos incluía a nosotros en el pastel del mando.
 
En realidad los problemas de los países deben resolverse entre los ciudadanos que allí viven, excepto que nos encontremos en presencia de un gobierno que masacra a las personas en la calle, allana sin razón las moradas asesinando a sus ocupantes e impone normas basadas en la exclusión sistemática de los ciudadanos respecto a los asuntos públicos.
 
En casos como esos la comunidad internacional tiene obligaciones éticas, morales y pragmáticas para impedir cualquier tipo de exterminio masivo a manos de un grupo de Poder.
 
Cuba en realidad no tiene parecido con el cuadro que acabamos de describir. Por eso nos repugna escuchar solicitudes semejantes provenientes de personas que suponen luchar por el bienestar de su país y no por el mezquino deseo de derrocar un gobierno para sustituirlo en funciones. Las palabras de Fariñas parecen buscar el apoyo del poderoso, más como una fácil manera de llegar al Poder que por la comprensible actitud de pedir reconocimiento a su lucha.
 
Fariñas se parece a aquellos que entre los años 1960 a 1965 querían derrocar al gobierno revolucionario de entonces, pero abandonaron la Isla sin disparar un tiro ni participar en protesta alguna y desde el exterior le pidieron al gobierno estadounidense que enviara los marines para hacer el trabajo sucio, mientras ellos se preparaban para el regreso.
 
Más ponderada fueron las palabras de Berta Soler, otra persona que se define de igual modo y quien dijo: “La libertad de Cuba depende de nosotros los cubanos, no depende de ningún Gobierno. Pero sí debemos y queremos contar con el apoyo moral y espiritual* de los Gobiernos”.
 
La señora Soler, quien claramente carece de una buena escolaridad, lo cual se nota en su falta de dicción y en la pobre sintaxis de sus pronunciamientos,  es sin dudas menos irrespetuosa que Fariñas respecto a su cubanía.
 
Traemos a colación el tema, porque aunque ambos vieron por breves minutos al presidente Obama en Miami en casa de Jorge Más Santos, el acontecimiento fue realmente más cuento que realidad.
 
Más Santos es hijo de quien fuera en una época el Niño de Oro de las Administraciones estadounidenses en sus enfermizos planes por derrocar al gobierno cubano.
 
La Fundación Nacional Cubanoamericana, fue fundada por su padre y sirvió para disfrazar el matiz terrorista e insurreccional, que hasta ese momento habían tenido las organizaciones que, desde el exterior, pretendían derrotar el gobierno revolucionario de La Habana.
 
En realidad el disfraz duró poco. En la década del noventa, a uno de sus ejecutivos le fue incautado un fusil calibre 50, en un yate que se dirigía a Isla Margarita con el propósito de derribar el avión en el que viajaría el Presidente cubano Fidel Castro a una reunión que se celebraba en aquel balneario venezolano.
 
En esa misma década varias bombas fueron colocadas en hoteles de La Habana. Los terroristas fueron apresados y según sus declaraciones se supo que el también terrorista internacional Luis Posada Carriles, protegido de Washington hasta los días de hoy, había planeado y dirigido el tenebroso plan que ocasionó la muerte de un joven turista italiano. El terrorista Carriles también dirigió el derribo de un avión de pasajeros en el año 1976, al cual le colocaron una bomba en pleno vuelo. Su vida ha sido un rosario de crímenes y un ejemplo de la doble moral de los gobiernos estadounidenses.
 
Luego de ser descubierto como el responsable de aquellas bombas, Posada admitió en una entrevista con la periodista Anne Louise Bardach que el financiamiento de sus operaciones provenía de la Fundación Nacional Cubano Americana.
 
El señor Más Santos convocó, en su residencia de Pinecrest, en el Condado Miami Dade, a una serie de donantes para recaudar dinero para el Partido Demócrata, aprovechando la visita a Miami del presidente Barack Obama.
 
En una jugada que conviene al empresario y también al presidente Obama, propuso que el tal Fariñas y la señora Soler estuviesen presentes y así facilitar un breve encuentro de estas personas con el presidente.
 
Con semejante gesto Más Santos ha calmado los ánimos de la señora Soler, quien criticó fuertemente a la Fundación cuando ésta denunció que ciertos grupos que reciben dinero de Estados Unidos, supuestamente para derrocar al gobierno cubano, estaban cometiendo fraudes. La auditoria demostró la veracidad del la acusación. Esa denuncia afectó en su momento los ingresos de la señora Soler, quien vive de ese financiamiento del Departamento de Estado.
 
Al propio tiempo, con este gesto le concedió importancia a Guillermo Fariñas, quien se hizo de un nombre inventando huelgas de hambre, algunas de las cuales duraron meses y fueron de tal modo exageradas que lo convirtieron en una especie de fakir cubano.
 
Pero el principal y verdadero objetivo de la reunión fue asegurarse el reconocimiento del Partido Demócrata, con miras a tener influencias en la Casa Blanca ante el posible triunfo de éste Partido en las elecciones del año 2016.
 
Al darle reconocimiento a personas dentro de la Isla, Más Santos se acerca a la comunidad cubana que compone el verdadero Miami de hoy, la cual tiene por norma sostener vínculos con su país, viajar con asiduidad a la Isla y mantener distancia con quienes de una forma u otra, realizan actividades dirigidas al derrocamiento ilícito del gobierno cubano. Estas personas, en un alto porcentaje votan en las elecciones. Acercándose a ellos el señor Santos recupera para sus negocios, la influencia perdida, tras la muerte de su padre, dentro de los medios políticos locales. La actitud crítica de esa nueva comunidad cubana, cuyo nacimiento ha venido conformándose en los últimos treinta años, hacia los viejos políticos de origen cubano, permitirá el surgimiento de nuevos representantes locales, que obviamente serán controlados por capitales como el del señor Más Santos.
 
No debemos olvidar tampoco que la familia Más Canosa no vaciló en establecer vínculos comerciales con China, con lo cual no es de dudar que exista un propósito oculto de invertir eventualmente en Cuba, ante la perspectiva de los cambios que vienen realizándose en la Isla.
 
Obama es un buen aliado para el señor Más Santos quien por razones generacionales”, confronta realidades diferentes a las de su padre y reacciona consecuentemente para el bien de sus negocios y en aras de fortalecer la influencia política de su familia y amigos.
 
Por su parte el señor Santos es un buen aliado para Obama por cuanto aquel representa nuevos votos para el Partido Demócrata y una ayuda eficaz para desplazar a los antiguos intereses republicanos del sur de La Florida.
 
Curiosamente estamos presenciando que, al mismo tiempo que en Cuba se reafirma el legado de Fidel Castro, definido por sus objetivos y no por los accidentes coyunturales de la historia, Miami se aproxima a pasos agigantados a la era Post Exilio, cuya leyenda y entramados resultan ajenos a la generación de Más Santos y a los nuevos integrantes de la comunidad cubana de Miami.
 
Todo indica que las realidades pueden más que la leyenda. Con esto no estamos aprobando o desaprobando, sino plasmando la visión de una realidad que difícilmente puede ser negada.
 
Miami, 12 de noviembre del 2013
 
*Nota del Editor: La palabra espiritual es una traslación semántica del término "material". Porque hasta ahora ese apoyo  espiritual por parte de la Casa Blanca sólo se ha traducido en dinero constante y sonante. Claro, necesariamente hay un vínculo entre espíritu y materia, espíritu y dinero. ¿Acaso no podremos decir que a "bolsillo lleno, corazón contento"?

¿QUIÉN ES EL ÚLTIMO?

¿QUIÉN ES EL ÚLTIMO?

Luis Sexto

Lo advierto: se me dificultará  llegar a la semilla en este tema. Antes recordemos que aún sigue vigente la división platónica de la opinión en dos términos: la vulgar y la sabia, doxa y epísteme. La primera califica, por ejemplo, de tardía la reciente ley migratoria y no explica porqué ha sido tardía, ni por cuáles razones resultan insuficientes leyes dirigidas a ampliar espacios de más libertad, democracia y oportunidades de bienestar. Campantemente, la opinión común y absoluta les asigna un marbete: tardías, o insuficientes.

Para juzgar el presente o el pasado inmediato con ánimo constructivo, y para usar los calificativos con propiedad,  necesitamos, por consiguiente, repasar las correlación entre lo interno y lo externo, y precisar la voluntad política y el consenso, y determinar la relación entre  la acción conveniente, el diagnóstico de la economía y el papel de la política hostil de los Estados Unidos -que ciertas opiniones ya soslayan- en las decisiones del gobierno cubano. Veamos: ¿hubiera sido posible aprobar una ley migratoria como la actual en 1980? Es decir, no me he propuesto afirmar que los adjetivos tardíos e insuficientes sean falsos; por momentos pueden ser verdaderos, si se demuestra su verdad.

Sólo procuro hacer recordar que los calificativos en solitario, sin un análisis de la época donde los actos adjetivados se deciden, carecen de hondura y razón. No argumentan, y exhiben el facilismo como marca de agua oscura. Son más bien palabras claves de la propaganda, cubos de agua fría para condensar la desmovilización social, o expresión de actitudes ambivalentes, quizás un quedar bien con estos y con aquellos.

Y ciertamente, cuantos queremos participar en la reedificación de nuestra sociedad sobre un tablado apto para el socialismo,  debemos entrenar el ejercicio de la crítica. Sean el ciudadano común, el académico o el funcionario. La crítica, que no equivale a calimbar de buena o mala una política, ni embanderar de excelsitud resultados mediocres, ha de operar como una mirada en perspectiva y en retrospectiva, juzgando la realidad con sus neblinas y los condicionamientos del clima social.

Girando la vista hacia otro ángulo, habrá que renunciar a creer que repitiendo una consigna todo se explica o se resuelve. Qué otro socialismo podríamos levantar que no sea próspero y sustentable, con las limitaciones que su concreción exige. Porque no sería  apropiado correr sobre carrileras sin ponerles las traviesas, o hacer refulgir proyectos idealistas en un planeta definido por un capitalismo en bélica expansión. Al repetirlas sin que la mano y la cabeza las conviertan en idea y obra efectivas, las consignas se diluyen y  quedan como esos adjetivos con que exhibimos nuestra presunta independencia de criterio.

Algunos olvidan que no hay términos medios para Cuba. Unos y otros  estamos con la patria, aunque la patria necesita que las palabras y las acciones carezcan de doblez y sobresalgan por ir a las raíces de problemas y soluciones. Y reclama la patria  que no obviemos que la independencia no es moneda de cambio, ni rehén de intereses, y que la justicia social no consiste en promesas sino en obra palpable instalada sobre cimientos políticos y económicos.  

La historia de nuestra nación nunca podrá ajustarse al destino de componer  un cántaro que  pueda romperse en cualquier fuente. En cambio, los fundadores, lo que señalaron las articulaciones esenciales de Cuba desde Aponte hacia delante,  nos exigen definir la historia como el cordón umbilical que impida que la sociedad cubana se fragmente.

Quizás sea variable la percepción de cada uno de nosotros con respecto a las circunstancias en que habitamos. Unas medidas serán tardías para unos; a otros les parecerán correctas, y aquellos las clasificarán como no completamente suficientes. Sin embargo, para no caer en la desilusión o en una negatividad sistemática, urgimos de una actitud honrada, inmune ante una adjetivación que marque indecorosamente los postes de las ambiciones oportunistas.

Y este comentarista qué posición elige. No es confesión nueva: me niego a matricular en esa asignatura llamada defectología y que entrega el diploma para  endilgar  adjetivos rebajadores a cuanto  decidan y concreten en Cuba las fuerzas revolucionarias. Renuncio a ubicarme en una posición equidistante entre la herencia de la revolución y sus enemigos.

Para mí, la ecuación resulta simple: aspiro a quedar bien con cuanto pienso y con aquellos que estimo mi deber ciudadano y mi compromiso con la historia y con mi origen de pueblo y de clase. Y a la hora de expresar mi opinión,  he de matizarla. Porque si todo para mí es malo, o todo es bueno, o es bueno y malo sin decantar estos extremos, posiblemente termine sin saber a dónde voy ni de dónde vengo. Por ello ya he pedido el último en la cola para inscribir mi nombre en un curso de crítica y de historia. Porque sólo con adjetivos descontextualizados no se hace crítica, ni se respeta la historia. Tal vez se logre un poco de espuma en las palabras.

ORIGINALES Y NO COPIAS

Luis Sexto

Comentario difundido por Radio Progreso el 29 de junio próximo pasado en la sección Puntos sobre las íes, a las 7: 30 a m.

Día  a día, en este o aquel  periódico, y en la radio y la televisión, en reuniones y discursos se exhorta al cambio de mentalidad. Es decir, se exhorta al cambio de una mentalidad cuyo rasgo más evidente consiste en construir la vida social y económica mediante fórmulas caducas, completamente inútiles en los tiempos actuales. Esa vieja mentalidad  sigue creyendo  que gobernar o administrar equivale  a ordenar y mandar, o que la mejor manera de vincularse con el pueblo es desde una oficina inaccesible. Esta vieja mentalidad entorpece regularmente el desarrollo de las fuerzas productivas y, por supuesto, distorsiona la aplicación de alguno de los decretos leyes que han abierto  espacios en nuestra economía.

Recientemente, el periódico Granma denunciaba que, en cierto lugar de la región central del país, se mantenían almacenados numerosos motores diesel para  riego de áreas menores. Los productores agrícolas los reclamaban, pero  no se vendían  porque aún, después de seis meses, no se había efectuado la conversión de  precios. Conocido el hecho, ¿podremos esperar que el decreto ley 300, que ha entregado gratuitamente más de un millón de hectáreas ociosas, pueda estimular el trabajo de los usufructuarios de tierras?

Uno puede preguntar para qué sirve un organismo que establezca u adecue  precios, si la demora para hacerlo perjudica al país. Esa es una demora burocrática, un pasar la bola a esta oficina y de ahí saltar a la que está al  lado. En tanto, el tiempo pasa, se produce menos, y la vieja mentalidad continúa viviendo feliz, contenta porque todo está bajo control. Es decir, los equipos siguen en el almacén. 

Parece un chiste. Pero, dicho objetivamente, es muy doloroso que nuestro pueblo haya conservado la esperanza de encontrar las fórmulas que le ayuden a construir un socialismo próspero y, sin embargo, ciertas entidades, a pesar de una aparente desburocratización, continúan detenidas en el tiempo. Como si desafiaran la estrategia hacia la eficiencia y la efectividad de la actualización del modelo económico cubano.

Es más común de lo que uno desea que en ciertos centros de servicios u oficinas de atención al público, ante la desidia, la demora, los trámites excesivos,  algunos pregunten dónde esta el director, dónde está el jefe.  Y el director o el jefe están… están quizás donde no deben estar. El viejo refrán de que el ojo del amo engorda el caballo  debe de ser aplicado  en nuestra sociedad. El director, el jefe, ahí,  ahí presente donde sus ojos controlen el mal servicio, la mala respuesta, la demora, la repetición de trámites.

Concluyendo, no estimo excesivo hacer recordar que para recibir autoridad hay que estar apto intelectual y moralmente, cultural y técnicamente.   El sentido de la responsabilidad es una de las fuerzas morales con las cuales  se puede ejercer efectivamente el poder que hayamos recibido para servir. Sólo para servir.  Según mi  criterio, ya va siendo hora de que el rigor se encargue  habitualmente de seleccionar  a quienes  sean capaces de sentir el peso que sostienen cuando asumen cargos  de dirección. Nuestro país necesita luces y no sombras; originales y no copias.

ÁRBITROS Y JUGADORES

ÁRBITROS Y JUGADORES

Luis Sexto

Un cubano emigrado que observa a su patria desde una mirada cordial –actitud más que posible, cierta-, me preguntó hace poco: ¿Por qué aceptar tantos riesgos? Riesgos –decía él- de perder los principios fundacionales de la Revolución, como la independencia y  la igualdad sin las cuales la libertad es tan solo un espejismo mediático en periódicos y televisoras de apropiación privada y millonaria.

El riesgo, como usted sabe –le respondí- es condición de la existencia humana. Por tanto, si salir a la calle es peligroso por la probabilidad de que un conductor irresponsable te aplaste, quedarse sentado nos amenaza con  cualquier matadura cardiaca o metabólica. La misma disyuntiva experimentan los procesos sociales: hacer o no hacer. Y si quienes los protagonizan eligen lo último, afrontan el peligro de perecer en el retraso y la desesperanza. Todo cuanto tiene vida ha de andar hacia delante cumpliendo el sino de perseverar en su ser mediante la adaptación a las circunstancias.

Esa fue mi respuesta, sin invocar autores y libros. Simplemente, medió en la conversación la experiencia que viene en auxilio del desconocimiento. Pero –aclaré- no juzgues a personas y procesos por los riesgos que encaran, sino por la habilidad con que los esquivan, los anulan, los dominan. Por otra lado, desde diversas ópticas, buenas o malas intenciones enracen las pantallas de Internet, agitando los flecos del “miedo al capitalismo” o de “la traición al socialismo”. Porque, en fin, a quiénes están algunos ayudando con tanta alarma en momentos tan cruciales. ¿Acaso más que iluminar, no dispersan dudas y confusión en la bandeja de la unidad nacional? Y no me opongo al debate, sino al que se ejercita irresponsablemente. Tampoco reniego de la teoría, aunque si es concebida desde el teoricismo, puede derivar hacia el dogmátismo. Lo mismo podríamos apuntar del practicismo. O de consignas que se resuelven en infinitivos –una forma verbal que se emparienta con el modo imperativo-, y se pierden en el éter, como una señal falsa de que todo se ha comprendido.

Y ese, a mi parecer, es el riesgo mayor de Cuba hoy: que no comprendamos la estrategia para minimizar riesgos y acrecentar la vida del país. Y como secuela, siga vigente la percepción caduca, ese creer que todo puede responder al deseo o la voluntad o que las cosas deciden cambiar para permanecer iguales.

La estrategia evidencia que la economía cubana intenta partir hacia su renovación desde lo pequeño, lo particular. Y es exacto: la loma se empieza a subir en la base de la falda. Por tanto, aunque parezca redundar, repetir, el riesgo se agacha en la mentalidad con que se aplica o controla –ah, palabra tan recurrente y tan equívoca a veces. Aplicar y controlar son infinitivos que pueden ser conjugados de diversa manera: con toda la boca abierta para que la claridad se imponga en el sonido, o mordiendo los labios de modo que el diente también desgarre lo que las palabras significan como propuesta o proyecto.

Sí, me doy cuenta de que el término control es muy débil; suele oscilar entre la liviandad y la desmesura. En ambos extremos segrega un ácido que borra o distorsiona. En el término medio, es decir, en posición de equilibrio,  se convierte en uno de los instrumentos para mantener el orden y trasmitir confianza, esperanza, certeza.

Ahora bien, el control ejercido por unos, necesita del control de otros. Y volvemos a lo que desde hace tiempo navega entre el agua pesada de la quimera: el control democrático para que el control no se vuelva burocrático. Y de esa relación surge la urgencia de la correspondencia entre  jugadores y árbitros. Y, como dice uno de mis amigos más agudos, si hay muchos árbitros, todos los batazos pueden ser “fao”, o todos los corredores quietos en base. Por el contrario, si faltan, el juego entonces podría derivar hacia un pitén de barrio… Es decir, la legalidad no ha de operar como un ídolo que algunos quieren engordar con el humo de multas y sanciones. Más bien, es el libro sagrado que medie entre la creatividad y su límite. Entre el conocimiento de las necesidades y los actos que las resuelven.