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PATRIA Y HUMANIDAD

POLITIZACIÓN Y DESPOLITIZACIÓN

POLITIZACIÓN Y DESPOLITIZACIÓN

Una ecuación dialéctica

Luis Sexto

Al pretender escribir de política habría que empezar por definirla. ¿Qué es? Un término sumamente polisémico. En la historia de la filosofía hay diversas definiciones: entre otras, una se refiere a la teoría del Estado; aquella  a la del derecho y a la moral según Aristóteles; y esta se relaciona con el arte y la ciencia de gobernar, que comparto porque es la que nos corresponde en este artículo.

La vanguardia y el aparato políticos podrían estar preocupados por fortalecer al Estado, para convertirlo en el “estado fuerza”, como teorizó Maquiavelo, mediante la politización, con base filosófica, de la ciudadanía. Pero al ciudadano común le interesa más la política aplicada, el arte y  la ciencia del buen gobierno, cuya finalidad consiste en  construir y preservar  una sociedad ordenada, y proveer, en justicia,  los medios fundamentales de existencia.

Por otro costado, el término politización tiene también un significado peyorativo. Con frecuencia escuchamos: “En Cuba la politización es excesiva”. ¿Y en qué país del planeta  el ciudadano no se despierta y se duerme con mensajes en diversos dialectos políticos, como los anuncios comerciales o electorales, o los editoriales de los medios a favor de una injerencia militar,  o justificativos de tal  o más cual compromiso entre partidos?  Pero, ciñéndonos a Cuba, la excesiva politización puede tener su correlato en una despolitización que trata de equilibrar los excesos, trazando un círculo vicioso: te politizo porque te despolitizas, o me despolitizo porque me politizas hasta abrumarme.

A menudo, la política socialista ha recaído en la ritualidad; es decir, ciertos actos se ejecutan porque componen un imperativo, sin que tengan una explicación o una formulación que permita a los ciudadanos asimilarlos conscientemente. Y ello condiciona cierta despolitización, cierto desentendimiento de índole defensiva  ante el predominio de un mayor interés por fortalecer el Estado, y preservar incólume la capacidad decisoria y la invulnerabilidad de sus ministros, que por  exigir y proyectar  el arte y la ciencia del buen gobierno.

El interés de proteger al Estado de cualquier aparente debilidad ha servido, por momentos,  como comodín para justificar la insuficiencia y la deficiencia,  o aplicar un impolítico, y por tanto más expedito,  ahorro del ejercicio de la política. Por ejemplo, recientemente, en una intervención de un alto funcionario del gobierno ante el plenario de la Asamblea Nacional, entre otras informaciones, dijo –cito las ideas
y no las palabras- que nadie espere que como consecuencia de la inminente unificación monetaria, bajen los precios: serán los mismos de hoy.  El pueblo, en mayoría, ante esa formulación inapelable, demandará: Dígannos,  ¿para qué cambiamos?

Está clara la verdad del alto funcionario, a pesar de que no lo vimos ni lo oímos esclarecerla en la TV. Por tanto, lo que hoy cuesta 2.00 CUC en una tienda donde se venda en esa  moneda fuerte, el precio de un mañana previsto, pero sin día fijo, equivaldrá a 50.00 CUP,   para entonces la única moneda vigente, pero sin la fuerza del que será  ya el “extinto peso convertible”. Uno comprende el fundamento económico financiero de la medida. Mas, lo más espinoso de aceptar es el tono y el hermetismo de una decisión, técnicamente justa y necesaria, aunque sin explicaciones plausibles. O lo mismo: los términos empleados por el alto funcionario gubernamental se expusieron desde una posición  extraña a  nuestra política. Si al menos hubiera explicado que al bajar los precios, a causa de una sobrevaloración artificial del CUP, se trastornaría la relación ente oferta y demanda dentro de circunstancias en que la producción e importación de bienes de consumo  se someten a las  irregularidades, insuficiencias y deficiencias de la economía cubana.

Si lo hubiera dicho, o a lo mejor lo dijo y la TV no lo difundió, ni tampoco los demás medios, el ciudadano, en su parecer práctico, podría entender que la situación, sin revaluar el CUP,  no se mordería la cola. Lo contrario, es decir, si bajaran los precios por decisión voluntarista,  con una sola moneda  continuaríamos girando alrededor de los mismos problemas. Desde luego, tanto los diputados como al pueblo, mucho más que conocer una decisión técnica, urgen de la legitimación política,  de la explicación de por qué, aunque no lo parezca, la unificación  monetaria condicionará favorablemente la evolución de la economía en un plazo más prolongado.

Ante determinaciones autoritarias que niegan el ejercicio del buen gobierno, o de renuencias  impopulares  a explicar, mediante el uso racional de la política, los propósitos de una línea de administración o de gobierno, el  ciudadano, como el hijo ante una absurda prohibición paterna, optará posiblemente por el bajo rendimiento, la indiferencia, o el descomprometimiento, y derivará incluso hacia la delincuencia u
oposición. El ciudadano, al no comprender,  podría experimentar una pérdida de fe, o una reducción de sus esperanzas de resolver carencias y satisfacer apetencias. Y experimentará la falsa conciencia de ser “la última carta de la baraja”, o de que ser cubano es un delito en Cuba, como ha expuesto en la web cierto comentario,  poco equilibrado y  sólo valido de argumentos anecdóticos.

Ahondemos, y comprobemos racionalmente que en cierto momento la despolitización es el nombre de una politización a contrapelo de la política vigente. Como diversa es la nación, diversos son también los distintos modos de asumir y entender  la política. Si digo que cierto sector de la juventud rechaza el modo de hacer  política en Cuba, no afirmo que por ello esté despolitizado ese conglomerado de jóvenes, sino que ha experimentado el proceso de manera distinta. No lo dudo, adoptar la  indiferencia ante un mensaje político equivale  a asumir una posición política.

Si aceptáramos que el valor supremo de la política es la honradez,  la reconocida devaluación ética de nuestra sociedad estaría indicando una despolitización en términos generales. Y si continuamos insistiendo en que las consignas y su repetitiva fraseología  componen  el mejor modo de unir, de hacer política a favor de los empeños nacionales y socialistas,  malgastaremos el tiempo. Con frecuencia, el discurso a base de automatismos expresivos y de lemas y consignas, deteriora el acto político: nada clarifica, nada propone, nada advierte,  y encubre, incluso,  con un código de doble moral, las acciones contra la honradez esencial de la política revolucionaria.

Como sabemos, algún grupo se ha politizado despegándose de los ideales a favor del socialismo y de una sociedad independiente, justa y próspera. Y consecuentemente  difunden otras propuestas desde  los extremos de la derecha o de  la izquierda. El sujeto político –en Cuba ha de serlo el ciudadano-,  a la vez objeto de la  política, refleja la vida, las relaciones sociales de diversas maneras; discrimina, elige una cosa por encima de otra. Todo forma parte de la ideología, y también de la política; por ello, al abjurar de una ideología y de su parte integrante, la política,  es casi inevitable albergar otra que, por lo común, suele manifestarse como opuesta. 

Mas, no siempre resulta así. Parémonos sobre otro punto de vista. La emigración opera  masivamente en Cuba como  solución personal a problemas colectivos. En esa opción hay también una base política. Pero ¿de qué política se trata: de la condicionada por las ideologías, o de la funcional,  de la que se expresa en reuniones, en postulados, en rendiciones de cuentas, o de la política que llevamos dentro  sostenida  por aspiraciones o intenciones de prosperidad personal?  En el emigrante posiblemente rija la política de lo que necesito, espero, y no obtengo. No podemos, por tanto, emparejarla a la toma de partido del exiliado, perdedor político cuya  revancha va en sus valijas hacia el extranjero. El emigrante  se marcha, y regresa cuando pueda o estime. Al exiliado, en cambio,  lo sostiene el afán de volver  con la nueva política que  impondrá cuando él sea parte del poder contrario y vencedor.

Las  relaciones  humanas son igualmente éticas y políticas. Aceptar lo que el otro dice es una actitud política; negarlo también. Como es también una actitud ética escuchar al otro, incluso ponerse en su lugar de modo que sus necesidades e intereses modifiquen nuestras actitudes. Ética y política, si hablamos de la ética y la política de la revolución, se implican mutuamente. Por ello, la política autoritaria y la democracia teledirigida obran contra los principios éticos de la tradición revolucionaria.

Y si nuestros valores históricos más firmes provienen del  pasado, incluso de las dos o tres décadas iniciales de la Revolución de 1959, algo positivo alienta en nuestra tradición que aún sus valores de solidaridad, libertad, justicia e independencia continúan ofreciéndose como fundamentos preservadores de la integridad de la nación.  Ahora bien, el país está precisamente cambiando, porque enjuicia a cuanto estorba proveniente del pasado inmediato, incluso del más lejano. En la literatura inaugural de la república intervenida de 1902,  ciertos cubanos hallan páginas con manifestaciones todavía presentes en nuestra sociedad. Por ejemplo, en Generales y doctores. Habría, por tanto, que meditar sobre el conflicto social novelado por Carlos Loveira, y precisar su pervivencia entre nosotros a pesar de medio siglo de revolución reivindicadora. Pero no blindemos el intelecto en actitud de rechazo. Estudiemos la propuesta. Porque la herencia histórica advierte que la dialéctica no es una asignatura que se aprueba o se suspende en la escuela; es, sencillamente, un método de análisis y dirección que, por vinculaciones  temporales, tendrá que considerar el pasado - lo que fuimos- para explicar las insuficiencias de lo que somos. Con ello, hemos de salvaguardar los principios éticos de la Revolución. Y  así la ética  funcionará  como  contrapartida  en la impostergable necesidad de  la política de sacudirse tanta rémora logrera y artificiosa, y  de mantener  su coherencia programática.

SE QUEDARON CORTOS...

SE QUEDARON CORTOS...

  Luis Sexto

Al fin hubo una explicación.  Durante semanas la opinión popular en la calle, y en las redes sociales, incluso en algunos medios de prensa,  cuestionaba que después de reparada la terminal tres del aeropuerto José Martí, sus puertas seguían cerradas para quienes iban  despedir a los viajeros.  Al fin, repito, hubo una explicación. No voy a discutir si fue una explicación acertada, razonable. Sencillamente, voy a celebrar el hecho de que, mediante preguntas del periódico Gramma el pasado 25 de julio,  funcionarios del aeropuerto  expresaron las razones de mantener permanentemente  cerradas las puertas para quienes no son viajeros. Es decir, no hubo durante meses, por causa del remozamiento, acceso libre al aeropuerto.

Ahora, tampoco lo hay. Sin embargo, los voceros de la terminal aérea anunciaron que construirán una especie de bulevar dotado de comodidades y servicios para los que acompañan a los que  van a viajar o esperan a algún viajero.

Las razones aducidas se refieren a que la terminal tres es pequeña, y que en determinados momentos se aglomeraba  un exceso  de personas que reducía el espacio que las normas internacionales prescriben para el expedito desenvolvimiento de las terminales aéreas. Esa fue la razón básica. Este comentarista averiguó en otras fuentes, y también ocurría que en el aeropuerto entraban personas que ni aguardaban  ni despedían viajeros. Sencillamente, concurrían a beber, usar los baños, y también hurtaban elementos sanitarios o dañaban inmuebles de la terminal.

Supongamos que todo es cierto. Pero se sigue apreciando la misma solución para problemas parecidos. Si en los años 90 -años de escasez generalizada- cerraron de noche la terminal de ómnibus nacionales en La Habana, ahora, en situación más favorable desde el punto de vista económico, cierran el aeropuerto. Es decir, la medida más fácil. Por otra parte, si el cierre para  personas no viajeras, iba a ser permanente, por qué no construyeron primeramente  el sitio para la mayoría que despide o espera, y después remozaron la terminal tres. Pero por qué, y esta pregunta es la esencial, por qué no dieron una explicación a tiempo, por qué dejaron correr los meses atizando  dudas y críticas.

Un detalle es muy evidente. Para algunas instituciones, el sentido principal no es el servicio, sino aplicar fórmulas que les faciliten comodidad y placidez en la práctica de sus deberes. Hasta las explicaciones demoran, cuestan trabajo, porque tal parece que para ciertos funcionarios explicar al pueblo sus decisiones es como humillarse. Entonces, en qué país vivimos. Cómo queremos mejorarlo. ¿Acaso algunos creen que debemos gobernar para el pueblo, pero sin el pueblo? Si la respuesta fuera afirmativa, ya estaríamos alejándonos de los postulados de la revolución cubana. 

Cuando he afirmado que a algunas de las leyes y resoluciones que articulan la actualización de la economía en nuetro país, les falta política, me refiero a que es preciso argumentar, explicar las razones de por qué se actúa de esta manera o de esta otra. Lo revolucionario es sumar al pueblo, y no abrir brechas para que el pueblo sólo sea un espectador de brazos cruzados que, incluso, se considere víctima de medidas que no entiende. Y mucho menos que no las entienda porque nadie se las explica.

Antes de fallecer a deshora, Joel James, agudísimo escritor revolucionario, escribió un ensayo en que sostenía que podremos tolerar que ciertas medidas de mercado en las actuales circunstancias de deterioro e insuficiencia  material,  potencien  la economía cubana. Lo único que no puede ocurrir, decía Joel James, es que  algunos de  cuantos dirigen y apliquen la política sean permeados por el mercado o sigan atrincherándose detrás de actitudes burocráticas. El pueblo, ese es el antídoto. Porque contando con el pueblo,  seguirá Cuba manteniendo  la esencia  de la revolución. Pero si algunos prescinden de la gente,  me parece que tendrán que rendir cuentas por un delito contra la doctrina y los intereses de la revolución y, por ende, de la nación.

No; nuestra  historia no puede ser una olvidada película en blanco y negro…

(Comentario difundido por Radio Progreso el 4 de agosto de 2O14 en la sección Puntos sobre las íes)

EL TESORO DEL MALLORQUÍN

Luis Sexto

Del libro El último viaje del diablo y otras historias cubanas de bolsillo

Editorial Letra Viva, Coral Gables.

 http://www.amazon.com/dp/B00J72L0W4

 

Todavía algunos creen ver a Pepe el Mallorquín por las calles de Santa Fe, la segunda población en importancia, pero la primera por su origen, en Isla de Pinos. Desde 1823,  el cuerpo de el Mallorquín desapareció en un sitio aún ignorado, aunque la presencia del pirata  parece custodiar sus tesoros,  tan secretamente enterrados como el cadáver del fantasma que los ronda, tal vez cerca del lunar de monte tupido, entre palmas barrigonas, bejucos y rala manigua, donde se malparaba el rancho que el Mallorquín habitaba con la Vinajeras.

El Mallorquín fue un pirata menor. Parece haber estado comprendido sin nombre  en un mensaje del presidente James Monroe, convocando la cacería contra esos bandidos, señores de  embarcaciones y  botes  sin porte “que no se divisan a la distancia y que se esconden en las pequeñas ensenadas de Cuba o de Isla de Pinos”. En 1821 deambulaban por los mares azules y broncos de Caribe y el Atlántico unos 2 000 piratas, cuyos cofres de saqueos y destrucción de propiedades atesoraban 20 millones de dólares, con la consecuente crisis en las compañías aseguradoras.

Las actas históricas atestiguan que el Almirante David Porter encabezó una flotilla compuesta por los bergantines Enterprise y Spark y las goletas Shark y Porpouse y Gampus. Inglaterra y España sumaron sus fuerzas a esta especie de safari marítimo. Las cuentas resultaron muy favorables a las potencias: la marina norteamericana  capturó o hundió  79 barcos, 62 cañones y 1300 bandidos; la británica, 13 barcos, 20 cañones y 291 hombres, y la española cinco barcos y 150 piratas.

Entre tanta gente de mar y de mal cayó seguramente Pepe el Mallorquín, bajo el crujir de los cabos y el palo mayor de La Barca, su barco. Se llamó en el nacimiento José Rives, cuyo apellido figura entre los fundadores de Santa Fe en 1809. Al Mallorquín se le recuerda con el ropaje de los bandidos buenos. Aunque nacido en Mallorca, se vinculó a  Isla  de Pinos, por ese tiempo descuidada por España, y se erigió en protector de sus habitantes. Ninguno de sus socios de piratería podía robar a ningún pueblucho o establecimiento pinero. Posiblemente por ello, el Mallorquín pasee todavía por las calles de Santa Fe, y algún iluso aún  tantee la manigua buscando el tesoro escondido de ese pequeño pirata que en La Barca nunca dispuso de más de un cañón, que le fue suficiente, según los vientos de la historia y de la leyenda, a su  coraje, habitualmente activo y salado.

Con la inseguridad del que ha olvidado algo que no debe olvidar, el Mallorquín le recordaba a su tripulación que cuando él muriera se aseguraran de que estuviera verdaderamente muerto y lo llevaran a descansar en los brazos de Rosa Vinajeras. Por esos bosques, cerca de las paredes medio derruidas y mohosas de una antiquísima iglesia, entre bejucos y ramajes, donde dicen que comenzó Santa Fe, quizás  Pepe el Mallorquín ha dejado creer que el pirata tiene cerca su mejor tesoro, el único que podemos buscar con la posibilidad irremediable de hallar: una mujer a cuyo lado pasar todo el tiempo de los difuntos.

 

INVITACIÓN

INVITACIÓN

Luis Sexto

La Sociedad Salesiana se prepara para festejar el 16 de agosto de 2015 el bicentenario del natalicio de Don Bosco. Recuerdo la fecha, y  me evoco de adolescente en un enorme patio rodeado de cientos de  compañeros en la hora del recreo. Nos encontramos en el patio asfaltado de los Salesianos de la Víbora, en la esquina de Goss y Vista Alegre.  A quién veo allí, observando, cuidándonos. Ah, aquel es  el señor Dionisio; más allá, el padre Villar, y  el padre Cejas, el  padre Perdomo, el padre Matías, el padre Mario Borgonovo…

Ya después, en el seminario de Arroyo Naranjo, el señor Teófilo Castillo  me cuenta un chiste, o me felicita por mis composiciones,  o el señor Fabio Rivas me regaña con tanta  bondad que uno desea verdaderamente volverse bueno: Muchacho, muchachitooo. Más adelante,  por el pasillo, el padre Savany, frotándose primeramente las manos, me palmea las mejillas, y luego sonríe como si quisiera acunarme en su ternura; el padre Dalbón reprocha  mi exceso de escrúpulos, y el padre Consejero, el disciplinario,  me exige  comer pan en el desayuno.

No podré volver a aquellos tiempos. Pero tampoco nada borrará el pasado. Mucho de lo poco que soy y he hecho, es obra de Don Bosco y de los Salesianos. Ellos me enseñaron que la limpieza que mejor huele es la de la conciencia, y que la belleza radica en la virtud.

Cómo haré para demostrar mi gratitud en este bicentenario. Tal vez quisiera reencontrarme con algunos de mis compañeros de entonces. Quizá varios lean estas líneas sin reconocer al autor. Pongo aquí la dirección de mi blog: http://luisexto.blogia.com Pueden dejar sus comentarios, recuerdos, historias, en resumen, algo de la fe de vida de cuantos se acuerden de la Víbora y de Arroyo Naranjo. O de Guanabacoa, o Güines, o Santa Clara, o Camagüey, o Santiago. Tengamos presente, aunque este o aquel lo hayan olvidado, que unos fuimos  condiscípulos y hoy somos, todos, ex alumnos salesianos. 

 

LA CONTROVERSIA INCONVENIENTE

LA CONTROVERSIA INCONVENIENTE

Luis Sexto

 Las controversias y canturías guajiras no suele pasar a los libros, salvo que  algún improvisador excepcional, al comibinar con sus rimas una excepción, obligue a los críticos a registrar esos versos instantáneos. En lo económico, lo social o en lo político pasa lo mismo. Pero si en el arte, improvisar, aunque sea un disparate, es un acto inofensivo, aunque risible, en todo cuanto se relacione con la sociedad puede derivar hacia el error, lo fallido… Incluso lo trágico.

Toco un tema recurrente. No soy, por tanto, el primero en hablar de la improvisación, ni contra ella. Pero estimo pertinente redundar, porque parece que a pesar de recomendaciones y exigencias, la improvisación, el repentismo, persiste como un recurso. Y si cada vez que se empleara fuera un acierto, pues quizás uno diría, bueno, que pase. Pero la puntería de la improvisación incluye la tendencia a desviarse; es muy desafinada.

Tal vez esa práctica sea uno de los atajos por donde pecamos los cubanos. Algunos de nosotros somos adictos a la inspiración: a cualquier problema damos una respuesta inmediata, sin a veces reflexionarla en privado y menos colectivamente, y sobre todo sin prever los efectos nocivos de lo decidido de prisa. Por esa misma rapidez en decidir, exigimos frutos inmediatos. Y por ello parece inquietarnos que decisiones fundamentales demoren en concebirse, discutirse, probarse. Un sociólogo, un tanto criollo en sus formulaciones, dijo que los cubanos éramos capaces de echar abajo un edificio de 30 pisos de un empujón, pero no podríamos hacerlo ladrillo a ladrillo, porque nos faltaba constancia. ¿Estaría equivocado?

Pero mientras decidimos la razón o la sinrazón de esa sentencia, admitamos que el repentismo presenta otro peligro: que precisada la estrategia, el apuro y la superficialidad por aplicarla oriente cada paso, y de pronto nos veamos saltando procedimientos, adaptando piezas y quitando tornillos aparentemente sobrantes, como mecánico en carro nuevo.

Las reglas, por supuesto, han de dirigir el ejercicio de gobierno y de administración. Las reglas, incluso, establecen el rendir cuentas. Pero a mi entender no es igual rendir cuentas que pedir cuentas. Cuando uno por hábito rinde cuentas, otros por hábito las escuchan y todo queda luego en silencio o en un aplauso, mientas ciertos suspicaces se limitan a sonreír sardónicamente. Al menos, pensarán, a mí no me engañan…

En efecto, cuando se piden cuentas, quien las solicita está atento, oye y comprueba la veracidad de lo informado. Y me parece que el país ha de exigir cuentas sin esperar a que corresponda rendirlas; pedir en particular responsabilidad ante la historia de nuestra nación y su destino. Que son conceptos y hechos tan capitales como para que cualquiera pueda pensar que improvisar una cuarteta disparatada es signo de cubanía y revolución. Porque signo de patriotismo y de convicciones revolucionarias es la seriedad con que uno asuma lo que nos corresponde hacer en momentos de riesgos. Signos de compromiso son la honradez, la perseverancia y la prudencia. Y no solo las palabras; palabras que se recalientan como consignas. Y si las consignas son convenientes, necesarias, útiles, han de ser, más que dichas, actuadas, vividas con el sol en la conciencia. 

Sin la honradez, la perseverancia y la prudencia -digo para terminar-, posiblemente unos u otros sigamos aficionados al repentismo, a ese decidir rimando “bueno” con “heno”, “fango” con “mango”, en una controversia, un aguaje que a nadie convence. Y por tanto,  se nos note la carencia de las virtudes más caras, más urgentes en estos días cuando nos inquieta el futuro del socialismo como sociedad más justa y equilibrada. Y acompañando a esas virtudes, como una herramienta, habrá de estar la inteligencia que medite, sopese, y comprenda que al ejercicio de administrar y legislar hay que  controlarlo, y al control también. A nadie, en Cuba, le estará permitido administrar con  manos impunes los intereses de la sociedad. Ni nadie podrá legislar contra las necesidades humanas.

EL INFAME OPORTUNISMO

EL INFAME OPORTUNISMO

 

Por Reinaldo Cedeño Pineda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Patria y humanidad acoge el Yo acuso contra Edgard Gousse, del autor de este post: amigo generoso,  periodista con estilo, creador 

Esta es la historia de lo que nació como un hermoso proyecto y acabó convertido en una infamia. Como se trata de un libro que implica a muchos escritores, como su presentación se han hecho pública, como puedo decir con orgullo que lo ayudé a existir, aquí van estas notas.

 Los que me conocen saben que nunca las hubiera querido redactar, mas las circunstancias no dejan otra opción..

 El haitiano-canadiense Edgard Gousse, a quien conocí por el poeta Jesús Cos Causse hace algunos años, me comisionó en casa de la inefable Marlene —compañera de muchos años de Cos― para un posible libro que abarcaría la obra de la joven poesía cubana y haitiana. Él se encargaría de la hermana isla y de 17 autores, y yo de seleccionar a otros 17 jóvenes poetas en la Mayor de las Antillas, mas la presencia especial de la núbil Libertad Dearriba.

 De aquella conversación fueron testigos José Orpí, la propia Marlene y León Estrada. Este último trabajaría a su vez en una antología general de poesía cubana. La idea era un trabajo a dos manos. El haitiano mostró incluso una posible cubierta ya hecha que mostraban a dos autores. Así quedamos.  

En fatigosas jornadas, durante meses, robé tiempo a mi trabajo y a otras responsabilidades para honrar mi compromiso.  Primero, se dieron a conocer  las bases de manera digital e impresa —incluido el periódico Juventud Rebelde y muchas páginas digitales― y se creó una cuenta para que los interesados enviaran sus poemas. Aquello parecía serio. Sobre la base de mi juicio, de una intensa lectura y de la sugerencia de otras personas, seleccioné y busqué autores jóvenes de valía a lo largo del país. A la convocatoria respondieron más de 70 escritores a los que leí con cuidadoso esmero.

 Podría hacer otro volumen  de cómo logré localizar y convencer a algunos de ellos, porque se exigían  textos INÉDITOS.

 Consulté, devolví, pedí explicaciones y hasta incluí ―a petición del mismo Gousse y con preguntas preparados por ambos— cuatro interrogantes que vinieron a complicarlo todo porque necesitó de varias consultas; pero esa petición también fue cumplimentada.

Correos fueron y vinieron, llamadas fueron y regresaron desde Pinar del Río hasta Guantánamo, sin que mediara más financiamiento que el de mi menguado salario. Tuve incluso que reponer el teclado de mi computadora, que se resintió de tanto trabajo. Lo expongo no como arrepentimiento, sino para que se sepa el carácter de la contribución.

 Cada centavo lo di por bien empleado. Se trataba de la posibilidad de abrir puertas a voces nuevas de la lírica cubana.

 Gousse seguía sumando iniciativas a la antología. La última fue una reseña crítica de cada autor. Traté de disuadirlo —no porque lo considerara intrínsecamente una mala idea―, sino por el riesgo de establecer criterios sobre la base de unos pocos poemas. En mi opinión, se actuaría de una manera impresionista, porque en algunos casos, las breves carreras de los autores aún no habían arrojado libros. Era difícil. Lo intenté, no obstante, y le envié lo escrito sobre Libertad Dearriba ―publicado en más de un sitio— y Eliécer Almaguer, mas mi partener en la antología tenía otras consideraciones.

Le dejé el camino expedito para que tomara de su mano esa parte del volumen. ¿Qué más podría hacer? El estilo es una de esas cosas que no es posible cambiar. En el  interín, por cierto, también decidió no seguir trabajando con Edgard Gousse, el poeta  Agustín Garzón quien le ayudaba sin descanso en la traducción.

Le suministré entonces a Edgard, escrupulosamente, todos los datos de los autores cubanos: fechas de nacimiento, direcciones postales y electrónicas, biografías, fotografías,  las respuestas a las pequeñas entrevistas y, por supuesto, los poemas ya decantados. Todo, autor por autor. El núcleo de la antología estaba terminado, la papilla lista.

 Sin embargo, CAMINOS POÉTICOS-CHEMINS POÉTIQUES  Voces nuevas de Cuba y Haití / Voix nouvelles de Cuba et d’ Haiti aparece ahora como obra de un solo autor. Mi nombre —que es decir mi esfuerzo― fue remitido “al corazón profundo” del libro. Tal fue el término empleado por Gousse. Léase: un puntaje apenas visible como seleccionador y una mención en los agradecimientos. Un ninguneo.

 Ni el propio Edgard encontraba esa línea de agradecimiento en la presentación del volumen hecha este 6 de julio en la Casa del Joven Creador. El trance tragicómico movió a la risa del auditorio.

 No soy ningún advenedizo en materia editorial y ese despropósito nunca debió ser. Sé donde debe ir cada cosa. El aporte era capital y así debió ser reconocido. Edgard Gousse actuó como el emperador que al no ver cumplidos sus caprichos, pasa por sobre la cabeza de sus servidores. Actuó de mala fe y con una alta dosis de oportunismo, cual si tirara un hollejo luego de exprimirlo. Tengo un vecino que lo llamaría de una manera más fuerte.

 Los  autores cubanos —la mitad del libro— que están aquí son mi responsabilidad. Y también sus versos, sus datos, sus imágenes y sus respuestas.  Una antología no existe sin antologador y sin el riesgo de su criterio. Un libro no existiría sin autores, una editorial no existiría sin autores, una imprenta no existiría sin autores.

 

   A estas alturas he visto publicado mi nombre en libros, revistas, periódicos y páginas web más veces de lo que imaginé; pero no se trata de eso. Mi madre me enseñó desde muy joven a jamás ambicionar lo que no me pertenece, pero también a defender lo que merezco.

 Pudiera parecer este un capítulo particular, pero no lo es en absoluto. No es la primera vez que Edgard Gousse se ve envuelto en capítulos oscuros con escritores de Santiago de Cuba. Muchas  personas pueden atestiguarlo. Solo esperemos que sea la última.

 Este es un caso más, donde la nobleza y la confianza de un cubano trabajador se estrellan contra el humillante poder del dinero.

 Si no leí estas notas en la propia presentación del 6 de julio, si domeñé mis demonios fue por respeto elemental a los allí presentes ―haitianos y cubanos―, a la Casa del Joven Creador, a la Asociación Hermanos Saíz y al Encuentro de Poetas del Festival del Caribe que ahora mismo encabeza Teresa Melo. Ellos no tenían porque pagar semejante acción.

 Quiero que sepan los poetas Maikel Rico Trujillo, Eilyn Lombard Cabrera, Miguel Cándido Francisco Reynaldo, Yannier Orestes Hechavarría Palau, Jamila Medina Ríos, Reynier Rodríguez Pérez, Eliécer Almaguer Almaguer, Moisés Mayán Fernández, Rodolfo Tamayo Castellanos, Javier Luis Mora, Yoricel Andino Castillo, Raisa Katiuska Olivera Fleitas, Ricardo Javier L. Deville,  Arlin Alberti Loforte, Yunier Serrano Rojas (Valerio). Heriberto Machado Galiana y Daniel Lienz Fariñas, que me alegra su confianza, que me enorgullece verlos en el libro.

 Temo sin embargo, que se agregue a la condición ya sabida de que no recibirán un centavo —así lo establecía la convocatoria divulgada― el que no lleguen los ejemplares a todos.  Debo confesarles que la solución escapó de mis manos. Quisiera equivocarme.

 No me he leído las críticas ni los versos de los poetas haitianos, mas a primera vista CAMINOS POÉTICOS-CHEMINS POÉTIQUES  Voces nuevas de Cuba y Haití / Voix nouvelles de Cuba et d’ Haiti (Editorial Tres Américas) parece un libro hermoso. Lástima que siempre lo hermoso, no resulte lo más limpio.

 

“ME PREOCUPA EL LECTOR”

“ME PREOCUPA EL LECTOR”

 

Luis Sexto

Esta entrevista con el escritor gallego Xosé Neira Vilas debe de tener fecha entre  los primeros cinco años de la década de 1980. No conservo la data exacta. Ni tampoco archivé el texto después de publicarse en el periódico Trabajadores, órgano  de los sindicatos cubanos. La encontré de improviso: ¿entre papeles marchitos, en una página de Internet, alguien me la envió? No sé. Incluso, la guardé en mi ordenador sin título y este que lleva ahora quizás no sea con el que se publicó. De cualquier forma, resume la voluntad de estilo del autor de Memorias  dun neno labrego.  La amistad de Xosé Neira Vilas me honró cuando nos veíamos con frecuencia en La Habana, y me honra en los recuerdos que conservo de este tierno y sabio  escritor. En 1992, Neira Vilas  retornó definitivamente a su región natal. Nos dejó en el  Fondo Gallego, algunos manuscritos originales de su obra, así como de otras personalidades de Galicia. Entre tantos libros y méritos, es miembro de Número  de la Real Academia Gallega. Ojalá Neira pueda saber que un periodista cubano lo recuerda y lo hace recordar, sobre todo ahora que ha presentado su nuevo libro Días de Cuba  donde  recrea sus vivencias durante los  31 años que vivió en este país.


La curiosidad me ató hace quince años a Xosé Neira Vilas. Ya  conté la historia. Fue en un ómnibus de la ruta 27 donde un amigo me señaló a un hombre que, con las piernas sosteniendo tres o cuatro libros, miraba ensimismado las fachadas palaciegas de la calle Línea. El ómnibus iba atestado. Y como con voz sobrecogida por una presencia esotérica, mi compañero dijo: “Ese es Neira, el escritor gallego."

Un privilegio profesional satisface ahora a aquel interés juvenil. Neira me recibe en un acogedor y escueto despacho iluminado por el sol, que atraviesa la cristalería le la ventana y me responde, aunque incompletamente -tienes aún varias respuestas en débito-, un cuestionario mediante el cual he querido conocer a este hombre más bien enjuto de palabras y a quien, en un acto de audacia familiar llamé doblemente compatriota: por mis orígenes gallegos y por su ejemplar ciudadanía cubana.

No muchos saben que la obra de Neira Vilas sirve en Europa para fundamentar tesis de la crítica, y su nombre toma numerosas páginas  en las enciclopedias españolas. El, acá, entre nosotros, vive con la trabajosa modestia del hombre común, utilizando  la mayor parte de las vueltas de su reloj en labores colectivas,  primero como funcionarlo de un ministerio y, actualmente, de jefe de  redacción de la revista Zunzún. Su obra, esa que lo  transformó en un escritor acatado, se apropia del tiempo  sobrante, sin horas preferidas y con la espontánea  irregularidad de un aprendiz.

CARNET PERSONAL Y LITERARIO

-Nací, (o me nacieron, como diría Gómez, de la Serna), en Gres, aldea de la provincia de Pontevedra, en el  gallego valle de Ulla, el tres de noviembre de 1928. En Enero de 1949  emigré a la Argentina. Allí conocí a la escritora cubana Anisia Miranda, con quien me casé en 1957. Vinimos a residir y a trabajar en Cuba en 1961, una semanas después de  la Invasión mercenaria de Playa Girón.

-Usted ha dicho: "Es bueno tener las raíces en alguna parte". ¿Dónde las tiene, acá, después de veintitrés años de convivencia cubana?

-Mis raíces, obviamente, están en Galicia. Si nos atenemos a la definición de Rilke en cuanto a que la patria del hombre es su  infancia, hay razones sobradas para que me sienta gallego de por vida;  esencial y categóricamente gallego. Mis raíces, pues, están allí, para bien o para  mal,  quiera yo o no quiera. Vengo de ese pueblo Y su espíritu  va conmigo mundo adelante. Conmigo van sus virtudes y sus defectos, su historia, sus  anhelos,  su cultura y sus frustraciones.  Lo bueno  y  lo malo, como es natural.
Cuba fecundó mis raíces gallegas, y me nacieron ramas y frutos que se han hecho buenos en estos veintitrés años. No es retórica ni es inmodestia. Algo de esto explico en el breve prólogo de En la extraña ciudad (Arte y literatura, -1982). Casi todos mis  libros gallegos fueron escritos en Cuba, en  medio de múltiples e inaplazables deberes,  y todas las páginas  de esos libros están impregnadas de la ideología solidaria que dimana de nuestra Revolución.

-Asombra, sin embargo, que después de tantos  años fuera de Galicia siga usted fiel como escritor a su lengua natal y a los temas de su tierra.

-Es, para mí, algo muy natural. Si bien soy más o menos bilingüe desde los ocho años de edad, aproximadamente, el gallego es el idioma cotidiano de mi infancia y de mi adolescencia. Hasta hace muy poco -y aún hoy, en gran medida-, el idioma, en Galicia, como en algunas otras partes de la península y de Europa es expresión de clase. Sin entrar en matices, los ricos en  mi  país nacían hablando  castellano, la lengua oficial, la del Poder político y económico,  la de la burocracia, la del clero, la de los "señoritos parásitos"; en cambio, han venido utilizando el gallego los campesinos, los hombres del mar, los obreros (salvo en algunas áreas donde existe el "castrapo", una especie de lengua intermedia), los intelectuales progresistas, ciertas capas, esta vez más amplias, de la clase media...

“Para un escritor gallego (que no es igual que un gallego escritor, de acuerdo con la lengua que utilice) expresarse en el idioma materno significa pactar con el pueblo, ser parte de ese pueblo que ha venido decantando durante más de ocho siglos un  instrumento propio de  comunicación hasta convertirlo en una de las más bellas y ricas lenguas derivadas del latín. Un  idioma que ha venido desarrollándose en ambas orillas del río Miño, se extendió hacia el sur de Portugal, recorrió el mundo con  los navegantes lusitanos, se convirtió en una de las tres grandes lenguas atlánticas -junto con el castellano y el inglés- y se habla y escribe, con pequeñas variantes, en los cinco continentes (desde el Brasil hasta la Isla asiática de Macao, pasando por Angola, Mozambique... )

“Me fui demasiado lejos... Volviendo a su pregunta: mi Fidelidad a la lengua gallega es tan natural para mí como los ojos con que miro las piernas que me trasladan, la mano que guía mi bolígrafo. Y la lejanía, en años y kilómetros, en vez de empobrecer esta herramienta lingüística, curiosamente  la enriquecen. Mi léxico es cada vez más amplio. En la distancia, somos más sensibles para esto.

“En cuanto a los temas, estos van unidos, generalmente, a la problemática socio-cultural de mi pueblo. Temas e idioma van estrechamente unidos. Cuando los temas gallegos  se nos agoten -lo que parece improbable-  seguiré escribiendo en gallego a partir de otros personajes y escenarios.

Neira Vilas se familiarizó con la literatura desde los nueve años. Ya  en Buenos Aires, continuó "emborronando papeles" pero con voluntad de trascendencia, y en 1960 empezó su primer libro -Dende  Lonxe-, un poemario. Al año siguiente, escribió Memorias de un niño campesino, y luego siguieron  otros de cuentos v novelas -Aquellos años de Moncho, Querido Tomás y también poemas y evocaciones poemáticas, “aunque -aclara él- pese a estos intentos, no me considero  un poeta. Trato, sí, de ser un fabulador en prosa, y me daría por satisfecho si en algunos de mis cuentos y novelas estuviese presente de algún modo la poesía”.

-Demuestra usted en sus obras, un apego a las técnicas tradicionales de la narrativa. ¿Significa ello que usted rechaza las técnicas actuales que, a veces, incluso, obstaculizan la comunicación con el lector?

 -Me preocupa el lector; no puedo dejar de pensar en él cuando escribo. Busco la comunicación sin demagogia, sin concesiones temáticas ni léxicas, sin populismo, pero sin abusar de las técnicas que puedan dificultar el mensaje. Los escritores gallegos debemos tener muy en cuenta esto. Debemos ser cuidadosos en el tema, en el lenguaje,  en el estilo; cuidadosos (en coordinación con los editores) hasta en la tipografía. Se está ensanchando nuestro público lector, que habla gallego, pero que en general, ha sido alfabetizado en castellano.  Por algunos  años es nuestro  deber ser  sencillos en cuanto a procedimientos narrativos, y ser a la vez profundos en lo que se refiere a riqueza léxica, autenticidad sintáctica (deformada, a veces, por autores cuya lengua materna, la de los primeros años de vida, fue la oficial) y sobre todo en los temas es necesario sumergir al lector en el análisis -en este caso por vía, de la ficción- de sus problemas más acuciantes.

“Es también válida, claro  está, la narración de puro entretenimiento, incluyendo la de corte policíaco, por ejemplo, pero al menos, si no cumple el último requisito, que no falle en los restantes. Este es mi  punto de vista (que algunos escritores gallegos no comparten), respecto de las nuevas técnicas narrativas y del experimentalismo  deportivo ante la sociedad para la cual,  de primera intención, escribo”.

-¿Se  deduce entonces que, para usted, es más importante tener un contenido que comunicar? 

 -Forma y contenido han de complementarse. Un buen tema se puede malograr por chatura expresiva, y al mismo tiempo un estilo depurado, una forma novedosa de contar, una técnica eficaz, atractiva, sin nada sustancial que decir, resultan aberrantes. Es como vestir a la última moda a un maniquí.

 LOS GALLEGOS EN LA CULTURA CUBANA

A sus obligaciones laborales, Neira ha añadido la responsabilidad de  la Sección Gallega del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias. Allí, desde 1969, estudia la presencia gallega en la cultura cubana. Explica:

-Pienso que esta investigación (que sepamos, la única que se lleva a cabo en América, sistemáticamente, sobre una comunidad o corriente migratoria hispánica), aunque modesta, es muy significativa, para Cuba y para Galicia. Es imposible reseñar aquí quince años de labor. Le citaré sólo algunos de los trabajos concluidos: catalogación de la prensa gallega de Cuba (desde 1878 a la fecha); elaboración de índices de las principales publicaciones  periódicas; gallegos mambises, miembros del Ejército Libertador cubano (hemos registrado unos 120, incluyendo al general Francisco Villamil); creación de la biblioteca gallega, a base de los fondos que pertenecieron a instituciones extinguidas, y las provenientes de donaciones diversas; palabras gallegas insertas en el habla cotidiana de Cuba; escuelas creadas en Galicia (entre 1904 y 1926) desde La Habana; emigrantes gallegos en el movimiento obrero de Cuba; análisis sobre la presencia en Cuba de figuras destacadas de la cultura gallega, como Ramón de la Sagra, Valle-Inclán, Curros Enríquez, Ramón Cabanillas, Alfonso Castelao, Antón Villar Ponte, y muchos otros.

Y así, entre sus saudades gallegas y sus faenas cubanas, dejé a Xosé Neira Vilas, un ciudadano de la humanidad que afirma: "Solo puede querer a otro pueblo quien se sienta unido al propio".



 

 

ESCOBAS Y ALFOMBRAS

ESCOBAS Y ALFOMBRAS

 

Luis Sexto

Aunque parezca increíble, todavía hemos de preguntarnos qué es mejor para mantener limpia la imagen pública de una entidad o una persona: la escoba o la alfombra. Y en consecuencia habría que determinar si barremos para fuera o escondemos los desperdicios. Nada nuevo digo. Esas son las recurrencias metafóricas con las que intentamos expresar los términos de un dilema que ya encanece y que en el fondo se reduce al predominio de esencias o de apariencias.

Durante años algunos de nosotros se han adscrito a la esquina menos comprometedora a simple vista. Cuántas veces hemos oído la reconvención de “usted ha lacerado la imagen de los trabajadores de nuestra empresa con su crítica”. Y uno, que ha aprendido a discernir lo que es verdad y lo que se maquilla como verdad, responde: En efecto, puede molestar sentirse envuelto en una denuncia pública, pero lo que ha de agraviarnos e inquietarnos será ver a un cubano afectado por una acción injusta y que alguien sea capaz de justificarla u ocultarla.

Se nota, por tanto, que tras el empeño por salvaguardar  apariencias engañosas influye la doble moral, esa mirada de la conducta  que aparentando tirar los ojos hacia lo recto, se tuerce por debajo del hombro en una finta futbolística que intenta patear un balón falso mientras el verdadero se escurre por las líneas laterales. La doble moral puede definirse como la carencia de moral; dos morales solo pueden caber en la amoralidad, porque no parece admisible ser leal a dos causas antagónicas como la simulación y la sinceridad.

La doble moral, sin embargo, aunque pueda ser en alguna persona un don gratuito, ha tenido  un  condicionamiento en nuestras relaciones sociales. A veces ha predominado la incapacidad para clasificar la crítica como un instrumento de la dialéctica. Y sobre todo ha faltado la flexibilidad para aceptarla. ¿Qué hacer, pues, ante quien, sentado a una mesa de preeminencia, se remueve cuando oye lo que no le gusta o no le conviene, y luego manda a callar, o cuando en vez de orientar u ordenar, manda sin el matiz que admita un reparo, una salvedad? Lo sabemos: no es la primera vez que se habla o se escribe contra esa especie de alergia crítica, cuya llaga más notable es la doble moral.  

Últimamente, y en particular en la reciente conferencia del Partido, hemos aludido con insistencia a la crítica y, sobre todo a la ética. Y quienes han aludido a la ética saben que esta trasciende la palabra misma y, sobre todo, supera la firma de un compromiso. Un compromiso que ha de suscribirse, sobre cualquier rúbrica, haciendo coincidir leyes y conducta, esencia y apariencias.

Admitamos –me atrevo a recomendar- que la política, la ética y la crítica han de andar como en una alianza defensiva. Las tres se entrelazan en los fines. Y serán más efectivas cuando la política, la ética y la crítica respondan a las urgencias del momento. Si alguna vez fuimos permeados, de una u otra manera, por la doblez, si algunos creímos útil decir pensando en no, hoy, en cambio, Cuba y su empeño socialista requieren de sujetos para los cuales la verdad no se cubra con un mosquitero o se eche debajo de la alfombra.

Si hiciéramos un examen a conciencia desnuda, posiblemente repararíamos en que algún gramo del polvo de ayer se ha convertido en barro de hoy. No tengo la intención de exagerar, ni generalizar. Pero la historia no necesita de amplias retrospectivas, de tiempo acumulado, para mostrarnos lo que en un momento resultó un mal paso, o para demostrarnos que lo que antes creímos provechoso, quizás ahora sea erróneo. De esa demanda de la actualidad, de ver qué es y que no es, qué resulta conveniente o negativo, provendrá la efectividad en nuestra actualización.

Por ello, utilizando el símil del principio de esta nota, hay que renovar y lavar las escobas y tal vez sea útil renunciar a las alfombras. Porque lo que no conviene repetir del pasado, sigue viviendo en la reproducción de nuestra vida como un espejismo que ve agua donde solo hay arena.  Y según creo interpretar, para borrar esas imágenes distorsionadas y distorsionadoras precisamos de la ética y de la crítica. Ambas esclarecen la política, no la limitan. Tal vez la dañen cuando faltaren. Porque entonces no sabríamos distinguir lo esencial de lo aparente.