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PATRIA Y HUMANIDAD

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDAD?

Por Carlos Alzugaray Treto

 Obama en Miami

Tomado de Rebelión

Entre los días 8 y 10 de noviembre el tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos fue nuevamente objeto de manipulación por varios medios de prensa. El motivo fue una visita del Presidente Barack Obama a la ciudad de Miami que tuvo lugar en la tarde del viernes 8 denoviembre con fines de recaudación de fondos para las próximas campañas electorales para Senadores en Estados Unidos. Según la bitácora de actividades del Primer Mandatario que se puede encontraren el sitio web de la Casa Blanca, Obama llegó a Miami a las 3:45 pm para desarrollar las siguientes actividades: visita a un evento del Comité Nacional de Partido Demócrata a las 4:25 pm cerrado a la prensa; y breves intervenciones en dos funciones públicas de recaudación de fondos a las 6:20 y 7:45 en residencias privadas que sí estarían abiertas a la prensa. Como se ve una visita breve, focalizada en temas de política doméstica.

En condiciones normales, estas visitas no tendrían mayor trascendencia. De hecho el Presidente Obama llegó a Miami procedente de Nueva Orleans, donde había estado con semejantes propósitos y en esa ciudad no se generaron muchas noticias. No sucedería así con el periplo miamense. El propio día 8 la agencia EFE rompió el hielo con el siguiente titular: “Obama se reúne en Miami con disidentes cubanos Fariñas y Soler”. Sin embargo, poco tiempo después, el boletín electrónico especializado The Hill , una fuente imprescindible para seguir los principales acontecimientos políticos estadounidenses, se refirió a la misma actividad en un artículo de Justin Sink con el
siguiente titular: “Obama: E.U. debería ser ‘creativo y reflexivo’ en su política hacia Cuba”.

EFE ponía énfasis en el llamado “encuentro” e insinuaba que fue una larga entrevista, citando al anfitrión, Jorge Más Santos, Presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, quien, según la agencia, “manifestó que la reunión de los disidentes cubanos con Obama es ‘una gran señal de apoyo de la Casa Blanca’ a la oposición”.

The Hill, por su parte, reportaba que el Presidente había dicho que seguirá “actualizando” su política hacia Cuba y que se observaban cambios en la Isla. Como antecedentes de esa actualización se refirió a la flexibilización de los viajes a la Isla y al realizado por los cantantes Beyonce y Jay Z a La Habana con las nuevas licencias, tan criticado por sectores de la derecha cubano-americana de Miami. También informaba que las palabras de Obama tuvieron lugar en una función de recaudación de fondos (la tercera del día en Miami) en presencia de los Senadores demócratas Bill Nelson (Florida) y Michael Bennett (Colorado). No mencionaba ni a Berta Soler ni a Guillermo Fariñas, era como si no hubieran asistido.

Estos sólo fueron los cables iniciales. Al día siguiente hubo disímiles reacciones de los medios de prensa. Algunos destacaron en sus titulares fundamentalmente la noticia de la presencia de Fariñas y Soler en el evento, como lo hicieron El País (Obama se reúne en Miami con la disidencia interna de Cuba) y El Nuevo Herald (Primer Encuentro del Presidente con Opositores Cubanos: Obama se reúne en Miami con
Guillermo Fariñas y Berta Soler). Ninguno de los dos reportajes, firmados por Mayé Primera y Juan O. Tamayo respectivamente, hizo referencia directa alguna al discurso público del Presidente, citando solo a Más Santos, Soler y Fariñas. Ambos periodistas dan la impresión de que lo único que hizo Obama en la casa de Santos fue reunirse con estos y darles su apoyo.

El periódico La Opinión de Los Ángeles no sólo se hizo eco de esta versión de la noticia (Obama se reúne con disidentes cubanos en Miami) sino que le añadió un amplio reportaje de reacciones de los principales personeros del llamado “exilio”, reforzando con ello la idea de que había sido un encuentro histórico y que significaba que la Administración apoyaba a la “disidencia cubana”, como si eso fuera “un palo periodístico”. Solo al final del largo reportaje se refirió a que Obama estaba en Miami para recaudar fondos añadiendo: “A lo largo de su estadía en Miami, Obama ha manifestado la necesidad de que el Gobierno de Estados Unidos actualice sus políticas en relación a Cuba y señaló que no tiene sentido que las medidas puestas en marcha hace más de 50 años sigan siendo efectivas en la era de internet.”

Sin embargo, un buen número de medios consideraron que lo más importante eran los pronunciamientos del Presidente sobre Cuba en la reunión de marras en el que se refirió a la necesidad de actualizar la política hacia la Isla de manera “creativa y reflexiva.” Entre estos estuvieron ABC de España (Obama cree que EE.UU. debe revisar su política hacia Cuba); El Diario del Sur también de España (Obama empieza a ver ‘cambios’ en Cuba); Univisión de Estados Unidos (Obama afirma que EEUU debe revisar su política hacia Cuba); Progreso Semanal de Estados Unidos (Obama: Estados Unidos debe actualizar sus políticas hacia Cuba); y Associated Press de Estados Unidos (Obama: EU debe continuar actualizando sus políticas hacia Cuba). Aunque algunos de estos medios se refirieron a la presencia de Soler y Fariñas, obviamente esa no era la noticia.

¿Cómo interpretar todo esto? Lo que sucedió en realidad es que Jorge Más Santos organizó en su casa una cena de recaudación de fondos que duró entre 40 minutos y una hora, en la cual habló el Presidente. El discurso de Obama, que fue dado a conocer por el Federal News Service al día siguiente, deja claro varias cosas.

Lo primero, evidentemente, es que el Presidente no fue a Miami a reunirse con Soler y Fariñas, como El Nuevo Herald, El País y La Opinión, quieren hacer ver. Fue a recaudar fondos para el Comité Demócrata de Recaudación de fondos para campañas senatoriales, que encabeza el Senador Michael Bennett (Colorado). A esas actividades
asistió naturalmente el demócrata Bill Nelson de la Florida pues el otro senador de ese estado es el republicano Marco Rubio. Ambos, Bennett y Nelson fueron mencionados en el discurso por nombre y alabada su trayectoria. A los llamados “disidentes” los mencionó genéricamente.

Lo segundo, ¿por qué fueron invitados estos cubanos que se mueven entre La Habana y Miami con tanta facilidad pero que evidentemente no son fuertes donantes? Por una sencilla razón, fueron el anzuelo o señuelo que la Casa Blanca y Más Santos quisieron utilizar para atraer a algunos donantes más difíciles de convencer para que abrieran sus billeteras. Esta es la vieja táctica comercial de “bait and switch”, atraer al cliente con un producto llamativo y de bajo costo para después venderle otra cosa. Fueron pues dos invitados de piedra o “tontos útiles” según uno prefiera llamarles. Demostraron una vez más que son instrumentos de los círculos políticos norteamericanos que los usan para lo que les conviene.

Téngase en cuenta que en estas funciones, a las que el Presidente no puede dedicarle mucho más de 40 minutos o una hora de su apretada agenda, los comensales que pagan miles de dólares por asistir, tienen que compartir el tiempo entre ellos. Generalmente, los ayudantes del presidente se aseguran que los que más donan sean los que agarren quizás uno o dos minutos más con el presidente. El encuentro real dura segundos, lo que permite decir “Buenas tardes”, “Es un placer conocerlo”, “Sí, como no, me acuerdo de usted”, y “Gracias por llamarme la atención de ese problema¨.

Tercero, el discurso de Obama estuvo dedicado fundamentalmente a cuestiones domésticas: energía y necesidad de trabajar con el congreso para aprobar programas. Quizás le haya dedicado a Cuba un 25% del tiempo.

Téngase en cuenta que el contexto de Miami no es propicio para separarse del concebido guión de más mano dura y nada de concesiones o negociaciones. Incluso, hubo una época en que cuando los candidatos presidenciales iban a esa ciudad y hablaban de Cuba, cierta claque enardecida, partidaria precisamente del padre de Jorge Más Santos, el tristemente célebre Jorge Más Canosa, gritaba: “¡Guerra! ¡Guerra!”. Pero esos tiempos ya han pasado.

Pero veamos que dijo Obama, que la mayoría de los medios consideraron más noticia que el “no encuentro”:

“Hemos comenzado a ver cambios en la Isla”. Es cierto que lo dijo de una manera en que se insinuaba que era resultados de sus políticas pero vale recordar que no hace un año le dijo a una televisora hispana que no veía cambios. Así que se puede anotar como un hecho positivo.

“Y tenemos que ser creativos. Y tenemos que ser juiciosos. Y tenemos que continuar actualizando nuestras políticas.” Lo justificó argumentando que cuando Fidel Castro llegó al poder él acababa de nacer y que no se podía esperar que las mismas políticas funcionaran en la época de Internet y Google. No obstante, afirmó que el objetivo es el mismo, o sea, el cambio de régimen. Esto, por supuesto, no hace más que generar desconfianza entre la mayoría de los cubanos que no queremos injerencias foráneas en nuestros asuntos internos, como es natural. Aún teniendo en cuenta esto último es un cambio hablar de creatividad, medidas juiciosas y de seguir actualizando la política.

 Muchos despachos noticiosos asociaron varias frases del presidente en torno a la polarización existente en Washington como un obstáculo a la actualización de la política hacia Cuba, pero del texto del discurso eso no está claro. Parece referirse más a otras medidas. Aunque es cierto que las leyes Torricelli y Helms Burton aprobadas por el Congreso en 1992 y 1996 limitan la “creatividad” de su Administración. Así que si el Presidente lo que tenía en mente era conminar al Congreso a que lo apoye en la actualización de la política hacia Cuba, bienvenida esa iniciativa.

Dándole el beneficio de la duda, hay un giro de discurso novedoso con Cuba que permite avizorar que el Presidente está considerando otras medidas más positivas. Sus declaraciones contradicen dos importantes aspectos que son sustentados por lo más recalcitrante del lobby cubano-americano, en el cual se incluyen los Representantes Ileana Ross Lehtinen y Lincoln Díaz Balart, pero también los Senadores Marco Rubio y Bob Menéndez (este último de su propio partido), que en Cuba no hay cambios y que no hay que aflojar la política de mano dura. La política de Obama de flexibilizar los viajes de norteamericanos a Cuba es objeto de particular desdén y crítica. Este grupo tampoco está interesado en una política “creativa” y “juiciosa”. Para ellos, la política hay que mantenerla tal y cómo está y, si es posible, darle marcha atrás a algunas de las iniciativas de Obama.

Ya que el Presidente habla de cambios y creatividad, y confiando en que fue sincero, me permito hacerle desde la Habana las siguientes sugerencias:

Elimine a Cuba de la lista de estados promotores del terrorismo; después de todo es en La Habana donde el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia han negociado y alcanzado acuerdos de paz muy significativos. El poco creíble argumento de que Cuba está en la lista por sus relaciones con la FARC se caerá cual mustia hoja de parra.

Acceda a la demanda unánime de América Latina y el Caribe de que se invite a la próxima Cumbre de las América de Panamá en el 2015 al mandatario cubano Raúl Castro, hoy Presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericano y Caribeños (CELAC). No se puede pensar en nada más juicioso que reconocer una realidad: Cuba forma parte de América Latina y el Caribe y es uno de los actores más
reconocidos en la diplomacia continental por parte de los demás países de la región.

Como resultado de estas dos medidas que fomentarán la confianza mutua entre ambas partes, acepte la propuesta cubana de iniciar conversaciones para la firma de un acuerdo bilateral de lucha contra el terrorismo. En ese marco, explore la posibilidad de que ambas partes encuentren una solución mutuamente aceptable de carácter humanitario para que los ciudadanos de ambos países que actualmente
cumplen condenas en el otro por realizar actividades al servicio de los dos gobiernos sean liberados y puedan regresar a sus respectivos países para reunirse con sus familias. Me refiero por supuesto a los cuatro agentes anti terroristas cubanos que todavía se encuentran en establecimientos penitenciarios estadounidenses y al contratista de su  país que se encuentra bajo custodia cubana.

 Si tanto resultado han dado sus políticas de flexibilización de viajes, continúe ampliándolas. Otorgue licencias más abarcadoras como le han sugerido varios grupos de lobby contrarios al bloqueo, incluso el cubano-americano Cuba Study Group .

Finalmente, trate de que sus principales asesores o Usted se reúnan con la mayor variedad de cubanos posibles, no sólo con sus preferidos. Estos preferidos le dicen a los funcionarios norteamericanos lo que quieren oír pues no les interesa lo que se
piense de ellos en Cuba. Fíjese si eso es así, que uno de ellos, Fariñas, se retrató con Luis Posada Carriles, el Bin Laden latinoamericano, el mayor terrorista asesino de cubanos inocentes; y la otra, Soler, afirma que la Cuba de Batista, durante la cual se
torturó y asesinó a mansalva, “era una joyita”.

Puede haber muchos, pero sugiero cuatro candidatos que no son funcionarios gubernamentales propiamente dichos, son reconocidos por sus contrapartes en Estados Unidos, y tienen fundado prestigio dentro y fuera de Cuba. El Presidente de Estados Unidos que en el 2008 argumentó que había que hablar con todo el mundo, se beneficiaría de hablar con estas personas, pues todas son promotoras del cambio: Mariela Castro, que tanto ha contribuido a cambiar la perspectiva de los cubanos sobre las comunidades LGBT; Miguel Barnet, escritor y antropólogo cuya Biografía de un Cimarrón , traducida al inglés y a otros idiomas, narra la historia de un esclavo fugado de sus amos en el siglo XIX; Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad de la Habana, reconocido mundialmente como uno de los mayores expertos en la restauración de monumentos arquitectónicos; y Rafael Hernández, editor de la revista Temas, una de las publicaciones más abiertas y diversas de Cuba. Por cierto, asegúrese que sus funcionarios le den la visa a este último pues se la han negado tres veces a pesar de que entre el 2010 y el 2011 impartió cursos sobre Cuba las Universidad de Texas, Harvard y Columbia y es coautor de varios libros de colaboración entre académicos cubanos y norteamericanos.

Con estas cinco iniciativas, el Presidente demostrará si es verdad que va a enfocar la política hacia Cuba con “creatividad” y “juicio” y, lo que es más importante, comenzará a despejar los velos de desconfianza que separan a ambos países.


La era post exilio

La era post exilio

     Por Lorenzo Gonzalo
“No negocie con el gobierno castrista si no estamos nosotros presentes”. Este fue el mensaje de un tal Guillermo Fariñas, quien se define a sí mismo como opositor del gobierno cubano, al presidente Barack Obama.
 
Cuando yo era muchacho, estudiante de bachillerato, agitador callejero que protestaba contra la dictadura de Batista, nunca se me hubiera ocurrido decirle a Ike Eisenhower, presidente estadounidense en ese entonces, que no negociara con el Dictador si no nos incluía a nosotros en el pastel del mando.
 
En realidad los problemas de los países deben resolverse entre los ciudadanos que allí viven, excepto que nos encontremos en presencia de un gobierno que masacra a las personas en la calle, allana sin razón las moradas asesinando a sus ocupantes e impone normas basadas en la exclusión sistemática de los ciudadanos respecto a los asuntos públicos.
 
En casos como esos la comunidad internacional tiene obligaciones éticas, morales y pragmáticas para impedir cualquier tipo de exterminio masivo a manos de un grupo de Poder.
 
Cuba en realidad no tiene parecido con el cuadro que acabamos de describir. Por eso nos repugna escuchar solicitudes semejantes provenientes de personas que suponen luchar por el bienestar de su país y no por el mezquino deseo de derrocar un gobierno para sustituirlo en funciones. Las palabras de Fariñas parecen buscar el apoyo del poderoso, más como una fácil manera de llegar al Poder que por la comprensible actitud de pedir reconocimiento a su lucha.
 
Fariñas se parece a aquellos que entre los años 1960 a 1965 querían derrocar al gobierno revolucionario de entonces, pero abandonaron la Isla sin disparar un tiro ni participar en protesta alguna y desde el exterior le pidieron al gobierno estadounidense que enviara los marines para hacer el trabajo sucio, mientras ellos se preparaban para el regreso.
 
Más ponderada fueron las palabras de Berta Soler, otra persona que se define de igual modo y quien dijo: “La libertad de Cuba depende de nosotros los cubanos, no depende de ningún Gobierno. Pero sí debemos y queremos contar con el apoyo moral y espiritual* de los Gobiernos”.
 
La señora Soler, quien claramente carece de una buena escolaridad, lo cual se nota en su falta de dicción y en la pobre sintaxis de sus pronunciamientos,  es sin dudas menos irrespetuosa que Fariñas respecto a su cubanía.
 
Traemos a colación el tema, porque aunque ambos vieron por breves minutos al presidente Obama en Miami en casa de Jorge Más Santos, el acontecimiento fue realmente más cuento que realidad.
 
Más Santos es hijo de quien fuera en una época el Niño de Oro de las Administraciones estadounidenses en sus enfermizos planes por derrocar al gobierno cubano.
 
La Fundación Nacional Cubanoamericana, fue fundada por su padre y sirvió para disfrazar el matiz terrorista e insurreccional, que hasta ese momento habían tenido las organizaciones que, desde el exterior, pretendían derrotar el gobierno revolucionario de La Habana.
 
En realidad el disfraz duró poco. En la década del noventa, a uno de sus ejecutivos le fue incautado un fusil calibre 50, en un yate que se dirigía a Isla Margarita con el propósito de derribar el avión en el que viajaría el Presidente cubano Fidel Castro a una reunión que se celebraba en aquel balneario venezolano.
 
En esa misma década varias bombas fueron colocadas en hoteles de La Habana. Los terroristas fueron apresados y según sus declaraciones se supo que el también terrorista internacional Luis Posada Carriles, protegido de Washington hasta los días de hoy, había planeado y dirigido el tenebroso plan que ocasionó la muerte de un joven turista italiano. El terrorista Carriles también dirigió el derribo de un avión de pasajeros en el año 1976, al cual le colocaron una bomba en pleno vuelo. Su vida ha sido un rosario de crímenes y un ejemplo de la doble moral de los gobiernos estadounidenses.
 
Luego de ser descubierto como el responsable de aquellas bombas, Posada admitió en una entrevista con la periodista Anne Louise Bardach que el financiamiento de sus operaciones provenía de la Fundación Nacional Cubano Americana.
 
El señor Más Santos convocó, en su residencia de Pinecrest, en el Condado Miami Dade, a una serie de donantes para recaudar dinero para el Partido Demócrata, aprovechando la visita a Miami del presidente Barack Obama.
 
En una jugada que conviene al empresario y también al presidente Obama, propuso que el tal Fariñas y la señora Soler estuviesen presentes y así facilitar un breve encuentro de estas personas con el presidente.
 
Con semejante gesto Más Santos ha calmado los ánimos de la señora Soler, quien criticó fuertemente a la Fundación cuando ésta denunció que ciertos grupos que reciben dinero de Estados Unidos, supuestamente para derrocar al gobierno cubano, estaban cometiendo fraudes. La auditoria demostró la veracidad del la acusación. Esa denuncia afectó en su momento los ingresos de la señora Soler, quien vive de ese financiamiento del Departamento de Estado.
 
Al propio tiempo, con este gesto le concedió importancia a Guillermo Fariñas, quien se hizo de un nombre inventando huelgas de hambre, algunas de las cuales duraron meses y fueron de tal modo exageradas que lo convirtieron en una especie de fakir cubano.
 
Pero el principal y verdadero objetivo de la reunión fue asegurarse el reconocimiento del Partido Demócrata, con miras a tener influencias en la Casa Blanca ante el posible triunfo de éste Partido en las elecciones del año 2016.
 
Al darle reconocimiento a personas dentro de la Isla, Más Santos se acerca a la comunidad cubana que compone el verdadero Miami de hoy, la cual tiene por norma sostener vínculos con su país, viajar con asiduidad a la Isla y mantener distancia con quienes de una forma u otra, realizan actividades dirigidas al derrocamiento ilícito del gobierno cubano. Estas personas, en un alto porcentaje votan en las elecciones. Acercándose a ellos el señor Santos recupera para sus negocios, la influencia perdida, tras la muerte de su padre, dentro de los medios políticos locales. La actitud crítica de esa nueva comunidad cubana, cuyo nacimiento ha venido conformándose en los últimos treinta años, hacia los viejos políticos de origen cubano, permitirá el surgimiento de nuevos representantes locales, que obviamente serán controlados por capitales como el del señor Más Santos.
 
No debemos olvidar tampoco que la familia Más Canosa no vaciló en establecer vínculos comerciales con China, con lo cual no es de dudar que exista un propósito oculto de invertir eventualmente en Cuba, ante la perspectiva de los cambios que vienen realizándose en la Isla.
 
Obama es un buen aliado para el señor Más Santos quien por razones generacionales”, confronta realidades diferentes a las de su padre y reacciona consecuentemente para el bien de sus negocios y en aras de fortalecer la influencia política de su familia y amigos.
 
Por su parte el señor Santos es un buen aliado para Obama por cuanto aquel representa nuevos votos para el Partido Demócrata y una ayuda eficaz para desplazar a los antiguos intereses republicanos del sur de La Florida.
 
Curiosamente estamos presenciando que, al mismo tiempo que en Cuba se reafirma el legado de Fidel Castro, definido por sus objetivos y no por los accidentes coyunturales de la historia, Miami se aproxima a pasos agigantados a la era Post Exilio, cuya leyenda y entramados resultan ajenos a la generación de Más Santos y a los nuevos integrantes de la comunidad cubana de Miami.
 
Todo indica que las realidades pueden más que la leyenda. Con esto no estamos aprobando o desaprobando, sino plasmando la visión de una realidad que difícilmente puede ser negada.
 
Miami, 12 de noviembre del 2013
 
*Nota del Editor: La palabra espiritual es una traslación semántica del término "material". Porque hasta ahora ese apoyo  espiritual por parte de la Casa Blanca sólo se ha traducido en dinero constante y sonante. Claro, necesariamente hay un vínculo entre espíritu y materia, espíritu y dinero. ¿Acaso no podremos decir que a "bolsillo lleno, corazón contento"?

DÓNDE ESTÁ PAPÁ

DÓNDE ESTÁ PAPÁ

Luis Sexto

“No volveré a matar a mi padre”... Ese es el título de una novela del argentino Pablo Lerman que invita, con los espasmos de una aparente truculencia, a leer el mediano volumen. Luego de diez páginas, preferí quedarme sin saber porqué el autor, o alguno de sus personajes, prometió no matar otra vez a su padre. La figura paterna me es demasiado honda, tierna, amable para soportar que la dañen, así sea en el título de un libro de ficción.

En estos días, sin embargo, leí un texto que me sirvió de antídoto contra los temblores generados por aquel otro libro. Fue como un enjuague del alma, un lavado cardiaco, en una edición digitalizada, familiar, cosida con los correos electrónicos -igual hubiera sido con mensajes postales- cruzados entre un padre y su hija durante la misión médica que ella cumplió en África. Los fines esquivan las vanidades literarias, las presunciones profesionales, los méritos políticos. Y se concentran en conservar esas páginas en la intimidad doméstica para que la nietecita, que viajó a África siendo una bebé, conozca de joven o adulta ese capítulo familiar mediante las computadoras aun calientes por la corriente de amor y añoranza.

Entre las recomendaciones del padre, una, como un programa de vida, apunté en mis notas: “El olvido no es un buen compañero de viaje.”

Con una sonrisa elemental, el padre me prohibió decir su nombre.

Puedo decir, no obstante, que después de haber leído ese diálogo entre su hija y él, mi afecto, afincado en la bondad, la franqueza y la eticidad de mi amigo, ha pasado a una nueva etapa: la devoción. Porque, a mi parecer, el círculo de calidad espiritual de un varón se fija en su modo de asumir la paternidad. No existe ninguna otra condición que defina, identifique, recomiende tanto como el ejercicio paterno. Es la militancia primordial. Cualquier juicio se confirma o se desvanece ante el proceder y la ternura del padre. No creo que nadie completamente bueno se desentienda de sus hijos, ni nadie malo por los cuatro vientos haga un reloj de sus imperativos filiales. En circunstancias opuestas, habría que reanalizar la virtud de uno y la maldad del otro.

Admito que alguna vez alguien haya deseado matar a su padre. Como en esa  novela que no acabé de leer. Por alguna razón el parricidio es una figura en todos los códigos penales. La literatura y el teatro en occidente lo han iluminado como foco de tragedia, a partir de Edipo. Y uno comprende el ánimo zaherido de quien odia a su padre. Porque qué soledad la del niño que crece ansiando jinetear las rodillas de papá como jaca confiable en el más fantasioso galope. Esa ausencia o esa indiferencia se incrustan en la memoria como carencias vitamínicas. O la más irredimible nostalgia.    

 

 

 

 

 

 

 

 

BAJO LOS ESCOMBROS

BAJO LOS ESCOMBROS

 Luis Sexto

¿Miedo a qué? –pregunto a un joven nacido  en esta comunidad llamada Las Terrazas. Ha confesado tener miedo. Titubea, se justifica; parece dejar la pregunta sin respuesta. Pero uno la halla en el mismo ambiente. Es miedo a lo que queda de lo que fue. La vida no asusta. Asusta, en cambio, la vida ilusoria que la imaginación aglutina y asedia a algunas personas que de vez en cuando creen oír un tumulto de tambores y cadenas que les llega asordinadamente, como de un lugar remoto e imprecisable. Es una partitura de superstición que no todos ponen en duda, porque quién sabe si la desgracia pervive en el aire y la oscuridad, y de vez en cuando se lamenta para mantener latente el antiguo dolor de los que ya murieron  y habitaron lo que hoy son ruinas. Ninguno de cuantos viven allí sabe porqué suenan. Los viejos aseguran que son los negros esclavos que lloran su suerte y piden venganza.

 Los carboneros y criadores de cerdos que se establecieron en estas áreas de San Salvador y el Cusco en el siglo XX, llamaron “escombros” a los desechos de los cafetales franceses. Y pasaban cerca de los restos del  Ermita, el San Marcos, el Santa Catalina, o el San Pedro con el sigilo y la desazón del miedo. Hace 200 años,  en el lomerío occidental de la Sierra del Rosario, en la provincia de Pinar del Río, lindando con  la de La Habana, inmigrantes franceses fomentaron decenas de cafetales sirviéndose de brazos esclavos. Venían de Haití, entonces humeante y fiera en la justicia de la revolución  antiesclavista, y venían también de otras islas francófonas del Caribe, y de la Luisiana. A partir de 1811, en lo que resultó “la quinta oleada”, zarparon de la propia Francia, primordialmente de los Pirineos. Traían consigo una cultura ilustrada, refinamientos del vivir y agrotecnia adelantada. La mayoría se asentó en Oriente. Sólo diez de cada cien inmigrantes eligieron el departamento occidental de Cuba.

Le Content, Santa Susana, La Mariana, Liberal, la Moca, Santa Teresa, además de los ya mencionados y otros hasta superar los 75, fueron nombres que poblaron la solitaria y tupida toponimia de la Sierra del Rosario, cerca de Cayajabos, Artemisa y Candelaria. Desde fines del siglo XVIII, los corrales de San Salvador y el Cusco, donde los monteros –guajiros o montunos - criaban cerdos, se desarticularon y se repartieron en fincas de unas 92 hectáreas como promedio. Los caficultores, atareados en producir para el mercado reexportador de Estados Unidos, aprovechaban los valles intramontanos, entre 60 y 300 metros montaña arriba, próximos a trillos de comunicación natural y a las franjas de agua que en esas depresiones se arremansaban, luego de anunciarse con estruendo.

 

 El único dato diariamente comprobable en los orígenes geográficos y sociales del café es que el mundo cabe en una taza: cuando un sector duerme, el otro amanece bebiéndolo. Por lo que se relaciona con sus orígenes, en Etiopía descubrieron sus propiedades estimulantes, en tiempos medidos como antes de nuestra era, y que hacia el siglo X de la nuestra, pasó a los países árabes, que le dieron nombre científico -Coffea arábiga- e inventaron el “café” como espacio físico donde beber la infusión y que derivó en uno de los principales establecimientos socializadores de la humanidad. 

Pero habría que dudar de tanto dato. Porque en “Les Cafeiers Du Globe”, publicado con fecha de 1929, el investigador francés A. Chevalier asegura que ningún indicio fiable confirma que  el café se haya plantado en  Arabia antes del siglo XIV. Y alega una prueba que estima definitiva: ni el Corán, ni los libros sagrados hebreos o cristianos mencionan el café.

En cambio, parece saberse que el café llegó a Cuba en un complicado recorrido. Empieza hacia 1714, cuando el alcalde de Amsterdan -otras fuentes dicen que fue el emperador  Mohammed IV- regaló al rey Luis XIV una postura del cafeto. La colocaron en los invernaderos reales donde vegetó como una rareza, porque sólo se cultivaba  en Abisinia y Arabia, y desde hacía muy poco en Java y Sumatra.

En esos días, viajó a París el oficial Gabriel Desclioux. Quizás una tendencia a las empresas imposibles lo inspiró a creer  que el café podía aclimatarse en el Caribe. Y se agenció un gajo.  Al regreso a la isla de Martinica, la travesía derivó en una réplica del Calvario sobre el agua. Y Desclioux  pudo darse cuenta que su espontánea vocación botánica o empresarial  lo transformaba en un elegido.  Ah, señor, sería inútil contar con detalles los infinitos cuidados que he necesitado otorgar a esta delicada planta, durante el largo viaje, y las dificultades y vigilancia que le he dedicado para evitar que un hombre envidioso la destrozara.  

Ante tanta quejumbre uno puede creer que el oficial francés tuvo un acceso de fiebre, o una neurosis lo poseyó durante el viaje, que como tiempo mínimo tardaba dos meses, y que en esa ocasión el mar osciló entre los enviones del viento tempestuoso y una espesa calma , un estar aplanado, que por su frecuencia redujo las reservas de agua de la nave. Durante más de un mes, el oficial compartió su ración con el cafeto, mirando receloso de un lado a otro. Porque debía guardarse de un holandés, que enterado de la misión de Desclioux, quería echarle al mar o arruinarle con agua contaminada la gloria de ser el primero en traer la raíz de la amarga, placentera, estimulante  bebida al Nuevo Mundo. O pretendía impedir que los intereses de Holanda tuvieran un competidor en las Américas. Señor, a veces me desesperé, confiesa Desclioux. Y llegó un momento en que sentí una pena infinita ante mi impotencia para proteger aquel tallo fino y delicado como el de un clavel.

Ya en su casa,  la primera acción de  Desclioux fue  plantar el arbolito en la zona de su jardín más propicia al crecimiento. El oficial habla por momentos como si le hubiesen asignado una misión mortal por la gloria de su Francia. ¿Qué entresuelos resuenan en las intermitencias de esta historia tan ingenuamente natural?  ¿Qué podría entonces saberse del café como para que tras la planta primigenia en el Nuevo Mundo se concertara el espionaje, el peligro, la persecución?  Parece que ya se sabía toda la reserva de placer y negocio del cafeto. No lo creerá, señor, pero tuve que vigilarlo constantemente, ya que querían arrebatármelo, hasta que, al final, me vi obligado a rodearlo de una cerca de espinos y establecer una vigilancia permanente de tres soldados  hasta su madurez.

Creamos desde el futuro a tan esforzado portador.  Podemos suponer las razones de la inquietud casi enfermiza del francés: el café subía hacia las preferencias del comercio mundial. Y en 1726, cinco años después, la primera cosecha. Desclioux confesó alborozado en sus memorias que  el éxito sobrepasó todo cuanto había esperado. Recogió sobre dos libras de semilla, que distribuyó entre cuantos, según su opinión, dedicarían  lo necesario al desarrollo de la planta.

Más tarde el café saltó a Santo Domingo. Y de ahí lo introdujo en Cuba Antonio Gelabert. Ni Calgano, ni el más reciente Pérez de la Riva, ni otro historiador reconocido duda de que este  funcionario de las finanzas  coloniales lo plantó en su finca de El Wajay, en 1748, cerca del hoy  aeropuerto internacional de La Habana. En ese poblado celebran tradicionalmente la fiesta del café. Tienen el derecho de los pioneros. Y muestran la casa de vivienda, aun conservada, de un cafetal donde, afirman,  por primera vez en Cuba creció el grano  que Martí llamó “la mejor forma del oro”, y que medio siglo después se transformó en "uno de los grandes personajes de la Historia de Cuba", de acuerdo con don Fernando Ortiz.  Pero El Aurora es posterior al cafetal  de Gelabert, y la vivienda  se alza en el rumbo opuesto.

 

 Medio siglo más tarde, los cafetales de la Sierra del Rosario  habían sido concebidos para perdurar en sus casonas de paredes pétreas, que parecían reírse de la eternidad, como parecían desafiar a la montaña sus techos agudos semejando sombreros de picos a cuatro aguas, sellados con tejas planas o de cola de castor, inventadas en Europa central contra la nieve. Eran mansiones presuntuosas que intentaban desdeñar el sentido común en un ambiente tropical excluyente.

 El tiempo, sin embargo, se erigió en señor de las ruinas. Y hoy sólo se asen al pasado fragmentos húmedos, mohosos, en los cuales pude intuirse aquella cotidianidad plácida, cómoda, sólida, a la cual el quejido y la nostalgia de los esclavos adulteran con la persistencia de algún retazo de barracón entre malezas y bejucos.

La decadencia sobrevino hacia 1830. Aquella flor selvática de la Sierra del Rosario, cuya lujuria casi siempre verde maravilló al pastor norteamericano Abiel Abbot –que se erigió en sus Cartas como testimoniante minucioso de aquel esplendor- fue extinguiéndose, pelándose, lamida por el viento y la lluvia que desgastaban la tierra echándola a rodar ladera abajo. Abbot, por trechos de cuya ruta anduvo este cronista, registró en su correspondencia turístico-didáctica, un centón de detalles sobre esa zona cafetalera. Al llegar al San Carlos, cafetal del italiano Marco Pitoleto, anotó que el hacendado había sido uno de los primeros en plantar árboles de cacao en occidente. Crecían allí unos  20 000 ejemplares de entre dos y ocho años. Y el viajero supuso que prometían perdurar por un siglo. Ninguno sobrevivió. El propio pastor, tan zahorí, se percató de que, si bien los franceses eligieron hábilmente tan fértil tierra para el café, ya había “lugares en el Cusco tan desprovistos de capa vegetal” que ni los árboles podían prosperar.

Causas económicas influyeron también decisivamente. La caña de azúcar sedujo a hacendados y productores; resultaba más gananciosa que el café. Y este, además, afrontaba la competencia extranjera en costos y precios, principalmente de Brasil. Para colmo, fue diana de las restricciones de los Estados Unidos, entonces en litigio comercial con España.

 Pero la vida ha cambiado. La historia no termina con la permanencia de esos “escombros”. Esa zona, con 25 000 hectáreas, compone hoy una reserva mundial de la biosfera. Recorrí parte de esas alturas, bordeando y vadeando riachos, recobrando antiguos senderos, esquivando ramas y troncos. Y sentándome a orillas del “Pequeño Niágara”, el salto minúsculo en cuyas aguas arremansadas pocos metros después de la caída, el viajero norteamericano presumiblemente se mojó los pies, como este nuevo peregrino. Y era imposible creer que, 30 o 40  años atrás, el paisaje ofrecía sus lomos y faldas cubiertos tan sólo por la pelambre de la maleza. Ácanas, jocumas, ocujes, yayas, caobas, cedros habían caído bajo el filo de la erosión. Después se obró el renacer. Donde feneció la vida, la vida ha vuelto. Cubanos de diversos puntos del país reforestaron aquel calvero y trazaron, como en una fiebre de hazañas más de 2 000 kilómetros de terrazas, para que la floresta se anclara sobre el oleaje de la erosión. Luego surgió la comunidad, como una postal colorida de casas y edificios de dos plantas rojos, blancos, azules, afianzados también sobre las terrazas que le dieron seguridad y nombre, y que los pobladores de esas zonas tan desoladas que recibían apodos como La cañada del diablo, fueron ocupando poco a poco, midiendo el cambio, habituándose a un nuevo medio que les  transformó el modo de vivir y  convivir  entre ellos y con la naturaleza.

No ha desparecido, sin embargo, los efluvios de lo fantástico, lo poético. El joven con quien converso trabaja de camarero del restaurante Buena Vista, cafetal que conservó la mayoría de sus objetos y propiedades y ahora, reconstruido, ilustra al turista las diversas soluciones que la arquitectura de los colonos galos opuso a topografía tan abrupta. Y se aprecian terrazas, escaleras, rampas, plataformas en el batey que, enclavado en una cima, es un mirador desde donde los ojos se clarean en el mural de la serranía y más al fondo, al norte, en el mar del Mariel.

-Miedo a qué, le repito la pregunta, mientras cerca de nosotros persisten, con paredes de piedra  en la falda derecha los huecos del barracón donde dormían los esclavos del Buena Vista. El joven camarero sonríe. Miedo, miedo, no, tal vez la cautela, por si acaso de entre esos escombros, en lo oscuro, de verdad suenan cadenas y tambores.  Pero no se lo diga a nadie, compañero.

Olvídalo, le dije; me voy antes de que me alcance la noche...

 

ELIJO YO; CANTA ÉL

ELIJO YO; CANTA ÉL

Luis Sexto

El propósito inicial era haber leído esta crónica en el cementerio de Santa Isabel de las Lajas, el pasado 26 de octubre cuando se clausurara el encuentro nacional de cronistas. Por razones personales, no pude formar parte de esa peregrinación al camposanto lajero. Resuene modestamente aquí.

Me preguntan sobre la música de  mis 22 años, y podría confesar que oí todo lo de Nino Bravo; ese que gritaba por Noelia, o que llevaba un beso y una flor por equipaje. Qué dramáticamente cursi fui cuando mi corazón alcanzaba el punto del caramelo releyendo las cartas amarillas de tantas palabras nunca dichas.  Podría  añadir  haber sintonizado algo de Schumann –romántico y clásico-, y  de Lecuona y Ankermann,  de Sindo y Delfín, de todo ese lirismo cubano desde donde  pestañea el cocuyo de  la nostalgia por lo que uno no ha vivido junto a la damisela encantadora o a la flor de Yucayo la bella, sufriendo las penas que a mí me matan sobre el tronco de un árbol en cuya corteza caben también nuestros nombres. O escuchar bajo la ventana  de Luz Vázquez si no te acuerdas gentil bayamesa que fuiste vecina de pelo negro y ojos límpidos del Padre de la Patria.  También  Gardel, en particular en aquella canción, o tango canción, sobre la mujer que moría en mis brazos cerrando los ojos en la emigración injusta mientras el mundo seguía andando y esperando el día que me quieras...

Pero de mucho más allá y acá de mis nunca bisiestos 22 años, arrastro un fonógrafo plural. Gira sólo con el viento de  una voz que resuena como si fuera todas las voces. Una voz pasquín pegada a todos los postes de nuestra existencia como pueblo. Timbre insólito instalado en cada casa como atalaya  mística de todos los tiempos. Los cubanos, sea dicho en tan honroso plural, sentimos al escuchar esa voz como un rebrote del sol y la lluvia, del azul y el verde del paisaje insular. Experimentamos el resplandor de la llama y la sangre,  la cordialidad y la independencia de nuestra historia. Y nos quitamos el sombrero ante la voz de Benny Moré. Ningún músico cubano -en país de músicos suficientes e inspirados- ha concentrado sobre su recuerdo tanta incidencia de la añoranza, el elogio y el afán de permanencia. Tan vigente está que cualquiera puede preguntar: ¿Dónde canta hoy?

Intuitivo, portador de una personalidad ritmática, descoyuntada, achispada ahora  y enseguida chispeante, el Benny  encarna la expresión sintética de toda la crónica de la música cubana. Desde lo campesino a lo bailable, desde el cabaret hasta el teatro, desde el salón hasta el barrio. Nadie como él ha podido captar la esencia popular, ni convocar la sensibilidad de las masas con sus movimientos improvisados en una originalidad cerrada bajo un código sin contraseña, ni dirigir su orquesta con la sola ciencia del oído.

Sentimentalidad y  frenesí sobre la misma tarina, en el mismo minuto, el Benny podía  haber dicho  lo cubano soy yo, y en  mí naufragan o despegan la alegría y el dolor, el amor y el despecho, el desaire y la contención. Pudo haberlo dicho sin ofender la modestia y sin deslizarse por la desmesura tan recurrente en nuestro carácter nacional.

 Fue, ante todo, un músico pobre y generoso. Deambuló por bares y esquinas, poniendo su sombrero ante el trasnochado buscador de la felicidad, para recibir unas monedas, como un antiguo juglar o trovador. Se arrimó luego a Matamoros y a Pérez Prado. Y en 1953, empezó a crecer en las aspas de la fama para tocar la punta del palo encebado de la gloria: articuló el formato jazz band de su orquesta. Banda Gigante la nombraron. Y el genio fundador y director, en su decir compañero y familiar, se refería a ella como La Tribu. En lo adelante, bastarán diez años para que plantara su leyenda en el alma del pueblo. En 1963 falleció. Tenía 42 años, edad con la cual aún se eleva el hombre a la condición de predilecto de los dioses. Y ha sido más. El paño donde se enjugan mil sensaciones disímiles: la felicidad y la pena, la decepción y la esperanza. Dejó los deseos enormes de tenerlo siempre cerca. Biografías, novelas, discos, programas radiales, documentales  lo mantienen vivo con la vitalidad de lo que no se toca ni se ve. Solo se oye. En la cauda de su voz choca el agua de la vida contra la piedra, y en la espuma se entrelazan la melancolía y el sueño, lo temporal y lo eterno.

 Desde mis 22 años, ya con el Benny viviendo su muerte, incluso  mucho antes, y ahora cuando ciertas orquestas y cantantes han soslayado la música para priorizar el ruido, deformando  lo más humano de los seres humanos, todavía hoy espero  que la voz del Benny descienda en su trono de nubes y luces, y con su cachimba, su flauta, su voz nos diga, como en un juicio final: Elije tú, que canto yo.  

  

¿LA VERDAD SOBRE EL CUCALAMBÉ?

¿LA VERDAD SOBRE EL CUCALAMBÉ?

Luis Sexto

UN GUAJIRO LLAMADO EL CUCALAMBÉ, título aún en librerías, presenta  pruebas  sobre la causa de la abrupta desaparición del cantor campesino, el artífice venerado de la décima nacional. Los hechos que aquí conoceremos, de ser irrefutables, jamás podrán lastimar los créditos de El Cucalambé en la cultura cubana. Ese mensaje nos deja este libro tan desconcertante

De Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, salvo sus más celebrados poemas, desconocíamos datos fundamentales: Desde el origen y la formación de su seudónimo, Cucalambé, hasta los móviles de su desaparición. Durante decenios ciertos críticos especularon tanto que le asignaron, por ejemplo, un origen en lengua inglesa al seudónimo que Nápoles Fajardo fraguó para siempre en las letras cubanas. Decían que provenía de cook, cocinar. Y por lo que algunos interpretaban el Cucalambé era un “salcochador de yerbas del monte”.

Todo ello lo leímos aquí y allá. Hasta cuando, por las últimas décadas del siglo XX, algunos autores, en particular el tunero Carlos Tamayo, empezaron a alumbrar la biografía del popular trovador del siglo XIX. Por desconocer, desconocíamos sobre todo la causa de su desaparición relampagueante. El 25 de noviembre de 1861 estaba en Cabo Cruz donde trabajaba como pagador de las obras del faro que allí aún guía la navegación, y hacia las 8 de la noche lo vieron por última vez. Nunca se ha sabido a dónde se marchó.

Durante años se concibieron presuntas razones para desaparecer, incluso que fuera asesinado por conspirar contra España. Ahora, un nuevo libro da una versión que parece definitiva sobre el porqué el Cucalambé desapareció. Este libro se titula Un guajiro llamado el Cucalambé, imaginario de un trovador, publicado por Ediciones Unión. La autora, Olga Portuondo, historiadora de reconocido crédito por su obra investigativa, llega a varias conclusiones. Entre ellas determina documentalmente la fecha del 25 de noviembre de 1861 como el día de la desaparición de Nápoles Fajardo y aunque no puede precisar a dónde se marchó, descubre la causa que resulta lo más importante y sorprendente.

No dejo de valorar la valentía de Olga Portuondo al llegar hasta las últimas consecuencias en su investigación. Con este libro la historiadora confirma que la historia de un pueblo madura cuando pierde el miedo a enfrentarse con sus manchas, y las saca a la luz. En archivos cubanos y madrileños, la autora de Un guajiro llamado el Cucalambé, encontró autos judiciales en que se acusa a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo de haber malversado más de nueve mil pesos de los salarios que correspondían a los constructores del faro de Cabo Cruz. El Cucalambé era el pagador. Nos parece horrible. Pero si nos atenemos a los documentos y a su estudio, según la doctora Olga Portuondo, esa es la verdad. Pero en esta biografía, y a pesar de ese baldón del cual Nápoles Fajardo no se defendió, el Cucalambé aparece como el cantor insuperado del campo cubano, el amante ejemplar de la naturaleza isleña, el paradigma trovadoresco de nuestra cultura. Se le presenta como el maestro de la décima, y también se le dibuja como un hombre que, como todos, sufrió penalidades y desencantos… Y así, en Un guajiro llamado el Cucalambé, libro de Olga Portuondo, el poeta queda como un mito, un mito perdurable en la cultura cubana. Sus errores en el pasado quedan. Las sombras se marchan. Pervive la luz de su obra. (Difundido en Epigramas, noticiario cultural de Radio Progreso)

EL RESCATE DEL RIGOR

EL RESCATE DEL RIGOR

Luis Sexto

Quizás pocos estén en desacuerdo con que el rigor se incluye entre las cosas que faltan en Cuba. No el que se iguala con aspereza o estoicismo, como también define el diccionario, y que equivaliendo, además, a capacidad de sacrificio, les ha sobrado a los cubanos. Me refiero al rigor que es sinónimo de exigencia y cuya notable ausencia ha convertido a nuestras libertades, a contrapelo de las leyes, en una relación cargada de derechos y aligerada de deberes.

¿De quién es la culpa? Si acaso tuviera sentido hallar el gesto que ahuyentó el rigor, culpables seríamos todos. O, más exactamente, es culpa del soñar con el gobierno de una justicia eminentemente ciega e inclinada por sistema hacia el lado de la benignidad. Ha sido un error de humanismo. Porque la sensibilidad revolucionaria gusta de redimir y desatar. Y de ese modo, según como lo veo, el rigor se enredó tras las sutilezas de acero del paternalismo y el igualitarismo. Ambas desviaciones, pretendiendo ser estrictamente justas, consiguen el efecto contrario al juzgar y distribuir según un rasero generalizador de normas y emparejador de personas y actos.

Las consecuencias, que quizás pudieron preverse, se acumularon. Y el auge que hoy alcanzan la indisciplina social, el parasitismo y cierta petulante mediocridad, son en parte secuelas de la mengua del rigor. Y ante esa evidencia solo tocaremos la aldaba de la rectificación si pasa a ser certeza el principio de que Cuba no podrá conquistar la eficiencia –es decir, independizarnos de la insuficiencia- si no transforma su concepción de la justicia y la atempera a las urgencias de la vida con criterio realista: con la temperatura del momento y el olfato de la meta  razonable.

No se trata, desde luego, de modificar la naturaleza solidaria de nuestra sociedad. Por el contrario, tenemos que seguir empeñados en que la justicia social y penal no establezcan privilegios entre el pobre y el más económicamente holgado, el de arriba y el de abajo, el blanco y el negro, el joven y el viejo, el creyente y el ateo. Esa es la esencia que hemos de preservar de cualquier contaminación. Pero, a mi parecer, nuestras relaciones sociales deben salpimentarse con unos granos de competitividad. Y que nadie se espante. No tengamos miedo de esa palabra. Las palabras no definen el contenido. Es a la inversa. El contenido agranda o achica, purifica o ensucia las palabras. Hablo de la competitividad que permita, en rigor, que el mejor se distinga del bueno, el aplicado del indolente, el apto del incapaz, y el que yerra circunstancialmente del que delinque por apego habitual a la marginalidad.

Sin rigor no se camina lejos. Muchos se echarían a orillas del camino. Por lo tanto, el rescate del rigor implica también que la omisión sea sancionable. De omisiones está asfaltada la ruta actual de nuestra sociedad. Y habrá, pues, que llegar a la conclusión de que la indiferencia ante los fenómenos que enracen nuestras aspiraciones de perfeccionamiento, constituyen un acto que, si no sancionable, es evaluable. Con rigor.

 

ATAJO SIN SALIDA

ATAJO SIN SALIDA

Luis Sexto

Un amigo descargó sobre mí una confesión. Hoy –me dijo- propuse a fulano para una tarea. ¿Sin otras propuestas? No. Solo él. Lo merece, y así rectifico un error. Hace 14 años cuando alguien me consultó, yo sin conocerlo sugerí que era mejor otro. Fue víctima de mis prejuicios; ni siquiera le di la oportunidad de demostrar sus valores.

La conversación  no es obra de mi imaginación.Ocurrió. Y la he reproducido exactamente con el propósito de comentar la  frecuente incidencia del prejuicio. Cuántas personas valiosas han sido preteridas por el alcance de una opinión emitida sin evidencias, sin razones que las justificaran. El prejuicio, según mi modo de pensar, puede definirse como el juicio que se adelanta a la experiencia y al  conocimiento, y supone como cierto aun aquello que uno no toca, ni comprueba. Es casi un juicio temperamental. Impresionista. Iraccional. Si me caes bien, afortunado; si mal... te puede ir mal.

Se comprende, pues, que entre los defectos más detestables se halle el prejuicio. Responde a una actitud negativa, a una constante desvaloración de las acciones y las capacidades de los demás, por obra de la arrogancia, casi inconsciente, cuya divisa puede consistir en aquello de que “quien más vale no vale tanto como Valle vale”, lema nobiliario de algún gerifalte colonial.

¿Quién no recuerda haber sido víctima de un enfoque  prejuiciado? Algunos, incluso, han tenido que reorientar su vida precisamente porque alguien puso un cartel: Por aquí tú no pasas. A mí me parece que es sumamente insano que en nuestra sociedad ciertas personas estén constantemente suponiendo lo que uno vale o deja de valer, sin haberse nunca enterado cómo uno ha vivido, o actúa, o piensa.

Es difícil ser justo. No estoy recomendando la meta de la “angelidad”. Sé que hombres y mujeres afrontan circunstancias que exigen respuestas prontas. Y por ello, a veces equivocarse suele estar excusado. Me refiero, sin embargo, al prejuicio que se adopta como sistema, como visión englobalizadora de todos aquellos que están del otro lado de la acera. ¿Por ejemplo, sabemos cuánta responsabilidad adquirimos cuando nos preguntan qué tal es fulano? De la respuesta dependerán abruptamente los rumbos de un ciudadano al que yo, en puridad, no conozco como para que mi opinión lo juzgue por las apariencias. Sobre todo en  el aspecto político o moral.

No olvido una historia verdadera. Tal vez resulte escabrosa, pero tanto ustedes como yo somos adultos, capaces de asimilar lo más ruin. Cierta persona vio de espalda a una dama entrar en un hotel. Iba acompañada. Creyó que era la esposa de uno de sus amigos. Y esperó. A la salida resultó que la dama, que de espaldas hacía recordar a otra, de frente no era la que suponía el preocupadísimo amigo de un presunto esposo engañado. Pudo, desde luego, ser al revés en lo que respecta al sexo de la persona que parecía ser otra. Lo advierto porque no he señalado el género femenino por un automatismo discriminador. En el hecho, que me contó el observador ocasional, tenía esas señas.

Lo dicho conduce a creer que si las cosas se repiten 99 veces, no significa que sean definitivas. La centésima vez, puede ser distinta. Ese es un antídoto que el milenario Lao Tse nos recuerda para el gobierno sabio de la vida.

El prejuicio, concluyendo, se nos aparece con mil caras. Por ejemplo, las listas computarizadas para distribuir premios, becas, recursos materiales… ¿El que asigna y decide conoce de verdad a los que encabezan la lista? ¿Está seguro de que lo merecen, que no son beneficiarios de una suma maquinal de puntos o condiciones? ¿Les basta con lo que leen en la propuesta? Lo dudo. Nada sustituye al contacto personal, a la entrevista, al “tú a tú” que nos va descubriendo quien es quien, y por tanto la justicia disfruta de una oportunidad de ser más justa y, sobre todo, generosa. Ah, quizás se demore, pero llega. Como la rectificación de mi amigo en la anécdota que les conté al empezar. Cuánto daño habría causado, si no se hubiera detenido a confirmar la identidad de la mujer de un amigo...