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PATRIA Y HUMANIDAD

TRASTORNO CÓSMICO

TRASTORNO CÓSMICO

 Por Luis Sexto

Lo sentimos, no hay habitación libre, dijo el posadero a José y María. Y ya lo sabemos: el nacimiento de Jesús y las circunstancias materiales de desamparo y pobreza que rodearon su natividad son el lado opuesto de la ética utilitaria que antes como hoy orienta, en términos globales, a la humanidad. Tan extendido está ese “quid pro quo” –“esto por aquello”-  que aún ciertos ricos hacen caridad para que, como recompensa, les sea devuelta en mayor riqueza. 

La ética utilitaria, pues,  como su afín la ética del placer por el placer, puede resumirse en un mandamiento: vive la vida. ¿Pero acaso hacemos algo distinto? Tengo vida, luego vivo. Esa es la certeza íntima e impostergable de cualquier persona. Vivir, imperativo, avalancha sucesiva de energía y conciencia. Pero la frase no es tan torpe como aparenta. Excluye el simple existir, el mero impulso de respirar y andar.

Vive la vida. Y en el horizonte de tan redundante máxima, prevalece cierta subrepticia  intención. Recomienda algo más. Y lo que nos pretende sugerir en tono tan inapelable, equivale a un apartamiento de las consideraciones éticas, a un cerrar los ojos ante una disyuntiva moral. Sacrifica la honradez, la verdad, el amor. A eso apunta. Porque vivir la vida para esta frase tan recurrente implica la erupción del yo y la inmersión, el ahogamiento del él, del tú, del nosotros. Exaltación, apoteosis del egoísmo, en la trama un tanto desvergonzada de una filosofía vitalista cuyo objeto es el placer y el tener.

Vive la vida. Goza, despreocúpate, záfate. Y los principios, ah, los principios, conviértelos en tus “fines”. No partas de ellos, móntate sobre ellos. Y simúlalo. Sólo se vive una vez Y en ese ensalmo utilitario la prosperidad se transforma en un maratón por tener más. Lo apreciamos en la reciente cumbre de jefes de Estado y de Gobiernos que analizaron el cambio climático en Copenhague. Unos regatean; otros dudan, y aquellos menos influyentes son soslayados. Y la esencia del desacuerdo es una: los poderosos de la economía y los ejércitos, las empresas, los banqueros prefieren que el planeta se convierta en una olla de hormigón y aluminio, a perder su cuota de ganancia media. De modo que el  Hombre, que no es Dios, a pesar de cuanto pudieron decir los emperadores romanos y luego Niesche, se erige en anti-dios e invierte el tiempo en “desconservar” el mundo ambiente. 

Cristo con su vida y su muerte, y en particular con su nacimiento en una cueva vino a modificar el sentido de esa frase tan socorrida de vive la vida. Y  nos abre, como luego de un baño profundo, otros espejos,  otra dimensión. Y así, en vez de ser sinuosa, escabrosa norma de conducta, pasa a componer un desafío. Vive la vida. Esto es, sóplale sentido: convierte el beso en luz, el trabajo en cimiento, el deber en moral, la palabra en sinceridad, el acto en justicia, la relación en solidaridad.

Hemos de vivir nuestro sueño – el tuyo, el mío, el de aquel-  pero integrados al sueño del otro. Como ha sido dicho por quien nos da  la imagen más conmovedora de la Historia: un recién nacido sobre la paja de un pesebre, calentado  en la madrugada fría por el aliento de la hermana oveja, el hermano burro. Y arriba, las hermanas estrellas anunciaban un trastorno cósmico de cuanto hasta ese momento los seres humanos habían creído.

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POLÍTICA Y GRAMÁTICA

POLÍTICA Y GRAMÁTICA

Por Luis Sexto

Apostillas ciudadanas, simplemente

Veamos este párrafo de una nota procedente de Washington, aparecida en El Nuevo Herald (digital) el 21 de diciembre de 2009:

“Estados Unidos apoya el deseo de los cubanos de determinar libremente su futuro y el de Cuba. Creemos que debemos ayudar a aquellos que están trabajando hacia un cambio positivo'', indicó el portavoz del Departamento de Estado para América Latina, Charles Luoma-Overstreet, a la AFP.”

Quiero aproximar algún criterio desde el punto de vista gramatical y enseguida nos percataremos de cómo la lengua y su gramática pueden ser utilizadas como manipuladores políticos. Fijémonos como el vocero, o quien cita sus palabras, usa el artículo LOS para incluir a todos los cubanos: todos, deduce el lector, son los que desean “determinar libremente el futuro de Cuba y por supuesto mediante “un cambio positivo”.

Eso podría ser verdad, pero habría que preguntar: qué significa  “determinar libremente” “un cambio positivo”para el vocero del departamento de Estados de los Estados Unidos. Y, sigue deduciendo uno, actuar libremente es hacer, sin injerencias extrañas, extranjeras, “los  cambios positivos”. Pero ahí está el asunto tergiversado: cómo podremos realizar libremente “cambios positivos”si los Estados Unidos se mezclan, definen, discriminan, pagan, mantienen leyes contra el desarrollo de “los cubanos”. Claro, la verdad es que un cambio positivo en Cuba, es, para la Casa Blanca y su aparato,  todo giro que reoriente el rumbo político de Cuba hacia la égida norteamericana: democracia occidental, es decir, una democracia que se convierte en una partidocracia de derecha, con limitaciones casi insalvables para las izquierdas; libre mercado –el que tiene vive, el que no tiene se “jode”,según el decir popular entre cubanos-, y con una independencia formal, como fue antes de 1959; en fin, ya conocemos en que consiste el darwinismo que permea todavía el capitalismo de los países pobres…

Aclaro, que no hablo en nombre del gobierno cubano: yo sí no cobro pensiones de los fondos federales, ni el gobierno de Cuba me paga extra por escribir estas líneas; bastante trabajo en diversos empleos –el pluriempleo funciona algunas veces- para sobrevivir. Pero voy a defender mi derecho de cubano: yo no quepo en ese “Los cubanos” que dice el vocero del departamento de Estado. Por lo tanto, si yo no estoy en esa suma, ya no somos “todos los cubanos” los que deseamos cambios positivos a la manera de Washington y de ciertos cubanos cuya cantidad desconozco, pero no necesariamente han de ser mayoría. Yo sí quiero “cambios positivos”en Cuba, pero no los que elucubren esos que amuelan tenedores y cuchillos para ejecutar su vendetta. Yo quiero cambios positivos que alejen a mi patria de la Cuba que en Miami y Washington se diseña; la conocí en mi infancia. Yo quiero cambios positivos que conviertan el socialismo en un sociedad independiente, de ancha libertad, donde los individuos puedan satisfacer sus aspiraciones mediante el trabajo, y la convivencia social y las diferencias entre las personas sea regulada por la justicia social, esa que está  excluida del caldero que se calienta en Miami. Justicia social e independencia, sobre todo, es lo que me separa  raigalmente de esos “cambios positivos”que uno, que ha viajado un poco, ve con tristeza en numerosos países del tercer mundo y también del primero.

He de recordar una vez más a mis compatriotas en la emigración y a los pocos del exilio, que “todos los cubanos” no son los que viven afuera; que la mayoría –nueve o diez veces más- radican en Cuba. Incluso, respeto tanto la gramática, la lengua, la política y la verdad que no me atrevo a decir que todos cuantos viven en Cuba apoyan al gobierno revolucionario, pero los que lo apoyan, que evidentemente no son pocos, tienen la necesidad a defender el derecho de hacer “cambios positivos”, pero a la manera cubana, sin dineros, ni apoyos norteamericanos que lastrarían la libertad para acometerlos.

Verdaderamente, yo deseo arreglar muchas cosas deterioradas o mal hechas o mal concebidas en Cuba, pero prefiero la democracia de mi país, a veces un tanto rígida e imperfecta y sobre todo tan  asediada por la hostilidad de los países poderosos, tan trajinada por la propaganda de los Heralds, los Cubaencuentros, y las decenas de blogs que compiten en ver quién escribe notas más inmisericordes, más estólidas olvidando que del lado de acá no podrán pagarles con flores.

En la escuelita humilde de mi pueblo, en 1956, una maestra que a veces no cobraba –la democracia dependiente de Batista y los americanos no le pagaba- me enseñó que desde 1902 Cuba vivía hipotecada a los yanquis. De verdad, no puedo yo permitir que se  me incluya en ese “LOS cubanos” que tan sospechosamente le falta el respeto a la gramática y a los que queremos entrar en semejante cuartón político que no demográfico.

¿ACUMULA INTERESES EL MÉRITO?

¿ACUMULA INTERESES EL MÉRITO?

Por Luis Sexto

La conducta humana se parece a ciertas novelas que empezando bien terminan mal o empezando mal terminan bien. La Historia amontona ejemplos de ambas posibilidades. Hubo algún personaje del siglo XIX cubano a quien le minimizamos intrigas, indisciplinas, tendencias racistas al valorar su postura intransigente frente a la Enmienda Platt, ya al final de la ejecutoria del patriota. A otros, en cambio, les difuminamos sus años de libertadores meritorios por haberse convertido después en tiranos o en mayorales de fusta y privilegio.

Vemos, así, que el último acto -ese que acometemos hoy- es el que cuenta. Lo que hice jamás podrá valer más que lo que hago, porque tal rasero causaría un proceso de ruina personal. Tengo la sospecha de que cuantos se corrompieron en los últimos años, comenzaron por adormilarse sobre sus previos merecimientos, creyendo que con su pasado habían adquirido el pase definitivo a la casta de los impunes. O los infalibles.

El mérito, pues, es una medida de los seres humanos. Pero una medida temporal. Y por ello el mérito necesita ser defendido; reclama una perenne renovación, un constante rehacerse del individuo en su proyección social y política. En verdad, el mérito no cuenta con la naturaleza de una moneda que, atesorada en un banco, acumula intereses solo por estar guardada.

A menudo, una frase nos abruma. Es como una contraseña, una justificación que neutraliza cualquier reproche. Basta con decir que hacemos el “mayor esfuerzo” y parece que todo lo demás sobra. Ya tenemos un mérito. Hemos venido olvidando que el mérito no proviene solo del hacer, sino del hacer, del actuar bien. De estos desvíos he escrito en otra ocasión. Recuerdo, incluso, que un lector –creo recordar que de Camagüey- me remitió su desacuerdo. Él creía en el mérito del esfuerzo. Y a mí, por el contrario, me parece que el camino del fracaso se pavimenta con “los mayores esfuerzos” que no conducen a ninguna parte.

El mérito a veces nos corresponde por casualidad. Uno se halla de pronto en ciertas circunstancias que exigen nuestra participación. Y respondemos adecuadamente. Ahora bien, el mérito de más valor es el que elegimos conscientemente. Nos esforzamos, y el esfuerzo termina en un resultado creador, productivo. Cuando resulta baldío puede responder a dos móviles: o no sabemos o no queremos. ¿Qué pasa –me decía un trabajador de cierta empresa- que comerse la comida de mi centro equivale a un suplicio. ¡Qué mal cocinada! Sin embargo, ante las críticas, la respuesta es la misma: hacemos el mayor esfuerzo. Pero el gusto de la gente se niega a tragar aquel alimento tan “esforzado”.

Voy a concluir esta cháchara suscribiendo el criterio de que el mayor mérito, el más consciente y consecuente, es la conducta que habiendo empezado bien, termina bien. Esto es, termina defiendo sus méritos… con nuevos mérito

DE RACISMO, PREGÚNTENLE A MANDELA

DE RACISMO, PREGÚNTENLE  A MANDELA

Por Max Lesnik*

Desde Miami

De nuevo  la  carta del  "racismo en Cuba"   está  siendo utilizada como arma  política  por los blancos  racistas de la   extrema derecha cubana de Miami. La primera piedra  la lanzó  desde  Brasil,  a principio de este mes  de diciembre,  Carlos Moore, un antropólogo  de origen cubano, descendiente  de jamaicanos que emigró  de  la  isla  a los  quince años  de edad y que desde  entonces, se ha convertido  en enemigo de la  Revolución  castrista   y  promotor de una  campaña contra  el gobierno Cubano en la que se   acusa al régimen  socialista caribeño  de propiciar y practicar una repugnante  discriminación contra  los  ciudadanos de la  raza  negra.

 

La piedra lanzada  por  Moore desde  Brasil  no  cayó  en  el  vacío. La recogió un grupo  de prominentes  afro-americanos de  Estados  Unidos, además  de ser promovida en Miami por  un cuarteto de   cubanos de la raza negra cuyos rostros  los vemos  con  mucha frecuencia por los Canales Cloacas  de  la televisión de  Miami. El  "líder" de estos  "cuatro  Jinetes"  es un ex profesor de marxismo de la  Universidad de La Habana-  se  autoproclama  "Filosofo"- quien   que desde  que  llegó  a Miami  y  se  cambió  la  casaca, vive precisamente del  cuento de la  discriminación racial en Cuba, a pesar de que   sus  compatriotas blancos  que lo utilizan para esos  fines, en  ocasión  de una  fiesta en una   elegante residencia de Coral  Gables,  le  hicieron  entrar  por  la  puerta de la cocina, "diz"-  como dicen los dominicanos- que confundiéndolo  con un sirviente  contratado al efecto.

 

  A Carlos Moore, que  fue  el  que tiró  la  primera  piedra  sobre  el   racismo  en  Cuba, habría  que preguntarle  ¿por qué  cuando  se enfermó  de  cáncer después  de  varios  años  de  exilio denunciando  al  gobierno  cubano por  anti-negro ,  fue  a tratarse   a  La  Habana y no  al  Miami   que  controlan sus amigos  ricos "blanquitos " cubanos?. Por supuesto  que en Cuba   Carlos Moore  no  pagó la cuenta del  hospital "racista" en el  que  fue curado  con todo éxito.

 *El autor es periodista cubanoradicado en Miami, de larga experiencia política

POESÍA Y POLITICA

POESÍA Y POLITICA

Por Luis Sexto

Inmiscuyámonos hoy en los asuntos propios de un poeta. No es la primera vez que esta columna se aparta de sus asuntos más recurrentes, para transitar por las páginas de un libro. Y me parece justo dedicarla a la obra de a un actor y dirigente político fallecido en 2008, que fue –es- poeta. Varios de mis lectores quizá se sorprendan: ¿Poeta el héroe de la popular serie de TV En silencio ha tenido que ser, el pesimista medio cínico de Memorias del Subdesarrollo, filme de Tomás Gutiérrez Alea? ¿Poeta el presidente del Instrituto Cubano de Amistad con los Pueblos? Si, Sergio Corrieri poeta. Y con plenitud de derecho y por tanto de reconocimiento.

Destinado en primer término a ser presentado en la Feria del Libro de 2010, el poemario titulado Asuntos propios acaba de salir de la imprenta como un libro póstumo. Es decir, cobra editorialidad –válgame el término- un año después del fallecimiento del autor, que había nacido en 1939. Pero no es póstumo en cuanto a que deba asumirse como un homenaje necrológico. Por el contrario, se nos aparece como el “cuéntame tu vida” de un hombre que se vuelve hacia sí mismo, hacia su más lacerado interior, y se descubre partiendo de las orillas, luego transita por la superficie y toca el fondo. Y si algo extra pudiera atribuirse a este libro relacionándolo con la muerte del poeta, Asuntos propios vendría a componer el testamento literario y político de un hombre que en todos estos versos solo atestigua el haber vivido.

No es su primer poemario. En 2002, también publicó Los Noventa, y un año más tarde Del mar y los peces. ¿En cuál tendencia poética insertar a Corrieri? ¿Es necesario que se guarezca bajo una escuela, una tendencia?  Lo valoro como un poeta vital que se examina y se juzga sobre la hoja clínica de su vivencia. Si los aciertos epigramáticos y principalmente un sutil fluido irónico presentan los poemas de Los noventa como un hecho ejemplar en la poética de la resistencia, en Asuntos propios el autor continúa distinguiéndose por la eficacia de la síntesis encapsulada en un tono coloquial, que no coloquialista. Pero la actitud del conversador –actitud del que comparte, simpatiza, cuenta con el otro- deriva en este libro hacia lo lírico sin renunciar a su mirada crítica, cáustica por sugerente y filosa. Porque Corrieri, habitualmente, maceraba su verso en una filosofía en que la estética y la política se juntan sin lastimarse.

Entre los textos de Los noventa, “Anuncio” sirve para demostrar cuanto he dicho: “Se permuta/ casa vacía de ilusiones/ sala enorme de soledad/ corredor sin aromas/ cocina inmaculada/ pasillo fantasmal/ dos cuartos completos de negociaciones/ medio cuarto (de desahogo)/ por un pequeño espacio/ con esperanzas.” Ahora,  en Asuntos propios, el titulado “Desde el fondo” me parece el más apropiado para convenir en esa alianza de poesía y política sin pérdidas de uno u otro lados: “¿Nunca has tenido el corazón/ cansado como un perro/ que apenas mueve la cola/ cuando lo llama su dueño?/ ¿Nunca has tenido el amor/ dormido/ de un sueño de desvelos/ con unas ganas profundas/ de no ser?/ ¿Nunca has atentado contra ti?/ ¿Nunca te has llevado a la pared/ y sin venda en los ojos/ tu voz ha ordenado fuego?/ ¿No?/ Jamás podrás entender.” 

A mi modo de leerla y de interiorizarla, la poesía de Sergio Corrieri nos acompañará como un documento cercano, una visión sosegada y a la vez aguda de un tiempo donde se mezclan las ruinas, los sueños, los bandazos y los impulsos creadores. Una voz y una visión  sinceras  y desgarradas, que asumen el oficio de la farola que alumbra a la vez, sin manipulaciones malévolas o inocentes, la línea blanca recién pintada y el bache de la calle.

Ese hombre múltiple que fue Corrieri nos recuerda, pues,  que la poesía no puede dejar de ser un acto de libertad y de servicio.(Publicado en Juventud Rebelde)  

JUBIELEGÍA CARIÑOSA PARA UN MARCHANTE CONFUSO

JUBIELEGÍA CARIÑOSA  PARA UN MARCHANTE CONFUSO

Por Luis Sexto

En la jubilación del periodista Viñas Alfonso

Con toda la gravedad que este acto impone, debo decir que me he visto en el compromiso de modificar mis planes. Nunca pensé decir estas palabras en otro sitio que no fuera junto a la losa florecida de Viñas Alfonso, en su tránsito, que habrá de ser memorable, al seno del olvido. Pero una jubilación ya nos va sabiendo como a velorio –nuestra amiga Mercy Azcano me lo recordaba en un correo electrónico- y por tanto debo adelantar la despedida de duelo que como amigo leal  escribí desde hace años a mi próximo difunto amigo Viñas y que él me pagó puntualmente  por adelantado.

Desde luego, toda despedida, ante los dolientes, supone enumerar como exclusivas las virtudes del dolido. Y de ello, de ese conocimiento cercano a Viñas, sé bastante. Lo sé, porque he sido víctima principal de sus originalidades. Por ejemplo, ¿no es acaso original que llevando en su apellido la materia prima e inigualable de la uva, Viñas, cuando bebe, si bebe, pudiendo repartir, bebe a costa ajena? Dígalo este sujeto mordido mil veces por las invitaciones de motu proprio que se hace a mi mesa doméstica. Claro, yo me honro. No olvidemos que cuando Viñas Alfonso elogia la pierna asada de mi mujer, tengo en cuenta que lo hace un fundador de la prensa clandestina, fundador también del periódico de Pinar del Río; y un ex estudiante de bachillerato que compartió en el instituto de segunda enseñanza con los Hermanos Saíz, jóvenes superiores y uno de los cuales lo distinguió como amigo.

No olvido tampoco que cuando Viñas me pide prestado un almuerzo en casa, prometiendo pagármelo inútilmente  más adelante cuando el tiempo transcurra, estoy en presencia de un periodista que suma más de medio siglo  de ejercicio vital, creativo, trabajador y cuadro de los principales medios de nuestro país: Juventud Rebelde, Bohemia, Palante, y chistoso, chispeante  colaborador de la radio, aunque escriba crónica con K. Y si aparece el boletín de ida y vuelta que lo confirme, será reconocido como uno de los  reporteros del desembarco de Colón en Gibara. Al menos sí está demostrado que fue uno de los pioneros en abrir un puente de asfalto, con una sola dirección, entre Pinar del Río y La Habana…

No paso por alto, en este momento de pasar cuentas, su proverbial crédito de tener el codo anquilosado, de modo que mete la mano en el bolsillo  como un pianista toca sus teclas: sin mover el antebrazo. Destaco hoy su pachorra búdica, su afición a sonreír, su gusto por querer a sus amigos y su capacidad de enamorarse del trabajo, aunque no pueda ya hacerlo de otras formas sumamente trabajosas para su edad.

Viñas ha vivido mucho. Y ha vivido bien. Gastando lo menos posible, pero prodigando amistad, fidelidad, cordialidad, responsabilidad, compromiso, humor. Y, sacadas las cuentas, uno se percata de que tiene razones para jubilarse e ir a su humilde residencia de 21 y 14, para acodarse a su enorme buró de notario privado,  y ajustar su historia: desenterrar las huacas donde todos creemos que guarda… la experiencia y los textos acumulados, y empezar a ponerlos en el banco impaciente de una obra más perdurable, menos volátil, como suelen volar las cuartillas de nosotros, los periodistas… Me parece justo que quien empezó como propagandista revolucionario clandestino, retorne ahora a la clandestinidad de su hogar y su máquina a trabajar menos apremiado.

Hermano mío, por consideraciones obvias, no puedo estar presente al decir estas palabras. Me voy a un sitio donde  nunca has podido encontrarme cuando me pierdo. Mercy Azcano sabrá leer esta cuartilla con la delicadeza que su ternura le recomiende. Jubílate en paz, si puedes, Viñas. Ah, por favor,  dame la oportunidad de rescribirte la despedida, porque a ese placer, que hoy he ensayado, no voy a renunciar, y pienso volver a cobrártelo.

 

 

Para el periodista Viñas Alfonso en su retiro

LA VERDAD NECESITA DE LA GLORIA

LA VERDAD NECESITA DE LA GLORIA

Por Luis Sexto

Uno de los hallazgos del lector que fui y soy es que el periodismo, además de objetivo y dinámico, necesita ser interesante. Acepto el criterio de que para escribir una cuartilla hay que leer diez cuartillas ajenas. Por lo tanto, antes que periodista fui lector, y nunca leí, ni leo, en un periódico o una revista, nada que no sea capaz de interesarme. Y la credencial de “lo interesante” se  aprecia en las primeras líneas. Interesante, digo, no solo porque el tema o asunto lo sea, sino por la imaginación con que es construido y es trasegado a la expresión”.

No puedo excluir que cada día creo más en los vasos comunicantes del periodismo y la literatura. Como diría el catalán Alberto Chillón, entre literatura y periodismo existe una larga crónica de relaciones promiscuas. Al menos, en términos generales y en ciertos géneros. Por ejemplo, si  una historia periodística me la presentan en un reportaje con la inarmónica, seca y lenta forma de un informe sindical o administrativo, colmado de obviedades, ya empiezo a desencantarme. Y si ello me ocurre a mí, que leo casi por obligación, cuántos lectores más se sentirán aburridos ante esa prosa notarial que suele creerse como la ideal para el trabajo informativo.

El periodismo es un ejercicio de cultura que parte del  mestizaje cultural, es decir, no solo saber de técnica periodística, sino de todo lo demás que convierta al periodista en una especie de sujeto del Renacimiento. Por tanto, para hacer creadora la legítima promiscuidad entre literatura y periodismo hace falta un desván atestado de experiencias vitales y de lecturas. Esa ha de ser la norma profesional por una parte; por la otra, el resultado tendrá también, como es lógico, un componente personal de facultades, talento, aptitudes. Por ello, en el ejercicio del periodismo se ha de aspirar a calzar botas de siete leguas, para poder usar cómodamente los zapatos que correspondan a nuestros pies.

No me parece posible por ahora una mayor presencia del periodismo literario en los medios cubanos. Muchas barreras lo impiden. En primer término, el paternalismo. Todavía creemos que hay que atemperar el estilo y la técnica a los lectores más rezagados, como si esos “lectores” en verdad leyeran. Alguien una vez me escribió criticando que yo usaba palabras muy raras, y citaba el término peyorativo. “Yo, que tengo dos títulos universitarios —decía airadamente el lector—, no sé qué significa esa palabra”.  Me parece, pues, que no hay que culpar al periodista; más bien, al lector, que no se inquieta por incrementar el saber que le validan sus títulos, y a la Universidad, que gradúa alumnos por dos veces sin que sepan qué significa peyorativo. Además, la falta de espacio ha limitado la extensión del periodismo literario.  Por último, mientras tengamos una concepción del periodismo subordinado a la propaganda, y no se imponga  el equilibrio entre lo importante y lo interesante, y no le sea reconocido al periodismo su papel activo en la creación de la opinión pública y  como promovedor de cultura, seguirá predominando ese “espíritu de cobrador de cuentas” que decía Miguel Ángel de la Torre distinguía a sus colegas en la década de los 1920. Tengamos presente, también, que el periodismo literario es, además,  signo de vocación, inquietud, talento. Es decir, es prerrogativa individual.

.El colega Enrique Milanés León  me formuló recientemente una pregunta sutil: “¿Usted se atrevería a ver en el  Premio José Martí que usted recibió en 2009, además de propio, como un estímulo adicional a que otros sigan un reporterismo de más vuelo?”  Y Tiene razón el agudísimo y modesto Milanés. Creo que esta vez el Premio José Martí no se caracterizó tanto por premiar a un periodista como por reconocer y estimular un tipo de vocación y de ejercicio periodístico. Un periodismo negado a ser una especie de acta del acontecer; un periodismo que parte de la convicción de que debe disponer de un espacio en la sociedad, como una visión sesgada que, desde el mismo balcón, sea capaz de completar la visión frontal que suele caracterizar a la política.

Es decir, en lo particular he creído que yo también tengo una opinión, aunque no coincida con quienes toman las decisiones. Y como la tengo, he de decirla en el medio donde mi crédito posee franquicia. Y he de decirla, no como la dicen los políticos, sino, aunque a la larga coincidamos con aquellos, como exige la relación entre periodista y lector: una forma que interese y atraiga, despegue y se eleve. No sé… pero pensar de otra manera equivaldría a desconocer a Martí. Las ideas del Maestro son también todavía tan hermosas y verdaderas, porque aún está vigente la forma con que las arropó. Como dijo uno de mis escritores predilectos desde la adolescencia, León Bloy: la forma no es un lujo, porque la verdad necesita siempre estar en la gloria.

Hay que tener en cuenta, también,  las facultades personales. Y por otra parte, cuando en las universidades se habla de periodismo literario, el alumno de pregrado ya ha asimilado un concepto tradicional del periodismo, con lo cual no hay tiempo académico para hacerle ver que el periodismo personal implica negar lo aprendido para poder enriquecerlo. Sin embargo, mi experiencia docente confirma que entre 40 alumnos, unos tres o cuatro tienen inclinación para trascender por el uso de formas más creadoras. No creo que por ahora podamos aspirar a más. No es desdeñable el valor de la individualidad. El talento parece, por momentos, una fruta en extinción

Reparo, en ese sentido, que el clima creador de una redacción depende de los editores, los cuadros. En la teoría de la dirección se establece que el 80 por ciento de lo que sucede en una empresa es atribuible a los que dirigen. Y desde Maquiavelo para acá se sabe que un conglomerado humano será lo que sus dirigentes hagan de él. Por lo tanto, a editores con un concepto plano del periodismo, ha de corresponder un periodismo plano en ese medio. Solo sobresalen los herejes que, con su obra tozuda y paciente, llegan a ser aceptados. Incluso premiados.

A veces olvidamos que el hombre como especie tiene la facultad de reconstruir lo vivido. Por ello existe la historia. Y ese privilegio de tener memoria y evaluar y reproducir lo vivido, alimenta el arte de la plástica, la literatura, incluso la música. El juglar acompañó el desarrollo de la civilización. Y entre juglar y periodista hubo poca diferencia. Por tanto, para no hacer pesadas estas palabras, el periodista ha de contar su noticia de la forma más vívida posible, cuando la noticia merezca convertirse en una novela breve y apasionante. Hoy recordamos y elogiamos a Kapuscinski, a García Márquez, a Hemingway, a Norman Mailer, a Pablo de la Torriente, a John Reed, a Alma Guillermo Prieto, a Joan Didion,  porque supieron o saben “contar la historia como novela y la novela como historia”, de acuerdo con el principio de Mailer”.

Sin excusas, uno ha de imponerse modelos. Porque la originalidad en el vacío no está fuera de toda duda: yo dudo de ella. Y por lo tanto sigo deseando que mi obra tenga la pasión y la valentía de León Bloy; la precisión de Hemingway; la imaginación de García Márquez; el estilo musical de Jorge Mañach; la audacia de Pablo de la Torriente Brau. Y la sinceridad de Luis Sexto, que es el único mérito que me tolero.

Y para hablar de colegas actuales,  pediría el uso de los adjetivos a Jorge Garrido; la síntesis a Argelio Santiesteban; el desenfado a Rolando Pérez Betancourt; la capacidad fabuladora a Leonardo Padura y el rigor estilístico de Eduardo Montes de Oca”. Y lo pediría por una razón principal: eso que reconozco en ellos, a mí me falta.

 

AGUAS DE AMOR Y PAZ

AGUAS DE AMOR Y PAZ

 Por Luis Sexto

Notas de viaje por la Isla de la Juventud

Varios nombres y sobrenombres recibió la Isla de la Juventud: de Pinos, del Tesoro, de las Cotorras, la Evangelista. Ninguno, sin embargo, se asoció a la calidad y la abundancia de los manantiales de Santa Fe. Quizás sólo el escritor Raimundo Cabrera, que abrió la primera escuela para niños pobres en Nueva Gerona, apuntó en sus memorias que al desembarcar allí confinado llegaba a “la isla de los baños termales”.

En esos días de 1869 en los que el estudiante, luego autor, entre otros, de un libro útil titulado Mis buenos tiempos, afrontaba su destierro por infidencia, Isla de Pinos permanecía deshabitada. Unas 800 personas se concentraban primordialmente en Nueva Gerona, fundada en 1834. Muchos eran patriotas deportados o delincuentes comunes. Isla de Pinos se empleaba entonces como campo de concentración, émula caribeña de la Siberia de los zares.

Ya existían los baños de Santa Fe. Desde 1826, cuando de La Habana llegó el doctor José de la Luz Hernández y probó el agua y puso en práctica un proyecto terapéutico, pacientes de la Isla grande empezaron a salvar la travesía por el golfo de Batabanó para encontrar la curación que les negaba, por otros medios, la medicina. Peregrinos en busca de milagros relativamente baratos. Hasta 1848 pagaban, además, los tres reales fuertes que el gobierno español exigió como impuesto para bañarse allí. Favorecía a los viajeros que los últimos piratas acababan de extinguirse. José Rives, apodado Pepe el mallorquín, murió en 1827, en brazos de Rosa Vinajeras, su mujer, en una casa de Santa Fe. Había sido un pirata contradictorio: robaba y también defendía los intereses de los pineros. Dieciocho años después, Juan Manuel Calvo, vasco emprendedor, estableció la primera línea de vapores entre Batabanó, Júcaro y Nueva Gerona.

El doctor De la Luz y el señor Calvo acordaron asociarse, y construyeron las primeras piscinas e instalaciones. Se empezó a edificar una Santa Fe nueva, higiénica, al lado de la antigua que databa de 1809. Ninguna bestia de tiro o monta tenía permiso para pisar las calles del poblado. Pero la pareja de socios no podía con aquel plan de desarrollo. Y fundaron la Sociedad de Fomento Pinero. Vendieron acciones. El propósito de mejoramiento convenció a figuras como Rafael María de Mendive y Cirilo Villaverde.

Samuel Hazard, viajero al que tanto le debe en difusión la Cuba del siglo XIX, pasó por los baños en 1866. Divulgó las medidas de las piscinas, que aún se mantienen. Y escribió sobre las propiedades de las aguas, que hoy se definen, con toda ciencia, como bicarbonatadas cársicas magnesianas, con flora no patógena que produce antibióticos, y que poseen incluso cierta radioactividad inocua para el ser humano.

APARECE UNA COTORRA

A principios del XX, Claudio Conde Cid embotelló el agua potable bajo el membrete de la Cotorra. La extrajo del manantial que aún se nombra Del Pueblo, y que se ubica en la orilla del río Santa Fe. Lo estableció Sánchez Amat, ex ayudante del general  Antonio Maceo, que al terminar la guerra de independencia en 1898, fue a  isla de Pinos y ocupó la alcaldía en nombre de la revolución. Se adelantó a los americanos. Y prometió que nunca esa fuente dejaría de abastecer al pueblo. Todavía llenan allí sus vasijas los santafecinos, que el doctor Waldo Medina, antiguo y ya fallecido juez de la Isla y promotor de la primera biblioteca en Santa Fe, calificó como “la mejor gente del mundo”. La Cotorra alcanzó el crédito de ser el agua más salutífera para beber. Cimentada la marca, el propietario pudo después abastecer sus botellas y garrafones con otras aguas en La Habana. Aún se conservan protegidos los manantiales originales.

 España, al iniciarse la guerra de 1868, despojó a De la Luz del balneario por patriota e infidente. El balneario osciló posteriormente entre el olvido y la precaria memoria de pocos clientes. En 1941, el padre de Jesús Montané, uno de los asaltantes del cuartel Moncada en 1953, publicó un artículo en el periódico Los Pinos Nuevos en el que profetizaba que algún día Santa Fe tendría un gobierno astuto, inteligente y patriota que lo condujera a tener el mejor balneario de Cuba, como en los tiempos del doctor De la Luz Hernández. Decursaron 14 años, y se convirtió en efecto en el mejor centro termal del país. Pero no había un gobierno astuto ni inteligente, y menos patriótico. El dictador Fulgencio Batista asistió a la inauguración de la obra modernizadora que Francisco Cagiga, dueño de la Isla, levantó: un motel, y  una clínica, en cuyo  techo armó un solario que fue uno de los tres mejores del mundo. En 1958 Santa Fe acumuló visitantes como para sumar cifras correspondientes al tercer polo turístico de Cuba. Un baño de 30 minutos valía entonces  cinco dólares.

APARECIÓ EL DIABLO

La historia de los baños  no se completa sin el episodio de la aún renombrada con respeto Vieja Gorda. La señora Virginia Hernández viajó a Santa Fe en 1939. Padecía de una afección renal. Apenas podía moverse. Su hijo, que en 1920, con seis años, se había curado allí del estómago, alquiló un avión a la Panamerican, y solicitó permiso en la ciudad militar de Columbia para aterrizar en el aeropuerto del Presidio Modelo. Lo tacharon de loco.  “No lo sé, respondió el doctor Silvestre Pujol, “pero tengo a mi madre enferma.” Y también - cuenta ahora- la corazonada de que el vuelo terminaría en fortuna.

Santa Fe entonces languidecía entre ruinas. El hotel negó el hospedaje a la enferma. La vivienda de un vecino sirvió de albergue. La señora bebió agua, mucho agua, y a las pocas horas sus riñones la despidieron como en un manantial de inmundicias. Se curó.

Agradecida, Virginia Hernández, de acendrada fe religiosa, edificó una casa para vivir en ciertas temporadas, y detrás, una capilla de dos plantas dedicada a Nuestra Señora de las Mercedes. Y propuso talar la esquina de unos pinares para una pista de aterrizaje que propiciara a otros pacientes volar desde La Habana. Pidió permiso a mister Robert Irving Wall, gerente de la Santa Fe Land Company. Y pagando de su peculio a unos, y convocando al trabajo voluntario a otros vecinos, la señora consiguió alistar la pista para el 24 de febrero de 1940, cuando aterrizó la primera nave, un Ford trimotor. Agustín Parlá, pionero de la aviación cubana, había aprobado dos días antes la aptitud del aeropuerto. Pronunció también el discurso inaugural delante de una enorme bandera que hoy guarda la familia que reside en la casa de la Vieja Gorda, madrina de una de las muchachas, y también de más de 500 ahijados y ahijadas en el pueblo.

Un guajiro, apodado Corico, que vivía cerca de la pista y a la cual había puesto escasa atención, cuando oyó el trueno largo de los motores y vio la nave posarse en la tierra, corrió aterrorizado. Otro guajiro, Cecilín Pantoja, mal improvisador, pero con lengua picante, compuso una décima que conserva las incidencias de aquel día único. “La primer vez en llegar/ el avión a Santa Fe/ Corico corriendo fue/ al cuartel de la rural./ Al verlo el oficial/ al que asustado llegó,/ enseguida le preguntó:/ paisano que a usted le pasa,/ ay guardia que allá en mi casa/ el diablo se me aposó.”

Toda esta historia, en parte, me la cuenta Wilse Peña, culto administrador del balneario donde ahora el gobierno de la Isla de la Juventud se empeña en rescatar la casi bicentenaria fama de unas aguas cuyo origen no se liga a otros baños del archipiélago cubano, fundados sobre negros esclavos que curaron, casualmente, sus laceraciones en aguas sulfurosas. Sobre las de Santa Fe, la historiadora norteamericana Irene Wrigt recogió en su libro Isla de Pinos, gema del Caribe la leyenda de Auki Himario, hijo del cacique de la Siguanea. Siendo joven, lo enviaron a Cuba a demostrar en la guerra si estaba apto para heredar el mando. En vez de pelear propuso la amistad a sus rivales. Presentado ante el cacique como un traidor, le sugirió: Padre, el hombre en paz es como un árbol en tierra llana: crece vigoroso. Encolerizado, guiado por el orgullo y el prejuicio, el jefe clavó la lanza en el costado cordial de su hijo. Pocas jornadas más tarde, en el lugar donde cayó el cuerpo del joven aborigen con vocación de amistad universal, surgió un surtidor de agua, caliente como la sangre y buena como los dioses para curar.