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PATRIA Y HUMANIDAD

DEL LADO DE LOS POBRES

DEL LADO DE LOS POBRES

Luis Sexto

Apostillas ingenuas

 

Un hombre no es la Historia. Pero se le parece.  Brota de ella, la hala, o la empuja, y va conformando un movimiento  en que la gente adquiere la conciencia de la necesidad y la necesidad  de su conciencia. Y si uno de esos hombres fundamentales desaparece, queda su índice guiador, su voluntad avizora. Infinitamente lamentable, por tanto, es el deceso de Hugo Chávez. Pero el destiempo de su muerte es el incremento de su vigencia en la trascendencia de la historia. Ya no es un líder ahora es una estrella,  un norte que se busca hacia el sur.

Por la reacción de sus enemigos, podemos medir el valor de Hugo Chávez. Lo odiaba la oposición burguesa y oligárquica, heredera de doña Bárbara y aliada de mister Danger, que también lo odiaba. Ambos, el criollo voraz y el yanqui imperial  mantienen su odio en fuego cruzado. Y cuán terrible es el terror de la derecha. En estos días, vi los videos  de   cuando el asedio a la embajada cubana en Caracas en abril de 2002, tras el fantasmal golpe de Estado que mantuvo prisionero dos días al legítimo presidente  Chávez. Entre algunos pícaros de Miami, estaba Capriles aupando la destrucción de los autos oficiales de la sede diplomática de Cuba. También vi la entrevista entre Capriles y el embajador  Germán Sánchez. Germán le dijo: ustedes violan los convenios internacionales que otorgan inmunidad a las embajadas. Si aquí hubiera funcionarios venezolanos asilados, tendríamos el derecho de protegerlos, y si ustedes pretenden entrar, nos defenderemos hasta morir. Y no es un discurso, aclaró el embajador. Y no entraron, y poco después el vídeo los muestra escurriéndose aprisa entre callejas o en automóviles refrigerados. Chávez había vuelto.

 Por otro lado, el concepto de la política en los Estados Unidos lo ejemplifica el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara y representante republicano por California, Ed Royce, cuyas declaraciones citó un despacho de la agencia EFE: “Hugo Chávez era un tirano que forzaba al pueblo de Venezuela a vivir en el miedo. Su muerte merma la alianza de líderes izquierdistas contra Estados Unidos en Suramérica; ¡qué alivio!". Y esta frase final sintetiza otras reacciones en el seno del Poder en Washington. No se aprecia ni un gesto humanitario ante el deceso de un hombre.  Pero, ¿podría ser distinto, si cada día mueren hombres, mujeres y niños bajo los vuelos asépticos de los drones y misiles norteamericanos ante la indiferencia de muchos? Si alguna duda uno tuviera sobre el calificativo que Rubén Darío asignó a los sostenedores del imperio norteamericano, estas y otras reacciones confirman  que el líder del modernismo literario acertó cuando calificó a los rubios aspirantes a imitar a Roma como  “nuevos bárbaros de Atila”.

Y en efecto: los que gobiernan desde el poder aparente o tras las cortinas del capital en el Norte que, según Martí,  nos desprecia, se inquietan sólo por sus intereses económicos  y sus apetencias geopolíticas. Mas, las exequias de Hugo Chávez y el respeto mundial que ha bajado la cabeza sobre su cuerpo inerte, han confirmado que a quien tildaban de tirano, quiso más a los seres humanos que cuantos alardean de  democracia, palabra que en el lenguaje de Washington  se ha desnaturalizado y convertido  en un espolón de injerencia.

Martí llamó “hijo” a Rubén Darío. Y el Apóstol de la independencia de Cuba y uno de los primeros en alertar sobre los gérmenes de prepotencia y predominio que engordaban bajo los cimientos de la sociedad mercantilista de los Estados Unidos, también habrá llamado “Hijo” a Chávez al recibirlo en la dimensión imperturbable de la Historia. Bolívar, a su vez, le habrá dicho bajándose de su caballo: Sube, sube Hugo, hijo mío. Mi cabalgadura también te pertenece.

Sobre la memoria de Chávez, por ello, podrá caber este epitafio: Aquí vive Hugo Chávez. Porque se puso del lado de los pobres, vivirá para siempre.

 

LA RÁFAGA DEL LLANO

LA RÁFAGA DEL LLANO

Por Jesús Arencibia Lorenzo

jesus@juventudrebelde.cu

Su asignatura preferida no debió ser la Diplomacia. Porque en el idioma labriego de «los nadie, de los ninguneados» no se haría entender bien quien le diera más de una vuelta a las palabras en la boca. Todavía en Naciones Unidas andan buscando el «olor a azufre» que dijo sentir en el podio después de que pasara por allí George Bush o «Buss», como solía llamarlo en su inglés antiyanqui.

Su virtud más preciada no debió ser la contención. Porque al llano corazón del llano, hecho de joropo y espuela, no le sentaba la mesura impoluta; y si había que subir el tono lo subía; y si había que gritar y cerrar el puño ante los cañoneros, lo cerraba, en una ráfaga romántica y contagiosa.

Ni la retórica clásica, ni la cautela política excesiva, ni la plástica elegancia... Ninguna de estas «bellas artes» de la jungla tribunicia eran puntos sobresalientes de su currículum.

Lo de este hombre era otra cosa. Algo raro y genuino que amalgamaba la pólvora del carisma con el fulminante de la humanidad. Algo como de arado entrándole a una tierra virgen en un desafuero de versos, consignas y carcajadas.

Hugo Chávez era un ser primigenio. Un venezolano acabado de salir del molde único, que llevaba el resplandor de los adelantados.

La gente sabía al escucharlo que estaba hablando para ellos, porque interrumpía el más profundo análisis macroeconómico para saludar a Petra o a Jimmy, o mandarle un beso a una de sus hijas, o decirle a la cámara, para que lo viera su padre latinomericano: «¿How are you, Fidel? Un abrazo para ti»...

Y puede que polarizara en exceso sus consignas; o soñara demasiado cuando se trataba de multiplicar riquezas entre todos; pero nadie podría acusarlo de ilegítimo, de frío, de impostor.

Los cubanos veíamos en él el símbolo extrañado de la revolución naciente; de ir nombrando cosas y haciéndolas de muchos con el fervor quemante de los barbudos de la Sierra Maestra, que partieron en dos la historia universal.

Chávez nos removió a golpe de chistes y picardía de hermano el almidón burocrático que en muchas de nuestras arterias se había ido enquistando. Y más de uno soñamos con él una inyección de socialismo al socialismo. De patria vivificante a patria contenida.

Hugo supo tocar y trocar el cuatro en laud y el corrido en décima, cuando de agradecer a Cuba se trataba. De él, aprendimos que no hay mayor monumento al buen gobierno que un pobre enarbolando la Constitución; o que la rígida grisura nunca es una política amable.          

Y ahora, cuando veo a Evo Morales, el indio Presidente, casi temblando ante un micrófono para decir sin voz unas palabras de despedida a su amigo Chávez, comprendo por qué a las 4:25 de la tarde de este martes rojo, todos hemos sido un poco más huérfanos.   

REFRÁN QUE SE DUERME…

REFRÁN QUE SE DUERME…

Luis Sexto

Con su tejer y destejer legendarios, Penélope quizás tendría paciencia para ponerse a contar refranes. Nadie conoce la cifra exacta. Solo en Finlandia, según datos eruditos, se trasladan de una  a otra boca o se han echado a recoger el polvo del desuso, más de un millón. El escritor Tomás Álvarez de los Ríos logró acopiar mucho más de seis mil, que inscribió en placas de barro y puesto en la fachada de su casa, en Sancti Spíritus.

Pero al autor de Los Farfanes aún le falta demasiado para igualar una de las mayores cantidades reunidas hasta hoy: l8 500, número  que contiene la Enciclopedia de proverbios mundiales, compuesta por el folclorista alemán Wolfgan Mieder. Este diccionario confirma que el refrán experimenta un indetenible proceso de invención y transculturación. De Lengua en lengua. Adoptando mínimas variantes. Después se torna muy escurridizo su origen. En tiempos duros los armenios dicen: “El melón no madurará  bajo las axilas.” Y los holandeses apuntan: “Los gansos asados no llegan volando a tu boca.”

 No siempre ha de atribuirse a un préstamo la similitud  refranera. Pueblos en iguales circunstancias pueden deducir similares conclusiones ante un mismo fenómeno. Por ejemplo, en lengua  yidish se asegura: “La manzana podrida arruina el resto.” Los malteses aseveran lo mismo sobre las naranjas. Y nosotros, en Cuba, aplicamos idéntica receta a las papas.

Ocurre también lo contrario: que el mismo asunto sea visto con óptica inversa. Los españoles y cubanos estamos convencidos de que “más vale tarde que nunca”. Los alemanes, en cambio, estiman que “un poco tarde es demasiado tarde”.

El refranero predominante en Cuba parte del español; son evidentes los clavos de la misma armazón, al menos en el sentido. En la forma, el criollo y luego el cubano lo revistieron con su imaginería jaranera, satírica, democrática. Y el contraste se presenta como una declaración de independencia, como una voluntad de diferenciarse. Esto es: miren este refrán español: “Tú, que te quemas, ajos has comido.” Y resulta  grave, muy empaquetado, muy rancio. La versión cubana es menos solemne, más llana y clara: “Al que le pica es porque ají come.”

Los cubanos, desde luego, inventaron su centón de proverbios. De su dolorosa experiencia  colonial y neocolonial, cuando mantuvieron un tuteo con la pobreza y la injusticia, y de sus luchas, que a veces se disolvieron en la frustración, fueron extrayendo una sabiduría expresada mediante la irreverencia, la picardía. Sabiduría defensiva, de resistencia, como nuestro humor. Samuel Feijoo, poeta de mística sensibilidad y folclorista de acucioso y apasionado amor por lo popular, recogió, entre l956 y l978, una enormidad de refranes esencialmente cubanos. Los halló en lo recóndito de una serranía, o en la abierta soledad de la costa, o en una ciudad o un caserío. Deambulando, con su paciencia y su ingenio, como un trashumante obrero de la cultura.

Este es uno: “Hasta que no pases el río no le mientes la madre al caimán.” Otro: “Lo que a feo quiere, bonito le parece.” Y más: “Lo que fácil se da, fácil se va”; “El perro tiene cuatro patas y coge un solo camino”; “Si el tambor suena es porque el cuero es bueno”; “No hay abeja que pique dos veces”; “Con dinero al jorobado la curva se le endereza”; “El egoísta es como la guataca, sólo hala para él”; “En la casa del desnudo cualquier trapo es camisa”; “Cuando no hay pan, se come casabe”...

El saber más común, define el refrán  como sabiduría en cápsula. Concentra en dos líneas y hasta en dos palabras una verdad extraída de la práctica social. Hay en su afanosa síntesis una vocación observadora y analítica, una intención de aviso y prevención, y un propósito simplificador, directo, inapelable. En códigos actuales viene siendo una señal de tránsito en el devenir de los pueblos.

Surgido espontáneamente entre la gente de todos los días, o de la meditación de un pensador o un poeta ―Shakespeare fue autor de muchos― y más tarde depurado por la inteligencia de la colectividad, el refrán compone una de las más antiguas filosofías o soporte de sabiduría; algunos datan del siglo octavo antes de nuestra era. Aleccionando y advirtiendo acerca del amor, el trabajo, la amistad, los oficios, los negocios, circula anónimo y sin precio por todos los caminos, navega por todas las aguas, se alberga en cualquier poblado y, sin respetar aduanas, protagoniza un constante intercambio con lenguas y culturas.

No siempre perdura. Por momentos expira con el tiempo y la sociedad en los que brotó, y si persiste a pesar de su descrédito, lo acompaña la fama de la mala hierba. Cuando muere es porque nació lastrado, deformado por algún foco pútrido de la ideología dominante. O fenece, porque el progreso y el sucesivo discernimiento de la verdad lo anulan. Nadie podría suscribir hoy ―al menos en Cuba― cuanto refrán o proverbio apareció contra la dignidad y la capacidad de la mujer. Ni habrá maestro o pedagogo que rija su cátedra con aquel proverbio de “La letra con sangre entra” sostenido por dómines antiguos. Y mucho menos en Cuba debe de tener vigencia –aunque a veces nos parezca que la tiene-  aquel del Martín Fierro,  poema jalonado de refranesca sabiduría: “Hácete amigo del juez/ y no le des qué quejarse, / aunque él te dé mucho quehacer, / vos te debés de encoger/ que siempre es bueno tener/ palenque ande rascarse.” Válido todavía este, sin embargo, integrado también a una copla, olla refranera, que copié de El Criterio Popular, periódico de Remedios en l890. Dice: “El querer a un ser querido/ es una pena muy grande; / pero es más pena morirse/ sin haber querido a nadie.”

No ha de existir quién niegue la vigencia y la fortaleza vital de los refranes como suma de sapiencia popular o de  experiencia humana. Un proverbio, que así también  puede  nombrarse, de procedencia yoruba, dicta que “el refrán es caballo de la conversación”. Y lo asumo entendiendo que a su lomo cuanto se habla discurre más provechosamente.

Pero una cultura forjada, lactada, con refranes permanece incompleta, endeble. Refranescos eran los conocimientos de Sancho Panza. Abro a la ventura el tomo segundo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, y oigo a Sancho apostillar una frase de su señor: “En efecto, en efecto, más vale pájaro en mano que buitre volando.” Podría Sancho acertar; mas se conoce cuánta diferencia había entre la dimensión espiritual del gordo escudero y la del escuálido Caballero, aunque algo se le fue pegando a Sancho por aquello de “Dime con quién andas y te diré quién eres”. El propio Don Quijote admite más adelante que cada día su ayudante se iba haciendo “menos simple y más discreto”.

En definitiva, “El que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Y yo, a mi vez, termino sin decir dónde nacieron y cuántos son los refranes, porque el que se acuesta contando estrellas, amanece despierto mirando el cielo.

 

 

CABALLERO SIN ESCUDERO

CABALLERO SIN ESCUDERO

 Luis Sexto

La imagen del caballero vestido de alambrón, en 23 y J, en La Habana, se yergue airada, furibunda sobre un rocinante increíblemente encabritado. Pero cuando me le acerco echo de menos a una figura.  Le falta Sancho. No sabemos dónde estaba el escudero cuando el escultor Sergio Martínez tejió los hilos cobrizos de ese Caballero Andante belicoso, tan tenso como el alma de un loco.

El Quijote, parece ley, no debe andar sin su escudero. Como al gato su cascabel, hay que insertar cerca la contrafigura que exalta la figura del alucinado Caballero. Me percato que Don Quijote brilla en la medida que se opaca y apoca su pusilánime ayudante. Tal vez esa furia descuerada, esa acometividad que le obliga a representar en 23 y J una bronca perenne, espada en mano, sea su protesta por no tener a un chasquido de su retórica de armadura y lanza al Sancho dicharachero y previsor. Lo necesita. Para ello lo convocó a esa aventura donde ambos ilustran la pareja más contradictoria y más humanamente complementaria de la historia. El escudero no solo se ocupa de los bastimentos del cuerpo y que al Caballero le importan poco cuando no es hora de comer. Sancho es también el que le advierte que los molinos son molinos cuando lo son de verdad, y que chocar con ellos implica a rodar por tierra.

Pero la ausencia de Sancho parece ser otro  símbolo de la idiosincrasia nacional. No quieren los cubano que, cuando conciben la dama de sus sueños, o el ideal que justifica su vida, una voz excesivamente cauta o racional le estorbe el impulso, el ademán medio trágico y medio cómico, advirtiéndole de peligros o equívocos. Un rasgo del espíritu de Don Quijote se multiplicó entre los cubanos. Hablo de ese afán de acometer molinos de viento, salvar doncellas en peligro, de compartirse sobre la mesa de la solidaridad… Muchos entonces –los tipos de cuello rígido, abundante tanto ayer como hoy- tachaban de locura esa actitud. Y el viejo caballero respondía: “Yo sé quién soy.”

Casi  al mismo tiempo en que echó a andar sobre Rocinante por el Campo de Montiel en su primera aventura, llegó Don Quijote a América trayendo un mensaje de rebeldía entre sus aparentemente inofensivos episodios. Meses o semanas después de que en España empezara a circular la primera edición de la historia del generoso y demente don Alonso Quijano, en 1605, un número de ejemplares se embarcaron  en el puerto de Cádiz con destino a las costas americanas.  Datos dispersos y generalmente incompletos impiden determinar a quién correspondió lo que con los siglos sería el mérito histórico de haber introducido, en tierras americanas, el primer ejemplar de El Quijote. Pero si ese detalle puede mantener insatisfechos a historiadores poco ocupados, a la generalidad basta saber que El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha fue en Hispanoamérica, una especie de “best seller”. Varios pasajeros de la misma nao, y de otras,  manifestaron haber leído durante el trayecto por el Atlántico –y “con gran contentamiento”- la entonces recién publicada novela de Miguel de Cervantes, recaudador de impuestos de la corte y sin más linaje que su trabajo y la inutilidad de uno de sus brazos, ganada en Lepanto al servicio del rey. 

Y ese hecho compone una paradoja. La censura religiosa y política de España otorgó franquicia  a la obra de Cervantes sin percatarse que no era lo que aparentaba ser ni lo que de ella decía su autor. El Quijote es –a juicio de este transeúnte- un texto en el que se expresa una nueva dimensión del hombre, capaz, según intenta demostrarlo el genial loco, de establecer la justicia en el planeta. 

No sé si alguien sabe por qué puerto, en qué barco y quién trajo a Don Quijote a Cuba; ignoro  si existe la fuente donde está escrito el viajero, o el importador del Ingenioso Hidalgo. No lo sabía Irving Leonard, el norteamericano que  acopió muchos datos sobre las peripecias del  Caballero andante en su obra sobre Los libros de los conquistadores. Puedo, sin embargo, responder esta pregunta: ¿Cuándo Don Quijote llegó a mí; cuándo entró en mí? Pasó antes de mis veinte años por el puerto ávido de mis ojos, de mi tiempo juvenil echado sobre la hierba a orillas del Almendares ya maloliente.  Leer el Quijote fue tarea lenta, constante… Aplazada hoy, recomenzada la semana entrante… Ya lo decía  Enrique Labrador Ruiz en un libro muy tierno, pero ya perdido: El pan de los muertos, en el que escribía sobre amigos fallecidos, de Cuba y de América. Y decía que a los escritores cubanos de su época y antes -a mediados de los 1950- les resultaba casi una  faena inacabable o desechable  escribir novelas. Cuentos, sí; poesía, más aún. Pero novelas… Y leerlas, en particular cuando son largas, es como, tal decía la irónica, erguida y culta prosa de Labrador, ir al país del nunca por el camino del ya voy.

¿Acompañé a Don Quijote hasta su deceso? No recuerdo. Tal vez, no hizo falta.  El Quijote es un personaje muy próximo, sin que necesariamente lo hayamos acompañado hasta la última hoja de su vida. Bastan las páginas de su primera parte, para trastornar al lector joven. Consolémonos con una  página de Somerset Maughan. Creo recordar  que el autor de Servidumbre humana dijo, al contarla en su selección de diez novelas ejemplares, que la historia del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha  era tan larga, porque en el siglo XVII imprimir implicaba un alto costo, y por supuesto los impresores precisaban el volumen justificador del acto reproductivo… Ello tal vez, nos releve de proseguir la peripecia en la lectura. Con lo sabido bastará. Y como sucedáneos menos abultados nos socorren las exégesis de Unamuno, Azorín, Madariaga, del cubano Justo de Lara. Empleando cierta economía de lector, parece que ganamos por partida doble en menos tiempo: seguir ahondando en los valores del Caballero loco mediante segundas manos y conocer de primera a los émulos e intérpretes de Cervantes, el escritor que nos enseño a escribir, según la verdad dicha por María Teresa León…. Ahora bien, Umberto Eco dice  que “Hoy en día existen dos tipos de libros: aquellos que se leen y aquellos que se consultan”. ¿Y por tanto será el Quijote de un tercer tipo de libros: esos que no se leen y se dicen leído mediante  un proceso de ósmosis entre la realidad y el deseo?

Ante el Caballero de 23 y J, puro alambrón tenso, áspero, detenido sobre un Rocinante  a punto de emprender un  salto con sus manos apoyadas en el aire de la cólera eléctrica de su jinete, pregunto nuevamente  dónde está Sancho.  ¿Habría cruzado la avenida 23, para pedir –él, tan pendiente del yantar- una ración de pescado en el restaurante Los siete mares, y por eso, en el momento de erguirse la estatua de su amo, perdió su puesto en la estampa como jinete sobre un borrico?  Posiblemente haya ido a Puerto Padre  a averiguar qué pudibundez pueblerina  le mutiló  al Quijote de los Molinos la desmesurada y erecta espada que desde su pelvis de metal aterrorizaba a la población femenina de aquella marina ciudad. O quizás el escultor Sergio Martínez  murió sin decir los móviles de su decisión de alejar al escudero de  23 y J.  O configuró al Caballero cuando el campesino sometido a la servidumbre de las reglas de la caballería se hallaba en la ínsula Barataria gobernando según las normas quijotescas el destino de aquellos isleños.  Y  si se hallaba, pues,  tan lejos de su amo, no veo el modo de haberlo puesto en este parque. Pero ya, al final de mi búsqueda,  he visto donde está el escudero que le falta al descarnado Quijote. En un sitio público, bajando por la calle de Obispo, en un parque próximo a la Plaza de Armas vive  en igual soledad inexplicable un Sancho Panza de alambre. Y tendremos que convencer  al Historiador de la Ciudad, para que lo pongan junto a ese Quijote que, en 23 y J, parece gritar peligrosamente: Aquí, en esta esquina, no hay más guapo que yo. Y Sancho, muy próximo, le podrá avisar en su sabiduría refranesca: tenga cuidado, uno nunca llega a saber. No siempre los gigantes son molinos de viento.

 

LA JUVENTUD ES UN DEFECTO

LA JUVENTUD ES UN DEFECTO

Luis Sexto

Una verdad presumiblemente resabida  nos advierte que solo se es joven una vez. Joven no en la actitud, que a veces resulta en adultos lastimero exhibicionismo, sino joven en plenitud de poseer, como dominadores, la facultad de enrutar el tiempo. Porque en esa edad los días vienen siendo como el vaso donde se echa el ímpetu que pareciera nunca terminar entre audacias y acometidas.

Cuando se escribe sobre la juventud, el agraciado con tal encomienda tendrá que acudir a la fraseología corregida y aumentada por tantos poetas, filósofos, sociólogos y psicólogos. Pero el periodista, que nada de aquello es, acudirá a una fórmula simple: recordar aquel tiempo feliz, la dichosa costumbre de ser joven. Y uno comprende así dos verdades también perogrullescas: que, como leí en un autor de nombre ya olvidado, la juventud es un “defecto” que se cura con los años, y además es el estado más fugaz del ser humano, en que hoy se es joven y mañana ya un poco menos. De modo que cuando se ha consumido o consumado parte abultada de los almanaques que nos tocan, hemos de evocar nuestro tránsito juvenil. Y reconocer qué tesoro  qué divino tesoro tuvimos cuando la pesadumbre o el egoísmo no importunaban los sueños, ni enturbiaban la acción.

Sin embargo, lo más complicado de ese volver mediante el recuerdo a la juventud, radica en la pregunta que inevitablemente hemos de hacernos: ¿Aproveché constructivamente aquella dádiva de la vida? ¿Se acumularon los días en sucesión creadora? ¿La promesa que fui cristalizó en obra y virtud o, en cambio, mi punzada más recóndita y afilada es admitir que no me acerqué a lo soñado, en cuanto dependía de mis facultades y esfuerzos?

Este examen de conciencia puede significar una especie de harakiri en la persona honrada. Quizás en la adultez se convierta en un proceso muy embarazoso recuperar lo que no se ganó de joven, aunque mejor ejercer como bueno un día, que inservible muchos. Pero, entrando en lo práctico, lo que uno recomendaría desde la desventaja de haber envejecido consiste en ser consciente de que la juventud, a más de componer una etapa de preparación para el ejercicio del oficio de convivir, es también la estación en que pueden protagonizarse actos definitivos. ¿Acaso la revolución no resulta obra primordialmente de jóvenes, jóvenes sin tabúes conservadores, despojados de cálculos que nieguen la entrega solidaria?

A este comentarista le hubiera gustado ser joven de manera  distinta a la que, le parece, informó su juventud. Ciertamente, hubiera elegido otro lenguaje: el lenguaje del sí o el no: un sí y un no que a su turno salieran de lo más personal y vívido de las convicciones. Porque si nuestras respuestas las matizáramos con la cuenta que evalúa conveniencias e inconveniencias a la hora de asumir el deber, iríamos en contra de la norma martiana que recomienda, sobre todo,  cumplir con el deber de ser honrados. Por ello,  yo no le pediría a ningún joven ir contra su conciencia, contra su honradez. Y no me valdría de métodos que puedan implicar la posibilidad de “vencer” las negaciones mediante un golpe sobre la mesa, sino apelaría  a la sabiduría  política que, respetando la libertad de decidir, aduce argumentos capaces de suscitar la sinceridad en la reflexión y el compromiso. ¿De que les vale al que pide y al que da, que lo que se entrega y recibe pueda rondar la hipocresía, eso que calificamos de doble moral?

Hoy, pues, cuando la república se adentra en un complejo universo de dificultades y tentaciones, cuando podría parecer que funciona poco de cuanto los jóvenes de ayer crearon, a mi me gustaría volver a vivir ese tiempo en que el alma navegaba en el viento de la revolución, y donde había una planta uno coadyuvaba a que brotara una flor, y donde ruina, paredes y techos, trabajo y comunión con los afanes más limpios. O qué tiempos. Nos parece que no los ha habido superiores. Pero en verdad de la vida lo que resulta mejor es el hoy, porque es el que ofrece el espacio para  corregir la joroba. Y por tanto, si yo fuera joven, preferiría, más que gritarlas, vivir las consignas como si mi energía, por una vez, fuera decisiva para ir hacia adelante en medio del cosmos ardiente de la nación. 

DEFINICIONES EN UNA ENTREVISTA

Por Salim Lamrami

Cumplo la petición de un comentarista al poner en este blog fragmentos de una entrevista con Yoani Sánchez, el 17 abril 2010. Aquí se dan respuesta a varias preguntas que hoy circulan por la web 

Ver la versión completa 

Suiza y el regreso a Cuba

SL: En 2002, usted decidió emigrar a Suiza. Dos años después regresó a Cuba. Resulta difícil entender por qué dejó el «paraíso europeo» para regresar al país que usted describe como un infierno. La pregunta es sencilla: ¿por qué?

YS: Es una pregunta muy buena. Primero, me gusta nadar a contracorriente. Me gusta organizar mi vida a mi manera. Lo que es absurdo no es irse y regresar a Cuba sino las leyes migratorias cubanas que estipulan que toda persona que pasa once meses en el exterior pierde su estatus de residente permanente. En otras condiciones yo podría estar dos años en el exterior y con el dinero ganado, podría regresar a Cuba para reparar la casa y hacer otras cosas. Entonces no es el hecho de que decida regresar a Cuba lo que es sorprendente sino las leyes migratorias cubanas.

SL: Lo que es sorprendente es sobre todo que teniendo la posibilidad de vivir en uno de los países más ricos del mundo, usted haya decidido regresar a su país que usted describe de modo más bien apocalíptico, apenas dos años después de su salida.

YS: Las razones son varias. Primero, no pude irme con mi familia. Somos una pequeña familia pero estamos muy unidos con mi hermana y mis padres. Mi padre estuvo enfermo durante mi estancia y tenía miedo de que muriera sin poder verlo. También me sentía culpable de vivir mejor que ellos. Cada vez que me compraba un par de zapatos, que me conectaba a Internet, pensaba en ellos. Me sentía culpable.

SL: De acuerdo, pero desde Suiza podía ayudarlos mandando dinero.

YS: Es verdad, pero hay otra razón. Pensé que con lo que había aprendido en Suiza, podría cambiar las cosas regresando a Cuba. También hay la nostalgia de las personas, de los amigos. No fue una decisión pensada pero no me arrepiento. Tenía ganas de regresar y regresé. Es verdad que es algo que pueda parecer poco común, pero me gusta hacer cosas inhabituales. Abrí un blog y la gente me preguntó por qué hacía eso, mientras que el blog me satisface profesionalmente.

SL: De acuerdo, pero a pesar de todas estas razones, nos cuesta entender el por qué de su regreso a Cuba cuando en Occidente se piensa que todos los cubanos quieren abandonar el país. Es aún más sorprendente en su caso pues presenta su país, repito, de modo apocalíptico.

YS: Discutiría la palabra, como filóloga, pues «apocalíptico» es un término grandilocuente. Hay una cosa que caracteriza mi blog, es la moderación verbal.

SL: No es siempre el caso. Usted describe por ejemplo a Cuba como “una inmensa prisión, con muros ideológicos”. Los términos son bastante fuertes.

YS: Nunca he escrito eso.

SL: Son las palabras de una entrevista que dio al canal francés France 24 el 22 de octubre de 2009.

YS: ¿Usted leyó eso en francés o en español?

SL: En francés.

YS: Desconfíe de las traducciones pues nunca he dicho eso. Se me prestan muy a menudo cosas que no he dicho. Por ejemplo, el periódico español ABC me atribuyó palabras que nunca había pronunciado y protesté. El artículo fue finalmente retirado del sitio Internet

SL: ¿Cuáles eran esas palabras?

YS: «En los hospitales cubanos muere más gente de hambre que de enfermedad». Era una mentira total. Nunca había dicho eso.

SL: ¿Entonces la prensa occidental manipuló lo que dijo?

YS: No diría eso.

SL: Si le atribuyen palabras que no pronunció, se trata de manipulación.

YS: Granma manipula más la realidad que la prensa occidental cuando dicen que soy la creación del grupo mediático Prisa.

SL: Justamente, ¿no tiene la impresión de que la prensa occidental la usa porque usted preconiza un «capitalismo sui generis» en Cuba?

YS: No soy responsable de lo que hace la prensa. Mi blog es una terapia personal, un exorcismo. Tengo la impresión de que soy más manipulada en mi propio país que en otra parte. Usted sabe que existe una ley en Cuba, la ley 88 que se le llama la ley «mordaza» que encarcela a la gente que hace lo que estamos haciendo.

SL: ¿Es decir?

YS: Que nuestra conversación puede ser considerada como un delito y que puede incurrir en una pena de hasta 15 años de prisión.

SL: Perdone, ¿el hecho de que yo la entreviste puede llevarla a la cárcel?

YS: ¡Por supuesto!

SL: No tengo la impresión de que eso la preocupe mucho ya que me está concediendo una entrevista en plena tarde, en el vestíbulo de un hotel del centro de La Habana Vieja.

YS: No estoy preocupada. Esta ley estipula que toda persona que denuncia las violaciones de los derechos humanos en Cuba colabora con las sanciones económicas, pues Washington justifica la imposición de las sanciones contra Cuba a causa de la violación de los derechos humanos.

SL: Si no me equivoco, la ley 88 se aprobó en 1996 para responder a la ley Helms-Burton y sanciona sobre todo a las personas que colaboren con la aplicación de esta legislación en Cuba, por ejemplo proporcionando información a Washington sobre los inversionistas extranjeros en Cuba para que éstos sean perseguidos ante los tribunales estadounidenses. Que yo sepa, nadie ha sido condenado por eso, hasta ahora. Hablemos de libertad de expresión. Usted tiene cierta libertad de tono en su blog. Está siendo entrevistada en plena tarde en un hotel. ¿No ve una contradicción entre el hecho de afirmar que no hay ninguna libertad de expresión en Cuba y la realidad de sus escritos y sus actividades que demuestran lo contrario?

YS: Sí, pero no se puede consultar desde Cuba porque está bloqueado.

SL: Le puedo asegurar que lo consulté esta mañana antes de la entrevista, desde este hotel.

YS: Es posible, pero la mayor parte del tiempo está bloqueado. De todas formas, hoy día, no puedo tener el menor espacio en la prensa cubana, mientras que soy una persona moderada, ni en la radio, ni en la televisión

SL: Pero puede publicar lo que le de la gana en su blog.

YS: Pero no puedo publicar una sola palabra en la prensa cubana.

SL: En Francia, que es una democracia, amplios sectores de la población no tienen ningún espacio en los medias ya que la mayoría pertenecen a grupos económicos y financieros privados.

YS: Sí, pero es diferente.

SL: ¿Recibió usted amenazas por sus actividades? ¿La han amenazado alguna vez con una pena de prisión por lo que escribe?

YS: Amenazas directas de pena de prisión no, pero no me dejan viajar fuera. Estoy invitada actualmente a un Congreso sobre la lengua española en Chile, hice todos los trámites pero no me dejan salir.

SL: ¿Le han dado alguna explicación?

YS: Ninguna, pero quisiera precisar algo. Para las sanciones de Estados Unidos contra Cuba son una atrocidad. Se trata de una política que ha fracasado. Lo he dicho muchas veces pero no se publica eso porque molesta que tenga esta opinión que rompe el arquetipo del opositor.

Las sanciones económicas

SL: Entonces usted se opone a las sanciones económicas.

YS: Absolutamente, y lo digo en todas las entrevistas. Hace unas semanas, mande una carta al Senado de Estados Unidos para que permitieran a los ciudadanos estadounidenses viajar a Cuba. Es una atrocidad ver que impiden que los ciudadanos estadounidenses viajen a Cuba, como el gobierno cubano me impide salir de mi país.

SL: ¿Qué piensa de las esperanzas que ha suscitado la elección de Obama que prometió un cambio en la política hacia Cuba y que ha decepcionado a muchos?

YS: Llegó al poder sin el apoyo del lobby fundamentalista de Miami que apoyó al otro candidato. Por mi parte, ya me pronuncié contra las sanciones.

SL: Este lobby fundamentalista se opone al levantamiento de las sanciones económicas.

YS: Puede discutir con ellos y exponerles mis argumentos pero no diría que son enemigos de la patria. No pienso eso.

SL: Una parte de ellos participó en la invasión de su propio país en 1961 bajo las órdenes de la CIA. Varios de ellos están implicados en actos de terrorismo contra Cuba.

YS: Los cubanos del exilio tienen el derecho a pensar y a decidir. Soy favorable a que tengan el derecho de voto. Aquí, se ha estigmatizado mucho al exilio cubano.

SL: ¿El exilio «histórico» o los que han emigrado después por razones económicas?

YS: En realidad, me opongo a todos los extremos. Pero estas personas que están a favor de las sanciones económicas no son anticubanas. Piensa que defienden a Cuba según sus propios criterios.

SL: Tal vez, pero las sanciones económicas afectan a los sectores más vulnerables de la población cubana y no a los dirigentes. Entonces resulta difícil estar a la vez a favor de las sanciones y pretender defender el bienestar de los cubanos.

YS: Es la opinión de ellos. Es así.

SL: No son ingenuos. Saben que los cubanos sufren por las sanciones.

YS: Son simplemente diferentes. Creen que podrán cambiar de régimen imponiendo sanciones. En todo caso creo que el bloqueo ha sido el argumento perfecto para el gobierno cubano para mantener la intolerancia, el control y la represión interna.

SL: Las sanciones económicas tienen efectos. ¿O piensa que sólo son una excusa para La Habana ?

YS: Son un excusa que conduce a la represión.

SL: ¿Afectan el país de un punto de vista económico, según usted? ¿O sólo es marginal?

YS: El verdadero problema es la falta de productividad en Cuba. Si mañana levantaran las sanciones, dudo mucho que se vean los efectos.

SL: En este caso, ¿por qué Estados Unidos no levanta las sanciones y le quita así la excusa al gobierno? Se vería así que las dificultades económicas sólo se deben a las políticas internas. Si Washington insiste tanto en las sanciones a pesar de su carácter anacrónico, a pesar de la oposición de la inmensa mayoría de la comunidad internacional, 187 países en 2009, a pesar de la oposición de una mayoría de la opinión pública de Estados Unidos, a pesar de la oposición del mundo de los negocios, será por algo ¿no?

YS: Simplemente porque Obama no es el dictador de Estados Unidos y no puede eliminar las sanciones.

SL: No las puede eliminar totalmente porque hace falta un acuerdo del Congreso pero puede sin embargo aliviarlas considerablemente, lo que no ha hecho hasta ahora ya que salvo la eliminación de las restricciones impuestas por Bush en 2004, casi nada ha cambiado.

YS: No, no es cierto, pues también ha permitido a las empresas estadounidenses de telecomunicaciones hacer transacciones con Cuba.

Los premios internacionales, el blog y Barack Obama

SL: Usted tendrá que admitir que es bastante poco cuando se sabe que Obama prometió un nuevo enfoque con Cuba. Volvamos a su caso personal. ¿Cómo explica esta avalancha de premios, así como su éxito internacional?

YS: No tengo mucho que decir salvo expresar mi agradecimiento. Todo premio implica una dosis de subjetividad por parte del jurado. Todo premio es discutible. Por ejemplo muchos escritores latinoamericanos merecían el premio Nobel de literatura más que Gabriel García Márquez.

SL: ¿Usted dice eso porque piensa que no tiene tanto talento o por su posición favorable a la Revolución cubana? Usted no niega su talento de escritor ¿o sí?

YS: Es mi opinión, pero no por ello voy a decir que consiguió el premio y lo voy a acusar de ser un agente del gobierno sueco.

SL: Obtuvo el premio por su obra literaria mientras que usted ha sido recompensada por sus posiciones políticas contra el gobierno. Es la impresión que tenemos.

YS: Hablemos del premio Ortega y Gasset del periódico El País que suscita más polémica. Lo gané en la categoría «Internet». Algunos dicen que otros periodistas no lo han conseguido, pero yo soy una bloguera y soy pionera en este campo. Me considero como una figura de Internet. El jurado del premio Ortega y Gasset se compone de personalidades sumamente prestigiosas y no diría que se prestaron a una conspiración contra Cuba.

SL: Usted no puede negar que el periódico español El País tiene una línea editorial sumamente hostil hacia Cuba. Y algunos piensan que el premio, dotado con 15.000 euros, era una forma de recompensar sus escritos contra el gobierno.

YS: La gente piensa lo que quiere. Creo que se recompensó mi trabajo. Mi blog tiene 10 millones de entradas al mes. Es un ciclón.

 SL: Sin embargo, eso no es lo que dice un sitio reconocido internacionalmente para mediciones de tráfico, como Alexa.com, de Amazon y nada sospechoso de parcialidad a favor de medios alternativos de Cuba, Venezuela y España. Una simple comparación del blog de YS (línea en azul) con otros medios confirma que Generación Y tiene mucho menos tráfico que las web con las que se compara, las cuales han hecho público su tráfico, inferior a los 10 millones de accesos mensuales. ¿Generación Y altera sus estadísticas? Parecería que sí. Otro ejemplo, el sitio web de mayor tráfico en los Estados Unidos y uno de los que posee mayor tráfico en el mundo, The New York Times, reporta 17 millones de entradas mensuales.

SL: ¿Cómo hace para pagar los gastos de gestión de semejante flujo?

YS: Un amigo en Alemania se encargaba de eso porque el sitio estaba albergado en Alemania. Desde hace más de un año está albergado en España y conseguí 18 meses gratuitos gracias al premio The Bob’s.

SL: ¿Y la traducción en 18 idiomas?

YS: Son amigos y admiradores quienes lo hacen voluntaria y gratuitamente.

SL: A mucha gente le cuesta creer eso pues ningún otro sitio del mundo, incluso los de las más importantes instituciones internacionales como por ejemplo las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, la Unión Europea, dispone de tantas versiones lingüísticas. Ni el sitio del Departamento de Estado de Estados Unidos ni el de la CIA disponen de semejante variedad.

YS: Le digo la verdad.

SL: El presidente Obama incluso respondió a una entrevista que le hizo. ¿Cómo explica eso?

YS: Primero, quiero decir que no eran preguntas complacientes.

SL: Tampoco podemos decir que usted fue crítica, ya que no le pidió que levantara las sanciones económicas de las cuales usted dice que «se usan como justificación lo mismo para el descalabro productivo que para reprimir a los que piensan diferente». Es exactamente lo que dice Washington al respecto. La pregunta más atrevida es cuando usted le preguntó si pensaba invadir Cuba. ¿Cómo explica que el presidente Obama haya tomado el tiempo de responderle a pesar de su agenda sumamente cargada, una crisis económica sin precedentes, la reforma del sistema de salud, Iraq, Afganistán, las bases militares en Colombia, el golpe de Estado en Honduras y centenares de solicitudes de entrevistas de los más importantes medios del mundo en espera?

YS: Soy afortunada. Le quiero decir que también mandé preguntas al presidente Raúl Castro y no me ha respondido. No pierdo la esperanza. Además ahora tiene la ventaja de contar con las respuestas de Obama.

SL: ¿Cómo llegó hasta Obama?

YS: Les transmití la entrevista a varias personas que venían a verme y que podían tener un contacto con él.

SL: ¿Piensa que Obama le respondió porque es una bloguera cubana o porque se opone al gobierno?

YS: No creo. Obama me respondió porque habla a los ciudadanos.

SL: Recibe miles de solicitudes todos los días. ¿Por qué le respondió si usted es una simple bloguera?

YS: Obama es cercano a mi generación, a mi modo de pensar.

SL: ¿Pero por qué usted? Hay millones de blogueros en el mundo. ¿No piensa que ha sido instrumentalizada en la guerra mediática de Washington contra La Habana?

YS: En mi opinión, quería quizás responder a algunos puntos como la invasión a Cuba. Quizás le haya dado la oportunidad de expresarse sobre un tema que quería abordar hace mucho tiempo. La propaganda política nos habla constantemente de una posible invasión de Cuba.

SL: Pero hubo una ¿no?

YS: ¿Cuándo?

SL: En 1961. Y en 2003, Roger Noriega, subsecretario de Estado para los Asuntos Interamericanos dijo que cualquier ola migratoria cubana hacia Estados Unidos sería considerada como una amenaza a la seguridad nacional y necesitaría una respuesta militar.

YS: Es otro tema. Para volver al tema de la entrevista, creo que permitió esclarecer ciertos puntos. Tengo la impresión de que hay un deseo de ambos lados de no normalizar las relaciones, de no entenderse. Le pregunté cuándo íbamos a encontrar una solución.

SL: ¿Quién es responsable de este conflicto entre los dos países según usted?

YS: Es difícil encontrar un culpable.

SL: En este caso preciso es Estados Unidos el que impone sanciones unilaterales a Cuba y no al contrario.

YS: Sí, pero Cuba confiscó propiedades a Estados Unidos.

SL: Tengo la impresión de que se hace la abogada de Washington.

YS: Las confiscaciones ocurrieron.

SL: Es cierto, pero se hicieron conforme al derecho internacional. Cuba confiscó también propiedades a Francia, España, Italia, Bélgica, el Reino Unido, e indemnizó esas naciones. El único país que rechazó las indemnizaciones fue Estados Unidos.

YS: Cuba permitió también la instalación de bases militares en su territorio y de misiles de un imperio lejano…

SL: …Como Estados Unidos instaló bases nucleares contra la URSS en Italia y en Turquía.

YS: Los misiles nucleares podían alcanzar Estados Unidos.

SL: Como los misiles nucleares estadounidenses podían alcanzar Cuba o la URSS.

YS: Es verdad, pero creo que hubo una escalada en la confrontación por parte de ambos países.

Los cinco presos políticos cubanos y la disidencia

SL: Abordemos otro tema. Se habla mucho de los cinco presos políticos cubanos en Estados Unidos condenados a penas de prisión perpetua por infiltrar a grupúsculos de extrema derecha en Florida implicados en el terrorismo contra Cuba.

YS: No es un tema que interesa a la población. Es propaganda política.

SL: ¿Pero cuál es su punto de vista al respeto?

YS: Voy a intentar ser lo más neutral posible. Son agentes del Ministerio del Interior que se infiltraron en Estados Unidos para recoger información. El gobierno cubano dice que no desempeñaban actividades de espionaje sino que habían infiltrado a grupos cubanos para evitar actos terroristas. Pero el gobierno cubano siempre ha dicho que esos grupos estaban vinculados a Washington.

SL: Entonces los grupos radicales de exilados tienen lazos con el gobierno de Estados Unidos.

YS: Eso es lo que dice la propaganda política.

SL: Entonces no es verdad.

YS: Si es verdad quiere decir que los cinco realizaban actividades de espionaje.

SL: Entonces en este caso, Estados Unidos tiene que reconocer que los grupos violentos forman parte del gobierno.

YS: Es verdad.

SL: ¿Piensa usted que los Cinco deben ser liberados o merecen su sanción?

YS: Creo que valdría la pena revisar los casos, pero en un contexto político más apaciguado. No creo que el uso político de este caso sea bueno para ellos. El gobierno cubano mediatiza demasiado este asunto.

SL: Quizás porque es un asunto totalmente censurado por la prensa occidental.

YS: Creo que se podría salvar la situación de esas personas que son seres humanos, que tienen una familia, hijos, pero del otro lado, también hay víctimas.

SL: Pero los cinco no han cometido crímenes.

YS: No, pero dieron información que causó la muerte de varias personas.

SL: Usted se refiere a los acontecimientos del 24 de febrero de 1996, cuando dos aviones de la organización radical Brothers to the Rescue fueron derribados después de violar varias veces el espacio aéreo cubano y lanzar llamamientos a la rebelión.

YS: Sí.

SL: Sin embargo, el fiscal reconoció que era imposible probar la culpabilidad de Gerardo Hernández en ese caso.

YS: Es verdad. Pienso que cuando la política se mete en asuntos de justicia, llegamos a eso.

SL: ¿Piensa usted que se trata de un caso político?

YS: Para el gobierno cubano es un caso político.

SL: ¿Y para Estados Unidos?

YS: Tengo entendido que hay una separación de los poderes allí, pero puede ser que el ambiente político haya influido a los jueces y al jurado, pero no creo que se trate de un caso político dirigido por Washington. Es difícil tener una imagen clara de este caso, pues jamás hemos podido tener una información completa al respecto. Pero la prioridad para los cubanos es la liberación de los presos políticos.

El financiamiento de los disidentes cubanos por Estados Unidos

SL: Wayne S. Smith, último embajador de Estados Unidos en Cuba, declaró que era «ilegal e imprudente mandar dinero a los disidentes cubanos». Agregó que «nadie debería dar dinero a los disidentes y aún menos con el objetivo de derrocar al gobierno cubano». Y explica: «Cuando Estados Unidos declara que su objetivo es derrocar al gobierno cubano y después afirma que uno de los medios para lograrlo es proporcionar fondos a los disidentes cubanos, éstos se encuentran de facto en la posición de agentes pagados por una potencia extranjera para derrocar a su propio gobierno».

YS: Creo que se ha presentado el financiamiento de la oposición por Estados Unidos como una realidad, lo que no es el caso. Conozco a varios miembros del grupo de los 75 disidentes arrestados en 2003 y dudo mucho de esta versión. No tengo pruebas de que los 75 hayan sido arrestados por eso. No creo en las pruebas presentadas en los tribunales cubanos.

SL: No creo que sea posible ignorar esta realidad.

YS: ¿Por qué?

SL: El propio gobierno de Estados Unidos afirma que financia la oposición interna desde 1959. Basta consultar, además de los archivos desclasificados, la sección 1705 de la ley Torricelli de 1992, la sección 109 de la ley Helms-Burton de 1996, y los dos informes de la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre de mayo de 2004 y de julio de 2006. Todos estos documentos revelan que el presidente de Estados Unidos financia a la oposición interna en Cuba con el objetivo de derrocar al gobierno de La Habana.

YS: No sé pero…

SL: Si me permite le voy a citar las leyes en cuestión. Así, la sección 1705 de la ley Torricelli estipula que «Estados Unidos proporcionará asistencia a las organizaciones no gubernamentales adecuadas para apoyar a individuos y organizaciones que promueven un cambio democrático no violento en Cuba».

La sección 109 de la ley Helms-Burton también es muy clara: «El presidente [de Estados Unidos] está autorizado para proporcionar asistencia y ofrecer todo tipo de apoyo a individuos y organizaciones no gubernamentales independientes para unir los esfuerzos con vistas a construir una democracia en Cuba».

El primer informe de la Comisión de Asistencia a una Cuba libre prevé la elaboración de un «sólido programa de apoyo que favorezca la sociedad civil cubana». Entre las medidas preconizadas se destina una financiación, por importe de 36 millones de dólares, al «apoyo de la oposición democrática y al fortalecimiento de la sociedad civil emergente».

El segundo informe de la Comisión de Asistencia a una Cuba Libre prevé un presupuesto de 31 millones de dólares para financiar, todavía más, a la oposición interna. Además está prevista una financiación de al menos 20 millones de dólares anuales, con el mismo objetivo, para los años siguientes «hasta que la dictadura deje de existir»

YS: ¿Quién le ha dicho que ese dinero llegó a las manos de los disidentes?

SL: La Sección de Intereses Norteamericanos lo afirmó en un comunicado: «La política estadounidense, desde hace mucho tiempo, es proporcionar asistencia humanitaria al pueblo cubano, específicamente a familias de presos políticos. También permitimos que lo hagan las organizaciones privadas».

YS: Bueno…

SL: Incluso Amnistía Internacional, que recuerda la existencia de 58 presos políticos en Cuba, reconoce que éstos están encarcelados «por haber recibido fondos o materiales del gobierno estadounidense para realizar actividades que las autoridades consideran subversivas y perjudiciales para Cuba».

YS: No sé si…

SL: Por otra parte, los propios disidentes admiten recibir dinero de Estados Unidos. Laura Pollán de las Damas de Blanco declaró: «Aceptamos la ayuda, el apoyo, desde la ultraderecha hasta la izquierda, sin condiciones». El opositor Vladimiro Roca también confesó que la disidencia cubana está subvencionada por Washington alegando que la ayuda financiera recibida era «total y completamente lícita». Para el disidente René Gómez el apoyo económico por parte de Estados Unidos «no es una cosa que haya que ocultar o de la que tengamos que avergonzarnos».

Incluso la prensa occidental lo reconoce. La agencia France Presse informa de que «los disidentes, por su parte, reivindicaron y asumieron esas ayudas económicas». La agencia española EFE alude a los «opositores pagados por Estados Unidos». En cuanto a la agencia de prensa británica Reuters, «el gobierno estadounidense proporciona abiertamente un apoyo financiero federal para las actividades de los disidentes, lo que Cuba considera un acto ilegal». Y podría multiplicar los ejemplos.

YS: Todo eso es culpa del gobierno cubano que impide la prosperidad económica de sus ciudadanos, que impone un racionamiento a la población. Hay que hacer cola para conseguir productos. Hay que juzgar primero al gobierno cubano que ha llevado a miles de personas a aceptar la ayuda extranjera.

SL: El problema es que los disidentes cometen un delito que la ley cubana y todos los códigos penales del mundo sancionan severamente. Ser financiado por una potencia extranjera es un grave delito en Francia y en el resto del mundo.

YS: Podemos admitir que el hecho de financiar a una oposición es una prueba de injerencia pero…

SL: Pero en este caso, las personas que usted califica de presos políticos no son presos políticos pues cometieron un delito al aceptar dinero de Estados Unidos y la justicia cubana las condenó sobre esta base.

YS: Creo que este gobierno se inmiscuyó muchas veces en los asuntos internos de otros países financiado a movimientos rebeldes y a la guerrilla. Intervino en Angola y…

SL: Sí, pero se trataba de ayudar a los movimientos independentistas contra el colonialismo portugués y el régimen segregacionista de Sudáfrica. Cuando Sudáfrica invadió Namibia, Cuba intervino para defender la independencia de ese país. Nelson Mandela agradeció públicamente a Cuba por ello y fue la razón por la cual reservó su primer viaje a La Habana y no a Washington o a París.

YS: Pero muchos cubanos murieron por eso, lejos de su tierra.

SL: Sí pero fue por una noble causa, sea en Angola, en el Congo o en Namibia. La batalla de Cuito Cuanavale en 1988 permitió poner fin al apartheid en Sudáfrica. ¡Es lo que dice Mandela! ¿No se siente orgullosa de ello?

YS: De acuerdo, pero a fin de cuentas, me molesta más la injerencia de mi país fuera que otra cosa. Lo que hace falta es despenalizar la prosperidad.

SL: ¿Incluso el hecho de recibir dinero de una potencia extranjera?

YS: La gente tiene que ser económicamente autónoma.

SL: Si entiendo bien, preconiza la privatización de ciertos sectores de la economía.

YS: Privatizar, no me gusta el término porque tiene una connotación peyorativa, pero poner en manos privadas, sí.

¿Conquistas sociales en Cuba?

SL: Es una cuestión semántica entonces. ¿Cuáles son según usted las conquistas sociales de este país?

YS: Cada conquista ha tenido un coste enorme. Todas las cosas que pueden parecer positivas han tenido un coste en términos de libertad. Mi hijo recibe una educación muy adoctrinada y le cuentan una historia de Cuba que no corresponde para nada a la realidad. Preferiría una educación menos ideológica para mi hijo. Por otra parte, nadie quiere ser maestro en este país porque los salarios son muy bajos.

SL: De acuerdo, pero eso no impide que Cuba sea el país que tiene el mayor número de profesores por habitante del mundo, con clases de 20 alumnos como máximo, lo que no es el caso en Francia por ejemplo.

YS: Sí, pero hubo un coste para eso y por eso la educación y la salud no son verdaderas conquistas para mí.

SL: No podemos negar algo reconocido por todas las instituciones internacionales. Con respecto a la educación, la tasa de analfabetismo en América Latina es de un 11,7% y de un 0,2% en Cuba. La tasa de escolarización en la enseñanza primaria es del 92% en América Latina y de un 100% en Cuba y para la enseñanza secundaria de un 52% y un 99,7% respectivamente. Son cifras del Departamento de Educación de la UNESCO.

YS: De acuerdo, pero en 1959, aunque Cuba vivía en condiciones difíciles, la situación no era tan mala. Había una vida intelectual floreciente, un pensamiento político vivo. En realidad, la mayoría de los supuestos logros actuales que se presentan como resultados del sistema eran inherentes a nuestra idiosincrasia. Esos logros existían antes.

SL: No es cierto; y le voy a citar una fuente libre de toda sospecha: un informe del Banco Mundial. Es una cita bastante larga pero vale la pena.

«Cuba está internacionalmente reconocida por sus éxitos en el campo de la educación y de la salud, con un servicio social que supera el de la mayor parte de los países en vías de desarrollo y en ciertos sectores comparable al de los países desarrollados. Desde la Revolución cubana en 1959 y el establecimiento de un gobierno comunista con partido único, el país ha creado un sistema de servicios sociales que garantiza el acceso universal a la educación y a la salud, proporcionado por el Estado. Este modelo ha permitido a Cuba alcanzar una alfabetización universal, erradicar ciertas enfermedades, acceso general al agua potable y a la salubridad pública de base, una de las tasas de mortalidad infantil más bajas de la región y una de las más largas esperanzas de vida. Una revisión de los indicadores sociales de Cuba revela una mejora casi continua desde 1960 hasta 1980. Varios indicios importantes, como la esperanza de vida y la tasa de mortalidad infantil, siguieron mejorando durante la crisis económica del país en los años 90… En la actualidad la prestación social de Cuba es una de las mejores del mundo en vías de desarrollo, como lo documentan numerosas fuentes internacionales incluidas la Organización Mundial de la Salud , el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otras agencias de la ONU , y el Banco Mundial. Según los indicadores de desarrollo del mundo de 2002, Cuba supera ampliamente a la vez a América Latina y el Caribe y a otros países con ingreso intermedio en los más importantes indicios de educación, salud y de salubridad pública».

Además las cifras lo demuestran. En 1959, la tasa de mortalidad infantil era de 60 por mil. En 2009 era de 4,8. Se trata de la tasa más baja del continente americano del Tercer Mundo; incluso más baja que la de Estados Unidos.

YS: Bueno, pero…

SL: La esperanza de vida era de 58 años antes de la Revolución. Ahora es de casi 80 años y es similar a la de muchos países desarrollados. Cuba tiene ahora 67.000 médicos frente a los 6.000 de 1959. Según el diario inglés The Guardian, Cuba tiene dos veces más médicos que Inglaterra para una población cuatro veces inferior.

YS: De acuerdo, pero en términos de libertad de expresión hubo una reducción respecto al gobierno de Batista. El régimen era una dictadura pero había una libertad de prensa plural y abierta, programas de radio de toda tendencia política.

SL: No es cierto. La censura de la prensa también existía. Entre diciembre de 1956 y enero de 1959, durante la guerra contra el régimen de Batista, la censura se impuso 630 días sobre 759. Y a los opositores se les reservaba una triste suerte.

YS: Es verdad que había censura, intimidaciones y muertos al final.

SL: Entonces no puede decir que la situación era mejor con Batista, ya que se asesinaba a los opositores. Ya no es el caso hoy día. ¿Piensa usted que la fecha del primero de enero es una tragedia para la historia de Cuba?

YS: No, no, para nada. Fue un proceso que suscitó mucha esperanza pero que traicionó a la mayoría de los cubanos. Fue un momento luminoso para una buena parte de la población pero pusieron fin a una dictadura e instauraron otra. Pero no soy tan negativa como algunos.

Luis Posada Carriles, la ley de Ajuste cubano y la emigración

SL: ¿Qué piensa de Luis Posada Carriles, ex agente de la CIA responsable de numerosos crímenes en Cuba y a quien Estados Unidos se niega a juzgar?

YS: Es un tema político que no interesa a la gente. Es una cortina de humo.

SL: Por lo menos interesa a los familiares de las víctimas. ¿Cuál es su punto de vista al respecto?

YS: No me gustan las acciones violentas.

SL: ¿Condena sus actos terroristas?

YS: Condeno todo acto de terrorismo, incluso los que cometen actualmente en Iraq por una supuesta resistencia iraquí que mata a los iraquíes.

SL: ¿Quién mata más a los iraquíes? ¿Los ataques de la resistencia o los bombardeos de Estados Unidos?

YS: No sé.

SL: Una palabra sobre la ley de Ajuste Cubano que estipula que todo cubano que emigra legal o ilegalmente a Estados Unidos consigue automáticamente el estatus de residente permanente.

YS: Es una ventaja que no disfrutan los demás países. Pero el hecho de que los cubanos emigren a Estados Unidos se debe a que la situación está difícil aquí.

SL: Y también Estados Unidos es el país más rico del mundo. Muchos europeos también emigran allí. Usted reconoce que la ley de Ajuste cubano es una formidable herramienta de incitación a la emigración legal e ilegal.

YS: Es, efectivamente, un factor de incitación.

SL: ¿No ve eso como una herramienta para desestabilizar la sociedad y al gobierno?

YS: En este caso podemos decir también decir que el hecho de otorgar la ciudadanía española a los descendientes de españoles nacidos en Cuba es un factor de desestabilización.

SL: No tiene nada que ver pues hay razones históricas para eso y además España aplica esta ley a todos los países de América Latina y no sólo a Cuba, mientras que la ley de Ajuste Cubano es única en el mundo.

YS: Pero hay fuertes relaciones. Se juega al béisbol en Cuba como en Estados Unidos.

SL: En República Dominicana también y sin embargo no hay una ley de ajuste dominicano .

YS: Existe sin embargo una tradición de acercamiento.

SL: ¿Entonces por qué esta ley no se aprobó antes de la Revolución ?

YS: Porque los cubanos no querían irse de su país. En la época, Cuba era un país de inmigración y no de emigración.

SL: Es absolutamente falso ya que en los años 50 Cuba ocupaba el segundo puesto de los países americanos en términos de emisión migratoria hacia Estados Unidos, justo detrás de México. Cuba mandaba más emigrantes a Estados Unidos que toda Centroamérica y toda América del Sur juntas, mientras que actualmente Cuba sólo ocupa el décimo puesto a pesar de la ley de Ajuste Cubano y de las sanciones económicas.

YS: Quizás, pero no había esa obsesión de abandonar el país.

SL: Las cifras demuestran lo contrario. Actualmente, repito, Cuba sólo ocupa el décimo puesto en el continente americano en términos de emisión migratoria a Estados Unidos. Entonces la obsesión de la que usted me habla es más fuerte en nueve países del continente por lo menos.

YS: Sí, pero en la época los cubanos se iban y regresaban.

SL: Es el mismo caso en la actualidad, ya que cada año los cubanos del exterior regresan de vacaciones aquí. Además, antes de 2004 y de las restricciones que impuso el presidente Bush que limitaron los viajes de los cubanos de Estados Unidos a 14 días cada tres años, los cubanos constituían la minoría de Estados Unidos que viajaba más a menudo a su país de origen, mucho más que los mexicanos por ejemplo, lo que demuestra que los cubanos de Estados Unidos son en su inmensa mayoría emigrados económicos y no exilados políticos ya que regresan a su país de visita, algo que no haría un exilado político.

YS: Sí, pero pregúnteles si quieren quedarse a vivir aquí otra vez.

SL: Pero es lo que ha hecho usted ¿no? Además en su blog usted escribió en julio de 2007 que su caso no era un caso aislado. La cito: «Hace tres años [...] en Zurich [...], decidí regresar a quedarme en mi país. Mis amigos creyeron que les hacía un chiste, mi mamá se negó a aceptar que ya su hija no vivía en la Suiza de la leche y el chocolate». El 12 de agosto de 2004 usted se presentó en la oficina de inmigración provincial de La Habana para explicar su caso. Usted escribió: «Tremenda sorpresa cuando me dijeron, pide el último en la cola de los ‘que regresan’ [...].Así que encontré, de pronto, otros ‘locos’ como yo, cada uno con su truculenta historia de retorno». Entonces existe este fenómeno de regreso al país.

YS: Sí, pero son gente que regresa por razones personales. Hay algunos que tenían deudas en el exterior, otros que no soportaban la vida afuera. En fin, una multitud de razones.

SL: Entonces, a pesar de las dificultades y de las vicisitudes cotidianas, la vida no es tan terrible aquí ya que algunos regresan. ¿Piensa usted que los cubanos tienen una visión demasiado idílica de la vida en el exterior?

YS: Eso se debe a la propaganda del régimen que presenta de manera demasiado negativa la vida afuera y eso ha tenido el resultado contrario para la gente, que ha idealizado demasiado el modo de vida occidental. El problema es que en Cuba, la emigración de más de once meses es definitiva cuando uno podría vivir dos años fuera y regresar por un tiempo e irse de nuevo etc.

SL: Entonces, si entiendo bien, el problema en Cuba es más bien de orden económico ya que la gente desea abandonar el país sólo para mejorar su nivel de vida.

YS: Muchos quisieran viajar al exterior y poder regresar luego pero las leyes migratorias no lo permiten. Estoy segura de que si fuera posible mucha gente emigraría dos años y regresaría luego para irse de nuevo y regresar, etc.

SL: En su blog hubo comentarios interesantes al respecto. Varios emigrados hablaron de sus desilusiones con el modo de vida occidental.

YS: Es muy humano. Usted se enamora de una mujer y tres meses después pierde sus ilusiones. Se compra un par de zapatos y al cabo de dos días ya no le gustan. Las desilusiones forman parte de la condición humana. Lo peor es que la gente no puede regresar.

SL: Pero la gente regresa.

YS: Sí, pero sólo de vacaciones.

SL: Pero tienen el derecho a quedarse todo el tiempo que quieran, varios años incluso, salvo que pierden algunas ventajas vinculadas a su condición de residente permanente como la libreta, la prioridad para la vivienda, etc.

YS: Sí, pero la gente no puede quedarse varios meses aquí, pues tienen su vida fuera, su trabajo, etc.

SL: Eso es otra cosa y es lo mismo para todos los emigrados del mundo entero. En todo caso, pueden perfectamente regresar a Cuba cuando quieran y quedarse allí todo el tiempo que quieran. La única cosa es que si se quedan más de once meses fuera del país pierden algunas ventajas. Por otra parte me cuesta comprender, si la realidad es tan terrible aquí, alguien que tiene la oportunidad de vivir fuera, en un país desarrollado, ¿por qué desearía regresar a vivir de nuevo en Cuba?

YS: Por múltiples razones, por sus lazos familiares, etc.

SL: Entonces la realidad no es tan dramática.

YS: No diría eso, pero algunos disponen de mejores condiciones de vida que otros

SL: ¿Cuáles son según usted los objetivos del gobierno de Estados Unidos respecto a Cuba?

YS: Estados Unidos desea un cambio de gobierno en Cuba, pero es lo que deseo yo también.

SL: Entonces comparte un objetivo común con Estados Unidos

YS: Como muchos cubanos.

SL: No estoy convencido de eso. Pero, ¿por qué? ¿Porque es una dictadura? ¿Qué quiere Washington de Cuba?

YS: Creo que se trata de una cuestión geopolítica. También está la voluntad del exilio cubano, que se toma en cuenta, y que quiere una nueva Cuba, el bienestar de los cubanos.

SL: ¿Con la imposición de sanciones económicas?

YS: Todo depende a quién se refiere. En cuanto a Estados Unidos, creo que quieren impedir que explote la bomba migratoria.

SL: ¿Ah sí? ¿Con la ley de Ajuste Cubano que incita a los cubanos a que abandonen el país? No es serio. ¿Por qué no anulan esta ley entonces?

YS: Creo que el verdadero objetivo de Estados Unidos es acabar con el gobierno de Cuba para disponer de un espacio más estable. Se ha hablado mucho de David contra Goliat para hablar del conflicto. Pero el único Goliat para mí es el gobierno cubano que impone un control, la ilegalidad, los bajos salarios, la represión, las limitaciones.

SL: ¿Usted no piensa que la hostilidad de Estados Unidos ha contribuido a ello?

YS: No sólo pienso que ha contribuido a ello sino que se ha convertido en el principal argumento para decir que vivimos en una fortaleza asediada y que toda disidencia es traición. Creo en realidad que el gobierno cubano teme que esta confrontación desaparezca. El gobierno cubano desea el mantenimiento de las sanciones económicas.

SL: ¿De verdad? Porque es exactamente lo que dice Washington de modo un poco contradictorio porque si fuera el caso, debería levantar las sanciones y dejar así al gobierno cubano frente a sus propias responsabilidades. Ya no existiría la excusa de las sanciones para justificar los problemas en Cuba.

YS: Cada vez que Estados Unidos ha intentado mejorar la situación, el gobierno cubano ha tenido una actitud contraproducente.

SL: ¿En qué momento Estados Unidos ha intentado mejorar la situación? Desde 1960 sólo se han reforzado las sanciones, con la excepción del período Carter. Resulta difícil entonces mantener este discurso. En 1992 Estados Unidos votó la ley Torricelli con carácter extraterritorial; en 1996, la ley Helms-Burton, extraterritorial y retroactiva; en 2004, Bush adoptó nuevas sanciones y las acrecentó en 2006. No podemos decir que Estados Unidos ha intentado mejorar la situación. Los hechos demuestran lo contrario. Además, si las sanciones son favorables al gobierno cubano y sólo se trata de una excusa ¿por qué no eliminarlas? No son los dirigentes quienes sufren por las sanciones, sino el pueblo.

YS: Obama dio un paso en ese sentido, insuficiente quizás pero interesante.

SL: Sólo eliminó las restricciones que Bush impuso a los cubanos y que les prohibía viajar a su país más de 14 días cada tres años, en el mejor de los casos, y con tal de que tuvieran a un miembro directo de su familia en Cuba. Incluso redefinió el concepto de familia. Así, un cubano de la Florida que sólo tenía a un tío en Cuba no podía viajar a su país pues no era considerado como miembro «directo» de la familia. Obama no eliminó todas las sanciones que impuso Bush y ni siquiera regresamos al estatus que había con Clinton.

YS: Creo que las dos partes deben bajar el tono sobre todo, y Obama lo ha hecho. Después Obama no puede eliminar las sanciones pues hace falta un acuerdo del Congreso.

SL: Pero puede aliviarlas considerablemente firmando simples órdenes ejecutivas, lo que se niega a hacer por el momento.

YS: Está ocupado con otros temas, como el desempleo y la reforma de salud.

SL: Sin embargo tomó el tiempo de responder a su entrevista.

YS: Soy una persona afortunada.

SL: La posición del gobierno cubano es la siguiente: no tenemos que dar ningún paso hacia Estados Unidos pues no imponemos sanciones a Estados Unidos.

YS: Sí, y el gobierno dice también que Estados Unidos no debe pedir cambios internos porque es injerencia.

SL: Es el caso, ¿no?

YS: ¿Entonces si yo pido un cambio también es injerencia?

SL: No, porque usted es cubana y por eso tiene derecho a decidir del futuro de su país.

YS: El problema no es quién pide los cambios, sino los cambios en cuestión.

SL: No estoy seguro porque como francés no me gustaría que el gobierno belga o alemán se inmiscuyera en los asuntos internos de Francia. Como cubana, ¿usted acepta que el gobierno de Estados Unidos le diga cómo debe regir su país?

YS: Si el objetivo es agredir el país, es evidentemente inaceptable.

SL: ¿Considera usted las sanciones económicas como una agresión?

YS: Sí, las considero como una agresión que no ha tenido resultados y que es una momia de la guerra fría, que no tiene ningún sentido, que afecta al pueblo y que ha reforzado al gobierno. Pero repito que el gobierno cubano es responsable al 80% de la crisis económica actual y el 20% es por las sanciones económicas.

SL: Otra vez, le repito, es exactamente la posición del gobierno de Estados Unidos y las cifras demuestran lo contrario. Si fuera el caso no creo que 187 países del mundo se molestaran en votar una resolución contra las sanciones. Es la decimoctava vez consecutiva que una inmensa mayoría de los países de la ONU se pronuncia contra este castigo económico. Si fuera marginal no creo que se molestaran.

YS: Pero no soy una especialista en economía, es mi sentimiento personal

SL: ¿Qué preconiza usted para Cuba?

YS: Creo que hay que liberalizar la economía. Por supuesto no se puede hacer de un día para otro porque provocaría una fractura y disparidades sociales que afectarían a los más vulnerables. Pero hay que hacerlo gradualmente y el gobierno cubano tiene la posibilidad de hacerlo.

SL: Un capitalismo «sui generis», como dice usted.

YS: Cuba es una isla sui generis. Podemos crear un capitalismo sui generis.

SL: Yoani Sánchez, gracias por su tiempo y su disponibilidad.

YS: Gracias a usted.

Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne -Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Acaba de publicar Cuba: Ce que les médias ne vous diront jamais (Paris: Editions Estrella, 2009). Contacto:lamranisalim@yahoo.fr

 

UN MANUAL DE CABECERA

UN MANUAL DE CABECERA

 

 Luis Sexto

Presentación de EL PERIODISMO COMO MISIÓN, compilado por Pedro Pablo Rodríguez

 Por esta vez prescindo  de la recomendación que  el francés Jean Guitton llamó  estilo apagado y que protege a la opinión de las afirmaciones o negaciones  apodícticas. Prescindo, pues,  de la cautela ante lo absoluto. Y digo, tajantemente, que José Martí resolvió hace más de cien años nuestro litigio sobre si el periodismo es escritura subalterna o literatura de servicio. Todavía me parece recordar cuándo, 40 años atrás, en la redacción de mi estreno periodístico me recomendaban que escribiera para todos. Y mi respuesta era una pregunta: ¿Escribir incluso para los que no saben leer? Más simple resultó  después cuestionar la norma de cierta agencia  de noticias que obligaba en su código deontológico a recordar que escribíamos para América Latina, región colmada de pobres y de analfabetos.

Aún predominante en algunos de nuestros medios, ese concepto tan paternalista e ingenuo  explica, en parte,  que la pobreza formal se haya convertido en los últimos tiempos en una especie de moral y cívica de nuestra prensa. Ante esta evidencia cotidiana, uno  -que  de sobresalientes colegas  aprendió la lección de intentar pensar con cabeza propia- duda de que José Martí  sea leído y tenido en cuenta en nuestra práctica periodística.

No parecen abundar en Cuba las actividades humanas que, como el ejercicio del periodismo, sean sometidas a tan  constante, filoso y reductor escrutinio, resuelto a veces en pedradas con ínfulas académicas. Nuestra prensa actual ha sido sepultada por la crisis y por la crítica. Y si el que esto dice es periodista y le duele la falta de rigor en la concreción habitual de su oficio, no calla para recomendar el remedio a tanta insuficiencia, a tanta palabra huera de convicciones y de respeto por los lectores que saben leer. Quizás el lector que solo se interese por la información sobre los deportes, o los espectáculos, se contente con cualquier bisutería. Y vuelva la espalda al periodismo que  procure nutrirse del martiano quehacer, deslegitimándolo con una frase automática: “Me quedé como pescado en tarima”. Es decir, no entendí. Y si hay alguien que pueda no entender, habrá que seguir revisando nuestro sistema de educación y en particular el espacio que la lectura ocupa en nuestras escuelas y universidades.

Debo aceptar que en una dialéctica lamentable el periodismo cubano se ha rebajado ante las exigencias del sector impreparado de sus destinarios, y los profesionales menos aptos han influido en el rebajamiento de nuestros medios.

Por tanto, El periodismo como misión, cuya segunda edición aumentada hoy -20 de febrero- presentamos, llega para proseguir delineándonos a Martí desde la exégesis teórica, como paradigma del periodismo de la nación. Este libro compone una sugerente guía para corregir las desviaciones profesionales y hacer de nuestros periódicos, como definía el Maestro, una réplica constructiva de la vida. El periódico es la vida, y ha de salir cada día a quitar caretas, dijo el Homagno que diseñó su obra con los utensilios de la claridad, aunque alguien lo haya visto andar dentro del misterio. Posiblemente, esta  percepción de "Martí como un misterio que nos acompaña" haya sido sólo un vislumbre del poeta Lezama Lima sobre el poeta Martí.

Lo primero que encarezco de este libro es el título: El periodismo como misión. Y este breve sintagma encapsula todo el proceder periodístico de Martí, incluso sus conceptos teóricos sobre la prensa. Porque solo asumiéndola como una misión –término de resonancias heroicas- podemos estar en condiciones de proponer enunciados que a la vez que informen y opinen, tiendan a elevar a quienes los reciben. Porque el ejercicio del periodismo como misión no puede reducirse a una faena que solo informe, sino que sobre todo transforme, o ayude a transformar éticamente al cubano. Fuera de ese empeño de integrar una voluntad renovadora, el periodismo en nuestro país se inutiliza, y más que atraer anuencias, genera la discordancia entre lo que ofrece y lo que el lector, el televidente y el radioyente maduros  esperan en una sociedad donde la prensa ha de ser la resina que junte y selle.

Este libro,  además de las certezas sobre el periodismo martiano, tiene la virtud de haber sido compilado y prologado por Pedro Pablo Rodríguez. Como sabemos y no sobra repetir, Pedro Pablo es un intelectual  que al conocimiento de Martí une la devoción hacia este hombre único de nuestra patria.  En él, por ello, el acercamiento al Unificador de la nación parte de una actitud amorosa, de una estudiosa ternura  que descontamina toda erudición de cuanto esta pueda acumular de pueblerina vanidad.

Y el compilador sabe hacerse acompañar. Y a la suya, ha unido firmas sagaces y profundas e igualmente  distinguidas por el culto martiano: Fina García Marruz, Ivan A.Shulman, Ibrahim Hidalgo Paz, Mayra Beatriz Martínez, Carmen Suárez León, Salvador Arias, Salvador Morales, Ramón de Armas y otros de parejo o parecido crédito,  que se sumergen en la azarosa  y a la vez reflexivamente inspirada carrera periodística de José Martí, para componer un volumen magistral.  En estas monografías y ensayos vamos a conocer, o a reconocer,  que  el Apóstol   dominó y enriqueció nuestra lengua y llegó a superar el común de la prosa hispana de su época, tanto en este lado del planeta como más allá del Atlántico, anticipando una voluntad de estilo inquebrantable e inimitable.  Pero comprobaremos también que  no le resultó una faena sin sudores  proponer conceptos revolucionarios sobre la prensa de su tiempo, también  útiles para hoy, sobre todo cuando una especie de democratización informativa  pretende  anular reglas éticas y formales.  Porque  la web, última técnica y último soporte, sea dicho a propósito, no es sólo un campo para fines superiores de eficiencia y efectividad periodísticas; ofrece a la vez un ancho espacio para la irresponsabilidad, o sea, para decir sin verificar, para opinar sin demostrar, y escribir por momentos con el peor color de la grosería o de la ira estólida.

Convengamos que antes como ahora existían los que no entienden. Antes como ahora el facilismo productor de lectores acomodados a las baratijas de papel y tinta, le exigió a Martí ser hasta cesanteado en La Opinión Nacional,  en  Caracas. Y qué hacer  al saberlo  defensor  abnegado de la dignidad de la letra en los periódicos. En mi opinión,  el alegato martiano a favor  de un periodismo que se niegue a aceptar como “cosa mala” el esmero formal, habrá de erigirse  para los periodistas cubanos  en una regla de respeto propio y de respeto al universo de los receptores.  Si aún los criterios burocráticamente erróneos frenan en la prensa el poder de aventar las acciones negativas y de airear las ideas más constructivas, mientras esperamos  a que llegue la definitiva claridad a nuestros medios, hemos de aceptar que nada ni nadie impide decir cuanto podemos decir con inteligente gracia, con ese esmero que Martí nunca estuvo dispuesto a  echar en el rincón menos visitado de las redacciones; ese esmero que tiene en cuenta la sencillez,  sin que haya que obligarla  “a excluir del traje un elegante adorno”. Y en palabras de Martí,   ni el adjetivo elegante, ni el sustantivo adorno  significan banalidad o baratija. Significan asumir el periodismo como una formación estilística pragmática que necesita igualmente del dato informativo jerarquizado por importancia e interés, y de la apropiación desde la estética, desde un espíritu de creación. Citemos  como ejemplo a El Terremoto de Charleston. Este texto, que yo clasifico de reportaje,  compone todavía, como tantas páginas, una muestra antológica de la narrativa periodística. Las descripciones martianas  se anticipan, por su precisión y ritmo, a la cámara noticiosa del cine.

Admítanme  una confesión personal, con la cual quisiera  sumarme a  sentimientos colectivos de cuya existencia no puedo dudar. Cuando leo a Martí experimento la certeza de mi poquedad. Reconozco la distancia inapresable entre su nombre y el mío, entre sus letras y las mías. Pero no rehúyo acatar el mensaje  que nos sugiere  desde la obra que sobrevive a su cuerpo y conserva su alma; no evito dejarme atraer, ni me niego a permitir que el Maestro sea también una perenne tentación de lo más alto, casi de lo imposible. Y es en ese sentido con que dije al principio que Martí había resuelto nuestros litigios formales, nuestras nunca despejadas definiciones profesionales y políticas sobre la prensa. Tratar de hacerlo como él, equivale a ascender, aunque nos adecuemos a nuestras facultades menores y a las variaciones de las épocas.

Antes de concluir,  vaya mi gratitud a la Editorial Pablo de la Torriente, precaria materialmente, pero nutrida de conceptos y convicciones para dar voz a los periodistas que se afanen por trascender sus reducidos espacios y hospedarse en un libro.  Agradezco a Pedro Pablo haber aceptado o pedido mi intervención. De cualquier manera,  la honra que recibo con este acto supera cuanto creo merecer y me subordino al crédito y al talento de  cada uno de los autores de este libro y al talento y al prestigio de Pedro Pablo Rodríguez. Y como si mis palabras pretendieran ser una oración, termino a la usanza litúrgica. Que Martí, con su obra y su invitación al mejoramiento humano, esté siempre con nosotros. Así sea.

 

 

PROFESIONALIDAD Y CREDIBILIDAD: ¿EXCLUYENTES?

PROFESIONALIDAD Y CREDIBILIDAD: ¿EXCLUYENTES?

Luis Sexto

El documento  que se emplea de base para debatir  como preparación del noveno congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), enfatiza en la profesionalidad. Y uno, que ha vivido dos tercios de sus días en una redacción, duda de que con esa propuesta, así, a secas, se pudiera tocar fondo, salvo que lo más recomendable sea sobrenadar. Ahora bien, apoyándome  en el concepto de profesionalidad, levanto la mano para preguntar: ¿Está la credibilidad incluida en la profesionalidad?

Si así fuera,  no tengo ningún reparo contra la agenda conceptual del congreso. A fin de cuentas podríamos afirmar que la credibilidad es consecuencia, o parte de la esencia, de la profesionalidad consciente, honrada y creadoramente ejercida. Nada me inquieta más dentro de mi proceder profesional que la credibilidad. Y cuando salgo de mi cercado, me parece ver que la credibilidad  de  nuestra prensa está en entredicho. ¿Por qué? Porque algunas de las páginas y espacios de nuestros medios, tanto los impresos como los aéreos y electrónicos, se han convertido, como generalidad, en pasquines de propaganda, en muestrarios de títulos dulzones que  tapian  hechos y problemas  cuyo reconocimiento o cuya crítica  los lectores, oyentes o televidentes desean leer, oír o ver.

Desde luego, no he develado un enigma. Cualquiera, por poco ducho que sea con respecto a enjuiciar,  experimenta que aparte de resultados muy personalizados o localizados, queda con deseos de reconocer a su país en páginas, ondas y pantallas.

Pero no negaremos que la credibilidad es casi un soporte imprescindible para alcanzar la profesionalidad. Profesionalidad es también igual a credibilidad. Se posee profesionalidad si merecemos la credibilidad mediante la veracidad y la oportunidad de nuestros enunciados y por la forma y las estructuras con que los expresamos. La verdad, como decía León Bloy, francés polémico e irreductible,  ha de estar rodeada por el esplendor del estilo.

Ahora bien, si la credibilidad  se diluye como propuesta de debate en el término general que la contiene, y no se alude explícitamente a las dudas que hoy la matizan, cualquier discusión quedaría por las ramas. Porque decir profesionalidad, así, un tanto en abstracto,  es decir poco o nada. Hemos de desmenuzar esa categoría y determinar cuáles son sus claves para ser un profesional, es decir, un periodista que inspire confianza por el dominio de las formas y por su prestigio ético.  Más bien, el congreso lo será plenamente si la credibilidad, que incluye dialécticamente la profesionalidad, se eleva sobre el plenario y se plantea preguntas que han de ser respondida de modo que rescatemos el crédito de nuestra prensa cuyo principal problema es ese: no satisfacer el interés de los receptores por recibir información suficiente y estilísticamente calificada en aspectos vitales de la sociedad.

Por ello, considero un acto capital que el martes 15 de enero, los periódicos nacionales publicaran una nota oficial informando sobre casos de cólera en La Habana. Haberlo callado, como ha sucedido en otras ocasiones, tal vez no podría avivarse la percepción de riesgo en la ciudadanía. Y si a veces echáramos de menos la conciencia del peligro, fuera porque la gente no sabría a qué atenerse si solo leyera u oyera  recomendaciones de guardar la higiene para evitar contraer un síndrome diarreico, vulgar andancio. Con aquella nota, el país creció en prestigio y confianza. Porque si alguna cifra de turistas alarmados  hubiera dejado  de visitar a Cuba por un tiempo, ningún costo material superaría la ganancia moral y política de informar a tiempo y claramente. De cualquier forma, los turistas llegan a países donde enfermedades graves son endémicas. Aceptemos la evidencia: nadie puede decidir por el turista.

Hace varias decenas de años, cuando la cumbre de los No Alineados en Argelia,  Fidel advirtió que inventar un falso enemigo equivalía a rehuir al enemigo verdadero. Por tanto, ¿es mala la prensa solo por un problema de profesionalidad?  Tal vez pueda serlo también porque hemos olvidado ciertas luces, ciertas señales. Por momentos, me inclino a pensar como el título de un libro del periodista  Aldo Baroni, publicado en 1944: Cuba, país de poca memoria. Tampoco nos  acordábamos de una  frase de Fidel, dicha hacia fines de los 1990, que  Antonio Moltó rescato en una de las últimas discusiones colectivas previas al congreso de la UPEC: Prefiero la equivocación al silencio. Y añado que el silencio es el mayor equívoco porque dice callando. Sugiere tantas vertientes para especular sobre por qué no se habla, por qué la información que interesa, y no sólo la que  importa, se ha vuelto pájaro que no se posa consecuentemente en nuestros medios.

Desde otro punto de vista, para que la profesionalidad predomine en la extensión cualitativa de esa condición, hemos de saber que el periodista ha de estar dispuesto a actuar las 24 horas del día.  Y tener claramente especificado las respuestas de toda conciencia recta al preguntarse para qué soy periodista, qué intenciones calentaba cuando entré por primera vez en una redacción. Debe de quedar definido que  nos  ha de mover la intención de servir y no la de brillar. Sin embargo, en los últimos tiempos, se ha preferido  contar con colegas del tipo de los que dicen  “sí” e improvisan un texto sin convicciones ni matices, a recurrir a los periodistas que dicen: “Déjame pensarlo”, porque no estoy convencido.

Básica esa libertad interior. No es tan útil  la palabra libertad en códigos, como que  el periodista experimente ser libre dentro de sí, en un ámbito de responsabilidad y compromiso. Pero a algunos no les gusta que dispongamos de ese ámbito y los efectos han sido en los últimos tiempos muy dañinos: una especie de desprofesionalización de nuestras redacciones, porque a veces los más aptos son tachados de conflictivos. Como si los revolucionarios no comenzaran siendo, precisamente, conflictivos renovadores de la vida.  

He dicho responsabilidad y compromiso. Quién que ejerce el periodismo no responde a la ideología e intereses del medio que contrata sus servicios. Pero esa voluntaria servidumbre profesional tendrá que regirse por una regla que favorezca, al menos, salvar la credibilidad como expresión suprema de la profesionalidad. Lo sabemos: ningún periódico cubano obraría como recientemente actuó El País madrileño: publicar una fotografía truculenta, falsificada, de un Hugo Chávez casi moribundo. La estafa fue  rápidamente desmentida con pruebas respaldadas por el pueblo y el gobierno venezolanos. Pero nos hemos preguntado cuántos lectores e internautas del planeta creyeron en la foto. No olvidemos que El País, como mínimo, ha trabajado durante tiempo su credibilidad mediante un equilibrio formal y conceptual. Esta vez, la ficha cayó del tapete. Pero cuántos infundios o verdades a medias ha hecho creer El País sobre Cuba, o Venezuela,  Libia, Siria…  Los medios más sólidos en su factura y su tradición en la “internacional del capitalismo mediático”, trabajan profesionalmente para que no le desmientan sus imágenes y palabras. En ellos, la credibilidad, aunque sea ficticia mediante una verdad manipulada, forma parte intrínseca de la profesionalidad.

¿Y cuál será la solución  de los embarazos y tutelas que impiden que la prensa cubana pueda exaltar nuestras verdades más evidentes y revelar las que a veces permanecen  injustificadamente en el silencio? Admito  que las hostilidades externas condicionaron una mentalidad política defensiva, un santo y seña basado en el secreto porque el “enemigo escucha”. Pero, si ya Cuba utiliza su madurez y mantiene enhiesta la voluntad de perdurar a contrapelo de lo que piense ese enemigo tan cercano, tan obstinado, y en consecuencia abre su economía, libera la emigración, suprime prohibiciones y busca un tránsito hacia el socialismo mediante el destrabe de las fuerzas productivas y la coexistencia de formas de propiedad, hasta ahora tenidas como tabúes; si hoy nuestra patria se renueva y sacude sofismas y dogmas, necesita también disponer de una prensa que con un lenguaje purificado de consignas, despojado de ideas resecas por la repetición, limpio de insultos como argumentos, defienda, la obra de todos por medio  de un periodismo que sea capaz de convencer y conmover.  

Una prueba nos sale al camino; una prueba  más ardua que defender una posición en una guerra: hacer derivar la democracia de una palabra, tan socorrida como incomprendida, hacia un sistema  blindado contra  manifestaciones de autoritarismo y de providencialismos políticos, y que, además,  pueda conjugarse con una prensa cuya papel esté fundamentado en la credibilidad de sus enunciados y no en el hábito de las notas oficiales,  aunque haya que distinguir las verdades cotidianas de las verdades que afecten la seguridad nacional.

Urgimos, pues, que la verdad y de la credibilidad no dependan de las urgencias propagandísticas. Y habremos de aceptar, en consecuencia, que  periodismo y propaganda no son sinónimos.  Si confluyeran  en el fondo, se separarían en la forma y los fines profesionales.