Blogia

PATRIA Y HUMANIDAD

GAZAPOS BAJO LA LUPA

GAZAPOS BAJO LA LUPA

 

Luis  Sexto      

Un error común en nuestros periódicos: títulos y epígrafes

La coherencia estilística y técnica es una de las características de un periódico profesionalmente concebido y editado. No solo se precisa ser consecuente  con las normas de redacción del medio;  también con la técnica universalmente establecida, o con la tradición nacional, o con el dictado de la razón, ese recurso que tanto falta y   cuya ausencia explica entre nosotros,  los cubanos, que a veces miremos y no veamos.

 El pasado sábado 9 de febrero apareció en un periódico el siguiente título en la página dos:  DECLARAN MONUMENTO NACIONAL EL SITIO HISTÓRICO. Como es normal, todo título tiene que llevar una idea completa. Y en este ejemplo aparece el verbo: declaran y seguidamente los complementos: monumento nacional y el sitio histórico. Ahora bien,   el complemento directo está incompleto y  por lo tanto el título cuelga del aire, porque le falta un dato básico.   Uno, a la vez que se pregunta qué sitio histórico es ese,  se explica el proceder. Como  destacaron el puntaje del titular, no cabía en las dos columnas asignadas y en vez de sintetizar  la idea, los redactores acudieron al recurso del epígrafe, y colocaron, arriba, en un puntaje menor este dato: 55 aniversario del desembarco del Directorio Revolucionariom "13 de Marzo".  Pero el lector lo que primeramente lee es el título, es decir, el aspecto más destacado de la nota informativa. Y como hemos visto,  el título quedó sin uno de sus miembros más importantes: la demostración de la historicidad del  sitio. Y  los lectores se vieron obligados, tras un lógico desconcierto, a buscar el sentido completo de la propuesta leyendo el epígrafe, es decir, la parte menos importante y deducir que el sitio histórico era el lugar del desembarco del Directorio Revolucionario "13 de Marzo". En suma, la esencia de la información resulta esta: Declaran como monumento nacional el sitio histórico del desembarco del Directorio Revolucionario, a 55 años  de ocurrido.

Ahora bien, el problema consiste  ajustar  el título a su espacio. Y la primera regla, al menos en  la tradición cubana, y además en el principio de facilidad de lectura que rige en la prensa impresa, es  no hacer depender el título del epígrafe. Este opera sólo como complemento.  Por tanto,  según mi experiencia, pudiera haberse compuesto así: Epígrafe: Desembarco del Directorio Revolucionario. Prescindimos del aniversario, porque no es un elemento fundamental; en cualquier momento se hubiera podido hacer la declaración. Y prescindimos también del 13 de Marzo, pues si el desembarco ocurrió 55 años antes de hoy, no es posible confundirlo con el Directorio de los años de 1930. Y el título: DECLARAN MONUMENTO NACIONAL SITIO HISTÓRICO DE SANTA RITA, o para abreviar aún más, podemos acudir a la construcción nominal: MONUMENTO NACIONAL EL SITIO HISTÓRICO DE SANTA RITA. Santa Rita es el nombre del sitio, que aparece en el lid de la nota.

Ortega y Gasset escribió una idea fundamental, que resumo: Podemos escribir, porque el lector posee un universo de referencias. Por ello, el periodismo puede abreviar y suprimir información porque el contenido integra las referencias vigentes en la actualidad. Ahora bien, no tenemos que obligar a los lectores a ser adivinos, poniendo fuera de lugar un dato básico en el título. Un título incompleto parece una muestra, aunquer sea incidental,  de carencia de profesionalidad.  Recordemos: leer los titulares es lo mínimo que recabamos de los lectores de periódicos.

Otras consideraciones  quedan sin expresarse. Lo fundamental es recordar que el título, al menos el informativo,  nunca se subordina al epígrafe para ser comprendido: ha de poseer un sentido completo desde el punto de vista oracional, aunque no exponga toda la información. El epígrafe lo puede completar, pero sin que sea este necesario para captar de un solo golpe de vista el contenido fundamental de la noticia. Dicho esto, advierto que mis observaciones han sido inspiradas por el deseo de ayudar a mejorar técnicamentenuestros medios . Nada impide ser correctos; nadie impide ser creativos.  A muchos de mis alumnos se los advertí en clases, cuando hablamos de los títulos.        

 

 

UN LIBRO EN MI VIDA

UN LIBRO EN MI VIDA

Luis Sexto

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin ánimo de competir en  el concurso cuya convocatoria está debajo de este post: Sólo para recordar una fecha en mi almanaque

Hace unos días, registrando entre mis libreros, topé con un selección de poemas del nicaragüense Ernesto Cardenal. La fecha de publicación: 1967; la editora: Casa de las Américas, en su colección La Honda. Demás  está decir que la nostalgia se me encimó y me mantuve hojeando aquel volumen de 200 páginas  tantas veces leído. Si no me equivoco, fue el primer contacto de los cubanos  con un libro de Cardenal publicado en Cuba. Y uno, por esa afición voraz de leer, sabía quién era Cardenal. Sabía de su condición de sacerdote católico, y de las distintas fases de su existencia, no tan larga entonces: luchador contra Somoza y monje contemplativo en un monasterio trapense en los Estados Unidos. Pero, a decir verdad, nunca lo había leído.

Por esa razón, cuando supe que la Casa de las Américas había publicado una especie de antología del autor  de Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, aproveché  un momentáneo regreso a La Habana desde el central Amancio Rodríguez, antes Francisco, donde ejercía como topógrafo en la reconstrucción de una línea férrea.  Lo empecé a buscar en varias librerías.  Me parece que fue en los bajos de Juventud Rebelde,  que en esa época ocupaba el edificio del ex Diario de la Marina. Recuerdo incluso la fecha. Porque   experimenté  tanta emoción  que escribí una nota en la primera página, como si fuera el acta  de mi estado de ánimo. Casi me da vergüenza leerla y sobre todo reproducirla. Uno,  hombre de prensa y letras, debe haber ya perdido el miedo escénico, pero cuando  discurren  los años juveniles, suele desviarse la pluma y embarrancarse en cualquier tontería. Ahora comprendo que desde entonces me provocaban las imágenes.  En fin, dije, entre otras palabras, que con los ojos ávidos, con los brazos anhelantes de un novio ante su novia, empezaba a leer esos poemas. Y finalizaba rotundamente: “No creo que haya sentido jamás tan dulce emoción en presencia de un autor y su obra”. Era el 11 de enero de 1968. Me faltaban seis meses para cumplir 23 años.

 En la selección de Casa de las Américas hallé páginas que no me gustaron, largos poemas que, a pesar de su profundidad casi mística, cansaban. Me gustaron los poemas breves de cuando  Ernesto Cardenal pasaba  el  noviciado en el monasterio de Nuestra Señora de Gethsemaní, en Kentucky y cuyo maestro  era Thomas Merton, otro escritor que me acompaña desde mi adolescencia intelectual;   me atrajeron los epigramas, a veces tan urticantes: “Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos/ y soñéis con un poeta: / sabed que yo los hice para una como vosotras/ y que fue en vano”. Me impresionó  el exteriorismo  que Cardenal transformaba en poesía: objetos que oscilaban entre un  basurero y  un salón de baile colmado de colillas: “Ha llegado al cementerio trapense la primavera,/  al cementerio verde de hierva recién rozada/ con sus cruces de hierro en hilera como una siembra,/ donde el cardenal llama su amada y la amada/ responde al llamado de su rojo enamorado./ Donde el reyezuelo recoge ramitas para su nido/ y se oye el rumor del tractor amarillo/ al otro lado de la carretera, rozando el potrero./ Ahora vosotros sois fósforo, nitrógeno y potasa./ Y con la lluvia de anoche, que desentierra raíces/ y abre retoños, alimentáis las plantas/ como comíais las plantas que antes fueron hombres/ y antes plantas y antes fósforo, nitrógeno y potasa…”  Y me conmovió, sobre todo, el poema dedicado a Marilyn Monroe.

Ernesto Cardenal ha escrito y publicado, desde 1968 a la fecha, mucho más que aquellos poemas que leí en mi juventud.  Posiblemente, el  sacerdote sandinista nacido en 1925 sea hoy mejor poeta. Pero yo quisiera, como en una noche reciente,  reconocer que me pasaría la vida leyendo  el poema dedicado aquella actriz rubia y triste, recién muerta por su mano,  que conocimos en el cine: “Señor/ recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra  con el nombre de Marilyn Monroe/ aunque ese no sea su verdadero nombre (pero tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años/ y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) Y ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje, sin su agente de prensa, sin fotografías y sin firmar autógrafos, sola como un astronauta frente a la noche espacial” … El poema sigue, sigue creciendo en compasión y emoción. Y  el poeta, que sabe que antes de morir,  Marilyn tuvo el teléfono en la mano, termina el largo pero nunca aburrible poema a una pobre mujer famosa:

Señor/ quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar/ y no llamó (y tal vez no era nadie/ o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)/ contesta Tú el teléfono!”

 

PROMOCIÓN DE LECTURA

PROMOCIÓN DE LECTURA

Convocan a II Concurso Caridad Pineda in memoriam  

La Asociación Cubana de Bibliotecarios en Santiago de Cuba y la emisora Radio Siboney en su aniversario 45, convocan al II Concurso Caridad Pineda In memoriam de Promoción de la  Lectura.  

   Podrá participar cualquier ciudadano cubano residente en territorio nacional, con un texto que comente alrededor del libro que marcó su vida. La extensión será de hasta cuatro cuartillas en Arial de 12 puntos, a espacio y medio, y firmado con seudónimo. En sobre aparte sellado, incluirá su nombre y apellidos, número de carné de identidad y dirección; así como teléfono y correo electrónico si los tuviese.

   Se otorgará un Gran Premio de 500 pesos MN, así como dos galardones de 300 pesos MN, al mejor texto de un autor de hasta 25 años y a un autor de la tercera edad.

   Los trabajos se enviarán o entregarán personalmente a la emisora Radio Siboney, Calle 8 n. 56 entre A e Independencia, Reparto Sueño, Santiago de Cuba, o si lo desea a la Biblioteca Elvira Cape (Sala de Hemeroteca), Heredia 259, entre Carnicería y San Félix, Santiago de Cuba.

   También se admite el envío electrónico a las direcciones  cmdv@rsiboney.icrt.cu, escribanode@gmail.com, ambos inclusive, en cuyo caso se incluirá en el Asunto: “II Concurso Caridad Pineda In Memoriam”. Se enviará en un archivo Word el texto con seudónimo, y en otro adjunto, el nombre y los apellidos del concursante, número de carné de identidad y todos sus datos de localización.

   El plazo de admisión vence el 31 de julio de 2013 y la premiación tendrá lugar el 9 de septiembre de este propio año en la propia Biblioteca Elvira Cape. Los organizadores se pondrán en contacto con los galardonados que, eventualmente, no pudieran asistir al acto de premiación.

   Caridad Pineda Anglada (1933-2012) fue una insigne maestra santiaguera, poeta natural y defensora tenaz de la lectura desde las aulas, las bibliotecas y la comunidad.

 

VISIÓN PERSONAL DE MARTÍ

VISIÓN PERSONAL DE MARTÍ

Luis Sexto

¿Soy egoísta o acaso presuntuoso cuando pretendo tener un Martí propio, según mis lecturas, mis experiencias, mis deseos? Tal vez  algún lector estime que no pueden coexistir tantas apropiaciones diferentes en una sola persona verdadera, carne y sangre en la historia. Pero si para Lezama, como suele repetirse, Martí era un misterio, y para otros un soñador, un fundador, un apóstol o un estilo inimitable e insuperable,  tendré cierto derecho a crear y creer en mi Martí.

El nombre de Martí empezó a intranquilizarme en su centenario, cuando aún este niño que fui no había cumplido siete años. Recuerdo que en la escuela pública de General Carrillo, mi pueblito remediano, la profesora Antonia Núñez preparó un acto patriótico, y entre otros alumnos me eligió para recitar una estrofa martiana al pie del busto que ese día inaugurábamos en el patio. He contado la anécdota, no sé cuándo. Pero preciso reiterarla, porque mi Martí comenzó  a forjarse  el 28 de enero de 1953 como un sabor de algo incomprensible, pero hermoso. Aquellos versos quizás trazaron tiernamente las primeras líneas de esa especie de lírico que me empecino en ser, que no renuncia a poner el yo por delante, con la misma limpia tozudez con que hace poco defendía esa actitud Nancy Morejón.

Aquella mañana -fría, porque recuerdo haber llevado un abrigo puesto- recité: “Mírame, madre, y por tu amor no llores/ si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ tu mártir corazón llené de espinas/ piensa que nacen entre espinas flores”.

Ese, ese es mi Martí. Y cómo podré explicarlo mediante los versos de un adolescente de 16 años que conmovió a un niño que aún le restaban seis meses para los siete. Con los años, mientras leía sus obras, y un dibujo enmarcado de Lopito  escoltaba mi litera en tiempos de estudiante becario, o en el barracón de algún ingenio, mi Martí fue esclareciéndose. Fue el Martí héroe de la abnegación, el hombre que sabía soportar incomprensiones, que sabía desaparecer para no estorbar, el Martí que andaba a pie por New York para no gastar un centavo del dinero de la Revolución.

Ese, mi Martí, lo vi más claramente cuando, hace casi una década, visité por primera vez el rincón  recoleto de su desembarco con Gómez y una “mano de valientes”.    

Playita de Cajobabo continuaba solitaria, arriscada,  sirviendo  de caja de resonancia al agua cuando se echaba un tanto airadamente contra las rocas. El golpe de las olas acentuaba la sensación de soledad, como de espacio sagrado, donde a Martí y a  sus compañeros el pecho se les hinchó por la dicha íntima que reclamaba tanto espacio hacia fuera.

Pude imaginar a mi Martí en aquella noche tormentosa, mientras recogían armas y jolongos antes de adentrarse en el monte inmediato. El periodista, que soñaba la escena bajo un sol colgado del mediodía impresionado por el forcejo del mar, pensó que ese ha sido uno de los hechos fundamentales de la patria que ningún reportero pudo cubrir.

Al menos, puedo contar el parto del Martí de mi predilección, en tanto me agachaba para tomar una piedra pulida. En mi alma, se convertía en acto, en sacrificio, en estoica y ética conducta, la imagen con sabor a cosa incompresible, a destello sacro que el niño aquel pudo sentir sin entender al recitar unos versos. 

Y si hubiera estado allí, en Playita, aquella noche de abril de 1895, qué habría preguntado o qué habría escrito. Posiblemente, mientras caminaba junto a los seis expedicionarios, a la primera pregunta, José Martí, con la delicadeza como de miel que humedecía su voz, me habría respondido que él, él también, es periodista y ahora redactaba su más vívida y urgente crónica. Mira,  la pluma y el cuaderno de notas van en mi bolsillo. Y sobre sus espaldas,  la mochila abultada, y de su hombro izquierdo cuelga un fusil, casi del tamaño físico de aquel poeta ahora soldado. El Viejo, Máximo Gómez, se aproxima y me advierte que las palabras hoy no hacen falta. Ni siquiera el Delegado las necesita, él, tan señor del verbo. Martí hoy supera su grandeza: Nunca antes -dice Gómez, que lo reafirmará en el periódico El Mundo  el 19 de mayo de 1902- lo vi tan grande como ahora, cuando sube lomas bajo un peso que le dobla el cuerpo frágil, pero le empina el alma.

Y ese, ese es mi Martí: ese hombre que entre espinas, sin quejarse, encontraba el olor de las flores.

(Publicado en Juventud Rebelde)

LA VUELTA DE VIRACOCHA

LA VUELTA DE VIRACOCHA

 

Luis Sexto

Memorias de viaje

Me he detenido en mi viaje. Toco la nieve. Miro en torno… Y cuando el viajero se encuentra entre picachos nevados en Los Andes o atraviesa el altiplano observando la llanura interminable, apenas sin vegetación y salpicada aisladamente por una choza de adobe o un rebaño de llamas o alpacas, puede intuir que está en el sitio donde comenzó el mundo. Siente recónditamente un olor a antigüedad y percibe la atmósfera de la primigenia desolación.

El viajero está también más cerca del sol. Porque hablamos de alturas de 3 000 ó 5 000 metros. Quizás por haber habitado un medio geográfico montañoso, los incas creyeron proceder de  la luz. Inca, nombre dado a su jefe o emperador, significa hijo del sol.  Viracocha, el dios creador, luego de destruir con un diluvio en un gesto de ira a sus primeras gigantescas criaturas, permitió que una pareja sobreviviera. De ellas partió la nueva raza, amasada con barro al igual que los animales. Antes creó la luz. Pero el astro del día brillaba menos que esa señora que alumbra las noches, y Viracocha, al percatarse de los celos del sol,  arrojó una poco de ceniza a la luna. Ese es el Génesis del  incario.

La leyenda justifica al parecer el concepto que los incas, que hablaban una lengua no escrita llamada quechua, tenían de su destino como pueblo. Presumían de ser superiores, hombres escogidos  para conquistar y gobernar a sus vecinos. Y hacia 1450 los incas o capaccuna, como ellos se nombraban en el principio, sometieron totalmente a los chochapoyas, los chimú y otras tribus andinas, reputadas de “salvajes” y por tanto merecedoras de vivir bajo la égida civilizadora de los hijos de la luz. Trescientos años después de que Manco Cápac y su hermana Mama Ocllo edificaron el Cuzco por mandato del dios Sol, que les ordenó ir hacia “la tierra prometida” y  levantar en ella una nación, el imperio se extendía desde el sur de Colombia hasta el río Maule, en Chile, y comprendía también a Ecuador, Perú y Bolivia. Geográficamente lo integraban las mayores alturas de los Andes, más una zona selvática, lluviosa, llamada “yungas”, y el desierto de la costa del Pacífico, en una franja que sumaba más de 3 000 kilómetros de norte a sur, y más de 800 de este a oeste. 

Más de cinco millones de aborígenes se inscribían en el sistema imperial del incanato. Desde el Cuzco, la capital, partían cuatro caminos hacia los distintos suyos, nombre de las  cuatro regiones o partes  que componían el imperio. Cinco mil kilómetros de vías empedradas y un sistema de chasquis -mensajeros que cada dos kilómetros se relevaban en postas de correo- mantenían al orbe incaico en comunicación.    

Los incas no fundaron la única cultura sobresaliente en Los Andes.  Durante 3 200 años los tihuanacotas vieron en áreas de la actual Bolivia.  Emergieron dos milenios antes  de Cristo y se extinguieron durante su etapa de expansión, 12 siglos después de nuestra era. Su desaparición es todavía inexplicable. Cómo, por qué, preguntan los historiadores. Y el escritor Antonio Paredes, mientras vendía sus libros en el Prado de la capital boliviana, unos meses antes de su muerte  a principios de este siglo,  aseguró a este periodista que  ese “es un misterio que nunca podrá ser esclarecido”.  Solo dejaron, aparte de objetos de alfarería o tallados en arenisca o basalto y algunas momias, el centro ceremonial de una ciudad, Tihuanacu, a 70 kilómetros de La Paz, cerca del lago Titicaca. 

El viajero, en medio del altiplano, batido por un viento frío, a 3 845 metros de altitud  se estremece con la expresiva soledad de estos muros. Dentro,  monolitos de rostros cuadrados, sin relieve, o estatuas de solemnes semblantes custodian los secretos de aquella civilización perdida. Y se asombra también el viajero ante la Puerta del Sol, con un calendario grabado sobre el dintel, como prueba de que los tihuanacotas dominaban el movimiento del tiempo, que un día, tal vez por obra de un cataclismo climático,  se acabó para ellos.

Los pueblos andinos poseían cada uno su idioma y sus costumbres. Los emperadores incas, sin embargo, impusieron su lengua y su ley: “Ama sua, ama llulla, ama chekila”. Tres preceptos que favorecían el orden: No robes, no mientas, no seas perezoso. Solo el cultivar las mismas plantas o tubérculos y comer la misma carne unía a las tribus de la región.  La papa y el maíz, que conservaban como “chuño” o alimento disecado; el ají, el tomate, la papaya, y el “charqui”, tiras secas de la carne  de la llama, uno de los camélidos que sirven de bestias de carga en las alturas.

El trabajo favoreció la expansión  imperial de los incas. Guerreaban con valentía e ingenio, sus cabezas cubiertas de cascos emplumados. Pero trabajaban y gobernaban mejor.  Comunitariamente.  Alegremente. Como si afrontaran una batalla. Los cantos de labor les alentaba el ánimo mediante la confianza en el triunfo: “¡Victoria Victoria!/ Aquí torciendo la cuerda,/ Aquí la cabuya,/ Aquí el sudor,/ Aquí el afán.”  Y de otro sitio, un coro respondía: “¡Trabajad, hombres, trabajad.”  Al escasear las áreas agrícolas construían terrazas, muros de piedra llenos de tierra, y si el agua faltaba, porque el dios del Trueno no la propiciaba, la hacían bajar de las cumbres conducida por acueductos.

El Cuzco resplandecía bajo el sol difundiendo reflejos dorados. Las paredes de sus palacios, de un piso o dos,  se levantaron con piedra finamente labradas, unidas con un tacto que hacía invisible la costura de los albañiles. El techo se cubría de paja, y entre la paja hilos de oro. Las casas de los ciudadanos comunes se fabricaban de piedras,  con junturas de barro, y con barro se repellaban y luego se pintaban. El agua potable venía a la ciudad a través de tuberías también de barro. El pueblo disponía de baños y retretes. 

Eran maestros en la arquitectura. Las ruinas de Macchu Picchu, una especie de ciudad fortaleza aledaña al Cuzco, perduran aún para ilustrar porqué la vida y la obra de los incas componen una de las principales civilizaciones humanas, sobre la herencia remotísima de  hombres que, procedentes de Asia, llegaron a América  por el Estrecho de Bering, en el norte, hace más de 40 000 años.

La sociedad incaica y las tribus sometidas vivían uniformemente, en un régimen colectivo, soldado por el parentesco. El imperio todo lo preveía: el tiempo de  inclinarse sobre la tierra para plantar o para cosechar; el momento en que la madre debía llorar y el  hijo debía casarse. El gobierno incluso obligaba al matrimonio y si alguien no hallaba su pareja, oficialmente se le asignaba una mujer,  cuyos instantes de ocio, después de otras labores, los invertía, aun desde niña, en hilar y tejer la lana.

Después  de haber creado al inca, Viracocha vino a la tierra para confirmar que sus hijos lo obedecían. Pero no lo reconocieron en la figura de aquel anciano que caminaba apoyándose en un bastón. En un lugar lo apedrearon por creerlo extranjero. Y el dios creador cedió a la furia; echó fuego sobre las rocas. La gente, temiendo morir, suplicó perdón. Viracocha rectificó benignamente. En el Cuzco le erigieron un templo. El dios partió hacia el norte donde se despidió de su pueblo. Y se adentró en el océano Pacífico caminando sobre las aguas.

Más tarde, en  1525, apareció el hombre blanco, alineado entre las huestes de Pizarro. Y por los caminos del imperio corrió en los pies de los chasquis una noticia terrible:

-Viracocha ha vuelto.

Empezaba el fin. Y se hacía anunciar otro comienzo.

 

PENSAR EN CUBANO

PENSAR EN CUBANO

 

Luis Sexto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El significado del 28 de enero en el fechario patriótico, facilita la reflexión sobre la complejidad política, social, económica que regularmente ha padecido nuestra historia. Evoquemos a Martí en la madurez de su intelecto superior, su ética heroica, y en medio de la faena por unir a los cubanos para conquistar y merecer la independencia. Lo visualizamos cercado por tiranteces y contradicciones; deslealtades y oposición; comprensión y resistencia; optimismo y dudas, y también por la amenaza de la anexión.

Como Bolívar, Martí puede ser llamado “hombre de dificultades”, pero en especial hombre de muchas dificultades derivadas de la incesante conjura de intereses que en aquel tiempo de fines del XIX convertían al país en un ruedo de pasiones. Y si hoy tenemos a Martí como maestro, unificador, ideólogo de la nación, es porque a todas las dificultades que estorbaban su obra liberadora, y lo desgarraban en lo íntimo, opuso una fórmula: pensar en cubano.

Siguiendo el hilo que une al presente con lo más límpido, honrado, generoso de nuestro pasado, hoy urgimos también de pensar en cubano. Las crisis no pueden servir solo para tocar la caracola que convoque a lo más ruin y débil de nosotros para la estrategia del sálvese el que pueda. El mundo o “el sistema mundo” -categoría que le oigo repetir a mi amigo Eduardo Montes de Oca con la culta madurez de quien lee libros como si observara a las estrellas para hallar rumbos y explicaciones; el “sistema mundo”, signado por el hegemonismo de un capitalismo que niega hasta el tiempo libre en nombre de los rigores mercantiles, deriva hacia una especie de desnacionalización, un pensar ambiguo y global. Y si la edad media, según un escritor francés, fue una gran iglesia, la sociedad mundial tiende a convertirse en una gran plaza de mercado.

Ello es sabido. Pero no sobra recordarlo para tener presente que las crisis han de servir también para soplar la diana de la virtud, del patriotismo. No pretendo invocar el sacrificio; pretendería hacer sonar trompetas ya desafinadas; más bien me preocupa que no pensemos en cubano, que es más, mucho más, que hablar en asere, ecobio, mi socio, jugar pelota y polemizar a gritos.  Pensar en cubano hoy, como ayer en la edad de Martí, equivale a considerar a Cuba el fiel de nuestra existencia individual y colectiva, para continuar pesando en la balanza del planeta como un ente independiente y próspero donde sus habitantes logren con el trabajo el origen de todo bienestar, toda justicia y toda libertad.

Por tanto, ¿piensan en cubano los que aparentemente acatan las nuevas leyes y cumplen con la vieja norma de prohibir y limitar, sin percatarse de que la acción de cada uno  a favor de los demás es, básicamente, la esencia solidaria de  nuestra estrategia? Hemos visto, más que leído, en algún periódico, la rutina de los “puestos de mando”, esto es, la centralización de lo que pretende descentralizar, como si en Cuba nada pasara, como si el movimiento hacia delante fuera simplemente, la inmovilidad convertida en ilusión.

Es cierto: los mismos que hemos cometido los errores, somos lo que habremos de rectificarlos. ¿Pero podrá subsanarse un error de índole colectiva sin que el sujeto en singular se renueve moral, culta y patrióticamente? ¿Estará nuestra sociedad en capacidad de soportar viejas fallas sobre bases concebidas para ir hacia una más efectiva cualidad económica, social y política? Y sin ánimo de “cazador de brujas o brujos”, a mi criterio, los que nos equivocamos una vez debemos saber que la segunda no podrá merecer el derecho a rectificar pasando raídas apariencias como si fuesen la ropa blanca de la verdad. Así nos engañaríamos. Y para evitarlo, advirtamos lo esencial: más que las fallas con las cuales nazca cualquier plan o concepción, lo verdaderamente dañino es su aplicación incompleta o falseada por los enredos de la rigidez del pensamiento o por el gusto del acomodamiento.

Pensar en cubano, como recordamos hoycuando se acerca la celebración del natalicio de Martí, implica, pues,  no pensar en burócrata, no pensar en egoísmo. Más bien, pensar en cubano es pensar y actuar en servicio.    

EL HUMO Y LA LECTURA

EL HUMO Y LA LECTURA

Luis Sexto

Desde los días iniciales de su nacimiento, la lectura de las tabaquerías recibió el anuncio de su  muerte inmediata, sin que alguna  cartomántica leyera tan temprano augurio.  Travestidos como portavoces de la fatalidad, los propietarios de los talleres de torcido, mediante el Diario de la Marina, previeron un riesgo para sus intereses de clase e intentaron matarla  poco después de nacer.  Temían que libros leídos en voz alta  sacudieran el polvo, ordenaran los trapos de la conciencia proletaria con la cultura que, consecuentemente, adquirirían los torcedores.

 Transcurría  1865 cuando el iletrado era el trabajador típico de la sociedad esclavista colonial. Ese año, a sugerencia de don Nicolás Azcárate — dúctil sensibilidad y empinado talento literario y jurídico—, y apoyados por el tabaquero y periodista Saturnino Martínez, los talleres de El Fígaro inauguraron la institución de la lectura. El más preparado de los torcedores, con un salario sumado con la dádiva de sus compañeros, se aplicó a leer lo mismo un novelón que un texto filosófico. Don Jaime Partagás, apellido convertido hoy en una celebérrima marca, aprobó  la iniciativa y la estableció en su fábrica.

Durante décadas, en efecto, los tabaqueros integraron el grupo más preparado de la clase obrera cubana. Y consecuentemente uno de los más beligerantes. No  podían oír la lectura de  Los miserables,  de Víctor Hugo, sin quedar convocados a conocer los extremos del mundo social: ricos y pobres. Y percatarse de que ellos, los asalariados, eran del bando o la clase menos favorecida con la riqueza creada por sus manos. Martí, conociendo que eran trabajadores intelectualmente aptos, se auxilió de los torcedores para difundir y apuntalar la idea de la independencia. Y defendió el papel de la lectura en los talleres al preguntar en uno de sus textos qué sería del torcedor si a su aburrida, aunque productiva faena, se le suprime “la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan”.

Autobiografía de un hombre que fue de color, novela del escritor estadounidense  James Weldon Johnson (1871-1938), publicada en Cuba en 1988, por la Editorial Arte y Literatura, describe aquellos días de finales del siglo XIX, cuando los tabaqueros emigrados  en Cayo Hueso, Tampa, Jacksonville preparaban, con la habilidad de sus manos de torcedores, la guerra de independencia. El personaje narrador, negro norteamericano, hijo de una pareja interracial, cuenta su aprendizaje de despalillador. Y  al año y medio, un tanto ducho en el español dominante en la fábrica, pasó a ejercer de lector. Lo que cuenta es casi semejante  al presente. Y apunta que no solo era necesaria una buena voz. El lector  debía ser reconocido como persona inteligente e informada sobre conocimientos  de “diversa índole”.  “Como lector –narra el protagonista de la única novela de Weldon Johnson- no solo me liberé de la monótona labor de torcer tabacos (…), sino que también incrementé considerablemente mis ingresos”.

El lector de tabaquería ha de ser, según la tradición, una especie de actor. Hasta hace pocos años, al menos los lectores más antiguos actuaban el texto. Como leían para ser escuchados, la voz adoptaba tonos, ritmo, énfasis, incluso matices, para que el libro o el periódico fueran comprendidos. ¿Cómo podría el oyente determinar quién habla en un diálogo si el lector no diferencia las voces?

A pesar de la radio, que amenazó  a la lectura viva en las tabaquerías, esta institución  no pasó al olvido, como el cigarrillo no ha condenado a las memorias el consumo de la hoja de tabaco envuelta en sí misma. Durante los tres últimos siglos, el habano ha confirmado que  posee un toque, un detalle que sobrepasa la calidad natural de la hoja cubana. Posiblemente no sea solo una gracia,  o un secreto de la agrotecnia que los indocubanos, que la  cultivaban y la degustaban, legaron a los primeros vegueros canarios. Entre otras normas, los aborígenes  recomendaban que  fueran cautos con el agua, porque, si le sobreabunda,  el tabaco se vuelve muy meloso. 

El mágico poder de tabaco parece incrementarse en el proceso de  confección, desde el curado a oscuras en uno de esos rascacielos de madera o guano que surgen en los campos de Pinar del Río o en el sur de La Habana, o en las provincias del centro. El torcido es limpiamente artesanal. Como un fluido intercambio de familiaridad entre la materia prima y el obrero. Elaborado a  máquina, probablemente el puro empezaría a ser impuro. Le faltaría la poemática energía, la personalizada ternura de las manos, de esos “dedos sabios” que versificara Raúl Ferrer.

Los adelantos de la ciencia o la técnica son a veces intermediarios que en lugar de ayudar al hombre a asumir su plenitud, lo vacían de su humanidad. Ciertos actos no toleran el distanciamiento. Como el amor. Jamás un robot podrá servir una mesa con una sonrisa caliente, ni un beso podrá humedecerse mediante el teléfono o el correo electrónico. El habano genuino deriva de un proceso amoroso desde el semillero hasta el taller. El veguero trata a cada una de sus plantas como novias, o como hijas. Y quizás a media noche lo vemos arrodillado escardando las plantas de su vega, muy cerca de la casa.

El fumar un habano equivale a un acto de cultura. El fumador sabe que junto con el humo aspira también un capítulo y un emblema  de la historia nacional.  Pero fuma el que quiere o desea.  Fumarlo no compone un distintivo  patriótico. Porque si Martí elogio a los tabaqueros y empleó los sentimientos patrios que los ligaban a Cuba desde los Estados Unidos, no fumó. En cambio, Juan Gualberto Gómez, el delegado de Martí en Cuba, el mulato que usaba la palabra como sable o estilete, el independista de argumentos precursores sobre la igualdad racial, el hombre que se educó en París y comió siempre en Sabanilla, arrastraba un habano con la afilada paciencia de su patriotismo sin grietas.

El habano, por mérito propio,  ha conquistado a sus adictos, aun a los más relevantes. A Carlos Enríquez pudiera pintársele con un puro como pincel. ¿No podría intuirse acaso que esa gasa flamígera que envuelve sus cuadros es humo de tabaco, humo que algunos de cuantos lo conocieron creyeron apreciar también en su mirada?  Y si revisamos un tanto la iconografía de hombres prominentes en Cuba, famosa es la foto de José Lezama Lima, detenida por el ojo oportuno y rápido de Chinolope, donde el poeta muestra un  tabaco entre sus labios barrocos y místicos con el parece llamar a sus orígenes. Benny Moré, Cuba hecha ritmo en la voz y los gestos de un cubano, fumó también el tabaco puro, y quizás alguna vez lo humedeció en el ron, fluido entrañablemente nacional. A José Luciano Franco, visceral y longevo historiador, lo sorprendí durante nuestras entrevistas con uno entre los dedos.

La lista amerita mucho espacio. No cierro esta especie de especulación sin evocar al Che Guevara. En qué fotos no lo vemos con un tabaco, hecho un cabo, un mocho, como queriendo introducirse a Cuba en la planta combustible que junto con la caña de azúcar la ayudó a erigirse en nación. 

El habano ha seducido  incluso a enemigos de Cuba revolucionaria. John F. Kennedy violaba las prohibiciones del bloqueo impuesto por él mismo en 1962, para fumar uno de nuestros misiles de placer llegado a su mesa presidencial por mañas clandestinas.

Y  al final uno se pregunta  como el arqueólogo ante el volcán y la pirámide: ¿qué fue primero, el habano o la torre de un ingenio, tan similares ambos en geometría y espíritu cubano?  Al menos sabemos que las manos y el tabaco existían ambos antes de su confluencia. Pero ahora,  no podrá existir sin las manos del torcedor cubano. Este operario forma parte del misterio de la hoja, del humo y su mezcla con la sangre.  Y  la lectura proseguirá enriqueciendo el trabajo, porque  como nueva negación del fallecido y maldito pronóstico de sus orígenes,  las autoridades cubanas han declarado a la lectura en las tabaquerías patrimonio inmaterial de la cultura  de la nación. 

La riqueza de la lectura no se toca, no se embotella, ni se guarda en bancos. Ni se quema. Se lleva en la conciencia. Que siga, pues,  el habano humeando por el mundo, mientras las manos prodigiosas que lo tuercen, oyen  en silencio  el libro de turno…

(Publicado en Cubahora)

 

ÍDOLOS Y SUEÑOS

ÍDOLOS Y SUEÑOS

Luis Sexto

Vea al final un texto de última hora

Reflexión de fin de año

Pasa el año. Y lo sucedido ayer es cronología; lo que ocurre hoy es acción u omisión, ingredientes futuros de la historia que habremos de juzgar observando el pasado. Y aunque estas definiciones sean obvias, tengamos en  cuenta que entre el pasado y el presente se establece un encadenamiento, y cuando este se olvida, quizás el camino desaparezca en el próximo recodo.

Hoy, por tanto, además de para las fiestas y su júbilo adyacente, ha de haber espacio para la reflexión, sin que  pretendamos suscribirnos al patetismo, ni convocar las lágrimas. La vida no puede reducirse a un ver pasar dramáticamente  los números del calendario. Ni adaptarse a la resignación del condenado a vivir hasta un día.

No acusen al articulista de filosofar. No soy filósofo en el sentido de meditar sobre las leyes generales del desarrollo de la vida y la sociedad. Quizás lo sea en el significado más común: querer explicar o interpretar las cosas más inmediatas de hoy y de ayer. Quizás pretenderlo sea una de las funciones de quien se empeña en articular propuestas  periodísticas. Y, siendo claro, un periodista que entrega su opinión no ha de serviles a los lectores una compota azucarada para que la deglutan sin masticarla. Qué sentido tendría entonces escribir. O leer.

¿Estamos filosofando? Hasta cierto punto estamos reflexionando. Y como ya dije, qué otro momento que el fin de un almanaque  resultaría más propicio para pensar en el transcurrir del tiempo, en ese amontonar los números siempre iguales de los meses y al final reconocer que lo fundamental resulta la muda de la numeración del año, en esa convención que es la mensurabilidad de los días.

En lo personal, me he negado a que el tijeretic y el tijeretac del tiempo -según la onomatopeya del novelista Miguel Ángel Asturias- corten la fe y la esperanza en que mañana seremos mejores a pesar de nuestra humana tendencia al error o al cansancio. Según mi parecer, lo más apropiado sería encarar el paso de un período a otro con actitud indagadora, preguntándonos para qué vivimos y a quién o a qué servimos, y al cuestionar nuestra conducta, quizás derivemos hacia una posición ética. Porque si profundizamos, nos iremos dando cuenta de que la vida en su origen y continuidad es un “milagro”  sin aspavientos, ni pirotecnia.

Un “milagro” que en lo social incluye el éxito. Porque, cuando nos deseamos recíprocamente “un próspero año nuevo”, estamos refiriéndonos a tener éxito. Y esa es una de las palabras más recurrentes en el mundo. Revela, incluso, la medida de la historia personal del individuo. Lo caracteriza. Lo identifica. Pero en la generalidad del planeta, éxito es sinónimo de lujo, de mansión, cuenta bancaria, ganancias, zona exclusiva, diferenciación; más dinero, más consumo suntuario, según las definiciones de un diccionario metalista.

Reconozco que las personas han de tener el derecho  a consultar el diccionario que prefieran. Mas, alguna vez, habrá que preguntase si la humanidad podrá seguir andando acompañada de desvalores que pretenden revalorarse con la bolsa o en el bolsillo. Un filósofo español se refirió hace decenios a la deshumanización del arte. Ahora habría que aludir a la deshumanización del Hombre. O del trabajo, del hacer, del lograr. La civilización desespiritualizada del capitalismo ha desteñido valores propios del heroísmo ético. Y la mayor parte de lo humano se mancha con el metal o el papel que el italiano Papini tildó de “estiércol del diablo” y el español Quevedo nombró “poderoso caballero”.

Casi toda victoria sobre las torpezas físicas, casi todas las hazañas se traducen en dinero. Y a punto de perecer se hallan el ideal y la utopía. Con ambos podría morir la posibilidad de una humanidad más humana, tan humana que sufra hondamente el daño de la Tierra, que ame y proteja al hermano árbol, a la hermana agua, a la hermana nube, y al hermano hombre o la hermana mujer. Y condene la desmesura, el absolutismo monetario, como en la décima que el poeta Argelio Santiesteban  puso ayer en la bandeja de entrada de mi correo: “Tú maculas cuanto tocas, / tornas la amistad letal, /el amor en tremedal, /la vida en lecho de rocas. /Mas me alegra que en tus locas/andanzas, mal caballero, / /en un tiempo venidero/a ti veremos perderte/ pues decretará tu muerte/ la historia, sucio dinero”.

Y a dónde quiere usted llegar, escucho la reconvención de algún lector al tanto de las contradicciones. ¿Acaso los cubanos no estamos pensando y actuando en un proceso planeado en el tiempo y en sus fines,  para que el dinero se revalore, y que el trabajo se ejerza para que los individuos no solo se destaquen moralmente, sino sean capaces de superar sus ingresos y en  consecuencia cada familia sea próspera, y con la prosperidad sea dichosa, como estableció Martí?

Comprendo que he podido atizar la duda, la inquietud. Pero no voy a ningún lado: solo he dado vueltas al círculo de mis ideas. He hablado más bien de las tendencias mundiales. De esa especie de declive ético sobre el cual las cosas y su versión monetaria se erigen en ídolos y los sueños se arropan en la fermentación parásita del poder. Y tres o cuatro países muy ricos, militarmente poderosos, determinan quién gobierna y qué se decide en cualquier tribu, cualquier oasis, cualquier isla, cualquier pueblo donde se expongan a disminuir o perderse los  intereses de una palabra presuntamente echada al olvido, y que más que pronunciarse se ejecuta como una doctrina insensible y pragmática: imperialismo. De la antigüedad occidental parece ir quedando como cultura y recurso todoterreno, solo la palanca de Arquímedes, que hoy parece presionar a los más débiles.  

 Recordémoslo: a Cuba también la observan a través de una mirilla telescópica, como cazador a su presa. Y por ello concuerdo con la idea de que nuestra nación será efectivamente  más fuerte, certera y dichosa, cuanto más próspera sea. Porque no habrá socialismo sin bienes que distribuir, ni tampoco lo habrá si obligamos al dinero a bajarse a destiempo en cualquier estación. En síntesis, nuestros bienes se generarán desechando los resortes idealistas que ya demostraron su inefectividad, pero sin suministrar vapor a la calentura metalista del éxito promovido por la globalización y el neoliberalismo.

Y para afrontar los desafíos de la transformación, hemos de insistir, por tanto, en  la política socialista de equidad, justicia y solidaridad, con cual se pueda prever y detectar los granos de inconsecuencia o de perversión que, como el comején a la madera débil, intenten agujerear el empeño de  de salvar a nuestro héroe: es decir, al pueblo individual y colectivamente exitoso. Y sería inadmisible, por esa razón, la evaluación maquinal, insensible cuando se determina quién y cuánto precisa de la asistencia o de la seguridad social. Nuestra experiencia confirma que la carencia, la pobreza material, la sensación de desamparo, azuzan  la vigencia de tendencias rastreras, porque el “estado de necesidad” condiciona conductas que pueden saltar la valla de la moral o la política vigente.

Todos, si es posible término tan absoluto, hemos de inmunizarnos contra el egoísmo y la corrupción mediante la ética del servir sirviendo. Y que nos midan por ese proceder. Sancho Panza, a quien solo lo preocupaban el pan y el queso, no debe derrotar a Don Quijote, más interesado  en servir que en comer, aunque se sentaba a la mesa, como es necesario y justo.

Así, al doblar el recodo, el Caballero, que aun en su aparente locura literaria es recipiente de lo mejor del ser humano, seguirá haciendo caminos al andar entre claridades. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

  LO ÚLTIMO: UN ANÁLISIS IMPARCIAL Y OBJETIVO DEL CORRESPONSAL DE LA BBC

Los cambios y los "peros"
Fernando Ravsberg | 2013-01-17, 12:27

En vano esperé que el presidente Obama anunciara la autorización para que los estadounidenses puedan viajar libremente a Cuba. La medida sería una respuesta adecuada a la apertura migratoria masiva decretada por La Habana a partir del pasado 14 de enero. Se convertiría en una buena noticia porque marcaría el inicio de intentos serios de acercamiento. No sería una mala política probar la táctica de dar pasos simultáneos, sobre todo porque ya se ha demostrado que exigírselo solo a una parte no funciona. Y si finalmente no se logra un entendimiento, por lo menos ganaría los dos pueblos, el cubano que ya tiene derecho de viajar al extranjero y  los estadounidenses que podrían recuperar la libertad de visitar Cuba sin tener que pedir permiso a Washington. En pocos países unos y otros están tan tranquilos. Culturalmente Miami es casi una provincia de la isla, donde los visitantes cubanos se
sienten como en casa, mientras Cuba se ha convertido en uno de los países más seguros para los ciudadanos de los EEUU. A pesar del histórico enfrentamiento político bilateral, en la isla no existen los sentimientos anti estadounidenses que abundan en otros países del mundo. Los "yumas" son tratados con cordialidad y pueden pasearse por las calles sin el menor temor.´

La llegada de John Kerry al Departamento de Estado podría ser un buen presagio. Aseguran que este político estadounidense, excombatiente de Vietnam, fue uno de los promotores de la normalización del restablecimiento de las relaciones con esa nación asiática. En el caso de Cuba solicitó investigaciones sobre los fondos que Washington entrega a los exiliados cubanos para derrocar a Raúl Castro. Se atrevió incluso a cuestionar el presupuesto millonario que gasta TV Martí, una emisora que nadie ve en la isla. Me imagino que no se trata de que Kerry apoye el socialismo cubano sino de que le duele que se gasten tantos recursos del bolsillo del contribuyente en programas que producen los efectos contrarios a los que en realidad pretende Washington. Al parecer, el Senador Demócrata cree que el aislamiento no es una
herramienta eficaz para lograr cambios en la isla. Por el contrario, considera que la visita de millones de estadounidenses podría provocar a la larga una mayor apertura.
Es difícil saber si tiene razón pero, tras 50 años de fracasos, no vendría mal probar nuevos métodos. Yo realmente no creo que los turistas gringos sirvan para hacer proselitismo político pero el fin de la agresividad externa ampliaría el debate interno. Sin dudas, el enfrentamiento con EEUU es uno de los factores que más estanca ese debate. Pocos en Cuba están dispuestos a sumarse a las posiciones de Washington, algunos para no ser acusados de mercenarios pero otros por puro nacionalismo. La Revolución Cubana no es la causa sino el resultado de las políticas de Washington en Cuba durante siglos: de "la fruta madura", de la exclusión de los mambises de la declaración de independencia, de la enmienda Platt y de las invasiones militares. Para limar estas asperezas hará falta mucho más que la visita de una pareja de jubilados de Michigan a La Habana. Será necesario irse aproximando paso a paso, cediendo un poco de cada parte, sin esperar que el otro sea el único que se acerque. Cierto es que Obama eliminó las restricciones que su antecesor, George W. Bush, había aplicado a los viajes de los emigrados a la isla y también liberó el envío de remesas pero ahí se ha quedado mientras la sociedad cubana sigue transformándose. EEUU está perdiendo oportunidades, la apertura económica de Cuba -trabajadores autónomos, entrega de tierras, acceso de capitales extranjeros a la agricultura- merecía una respuesta que podría haber pasado por algún tipo de flexibilización del Embargo. También la liberación masiva de presos políticos cubanos se quedó sin respuesta práctica por parte de Washington, a pesar de que la excarcelación de estos prisioneros fue durante años una de las principales exigencias públicas de la Casa Blanca. Y ahora Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado, se limita a reconocer que la reforma migratoria cubana es positiva pero inmediatamente la descalifica afirmando que "Cuba se mantiene como uno de los países más represivos del planeta".
Cada nuevo cambio le resta argumentos a Washington en su enfrentamiento con La Habana. La llegada de Kerry podría traer pasos de acercamiento o, cuando menos, renovar la producción de "peros" para cuestionar las reformas con más originalidad

- -