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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

Matanza en los Estados Unidos: ¿POR QUÉ?

Matanza en los  Estados  Unidos: ¿POR QUÉ?

 

 Por Marcelo Colussi

“Prefiero despertar en un mundo donde Estados

Unidos sea proveedor del 100 % de las armas

mundiales”. Lincoln Bloomfield, funcionario del Departamento

de Estado de Estados Unidos.

 En estos días murieron 12 personas en una balacera en Estados Unidos, y alrededor de 50 resultaron heridas. Lo cierto es que ya no resulta novedad la noticia de una masacre en ese país. Lo curioso a tener en cuenta en estos casos es su modalidad: un “loco” que se pone a matar gente a diestra y siniestra, armado hasta los dientes, en medio de una escena de aparente tranquilidad ciudadana. Estamos tan habituados a eso que no nos sorprende especialmente. Si el mismo hecho ocurriera, por ejemplo, en una nación africana o centroamericana serviría para seguir alimentando su estigmatización como “países pobres y, fundamentalmente, violentos”. Allí, en el Sur del mundo, la violencia y la muerte cotidiana adquieren otras formas: no hay “locos” que se broten y produzcan ese tipo de masacres; la muerte violenta es más “natural”, está ya incorporada al paisaje cotidiano, recordando que muere más gente de hambre -otra forma de violencia- que por proyectiles de armas de fuego.

La repetición continuada de estos sucesos tremendamente violentos obliga a preguntarse sobre su significado. Si bien es cierto que en muchos puntos del planeta la violencia campea insultante con guerras y criminalidad desatada, luchas tribales o sangrientos conflictos civiles, no es nada común la ocurrencia de este tipo de matanzas, con esa forma tan peculiar que la potencia del Norte nos presenta casi con regularidad. Si ocurren, como sucedió hace un año en Noruega, constituyen una catástrofe nacional. En Estados Unidos, por el contrario, ya son parte de su estampa social “normal”.

Explicarlas sólo en función de explosiones psicopatológicas individuales puede ser una primera vía de abordaje, pero eso no termina de dar cuenta del fenómeno. Sin dudas que quienes la cometen, quienes terminan suicidándose en muchos casos, pueden ser personalidades desestructuradas, psicópatas o psicóticos graves; simplemente “locos” para el sentido común. ¿Pero por qué no ocurren también en los países del Sur plagados de guerras internas y armas de fuego, donde la cultura de violencia está siempre presente y las violaciones a los derechos humanos son el pan nuestro de cada día? ¿Por qué se repiten con tanta frecuencia en la gran potencia? Ello habla de climas culturales que no se pueden dejar de considerar. La violencia no es patrimonio de las “repúblicas bananeras”, en absoluto, aunque cierta versión peliculesca -estadounidense, por cierto- nos intente acostumbrar a esa visión.

Ese patrón de violencia fenomenal que desencadena periódicamente masacres de esta naturaleza no es algo aislado, circunstancial. Por el contrario, habla de una tendencia profunda. La sociedad estadounidense en su conjunto es tremendamente violenta. Su clase dirigente -hoy por hoy, clase dominante a nivel global- es un grupo de poder con unas ansias de dominación como jamás se vio en la historia, y el grueso de la sociedad no escapa a ese clima general de violencia, entronizado y aceptado como derecho propio.

Exultante y sin la más mínima sombra de duda o recato el por ese entonces candidato a representante de Washington ante Naciones Unidas John Bolton, en el 2005 y en medio del clima de “guerras preventivas” que se había echado a andar luego de los atentados de las Torres Gemelas, pudo decir que “cuando Estados Unidos marca el rumbo, la ONU debe seguirlo. Cuando sea adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a nuestros intereses, no lo haremos”. Es decir: la gran potencia se arroga el derecho de hacer lo que le plazca en el mundo, y si para ello tiene que apelar a la fuerza bruta, simplemente lo hace. Esa es la cultura estadounidense. El vaquero “bueno” matando indios “malos” cuando lo desea; así de simple.

Estados Unidos ha construido su prosperidad sobre la base de una violencia monumental (por cierto, como todas las prosperidades de los imperios: a la base siempre hay un saqueo. La propiedad privada es el primer robo de la historia). La Conquista del Oeste, la matanza indiscriminada de indígenas americanos, el despojo de tierras a México, la expansión sin límites a punta de balas, el racismo feroz de los anglosajones blancos contra los afrodescendientes -con linchamientos hasta no hace más de 50 años y un grupo extremista como el Ku Klux Klan aún activo al día de hoy- o el actual racismo contra los inmigrantes hispanos legalizado con leyes fascistas, toda esa carga cultural está presente en la cultura estadounidense. Único país del mundo que utilizó armas nucleares contra población civil -no siendo necesarias en términos militares, pues la guerra ya había sido perdida por Japón para agosto de 1945, cuando se dispararon-; país presente en forma directa o indirecta en todos los enfrentamientos bélicos que se libran actualmente en el mundo, productor de más de la mitad de las armas que circulan en el planeta, dueño del arsenal más fenomenal de la historia con un poder destructivo que permitiría hacer pedazos la Tierra en cuestión de minutos y productor de alrededor del 80% de los mensajes audiovisuales que inundan el globo con la maniquea versión de “buenos” versus “malos”, Estados Unidos es la representación por antonomasia de la violencia imperial, del desenfreno armamentístico, del ideal de supremacía. Las declaraciones de Bolton citadas más arriba no pueden ser más elocuentes.

Su símbolo patrio, el águila de cabeza blanca, lo pinta de forma cabal: ave rapaz por excelencia, muchas veces se alimenta de carroña o robando las presas de otros cazadores, conducta “ladrona” que llevó al padre de la patria Benjamin Franklin a oponerse vehementemente a la designación de este animal como representación del país. [El águila blanca] “no vive honestamente. Por haraganería no pesca por sí misma. Ataca y roba a otras aves pescadoras”, escribió indignado fundamentando por qué no debía ser esa ave el símbolo nacional. Obviamente, sus ideales no triunfaron.

Lo que sucedió estos días en el estreno de la película de Batman, repetición de dramas más o menos similares en estos años, es consecuencia natural -y ¡obligada!, se podría decir- de una historia donde la apología de la violencia y de las armas de fuego está presente en los cimientos de su sociedad. “El derecho a poseer y portar armas no será infringido”, establece tajante la segunda enmienda de su Constitución. Para salvaguardar este derecho y “promover y fomentar el tiro con rifle con una base científica”, en 1871 se fundó la Asociación Nacional del Rifle, hoy día la asociación civil más vieja del país, con cuatro millones de miembros y treinta millones de allegados y simpatizantes. Por lo que puede apreciarse, la pasión por las armas (¿por la muerte?) no es nueva. Las masacres son parte fundamental de la historia de Estados Unidos.

De acuerdo con informaciones de la organización Open Secrets, en los últimos años distintas instancias que buscan restringir las armas de fuego han invertido alrededor de un millón y medio de dólares en sus campañas, en tanto la Asociación Nacional del Rifle para ese mismo período ha cabildeado gastando más de diez millones de dólares para mantener intocable la segunda enmienda.

 Si es cierto, como dijera Freud, que no hay real diferencia entre psicología individual y social, porque en la primera está ya contenida la segunda, la “locura” del joven asesino de estos días no es sino la expresión de una cultura de violencia que permea toda la sociedad estadounidense haciéndola creer portadora de un “destino manifiesto”. Pero la realidad es infinitamente más compleja que vaqueros “buenos” contra indios “malos”.  (ARGENPRESS.info)

 



LA PIEDRA Y EL TROPEZÓN

LA PIEDRA Y EL TROPEZÓN

Luis Sexto

No sé cuándo quise responder la pregunta de por qué el hombre tropezaba dos veces con la misma piedra. Creo haber dicho que tropezaba porque desconocía las lecciones del pasado o porque… quería. Claro, me basaba en esa verdad que circula convertida en una frase latina: Errare humanum est. Es decir, que es propio del ser humano equivocarse, pero equivocarse dos veces en el mismo terreno, en el mismo asunto… Ah, ya eso es algo más que equivocarse.

Lo pienso ahora como lo pensé hace meses. Y regreso al tema, porque  oí decir que en Cuba estábamos acostumbrados a trabajar sobre el error. Lo decían con seriedad. Y no con ánimo de crítica, sino aceptando que esa era nuestra norma, nuestro método. Equivocarnos y tratar de rectificar. No resulta esa, desde luego, mala política. Uno yerra y corrige el error. Saludable. Justo. Lo que ocurre es que el contexto en que tan filosófico aspecto se ventilaba, admitía que habitualmente se corregía el error… con otro error.

Así el problema cambia de faz. Y lo que se apreciaba como un rostro amable, se transforma en la cara arrugada, repulsiva, de la bruja de Blanca Nieves, o en la del Retrato de Dorian Gray, libro de Oscar Wilde, cuyo personaje, en un pacto con el diablo, se mantenía joven, pero su imagen adquiría las arrugas de todos sus yerros y pecados. Al final, podemos imaginar aquella pintura. Espantaba. ¡Cuánto mal había hecho aquel sujeto en su perdurable juventud! Su historia se resumía en un error sobre otro error.

No quisiera, pero debo admitir  que por algunas esquinas de nuestra patria pululan los retratos de Dorian Gray. Esos que rectifican a ojo pelado, siguiendo imperativos cuya ejecución es inmediata, sin pretextos, burocráticamente ordenada y burocráticamente ejecutada. Y la película filma y filma metros de cinta sin cambiar de imagen: Hoy corriges aquello que hiciste mal, y mañana, cuando se hace necesario rectificarlo, actúas cañoneando la razón en una segunda vuelta. Y la noria gira, gira, gira…

El hombre como especie, y con este  muchos de nuestro hombres y mujeres -sean obreros, profesionales, funcionarios, gobernantes-  tropieza, pues, dos veces con la misma piedra, porque ignora las lecciones de la historia, la experiencia, la ciencia, o porque desea equivocarse; le importa poco el gasto, que al fin no paga, y sólo le interesa cumplir a cualquier costo. Lamentablemente, todo esto no significa la trama de una novela o el guión de una película. Es verdad. La mentalidad burocrática nos empuja, incluso, a no tener en cuenta a la gente. ¿Que hace daño? ¿Que la solución de un problema molesta a los vecinos? Bueno, se sigue diciendo que no estamos para reparar en exquisiteces. Y si hace diez años les molestaba, ahora, con la solución, se agrava la molestia. La queja  no es solo un capricho, un preciosismo vecinal.  Tengamos en cuenta que aquello violó las leyes sobre el medio ambiente, y que esto otro, el llamado mejoramiento, las sigue violando, y los vecinos han sufrido perjuicios y los seguirán, ahora padeciendo. En suma, dos perjudicados: leyes y ciudadanos. Y también   la racionalidad de la economía y la justicia social. ¿Adónde vamos a parar?

 Ahora, en la actualización de la sociedad, en su reforma, en sus replanteos, ojalá que este filme, o este libro sobre la fábula del retrato de Dorian Gray no sea verdad. Y que el griego que lo dijo no tenga nuevas razones para seguir diciendo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pero,  apartando incapacidades y malas intenciones, si seguimos tropezando, habrá que llamar en nuestro auxilio a otro refrán: El ojo del amo engorda el caballo. Esto es, allanemos los caminos, desterremos las piedras de nuestros campos. Y pongámonos a dirigir el tránsito, con los cien ojos de un pájaro mitológico.  Y quien siga tropezando, convirtiendo en papel estrujado las ideas y directrices básicas para hallar las rutas seguras y provechosas, pague sin justificaciones al  "ojo del amo", a pesar de cuanta piedra tiran desde  Miami o Washington, que nos han ayudado muy generosamente a tropezar, aunque ellos modestamente lo nieguen.

Lo repito: quien sólo molesta, estorba, distorsiona debe  por iniciativa personal quitarse, y si no se quita, el Gobierno debe quitarlo. Y, sobre todo, abrirles el paso a los más aptos, que a veces siguen en las cunetas viendo sus mejores tiempos pasar... Y viendo al país avanzar muy lentamente, entre viejos tropezones. En este momento, podríamos inventar otra frase capsular:  el que poco avanza, se va quedando atrás.

Cólera en Miami

Cólera en Miami

 

Por Lorenzo Gonzalo*

Recientemente leí un escrito del periodista cubano Pedro Hernández Soto, publicado en la revista Moncada, hablaba del cólera en Cuba.   

Me pareció interesante, porque en estos días quienes vivimos en la ciudad de Miami y leemos El Nuevo Herald estamos al hervir el agua por miedo al contagio.  

Dicho periódico lleva días hablando del tema.  

Por más que he buscado en periódicos internacionalmente conocidos, aun en aquellos que responden a ciertas políticas anticubanas dirigidas desde el Departamento de Estado de Los Estados Unidos de América, a través de su organización subversiva USAID, no he podido saber nada del asunto. En cambio El Nuevo Herald le otorga una cobertura de tal envergadura, que deja el sabor de un acontecimiento apocalíptico en Cuba.  

El periodista Soto, en ocasiones con sentido del humor, habla del asunto y ofrece datos que muchos quizás no leyeron o que quizás los leyeron y ya los han olvidado.  

En Miami hubo un caso de cólera en el año 2010 (uno solo que se sepa), traído de Haití en los primeros momentos del brote en ese país, el cual fue mencionado con brevedad en las noticias y luego silenciado porque “el derecho a la privacidad” no permitía mayores informaciones. Soto también hace referencia a 11 personas enfermas por dicho virus en el año 2011 en la ciudad de Miami, de acuerdo a un informe del Departamento de Agricultura de La Florida, en el cual se explicaba que una rotura en una cloaca de East Point o quizás una operación de dragado en la zona 1642, ocasionó la infección.  

Menciona también el colega Hernández Soto que desde el año 1999 han ocurrido en el país 73,000 infectados y 61 muertos, debido a la Escherichia Coli 0157:H7. El Nuevo Herald no habla de esto, pero si decide hacerlo ruborizado por el artículo de Hernández Soto, por favor que sea discreto y no explote la noticia porque las tragedias demandan reverencias y no comparsas festivas.  

Pero más allá de la magnificación de algo que puede ocurrir en cualquier país, lo que debemos destacar no es siquiera la propaganda feroz en contra del Estado cubano y las ofensa permanentes contra los cubanos, sino el odio morboso que la irracionalidad política en contra del gobierno de la Isla, genera en ese pequeño y poderoso grupo al cual se pliegan bochornosamente periodistas y gente de saber.  

El hecho a destacar es la morbosidad. A El Nuevo Herald poco le ha faltado para crear un espacio que podría llamar “el colerómetro”, dedicado a señalar  en detalle cuántas víctimas por hora se producen en Cuba, acompañado de una minuciosa descripción de sus estertores. Por supuesto sería un medidor fantasioso porque hasta hoy, nada de lo dicho en ese sentido es cierto. 

No menos importante que lo señalado, son las noticias mostradas por otros medios, especialmente radioemisoras, quienes usando de base la “información objetiva del Herald”, mencionan el asunto para inferir del mismo, una supuesta irresponsabilidad del gobierno cubano por haber enviado miles de médicos y personal de salud a Haití para combatir las enfermedades causadas por el terremoto, entre ellas el cólera. 

O sea, aquello que constituye un ejemplo de abnegación por parte de esos profesionales y una respuesta ética de un Estado, ante la desgracia de un vecino pobre y maltratado como Haití, es trocado en un acto de irresponsabilidad, lo cual dice mucho de la bajeza moral de quienes se refieren a estos hechos con morbosidad y con una alegría que no pueden ocultar. 

El odio visceral que sienten ante la incapacidad demostrada para actuar y pensar de acuerdo a los nuevos tiempos, formando parte del debate y la búsqueda de soluciones para Cuba, lo manifiestan en bajezas como esas, alegrándose de las tragedias de la Isla, de los partidos deportivos que pierden sus jugadores en los eventos internacionales y de algunos amorales que reniegan de sus orígenes. 

Si un país merece gran respeto es Cuba, cuyo Estado a pesar de ser objeto desde hace más de cincuenta años de una de las mayores violaciones de derechos humanos de la historia, materializada por un Bloqueo brutal implantado por Los Estados Unidos de América, es capaz de compartir lo que tiene en aras de razones humanas.

En Cuba hay cólera. No debe ser algo del otro mundo como insinúa El Nuevo Herald, pues ni siquiera el Departamento de Estado se ha atrevido a hacer mención del hecho. Pero aun si lo fuera, no sería causa de asombro, por cuanto lo sucedido se debe a razones humanitarias que merecen respeto y no la crítica ruin y morbosa de una prensa que insiste en el amarillismo.

El gobierno cubano, como norma, aplica una política discrecional respecto a determinadas noticias, para no echar leña a ese fuego causado por un país que insiste irracionalmente en ser su enemigo. Pero es bueno indicar, que quienes nos informamos y actuamos sin prejuicios, reconociendo aciertos y errores propios y ajenos, podemos asegurar que ante los problemas de salud de su población, el gobierno cubano ha actuado con energía y no ha escatimado recursos.

Es verdad que en una de las regiones orientales de Cuba hay cólera, según ha reportad el gobierno cubano, pero la peor de las cóleras, cólera de la mala, hace años que anda suelta por las calles de Miami. 

Se trata de la cólera de un grupo de desarraigados, que actúan incentivados por una tremenda carga de odio y por un fanatismo comparable solamente con los criminales que estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas de New York.

Para aquellos que nos consideren exagerados al decir lo anterior, señalaremos que esa cólera fanática es tal, que en una oportunidad fue capaz de derribar un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en pleno vuelo y de muchas barbaridades más que no dejaremos de recordar.

Es urgente una dosis de vacunas para el cólera de Miami.

Debemos vacunar con urgencia a El Nuevo Herald y a sus emisoras satélites para proteger a la población del odio demencial de estas personas.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU. Subdirector de Radio Miami. 

 

EL BUMERÁN… SE NIEGAN A MOSTRAR DOCUMENTOS

EL BUMERÁN… SE NIEGAN A  MOSTRAR DOCUMENTOS

 

HECHOS Y APOSTILLAS

El 6 de julio de 2012 la Fiscalía de la Florida envió a la corte de Miami su oposición a la solicitud presentada por el abogado Martin Garbus, en representación de Gerardo Hernández Nordelo, en la que pidió una audiencia oral y la entrega por parte del Gobierno de evidencia adicional que permita profundizar en el caso de los “periodistas” que fueron pagados con dinero federal y actuaron antes y durante el juicio de los Cinco con el propósito de crear lo que en 2005 el panel de la Corte de Apelaciones describió como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”.

 En una maniobra evidentemente evasiva, el Gobierno intenta argumentar que los hechos presentados por la defensa no son tales y  por tanto no resulta necesario procurar más información para esclarecerlos. En otras palabras, le dice a la propia Jueza Joan Lenard que la denuncia de la defensa sobre la conducta de los “periodistas” que ella misma reconoció durante el juicio llegaron incluso a amedrentar y acosar al jurado, no es más que una teoría conspirativa y una especulación generalizada.

 En su escrito la Fiscalía advierte que podría recurrir a “privilegios ejecutivos” y a la Ley de Protección de la Información Clasificada (CIPA) para no acceder a la petición, lo cual equivale a admitir su voluntad de seguir ocultando y manipulando las pruebas.

 En un breve párrafo final la Fiscalía se opone también a la audiencia oral solicitada por Gerardo.

 Cabe preguntarse:

a qué le teme el Gobierno. Por qué no permite que los Cinco, y particularmente Gerardo, que cumple dos cadenas perpetuas más 15 años de prisión, puedan disponer de toda la información que necesitan para defenderse de condenas tan injustas y absurdas como las que les fueron impuestas.

 www.antiterroristascu

9 de julio de 2012 

 

EL BUMERÁN… SOFISMAS DEL AGRESOR

EL  BUMERÁN… SOFISMAS DEL AGRESOR

 Hechos y apostillas

WASHINGTON, 6 de julio.— Con la misma excusa de "protegerse" del programa nuclear que Irán desarrolla con fines pacíficos, Estados Unidos instaló una nueva base militar en la zona del Golfo Pérsico para fortalecer su poder bélico en la zona.

Un viejo barco de guerra que Estados Unidos transformó en base flotante fue instalado por esa nación norteamericana en Bahrein, cuartel general de la V Flota, a fin de fortalecer el poder militar de ese país en la zona.

Así lo dio a conocer este viernes la Marina estadounidense, que por medio de un comunicado señaló que la embarcación, de nombre USS Ponce, fortalecerá el poder bélico para "hacer frente" a las "tentaciones" de Irán en el estrecho de Ormuz.

Ahora comentemos:

El mapa nos ofrece la visión completa: del lado izquierdo las Américas; al derecho, es decir, al este, Africa y Eurasia. Cómo hay que andar. Cuánta agua y tierra separan a un sector del otro. Bueno, se nota. El ciudadano ingenuo pregunta entonces: ¿No será al revés? ¿No será que Irán tendrá que hacerle  frente a las tentaciones de los Estados Unidos. ¿Sabemos geografía?  ¿Dónde queda Norteamérica? ¿Dónde se ubica Irán?  ¿Quién se inmiscuye en la geografía ajena: el que permanece en su lugar o el que atraviesa el planeta para amenazar?

Con estas preguntas a cualquier transeúnte, Sócrates, sentado en una esquina de Atenas –en  la antigua, no la actual- hubiera escrito un tratado  titulado   Los sofismas del agresor… Sofisma, para quien no esté familiarizado con el vocabulario filosófico, significa verdad o razón aparente. Pero en el fondo, ni es verdadera ni razonable.

Desde luego, ahora aparecerán los que defienden la naturaleza mesiánica de los Estados unidos y dirán que están allí, tan lejos de las costas de América, para defender la libertad y a la democracia mundial.  Ese bumerán, desde que yo era niño, va y viene, y todo termina en sangre y destrucción…  Son como dijo Rubén Darío, los nuevos bárbaros de Atila; se apropian hasta de la hierba.

BUENA VOLUNTAD, AJEDREZ Y GAVILANES

BUENA VOLUNTAD, AJEDREZ Y GAVILANES

Luis Sexto

El atrincheramiento ante un sin fin de hostilidades, incluso con olor a pólvora en inglés o en español, veló en los últimos 50 años una verdad ahora más evidente en Cuba: Si el socialismo solo intentara promover el bienestar de quienes les son afines, debe encerrarse en los ganchos de la suspicacia. Porque organizar a la nación sobre bases socialistas, implica el cumplimiento del apotegma martiano de “con todos y para el bien de todos”.

Pero en esa frase programática se juntan, en un problemático consorcio, el ideal propuesto por el más lúcido de los fundadores de la república -Martí, que la quiso cordial y moral-  y los peligros y obstáculos  para concretarlo. Porque, cuál es el bien para todos y quiénes son todos: ¿También la Fundación Cubano Americana? ¿O la llamada Vigilia Mambisa? ¿Hay coincidencias en los que estos entienden por el “bien” y el “todos” y el criterio de un obrero o de un campesino?

Ello es, a fin de cuentas,  lo que está en debate. La propaganda anti socialista, que se autocalifica de “anticastrista en una síntesis reductora”, invalida a Cuba por no ajustarse a los patrones de la democracia norteamericana. Y en consecuencia echan sobre el gobierno revolucionario, entre otros cargos,  la culpa de que más de un millón de cubanos vivan y malvivan en el “exilio”,  y que en  mayoría ilustran un natural flujo migratorio de raíz económica, aunque adoptara en la generalidad un forzado perfil político. Sustraigamos de ese número, desde luego, a los verdaderos exiliados, es decir, a los que aspiran a recuperar el poder y la riqueza perdida a partir de 1959 y a ciertos emigrados de fin de fiesta que han visto en el “anticastrismo” un negocito  que apuntala su presente doméstico y, quizás, garantice un futuro expediente político en esa Cuba que pretenden hacer nueva resucitando  la vieja. Vieja, en efecto. Pues qué otra Cuba nueva podría existir con las antiguas fórmulas del protectorado que ya sufrimos los cubanos en la república plattista,  y luego neocolonial.   Si los nostálgicos dudáramos, consultemos el censo de población y vivienda de 1953, publicado en Bohemia, para comprobar qué era entonces en Cuba el “con todos y para el bien de todos”.

Veamos también que, contraria y paralelamente,  muchos dentro y fuera de Cuba oran y laboran  por la reconciliación, y otros incluso la recomiendan. Y como reconciliar significa volver a conciliar, es decir, a vertebrar lo que estaba separado, posiblemente cuantos lo desean merezcan, en principio, ser reconocidos como personas de intenciones limpias y  patrióticas. Quieren, en particular, invertir sus dineros en Cuba, para sentir a la patria como un espacio concreto y no como una estación para vacaciones o visitas familiares. Ni la añoran como una próxima reconquista.

Cuba, de modo inevitable, habrá de resolver el conflicto migratorio que los Estados Unidos le fomentaron -recuérdese la operación Pedro Pan-, y que fue agravado por la rigidez de una defensa interna cuyo enconamiento ha derivado en una  mirada de reojo hacia el acto d emigrar,  hasta cierto punto normal durante un período en que la violencia del Norte justificaba un excluyente atrincheramiento. A mi parecer, sin embargo, la primera prioridad sería extirpar los permisos de salida, modificar el tiempo máximo para andar fuera y sobre todo permitir el regreso del que se haya ido definitivamente o no retornó al vencérsele la vigencia de su permiso, y necesiten ahora retornar también definitivamente. A muchos,  en Europa, cito como ejemplo más claro, decenas van y vuelven a los consulados cubanos pidiendo la vuelta: les falta trabajo, entre otros valores; la “tierra prometida”  que los llamó con ofrendas de miel,  les falló. ¿Triste cuadro? ¿Ya injusto? ¿Soluble?  Sí; soluble por triste y por injusto.

Lo demás, ese anhelo de participación económica de un sector del empresariado de origen cubano en los Estados Unidos, afronta, de acuerdo con mi modo de ver,  un por ahora irresoluble problema: Washington.  Frente a la cincuentenaria guerra fría -por momentos caliente-, esa propuesta, comprendida en una ley cubana de inversiones extranjeras en los 1990,  adopta  para muchos compatriotas del archipiélago el perfil de un caballo de Troya. Y esta última visión está condicionada por el diferendo entre los Estados Unidos y la revolución cubana. Por tanto, quienes en el extranjero insisten, por patriotismo, ayudar a renovar la sociedad cubana, tendrán que aceptar, primeramente, que con bloqueos comerciales y crediticios a Cuba le resulta muy complicado desarrollarse. Ni siquiera con ventas de alimentos por empresas norteamericanas. El problema no consiste en que los Estados Unidos le vendan a Cuba, sino que el comercio fluya en doble dirección y permita a otros invertir y prestar sin riesgos de sanciones y multas.

Y aunque el conflicto migratorio se diluya en la mutua comprensión, el bienestar de todos y con todos tendrá que estar protegido de la polarización de castas o clases poseedoras de los bienes principales, y salvaguardada del mercado faraónico y la dependencia extranjera. Si fuese lo contrario, entonces la república se dividiría esencialmente contra si misma: pocos con mucho y muchos con muy poco. ¿Antes de 1959 ocurrió de forma distinta? ¿A fin de cuentas, no parece igual de justo que por encima del derecho de los emigrados, ha de erguirse el derecho de los cubanos que no emigraron?

Del lado de allá, se pinta casi improbable que los gobiernos estadounidenses –el de hoy, como los de ayer, y los próximos- autoricen a capitales norteamericanos saltar el Estrecho. Su razonamiento se apoya en la siguiente premisa: Las inversiones de algunos o muchos emigrados legitimarían al gobierno “castrista”. Y por tanto, no sé hasta cuándo, los gavilanes del norte sobrevolarán los patios insulares, promoviendo un terremoto.

De este lado, cada día se tendrá que apreciar con más visión crítica que  con todos y para el bien de todos es un principio que tiende a una aspiración justamente socialista, íntegramente humanista. Y pasará a una norma de más alcance cuando las actuales reformas consigan eliminar las insuficiencias económicas y políticas de un modelo basado en la centralización hermética y en un concepto igualitarista de la igualdad, en cuyas limitaciones influyeron también las circunstancias apremiantes del litigio entre el King Kong norteamericano y el Pulgarcito del Caribe.

La historia, como el ajedrez, comienza con una apertura.  Y se escribe mucho más tarde, para ser más exactos y verídicos. (Publicado en Progreso Semanal)

 

 

PALABRA PREDILECTA

PALABRA PREDILECTA

Luis Sexto

Una de las palabras que con más frecuencia repetía en mis artículos de hace 20 años, en Bohemia, era flexibilidad. Acudía a ella para recomendarla a cuantos me pudieran leer en aquellas semanas iniciales del llamado período especial, como una de las actitudes más inteligentes. Oportunas. Racionales.

Entonces estaba convencido –como ahora- de que cada etapa histórica tiene sus palabras predilectas. Son como espontáneas claves del momento. O, mejor, como fórmulas políticas para afrontar circunstancias nuevas, y adecuarlas a los principios sin que los principios se modifiquen. Y así, en mi periodístico enfoque, coincidía con el concepto teórico que el doctor Raúl Valdés Vivó explicaba por aquellos días en artículos y ponencias. Esto es, distinguir entre tesis y principios. Puede usted, por ejemplo, concebir el trabajo por cuenta propia para ciertos fines sin que por ello tenga que renunciar al trabajo socialista, a la propiedad social sobre los medios fundamentales.

He simplificado la noción. Pero creo que el acto de resistir y sobrevivir a embates inesperados y desconocidos supone una mentalidad flexible que apele a tesis aparentemente inusuales, o audaces, pero que por necesidad se diferencian del modo común de resolver los problemas antes de la nueva situación. Cierta ley biológica establece que el organismo que no se adapta, muere. ¿Y quién quería –o quiere- morir?

Déjenme decir que he tomado en serio mi oficio de periodista. Mis criterios han defendido la esencia de la Revolución cubana. Y lo siguen haciendo. Y créanme: no tengo que demostrar nada. He disfrutado de la libertad de exponer mis juicios. Nadie me ha exigido convertirme en un repetidor de consignas, y más de una vez he dejado escrito mi opinión sobre las consignas que se repiten sin que el corazón y la vergüenza las respalden. Por lo tanto, debo retomar aquellas ideas de los 90 y advertir que la palabra flexibilidad no ha pasado de moda.

A mi me gusta esa palabra. Me gusta tanto como eficacia, solidaridad, justicia, libertad, independencia, disciplina. Las prefiero porque semánticamente muestran valores necesarios para enfrentar la adversidad y superarlas. Hasta en las relaciones entre las personas -fase primaria de lo político- la flexibilidad compone una postura constructiva y creadora. La inflexibilidad, al contrario, puede condicionar la intolerancia. O el error. Porque ciertas soluciones tajantes, drásticas, implican dejar al otro sin opción. Pegado al techo. Y esa postura enajena, deforma, derriba, en vez de edificar. Traslade usted esa noción a lo social o lo político, y se percatará de que cuanto surge como un remedio suele empeorar lo que intenta arreglar.

Podía anotar algún hecho. Mas solo me quedan unas líneas. Y recomiendo fijarnos en el árbol que, tras la racha, vuelve a su erguida posición previa. Si este ser apenas sensitivo –según el verso de Rubén Darío- contara su secreto, diría: vean como me doblo sin partirme ante el silbido afilado del ciclón. Soy flexible. Nada más. (Publicado en Juventud Rebelde)   

 

Los Cinco de Cuba y las verdades ocultas

Los Cinco de Cuba y las verdades ocultas

El profesor Martin Garbus, uno de los más prestigiosos juristas estadounidenses, integrante del equipo de defensa de los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos, y sus colegas Tom Goldstein y Richard Klugh, presentaron recientemente una moción ante la Corte del Distrito Sur de la Florida, a nombre de Gerardo Hernández Nordelo –uno de los Cinco- , con el fin de obtener la orden pertinente para que el gobierno entregue documentos que obran en su poder y que se negó a divulgar durante el proceso judicial.

La moción forma parte de la apelación colateral iniciada en junio de 2010, basada en el derecho que tienen sus defendidos de conocer el alcance de la campaña de publicidad negativa contra ellos financiada por el gobierno para asegurar que fuesen declarados culpables. Involucrados en la cobertura incendiaria pagada por el gobierno antes, durante y después del juicio contra los Cinco, se encuentran 84 periodistas, locutores y comentaristas de varios órganos de la prensa escrita, siete canales de televisión y 13 estaciones de radio. (1)

En enero de 2009, el Comité Nacional por la Libertad de los Cinco, basándose en la Ley de Libertad de Información (“Freedom of Information Act, FOIA”) solicitó al Buró de Gobernadores de Transmisiones (“Broadcasting Board of Governors, BBG”), agencia oficial de propaganda del gobierno, y a su Oficina de Transmisiones a Cuba (“Office of Cuba Broadcasting, OCB”) información sobre los pagos realizados a periodistas de Miami creadores de una atmósfera envenenada que impidió la realización de un juicio justo en esta ciudad. (2)

Varios meses más tarde, la OCB entregó muy limitada información preliminar sobre pagos realizados a algunos de estos periodistas. Desde entonces, la agencia se ha negado a liberar toda la información que posee sobre los contratos suscritos con la prensa de Miami, en particular los anteriores a 1999, de vital importancia para la defensa de Gerardo.

No obstante, el esfuerzo realizado durante varios años por el Comité Nacional por la Libertad de los Cinco, y la Sociedad para la Fundación de la Justicia Civil, logró poner al descubierto una cantidad impresionante de materiales probatorios de esta operación gubernamental. El periódico “Liberation” ha publicado hasta ahora más de 2,200 páginas de contratos entre periodistas de Miami y Radio-TV Martí (3). Aunque estos documentos constituyen sólo una parte minúscula de los que la OCB se niega a liberar, constituyen prueba suficiente de que el gobierno que juzgó a los Cinco pagaba al mismo tiempo a los periodistas que creaban la atmósfera que hacía inevitable la condena.

Recordemos que las leyes estadounidenses prohiben claramente la utilización de fondos federales para financiar la propaganda encubierta dentro del territorio de Estados Unidos. Los pagos secretos, realizados principalmente a través de Radio y TV Martí, a periodistas supuestamente independientes, no sólo son contrarios a la ética de los comunicadores sino que violan flagrantemente la ley y revelan que la condena a los Cinco fue determinada por razones políticas.

En el periodo que va desde el 27 de noviembre del año 2000 hasta el 8 de junio de 2001, que corresponde al tiempo transcurrido desde el inicio del proceso contra los Cinco hasta que fueron considerados culpables por el jurado, el Nuevo Herald publicó 806 artículos, y “The Miami Herald” 305, que podían influir negativamente en el proceso judicial (4). Esta sobresaturación de la prensa creando un clima hostil contra los Cinco debería bastar para que el sistema judicial de Estados Unidos declarase nulo un juicio que nunca debió realizarse en Miami.

FOIA es una ley federal que permite solicitar información al gobierno acerca de sus acciones. El gobierno está obligado a entregar toda la información requerida siempre que no esté clasificada o, por ley, exenta de divulgación. Está en vigor desde 1967 pero ha sufrido modificaciones a través de los años, sobre todo a partir de 1982. Con la escalada de guerras de agresión, operaciones encubiertas, programas de entrenamiento en técnicas represivas (Escuela de las Américas), apoyo a dictadores latinoamericanos, golpes de estado, asesinatos extrajudiciales, detenciones arbitrarias, prisiones clandestinas, torturas de prisioneros etc., la necesidad de sucesivas administraciones norteamericanas de mantener secretas sus acciones dieron por resultado varias enmiendas y órdenes ejecutivas que mellaron casi completamente el filo de esta ley, incluyendo la Orden Ejecutiva de 2009 del presidente Obama, aberración jurídica que permite reclasificar retroactivamente documentos que estén ya en trámite de entrega.

Numerosas operaciones encubiertas y los documentos relacionados con ellas permanecen total o parcialmente en secreto. Mencionaré entre las principales el derrocamiento de gobiernos electos democráticamente como los de Guatemala e Irán en la década de los 50, el financiamiento de partidos políticos pro-USA en Europa, la invasión a Cuba por Playa Girón en 1961, el golpe de estado de Augusto Pinochet en 1973, las operaciones militares secretas en Vietnam, Cambodia y Laos -financiadas con el tráfico de heroína- y la guerra sucia contra Nicaragua en los 80.

Mantener a toda costa el secreto de sus acciones tomó carácter obsesivo en las administraciones republicanas. Al término del mandato del presidente Ronald Reagan permanecían clasificados cerca de 7 millones de documentos. Pero el delirio del secretismo alcanzó su clímax con George W. Bush. Sólo en 2004, su administración clasificó 15.6 millones de documentos a un costo de 7.2 billones de dólares. Inventó, además, nuevas categorías de clasificación y mediante una orden ejecutiva selló todos los archivos presidenciales a partir de 1980. (5)

Durante la administración Bush-Cheney la tasa de clasificación de documentos aumentó en un 75 %. En 2005, por cada $1 gastado en desclasificar viejos secretos, las agencias federales gastaron $148 creando y almacenando otros nuevos (6). Por otra parte, una directiva interna del Fiscal General John Ashcroft de 12 de octubre de 2001 convirtió las solicitudes al FOIA en procesos extremadamente lentos, difíciles y costosos.

El secretismo ha servido para manipular a la opinión pública, impedir el análisis crítico tanto de la política interna como exterior del país y ocultar los errores y actos ilegales de los funcionarios del gobierno. También se ha utilizado con frecuencia contra opositores domésticos. Si mucho tienen que clasificar es porque tienen mucho que ocultar. No son extraños, por tanto, los obstáculos impuestos por la OCB a las solicitudes de información del Comité Nacional por la Libertad de los Cinco.

Pero el ocultamiento de evidencias que atañen al juicio contra los cinco patriotas cubanos abarca mucho más que documentos escritos. La Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) solicitó en 1996 al gobierno de Estados Unidos que mostrase las imágenes satelitales que posee y que demostrarían que las avionetas de Hermanos al Rescate violaban la soberanía de Cuba y que fueron derribadas en el espacio aéreo cubano. La solicitud fue rechazada. Tanto en el juicio como en los dieciséis años transcurridos, el gobierno de Estados Unidos se ha negado sistemáticamente a mostrar las imágenes del satélite, ocultando de este modo una prueba decisiva que anularía los cargos y las sentencias impuestas a Gerardo y a sus compañeros (7).

El gobierno de Estados Unidos no permitió, además, la presentación por la defensa de los numerosos testigos y abundantes pruebas de las acciones terroristas realizadas contra Cuba. Esta información era crucial para la defensa porque evidenciaba que el objetivo de los Cinco no era otro que el de monitorear a las organizaciones mafiosas de Miami con el fin de impedir acciones hostiles contra su patria.

El secretismo culpable se completa con el muro de silencio mediático en torno a los Cinco. Durante el juicio, y en los meses anteriores y posteriores a éste, la histeria de los medios de Miami, alimentada con fondos federales, logró crear lo que en Estados Unidos llaman un “jurado de linchamiento”, mientras el resto del país ignoraba completamente lo que sucedía en esta ciudad. Consumado el crimen, una férrea censura impide que el pueblo estadounidense conozca la verdad. Pero somos ya millones en el mundo los que tenemos como cuestión de honor y de principios el mantener contra la infamia una denuncia universal y permanente.

Notas

(1) Prensa Latina, 13 de junio de 2010.

(2) Gloria la Riva, National Press Club, Washington, DC., June 2, 2010.

(3) El BBG –agencia gubernamental- y su “Office of Cuba Broadcasting, OCB”, operan Radio y TV Martí.

(4) Salvador Capote: “Los Cinco y la propaganda encubierta”, Cubadebate, 2 de diciembre de 2009.

(5) J. R. Norton: “Saving General Washington”, Penguin, N.Y., 2006, pp. 71-72.

(6) Mark Green: “Losing Our Democracy”, Sourcebooks Inc., 2006, p. 265.

Fuente:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=151630