Blogia

PATRIA Y HUMANIDAD

VIVE LA VIDA

VIVE LA VIDA

Por Luis Sexto

Diccionario de frases al uso

¿Acaso hacemos algo distinto? Tengo vida, luego vivo. Esa es la certeza íntima e impostergable de cualquier persona. Vivir, imperativo, avalancha sucesiva de energía y conciencia. Pero la frase no es tan torpe como aparenta. Excluye el simple existir, el mero impulso de respirar y andar.

Vive la vida. Y en el horizonte de tan redundante máxima, prevalece  cierta subrepticia y nociva  intención. Recomienda algo más. Y lo que nos pretende sugerir en tono tan inapelable, equivale a un apartamiento de las consideraciones éticas, a un cerrar los ojos ante una disyuntiva moral. Sacrifica la honradez, la verdad, el amor. A eso apunta. Porque vivir la vida para esta frase tan recurrente implica la erupción del yo y la inmersión del él, del tú, del nosotros. Exaltación, apoteosis del egoísmo, en la trama un tanto desvergonzada de una filosofía vitalista cuyo objeto es el placer y el tener.

Vive la vida. Goza, despreocúpate, záfate. Y los principios, ah, los principios, conviértelos en tus “fines”. No partas de ellos, móntate sobre ellos. Y simúlalo. Sólo se vive una vez...

Ahora, luego de haber hecho la ficha de tantas frases de uso común, me doy cuenta de que son versiones de una única actitud; visiones presuntuosamente originales del descrédito. Vive la vida. ¿No es en su esencia igual que Déjate de boberías, Échatelo todo a la espalda, Que arree el de atrás... Ha sido este diccionario un serón de redundancias, un tragante de malquerencias. El contacto con un lejano y persistente legado que utiliza la lengua para acusar su presencia.

Y no ha de asustarnos. El hombre es mezcla. La vida es mezcla. La historia se configura con el barro y con la sangre. Y la sangre va limpiando, como el discurso de Diógenes desde su barril, las adherencias irracionales. Y la frase Vive la vida abre, como luego un baño profundo, otros espejos, se resuelve en otra dimensión. Y en vez de ser sinuosa, escabrosa, norma de conducta, pasa a componer un desafío. Vive la vida. Esto es, sóplale sentido: convierte el beso en luz, el trabajo en cimiento, el deber en carnet, la palabra en sinceridad, el acto en justicia, la relación en solidaridad.

Y los principios, ah los principios, transfórmalos en fuerza, en medio de renovación. Porque, si no, por mucho que los pregones, por mucho que aparentes rendirle acatamiento, se descubre que está viviendo la vida al revés, usándolos para tu provecho. Con lo cual, además de falsearlos, los expone al desdoro. Porque otra cosa no hace quien, en nombre de un principio justo, daña a una persona por un empleo equívoco o inmoral de aquel.Vivir la vida es suma de elementos que no tienen razón natural para oponerse. Vive tu sueño, tu proyecto, pero integrado al sueño del otro..          

INTELECTUALES POR CUBA

INTELECTUALES POR CUBA

El cardenal Ortega rechazó cualquier intervención norteamericana 

Centenares de intelectuales latinoamericanos, europeos y norteamericanos dijeron al gobierno de Estados Unidos en una declaración publicada en La Habana que respete la soberanía  cubana y estimaron que es creciente la amenaza estadounidense a la integridad de este país caribeño.
  
La declaración firmada por unas 400 personalidades fue divulgada en rueda de prensa este lunes en La Habana en la cual también fue comentada por los promotores de la misma la salud del líder cubano, Fidel Castro, y la situación en Cuba, la cual estimaron de
tranquila pero pendiente del estado del paciente.
  

El presidente de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, el sacerdote católico, teólogo y sociólogo belga  Francois Houtart, y Andrés Gómez, residente en Miami, Florida y director de la revista digital Areito y de la brigada de solidaridad con Cuba
Antonio Maceo, encabezaron la conferencia, durante la cual la salud del dirigente cubano fue calificada como estable. Aunque se informó en una de las respuestas que ninguno de los tres presentadores se encontró con el presidente cubano después
de anunciarse su enfermedad, todos coincidieron en que las declaraciones de algunos dirigentes cubanos en el interior y exterior de la Isla denotan que este enfrenta una situación estable, sin gravedad, tras la intervención quirúrgica que sufrió para detener un
sangramiento en sus vías digestivas.  
 

Sobre la declaración emitida hoy, firmada, entre muchos otros, por el escritor portugués José Saramago, los premios Nóbel el nigeriano Wole Soyinka, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, el italiano Dario Fo, el sudafricano Desmond Tutu, los intelectuales y
artistas norteamericanos Noam Chomsky, Harry Belafonte, Angela Davis, Tom Morello, Alice Walker, Ramsey Clark,  el uruguayo Eduardo Galeano y el argentino Miguel Bonaso,
  El texto de la declaración rechazó amenazas y presiones lanzadas en las últimas horas desde Washington contra Cuba por el propio presidente norteamericano, George W. Bush, el vocero de la Casa Blanca, Tony Snow y la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, por considerarlas como amenazantes, no solo contra  la integridad nacional de Cuba, sino también contra  la paz y la seguridad en América Latina y el mundo.
  

"Exigimos que el gobierno de los Estados Unidos respete la soberanía de Cuba. Debemos impedir a toda costa una nueva agresión", expresaron los intelectuales firmantes.
  

  También en la capital cubana, el domingo, el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de la Iglesia Católica, pidió públicamente en sus  oraciones "que Dios acompañe en su enfermedad al presidente Fidel Castro''. En respuestas a la prensa extranjera, el religioso dijo  que continuarán haciéndose misas en el país que rogarán por la salud del paciente.  ''En estos días, se tendrán en cuenta la salud  del presidente, la patria y los que gobiernan actualmente. Oramos por la patria, por Cuba en estos momentos, por quienes la
dirigen. Es nuestra manera de poner el futuro en manos del Señor, que es lo que le corresponde en estos momentos a la Iglesia'', dijo.
  

Abogó "porque  nada rompa la concordia entre los cubanos, nada perturbe la paz entre nosotros, ya que es evidente que cualquier cosa que fuese de ese estilo no solamente es rechazada, sino que sería muy lamentable'',  y rechazó con énfasis una
intervención militar de Estados Unidos en la Isla.  Dijo que la  Iglesia Católica cubana ``jamás estaría ... ni siquiera aceptando mínimamente cualquier intervención extranjera. ¡Jamás!''.
(Wold data Service)

CULTURA EN CUBA: MESTIZAJE Y RESISTENCIA

CULTURA EN CUBA: MESTIZAJE Y  RESISTENCIA

Por Luis Sexto

Este artículo es casi el original del texto en inglés que aparece debajo, dirigido al lector norteamericano

Lea una novela de Alejo Carpentier, o un poema de Nicolás Guillén;  observe un cuadro de Wifredo Lam,  u oiga una canción de Silvio Rodríguez,  y contactará con la cultura espiritual cubana, expresión nacional hecha lengua, color, ritmo, bajo un signo definitorio: el mestizaje.

La  mezcla es, en efecto, el rasgo definitorio de Cuba, su identidad y su cultura. Existen, por tanto, un ritmo y un color cubanos. Y dos componentes se conjugan primordialmente en sus esencias: lo español y lo africano, además de lo aborigen arahuaco y lo chino, en menor proporción, e incluso, dentro de lo hispano, lo canario.

La cultura cubana tiene  otra singularidad: su vínculo raigal con la historia de la nación. No sería exagerar advertir que las guerras de independencia no fueron solo urgencias de liberación económica y política bajo la opresión colonial de una España medieval y excluyente. Expresaron  a la vez un sentimiento de nación y de cultura que se integró ceñidamente en la lucha bélica. Negros y blancos, y chinos y canarios, a más de españoles de otras regiones, se concertaron en los campos de batalla procurando concretar, en el orden de una nación nueva, cuanto de duradero y definidor se había acumulado en cuatro siglos de colonia.

Cada 20 de octubre los cubanos celebramos el Día de la Cultura Nacional. Es el día en que se cantó, haciéndole eco a la metralla inaugural de la Revolución independentista, el Himno de Bayamo, luego nacional, compuesto durante la conspiración  previa y al que su autor, Pedro Figueredo,  le creó letra sobre la montura de su caballo de guerra en 1868.

 Ese origen en medio del combate por la libertad, marcó a la cultura cubana con el signo de la resistencia. Cuando en Cuba se firmó el  Pacto del Zanjón entre cubanos y españoles, en 1878, un músico mulato concibió al unísono el danzón, un género bailable nacido de la contradanza europea, pero con células sobre las cuales se erguía la síntesis de lo cubano que en esos momentos sufría su primer revés político. ¿Y acaso no hay mucho de la frustración patriótica de aquel momento en el empaque, la solemnidad melancólica del danzón que con el tiempo se convirtió en el baile nacional?

Otro envión de resistencia surgió cuando, después de la república intervenida en 1902 por los Estados Unidos con la consecuente limitación de la independencia en lo político y lo económico, la cultura nacional logró la síntesis evidente y beligerante frente al mimetismo neocolonial. Los poemas de Guillén, consorcio de lo negro y lo blanco por encima de modas negristas. Y la música de  Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, con lo afro en lo sinfónico. Y el apogeo del son en la voz de los Matamoros. Y la pintura de Abela y Carlos Enríquez, que deslumbraba exaltando lo cubano sobre influencias extranjeras. Después,  el esplendor de cubanía  barroca en Lezama Lima,  y también lo popular en los cuentos renovadores de Onelio Jorge Cardoso,  y la pervivencia y desarrollo de la música en el ritmo de Benny Moré,  y la extensión de la danza clásica con acentos de cubanía en Alicia, Alberto y Fernando Alonso...

 El recuento sería largo. Porque tras 1959, de la cultura halló lo que antes no había tenido: un pueblo que aprendió a leer, y a ver, y a oír, y que no tuvo ya vergüenza de llamar  Ochún a la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba para negros y blancos en el sincretismo, la síntesis, el mestizaje y la cultura mayor de la Revolución.

 

CUBA AND ITS SIGNS MIXED RACE AND RESISTANCE

CUBA AND ITS SIGNS MIXED RACE AND RESISTANCE

By Luis Sexto 

The North American administrations over the last 47 years, which have sustained the hostilities in front of the Cuban revolution, even the governments that intervened on the independence war and frustrated afterwards the newly-formed republic with the Platt Amendment lacked the sagacity to realize that Cuban culture has a link from its very roots with the history of the nation. That is why Cubans could never accept, as a country, the condition of being a protectorate or a neo-colony imposed by the United States.  

It is not excessive to warn that the independence wars were not just urgencies of economic and political freedom under the colonial oppression of a medieval and exclusive Spain. They expressed a national and cultural feeling that came together on the military struggle. Black and white people, Creole and Africans, and Chinese and people from the Canary Islands, apart from Spanish people from other regions, set themselves up on the battle field trying to make come true, on a new nation, whatever long-lasting and well-defined had been accumulated during four centuries of being a colony.  

The independent conflicts of 1868 and 1895 showed the world an almost unusual picture then: that the master would assign on the previous day his dominion so that the former slave, however brave or more intelligent he was, could order him in combat. The fight for freedom made them equal no matter the color and the wealth. And the identity, the fact that they recognized themselves as part of something, a habit of being, of walking and of expressing themselves which was to be formed between the abstinence and the blood, made them live is a communion of nationality.  

Every October 20, Cubans celebrate the National Culture Day. It is amazing that this is not the date in which the pretended discoverers disembarked on the Cuban beaches with the cross, the sword and the notarial deed. It is not either the day remembered because a printing press reached the island, or a founding poem or a newspaper appeared, and it doesn’t even celebrates a religious festivity. On October 20, was the day when the Bayamo Hymn, was first sung – making an echo of the inaugural shrapnel of the independents Revolution – which was also a social Revolution, because it freed the slaves and established the abolition on the Upraised Republic. The Bayamo Hymn, later the National Hymn, was composed during the previous conspiracy and its author, Pedro Figueredo, wrote its lyrics on the saddle of his war horse in 1868.  

We can see clearly how the spiritual and historic culture interwove in Cuba with the birth of the nation itself. It were these same Cubans, commanded by Carlos Manuel de Cespedes, a poet and one of the authors of the laminar song in Cuban music, who united to dictate the laws of the Upraised Republic, established universal and free teaching for every citizen.  

Such an origin, in the middle of the struggle for freedom, left a mark in Cuban culture with the sign of resistance and mixed races. When the abandoning Zanjon Pact was signed in Cuba between Cubans and Spaniards in 1878, a mixed race musician conceived almost at the same time the danzón, a dancing music born out of the European contredanse and, but with cells on top of which were built the synthesis of being Cuban which was suffering at the time its first political setback. And isn’t there much of the patriotic frustration of the time on the presence, on the melancholic solemnity of the danzón, which with time became the national dance?  

Another push of resistance and mixed race occurred when, after the republic intervened by the United States with the consequent limitation of independence on the political and economical spheres, Cuban culture managed evident and belligerent synthesis in the face of the neo-colonial mimicry. These are its milestones: The poems by Guillen, consortium of the black and white over any black people fashion, and on the happy finding of the national poetic expression and the music by Roldan and Caturla with the Afro on the symphonic, and the height of the son on the voice of the Matamoros, and the paintings by Abela and Carlos Enriquez who dazzled by extolling the Cuban over foreign influences, and afterwards the poetics of the Origenes Group, magnificence of Cuban baroque style from Lezama Lima, and attachment to the pleasant things, from the Catholicity of Cintio Vitier, Eliseo Diego, Fina García Marruz as well as the popular on the fresh short-story telling of Onelio Jorge Cardoso, and the defense of the national verse, the decimal, on the verses by Naborí, and the survival and development of the music on the exponent of the filing, on the rhythm by Benny Moré, and on the extension of the classical dance with touches of being Cuban in Alicia, Alberto and Fernando Alonso. 

 If we had to reduce all this to a single feature, we would accept that, in effect, the mixture is the defining feature in Cuba, its identity and culture. There are, therefore, a Cuban rhythm and color. And two components are combined primarily on its essences: the Spanish and the African, apart from the native Arahuaco and the Chinese, in a smaller grade, and even within the Spanish, the componenet from the Canary Islands. Fernando Ortiz found the exact image, the exact metaphor, when he said that Cuba was a ajiaco, which means, the dish par excellence in our country: a mixture of many meats and many vegetables and tubers, which after cooking achieve a typical and unique taste.  To look back at it would be very long. Because since 1959 culture found what it had never had before: people who learned how to read, and to see, and to listen to, and who wasn’t embarrassed by calling Ochún to the Charity Virgin, the patron saint of Cuba for black and whites on the syncretism, the synthesis, the mixed races and the greatest culture of the Revolution, despite the hostilities of the United States governments.

IMPRESIONES DE UN CUBANO QUE VIVE EN CUBA

IMPRESIONES DE UN CUBANO QUE VIVE EN CUBA

Por Luis Sexto 

Me preguntan desde el exterior cómo está Cuba. Y respondo que Cuba vive una situación especial con una madurez que genera normalidad.  Es decir, tranquilidad.  

Los aviones despegan y aterrizan. Los turistas entran y salen. Las terminales de ómnibus siguen colmadas de pasajeros.  Los obreros continúan trabajando. Los niños aprovechan sus vacaciones. La televisión prosigue trasmitiendo sus programas de verano. Los artistas y escritores presentan sus últimos discos y libros…

No niego que  los cubanos, cuya mayoría ama y cree en Fidel Castro, estén un tanto consternados, inquietos. Les interesa la salud del hombre al que siempre han  llamado Fidel, así como a un amigo.  La información solo ha sido la necesaria. Es lógico que ante un poderoso país que ha concebido, y su presidente suscrito, planes para favorecer una “transición” hacia la democracia “a la americana”, y ha aprobado fondos para la subversión en el interior de Cuba, no debe saber cuál es la  verdadera situación del paciente Fidel Castro. La enfermedad del Jefe del Estado y el Gobierno en Cuba es hoy por hoy un secreto estatal. La defensa de la integridad y la seguridad nacionales pasa por ese silencio.   

Si alguna anormalidad hay en Cuba es la que generan los Estados Unidos y los grupos de presión en Miami, que han llegado a pedir la intervención militar.  

No, claro que no es un mito. Cuba prepara sus defensas porque, ciertamente, en los Estados Unidos hay gente que desea, pide, reclama, el desembarco de los “marines” en Cuba o el vuelo de misiles hacia La Habana. Como en Irak, Afganistán, Líbano…

Hoy desde temprano salí a la calle.  Me dirigí a los estudios de Radio Rebelde, en la intersección de 23 y M. como hago todos los sábados a la misma hora. Todo me pareció igual que siempre. Tal vez una mayor exigencia para entrar en un edificio tan importante como  la sede la emisora insignia de la radiodifusión cubana. Natural, me dije. 

Por lo demás, qué ha pasado en Cuba que no haya estado previsto por las leyes. El artículo 94 de la Constitución dice:

“En caso de ausencia, enfermedad o muerte del Presidente del Consejo de Estado lo sustituye en sus funciones el Primer Vicepresidente.” 

El primer vicepresidente es Raúl Castro.  

Los estatutos del Partido Comunista también establecen que por las mismas causas el segundo secretario sustituye al Primer Secretario.

Raúl Castro es el Segundo Secretario.  

Elegido para ambos cargos. 

Los compañeros que Fidel nombró en su Proclama el pasado 31 de julio, recibieron la encomiendas de ciertas tareas que él ahora no puede realizar. Eso no significa un reajuste de poder. 

Ricardo Alarcón continúa siendo el presidente de la Asamblea Nacional.Los ministros siguen en sus puestos.Las estructuras del poder político y administrativo continúan vigentes desde la circunscripción hasta la asamblea provincial. Todos los elegidos continúa en sus funciones. 

¿Dónde está el caos? ¿Dónde está “la transición” del poder”. 

Cuba es una república configurada sobre leyes e instituciones. Fidel Castro ha sido el líder que ha encarnado la vocación e independencia y justicia social del pueblo de Cuba. Y ello, por supuesto, lo ha dotado de mucha autoridad, pero sobre todo del amor de su gente.  El comité permanente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba ha exhortado a sus fieles a orar por la salud del Presidente cubano y a preservar la tranquilidad social. 

Pero, en verdad, hay desconfianza con respecto a la actuación del gobierno de los Estados Unidos. Nuestra historia recomienda que desconfiemos. 

En 1898 frustraron la independencia. A lo largo del siglo XX apoyaron los peores gobiernos de la república. Entre ellos, la tiranía de Gerardo Machado y la de Fulgencio Batista. Desde enero de 1959 prohijaron y financiaron a los grupos que se opusieron a la revolución. Prepararon a la brigada 2506 y la desembarcaron en Playa Girón en 1961. El territorio norteamericano ha sido la base de comandos especializados en ejecutar sabotajes y asesinatos. Desde hace 45 años los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca mantienen un embargo y un bloqueo económico que ha retardado y entorpecido el desarrollo de Cuba. El Congreso ha aprobado leyes extraterritoriales que castigan a los barcos que  entren en puertos cubanos y a los extranjeros que inviertan en la Isla.  Washington prohíbe que los organismos crediticios internacionales  presten dinero a Cuba. 

¿Qué razón existe, pues,  para que los cubanos honrados, patriotas, confiemos en las promesas  de no intervención en nuestros asuntos si los Estados Unidos se han pasado toda la vida interviniéndonos?  Estas son mis impresiones. Desde Cuba.

EL PALO Y LA ASTILLA

EL PALO Y LA ASTILLA

Por Luis Sexto

Recuerdo, luego soy. La memoria es eso: reproducción recurrente del ser en fílmicos planos del pasado. Quien la pierde puede extraviarse en la demencia. Y si es un pueblo, tal vez se desoriente en la historia. Por lo cual el mejor antídoto contra las desmemorias colectivas son los archivos.

A los archivos, que suelen albergarse también en los libros públicos, acudo ahora cuando en Miami y Washington ciertos emigrados conciben, con más prisa y mayor odio, proyectos de transición de la sociedad cubana  hacia el modelo político y económico que ellos, a tanta distancia, han puesto a hervir en la olla de la injerencia en el fogón de misiles y marines. La decisión del Presidente Fidel Castro de traspasar por razones de salud el ejercicio de sus cargos a  Raúl Castro, primer vicepresidente del Consejo de Estado y Segundo Secretario del Partido Comunista, según lo establece el artículo 94 de la Constitución cubana, ha atizado la habitual histeria entre los grupos que aspiran a “reconstruir a Cuba” según la gobernaban y la usufructuaban antes del triunfo de la Revolución en 1959.

Entre los que hablan, argumentan, exigen la intervención militar norteamericana, se halla el congresista  cubano americano Lincoln Díaz Balart. Si el cronista argentino Aldo Baroni, que por  los años 20 y 30 del siglo XX conversó con dictadores y tiranos en Cuba y otros países de América Latina, fuese asistido por la verdad  en uno de sus libros y el cubano fuera un pueblo de mala memoria, y si los revolucionarios no se hubieran ocupado de crear y conservar archivos históricos. el representante Lincoln Díaz Balart podría pregonar impunemente sus argumentos y diatribas, y algún ingenuo o desconectado de la Historia creerle las falacias.

Resulta, sin embargo, que es nieto de un abuelo llamado Rafael y de igual  primer apellido.  Y que fue en Banes, capital de la United Fruit Company, asesor legal de esta empresa norteamericana, usurpadora de las más feraces tierras de la antigua provincia de Oriente. Del cerebro norteamericanizado del doctor Díaz Balart surgieron invenciones matreras  contra los derechos, incluso los humanos, de los trabajadores de la Company. Organizó los servicios médicos. La United descontaba  el dos por ciento a los obreros para recibir atención. Pero, si era preciso ingresar al paciente en alguno de los dos hospitales de la empresa, cobraba una entrada de 25 pesos (dólares)  y 2,14 diariamente por la cama y los alimentos, y exigía, además el pago de los medicamentos y las intervenciones quirúrgicas. Hablamos de épocas en que el salario mínimo para los braceros no superaba o a veces no alcanzaba esta última cifra. ¿Quién, pobre y mal pagado, podía enfermarse?

No es todo. En el archivo de el pueblo de Banes se conserva una carta reveladora. El doctor Díaz Balart recomendaba en ella a los mandones de la United cómo violar o suprimir derechos en la entonces recién aprobada Constitución de 1940. El abogado, de provechosa filiación a las ideas y actos de Fulgencio Batista y a los propósitos anexionistas, sugería a la Company: “Artículo 66. Fija la jornada máxima de ocho horas y el tiempo semanal de 44 con pago de 48. Aconsejo que se presione para derogarlo. Artículo 71. Este precepto concede el derecho a huelgas y al paro. Creo que tanto uno como otro deberían suprimirse.”

Si alguna necesidad hubiera de clarificar, develar, los fines de los Estados Unidos y sus instrumentos, la verdad refulge en la invencible permanencia del pasado en los archivos. La memoria escrita vincula a cuantos hoy se pintarrajean de paladines de la democracia, la libertad, los derechos humanos en Cuba, con cuantos en nuestra historia  negaron, maltraron y violaron  la democracia, la libertad y los derechos de los cubanos. Los liga el apellido, el dinero y los intereses de la potencia que sirvieron antes y ahora.El palo y su astilla, naturalmente, son iguales. 

¿Por qué he de creer lo contrario? 

UNA HISTORIA OLVIDADA: LA MAFIA EN CUBA

UNA HISTORIA OLVIDADA: LA MAFIA EN CUBA

Por Luis Sexto

Los habaneros podían ver, tocar, presentir al alcance de un nombre, un saludo, a los gángsteres que el cine coronaba con el halo atractivo de la maldad o los periódicos difundían como si fuesen artista o boxeadores afamados. A partir de 1933, la mafia ítalo norteamericana comenzó a ser una presencia dominante y sombría en La Habana. Le facilitó la aventura Fulgencio Batista que ese año, tras el golpe militar del 4 de septiembre, pasó de sargento taquígrafo a mandón supremo del ejército, y del país, con las estrellas de coronel.

 Pocas semanas después de la rebelión de los sargentos, tras el derrocamiento del tirano Gerardo Machado, Meyer Lansky, entonces y para siempre segundo de Lucky Luciano, capo di tutti capi, viajó de improviso a La Habana para negociar con Batista a quien trataba, según Cristo Kolev, autor de La “Cosa Nostra”, desde los años 20, cuando Cuba abastecía de alcohol clandestino a las tabernas y bares asediados por la Ley Seca en los Estados Unidos.  Aún falta por esclarecer cómo el soldado Batista, recordado por algunos en esa etapa como caballericero de los establos del castillo de Atarés, o custodio de la residencia del presidente Alfredo Zayas, se empató con el gángster. Ese es un detalle enigmático o más bien sepultado en un crapuloso silencio por cuantos biografiaron a Batista, o por quienes aún exaltan sus “virtudes patrióticas”en Madrid o Miami. Batista, en suma, aceptó la propuesta que le trasmitió Lansky. Autorizó a la Cosa Nostra a manipular y desarrollar los tapetes verdes del juego. Y surgió el casino del Hotel Nacional, una de las casas de azar más suntuosas de todas las Américas.

El ex tirano, que en 1973 murió en Madrid, colmado de la paz de los justos, al lado de una prostituta de marca, y rodeado de guardaespaldas, nunca se refirió a esa faceta de sus negocios; tampoco sus apologistas y biógrafos -empeñados como prestidigitadores en fabricar una imagen de gentilhombre y una estirpe hidalga al “guajiro de Banes”- permitieron que se les fugara una letra sobre tan escabroso asunto. Pero Lucky Luciano –cara afable, modales de cuelloduro- no esquivó el recato, no respetó la ley del silencio, y en sus memorias enumeró los pormenores de aquel primigenio affaire cubano. Escribió: “Nosotros debíamos entregar a Batista tres millones de dólares al contado y Lansky le abrió una cuenta en Zurick. Desde entonces Batista se aseguró una entrada anual mínima extra de tres millones de dólares y obtenía más bajo la forma de porcentaje.” Anticipemos que Batista se quejó de que los norteamericanos –cuya política de injerencia acató siempre-  lo dejaron solo tras su derrocamiento; ni siquiera pudo exiliarse en los Estados Unidos: allí nunca pudo entrar después de 1959. Pero no fue abandonado por sus aliados mafiosos después de su huida de Cuba. En El testamento de Lucky Luciano, de acuerdo con Cristo Kolev,  se asegura que Lansky “lo ayudó a transferir trescientos millones de dólares a un banco suizo”. “También con la ayuda de Lansky –se añade-, cierta parte de la fortuna de Batista fue invertida en las casas de juego de la capital de Las Bahamas, Nassau, y en Beirut y en Londres.”

Las primeras inversiones del Sindicato del Crimen reclamaron más espacio. Y en 1937, Lansky y Batista, que seguía  siendo el “hombre fuerte”, sostenido por la embajada de los Estados Unidos, suscribieron un nuevo convenio. Y entre otros acuerdos surgieron, como conejos de una chistera, nueve casinos, seis hoteles, y un hipódromo: el Oriental Park.

Lansky plantó su tienda en La Habana a partir de 1937. El eterno segundo de la Mafia, medio genio de los negocios ilícitos, se “aplatanó”, casi se acriolló, y discurría por la capital cubana como un chupóptero silente, inmiscuyéndose en lo más recóndito y corrupto de aquella república: tiraba barajas en la mesa del poder y prácticamente nadie se enteraba.

Luciano en esos años vivía enrejado en Norteamérica. Al saber  del nuevo concordato, se enfureció; botó al cesto el cuello duro de sus modales, y llamó a Lansky a visitarlo. Pensaba que Batista y se segundo lo habían soslayado. La cárcel para un mafioso con mando, significaba un cambio de oficina. Su delegado en La Habana le explicó la letra secreta de los acuerdos. Y Lucky –Salvatores Lucania en propiedad natal- detalló en sus recuerdos de fin de vida en qué consistió el nuevo arreglo con el mayoral de bota, fusta y lustre cuartelero. Lansky le contó: “La transacción en Cuba es para todos, tal como lo acordamos hace cuatro años. Lo que es solo para mí es el negocio logrado sobre el azúcar… En lo que a Batista se refiere, es lo mejor que jamás haya sucedido en nuestro interés. Yo me lo eché en el bolsillo, independientemente de si es presidente o si coloca a otro en ese cargo. Eso no tiene importancia. Él nos pertenece. Manejo todo su dinero, cada dólar, cada peso que obtiene. Manejo su cuenta en Suiza.”

PARAÍSO SOÑADO

Década de los 40. Etapa del desmande. Juego. Prostitución. Y, sobre todo, droga. La Habana se transformó en el túnel a través del cual pasaba a Estados Unidos el tráfico de estupefaciente.

Enrique de la Osa (1909-1996)  se dedicaba por esos años a “revolver el estercolero” con sus indagaciones y denuncias en la sección En Cuba de la revista semanal Bohemia  -fundada en 1908 y aún con una edición quincenal en La Habana-. A una de mis preguntas, poco tiempo antes de morir, evocó aquellas circunstancias con la precisión de un testimoniante enterado e incisivo: “…Cuba iba camino de ser el paraíso de los narcómanos, agentes policiales hubo que fueron cesanteados por atreverse a arrestar a los poderosos traficantes de drogas. El vicio, amparado por los regentes de la policía y el ejército, socios de los grandes contrabandistas.”

Cuatro familias mafiosas comenzaron en esos años a distribuirse los negocios turbios. La primera, y a la cual las demás le rendían acatamiento, la encabeza el “pequeño genio” Meyer Lansky. Regían el resto Anmleto Batistti, Amadeo Barletta y Santos Traficante. Los dos primeros con trajes de personas decentes: Batistti, aspirante al Congreso de la república en cierto momento, y Barletta, dueño aparente, entre otras empresas, del canal Telemando y del periódico El Mundo.

Nadie lo dudaba. La Habana era zona, territorio, patio de la mafia norteamericana. Y Lucky Luciano la eligió en 1946 para su sede de jerarca mayor. Excarcelado por sus favores a los servicios secretos norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial –entre los cuales se recordaba con gratitud las facilidades conseguidas por il capo de tutti capi para el desembarco en Sicilia-, Washington, sin embargo, lo deseaba lejos. Era carroña. Y lo deportó a Italia, país de nacimiento del mafioso.

Desde la capital cubana Luciano pretendía tramitar su reingreso a los Estados Unidos y deshollinar su trono de zar del crimen organizado. Sobre la duración de su estancia en La Habana no existe un dato definitivo. Afirman unos que vivió dos años aquí; inicialmente en el Hotel Nacional y luego en una residencia de los suburbios exclusivos de la ciudad. Aseguran otros que Lucky radicó solo unos meses en la capital cubana. Al parecer, la Casa Blanca presionó al palacio de la avenida de las Misiones, en La Habana Vieja, para que los cubanos expulsaran al líder gangsteril. Y estos lo subieron en un vapor turco con destino a Nápoles, según constaba en el boleto, cuyo facsímil alguien se interesó en publicar en Bohemia.

Antes de embarcarse, il capo de tutti capi presidió la reunión mafiosa convocada para La Habana a fines de diciembre de 1946. Unos 500 jefes, pandilleros, administradores de lavado financiero y demás cortesanos y burócratas de la Cosa Nostra, se congregaron en el Hotel Nacional, que cerró sus habitaciones, salones y bares para turistas normales y periodistas mientras el aquelarre sesionaba. Frank Sinatra amenizó las noches, agradecido de cuantos le habían financiado la carrera durante la cual más que en una “voz de oro” se convirtió en un bolsillo dorado. El cantante arribó en un yate, de acuerdo con algunos diarios de La Habana. Aparte de Luciano y Lansky, la gerencia separó cuartos para Joe Adonis, Albert Anastasia, Frank Costello, Vito Genovese y otros de la misma prosapia y rango.

MAR EN CALMA

Hablamos a largos trazos. La tolerancia en los Estados Unidos y en Cuba favorecía una travesía con viento en popa para la Mafia. Había bonanza. Batista le había propiciado la invasión a Cuba; la había afincado, y los gobiernos subsiguientes –Ramón Grau y Carlos Prío- continuaron esa política de dejar hacer. Pero en 1950, el futuro insinuaba, en su bola de cristal, dificultades para las familias mafiosas. Un político carismático y fogoso, Eduardo Chibás, prometía una alternativa a los electores inconformes. Su lema: Vergüenza contra dinero, y su prédica encendida e incendiaria clamaban  por la regeneración patriótica del quehacer público. Para las elecciones que se efectuarían el 1 de junio de 1952, el Partido Ortodoxo, el de Chibás, que se había suicidado,  lograba las preferencias en las encuestas.

Tres meses antes de los comicios, en la madrugada del 10 de marzo de 1952, apareció “providencialmente” Fulgencio Batista. Se había dedicado hasta entonces a ejercer una senaduría y a hacer infructuosa campaña por la presidencia de la nación. Con el apoyo de militares en activo y en retiro, ocupó la principal unidad militar del país, Columbia,  abolió la Constitución; integró gobierno con corifeos y aprovechadores del río revuelto.

La Historia se ha quedado al pie de los entretelones del golpe militar del 10 de marzo de 1952. Existe en ese acto mucho de secreto, de pérfido, además de sórdido. Nadie ha podido rechazar o confirmar la opinión de que entre el ex general golpista y el presidente golpeado –Carlos Prío- hubo una especie de entendimiento, de pase de poder. En aquellos días fue una sospecha con valor de evidencia. A la CIA, cuya injerencia en América Latina era entonces muy asidua y profunda, le inquietaba el cariz del porvenir. Y utilizó, como ya era habitual, a la Mafia como instrumento. Lansky ejerció nuevamente como intermediario. De ello está convencido el escritor Enrique Cirules, autor de El imperio de La Habana. La Cosa Nostra sería una de las más beneficiadas con el golpe de Estado. Batista era su ahijado. Y, así, una de las primeras leyes del gobierno, luego del golpe, fue la legislación hotelera, que concedía a la mafia la administración de varios hoteles modernos, que empezaron a edificarse con dineros de Cuba. Puedo indicar que el Habana Hilton –hoy Libre- se construyó con los fondos del retiro gastronómico. Las familias ocupaban espacios sin invertir también en el Havana Riviera, Deauville, Capri, Jagua…

Los sueños eran tranquilos. Tan apacibles que invitaban a seguir soñando. Y en Apalanchin, Nueva York, en 1957, los capos acordaron que La Habana sustituiría a Las Vegas. La enorme ciudad casino, capital del juego, ese coágulo crapuloso de Nevada, se mudaría a la soleada y azul ciudad del Caribe. La noble Habana de los escudos coloniales españoles.

 Solo fue un sueño de verano. O de invierno. Pero sueño al fin. El 1 de enero de 1959 la revolución de Fidel Castro bajó de las montañas. Durante unas semanas, los pandilleros pulsaron la temperatura política. Calcularon. Consultaron. Y comenzaron a reservar sus asientos en Pan American.





 

LA VIGENCIA DE LA DOCTRINA MONROE

LA VIGENCIA DE LA DOCTRINA MONROE

Por Luis Sexto 

Acabo de leer lo siguiente en el periódico La Jornada, de México:  

“Tony Snow, vocero de la Casa Blanca, declaró que ‘una cosa que queremos hacer es continuar asegurando al pueblo de Cuba que estamos listos para ayudar, y se refirió al informe más reciente de la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre que establece nuevas medidas y mecanismos para promover la política anticastrista de Washington. Afirmó que ’estaremos listos y ansiosos para otorgar asistencia humanitaria, económica y de otra naturaleza al pueblo de Cuba’.  

“Pero al parecer, sólo Estados Unidos tiene derecho de participar en el proceso interno de transición en Cuba. El senador (Mel) Martínez y el secretario de Comercio, (Carlos) Gutiérrez, advirtieron por separado contra la ‘interferencia’ de fuerzas externas en Cuba. Al responder a la pregunta de qué debería hacer el gobierno estadounidense, Martínez respondió ‘primero y ante todo, impedir que cualquier fuerza desde afuera de interfiera (en Cuba)’. Al preguntársele a qué se refería, dijo: ‘Estoy pensando en Venezuela, particularmente. Esto es un asunto para ser resuelto por el pueblo cubano’. A su vez, Gutiérrez subrayó: ‘Prometemos desalentar a terceros en obstaculizar la voluntad del pueblo cubano’.“ 

Hasta ahí la cita tomada del periódico. Y tras una breve reflexión, uno -yo, cualquier lector zahorí y desprejuiciado- comprende que desde el siglo XIX los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han seguido la misma política en determinados asuntos de política exterior. A veces, la administración actual se desmarca de la anterior, alegando el cambio de hombres. Pero, en definitiva, esos hombres no son tan distintos de los anteriores, porque los intereses son los mismos. Por ejemplo, el equipo de Eisenhower le pasó al de Kennedy, en 1961, la invasión a Cuba por una brigada de mercenarios, y todas las operaciones colaterales del clandestinaje contrarrevolucionario.  

Desde ese instante, con más o menos bríos, más o menos agresividad, las sucesivas administraciones mantuvieron las mismas leyes de embargo y bloqueo económicos, la misma hostilidad, las mismas amenazas… Ahora hay un recrudecimiento de esa guerra, a veces fría y a veces caliente, de los Estados Unidos contra Cuba. Y sobre todo se pone de manifiesto, como en 1823, la vigencia de la Doctrina Monroe: América (esto es, la latina) para los americanos (del Norte) Y mucho más preciso: Cuba para los americanos… del Norte. Con ese cuerpo de política exterior, los Estados Unidos advirtieron a las potencias europeas que nada tenían que hacer por las aguas del Caribe y mares adyacentes. 

Ahora, evidentemente, la Doctrina Monroe cobra vigencia.  Cuidado con intervenir en Cuba, dicen. Y añaden: Solo los Estados Unidos que –agrega textualmente el secretario Gutiérrez- “no representan una amenaza a la seguridad o los hogares del pueblo cubano”. “Bush reconoce –apunta- que Cuba pertenece al pueblo cubano y que el futuro de Cuba está en manos de los cubanos". 

Eso mismo reconocieron en 1898 con la Resolución Conjunta del Congreso norteamericano. Cuba  de derecho es y debe ser libre e independiente. Con esa declaración tan aparentemente justa y generosa se sumaron a la guerra hispano cubana; encontraron casi todo resuelto y recogieron los mangos en el suelo. Luego se quedaron controlando política y econonómicamente a Cuba, mediante un apéndice Constitucional impuesto desde Washington con el nombre de Enmienda Platt.  

Ciertos emigrados en Miami, que no son el pueblo cubano sino solo una mínima parte de él, desconocen u olvidaron la historia de su patria. Pero los cubanos de dentro de Isla, salvo aquellas excepciones que previó José Martí, la recuerdan y la mantienen viva. Y por muchas cosas que la Revolución tenga todavía por hacer o dar o reconocer, por muchas carencia materiales que suframos aquí –gracias también a la guerra económica de los Estados Unidos-  la independencia nacional, garantía de la supervivencia de la nación, es un bien irrenunciable.  Todo cuanto hice y haré –escribió Martí en su carta testamento político- ha sido para impedir a tiempo que Estados Unidos se apodere de Cuba. Casi lo reproduzco de memoria. ¿Qué cubano honrado no lo sabe y lo recita?

Uno de los méritos innegables de Fidel Castro consiste en eso: en haber convertido en lucha y logro, durante casi 50 años, este legado de Martí.