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PATRIA Y HUMANIDAD

EL CRÍTICO DEBE SER UNA PERSONA MUY CULTA

Por Lilien Trujillo Vitón

Entrevista con Luis Sexto

Publicada en www.lajiribilla.cu/

La mejor carta de presentación de Luis Sexto es su sapiencia. La cultura que desborda en cada conversación, artículo, libro o conferencia. Un hombre culto y sincero que dedica la mayoría de sus horas a leer, las otras a escribir o reflexionar sobre lo que lee. Las montañas de libros que decoran los espacios de su apartamento en el Vedado dan fe de lo primero. Los comentarios críticos que ha publicado desde su juventud hasta sus casi 70 años atestiguan lo segundo, junto a su faena radial en Progreso donde comenta tres libros a la semana. Lo conocí personalmente en las aulas de la Facultad de Comunicación de La Universidad de La Habana. Antes ya lo había leído —Con Judy en un cine de la Habana—. Al entrevistarlo para indagar sobre el estado de la crítica literaria en Cuba y las funciones del crítico, conocí la verdadera cepa de este escritor que hace periodismo, de este “lector inteligente que comenta y propone libros para que el lector los lea”.

-¿Usted cree que se hace Crítica Literaria en Cuba actualmente?

-Para responder afirmativamente tendría que tener un control de todas las publicaciones y, la verdad, no estoy al tanto de todas. Creo que el ejercicio de la crítica literaria hoy no es un sistema, aunque sí hay focos donde uno puede leer alguna crítica  que esté por encima de los intereses de grupo, de las amistades; que respete, sobre todo, hasta donde sea posible, la objetividad. A mí me complace mucho, por ejemplo, la crítica que hace Jorge Domingo en Espacio Laical. Se trata de una crítica que, por supuesto, no se limita a promover un libro, que es lo más común.  En Cuba suele hacerse crítica literaria entre comillas.

-¿Por qué entre comillas?

-Porque me parece que la crítica literaria que se hace para promover no es crítica. Yo tengo un programa en Radio Progreso, donde comento tres libros por semana. Tengo que leer como un mulo, si los mulos leyeran. Mira las cargas de libro que tengo que leer para comentar próximamente (señala con la vista y con las manos hacia una loma de alrededor de 10 libros que tiene ubicados sobre la mesa). Yo no hago crítica literaria en su estricto sentido. Valorar lo positivo, lo negativo, encontrar los antecedentes, las circunstancias en que se escribió el libro, de dónde proviene el autor, sus influencias como escritor, eso me parece que debería ser la crítica literaria. Y sacar de todos esos enfoques una conclusión, si no definitiva, que se aproxime un poco objetivamente a la verdad de la obra. Yo lo que hago es promover lecturas, porque la radio no es para hacer crítica literaria. Hago hincapié en los valores del libro y paso por alto las manchas que le pudiera ver —no me parece que se pudiera sostener en dos minutos y medio los argumentos que yo pudiera tener para justificar lo que no está bien—. Es mejor decir lo que está bien, que cuesta menos trabajo. Y como lo que hago, en definitiva, es promover autores, trato de buscar nombres de provincia para darlos a conocer, al menos hasta donde la radio puede dar a conocer algo en Cuba hoy. Pero volviendo al estado de la crítica actualmente, te repito que en Espacio Laical Jorge Domingo está haciendo una obra encomiable, porque encuentra siempre lo positivo, suele encontrar los antecedentes de una determinada obra y también señala los deslices de cualquier tipo que se le pueden ir a un escritor. No solo los gramaticales, que son los menos importantes.

-¿Cuáles cree que son las características consanguíneas de un crítico?

-El crítico debe ser una persona muy culta. Decía Alfonso Reyes que para ser críticos hacía falta tener cien años de literatura adentro. Eso es lo que hace falta para poder juzgar un libro y determinar, no solo si es bueno o malo, sino también que espacio ocupa ese libro en un periodo de cien años. Puedes no decirlo, pero debes saberlo. Yo, por ejemplo, no soy tal crítico. ¡Dios me libre de asumir semejante posición! Soy solo un lector que procura aplicar la inteligencia, que comenta y propone libros para que el lector los lea, nada más. No tengo cien años de literatura adentro, no he podido leerlo todo. Aunque sí he podido leer los más importantes. ¿Quieres ser crítico? Lee a Alfonso Reyes, a Borges, Asturias, Neruda, Carpentier, Roberto González Echevarría, Mejía Duque, García Márquez, Álvaro Mutis, José Revueltas, Cortázar, Unamuno, María Zambrano… Jaime Mejía Duque, por ejemplo, es el hombre que comparte el crítico con el narrador, uno de los críticos más severos de García Márquez, además. Si lees una novela suya titulada La noche de Bareño, te das cuenta de que podía ser un gran crítico por tres razones importantes: es uno de los estilos más áticos de la literatura colombiana, a la vez que suelto, fantasioso, original —lo mismo en el ensayo, en el cuento que en la novela—; tiene un enorme conocimiento literario dentro, quizás los cien años que decía Alfonso Reyes; y además es un narrador prodigioso.

"Críticos así son difíciles de encontrar. Porque en este país no suelen encontrarse críticas como las de Roberto Fernández Retamar,Jorge Domingo, Ambrosio Fornet,  su hijo Jorge, Arturo Arango, incluso como las de Virgilio Piñera en Lunes de Revolución;  críticas  en que el lector se da cuenta de que la cultura respalda las opiniones y los juicios. Siempre hay una discusión entre la  crítica científica y la impresionista. Cintio Vitier era un crítico impresionista, con mucha certeza y puntería, pero además de ello sus críticas son literatura, como suelen ser las de Mejía Duque en Colombia, porque suelen ser ensayos. Para mí la crítica radiográfica, a base de palabras tecnocráticas, de diagramas y gráficos, no conduce a ninguna parte, ni siquiera llega a tener lectores alguna vez. Como le dije a Ambrosio Fornet a raíz de una crítica que le hice a un libro suyo: esta no es una crítica radiográfica, es una crítica amorosa. Y me respondió de lo más conmovido: “Yo tampoco hago crítica radiográfica”, que es la que se basa en tecnicismos y y dibujos. Hay otras personas con aciertos crítico, por ejemplo en La Gaceta de Cuba, donde se publican algunos textos  que deben tenerse en cuenta. Hay otros con los que uno no está de acuerdo, porque cuando hacen la crítica completamente positiva y te ponen los ejemplos, tú no aprecias que el poema o el fragmento de poema citado, merezca todos los juicios que se emiten sobre él. Es una crítica medio cómplice… que es la crítica más frecuente en Cuba, una especie de critica complaciente y edulcorada".

-¿A qué adjudica usted esta tendencia?

-Te voy a responder con mi experiencia. En los años ‘80, cuando no tenía los 70 años que voy a cumplir dentro de unos meses, logré cierta potencialidad en mi profesión. Estaba en la página de culturales del periódico Trabajadores, haciendo lo que llamábamos la crítica impresionista de la literatura —nunca pretendí hacer crítica científica, yo no sé lo que es—. Yo leía un libro y daba mi opinión sobre lo que había leído, teniendo en cuenta, si no cien años, patrones de comparación que habían condicionado mi capacidad de apreciación literaria, porque esos años de lecturas que dice Alfonso Reyes son los que sostienen y condicionan tu apreciación o gusto literario. Hablé bien de muchos libros y mal de otros. Y te puedo decir que este país, o la gente de este país, son reluctantes, negada a la crítica. Mientras hables bien de cualquier cosa que hagan, no tienes problemas. Cuando hablas mal de algo que alguien hace, en lo artístico o en lo literario, pueden aparecer muchos problemas. Ejemplifico con un episodio: Daniel Chavarría y Justo E. Vasco –hoy difunto- escribieron a dos manos una novela policial titulada Completo Camagüey. Publiqué entonces  una nota reprochándo a Chavarría que hubiese añadido a su bibliografía una obra tan incompleta. De Vasco nada dije, porque, según reconocí, no le había leído ninguna otra pieza para establecer la comparación. Pero si Chavarría no se quejó, Vasco, en cambio, fue al periódico a exigir mi cabeza, porque él era Justo E. Vasco, y había que respetarlo. El director, Pepín Ortiz, recibió también varias cartas seudónimas condenando mi crítica. Hasta una profesora de la Universidad de La Habana envió 300 líneas con la exigencia de que fueran  publicadas. Figúrate, una página del diario para demostrar que yo era un ignorante. Sin embargo, este periodista continuó su labor, y ocasiones no le faltaron litigios parecidos.

"Tardíamente la justicia emergió en público, para confirmar que Completo Camagüey  era un intento incompleto. El 7 de marzo de 2015, la versión digital de Juventud Rebelde publicó una entrevista con el autor de Joy en la cual Chavarría dijo: “Completo Camagüey es una novela que detesto, y desearía no haberla publicado nunca, porque es el fruto de un rapto de locura en que me propuse escribir una novela en 12 días y salió un auténtico mamarracho”.  Desde lo más íntimo, le agradecí su honrosa autocrítica, que confirmó que yo no había sido ni ignorante ni injusto".

"En los años ‘80 la literatura en este país estaba fragmentada en piñas y conglomerados de autores unidos por afinidades e intereses, mucho más que ahora, y tu “te metías” con algún autor —entre comillas porque yo no me metía con nadie, yo leía libros y daba mi opinión en las páginas de Trabajadores y las firmaba, con honradez—, el grupo al que pertenecía el autor cuestionado, repartía por toda la sociedad literaria de este país un cartel que decía: “Se busca. Prohibido acogerlo, porque se metió con el libro de fulano o mengano”. Al cubano la crítica le da picazón, pero no de ahora; eso es típico de nuestra idiosincrasia y personalidad como pueblo. Lo dice Fernando Ortiz en un librito titulado Ensayos de psicología tropical, obra que firma en 1910 o 1911. Decía que el cubano padecía de alergia a la crítica. Y decía que los cubanos de aquella época tenían ante la crítica una reacción femenina, sensiblera, airada, ofendida. A estas alturas ya la comparación con lo femenino no es justa. Pero él describía así la alergia a la crítica. Los amigos que se peleaban a muerte porque uno había hablado del libro del otro de una forma diferente a la que el amigo esperaba. Es una reacción propia de nuestro carácter nacional".

-¿Y usted cree que esta práctica sigue existiendo en la actualidad?

-Sí, pero no con tanta intensidad porque ya esas cosas no se hacen en los periódicos. Precisamente los periódicos son espacios potenciales para la crítica literaria, sin embargo la vemos muy poco. Incluso cuando aparecen, son muy breves y de corte más promocional.

-¿Por qué cree que ocurre esto?

-Tú sabes que el periodismo fue una de las profesiones que más sufrió desde el punto de vista material, moral y profesional en los últimos 20 o 30 años en Cuba. Los periódicos no tienen mucho espacio para publicar las noticias, tampoco creo que lo tengan para dedicarse a comentar y criticar un libro.

-¿Entonces no se trata de carencia de periodistas capacitados para la crítica, sino de espacio para ejercerla?

-Confluyen varios factores. La falta de espacio, y editores, que podrían orientar el trabajo, ya no hay o hay muy pocos. El periodismo se ha desprofesionalizado en el sentido de que los que llevaban años haciéndolo se han jubilado o se han separado de la profesión. El periodismo se está llenando con la generación que debería ser el relevo, pero el relevo tiene que encontrar a los veteranos que le completen la formación del aula. Alguna vez me debes haber escuchado deciren clases  que nadie era periodista graduándose únicamente en la universidad.

-Entonces ¿los problemas de la crítica literaria en la Isla son la consecuencia de un padecimiento crónico? ¿Qué pudiera hacerse, entonces, para fecundar una crítica literaria más prolífera y de calidad?

-Yo no niego que se haga crítica literaria en revistas como Unión y La Gaceta, o que en otro lugar se pueda hacer. Lo que creo es que todavía nuestra crítica está arrastrando una especie de pasión y solidaridad grupuscular que nos hace creer que tal cosa es muy buena y no lo es. El crítico literario para mí debe aportar juicios que abran y sugieran caminos, que irradien la luz, y adviertan los tropiezos de cada posible camino. Que trate de decírselo al autor pero sobre todo al lector porque ¿para qué tú haces crítica literaria? ¿Para enojar o agradar al autor? Cuando comento un libro lo hago para que el lector amplíe sus horizontes sobre de cómo se puede llegar a apreciar la literatura. Trata de mostrar cuáles son los secretos para saber qué libro es bueno, no para agradar al autor sino para ejercer una función educativa con respecto de los lectores.

TRIUNFO DE LA OPOSICIÓN BROTA DEL CORAZÓN DEL CHAVISMO

TRIUNFO DE LA OPOSICIÓN  BROTA DEL CORAZÓN DEL CHAVISMO


Por Patricio Zamorano, académico,

analista político, Director Ejecutivo de InfoAméricas.info

 Desde Washington DC 

 No hay duda de que la derrota electoral del chavismo no se puede adjudicar sólo a la oposición venezolana. Como lo dijo en CNN la noche de este domingo el propio Luis Vicente León, director de Datanálisis, empresa de encuestas identificada con el anti-chavismo, pese al crecimiento de diputados, la oposición no tiene un proyecto claro de sociedad ni de gobierno. La población venezolana, en ese sentido, no votó contra las prestaciones sociales, contra las políticas intensas anti-pobreza, los subsidios a los más necesitados, la nueva ecuación de la riqueza petrolera que distribuye mejor los ingresos fiscales, la inclusión democrática desde las mismas bases comunitarias, ni contra los valores solidarios y de democracia participativa que ha fundado sólidamente el chavismo.

Muy al contrario, el voto es una respuesta comprensible a la alta volatilidad económica, la inflación crónica y la escasez producida tanto por políticas erradas, la baja petrolera, la menor cantidad de dólares disponibles para las importaciones y la baja productividad nacional, unido al mercado negro creado por miles de especuladores, acaparadores y dirigentes de la empresa privada que no han cejado en sus esfuerzos desestabilizadores. Pero en términos políticos no importa el origen de la fuerte crisis económica que atraviesa el país, pues los efectos especialmente en los sectores más desposeídos y en la clase media-baja son obvios. Estas elecciones fueron una válvula de escape que debe, sin duda, provocar una “bofetada para los tiempos que nos toca actuar hacia el futuro”, como señaló en el reconocimiento de la derrota en la Asamblea Nacional el Presidente Nicolás Maduro.

 

Es tan claro el voto castigo hacia lo económico y no hacia el corazón del chavismo, que el propio secretario general de la llamada “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), Jesús Torrealba, en sus primeras declaraciones fue cauto y señaló tras ganar el control de la mayoría de diputados, “que llegar a la Asamblea en unidad y con deseos de cambio, no implica acabar con las conquistas sociales ni mucho menos”. O como señaló el electo diputado opositor Julio Borges,:“Vamos a dar, a profundizar, a democratizar los programas sociales”. Y el propio excandidato presidencial Henrique Capriles lo analizó claramente cuando expresó ante la prensa que “la gente ha votado para castigar al Gobierno”. Es revelador el hecho de que la oposición no ha generado un paroxismo triunfador ni ha colapsado las calles celebrando, y se ha cuidado de no anunciar un revanchismo reformista que dañe las políticas sociales que, sabe, son apoyadas por millones de venezolanos. Hay, sin duda, dos visiones enfrentadas en la MUD, una más agresiva y extremista representada por Leopoldo López, y otra más moderada que desea cimentar cambios sobre la base de negociaciones directas con el gobierno, más en la línea de Capriles y Henri Falcón. Esa dicotomía de intereses marcará la conducta opositora en la Asamblea Nacional que se inaugura en enero de 2016.

En efecto, el carácter plebiscitario que la oposición le dio a estas legislativas tiene un doble filo, pues al mismo tiempo deja en claro que la MUD debe aún ser capaz de generar un modelo alternativo de gobierno que sea viable, que lo lleve a la Presidencia del país, y que entregue al país una continuidad robusta como la que ha tenido el chavismo desde 1998. La gran pregunta es, ¿está en esas condiciones de madurez política tras estar fuera del poder por casi dos décadas y con un nivel crónico de división interna?

 

 Es de predecir, en todo caso, que tras la historia de más de 17 años de Revolución Bolivariana, la oposición deberá construir sobre las bases socio-económicas que el chavismo ha creado en Venezuela. Esa filosofía, que se proyecta y construye desde el comunismo hasta los valores centro-izquierdistas de la social-democracia, quedará enraizada por un largo tiempo en la cultura venezolana, especialmente entre las clases menos privilegiadas que han sido apoyadas por el chavismo y sacadas de las sombras. También entre un amplio sector intelectual, del activismo joven, de los militares, de los artistas, de los círculos universitarios y la clase profesional consciente del alto grado de exclusión que vivía Venezuela antes de la llegada de Hugo Chávez al poder para enfrentar el casi 70 por ciento de pobreza que abofeteaba la moral del país.

Ante la ausencia de un programa o modelo alternativo desde la oposición, el avance de la derecha venezolana es claramente un voto castigo, como lo señalan sus propios dirigentes. Es también claro según las cifras preliminares, que muchos simpatizantes chavistas prefirieron la abstención a haber votado por los candidatos opositores, seguramente inquietos por una decisión personal que afectaría el apoyo moral que aún genera la figura del fallecido presidente Chávez, imaginario que no logró conectar completamente con el nuevo liderazgo del PSUV. Muchos chavistas, en ese sentido, prefirieron la abstención y no presentarse ante las urnas, que votar contra el gobierno y la figura del Presidente Chávez.

El chavismo, no hay duda, ha cambiado de forma profunda los valores fundamentales del discurso político y las prioridades programáticas de todo el país. La oposición, víctima de un largo proceso de primero negación, y luego reacondicionamiento valórico-pragmático, ha terminado obligándose a acoger el discurso social del gobierno, el nuevo paradigma que inunda no sólo Venezuela sino que a toda América Latina. Incluso una de las dirigentes más extremas de la derecha venezolana, María Corina Machado, llegó a la Asamblea Nacional con un fuerte discurso social, basado en la lucha contra la pobreza y una mejor distribución de la riqueza. Según sus propias declaraciones, por “un gobierno responsable que satisfaga las necesidades fundamentales que tiene la población, y que mejore su calidad de vida”. Lo mismo Capriles: avanzó hasta quedar a un suspiro de la Presidencia en las elecciones de 2013 utilizando los mismos mensajes de justicia social e integración económica que son la base de los valores chavistas.

 

 

Hay un tema fundamental de la ética política que este triunfo opositor puede ayudar a solventar. En una veintena de actos electorales de toda índole, múltiples elecciones legislativas, de gobernaciones, municipales, revocatorias presidenciales y un largo etcétera, la oposición, pese a los hechos irrefutables sobre lo excelente y transparente del sistema electoral venezolano, ha realizado constantemente campañas de desinformación y asesinato de imagen contra los organismos eleccionarios y contra el Ejecutivo. En esta campaña de 2015, múltiples medios de comunicación, en especial internacionales como El País de España (miembro del grupo PRISA cuyos intereses económicos han sido afectados por el chavismo, lo que no informa a sus lectores, comprometiendo su imparcialidad), mantuvieron hasta el mismo día de las elecciones un clima alarmista sobre denuncias de violencia, fraude y ventajismo oficial contra la oposición. En pocas oportunidades se ha visto una campaña tan organizada y sistemática para debilitar la imagen de un gobierno elegido democráticamente. Apenas hubo claridad sobre la ventaja opositora este pasado domingo, los mismos medios de comunicación se apresuraron a celebrar la calma, tranquilidad y transparencia de una jornada ejemplar… Pero el daño ya está hecho. Mucho del anti-chavismo que se genera desde el plano internacional es y será alimentado desde un espacio de manipulación extrema. Los constantes llamados del Presidente Maduro a la calma política, al accionar democrático y al respeto que se daría de los resultados fueron prácticamente omitidos de todas estas cadenas internacionales.

Es prácticamente impresentable para la oposición la aberración de estar celebrando un triunfo basado en el mismo mecanismo electoral que han criticado tan violentamente. Incluso las primarias opositoras de mayo de este año 2015 utilizaron esa misma infraestructura tecnológica facilitada por el, luego, atacado Consejo Nacional Electoral (CNE). Los medios de comunicación que se enfrascaron en esta campaña de desinformación callaron sobre este tipo de hechos clarificadores.

 

Asimismo, la oposición se benefició de la misma distribución de la ley electoral que privilegia a los partidos mayoritarios, y que ha potenciado al gobierno en pasadas elecciones. Ahora que la MUD vio supervalorado el número de asientos en la Asamblea Nacional, hay una “gran” posibilidad de que los medios mundiales y nacionales no escuchen ningún reclamo sobre esos beneficios de la ley venezolana…

 

 En esta nueva etapa, paradójicamente se puede predecir un altísimo crecimiento del chavismo como constructo institucional venezolano, tallado en una amplia trama institucional que emana de la Constitución de 1999, una de las más avanzadas en el continente en términos participativos, de control hacia los actos del Ejecutivo y de auditoría popular, además del reconocimiento de derechos fundamentales de todos los grupos sociales y culturales venezolanos. Es paradójico, pues la oposición ahora procurará tomar el máximo de ventaja de los beneficios que ofrece la Constitución de 1999, incluido quizás otro plebiscito revocatorio contra el Presidente Maduro. En ese sentido, gozará de todo el marco de operación legítimamente democrático que le ha negado, a su vez, al gobierno, que se ha visto en una constante lucha por hacer uso de su derecho legítimo a gobernar según esa misma institucionalidad. Todo ese uso de la legalidad institucional que ha ejercido el gobierno chavista, condenado por la campaña mediática de algunos medios de comunicación y organismos conservadores de Estados Unidos, América Latina y España, ahora callará cuando esté en manos de la oposición de derecha.

 Veremos, por tanto, un proceso curioso que ya se viene desarrollando desde hace algunos años: la defensa de la Constitución por parte de la misma oposición, que la ha denunciado en otras ocasiones en que las tendencias políticas y electorales no les fueron favorables. No faltarán las declaraciones de apoyo de gobiernos aliados de la oposición como Estados Unidos y Colombia, que celebrarán la democracia venezolana, tras este triunfo reciente.

Si el chavismo logra recomponerse, tomar medidas urgentes que controlen la inflación, aumenten la producción nacional, balanceen el tipo de cambio que mantiene debilitadísimo al bolívar, y pueda generar un flujo amplio de los artículos de primera necesidad rompiendo el acaparamiento ilegal de los privados (controlando la corrupción que ha afectado a Venezuela crónicamente desde hace décadas), es posible que pueda recuperar algo de lo perdido. Pero en ese escenario, es de esperarse nuevamente la reactivación de una campaña del terror cuya intensidad dependerá de las nuevas amenazas que la oposición perciba al status quo de su capital político recién ganado.

La Revolución Bolivariana es, en ese sentido, una feliz “víctima” (y ha demostrado respetar claramente esas consecuencias pese a la contracampaña de los sectores conservadores) de la propia democratización que ha generado y que ha convertido en ciudadanos activos y participantes del destino de su país a millones de venezolanos que la actual oposición de derecha mantuvo excluidos del sistema político por cuatro décadas antes de la llegada de Chávez al poder. Y ese nuevo nivel de ciudadanía, que porta y esgrime en su mano el librito azul de la Constitución venezolana cada vez que siente que sus derechos no son respetados, es un triunfo enorme de la Revolución Bolivariana que la historia de Venezuela honrará por siempre. La oposición (es de esperar esa reflexión profundamente patriota y justa), debería estar agradecida de ese legado.

 

LA OTRA CULTURA DEL DEBATE

LA OTRA CULTURA DEL DEBATE

 

Luis Sexto

En la complicada trama de fibras y nervios de la psicología social del cubano, parecen mezclarse, como síntomas de los mismos defectos, reacciones diversas en las relaciones con "el otro". Por ejemplo, Don Fernando Ortiz, en uno de sus trabajos juveniles –Ensayos de psicología tropical- que por ello no disminuyen su valor, habla de la intolerancia del cubano a la crítica, y por extensión la intolerancia a tolerar, o a debatir.

Sin ánimo generalizador, admitamos  con fines de sanar, que la intolerancia está en zafra. Quizás en zafra chica, en este o aquel sector de nuestra existencia social. De cualquier modo, la palabra y la acción que condensan  la intolerancia son condenables. Y su origen uno no sabe dónde hallarlo: la Historia del mundo se jalona con las intolerancias de diverso tipo: personal, política, racial, religiosa, de clase, cultura, hasta deportiva.

Más bien el lenguaje actual la remite a la falta de convivencia entre lo disímil, lo diferente. Y bojeando el tema, me detengo en una de las curvas más comunes de la intolerancia: la incapacidad para debatir, al menos debatir con fines constructivos. Con mayor o menor grado,  en estas o aquellas esquinas en confrontación, el debate  resbala por el declive del insulto y, sobre todo, la anulación pontifical de los probables valores del contrincante. Basta, para percatarnos de este defecto casi congénito, una discusión beisbolera. Y tomo la bola para  expresar mi convicción de que una polémica, como un juego de béisbol, no se resuelve como si se manipularan tazas de porcelana.  Es decir, ha de asomar la pasión. Pero, en el medio, regulando, el juego limpio de la ética. La decencia, palabra que, a veces nos parece arrinconada en el diccionario menos frecuente, tiene su punto central en el respeto al semejante, aunque el otro se pare en el lado opuesto a donde estoy yo.

De lo contrario ocurre que resolvemos cualquier polémica confundiendo ironía con sarcasmo, humor con choteo, pasión con irrespeto. Y el mayor argumento que alzamos, como una maza, se liga con estos tópicos: no tienes la razón, porque la tengo yo, o tus opiniones no son válidas porque antes opinabas distinto.

¿No nos son conocidos esos términos? Y a qué causas remitir el origen de esa incapacidad para que unos no respeten a  otros. ¿A la herencia  de intolerancia legada por conquistadores y colonizadores?  ¿O a tantos años de opresión esclavista y extorsión colonial en  el XIX y siglos anteriores? ¿O al analfabetismo, el peculado, la corrupción en la república de 1902?  ¿O a las carencias materiales  y a la disminución del rigor moral y legal de estos días tan desafiantes para nuestra virtud personal y colectiva?

Todos esos factores confluyen para un efecto: somos parte de lo que fuimos, mediante  el trasvase de la tradición. Y somos también por influencias de las deficiencias sociales con que el presente agobia, e impele a algunos a la confusión, al desánimo, y a la desocialización. Desde luego, para entender este tiempo y sus límites, y estimar hasta dónde uno puede afectarse, se precisa de un  examen de conciencia que clarifique la certeza de que el individuo no debe permitir convertirse en una pluma al viento. Recuerdo, cuando comenzó el período especial, que este articulista sugería desde Bohemia afrontar la realidad desde los pisos superiores de la conciencia. Así, tal vez, nos expongamos menos al daño de unas décadas espinosas.

El problema del debate y el problema de la intolerancia se resuelven en una conducta: la convivencia. Cultura, escolaridad, educación, aun con sus insuficiencias, no nos han faltado. Pero si hoy posiblemente intercedan menos a favor  de la integridad del convivir, del respeto al otro, tal vez sea  porque pensamos que la cultura consiste en saber muchas lenguas extranjeras, mucha literatura, mucha estética. Y permanecemos un tanto olvidados de la otra cultura: la cordialidad, la solidaridad, la letra del corazón; esa cultura cuya palidez nos obliga a mover la cabeza de un lado al otro, viendo, incluso, hasta en un juego de pelota, cómo  se repite  en el diamante el espectáculo detestable de la quiebra de la convivencia, y el irrespeto por reglas, árbitros y jugadores.

Así, pensándolo bien, vivir, y jugar pelota, no sean tan necesarios. Pero convivir, convivir es muy necesario.

EL PACTO DE LAS CATACUMBAS

EL PACTO DE LAS CATACUMBAS

 

 Por Leonardo Boff

 El pacto de las catacumbas vivido por el papa Francisco

El día 16 de noviembre de 1965, cuando estaba terminando el Concilio Vaticano II (1962-1965), algunos obispos, animados por Dom Helder Câmara, celebraron una misa en las Catacumbas de Santa Domitila e hicieron el Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre. Proponían para sí mismos ideales de pobreza y sencillez, dejando sus palacios y viviendo en simples casas o apartamentos. Ahora con el Papa Francisco este pacto gana plena actualidad. Vale la pena recordar los compromisos asumidos por los obispos.

 

«Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos de episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:

 

1) Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.

 

2) Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.

 

3) No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.

 

4) Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.

 

5) Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor...). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.

 

6) En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).

 

7) Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.

 

8) Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.

 

9) Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de “beneficencia” en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.

 

10) Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.

 

11) Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral ―dos tercios de la humanidad― nos comprometemos a: -participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;

-pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.

 

12) Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:

-nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;

-buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;

-procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;

-nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.

 

13) Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles».

 

Firmantes

 

Los padres firmante del Pacto mantuvieron en reserva su identidad con el fin de evitar que el mismo fuera tomado como una presión indebida o un acto de soberbia con respecto a los demás participantes del Concilio. Con los años se han conocido los nombres de los participantes, aunque existen pequeñas variantes según los testimonios.

 Entre los firmantes del pacto que se han revelado se encuentran los siguientes:

 África

Costa de Marfil: Bernard Yago (Abidjan)

Sahara: Georges Mercier (Laghouat);

Tanzania: José Blomjous (Mwanza)

América Latina

Argentina: Alberto Devoto (Goya),Vicente Faustino Zazpe (Rafaela), Juan José Iriarte (Reconquista), Enrique Angelelli;

Brasil: Antônio Fragoso (Crateús-CE), Francisco Mesquita Filho Austregésilo (Afogados da Ingazeira – PE), João Batista da Mota e Albuquerque (arzobispo de Vitória, ES), Luiz Gonzaga Fernándes (obispo auxiliar de Vitória), Jorge Marcos de Oliveira (Santo André-SP), Hélder Cámara, Henrique Golland Trindade (OFM, arzobispo de Botucatu, SP), José María Pires (arzobispo de Paraíba, PB);

Chile: Manuel Larraín (Talca);

Colombia: Tulio Botero Salazar (Medellín) y Medina (Medellín) de Colombia;

Ecuador: Leonidas Proaño (Riobamba); ​​Raúl Zambrano (Facatativá)

Panamá:Marcos Gregorio McGrath (Santiago de Veraguas)

Uruguay: Alfredo Viola (Salto); Marcelo Mendiharat (Salto)

América del Norte

Canadá: Gérard Marie Coderre (Saint Jean de Quebec);

Asia

China: Charles Joseph (Ningxia)

Israel: Hakim (Nazaret)

Líbano: Haddad (Beirut)

Europa

Alemania: Julius Angerhausen (Essen) de Alemania

España: Rafael González Moralejo (Valencia), Muñoz (Pamplona)

Francia: Mons. Guy Marie Riobé (Orleans), Gérard Huyghe (Arras), Adrien Gand (Lille)

Italia: Luigi Betazzi (Bolonia), Angelo Cuniberti (Florencia)

 

¿No son estos los ideales presentados por el Papa Francisco?

2014-07-08

Enviado por: Centro “Óscar Arnulfo Romero” (OAR)

ERROR CON ERROR SE PAGA

ERROR CON ERROR SE PAGA

Luis Sexto

   No sé cuándo quise responder la pregunta de por qué el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra. Creo haber dicho que tropezaba porque desconocía las lecciones del pasado o porque… quería. Claro, me basaba en esa verdad que circula convertida en una frase latina: Errare humanum est. Es decir, que es propio del ser humano equivocarse, pero equivocarse dos veces en el mismo terreno, en el mismo asunto… Ah, ya eso es algo más.

   Lo pienso ahora como lo pensé hace meses. Y regreso al tema, porque recientemente le oí decir a cierta persona que en Cuba estábamos acostumbrados a trabajar sobre el error. Lo decía con seriedad. Y no con ánimo de crítica, sino aceptando que esa era nuestra norma, nuestro método. Equivocarnos y tratar de rectificar. No resulta esa, desde luego, mala política. Uno yerra y corrige el error. Saludable. Justo. Lo que ocurre es que el contexto en que tan filosófico aspecto se ventilaba, admitía que habitualmente se corregía el error… con otro error.

    Así el problema cambia de faz. Y lo que se apreciaba como un rostro amable, se transforma en la cara arrugada, repulsiva, de la bruja de Blanca Nieves, o en la del novelístico Retrato de Dorian Gray, el libro de Oscar Wilde, cuyo personaje, en un pacto con el diablo, se mantenía joven, pero su retrato adquiría las arrugas de todos sus yerros y pecados. Al final, podemos imaginar aquella pintura. Espantaba. ¡Cuánto mal había hecho aquel sujeto en su perdurable juventud! Su historia se resumía en un error sobre otro error.

  No quisiera admitir que por algunas esquinas de nuestra patria pululan los retratos de Dorian Gray. Esos que rectifican a ojo pelado, siguiendo imperativos cuya ejecución es inmediata, sin pretextos, burocráticamente ordenada y burocráticamente ejecutada. Y la película filma y filma metros de cinta sin cambiar de imagen: Hoy corriges aquello que hiciste mal, y mañana, cuando se hace necesario rectificarlo, actúas cañoneando la razón en una segunda vuelta. Y la noria gira, gira, gira…

   El hombre, pues, tropieza dos veces con la misma piedra, porque ignora las lecciones de la historia, la experiencia, la ciencia, o porque desea equivocarse; le importa poco el gasto, que al fin él no paga, y solo le interesa cumplir a cualquier costo. Lamentablemente, todo esto no significa la trama de una novela o el guión una película. Es verdad. La mentalidad burocrática nos empuja, incluso, a no tener en cuenta a la gente. ¿Que hace daño? ¿Que la solución de un problema molesta a los vecinos? Bueno, no estamos para reparar en exquisiteces. Ah no, compañero; los molesta porque hace diez años, cuando se construyó esto, ya los molestaba; ahora, con la solución, se agrava la molestia. ¿O cree usted que es solo un capricho, un preciosismo vecinal? Tenga en cuenta que aquello violó las leyes sobre el medio ambiente, y que esto otro, el llamado mejoramiento, las sigue violando, y los vecinos han sufrido perjuicios y los seguirán, ahora sufriendo. En suma, dos perjudicados: leyes y ciudadanos. Y también la racionalidad de la economía y de lo social.

   ¿Adónde vamos a parar?

   Ojalá que no sea verdad. Pero lo es. Es un filme, más que realista, real, aunque yo lo exponga figuradamente, como en neblinas.

ERROR POLÍTICO ATACAR SÍMBOLOS NACIONALES

ERROR POLÍTICO ATACAR SÍMBOLOS NACIONALES

Por Lorenzo Gonzalo,

periodista cubano radicado en Miami 

 

El tiempo pasa, las realidades sociales cambian y sin embargo, en ciertos círculos persisten tendencias de responder ante los sucesos con iguales patrones que antaño. Ese es el caso de Miami y de pequeños bolsones de cubanos y personas de otras nacionalidades, frente a situaciones relacionadas con Cuba.

La última es la suspensión de visado automático que acaba de anunciar la cancillería de Ecuador, decisión vinculada a los sucesos provocados por más de tres mil cubanos que habiendo salido de Cuba por ese país, se decidieron a cruzar las fronteras de los países centro americanos y México, con rumbo a Estados Unidos. Porque el asunto de estos cubanos, como de millones latinoamericanos, no es emigrar a cualquier país, sino llegar al Norte. Siempre al Norte. Fenómeno que tampoco es nuevo, porque desde el siglo XVIII llegar a “América”, como le decían a las colonias de Norteamérica y Canadá, ha sido el ansiado punto cardinal de los movimientos migratorios.

Razones para que así haya sido sobran. Desde las faltas de ataduras políticas y obligados credos, impuestos por las colonizaciones españolas, francesas y otras, ausentes prácticamente en las colonias “americanas” de origen inglés, hasta las características geográficas y el tipo de poblaciones autóctonas existentes cuando los primeros europeos pusieron sus pies sobre los territorios al sur del río Bravo.

 Resulta que en Miami, personas dispersas y los medios, parecen mostrar cóleras porque a “esos cubanos” no los dejan cruzar tranquilamente las fronteras, violando las leyes migratorias de esos países, para facilitarles su ingreso ilegal al Norte que les permite contravenir el sentido general de sus propias regulaciones a través de una Ley que privilegia al cubano. Para colmo, consideran una afrenta “a la libertad” (siempre en nombre de los abstractos), que el gobierno cubano se pronuncie a favor de esas personas y les recuerde que, como cubanos, pueden regresar al país.

 Parece ser que para estas personas los cubanos tienen imaginarios derechos, desconociendo las realidades de la Cuba actual. Un ejemplo es la protesta inusitada que provocó una foto del directivo de la compañía telefónica Sprint, donde aparece la imagen del Che Guevara, cubriendo la fachada del Ministerio del Interior en la Plaza de la Revolución en La Habana.

 La tergiversación de los medios y de personas o entidades que se hayan ofendido por esa foto, se sustenta en una visión social sicótica, tendiente a negar un proceso que, a todas luces, ha mostrado ser irreversible, al tiempo que es capaz de sentar bases para su transformación y adecuación a las nuevas realidades.

Cuba tiene más años de historia lidiando con un proceso revolucionario que aún no ha terminado de cuajar, que de tiempo republicano posterior a su independencia de España y anterior al comienzo de esa etapa.

Durante ese tiempo se han creado símbolos, como también ha sucedido en otros países. Estados Unidos tiene a John F. Kennedy, al líder negro Martin Luther King, al líder chicano César Chávez y a otros. Quienes lleguen a Estados Unidos denostando de alguno de ellos, no serán recibidos con beneplácito. Sin embargo, Representantes Federales como Carlos Curbelo, Ileana Ross Lethinen y el conjunto de congresistas que aún no han sido desplazados por el voto popular de esos cargos, protestaron por dicha foto.

Sustentan sus razones en su enfermiza oposición al establecimiento de relaciones con Cuba. Oposición basada a su vez, en el surrealista criterio de que todo en Cuba es malo, comenzando por las modalidades culturales surgidas al calor de los vaivenes y cambios ocurridos durante las búsquedas, aciertos y errores del proceso. La negación de las realidades, se extienden hasta el punto de desconocer las figuras emblemáticas que todo país genera en su desarrollo y evolución.

El Che Guevara es una de ellas, la Plaza de la Revolución es otra. De los fallecidos, Camilo Cienfuegos acompaña la figura de Guevara por la especial participación de ambos en una de las gestas de la insurrección revolucionaria en contra de la dictadura de Batista. No son símbolos irreales, como tampoco lo son los mencionados estadounidenses o Nelson Mandela en Sudafrica o Salvador Allende en Chile.

 A estos congresistas federales, como a otros pocos representantes políticos que aún subsisten, a pesar de los cambios políticos que se operan en todos los órdenes respecto a Cuba y en Cuba, no se les puede tomar en serio. Quienes piensen entrar en Cuba y establecer relaciones civilizadas, no sólo tienen que reconocer sus símbolos patrios y nacionales, sino que además tendrán que rendirles tributo en los momentos que las circunstancias lo demanden.

El Che Guevara, es atacado, porque estos congresistas son de algún modo herederos de los cómplices de la dictadura de Batista o por personas que provienen de gobiernos dictatoriales de Latinoamérica. Algunos orates de origen cubano lo atacan por ser un supuesto aventurero, que peleó en un país que no es el propio, desconociendo que el General Jefe del Ejército Mambí, Máximo Gómez, durante la Guerra por la Independencia de España, era dominicano. Otros muchos lucharon por la Independencia o la justicia social en otros países, incluyendo Estados Unidos. Se les recomienda a estas personas que estudien un poco de historia y si van a Cuba sería bueno que visiten el Mausoleo de Ernesto Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.

 No reconocer los símbolos nacionales de un país es un gran error político.

 

29 de noviembre del 2015 

 

FILOSOFÍA DEL INCONSCIENTE

FILOSOFÍA DEL INCONSCIENTE

Luis Sexto

Vive la vida, recomienda la filosofía del barrio. ¿Y acaso hacemos algo distinto? Tengo vida, luego vivo. Esa es la certeza íntima e impostergable de cualquier persona. Vivir, imperativo, avalancha sucesiva de energía y conciencia. Pero la frase no es tan torpe como aparenta. Excluye el simple existir, el mero impulso de respirar y andar.

Vive la vida, me aconsejan al lado. Y en el horizonte de tan redundante máxima, prevalece  cierta subrepticia y nociva  intención. Recomienda algo más. Y lo que pretende sugerir en tono tan inapelable, equivale a un apartamiento de las consideraciones éticas, a un cerrar los ojos ante una disyuntiva moral. Sacrifica la honradez, la verdad, el amor. A eso apunta. Porque vivir la vida para esta frase tan recurrente implica la erupción del yo y la inmersión del él, del tú, del nosotros. Exaltación, apoteosis del egoísmo, en la trama un tanto desvergonzada de una filosofía vitalista cuyo objeto es el placer y el tener.

Vive la vida. Goza, despreocúpate, záfate. Y los principios, ah, los principios, conviértelos en tus “fines”. No partas de ellos, móntate sobre ellos. Y simúlalo. Sólo se vive una vez...

Ahora, luego de haber conocido, alguna vez pronunciado y de haber  hecho la ficha de tantas frases de uso común, me doy cuenta de que son versiones de una única actitud; visiones presuntuosamente originales del descrédito. Vive la vida. ¿No es en su esencia igual que Déjate de escrúpulos, Échatelo todo a la espalda, Que arree el de atrás... Este diccionario ha sido un serón de redundancias, un tragante de malquerencias. El contacto con un lejano y persistente legado que utiliza la lengua para acusar su presencia.

Pero no ha de asustarnos. El hombre es mezcla. La vida es mezcla. La historia se configura con el barro y con la sangre. Y la sangre va limpiando, como el discurso de Diógenes desde su barril, las adherencias irracionales. Y la frase de Vive la vida abre, como luego de un baño profundo, otros espejos, se resuelve en otra dimensión. Y en vez de ser sinuosa, escabrosa, norma de conducta, pasa a componer un desafío. Vive la vida. Esto es, sóplale sentido: convierte el beso en luz; el trabajo en cimiento; el deber en identidad; la palabra en sinceridad; el acto en justicia; la relación en solidaridad.

Y los principios, ah los principios, transfórmalos en fuerza, en medio de renovación. Porque, si no, por mucho que los pregones, por mucho que aparentes rendirle acatamiento, se descubre que está viviendo la vida al revés, usándolos para tu provecho. Con lo cual, además de falsearlos, los expone al desdoro. Porque otra cosa no hace quien, en nombre de de lo justo, daña a una persona por  emplear equívoca o inmoralmente sus principios .

Simone de Beauvoir recomendaba que para vivir con plétora de satisfacción la etapa última, esa que los nomencladores llaman eufemísticamente tercera edad, hacía falta entregarse a una pasión, a una obra, a un semejante. Y me parece que no solo en el trámite final de la existencia. Entregarse a una pasión aun cuando el vigor se desparrame por hirviente y abundante; a una pasión -creo interpretar la idea de la compañera del filósofo Sastre- que rebote en otro, en un plural juego de dar una prenda, aunque del lado de allá solo retorne el vacío. Porque, al cabo, el acto de dar implica también el de recibir las certezas de que se tiene el sentido profundo de la solidaridad. Solidaridad que no espera regreso, ni pago, ni gratitud. Y olvida pronto lo que dio.

Me he repetido, en voz alta, estas ideas aprendidas expiando tantos yerros, tantos devaneos.  Y debo quizás dar gracias por intentar comprender que vivir la vida es una suma de elementos que no tienen razón natural para derivar en el egoísmo. Si así fuese, ya empezaría a ser el “bon vivant” de los franceses. El “vividor” de nuestra lengua, ese que chupa, muerde y luego se lava las manos sin sentido de culpa ni responsabilidad. Me parece que para vivir plenamente  mi sueño,  también  tu el tuyo, es inevitable integrarlo al sueño del otro, tal vez propiciando el sueño del otro. Porque, de otra forma, como diría el poeta Bécquer, qué solo se quedan los muertos… de espíritu.

 

 

LA PASIÓN CONFESA DE AVELINA CORREA

LA PASIÓN CONFESA DE AVELINA CORREA

Luis Sexto

Eva no se llamó la primera mujer en El Mundo, sino Avelina. Avelina Correa que, aun desconocida para el presente, permanece en la cronología cubana por haber sido, presumiblemente, la primera periodista en ocupar plaza fija en la redacción de un diario. Lo que equivale a decir hoy estar en plantilla. La fecha es muy significativa: a comienzos del nuevo siglo, y en vísperas de formalizarse la república enmendada por un padrastro militar y económicamente poderoso.

Si en el tránsito del XIX al XX, La Habana comenzó a testificar el crujido de los tranvías eléctricos, y el 22 de marzo de 1901, las crónicas recogieron el primer viaje entre La Habana y el Vedado, en abril del mismo año se fundó El Mundo, diario sintonizado con los impulsos renovadores de la nueva centuria. Los historiadores de la prensa coinciden en asegurar que fue el primer periódico en plasmar “el eslabón medio entre el periódico personal, de ideas y el modernísimo órgano de publicidad y de gran información (…) El periódico de todos” , según su lema. Incluía grabados y la crónica social cada día. y fue pionero en usar la tricromía, y distribuyó sus páginas a ocho columnas.(1)

Con el nombramiento de Avelina Correa por Rafael Govín, o por José Manuel Govín -que las fuentes enturbian la certeza de cuál de los dos señores fue el director y propietario inicial-, el periódico recién fundado adelantó técnicamente su conciliación con los tiempos a la vez que les atizaba las velas en lo social. ¡Una mujer en puesto de varón en El Mundo! Ese territorio pertenecía entonces a profesionales masculinos. Sin embargo, Álvaro de la Iglesia, compañero de faena, la calificó de “hermana en las letras”. (2)

Para cualquiera de ambos Govín, esa época de tránsito exigía audacia. Y para Avelina Correa, el ingreso en el periódico le reclamó otra prueba de inclinación periodística, y de integridad de carácter y ánimo. En los últimos años del siglo anterior, esta mujer había probado su excepcionalidad cuando afrontó un período tan explosivo y cruel que habría terminado en muerte si ella hubiera sido débil e inhábil para vivir conscientemente la desgracia, y proponerse torcerle las púas. Y sobrevivió, para seguir desafiando las dificultades, y el dolor, la negatividad y el egoísmo de ciertos familiares, y el prejuicio de algunos colegas. Cuando Govín la adscribió a El Mundo, hacía más de dos años que buscaba empleo.

El 31 de diciembre de 1899, había regresado a Cuba desde España. Llegaba desgarrada. En meses recientes, como colgada de las agujas de un reloj fuera de ritmo, se había desplazado de la dicha de mujer enamorada y recién casada, a la viudez encinta. Y al volver, su primera desgarradura en la patria la sufría en los mismos labios de la bahía, de acuerdo con Impresiones filipinas (páginas de una prisionera cubana), su único libro conocido en la actualidad mediante las vidrieras de Amazon (3) . Se había marchado con la bandera española de señora en el castillo del Morro, y a su retorno la saludaban las luces extrañas de las estrellas norteamericanas. Sabemos que muchos cubanos patriotas, al volver de “distante ribera”, experimentaron la misma fractura emotiva.

La Habana, según apuntó Avelina, asombrada o compungida, que no lo podemos suponer, mostraba cambios, principalmente en las costumbres. Porque se topó con mujeres en bicicleta; y seguramente con otras que expelían humo de cigarrillos en público como delicadas locomotoras. Pero ahora hemos de enaltecer a aquellas damas que defendían el derecho de igualarse en oportunidades a su contraparte masculina, y en particular elevemos a la Correa. Porque, aunque usos y actitudes empezaban a modificarse con el fin de la guerra de independencia y con los aportes de la intervención e influencia norteamericanas, la generalidad de los varones, como sabemos, se mordían las alas del bigote ante la inminente certeza de compartir sus fueros dominantes con las que hasta ahora se atenían al espacio familiar de la maternidad y la cocina. Y por ello, en el expediente de Avelina Correa ocupar cargo propio de hombres en la redacción del diario de Govín debió solicitarle inteligencia, entereza, constancia y valentía. Tal vez mucho más que en Filipinas, en 1898.

 

TRES HISTORIAS se relevan en la parábola de Avelina Correa. Cuanto sabemos de la primera apenas alcanza para un sumario estricto. Empieza al nacer en Bayamo en 1875, en casa dotada de atmósfera culta y facilidad económica, según puede uno suponer por parientes y amigos que ella visitaba y nombra en el libro que la sobrevive, como los Martínez Freyre, Antonio Bravo Correoso, los Coronado, y Eva Canel, la periodista española por tanta osadía distinguida. En 1889, con 14 años, Avelina publicó el artículo “Esperanza” en La Habana Elegante, alternativamente revista o periódico, fundada en 1883, con periodicidad semanal, y nombres eminentes entre sus colaboradores o editores: Manuel de la Cruz, Enrique Hernández Miyares, Julián del Casal, Ramón Meza…

Más tarde, Avelina prosiguió su colaboración en los periódicos habaneros. Después de comenzar los fuegos y tajos de la guerra de 1895, huérfana, y pobre, y decepcionada de familiares que no la querían, y tampoco comprendida por el primer hombre que amó, la urgió el impulso de huir. Y decidió embarcar hacia España, con un mínimo de dinero, tras publicar su novela La perla hereditaria. En la página 29 de Impresiones filipinas (páginas de una prisionera cubana) es más explícita y rotunda:

Yo era una mujer, joven y abandonada al azar que quería aturdirme en tierra extraña, había perdido la esperanza de ser feliz, no pensaba en amar ni ser amada, sino en adquirir un nombre; no por ambición sino por necesidad, de poder vivir de mi trabajo intelectual, una vez que mi firma fuese conocida.

Advierto que será conveniente registrar, desde su fundación hasta 1927--cuando Avelina falleció--, las páginas de El Mundo y de Bohemia, medios donde ella ejerció el periodismo, con el interés de encontrar, no sólo formas y contenidos de su obra, sino para detectar más información sobre la tercera etapa de la existencia de esta mujer con rasgos de excepcionalidad. Sólo sabemos que hacia 1901, concluyó en La Habana Impresiones filipinas (páginas de una prisionera cubana). Publicado en 1908 bajo el crédito de Avelina Correa de Malvehy, podemos inferir con exactitud que la autora ya se había recompuesto emocionalmente y en consecuencia vuelto a casarse. Quizás por los efectos de la conmoción de su experiencia en el archipiélago tagalo –tagalo por la lengua predominante, y la etnia, segunda en número-, el libro no se entretiene en los días previos a la partida hacia España, ni en los orígenes familiares de la autora: sólo detalles generales, por añadidura vagos. Al parecer, Avelina lo escribió para su presente, suponiendo que esos datos personales no les eran necesarios a los posibles lectores de entonces. O posiblemente su necesidad de informar no creyó útil reparar en fundamentos familiares que no fuera los relacionados con la peripecia esencial.

La reclamaba acaso un empeño obsesivo: contar sus experiencias en Filipinas, entonces colonia de España. Y no sería un despropósito suponer que retornó viva, porque también su voluntad de creadora le exigía resistir para seguir viviendo y revelar lo vivido. Al Pacífico viajó desde Madrid, luego del 28 de mayo de 1898, fecha de la boda con Alfonso Caos Rebolledo, nombrado interventor de la hacienda pública en San Fernando de la Unión. Y más que escribir una crónica de remembranzas, construyó un testimonio de intención periodística. Comienza con un Exordio que resulta una síntesis de sus circunstancias en tierras del archipiélago filipino, como adelantando los momentos esenciales a riesgo de repetirlos; se detiene para narrar brevemente la circunstancia habanera, y luego, en capítulos sucesivos, pasa a la estancia en Madrid y escribe sobre el rechazo de sus parientes a ella misma y al matrimonio, tan instantáneo como breve, con Alfonso, padre de la niña engendrada casi de inmediato al casamiento, y nacida entre horrores, y se empalma, abundante en actos y rasgos ambientales, con el viaje a las islas Filipinas, el asesinato de su marido, los meses allí prisionera, el parto, y el comportamiento severo, casi atroz, de los insurrectos tagalos, luego explicado por las raíces opresivas de la insurrección. El momento coincidió con el arribo de una flota de guerra norteamericana a las islas, consecuencia de la guerra hispano-cubana-norteamericana. Y el libro termina con el retorno a Cuba.

Estremezcámonos, con estas frases: …

Mi amado perdió la vida de una sola herida; yo recibí tres, y creyéndome muerta me llevaron a enterrar; abrieron para el efecto un hoyo profundo, y mientras hacía esta operación me tiraron sobre cinco cadáveres, y entre ellos estaba mi Alfonso idolatrado! // Volví de mi desmayo ante tan brusca impresión, al verme aún con vida y chorreando sangre de mis heridas, Vicente Quesada, presidente de aquella partida, me perdonó la honra y la vida, llevándome con ellos prisionera” (4).

 Aparte del valor informativo de los sucesos, es en las descripciones donde hallo lo más periodístico del libro, por otra parte matizado de justificables lamentos, y de intenciones moralizantes, particularmente en la extensa dedicatoria a Alfonsa Milagros de la Providencia, su hija. En el Exordio, Avelina confiesa:

Desde que caí prisionera de los tagalos, formé el propósito de escribir este libro, si recuperaba la libertad y salía de aquel suplicio temporal, con vida y salud. Mucho temí que se perturbara mi razón…

Por la voluntad de escribir, y la insistencia en mantenerse del trabajo intelectual, podemos admitir que Avelina Correa era periodista de intensa vocación. Porque quién que no fuese periodista de ojos interiores preclaros, y viera asesinar a su esposo, y ella misma echada, como muerta, en una fosa junto con otros cadáveres, y sufriera amenazas, prisión y extorsiones, y pariera en ambiente tan trágico, concebiría entre tanta adversidad la intención de hacer perdurar lo vivido, que incluye lo sufrido.

En el estilo, el libro, sin la brillantez de algunos de los contemporáneos de la autora, como, por citar uno, Manuel Márquez Sterling, se mantiene apegado a la corrección y a la claridad -tan sólo garabateada por alguna anfibología. Y destaca también por la capacidad de síntesis y la precisión, y a veces originalidad, en las descripciones. Cuando navegaban por el canal de Suez, trazó este escorzo:

La blancura de las azoteas, elevados minaretes y altas torres del barrio árabe por un lado, y el gusto artístico y moderno de los “chalets” y suntuosos edificios del barrio europeo, rodeado de caprichosos jardines a la inglesa, bosquecillos de acacias, higueras y esbeltas palmeras, cuajados de amarillos dátiles de Berbería, dan a Suez un golpe de vista encantador.

Como periodista no olvidó apuntar alguna referencia histórica o literaria, incluso de las más sabidas, y sumar detalles informativos, para incrementar el interés de cuanto ella veía y luego describía:

Hechas las provisiones indispensables, empieza la navegación por el Mar Rojo, cuyas aguas están siempre tan tranquilas, como las de un pequeño lago. A la entrada, se divisan ambas costas y esto recuerda a los pasajeros, el paso de los Israelitas al abrirse las aguas del mar Rojo; pero luego las costas se alejan, perdiéndose de vista hasta la cumbre del monte Sinaí.

(…) Allí no corre brisa; con suma frecuencia se registran casos de asfixia entre los pasajeros y en las tripulaciones, y eso que la travesía por ese mar se hace con dobles toldos en cubierta, y a la distancia de un metro el uno del otro, remojando con potentes mangueras el toldo superior, durante las horas de sol, y con todas estas precauciones el calor es irresistible, a tal extremo, que si se coloca un huevo al sol sobre cubierta, a los diez minutos se abre y está completamente cuajado.

Más adelante, anotó datos que la confirman en su buida visión periodística:

Adén no produce nada absolutamente, es completamente árido, no hay árboles ni yerba. La actual generación ha visto llover muy pocas veces, y el agua que allí se gasta es del mar, destilada en una magnífica y colosal cisterna, que es una verdadera maravilla.

En Impresiones filipinas (páginas de una prisionera cubana), el lector aprecia manifestaciones de sagacidad, como presagios que removían la sensibilidad de Avelina Correa cuando observaba una situación y olfateaba humos de peligro. La cita que sigue podría generar dudas de que sea una expresión de su agudeza y profundad focal al interpretar hechos y conductas, y resulten, en cambio, obra de supersticiones o de tendencias neuróticas. Sin embargo, cuando andaban hacia San Fernando de la Unión, en compañía de un mestizo casualmente encontrado, y otros amigos de este, le dijo: “Alfonso, presiento una desgracia y mi corazón es muy leal: no se engaña nunca”. Y lo advertía porque el nuevo acompañante sugería una vía y una ruta distintas a la planeada por el matrimonio. Alfonso Caos Rebolledo aceptó la propuesta. Y le comentó a su mujer –cito libremente : Esta vez te vas a llevar una decepción muy grande en tu corazonada. Pero ella acertó: perdió a su esposo. Y la causa de que los insurrectos lo mataran a él e intentaran matarla a ella, fue por viajar acompañados de aquel señor mestizo llamado Enrique Lette, habituado a maltratar a los indígenas. Así se trata a esta gente, le respondió a Avelina cuando protestó por el tono altanero y ofensivo del señor Lette.

Avelina aclaró:

Efectivamente, en Filipinas siempre se ha tratado a los indios (5) mucho peor que aquí (6) a los esclavos; pues hasta en las casas particulares, por la cosa más insignificante, se daban palizas enormes a los criados; y los mestizos eran más crueles con los indios que los castilas (españoles).

Y en el siguiente párrafo, indicó:

“¡Oh! si ellos se hubiesen ido primero hubiera sido la salvación de Alfonso”.

Más adelante, la historia se percibe completa, a pesar de la sintaxis confusa del segundo párrafo, agraviada, entre otras presencias o ausencias erróneas, por el posesivo “su” que intenta sustituir el nombre de Alfonso. No obstante, la lógica del lector lo aprehende enseguida. Y comprende que la autora recordaba uno de los momentos más punzantes del relato:

Allí me dijeron que Enrique Lette era un filipino muy malo con sus paisanos; que debía muchas vidas, lo mismo que el padre Mariano, por lo cual se había sublevado contra ellos toda la provincia, decretando la muerte de ambos y jurando aprovechar la primera oportunidad para realizar sus deseos.

El nombramiento de comandante de voluntarios que dieron a Enrique Lette en Manila, fue la sentencia de su muerte, y la fatídica casualidad de conocerlo nosotros en Daupan y simpatizar mi marido con Lette, la causa de su muerte; pues creyéndolo complicado con él al defenderse con el revólver que le dio Lette, lo creyeron culpable y lo atacaron.

-Siento, señora –me dijo Quesada (7) - que hayamos atacado a un inocente, y sólo deseo que usted tenga resignación y que viva para el fruto de su cariño.

Avelina Correa, tan lejana de nosotros en época y acontecimientos, nos dejó una lección todavía vigente: trascender la catarsis para convertirla en testimonio primeramente periodístico y después histórico. Y ella misma reconoce que a veces “el fruto es amargo, como amarga es la verdad”. Había realizado sus deseos: viajar, y “por experiencia propia he podido escribir después”.

Al cerrar mi lectura de este libro, me he preguntado las razones de tanto rechazo familiar contra Avelina Correa. Y me parece que una causa se empina sobre otras: Avelina pertenecía al grupo de los adelantados de su tiempo, y quienes van delante portan la luz. Y por ello, posiblemente nos hayamos percatado de que la obra periodística de Avelina Correa amerita la paciencia de repasarla en El Mundo, y también en Bohemia, donde Quevedo, padre, le donó espacio. Como quizás sea justa una edición corregida y acotada de sus Impresiones filipinas (Páginas de una prisionera cubana) .

Avelina Correa de Malvehy nos ofrece ejemplarmente una condición sin la cual no se intensifica, ni se perfecciona el ejercicio del periodismo: la pasión de vivir, para contar lo vivido con óptica de laboratorio. Esto es, viendo en el fondo lo que no se ve arriba con ojos comunes. Luis Sexto La Habana, 8 de noviembre de 2015.

Notas

[1] El periodismo en Cuba, libro conmemorativo del día del periodista, La Habana, 1935; página 109.

[2]  Prólogo fechado en 1901 a Impresiones filipinas (páginas de una prisionera cubana), de Avelina Correa de Malvehy.

[3] La Habana, Imprenta P. Fernández y Comp. Obispo 17, 1908. Existe edición facsimilar en Amazon, tomada de un ejemplar existente en la Colección Escoto de  Harvard College Library, Latin-American cuya entrada el cuño correspondiente indica February  6, 1919. A la venta hoy en: http://www.amazon.com/Avelina-Correa-De-Malehy/e/B00K7TRLQK

[4] En las citas no respetaré la acentuación de la época.

(5) Se refiere a los filipinos.

(6) En Cuba.

(7) Vicente Quesada, líder de los de insurrectos.