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PATRIA Y HUMANIDAD

PREPOTENCIA Y FARISEÍSMO

PREPOTENCIA Y FARISEÍSMO

Por Luis Sexto

En estos días lentos, colmados de agua, vientos y luto, recibí un mensaje desde un punto de Norteamérica,  que callo por obvias precauciones: “Por favor, no reciban nada gratis de los Estados Unidos; cualquier ayuda aparentemente desinteresada exige un precio impagable.” Quien firmaba el email, cubano asentado allí por muchos años, temía que la Historia se repitiera.

¿Y la Historia se repite? Eso afirma el refranero, la conciencia de todos los días. Más bien, se repite el tiempo, en su múltiple condición de categoría filosófica como forma de existir de la materia,  en su mensurabilidad física y  en su circulo vicioso como clima. La Historia, no, aunque lo parezca. “El tiempo no va a ninguna parte”, digo en un epigrama que mantengo en un libro  inédito y añado: “Solo la Historia avanza”, aunque se repita. La Historia  suele avanzar entre signos negativos o positivos, como el álgebra, y conducir siempre hacia delante, aunque metros más allá se halle la ignominia, el descrédito, o el aparente retroceso de la restauración. Nunca lo reimplantado será igual a cómo fue. Ni ningún acto se replicará  idéntico al del pasado.

Y entonces  qué se repite. Ah, vengamos a decir que se repiten las actitudes humanas maquinizadas por los hábitos, y los comportamientos políticos condicionados por los intereses Eso sucede ahora en las no–relaciones, que son una forma de relacionarse, entre los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba desde hace 50 años, y mucho más atrás.  Los Estados Unidos repiten la misma conducta cuando la lucha de los cubanos por su independencia de España: nunca reconocieron la beligerancia del Ejército Libertador ni de su Gobierno en armas, salvo cuando, a en 1898 decidieron intervenir para alcanzar, con poco esfuerzo, la “fruta madura”. De ese modo, continuaron esbozando el lema de su política exterior en los años sucesivos: Los Estados Unidos no tienen amigos, sino intereses.

Ese compatriota inquieto –inquieto porque vive “en el monstruo y le conoce las entrañas”- nos alertaba de esa egoísta peculiaridad del gran país que comenzó, precisamente, su etapa imperialista al final de la guerra hispano cubana-americana, en 1898. ¿Cómo terminó aquel episodio? Sobra repetirlo: con Washington erigida en capital política de Cuba y el dinero yanqui dueño de las principales riquezas del archipiélago cubano. Por cualquier obra buena que hayan levantado, el precio fue criminalmente alto: de colonia, Cuba pasó a necocolonia. Del ideal de la independencia a la certeza de una nueva forma de dependencia.

Realmente todo ello es archiconocido. Pero cuando mi corresponsal en el Norte me remitía su advertencia, estaba sugiriendo muy oportunamente que miráramos atrás para recordar los antecedentes de las circunstancias actuales y la conducta del Águila. El águila, por alto que vuele, su mirada siempre va a bajo: hacia la próxima víctima. Claro, el águila sabe cazar. Para intervenir en la guerra entre cubanos y españoles a fines del siglo XIX, primeramente se cansaron de repetir mediante los periódicos de Hearts, que los soldados cubanos de la libertad eran salvajes, que guerreaban monstruosamente en una guerra inhumana. Después, conmovida la ingenua y manipulable opinión pública norteamericana, reconocieron el derecho de los cubanos a la independencia –que nunca antes habían hecho, repito-  y declararon la guerra a España. Previamente  prometieron garantizar la independencia de la Isla y cuatro años más tarde la desocuparon  con los cubanos amarrados a la Enmienda Platt.

No sigo; resultaría  extenso. Ahora, tras las escobas de los huracanes Gustav y Ike, ofrecen 100 mil dólares a Cuba en ayuda si una comisión de expertos evaluadores viene al terreno y confirma que Cuba no exagera sus males, ni se robará esa gran fortuna. Como lo que siempre ha habido en Cuba, hasta para exportar, es el concepto de la dignidad nacional –aunque algunos dentro y fuera la hayan cambiado por lentejas y comodidades-, el Gobierno Revolucionario dice que no acepta comisiones de inspección o de evaluación, porque entre nosotros muchos saben tasar, evaluar, y con el valor agregado del dolor y la solidaridad, y que si Washington quiere ayudar, que permita a Cuba comprar a empresas norteamericanas y obtener los crédito comunes en las operaciones comerciales, para reponer sus más de 3 mil millones de dólares en pérdidas.

¿Esa respuesta equivale acaso a negativa?  ¿Es acaso un secreto que desde hace casi medio siglo los Estados Unidos mantiene una maraña de leyes y prohibiciones que impiden que llegue a Cuba un producto con componentes de empresas norteamericanas, u consiga préstamos en el FMI o el Banco Mundial, y otras restricciones que en un lenguaje envuelto en melaza llaman embargo y que el entendimiento honrado conoce como bloqueo económico y financiero, pues se alarga hacia terceros países que, al violarlo, se someten a sanciones?

Resumiendo, los 100 mil dólares que ofrece la Casa Blanca –precio del ridículo- contrastan con  las decenas de millones que la Nacional Endowmen Democracy trasiega a los grupúsculos que viven, dentro y fuera de Cuba, aparentando una resistencia al comunismo que ya deriva hacia lo patético, luego de agotarse en la retórica de los manuales de la CIA para la guerra política y psicológica.

Me pregunto: Si alguien me aprieta el cuello por décadas y cuando nota que por falta de oxígeno me pongo morado -como los ornamentos de Semana Santa-  me ofrece una bolsita de oxígeno, una de esas que venden en Tokio para depurar los pulmones contaminados por el smog, qué le respondo. Bueno, los cubanos tendríamos, en el gráfico y vivaz lenguaje diario, una sola respuesta: Vete al carajo. Porque podremos sufrir carencia y pobrezas, incluso miserias, ahora agigantadas por el paso de dos huracanes que, coincidentemente, no han sido bautizados en español, pero sabemos que el bloqueo estadounidense y toda su perenne amenaza de subversión económica y militar también las han generado. No, señores del lado  de allá y a algunos de lado de acá: si alguien me aprieta el cuello, mi nariz habitualmente tupida no es la causante principal de que el oxígeno no llegue a mis pulmones.

Ah, compatriota de ese punto que callo de los Estados Unidos, gracias por su mensaje de alerta. Martí ya nos advirtió del precio de ciertas deudas. Y Máximo Gómez pronosticó que los americanos no dejarían en Cuba ni un adarme de simpatía. En fin, la Historia no se repite, avanza, pero se mantienen a veces las mismas actitudes de ciertos protagonistas, en un relevo generacional de causas e intereses: Los “americanos” y sus meteoritos satelitales intentando dominar y los cubanos, al menos lo mejor de ellos, negándose. A mí, por lo menos, la oferta de un donativo de 100 mil dólares no me convence de la buena voluntad de los gobernantes de Washington, y mucho menos me convence –al contrario, aumenta mi suspicacia- que al gobierno de Cuba se le exija lo que nunca se le pidió a Somoza, a Pinochet, a Trujillo, a Batista, registrados exponentes en el aún inexistente récord Guinnes del crimen y el latrocinio ejecutados desde el poder político.

 

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DAÑOS DE GUSTAV Y IKE: VALORACIONES PRELIMINARES

Tras el paso del huracán Ike el país transita por la fase recuperativa. Algunas zonas aún se resienten de sus devastadores efectos, particularmente intensos en algunas regiones, como la provincia de Pinar del Río y el municipio especial Isla de la Juventud.

El comportamiento de las lluvias y el escurrimiento en las montañas han provocado inundaciones en zonas bajas. Algunas áreas se mantendrán anegadas en los próximos días, como es el caso de la localidad Isabel Rubio, en la provincia más occidental del país.

Hasta este jueves se encontraban vertiendo 87 embalses; destacándose las provincias de Santiago de Cuba —donde aliviaban 10 de sus 11 embalses—; Granma (9 de 10) y Villa Clara (7 de 12).

Datos ofrecidos por la Defensa Civil muestran que, en cumplimiento de las medidas de protección adoptadas, fueron activados más de 2 000 órganos de dirección, alrededor de 1 500 centros de elaboración de alimentos y aproximadamente 2 200 albergues, de los cuales más de 1 200 eran escuelas.

Fueron movilizados alrededor de 160 000 efectivos —más de 2 800 integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias—, en función de proteger a la población. Además, se emplearon más de 9 500 medios de transporte, 1 400 máquinas ingenieras y alrededor de 4 500 medios de comunicaciones.

Tales medidas posibilitaron que más de 2 700 000 personas fueran protegidas, de ellas 2 150 000 en casas de amigos y familiares, lo que refleja el espíritu y sentido de solidaridad de nuestra población.

De manera rápida y organizada retornaron a sus viviendas aproximadamente 170 000 estudiantes y fueron reubicados en lugares seguros 6 900 campistas nacionales y 2 800 turistas internacionales.

Según valoraciones preliminares, entre los daños provocados por Ike se cuentan más de 200 000 viviendas deterioradas, con mayor perjuicio al fondo habitacional de las provincias de Holguín, Las Tunas, Camagüey, Villa Clara, Santiago de Cuba, Guantánamo, Pinar del Río y el municipio especial Isla de la Juventud. Sumados estos a los devastadores efectos del huracán Gustav y de la tormenta tropical Fay, los daños totales superan las 500 000 casas y apartamentos, cifra que puede incrementarse. Es significativo que muchas de las viviendas que habían sufrido derrumbes parciales, ahora tuvieron derrumbe total.

En los sectores de la Salud y la Educación, el meteoro provocó afectaciones en cubiertas (con algunas pérdidas totales de techos), paredes y carpintería; lo cual conllevará a insuficiencias en los servicios.

El abastecimiento de agua ha sido dañado por la pérdida de tramos en las conductoras de los acueductos, y provocado la interrupción del servicio en comunidades y municipios de varias provincias, entre ellas Guantánamo, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Villa Clara y Pinar del Río.

En el sistema eléctrico han sido dañadas líneas de distribución, acometidas y transformadores, como consecuencia de la caída de postes y árboles, además de la influencia de la fuerza de los vientos en la red de distribución aérea.

El derribo de torres de transmisión, postes y deterioro de rutas físicas, conllevaron a daños en los servicios de comunicación, de la radio y la televisión. No obstante, se mantuvo el de correos (solo para telegramas de urgencia, como casos de enfermedad grave o muerte).

Aun cuando provincias como Las Tunas, Camagüey y Holguín no rebasan el 30% de sus usuarios con servicio eléctrico —debido, básicamente, a la magnitud de las averías en sus redes—, el resto del país ha experimentado un significativo cambio en las últimas 48 horas al mejorar las condiciones meteorológicas y permitir a las fuerzas de la Unión Eléctrica desplegarse a fondo en las tareas de rehabilitación, según información ofrecida a Granma por Ricardo González, directivo de la Unión Nacional Eléctrica.

A pesar de que pueden quedar casos pendientes por situaciones específicas, los porcentajes de consumidores con el vital servicio por territorio es como sigue: Granma y Santiago de Cuba pasan del 99%; Ciudad de La Habana, más del 96; Guantánamo supera el 94 y Ciego de Ávila el 92; La Habana, casi llega al 92; Matanzas, 90; Villa Clara, 87,2; Cienfuegos, 94,7 y Sancti Spíritus, 84%.

Las regiones más comprometidas y complejas —Pinar del Río e Isla de la Juventud—, se encuentran a más del 55 y casi al 67%, respectivamente.

En la Agricultura los principales perjuicios se cuantifican en cultivos como plátano, café, yuca, maíz y en la avicultura; también en techos y cubiertas de casas de cultivo y almacenes.

En esta etapa de recuperación todos los sectores trabajan en resarcir los daños, a partir de evaluaciones realizadas en cada lugar. A la par se adoptan las medidas necesarias a fin de rehabilitar, de forma priorizada, los servicios básicos a la población. (Tomado de Granma)

 

 

LAMENTABLE PÉRDIDA DE SIETE VIDAS HUMANAS AL PASO DE IKE

Reporte de la Defensa Civil

Gigantesco ha sido el esfuerzo de la Revolución para preservar las vidas humanas frente al devastador huracán Ike. La cifra de más de 2,5 millones de personas protegidas y el empleo de cerca de diez mil medios de transporte sin que se reportara un accidente, es una muestra de la disciplina ejemplar de nuestro pueblo y de la eficacia de las medidas adoptadas, aun cuando estas entrañaron retos y riesgos para su ejecución.

En rigor, la pérdida de las siete vidas humanas al paso del reciente huracán, en lo esencial, no fueron solo consecuencia directa de los efectos de Ike, sino de la falta de observancia estricta de las medidas orientadas por el sistema de la Defensa Civil; así lo confirman, en cada caso, las causas que concurrieron en esos fatales desenlaces. Las víctimas fueron:

Pascual Villafaña Rivera de 35 años, residente en la ciudad de Camagüey, quien decidió en horas avanzadas de la noche abandonar la casa de un familiar donde se encontraba protegido y retornar a su vivienda que no reunía condiciones para su seguridad. En ese instante se produjo la caída del árbol que hizo colapsar una pared que le cayó encima.

Carmelina Diéguez Santiesteban de 74 años, de la provincia de Holguín, vivía en una casa muy vulnerable y se negó a evacuar a un lugar seguro a pesar de la insistencia de las autoridades locales, que trataron de persuadirla del peligro de su permanencia en el lugar. El efecto de los vientos derrumbó la vivienda y ocasionó su fallecimiento.

Antonio Mendoza Peña de 55 años, habitante de la provincia de Santiago de Cuba. Al momento de abandonar la casa del vecino donde estaba protegido fue advertido por los presentes sobre la imprudencia que cometía. No obedeció a los llamados hechos y se arrojó hacia un arroyo crecido, lo cual le ocasionó una asfixia por inmersión.

Pedro Corso Soto de 76 años y Ángel Sánchez Cabello de 35, de la provincia de Villa Clara, quienes al momento de desmontar su antena doméstica no estaban bajo la influencia de los vientos de este huracán. La causa estuvo determinada por la caída de la antena sobre el tendido eléctrico, ocasionando la electrocución inmediata de ambos.

Pedro Pablo Gutiérrez Cervantes, de 55 años de edad, resultó atrapado bajo los escombros al producirse un derrumbe en un viejo edificio de tres pisos situado en la avenida del malecón capitalino, en el municipio de Centro Habana. En la investigación preliminar sobre las causas de este hecho se conoció que González Cervantes y su familia fueron evacuados oportunamente, y sin esperar la autorización correspondiente regresaron al edificio que habitaban, donde se produjo posteriormente este lamentable accidente.

Carlos Velázquez Pérez, de 53 años de edad, residente en Puerto Padre, provincia de Las Tunas, y que se desempeñaba como miembro de una comisión de evacuación, al terminar esta el domingo 7 en la noche se dirigió a su casa a descansar, puso una almohada y se acostó debajo de la cama, donde se quedó dormido; al producirse los fuertes vientos, la pared que se construía en los altos de la casa de su vecino le cayó encima causándole la muerte. Su cadáver fue encontrado por un sobrino el miércoles 10 al visitar su casa.

El sistema de la Defensa Civil de Cuba, reconocido por su eficacia para afrontar eventos meteorológicos de esta magnitud, garantiza la protección de toda la población y los recursos económicos; sin embargo, las causas de los hechos lamentables hasta aquí descritos ejemplifican la necesidad de cumplir disciplinadamente las medidas que de manera reiterada establece la Defensa Civil con el objetivo de evitar estas dolorosas pérdidas humanas y el luto familiar a que conducen.

LA DIGNIDAD ANTE TODO

 Declaración del Minrex

A las 11:50 horas de ayer, martes 9 de septiembre, el Departamento de Estado envió a la Sección de Intereses de Cuba en Washington la Nota Verbal No. 252/18, en la cual, tras expresar su pesar por los daños adicionales causados al pueblo cubano por el huracán Ike, insiste en enviar a nuestro país "un equipo de evaluación humanitaria" para "inspeccionar las áreas afectadas".

Hoy, 10 de septiembre, a las 7:20 p.m., la Sección de Intereses de Cuba en Washington envió al Departamento de Estado la Nota Verbal No. 046/08, en la que agradece las expresiones de pesar del Gobierno de los Estados Unidos por los daños causados en Cuba por el huracán Ike y reitera que Cuba no requiere la asistencia de un equipo de evaluación humanitaria, pues cuenta con especialistas suficientes y preparados para realizar esta labor.

La Nota enfatiza que si el Gobierno de los Estados Unidos tiene una real voluntad de cooperar con el pueblo cubano, se le solicita que permita la venta a Cuba de materiales indispensables, tales como cubiertas para techos y otros para reparar viviendas, y para restablecer las redes eléctricas.

Asimismo, se reitera la solicitud de que el Gobierno de los Estados Unidos suspenda las restricciones que impiden a las compañías norteamericanas ofrecer créditos comerciales privados a Cuba para comprar alimentos en ese país.

La Nota llama igualmente la atención del Departamento de Estado sobre el hecho de que, para permitir la venta de los materiales antes mencionados y autorizar créditos privados para la compra de alimentos, no se requiere la visita a Cuba de un equipo de evaluación humanitaria.

Por último, la Nota Verbal de la Sección de Intereses de Cuba subraya al Departamento de Estado que su Nota No. 252/18 persiste en una solicitud que ya el Gobierno de Cuba respondió en la Nota No. 1886 del Ministerio de Relaciones Exteriores, del 6 de septiembre de 2008 y, lo que es más significativo, no responde realmente a las dos solicitudes concretas que el Gobierno de Cuba realizó al Gobierno de los Estados Unidos para enfrentar los daños causados por el huracán Gustav, y que reitera en la Nota presentada hoy.

Por otro lado, en las últimas horas, voceros del Gobierno de los Estados Unidos han intentado justificar la negativa del Presidente Bush a permitir la venta a Cuba de materiales indispensables y autorizar créditos comerciales privados para adquirir alimentos en ese país.

La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, afirmó rotundamente el domingo 7 de septiembre: "No creo que (…) un levantamiento del embargo sea sabio".

El vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack, insistió el lunes 8 de septiembre, en una rueda de prensa, en la supuesta importancia de que Cuba acepte un equipo de evaluación que haga una inspección "in situ" de los daños. Ante la observación de los periodistas de que otros países han suministrado ayuda sin exigir una inspección previa sobre el terreno de los daños, Mc Cormack respondió evasivo: "Veremos si el Gobierno cubano cambia de opinión y nos permite ayudar al pueblo cubano".

Por su parte, el cubanoamericano Carlos Gutiérrez, secretario de Comercio y copresidente de la comisión encargada de aplicar el Plan Bush contra Cuba, expresó ayer hipócritamente: "…reiteramos nuestro ofrecimiento de permitir a un equipo de evaluación de la USAID viajar a Cuba para evaluar la situación".

El Gobierno de los Estados Unidos se comporta cínicamente. Intenta sugerir que está desesperado por cooperar con Cuba y nosotros nos negamos. Miente sin escrúpulos.

¿Por qué el Gobierno de los Estados Unidos insiste en el pretexto de hacer una inspección en el terreno cuando resulta amplia y evidente la información difundida sobre las graves afectaciones provocadas por los huracanes a Cuba?

¿Por qué pone como condición el envío de un equipo de inspección, algo que no ha hecho ningún otro país de las decenas que ya nos brindan su cooperación generosa?

¿Por qué el Gobierno de los Estados Unidos se niega a permitirle a Cuba que compre allí materiales para reparar viviendas, cubiertas para techos o componentes para restablecer las redes eléctricas?

¿Por qué prohíbe a empresas norteamericanas, y a sus filiales en cualquier país, ofrecerle a Cuba créditos privados para comprar alimentos, que son hoy imprescindibles para garantizar la alimentación de la población afectada y reponer las reservas del país en previsión de nuevos huracanes?

Son esas las preguntas que el Gobierno de los Estados Unidos debe responder.

Son esas las preguntas que la comunidad internacional, que apoya abrumadoramente a Cuba en su lucha contra el bloqueo, le hace al gobierno de los Estados Unidos.

Cuba no ha pedido al Gobierno de los Estados Unidos que le regale nada. Simplemente que le permita comprar.

Lo demás, es pura retórica, pretextos y justificaciones que nadie se cree.

Cuba saldrá adelante. Ni huracanes, ni bloqueos, ni agresiones podrán impedirlo.

Ministerio de Relaciones Exteriores

La Habana, 10 de septiembre de 2008

 

UNA HISTORIA DE CICLONES

UNA HISTORIA DE CICLONES

Por Luis Sexto

Rescatemos esta crónica, que  nos recuerda las furia de un huracán

Elisa  McHatton-Ripley no conservó memorias gratas de su estancia en Cuba durante el último cuarto del siglo XIX. Aún las observaciones más favorables sobre el verdor eterno y el clima benigno de la Isla, sufrieron las quejas de esta mujer que no soportaba la monotonía de lo invariable. No le fue bien. Hasta el nombre del ingenio azucarero que su esposo compró en la jurisdicción de Matanzas, a unos 100 kilómetros al este de La Habana era un presagio de mala suerte en español: Desengaño, lo que equivale a decir la muerte de cualquier ilusión.

En un libro titulado From flag to flag, publicado en New York por la Editorial D. Appletton and Company, en 1889,  entre otras experiencias, Elisa McHatton  contó las peripecias de los 10 años que residió en Cuba.  Nació en  Kentucky en 1832 . Y en 1862 la guerra civil la obligo, junto con su marido, un hijo y dos criados, a marcharse de su plantación en Arlington,  cerca de Bouton Rouge.  Tres años después, tras una estadía en el México ocupado por los franceses, la familia McHatton–Ripley llegó a La Habana. Y seguidamente  se estableció en el ingenio Desengaño donde Elisa conoció la decepción en una tierra que la misma autora estima como “el lugar más prolífico del globo”.  El nombre de la plantación, repetido en ingenios de otras zonas del país, expresaba los altibajos que entonces sufría la industria azucarera cubana que, de prometer el paraíso, pasaba por temporadas de angustias e incertidumbres para cuantos había puesto su fortuna en la fabricación del grano.

From flag to flag se suma a los más de 700 libros  que viajeros de diversa procedencia escribieron sobre  Cuba hasta el final del siglo XIX. Y compone una visión muy especial, porque es una extranjera que no solo observa y ve,  sino que  su vida y la economía familiar dependen de la entonces riqueza principal de Cuba. Se comprende, pues, que la visión idílica del paisaje no aparezca en sus páginas; la escritora y su esposo tuvieron que trabajar duramente para que su plantación azucarera prosperara, y pudieran sostener aquella vivienda que, al comprarla junto con el ingenio, pasaba como una de las “más presuntuosas y considerables” de Matanzas.  Las memorias de Mrs. McHatton-Ripley  se dedican a describir las costumbres, las comidas, y el paisaje humano de la plantación, donde el negro y el chino esclavo conviven bajo el tañido de una campana de 900 libras que uniformemente les organiza la jornada desde el amanecer hasta la hora de dormir.

A pesar de su nombre, Desengaño prosperó.  El trabajo y la agrotecnia sirvieron allí para que el suelo de Matanzas, uno de los más feraces de Cuba, no se cansara como en las haciendas colindantes, sometidas a una explotación que confiaba más en la bondad de la naturaleza que en la inteligencia y la aplicación de los hombres.

La familia McHatton-Ripley, sin embargo, se cansó. “Nos cansamos del eterno aire dulce y apacible, del invariable verdor del paisaje, la perpetua temperatura que hacía cómoda la ropa de hilo más delgada; las estaciones solo variaban en seca y en húmeda: la seca muy seca y polvorienta; la húmeda, muy húmeda y lodosa (...) Un clima como este empalaga a quien se haya acostumbrado a las variaciones de la zona templada. El verdor inalterable es como una boba sonrisa permanente en la cara de una mujer bonita: su constancia la hace inexpresiva e insípida.”

Del clima lo probó todo. Porque Mrs McHatton-Ripley, afrontó,  como  cualquier cubano actual según las estadísticas, la posibilidad de ver un ciclón  catastrófico más de una vez cada 10 años. Y lo vio. Estuvo dentro, afanándose en atrancar puertas y ventanas, en proteger animales y bienes materiales.  “Cuando, por último, después de 30 horas de lucha exhaustiva y alarma mortal, nuestras puertas volvieron abrirse de par en par, la escena de desolación que contemplamos desafiaba toda capacidad de descripción. Los ilimitados campos de caña ondulante, que solo antes de ayer deleitaban nuestra vista, habían desaparecido por completo; derribadas las cañas por el viento, las rápidas aguas en descenso las cubrían totalmente. La casa de azúcar había quedado enteramente destechada, y las anchas láminas de metal se trajeron  durante días, desde campos a cientos de yardas de distancia, tan retorcidas como si el martillo de Vulcano les hubiera dado infinitas formas fantásticas.”

Dos o tres años más tarde, en 1875, los MacHotton-Ripley se fueron de Cuba  para siempre. Pero no creo que el calor, la lluvia, el polvo, el lodo y los vientos, hayan influido en la determinación.  La autora de From flag to flag había venido a Cuba buscando las ventajas económicas de la esclavitud  que la guerra civil abolió en los Estados Unidos. Pero en la llamada Perla de las Antillas,  la primera guerra por la independencia procuraba también eliminar la esclavitud.  Y, por supuesto, la prosperidad del ingenio Desengaño se ahogaba en la libertad que poco a poco negros y chinos iban ganando. Además, refiriéndose a la administración colonial española, la autora concluyó:  “Esa soberbia provincia, cuyos recursos naturales son casi inagotables, ha sido desangrada por las sanguijuelas y parásitos a quienes se confió su bienestar y su gobierno”

Elisa McHotton-Ripley murió en Kentucky en 1912. Tiempo tuvo para percatarse que los años más esplendorosos de su vida habían coincido en su patria y en Cuba con un cambio de época. Y tal vez haya recordado con cierta justiciera nostalgia sus días en Desengaño, allí donde creyó haber enterrado sus ilusiones.

 

UN FUTURO AÚN IMPREVISIBLE

Por Luis Sexto

Publicado en el diario digital Insurgente, España

El principal problema de la Cuba actual ya empieza a tener una respuesta. Me parece que en  InSurGente, escribí hace cerca de un año que cualquier transformación dentro de los fines socialistas, tendría que empezar por la agricultura. Aproximadamente la mitad de las tierras productivas se tupen de malas yerbas y arbustos dentro de un plan de holganza que ya duraba demasiado. A mediados del mes de julio, fue aprobado el decreto-ley 259 que regula la distribución de tierras ociosas a trabajadores o agricultores que soliciten 13 hectáreas como mínimo y hasta 40, en usufructo gratuito por diez años, prorrogables diez más.

(…)

Por lo dicho y sabido, el decreto-ley 259 es una medida revolucionaria, opuesta a la práctica capitalista. Lo aclaro, por si alguno, habituado a considerar la propiedad estatal como la única forma posible de organizar el patrimonio agrario, puede estimar que distribuir 13 hectáreas como mínimo entre  trabajadores que desean fajarse con tierras ociosas y enmarañadas por el parásito de la desidia, implica una concesión, un jugueteo inoportuno con el mal olor del capitalismo.

A principios de la década de 1960, la Revolución triunfante no dudó en erigir como dueños de sus tierras, que a veces eran “ajenas”, a millares de pequeños agricultores. Con ello, vertebró el campesinado cubano, que desde el siglo XVI clamaba por justicia, con una voz numerosamente amordazada por el desalojo de sus tierras con violencia  y  sangre.

Ante la existencia del papel legal del decreto-ley 259, que expresa una voluntad política del Partido Comunista y del Gobierno, solo la aplicación consecuente podrá conseguir los fines que el documento –fruto sin duda de la reflexión- se propone como respuesta para revertir la improductividad de una apreciable porción de las escasas riquezas materiales de Cuba.

Quizás lo peor que le pudiera ocurrir a medida tan consecuente sería que la creyéramos solución provisional, pasajera. Si fuera así y con esa aprensión se empezara a distribuir una parte del fondo agrario, ya estaríamos mediatizando la concreción de los propósitos del 259. ¿Qué ofrece, en suma, este documento legal sino tierras que necesitan ante todo trabajo permanente y abnegado, en ocasiones sin los recursos básicos? Serán, por supuesto, tierras agradecidas a la aplicación laboriosa. Con tanto tiempo en descanso o habitadas por el marabú, la fertilidad se le ha ido acumulando en un humus generoso.

Este comentarista cree que más que solucionar una emergencia productiva, el decreto-ley 259 procura fijar a hombres y mujeres a la tierra; nutrir las filas del campesinado, que hoy tiende a desaparecer por vejez y muerte en sus más experimentados horcones. Si no persiguiéramos reestablecer en un mínimo, el trabajo del pequeño agricultor, tal vez, a mi modo de ver, no podríamos trascender, con mirada de largo plazo, las limitaciones alimentarias del presente.

No parece recomendable, valorando la historia de Cuba y el cuadro agrario de la actualidad, soslayar el fortalecimiento del campesinado. A lo largo de cinco siglos el conjunto de los campesinos ha demostrado su pertinencia, su perseverancia y su fidelidad a la nación. Cuba, en dimensión no desdeñable, ha sido campesina. En la etapa previa a la Revolución, ante  centenares de miles hectáreas dedicadas a la caña de azúcar o a reposar en la reserva de la United Fruit Company y el King Ranch, los campesinos, en mayoría sumidos en condiciones precarias de trabajo, alimentación, educación, y carentes por lo común  de tierras, producían el mínimo de los alimentos populares en un país que, a principios de la década de 1950, importaba más del 60 por ciento de sus granos del cercano mercado de los Estados Unidos. De los campesinos dependió ayer, tanto como hoy,  también el tabaco, una de los productos estelares del campo cubano. Patriótica y políticamente, tanto en la guerra por la independencia como en la campaña de liberación nacional en la Sierra Maestra, el campesinado apoyó y se sumó a los ejércitos de la libertad.

Cuba todavía no debe prescindir de su campesinado. La experiencia ha demostrado que, junto con la agricultura extensiva, necesita, particularmente en la actualidad, del trabajo campesino, de esas familias apegadas a la tierra porque de la tierra depende su bienestar.  Por supuesto, no pretendo defender el minifundio; tampoco quiero establecer un litigio entre la llamada propiedad social y la individual; solo recomendar cierta potenciación del esfuerzo privado en estas circunstancias cuando la economía experimenta restricciones en su liquidez y el trabajo ha de suplir parte de los insumos.

El trabajo en las empresas socialistas –es decir, estatizadas- no ha demostrado aún toda su potencialidad. Porque el asunto no se ciñe a que el Estado las posea, sino que las organice de modo que la propiedad socialista, ese sentirse y ser el obrero copropietario, sea una relación verdaderamente real y no ficticia,  teórica o propagandística. Empresas estatales existen muchas en países capitalistas y ello no significa que sean socialistas.

Mientras aguardamos –y muchos consideran que el tiempo no le sobra a Cuba para readecuarse a las circunstancias de un mundo hostil-, mientras esperamos se precisa, pues, que el campesino, sea individual o integrado en cooperativas, goce de una parte de las tierras donde señorean plantas no comestibles. Hasta hoy, con notablemente menos tierras y recursos que las empresas estatales, los agricultores pequeños y las cooperativas conformadas con tierras privadas producen más del 60 por ciento de los productos del agro. Es justo, pues, que la sociedad socialista confíe en quienes confirman cada día ser sus aliados.

Como siempre, el mayor riesgo del decreto-ley 259 es que sea aplicada burocráticamente. La burocracia vive entre el terror de perder el poder y la esperanza de que nada cambie. Por ello, me atrevo a recomendar que no insistamos rígidamente en el control, de modo que al cortar el cordón umbilical del campesino entregándole retazos de  tierra, no le suprimamos también a la criatura la facultad de respirar. Habrá que insistir en lo positivo, lo creador. El nuevo decreto agario pone en manos de trabajadores honrados, la oportunidad de ser parte de la solución y no parte del problema. Se desprende, pues, la necesidad de encarecer la abnegación, el patriotismo en una atmósfera de confianza que exalte el estímulo junto con el cumplimiento del deber…

De cualquier modo, el marabú no es el problema capital del campo. La agricultura cubana sigue autobloqueada, o bloqueada desde dentro, además de bloqueada desde el extranjero. En estos días, de visita por esos campos, supe de una UBPC –cooperativa de productores en tierras estatales- que, con petróleo y fertilizantes asignados, no puede cultivar la tierra: carece de dinero para pagar sus insumos, porque el central azucarero para el cual venden sus producciones no le ha pagado 220,000 pesos de la última zafra. Sigue vigente el problema de las deudas impagadas. ¿Será una anécdota? Si lo fuera, es muy expresiva de que la pelea no se gana en los informes, que aseguran todo lo contrario.

Hemos de convencernos: El surco no hace fructificar papeles. Pero a la distorsión de los papeles apuestan los que se niegan a repartir tierras y con ello desanudar las fuerzas productivas trabadas en fórmulas inoperantes. Tal vez, un plazo tan pequeño como un decenio para poner a parir un pedazo de tierra y estabilizar la producción, aunque exista la posibilidad de una prorroga, sea una argucia burocrática a la que las mentes más lúcidas del país no pudieron atajar. Así, quizás, no se acierte a disponer el futuro.

Tendrán que convencerse, los que se oponen,  que la Revolución no se pierde haciendo lo que ha hecho en otros momentos: distribuir tierras entre la gente trabajadora. Pudiera perderse si por un criterio dogmático o por espurios intereses de privilegios oficinescos, el país continúa embarrancado, con pocos alimentos, frente el costo pantagruélico de las importaciones de cuanto se puede producir en esa tierra que Colón llamó “la más fermosa” y que, trabajada con pasión e inteligencia, puede estar entre las más fértiles. 

Paralizada, Cuba se pone a la defensiva ante la estrategia de deteriorarle la economía que aplican y refuerzan los enemigos de la Revolución. Habrá que sacar las cuentas en gastos materiales y en costos políticos.

 

 

 

JUEGO DE PALABRAS

JUEGO DE PALABRAS

 Por Luis Sexto

 Las palabras no mueren de enfermedad, ni de crimen. Uno las tacha, las enreja en la garganta, y reaparecen en otro papel, o se fugan por una rendija de cualquier lengua. Puedo hacer un informe personal del problema. Me había negado a escribir o decir actividad; no quería sucumbir a ese truco de la pereza que con actividad nombra toda acción, todo gesto humano. Pero caí, a pesar de reputarme como un asesino de ciertas palabras.

Mientras apremio el teclado o la boca, las vigilo, las aíslo, las desdeño. Y si se evaden de tan enconado control, al repasar las cubro de cruces como bajo un multiplicado EPD. También las tacho, con gusto fanático que nunca enmascaro, en las cuartillas de algún colega.

He convertido en un rectangular e impenetrable borrón a vocablos como salvataje, escrito por un corresponsal desde México cuando relataba las operaciones de salvamento de las víctimas de un terremoto, y a reconfort, sinónimo de consuelo en una nota informativa sobre los prisioneros políticos en el Chile militarizado.

En otro momento he hecho invisible al adjetivo muerto, pues el redactor afirmaba que en una aldea salvadoreña permanecía el cadáver sin vida de un soldado. Y he quitado una aureola al patrono de España a quien le habían doblado la santidad colocándole un san delante de su San-tiago.

Los diccionarios de la lengua son como directorios telefónicos desactualizados: nadie los consulta; tampoco entregan la verdad completa. Uno lo deduce al descubrir tanto desacato en la crónica que los periodistas escribimos para registrar, durante la agonía de un acontecimiento, otro tan principal como el que acaba de ocurrir. Es un trotamúndico y supersónico acto de historiadores que justifica sus faltas en la intransigencia del jefe de información que advierte, mostrando el reloj, que el tiempo en un periódico no posee las propiedades de un noviazgo moderno, exento de límites para la exploración de las formas.

Pero no solo entre personas de letra y prensa. También la innombrada ciudadanía  modifica las definiciones de los diccionarios. El idioma se ajusta dócilmente a las filosofías y conveniencias coloquiales. Aquel hombre –recuerdo- se calificaba de extremadamente celoso. Nosotros dudábamos  de su auto apreciación. Él insistía. Y le preguntamos con intenciones de ridiculizarlo:

-¿Sabes qué  significa celoso?

-Sí. Y también lo dice y lo sabe mi mujer?

-¿Tu mujer? –repetimos a la vez, nosotros, que sabíamos el secreto.

-Sí, ella.

-¿Por qué lo dice?

-Porque ella tiene otro, y a mí no me gusta...

Yo, perseguidor, matador, asesino de palabras impropias o indeseables fui, sin embargo, burlado, vencido. Me negaba a escribir, a pronunciar actividad. Una tarde  íbamos por la carretera de Pinar del Río a Viñales, el valle de los mogotes únicos; por esa ruta uno se pregunta si las carreteras beben, porque parecen trazadas a curvas de borracho. El automóvil rodaba despacio, más lentamente que lo marcado en la señal de vía. Delante, varios camiones avanzaban como arria de mulos. Gente guajira se aglomeraba sobre ellos. El paso era intolerable. Sol. Polvo. En una breve recta, Alcides Betancourt,  chofer de Bohemia, ocupó la izquierda para desmandarse.

-Despacio –le pedí. Quiero averiguar.

Y desde la ventanilla tiré mi curiosidad haciéndola volar en la persistente palabra. La respuesta, voceada para que nos alcanzara, todavía me avergüenza:

-Esto no es ninguna actividad, compañero; es un entierro.

 

*Esta crónica fue publicada en la revista Bohemia en l988. Después supe que algunos se la atribuyeron al destacado periodista radial Orlando Castellanos. Al  menos, dicen, él  contaba la anécdota como propia. Ya difunto Castellanos, solo puedo perdonarlo, aunque reclamo, en estricta justicia, la paternidad de esta historia. Tengo testigos.

 

¿NOMBRE O SEUDÓNIMO?

Por Luis Sexto

 Lo volví a ver ayer en el escaparate con ínfulas de almacén donde echo la papelería fuera de servicio o la que esperar servir alguna vez. Fue mi seudónimo por un tiempo, y con él intenté dar propiedad a aquellas cuartillas escolares entre las cuales había unos versos a la romántica y una semblanza de Manuel Acuña, el poeta mexicano a cuyo suicidio José Martí comentó que una conciencia limpia valía más que el amor de una mujer.

Lo inventé a los 18 años. Y yo no sabía entonces qué mueve  a un escritor o a un artista a inscribirse con un seudónimo en el arte, la literatura, el periodismo. Intenté responder la pregunta mucho tiempo más tarde en una nota difundida por Prensa Latina a propósito de Gabriela Mistral. Y alegué que quizás en el hecho de borrar con otro apelativo el recibido sin previo conocimiento, ni consulta, interviene un brumoso afán de expresar nominalmente el yo que uno desea ser y sustituir al  que siente no ser.

Era una tesis somera que explicaba el trueque de patronímicos mediante razones de inconsciente. Me parecía que cualquier fisgoneo en los móviles de un artista  y de un creador literario debía introducirse en lo recóndito de la sensibilidad y despejar el entramado de intuiciones, rasguños, acumulaciones secretas del vivir que concierta y desflora el imperativo poético.

Ahora sé que el problema puede ser menos complicado. La observación me ha convencido de que el maquillaje publicitario influye significativamente en la adopción de un seudónimo. Porque hay nombres que no tienen raíz para engarfiarse, y el artista, el creador, cambia o transforma su Juan Bautista Poquelin en Moliere, su Lucila Godoy en Gabriela Mistral, su Charles Romuald Gardes en Carlos Gardel, su Norma Jean Becker en Marilyn Monroe, convocando así la eufonía, la rotundez, que inviten al contacto con un libro, una obra de teatro, una película.

Tuve un amigo que, por el contrario, no quería agradar, ni atraer; quería protestar contra el periodismo despersonalizado que le obligaron a hacer. Y eligió el anónimo como seudónimo: no firmaba. Era un talento de originalidad sigilosa, comedida. Y si un seudónimo hubiera amparado su identidad habría sido Cero: esto es, nadie.

Los seudónimos abundaron en Cuba con la copiosidad de las palmas entre la gente de letras. Actualmente no. Al parecer nadie los necesita. Porque somos más sinceros, o más diáfanos o más sencillos, y portamos un mal nombre con la misma dignidad que una alopecia. Elías Entralgo, que con tantos aciertos topó en sus estudios sobre la cultura cubana, afirma que un diccionario hoy desconocido acopió dos mil 378 seudónimos. Lo sorprendente es, sin embargo, que al menos solo cuatro  traspasaron el techo de su instante para sobrenadar en las claridades de la posterioridad y anular el nombre legal de sus autores. Tal vez pocos cubanos sepan decir cómo se llamaron el poeta Plácido, el publicista El Lugareño, el periodista Justo de Lara y el alimonado polemista Fray Candil.

Entralgo considera que en la elección de un falso nombre operan dos causas: timidez del carácter y el instinto de conservación. O se teme aparecer en escena por pusilanimidad. O se cuida uno la cara de cualquier ladrillo que vuele a ajustar cuentas por lo que se publica o se exhibe. Falta por decir que quizás ahora no los usemos, porque somos más valientes o... más descarados.

¿Yo a qué temí? No puedo determinar si en mí mayoreaba la timidez, o el miedo, o la tradición, o la conciencia de que mi nombre no era lo suficiente atractivo. Lo cual me parece en este instante un simple asunto de opinión. Pero para concluir algo tan práctico tuve que afrontar la verdad que ridiculizó mis más severas creencias.  Después de un extenso juego de combinaciones, escogí a Felipe Sarduy. Registré la guía telefónica: no recogía  ningún suscriptor homónimo. Y lo estampé como respaldo de mis escritos novicios e inéditos. Pero más adelante me enteré que un pelotero flemático, seguro, potente, empezaba a convocar con ese nombre el alarido en los estadios de béisbol. Renuncié a mi seudónimo. Desistí incluso de inventarle un sustituto. Me conformaría por el momento con el santo y seña que inscribieron mis padres en el Registro Civil.

Con mi identidad legal llevé un primer artículo a una revista. El jefe de Redacción pasó la última cuartilla; limpió los espejuelos. Y esperó unos instantes como para otorgarle desventaja a mi ansiedad, en una técnica que caracteriza a los que abusan de su poder. Al fin dijo:

-Está bien. Pero fírmalo con tu nombre, porque  Luis Sexto debe de ser un seudónimo, ¿no?

 

 (Del libro El día en que me mataron y otras crónicas en primera persona)