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PATRIA Y HUMANIDAD

SANTIAGO

SANTIAGO

Santiago a la izquierda, junto al camagüeyano Lázaro Najarro, en él encuentro de cronistas, en Cienfuegos, noviembre de 2011.

 

Luis Sexto

Su nombre se me presentó cuando mí  aprendizaje primerizo deletreaba la pizarra de periódicos y revistas.  Crónicas, artículos y reportajes que leía entonces en El Mundo, Revolución y luego Granma, o en Bohemia, me servían de cartilla, de modelos donde incorporar la técnica de combinar palabras con exactitud y gusto.

Convertido años más tarde en periodista, y andando por  lugares donde fluye el murmullo del agua, crecen montañas o la llanura y el cielo se juntan, y  descubriendo gente anónima, intocada por la publicidad en el recato de su grandeza humana, el nombre de Santiago volvió a salirme al paso. ¿Me perseguía para estorbarme? ¿O era yo quien ponía mis pies sobre la huellas de los suyos? 

Hacia 1989,  intenté demostrar que Francisca Paula Álvarez Quílez era entonces la cubana más vieja. Decían que tenía los aires de 118 años sobre su piel, que casi se adicionaba a sus huesos, y los ojos  se le habían blanqueado de tanto abrirse a luz. Bohemia me facilitó adentrarme una mañana en la península de Guanahacabibes. Hablé con las hijas. Y entre tantos papeles, me mostraron un reportaje de Santiago -de Santiago Cardosa Arias- ilustrado, entre otras, con una foto de Liborio Noval en que la negra Francisca Paula, vestida de blanco, exhibía, en los primeros años de los 1960, toda su dignidad de señora antigua y sin sonrisa para el extraño. Las hojas ya cuarteadas correspondían a la revista INRA, que luego cedió, a la que se llamó Cuba, su largo formato y propósitos de periodismo de larga distancia, es decir, letra narrativa, circunstanciada como los libros de cuentos.

Santiago narraba entonces la nueva odisea del país: transformar la zona que había estado 500 años inaccesible para la geografía cercana y habitable. Y en la letra de aquel reportaje ancho yo le intuía al periodista la vocación andariega, la adicción al periodismo vivencial, arriesgado. Ya soy consciente de esta verdad: yo transitaba sobre los zapatos gastados por Santiago en la búsqueda de lo menos sabido, lo más intenso del pueblo. Coincidíamos en la vocación “andantatriz, en la pasión de caminar o rodar mientras uno observa y luego cuenta lo visto como si en ello alentara la certeza de multiplicar nuestra existencia.

Santiago –que habla de sí como quien se ignora- ya se aproxima a los ochenta. Todo cuanto anduvo en medio siglo ha quedado en los archivos o en las hemerotecas, sepulcro que deshace poco a poco el papel de  miles de horas de inquietud, angustia, apremios, inconformidades de cierre y no mucho sueldo. Sólo quedaron en la superficie los reportajes de su libro Ahora se acabó el chinchero. En estos días he vuelto a repasarlo. Fue impreso recientemente para periodistas y estudiantes de periodismo. El “chinchero” cuya muerte Santiago historió, no reapareció solo. Lo precede un texto que le da título al libro actual: El reportaje y el reportero, donde  Santiago Cardosa Arias, baracoeso nacido en 1933, nos trasmite su experiencia y su técnica de construir reportajes. Luego, el maestro enumera las razones por las cuales puede trepar a la tarima privilegiada del aula, y  expone una parcial muestra de sus textos, aquellos de Ahora se acabó el chinchero.

Al tener delante nuevamente a Santiago en sus reportajes, quiero devolverle su influencia de maestro desde la distancia. Deseo salirle al paso como él se me atravesaba transfigurado en historias y personajes durante mis primeros años aprendices, y decirle que si ciertos lectores tienden a menospreciar el periodismo, no dudo de que haya un periodismo que merezca ser rebajado, como esta o aquella obra literaria podría ser ignorada sin que y el mundo y ni Cuba, fueran más pobres. Pero el periodismo de Santiago Cardosa Arias afirma el ejercicio limpio, creador, aliado a las tensiones de lo poético, y niega que el periodismo deba ser un estilo chambón, gris, ni mucho menos un producto comunicativo que sirva para suplir necesidades menores. Ni en papel, ni en sonido, ni en imagen.  Esto es, ni para envolver la basura, ni para oírlo como si estuviera lloviendo, ni para verlo porque no hay en la TV algo mejor.

Santiago Cardosa Arias es una columna del periodismo en el último medio siglo. Y yo, apenas una piedra pelona, tengo la dicha –dicha, así puedo llamar a mi gratitud- de recostar mi cabeza sobre su macizo fuste, su enraizada base de humano servicio.  

VACACIONES IMPOSIBLES

VACACIONES IMPOSIBLES

Luis Sexto

 La semana pasada dicté mi crónica por teléfono. El cierre de un periódico ruge tan espeluznantemente como un león y estira los brazos como un pulpo de ciencia fantástica, de modo que me alcanzó a 200 kilómetros de casa. Nadie en la redacción puede burlarse de la urgencia del cierre. Y quien no lo lleve adherido, como huecos nasales, aún no podrá titularse periodista. Érase un periodista a una nariz pegado, / érase un cierre implacable y egoísta... Así más o menos lo hubiera versificado don Francisco de Quevedo.

El episodio no merece contarse. Es lo común. Y común ha sido telefonear o teclear un télex -ahora también pulsar un e-mail- desde cualquier sitio para enchufar las líneas compuestas a veces durante el último minuto en condición de corresponsal, o periodista viajero. O del que, como yo, pretendía descansar unos días lejos de sus habitaciones cotidianas, y la ilusión del descanso derivó en eso: humo y ceniza. Porque las secciones fijas o constantes carecen del derecho a las vacaciones.

Me encontraba en el central España Republicana. Desde hace más de 40 años ese sitio se disfraza para mí de Varadero, Viñales, Soroa... Mis placeres son muy sobrios. El paisaje que envuelve al ingenio –en la Llanura de Colón- no califica para un concurso de exclusividad. Sin embargo, me place, me suministra unas cuantas cucharadas de paz. Quizás se adosó a mis ojos por recomendaciones de la costumbre. Llegué al ingenio el 10 de enero de 1966 a estudiar, y aún, como ya saben, no me he ido. A lo mejor a uno le parece bello lo que ama. Pero a quien juzga desde la orilla, le parecerá aburrido ese ir durante tres décadas al mismo sitio. Pobre mujer, compadecerán a mi esposa. Posiblemente ella añore otros lugares, pero ha visitado el ingenio con mucha frecuencia y con demasiado entusiasmo: allí nació, y allí  hasta el deceso vivieron sus padres.

No es verdad que el uso continuado genere la repulsión. La paso muy bien en el central España. Leo. Irremediablemente escribo. Converso con algunos amigos que han leído tanto, o más, que  cualquier vecino de la ciudad. Y, sobre todo, camino por los callejones desde donde la llanura me conforta con sus claves en verde. Supe cuanto amaba ese lienzo nueve días después del ciclón Michelle. Entonces –escribí en un poema- “los árboles semejaban culpables alambres, bailarinas fugitivas, en los cuernos airados del  espacio. Los vientos acababan de pasar. Ya no había sombra”. 

De ese escenario visual, la caña me disgusta; no entona los mismos mirajes con el coro de la naturaleza. Los cañaverales implican la monotonía, la anestesia de la vista. Y a pesar de cuanto sirvió la caña de azúcar durante 400 años, nunca los poetas la consideraron un tótem, como a la palma, ese árbol que Anselmo Suárez y Romero no se cansaba de contemplar. Ni el ingenio inspiraba imágenes paradisíacas, como la haciendas cafetalera, “edén perfecto” para Wurdemann, viajero norteamericano, incondicional enamorado de nuestro paisaje. Las cuentas presumen que los rendimientos de la sacarosa se amenguaban artísticamente en un poema. Y, además, de una forma u otra, durante cuatro siglos, los trapiches molieron caña y huesos esclavos o asalariados, y el azúcar se cristalizó en granos de dinero e injusticia. Comprensible el rechazo de los cantores. Siluetas dolientes fueron las cañas.

Un poema célebre del siglo XX las convirtió en protagonistas, pero La zafra de Agustín Acosta no las reivindicó como sustancia poética; las sintetizó como campo de sometimiento y angustia. ¿Acaso no iban las carretas rechinando hacia el ingenio norteamericano? Recuerdo que mi amigo Félix Contreras es posiblemente el segundo poeta que haya ensamblado un libro con los cañaverales. Lo publicó en 1971. El título: Debía venir alguien. Alguien que rescatara al hombre de la caña y transformara la zafra en una épica de versos humanos y jubilosos, en los brazos de  “macheteros que miran el ferrocarril pasar”. “El Ferrocarril viene echando como el recuerdo. / Exhala su aroma de leña/ y desgrana entre nosotros, / el deseo de ser niños.” Mi propio deseo cuando descanso y escribo. Y el cierre me agita desde lejos. (Crónica escrita en 2003 y publicada en Juventud Rebelde)

 

            

 

 

 

 

SÉ POR QUÉ LO DIGO

SÉ POR QUÉ LO DIGO

 

Por Luis Sexto

Según los fragmentos de mis impresiones, por nada físico tendría yo que recordarla. Rosa no era ni  bonita, ni fea. Y a veces he querido que el país fuera tan pequeño como muchos aseguran, para encontrarme con ella en cualquier calle o reunión, tienda o teatro. Hasta he mencionado su nombre en algunas de mis notas de periódicos, como provocándola a que me escribiera.

Ella habría fracasado como maestra si yo no quisiera verla nuevamente.

¡Dónde estará Rosa Bouzón! ¿Habrá muerto? ¿Habrá emigrado en esa tendencia  que en las últimas cuatro décadas adquirió la frialdad de una fiebre  contagiosa de aventuras? No lo creo. Y diré más tarde por qué. Pude tal vez indagar por su paradero cuando creí verla en el Parque Martí de El Vedado. La figura se  acomodaba a la fisonomía que yo había modelado en mi arcilla de niño. Me avergonzaba, sin embargo, preguntar y errar. Y me alejé, manteniendo frustrados mis deseos de ver a Rosa.

En otro momento coincidí en el mismo ómnibus con María Eugenia del Barrio. Continuaba criminalmente linda, con su pelo aún largo, atado como si semejara la cola de un equino. Había sido mi novia de anticipaciones pueriles. Manolito Dávalos, que se sentaba entre los dos, le trasmitió el recado de mi petición de mano. Me miró azorada, como víctima de lo incomprensible. Pero no por ello renuncié a considerarla mi novia. También la timidez me impidió acercarme, confirmar su identidad y lanzarnos a una limpieza de nostalgias. Ella quizás me habría informado del paradero de nuestra maestra.

No he vuelto a ver  Rosa. Pero la recuerdo. Y esa es la prueba que algo de ella plantó en mí conciencia. Nunca me besó, ni me regaló un libro como Agui Loynaz, ni me premió con diplomas como Antonia Núñez. En cambio, lo que no consiguieron discursos semanales de himnos y bandera, lo alcanzó ella en mí.

La escuela radicaba en la propia casa de la maestra. Suplía, por unos pesos, la falta de centros de enseñanza pública en el barrio suburbano donde habitábamos. Antes, por los 1950, los guajiros no se injertaban de pronto en la capital. Practicaban una migración por escalera para adaptarse al nuevo ritmo vital que de lo apacible pasaba a lo vertiginoso. La Habana tentaba, se hacía necesitar, pero atemorizaba con su mapa ancho y largo embutido de nombres y flechas, ómnibus y automóviles que no pedían permiso al doblar una esquina estrecha; asustaba con sus crímenes y gángsteres y mujeres descuartizadas y niños secuestrados, y sus estafas de pícaros que en el parque de la Fraternidad vendían el Capitolio a cualquier extraño que abriera la boca ante  esa mole blanca de lujo inútil.

Las clases de Rosa eran concentradas y conversacionales. Y la poca cantidad de alumnos colaboraba con aquella atmósfera maternal. Nos explicaba la guerra que en los textos de entonces se llamaba hispano-americana, a la que la maestra interpolaba el gentilicio de  cubana. Narró el episodio en sus escenas principales: la destrucción de la flota del almirante Cervera, la toma del fuerte de la loma de San Juan, el insulto del general Shafter al General Calixto García cuando prohibió al mambí entrar en Santiago de Cuba. Previamente se había referido al Maine, y  a su demolición accidental en el puerto de La Habana, como pretexto para entablar el conflicto con España.

Se aproximó a la ventana; miró el paisaje todavía rural de El Cotorro: abundaban las palmas. Luego concluyo:

-Desde  el 20 de mayo de 1902 Cuba está hipotecada.

-¡Hipotecada! ¿Que es eso, maestra?

-Que no es de nosotros sino de ellos; de los americanos.

Por ello, Rosa no ha podido emigrar.  De cualquier forma, y aunque hubiera muerto, seguiría perviviendo en el país que ella convirtió en un hambre tan persistente como la esperanza. Porque me reveló la patria. Me la instaló en el corazón como una presencia cierta y amenazada. Y yo empecé a sentirme muy triste en una tierra que ya no era mía.

 Nota: Publiqué esta crónica en 2002, en Juventud Rebelde. Días más tarde, llamó María Eugenia del Barrio, y lugo recibí una carta de un sobrino de mi maestra Rosa. No, no había emigrado; simplemente había fallecido cargada de méritos y servicios.

 

 

 

 

 

EN CUBA, DILMA ROUSSEFF SÍ HABLÓ DE DERECHOS HUMANOS

EN CUBA, DILMA ROUSSEFF SÍ HABLÓ DE DERECHOS HUMANOS

Por Norelys Morales Aguilera

Tomado de Cubahora

La visita de la presidenta de la República Federativa del Brasil a Cuba levantó las más variadas expectativas. Reseñando el suceso numerosos medios corporativos o alineados al pensamiento totalitario del capital que impera en el negocio noticioso, pusieron nuevamente el tema de los derechos humanos en Isla con el habitual manejo intencionado.

Para verificar el guión se leen repetitivamente los titulares que afirman que Dilma Rousseff “eludió el tema”, que “se negó” a abordar el asunto, que se ocupó “solo de la economía” y un largo etcétera manipulativo.

Sin embargo, la Presidenta, sí habló del tema de los derechos humanos en la entrevista colectiva que concedió, solo que su abordaje puso el asunto en una perspectiva multilateral, algo que parece no querer escuchar algunos y que a otros no les suena bien.

“Yo concuerdo en hablar de derechos humanos dentro de una perspectiva multilateral”, dijo Rousseff a periodistas que le preguntaron sobre si tratará sobre el tema con las autoridades cubanas como se lo demandaron algunos.

Rousseff argumentó que no se vale “tirar piedras” cuando hay “techo de vidrio”. “No es posible hacer de la política de derechos humanos solo una arma de combate político-ideológico. El mundo tiene que convencerse de que es algo de que todos los países tienen que responsabilizarse, incluido el nuestro”.

Dilma advirtió que el tema de los derechos humanos no debe ser usado por algunas naciones como un arma política o ideológica contra otras. Como ejemplo la presidenta mencionó la irregular situación de la Base Naval de Guantánamo en el oriente cubano, convertida en prisión militar por Estados Unidos y que ha sido señalada como un centro de abusos contra prisioneros por grupos de derechos humanos de todo el mundo.

Otro tópico que trata de ser minimizado por las manipulaciones mediáticas o de otro tipo respecto a Cuba es el bloqueo de los Estados Unidos, que califica como una flagrante violación de los derechos humanos de todo un pueblo.

Para Dilma la cooperación con la Isla es la mejor forma de combatir el bloqueo impuesto desde hace medio siglo por Estados Unidos. Reiteró que su país está comprometido con el proceso de actualización económica que protagoniza Cuba.

La Presidenta dejó explícito su rechazo al bloqueo y sostuvo que esta medida no genera beneficios. “La mejor forma para que Brasil ayude a Cuba es contribuir para poner fin a este proceso que a mi juicio no lleva a gran cosa, sino solamente a más pobreza de las poblaciones que sufren el tema del bloqueo, el tema del embargo, del impedimento del comercio”.

 Por otro lado defendió “una asociación estratégica y duradera” entre su país y la isla. “Nosotros queremos una relación estratégica y duradera, estamos haciendo una relación a través de estos proyectos que va a elevar para Brasil y para Cuba un proceso de desarrollo. Yo creo que eso que está haciendo Brasil en Cuba, es esa contribución”.

 Brasil concedió créditos por 200 millones de dólares para la compra de alimentos y la financiación de las obras de ampliación y modernización del Puerto de Mariel, que visitó en la tarde de este martes. “Nosotros creemos que es fundamental que sean creadas aquí condiciones de estabilidad para el desarrollo del pueblo cubano”.

 Dilma Rousseff sí habló de derechos humanos en Cuba y en otras partes, de conformidad con el Brasil que necesita América Latina, sus gentes.

 

EL BIEN Y EL MAL

EL BIEN Y EL MAL

Luis Sexto

Regresemos a lo ya dicho: sin el componente político, alguna de las transformaciones en la sociedad cubana podrían perder su esencia revolucionaria y socialista. Y ese aborto lo esperan, dando paseítos por  los pasillos de la Internet, tanto algunos impacientes de izquierda – de una izquierda libresca y refunfuñona-, como de la derecha hostil y creyente en  el “milagro”  de ver destruida la continuidad de la revolución.

Pero por qué me atrevo a decir que podría faltar el ingrediente político en esta hora crucial para Cuba. La sospecha crítica no habrá que dirigirla, desde luego, al contenido de lo pensado, legislado, y aprobado, incluso, por un congreso político -el Sexto- del Partido dirigente. Más bien, ha de voltearse, por ahora, hacia lo que se delinea como una de las mayores inquietudes, al menos del que esto escribe: la aplicación del programa y su estrategia. Porque, según mi experiencia, aún se resisten a desaparecer los enfoques echados sobre la realidad desde posiciones burocráticas o tecnocráticas.

Miradas burocráticas o tecnocráticas tienen en común que ambas soslayan la política que ha de permear y beneficiar en nuestra sociedad a cualquier ley o resolución del Gobierno o del Partido Comunista de Cuba. El enfoque burocrático suele ejercer su papel de ejecutor como un acto maquinal, rígido, incuestionable, incluso susceptible de ser distorsionado para acomodarlo a conveniencias particulares de un individuo o de un grupo. La visión tecnocrática, a su turno, evalúa un problema solo en los  aspectos técnicos, económicos  o, más extremamente, economicistas.

Resumiendo, y como puede apreciarse, burócratas y tecnócratas se emparientan en un detalle: olvidan que las personas existen. Y, según esa lógica, soslayan el hecho esencial de que para los ciudadanos se determina y se regula la política en nuestro país. En términos justos, unas son las dificultades inevitables o insuperables en un momento, y otras las que saltan como grillos a causa de errores o decisiones colindantes con el absurdo.

Por tanto, me preocupa -¿y puede importar mi preocupación honrada?- que, por ejemplo, la lucha contra el paternalismo derive en un “daño colateral” de la justicia como base de la sociedad cubana. ¿Duda alguien de que sea posible? Yo no lo dudo. Es más, lo que he escrito hasta esta línea es para alertar sobre que, según mis contactos y observaciones, existen ciudadanos que se sienten agraviados por esa tendencia a sacrificar soluciones inaplazables en ciertos lugares. ¿A alguien se le ocurriría, pongamos por caso, dejar sin ambulancia a una comunidad de más de seis mil habitantes y distante seis kilómetros de la cabecera municipal,  en zona donde el transporte es casi un deseo, un “ojalá se resuelva pronto”? Parece absurdo el planteamiento. Pero ha pasado

En esa consigna que oigo con frecuencia por la radio –“Gastar menos”- me parece que también se cuela una inconsecuencia. Y uno pregunta: adónde irá a parar el país si la consigna es restar, y solo restar… Yo diría, en cambio, y sin ánimo de adoptar poses magisteriales: “Hay que gastar lo necesario y solo lo necesario”. Esa es, creo entender, la formulación correcta de todo empeño de ahorro y que percibo como directriz en las líneas económicas de la actualidad. Porque el ahorro no consiste en un quitar y quitar, en un recortar, junto con lo superfluo, lo básico. Y esos recortes, por estar a veces rígida e impolíticamente calculados, generan una secuela de inmovilidad, de suspicacia e inconformidad.

Como profesional de la prensa, no me agrada reproducir consignas. La mayoría de las consignas tienden a vaciarse de contenido. Y un día algunas sonarán como un disco rayado. Pero no vacilo ahora en escribir una frase, con ecos de una consigna justa y perdurable de Fidel. Ustedes hallarán el engarce con nuestra tradición revolucionaria cuando yo termine diciendo: Contra el paternalismo, todo; contra la justicia, nada. (Publicado en Juventud Rebelde)    

Nota: Leídas resoluciones, y los discursos y debates de la recién concluida conferencia del Partido Comunista de Cuba, podemos reconocer que las inquietudes que en este artículo se expresan han tenido una respuesta positiva.  

CRUCIFICADO ENTRE EXPLOSIONES

CRUCIFICADO ENTRE EXPLOSIONES

Luis Sexto

Como res al bebedero recurren las imágenes de aquella turbamulta desfilando por una calle que  llamábamos Paseo -transversal y ancha-, y también los faroles chinos, forrados de papeles transparentes azules, rojos, verdes: vertiginosos círculos parpadeantes en la luz inestable de una vela.

En mi pueblo celebrábamos las parrandas con la misma intensidad comunitaria en el color, la música y el estruendo que en Remedios. Cada año todos los vecinos de los dos barrios, Los Mangos y La Loma, se atareaban secretamente en la confección de carrozas y luminarias  para salir  a competir entre sí y asombrar al contrario con el exceso y la originalidad de la fantasía colectiva, sin participación de instituciones oficiales. Vi construir en locales cerrados los artilugios que iluminarían las calles, y vi también el almacenamiento secreto de la pirotecnia –voladores y fuegos de artificio- que  clausuraría los festejos en un duelo de explosiones... 

 Por ello me auto proclamo remediano, aunque ello sea una verdad a medias. Nací en uno de los barrios municipales de Remedios, a 15 o 20 kilómetros aproximadamente. Pero en  la parroquia de la cabecera –donde hay una imagen de la Virgen María en gestación, quizás la única en el mundo- me bautizaron, y mi madre se casó con papá ante el mismo altar donde un tío abuelo materno, fraile franciscano, había rezado sus horas.  Y si alguien me lo prohibiera, o me negara el derecho a sentirme remediano, le opondría otros argumentos que presumo incontrovertibles.

Pertenezco a Remedios, en suma, por su cultura que colorea a poblados cercanos, incluso a localidades más alejadas e insertas en otras jurisdicciones. Y porque tengo en la sensibilidad la huella mohosa e inhibida de sus calles casi tan antiguas como el deslumbramiento de Colón al mojarse las sandalias en las playas de Cuba; calles y callejones por momentos trazados según las curvas que un beodo hubiese  estaqueado en su regreso a casa, y que  recorrí a paso azorado de la mano de mamá. Y, en particular, soy remediano por un trauma que se ha erigido en fracaso profesional de ciertos psicólogos.

Las parrandas condicionaron  esa razón patológica.

Eso, que hoy puedo llamar la artillería, era primordial y decisivo episodio. Las parrandas comenzaron por el ruido. Aquel cura de  principios del XIX en San Juan de los Remedios, no halló  solución más atinada a su conflicto pastoral que estimular la generación de ruido entre los niños de la parroquia para despertar a los fieles que, remolones o menos devoto, no asistían a las misas de aguinaldo, convocadas para el amanecer desde el 17 al 24 de diciembre. Y la muchachada arrastraba al trote cacharros, y golpeaba metales, y gritaba,  de modo que el sueño de la prima mañana se espantara. Y a misa. Qué remedio... en Remedios.

Las parrandas, año tras año, fueron divorciándose de su origen litúrgico, y se transformaron en esa festividad de los 24 de diciembre  en la que predomina la fineza, el torneado artístico de carrozas y esculturas de plaza, de cartón y madera, que lo mismo  remedan la Torre Eiffel que la de Babel, un castillo de Las mil y una noches que el Empire State. Y la música dispara viejas reminiscencias europeas mezcladas con el embrujo percutiente de lo afro. Pero el ruido primigenio subsiste perpetuado en el estruendo de los artificios de la pólvora cuando los barrios de El Carmen y San Salvador, gavilán y gallo, se baten en una contienda de bombazos de salva.

Aquella vez mamá y papá eligieron para presenciar los festejos una casa amiga situada en el medio de las baterías artilleras de La Loma y Los Mangos, en mi pueblito de General Carrillo. ¿Habrán sido esas mis primeras parrandas? Recuerdo vagamente que las explosiones resonaban en mi pecho como si me lo comprimieran. Atosigado por el humo del bombardeo, apenas pude asombrarme ante el cielo punteado de chispas que caían como estrellas despedazadas. Al llegar a casa, el termómetro casi estalla. Y el niño quedó crucificado entre explosiones. A partir de ahí nunca he podido saber que algo va a estallar. Puede hacerlo de improviso. Mi reacción es normal. Pero que yo no lo sepa, que no me avisen, porque  me embalaría en una carrera caótica, pregonando con mi desenfreno que soy el más chamuscado por el esplendor de la cultura de Remedios, ese pueblo que, no siendo el mío, es como si lo fuera.

 

MARTÍ Y MARÍA MANTILLA: LO QUE DICE LA CIENCIA

MARTÍ Y MARÍA MANTILLA: LO QUE DICE LA CIENCIA

 

Por Yamil Díaz Gómez*

Entrevista con el doctor Ercilio Vento

(Las escasas posibilidades de este blog han impedido reproducir las fotos y los diagramas de la investigación del doctor Ercilio Vento Canosa. Al menos sirva la entrevista para dar una idea sobre la tesis del reconocido antropólogo acerca de la paternida biológica de Martí sobre María Mantilla.) 

¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia? José Martí

¿Quién mejor que el doctor Ercilio Vento para llevar una vieja polémica, desde el terreno subjetivo de las especulaciones, hacia el terreno firme donde la ciencia abre paso a la verdad? Con su prestigio bien ganado como antropólogo, arqueólogo, médico legal y espeleólogo, el también escritor, narrador oral e historiador Ercilio Vento, muestra el mismo rigor al adentrarse en los secretos del subsuelo terrestre que al adentrarse en los subsuelos de la historia…

 ¿Fue María Mantilla hija biológica de José Martí?

 Nadie mejor que él para ayudarnos a encontrar la respuesta. Claro que no porque sea políglota; no porque haya salvado y conservado veinte años en su hogar una momia (para sonrisa de los que no comprenden nada); no porque en su persona se junten una suma increíble de saberes, que no duda en partir con los demás a través de cientos de artículos, libros, documentales, programas de televisión…; no por tantos aportes indudables suyos en los terrenos de la arqueología, la criminalística, la antropología, la espeleología, en honor de los cuales medio mundo ha abierto para él las aulas y las publicaciones, y en su hermosa Matanzas lo nombraron Historiador de la Ciudad; no porque luzca su vida innumerables premios, nombramientos y medallas; no por sus muchos aportes al conocimiento de la prehistoria de Cuba, sino por haber desarrollado y aplicado con éxito la utilísima Prueba Morfológica y Antropométrica.

 Lo supe un día, gracias a la televisión: en procesos legales donde se disputaban conflictos paterno-filiales, se había utilizado ese instrumento científico desarrollado por Ercilio. «¿Y si ese método se pudiese aplicar a José Martí y María Mantilla?», pensé. «Desde hace años he estudiado ese caso», confesó.

 Entonces, un montón de fotos ―la mayoría procedente de los archivos de Nydia Sarabia― viajaron de Santa Clara a Matanzas. Y, en intensas jornadas, el apasionado científico buscó en los ojos, en las manos, en los labios, en la frente de ambos la solución a ese viejo y discutido dilema. Luego de comparar 66 caracteres antropométricos en Martí y en María, estos mostraron un ¡74, 3 %! de compatibilidad…

YAMIL Díaz: ¿En qué consiste la Prueba Morfológica y Antropométrica?

 ERCILIO VENTO: La prueba morfológica es un instrumento de valor que se aplica en los conflictos de filiación, es decir: cuando se impugna una cierta paternidad, o en el caso en que un ciudadano desea confirmarla. De manera normal, este tipo de proceso se dirime mediante un examen sanguíneo que agota sus serogrupos hasta un nivel de confiabilidad de 0,998 sobre 1, o por la prueba de ADN, esta última en extremo costosa. De manera que el examen antropológico de las características físicas individuales del presunto padre y del hijo en duda, puestas en confrontación para establecer el grado de herencia de los caracteres, sirve como medio de aproximar un criterio judicial que debe contar cuando menos, con una prueba de fiabilidad pericial médica, además de las pruebas que pueda practicar en otro orden de la investigación. Hoy la prueba hematológica con todos los serogrupos es compleja de realizar, además de los costos que ello implica como erogación del Estado ante un tipo de acción que ―si bien se vale de medios de salud dispuestos como gratuitos― no hay que olvidar que se promueve a instancias de las partes interesadas. En los últimos años los tribunales del país han debido enfrentar la complejidad de estos litigios sin contar con la más idónea herramienta científica que colabore a la más justa sentencia. En el caso de la prueba morfológica que se aplica en Matanzas, es el resultado de 32 años de mi experiencia profesional, 32 años de intercambio con antropólogos de diferentes partes del mundo. En este lapso, la prueba no ha fallado en ningún caso, incluso frente a la comprobación con la prueba de ADN. La sumatoria de los rasgos en estudio, aporta un alto grado de fiabilidad en los resultados, lo único que se precisa por parte del perito es su experiencia y capacidad para identificar los rasgos físicos, privando su examen de toda subjetividad, toda vez que no se trata de establecer una simple semejanza, sino buscar los caracteres físicos heredados por el hijo a partir del presunto padre. Estos rasgos deben proceder del padre y de la madre. Si pueden ser identificados los de la madre pero no los del padre, la paternidad debe ser formalmente excluida.

Y.D.: Al aplicar dicha prueba al estudio de la relación José Martí-Martí Mantilla, ¿cómo procedió? ¿Qué resultados ha obtenido?

E.V.: En el caso particular de la posible paternidad de José Martí con María Mantilla, se tenía el inconveniente de ser ambas personas fallecidas. Esto no es obstáculo cuando se cuenta con suficiente material fotográfico del cual se pueden sacar conclusiones fiables. Gran parte lo aportó gentilmente la doctora Nydia Sarabia, sin el cual no habría sido posible realizar la prueba. El método se aplicó sobre esta base, tal como en otras ocasiones se ha hecho con sujetos contemporáneos. Gracias a la abundante iconografía existente, se pudo contar con un amplio material comparativo, de modo que la prueba no confrontó dificultades mayores de las que podrían suponerse al no ser las personas sujetos físicos vivos. Justo por esta vasta disponibilidad de imágenes, se alcanzó a establecer comparaciones en un rango de semejanzas del 74,3%. Se exceptuaron las comparaciones en los casos en que no se disponía del elemento semejante, como lo es la sangre. En realidad, no obstante ser arduo el trabajo y complejo, no puede decirse que fuera difícil al extremo de sacrificar su fiabilidad.

 

Y.D.: El índice de coincidencia de rasgos antropométricos parece alto…

 E.V.: El índice de coincidencia o porcentual de coincidencia es alto y muy fiable, teniendo en cuenta que María posee también elementos que son heredados de su madre. Hay detalles que superan el simple valor numérico, por su peso cualitativo. En este sentido llaman la atención algunas identidades: la forma del labio inferior, la comisura palpebral interna, la forma de la oreja, la forma de los ojos, el surco subnasal, la forma de la cara, el ángulo nasal, la orientación de las comisuras labiales, la orientación de las comisuras palpebrales, el eje general del ojo y las cejas, entre otros.

 

 Y.D.: Supongamos por un momento que no se tratara de Martí y María sino de un ciudadano X y una probable hija Y; que esta investigación se presentara ante un tribunal cubano donde estuviese el asunto en disputa. ¿Qué sucedería?

 En la práctica, este tipo de prueba se efectúa con frecuencia por la sala civil del Tribunal Provincial de Matanzas, aprobada y admitida por el Supremo. Sirve para dar solución a conflictos que descansan mucho más en su trasfondo humano, porque siempre hay que ver la naturaleza del conflicto en el que por lo común está implicado un menor que debe recibir, además de la correspondiente manutención que la ley obliga, algo que no siempre se cumple: el amor que debe fomentarse en la certeza de la paternidad. Si el tribunal donde se presenta el litigio no posee un instrumento pericial como esta prueba, fruto de una larga experiencia, su sentencia se apoya en su convicción y en aquellos elementos de juicio que le son aportados durante el proceso. Creo no estar errado al sostener que muchos jueces se sienten un tanto faltos de criterio científico a la hora de dictar su fallo, si no poseen un elemento que les permita apoyarse, aunque no estén obligados a tomar por cierta la opinión del perito. Lo que dice el experto no se convierte necesariamente en la cosa juzgada, según reza una máxima del derecho.

Y.D.: Ya sabemos que es deber de la ciencia no afirmar ni negar rotundamente aquello que no haya sido demostrado en un ciento por ciento; pero el doctor Ercilio Vento, además de un prestigioso científico, es una persona. Esa persona tiene derecho, como cualquier otra, a haber llegado a una conclusión acerca de si María Mantilla era o no hija biológica de José Martí.

E.V.: Salvo que se aporte una prueba en contrario que niegue de manera rotunda lo comprobado a través del examen realizado, y para decirlo en el modo que se suele hacer: la paternidad de José Martí con María Mantilla no puede ser excluida. Se busca siempre que las cosas que se desean demostrar sean categóricamente ciertas, cuando en la ciencia se impone la prudencia y se sabe el carácter relativo que la naturaleza impone en todas las cosas. Aun en este caso, el examen ha sido en esta parte lo suficiente concluyente para afirmar la paternidad presumida.

Es importante destacar, además, que en todo este estudio el único propósito ha sido la búsqueda de una verdad ―quizás demasiado tiempo escondida o no revelada―, nunca un cuestionamiento de los hechos, ni de las personas; para hacerlo, habría que padecer aún mucho por Cuba, o morir por su defensa en un campo de batalla.

Compatibilidad de los rasgos del rostro

1. Orientación y forma del pabellón auricular

Compatible

2. Orientación y forma del mentón

Compatible

3. Orientación y forma del malar

Compatible

4. Orientación y forma general de los ojos

Compatible

5. Orientación y forma de la nariz

Compatible

6. Orientación y forma del espacio intercialiar

Compatible

7. Orientación y forma de la frente

compatible

*Periodista, poeta y narrador, nacido en Santa Clara en 1971. Autor, entre otros libros, de Crónicas martianas. Se caracteriza por la originalidad de su estilo y su ferviente devoción a la obra y la vida de José Martí.

 Para una información gráfica completa, véase: http://ogunguerrero.wordpress.com/2012/01/23/marti-y-maria-mantilla-lo-que-dice-la-ciencia/

ESCRIBO ENTRE DUDAS …

ESCRIBO ENTRE DUDAS …

Luis Sexto

 

Una pregunta me han exigido  estas cuartillas como  advertencia: ¿Es útil responder insultos? La reacción  humana se inclina más al insultado y rechaza al insultante.  Quien utiliza el golpe por debajo de la faja para aflojar las piernas del contrincante, aunque gane el pleito se sabrá de la basta técnica, el desleal recurso del vencedor.  En una polémica, cuando faltan argumentos o capacidad profesional, va el golpe bajo de la burla intentando  descalificar al rival.  Entonces, pues,  cómo he de responder los insultos de un  señor que se parapeta detrás de un belicoso anónimo (algo como un seudónimo), Francotirador del Cauto, que bien podría ser transformado en este caso como el francotirador incauto.

Pero, aunque todavía vacilo en poner la primera palabra, si no respondo podría el escurridizo escribidor creer  que, en vez de no ser yo adepto de las astracanadas mediáticas, soy eso mismo que él ha tratado de  imponer con sus insultantes calificativos en Kaos en la red: un risible Luis de Funes. Por tanto, vengamos a lavar con cloro las ínfulas un tanto enfangadas del caótico francotirador,  parapetado entre las sombras como ese ya famosísimo  “marine”, del mismo oficio que mi contradictor, y que ha vivido orgulloso  de haber matado  a más de 250 personas en Irak sin que las víctimas llegaran a sospechar de dónde provino la bala y qué manos halaron el disparador.. ¿En cuántos habrá  acertado el llanero solitario del río Cauto?

Como lo desconozco, ni puedo precisar dónde vive, ni qué se propone con ese intempestivo panfleto -en su acepción menos literaria- con que me ataca porque, al parecer, he atacado al autor. Mas, cómo atacar a un fantasma, a una firma que carece de identidad, que no puede responder, porque no sabemos dónde ubicarlo, qué leche lo crió, quién le paga. Y  por mucho que pueda yo acertar en los tiros de vuelta,  sería siempre como impactar en un muñeco de paja.  En algún momento, el anonimato es un vestuario imprescindible, si de salvar la vida se trata. Pero  no firmar los textos incendiarios, indigestos, absolutos  del Francotirador del Cauto, indica  una de estas dos cosas: o tiene vergüenza o miedo de publicarlos con su nombre legal, o realiza una operación  encubierta contra el gobierno y la sociedad en Cuba. He de decir lo que quizás muchos ignoren. Este devoto de la pólvora integra una especie de ultraizquierda digital y refunfuñona que suele combatir el actual proceso renovador del presidente Raúl Castro. Para él, y otros que no hay por qué invitar a este concierto, todo cuando se decide o se aplica en Cuba va contra el socialismo, contra el marxismo, contra los trabajadores. Y para evitarlo ofrece soluciones teóricas, teorías que  si alguna vez se pusieron en práctica terminaron en el fracaso. La fuerza de sus escritos, la constante recurrencia a un marxismo pasado por el mimetismo y convertido en dogma, me obliga a suponer que leo a un fundamentalista medieval, a uno de esos frailes que oponiéndose a la quema de brujas, era capaz de quemar a cuantos se le opusieran a su oposición.

Redondeando, el Francotirador del Cauto redacta su diatriba contra este periodista de Juventud Rebelde, porque el pasado viernes 13, en mi columna Coloquiando –titulada ese día El país de las hipótesis-  escribí sobre la conveniencia de no aspirar al país que queremos tener, sino al que necesitamos. Entre otros juicios, dije: “Por lo que uno lee en ciertas pantallas de la web, Cuba se ha albergado en la región de las hipótesis, de hipótesis en pugna. Es decir -y solo repito lo que casi todos sabemos-,  unos la quieren regida por el capitalismo y otros la imaginan entre los arrullos del nacionalismo pequeñoburgués. Por otra parte, desde un extremo de la izquierda -un extremo que se autodefine implícitamente intransigente y descontentadizo- la quieren como laboratorio de un socialismo tan teórico como generoso y febril, mientras obvian las circunstancias materiales y políticas en que la sociedad cubana intenta la actualización económica y social, y obvian sobre todo que ese “socialismo profundo”, “ultraísta”, nunca ha sido puesto en práctica, o al menos no parece haber sobrevivido al experimento”.

Ello, supongo, ha sido suficiente para la réplica del Francotirador del Cauto, tan fuera de forma y de fondo como la generalidad de sus artículos. Y si algo no escribí entonces, aprovecho el momento en que dudo si responder a mi enrabiado interlocutor, para afirmar y firmar con mi voz y mi nombre y apellido, que con la aparente defensa de un socialismo solo apto para ser desarrollado en el silencio sobrecogedor del cosmos, adonde todavía las circunstancias explosivas de este planeta no han llegado, solo  se consigue dividir a los cubanos y, por ende, beneficiar la política de los Estados Unidos contra Cuba. Anexionistas y autonomistas protagonizaron ese libreto a fines del siglo XIX, cuando se decidía la Constitución de la recién independiente república cubana. Y alegaban la incapacidad de los cubanos para gobernarse, de modo que Cuba necesitaba de la tutela de los cultos, sensatos y bien comidos benefactores del norte. Hoy, la cuña de confusión se introduce  cuando entre carencias, bloqueos y hostilidades de múltiple color,  el país intenta reordenarse racionalmente sobre los rezagos del ya inexistente socialismo real.

En fin, tras decir lo anterior, decido  no responder el disparo incógnito de quien no da el nombre por razones que podrían apuntalar la sinrazón. Se responden argumentos; los insultos se dejan pasar.