Blogia

PATRIA Y HUMANIDAD

AH, EL DETALLE...

AH, EL DETALLE...

Luis Sexto

El apego al facilismo o a las conveniencias personales nos han habituado a mirar solo el bulto, el molote, las equivalencias en volumen más que en calidad. Metamos la mano en nuestra conducta común para percatarnos de que poseemos «el poder» de echar a perder lo más útil y exactamente construido o concebido. Y digo echar a perder, pero ese término tan absoluto significa también retrasar, distorsionar, desanimar, restringir, porque esquivamos un detalle básico o le incorporamos uno o más de nuestro patio o inspiración.

La atención a los detalles, o a ciertos detalles, nunca será suficiente porque su relevancia podría exigir tanta que nunca alcanzará para satisfacerlos. Y juicio tan definitivo es solo una afirmación de índole filosófica o psicológica para encarecer el papel del detalle. Porque a esta categoría cotidiana habrá que mantenerla bajo observación, calibrándole la naturaleza para precisar cuándo es solo un detallito, la huella de una mosca que tapa la corbata, o es el desgarrón que ni el saco logra cubrir.

Por otro lado, y ello me parece lo primordial, uno no sabe a veces si la desatención a los detalles por más o por menos es una natural incapacidad humana, o es en cambio una actitud, un vivir superficial de modo que nunca veamos el fondo. Sabemos que el ser humano es una mezcla de positivo y negativo, y a las insuficiencias de la inteligencia, se les puede adjuntar la anemia en los valores éticos. Y quizá resulte deshonroso o inefectivo, por tanto, darles aire a ambiciones o a encomiendas que el sujeto no pueda alcanzar con las capacidades propias.

Ahora podemos entrar en el espacio práctico. Porque, en ocasiones, uno aprecia que quien ha de tener la capacidad para atender a los detalles en determinada posición, no se demuestra precisamente como el más apto, sea por insuficiencia intelectiva o por deficiencia ética. Vamos, caigamos en la cuenta de que el detalle en la selección de las personas que habrán de atender a los detalles de la vida social, económica y política, merece un juicio demorado, hondo. Fijémonos en que la improvisación se reduce, la mayoría de las veces, a la falta de rigor al decidir sobre el conjunto sin prever las consecuencias, sin atender lo que una vez un periodista de Bohemia llamó la cultura del detalle, detalle a su vez de la cultura general, cuya extensión tanto nos enorgullece, y que ha de empezar, en lo más característico, por saber valorar y respetar lo singular dentro de la sociedad.

La cultura del detalle, pues, repara en lo que parece pequeño para medirle la verdadera dimensión, y facilita fijarnos, por ejemplo, en que existe una contradicción entre nuestro sistema de salud y el hecho cotidiano de que en carnicerías o en tarimas de los mercados agropecuarios corten y despachen el jamón con la misma mano que se contamina al tomar el billete del pago. Qué bobería, ¿verdad? Esa sería la reacción del que no aprecia las inconsecuencias. ¿Habremos averiguado cuántos pacientes llegan a los centros asistenciales por esa minúscula falta de higiene?

Y es solo una referencia, mínima, en efecto, para recordar que ninguna acción humana queda sin generar o condicionar otras acciones. Por tanto, el descuido de un detalle —la gotera en el techo o la respuesta tardía a la duda o malestar de un ciudadano—, prepara la arrancada para que otros detalles, concatenados, empiecen a desvirtuarse. Y si la desatención a lo pequeño estropea las relaciones en centros de trabajo, o quiebra un matrimonio, o convierte a amigos en enemigos, qué no ocurrirá cuando nos acerquemos a las esferas decisivas.

Tengo en cuenta, sin embargo, que algunos de nosotros hemos pasado por alto este o aquel detalle con justificaciones tan manidas como «no se puede» «no hay recursos», «más adelante». ¿Negaremos acaso que las carencias financieras, los límites productivos existen? Aludo a que antes y también ahora, han abundado comodines para dejar de hacer o actuar. La inhabilidad resulta, circunstancialmente, hábil para enmascararse y pasar por auténtico lo falso, o por verdadero lo fingido.

Y estas certezas, que la impunidad suele confirmar, nos han de obligar a pensar que cuando las decisiones son correctas y se frustran, sucede así por haber errado aquellos para quienes insistir en un detalle de más o de menos, significa una nadería hasta en el rasero con que ellos mismos fueron medidos para estar ahí, equivocándose.

 

EL DEBATE, ESE RÍO CRECIDO

EL DEBATE, ESE RÍO CRECIDO

Luis Sexto

El problema principal del debate entre ciertos cubanos radica en que desde sus inicios cambia de ropas, como Clark Kent cuando se desviste en Superman. De lo mesurado o lo enérgico transita a lo violento. Y el que va a responder un criterio yergue su pecho, alza la voz y declara para todo el orbe: Tú estás equivocado; soy yo quien tiene la razón.

Solemos no escuchar. Y casi ni «leer». Tantos años de experiencia me han confirmado que cuando uno emprende la lectura de un texto a veces no lee lo que está dicho, sino lo que quiere leer. Eso en el caso menos infeliz. Porque a veces, algunos, al leer un texto correcta e inteligentemente escrito, lo tachan de literatura, elogian el estilo de quien lo firma y enseguida pronuncian la fórmula pontifical: Pero usted no dice nada; solo habla bonito… El que sabe y dice claramente soy yo.

El problema es que a veces no saben leer para comprender, ni tampoco saben escribir para debatir. La esencia se halla en que polemizan no con lo que está escrito, sino con lo que entendieron de lo que el otro quiso decir. O con lo que quieren que el otro hubiese escrito. Y a  veces dicen que dijiste esto o aquello y se atreven a ubicar fecha y medio donde lo escribiste, y, de pronto, un comentarista aparece denunciando la mentira: No, no Luis Sexto nunca dijo eso por lo que usted lo acusa.

Complicada psicología la de algunos objetores de conciencia, esos que creen que cualquier sitio es un Hyde Park donde alzar la carpa para decir lo que se les ocurra de las cosas y los hechos, y sobre todo burlarse de aquel que no piensa igual. También dan una vuelta por nuestras esquinas, salas de reuniones y pantallas digitales esos que se estiman invitados a reírse a costa de las ideas o criterios de cualquier prójimo, y llenan de papeles sucios el patio ajeno: invenciones, calumnias, manipulaciones, insultos, desconocimiento. Tienen tiempo. Mucho tiempo. Por lo cual uno supone que cobran una jubilación suficiente para perder el día, o les pagan. O aspiran a cobrar por pastar como dinosaurios sobre el crédito ajeno.

Y qué propósito implica el debatir. En racional ejercicio, el debate ha de pretender encontrar la verdad, o lo más justo y conveniente. Aunque uno no haya leído mucho, como Rilke, sí pudiera decir, por lo menos, que ha leído para aprender a entender y para aprender a debatir. La biografía de Benjamín Franklin, que leí entre los 23 y 25 años, me enseñó que nunca digas en una discusión: No estoy de acuerdo contigo. Di, en cambio: Yo tengo otro punto de vista. Respetando al otro es la manera más provechosa y respetuosa de polemizar por la verdad, en particular la verdad política, tan frágil, tan expuesta a intereses económicos, de partidos, a posiciones de clases y a mercenarismos.

 El debate es un camino largo. Tan largo, al decir de un verso, como si se engancharan todas las ideas del mundo, y quizá mucho más. El aprendizaje del debate, igualmente, es largo, tan largo como la lengua maldiciente e irrespetuosa que empieza a perder el litigio casi acabado de enunciarlo. O como el río crecido que te moja cuando lo cruzas a pie y con ropas.

UNA MISMA CAZUELA

UNA MISMA CAZUELA

 

Luis Sexto

Apostilla de pie

Acabo de leer una presunta carta de cubanos emigrados–presunta, porque en las charcas de Internet nunca se sabe- , donde dicen desmarcarse de ciertos políticos de Miami opuestos al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Pero un lector conocedor de personajes y fines,  se percata  de que  los firmantes de este mensaje, aparentemente de tercera posición, coinciden con quienes han medrado a costa de vacuas campañas contra Cuba revolucionaria.

Ellos no lo manifiestan; hay sin embargo que decirlo: Todos o casi todos los instrumentistas de este conjunto intérprete de antañonas melodías, deben lo que saben a las oportunidades que el gobierno de la revolución les ofreció cuando aquí algunos militaban, incluso, en organizaciones políticas comunistas como el partido o su organización juvenil, y publicaban libros, artículos, polemizaban, viajaban,  y ejercían cátedras en centros superiores de educación.

Derecho tenían, lo reconozco.

Pero ante esta carta qué pensar.  No lo dudo: los firmantes del mensaje  parecen que intentan  medrar a su vez sosteniendo una posición que sólo  por el lenguaje cuidadoso se diferencia de las posiciones de odio y venganza radicadas en la Florida. Aparentemente objetivos, aunque no imparciales,  los juicios y conceptos de esta carta abierta se repiten por cualquier grupo antirrevolucionario en Miami o Madrid. Pero es evidente que no temen que el presidente Barak Obama los desmienta cuando afirmó, el 17 de diciembre de 2014, que 54 años de presiones y limitaciones económicas no habían conseguido los efectos estratégicos del embargo: expulsar a los Castro de Cuba.  Y los desmiente el secretario de Estado Kerry cuando acaba de decir, hoy 20 de julio,  en Washington, que los Estados Unidos  deben abrir lo que por tanto años cerraron. Es el reconocimiento de los Estados Unidos a la capacidad de resistencia del pueblo cubano en Cuba. Que se cometieron errores, sí; que se fabricaron sueños, sin fundamento, sí. Y que se aceptaron alianzas inconvenientes, sí. ?Y de qué otro modo podía Cuba defender su independencia de quien la codiciaba desde el siglo XIX?

Comprobemos la perfidia de argumentos aderezados de antiguo en calderos de la CIA y la USAID. Dice la carta:  “El embargo económico sobre Cuba, en particular, ha permitido al gobierno  cubano justificar ante el mundo todos los descalabros de su política económica e  institucional como supuestos efectos del llamado “bloqueo imperialista” y eludir  sus responsabilidades sociales para con su pueblo. El actual proceso de  normalización apunta hacia el desmantelamiento de esa política y obliga a la  dirigencia cubana a asumir sus responsabilidades o de lo contrario, quedar sin  argumentos ante sus ciudadanos y el  mundo por el sostenimiento de un bloqueo interno que ha sido mucho más  dañino que el externo”.

Lo más elemental y triste en esos nombres que  se juntan y levantan las manos para que no los soslayen, no es que sostengan ideas políticas de oposición;  cualquiera las sostiene, y de hecho muchos entre nosotros, en Cuba,  se oponen al dislate, al error, al autoritarismo, pero no olvidan la historia: ni la reciente, ni la pasada. Lo primero que confirman los intelectuales firmantes es haber  arrinconado la historia de su patria, y sobre todo el decoro. Posiblemente creen que el juego está en sus postrimerías, y es hora de ir postulándose o apostando, pues ya tienen la certeza de quién será  el ganador. 

Apegado a la fidelidad hacia cuanto Cuba ha construido, y ha querido construir, y no la han dejado  -idealismos, triunfalismos y errores autóctonos a un lado-, mi conciencia me dicta una percepción. De cartas como esa habrán de salir los nuevos Estrada Palma y los nuevos Ferrara,  que tanto, y con diversa cara,  proliferaron en los primeros 55 años de república disque independiente. No digo que de esos nombres saldrán los nuevos  Jorge Mañach, porque Mañach no merece semejantes émulos. Mañach nunca tapó el sol con papel de celofán. Fue consecuente con sus ideas de una república reformada desde la democracia clásica, pero independiente, y por ello en Cuba ya se le lee, se le publica, y se le estudia.

No, no parece verdadera la  tercera posición que inentan encarnar. Porque en esta carta se niega que la contradicción fundamental de Cuba en el siglo XX, y en lo que va del XXI, sea entre la independencia y la dependencia,  entre Cuba  sin mancuernas y  los Estados Unidos  dueño del corral. Y negando la esencialidad  de la lucha por la independencia concuerdan con la visión y la acción más groseras contra la Cuba independiente. Al pueblo cubano, por tanto, le placería más relacionarse con la patria de Lincoln que con la patria del coronel Cutting.

Como no mancharé mi blog reproduciéndola, pongo la dirección de donde partió la carta. Quien lo desee, que lea, y reflexione, aunque no se necesita masticar demasiado  para tropezar con las espinas de pescadores en aparente río revuelto: Infoburo@aol.com

UN 20 DE JULIO FRENTE A UN 20 DE MAYO

UN 20 DE JULIO FRENTE A UN 20 DE MAYO

 

POR LORENZO GONZALO, periodista cubano

radicado en Miami 

 Por la solemnidad del evento y también por su significado, es de obligado cumplimiento hacer mención en el día de hoy, del acto de apertura de la Embajada Cubana en Washington, cuando se cumplen 54 años y seis meses de la ruptura diplomática entre Estados Unidos de América y la Isla.

Fueron aquellos los años de las cañoneras estadounidenses para imponer sus agendas políticas en el Hemisferio que un día el país del Norte había asegurado defender de toda intervención europea y que finalmente significó arrogarse ellos el derecho de imponer sus reglas.

Cuba no aceptó aquel status quo y cuando la dictadura del general Fulgencio Batista Zaldívar fue derrotada por las fuerzas populares de todo un pueblo, pretendió hablar de igual a igual con el país vecino, que por geografía e historia debíamos ser los amigos más fieles y cercanos. Pero los vicios de dominación se impusieron y la existencia de la Guerra Fría, que por aquel tiempo mostraba toda la musculatura de su juventud, puso punto final a toda posibilidad de acuerdo que no pasase por las armas.

Los años nos dirán muchas historias y nos harán ver cuántos quijotismos cubanos salieron al encuentro de aquella situación y cuántas barbaridades fueron ejecutadas por los múltiples centros de inteligencia y militares estadounidenses. También hallaremos en ese transcurso de búsqueda y recuerdos, las actitudes anti patrióticas, acompañadas muchas de inimaginables vilezas, de cubanos de origen que en la truculencia de pesadillas dantescas, se empeñaron en identificar los intereses de Estados Unidos con los de Cuba, como si se tratase de una misma cosa.

Pero hoy, 20 de julio se reúnen en Washington algunas de las más destacadas figuras de la política y la intelectualidad cubana y más de 500 invitados, para celebrar el inicio de unas relaciones diplomáticas que nunca se debieron romper.

La magnitud de la celebración no es sólo por haber hallado un punto de entendimiento entre dos vecinos tan cercanos en variados aspectos, sino porque por vez primera, desde que Cuba disfrutó de una independencia a medias a partir del 20 de mayo de 1902, hasta que las relaciones se deshicieron el 3 de enero de 1961, jamás las relaciones fueron de igual a igual. Esta es la primera vez en la historia que esto sucede y todos los factores de la Isla apuntan y defienden con dientes y corazón ese principio. Estados Unidos de América, su aparato de Estado lo sabe y algunos capitales, quizás borrachos de sus éxitos pensarán que así será hasta que compren las voluntades de quienes van sustituyendo a los nuevos Padres Fundadores de la Patria cubana, los llamados históricos. Pero el tiempo les mostrará, que Cuba será la diseñadora de su propio desarrollo, el cual servirá para profundizar sus concepciones sociales, insertado esta vez en las realidades de una economía que hoy sabemos tiene aspectos inviolables. Los capitales que piensen otra cosa deben recordar la experiencia China, la cual nada tiene que ver con la cubana, pero que puede servir de claro indicador, para entender que el Estado cubano trazará su propio rumbo.

Ese es el punto central de la gran algarabía alrededor de una celebración convertida en fiesta nacional, porque señala por fin que Cuba, el Estado cubano, su gobierno y especialmente el pueblo hecho historia, ha ganado la batalla definitiva de una independencia que todos dudaron, excepto las mayorías de aquel bastión antillano.

Hoy, junto a los 500 invitados están en espíritu todos los que el 20 de mayo de 1902, sintieron la humillación de aceptar una independencia a medias, luego de haber luchado por más de medio siglo para obtenerla entera.

En hora buena para Cuba, mi País, mi Perla, mi Gente y mis Sueños más encarecidos, por los cuales muchos hemos estado dispuestos a dar la vida por defenderlos como símbolo y realidad de justicia.

Este 20 de julio es el Jordán que lava el cuerpo ultrajado que naciera un 20 de mayo de 1902.

VIVE LA VIDA

VIVE LA VIDA

Luis Sexto

Compartiendo

Vive la vida, recomienda la filosofía del barrio. ¿Y acaso hacemos algo distinto? Tengo vida, luego vivo. Esa es la certeza íntima e impostergable de cualquier persona. Vivir, imperativo, avalancha sucesiva de energía y conciencia. Pero la frase no es tan torpe como aparenta. Excluye el simple existir, el mero impulso de respirar y andar.

Vive la vida, me aconsejan al lado. Y en el horizonte de tan redundante máxima, prevalece  cierta subrepticia y nociva  intención. Recomienda algo más. Y lo que pretende sugerir en tono tan inapelable, equivale a un apartamiento de las consideraciones éticas, a un cerrar los ojos ante una disyuntiva moral. Sacrifica la honradez, la verdad, el amor. A eso apunta. Porque vivir la vida para esta frase tan recurrente implica la erupción del yo y la inmersión del él, del tú, del nosotros. Exaltación, apoteosis del egoísmo, en la trama un tanto desvergonzada de una filosofía vitalista cuyo objeto es el placer y el tener.

Vive la vida. Goza, despreocúpate, záfate. Y los principios, ah, los principios, conviértelos en tus “fines”. No partas de ellos, móntate sobre ellos. Y simúlalo. Sólo se vive una vez...

Ahora, luego de haber conocido, alguna vez pronunciado y de haber  hecho la ficha de tantas frases de uso común, me doy cuenta de que son versiones de una única actitud; visiones presuntuosamente originales del descrédito. Vive la vida. ¿No es en su esencia igual que Déjate de escrúpulos, Échatelo todo a la espalda, Que arree el de atrás... Este diccionario ha sido un serón de redundancias, un tragante de malquerencias. El contacto con un lejano y persistente legado que utiliza la lengua para acusar su presencia.

Y no ha de asustarnos. El hombre es mezcla. La vida es mezcla. La historia se configura con el barro y con la sangre. Y la sangre va limpiando, como el discurso de Diógenes desde su barril, las adherencias irracionales. Y la frase de Vive la vida abre, como luego de un baño profundo, otros espejos, se resuelve en otra dimensión. Y en vez de ser sinuosa, escabrosa, norma de conducta, pasa a componer un desafío. Vive la vida. Esto es, sóplale sentido: convierte el beso en luz; el trabajo en cimiento; el deber en identidad; la palabra en sinceridad; el acto en justicia; la relación en solidaridad.

Y los principios, ah los principios, transfórmalos en fuerza, en medio de renovación. Porque, si no, por mucho que los pregones, por mucho que aparentes rendirle acatamiento, se descubre que está viviendo la vida al revés, usándolos para tu provecho. Con lo cual, además de falsearlos, los expone al desdoro. Porque otra cosa no hace quien, en nombre de de lo justo, daña a una persona por  emplear equívoca o inmoralmente sus principios .

Simone de Beauvoir recomendaba que para vivir con plétora de satisfacción la etapa última, esa que los nomencladores llaman eufemísticamente tercera edad, hacía falta entregarse a una pasión, a una obra, a un semejante. Y me parece que no solo en el trámite final de la existencia. Entregarse a una pasión aun cuando el vigor se desparrame por hirviente y abundante; a una pasión -creo interpretar la idea de la compañera del filósofo Sastre- que rebote en otro, en un plural juego de dar una prenda, aunque del lado de allá solo retorne el vacío. Porque, al cabo, el acto de dar implica también el de recibir las certezas de que se tiene el sentido profundo de la solidaridad. Solidaridad que no espera regreso, ni pago, ni gratitud. Y olvida pronto lo que dio.

Me he repetido, en voz alta, estas ideas aprendidas expiando tantos yerros, tantos devaneos.  Y debo quizás dar gracias por intentar comprender que vivir la vida es una suma de elementos que no tienen razón natural para derivar en el egoísmo. Si así fuese, ya empezaría a ser el “bon vivant” de los franceses. El “vividor” de nuestra lengua, ese que chupa, muerde y luego se lava las manos sin sentido de culpa ni responsabilidad. Me parece que para vivir plenamente  mi sueño,  también  tu el tuyo, es inevitable integrarlo al sueño del otro, tal vez propiciando el sueño del otro. Porque, de otra forma, como diría el poeta Bécquer, qué solo se quedan los muertos… de espíritu.

 

 

  

LAPIDACIÓN DE LA ÉTICA PERIODÍSTICA

LAPIDACIÓN DE LA ÉTICA PERIODÍSTICA

 

 UNA NOTICIA DISTORSIONADA: MUERTE DE UN TRANSEXUAL EN CUBA 

 Por José Manzaneda, coordinador de Cubainformación

“Lapidan a transexual en Cuba” era el titular de un diario mexicano el pasado 11 de mayo (1). La noticia hacía referencia a la muerte de Yosvani Muñoz, ciudadano de 41 años, en la localidad cubana de Pinar del Río, por el impacto de una piedra (2). La nota, en diferentes versiones y con diferentes titulares, fue reproducida en decenas de medios internacionales y en no pocas webs de colectivos LGBT (3). En varias de ellas, se apuntaba incluso a un asesinato “a sangre fría por lapidación”, en un caso de odio por transfobia (4).

 La fuente informativa era única en todos los medios (5), el portal web de la bloguera Yoani Sánchez (6) que, curiosamente, publicó la noticia el 11 de mayo, es decir, 16 días después de que se produjeran los hechos –el 26 de abril-. De este modo, la hizo coincidir con los actos de la VIII Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia, impulsados en toda Cuba por las instituciones del país (7).

 El objetivo era evidente: empañar la imagen positiva que, a duras penas, va ganando Cuba en cierta prensa internacional por sus avances en la lucha contra la intolerancia (8) y, de paso, poner en aprietos ante dichos medios a su principal impulsora, la diputada Mariela Castro.

 Pero volvamos a la noticia: ¿realmente es cierto que en Cuba lapidaron a un transexual en un crimen de “violencia por prejuicio” (9)? Todo parece indicar que no. Hoy sabemos, a través del periodista cubano y activista LGBT Francisco Rodríguez que “dos hombres de 25 y 18 años que declararon ser pareja fueron detenidos” y “están siendo procesados por el delito de homicidio” (10). Según la confesión, su “objetivo no fue matar a la víctima específicamente, sino que lanzaron piedras a varias personas” en un parque.

La investigación parece alejar la hipótesis de un crimen de odio por transfobia. Pero, ¿a cuántas de las miles de personas que leyeron la noticia de la supuesta “lapidación” de un transexual en Cuba les llegará ahora la noticia de su desmentido (11)?

 Y es que en este caso la que ha quedado lapidada, una vez más, es la ética periodística en algunos medios y la ya menguada credibilidad de la llamada “disidencia” cubana.

 

(1)   http://www.razon.com.mx/spip.php?article260555

(2)   http://elheraldogay.com/trans/unos-adolescentes-lapidan-hasta-la-muerte-una-mujer-transexual-en-cuba

(3)   http://www.cristianosgays.com/2015/05/13/unos-adolescentes-lapidan-hasta-la-muerte-a-una-mujer-transexual-en-cuba/

(4)   http://noticias.universogay.com/una-mujer-transexual-es-lapidada-hasta-la-muerte-en-cuba__11052015.html

(5)   http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article20706255.html

(6)   http://www.14ymedio.com/nacional/Muere-transexual-apedreado-Pinar-Rio_0_1775822401.html

(7)   http://www.tribuna.cu/capitalinas/2015-05-11/sabado-multiple-viii-jornada-cubana-contra-homofobia-transfobia

(8)   http://www.clarin.com/opinion/Cuba-LGTBI-derechos_de_la_comunidad_gay-apertura-reformas_0_1371462917.html

(9)   http://www.martinoticias.com/content/activista-afirma-que-gobierno-mintio-sobre-asesinato-transexual-en-pinar-del-rio/94784.html

(10)          http://paquitoeldecuba.com/2015/06/22/dos-procesados-por-homicidio-de-trans-en-pinar-del-rio/

(11)          http://www.telemundosanantonio.com/noticias/Cuba-matan-a-un-transexual-a-pedradas-303462481.html

OFICIO DE INTRUSO

Luis Sexto

Tal vez algunos interpreten cuanto escribo como una intrusión en campos que no me pertenecen. Podrán creer que me inmiscuyo en problemas de psicología social, en misterios de la conciencia o la conducta humanas. Si piensan que me entrometo en política, quizás tengan razón: mis análisis suelen ser políticos, aunque quién puede establecerles cuartones cerrados a las ideas, a las opiniones sobre la vida, la gente, los actos. Todo se mezcla. Y quizás el periodista no tenga más destino que ser, habitualmente, un intruso.

A mí me parece que la política no se define como la técnica de la consigna o de la retórica, o como la raya divisoria entre los que conciben y establecen leyes y los que las obedecen. Por lo tanto si me separo de esa presunta definición, yo hago política en mis escritos, porque me guío por un concepto fundamental, aunque parezca baladí: la política es el arte o la ciencia que se ocupa de los asuntos de la ciudad –de ahí su raíz griega de polis- y por extensión de la sociedad. Más bien es arte y ciencia a la vez. Representar personas, orientarlas, facilitarles la solución de sus asuntos, o conducirlas a la compresión de sus problemas, necesita la mezcla del conocimiento de todo el tejido humano, incluso de la Historia, y requiere en particular del tacto y el respeto para aplicarlo.

¿Hacia dónde voy? Estoy hablando de política. Y me estoy refiriendo a que por lo general mi columna es política, porque comento los aspectos problemáticos de nuestra sociedad. Y mucho más ahora que hemos estado debatiendo nuestros problemas y hemos repetido una frase esencial de Fidel: cambiar todo lo que tenga que ser cambiado. Y se me ocurre preguntar si todos tenemos esa percepción; si, en efecto, todos queremos cambiar. En este aspecto hay que adentrarse en la conciencia individual. ¿Yo quiero que mi sociedad cambie y con ella cambie mi modo de entender deberes y derechos?  Pero, ¿primeramente tiene que cambiar la sociedad para que yo cambie? Bueno, eso es quizás inmiscuirse en la filosofía, en la psicología y seguir en la política. Qué otro remedio. ¿Cómo respondo?

Entramos en el espacio de los juegos dialécticos. La sociedad cambia y yo debo cambiar, aunque un poco retrasadamente según reza la ley que plantea que la conciencia va detrás del ser social. Ahora bien, para que se modifique cuanto tiene que ser modificado, yo tengo que desear, querer que cuanto parece ya no servir o no andar correctamente sea modificado. El otro día me referí a decisiones erróneas que algunos adoptan, y a pesar del error, lo decidido persiste, se consolida a contrapelo de dañar la economía, la ecología, a los ciudadanos. Parece que algunos no reparan en el valor de las leyes, de la política y su táctica de lo oportuno y lo conveniente… Se ve claro: les  cuesta muy poco decidir a quienes deciden tan solo con un aventón de la voluntad.

Ahora bien, una de las cosas que nuestro país necesita reimponer es la conciencia jurídica, para que todos los ciudadanos y sus representantes cumplan las leyes, acaten a los jueces, respeten las normas y la teoría políticas que la Revolución y el socialismo extendieron basados en la dignidad y la libertad humanas. El control, que tantos predican, y el cumplimiento de las leyes, incluso el rendir cuentas no pueden ser para unos y no para otros…

Por ello, tendremos que admitir que, sean cuales fueren las readecuaciones que nuestra sociedad acometa, todas necesitan de nuestra convicción antes y después. Para algunos será duro.Porque  resulta más cómodo refugiarse en el autoritarismo, que no requiere de argumentos; abroquelarse en la negativa a rendir cuentas, que nos mantiene en la placidez; y acompañarse de visiones rígidas, empañadas que nos preserven de la crítica y la autocrítica y, por tanto, de la discusión y la inquietud…

Algunos de nosotros tendrán que cambiar para preservar cuanto de positivo y creador hemos construido… ¿O tendremos que ser cambiados? 

EL BUEN DEUDOR

EL BUEN DEUDOR

 Mi casa; al lado, lo que fue la escuela pública.

Luis Sexto

Historia vuelta a contar

Aún en mi pueblo se yergue la casa donde crecí hasta los nueve años, y está también la ventana desde donde, al mirar el atardecer, recibí la impresión de que la vida carecía de sentido: todo tenía fin. El episodio lo conté hace años en  una crónica condenada también a morir con el día. Incluso, en un poema retraté aquel momento tan antiguo y tan presente en la flaccidez de mi envoltura carnal: “Cuando hacia el oeste/ se juntan/ la bola amarilla/ de la tarde/ y el blanco viejo/ del  cementerio, / ¿por qué todo acaba, / papá?”.

Hace un tiempo, la dicha recurrió y me premió con una visita a mi casa sentimental y volví a echar mis ojos hacia el rumbo de donde me llegó la primera tristeza. Varios de mis coterráneos, vecinos del pueblito de donde salí a los nueve años, en 1954, y que me vieron crecer, se asombraron ante la precisión de mi memoria. Qué habría olvidado de mi General Carrillo si fui indicando lo que había donde ahora ya no está lo que hubo y a la vez nombraba a las personas que tampoco están. Mi pueblito nunca me abandonó, quizás se acurrucó clandestinamente bajo algún tapete del pasado, y la mañana nublada en que subí al tren junto a mamá y mis dos hermanos todavía colorea mis recuerdos. ¿Por qué nos parece tan triste le ida que no promete la vuelta?

Pero he vuelto más de una vez, como el buen deudor regresa a quien algo le prestó. Y el  22 de febrero de 2012 llegué acompañado por el primer secretario del Partido y la presidenta del gobierno del municipio de Remedios, y tres amigos: la sensible Leydi Torres Arias, el servicial Tomás Rojas y el cordial Jesús Díaz. Iban a entregarme el más intenso y también el más inmerecido premio de mi existencia.

Varios de mis coterráneos, encabezados por Perico San Pedro y Rolando Ramos, amigos de Elda y Manolo, mis padres, se habían reunido en la casa de la Cultura. Esta era la fonda de Neno, dije al entrar y evocar los antiguos olores que yo solo podía percibir. Varios estudiantes elegidos de la música, al son de armónicas cuerdas y percusiones, cantaron una pieza, movida como palma bajo el viento y con un estribillo, o una frase final que me estremeció: “Luis Sexto es también de aquí”. Sí, yo soy de aquí. De aquí. Y luego Gisel de la Rosa, presidenta de la Asamblea Municipal de Remedios, casa matriz de mi cultura, de mi fe y de mi honra, leyó un acuerdo en que se me nombraba hijo ilustre de la octava villa de Cuba.

¿Ilustre yo? No los engaño. Lo deseé sobre todo cuando los años ya me iban convirtiendo en la posibilidad de constar solo como un asiento en el tomo primero de nacimientos de General Carrillo, y una ficha en algún libro de bautismos de la antiquísima parroquia de Remedios. Cuánto esperé, hermanos,  cuánto trabajé para habitar -no sabía cuándo, ni cómo- este instante que se me figura el juicio final para quien, entre yerros y nobles propósitos, reclama sobre todo una virtud: haber andado constantemente, como entre celajes, por las calles polvorientas de mi pueblito y saludar de vez en cuando a aquella gente de mi corazón. Buenos días, maestro Fruto;  y a usted también, señor juez Celestino Fábregas; y también  a usted, Fray no recuerdo el nombre, franciscano que me golpeó la mejilla caritativamente por entretenerme mientras él predicaba en la iglesuca construida por miembros pudientes de mi familia. Ah, y cómo estarán tus huesitos, Emilio Manengo, mi compañero de juegos, muerto de tétanos poco después de haberme marchado a la capital desconocida, ajena y ruidosa.

Lo he creído sin devaneos: ningún prestigio será completo sin el reconocimiento de los que testificaron haberte conocido desde cuando asomaste la cabeza entre los quejidos de mamá. Es la valoración suprema. Aunque se equivoquen, al reconocerte como alguien valioso para tu terruño, uno duda menos del merecimiento propio. Si ellos lo dicen, si ellos aceptan que tú seas hijo ilustre, qué oponerles.

Y sin embargo, aquella tarde acudí a un argumento que me preserva de toda culpa por aceptar sin méritos tanto honor. Y les dije que como sé un poquito de gramática y me defiendo con la palabra, vamos a modificar el título. Quitemos la i de ilustre, invirtamos la oración y digamos: Remedios y General Carrillo le dan lustre al más indigno de sus hijos. Y quedé limpio de toda vanidad y seguí siendo aquel niño que aprendió en su pueblito, mirando la tarde a través de la ventana, a intuir tan tempranamente la brevedad de la existencia.