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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

CUIDADO CON EL PAN

CUIDADO CON EL PAN

 Luis Sexto

Apostillas ingenuas

A veces nos inquieta la percepción de que el país avanza despaciosamente. Pero hemos de tener en cuenta que, tal vez,  la cautela  en un procesó de transformación, no implica ir despacio, sino andar con paso reflexivo, tocando  el suelo antes  de levantar el pie. A mi modo de ver, ese proceder cuidadoso pretende esquivar  posibles errores  y sobre todo evitar decisiones y actos improvisados. Visto el asunto desde lo racional,   la velocidad de la actualización ha sido programada;  digo su velocidad, porque sus resultados implican otro punto de vista.

Mis observaciones me impulsan a afirmar que la idea de lentitud puede estar condicionada por la urgencia con que nuestras necesidades nos espolean. En verdad, muchos, la mayoría de los cubanos necesitan ver el país libre de trabas, asentado sobre un orden económico expedito, cuyas reglas no recorten soluciones, sino las multipliquen y las aviven para lograr la prosperidad tan ansiada. Ese sentimiento de urgencia, sólo podrá desaparecer cuando las necesidades vayan  despareciendo.

Sin embargo, la situación, objetivamente juzgada, nos impele a creer que en cuanto a algunos de sus resultados, la actualización avanza con lentitud. Es decir, el proceso de adopción de leyes y reglas responde a fechas, a momentos razonables para dictar aperturas y reordenamientos. Parece elemental, reflexionar, discutir, legislar son momentos previos para determinar apertura legales, establecer nuevos espacios económicos, mas no operan como el Capitán Maravillas con su contraseña: Decimos "Shazán", vemos un chispazo, y el hombre normal se convierte en un superhombre, o la vida se envuelve en la luminosidad de una estrella.

Admitamos que los comics quedaron atrás. Ahora  vivimos una realidad con perfiles de tragedia. ?Acaso fracasar en la readecuación de nuestra sociedad y sus perfiles económicos y políticos bajo un socialismo racional, justo distribuidor de riquezas, y garante de nuestra independencia no tendría el efecto de una tragedia inmensurable?

A juicio, pues, de este comentarista, teniendo en cuenta el dialéctico retraso entre la conciencia social con respecto del ser social, la percepción de demora no radica en el proceso jurídico, económico y político de las transformaciones. Opera, más bien, en la vieja mentalidad que retrasa la ejecución correcta de lo legislado por los órganos del gobierno. La vieja  mentalidad predominante no acaba de entender, por una parte, que la actividad del trabajo y del comercio privados; que la presencia de inversiones extranjeras; la existencia nuevos procedimientos y enfoques, y la  consecuente modificación de la conducta,  no supone un cambio de principios.

Pero el problema no consiste en la traslúcida neblina de la mañana. Es más denso. Porque  si unos pueden preocuparse honrada y disciplinadamente por  la integridad de principios políticos y  de objetivos sociales tantos años defendidos, otros se inquietan deshonrosa y arbitrariamente  por la pérdida de un ejercicio de poder burocrático que les ofrecía oportunidades para  asegurar un modo de  ir  pasando  a contrapelo de la ética y de la ley.

Me explico. Si todavía en ciertas lugares sigue vigente el no controlado descontrol,  si  todavía se presentan  informes falseados en  este o aquel sitio,  si aún se estima que se puede mantener algún carguito sin estar apto, aparentando actuar con los brazos cruzados,  si  esas  deformaciones son aún visibles,  se comprende que la vieja mentalidad  continúe  defendiendo su viejo  lema de  que la dejen vivir, aunque ella no  deje vivir.

¿Y qué haremos?  Posiblemente, y esperamos que no sea una reacción tardía, alguna vez el rigor tendrá  que  entrar aquí y allá, sacudiendo el polvo y el moho, para que el  polvo y el moho no retrasen la articulación de la  prosperidad, ni distorsionen la percepción del pueblo sobre la efectividad de todo cuanto el país se propone con un afán renovador. Pareceré alarmista, pero no podemos permitir que el pan se nos queme a la puerta del horno.

 Luis Sexto

 

Un  texto de Joel James  ha estremecido al lector que soy. Joel James fue un escritor caracterizado por la fuerza.  La fuerza de las convicciones. Tal vez pudiera decir que nada estampó en el papel que no hubiese sido depurado por sus convicciones. Me parece que no padeció el miedo de que alguien contradijera sus ideas, expresadas limpia y reciamente. Ahora, como he dicho, he leído un folleto que contiene un ensayo publicado póstumamente. Joel James Figarola murió en 2006. Había nacido en 1942.

Este texto, de 42 páginas, se titula Vergüenza contra dinero, y presenta el sello de ediciones Caserón de Santiago de Cuba, ciudad donde residía Joel James y desarrolló su vida literaria y política. Cómo calificar a Vergüenza contra dinero. ¿De ensayo? Es un  ensayo, porque el autor deja fluir sus ideas envueltas en un estilo acorazonado, poético en su energía, sin detenerse a confirmar una cita o a anotarla al pie de página. Un ensayo es el escritor volcado sobre sus propósitos de acercarse, rodear, y llegar a un punto de inflexión en que el lector puede continuar escribiendo. El ensayo no termina. No agota ni se agota. Pero Vergüenza contra dinero,  puede ser también un alegato, un grito admonitorio ahora cuando la sociedad cubana atraviesa el momento más peligroso de su historia reciente: el ser tragado por ese monstruo que se llama dinero, o capitalismo, o anexionismo.

Sí, más bien este ensayo es un grito.  Y su título no es la única coincidencia con Eduardo Chibás, el adalid de la ortodoxia, que propuso esta batalla entre la ética y las conductas espurias. Joel James coincide también con Chibás en que este ensayo viene siendo un último aldabonazo antes de fallecer. Joel  James murió de enfermedad, una enfermedad que tronchó en lo más prolífico de su existencia a uno de nuestros preclaros pensadores revolucionarios.  Escritor impregnado de nuestra historia, conocedor de sus grietas y abismos. Un escritor que luchó para que nuestra historia no se fragmentara, para que nuestra cultura no dejara de ser la unión entre política y ética. Vergüenza contra dinero es un alegato a favor de la defensa de la nación ante los riesgos ideológicos  del llamado período especial.  Un alegato a favor del arma que Ignacio Agramonte señalara como la única principal para luchar por la independencia de España: la vergüenza.

 Cuando algunos convierten su crítica a la situación de Cuba en letanías quejumbrosas y repetitivas, sin analizar las circunstancias del país, Joel James, comprometido con la causa de nuestra  historia, advierte de los errores, pero con los estremecimientos del hijo que sufre al decirlo y teme perder a su patria. 

Vergüenza contra dinero es una consigna contra la corrupción, dice Joel James, pero no puede convertirse en un freno para el discreto y sostenido desarrollo de la iniciativa privada, dentro de las leyes, para el acelerado crecimiento de las fuerzas productivas.

Vergüenza contra dinero es un grito en que la fuerza del estilo acompaña al vigor de las ideas. En este ensayo, verdadero ensayo, está la agonía de un intelectual revolucionario y el equilibrio de quien habla claro sin que nadie dude de  a quién sirve su afilada palabra.

(Comentario difundido en Radio progreso, el  7 de febrero de 2014)

ENAMORANDO AL CONGRESO DE USA

ENAMORANDO AL CONGRESO DE USA

 

Por Lorenzo Gonzalo,
periodista cubano radicado en Miami 
No considero que a estas alturas de las circunstancias, Washington se crea seriamente con derecho a exigir que otros pueblos apliquen eso que ellos llaman “democracia representativa”. A países como Cuba esos discursos le resbalan, aunque hay otras naciones que se dejan querer.
 
El Estado del Norte, ni siquiera en las mayores fantasías del cine de Hollywood, ha elaborado la idea de un país extranjero, imponiéndoles a los estadounidenses, normas de derechos ciudadanos y muchos menos políticos.
 
Es cierto que hay muchos países que autorizan la ayuda que otorga el Departamento USAID, perteneciente al Departamento de Estado de Estados Unidos. Especialmente algunos países latinoamericanos, europeos y de otras regiones.
 
Esos países aceptan la ayuda porque viene dirigida precisamente a minar cualquier oposición interna que rechace las políticas económicas impuestas internacionalmente. La ayuda de Estados Unidos para esos países es para consolidar los Poderes establecidos. 
 
En cambio, la de Cuba tiene intenciones a la inversa: su razón es minar el Poder del Estado y consolidar a sus enemigos.
 
En Cuba los opositores o sea, la gente que discrepa de ciertas políticas oficiales, no son del conocimiento internacional como esos otros que en realidad andan buscando la eliminación del Estado. Aquellos que la prensa internacional define como “opositores” en Cuba, no son más que un grupo de personas interesadas en descarrilar los objetivos del Estado cubano aún en fase de gestación. En Estados Unidos existen unas pocas organizaciones públicas que proclaman una república diferente y aunque autorizadas a existir, no pueden recibir ayuda del exterior so pena de ser juzgadas y sentenciadas, ni son consentidos sus actos de desobediencia civil. Ni siquiera quienes apoyan el statu quo pueden recibir ayudas del exterior para fines políticos.
 
Por consiguiente, escuchar por boca de la subsecretaria de Estado Roberta Jacobson que Estados Unidos continuará “ayudando” a los “opositores” o sea, a insurgentes de cuello y corbata, enemigos reales o potenciales del Estado, parece inusitado en medio de un diálogo por limar las asperezas de cincuenta y cuatro años.
 
Pero la Casa Blanca parece saber y la actitud de Obama lo sugiere, que la única posible solución a los problemas hemisféricos para Estados Unidos y para facilitarle a Cuba la implementación de  esos cambios que experimenta en la actualidad con mucho cuidado, sólo es posible a través de una relación de mutuos entendimientos entre los dos países.
 
Cuba y Estados Unidos saben que pueden ser aliados en muchos aspectos. Ambos saben que son los pasajeros de una nave donde ocupan asientos separados y planean además bajarse en aeropuertos diferentes. En el transcurso del vuelo hay muchas cosas por hacer.
 
Las declaraciones de la subsecretaria de Estado Roberta Jacobson planteando continuar “ayudando” a un sector inventado por Washington y alimentado por los medios internacionales, son irrelevantes. Es sabido que las mismas aluden a una problemática marginal que no desvela a las autoridades cubanas. La experiencia muestra que después de Gross y habiéndose iniciado este diálogo, las acciones ilegales de matiz conspirativo no tienen cabida.
 
Estas no son más que declaraciones para las gradas que tienen sus asientos en el Congreso de Estados Unidos. 
 
Más importantes que esos opositores, más escuchados, conocidos y respetados son una pléyade de personas, oficiales y oficiosas, que claman y laboran afanosamente para impulsar un proceso de transformaciones, calibrado y razonable, donde todos sean incluidos, con mayor libertad de actuar y decir. A ninguno de ellos les pasa por su mente pedir dinero extranjero. No por temor al delito, sino porque saben que el sistema socialista criollo de Cuba se democratiza y busca resquicios para establecer una mejor participación ciudadana, con mayor transparencia en sus mecanismos de elección y en la selección de los candidatos políticos. Al menos en esto confían y son comentarios habituales entre cantantes, escritores, periodistas y por supuesto, la gente de la calle con intereses en una Cuba independiente y justa.
 
Estados Unidos conoce que esos procesos están teniendo lugar y la mayoría de quienes viven en la Isla lo apoyan y reclaman. Si aún no se han enterado es mejor que desmonten su aparato de inteligencia por inservible.
 
Creo que lo expresado por Roberta Jacobson y la tranquilidad cubana al escucharla, son partes de un mismo libreto planeado por separado. Es del común conocimiento que todo lo que se hable entre los dos países debe llegar a oídos del Congreso envuelto en papel de regalo. Es allí donde está la solución definitiva.
 
La esencia de las gestiones y concesiones mutuas serán los mejores argumentos para convencer a un Congreso que tiene prejuicios, desinformaciones y donde la influencia de varios cubanos de origen, enfermos con sus derrotas y revanchas frustradas, todavía se hace sentir. Para ellos hay frases y términos que los enamoran, entre ellas “ayudar a los opositores”.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL PAPA

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN  Y EL PAPA

Luis Sexto

Apostilla ingenua

El papa Francisco ha obligado a pensar sobre un equívoco durante su reciente viaje a Filipinas: el abuso de la libertad de expresión. Muchos de cuantos reclaman usarla, estiman que la libertad de expresión es el incontenible parloteo de una cotorra: digo lo que quiero, donde quiero y como quiero. Después, pan, pa´la cotica.

El papa, a preguntas de un periodista, opinaba sobre el atentado contra la redacción del periódico satírico Charlie Hebdos, que había caricaturizado símbolos de la religión de Mahoma.  Y a pesar de la suspicacia que provoca el asunto, pues  uno se pregunta si más que  a los grupos islamistas que aparentemente  azuzaron a los ejecutores, el crimen benefició a los proyectos geopolíticos de las potencias occidentales, que dispondrán ahora de un pretexto más para reforzar sus guerras en Libia, Siria, Irak, e incrementar  las amenazas a Irán; a pesar de la suspicacia,  uno comprende, como dijo el papa, que hay que respetar incluso, y quizás, sobre todo, a las religiones. Y aunque tanto el obispo de Roma, como cualquier persona racional, repudia la violencia, incluso para hacer justicia, en términos netamente humanos el ofendido tiende a defenderse.

Por lo tanto, la libertad de expresión tiene un límite: el derecho de los demás a ser respetados. El límite de la libertad individual termina donde comienza la libertad del prójimo. Es lo racional, lo puramente característico de las relaciones humanas. Lo demás, alegar el uso de la libertad de expresión para ir contra las leyes, o contra el respeto debido a los principios, creencias,  costumbres, ideologías de nuestros semejantes, es correr un riesgo, además de atentar contra la ética que rige las relaciones entre las personas.

El papa puso un ejemplo, alejado de su facultad de hablar urbis e orbis, pues lo dijo a un periodista a fuer de prójimo, de ciudadano, de gente común, aunque sea un personaje capital del orbe religioso. ¿Cómo responderemos si ofenden a nuestra madre? Con una bofetada. La desgracia de París, pues, nos obliga a pensar en valores que, aunque exigimos para nosotros, no queremos respetar en los demás.

RECURSOS INDESEABLES

RECURSOS INDESEABLES

Luis Sexto

No pienso que revelo un secreto ni doy una noticia al decir que la llamada vieja mentalidad persiste en continuar enfocando y juzgando nuestra vida con los mismos conceptos y prejuicios de ayer. Los psicólogos, incluso los expertos en moral, nos advierten que los hábitos establecidos son tan difíciles de desarraigar como los altos precios, o como la mala yerba que por momentos se enseñorea sobre nuestros campos.

Cualquier cubano preocupado se pregunta si la vieja mentalidad y toda su bolsa de recursos indeseables, desaparecerá sólo después de que el proceso de actualización cumpla su programa transformador de normas, métodos y estructuras. O si irá cediendo espacio la vieja mentalidad mediante la educación y las apelaciones.

En mi opinión, el cambio material, educativo y estructural tendrá, en última instancia, que ganar la partida e imponer una nueva visión de las cosas y de las personas, esto es, de la sociedad. Una visión, digo, más constructiva, más solidaria, más ética en consonancia con el espíritu renovador de la actualización del modelo económico.

Unos y otros  también se preguntan si la lucha por trascender errores e insuficiencias, es sólo contra ese esquema mental de enfoques, prejuicios y normas de conducta, condicionado por un orden burocratizado que confundió  el ejercicio democrático con el autoritarismo. Y  por consiguiente, hasta tanto la atmósfera de la vieja mentalidad desparezca, dejaremos a ciertos hombres o mujeres en el mismo puesto o cargo en que demuestran no ser dignos de las funciones o tareas para las cuales fueron nombrados o elegidos.

Tengo dudas. Lo vemos. La vieja mentalidad se resiste, pero no en abstracto, ni despersonalizadamente; se resiste en las acciones y conceptos de sujetos visibles, palpables, concretos. Porque, hay que reconocerlo, la vieja mentalidad supone también un conjunto de intereses privilegiados y de líneas de menor esfuerzo, cuya corrección agita la tranquilidad de un segmento de cuantos hasta hoy han ejercido funciones en la economía e, incluso, en sectores políticos. Todavía sigue siendo  menos conflictivo  ordenar, mandar, dar un puñetazo en la mesa para ser obedecido, o, lo que es peor, para ser temido. Más complicado les resulta a algunos actuar atemperados por los guantes pulidos de la política, es decir, exigiendo pero respetando los valores humanos de quienes se subordinan. 

No me engaño; tampoco miento, ni exagero. Si uno anda, ve y oye, se percata de que esas conductas componen aún manchas en nuestra sociedad. Manchas que en vez de unir y propiciar la participación popular, promueven la indiferencia o un velado descontento.

Parece, así,  que debemos levantar más alto un principio de Félix Varela, convertido en realidad por la revolución. Dijo el fundador de la ética de nuestra patria: “Yo reconozco en los pueblos una inmensa superioridad sobre los individuos”. Y en otro momento, el padre Varela trazó un principio que hemos también de extender aun más: “El hombre no manda a otro hombre; la ley los manda a todos”.

(Comentario difundido por Radio Progreso el 12 de enero de 2015)

PARTICIPACIÓN COMPROMETIDA

PARTICIPACIÓN COMPROMETIDA

Luis Sexto

El nuevo año, posiblemente, implicará también un cambio de época para Cuba. La intención expresa de los Estados Unidos de restablecer las relaciones diplomáticas, rotas por Washington en enero de 1961, y la aceptación por parte del gobierno cubano, marcarán un cambio cualitativo en el desarrollo histórico y económico de nuestro país.

Todo parecerá más fácil a partir del 2015, con la supresión paulatina de antiguas e injustas sanciones y prejuicios, según el compromiso del presidente Obama, y la eliminación del bloqueo como ley enemiga. Todo, sí, podrá resultar menos complicado para la voluntad nacional de desarrollar la economía y sostener una orientación revolucionaria socialista. Pero, no lo dudemos:  también todo será más difícil, más sensible. Quién se atrevería a dudar de que la potencia del Norte no ha renunciado a su esencia imperialista dominante. Quién duda de que en los Estados Unidos seguirán moviéndose fuerzas que no han renunciado a tener en Cuba una réplica subordinada de su sistema.

Sea dicho, sin embargo,  reconociendo que sin bloqueo norteamericano y con relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, a Cuba -la de hoy, la nuestra, la de cuantos han peleado durante más de 50 años por defender la independencia y la justicia social- le resultará más provechoso trabajar por el sostén económico  de una sociedad que aspira a la democracia del socialismo; una sociedad que excluya la fragmentación social que podría condicionar la propiedad privada liberada sin límites. Ahora bien, las nuevas condiciones exigirán más flexibilidad, más reflexión y más lucidez en el gobierno y la administración. La nueva época en que se introduce el curso histórico de la revolución, nos reclamará un reacomodo de la mentalidad predominante forjada por el centralismo y la verticalidad, y de cuya influencia ha derivado cierta rigidez política y cierta incapacidad para las iniciativas.

Exigirán también las nuevas condiciones externas e internas, una reanimación de nuestra ética revolucionaria y un avivamiento de nuestro compromiso patriótico. Por tanto, la participación comprometida ha de ser la contraseña de este año que comienza. Y participar comienza hoy por comprender, desde una actitud ético política de solidaridad, que todo cuanto se aplique en Cuba para perfeccionar el socialismo presenta algún lado escabroso, y demanda una cuota de confianza en que, por drásticas que resulten ciertas medidas actualizadoras de lo económico y lo social, ningún ciudadano ha de sentirse como una pluma batida por un viento incontrolable.

Convengamos en que nuestros sueños de mejoramiento no suponen acomodar a todos pidiendo a todos el menor esfuerzo, sino adoptar una estrategia, dentro del empeño socialista, que ofrezca a cada uno un espacio para que el esfuerzo individual valga verdaderamente en lo personal y se integre, recíprocamente, en lo colectivo.

Cualquier duda es comprensible. Pero la esperanza y el optimismo tendrán un nicho vigente entre nosotros si miramos la realidad como es, y aceptamos que ninguna aspiración de justicia social e independencia nacional se conquista y sostiene sin una economía que genere riquezas en vez de derrocharlas, una economía que gaste menos de lo que ingresa.

Probablemente, Cuba tendrá inversiones extranjeras, quizás el país acceda créditos y a mercados. Mas, lo principal es que los trabajadores cubanos sostengamos la convicción de que el mejoramiento de uno de nosotros tendrá que influir en el mejoramiento de los demás.

(Comentario difundido por Radio progredso, el pasado 5 de enero de 2015.)

EL TRISTE ENCANTO

EL TRISTE ENCANTO

 Luis Sexto

Un dicho –entre tantos- se cuelga de los labios de la mayoría: no es fácil. Así decimos y repetimos cuando comentamos una tarea o nos quejamos de una carga. No es fácil. Tampoco es fácil erradicar la influencia del facilismo. Se pega hasta con las uñas a las paredes ahuecadas de ciertas actitudes.

Contra el facilismo no existe todavía una vacuna. Ni creo que nadie pueda sintetizarla en la probeta de la conducta social. Es, más bien, una tendencia de la naturaleza humana. Con sus actos y hechos legítimos, claro. El lema del olimpismo –más rápido, más alto, más fuerte- ha regido la historia humana. Porque el hombre ha desafiado la física, la química, la geografía, el cosmos, con el fin de que todo sea más fácil, más cómodo, más veloz, más duradero. ¿Quién se opone?

Convengamos en que el apego a la facilidad recala en el facilismo cuando sus resultados implican, la esquiva, el desvío, el retroceso. La chapucería, en suma. Es, desde luego, más fácil prohibir que mantener el orden, gritar que acercarnos para que nos oigan, prejuzgar que comprender, limpiar los cañaverales con machete que con guataca...

Cierta vez, hace rato, me retuvieron una carta en la zona postal. No me la entregaban; tampoco me avisaban. El corresponsal me llamó por teléfono para comunicarme que me había escrito. Y fui al correo. Había un número erróneo en el sobre. Pero lo demás –incluso el nombre del edificio- estaba correcto. Un cartero inteligente, con deseos de servir, de ejercer su oficio con rigor, hubiera resuelto el enigma: si el 348 no radicaba en el tramo fijado por las entrecalles, podía haber preguntado por el nombre del destinatario. Mas, lo más fácil apuntaba hacia la retención de la carta o su devolución al punto de origen.

Meditando sobre este asunto, he comprendido que el facilismo abunda en las significativas insignificancias de la cotidianidad. Ante el peligro de la patria, o la misión política relevante, el cubano acomete la faena sin reparar en el costo de energía o de sangre. Es virtud de nuestro pueblo. Con ella afronta el asedio y la calamidad. Resiste. Posee una superlativa dosis de estoicismo; sin ella  le hubiera sido imposible ganar la independencia y la liberación casi desnudo, casi descalzo, casi comiendo mangos en la manigua y malanga en la Sierra Maestra.

Pero los momentos épicos no son los que más abundan. La historia de las sociedades se forma primordialmente en la monótona, callada y constante faena del trabajo. El éxito se encuentra en realizarla como si fuera la aventura de un caballero andante, redentor de doncellas cautivas, o como la misión de un comando de la libertad en la retaguardia del opresor.

El facilismo carece de mérito. Lo demasiado cómodo corrompe aunque cultivemos calabazas, repartamos cartas o distribuyamos plátanos. También carece de perspectivas. Su destino está prefijado: la ruina. Y terminará desmoronándose con la obra donde se concretó. Y bajo los escombros enterrará a sus ejecutores, o el prestigio de sus ejecutores, que es igual.

CON LA MISMA PIEDRA

CON LA MISMA PIEDRA

Luis Sexto

 

He oído decir que la infancia es la edad de los porqués. Por qué, papá, o mamá,  brilla el sol, y por qué el mosquito pica, y por qué llueve. Bueno, en fin, quién no ha pasado por el trance de responder a sus hijos, o a sus alumnos, esas preguntas que, al juzgarlas seriamente, no suponen más dificultad que pensar un poco, o consultar un viejo texto, aunque suelen  molestar por su insistencia.

Uno, al ver crecido a sus niños, cree descansar del acoso, sin percatarse que en cualquier momento –sobre todo si uno es periodista- un amigo, un lector, un oyente, te enrostra una pregunta que obliga a añorar la ingenuidad de tus hijos en la infancia. Me acaban de preguntar por qué el hombre tropieza dos veces con la misma piedra.  Quizás el menos apto para responderla sea el hombre mismo. Si nuestra especie pudiera hallar la respuesta exacta, a lo mejor dejaría de topar con la piedra por segunda vez. Pero, por el contrario, tropieza, y le echa la culpa a la insensible e irracional roca. Porque, en definitiva, alguien habrá de tener la culpa... menos el que choca.

No sé si el tema será del agrado de cuantos habitualmente leen estas notas, digo, si es que tropiezan con ellas  después de haberlas leído por primera vez. Pero ha sido uno de ustedes el que ha echado la interrogante como un pie forzado. O como un desafío. A mí me parece que la pregunta podemos responderla entre todos. Usted o ese, este o aquel tal vez hayan visto en su centro de trabajo que ayer se cometió un error, y semanas, meses, años más tarde el mismo perro vuelve a morder a quienes habían tomado la equívoca decisión.

A mi entender, a los seres humanos les cuesta admitir que se equivocan. Suelen ver lo que hacen otros con una mirada muy filosa, y apenas abren los ojos para ver la actuación propia. Nos falta, así, visión crítica para lo nuestro. Esta palabra –crítica- por momentos se transforma en una palabrota; conozco personas que estallan ante la sola idea de aceptarla, o de practicarla. ¿Y quién detiene el yerro, quién endereza la desviación?

Ya uno ha vivido lo bastante para comprender que el error de ayer, será igual al de mañana si lo repito en los mismos términos. Dejará de repetirse si la vivencia –esto es, lo que vivimos- se convierte en experiencia. Y el problema, pues,  radica en ese tránsito de lo vivido a lo sabido. Porque usualmente falta el espacio para la reflexión y sobra el espacio para la suspicacia, el rechazo, ante quien, honradamente, recuerda que ayer nos equivocamos adoptando una medida parecida.

Por esos rumbos debe de andar la respuesta a quien me ha preguntado, como si yo fuera un oráculo, por qué, al decir de un griego, el hombre tropieza dos veces con la misma piedra. En suma y brevemente: tropieza porque quiere hacerlo, o porque no ha sabido decodificar el mensaje del pasado.