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PATRIA Y HUMANIDAD

NO OLVIDEMOS...

NO  OLVIDEMOS...

Luis Sexto

 

 

 

 

Reflexión en tiempos de cambio

Que la oposición cubana no llame a una rebelión como en Túnez o Egipto, Libia, Siria, indica, no como afirman algunos filósofos de las bolas de cristal, que vota por la vía pacífica, sino que es incapaz de convocar a la violencia: no existe coherentemente, salvo en ciertos medios del exterior. Y tampoco aceptemos  que no “existe” porque el gobierno la silencia: cada vez que un cubano patriota infiltrado se pone sus ropas de gente normal  y cuelga  las de  David, y la prensa nacional difunde su trabajo secreto, uno conoce, se percata de que los opositores existen como ciudadanos censados en las oficinas del carné de identidad; mas no como políticos articulados que ofrezcan una alternativa razonable a los problemas de Cuba.

El mito, en términos claros, no es la revolución cubana y su vocación humanista, liberadora, independentista; ni componen un artificio los fondos federales para financiar la subversión en Cuba (la ley Helm-Burton los autoriza, que es como decir que legitima la injerencia).  Lo mítico, lo mentiroso, es hacer creer que tanto dentro como fuera de Cuba se aglutina una oposición congruente con un pensamiento político, una estrategia y que declamatoriamente, y algún ingenuo en huelga de hambre, lucha por la libertad de los cubanos. Al menos, en objetiva apreciación, uno considera que si no ha triunfado es porque por sí misma, carente de apoyo interno y de vocación de servicio,  no podría vencer, aunque por tantos años recibiendo dinero de los fondos federales, que se reparten como si los distribuyera Alí Babá entre sus 40 ladrones,  no le convendría triunfar: los perdería. Contra Castro, sí, pero no tanto. Ese, según sugiere la práctica de medio siglo, parece ser el cálculo, sobre todo en Miami.

El que  esto escribe lucha también por más libertad, más democracia, más bienestar para los cubanos y para él mismo. Y lo hace principalmente por una razón: vive en Cuba y sufre las limitaciones de sus compatriotas. Pero los sedicentes luchadores, o los autocalificados disidentes, se han apropiado de un término que no les pertenece. Ese título los acerca, lexicalmente, al gobierno cubano. Explico: uno disiente de parte de aquello en lo que cree o sirve: uno disiente, por ejemplo, del criterio de un amigo, de un grupo de colegas, de un sector, o de la línea de un partido. Disiente, es decir, siente de otra manera, pero dentro y no fuera del mismo circuito ideopolítico.

Los llamados “disidentes” en Cuba –y ahora los entrecomillo- son opositores. Pero tampoco les podemos aplicar la naturaleza de la oposición que el Partido Republicano hace contra el Demócrata cuando este alquila la Casa Blanca o viceversa. O el PP al PSOE en España. En definitiva, si disputan, y a veces en forma casi incivilizada,  por administrar el país, ninguno de esos partidos -engarfiados al poder invisible de bancos y transnacionales- pretende cambiar el régimen de propiedad, ni invertir la pirámide social en cuya parte estrecha, según se estrecha, solo caben los sectores del poder real y efectivo. Debajo, en la base, los indignados, los trabajadores, los pobres, los que votan y nunca gobiernan.   

La oposición pretendidamente cubana pretende, al menos en teoría y en declaraciones, cambiar el gobierno y el sistema originado en la revolución  de 1959, cuyo vigente apoyo popular,  por lo que aún pulsamos, a pesar de decepciones, carencias, errores, explica su permanencia como actuante herencia histórica. Precisando, los fines de los opositores, y no disidentes, consisten, y es lo menos público, en hacer girar la sociedad cubana del sur al norte e  introducirla en la órbita metropolitana de los Estados Unidos. Esa partida de largo plazo, como he dicho y lo reconoce el gobierno norteamericano, la pagan los fondos federales de 20 millones de dólares aprobados por el actual gobierno demócrata, y que los aprobará también, indefectiblemente, la próxima administración. Así ha sido  y así será, como diría el resignado y un tanto cínico  Sinohué el egipcio. Ojalá esa certeza fuera incierta.

Por lo tanto, no quieren los opositores  solo expresar su opinión dentro de Cuba. Pero creo que el gobierno cubano, que tanta hostilidad ha recibido de los Estados Unidos, cuenta con el derecho, y también tiene el deber que miles de ciudadanos le exigimos, de defender la integridad de Cuba y su independencia.  La oposición para cambiar gobierno, sistema, aspiraciones solidarias, no se presenta, pues,  como una opción admisible, porque toda esa oposición que llaman democrática,  en una inversión del diccionario, responde, en lo primordial, a los intereses de una gran potencia renuente a tener un gobierno no manipulable a noventa millas de sus costas.

Propongo supuestamente  que fundemos un partido en los Estados Unidos con el fin de cambiar el régimen capitalista, y vamos a ver qué pasa, y adónde podremos llegar.  Allí la democracia opera para que el sistema perdure, como en España o en Francia, donde los socialistas solo pueden hacer casi lo mismo que los conservadores, pero nunca actuar para que peligre el sistema. Recordemos, mientras Malcon X predicó el odio entre razas, en los 1960, no tuvo conflictos, al menos  conflictos enrojecidos.  Cuando descubrió que el racismo en todos los tiempos ha sido, en su esencia, un instrumento de dominación de una clase social sobre otra, entonces fue asesinado.

De eso se trata: impedir en Cuba el predominio expoliador de una clase sobre otras. La sociedad mundial globalizada ha modificado ciertos perfiles económicos y tecnológicos, y ha democratizado aparentemente el bienestar, pero las clases, en esencia, siguen existiendo y litigando. ¿O qué indican los que protestaron en Wall Street, o en Madrid, o en cualquier otro punto donde los propietarios quisieran salvar sus bienes y riquezas a costa de los muchos, es decir, de los dependientes de un salario? Por ello, la llamada oposición en Cuba, no tiene programa: solo habla de libertad y de democracia. Palabrero programa: sin definiciones, ni exactitud. ¿Libertad y democracia de qué tipo, con qué fines?  ¿Y la justicia social y la independencia? ¿Si toma el poder, les dejarían a los campesinos las tierras que la revolución les dio, o comenzaría a devolvérselas a los antiguos terratenientes y a las empresas norteamericanas? Y por ahí, podríamos hacernos preguntas: ¿Mantendrá a la sociedad cubana a resguardo del narcotráfico como sistema, y de la  prostitución como sistema, y de los casinos cómo sistema, y de la corrupción como sistema en paisito dependiente? Aunque confiesen que quieren justicia social e independencia, no les podríamos creer. Porque por compromisos contraídos a cambios de un fondito subversivo, esa oposición grita y provoca para favorecer a intereses clasistas y geopolíticos afincados, en particular, en los Estados Unidos.

El más patriótico y adelantado pensamiento nacional se manifiesta de acuerdo con esa percepción. Y uno se niega a implantación de la democracia recortada por los Estados Unidos, porque, si no, la potencia a la que Martí le descubrió los gérmenes imperialistas, regresaría a recuperar su dominio en este archipiélago de más de 1 200 islas y cayos adyacentes, como rezan las lecciones geográficas, y con un golpe de vara de mayoral obligarlo a regresar aún más a la pobreza, y a la fragmentación, como pobre sigue Haití, a pesar de la intervención norteamericana hace unos años.

Imperativamente, Cuba necesita trascender su pobreza, a la cual Washington no es ajeno mediante sus restricciones legales. Con cuánta dificultad avanzará Cuba si cada vez que un banco extranjero efectúa una transacción con una institución cubana, el departamento del Tesoro  les impone una multa millonaria. La libertad y la democracia se consolidan y se extienden mediante espacios económicos provechosos, y pueda la gente comer y vestir sin las presentes limitaciones, y trabajar por un bienestar posible. Ello lo saben los laboratoristas y brujos de la CIA y el departamento de Estado. Y por esa causa insisten en bloquear económica y financieramente a Cuba, y de ese modo azuzar el descontento y el oportunismo interno, y mantener divididos y desnaturalizados a los emigrantes mediante el cartel de "exiliados" que les traza la ley de ajuste cubano y sus readecuaciones.

Uno lo comprende. Y quien recuerde el pasado del capitalismo dependiente, ha de  servir a Cuba, entroncado con la historia de la nación: todo cuanto se haga es para impedir que los Estados Unidos vuelvan a caer sobre nuestras tierras. Lo dicta Martí. Por lo demás, a todo compatriota honrado que ame a su patria y su independencia, aunque no resida entre nosotros, uno le alarga la solidaridad. Pero si la condena de Cuba como país, dicen que antidemocrático, procede de gente que solo acepta el concepto de democracia por ellos propuesto y no el de otros, pues esa condena no ha de importar. Y si el debate se descuera mediante las técnicas retóricas del insulto o la desligitimación del contrario, ese debate tampoco debe de interesar…

Lo que importa es lo que se haga aquí dentro para suplir necesidades, para  aplicar sin la intermediación burocrática, la democracia del socialismo, y asentar la economía sobre conceptos y actos racionales, como la ley del valor, los espacios individuales, las cooperativas, con el Estado de salvaguarda del equilibrio en la adecuación a las circunstancias de principios y tesis de un socialismo sin dogmas.  

Que nadie lo olvide: Aún los revolucionarios tienen el poder.

 

 

ÉPICA Y LÍRICA MEZCLADAS

ÉPICA Y LÍRICA MEZCLADAS

 

Luis Sexto

Una obra teatral se escribe para verse sobre un tablado, es decir, para escenificarse. Pero no quiere decir que un drama, una tragedia, incluso una comedia no se puedan leer, y al leerse, imaginar la puesta en escena.  Ello acabo de hacer: he entrevisto a los personajes de un texto teatral  hablando y moviéndose, bajo el litigio, antiquísimo en Cuba, de El huracán y la palma.

No es la primera vez, sea dicho como recordatorio, en que esos vientos  y  ese árbol se juntan para titular una obra de arte. Recordemos la canción homónima de Sindo Garay; evoquemos también un poemario con el mismo nombre de Helio Orovio… Y sumemos ahora, con todo derecho de originalidad, a Carlos Padrón, reconocido actor y también reconocido escritor e investigador, nacido en 1947 en Santiago de Cuba, que ha publicado recientemente, con el sello de Colección Sur editores, una pieza con este título: El huracán y la palma.  

No podría, aunque se intentara evitar la repetición, inventar otro título más adecuado para la obra que recrea la figura del Lugarteniente general Antonio Maceo, en uno de sus combates más candentes: su final como guerrero y hombre. Qué fue Maceo, sino una palma en perenne estatura de hidalguía. Qué fue su crónica personal, sino el afrontamiento del ciclón, del "juracán", según  el cortante nombre en lengua  aborigen.

 Intentemos explicar que esta obra teatral en dos actos es, a mi parecer, un poema en que la lírica y la épica se confunden, se mezclan hasta derivar hacia lo poético escenificable.  El núcleo de El huracán y la palma, parte del sueño: Antonio Maceo sueña con el juicio que le hará la Historia. Carlos Padrón parte de aquella noche difícil, previa a la caída del Titán,  cuando el imbatido General, que ha tenido fiebre, sueña con sus familiares ya muertos  que le dicen: ¡Basta de Gloria, Antonio!

Si mis lecturas no me han abandonado, el general José Miró Argenter narra este episodio onírico en Crónicas de la guerra. Y Carlos Padrón, poeta tanto como actor y guionista, sabe valerse del misterio, de la ensoñación, para ubicar  a Maceo en una batalla sin machete, afrontada solo con palabras y con la ética y el desinterés que lo movieron en sus 52 años.  Hay, pues, a mi criterio, tres planos en El huracán y la palma: el plano de lo onírico; el plano de lo psicológico del personaje central, y el plano de la Historia,  que avanza y retrocede defendiendo al prócer sometido injustamente a ese rendir cuentas que resulta, conscientemente o sin percatarnos de ello, el fin de todo Hombre.

Es difícil construir en una pieza de teatro a un personaje que vive en la Historia y toda su riqueza está en la Historia.  Carlos Padrón vence la prueba. Y con tanta eficacia que no niego que, por momentos, mis ojos se aguaron. Sobre todo en los monólogos del General. Cuánta poesía acarreó el autor para dibujar, en plenitud de humanidad puesta en el extremo, al estratega de la Invasión de Oriente a Occidente, al rebelde del Zanjón, al hombre que acompañó a Cuba como si la patria fuera la mujer de sus ideales románticos.

El teatro no se cuenta. Por lo común se ve. Y se lee, como acabo de hacer. Y he podido imaginar la lucha entre El huracán y la palma, el viento y el árbol. El viento que bate al árbol, y el árbol, la palma, que sirve de “espada  y doblada hacia el suelo, / besando la tierra/ batió el huracán”.   

(Difundido por Radio Progreso, en la sección Al pie de las letras, en el noticiario Epigramas. A esta nota se le han suprimido algunas repeticiones del estilo radial)           

 

 

 

 

¡A QUIÉN SE LE OCURRE!

¡A QUIÉN SE LE OCURRE!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Sexto

Las fichas que apostaron a  la quimera de que en la reciente  primera conferencia del Partido Comunista de Cuba algunos enloquecieran y comenzaran el desmantelamiento del socialismo hasta ahora conocido o renunciaran a la aspiración de un socialismo conveniente, adecuado a la circunstancia específica del país, u ordenaran preparar los aperos para injertar en Cuba el capitalismo, tendrán que limpiar el tapete diciéndose: ¡A quién se le ocurre! O, como mínimo, en un brote de pretendido realismo, atemperarán su frustración con la frase sacramental de hubo apertura, pero no tanta.

Más o menos, entre esos extremos pueden balancearse las opiniones de cuantos prosiguen su cruzada por hacer derivar los acontecimientos en Cuba hacia el lado derecho, incluso hacia la extrema izquierda que, aunque no lo pretenda, aparenta ser aliada de la  derecha.  Nunca, tal vez, el color del cristal con que se miran las palabras y los actos  ha sido tan  diverso como ahora. En verdad, desde la oposición, básicamente atrincherada en el extranjero, habrán de sentirse tan frustrados como para seguir atizando la virulencia de los conjuros mediáticos. Y falsearán la realidad tildando a Cuba, entre otras tachas, de cárcel masiva, sin referirse, por ejemplo, a que hace apenas unos meses el Gobierno liberó, antes de cumplir sus penas, a mucho más de un centenar de presos de índole política y a tres mil reclusos por delitos comunes.

El sector nacionalista de la emigración, que  no parece consumir como  el “exilio” los dineros federales para el desarrollo de la democracia norteamericana en Cuba, tal vez aporte un matiz al ver un tanto debilitadas sus aspiraciones de llegar a convertirse en  parte de la solución en la estrategia de cambios. Mas, la actitud quejumbrosa, sea de parte de los cuarteles de la subversión o de  los que buscan, más que coexistencia, convivencia con Cuba, soslaya que el origen los problemas cubanos engorda  en los Estados Unidos y, por extensión, en ciudades aliadas como Madrid. Basta leer los discursos de los candidatos republicanos a hospedarse en la Casa Blanca, o las declaraciones del gobierno del Partido Popular español,  para comprender cuánto las promesas amenazadoras pueden obligar a tantear antes de decidir hacer modificaciones en espacios tan emparentados con el caballo de Troya como la emigración y la  inmigración o en las inversiones de empresarios de ascendencia cubana.

En cambio, de lado de acá, cuantos aún creen racionalmente  que lo más conveniente para el país consiste en refundar y perfeccionar  los órganos y principios tradicionales de la revolución de 1959, no quedaron frustrados porque sabían de antemano, por el conocimiento de las usos y normas políticas locales, además de por las declaraciones de sus principales dirigentes, que después de los lineamientos económicos y sociales del sexto congreso, la reunión sólo decidiría sobre teorías y prácticas partidistas envejecidas, con el propósito de recobrar la disciplina deslavada en las últimas dos décadas y restablecer definitivamente en el Partido  el sentido político de  defender y promover el programa socialista, sin mezclar su tarea con las de gobierno o de administración.

Enjuiciándola, si no con imparcialidad, al menos con criterio responsable, la conferencia ha trazado una diferencia entre el Partido Comunista y el partido recalcitrante que se le opone nutrido por la hamburguesa norteamericana y el “caldo gallego”. Y la diferencia favorece al Partido cubano, pues se ocupa de quebrantar las cercas y obstáculos interiores que hasta ahora han coadyuvado, sin apreciarlo claramente, con  el cerco económico, comercial, mediático explayado desde el exterior. ¿Acaso no acordó la conferencia aumentar la voz, incrementar los derechos a opinar, a criticar; no reforzó las medidas contra los rezagos discriminatorias sobre negros, mestizos, mujeres, homosexuales, creyentes; no invocó la ética y la ejemplaridad como los recursos fundamentales; no se refirió al diálogo como un método entre políticos y ciudadanos?

Suele decirse como argumento desacreditador que en Cuba abundan las palabras y los papeles. Pero si recordamos que el Génesis judío y luego cristiano comienza con una  palabra, Hágase, no parece desatinado creer que es un adecuado punto de partida invocar la urgencia de democratizarse, depurarse de malos ejemplos, de complicidades, de doble moral, de órdenes, de elitismo e impunidad. Por supuesto, llegar a acuerdos es menos trabajoso que convertir la palabra en hechos. Y el gobierno y el Partido Comunista tendrán que continuar rigurosamente el proceso de desburocratización de la sociedad para desinfectar la mentalidad común de los virus del economicismo y del oportunismo, en mi opinión, dos de las enfermedades que agujerean el cambio favorable hacia un orden flexible como pivote del crecimiento, del desarrollo y de una democracia más participativa.

EL PERFIL DE UNOS Y OTROS

EL PERFIL DE UNOS Y OTROS

Por Luis Sexto

En Un viejo que leía novelas de amor, conmovedor libro del chileno Luis Sepúlveda,  leemos una frase apodíctica: el desierto es la obra maestra de los seres humanos. Y uno se pregunta si en Cuba  ciertos sectores aparentemente comprometidos con la obra del Gobierno  no estén  ayudando a quienes litigan, sudan para desertificar desde la óptica enemiga a la sociedad cubana.

La inquietud no es en singular. Muchos nos percatamos que nunca antes como ahora han coincidido tantos para empujar hacia atrás. Desde las derechas en Washington y Miami, hasta las derechas  y las izquierdas  internas, pasando por  reivindicaciones de índole social, hay como una estrategia de diversos y a veces opuestos signos que, sin haberse concertado, coinciden, al menos, en dañar,  estorbar el  actual y actualizador proceso de reformas económicas. Y si no coinciden en  sus ideologías,  concuerdan en el sentido de la oportunidad. Como si dijeran: Ahora, que están en la cuerda floja…

Ahora, pues, la renovación de la sociedad  cubana experimenta la más severa agresión, los más pesados obstáculos desde la propaganda, el pensamiento y la acción política. En el plano interno, algunas reclamaciones de sectores de izquierda, más bien de ultraizquierda,  y de sectores demográficos podrán tener razón. Lo que las deslegitima, aparte del lenguaje absolutista, es el momento escogido para exigir lo que, al considerar la creciente condición de  plaza sitiada de Cuba, fragmenta la unidad nacional y debilita el proceso de readecuación y transformación social. Esas voces demuestran en sus manifiestos y reivindicaciones estar  nutridas de teorías  y afanes de justicia. ¿Y pueden, por tanto,  ignorar que al insertarse hoy como discrepancias casi inconciliables frente a la filosofía y la actuación del Gobierno, apoyado aún por la mayoría, someten a la nación al riesgo del desequilibrio y la colocan ante la probable pérdida de lo que ha sido un elemento constitutivo de la república concebida en 1895: la independencia de los Estados Unidos y de su capitalismo neocolonizador?

A los enemigos ciertos y  a los que se enmascaran  en un discurso hiriente, casi de oposición, desde una izquierda contestataria, se juntan el pesimismo y la indiferencia. No me parece atinado negarlo: hay sectores  del pueblo que no saben qué pasa en el país, ni hacia donde va la sociedad y consecuentemente se distancian: no esperan nada, salvo ver qué pasará. Y de ello no creo atinado culpar a los que actúan para sacar al “castrismo” del poder por la vía de la oposición y el apoyo de Washington,  o por el culebreante camino de la división entre fuerzas revolucionarias, bajo el pretexto de la pureza en la aplicación del marxismo.

La falta de información y de diálogo entre Gobierno y pueblo, entre Partido y pueblo,  es, a mi parecer, responsabilidad de muchos de cuantos conducen política y administrativamente al país. Durante los debates masivos de los Lineamientos económicos y sociales, que  luego fueron presentados al Sexto Congreso del Partido Comunista,  apreciamos la voluntad de  hacer más participativa la democracia en Cuba, más transparente la gestión y más crítico el papel del Partido como garante del programa de actualización de la sociedad cubana. Pero, a pesar de esa voluntad de transparentar los fines y los medios, y no obstante las reiteradas  palabras de Raúl Castro sobre la necesidad de proscribir el  secretismo y de abrir letras y micrófonos a la prensa, quienes observan el cotidiano fluir del país  en sus planos medios y bajos perciben el desconocimiento y, sobre todo, la falta de un lenguaje público clarificador.

Ha continuado  pesando, pues, la “vieja mentalidad”, generada durante decenios por un Estado excesivamente centralizado, definido  como sinónimo de socialismo, cuya estructura  dependió de la línea vertical: un movimiento de arriba abajo sin que existieran, como resortes de equilibrio, las líneas horizontales, lados fuertes de un centro fuerte. Con tal diseño, la imprescindible burocracia administrativa derivo en poder inapelable y cuya más significativa facultad ha sido la de distorsionar, callar y mandar a callar. Y también, por añadidura, parecen estar influyendo “viejas ignorancias”. Porque, en efecto, siguen proliferando cuadros incapaces de adoptar iniciativas, explicaciones y respuestas creativas, pero obedientes; incapaces de hablar, pero también no aptos para escuchar a la gente.

De ese  aparato se espera una evolución hacia actitudes más abiertas.  Sin embargo, los cambios de una mentalidad hoy retrógrada sobrevendrán muy retrasadamente en relación con la velocidad los cambios en la economía, que no pretenden persistir en esquemas ya vencidos, sino crear resortes que faciliten a un país pobre superar las limitaciones materiales que les genera, entre ineficiencias y errores propios, el cerco intransigente de los sucesivos gobiernos norteamericanos, apoyado en  el exilio cubanoamericano que su política de hostigamiento migratorio articuló desde 1959.

Desde mi óptica, aunque a algunos de mis presumibles lectores se les figure repulsivo, la solución del mayor peligro para la supervivencia de las aspiraciones socialistas de los cubanos, se halla en Lenin. El líder de la Revolución de Octubre, que no vivió lo suficiente para rectificar el equívoco del socialismo del Estado todopoderoso,   dictó,  al menos,  un método para impedir la absorción de la sociedad por las superestructuras estatales y a la vez, fortalecerlo en lo necesario: “El estado es fuerte cuando las masas lo saben todo, pueden juzgar de todo y lo hacen todo conscientemente” Y ese saberlo todo, juzgarlo todo y hacerlo todo conscientemente implica que los espacios democráticos –entre otros, la Asamblea Nacional, las asambleas municipales y las de rendición de cuentas-, abiertos desde hace tiempo,  pero limitados en su papel, y los medios de información, igualmente limitados, se extiendan y profundicen. Y sirvan de contención  a la irracionalidad burocrática, negada por esencia a escuchar y a dialogar,  y proclive a  emborronar la letra y el espíritu de cuanto se decide para transitar de las necesidades a las soluciones más audaces y efectivas, como la vigencia de la ley del valor y su consecuente mercado.  Y sirvan cada uno estos espacios y medios, sobre todo, como generadores de la participación popular, al saber los cubanos, regularmente, qué se hace, cuándo se hace y para qué se hace.

No resulta oscura esta verdad: el diálogo, la información y la crítica son los antídotos para impedir que tantas  manos intenten empujar a Cuba hacia el desierto donde podría estar, según el decir del novelista Luis Sepúlveda, la obra maestra de los hombres. O de unos hombres, cuyos perfiles ya he dibujado en estas líneas. (Publicado en Juventud Rebelde)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL LUGAR DE LOS MÁS APTOS

EL LUGAR DE LOS  MÁS APTOS

Luis Sexto

Eficiencia y eficacia empiezan a aparearse en nuestro lenguaje. Tanto insistíamos en el primer término de esas  categorías, que soslayábamos el segundo. Y como recientemente un colega las definió con certeza el pasado viernes 13 de julio en Granma, no voy a repetir lo dicho por él, y por este articulista otras veces. Tal vez, para no dejar a algún lector en apagón, podría resumir un tanto capsularmente: eficiencia: hacer con el gasto imprescindible; eficacia: hacer exactamente lo planeado.

Mi intervención se orienta, de cierta manera,  a nombrar una tercera categoría. Suele también ser olvidada o peor: usualmente ignorada. Y su nombre responde a efectividad. Por tanto, la cuenta entre las tres es muy elemental, aunque ha permanecido como una ecuación irresoluble. Eficiencia sin eficacia es una historia incompleta, y ambas sin confluir con la efectividad es una historia extraviada.

La efectividad equivale al impacto en el destinatario. Es como la prueba de diana, el disparo que aprueba o desaprueba la calidad. El trabajo produce básicamente para vender. Y extendiéndonos en el tema, parece que algunos continuamos sin fijarnos en cómo resolver ciertos problemas. Esto es, los vemos  en su bulto, nunca en sus detalles. Así, cuando aplicamos las soluciones legisladas, abrimos el mapa, pero no repasamos los contornos, ni evaluamos las características del terreno, ni juzgamos los resultados. Y la palabra terreno, dicha sin intenciones, sirve de pivote para mencionar a la agricultura, que continúa sin que las decisiones descentralizadoras del decreto ley 259 hayan promovido una evolución favorable, total y continua  hacia lo eficiente, lo eficaz y lo efectivo.

Fijémonos nuevamente: todavía unos miramos sin ver. Actuamos sin investigar, sin bojear los problemas para reconocerlos como islas o como masas continentales. Así, por supuesto, podríamos creer, como Colón en un primer momento, haber llegado a Catay y Cipango habiendo tocado el perfil del Caribe, un nuevo mundo. O sea, un nuevo y distinto problema, ajustando el símil a la circunstancia actual.

De esas visiones, más bien “catacortas” en vez de catalejos, apenas nos hemos sacudido. Y uno se pregunta: ¿podremos recobrar la vista larga; podremos aprender a trabajar con sentido económico?  Para lograrlo, habrá, por tanto, que usar las manos y la cabeza para trabajar. Pero  tendremos necesariamente que hallar la eficiencia, la eficacia y la efectividad en la  conjugación irremplazable del yo y del nosotros, del Estado y del individuo.  En ese dueto, según juzgo, se concierta la posibilidad de mejoramiento del socialismo. Al menos del socialismo que necesitamos legitimar ahora como fórmula de progreso y bienestar. Porque si desarticuláramos a uno u otro miembro de ambos sujetos, tal vez perdamos la garantía de la supervivencia como pueblo equilibrado e independiente. El Estado socialista ha de ser el custodio flexible y atento del equilibrio social, y el individuo, a la par, como fuerza que mueva a la colectividad.

Evaluando de ese modo nuestras circunstancias aún embrolladas, hay que aceptar que para establecer esa relación y enrumbarla  hacia fines colectivos mediante el tránsito del individuo, requiere de personas aptas. Las más aptas. Sobre todo, para producir, adelantar, ejemplarizar, estimular, indicar, controlar, que tendrán que ser, en lo máximo, acciones gestoras de creatividad y soluciones. ¿Cómo, por ejemplo, extender y limar el conocimiento de centenares de trabajadores sin que estos observen caras y gestos curtidos en un saber a pruebas de torpezas?

Quizás suene inflado, mas parte de nuestros trabajadores, sobre todos los fabriles y agrícolas, están destecnificados en algunas zonas, casi sin experiencia, y sin el gusto por dominar procesos y alcanzar la sabiduría. Nadie podría fabricar azúcar con eficiencia, eficacia y efectividad sin que circule guarapo  por las venas de quienes plantan la caña, la cortan, la tiran,  la muelen y cocinan el jugo. Las últimas tres malas zafras del central Mario Muñoz ha sido una confirmación reciente de cuanto escribo. Se precisa conocer que si, por ejemplo, uno de cuatro molinos se avería,  el saber y la experiencia agroindustriales exigen que la fábrica se detenga para reparar la rotura. Poque si el ingenio continúa moliendo con tres, el azúcar del molino defectuoso se bota, se pierde.

Por ello también podrá sonar el campanazo para llamar y  aglutinar  a muchos maestros del trabajo, jubilados y un tanto decepcionados, y convencerlos de que la nave de la república socialista necesita, hoy, todavía, de marineros expertos para llegar al banco de los panes y los peces. Y si no respondieran, al menos, hay que promover y respetar a los más aptos en la dirección, la técnica y la ética. Son, sin fraseologías ineptas, los más confiables, aunque digan no cuando crean que deben decir no.  (Publicado en Juventud Rebelde)

ANNA ARDIN, JULIAN ASSANGE Y LA DISIDENCIA CUBANA

ANNA ARDIN, JULIAN ASSANGE Y LA DISIDENCIA CUBANA

 Por Félix Población (España)

Se cierra el círculo

En la foto, Anna Ardin durante  un programa de la Tv sueca sobre Cuba

Encuentro el nombre de Annita Ardin, la ciudadana sueca que acusó a Julián Assange de violación, en una crónica que publica hoy el corresponsal del diario Público en La Habana, Fernando Ravsberg, bajo el titular: Españoles, suecos y mexicanos van a Cuba a financiar la disidencia. La tal Annita está asociada al secretario general de las juventudes democristianas de Suecia, Jens Aron Modig, compañero de viaje del dirigente de Nuevas Generaciones del Partido Popular Ángel Carromero, detenido ahora en Cuba como consecuencia del accidente automovilístico  en el que perdió la vida el disidente cubano Osvaldo Payá, sin que a ninguno de los otros dos pasajeros le ocurriera nada. 

Según otro disidente, Manuel Cuesta Morúa, antes de Jens Aron Modig vino a Cuba la mismísima Anna Ardin, con idénticos objetivos: alentar y financiar los focos de disidencia que existen o podrían fomentarse en la isla, algo que según confesión propia, y a instancias de sus respectivos partidos, vinieron también a promover tanto el ciudadano sueco como el español, en este caso con una nada generosa aportación de 4.000 euros que habrían entregado a Payá. 

La información acerca de la identidad de Anna Ardin fue difundida en su día por The Raw Story (diciembre de 2010), cuando la mujer acusó al director de Wilileaks de unos delitos sexuales que no tenían relación alguna con una violación, sino con el sexo por sorpresa o sexo inesperado, esto es, sin utilización de preservativo. Una investigación verificada entonces por Israel Shamir y Paul Bennett en CounterPunch, y cuyos datos fueron ignorados por la mayoría de los medios al uso y abuso, reveló que Anna había nacido en Cuba, trabajó para la asociación disidente Las Damas de Blanco y fue colaboradora de la revista Misceláneas Cubanas, en la que publicaba diatribas contra el régimen castrista. Según el profesor Michael Seltzer, ese grupo estaba dirigido por Carlos Alberto Montaner, vinculado con la CIA. 

Shamir y Bennett señalaron que “Las Damas de Blanco reciben financiamiento del gobierno de Estados Unidos y cuentan entre sus partidarios con Luis Posada Carriles“. Un documento desclasificado en 1976 reveló que Posada era entonces agente de la CIA y sus abogados han sostenido que mantuvo vínculos con la agencia por 25 años. Ha estado vinculado con ataques terroristas que mataron a decenas de personas. La información de la mencionada revista afirma que Ardin " estaba unida a militantes por la equidad de género en la universidad de Uppsala, que optaron por asociarse con ese grupo de mujeres cubanas financiado por Estados Unidos y apoyado abiertamente por ese terrorista”, según observó Kirk James Murphy en Firedoglake. 

En agosto de 2010, Assange le dijo a Al Jazzeera que las acusaciones contra él eran “claramente una campaña de desprestigio”. ”Se nos ha advertido que, por ejemplo, el Pentágono está planeando usar trucos sucios para destruir nuestro trabajo”, dijo Assange al diario sueco Aftonbladet. El fundador de Wikileaks señaló entonces que fue advertido de tener cuidado con “las trampas del sexo.” ¿Habrá caído Assange en una de esas trampas? -Tal vez, sí. Tal vez no”, dijo.

Pendiente de la respuesta que el gobierno ecuatoriano dé a la solicitud de asilo político planteada por Julian Assange, decisión que se tomará al término de los Juegos Olímpicos de Londres, es comprensible que la madre del fundador de Wikileaks tema por la vida de su hijo, caso de que este sea extraditado y juzgado en Estados Unidos. Esto ocurriría en la ciudad de Alejandría, estado de Virginia, donde los contratistas de Defensa del gobierno estadounidense tienen mucho poder. Ellos son los que hicieron su agosto a costa de las guerras de Irak y Afganistan, cuyas vergüenzas aireó Assange a través de Wikileaks mediante miles de documentos clasificados. 

(Fuente: Piensa Chile; Tomado de Cubaperiodista

 

MARAVILLAS DEL "MUNDO LIBRE"

MARAVILLAS DEL "MUNDO LIBRE"

La periodista Lydia Cacho abandona México por amenazas de muerte

La escritora y periodista mexicana Lydia Cacho se ha visto obligada a salir de México después de que recibiera vía telefónica nuevas amenazas de muerte en su contra, dijo la también defensora de los derechos de la mujer.

Cacho, quien reside en el balneario mexicano de Cancún, recibió el domingo pasado en un equipo de radiocomunicación una amenaza de muerte proveniente de una fuente cercana, al parecer, de miembros del crimen organizado, tras la cual abandonó de inmediato el país.

"No te metas con nosotros o te vamos a mandar a casa en pedacitos", dijo una voz desconocida a través del aparato, según relató esta semana la propia Cacho al Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York.

"En cuanto sucedió me preocupé, siempre se siente horrible escuchar algo tan grotesco", dijo Cacho, quien explicó se alarmó aún más cuando asesores de seguridad le explicaron que las transmisiones de radiocomunicación se interceptan desde distancias cercanas a menos de 5 kilómetros.

Explicó que al parecer las amenazas provienen de algunos presuntos delincuentes que habían sido señalados en su libro ’Esclavas del Poder’, y que estaban vinculados con la trata de mujeres para la prostitución.

Cacho dijo que no regresará a México mientras no tenga las garantías para su vida, pero afirmó que sigue trabajando en un nuevo libro.

En una acción urgente lanzada este viernes, Amnistía Internacional México pide a las autoridades mexicanas garantizar la seguridad de la periodista y adoptar medidas "efectivas de protección", así como la apertura de una "investigación inmediata, exhaustiva e imparcial sobre las amenazas" y llevar a los responsables ante la justicia.

La activista empezó a recibir amenazas y agresiones después de que publicó en 2005 el libro ’Los demonios del Edén’, en el que denunció una red de pornografía infantil, protegida supuestamente por políticos y empresarios de los estados de Quintana Roo y Puebla.

Desde entonces, Cacho ha sido objeto de amenazas debido a la defensa de los derechos humanos de mujeres y niños. (Efe, México)

 

 

 

UN SEVERO CONFLICTO DE CONCIENCIA

UN SEVERO CONFLICTO  DE CONCIENCIA

Luis Sexto

La muerte accidental de Oswaldo Payá junto con  uno de los miembros del Movimiento Cristiano Liberación, promete una saga larga, tan larga que a cualquier conciencia clara, con valores morales le resulta muy embarazoso comentar, escribir o lograr una conclusión acerca de la conducta de Ofelia Acevedo, viuda de Payá.

El dolor  es siempre respetable. Pero las últimas declaraciones a la prensa extranjera de Ofelia Acevedo, ya no la  construyen como una mujer adolorida por la muerte de su esposo. Más bien, uno percibe un tono de provocación, un manifiesto deseo de obtener ventajas políticas de la muerte de su cónyuge.  Es decir, con sus últimas declaraciones está diciendo: Él no está, pero estoy yo.

El eje de su actuación consiste en ese recurso dialéctico o retórico que se llama petición de principio: probar lo que se defiende con el mismo hecho aún no probado. Dicho así, en términos especializados, parece nebuloso, incomprensible. Pero nada ha de extrañarnos, pues la actitud de Ofelia Acevedo es también extraña. Por ejemplo, ella no se percata de la contradicción cuando el boletín de Cubaencuentro reproduce declaraciones como esta: Ni ella ni su familia han dicho en ningún momento que el dirigente opositor fuera asesinado ni que no haya sido un accidente. “Solo he dicho que la versión que vi en la televisión no la acepto”, insistió Acevedo.

Pero si usted no acepta la versión que dio la TV, que es la oficial, es porque duda de que haya sido un accidente. Qué otro sentido tiene esa contumaz negativa a aceptar las explicaciones de los peritos.  Después,  intenta justificar su posición en declaraciones a medios internacionales en su casa de La Habana: “No voy a acusar a nadie ni estoy buscando culpables, sencillamente quiero que se me aclare más sobre el hecho porque he tenido toda una vida de amenazas, de represión y de intimidación contra mi familia”.

Es decir, si la actividad opositora ilegal de Payá, alguna vez le causó algún trastorno doméstico, es suficiente para dudar de cualquier explicación oficial. Incluso,  tampoco cree en las declaraciones de los dos extranjeros cuya visita a Cuba, indirectamente, enlutaron su hogar. A fin de cuentas, Carromero iba conduciendo el auto accidentado y quedó vivo junto con el sueco Modig. Pues bien, Ofelia Acevedo no cree  en  las aseveraciones de ambos, porque   fueron dichas “bajo la presión de la seguridad del Estado cubano”.

 A pesar de que la corresponsal de la AP en la Habana, le preguntó a Modig  delante de numerosos periodistas extranjeros, si cuando llegara a Suecia iba a decir lo contrario, este dijo que había hablado sinceramente. Los cubanos lo vimos y lo oímos por la TV. Mas, la viuda de Payá conoce el guión para estos casos, sabe lo que ha de decir: el Gobierno cubano y la Seguridad  del Estado obligaron  a dos políticos europeos a decir  lo que conviene a la versión oficial. ¿Qué instrumentos de tortura les habrán mostrado? ¿Acaso los mismos que la Santa Inquisición le mostró a Galileo, para que negara sus teorías, que negó?  La versión se desploma por falta de sustento. Carromero y Modig son dos políticos jóvenes, pero saben hacer política, incluso clandestina, al entrar en Cuba como turistas. Si ellos se hubieran negado a mentir, por mucho que los hubieran amenazado, el Gobierno cubano habría  afrontado un conflicto internacional que más que beneficiarlo, hubiese enconado las circunstancias actuales del país.  Posiblemente, Ofelia Acevedo crea que las personas que dirigen el Gobierno y la Seguridad en Cuba poseen muy escasa inteligencia.

Por supuesto, la viuda de Payá  negó también la intervención del dinero en este caso.  Nos quieren obligar a admitir  que Carromero y Modig vinieron a Cuba a pasear, a saludar a Payá y su familia. ¿Hemos de creerlo? ¿Dos políticos de la extrema derecha europea invierten tiempo y dinero en un viaje para saludar a sus amigos? Uh, dice Shakespeare: algo huele a podrido en Dinamarca.

Desde luego, Ofelia Acevedo  negará  siempre lo del dinero, aunque Modig haya dicho que lo trajo. Dijo una cifra, una mínima cifra, pero parece, según comentarios por ahora en el anonimato, que era  12 veces más que  los  4,000 euros declarados. El Movimiento Cristiano Liberación  necesitaba dinero. Era evidente que Payá  había venido a menos, hasta el punto que, entre los corresponsales extranjeros, se le calificaba de “cadáver político”. Ya no interesaba su aparente política de oposición pacífica, reconciliadora, ni esa imagen de opositor que trabajaba en un departamento de la salud pública cubana… Pero  la Democracia Cristiana sueca  y el Partido Popular de España, de acuerdo con lo visto y sabido, se interesaron por revitalizar al grupo condenado a languidecer sobre el prestigio decadente  de su jefe. Y enviaron a dos dirigentes juveniles, para  reorganizar y  prometer apoyo. Y  el dinero hizo válida la promesa y la misión: mucho dinero, que también sirve para hacer política y vivir. ¿O acaso Payá mantenía a su familia con su sueldo, tan  devaluado como el de la mayoría de los cubanos? Es conocido: Viajaban a Santiago de Cuba. ¿Para disfrutar del paisaje y del calor? Evidentemente, iban a Santiago no con el fin de García Lorca: dar una conferencia, sino  para reorganizar las bases del Movimiento Cristiano Liberación. Y sabiendo uno cuáles son las técnicas empleadas por la llamada oposición cubana, se asume que, para sumar adeptos y promover la acción, entre ellos el dinero opera como intermediario imprescindible.

Las conclusiones son duras. Por ello titulé este post como Un severo conflicto de conciencia. Escribo sobre un hombre fallecido a destiempo y de manera inútil. Y menciono a su esposa, que sufre la pérdida. Pero no soy yo quien mezcla llanto con política.  Quieren , a mi modo de ver, que la muerte de Oswaldo Payá no sea inútil, y que muerto,  desde un aparente martirio, ayude a resucitar su organización opositora, cuyo nombre proponía los métodos y la actuación del cristianismo en la "liberación" de Cuba. Los mártires atraen más que los héroes.

Sin embargo, con pesar me niego a creer que Payá era un patriota honrado. Un día, hace cerca de diez años, me envió un mensaje electrónico con este breve texto: "Luis, hasta cuándo vas a seguir sirviendo al diablo". La pregunta me pareció elemental, indigna de alquien que presumía de ser un líder político, aunque pocos lo supieran dentro de Cuba. No le respondí. Nada había en sus propuestas que pudieran convencerme de que defendía empeños constructivos. Ya había sido recibido en la Casa Blanca y saludado como un prohombre a quien los norteamericanos consideraban  aliado, al menos aliado por no decir  instrumento. Ese acto tan flagrante de dependencia, y ahora, y tal vez antes,  haber aceptado dinero de dos partidos de la ultraderecha europea, para “liberar a Cuba” de eso que ellos llaman “dictadura feroz del comunismo”, me obligan a que no lo considere un patriota ni un cristiano honrado. Ni Martí, ni incluso Fidel Castro, recibieron dinero extraño para promover sus ideas cuando sus bolsillos solo estaban llenos  de ideales.  Quien dice trabajar por la patria con el presupuesto de poderes extranjeros, concertados para refundar una Cuba que comulgue con sus intereses, actúa contra la ética y la integridad de la patria y la independencia. A ese principio me atengo.

Por todo lo dicho, Oswaldo Payá vivirá una larga saga mientras  su nombre, envuelto en el sudario de un martirio falsificado y emponzoñado por los vivos, sea capaz de… obtener dinero.