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PATRIA Y HUMANIDAD

A QUÉ HORA SE LEE A ELISEO

A QUÉ HORA SE LEE A ELISEO

Por Luis Sexto

Leyendo a Eliseo Diego me he preguntado si la poesía pide la hora exacta para ser degustada. Como el té de los ingleses. Lo he leído habitualmente al atardecer, cuando se nos viene la sombra mortecina y quejumbrosa del día en su fin. Y quizás sea natural. Porque su poesía, como la tarde, es serena, quieta, amortiguada luz de una vela.

¿Estará en mí, lector al fin, esta preferencia horaria, esa impresión crepuscular, o ciertamente la poesía de Eliseo Diego se apega a lo vespertino?

Solo el poeta pueda, quizás,  esclarecerlo. El poeta no escapa a su autodefinición. En un poema, en un verso habrá la imagen que contenga la silueta del hombre, o la sustancia de la obra... También en la palabra más recurrente, la más repetida, que aparece y sorprende por la escasa distancia con que fue dicha vocablos antes. Y puesto, pues, a ese gratísimo conteo, entre otros códigos posibles topo con “oscuro” y sus afines como noche, nocturno, penumbra, sombra.

Ahora me percato de una contradicción. Qué tiene que ver esa filiación estilística a palabras semánticamente tan opacas con la poesía de Eliseo Diego, donde “la demasiada luz forma otras paredes con el polvo”, y por tanto esa claridad ahuyenta las cáscaras del desorden, la impuntualidad verbal de lo inacabado. La poesía de Eliseo Diego ha sabido registrar, reflejar la luz afilada de la tierra donde el poeta siente y conversa la euritmia intachable del poema: “En mi país la luz/ es mucho más que el tiempo, se demora/ con extraña delicia en los contornos/militares de todo, en las reliquias/ escuetas del diluvio./ La luz en mi país resiste a la memoria/ como el oro al sudor de la codicia,/ perdura entre sí misma, nos ignora/ desde su ajeno ser, su transparencia.” No he visto nuestro paisaje solar tan sustanciado, tan filtrado en los aljibes interiores de un poeta. La cubanía es característica e intención de los poeta señeros de Orígenes, y quizás el nombre de ese grupo, esclarecido epígrafe de la literatura cubana, no responda tanto al nombre de un padre de la Iglesia Católica Romana cuanto a un apego humilde y subterráneo a la patria.

Tendría, para responder definitivamente a mis preguntas iniciales, que ir al encuentro de la pieza o el verso auto definitorio, auto explicativo, de que hablé un poco más arriba. Y entre otros también posibles, hallo en su libro El oscuro esplendor la pieza deseada. Su título: “No es más”… “Un poema no es más/ que una conversación en la penumbra/ del horno viejo, cuando ya/ todos se han ido, y cruje/afuera el hondo bosque; un poema/ no es más que unas palabras que uno ha querido, y cambian/ de sitio con el tiempo, y ya/ no son más que una mancha, una/ esperanza indecible;/ un poema no es más/ que la felicidad, que una conversación/ en la penumbra, que todo/ cuando se ha ido, y ya/ es silencio.”

En ese poema hallo la atmósfera predominante en la poesía de Eliseo Diego. Nos explica el porqué  En la Calzada de Jesús del Monte, o en Los días de tu vida, o en Versiones, o en cualquiera de sus libros, los poemas nos parecen vistos a través de un cristal neblinoso. Y como en una espiral al revés  -de arriba hacia abajo-, va degradándose la intensidad de la entonación, como en una conversación lenta, morosa, musitada en la esquina más recoleta, íntima, oscura de la casa familiar.

La penumbra, según otro poema, compensa al poeta: “Habiendo llegado al tiempo en que/ la penumbra ya no me consuela más/ y me apocan los presagios pequeños…”

Cómo habré de figurarme al autor de esta poesía tan  hilvanada como las cuentas de un rosario que alguien desgrana en anublada soledad. Lo imagino tal un fraile, un monje contemplativo que, libro de horas al pecho, anda cabizbajo por la huerta de la abadía meditando en los misterios universales de la muerte, el tiempo, un muñeco guardado en un baúl, un payaso, una dama retenida en un óleo, o el misterio del niño que sabe “conmover la tranquila tristeza de las flores”.

No podré seguir dudando, según las sensaciones anuentes de mi lectura, que la poesía de Eliseo Diego se relacione con lo crepuscular. Por lo dicho antes, me convenzo de esa suave, apagada, mortecina luz que oscurece la construcción de sus ámbitos poemáticos. Y  Lo acepto porque un poeta también es hijo, obra de los libros que lee, como de su sensibilidad y de las circunstancias sociales que la moldean. Quizás de la poesía inglesa que leía y traducía; de los cementerios, esquilas, brumas del norte anglosajón, le provenga a Eliseo Diego su afición a la niebla, al crepúsculo, a la noche, que se afilian a la atmósfera de la nostalgia, del íntimo mirarse dentro cuando el poeta intenta hallar el único y vario sentido de las cosas que renombra, pero,  al fin, no acaba de comprender.

O pudiera ser que la poesía, en su lengua universal, el sentimiento común, que a pesar de palabras tan disímiles resulta inteligible en cualquier espacio humano, tenga su concreción más lancinante en lo borroso, lo entrevisto. Y más que en el júbilo solar, hiriente de la oda a la alegría, elija su nicho más acogedor, abrigado, en la evocación nostálgica de “todo cuanto se ha ido/ y ya es silencio”.

Tal vez, y la inseguridad es la actitud propia de materia tan entrañable, Heine haya descubierto la verdad al señalar el pasado como la patria del alma. Al menos la patria del poeta. Y también de quien lo lee.

 

 

 

 

 

 

 

JUANES SIN CAMISA ROJA

JUANES SIN CAMISA ROJA

 Por Fray Antorcha

Desde Miami

 A  “La camisa negra” de Juanes, el famoso cantautor colombiano, ahora quieren cambiarle el color en Miami. Y en tanto se anuncia su megaconcierto para la “Plaza de la Revolución” en La Habana, el 20 de septiembre próximo,  la intransigente ultraderecha  cubana le pone la camisa roja.

 Desde el anuncio del gigantesco acto cultural hecho en la capital de Cuba por Amaury Pérez, como director artístico del espectáculo, los voceros de algunas de las llamadas “Organizaciones opositoras” en el exilio no cesan de protestar en los medios hispanos de prensa.

 Y la expectativa y por consiguiente las críticas aumentan cuando junto al encuentro de Juanes con el pueblo cubano, se comenta la participación de otros artistas procedentes de Méjico, España, Venezuela y de los propios Estados Unidos.

De acuerdo con un diario en español de Miami, la Agencia Prensa Latina destacó que en un blog del propio Juanes aparecen confirmados el colombiano Carlos Vives, el puertorriqueño Luis Fonsi y los españoles Miguel Bossé y Enrique Iglesias, algunos de los cuales viven aquí en tanto otros poseen residencias en las que habitan durante distintos meses del año.

¿Obligarán a vender las casas a los que son propietarios o le pedirán al gobierno de los Estados Unidos les cancele las visas a los no residentes?

Lo cierto es que hablando, como en el barrio, de pequeños, a cada nueva gritería de la mafia cubana les terminan “metiendo un severo sopapo”.

Tanto es el odio acumulado por quienes se oponen a la visita de Juanes y sus invitados, que olvidan lo que significa para el pueblo cubano cualquier manifestación del arte y la cultura. Por cierto gratis, no como la que se brinda acá, donde  el más simple espectáculo de este tipo cuesta lo que un pobre no puede pagar. Desde una visita al zoológico, al seaquarium o una obra de teatro o ballet.

 Cada una de las veces que se celebró en Cuba “El Festival de la canción en Varadero”, allá por la década de los 70,  todo el que quiso asistir lo hizo sin desembolsar un sólo centavo. Pero entonces comenzaron las críticas a los participantes “por haber ido a cantarles al régimen cubano”. Y a presionar a las autoridades gubernamentales miamenses, para que no se escucharan aquí las canciones de los españoles Joan Manuel Serrat y Diango y el argentino Alberto Cortez, entre otros.

Gracias a  que por la sangre de no todos los cubanos del exilio corre el odio, las canciones de estos mencionados y de otros  más  aun se escuchan. Pero cuando hace apenas unos meses el español Diango estuvo en Cuba, fue cuestionado en algunas emisoras radiales, a su llegada a Miami, procedente de la Isla.

Porque lo primero que el pensamiento obtuso no le permite valorar es que el arte y la política nada tienen que ver con la política. Al menos, en el concepto de política, casi politiquería, al uso en Miami.

 Si Juanes, como lo hizo recientemente en su propio país, quiere ofrecer un megaconcierto en Cuba, bienvenido sea, porque piensen lo que piensen o digan lo que digan, el acto es un canto más a la paz y a la solidaridad entre los pueblos. Y el de Cuba, es el de una nación que además de libre, vive orgulloso de su música, entre otras cosas razones de orgullo. Y de Joseíto Fernández, Sindo Garay, Benny Moré, Pedro Junco --de quien son sus mejores exponentes los mejicanos Luis Miguel y Marco Antonio Muñiz con la canción “Nosotros”--; Isolina Carrillo, cuyas “Dos Gardenias” ha paseado por el mundo precisamente el español Diango, lo mismo que a “Delirio”, de César Portillo de la Luz. Y así la lista de autores y cantantes resulta interminable.

 Y por supuesto, será un concierto inolvidable, que exclusivamente no llegará a aquellos que sigan queriendo mantener sus oídos sordos… Ellos se lo perderán.

        

         

DE SEGUNDA MANO

DE SEGUNDA MANO

Por Luis Sexto

Las librerías de segunda mano se emparientan con un muestrario de  sorpresas. Una veces aparece el título viejo, ese que nunca esperabas encontrar, como El Papa Borgia, de Ferrara, hábil para clarear apócrifas cloacas de la historia europea, o Ariel o la vida de Shelley, de André Maurois. O abres, más bien por hábito, un ejemplar que ya leíste y encuentras anotaciones manuscritas un tanto injustas sobre el autor que, además de reconocido poeta, es amigo tuyo.   

Vas de asombro en asombro, de tentación en tentación. Y compras este, aquel, y también el del amigo, porque quieres protegerle el crédito, impedir que alguien más conozca aquellas opiniones dictadas, según el tono predominante, por la intolerancia. O la ignorancia ilustrada. Aún lo conservas. Pero has llegado a pensar que quizás el gesto de abnegación del bolsillo no era imprescindible. Uno, aunque no quiera, escribe para que otros lean y luego piensen o digan... cualquier cosa. Es riesgo del escritor y derecho del lector.

Las sorpresas pueden variar. Y un día de pronto te llama al periódico un lector e informa que un revendedor, uno de los que tienden sus ofertas en una acera, tiene  en su inventario un libro dedicado por Waldo Medina a una persona con tus señas. Le respondes que nunca te has desprendido de un texto que Waldo te hubiera dedicado. Tal vez –sugieres- pensó entregármelo y la muerte se adelantó. El lector te recomienda que vayas rápidamente o podría el librero venderlo, así, con tu nombre escrito en la letra desparramada de aquel abogado y periodista que, en la Cuba previa a 1959, mereció el título de Juez del pueblo por sus fallos contra los garroteros y los casatenientes.

Y una nueva sorpresa se adhiere a las otras. Porque te diriges a la esquina donde se acuestan los anaqueles del revendedor, cerca del Yara. Y descubres que Obdulio es mucho más que un tratante. Luego de conocerlo, te percatas de la sensibilidad con la cual organiza y opera su negocio. Le das una vuelta cualquier tarde, y el saludo que te tira es un “qué estás leyendo”. De modo que enseguida comprendes que comercializa sus libros después de haberlos leído. Y lamentas que no todos los libreros sean iguales o parecidos a Obdulio, porque paseas de un lado al otro, mirando, hojeando, sopesando, y ninguno de los empleados de la librería se interesan por lo que buscas, ni intentan proponerte un título reciente, del cual quizás no sepan ni el nombre del autor. Y acostumbrado a creerlos simples custodios o cobradores, te extrañas cuando alguien desanuda la norma, como Miguelito, que fue administrador la librería de Monte y Cárdenas. O aquel español en la librería Las Américas, en Montreal, Canadá.  Me preguntó si necesitaba ayuda para encontrar lo que mis preferencias deseaban. Entre mis manos, tres libros ya sumaban algo más de 30 dólares, y le dije: deje, deje, que si me ayuda me va a  dejar sin el dinero sagrado de la comida. En esencia, el librero ha de ser un persuasivo promotor de la lectura.  

El libro dedicado por Waldo de modo tan original en la página 118, se titulaba Dos novelas de Macondo. El viejo, sabio de múltiple ciencia, quería tal vez influir en mi formación, pero olvidó entregármelo o murió antes, y alguien, tras su muerte, lo llevó a alguna librería de segunda mano. El ejemplar, por cierto, estaba sucio y estropeado. Obdulio, al saber que yo era el autor de las crónicas dominicales en Juventud Rebelde quería regalármelo. Y le propuse una transacción justa. En mi subdesarrollada biblioteca figuraba esa edición. Cuidada. Limpia. Y se la di a cambio.

La memoria de Waldo merecía rescatar su dedicatoria. Aunque cuando me muera, ese libro, junto con el de mi amigo poeta, tachado de insultos, tal vez volverá a Obdulio. ¿Y a quién se lo regalará?  

 

 

 

 

 

 

ENRIQUE NÚÑEZ RODRÍGUEZ, LA CRÓNICA Y LOS CRONISTAS

ENRIQUE NÚÑEZ RODRÍGUEZ, LA CRÓNICA Y LOS CRONISTAS

 

Por Luis Sexto

A principios de este siglo, Enrique Núñez Rodríguez y yo compartíamos el espacio en la página de lectura de Juventud Rebelde: él abajo, casi en una tira; yo arriba sin merecerlo, con unos textos largo que a veces eran reportaje y otras veces crónicas. Por supuesto, Núñez era el más leído.  Luego, en cierta ausencia de quien esto escribe,  Ciro Bianchi se aposentó en la parte de arriba. Y un unos meses más tarde aterricé en el espacio inferior, ese  que el reconocido autor de Mi vida al desnudo dejaba por enfermedad.

Mis nuevos textos discurrían bajo el epígrafe de Crónicas en primera persona. Algunos me reprocharon querer sustituir a Núñez. No acepté que a mi nombre le atribuyeran tal  impudicia. Y dije entonces polemizando con tan injusta opinión: Núñez es insustituible como irrellenables son los envases de los buenos rones. O yo escribía con mi voz y convencía a los lectores del reconocido humorista y comediógrafo, o fracasaba intentando ser original. Escribí esa sección cada domingo durante tres  años  luego del deceso de Núñez en 2002.

 Esta historia liminar aparece en mis recuerdos, porque en este año he tenido la tarea de ejercer como uno de los jurados del Premio de crónicas que enaltece a mi antiguo compañero de habitación periodística. Y aun cuando aprecio que la convocatoria es respondida por muchas manos, no pocos concursantes escriben como yo no pretendí hacerlo cuando me ubicaron en el huequito dominical que Núñez abandonaba involuntariamente. Es decir, mucha crónica leída en esta edición del concurso Enrique Núñez Rodríguez, intenta rodar sobre los carriles impuestos por el aplaudido humorista y escritor radial, y se aprecia mucha anécdota, mucho episodio con abruptos finales humorísticos.

El concurso no pretende estimular la imitación. Por el contrario, quiere azuzar la originalidad, la cultura y la emoción populares. Y para ello utiliza el nombre de uno de los autores más vinculados desde la radio, la TV y los periódicos y revistas a la gente de pueblo que dijera Onelio Jorge Cardoso. Núñez Rodríguez sabía como un doctor los secretos de enamorar y conquistar ojos y oídos. Apenas lo traté personalmente, pero nunca he dejado de agradecerle las aventuras de Leonardo Moncada, que trasegaron a mis oídos infantiles a través de la radio, hace más de 55 años, la primera lección de justicia social. Núñez, pues, estaría satisfecho si su nombre sirviera para inducir a penetrar en el alma del pueblo y registrar con la sensibilidad los valores que distinguen a personas, hechos y tradiciones.

Pero ese encargo creador necesita que la crónica sea un tanto revaluada. Puedo asegurar en mi nombre, quizás también de mis colegas en el Jurado, que por lo común los ciento y tantos textos que leímos cumplían un mínimo de calidad formal. Y algunos respondían al concepto de crónica vigente en Cuba: el mismo que nos legaron los modernistas desde Martí, y  Casal, y luego, en las primeras tres décadas del siglo XX, Miguel Ángel de la Torre, Miguel Ángel Limia, Armando Leyva, Ruy de Lugo-Viñas, Rubén Martínez Villena, Jorge Mañach, Raúl Roa, y otros. La crónica, dicho en síntesis definidora, es como una visión amable de la gente y las cosas; un acercamiento desde la emoción, la subjetividad, el lirismo. Una anécdota puede ser solo una anécdota: un breve documento narrativo parecido al cuento. Pero será crónica si la historia viene envuelta en los papeles de seda de la sentimentalidad del cronista. José Antonio Benítez, un maestro del periodismo, escribió: el autor de reportajes -y también el novelista y el cuentista- encuentran su materia prima fuera de sí mismos; el cronista, en cambio, dentro de sí. Con lo cual quiso decir, que la crónica precocina las historias con el caldo de la subjetivad. Y si leemos a Núñez con detenimiento, apreciaremos que esas anécdotas que nos obligaban a la risa o la sonrisa venían maceradas en el nostálgico discurrir de un poeta en prosa.

Lo dicho puede ser verdad. Pero solo una verdad. Cuanto queda por saber y precisar se lo encomiendo a la creatividad de cuantos leyeron y quisieron a Enrique Núñez Rodríguez y sienten las urgencias de echar una flor a su recuerdo.

 

LA INDUSTRIA DEL ANTICASTRISMO EN MIAMI

Por Fray Antorcha

 Una visión muy cercana

 Un comentario llegado hasta mi mesa define cómo algunos buscan enriquecerse rápidamente con lo que la autora titula como DINERO FÁCIL. Desconozco a Ivette Leyva Martínez, pero su trabajo –y respetando algunas citas de la autora-- se refiere a las últimas llegadas a Miami, en particular de jóvenes cubanos procedentes de la Isla.

De cualquier forma, resulta interesante su tema y cito textualmente: “Algunos buscan lucrar a costa de la industria del antciastrismo, intentando vender fotos, videos, documentos o cualquier cosa que pueda saciar la morbosa curiosidad que hay en Miami, por la vida privada de los dirigentes cubanos”.

 En el año 2002,  Dashiel Torralba, sobrina del ex-ministro de transporte Diocles Torralba y ex-novia de un hijo de Fidel Castro, engrasó la maquinaria de la avaricia, al conseguir, aparentemente,  una jugosa cifra, por el no tan jugoso “video de la toronja”, donde se observa al Comandante en Jefe cubano en un ambiente familiar, degustando de ese cítrico…     (como si la toronja fuera la fruta prohibida, por culpa de la cual fueron echados del Paraíso Adán y Eva).

 Y sigue: “Torralba se involucró después  en fraude con tarjetas de crédito y robo de identidad, delitos por los cuales fue condenada a tres años de cárcel”.

 “Con la venta del video, Torralba le dio una luz a miles de “buscavidas”. Hoy es común encontrarse en Miami a algún cubano buscando vender, por una cifra astronómica,  la fotocopia del certificado escolar de uno de los hijos de Fidel Castro u otro tipo de documento similar.

 Luego continúa:  “Yothuel  Montané, nieto de uno de los dirigentes históricos de la Revolución (Jesús Montané Oropesa), intentó venderle en exclusiva al canal televisivo GenTV, de acuerdo con la propia emisora, un video con la entrevista a Juan Almeida (nieto) de otro Comandante de la Revolución de igual nombre, por $150,000 dólares”.

  Me pregunto ¿y que culpa tienen los funcionarios de más alto nivel cubano que sus descendencias no sigan sus pasos? Tal vez la respuesta esté, en algunos males ejemplos, de los cuales no está exceptuado ningún hombre y el deseo de conquistar rápida y fácilmente, “el sueño americano”, que hace mucho rato ya deviene en la pesadilla de mucho, donde  todo el mundo debe trabajar para conseguir el pan nuestro de cada día, al margen de delicuentes de todo tipo que se concentran  aquí: rateros, ladrones y gentes de la más baja calaña.

 Más adelante continua Ivette Leyva Martínez: “En las ultimas redadas de cultivos de marihuana en Miami, la mayoría de los detenidos han sido cubanos sin ningún tipo de abolengo o familiares cercanos a Fidel Castro. Y más extensa aun es la listas de balseros “lancheros” –contrabandistas cubanos--,  algunos condenados ya a largas penas carcelarias.

 “Ya otros llegados en la década de los 90, desfalcaron al MEDICARE  (El seguro medico del gobierno para personas jubiladas, deshabilitadas por enfermedad u otros ancianos en edades ya no laborables), antes de huir presuntamente a la Isla”.

Añade Ivette que lo que estamos viendo en Miami es, a su juicio, un efecto parcial de la era del dólar en Cuba, pues cuando la moneda se legalizó en 1993, alivió la situación económica de muchas familias en la Isla, pero a la larga convirtió también a miles de cubanos en holgazanes mantenidos por sus parientes desde esta orilla. Sin necesidad de conseguir empleo, grandes cifras de cubanos desconocen hoy, gracias al dólar, lo que significa ganarse el pan con el sudor de la frente.

“Algunos se dedican “al bisnes”, conduciendo pequeños negocios ilícitos que requieren mas habilidad para huir del radar de las autoridades, que esfuerzos para generar ganancias”.

Y concluye añadiendo, que “como nación aquí o allá, es esencial que recuperemos el valor del trabajo nuestro o estaremos condenados  a ser un pueblo sin futuro”.

 

             

 

DUELO EN LA LOMA DEL PELADERO

DUELO EN LA LOMA DEL PELADERO

Por Luis Sexto

Una página que se escurre entre las crónicas y las leyendas de la guerra de los Diez años, en Cuba

Ningún papel ha dicho si decursaba el día o la noche. Lástima que los que construyen la historia no sean videntes, brujos que invocaran y revivieran el pasado; más bien son escribas estrictos, apegados a los datos, renegados de la imaginación. Si un poeta hubiera estado presente, los apuntes, además de señalar que transcurría el 26 de mayo de 1871, habrían trasmitido la tensión, la humedad, la recia exaltación de aquel hecho cuyo escenario tenía un nombre adecuado a la jornada: loma del Peladero. Sitio desolado, cerca de Guantánamo; también más próximo a la soledad de las nubes.

Allí los dos contendientes se observaban. Los hombres de ambas fuerzas se apartaron. El pleito será entre los jefes. Miguel Pérez, con 71 años, pero experto en golpear; astuto, feroz, macizo en el rencor. Y  un mambí, negro, con 30 y toda la vindicación de su gente y su patria en cada fibra del cuerpo espigado, cimbreante.

Dos meses después el retrato de Miguel Pérez  circuló por Madrid. La Ilustración española y americana publicó la imagen del guerrillero, cuyo anguloso rostro, tenso como el odio, se distinguía por un bigote blanco y severo.  No era  este señor que la revista madrileña exaltaba, el Pérez cualquiera del dicho. En España lo presentaban como un modelo cubano de fidelidad a la madre patria. 

En  Cuba, los alzados en armas contra España lo maldecían por su traición y por la sevicia con que había perseguido a los soldados de la independencia.

Temprano, Miguel Pérez eligió la sangre como afición y el abuso por oficio. Al frente de un pelotón de facinerosos, al que nombró “escuadras de Guantánamo”, acosaba a esclavos cimarrones para devolverlos a sus amos.

La guerra de 1868 le redobló el ímpetu abusador. Patriota que apresara la gavilla de Miguel Pérez –fuese hombre o mujer, niño o anciano- moría bajo la inexorable geometría del machete o colgaba de un árbol como una fruta de dolor.

-¡Ni un mártir más, a manos de ese criminal! -le ordenó Máximo Gómez al oficial que llamaban Guillermón,  ágil, sagaz, limpio como el primer vagido de los recién nacidos.

Los ojos de Gómez, tan pequeños como si estuvieran deslumbrados siempre por el fulgor del día, más que rostros juzgaban hechos, y por tanto no eligieron como en un juego de azar al combatiente para la misión de muerte que debía ejecutarse sin la algazara de las pasiones; sólo con el equilibrado tino de la convicción… Veinticuatro años después, mientras paseaba por las calles aún españolas de Santiago de Cuba, los jóvenes se cuadraban ante la épica presencia del General Guillermón, que, ya con el cuerpo herido definitivamente por un enemigo entonces imbatible, la tuberculosis, prefirió morir en la manigua para que el Alto Oriente no fallara el 24 de Febrero.

Ahora, en 1871, el tercer año de los diez de la campaña convocada por Carlos Manuel de Céspedes, la guerra se transmutó para la soberbia de Miguel Pérez en la guerra contra el negro Guillermón. Se enteró del nombre de quien había sido privilegiado como vindicador de las víctimas de su crueldad. Y buscó a quien lo buscaba. Hasta  el desenlace en la loma del Peladero.

Este cartel lo desafió, desde el tronco de una palma: 

“A Guillermo Moncada, donde se encuentre.

“Mambí: No está lejos el día en que pueda, sobre el campo de la lucha, bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la cubana.”

-Vamos a ver, si el gallo canta, dijo ante su tropa, que rió.

Días más tarde, el santiaguero escribió al dorso:

“A Miguel Pérez y Céspedes, donde se hallare.

“Enemigo: Por dicha mía se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada; pero te prometo que mi brazo y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria.

“Y siento que un hermano extraviado me brinde la triste oportunidad de quitarle filo a mi machete.

“Mas, porque Cuba sea libre hasta el mismo mal, es bien.”

Y sin desmontarse, estirándose ligeramente, clavó  el papel en el mismo árbol. Luego, el encuentro, en el que se mezclan la historia y la leyenda.

¿Era de día o de noche? Si los papeles no lo declaran, es porque en la loma del Peladero el día y la noche se alternaban vertiginosamente en la justicia y el odio: los machetes en el aire convocaban relámpagos y sombras.

Una palabrota. Un golpe. Una blasfemia.  ¿Cuántos más necesitó el duelo?

El mambí alzó el brazo. Miguel Pérez se encogió casi imperceptiblemente. Sus ojos abiertos  no vieron el vibrante perfil del arma salir de su cuerpo luego del tajo definitivo.


ALGUNAS PREGUNTAS INGENUAS SOBRE HONDURAS

ALGUNAS PREGUNTAS INGENUAS SOBRE HONDURAS

Por Luis Sexto

Parecen tiempos apocalípticos. La ética involuciona: el mal se convierte en bien y viceversa. La razón disminuye: la estupidez, que el húngaro Paul Tabori definió e ilustró en un libro llamado así: Historia de la estupidez humana, se apodera de las inteligencias. Los intereses, sobre todo los intereses  económicos que los propietarios ricos defienden mediante la política y también la guerra, se imponen sobre lo racional, la cordura. Y personas con grados de doctor o con experiencia social acuden al surrealismo menos literario y sí más absurdo, para defender sus posiciones y sus aspiraciones.

Como diría el clásico, todo parece tener el color del cristal con que se mira…

Ahora resulta que Manuel Zelaya, presidente legítimamente electo,  violaba la Constitución de Honduras no se sabe en cuántos artículos, al menos no los han enumerado de modo que sean creíbles. Y se nos quiere obligar a aceptar que los que sí estrujan el papel de  la Constitución, es decir, los que secuestraron de madrugada al presidente constitucional, lo subieron en ropas de dormir a un  avión y lo remitieron a otro país, como un bulto inesperado y nunca pedido, no violan la Constitución sino la protegen.

Ah, Kafka, te han dejado como un parvulito. Quizás como un aprendiz de embaucador de incautos.

Pero aceptemos de manera provisional esas razones tan irrazonables, y preguntemos a los ideólogos del golpe militar, que, según esa razón sin razón que la entienda, no es cuartelazo sino gesto patriótico. Preguntémosles: ¿Si el presidente Manuel Zelaya violaba la Constitución, por que cuando irrumpieron manu militari en su casa, en vez de despacharlo hacia San José de Costa Rica, no lo apresaron y lo instruyeron de cargos ante los tribunales? ¿Por qué cuando Zelaya, decidido a regresar,  iba a aterrizar en Tegucigalpa el domingo 5 de julio, no permitieron que el avión descendiera sobre la pista, que minutos antes los soldados bloquearon? ¿No hubiera sido la ocasión fácil  para arrestarlo y explicarle al pueblo congregado en los alrededores del aeropuerto los delitos del presidente derrocado?  ¿Por qué en vez de apelar a la cordura de miles de hondureños que pacíficamente querían recibir al presidente legítimo, el Ejército disparó  y mató a tres ciudadanos? En fin, a qué le temen los que asumieron por la voluntad de las armas el gobierno de Honduras. Si en verdad la ley y la justicia patrias los asiste y una pretendida  encuesta de Gallup afirma que la mayoría apoya el golpe militar, y solo la minoría está en contra, por qué la resistencia de esa “minoría”dura ya dos semanas. ¿Por qué la opinión pública mundial, incluidos gobiernos de países poderosos, ha condenado el golpe encabezado por Micheletti?

No soy Zelayista, ni antizelayista; ni michelettista, ni antimichelettista. No me corresponde ese partidarismo. Simplemente, como diría el escritor católico francés León Bloy, soy anticochino; enemigo de la mentira, el crimen, el odio, la opresión, y estoy convencido de que los ricos y los poderosos no son necesariamente una necesidad en el mundo, sino más bien, un lujo. Un lujo muy costoso. Tan costoso que a veces hace retroceder la ética  invocando valores cristianos mientras actúa contra ellos.

Pero de qué habremos de asustarnos. Por ejemplo, hace casi 60 años, el ex general Fulgencio Batista alegó razones parecidas para justificar su golpe de Estado en Cuba. Las cosas, dijo, andaban mal en Cuba con el presidente  Carlos Prío. Y faltaban pocos meses para las elecciones en las que Batista no tenía ninguna posibilidad como candidato. Muchos dijeron entonces  que la ética en la política retrocedía. Y así pasó con los militares latinoamericanos en la década del 60 y el 70 del siglo XX, y con el Plan Cóndor, toda una réplica de Mi lucha, de Hitler…

¿Habrá que aceptar,  pues,  como el resignado Sinuhé el egipcio, que no vale la pena asombrarnos porque  “así ha sido siempre y así será”…  ¡Dios mío!

 

LA DEMOCRACIA HONDUREÑA SE FUE A BOLINA

LA DEMOCRACIA HONDUREÑA SE FUE A BOLINA

Por Fray Antorcha

 Desde Miami

La mafia cubana de Miami se encuentra ante una encrucijada politica-sentimental: botar por la restitución de su cacareada “democracia” en Honduras, o apoyar

el golpe de estado al Presidente Manuel Zelaya, al estilo  “gorilazo” de otros pueblos latinos.

Resulta curioso que hasta la fecha ninguna de las tantisímas organizaciones del exilio haya realizado el más mínimo pronunciamiento ni en contra ni a favor de los acontecimientos en el pequeño país de la franja centroamericana. Al parecer están utilizando una nueva estrategia: poner en contra de su propio pueblo a los catrachos del exilio miamense, similar a como hacen los llamados “exiliados cubanos”.

Algo tenían que aprender de sus coequiperos, experimentados en esa táctica de pretender que todo el mundo haga lo que ellos desean, aunque al final se encuentren en la misma línea de partida de hace 50 años ya y con el hígado a la vinagreta.

 Aparentemente llegaron a un punto donde no saben si tomar el camino más corto o el más largo  --como en la caperucita huyéndole al lobo--, porque de cualquier manera,   Honduras podría resultar en una bofetada al mismísimo rostro de los paladines cubanos de Miami, tan especializados en orquestar los más grandes y ridículos shows de la historia en este medio siglo.

Pero al no pronunciarse no quieren decir que estén de acuerdo en una cosa y en la otra no. O en contra o a favor de ambas. Y por ello han enseñado a sus compañeros de aventuras en un país que no es de unos, ni de otros, a hacer los mismos cartelitos que exhiben generalmente cuatro o cinco mentecatos, pagados por los bolsillos de quienes echan a fajar a sus propios pueblos, en busca de beneficios propios.

 Porque no hay uno sólo de los llamados presidentes, jefes o secretarios generales de organizaciones anticubanas , o como se les quieran llamar (léase ocupantes de puestos en un futuro que no les acaba de llegar), que realmente quieran lo que definen como “libertad para Cuba”.  Ello se traduce mejor en prosperidad para sus negocios.

 Porque, si la mayoría de los cubanos llegados a este país desde 1959 a la fecha, lo han hecho con el argumento por delante de que “huyéndole al comunismo”, ¿de que comunismo huyen hacia acá los hondureños?

 Aquí son acogidas  por igual,  personas decentes con deseos de trabajar y superarse que  --lamentablemente--, a  “supuestos  perseguidos políticos”más los necesitados de los que sus pueblos son incapaces de resolver (como la comida, la salud, la educación, ( donde se incluyen  ladrones encubiertos, traficantes, drogadictos y toda una escoria disfrazada bajo el manto de corderos.

Y los hondureños residentes en esta nación huyen de las miserias que ningun presidente con “sus democracias” han podido resolver, de las conocidas pandillas nacidas en el vecino El Salvador, bajo el sugestivo nombre de “Maras salvatruchas” que ya invaden incluso ciudades de Estados Unidos, como Los Angeles y Miami.

 Ya veremos cuáles serán en realidad los  próximos pasos a seguir por nuestros defensores de las democracias latinoamericanas, porque el solo hecho de reconocer  José Miguel Insulza,  titular de la OEA, el fracaso de sus buenos oficios para restituir en el poder al presidente electo Manuel Zelaya,  más el alejamiento de este organismo internacional, solicitado por el golpista  Roberto Micheletti, indican perfectamente que la “democracia” hondureña se “fue a bolina”, del mismo modo que lo hicieron antes otros papalotes de nuestra región.

 Sólo que con gobiernos supuestamente demócratas o sin ellos, con  constituciones tan serviles a las oligarquías, como la de Honduras,  o sin ellas,  la última palabra la dirán las mayorías, que son quienes definen el tipo de gobierno bajo el cual quieren vivir.

Pobre Micheletti, no sabe que su globo podría volar  también como el de Matías Pérez, ese cubano anticipador de los vuelos estratoféricos y los accidentes aéreos sin aclarar, porque su globo aterrizó jamás.