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PATRIA Y HUMANIDAD

¿ES CIERTO QUE LA RAZÓN ESTÁ DE SU PARTE?

¿ES CIERTO QUE LA RAZÓN ESTÁ  DE SU PARTE?

Por Luis Sexto

Muchos de los comentarios que aparecen como perchas debajo de los post de Progreso Semanal o en mi blog Patria y Humanidad, nos acusan a de esparcir el odio. Lo más llamativo es que acusan a editores y periodista de estimular el rencor, pero condenan desde el odio, desde la satanización. La carga de subjetividad es tanta que uno ha intentado debatir y se ha topado con el mismo glosario de lugares comunes, atrincherados en la prepotencia, con los cuales no parece provechoso discutir. Creo hallar más equilibrio en los que escriben desde Cuba, pues, conociéndola, respetan lo positivo y critican lo que resulta ya caduco, fracasado y negativo.

Del lado de allá de la barricada, las respuestas, en particular a mis artículos de Progreso Semanal, salvo juicios asentados, maduros, comienzan por negarlo todo. Y así surge el concepto de que quienes tienen la razón histórica son los cubanos que residen en el extranjero, sobre todo en  los Estados Unidos. No hay un hecho en el que desde Cuba se dé una versión que no sea falsa para estas opiniones sabichosas, y consecuentemente crean que en Miami reside la versión verdadera y exacta. ¿Cómo se podría llamar esa actitud, esa posición intransigente, renuente a conciliarse con la razón o al menos con la duda?  Definiéndola en palabras simples, es la defensa sin matices de un alineamiento político extremo que, en el fondo,  yerra por presuntuoso e injusto. Más fundamentalistas que mis opiniones, son las de la mayoría de mis comentaristas. Al menos, y alguno lo ha reconocido aguda e inteligentemente, este periodista critica las fallas del país y de  la causa que defiende.

Nadie en mejor condición  para juzgarla que cuantos hemos vivido en Cuba, asumiendo sus defectos y sufriendo sus  yerros y dificultades. No hay que olvidar que la rectificación de los errores en Cuba ha provenido de los mismos revolucionarios. Y en verdad, nada justifica un error, pero quien desee alcanzar credibilidad tiene que colocarse en un mirador desde el cual aprecie todos los matices de una circunstancia tan complicada,  a veces trágica, y tan confusa por el número de interpretaciones,  como el medio siglo de revolución. Por la carencia de una perspectiva equilibrada, los opositores internos o externos nunca han podido rozar la certeza de ganar el poder. En estos días, venga de ilustración,  se ha recordado la “matanza” del remolcador 13 de Marzo.  Y ninguno de esos recuentos considera, en primer término, que por muy apremiante que haya sido  la situación de ese grupo de emigrantes ilegales, nada justifica adormecer a un custodio, valiéndose de la confianza que condiciona el trabajar en la misma empresa, y robar la llave de un remolcador y llenarlo de personas, entre ellos niños. Hay, en ese proceder, una incalculable irresponsabilidad, aunque el pirata pensara salir a mar abierto y ser rescatado antes de que el remolcador naufragara en una mar para la cual no estaba concebido.

Quién con sensibilidad no deploró aquellas muertes y lo que pudo haber de accidente o de exceso en la persecución de la embarcación pirateada. Pero  no hallamos el mismo lamento cuando se les recuerda que en 1976, fue volado en el aire, al despegar de Barbados,  un avión de Cubana de Aviación, cuyos pasajeros eran extranjeros y deportistas cubanos que regresaban de una competencia en Venezuela. Uno de los autores intelectuales todavía reside en Miami, y no ha sido juzgado por esa matanza. Alguno, desde luego, podría decir que los campeones de esgrima y el avión eran comunistas. Y con tal pretexto la conciencia queda tranquila.

En estos días un comentarista puso debajo del post titulado Mi visita a Miami, varios reparos “históricos” de esa índole. Y recordó, además, el traslado de colaboradores de las bandas de alzados en la Sierra de Guamuhaya, incorrectamente conocida como Escambray, hacia dos pueblos fundados para relocalizarlos en Pinar del Río. Desde luego, dicho así, el gobierno revolucionario puede ser acusado de crueldad. ¿Mas, se tiene en cuenta las razones de este lado? ¿Se considera que los más de mil alzados  en las montañas del sur, en el centro del país, ahorcaban campesinos y maestros y eran pertrechados desde los Estados Unidos?

Admitamos, pues, que los revolucionarios cometieron errores. Pero  fueron obligados a defenderse. ¿O quién no recuerda los secuestros de aviones, de embarcaciones, los sabotajes, los desembarcos, lo atentados? ¿Ya hemos olvidado el estímulo a la emigración ilegal? ¿Desconocemos qué monstruosidad implica la ley de ajuste cubano que le reconoce a un cubano el derecho de permanecer en territorio norteamericano sea cual sea la vía que haya usado, aunque haya asesinado a un prójimo?  En estas semanas, sin embargo, el gobierno de Raúl Castro conmutó la pena de muerte por fusilamiento de un “patriota nacionalista” que, luego de desembarcar en las costas de Caibarién durante los 1990, asesinó al primer secretario del Partido Comunista en ese municipio villaclareño. Y el acto del Consejo de Estado no parece impuesto por la debilidad, sino provino de una manifestación de generosidad. Y solo se es generoso cuando uno se siente fuerte y apto.

El periodista que soy reconoce que la mayoría de la emigración cubana no es batistiana como el núcleo inicial liderado por los Díaz Balart, ni le interesa la política. Por lo que he podido observar en varios viajes a los Estados Unidos – y voy allí por necesidades profesionales y familiares- lo básico para ellos consiste en mantener el trabajo, pagar las cuentas, y tratar de ayudar a su familia en Cuba. El tiempo no les alcanza para comentar post en Progreso Semanal. Incluso, si entre quienes lo hacen niegan ser batistianos, puede ser que los actuales senadores y representantes de origen cubano en el Congreso, sean electos por su voto. Y en la práctica, es lo mismo. Porque votan por los candidatos que representan la revancha y no  la paz.

Para dejar tema para más tarde, solo pregunto: ¿los problemas de nuestra patria son solo obra de la incapacidad de los gobernantes?  Cierto: hubo errores adentro. ¿Y el embargo qué influencia ha ejercido? ¿Puede un país desarrollarse sin créditos, obligado a comprar  en países de Asia o de Europa, sin inversiones de su vecino más cercano? Y no me digan que los alimentos que Bush autorizó vender a Cuba,  niegan el bloqueo o el eufemístico término de embargo.  No se trata de que Cuba le compre a los Estados Unidos, sino que este también le compre a Cuba e invierta en Cuba.  Comprar alimentos no desarrolla a un país. Y para confirmar el bloqueo comercial, económico y financiero releamos las leyes Torricelli y Helm-Burton, que tantas prohibiciones establecen con respecto de Cuba, y contemos los 20 millones de dólares que se entregan cada año a no se sabe quiénes para promover la “democracia” en Cuba. A los cubanos de adentro no se nos ha preguntado si queremos esa democracia a la norteamericana. A mí, al menos, no me lo han preguntado. Pero creo en que usted tiene derecho a pensar cuanto quiera de mis textos, a decirlo. Y de mi lado,  a soportarlo callado o a responderle. Como ahora.

 

EL INFIERNO DE UN COWBOY

EL INFIERNO DE UN COWBOY

Por Luis Sexto

Confesiones de un infante de marina

El dramaturgo alemán Peter Hanke no se equivocó cuando dijo hace unos veinte años que el periodismo había dejado de ser oficio de románticos. Ideal de Quijotes. Las noticias de la guerra suelen traer solo el número de bajas, también la cifra de civiles muertos o heridos y la cantidad de bombas arrojadas sobre blancos enemigos. Las noticias de la guerra se convirtieron en partes militares corregidos, descontaminados y luego globalizados., de modo que las noticias de la guerra carecen de lo fundamental: el odio, la crueldad, el dolor humano, la destrucción de las riquezas, el daño al medio ambiente, la perversidad de la propaganda.

Todo lo que  se echa de menos en las noticias,  el lector inconforme con la papilla deshumanizada del presente, solo lo encontraba, hace años,  en textos de periodistas como John Redd, Ernest Hemingway, Herbert Matew, Norman Mailer,   Rysiard Kapuscinski y otros  que se mojaban los zapatos buscando la verdad de la guerra.  Y por estas razones, el libro Cowboys del infierno,  escrito por Jimmy Massey con la colaboración de la periodista Natasha Saulnier,  nos conmueve por el sello testimonial, por el desgarramiento que el autor, ex infante de marina de los Estados Unidos, sufre al contar su participación en la última guerra de Irak.

Este libro, publicado en español por las editoriales Apóstrofe, de España, y Timeli, de Suiza, nos diseña  una radiografía del mundo interno de la infantería de marina de los Estados Unidos, cuerpo para el que Massey fue reclutado cuando era un joven aún  sin definiciones económicas ni morales. La infantería de marina se convirtió para el joven desorientado, sin afectos,  en un cuerpo sagrado, y él en un potencial héroe con la misión de defender la seguridad de su patria y del mundo de la maldad del terrorismo (ponga usted las comillas).

Jimmy Massey, con el tiempo, fue una víctima. En uno de los párrafos de su libro dice: “Tengo 32 años y soy asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse  en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mi los civiles son despreciables retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy un perro pastor. Soy un depredador. En el ejército me llamaba Jimmy el tiburón”. Y también:  “De ser un niño sureño criado en la religión baptista entre Texas y Carolina del Norte al que le encantaba  cazar ardillas, me convertí en una máquina altamente  entrenada para matar. Perdí mi moral, destruí mi primer matrimonio y, con el tiempo, empecé  a perderme  a mí mismo. Y ahora siento que vivo en el purgatorio, cada recuerdo, cada nueva pesadilla, me persigue diariamente”.

 A Jimmy, el sargento reclutador, lo llevaron  también a la guerra. Y allí sufrió un impacto tan contundente, que fue licenciado conflictivamente a causa de una psicosis, cuyo origen puede ser un personaje incubado en esta escena del  libro de Massey y que cito indirecta pero exactamente: Cuando el capitán Schmidt  le preguntó en Irak: Está usted bien, sargento,  este tardó unos segundos en contestarle.

-No señor. No me encuentro bien.

-Por qué -le preguntó el capitán.

-Porque hoy ha sido un mal día. Hemos matado a muchos civiles inocentes.

-No-repuso el capitán Schmidt, con voz autoritaria. Hoy ha sido un buen día…-y se marchó dejando solo al sargento Massey con su crisis moral.

El testimonio parece recobrar ahora el auge  de los siglos XV, XVI,  cuando los relatos de viaje  de Marco Polo; el Diario, de Colón; La conquista de la nueva España, de Bernal Díaz de Castillo; la Destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, aparecieron para dar al futuro lo más auténtico de aquellos años en que el mundo empezaba a globalizarse. El testimonio ha recobrado el protagonismo que en el XIX y el XX tuvieron las memorias de la guerra, en particular en las dos por  la independencia de Cuba, y ha vuelto al auge de los años de 1960. El testimonio, género ligado al periodismo, a la literatura, a la historia, y sobre todo vinculado a la verdad personal, recupera su tarea de hurgar en el estercolero de las guerras actuales. Como decir,  el que da o escribe su testimonio, su descargo, su catarsis deriva en un limpiador de letrinas o de inodoros.   El testimonio es el género que, como un detector de mentiras, devela el subterfugio de las nuevas palabras para nombrar viejas acciones: intervención humanitaria, daños colaterales, guerra preventiva, protección de civiles…

El capítulo 25 y último de Cawboys del infierno, Massey confiesa: “Se acabaron los espacios luminosos para mí. Se acabó el nirvana después de la matanza. Vivo en un charco de lodo y la única forma de salir de él es dejando de matar.” Y prosigue: “No quiero tocar un arma, ni siquiera mirarla. Vendí todas mis armas. Al principio me sentía desnudo e indefenso. Ahora no me siento atraído por ninguna de ellas. Sólo cogería un arma ahora si alguien  de mi familia fuera herido. Ni siquiera haría nada  si alguien me escupiera a la cara. He visto suficiente destrucción y violencia para una vida entera”.

Enseguida, Massey cuenta su experiencia de la noche en que había asistido  con su mujer en un concierto del cantante de música country Charlie Daniels. El ex marine vestía de vaquero, “mi cinturón con su gran hebilla y mis botas, pero me sentía raro”. ”Estaba rodeado de sureños, estaba en las montañas, y por primera vez  en mucho tiempo me sentía seguro. Sin embargo, sentía que no pertenecía a ese lugar. En uno de sus intermedios, Daniels dijo:

-“Quisiera agradecer a los hombres y mujeres que están luchando más allá de los mares.

“Entonces habló del 11 de septiembre. Aquello me causó un impacto negativo. Pensé en escribirle una carta contándole todo lo que había visto en Irak. Pero ahora estoy bloqueado psicológicamente. No puedo usar más mi sombrero de vaquero.

“Supongo que ya he dejado de ser un vaquero”.

Jimmy Massey ha sido uno de los primeros en escribir contra la misión antiterrorista de los infantes de marina de los Estados Unidos en Irak.

 

!Y POMPEYA ARDIÓ NUEVAMENTE!

!Y POMPEYA ARDIÓ NUEVAMENTE!

Por Luis Sexto

 Una bomba atómica para una ciudad de paja

 

En Hiroshima apenas había industrias. Era una ciudad de paja. Varios edificios sólidos y altos en el centro, como el Palacio de la Exposición Industrial. A partir de ese sitio, en horizontal dinamismo, se extendían las edificaciones típicamente japonesas de una y dos plantas, construidas de madera, caña, cartón, papel y paja de arroz. La atmósfera de guerra consistía en la llegada de tropas del frente o su salida hacia los escenarios de las operaciones, y el aullido de las sirenas  que solían ulular inútilmente, en particular a las 5 y 20 de cada mañana, cuando un B 29 interrumpía el sueño de la ciudad en un vuelo que más bien parecía pasar con la costumbre de una ruta comercial. Era “El correo americano”. Así lo apellidó el pueblo, habituado a oírlo tronar sin que el aire se alterara.

Al amanecer de aquel 6 de agosto de 1945 también había volado el “Correo”. El sonido de otra superfortaleza volante a las 7 y 55 tampoco avivó la suspicacia. Las decenas de maestros doctorados en las ceremonias del té, cuyos cursos podrían largarse hasta tres años, y los expertos en la escritura con pincel y tinta china comenzaban sus clases. Los obreros emprendían en bicicleta el viaje hacia el trabajo. En Nagatsuka, a seis kilómetros del núcleo central de la ciudad, el rector del noviciado jesuita, Pedro Arrupe, conversaba en su despacho…

Arriba, en cambio, las tripulaciones de cuatro aparatos quebraron la usual bitácora de vuelo. Ya no se limitaron a mirar hacia abajo a aquella ciudad plana como una alfombra, desde donde no se empinaba ninguna hostilidad. Ese era el Día D. Hiroshima nunca antes había sido estimada en la estrategia operativa del mando en los Estados Unidos. Las flotillas de  hasta 200 aparatos  volaban cerca y proseguían  hacia focos urbanos como Kure, Kobe, Osaka, Tokio, donde las fábricas humeaban en la producción de armamentos. Hoy, sin embargo, caerá en menos de un cuarto de hora una insólita, nueva arma. Los norteamericanos la llamaban “bomba atómica”, refiriéndose a un concepto físico y militar todavía pronunciado lentamente, como si masticaran una carne o una pasta desconocida. Los sobrevivientes del bombardeo la nombrarán pronto, en japonés, Pikadón: pika, relámpago; don, estruendo.

Con las investigaciones de un equipo de científicos, dirigidos por el físico Robert Oppenheimer, los norteamericanos se habían adelantado a la Alemania de Hitler en el uso militar del átomo, y adquirían sobre todo esa arma irresistible y secreta que, según el profesor de la Sorbona André Kaspi,  había compuesto los sueños de Franklin Delano Roosevelt.  Tanto se afanaba el presidente demócrata por fabricar “un arma secreta” que subvencionó, incluso, investigaciones de sustancias tóxicas capaces de generar enfermedades como el ántrax o el botulismo. Roosevelt, de acuerdo con Henry Stinson, secretario de Estado de Guerra, “hablaba conmigo (...) de su absoluta conciencia de la potencia catastrófica de nuestro trabajo. Pero había que llevarlo hasta el final. Nunca calló su satisfacción por esta arma secreta, construida bajo el rubro de Operación Manhattan, ni amenguó su deseo de que los Estados Unidos conservaran el monopolio atómico”.

EN SAN ANTONIO DE LOS BAÑOS

La flotilla había despegado de Timán, Islas Marianas. Los tripulantes aprendieron los ejercicios de esa misión sellada con el top secret del gobierno, en la base aérea  de San Antonio de los Baños, en Cuba,  isla del Caribe que entonces era un campo de experimentación norteamericano. Un avión de observación meteorológica encabezaba la formación y dos naves de reconocimiento la flanqueaban. En el medio, un B-29, bautizado como Enola Gay. A las seis horas avistaron tierra japonesa. A las 8 y 15, hora de Hiroshima, las compuertas del bombardero se abrieron, y una bomba de cuatro y media toneladas, con el ingenuo sobrenombre de Litle boy, se abatió sobre la ciudad confiada en aquella rara suerte de quedar siempre detrás de la aviación norteamericana.

AL OTRO LADO DEL FUEGO 

A las 7 y 55 de la mañana las alarmas repitieron las advertencias rituales de que aviones enemigos se acercaban. Cuantos miraron al cielo vieron muy alto un B-29. Luego, a las 8 y 10 la alarma recomendó la distensión de los pocos que se habían inquietado. Transcurrieron apenas cinco minutos cuando un fogonazo, como si se hubiese oprimido el obturador de una cámara con flash de magnesio, pintó de luz el espacio.

El padre Arrupe  se levantó de su silla rectoral en el noviciado de Nagatsuka. Se acercó a la ventana. Y entonces “un mugido sordo y continuado, más como una catarata que a lo lejos rompe, que como una bomba que instantáneamente explota, llegó hasta nosotros con una fuerza aterradora”.

La casa tembló como manos con el mal de Parkison. Los cristales, al fragmentarse, semejaron el toque de campanas tocando sólo una vez a muerto. Los tabiques de barro y caña se pulverizaron. Y las personas cayeron al suelo.

Minutos después, calma. El Padre Arrupe se incorporó y tras averiguar si alguno de los novicios y el resto de la comunidad estaba indemne, comenzó a buscar en el jardín, junto con otros hermanos, el cráter de aquella bomba. Pero no lo encontraron. Fueron entonces a la cima de la colina para alcanzar mayor espacio visual. Y ante aquella visión increíble y cierta a la par, los padres recurrieron a la historia para explicarla: ¡Pompeya arde nuevamente! Ante ellos se explayaba, humeante, por el suelo calcinado lo que hasta hacía unos minutos era la ciudad de Hiroshima. En pie, sólo el nueve por ciento de los edificios, en jirones, de aquella ciudad con más de 400 000 habitantes. A lo lejos se vislumbraba la cúpula de la exposición industrial, que hoy, conservada, se le conoce como la Cúpula Atómica. Lo demás ardía. Más de 200 000 víctimas en una ciudad de paja.

El Padre Arrupe tardó cinco horas en penetrar en la ciudad convertida en una cicatriz por el fuego blanco de la bomba atómica. Su antigua profesión de médico le sirvió para aplicar las primeras curas, con agua boricada, a muchos de  los supervivientes. Los detalles dantescos la primera explosión nuclear genocida, los contó en un capítulo de sus memorias como misionero en Japón. Tuvo el privilegio, o la faena sagrada, de sobrevivir para atestiguar sobre aquel Apocalipsis. Figurémonos que entrevistamos a este cura español que fue, a principios de los años 60, Padre General de la Compañía de Jesús.

-¿Fue necesaria la bomba atómica?

-“Militarmente Hiroshima tenía un valor innegable. No era una ciudad que bordase cielos con el humo bélico de factorías guerreras, pero era un puerto militar de embarque y desembarque de tropas. Pero América se preocupaba mucho más de las máquinas que de los soldados japoneses. Y estaba en lo cierto. Japón se rindió con su ejército intacto, porque le falló la industria con que hacerlo eficaz.”

-¿De aquella experiencia que no podrá olvidar jamás?

-Los “gritos desgarradores que cruzaban el aire como los ecos de un inmenso aullido. Porque aquellas gargantas, destrozadas por el esfuerzo de muchas horas pidiendo auxilio, emitían unos sonidos roncos que nada tenían de humano. Y clavándose en el alma, mucho más honda que cualquier otra pena,  la que se experimentaba al ver a los niños deshechos, agonizantes, abandonados y sintiendo sobre sí todo el peso de su propia impotencia”.

-¿Necesitaban, Padre, morir?

-“No habían merecido ser víctimas de la guerra (...) estaban purgando pecados ajenos”.

DESDE EL BOMBARDERO

Tres días más tarde, el 9 de agosto, el coronel Paul W. Tilbets, piloto del Enola Gay, relataba a los lectores del diario francés Le Monde el episodio más original de su carrera de aviador. Compongamos una escueta entrevista para  ordenar sus declaraciones:

-¿Visibilidad?

-Excelente.

-¿Resistencia por parte del enemigo?

-Ninguna.

-¿Dificultad para maniobrar? Ninguna. “...Arrojamos la bomba sin usar los instrumentos de abordo.”

-¿Sabía la tripulación qué tipo de arma portaba  la nave?

-Claro. “...Cuando la lanzamos sabíamos que habíamos desencadenado un infierno, y por ello  mientras la bomba caía alejé el avión todo lo posible del centro de la explosión. Es difícil imaginar lo que vimos después: aquel cegador fulgor, aquella aterradora masa de humo negro que subía hacia nosotros a una velocidad extraordinaria, después de haber cubierto toda la ciudad, cuyas calles y grandes inmuebles podíamos aún distinguir unos instantes antes.”

 

 

 

 

A LA “REINA” LE ESCONDEN LA BOLA

A LA “REINA” LE ESCONDEN LA BOLA

Por Max Lesnik, Radio Miami

Azares de la madre de Zapata

Lo que  le están  haciendo  a  esa  pobre  señora no tiene  perdón  de  Dios. Las promesas  que  le hicieron   para  que  se  “embarcara”  para  Miami  con  sus  trece  familiares  de  acompañantes,  se  está  convirtiendo en  sal  y  agua.  Le  prometieron   regalarle  una  casa  para  ella   y  otras  dos  para  el  resto  de  su  familia  y nada.  Ahora resulta   que  las  casas  son  de  alquiler.  Y  no  son  casas  sino  apartamentos  que  solo  serán  pagados  por  tres  meses.  De  ahí en  adelante,  allá  ellos.   El  monumento  de  tres metros  de  alto  en  la calle  ocho  al  hijo  muerto,   ha  quedado en  veremos.

 El  dinero  de la  colecta  de  100  mil  dólares  no  aparece  en  ninguna  cuenta  de  Banco. Los  millonarios  del  CLC   no  aparecen  y   los  Congresistas  batistianos  que la llevaron  al  Capitolio  la  devolvieron  a  Miami  en  24  horas.  La  señora  quería  conocer  la  capital  de  Estados  Unidos  pero  le  dijeron que “eso  será  en  otra  ocasión”. En cuanto  a  lo  de  los  tres  automóviles  que  les  iba a  regalar   Gus  Machado  Ford, nananina.  Y  en  cuanto a  una  cuenta abierta para   a  comer  todos  los  días  en  el  Versalles,  ni hablar.   También le  prometieron    a  la  pobre  señora  ponerle  una  “Botánica”   pero   la  llave  del  establecimiento,  que  le dijeron  estaría situado   en   una  céntrica  calle  de  la  ciudad  de  Hialeah ,  tampoco  aparece.   En  fin,  que  lo  de  “Reina por  un día”   se  quedó  corto.  Me dicen  que  ya  un  sobrino  de  la  señora   está  a punto   de  cantarle las  cuarenta a  los  que tanto prometieron.  Lo cierto  es  que  nada  de lo  prometido   aparece  por  ninguna  parte.

Nada,  que  a  la señora   “Reina”  le   han  tomado  el  pelo. Le  han  escondido  la  bola. Pobre  señora  ¡Que  gente!

LOS DISIDENTES “DIALOGUEROS”.

Ahora resulta  que   una  buena  parte  de  la  Disidencia  dentro  de la  isla  está reclamando   un dialogo  con  el  gobierno   que  preside  el  General  Raúl  Castro  para  buscar- dicen  ellos-  una solución  negociada  entre  cubanos   de  todos  los bandos  y  creencias.  A  ese  efecto  acaban  de  publicar  un  documento firmado  por  unos  40   Disidentes   de  los  que  llaman “Históricos”  entre  los  cuales  no  aparece ningún   “Bloguero”.
En  Miami  la  noticia  del  diálogo   con  el  gobierno cubano propuesto  por  ese  grupo  de  Disidentes,  no  ha caído  muy bien  en  algunos  sectores  de  la  extrema  derecha.  Les  llaman  “Dialogueros  de  nuevo  cuño”. Y  como  si  fuera  un  acto  de  traición  al  exilio   intransigente,  amenazan  con  hacer  gestiones  para  que  de  Washington  no  les llegue  más  dinero  ni  ayudas. ¿Qué  les  parece?   Como  me  dijo   un amigo cura  hablando  en  latín :  “Dialoguemos  habemus”.


                       

MEDIO PAN Y UN LIBRO

MEDIO PAN Y UN LIBRO

Por Federico García Lorca

 

Discurso en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), septiembre 1931

 
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre”, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

 
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

 
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. 

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: “Cultura”. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

 

 

CABALLEROS: ¡A ESTO LE RONCA LOS EPIPLONES!

CABALLEROS: ¡A ESTO LE RONCA LOS EPIPLONES!

Por ARGELIO SANTIESTEBAN
 

Conato de polémica que aparece en este blog, porque el que lo administra no vacila en tomar partido a favor de Santiesteban, un intelectual respetado por más de un libro, por más de un premio y por un corazón que no se vende en las carnicerías

 Decididamente, resulta espinoso hablar de sí mismo.
  Mucho más cuando uno se ha criado de la mano de Argelio Santiesteban
Senior –hombre del 26 de Julio, líder masónico, ser muy respetado en la
comunidad bautista--, quien era la humildad  con dos pies.
   Pero a veces no queda más remedio que ejercer tal desempeño, sobre
todo cuando se es objeto de gratuita agresión, pues, como me enseñó El
Viejo, uno no debe quedarse da´o.
   En una publicación de la Academia Peruana de la Lengua –que se
reproduce en Internet--  Aurora M. Camacho Barreiro, del cubano Instituto
de Literatura y Lingüística, la emprende contra mi diccionario (1) con
todos los hierros.
   En primer lugar, soy uno de los “aficionados a recopilar palabras”, o
sea, no me he graduado de lingüista en parte alguna. Y, en efecto,
pertenezco a esa espontánea tropa gloriosa que paró la oreja para
escuchar qué habla el pueblo. Como, por ejemplo, Esteban Pichardo –sólo
un infeliz cartógrafo--, con ese primer gran paso que fue su  Diccionario
provincial (2).  O Constantino Suárez, El Españolito –un cagatintas de la
prensa--  con el Vocabulario cubano(3). O Fernando Ortiz –un oscuro
jurista que escribía “glosas folklóricas”--,  quien nos regaló sus
catauros(4).
   Ninguno  matriculó en la Universidad Carolina o en la Lomonosov, para
que checos o soviéticos le enseñara qué significa guajiro, o
rebambaramba. De seguro ellos también incurrieron en “la falta de
sistematicidad, la perspectiva teórica errada” que la ilustre lingüista
le achaca a mi diccionario.
   Pero hay más. Mi libro intenta “ser ligero y desenfadado y utiliza una
cuerda humorística”, pecado mortal a los ojos de los académicos, para
quienes es imprescindible parir un ladrillo indigerible que además, al
ser masticado, sabe a estopa.
   Otra fue la opinión de aquel chispeante santiaguero, José Antonio
Portuondo, quien mucho se divertía con mi diccionario, y presidió el
jurado que le concedió el Premio de la Crítica, en su primera
convocatoria.
   Tampoco se le perdona a este miserable autor que cite, como apoyatura,
a escritores no cubanos, como Las Casas. Pero da la puñeterísima
casualidad –bien debe saberlo la erudita crítica--  que fue el dominico
sevillano quien primero dejó constancia de voces como hamaca, biajaca o
jutía.
   Otros pecados: doy rienda suelta a  la “subjetividad y valoraciones de
tipo personal”, lo cual hace que brote mi “ideología de forma
descontrolada”. O sea, hay que escribir como un fantasma, un ente
ectoplasmático, un no persona, un ser incoloro carente de criterios.
   Ah, pero aquí viene el crimen supremo: yo soy un macho oriental, y no
alguna otra cosa que esperaba mi despiadada crítica. Por eso despliego
una “mirada androcéntrica, machista, vulgar y hasta ofensiva”. La
compañera Camacho me pasa la cuenta por recoger en mi diccionario
expresiones que son, a todas luces, misóginas. Pero ya desde el Siglo de
Oro algún corrosivo clásico señalaba que no se debe culpar al espejo,
sino a la cara fea. Yo no inventé esas palabras y modismos. (Aunque me
esforzase, me sería imposible hablar en contra de esos seres etéreos que
tienen mucho de hospitalarios, como dijo Antonio Machado).
   En fin, comadres y compadres, no es tan grave ser agredido. Lo
imperdonable, lo que le ronca es que lo hagan con tanta torpeza.
   Al menos, mi fustigadora tuvo que reconocer en mi diccionario
una “extensa y valiosa recopilación de voces cubanas, la más completa
después del Léxico… de Rodríguez Herrera y la primera nacida en el
período revolucionario”.
   Quizás por eso hasta me perdone la vida, y me permita consumir un
buchito del oxígeno atmosférico mientras respiro.
(1)El habla popular cubana de hoy. Ciencias Sociales. La Habana. Tres
ediciones: 1982, 1982 y 1997.
(2)Diccionario provincial de voces cubanas. Imp. de la Real Marina.
Matanzas. 1836. Reeditado en 1849, 1862, 1875, 1953 y 1976.
(3)Vocabulario cubano. Librería Cervantes. La Habana. 1921.
(4) Un catauro de cubanismos. Apuntes lexicográficos. Extracto de la
Revista Bimestre Cubana. La Habana, 1923;  Glosario de afronegrismos.
Prólogo por Juan M. Dihigo. Imp. El Siglo XX. La Habana. 1924; Nuevo

 

POLITIZACIÓN Y DESPOLITIZACIÓN EN CUBA

 Diversidad de enfoques y opiniones caracterizó el debate sobre “Politización y despolitización en la cultura contemporánea”, en el último jueves, correspondiente al mes de junio, espacio ya tradicional convocado por Temas y  moderado por el politólogo Rafael Hernández, director de esa revista trimestral  especializada en cultura, ideología y sociedad.

 En el transcurso de dos horas y ante un  centenar  de asistentes al Centro Cultural del ICAIC, un panel compuesto por Marcela González, investigadora del Centro de Estudios Sociopolíticos y de Opinión Pública; el jurista y profesor de filial  universitaria  Julio A. Fernández; el periodista Luis Sexto, y el cantautor Tony Ávila respondieron las preguntas que el moderador les formuló en tres momentos  para centrar la discusión en los conceptos titulares del debate, y su incidencia en las diversas generaciones presentes hoy en Cuba, además de la  influencia de  instituciones como la familia, la escuela, las iglesias  en la politización o despolitización de la sociedad cubana.

 Si bien los panelistas coincidieron en que la sociedad cubana no está esencialmente despolitizada, algunos sostuvieron que este fenómeno también se aprecia. Particularmente en sectores juveniles, existe otro modo de expresar la política que no se inserta en lo que Luis Sexto denominó ritual político, es decir, en el predominio de actos y consignas que se realizan o pronuncian de modo maquinal. En ese sentido, este panelista añadió que él apreciaba despolitización en la generalidad de la sociedad, porque existe una contradicción  entre lo que se decía sostener y el comportamiento ético, incluso de los trabajadores. “Si la política tiene su fundamento clásico en la honradez, la ya reconocida pérdida de valores morales acusa una reducción de las actitud política”. No por ello, aclaró, puede afirmarse en verdad que la sociedad cubana viva en un caos o en la indiferencia.

 Por su parte, la investigadora Marcela González estableció una relación entre los conceptos de politización y cultura política, alegando que en la mayoría de la sociedad cubana se aprecia una posición política de compromiso con la Revolución y por la unidad en la defensa del poder conquistado. Sin embargo, añadió, hay personas que se declaran apolíticas, aunque exponen criterios en relación con el gobierno y asumen actitudes de participación en actividades sociales con significación política. En su opinión es minoritaria la presencia de sujetos que se mantienen realmente ajenos a los acontecimientos que alrededor de este tema se generan en la vida diaria. Resultó polémica su posición de relacionar los aspectos de la política con las clases sociales y el Estado.

 El profesor Julio Antonio Fernández consideró que el desprecio o desconocimiento del derecho evidencia despolitización, porque la legalidad de una República depende de una ciudadanía protagónica, y en este sentido es muy preocupante el desuso de la Constitución cubana y la participación no responsable.

 El cantante y autor Tony Ávila demostró cómo la politización en la cultura se expresa mediante el compromiso crítico, e interpretó su canción “Mi casa.cu”, muy aplaudida, en que la letra describe los cambios inevitables de una casa para su mejoramiento, estableciendo analogías muy claras con la realidad cubana.  Para Ávila,  el deterioro material del llamado Período especial, a partir de 1990, ha influido en cierta despolitización, específicamente  entre los jóvenes.

 Durante el debate, una docena de asistentes comentaron el tema en debate y las intervenciones de los panelistas,  y formularon preguntas, a veces polémicas,  que el panel respondió en sus formulaciones más generales, dentro de una atmósfera democrática y de respeto a la diversidad de opiniones. Ante un planteamiento sobre la abjuración de las ideologías por parte de muchos jóvenes decepcionados,  algunos panelistas comentaron que abjurar de una ideología significa asumir otra, pues en el mero acto de rechazarla está presente un impulso ideológico.

 Los panelistas se refirieron al papel politizador de instituciones como la familia, la escuela, las iglesias. Coincidieron en que la escuela y la familia no cumplían cabalmente esa tarea, como resultado del daño sufrido por estas instituciones en los últimos años.

 

MI VISITA A MIAMI

MI VISITA A MIAMI

Respuesta a  ciertos objetores

Por Luis Sexto

El insulto es la prueba primordial de que los cubanos, por idiosincrasia, carecemos de la capacidad de debatir. El insulto es nuestro mejor argumento: cuando las ideas no nos alcanzan o nos faltan las palabras, invalidamos al oponente poniendo ante el ventilador un cartucho de porquería. Viene siendo el insulto, pues,  como una manifestación del choteo que Jorge Mañach  estudió durante la década crítica, ese lapso que discurrió aproximadamente  entre 1923 y 1933 y durante el cual la nación cubana, aplastada por la factoría yanqui, según Martínez Villena, y  traicionada por generales y doctores, de acuerdo con Carlos Loveira, empezó a rescatar su derecho a sobrevivir por encima de la herencia colonial y la presencia neocolonial.

Dije en mi post anterior que había estado en Miami. Y en los comentarios, que suelen componer, con alguna notable excepción de cultura y sensatez, un muestrario de grandilocuentes insultos, me lo han reprochado bajo la especie de que cómo yo, que tanto critico a los Estados Unidos, he visitado a ese país. En verdad, ese reparo no merece respuesta: es banal, trágico por elemental. Y por injusto. Salvando las diferencias, cómo podríamos entonces juzgar a José Martí,  uno de los pensadores políticos que con más profundidad y severidad enjuició a los Estados Unidos de su época, residiendo allí casi un tercio  de su existencia.

Martí, como este minúsculo prójimo que soy, no era enemigo del pueblo estadounidense. Era, sí, crítico de la superestructura imperialista que ya había asomado su faz primitiva y cruenta  con la expansión territorial a costa de México y de las etnias aborígenes. Pero sus Escenas norteamericanas evidencian un casi sagrado respeto por la cultura estadounidense y sus prohombres. ¿Acaso ignoramos su devoción por Washington, Lincoln, Emerson, por Thoreau; su admiración por la industriosa actividad de los trabajadores? Y sabemos también que supo en sus análisis detectar los gérmenes destructivos que engordaban en el fondo de la política norteamericana. Y así, lo que para los viajeros del Mayflower era el paraíso recobrado, siglos adelante se convirtió en el paraíso perdido.

Hay, pues, una diferencia entre no estar de acuerdo con el hegemonismo de la política exterior de los Estados Unidos, ni de acuerdo con el complejo militar industrial y su necesidad insaciable de fabricar guerras para vender armas; hay una diferencia entre estas posturas y respetar a la gran nación del Norte por su valores materiales, por su literatura, su música, incluso por su sistema de seguridad social y por muchos de sus políticos. Por mi parte, prefiero la patria de Franklin D. Rooselvelt a la de McCarthy y los Bush. Por tanto, fui a  Miami, porque no le profeso ningún asco. Y segundo la visité para dictar una conferencia a cubanos emigrados que piensan en Cuba y su destino desde una actitud constructiva, y de paso despedirme de mi madre que yace sobre una cama esperando su fin. También visité a varios amigos, amigos que no creen en lo que yo creo, pero respetan el valor de la amistad, soldada en muchos años de compartir problemas y esperanzas.

Creo, ante todo, en las militancia humana, y en la solidaridad y la justicia social. Creo en el respeto por la dignidad humana. Y creo en la independencia de mi patria de los Estados Unidos, que para ganarla  y preservarla, trabajó Martí, de aacuerdo con su confesión antes de morir. Por todo ello, no dudé en ir a Miami y compartir mi visión política de la redaldiad cubana, a tantos errores sometida, y renovar mis afectos por tantas personas buenas. Era la cuarta vez que llegaba a territorio norteamericano -la sexta si contamos dos viajes a Puerto Rico- y regresé más seguro de cuanto profeso en lo ético y en lo político. Los Estados Unidos no son solo patrimonio de cuantos suscriben el “anticomunismo”, como en una algarabía de lugares comunes, o reniegan de la independencia de su patria de origen.

En suma, agradezco los comentarios en mi blog. Ojalá se transforme en un  foro de debate razonable, civilizado. Ah, y de los fracasos de mi país, tengo una opinión muy distinta a la de tantos que ya no recuerdan ni de qué color tienen las hojas la yagruma.