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PATRIA Y HUMANIDAD

¿CUÁL DE ESTAS VERSIONES DE LOS EE.UU. PREFIERE?

¿CUÁL DE ESTAS VERSIONES DE LOS EE.UU. PREFIERE?

JAMES CARTER,  trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos. Premio Nobel de la Paz, 2002.

“Los Estados Unidos está abandonando su papel como el campeón mundial de los derechos humanos. Las revelaciones de que altos funcionarios están involucrados en el asesinato de personas en el extranjero, incluidos ciudadanos estadounidenses, son sólo la prueba más reciente de hasta qué punto es inquietante la violación en nuestra nación de los derechos humanos y cuánto se ha extendido esta práctica.

“Esto se inició después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, y ha sido validado e intensificado por los ejecutivos de ambos partidos y las acciones legislativas, sin gran oposición del público en general. Como resultado, nuestro país ya no tiene autoridad moral sobre estos temas críticos.

“Si bien el país ha cometido errores en el pasado, el abuso generalizado de los derechos humanos durante la última década había tenido un cambio dramático. Con el liderazgo de los Estados Unidos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada en 1948 como “el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.” Este fue un compromiso valiente y claro que contenía a los poderes que intentaban oprimir a o lesionar a personas, y establecía la igualdad de derechos de todos a la vida, la libertad, la seguridad, igual protección ante la ley y limitaba la tortura, la detención arbitraria o el exilio forzado.

“La legislación reciente ha dado el derecho legal al Presidente para detener a una persona indefinidamente bajo sospecha de afiliación con organizaciones terroristas o “fuerzas asociadas”, un poder demasiado amplio y vago que puede ser objeto de abuso, sin una supervisión significativa de los tribunales o el Congreso (la ley está siendo bloqueada por un juez federal). Esta ley viola el derecho a la libertad de expresión y a la presunción de inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, otros dos derechos consagrados en la Declaración”.

Junto con esa regla arbitraria que permite el asesinato de un individuo por aviones no tripulados, previamente declarado como un terrorista enemigo, se ejecutan a mujeres y niños inocentes y se acepta esto como inevitable. Después de más de 30 ataques aéreos contra viviendas de civiles este año en Afganistán, el presidente Hamid Karzai ha exigido el fin de tales ataques, pero la práctica continúa en las zonas de Pakistán, Somalia y Yemen, que no se encuentran declaradas como territorios de guerra. No sabemos cuántos cientos de civiles inocentes han muerto en estos ataques, cada uno de ellos aprobado por las más altas autoridades en Washington. Esto hubiera sido impensable en tiempos anteriores. (Publicado en The New York Times el 25 de junio de 2012, en la página A19)

CONDOLEEZZA RICE, ex secretaria de Estado DE LOS EE.UU

 “Estados Unidos no es cualquier país, somos excepcionales en la claridad de nuestras convicciones respecto a que el libre mercado y las personas libres tienen la clave del futuro.

“No debemos perder de vista la manera en la que democracia se fortalece en el hemisferio Occidental. La ayuda de EE.UU y las políticas de comercio pueden contribuir con las democracias en América Latina para responder a los dictadores populistas.

“Una política sólida de libre comercio fortalecerá nuestra economía e influencia en el exterior, también contribuiría con el desarrollo de nuestros recursos internos, tal como la plataforma de energía norteamericana.

“Los altos precios del petróleo fortalecen a Venezuela, Rusia e Irán. Estamos desarrollando fuentes alternativas de energía, pero ellas no reemplazarán los hidrocarburos en mucho tiempo. Es una dicha que gran parte de nuestra demanda, tal vez toda, se pueda cubrir internamente y en cooperación con los aliados de EEUU, México y Canadá.

El apuro por cortejar nuestros adversarios ha eclipsado las relaciones con aliados de confianza. Nuestro compromiso con Europa ha sido esporádico y, en ocasiones, desdeñoso. Las relaciones estratégicas con la India, Brasil y Turquía no se han fortalecido, ni profundizado en los últimos años. Hugo Chávez, junto con los iraníes, han transgredido nuestro gesto de amistad.

 “El pueblo estadounidense debe inspirarse para liderar de nuevo. (…) Si fallamos, habría un vacío, que probablemente pueden llenar aquellos que no defienden el balance del poder en pro de la libertad. Esto sería una tragedia para los intereses estadounidenses y los valores de quienes los comparten”. (Con información del Financial Times, 27 de julio de 2012)

THOMAS MERTON,  monje trapense del monasterio de Nuestra Señora de Getsemany, en Kentuky, fallecido en 1968.

“Cierto que hay un gran peligro para una nación que sigue jugando a cow boys y pieles rojas en su imaginación, ¡pero con bombas de hidrógeno y submarinos polaris a su disposición.

(…)

“No sé hasta qué punto nuestros ideales son ahora una fachada para el egoísmo organizado y la responsabilidad sistemática. El negocio de los refugios antiatómicos hizo patente con claridad que algunos americanos no andan muy lejos de la ley de la jungla. Si nuestra sociedad de opulencia se desmorona alguna vez y se le quita la fachada, ¿qué nos va a quedar? Supongamos que en efecto tenemos guerra, y quedan cincuenta millones de personas para contarlo: ¿qué clase de gente van a ser? ¿Qué clase de vida van a vivir? ¿Por qué  normas? No podemos seguir viviendo cada cual para sí. El peligro más efectivo de todos es que un día, sin darnos cuenta, vayamos a para a una sociedad fascista bien apretada, en que todos los resentimientos y la culpabilidad de los revueltos adolescentes (y de los mayores) se canalice en un surco de destrucción.

“Vivimos en un mundo de sueños. No nos conocemos a nosotros mismos, ni conocemos a nuestros adversarios. Somos mitos para nosotros mismos, y ellos son mitos para nosotros. Y estamos secretamente convencidos de que podemos resolverlo a tiros como los sheriffs de la TV. Eso no es la realidad, y el Presidente puede hacer mucho por lograr que la gente lo vea, más que nadie. Si consigue que el país haga frente a la realidad y la acepte y trate de arreglárselas con ella sobre una base de cordura, sin esperar milagros a cada paso, podremos empezar a recapacitar, y eso es lo que demasiada gente ha tirado por la borda.” (Semillas de destrucción, Editorial Pomaire, Barcelona, 1964)

CASO PAYÁ: ACTUALIZACIÓN DE UNA MALA PELÍCULA...

CASO PAYÁ: ACTUALIZACIÓN DE UNA MALA PELÍCULA...

Luis Sexto

CONFIRMA THE  ASSOCIATED PRESS DESMENTIDO DE ACCIDENTE INTENCIONAL (31 de julio, 10: 20 am)

LA HABANA (AP)— Los dos políticos europeos que iban en el automóvil accidentado en el cual murió el disidente cubano Oswaldo Payá la semana pasada desmintieron las versiones de que hubieran sido sacados de la carretera por otro vehículo o que fuera intencional.

"Frené por que vi el bache y la arena, perdí el control del coche porque habíamos entrado en una zona con grava... a nosotros no nos dio ningún vehículo por la parte trasera", dijo el español Angel Carromero en declaraciones a la policía y cuyo video fue mostrado a periodistas por las autoridades el lunes.

El gobierno ofreció los comentarios de Carromero, quien iba manejando y también presentó en persona ante los corresponsales extranjeros al sueco Jens Aron Modig, instalado como copiloto en el vehículo.

Payá, de 60 años, y el también disidente Harold Cepero murieron el 22 de julio en una zona cercana a la ciudad de Bayamo, a unos 800 kilómetros al este de la capital, cuando el vehículo terminó su derrapada estrellándose de costado contra un árbol. Ambos iban en el asiento trasero sin los cinturones de seguridad colocados.

"Le pido a la comunidad internacional que por favor se centre en sacarme de aquí y no en utilizar un accidente... que podría haberle pasado a cualquier persona, con fines políticos", dijo Carromero.

Modig confirmó ante los periodistas las palabras de Carromero de que no había ningún otro automóvil y también rechazó otra versión en el sentido de que él enviara mensajes por teléfono celular comentando esto a colegas en Estocolmo, como circuló inicialmente entre grupos opositores que incluso culparon al gobierno.

"No tengo el recuerdo de que haya habido otro auto", expresó Modig, quien venía dormitando.

Carromero es dirigente de la organización Nuevas Generaciones del Partido Popular y Modig miembro de la Juventudes Cristianas Demócratas de Suecia, ambos viajaron como turista, aunque reconocieron que su misión era entrevistarse con Payá y traerle dinero para sus actividades.

Las autoridades isleñas cubanas suelen acusar a los disidentes de no ser opositores genuinos y de recibir dinero y orientaciones de grupos de interés en contra del gobierno cubano.

Modig, que afirmó que ya había venido a la isla en 2009 para entrevistarse con disidentes, dijo qu en esta visita debía entregar unos 4.000 euros a Payá.

"Tengo entendido que estas actividades no son legales en Cuba y desearía disculparme por haber venido a este país para realizar actividades ilícitas", dijo Modig con tono apesadumbrado.

Un comunicado de la Policía el viernes indicó que las autoridades cubanas continúan con el "proceso investigativo y de instrucción penal" por lo que Carromero podría sufrir penas de cárcel por ser autor de la muerte de dos personas en un accidente de tránsito.

La Embajada Española en Cuba indicó que se espera el informe del fiscal para el caso, mientras Modig dijo a los periodistas que no sabía cuándo regresaría a Suecia.

Un portavoz del partido demócrata cristiano de Suecia, al que pertenece Modig, dijo que éste recibió autorización para salir de Cuba y que lo haría pronto.

"Ha sido liberado de la custodia cubana y se encuentra actualmente en la embajada sueca. Y están tratando de ponerlo en el primer vuelo de vuelta a casa", dijo Jonathan Lindgren a The Associated Press por teléfono desde Suecia.

DECLARACIONES DE LA VIUDA DE PAYÁ (30 de julio, 18: 25 hrs)

La viuda de Oswaldo Payá ha dicho, y las agencias cablegráficas han difundido, que ella no estará segura de si la muerte de su esposo fue accidental o criminal, hasta tanto el español del PP, Ángel Carromero, y el sueco de la Democracia Cristiana, Jens Aron Modig, no salgan de Cuba y hagan declaraciones sin la presión de las autoridades cubanas. La señora Payá parece dominar bien las técnicas de manipulación, y ya nos está anunciando lo que vendrá cuando ambos falsos turistas puedan repetir cualquier guión sin miedo. Preparado el terreno, podría ser fácil dudar del accidente. A ella, sea dicho con respeto y mesura hacia su dolor, le conviene que Payá haya sido víctima de un crimen político: SIRVE A LA CAUSA DE SU DIFUNTO ESPOSO: COMBATIR AL GOBIERNO DE CUBA. En fin, que en política, el ciego nunca es ciego, se hace el ciego o la ciega. A veces es conveniente querer ver lo que otros quieran que uno vea.

Ahora leamos la información que publicó hoy el periódico La República, de España: 

El joven de Nuevas Generaciones del PP retenido en Cuba, Ángel Carromero, retenido en Cuba por el accidente de tráfico en el que murieron dos personas, entre ellas, el opositor Oswaldo Payá, ha pedido a la comunidad internacional que “se centre” en sacarle de la isla y no utilice este trágico incidente “con fines políticos”.

“Le pido a la comunidad internacional que por favor se centre en sacarme de aquí y no en utilizar un accidente de tránsito, que podría haberle pasado a cualquier otra persona, con fines políticos”, ha dicho Carromero en vídeo divulgado este lunes por el Gobierno cubano durante una conferencia con corresponsales extranjeros en el Centro Internacional de Prensa en La Habana.

En el vídeo, grabado en un lugar no precisado de la isla, se puede ver a Carromero sentado en un silla y con aparente buen estado de salud. En breves minutos, el joven de NNGG explica algunos (detalles) del accidente y aclara que “ningún vehículo” golpeó “por detrás” el coche que él conducía y en el que viajaban Payá, el opositor Harold Cepero, también fallecido, y el político sueco Jens Aron Modig.

Carromero reconoce que antes del accidente circulaba a 80 kilómetros por hora, según marcaba el cuentakilómetros, pero que en el momento del siniestro no recuerda cuál era la velocidad exacta. “Frené porque vi el bache y la arena, perdí el control del coche porque habíamos entrado en una zona con grava”, ha señalado.

Por su parte, Modig ha explicado en su intervención en la rueda de prensa que había viajado a Cuba junto con Carromero CON TRES PROPÓSITOS FUNDAMENTALES,  UNO DE ELLOS ERA DAR DINERO A PAYÁ. (Subrayado de Luis Sexto. También pido que nos fijemos en lo que dijo Carromero: ningún vehículo nos golpeó por detras, y la foto que aparece en este blog lo confirma. Los remito a la foto de arriba. Tampoco los golpeó por los lados, salvo el golpe en la puertas trasera izquierda ocasionado por el árbol que detuvo el auto).

UN NUEVO ACTOR SE SUMA A ESTE FILME CLASE Z. (29 de julio, horas de la mañana en Cuba):

"Carl Gershman, presidente de la National Endownmen forDemocracy (NED), acaba de publicar un artículo en The Washington Post acusando al gobierno cubano de haber asesinado al miembro de los “movimientos disidentes”  Oswaldo Payá, quien falleció junto a otra persona al accidentarse el vehículo en que viajaba, conducido por un político español que reconoció su reponsabilidad en el siniestro al no percatarse de una señal de límite de velocidad, dato que Gersham oculta a los lectores del Post". (Párrafo tomado de Cubahora)

Cuando una persona o un personaje determinado formulan públicamente una acusación tan seria, lectores, televidentes, radioyentes y cinevidentes tienen que preguntarse, en primer lugar, quién es el que acusa, de qué modo la acusación beneficia sus intereses, qué pruebas presenta de su imputación, y luego intentar responder para qué y por qué querían matar a la víctima, quién ganaba o perdía con esa muerte, y si se trata de un hecho político intentar entender si políticamente era recomendable o, por el contrario perjudicaba a los presuntos criminales. De ese modo podemos proteger nuestra inteligencia de la manipulación.  Ya sabemos quién es Carl Gershman: dirige la NED, y esta institución fue creada, según  The New York Times en su primera plana el 31 de marzo de 1997, en un texto firmado por John M. Broder,  “para hacer de manera abierta lo que ha hecho la Agencia Central de Inteligencia subrepticiamente durante décadas, dona 30 millones cada año para brindar apoyo a cosas como partidos políticos, sindicatos, movimientos de disidentes y los medios de prensa en decenas de países.”

Con esos elementos podemos evaluar la acusación del señor Carl Gershman. Y concluir que, en caso de creer que no fue un accidente, esto es, un hecho fortuito, a quienes convendría la muerte de Oswaldo Payá y su colega de la oposición, es a mister Gershman, a la CIA, al exilio contrarrevolucionario de Miami, al Partido Popular de España... Casualmente, dados a especular, uno de los cuadros jóvenes del PP conducía el auto y quedó vivo. Con la muerte accidental de Payá y Harold Cepero los medios globales de propaganda periodística, incluso los políticos de casas ilustres como la Blanca de Washington, disfrutarán de unos días para justificar cualquier acción contra Cuba, la de dentro, aunque la mayoría de los cubanos en el extranjero sea perjudicada por cualquier  medida de restricción del gobierno y el congreso de USA. Ya comprobamos, pues, cuán fácil la imaginación se desmanda cuando quien oye, ve y lee no se detiene, como decía el poeta Antonio Machado, a distinguir la voces de los ecos, o lo que es igual: la verdad de la mentira. 

A continuación continúa  on line  la crítica al guión de El Nuevo Herald, y la nota de prensa del Ministerio del Interior, tras realizar las pruebas periciales de rigor sobre el accidente donde murieron  Oswaldo Payá y Harold Cepero

Primeramente, temprano en la mañana, El Nuevo Herald nos proyectó  una película del Sábado a media noche, y nos contó, entre colores de horror,  el accidente de tránsito donde  murieron  Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero Escalante,  dos  nombres casi becados en las  páginas del periódico miamense.

Iban junto a dos extranjeros: el español Ángel Francisco Carromero Barrios y el sueco Jens Aron Modig,  agentes políticos de la derecha europea, pero con identidad de turistas en Cuba para enmascarar su actividad ilegal. De pronto, sigue informando El Nuevo Herald, en  un tramo de  la carretera Tunas-Bayamo un camión se les echó  encima y los sacó de la vía. Y Payá y Cepero fallecieron. Antes del fin, una conclusión: El Gobierno cubano los asesinó. Eran dos destacados disidentes.

Claro, hay es que preguntarse de qué Payá y su socio eran disidentes. Ellos -y los demás como ellos- no disentían de nada. Simplemente, apoyados por países como Estados Unidos y España, hacían oposición contra el gobierno cubano para cambiarlo por otro, por el que Washington, al fin, diera su beneplácito.  Como vemos, hasta con el diccionario está peleado el Herald, aunque también es un mal guionista de cine.

Porque sin encomendarse a la verdad, esa santa tan milagrosa, El Herald determina qué ha pasado en una remota carretera de la provincia de Granma en Cuba, cuando los cuatro se dirigían a Santiago de Cuba. Y uno, que ha aprendido a pensar, tras la lectura del truculento filme de mal periodismo, saca lógicamente una cuenta digna de cualquier coeficiente mental de 95. Bueno, si el gobierno cubano quería matar a un opositor venido a menos, peleado hasta con la jerarquía de su Iglesia, la Católica  y hasta con el Papa,  ya uno empieza a dudar, no solo de la honradez, sino, sobre todo, de la inteligencia de los gobernantes cubanos. Luego, si por razones que uno no imagina, era pertinente quitarle la vida, por qué dejaron vivos a los dos extranjeros que podrían contar la verdadera historia. Todo, todo olía desde el principio a truculencia, a esa truculencia que la gente del Herald todavía no ha aprendido a zurcir con hilo invisible.

Después, pensé: Si murieron Payá y Cepero es porque el auto corría excesivamente y ellos iban sentados detrás, sueltos. Y los dos extranjeros, solo magullados, iban delante, asegurados por el cinturón  y con visibilidad suficiente para percatarse, momentáneamente,  del accidente. Por mi experiencia como conductor,  suele ocurrir así cuando el vehículo sale de la carretera y se vuelca o se impacta. Los de atrás, no tienen cómo sostenerse y se golpean. Si un camión los hubiese botado hacia la cuneta tal vez el hecho hubiera resultado más grave en sus consecuencias, y ninguno habría sobrevivido. Este análisis elemental me deshacía la tonta película de gánsteres que  El Nuevo Herald  les suministró, sin ningún respeto por las víctimas, a los familiares y a los lectores.

 En fin, una vez más el lema de El Nuevo Herald falla y se vuelve en su contrario: Habla mal del gobierno cubano, no importa qué y…. mentirás.

Si no me equivoco, a inicios de mi carrera como periodista trabajé  en una revista con quien, a la distancia de 40 años, me lo figuro como padre  de Oswaldo Payá. No sé si Alejandro vive o ha muerto, y  si no preciso correctamente  su parentesco con el occiso, de cualquier manera,  si fuese el padre, y a pesar de cuanto me separaba de su hijo en lo político, le envío mis condolencias.

 Ahora les dejo con la nota oficial del Ministerio del Interior, con una visión pericial del accidente del pasado 22 de julio.  

NOTA OFICIAL

27 Julio 2012

Como informó el diario Granma, el pasado 22 de julio a las 13:50 horas, un auto Hyundai Accent matrícula de turismo T31402, se salió de la vía y se impactó contra un árbol en un tramo de la carretera Las Tunas-Bayamo, en la localidad de Las Gabinas, provincia Granma.

En este lamentable accidente fallecieron los ciudadanos Oswaldo José Payá Sardiñas y Harold Cepero Escalante; mientras que resultaron lesionados leves los extranjeros Ángel Francisco Carromero Barrios y Jens Aron Modig, de ciudadanías española y sueca, respectivamente.

Durante el proceso investigativo, se precisó que el vehículo salió de La Habana sobre las 06:00 horas de ese día, conducido por Ángel Carromero, y se dirigió a Santiago de Cuba. Jens Aron viajaba en el asiento delantero derecho; Oswaldo Payá en el asiento trasero izquierdo y a su lado Harold Cepero. Estos dos últimos no llevaban puesto el cinturón de seguridad.

El tramo de la carretera en que ocurrió el accidente está en reparación y por espacio de unos dos kilómetros no se encuentra pavimentada la superficie de rodamiento, lo cual lo convierte en una especie de terraplén con abundante gravilla; por tanto, muy resbaladizo. El análisis pericial arrojó que el lugar es una vía recta que cuenta con buena visibilidad y había una señal que indicaba la existencia de hombres trabajando en su mantenimiento, precedida de otras similares que alertan a los conductores de los tramos en reparación.

Al respecto, el apartado dos del artículo 127 de la Ley 109, de seguridad vial, establece que “no se debe conducir un automóvil a una velocidad mayor de 60 kilómetros por hora en camino de tierra o terraplén”; y en el 128 que “Sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos anteriores, en relación con el límite general de velocidad, el que guíe un vehículo o animal por la vía debe tener pleno dominio de su movimiento y está obligado a moderar la marcha y si es preciso detenerla siempre que la circulación, estado de la vía o la visibilidad lo imponga”, en especial, “cuando la superficie está resbaladiza por agua, grasa, arena, lodo u otras sustancias o éstas puedan proyectarse hacia los vehículos y peatones”.

El dictamen pericial y las declaraciones de tres testigos presenciales del accidente: José Antonio Duque de Estrada Pérez, Lázaro Miguel Parra Arjona y Wilber Rondón Barrero, permitieron establecer que el auto irrumpió al terraplén a exceso de velocidad. Al respecto, el Capitán Jorge Fonseca Mendoza, perito del lugar del hecho (12 años de experiencia), apuntó que el conductor aplicó los frenos de una manera abrupta, ochenta metros después de haber entrado al terraplén, perdió el control del vehículo y el carro giró del costado izquierdo por espacio de 63 metros, con el frente hacia la cuneta y el maletero hacia el centro de la vía, hasta impactar con un árbol en el borde derecho de la carretera, lo cual confirma la extrema velocidad con que era conducido.

José Antonio Duque de Estrada, trabajador del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), quien reside en el municipio granmense de Río Cauto y transitaba por el lugar del hecho en una bicicleta, declaró al Órgano de Instrucción:

“El carro me pasó a alta velocidad por al lado, con seguridad iba a más de 100 kilómetros por hora. Rebasó a un tractor que también iba en la misma dirección y después vi una tremenda polvareda, cuando entró a un tramo que está en mal estado. Al aproximarme, ya con menos polvareda, vi al carro impactado contra un árbol en la cuneta. A mi modo de entender, la razón más clara que yo veo del accidente es el exceso de velocidad. Al caer en el terraplén no es lo mismo que en el pavimento, no hay freno que valga, el carro no se sujeta, se desliza y se impactó contra el árbol”.

Por su parte, Lázaro Miguel Parra Arjona, tractorista del INRH y vecino de La Sal, en el municipio Yara, confirmó esta versión: “El carro me adelantó a gran velocidad; luego vi la nube de polvo fuerte y cuando bajó el polvo pude ver el auto impactado en el árbol que está en la cuneta”.

Tanto José Antonio como Lázaro conducían en la misma dirección del auto accidentado, pero Wilber Rondón Barrero, campesino de Río Cauto, venía en dirección contraria, a unos cien metros de distancia del sitio donde ocurrió el siniestro. “Cuando me acercaba vi que el carro perdía el control y se impactaba contra un árbol de la cuneta”, declaró.

Un equipo de la Dirección de CriminaIística integrado por: Teniente Coronel Misael Fontes Pérez, oficial de la Sección de Averías, Explosiones e Incendios (19 años de experiencia como perito); Teniente Coronel Inardi Reyes Uriarte, Jefe de la Sección Provincial de Criminalística de Granma (11 años de experiencia como perito); y el Capitán Jorge Fonseca; de conjunto con Fidel Núñez Guevara, Jefe de Ingeniería del Tránsito en la provincia Granma (9 años de experiencia como perito), concluyó categóricamente que el conductor manejaba a exceso de velocidad y que el vehículo presentaba una abolladura de 67 centímetros de ancho con 45 centímetros de profundidad en el lateral izquierdo trasero, perpendicular al eje longitudinal del auto (lugar donde viajaban los fallecidos), como consecuencia de un fuerte golpe que deformó sustancialmente el monochasis y el techo, cuyas características y dimensiones se corresponden con el tronco del árbol referido.

El dictamen médico forense indica que Oswaldo Payá falleció instantáneamente a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico como resultado del fuerte impacto recibido; mientras que Harold Cepero murió en el hospital clínico quirúrgico Carlos Manuel de Céspedes, de la ciudad de Bayamo, debido a una insuficiencia respiratoria aguda por tromboembolismo pulmonar graso del lóbulo superior del pulmón izquierdo, derivada de la fractura fragmentada del fémur izquierdo.

Ángel Carromero declaró al Órgano de Instrucción que no recordaba haber visto la señalización que alerta sobre el estado en que se halla la vía. Añadió que irrumpió al terraplén a una velocidad que no puede precisar, debido a que no iba observando el cuentamilla y al percatarse de que transitaba sobre grava, intentó disminuir la velocidad mediante un frenazo brusco y el auto comenzó a resbalar de lado hasta impactarse contra el árbol. Jens Aron declaró que él estaba dormitando cuando sintió el frenazo y el desplazamiento lateral del vehículo; luego perdió la conciencia.

A partir del análisis lógico del tiempo de viaje (cerca de ochocientos kilómetros en menos de ocho horas, con tres paradas intermedias), las declaraciones de los testigos y el estudio pericial del lugar del hecho y el vehículo, el equipo investigativo evaluó que Ángel Francisco Carromero Barrios debió conducir a una velocidad promedio superior a los 120 kilómetros por hora y que frueron su falta de atención al control del vehículo, el exceso de velocidad y la incorrecta decisión de aplicar los frenos de manera abrupta en una superficie resbaladiza, las causas que determinaron este trágico accidente que costó la vida a dos seres humanos.

Continúa el proceso investigativo y de instrucción penal, en correspondencia con las leyes cubanas. (Tomado de Cubadebate)  

NUESTRA SEÑORA DE LAS LETRAS

NUESTRA SEÑORA DE LAS LETRAS

Luis Sexto

Deben permitírmelo hoy, como ayer. No puedo al hablar de Fina García Marruz,  sin convocar la emoción. La siento como a alguien invisiblemente cercana, influyendo en mí con su delicadeza de espíritu, la maestría de su estilo y la profundidad de su saber y su sabiduría. Demás está decir, pues, que la mantengo entre mis escritores guías, mis correctores a distancia. Cuando me dispongo a leerla, debo deshollinar mi conciencia: ir a las páginas de Fina tan limpio como los ojos del que ve por primera vez. Sus libros me lo exigen.  Sus poemas o sus ensayos, en particular los que develan la figura y la obra de Martí, equivalen a un bautismo en las aguas de un ejercicio literario tan honrado que contagia de blancura a cuantos se le aproximan.

La mirada interior de esta señora de las letras cubanas, cuyo nombre ella prefiere que nos llegue en voz baja, en presencia humilde, escurridiza, como la violeta que se esconde y teme usar un adjetivo para no dañar su perfume, ha definido a la poesía como “el secreto de la vida”. 

Esa cápsula de índole filosófica se conoció en público el pasado mes de mayo. Había ganado el concurso Federico García Lorca, en España, entre 43 pretendientes, y ante la travesía  atlántica en que el reloj parece demorar su tic taquear en la fatiga, José María Vitier, uno de sus hijos,  la representó y leyó el discurso que la poetisa había escrito para recibir premio tan literariamente sugestivo y moralmente sustantivo, por el poeta que lo nombra.

En el discurso que José María leyó en Granada, Fina García Marruz escribió como poetisa y como ensayista. Las diferencias entre una y otra condición, a mi parecer, son de síntesis, porque la intensidad  del disparo es pareja. Uno aprecia que el método y el estilo del ensayo se apoyan en la lírica, en la poética actitud del que penetra en una idea, un asunto por un impulso de amor, como en un poema. Y con ambos filos indagadores, Fina advierte que la poesía tiene un misterioso significado. Tantos años pensándola y llamándola, posiblemente le permitan intuir el significado de la poesía. Pero la autora de Visitaciones esta atenta de no pasar de decir que es un misterio, una sugerencia, muy velada sugerencia que solo podemos sentir como una emoción apenas intuida al escribirla o leerla.

A la poesía –ha sostenido- no se le ha de señalar fines. Sería no comprender que el poeta ha de vivir dentro de ella, porque la poesía no es otra cosa que el secreto de la vida. Sus fines no son visibles.

Pero si no son visibles sus fines, la obra poética de Fina García Marruz se apega visiblemente a la tierra, a las cosas que la rodean. Sus ojos se fijan en esa columna de la casa familiar, en el encaje de una sábana, en la línea del ferrocarril por la que ya no pasan los trenes, en aquel nombre apenas recordado, el árbol ya distante… Todo aparece con el ropaje que convierte en misterio la interiorización de las cosas,  y ya disueltas en el poema, florecen como surcos, desgarraduras en el papel.

¿Y para tanta hondura no ha de bastarle el talento y la cultura?  Le sobra algo más: la unidad entre lo humano, la ética y la letra, a cuyos elementos se suma la cubanía. Porque esta mujer de cultura universalizada por sus vivencias y conciencia, es literaria y éticamente cubana. De una ética que se afinca en las letras ejemplares de Varela, Luz, Martí. De esta mujer nacida  en 1923, que ha decursado por nuestra cultura de brazos, par a par, con Cintio Vitier, fallecido, pero seguramente a su lado; de esta mujer podemos esperar definiciones que nada definan para definir mejor lo que apenas se puede asumir como se asume el misterio de la rosa. El misterio queda esclarecido cuando  la ceguera se asoma a las luces de lo oscuro.

De qué otro modo, pues, podré de hablar de Fina si desde cuando la leí no la pude ya jamás olvidar -ah, este entrometido y  pertinaz verso de Amado Nervo…

 

 

Matanza en los Estados Unidos: ¿POR QUÉ?

Matanza en los  Estados  Unidos: ¿POR QUÉ?

 

 Por Marcelo Colussi

“Prefiero despertar en un mundo donde Estados

Unidos sea proveedor del 100 % de las armas

mundiales”. Lincoln Bloomfield, funcionario del Departamento

de Estado de Estados Unidos.

 En estos días murieron 12 personas en una balacera en Estados Unidos, y alrededor de 50 resultaron heridas. Lo cierto es que ya no resulta novedad la noticia de una masacre en ese país. Lo curioso a tener en cuenta en estos casos es su modalidad: un “loco” que se pone a matar gente a diestra y siniestra, armado hasta los dientes, en medio de una escena de aparente tranquilidad ciudadana. Estamos tan habituados a eso que no nos sorprende especialmente. Si el mismo hecho ocurriera, por ejemplo, en una nación africana o centroamericana serviría para seguir alimentando su estigmatización como “países pobres y, fundamentalmente, violentos”. Allí, en el Sur del mundo, la violencia y la muerte cotidiana adquieren otras formas: no hay “locos” que se broten y produzcan ese tipo de masacres; la muerte violenta es más “natural”, está ya incorporada al paisaje cotidiano, recordando que muere más gente de hambre -otra forma de violencia- que por proyectiles de armas de fuego.

La repetición continuada de estos sucesos tremendamente violentos obliga a preguntarse sobre su significado. Si bien es cierto que en muchos puntos del planeta la violencia campea insultante con guerras y criminalidad desatada, luchas tribales o sangrientos conflictos civiles, no es nada común la ocurrencia de este tipo de matanzas, con esa forma tan peculiar que la potencia del Norte nos presenta casi con regularidad. Si ocurren, como sucedió hace un año en Noruega, constituyen una catástrofe nacional. En Estados Unidos, por el contrario, ya son parte de su estampa social “normal”.

Explicarlas sólo en función de explosiones psicopatológicas individuales puede ser una primera vía de abordaje, pero eso no termina de dar cuenta del fenómeno. Sin dudas que quienes la cometen, quienes terminan suicidándose en muchos casos, pueden ser personalidades desestructuradas, psicópatas o psicóticos graves; simplemente “locos” para el sentido común. ¿Pero por qué no ocurren también en los países del Sur plagados de guerras internas y armas de fuego, donde la cultura de violencia está siempre presente y las violaciones a los derechos humanos son el pan nuestro de cada día? ¿Por qué se repiten con tanta frecuencia en la gran potencia? Ello habla de climas culturales que no se pueden dejar de considerar. La violencia no es patrimonio de las “repúblicas bananeras”, en absoluto, aunque cierta versión peliculesca -estadounidense, por cierto- nos intente acostumbrar a esa visión.

Ese patrón de violencia fenomenal que desencadena periódicamente masacres de esta naturaleza no es algo aislado, circunstancial. Por el contrario, habla de una tendencia profunda. La sociedad estadounidense en su conjunto es tremendamente violenta. Su clase dirigente -hoy por hoy, clase dominante a nivel global- es un grupo de poder con unas ansias de dominación como jamás se vio en la historia, y el grueso de la sociedad no escapa a ese clima general de violencia, entronizado y aceptado como derecho propio.

Exultante y sin la más mínima sombra de duda o recato el por ese entonces candidato a representante de Washington ante Naciones Unidas John Bolton, en el 2005 y en medio del clima de “guerras preventivas” que se había echado a andar luego de los atentados de las Torres Gemelas, pudo decir que “cuando Estados Unidos marca el rumbo, la ONU debe seguirlo. Cuando sea adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a nuestros intereses, no lo haremos”. Es decir: la gran potencia se arroga el derecho de hacer lo que le plazca en el mundo, y si para ello tiene que apelar a la fuerza bruta, simplemente lo hace. Esa es la cultura estadounidense. El vaquero “bueno” matando indios “malos” cuando lo desea; así de simple.

Estados Unidos ha construido su prosperidad sobre la base de una violencia monumental (por cierto, como todas las prosperidades de los imperios: a la base siempre hay un saqueo. La propiedad privada es el primer robo de la historia). La Conquista del Oeste, la matanza indiscriminada de indígenas americanos, el despojo de tierras a México, la expansión sin límites a punta de balas, el racismo feroz de los anglosajones blancos contra los afrodescendientes -con linchamientos hasta no hace más de 50 años y un grupo extremista como el Ku Klux Klan aún activo al día de hoy- o el actual racismo contra los inmigrantes hispanos legalizado con leyes fascistas, toda esa carga cultural está presente en la cultura estadounidense. Único país del mundo que utilizó armas nucleares contra población civil -no siendo necesarias en términos militares, pues la guerra ya había sido perdida por Japón para agosto de 1945, cuando se dispararon-; país presente en forma directa o indirecta en todos los enfrentamientos bélicos que se libran actualmente en el mundo, productor de más de la mitad de las armas que circulan en el planeta, dueño del arsenal más fenomenal de la historia con un poder destructivo que permitiría hacer pedazos la Tierra en cuestión de minutos y productor de alrededor del 80% de los mensajes audiovisuales que inundan el globo con la maniquea versión de “buenos” versus “malos”, Estados Unidos es la representación por antonomasia de la violencia imperial, del desenfreno armamentístico, del ideal de supremacía. Las declaraciones de Bolton citadas más arriba no pueden ser más elocuentes.

Su símbolo patrio, el águila de cabeza blanca, lo pinta de forma cabal: ave rapaz por excelencia, muchas veces se alimenta de carroña o robando las presas de otros cazadores, conducta “ladrona” que llevó al padre de la patria Benjamin Franklin a oponerse vehementemente a la designación de este animal como representación del país. [El águila blanca] “no vive honestamente. Por haraganería no pesca por sí misma. Ataca y roba a otras aves pescadoras”, escribió indignado fundamentando por qué no debía ser esa ave el símbolo nacional. Obviamente, sus ideales no triunfaron.

Lo que sucedió estos días en el estreno de la película de Batman, repetición de dramas más o menos similares en estos años, es consecuencia natural -y ¡obligada!, se podría decir- de una historia donde la apología de la violencia y de las armas de fuego está presente en los cimientos de su sociedad. “El derecho a poseer y portar armas no será infringido”, establece tajante la segunda enmienda de su Constitución. Para salvaguardar este derecho y “promover y fomentar el tiro con rifle con una base científica”, en 1871 se fundó la Asociación Nacional del Rifle, hoy día la asociación civil más vieja del país, con cuatro millones de miembros y treinta millones de allegados y simpatizantes. Por lo que puede apreciarse, la pasión por las armas (¿por la muerte?) no es nueva. Las masacres son parte fundamental de la historia de Estados Unidos.

De acuerdo con informaciones de la organización Open Secrets, en los últimos años distintas instancias que buscan restringir las armas de fuego han invertido alrededor de un millón y medio de dólares en sus campañas, en tanto la Asociación Nacional del Rifle para ese mismo período ha cabildeado gastando más de diez millones de dólares para mantener intocable la segunda enmienda.

 Si es cierto, como dijera Freud, que no hay real diferencia entre psicología individual y social, porque en la primera está ya contenida la segunda, la “locura” del joven asesino de estos días no es sino la expresión de una cultura de violencia que permea toda la sociedad estadounidense haciéndola creer portadora de un “destino manifiesto”. Pero la realidad es infinitamente más compleja que vaqueros “buenos” contra indios “malos”.  (ARGENPRESS.info)

 



DE PARÍS AL CARIBE

DE PARÍS AL CARIBE

Luis Sexto

El único dato diariamente comprobable en los orígenes geográficos y sociales del café es que el mundo cabe en una taza: cuando un sector duerme, el otro amanece bebiéndolo. Por lo que se relaciona con sus orígenes, podría decirse que en Etiopía descubrieron sus propiedades estimulantes, en tiempos medidos como antes de nuestra era, y que hacia el siglo X de la nuestra, pasó a los países arábigos, que le dieron nombre científico -Coffea arábiga- e inventaron el “café” como espacio físico donde beber la infusión y que derivó en uno de los principales establecimientos socializadores de la humanidad.  

Pero habría que dudar de tanto dato. Porque en “Les Cafeiers Du Globe”, publicado con fecha de 1929, según referencias bibliográficas, el investigador francés A. Chevalier asegura que ningún indicio fiable confirma que  el café se haya plantado en  Arabia antes del siglo XIV. Y alega una prueba que estima definitiva: ni el Coran, ni la Biblia hebrea o cristiana mencionan el café.

En cambio, parece saberse que el café llegó a Cuba en un complicado recorrido. Empieza hacia 1714, cuando el alcalde de Amsterdan -otras fuentes dicen que fue el emperador  Mohammed IV- regaló al rey Luis XIV una postura del cafeto. La colocaron en los invernaderos reales donde vegetó como una rareza, porque sólo se cultivaba  en Abisinia y Arabia, y desde hacía muy poco en Java y Sumatra.

En esos días, viajó a París el oficial Gabriel Desclioux. Quizás una tendencia a las empresas imposibles lo inspiró a creer  que el café podía aclimatarse en el Caribe. Y se agenció un gajo.  Al regreso a la isla de Martinica, la travesía derivó en una réplica del Calvario sobre el agua. Y Desclioux  pudo darse cuenta que su espontánea vocación botánica o empresarial  lo transformaba en un elegido.  Ah, señor, sería inútil contar con detalles los infinitos cuidados que he necesitado otorgar a esta delicada planta, durante el largo viaje, y las dificultades y vigilancia que le he dedicado para evitar que un hombre envidioso la destrozara.  

Ante tanta quejumbre uno puede creer que el oficial francés tuvo un acceso de fiebre, o una neurosis lo poseyó durante el viaje, que como tiempo mínimo tardaba dos meses, y que en esa ocasión el mar osciló entre los enviones del viento tempestuoso y una espesa calma chicha, un estar abotargado, que por su frecuencia redujo las reservas de agua de la nave. Durante más de un mes, el oficial compartió su ración con el cafeto, mirando receloso de un lado a otro. Porque debía guardarse de un holandés, que enterado de la misión de Desclioux, quería echarle al mar o arruinarle con agua contaminada la gloria de ser el primero en traer la raíz de la amarga, placentera, estimulante  bebida al Nuevo Mundo. O pretendía impedir que los intereses de Holanda tuvieran un competidor en las Américas. . Señor, a veces me desesperé, confiesa Desclioux. Y llegó un momento en que sentí una pena infinita ante mi impotencia para proteger aquel tallo fino y delicado como el de un clavel.

Ya en su casa,  la primera acción de  Desclioux fue  plantar el arbolito en la zona de su jardín más propicia al crecimiento. El oficial habla por momentos como si le hubiesen asignado una misión mortal por la gloria de su Francia. ¿Qué entresuelos resuenan en las intermitencias de esta historia tan ingenuamente natural?  ¿Qué podría entonces saberse del café como para que tras la planta primigenia en el Nuevo Mundo se concertara el espionaje, el peligro, la persecución?  Parece que ya se sabía toda la reserva de placer y negocio del cafeto. No lo creerá, señor, pero tuve que vigilarlo constantemente, ya que querían arrebatármelo, hasta que, al final, me vi obligado a rodearlo de una cerca de espinos y establecer una vigilancia permanente de tres soldados  hasta su madurez.

Creamos desde el futuro a tan esforzado portador.  Podemos suponer las razones de la inquietud casi enfermiza del francés: el café subía hacia las preferencias del comercio mundial. Y en 1726, cinco años después, la primera cosecha. Descliux confesó alborozado en sus memorias que  el éxito sobrepasó sus mayores esperanzas. Recogió sobre dos libras de semilla, que distribuyó entre todos cuantos, según su opinión, dedicarían  lo necesario al desarrollo de la planta.

Más tarde el café saltó a Santo Domingo. Y de ahí lo introdujo en Cuba Antonio Gelabert,. Ningún historiador duda de que este  funcionario de las finanzas  coloniales lo plantó en su finca de El Wajay, en 1748, cerca del hoy  aeropuerto internacional de La Habana. En ese poblado celebran tradicionalmente la fiesta del café. Tienen el derecho de los pioneros. Y muestran la presencia, aun conservada de un cafetal donde, afirman,  por primera vez en Cuba creció el grano  que Martí llamó “la mejor forma del oro”, y que medio siglo después se transformó en "uno de los grandes personajes de la Historia de Cuba", de acuerdo con don Fernando Ortiz.

Sin embargo, una inexactitud nos aviva la atención.   Hace unos cinco años, este periodista probó documentalmente que el cafetal Aurora, cuya casa de vivienda se conserva casi dentro del mismo pueblo, no fue el cafetal fundador. La finca de Gelabert estuvo situada en las áreas que en el siglo XX  pertenecieron al ex presidente Alfredo Zayas, en las afueras de El Wajay. La Aurora perteneció a otros propietarios, y cuanto queda de patrimonio material  lo define como un cafetal del XIX. (Tomado de La palma de la mano)

LA PIEDRA Y EL TROPEZÓN

LA PIEDRA Y EL TROPEZÓN

Luis Sexto

No sé cuándo quise responder la pregunta de por qué el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra. Creo haber dicho que tropezaba porque desconocía las lecciones del pasado o porque… quería. Claro, me basaba en esa verdad que circula convertida en una frase latina: Errare humanum est. Es decir, que es propio del ser humano equivocarse, pero equivocarse dos veces en el mismo terreno, en el mismo asunto… Ah, ya eso es algo más que equivocarse.

Lo pienso ahora como lo pensé hace meses. Y regreso al tema, porque  oí decir que en Cuba estábamos acostumbrados a trabajar sobre el error. Lo decían con seriedad. Y no con ánimo de crítica, sino aceptando que esa era nuestra norma, nuestro método. Equivocarnos y tratar de rectificar. No resulta esa, desde luego, mala política. Uno yerra y corrige el error. Saludable. Justo. Lo que ocurre es que el contexto en que tan filosófico aspecto se ventilaba, admitía que habitualmente se corregía el error… con otro error.

Así el problema cambia de faz. Y lo que se apreciaba como un rostro amable, se transforma en la cara arrugada, repulsiva, de la bruja de Blanca Nieves, o en la del Retrato de Dorian Gray, libro de Oscar Wilde, cuyo personaje, en un pacto con el diablo, se mantenía joven, pero su imagen adquiría las arrugas de todos sus yerros y pecados. Al final, podemos imaginar aquella pintura. Espantaba. ¡Cuánto mal había hecho aquel sujeto en su perdurable juventud! Su historia se resumía en un error sobre otro error.

No quisiera, pero debo admitir  que por algunas esquinas de nuestra patria pululan los retratos de Dorian Gray. Esos que rectifican a ojo pelado, siguiendo imperativos cuya ejecución es inmediata, sin pretextos, burocráticamente ordenada y burocráticamente ejecutada. Y la película filma y filma metros de cinta sin cambiar de imagen: Hoy corriges aquello que hiciste mal, y mañana, cuando se hace necesario rectificarlo, actúas cañoneando la razón en una segunda vuelta. Y la noria gira, gira, gira…

El hombre como especie, y con este  muchos de nuestro hombres y mujeres -sean obreros, profesionales, funcionarios, gobernantes-  tropieza, pues, dos veces con la misma piedra, porque ignora las lecciones de la historia, la experiencia, la ciencia, o porque desea equivocarse; le importa poco el gasto, que al fin no paga, y sólo le interesa cumplir a cualquier costo. Lamentablemente, todo esto no significa la trama de una novela o el guión de una película. Es verdad. La mentalidad burocrática nos empuja, incluso, a no tener en cuenta a la gente. ¿Que hace daño? ¿Que la solución de un problema molesta a los vecinos? Bueno, se sigue diciendo que no estamos para reparar en exquisiteces. Y si hace diez años les molestaba, ahora, con la solución, se agrava la molestia. La queja  no es solo un capricho, un preciosismo vecinal.  Tengamos en cuenta que aquello violó las leyes sobre el medio ambiente, y que esto otro, el llamado mejoramiento, las sigue violando, y los vecinos han sufrido perjuicios y los seguirán, ahora padeciendo. En suma, dos perjudicados: leyes y ciudadanos. Y también   la racionalidad de la economía y la justicia social. ¿Adónde vamos a parar?

 Ahora, en la actualización de la sociedad, en su reforma, en sus replanteos, ojalá que este filme, o este libro sobre la fábula del retrato de Dorian Gray no sea verdad. Y que el griego que lo dijo no tenga nuevas razones para seguir diciendo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero,  apartando incapacidades y malas intenciones, si seguimos tropezando, habrá que llamar en nuestro auxilio a otro refrán: El ojo del amo engorda el caballo. Esto es, allanemos los caminos, desterremos las piedras de nuestros campos. Y pongámonos a dirigir el tránsito, con los cien ojos de un pájaro mitológico.  Y quien siga tropezando, convirtiendo en papel estrujado las ideas y directrices básicas para hallar las rutas seguras y provechosas, pague sin justificaciones al  "ojo del amo", a pesar de cuanta piedra tiran desde  Miami o Washington, que nos han ayudado muy generosamente a tropezar, aunque ellos modestamente lo nieguen.

Lo repito: quien sólo molesta, estorba, distorsiona debe  por iniciativa personal quitarse, y si no se quita, el Gobierno debe quitarlo. Y, sobre todo, abrirles el paso a los más aptos, que a veces siguen en las cunetas viendo sus mejores tiempos pasar... Y viendo al país avanzar muy lentamente, entre viejos tropezones. En este momento, podríamos inventar otra frase capsular:  el que poco avanza, se va quedando atrás.

Cólera en Miami

Cólera en Miami

 

Por Lorenzo Gonzalo*

Recientemente leí un escrito del periodista cubano Pedro Hernández Soto, publicado en la revista Moncada, hablaba del cólera en Cuba.   

Me pareció interesante, porque en estos días quienes vivimos en la ciudad de Miami y leemos El Nuevo Herald estamos al hervir el agua por miedo al contagio.  

Dicho periódico lleva días hablando del tema.  

Por más que he buscado en periódicos internacionalmente conocidos, aun en aquellos que responden a ciertas políticas anticubanas dirigidas desde el Departamento de Estado de Los Estados Unidos de América, a través de su organización subversiva USAID, no he podido saber nada del asunto. En cambio El Nuevo Herald le otorga una cobertura de tal envergadura, que deja el sabor de un acontecimiento apocalíptico en Cuba.  

El periodista Soto, en ocasiones con sentido del humor, habla del asunto y ofrece datos que muchos quizás no leyeron o que quizás los leyeron y ya los han olvidado.  

En Miami hubo un caso de cólera en el año 2010 (uno solo que se sepa), traído de Haití en los primeros momentos del brote en ese país, el cual fue mencionado con brevedad en las noticias y luego silenciado porque “el derecho a la privacidad” no permitía mayores informaciones. Soto también hace referencia a 11 personas enfermas por dicho virus en el año 2011 en la ciudad de Miami, de acuerdo a un informe del Departamento de Agricultura de La Florida, en el cual se explicaba que una rotura en una cloaca de East Point o quizás una operación de dragado en la zona 1642, ocasionó la infección.  

Menciona también el colega Hernández Soto que desde el año 1999 han ocurrido en el país 73,000 infectados y 61 muertos, debido a la Escherichia Coli 0157:H7. El Nuevo Herald no habla de esto, pero si decide hacerlo ruborizado por el artículo de Hernández Soto, por favor que sea discreto y no explote la noticia porque las tragedias demandan reverencias y no comparsas festivas.  

Pero más allá de la magnificación de algo que puede ocurrir en cualquier país, lo que debemos destacar no es siquiera la propaganda feroz en contra del Estado cubano y las ofensa permanentes contra los cubanos, sino el odio morboso que la irracionalidad política en contra del gobierno de la Isla, genera en ese pequeño y poderoso grupo al cual se pliegan bochornosamente periodistas y gente de saber.  

El hecho a destacar es la morbosidad. A El Nuevo Herald poco le ha faltado para crear un espacio que podría llamar “el colerómetro”, dedicado a señalar  en detalle cuántas víctimas por hora se producen en Cuba, acompañado de una minuciosa descripción de sus estertores. Por supuesto sería un medidor fantasioso porque hasta hoy, nada de lo dicho en ese sentido es cierto. 

No menos importante que lo señalado, son las noticias mostradas por otros medios, especialmente radioemisoras, quienes usando de base la “información objetiva del Herald”, mencionan el asunto para inferir del mismo, una supuesta irresponsabilidad del gobierno cubano por haber enviado miles de médicos y personal de salud a Haití para combatir las enfermedades causadas por el terremoto, entre ellas el cólera. 

O sea, aquello que constituye un ejemplo de abnegación por parte de esos profesionales y una respuesta ética de un Estado, ante la desgracia de un vecino pobre y maltratado como Haití, es trocado en un acto de irresponsabilidad, lo cual dice mucho de la bajeza moral de quienes se refieren a estos hechos con morbosidad y con una alegría que no pueden ocultar. 

El odio visceral que sienten ante la incapacidad demostrada para actuar y pensar de acuerdo a los nuevos tiempos, formando parte del debate y la búsqueda de soluciones para Cuba, lo manifiestan en bajezas como esas, alegrándose de las tragedias de la Isla, de los partidos deportivos que pierden sus jugadores en los eventos internacionales y de algunos amorales que reniegan de sus orígenes. 

Si un país merece gran respeto es Cuba, cuyo Estado a pesar de ser objeto desde hace más de cincuenta años de una de las mayores violaciones de derechos humanos de la historia, materializada por un Bloqueo brutal implantado por Los Estados Unidos de América, es capaz de compartir lo que tiene en aras de razones humanas.

En Cuba hay cólera. No debe ser algo del otro mundo como insinúa El Nuevo Herald, pues ni siquiera el Departamento de Estado se ha atrevido a hacer mención del hecho. Pero aun si lo fuera, no sería causa de asombro, por cuanto lo sucedido se debe a razones humanitarias que merecen respeto y no la crítica ruin y morbosa de una prensa que insiste en el amarillismo.

El gobierno cubano, como norma, aplica una política discrecional respecto a determinadas noticias, para no echar leña a ese fuego causado por un país que insiste irracionalmente en ser su enemigo. Pero es bueno indicar, que quienes nos informamos y actuamos sin prejuicios, reconociendo aciertos y errores propios y ajenos, podemos asegurar que ante los problemas de salud de su población, el gobierno cubano ha actuado con energía y no ha escatimado recursos.

Es verdad que en una de las regiones orientales de Cuba hay cólera, según ha reportad el gobierno cubano, pero la peor de las cóleras, cólera de la mala, hace años que anda suelta por las calles de Miami. 

Se trata de la cólera de un grupo de desarraigados, que actúan incentivados por una tremenda carga de odio y por un fanatismo comparable solamente con los criminales que estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas de New York.

Para aquellos que nos consideren exagerados al decir lo anterior, señalaremos que esa cólera fanática es tal, que en una oportunidad fue capaz de derribar un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en pleno vuelo y de muchas barbaridades más que no dejaremos de recordar.

Es urgente una dosis de vacunas para el cólera de Miami.

Debemos vacunar con urgencia a El Nuevo Herald y a sus emisoras satélites para proteger a la población del odio demencial de estas personas.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU. Subdirector de Radio Miami. 

 

UN HOMBRE, LA LEY Y LA LETRA

UN HOMBRE, LA LEY Y LA LETRA

 

Luis Sexto

Aún lamento no haberme equivocado cuando, en 1986,  Waldo Medina me llamó por teléfono para despedirse temporalmente. Ese fue, sin embargo, el adiós definitivo de nuestra amistad. Lo conocí personalmente a fines de la década de 1970. Yo pertenecía a la redacción de Trabajadores. Algún artículo mío, que a él le debe haber gustado, pudo haber favorecido un encuentro personal. Quizás un amigo común, también oriundo de Cidra, Enrique Pichardo, intervino para que nos conociéramos de cara a cara. No recuerdo el momento preciso, aunque su nombre me resultaba cercando, porque lo leía  en el periódico El Mundo donde Waldo publicaba en los 60.

Sólo cabe un término para calificar aquella relación entre un octogenario y alguien que comenzaba a discurrir por los 30 años: amistosa, pero con intimidad, confianza mutua. Yo veía en él a un maestro, un hombre cargado de méritos ciudadanos e intelectuales; y creo que él me juzgaba como un joven aprendiz que prometía ser periodista y escritor. Lo visitaba con mucha frecuencia en la casa de 23 y Paseo, en el Vedado, La Hsbana. Incluso me obsequió libros de su biblioteca, y algunos originales de sus artículos. Le reciproqué publicando una crónica sobre él en Trabajadores y también un comentario a su libro Cosas de ayer que sirven para hoy. Varios de mis primeros cuentos, los de aprendizaje, él los leyó. Y me estimuló: elevó mi autoestima y mi vocación literaria.  Incluso, cuando entregó en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) el original de un texto revelador sobre la insularidad penitenciaria,  Waldo me pidió que le escribiera el prólogo. Aquel libro, muy valioso por cuanto decía sobre el papel de las islas como prisiones, en particular Isla de Pinos, se extravió en la UNEAC sin publicarse.

Ante personajes como él habitualmente yo hablaba poco. Por ello sé  decenas de anécdotas con Waldo como protagonista. Darían un excelente libro.  He escrito un par de ellas en un volumen, aún inédito,  que se titula El primer viaje del diablo (Historias de bolsillo).  Esta es una: cuando el cura de Alacranes se negó a enterrar  a una guajirita que se había suicidado por amor, Waldo lo metió preso una noche, además de ordenar que se sepultara a la muchacha en el camposanto, que todavía administraba la Iglesia. Fue, en eso, muy valiente. Provocó a todo el Poder: El obispo de la diócesis,  el Gobierno y hasta el Tribunal Supremo. Pero verdaderamente dio la mejor lección de civismo y de caridad cristiana.

También podría recordar el día cuando, siendo juez de Corralillo, en Las Villas, el cacique del pueblo decidió matarlo, porque el “juececito” no se plegaba a sus órdenes y caprichos. Sobrevivió inexplicablemente a la balacera, pero le convirtieron su fisonomía en un queso gruyere.

Esa conducta intransigente, evidencia su entereza;  nunca se doblegó. Podíamos decir que tenía un corazón valiente en un cuerpo frágil y mínimo. Podría hablar  de su sentido de la justicia y de su generosidad para con los pobres y desvalidos. Me parece que  fue uno de los jueces más sobresalientes y distinguidos de la república de 1902, esa que llamamos seudo república. No llegó a ocupar grandes plazas; lo impidió,  según estimo, su actitud honrada, su incorruptibilidad moral.  En los juicios donde los garroteros y los casatenientes acusaban a sus deudores, estos nunca salían con la sentencia favorable del juez.  Waldo Medina siempre beneficiaba a la víctima: al que no podía pagar los intereses de un préstamo o el alquiler de la casa.    

Mereció el título espontáneo de Juez del Pueblo.

Algún pinero viejo lo  recuerda en Nueva Gerona,  Isla de Pinos -hoy De la Juventud- donde ejerció la magistratura del juzgado. Su devoción a José Martí y a la historia, y su ancha cultura cívica lo colocaron habitualmente al lado de las causas populares y patrióticas. Allí movilizó los centavos de la comunidad para reparar la casa de El Abra, la finca del catalán  José María Sardá, donde  Martí, adolescente, recién liberado del presidio político, vivió unos meses  antes de ser deportado. Waldo cumplió su deber aplicando la justicia de los pobres, nunca la de los ricos. Cuando Fidel estaba preso en el Presidio Modelo, allí lo visitó; era todavía  juez en Nueva Gerona. Fidel le dijo: Te van a botar por venir a verme. Y, en efecto, lo botaron del poder judicial.

No pudieron expulsarlo de la prensa. Paralelamente a su labor en los tribunales, había ejercidoa el periodismo en Bohemia y en El Mundo; además de en la radio. Han pasado los años y aún me gusta leer a Waldo. Sus crónicas y sus artículos de opinión, de corte ensayístico, tienen  calidad de estilo y tanta información que puede aún leerse con provecho y placer.  Prosa  andarina, rítmica, clara.  La emoción  se trasuntaba en el enunciado periodístico.  No se me olvida cuándo me contó, muy conmovido,  que en un viaje de vacaciones, poco antes de morir, un anciano se le había acercado al oírlo hablar, porque recordó su voz, que en un tiempo ya lejano había escuchado por radio. El viejo periodista aún no había sido olvidado.

No tengo  dudas al creer que está ahora olvidado. Su vida de entrega nunca esperó premios, pero la nación, la sociedad cubana, no puede prescindir del recuerdo de sus mejores ciudadanos. ¿A dónde mirarán las nuevas generaciones si olvidamos la historia y sus personajes? Waldo Medina es uno de los más eminentes hijos de Cidra, junto con Rafael Enrique Marrero, el poeta;  el padre de Enrique Pichardo, que incluso dirigió un periódico en esa zona –La Antorcha-,  y el propio Enrique, otra memoria que me acompaña señalándome la ruta del acierto con su filosa opinión.

Haber conocido a Waldo, haber sido su amigo cuando él duplicaba mi edad; haberlo oído, haber apreciado sus virtudes humanas y cívicas, componen una de las fortunas que la vida me concedió.  Y me alegro de haber aprendido a creer, respetar y oír a esos hombres mayores  que llegaron a mi existencia cuando ya iban de  retirada.  Ellos, él, llenan el desván que  todo escritor debe llevar a sus espaldas.

Lamento todavía no haberme equivocado cuando me comunicó aquella decisión que aplazó nuestra amistad no sé para qué tiempo y qué sitio. Tanta hondura alcanzó nuestra confianza que, cuando fue a ingresar para hacerse una revisión médica de rutina, me llamó para despedirse por unos días, y le aconsejé que renunciara. Los viejos,  advertí,  se parecen a los autos muy viejos,  y a los autos muy viejos no se les abre el motor. Fatalmente, mi intuición no desvío su carga agorera: murió un par de días después.