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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

EL NUEVO INCENDIO DE ROMA

EL NUEVO INCENDIO DE ROMA

 Por Luis Sexto 

Ciertas imágenes persisten. Recurren cíclicamente. En estos días he imaginado al emperador Nerón –nombre que hoy solo llevan perros gruñidores-, con el arpa en la mano, extasiado desde la terraza de su palacio en el paisaje demoníaco del incendio de Roma. Desastre urbano tan oportuno que favoreció al imperio en su persecución contra los cristianos. Del fuego culparon a los adeptos de esa doctrina que predicaba el amor entre los hombres. 

La evocación no es caprichosa. En nuestro planeta, durante los últimos años, los últimos meses y las últimas semanas, unos hablan de guerra, mientras  la hacen con ademán inexorable. Intentan presentarla como un accidente, una respuesta inflexible y totalizadora concebida de pronto para afrontar  un estallido de criminalidad condenable y de imprecisable origen foráneo. Sin embargo, un análisis de los vasos que comunican al presente con el pasado acepta que las definiciones de Clausewitz, teórico clásico de la guerra, se reproducen ahora con cristalina evidencia. Estamos ante la concreción de aquel apotegma que estableció que “la guerra es la continuación de la política por medios militares”. Y, por tanto, estas que ahora se declaran a enemigos habitualmente invisibles o sin identificar, con retórica prepotente, se empalman con aquella que Clausewitz llamó “guerra estratégica”: que se proyecta, se premedita con fines de hegemonismo geopolítico o de conquista. 

Basta pensar unos segundos para entender esa teoría bélica. Y resulta inevitable  recordar algunos datos publicados por The Miami Herald hace algún tiempo, y preguntar por qué los Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, han empleado en armamentos mucho más de 10 billones de dólares, “dos billones más que el valor estimado de todos los activos o bienes tangibles del país, excepto la tierra”. Y por qué, seguimos preguntando, más de un tercio de los ingenieros y científicos de los Estados Unidos trabaja para la industria militar. La conclusión abre los ojos más renuentes a ver: es un sospechoso uso, desde el pasado al presente, del dinero y de la ciencia. 

Ahora habría que preguntar por qué los Estados Unidos, o su congreso y su gobierno, aprueban la tortura, convirtiéndola en ley, como un recurso legítimo para hacer la guerra. ¿Se percatará el pueblo norteamericano que pronto podrá ser tenido como: “hostis generis humani”, es decir, como enemigo del género humano? Según el escritor católico Thomas Merton,  los Estados  Unidos están marcados por la inmadurez política, emocional y cultural, y no comprenden que cuanto hoy conciben y aplican sus gobernantes contra otros países o contra otra gente,  a contrapelo  del derecho internacional y de las convenciones sobre prisioneros de guerra, también se volteará un día contra ellos. Porque sospechosos de terrorismo, de acuerdo con la ley que valida la tortura, recién votada por ambas cámaras y por republicanos y demócratas –con lo cual el bipartidismo se convierte en la partidocracia de un único partido- podrán ser hasta los mismos ciudadanos estadounidenses.  

Parece, Dios mío, que cuesta mucha luz, mucha abnegación, mucha humildad entender que con la legalización de la tortura por parte del poder político, policial y militar, los Estados Unidos regresan al pasado más siniestro y se transforman en los “nuevos bárbaros de Atila” que profetizaba un poeta a principios del siglo XX. Retroceden tanto como para fascistizar la sociedad norteamericana, imitar a la Alemania nazi, y  mudar a la república hacia la monarquía absoluta y pasarla del capitalismo desarrollado a una Edad Media tecnificada pero brutalmente oscura. 

La fe en la democracia estadounidense, la creencia en “Norteamérica la hermosa”, que dijera Mary MacCarthy, las elecciones libres y las oportunidades para todos, no salvarán al más anónimo de los ciudadanos de los Estados Unidos de ser un sospechoso de terrorismo, y luego de torturado, o solamente luego de ver los instrumentos de tortura –como en la Inquisición- el presunto terrorista confesará que es un terrorista en todas sus potencias. Confesión conseguida bajo el suplicio –creo que establece un antiguo apotegma judicial- carece de autenticidad. Recordemos a Galileo. Los inquisidores le mostraron, en los sótanos del palacio, un avanzado instrumental de tortura, y el inteligente científico –inteligente incluso por prudente- aceptó todas sus culpas, aunque después dicen que dijo bajito, entre dientes, aunque el periodista Vittorio Messori lo niega, que sin embargo La Tierra se movía alrededor del sol.  Cuántos “e pur si muove” se oirán en las ciudades norteamericanas y en los países ocupados por la US Army.

Los que  hoy observan y juzgan a los Estados Unidos a través de las lentes de la duda; los que incluso los condenan por pretender el dominio  del planeta con la práctica de una fase superior del viejo imperialismo romano y la extensión de la pax romana –la de la espada, la sangre y los leones-, van ganando razón antes quienes los acusaban de exagerados, de izquierdistas o comunistas.  Creo verlo muy claro: legalizar la tortura como instrumento de guerra y gobierno equivale a incendiar otra vez a Roma y, asomados al balcón, ver el fuego mientras una mano pulsa la cítara, el arpa o la guitarra y la otra señala a los cristianos como los que prendieron la antorcha matriz del fuego.  

POLVO DE ESTRELLAS EXTINTAS

POLVO DE ESTRELLAS EXTINTAS Por Luis Sexto
Uno se pregunta qué es ser periodista en un mundo donde hay que preguntarse a cada rato si lo que veo, oigo o leo es verdad o simple ficción teatral. Y por lo cual uno puede deducir que los “periodistas mediáticos” –fíjense que no es lo mismo que periodista a secas- han venido derivando hacia una mutación que oscila entre el escenógrafo y el tramoyista, bajo el control genético de los grupos de poder político y económico.

El asunto es ya un plato común en el menú temático de la actualidad. Y escribo de él por una sugestión espontánea. Hace dos años,  se aposentó en mi bandeja de entrada el mensaje electrónico con el que una periodista y amiga boliviana compartía algunas de sus apreciaciones sobre  manifestaciones populares en  La Paz. “¿Sabes que la CNN sacó a su corresponsal de Irak para que venga a cubrir la “guerra” en Bolivia? Creo que los gringos están locos por mandarnos los Cascos Azules.” Y al imaginar el apresurado tránsito del infalible corresponsal de la CNN desde un frente caliente a “otro frente” más frío y local, intuí que fue a preparar el próximo teatro de operaciones si es que la Casa Blanca estimaba entonces que más apropiado que un golpe militar para vigilar y preservar la democracia en Bolivia, resultaría una intervención humanitaria.

Qué significa, pues, ser periodista en este mundo. No renuncio a repetir que el periodista, en la mayoría de los sitios habitables del planeta, es un personal auxiliar –directa o indirectamente- de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos y sus aliados. Y no es raza nueva. Una de sus células matrices surgió y prosperó en la guerra hispano cubana americana, en 1898, cuando el astuto William Randolph Hearst -propietario de la cadena “mediática” del mismo nombre- le dijo aproximadamente al presidente de los Estados Unidos: Prepare la guerra que yo pongo las justificaciones. Que consistían en publicar noticias presuntamente provenientes de sus enviados a La Habana con historias fraudulentas o manipuladas de modo que ante la opinión pública norteamericana se amontonaran las buenas razones para avalar una guerra del naciente imperialismo norteamericano contra el senescente colonialismo español. ¿Alguna diferencia con los preparativos de la campaña contra Irak o Afganistán?
 Ya desde entonces –preliminares del siglo XX- el periodista a lo Emilio Zola o a lo John Reed se viene transformando en una figura con olor a naftalina o a formol. Raramente algunos, que suelen ser de izquierda, son capaces de echarse a las espaldas una causa y defenderla con ingenio, coraje, verdad, como en el caso Dreyfus, o se arriesgan a ser testigo abnegados, verídicos, objetivos, de un “México insurgente” o de “diez días que estremecieron al mundo”, o apuestan a la denuncia de “los hombres del presidente”. Por tanto, ser hoy periodista de vocación, servidor de la verdad -sobre todo de la verdad de los de abajo, los escarnecidos y oprimidos- es un modo fuera de moda dentro de la llamada democracia occidental o burguesa, cuyos medios se han centralizado o concentrado tanto que sus fines de servicio público se frustran bajo la avalancha de intereses privados o corporativos. Raspen la piel de una red de periódicos o de televisoras, o en la propia web y verán los vasos sanguíneos de un monopolio –aunque ya la actualidad no admita este término- vinculado a troncos empresariales de múltiplo objeto y razones sociales.

Casi no existen opciones. Ahora predominan los “periodistas mediáticos”. Han empezado a ser una categoría infamante. Su autoestima se disuelve ante las cámaras y las palabras, porque “median” entre la verdad y la mentira, entre el terror y los aterrados, entre la guerra y los que la fomentan y se benefician con la destrucción y la muerte. Antonio Maira, imprescindible periodista a secas de Insurgente, ha inventado, a mi parecer, el verbo cipayear, que les encaja sin mayores regodeos. No escriben ni reportan, cipayean, en nombre de un crédito concentrado a base polvos de estrellas extintas.

Sin embargo, algún mérito tienen. Y si como ha aseverado García Márquez no pueden ganar el Pulitzer, por que a la larga se les descubrirá la falsedad, al menos habrá que concebir un premio que los distinga como encubridores de la vida. Será un premio de consolación. Los lectores, los radioescuchas, los televidentes e incluso los cibernautas, se percatan de que los medios son cada vez menos humanos, menos periodísticos y más publicitarios y propagandísticos. Menos fieles a la vida y a la verdad. Y se apartan decepcionados. Lo ha detectado en el 2004 un estudio de la Universidad de Columbia: “Por ejemplo, la circulación de los periódicos norteamericanos -excluyendo los publicados en español- ha experimentado un retroceso del once por ciento desde 1990, mientras que en la última década las audiencias de los telediarios de las grandes cadenas se ha visto reducida en un 34 por ciento.”

En consecuencia, especialistas como Ignacio Ramonet sostienen que, a cambio de una prensa “mediática” engañosa y manipuladora, los usuarios –iba yo a escribir consumidores- están optando progresivamente por los bloggers y sus sitios personales en Internet. Estas webs domésticas no son masa pura; nadie puede atestiguar su veracidad dentro de una barahúnda de notas, juicios, diarios íntimos, artículos, noticias avaladas tan solo por un nombre que puede no significar lo que afirma ser. No obstante, los internautas –lectores de cristal, a fin de cuentas- prefieren la exageración o lo improbable dicho con sinceridad, sin intenciones de lucro o sin pasión crematística, al parloteo vicioso de los medios. Los bloggers, al menos, regalan una pista. Donan la duda.

De cualquier modo, el mundo necesita de los periodistas a secas. Y si uno, periodista, se pregunta cómo ser periodista hoy, no habrá titubeos en la elección: habrá que elegir el camino del Hombre, guiados por una vocación de servicio, exaltando y defendiendo los intereses humanos por encima del morbo, la hipocresía y una subjetividad tramposa. El periodismo implica construir: ayudar a edificar un mundo donde la harina de trigo sirva para cocer el pan para todos y no para moldear los ladrillos en los rascacielos de la ignominia.

A veces la existencia familiar depara lecciones imprevistas, y las respuestas a los más punzantes problemas aparecen en la pantalla menos sospechosa. El menor de mis hijos, apenas con siete u ocho años, me vio un día concentrado, más bien angustiado, sobre las teclas de mi máquina. Se me acercó, y dijo: Sé valiente, papá; escribe duro. Quizás no hay otra receta para mantenerse atrincherado en la honradez.
 

MISTER PELIGRO ANTE EL ESPEJO

MISTER PELIGRO ANTE EL ESPEJO Por Luis Sexto 

La literatura trasciende el placer estético, el entretenimiento. También se convierte en trinchera, rompeolas, cañón. Compromiso social y político. Lo sabemos. Y Hugo Chávez nos lo recordó el pasado año en La Habana cuando, en un discurso en el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, se refirió a los Estados Unidos con el nombre que el novelista venezolano Rómulo Gallegos asignó al personaje de origen norteamericano en su novela Doña Bárbara: Mister Danger. O lo que es lo mismo: Señor Peligro.

Don Rómulo,  que fue electo presidente de Venezuela  en 1947 y derrocado por un golpe militar un año más tarde, si hubiera oído a Chávez, se habría erguido sobre las manquedades de su recuerdo y lo habría llamado con ternura: hijo mío. Como José Martí a Rubén Darío. Estas cosas, por improbables, místicas, esotéricas que parezcan, encajan en la lógica del patriotismo, de la lucha política, de la vocación por la utopía. Porque Chávez es un continuador de aquellas esperanzas de subversión y mejoramiento de la realidad que el novelista del llano venezolano plantó con su novela bronca, áspera, entre las bostas de la economía ganadera. Y porque también el actual presidente de Venezuela ha puesto oídos receptivos a aquellos avisos que Doña Bárbara tiró al aire latinoamericano en las imágenes simbólicas de la literatura.

Nadie podrá transformar el presente sin conocer y tener en cuenta el pasado. Y la literatura, en particular las obras clásicas, asumen el tiempo con la luz intermitente de los faros: siempre de vigía, trasmitiendo mensajes de alerta sobre los escollos o anunciando el rumbo a puerto ante un temporal. Y Doña Bárbara, a pesar de cualquier insuficiencia de su visión socio literaria  al oponer -a ejemplo de Sarmiento con Facundo- la puja entre civilización y barbarie, ley y anarquía, como la esencia del conflicto social en Venezuela, ha sabido alumbrar el futuro desde el pasado. Considerada una de tres “novelas ejemplares” -entre las cuales el revolucionario y ensayista cubano Juan Marinello incluye a La Vorágine, del colombiano  Eustasio Rivera, y a Don Segundo Sombra, del argentino  Ricardo Güiraldes-  Doña Bárbara  es ejemplar no solo por la maestría estilística de Rómulo Gallego, por su  seductora composición formal, sino además porque, si en su tesis no supo enfocar el latifundismo, la geofagia, la opresión de fusta y revólver como signos de la dominación de clase, detectó, definió, señaló y nombró a Mister Danger, el norteamericano intrigante que atiza conflictos con la intención de adueñarse de la riqueza de sus vecinos. El Señor Peligro es el enemigo que espera. El enemigo que conspira. El enemigo que finge adormecerse como un yacaré, un caimán.  El peligro hecho dentellada. El yanqui.

Chávez habló además, en aquel  discurso, de la Dama Imperial. La metáfora corresponde a Condoleeza Rice. Lástima que el respeto por una mujer, aunque sea la secretaria de Estado de Mister Danger, no le haya permitido, quizás, llamarla con el título exacto, el mismo que sugiere la novela de Gallegos: Doña Bárbara o la Dama de El Miedo. El Miedo, sea dicho para quienes lo haya olvidado, es el nombre de la finca voraz de doña Bárbara, el personaje criollo, duro, dominante y dominador. La Casa Blanca del llano.

Pero el nombre  no resulta  básico para evitar la muerte. Lo primordial es identificar los portadores de la muerte. Y Gallegos, el presidente víctima de un cuartelazo en cuyos preliminares seguramente gateó la embajada de los Estados Unidos, en 1948, identificó el enemigo de fuera y de dentro. Y en su alegoría clásica sobresalen nítidamente los perfiles de  Doña Bárbara y de su manipulador el rubio y dinamitero Mister Danger.

 Medio siglo antes, el periodismo profético y literario de José Martí había anticipado una definición sobre los gérmenes imperialistas que engordaban en la sociedad norteamericana mezclando el apetito legítimo de desarrollo y bienestar, y las ambiciones de espuria justificación. Allí, en los estados Unidos, decía Martí, viven personas y grupos que “creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: ‘esto será nuestro, porque lo necesitamos’” Personas y grupos que “creen en la superioridad incontrastable de ‘la raza anglosajona contra la raza latina’ ”. Que “creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan”. Que “creen que los pueblos de Hispanoamérica están formados, principalmente, de indios y negros”. Martí escribía esto dentro de la Conferencia Monetaria de lasa Repúblicas de América de 1891 -el primer antecedente del ALCA- donde Washington abogaba por una sola moneda. El cubano angustiado por Cuba y su tronco latinoamericano se preguntaba entonces para responder negativamente: “¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con los Estados Unidos?”Hoy, la pregunta es la misma. Nada ha cambiado. Y si algo ha cambiado ha sido para empeorar, intesificar los riesgos de nuestros pueblos. Nos lo hacen notar, en obras que reivindican el papel de la forma para defender la verdad y la justicia revolucionarias, José Martí y Rómulo Gallegos. Y nos lo advierte nuevamente Hugo Chávez, en un discurso en el que la literatura, la cultura, se  reivindican como insuperables espejos donde asoma la imagen nunca desmentida de Mister Danger, El Miedo, y el derecho bárbaro de los que no respetan ningún derecho, aparte del de ellos.

LOS LIBROS QUE EL CHE LEÍA EN BOLIVIA

LOS LIBROS QUE EL CHE LEÍA EN BOLIVIA Por Luis Sexto

Más de una vez, periódicos cubanos han publicado una foto donde el Che Guevara aparece leyendo en algún lugar  de la Sierra Maestra.  Transcurría entonces el año de 1957 o 58. Y el joven médico argentino ya había decidido su opción definitiva: había entregado su maletín asistencial y graduado como avezado guerrillero, jefe de una columna rebelde en la campaña contra la dictadura de Fulgencio Batista.  Fue el primer combatiente en ostentar los grados de comandante después de Fidel Castro.

La foto demostraba que si el médico había renunciado a la medicina, el revolucionario seguía aprendiendo en la escuela portátil y  a la vez permanente de los libros, porque curar pueblos de una enfermedad llamada opresión requiere también de un aprendizaje teórico, de un ancho fondo de cultura, que para el Che significaba, más que instrucción o conocimiento, conciencia para sí y para otros, capacidad de asociar fenómenos disímiles, actitud y conducta depuradas en una ética personal que excluyera las formas y las expresiones groseras. No evoco ni puedo imaginar al Che de otra manera que no fuese dirigiendo incluso sus modales por normas de respeto hacia sí mismo y hacia los demás, aun vestido con los harapos de sus campañas guerrilleras. 

Ni sus obligaciones como Presidente del Banco Nacional de Cuba, ni como Ministro de Industrias del Gobierno Revolucionario, lo privaron de su diálogo con los libros. ¿Cómo, si no en meditación y lectura  constantes, podía escribir cuartillas tan agudas y hondas como El socialismo y el hombre en Cuba, o intuir que el llamado socialismo real en Europa no era el estreno de armas nuevas y sí el uso de otras ya melladas? No voy a insistir en lo sabido. Solo hacer recordar que cuando partió al Congo en su primera misión internacionalista desde Cuba, también  los libros ocupaban espacio en su tiempo.

Bolivia no fue excepción. Esto, quizás sea menos conocido. Entre la papelería que le ocupó el ejército boliviano y que se conserva hoy en la bóveda de seguridad del Banco Central en la Paz, existen cinco hojas con una lista de títulos que posiblemente iba a leer en los momentos de vivaqueo de la campaña, o ya había leído, y también  una relación de libros, distribuida mes por mes desde noviembre de 1966 hasta septiembre de 1967, presuntamente por leer en cada período. Al repasarla, se nota que según las circunstancias se agravaban para el grupo guerrillero, el número de libros disminuía. Precisando, en dos hojas aparecen 49 títulos, como una enumeración general, y en las otras tres,  60 títulos distintos a los enumerados antes –salvo dos, el de Luis Peñaloza y el de Ramírez Velarde- y como ya expuse, distribuidos por meses.

Supe de la existencia de estos documentos en 2005. Tal vez deba reprocharme –yo, periodista-  la tardanza en saberlo. Estaba  una noche de mes de agosto de ese año en la casa del historiador y periodista Carlos Soria Galvarro, en la capital boliviana, y el sagaz y consagrado colega me entregó un texto propio comentando estos libros. Él, estudioso de la presencia del Che en Bolivia, autor de siete volúmenes sobre este tema que parece no agotarse, había podido fotocopiar las hojas en una visita al nicho blindado donde se guardan. También, en 2002, Soria había entrevistado a Harry Villegas -Pombo-, uno de los sobrevivientes cubanos del destacamento guerrillero del Che, y este le había confirmado que, en efecto, el Che portaba libros en su mochila, distribuía otros en las mochilas de sus compañeros, y guardaba los más en los escondites dispuestos para conservar alimentos y medicinas. 

Soria aclara, además,  que en la mochila del Che al momento de caer herido había cinco libros –Crítica de la Economía Política, de Carlos Marx; Ensayos sobre las teorías del capitalismo contemporáneo, de S.R. Vigosky; Ils arriventg, de Paul Carrell (en francés); Geometría Analítica, de Philiips, e Historia Económica de Bolivia, de Luis Peñaloza.  “Solo este último  -y además Socavones de angustia, de Ramírez Velarde, advierte el autor de esta nota- figura en las listas” aparecidas entre sus papeles. Ello, supone Soria, “refuerza la idea de que ellas no eran un inventario completo de los libros de la guerrilla”.

Pero, si los documentos del Che se atesoran y custodian celosamente, los libros desparecieron, “lo más probable –deduce Soria- como trofeos de guerra”. “Al parecer nunca llegaron al archivo castrense, por tanto no es posible completar datos bibliográficos, lugar y fecha de edición, número de páginas, etcétera.”

Lo primordial, a mi juicio, es que esas listas evidencian que el Che jamás podrá convertirse en un mito, en una imagen grabada en un pulóver, o en una referencia enciclopédica despojada de su renovadora visión del mundo y la civilización contemporánea o en una síntesis biobibliográfica que prescinda de la ética del Che, tan filosa como la de los antiguos ascetas cristianos. Desde su ya larga muerte, se nos revela como una presencia carnal en la ejemplaridad de su conducta. Ante esa regla que consideraba los libros objetos fundamentales, imprescindibles aun en las circunstancias menos propicias, los revolucionarios hemos de creer que, de no actuar así, como el Che, permaneceremos en el precario sostén de un peldaño inferior.

La cultura ha de ser nuestro equipaje primordial. Y sobre todo la cultura como la entendía el Che: manifestación de lo universal, lo abarcador, lo curioso, paciente y abnegado.Los títulos que planeó leer, o leyó, en Bolivia, confirman la ilimitada libertad de su intelecto. Sin prejuicios. Sin esquemas mutiladores. Benedeto Croce por un lado y Trotsky y Stalin por el otro;  Lenin aquí y al lado De Gaulle; Cortázar y Erasmo;  Rubén Darío y Grahan Greene… Lo mismo la filosofía que la historia,  la medicina que la literatura de ficción, la sociología que la geometría…

Estas son las listas. Literalmente.  Los signos de interrogación entre corchetes son de Carlos Soria, cuando la “letra de médico del Che” le impidió transcribir con certeza:

La historia como hazaña de la libertad –B. CroceP. Rivet –Los orígenes del hombre americano Memorias de guerra –general De Gaulle Memorias –Churchil Fenomenología del Espíritu –Hegel Le neveu de Rameau –Diderot La revolución permanente –Trotsky Nuestros banqueros en Bolivia –Margarita Alexander Marsh El lazarillo de ciegos caminantes –Concolocorvo Descripción de Bolivia –La Paz 1946 El hombre americano –A. d’Orbigny Viaje a la América Meridional  –Buenos Aires El pensamiento vivo de Bolívar –Fombona Aluvión de fuego –Oscar Cerruto El dictador suicida –Augusto Céspedes La guerra de 1879 –Alberto Gutiérrez El Iténez salvaje La Paz –Luis Leigue Castedo Tupac Amaru el rebelde –Boleslao Lewin El indoamericanismo y el problema social en las Américas –Alejandro Lipschutz Internacionalismo y nacionalismo –Liu Shao Chi Sobre el proyecto de constitución de la R.P. China Informe  de la misión conjunta de las Naciones Unidas y organismos especializados para el estudio de los problemas de las poblaciones indígenas andinas, O.I.T. Ginebra 1953 Monografía estadística de la población indígena de Bolivia –Jorge Pando Gutiérrez Historia económica de Bolivia –Luis PeñalozaSocavones de angustia –Fernando Ramírez Velarde La cuestión nacional y el Leninismo –Stalin El marxismo y el problema nacional y colonial Petróleo en Bolivia Historia del colonialismo –J. Arnault Teoría general del estado –Carré de Malberg Diccionario de sociología –Fairchild Pratt Heráclito, exposición y fragmentos –Luis Forie /?/ El materialismo histórico en F. Engels. R.Mondolfo Nacionalismo y socialismo en A. Latina /?/ Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel –MarxLudwig Feurbach y el fin de la filosofía clásica alemana –Engels El desarrollo del capitalismo en Rusia –Lenin Materialismo y empiriocriticismo –Lenin Acerca de algunas particularidades del desarrollo histórico del marxismo Cuadernos filosóficos –Lenin Cuestiones de leninismo –Stalin La ciencia de la historia –John D. Bernal Lógica –Aristóteles Antología filosófica  (la filosofía Griega) José Gaos Los presocráticos. Fragmentos filosóficos de los presocráticos –García Bacca De la naturaleza de las cosas –Tito Lucrecia Caro El filósofo autodidacto –Abuchafar /¿?/ De la causa, principio y uno –Giordano Bruno El príncipe –Obras políticas –Maquiavelo 

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El embajador. Morris West Orient Express. Grahan Greene En la ciudad. William Faulkner La legión de los condenados. Luen /?/  Hazle Romancero Gitano. García Lorca  Cantos de vida y Esperanza. Rubén Darío La lámpara maravillosa. Del Valle Inclán El pensamiento de los profetas. Israel /?/  Matuk Raza de bronce. Alcides Arguedas Misiones secretas. Otto Scorzeny El cuento boliviano –Selección La Cartuja de Parma. Stendal (sic) La física del siglo XX. Jordan La vida es linda, hermano. N. Hikmet Humillados y ofendidos. F. Dostoyevsky El proceso de Nuremberg. J.J. Heydeker y J. Leeb La candidatura de Rojas. Armando Chirveches Tiempo arriba. Alfredo Gravina  Memorias. Mariscal Mongomery La guerra de las republiquetas. Bartolomé Mitre Los marxistas. C. Wright Mills La villa imperial de Potosí. Brocha Gorda (Julio Lucas Jaimes) Pancho Villa. I. Lavrestski La Luftwaffe. Cajus Bekker La organización política. C.D. H. Cole De Gaulle. Edward Ascroft 

12/66

La Nueva Clase. Milovan Djilas El joven Hegel y los problemas de la sociedad capitalista. G. Lukaks Juan de la Rosa. Nataniel Rodríguez /sic, por Aguirre/ Dialéctica de la naturaleza. Engels Historia de la Revolución Rusa. I Trotsky 

1/67

Categorías del materialismo dialéctico.  Rosental y Staks /sic/ Sobre el problema nacional y colonial de Bolivia. Jorge Ovando Fundamentos biológicos de la cirugía. Clínicas Quirúrgicas de Norteamérica Política y partidos en Bolivia. Mario Rolón La compuerta No. 12 y otros cuentos. B. Lillo 

2/67

La sociedad primitiva. Lewis H. Morgan Historia de la revolución rusa II. Trotsky Historia de la Filosofía I. Dynnik Breve historia de la revolución mexicana I. Jesús Silva Breve Historia de la revolución mexicana II. J Silva Hertzog Anestexia.Clínicas Quirúrgicas de Norteamérica 

3/67

La cultura de los Inkas. Jesús Lara Todos los fuegos el fuego. Julio Cortázar Revolución en la Revolución. Regis Debray La insurrección de Tupac Amaru. Boleslao Lewin Socavones de Angustia. Fernando Ramírez Velarde 

4/67

Idioma nativo y analfabetismo. Gualberto Pedrazas J. La economía argentina. Aldo Ferrer En torno a la práctica. Mao Tse Tung  Aguafuertes porteños. Roberto Artl Costumbres y curiosidades de los aymaras. M. L. Valda de J. Freire  Las 60 familias norteamericanas. Ferninand Lundberg 

5/67

Historia Económica de Bolivia I. Luis Peñaloza  La psicología en las fuerzas armadas. Charles Chadenois /?/ 

7/67

Historia Económica de Bolivia II. Luis Peñaloza  Elogio de la Locura. Erasmo 

8/67

Del acto al pensamiento. Herni Wallon 

 9/67

Fuerzas secretas. F. O Nitsche /?/           

“EL PRESIDENTE DEL MUNDO”

“EL PRESIDENTE DEL MUNDO”

Por la Lic. Rosa Maria Hernández

Una colaboración desde República Dominicana

Cuando recorremos con las miradas, hurgando en los hechos y acciones que envuelven la humanidad, tenemos que admitir que estamos ante la presencia omnipresente y omnipoderosa del “Presidente del mundo”.

Un Presidente Universal, con pocas letras en su nombre, pero con una capacidad ilimitada de expandirse. Es especie de  virus mundial incontrolable. Entra y sale cuando quiere de los territorios. Emprende y reprende a quien incluye en su larga lista “de terroristas”.

Un mandatario  que no conoce límites ni  fronteras, para quien no se escribieron algunos artículos de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, para quien el derecho de los seres humanos no cuenta en su integridad y respeto.

Un monstruo disfrazado de hombre para quien Dios hizo a los seres humanos desiguales aunque, en especial uno por encima de los demás, él, quien no escucha las voces de las mayorías, ni menos la de su propio pueblo.

Nadie votó  para escogerlo como “Presidente del planeta” pero él lo es por decisión propia ante la mirada indiferente de la mayoría, la actitud  solidaria de otros y la renuencia y rebeldía de unos pocos (Cuba, Venezuela, Irán, Bolivia, por ejemplo).

Para ese “Presidente del mundo”, los organismos internacionales son figuras decorativas que en muchas ocasiones utilizas a su antojo y pasa por encima a sus decisiones. Pero es que  “Presidente del mundo”  también se atribuye la función de ser juez del planeta.

Investiga donde quiere, castiga como quiere y establece sus cárceles- prisiones donde quiere, sin explicación para nadie, con modernas formas de torturas que solo ellos conocen y donde solo se muestra y dice lo que él y sus títeres quieren que sé conozca, su parte diminuta de la verdad.¿Que hay de los otros, de sus voces? ¿Enmudecieron todos los demás países ante este juez del planeta que decidió aplicar la justicia que él quiere? Unos pocos hacen frente en el otro extremo, pero son los menos ante todos los que permanecen indiferentes.

Tal parece que es más conveniente y fácil adoptar una postura de flexibilidad y genuflexión  ante el protagonista del momento, mientras siguen los privados de libertad sin derechos a defensa porque han sido marcados con el signo de terroristas, claro algunos podrían serlos, pero hay muchos inocentes con graves acusaciones.

El mayor terrorista de la humanidad es el Presidente del mundo y se sienta en la silla de juez del planeta. Los acusados los decide él, los juzga él y los condena él sin derechos a réplica, ni defensa. ¿Hasta cuándo existirá el silencio? ¿Cuándo un basta ya, con acciones que vayan hacia todos los puntos cardinales? ¿Cuándo la humanidad caminará por la calle amplia de la libertad y el respeto de las fronteras que definen en cada espacio como personas especiales en cada territorio?

¿Es qué la globalización trajo consigo, además de todos los percances, un Presidente global para la humanidad? ¿Será eso? Me niego aceptarlo, me niego a creerlo.Utilicemos más a la mayoría para decidir el destino de nuestros pueblos. Es tiempo más que suficiente para que la minoría deje de controlar la humanidad. Asumamos nuestro rol en la historia, somos más, y realmente  ¡otro mundo mejor he posible!

(Enviado por el periodista Félix Bretón)

LAS RAYAS DEL TIGRE

LAS RAYAS  DEL TIGRE

Por Luis Sexto
Luis Posada Carriles actuó como habitualmente actúan los seres humanos: suelen regresar a la casa del padre. El hogar paterno –lo sabemos- es una especie de retaguardia segura, abierta, y ante el fracaso, cuando en ningún sitio nos quieren, uno suele volver al nicho de nacimiento y formación. ¿Le negará W. Bush el amparo paterno? ¿Lo abandonará negándole el asilo político o de cualquier otro tipo que le pide esa criatura engendrada por la CIA?

 

Podrá haber muchas respuestas. Unos apostarán al sí; otros al no. Y a mí, que me gusta meter las manos en el fuego, contaminarme con las dudas, arriesgar el prestigio en una palabra, me parece que ya obtuvo el asilo. Si no el oficial, el otro, esto es, la anuencia, la vista gorda, el dejar hacer. Lo recibió desde cuando ingresó en territorio norteamericano y se ubicó en Miami. En esa ciudad plana y acuática, habitáculo también de terroristas y drogas, habrá de estar alguna vez, libre y pendenciero. Miami es el paraíso de los hijos pródigos. Ningún cubano que alguna vez haya servido a los Estados Unidos, en nombre de cualquiera de sus sucesivas administraciones desde 1959, tiene prohibido entrar y residir en Miami, aunque el mundo esté lleno de carteles con una cara fosca, propia de las carpetas de Lombroso, y debajo la demanda del Viejo Oeste: Se busca..

Miami es la casa del padre. No necesito presentar a Luis Posada Carriles. La prensa mundial lo conserva hace años en sus archivos. Y entre sus faenas más reconocibles nadie duda de su participación –como autor intelectual y suministrador de medios- en la voladura de una nave de Cubana de Aviación, en 1976, que estalló unos 20 minutos después de alzar vuelo de Brigetown, Barbados, en su habitual ruta comercial. A bordo transportaba los tiradores del equipo juvenil cubano de esgrima y otros viajeros de diversas nacionalidades.

Recientemente, en el 2000, fue acusado en Panamá de preparar un atentado contra la vida de Fidel Castro en la universidad de la capital del istmo. Condenado, la presidenta Mireya Moscoso lo amnistió antes de abandonar la presidencia, como regaló a la millonaria "confederación terrorista" llamada Fundación Nacional Cubano Americana, y en acatamiento al gobierno invisible de los Estados Unidos. Mucho antes, en 1985, convicto del acto terrorista de Barbados, Posada Carriles se fugó de su prisión en Venezuela, como por la puerta de salida y diciendo adiós a los carceleros.
 

Tengo en mis manos una autobiografía de Luis Posada Carriles. Después de repasar cada una de las habitaciones de su currículo, he sentido los estremecimientos del horror. No intento ser patético. Pero cualquiera que se sienta incapaz de asumir los encargos del represor, del que come y echa pasto a su cuenta corriente a costa de los quejidos ajenos, se espanta ante los datos primordiales de un verdugo. Nuestra sensibilidad prefiere la posición de la víctima antes que la del torturador. Pero en Miami prefieren proteger a los torturadores como una forma de pagarles los servicios, que no pueden enmascarar, y mucho menos en el expediente de Posada Carriles. Porque este jamás ha negado su historia. De modo que ningún juicio racional podrá dudar de las acusaciones que el gobierno cubano y el venezolano ha reiterado en las últimos meses. El propio victimario lo admite en un libro publicado en Miami en 1994, titulado Los caminos del guerrero.
 

Posada Carriles, a quien sus amigos llaman Bambi, nació en Cienfuegos, Cuba, en 1928. Los créditos básicos de su existencia comienzan al registrarlo como empleado de la empresa transnacional norteamericana Firestone, en La Habana Y continúa describiéndolo como colaborador de la policía del dictador Fulgencio Batista; entrenador de la Brigada 2506 que desembarcó y fue derrotada en Playa Girón; ranger con grados de segundo teniente, en Fort Bennig, Georgia; agente de la CIA y colaborador del FBI; profesor de manipulación de explosivos; organizador de “teams” de infiltración en operaciones comandos contra objetivos cubanos; jefe de departamento de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), en Venezuela; jefe del departamento de "ayuda humanitaria" del Departamento de Estado de los Estados Unidos en Ilopango, Honduras, y director de agencias de seguridad en Guatemala.
 

Más. Mucho más. Y les ahorro el tiempo. El propio Posada va confirmar ese palmarés. Oigámoslo:  "En una época, nuestros ‘amigos’ norteamericanos nos entrenaron y adiestraron en el uso y manejo de armas, explosivos y técnicas incendiarias. (…) La Agencia Central de Inteligencia (CIA), enviaba explosivos (C3), lapiceros de tiempo, mecha, cordón detonante, detonadores y todo lo necesario para actos de sabotaje. En aquel tiempo (1960), este tipo de actividades eran conocidas con el nombre de "Acción y Sabotaje". El cubano que desafiaba al régimen, poniendo en peligro su vida, el que se infiltraba en la Isla procedente de Miami para organizar los cuadros de la Resistencia y traer armas y explosivos, era admirado y considerado un soldado de la patria y un héroe de la contrarrevolución.
 

"(...) Los guerreros han realizado ataques comandos a instalaciones dentro de Cuba, desembarcos, sabotajes a embajadas y misiones diplomáticas, hostigamiento a la flota pesquera por comandos navales y hundimiento de barcos cubanos y de sus aliados. Años atrás, la pregonada neutralidad del país (de los Estados Unidos, nota de L.S.) no era violada cuando nos entrenaban para invadir Cuba; tampoco cuando la Agencia Central de Inteligencia infiltraba comandos y saboteadores a Cuba, llevando armas y explosivos para sus acciones. "Al regreso de la frustrada invasión (Playa Girón, Cuba, nota de L.S.), me incorporé a los Comandos L, el grupo de Tony Cuesta y Ramón Font, donde tratamos de hacer operaciones comandos. El gobierno americano, como parte de un nuevo plan, ofrecía a los miembros de la Brigada recientemente regresados de Cuba la incorporación al ejército americano. Otra vez los entrenamientos, las esperanzas y las frustraciones. Me gradué de segundo teniente y me asignaron al mando de un pelotón compuesto por soldados americanos. Después de dos años de estar en el ejército (…), renuncié a mi comisión y comencé a trabajar para la CIA. “El campo de batalla, entonces, lo mismo estaba en el territorio cubano, que en cualquier punto de la tierra. Sin saberlo ni proponérmelo, me convertí en soldado universal (…) recomendados a diferentes gobiernos, para actuar como instructores de personal en el campo de la lucha antisubversiva o como asesores en materia de seguridad nacional y métodos modernos de investigación criminal.
 

"En el desarrollo de este propósito y estas luchas, mi vida se consumía entre una operación y otra, con largos intermedios de inacción, aburrimiento y frustración, hasta que me llegó la oportunidad histórica de trasladarme a Venezuela, país amado en el que pasé la mayor parte de mi vida adulta. Inicialmente fui contratado como instructor de la Dirección General de Policía (DIGEPOL) venezolana y asesor especial en asuntos de Seguridad Pública (...) Por las demandas imperativas de esa lucha, la DIGEPOL se convirtió de cuerpo represivo del delito político para el que estaba originalmente diseñada, en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP). Dentro del esquema, llegué a ocupar el cargo de Comisario Jefe de la División General de Seguridad, con la responsabilidad directa sobre las Divisiones de Armas y Explosivos, Seguimiento y Vigilancia, Protección de Personalidades y Medios Técnicos. Desde mi posición, combatí sin tregua a los enemigos de la democracia venezolana (...) La policía, cuya fuerza principal estaba en los delatores, detenía, allanaba e interrogaba utilizando los métodos más duros de persuasión. Como dice el dicho: Se estaba jugando al duro y sin careta”.

Pero Luis Posada Carriles está descontento. Se siente mal pagado por la humanidad después de mojarse las manos y el alma en tanta sangre. Lamenta en su libro que "Lo que ayer era considerado como un acto de valor y patriotismo, llamado "acción y sabotaje", hoy se llama "terrorismo" y se nos persigue y encarcela por los mismos actos".

Vista, pues, la muestra, el desenfado, incluso la satisfacción del hombre que cree haber cumplido con su deber, este articulista ha de escribir una nota al pie. Toda esa confesa cadena de actos de violencia, de violación de la soberanía de varios países y de la integridad humana, siempre ha recibido el nombre de terrorismo. Sin embargo, como en los Estados Unidos clasifican el terrorismo en "malo y bueno", puede comprenderse que Posada Carriles ejerció el "bueno", es decir, el que sirve a la geopolítica del imperialismo norteamericano.

Por un tiempo, hasta el 2000, Posada Carriles vivió en Honduras. No era conveniente que residiera en Miami. Había cierta vergüenza en las administraciones de entonces. Ya, al parecer, tras la última prisión en Panamá, el Bambi no se sentía seguro lejos de la casa del padre. Entró ilegalmente. Y allí sigue. Posiblemente el presidente W. Bush no se ha dado por enterado. O quizás haya un juicio de ficción. O ningún juicio. O una orden de expulsión que nadie ejecutará. Tal vez no sea necesaria tanta etiqueta. Después de los bombardeos y ocupaciones de Irak y Afganistán, qué le importa al tigre-padre una raya más.
 

MARTÍ EN LA PICOTA

MARTÍ EN LA PICOTA

Por Luis Sexto 

Los ideólogos cubanos  de la supremacía norteamericana –entiéndalo, si gusta, como imperialismo- se desembarazan de José Martí. Porque, como el Apóstol de la independencia de Cuba y uno de los primeros  denunciadores  del imperialismo moderno  -o estadounidense, si le parece más exacto-, no les justifica su servidumbre, su servil servicio a Washington, y su menosprecio a la república cubana independiente, lo más táctico, cauteloso, incluso digno, resulta prescindir del Maestro descalificando lo más revolucionario, práctico y perdurable de su pensamiento. 

¿Soy osado al afirmarlo? ¿De qué pruebas me valgo para advertir que quienes operan una emisora pagada por la Casa Blanca con el nombre de Radio Martí, como un medio para ingerirse en las interioridades de Cuba, empiezan a recular, a modificar su manipulación de la vida y la obra martiana? Estamos, desde luego, hablando en el plano de las ideas. Y desde hace algunos años, tal vez desde los finales de los 90, algunos de cuantos escriben en El Nuevo Herald de Miami empezaron a deslizar la especie de que José Martí se había equivocado al juzgar a los Estados Unidos. No, por Dios, la sociedad norteamericana no derivó hacia la metalización, ni se pudrió como una manzana carcomida por los gusanos del egoísmo y la vileza. Qué va.  Con qué ojos miraría Martí en Nueva York, para inquietar tanto a los hispanoamericanos con sus crónicas y reportajes a La Nación de Buenos Aires sobre los hervores canibalescos  de  los Estados Unidos, o para escribir a un amigo y decirle, poco antes de morir en combate en 1895, que todo cuanto había hecho por la independencia de Cuba en su relación con España, era también para mantenerla lejos de la  filibustera Norteamérica de Cutting y de Walker, y evitar que cayera sobre “nuestras tierras de América, con la fuerza que le daría poseer la llamada  Llave del Golfo”. 

Ahora acabo de leer un artículo, aparecido allí mismo, en El Nuevo Herald, que tilda a Martí  de alucinado. Quizás ese epíteto, usado por mí, sea muy benigno. El articulista dice: “José Martí fue intelectualmente deshonesto y políticamente demagógico cuando le postuló a Cuba la misión de impedir la expansión de la influencia gringa sobre el resto de nuestros países”. Porque –ha escrito arriba- los Estados Unidos no tienen la culpa de nuestros problemas. Y continúa más abajo: “Esa sola tesis, a mi modesto juicio, lo sitúa en la tradición del mesianismo latinoamericano que impone a nuestros pueblos el saldo de un ego insatisfecho con las circunstancias de su nacimiento. No se puede ser Napoleón (ni siquiera Bolívar) si uno nace en el barrio de Jesús María. Martí perdió, eso sí, la ocasión de ser un coherente pensador que dotara a su pueblo de un legado capaz de encaminarlo a través de la historia con una saludable percepción de sus posibilidades y una enriquecedora noción de su identidad. La pompa de las frases, su efímero estallido en un cielito de teatro bufo, triunfó sobre el sentido común y el deber a la verdad”.  

Tal vez habría que reorientar estas frases injustas y particularmente irrespetuosas sobre Martí, y aceptar que no se puede ser un intelectual honrado si se sirve a la ideología del poder que te facilita usufructuar los beneficios de una inmigración privilegiada, y  promete devolverte, a ti o a tu clase, tus comodidades frustradas en la Isla del encanto. Ni se puede ser cubano, al menos cubano, si te parece que  “el ramplón, desfasado y autodestructivo antinorteamericanismo de José Martí y Fidel Castro” nos ha cegado hasta el punto de perder, o haber perdido, “la ocasión de reinventar nuestras relaciones con Estados Unidos”.   

Martí parte de Bolívar sin querer ser otro Bolívar. Fue más bien un hombre dotado desbordantemente para el arte, la literatura, la política, la generosidad y el desprendimiento, a pesar de haber nacido, en efecto, en el barrio de Jesús María de La Habana , con lo cual se demuestra que el genio  a veces salta las bardas de la poquedad del medio. Martí es el complemento político y teórico del Libertador. Y parte de este para concebir los pilares de sus ideas acerca del papel de Norteamérica en el Sur del continente. Bolívar  aseguró, mucho antes que Martí, que los Estados Unidos habían sido destinados por la Providencia para llenar de calamidades a Hispanoamérica.  Así, citado aproximadamente en la forma, pero fiel a la esencia. ¿Será acaso Bolívar también un demagogo, un político deshonesto, un Mesías articulado de frustraciones?    

Martí es junto con Bolívar el rompeolas de Cuba y de América. Nuestra nación  pervive, se nutre del pensamiento martiano, de su vocación por una república moral y cordial que excluye, por vocación, el anexionismo que a tantos cubanos de ayer y de hoy alucinó con las promesas de estar a la sombra de una república moderna, democrática, y que a la postre incineró las ilusiones de los peregrinos del Myflower y aderezó con ingredientes de conquistadora avaricia y  discriminadora relación entre sus ciudadanos, los valores  libertarios de los padres fundadores de la Unión.  

Hoy en Cuba afrontamos problemas sociales, carencias materiales, deterioro económico. Una porción de  ello pertenece a los  asuntos interno; la otra es la consecuencia de 47 años de guerra sucia fomentada y financiada por la Casa Blanca. Pero si una idea y un programa han estado a prueba de errores y deficiencias ha sido la raigal defensa de la independencia frente a los afanes estadounidenses de redimir su predominio neocolonial sobre la economía, la política y la cultura de Cuba. Y no ha sido el Gobierno Revolucionario el que se ha negado a reinventar las relaciones de La Habana con Washington. Ya fueron reinventadas. La Revolución cortó la dependencia. Y esas relaciones de independencia, basadas en el  respeto a la soberanía de la república cubana, no las han aceptado los sucesivos gobiernos norteamericanos desde Eisenhower a W. Bush.  Todo lo demás, el habitual discurso pro democracia y libertad en Cuba, se resuelve en machacona, movediza retórica. Lo real en política, como definió Martí, es lo que no se ve. Y lo que no se ve es aquello: el sueño del rey león añorando sus garras. 

AGUA QUE HAS DE BEBER...

AGUA QUE HAS DE BEBER...

Por Luis Sexto 

Las sucesivas culturas humanas le atribuyeron al agua el carisma de lavar las manchas del pecado o la virtud de devolver las facultades a los tullidos. Es el elemento natural con mayores créditos mágicos. El conquistador español Juan Ponce de León murió en La Florida, sin haber hallado el agua que lo había conducido a la muerte y que fluía de la fuente de la eterna juventud, antídoto de las arrugas y las caídas de ciertos órganos que suelen erguirse. Aun hoy, en el Occidente posmoderno, las aguas de Lourdes prometen milagros baratos y fulminantes, como también los prometen los manantiales sulfurosos recomendados por la balneoterapia. 

Y no hemos de escandalizarnos por esas atribuciones taumatúrgicas, esotéricas y medicinales que nuestra especie le ha reconocido al agua. La civilización humana más que terráquea o terrestre es acuática en cierto sentido práctico. Las primeras ciudades y posteriormente las grandes ciudades surgieron a orillas del agua dulce. Mesopotamia –Sumer- donde, según  los juicios históricos menos polémicos hasta ahora, surgió la civilización, posee una etimología griega que significa “entre ríos”: el Tigres y el Éufrates, cuyos valores naturales favorecieron el desarrollo de las primeras agrupaciones urbanas. El agua para beber y el agua, sobre todo, para irrigar las zonas agrícolas aledañas. De aquellos tiempos, más de 3 000 años antes de nuestra era, permanece la geografía y las ruinas de la obra humana. Entre esos dos ríos fundacionales, en el Medio Oriente, continúa el nombre de Mesopotamia vivo en el significado de Irak, “situado como su antecedente histórico “a las orillas”. Irak, pues, parte de aquellos orígenes, en el mismo sitio, y conserva también la fama de haber sido el sitio del bíblico paraíso terrenal, aunque los norteamericanos y sus aliados lo hayan hecho evolucionar hacia una especie de infierno.     

No seguiremos, desde luego, descubriendo el Nilo. El agua. Siempre el agua. Desde Tales hasta George W. Bush. Aquel filósofo griego la consideró uno de los cuatro componentes primordiales de la vida. Bush, o lo que él representa: la expansión desaforada de la civilización norteamericana, signada por la metalización y la petrolización, la juzga -con alguna diferencia de época y conocimiento- en el mismo nicho básico del filósofo de Mileto, pero deficitario, como el petróleo. Esto es, el mundo se va quedando sin agua  como “Madrid sin gente”.  Y no exagero, ni exageran los ecólogos.  

Pienso en dos puntos donde se puede llegar a consensos. El primero, el agua. Es uno de los aspectos clave de la humanidad. Sólo el 3 % de toda el agua es potable y de ese porcentaje sólo el 0,7 % es accesible al consumo humano. Y de ese mínimo, un 80 % va a la agroindustria y queda un escaso 20 % destinado a la conservación de la vida, las plantas, los animales. Un total de 15 de los 24 servicios que nos proporcionan los ecosistemas sufren una grave degradación, lo que entraña un riesgo enorme para el bienestar, no sólo del resto de las especies terrestres, sino también para la especie humana: aparición de nuevas enfermedades, pérdida de la calidad del agua, aparición de las llamadas "zonas muertas" a lo largo de las costas, el colapso de los bancos de pesca y cambios climáticos regionales, son algunos de los desajustes que se avecinan.  

¿Quién esté en desacuerdo?

¿Quién se resiste a la evidencia? El agua es un punto de confrontación. Hoy y ayer. Póngase en el lugar de quien carezca de agua. Olvide que a usted le llega por tuberías a la cocina, los baños, quizás la piscina. ¿Va usted a morir de sed, de hambre, de enfermedades por no tener un espejo líquido de donde abastecerse? Y así, como actuaría usted, obraron los pueblos y las tribus desde la antigüedad. Recientemente, leí un artículo que nos alerta acerca del papel del agua –recurso esencial para la vida, agotable e insustituible- en los litigios de tiempos por venir. Esta nota solo ha pretendido ser un eco de ese texto tan documentado.

Pues bien: “De 1948 al 2002 –escribió el mexicano Gustavo Castro Soto- se registraron 1,831 interacciones provocadas por el agua, de las cuales 1,228 fueron de carácter cooperativo que promovieron la firma de 200 tratados de reparto de aguas y la construcción de nuevas represas. Se registraron 507 conflictos de los cuales 37 fueron violentos, 21 con intervenciones militares y 30 han sido protagonizados por Israel y sus vecinos. Se han registrado guerras y conflictos de diversa índole en Israel, Jordania, Siria, Palestina, Egipto, Yemen, Irak, Kuwait. Estados Unidos también le disputa el agua a México y lo hace en la Triple Frontera con Argentina, Uruguay y Paraguay. También hay conflictos en las cuencas del Mar Aral, Jordán, Nilo y Tigris-Eufrates. Pero de seguir la tendencia, podremos encontrar en un futuro conflictos en torno a los ríos Lempa, Bravo, Ganges, Kunene, Río de la Plata, Mekong, Orange, Senegal, Tumen, Zambeza, Limpopo, Han, Incomati, Usumacinta, Lago Chad, entre otros. Actualmente se calculan que existen 640 conflictos serios por el acceso al agua en todo el mundo.” 
 

¿Quién se resiste a la evidencia?

La gente con la conciencia signada por la inquietud del progreso, la justicia, la solidaridad; la gente revolucionaria, verdaderamente cristiana, tiene, pues, que leer los mapas con una óptica fundamentada en el interés por la supervivencia humana. El planeta no parece tan colorido y acogedor en la realidad como en la cartografía. Ni tan rico. A mi modo de ver, lo único que abunda en los mapas son los pretextos, los móviles, las justificaciones para instalar conflictos. Los mapas surgieron coincidiendo con la expansión de los descubrimientos y la expansión comercial: están ligados también al odio, la conquista, la opresión.
Si no nos apuramos, faltará tiempo para dibujar otra versión del mapamundi.