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PATRIA Y HUMANIDAD

¿ESTÁ PROSCRITO MAÑACH EN CUBA?

¿ESTÁ PROSCRITO MAÑACH EN CUBA?

Por Luis Sexto

A guisa de rectificación

Mi país tiene áreas de luces; también de sombras. Pero  a veces refulge como una luminaria solar y otras aparece como un agujero negro,  según sea la mirada: o excesivamente favorable o indiscriminadamente negativa. Y lo más inquietante es que cada mirada, aunque solo perciba  la oscuridad sin puntos luminosos,  tiene la fuerza de Argos con sus cien ojos. Se le toma como visión unánime, globalmente única.

Lo digo porque he leído en la Internet un artículo que cuenta la siguiente anécdota: En el aula Bartolomé de las Casas, regida por  los padres dominicos en la iglesia de San Juan de Letrán, el poeta Roberto Méndez dictó recientemente una conferencia en que abordaba, en comparación con Lezama Lima, a  Jorge Mañach, escritor y periodista cubano, nacido en l898 en Sagua la Grande, hoy en la provincia de Villa Clara, y fallecido en San Juan de Puerto Rico en 1961.  El autor del post cuenta que al salir, una señora “evidentemente culta y de buena presencia, vestida con una elegancia adecuada a su edad madura”abordó al grupo de amigos que esperaban un taxi, y sin presentaciones –tal vez ociosas entre nosotros los cubanos- dijo: “Vine a oír la conferencia porque en mis más de 40 años de vida no sabía quien era Jorge Mañach. Nunca ni en la escuela ni en la Universidad me plantearon alguna referencia sobre su persona, tampoco he leído nada al respecto de alguien que según el conferencista de hoy fue importante en nuestra historia cultural y política”

El autor del post relató el hecho para encarecer justamente el trabajo de los dominicos. Porque, al parecer, la señora había dicho una verdad incuestionable: Jorge Mañach, el reconocido biógrafo de José Martí, el autor de Indagación del choteo, el cronista de Estampas de San Cristóbal y otros libros, había sido olvidado o prohibido en Cuba…

La prueba de ese entierro intelectual, de ese borrón en la historia de Cuba –la literaria y la política-  del hondo ensayista y ejemplar estilista de la lengua, es solo  la confesión de la aludida señora. Nunca me hablaron de Mañach, dijo. Y basta para aceptar que desde 1960, año en que viajó a Puerto Rico, el silencio cerró con plomo el nombre de Jorge Mañach.

Quizás el articulista que sintetizó la historia, no le dijo, por no lastimarla, que si la mujer, con más de 40 años de edad, no sabía quién era Mañach, la única responsable era ella. ¿Porque en verdad usted lee, usted recorre las librerías, usted atiende las convocatorias a cursos y conferencias,  está al tanto del currículo académico de algunas carreras universitarias?

Hablo, ahora, desde mi experiencia. Jorge Mañach llegó a mi interés quizás  en 1962 o 1963. Tendría yo unos 17 ó 18 años. Y un sábado, luego del trabajo visité a La moderna poesía, y peregrinando de anaquel en anaquel hallé Pasado vigente, colección de artículos de Mañach, publicados en Diario de la Marina entre 1930 y 1933.  Yo no sabía quién era ese autor. Hojee el libro; leí unos párrafos, y desde entonces ese volumen, ya cristalizado y desencuadernado de tanto repasarlo sigue entre mis libros.

Es cierto, sin embargo, que una visión burocrática, dogmática, inflexible  de la cultura y de la política creyó justo expulsar hasta el recuerdo de cuantos habían emigrado, incluso hoy aún subsiste esa torpe enfoque excluyente. Cuba así perdió la obra de numerosos escritores, una obra que no pertenecía a los individuos que las concibieron y ejecutaron, sino a la cultura nacional. Pero si ello fue lamentablemente así, no podemos olvidar que desde hace más de 25 años no es así. Y con respecto a Mañach, el Instituto del Libro, en las décadas de los 1980 y 90, publicó Martí, el Apóstol, y Estampas de San Cristóbal,  y  Seis ensayos, en una selección de las más clarividentes páginas del autor de Filosofía del quijotismo. Y a fines de los 90, la tesis de grado de Duanel Díaz, en la universidad de La Habana, titulada Mañach y la república.

En lo que a mí respecta, hace años que en mi asignatura de la Facultad de Periodismo, aquí en la capital, establecí a Mañach como autor obligatorio, es decir, para aprobar la asignatura hay que leerlo y demostrarlo. Porque este modesto profesor estima que  para escribir bien un artículo en Cuba, hay que leer primeramente los textos de Mañach. También, para participar en el rescate y conservación de lo que Cuba no debe perder, publiqué en 2006, en la Editorial Pablo de la Torriente,  un librito titulado Mañach periodista,  con un ensayo introductorio y al final, con la mayor paginación del volumen,  un florilegio de artículos del fundador de la Universidad del aire. Y como respeto tanto la acción cultural de los dominicos en Cuba, y evalúo la biblioteca de San Juan de Letrán como una de las más nutridas y diversas en La Habana, yo mismo doné un ejemplar.

Si se ignoran estos hechos, pues, no se puede confesar que me han negado a Mañach sin sugerir que las sombras que usted ve en Cuba, al menos esas sombras, solo están, señora, en sus ojos.

SUÁREZ Y ROMERO, ANTECEDENTE DE LA CRÓNICA EN CUBA

SUÁREZ Y ROMERO,  ANTECEDENTE DE LA CRÓNICA EN CUBA

Breve ponencia presentada en el V Encuentro Nacional de Cronistas, Cienfuegos, 12 de noviembre de 2010

Por Luis Sexto

De la crónica habrá que hablar en plural. La medida de nuestro ejercicio, nos va sugiriendo caminos, estaciones, desvíos, y planteándonos la duda, que, como establecieron los escoláticos, es el asiento de la verdad. In dubium veritas,  decían en ese latín que he querido inútilmente dominar desde cuando su gramática y  sus florilegios de aprendizaje le prometían al adolescente seminarista un cofre de misterios y luces.  La duda, pues, nos obliga a revisar, volver a ver alguna definición con el ánimo de precisarla en sus aciertos o corregirla en sus excesos ante de adentrarnos en la esencia del tema propuesto.

Hablando en plural de la crónica he de repetir lo que de seguro repetí en el primer encuentro de cronistas, en 2006: no existe una crónica, sino existen crónicas. Con lo cual intenté definir que había diversos tipos de crónicas, según fueran distintas las intenciones de los cronistas. Por tanto, podemos mencionar las de remembranzas, de viaje, de corresponsal, de ambiente, de costumbres. Suelen ser distintas en lenguaje e intensidad, pero clasifican como crónicas porque las distingue el predominio, o cierto predominio, de la subjetividad que se resuelve en impresión o emoción. Los modernistas tomaron de los franceses ese enunciado amable, inspirado, que ronda lo ensayístico –la aproximación personal, intelectual, no académica, a una idea, un objeto, un personaje-, pero se vincula con lo poético.  Esta última,  de acuerdo con la práctica periodística en Cuba y la lectura de varios maestros actuales en América Latina,  es la que con más derecho –derecho generado por el uso, y también abuso- puede exigir el título de ser “la crónica”.

Ya de lleno en el tema que expresa el título,  podríamos decir que la crónica actual cuenta con antecedentes anteriores al surgimiento del modernismo.. Y para empezar hemos de preguntarnos qué  hay de Anselmo Suárez y Romero en nuestras crónicas, y también qué diferencia podríamos hallar entre alguna de las crónicas de Anselmo Suárez y Romero y la de los escritores de costumbres, también  llamados cronistas,  y a cuyos enunciados  los historiógrafos de la literatura llaman también crónicas.

Sin perjuicio de que ustedes encuentren la respuesta, voy a adelantar la mía. Lo primero que advierto es que, en efecto, el lector detecta una distanciamiento entre algunas crónicas de Suárez y Romero y los enunciados  de los costumbristas del XIX,  contemporáneos del autor de Francisco. Quizás sea por que la llamada crónica de costumbres en el siglo XIX se apega más a la definición primigenia de que crónica es la relación de sucesos actuales, como  los textos de los cronistas de Indias. Todavía en algún país de nuestra América, por ejemplo en Bolivia, crónica nombra a un enunciado periodístico que relata los hechos pormenorizada y cronológicamente. Por tanto, a mí parecer la crónica costumbrista –la pasiva o la activa, esto es la que se limita a describir o la que punza,  ridiculiza- viene siendo un artículo, una especie de género de opinión, de crítica mordaz en sus mejores momentos. Por esa razón, algunos  estudiosos se refieren con más propiedad a artículos y articulistas de costumbres. Si conviniéramos en llamarlo crónica aceptaríamos entonces que es crónica  en tanto  da cuenta de sucesos y personajes de la actualidad, como los cronistas de Indias, cronistas por eso mismo: por registrar la cronología y sus características.

Veamos un fragmento de  un autor contemporáneo de Suárez y Romero. Antonio Bachiller y Morales escribió en El Prisma, revista vigente en 1846 este texto titulado “El insolvente en La Habana, o el hombre macao”: La clase de insolventes se divide en varias especies que tienen su tipo especial cada una. Según la especie son diferentes, los que les distinguen: por lo general el insolvente es semejante a nuestro macao, no tiene casa, sino que se cuela en las conchas que ve vacías: digo esto porque en mi no corta práctica forense, he notado que son los seres que sufren menos frío que existen en el mundo. Quien vive al abrigo de su anciana madre; quien en la casa de su mujer; ¡oh! esto es rarísimo en el mundo y comunísimo en La Habana.

Apartando la tentación de comentar las coincidencias con el presente en Cuba, hagamos una comparación con este texto de Suárez y Romero, escrito tres años antes, en 1843: Cuando se acerca el crepúsculo, amigo mío, un peso enorme me agobia el corazón. Los árboles se van poco a poco obscureciendo, los pájaros se ocultan entre las ramas, se ven grandes trechos de sombra en la tierra, comienza a correr un airecillo suave, y las pencas de las palmas  a suspirar blandamente. (…) Oyendo el concierto de las hojas, viendo deslizarse las aguas, y conversando con el negro que cuida hoy una tranquera, y que cuando yo no había nacido, tumbaba, robusto  como un atleta, cedros y ácanas donde ahora se extienden verdes campos de caña, me estoy hasta que por todas partes se han esparcido las sombras de la noche. Todo este texto, titulado “El guardiero” es una estampa, una crónica sobre un personaje del ingenio, el viejo esclavo ya inservible que al menos sirve para cuidar las tranqueras, las entradas de la hacienda. Y si en el cuadro de Bachiller y Morales nos percatamos de que lo que predomina en el  periodista o escritor es la intención de definir objetivamente un tipo  social, de acuerdo con una clasificación sociológica, en Suárez y Romero se aprecia aun en el breve párrafo citado un acercamiento lírico, lírico sin énfasis, con naturalidad, casi conversacional a las cosas, las costumbres y a los personajes. “El guardiero”, pues, de acuerdo con la teoría de los géneros hoy más aceptada, es de los dos fragmentos el que más se identifica con nuestra crónica, ese enunciado subjetivo, emocional, en el que el autor saca impresiones de dentro de su sensibilidad, aunque describa el mundo circundante,  que figura como pretexto de la sensación lírica.

Veamos una manifestación lírica en otro escritor contemporáneo de Suárez y Romero. Apareció en Flores del siglo, en 1846. Juan Güel y Renté va a hablar de Cojímar, del significado  que para el autor tiene  ese arrinconado pueblo de pescadores en el litoral norte de La Habana. Citemos la entrada: Yo te saludo, deliciosa playa de Cojímar. Después de tantos años de ausencia llego a tus blancos arenales como el pájaro viajero regresa a su amado nido, cambiado su nítido plumaje. ¡Cuántos días felices he pasado en tu seno, ya recogiendo tus pintadas conchas, ya persiguiendo las bandas de cangrejos, o ya sentado sobre tu cayo negro, tendiendo la caña a los incautos peces. Yo he vuelto a ver con ternura y regocijo tus deliciosas orillas y los mismos lugares que siendo niño buscaba para mis juegos…

Algo no nos convence. Salvando los más de 150 años que nos separan de esa prosa y de cierto gusto entonces dominante, nos percatamos del esfuerzo retórico poético, como si el autor hubiera hecho sonar su afectividad en un caracol hueco desde donde todo sonido brota quebrado, ronco, falso. Echamos de mano el desgarramiento lírico: no hay interiorización; la impresión se ha enredado entre las arenas y las piedras.

En cambio, oigamos a Suárez y Romero: Hay una cosa en mi patria que nunca me canso de contemplar; no es la ceiba de hojas infinitas que se levanta en la llanura, ni la cañabrava que mece sus penachos con la brisa, ni los naranjos cargados de azahares, ni nuestro sol, ni nuestra luna, ni nuestro cielo tan azul y tan hermoso, ni el hirviente mar que ruje en nuestras playas; son los magníficos palmares que suspiran perennemente  en sus llanos y sus colinas. No hay árbol más bello que la palma; pero cuando la casualidad  ha reunido un grupo de miles de ellas en la cresta  de una loma o en un valle pintoresco y apartado, no hay pincel capaz  de pintarlas, no hay poeta que pueda cantarlas dignamente en su lira. (…) ¡Escuchando la música de sus pencas, un poco antes de expirar, la muerte no debe ser tan amarga!

Suárez y Romero escribió esta crónica en 1852.   Continúa  la aproximación lírica al paisaje sin énfasis retóricos. Podríamos admitir un gran talento en este escritor que, aunque es propietario de un ingenio con unos centenares de esclavos, es capaz de conmoverse y conmover con la imagen del guardiero, o escribir una novela como Francisco, con perfiles abolicionistas, de un abolicionismo quizás sentimental. Y no nos extrañemos. La vida social y el papel de individuo inserto en ella no pueden someterse a comportamientos rígidos. Las paradojas –lo sabemos- son ingredientes de la historia. Pero en términos de identidad, en este escritor y pedagogo, profesor del colegio El Salvador de Luz y Caballero, el paisaje y la gente de Cuba ganan un espectro más luminoso y por tanto es más auténtica la emotividad con que lo refleja y lo recrea. Uno nota, pues, el paso de lo criollo a lo cubano, que vemos incluso en el empleo de la palabra “casualidad”,  más conversacional, más cubana si así pudiéramos proponer, en lugar de  “azar”,  más propia de la retórica neoclásica todavía influyente.

Suárez y Romero se inserta en el romanticismo. Y los románticos en Cuba, poetas, prosistas, incluso pintores, adelantaron la ruta hacia una expresión nacional. Si los pintores románticos “descubrieron” el paisaje cubano, aunque no lograron apoderarse todavía de la luz, los poetas empezaron a utilizar los términos más criollos nacionalizando el verso; por ejemplo, Milanés, aunque  Silvestre de Balboa –y ello sirve para demostrar que la gestación de la cultura no es un proceso matemático- ya había introducido en el neoclásico y españolizado Espejo de paciencia, los nombres autóctonos de la flora y la fauna.  Por tanto, la interiorización del enunciado  convierte a Suárez y Romero, sin forzar excesivamente las distancias epocales, en un antecedente de la crónica moderna, y quizás modernista en Cuba. Y nos trasmite, por encima de las diferencias y las limitaciones, una definición: la crónica es el perfecto ajuste entre la emoción y su lenguaje. Si este falta, falta la crónica. En  Palmares, una sola línea, sin pretensiones exaltadas, incluso con una ejemplar desnudez estilística,  resume la desgarradura subjetiva que la autentifica: “Hay un cosa en mi patria que no me canso de contemplar.” Ahí, a renglón entero, pervive todavía el cronista.  Y nos conmueve su crónica.

EL EMIGRADO CUBANO, CAUTIVO DE SU NOSTALGIA

EL EMIGRADO CUBANO, CAUTIVO DE SU NOSTALGIA

Por Lorenzo Gonzalo

Para quienes desconocen la triste historia de la comunidad cubana emigrada y mucho menos la compleja dinámica del proceso revolucionario cubano, quizás no puedan entender el resultado de las últimas elecciones parciales ocurridas en la ciudad de Miami, en Estados Unidos.
Repetidamente hemos señalado el hecho de que los cubanos recién llegados en los primeros tres años del triunfo insurrecto en la Isla, fueron utilizados por los cuerpos de inteligencia estadounidenses para su beneficio y para materializar las políticas del Departamento de Estado de ese país. Dicho reclutamiento permitió desarrollar una guerra sucia contra las fuerzas latinoamericanas que buscaban zafarse de las dictaduras y de los procesos de alternancia política, capitalizados entonces por las oligarquías de la región.
Esa labor conformó un ejército informal de personas con similares procedencias y lengua, a la de aquellos del Sur de América y del Caribe, lo cual ayudaba a enmascarar la presencia de Washington en la región. En pocos años, estas personas adquirieron cierta relevancia social en la comunidad del Sur de La Florida a partir de los años 60. Como consecuencia, otros emigrados cubanos se identificaron con una causa que, esencialmente, era ajena a sus intereses. Estas personas habían emigrado por temor ante la radicalización del proceso, optada por el gobierno provisional revolucionario, como medida defensiva ante la
agresividad militar de Estados Unidos.
A partir de 1980 aquellas personas, enriquecidas y amparadas por la oficialidad de inteligencia a quienes habían servido, fueron transformadas en políticos estadounidenses. Desde entonces dedicaron su tiempo a hacer política en Estados Unidos y emplear sus puestos para socavar la política exterior respecto a Cuba, favoreciendo sus agresivas agendas. El juego convenía a la Administración de Reagan, quien fue el organizador intelectual de esas actividades. Las personas que con anterioridad se dedicaron a funciones insurgentes y que en su mayoría eran de carácter terrorista, recibieron entonces la protección política de los nuevos representantes estatales y federales.
El inicio de ese cambio estratégico en la agresión a Cuba, se originó con el Partido Republicano en la gobernación. Como resultado, la mayoría de los cubanos de origen se hicieron republicanos. El asunto no respondía tanto a razones ideológicas o a una identificación con la agenda contra Cuba, sino a la simpatía étnica que significaba ver a compatriotas en puestos de relevancia administrativa.En las mencionadas elecciones del 2 de Noviembre del 2010, ganó la fuerza más retrógrada de esa nación, la cual fue inteligentemente capitalizada por el Partido Republicano.
Uno de los electos, el señor Marco Rubio, simpatizante del Tea Party, jura que será fiel al Partido Republicano y no al movimiento de corte nacional fascista.En el camino veremos, porque el sentir general que llevó a Obama a la gobernación no tenía tanto un carácter social como un sentimiento nacional. No sería aventurado decir que el mismo espíritu que votó por Obama, acaba de votar por el movimiento nacional representado en el Tea Party, el cual tiene simpatizantes y militantes en los dos Partidos del Poder, el Demócrata y el
Republicano.
En cuanto al voto del Sur de la Florida que permitió en esa región la continuación en el Poder de personas fanáticas de origen cubano, tuvo una gran dosis de esa simpatía que generalmente despiertan en tierras extrañas, aquellos coterráneos que se destacan en cargos de importancia.El discurso de Marco Rubio, celebrando su triunfo como Senador, fue una oración sentimental, donde abundó la sensiblería y estuvo ausente su agenda ferozmente contraria a los intereses internacionales.
Con el triunfo de estas elecciones, ambos Partidos tradicionales serán arrastrados a mayores confrontaciones mundiales. El tipo de agenda nacional, representado en los integrantes de esa corriente estadounidense, con fuertes orígenes en el nacimiento de esa nación, culpará al exterior de sus males.
El 70% de los votantes de origen cubano, ejercieron su derecho al voto guiados por el sentimentalismo y la identificación, con quienes han detentado el poder durante los últimos treinta años, cuando la contrarrevolución cubana se transformó en una ganga de políticos estadounidenses.
El discurso sutil, con anuncios subliminales, levanta el sentimentalismo por la tierra abandonada, convirtiendo a los ciudadanos de ese origen, en votantes cautivos.Esta tendencia tiene posibilidades de cambiar, si continúa el intenso contacto comenzado hace un par de años, de los cubanos que visitan a su país. En contra de ese contacto van a trabajar los nuevo funcionarios electos, quienes saben el daño que esos contactos causan a sus agendas contra Cuba. Si el Ejecutivo resiste las presiones de quienes sostienen esta agenda antinmigrante dirigida contra los cubanos, y una oleada masiva de los llegados a partir de los años ochenta, se inscriben como votantes, pudiera torcerse esta tendencia en las próximas elecciones que tendrán lugar dentro de dos años.
Por lo pronto el daño está hecho. Las malas consecuencias que puedan ocasionar en la comunidad cubana emigrada, las actitudes antifamilia de los nuevos funcionarios electos, podría contribuir a las campañas dirigidas al rescate de la política local, en función de los verdaderos intereses de la localidad. La próximas elecciones pudieran ser decisivas para cambiar esta tendencia o para enmarcarla maléficamente en el sino de una emigración cautiva.
Es importante hacer un análisis serio, para saber si el voto a favor de este grupo fanático de origen cubano, fue resultado absoluto del sentimentalismo, un bajo porcentaje de cubanos inscritos para votar o la identificación con una agenda beligerante, que plantea la guerra total al gobierno cubano.
Es importante saber si votó la nostalgia, la apatía o la guerra.

NOVEDAD! LA ORTOGRAFÍA ESPAÑOLA CAMBIA

El alfabeto se renueva oficialmente con dos letras menos a finales de año y el cambio se incluirá en el nuevo texto básico de ortografía para adaptarse a los nuevos tiempos modernos y unificar el español como lengua universal de los hispanohablantes.
Así lo ha decidido en la ciudad riojana de San Millán de la Cogolla, la Comisión Interacadémica de la Asociación de Academias de la Lengua Española, encabezada por Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua.

En primera instancia se discutió la eliminación de las letras ch y ll de nuestro alfabeto para ajustarse más a las pautas del alfabeto internacional. Ya en 1999, el par de letras eran consideradas dígrafos (un grupo de dos letras que representan un solo sonido) y no letras independientes.
Otro de las nuevas normas de ortografía que se propusieron en la reunión fue la denominación de la letra y para decirle de ahora en adelante ye y no y griega. Entretanto, las s minúsculas para mencionar las siglas en plural también fueron desestimadas del uso corriente del idioma español, así que a no se van a decir más DVD’s, ONG’s, como lo habían propuesto el equipo redactor del nuevo texto.

 La b y v

La denominación de las letras b y v, también fueron un gran motivo de discusión durante la cumbre. Aquí en el país ibérico se les llama b alta y a la v baja o uv. En América hispanoparlante se le dice b alta y v baja ó b grande y v pequeña. En Venezuela, también se les conoce popularmente como b de burro y v de vaca. Los académicos quieren denominarlas de una misma manera, pero el uso arraigado mencionado anteriormente prohibió que les quitarán las denominaciones de un solo plumazo. Las palabras guión y truhán pierden la tilde.

 La nueva edición de la ortografía es un proyecto ambicioso que será ratificado en una sesión plenaria con la presencia de los veintidós miembros de las academias hermanas de la RAE este 29 de noviembre en Guadalajara, México y publicado oficialmente antes de navidad por la editorial Espasa. Salvador Gutiérrez Ordóñez, en calidad de coordinador de las mesas de trabajo de los doctos durante los 4 días, informó que la nueva obra tendrá unas 800 páginas, que van dirigidas a todos los hispanohablantes y que huye de tecnicismos y será muy sencilla.

 Cabe destacar que la Ortografía, la Gramática y el Diccionario son los tres pilares fundamentales de la codificación lingüística del idioma de Cervantes y la RAE siempre ha manifestado que no abdicará a su espíritu progresivamente reformista siempre en beneficio de nuestra común lengua española.

Otros cambios importantes

El uso de la q ya no será un dolor de cabeza para escribirlo como antes. También se pueden escribir con c y con k. por ejemplo. Quórum, se puede escribir ahora cuórum, Qatar se puede escribir Catar; Queso ó Keso. Ahora bien, los más puristas que prefieran la grafía originaria tendrán que escribirlo como si fueran extranjerismos donde se suele emplear la cursiva y sin tilde.

 El prefijo ex

 El prefijo ex se escribirá unido a la base léxica si afecta a una sola palabra: exmarido, exministro, exdirector y continuará escribiéndose separado cuando preceda a palabras compuestas: ex capitán general. (Verónica González M. Noticia al Día)

EL FERROCARRIL Y LA VISTA LARGA

EL FERROCARRIL Y LA VISTA LARGA

Por Luis Sexto

El contrapunteo entre el transporte ferroviario y el automotor, empezó a agudizarse en Cuba tras completar la construcción de la Carretera Central en 1930. Ambos medios no tienen porqué repelerse. Pero si la Central discurre casi paralelamente a la línea del ferrocarril, fue natural que en aquel momento se estableciera una competencia. Desde entonces se extendió una mentalidad que priorizó el asfalto y la gasolina.

El ferrocarril tiene dos fechas primordiales en la historia de Cuba: en 1837 cuando se terminó el primer tramo de la ruta a Güines, localidad al sureste de La Habana, y la Isla colonizada se convirtió en el séptimo país con caminos de hierro; primero que en la metrópoli. ¿Es necesario decir cuánto influyó principalmente en el desarrollo de la industria azucarera? A mi parecer, el otro acontecimiento señero se remite a 1902, cuando los trenes comunicaron directamente a La Habana y Santiago de Cuba en viajes de ida y vuelta.

El pasado quede en esas menciones someras. Pero reforcemos el criterio de que el ferrocarril cuenta en Cuba con una ventaja ideal para extender toda su capacidad de multiplicar pasajeros y carga con bajos costos. Cuando nos referimos al largo y ancho de Cuba, estamos equivocándonos en esa medición. Porque sin querer este comentarista hacer un chiste, puedo decir lo que tal vez resulte paradójico: Cuba no tiene ancho. Solo largo. Es decir, qué ancho. El máximo cuál es: a lo sumo, en ciertas regiones un centenar de kilómetros y en alguna otra poco más de cien; y el mínimo seis u ocho. Por tanto, el largo predomina. Con una sola línea se ligan los dos extremos. Y si fueran dos vías, una desde el oriente y otra desde el occidente, entonces los costos, sobre todo en el tiempo de viaje y en los riesgos de accidente, serían mucho menores en cifras de por sí pequeñas.

Esas evidencias, sin embargo, no impidieron que la gasolina se considerara un perfume apetecible y las ruedas de caucho una opción preferible. Y en vez de conciliarse caminos de hierro y caminos de asfalto, se erigieron en vías contrarias. Incluso, a inicios de la década de los 50, apartando en estas notas los intereses de los inversionistas y la corrupción política, los tranvías pasaron a los rastros de desmantelamiento. Y La Habana se envolvió en una nube de monóxido de carbono, el ruido derivó en una epidemia y el tráfico en una botella de cuello estrecho y de ansias gruesas. ¿Verdad que los tranvías podían haber seguido siendo una opción barata junto con el ómnibus, como en muchas ciudades del mundo?

Posteriormente, la Revolución construyó el 60 por ciento de las carreteras y caminos de hoy. Por ello no merece reproches sino elogios. El país necesitaba arterias como La Farola, o la autopista del sur, que continúa siendo una deuda, o las rutas de montaña. Pero el ferrocarril se rezagó, a pesar de que el Instituto de Investigaciones del Transporte propuso fórmulas como rehabilitar en La Habana la red suburbana heredada de la colonia. También, justo es reconocerlo, se proyectó un metro, aplazado hasta no se sabe cuándo por el período especial.

Ahora hemos leído en los periódicos sobre la reconstrucción del ferrocarril central. Anima que al fin se le priorice. Pero hasta cuándo y hasta dónde. Se recompone la principal; se adquieren o se reparan máquinas, coches y vagones. ¿Pero seguirá el vehículo de carretera —más costoso y más vulnerable— predominando sobre el ferrocarril, medio apropiado, como ya hemos visto, para esta Isla larga y estrecha, por su capacidad de con mucho menos transportar mucho más?

Admitamos que algo ya se gana sobre esa mentalidad de asfalto y gasolina. La inquietud sobre los gastos excesivos se transparenta. Pero, contradictoriamente, ciertas provincias han perdido parte de la red ferroviaria azucarera, algunas de cuyas líneas servían al transporte público y de carga. Recientemente un matancero se lamentaba de que se hubiera echado a perder el ramal entre Cárdenas, al norte, y Guareiras, al sur, cerca de Colón. Durante decenas de años, hasta hace poco se usó, decía, comunicando dos de las zonas más importantes de Matanzas.

En fin, entre caminos de asfalto y de hierro se ha cumplido la faena de hoy. Con lo cual sugiero que a veces caminos distintos pueden llegar al mismo sitio, pero no con la misma eficiencia, certeza y perdurabilidad. Y por tanto, nada de lo que se haga en Cuba puede hacerse solo para ahora. Vista larga, larga como la Isla. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

LAS COSAS SON, COMO SON

LAS COSAS SON, COMO SON

Apostillas de un ciudadano ingenuo

Por Luis Sexto

El 26 de octubre, en respuesta al ministro de relaciones exteriores de Cuba,   antes de la votación del proyecto de resolución de la ONU contra el bloqueo norteamericano, el embajador Ronald D. Godard declaró que su país tiene el derecho soberano de decidir su política comercial hacia cualquier país.

Pero insistió en que ``una nueva era en las relaciones EEUU-Cuba no se realizara completamente hasta cuando el pueblo cubano disfrute de libertades políticas y económicas internacionalmente reconocidas”.

¿Qué respuesta podría tener la primera parte de ese argumento aparentemente racional, ajustado al derecho?

La segunda parte es la admisión de todo cuanto el embajador niega. ¿Hay que ser muy inteligente para percatarse de la falacia?

Este ciudadano diría que Cuba, mi país, tiene también  el derecho soberano de elegir, aplicar, perfeccionar, el modelo o régimen socio político que crea más conveniente a sus intereses como nación, siempre y cuando cuente con la anuencia de la mayoría de su pueblo. Y tiene el derecho de practicar la autodeterminación  sin que países poderosos lo hostilicen y exijan que el gobierno cubano cumpla esas exigencias para entonces levantar prohibiciones que lolimitan y retrasan económica y tecnológicamente, y que incluso afectan a terceros países.

 

Godard tambien lamentó que el gobierno de La Habana ``continúa año tras año tildando (el embargo) como un genocidio’’ y apuntó que a pesar de las restricciones Estados Unidos es ahora el quinto socio comercial mas grande de La Habana.

Al parecer, el embajador Godard nunca ha perdido un hijo por falta de medicamentos que las transnacionales norteamericanas no puedan vender por imperativos de las leyes estadounidenses. Ahora bien, corrijamos; Estados Unidos no es el quinto socio comercial de Cuba. Es un mero vendedor de alimentos, alimentos que hay que pagar en efectivo antes de que lleguen a puertos cubanos. Es decir, no hay créditos, ni plazos de liquidación, como es usual en el comercio mundial. Y sobre todo, amigos, los Estados Unidos no le compra a Cuba. Y en verdad, Cuba no necesita solo comprar, sino, y sobre todo, vender, que es la garantía de su desarrollo.  Estados Unidos, pues,  no es socio comercial de Cuba. Ser socio implica el intercambio. Y, en la genuina semántica de la palabra,  no hay intercambio en la operación en  que uno solo vende desde su prepotencia y el otro solo compra.

Esa es la esencia del bloqueo; lo otro, la venta de alimentos es caridad, como un modo de tranquilizar la conciencia de una potencia que incluso ha limitado los derechos de sus ciudadanos violando la Constitución para perjudicar a Cuba. En fin: ¿Por qué no se les permite a los  norteamericanos  viajar a Cuba sin correr el riesgo de una multa enorme o de la cárcel?  

En esos argumentos casi cínicos se basa la defensa de la conducta del gobierno norteamericano sobre Cuba. Las cosas no suelen ser como ciertos intereses quieren que sean. Son, habitualmente, como son. 


 

 

EL JUEGO DE LAS PARADOJAS

EL JUEGO DE LAS PARADOJAS

Acumulación originaria y etapa de tránsito

Por Luis Sexto

La actualidad suele demostrar que la Historia a veces aclara la perspectiva oscureciéndola. Y con esta paradoja, que nada tiene que ver con las de Oscar Wilde, intento decir que como sujetos conscientes de la Historia, somos a mi parecer demasiado conscientes de ese señorío, de modo que le cedemos demasiado espacio a la voluntad reduciendo el de la razón. Este es, por tanto, uno los riesgos de las revoluciones actuales: persistir en las rutas cerradas o pretender que impactando el vehículo contra las barreras será posible habilitar el camino.

 Después de la experiencia del socialismo soviético; después de la demolición de esa  fortaleza inaugural del mundo nuevo -que muchos revolucionarios adoptaron como modelo-, lo que algunos creen ver todavía claramente se ha vuelto oscuro para advertir con claridad infrarroja  que las revoluciones socialistas supervivientes, o las que inician su “gran marcha”,  de insistir en el mismo paradigma,  podrían topar al final de túnel con la desilusión. Y también la disolución.

No siendo este articulista un teórico, sino más bien un lector de la realidad, podrá decir que lo primero que uno detecta en los acontecimientos del último medio siglo es que la vida social suele poner patas arriba a la  teoría más  reputada de exacta. Nada menos regular que la regularidad de los intereses humanos. Por lo cual ya vemos claro que la voluntad, principalmente la política, no siempre acierta al  decidir cambios, rumbos, normas. Y dicho esto ya estamos en condiciones de afirmar que la tarea más resbaladiza y escabrosa de las revoluciones socialistas no consiste en tirar por la ventana al capitalismo, sino sustituirlo. Dicho lo cual uno pregunta: con qué esquema será acertado empezar a deconstuir y sustituir las relaciones de producción capitalistas y  su esencia explotadora: ¿con el extinto socialismo soviético que en la práctica resultó una sociedad poscapitalista donde la clase obrera, clase triunfante y por ende dominante en el socialismo, tropezó con la contradicción de que siendo dueña teórica de los medios de producción continuó siendo asalariada?

 Al erigirse el Estado como único socializador de la propiedad del socialismo, la así llamada construcción socialista  tropezó con otra contradicción, esta vez práctica: ser incapaz de cumplir con el propósito programático de satisfacer totalmente las siempre crecientes necesidades de la sociedad y verse constreñido a organizar un orden estrechamente centralizado, que a pesar de invocar los términos de democracia y democrático, resultó  por momentos autoritario y burocrático.

 Demos medua vuelta a la página. Y asumamos lo que inspiran estas líneas: Cuba. En este archipiélago hierven hoy, como ayer en tiempos de José Martí, las encrucijadas. Las encrucijadas que antes de exigir a Cuba un papel de fiel o catalizador de las circunstancias  fuera de sus fronteras, tendrán que actuar dentro. Porque Cuba hoy, más que candil del exterior, tendrá que iluminar en el  interior. Y este poco avezado lector de la realidad entiende que el voluntarismo, ese estar por encima de la posibilidad, se va arrinconando. Y ya percibimos cómo pasan a retiros los conceptos por tanto tiempo vigentes, al ser confrontados con lo racional y posible. Para qué ser campeones olímpicos –ha sugerido el Gobierno en declaraciones recientes  del vicepresidente que atiende la esfera deportiva-, para qué lugares olímpicos en la cima si todavía faltan instalaciones para  practicar deportes como ejercicio de salud y recreación y las existentes necesitan remozamiento y modernización. ¿Cuánto cuesta una medalla de oro perseguida como fin sistemático propio de las potencias económicas?

Lo que pasa hoy en Cuba en el orden de la economía y en la estructura conceptual de  la política solo merece un nombre: transición. Porque a mi juicio la sociedad cubana recomienza ahora la etapa de tránsito hacia el socialismo, interrupta en 1968 cuando muchos consideramos que, de un salto, el socialismo sería una certeza, incluso adelantando esa otra sociedad netamente teórica, incluso inimaginable, que recibe el nombre de comunismo, es decir, la sociedad perfecta.

Hoy, en cambio, una idea parece cierta: sin nada que repartir, el socialismo nunca llegará a serlo en la praxis. La pobreza no puede ser la base de una sociedad que procura el bienestar en igualdad y equidad. Una de sus conquistas principales tendrá que consistir en resolver las urgencias de la vida cotidiana, sin acudir a la metáfora del futuro de bienestar –tantas veces aplazado por causa de acontecimientos adversos- para  justificar lo que se ha vuelto precario. Por lo tanto, para distribuir en justicia habrá que generar riquezas y valores. Y si el modelo hasta ahora activo ha probado incapacidad para  alcanzar la eficiencia, la eficacia y la efectividad mediante la centralización vertical, esto es burocrática, autoritaria, se precisa buscar alternativas poco ortodoxas en relación con la ideología más extendida–una economía mixta, digamos-, de modo que  la sociedad revitalice sus fuerzas productivas para entonces avanzar hacia lo que llamamos socialismo, cuyos intentos se han diluido en expresiones de buena voluntad. Este período que comienza con la Actualización de la economía cubana, dicta mi ignorancia, se podría llamar aún etapa de tránsito.  

De aplazar ese proceso, según lúcidas y honradas percepciones –las de Fidel Castro en noviembre de 2005, cuando aludió a los gérmenes de autodestrucción que coleteaban en la sociedad cubana-, se recalaría en  una casi inevitable ruina de las aspiraciones de justicia e independencia que conquistó la revolución. A pesar de ello,  varias opiniones internas  están convencidas de que el país transita hacia el capitalismo, porque sospechan de que, al cederles espacios económicos a los individuos y facultarlos para que contraten a trabajadores,  se dispondrían los pilotes para las bases de una pequeña burguesía, que, de acuerdo con la visión marxista o de ciertos marxistas, genera capitalismo. A esa aprensión pudiera oponérsele una pregunta: ¿Y qué generaría en nuestra sociedad, dadas sus circunstancias de iliquidez, de ineficiencia, de administravismo distorsionador,  si el Estado prosiguiera ejerciendo como dispensador y controlador de lo más nimio y menos provechoso, o encomendara a los trabajadores autogestionar una empresa casi en bancarrota? A propósito, en una conferencia dictada en 1962, el Che Guevara recriminaba la hostilidad entonces creciente hacia la pequeña burguesía*,  clase que en útil proporción produjo alimentos, vestido y calzado para los cubanos más pobres durante el capitalismo que la revolución se proponía dejar atrás.

En  mil letras y teorías  lo custodios de una presunta ortodoxia o los inquietos por el riesgo de “coquetear” con el mercado expresan su inconformidad. Y ello favorece la diversidad de enfoques  si se  argumentaran sin interponer entre la realidad y la teoría los cristales de lo absoluto. En algunos textos, sin embargo, el lector percibe  hálitos de regodeo en la denuncia, un gusto tan pugnaz por exponer lo negativo o lo inservible que uno cree que se aproximan a una “oposición” teórica aparentemente de izquierda.

 En general, las advertencias parecen amplificadas por jinetes de un Apocalipsis  anunciado.   Quizás hayan perdido toda su confianza en la estrategia del Gobierno  y, sin percatarse, esta o aquella  propuestas despiden por momentos olores tan dogmáticos como el dogma que declaran proscribir; son  tan intolerantes como la intolerancia  contra la cual se quejan. Y soslayan la amenaza de que si la sociedad cubana no acude a lo que más rápidamente podría afianzar las fuentes para una especie de acumulación originaria del socialismo –y en ese supuesto teórico coincido con el brasileño Emir Sader-, tal vez  no haya tiempo para reconsultar  manuales, ni leer directamente a los clásicos.

 Concluyo  esta somera aproximación a nuestros conflictos, copiando y entrecomillando  la mitad de  una frase breve de Che Guevara y con ella  acepto que, ante estos tiempos de encrucijadas y oportunidades inapelables, “tener malanga” ahora es más urgente e importante que  aplicar teorías. Y ese juicio, tan oscurantista para miradas turbias, lo aclara la Historia en esas paradojas que salen sin que el autor se las proponga.

 *Escritos y discursos, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, página 218

 

 

 

EL LARGO FUTURO DE TOMY

EL LARGO FUTURO DE TOMY

Por Luis Sexto

En marzo del 20010, al presentar una de sus exposiciones, dije que con mis palabras iba a pagarle  a Tomás Rodríguez Zayas, Tomy, el privilegio de saberlo vivo y actuante, además de la dicha de quererlo y  conocerlo como artista sensible y periodista agudo, para quien toda la tristeza y la alegría del mundo cabían en un pincel o una plumilla con que transformar la vida. Nadie ahora, sin embargo podrá pagar nuestra tristeza: Tomy murió el 6 de septiembre pasado- así, sin pedirnos permiso, sin siquiera prepararnos, cuando sus 61 años eran sólo promesa de madurez y sabia concreción artística.

La muerte es tan dueña y señora, que con ella el lugar común recobra su eficiencia. Por tanto  no dudo en quitar a Bécquer la razón en una de sus Rimas. Qué solo se quedan los muertos. Pero qué apagados nos quedamos los vivos ante  ciertos muertos. Ante el deceso de Tomy perdimos la luz ceñida  con que el caricaturista iluminaba el acontecer del día sin  encandilarnos, más bien penetrando la médula noticiosa con trazos tan sintéticos que conjugaban lo serio y lo inteligente del humor.

Su carácter y su conducta eran también una conjugación. El talento y la humildad se aliaban para distinguirle la índole buena, y resaltarle la decencia que lo hacía respetable por respetuoso, cordial por generoso. Recorrió parte del mundo; publicó en diversos sitios; ganó premios relevantes. Pero en su estampa desarbolada, medio quijotesca,  asomaba la sonrisa y la discreción del guajiro nacido en Barajagua, Holguín. Del guajiro para quien, en el oficio de ser uno mismo junto con los demás, la fama fue como el árbol inevitable que había que subir sin comer los frutos tóxicos que ofrecían las ramas. Y empezó su aprendizaje pintando carteles y figuritas en la modesta y plural escuela de la Columna Juvenil del Centenario, en cuyos pupitres de trabajo agrícola y disciplina política Tomy mostró tempranamente la asiduidad  con que ejerció  su vocación hacia el arte de servir y convivir.

Suelo medirlo por este recuerdo. En 2002 viajamos a La Paz, para impartir varios cursos a periodistas y caricaturistas. Tomy fue el más útil de nuestro grupo. Además de la técnica,  enseñó a sus colegas bolivianos el valor de la unidad y la solidaridad. Y por primera vez, a su influencia,  todos  participaron de un concurso internacional. Él les ayudó a elegir las obras; les enseñó  a embalarlas y juntos fueron al correo para remitirlas a un lejano país de Asia. Él también envió la suya. Sus alumnos, luego, confirmaron el valor del cubano canoso y sonriente: el profesor había  ganado el premio. O más bien, el doble premio de formador de conciencias y maestro del arte.

 Varios de sus amigos, ante el féretro, justificamos el deceso de Tomy aceptando que había muerto erguido sobre una obra que testimoniará por un tiempo muy largo la mano creativa del autor. Tanto el presente como el  futuro  no le regatearán un nicho entre los principales caricaturistas políticos de Cuba. Su  combinación personalísima  de la línea y el color,  su incursión en el grabado y en la pintura, en el formato periodístico y en el mural, matizan su currículo. Cuando, fuera de momentáneos gustos y afiliaciones, la crítica intente fijar el  papel de Tomás Rodríguez Zayas en la historiografía de las artes plásticas en Cuba, se apreciará con despejada  visión que en el catálogo de Tomy nunca ha dejado de estar la alianza creadora de la forma y el contenido. La premura del quehacer periodístico nunca le impuso la dicotomía de hacer arte o política.  Más bien, los combinó, los junto sin estridencias: arte y política en consonancia, pues con aquel esta cobra la más  legítima y efectiva forma. Y con ambos coligados la obra de Tomy se convirtió numerosamente en una invitación al pensamiento y la sonrisa.  (Publicado en Bohemia, La Habana)