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PATRIA Y HUMANIDAD

CÓMO EL DIARIO DEL CHE LLEGÓ A CUBA

CÓMO EL DIARIO DEL CHE LLEGÓ A CUBA

Por Ernesto Vera

Presentación de una nueva edición de un libro necesario

Desde hace poco más de veinte años, al publicarse un gran reportaje convertido en el libro Operación Tía Victoria, titulo de la primera edición y que hoy se publica con el de El Diario del Che llega a Cuba consideré a esa obra muy necesaria para el conocimiento y estudio de los periodistas y estudiantes de la profesión periodística, no sólo por el contenido y la forma, sino sobre todo  debido a como su autor, Hernán Uribe,  asumió a plenitud su deber de militante revolucionario, tanto en contribuir decisivamente a que la misión encomendada fuera exitosa, como en garantizarla seguridad del que trasladó la copia del Diario del Che en Bolivia, con la solicitud de hacerlo llegar a Cuba.

 

            El autor, con el que me unen vínculos de profunda amistad desde los años iniciales de la década del 60, nunca me dijo quien era la persona que le hizo entrega del Diario y, por supuesto, nunca reveló el nombre del que bautizó como El Mensajero. Este se dio a conocer siete años después de la primera edición, cuando consideró que el riesgo mayor ya no existía.

 

            Hernán Uribe, también autor de otros libros importantes, escribió uno referido a la ética periodística, tema que lo ha acompañado durante más de tres lustros en su función de profesor titular en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los principios que proclama en esa dirección han sido la base fundamental del código ético de la Federación

Latinoamericana de Periodistas. Hacer y después decir, esa autoridad ganada con el ejemplo, tiene la mejor presencia en este libro, donde se manifiesta el verdadero camino del periodismo, representado en toda la dignidad que reclama y merece, cuando es expresión del gladiador a favor de la verdad y la justicia.

 

            Para hacer realidad la historia de este libro que contiene tantas facetas del realismo mágico fue necesario que al iniciarse su rumbo existiera en Chile una publicación con prestigio revolucionario, Punto Final,  fundada y dirigida hasta hoy por Manuel Cabieses con una redacción integrada por varios colegas – seis de ellos conocieron el secreto- que habían demostrado firmeza en la defensa de la Revolución Cubana.

Únicamente con esa confianza en general y el conocimiento más directo de Hernán Uribe fue posible generar tanta confianza y seguridad al que decidió sustraerle a la CIA la copia del documento histórico. En este caso no se trataba de identificación ideológica la motivación, sino fundamentalmente del respeto ganado por el ejercicio de un periodismo con el más elevado sentido de la ética profesional revolucionaria.

 

            Tenemos ante nosotros la quinta edición de un libro a la vez poco conocido y la primera ampliada con documentos que permiten comprender mejor el alcance de su difusión hasta hoy del testimonio que encierra y la necesidad de repetirse sus ediciones en forma masiva, así como en varios idiomas. La importancia de su contenido tendrá un valor especial y creciente para las nuevas generaciones, sobre todo en las circunstancias actuales en que una nueva época comienza a dinamizar la integración de los países de

Nuestra América.

 

            Defender el derecho social a la información veraz, raíz de la auténtica libertad de prensa, siempre negada teórica y prácticamente por los medios imperialistas y reaccionarios, ha servido en este caso para impedir la alteración del texto del Diario y, con toda seguridad,  incluirle párrafos destinados a dañar de alguna forma la transparencia ética del Guerrillero Heroico. La mejor prueba de ello es que a pesar de todo no renunciaron a hacerlo después de asesinarlo. Ese Diario es reflejo indiscutible de la pureza revolucionaria y humana del autor y de los combatientes a sus órdenes.

 

            El valor histórico de aquella gesta, su mensaje permanente como bandera de combate, tiene el ejemplo conmovedor del contenido de cada frase, de cada palabra, de cada hecho que narra, donde está implícito  cómo debe crecerse ante las adversidades y también enrumba posteriores esfuerzos, por una u otra vía, pero siempre con el objetivo de conquistar toda la justicia, nunca menos, como lo sentía José Martí. De ese tamaño es el Diario del Che  y por ello tiene más grandeza el libro que presentamos  y los que contribuyeron a hacer realidad ese valioso rescate, en particular su autor, el muy querido colega y compañero Hernán Uribe. Lo ocurrido hace poco más de40 años, importantísimo entonces, es y será creciente modelo para los periodistas que sientan como misión su accionar cotidiano y permanente,  donde el poder supremo de su ejercicio honrado se haga siempre realidad.

 

            Considero que la idea del autor de incorporarle otros documentos relacionados con el tema central, especialmente el prólogo del jefe de nuestra Revolución a la primera edición, en 1968, aumenta el interés por su lectura. La valoración de Fidel le da aún más relieve al contenido original del libro y permite difundir la opinión más autorizada y certera sobre el Diario.

 

            Este libro, de consulta para todo profesional del periodismo, tiene sobre todo un contenido de interés general siempre actual, con énfasis en Latinoamérica. Tengo la convicción de que serán muchas las coediciones que están por acordarse y realizarse y que somos los periodistas los que más debemos contribuir a que suceda, porque se trata de la obra de un profesional comprometido,  consciente  de la necesidad de la investigación,

dos de los principales pilares del legítimo periodismo revolucionario

LA VUELTA A CUBA

LA VUELTA A CUBA

Por Luis Sexto

Prólogo del  libro La Vuelta es Cuba, de Joel García León

Nunca gané una Vuelta. Paradójicamente la Vuelta me ganó otorgándome  el premio de la emotividad y su tributo permanente: la nostalgia.  He terminado de leer este libro, y mi corazón ha viajado a rueda de la memoria y la añoranza. ¡La Vuelta! ¿Habrá alguien que habiendo participado en ella, dentro o fuera del pelotón, haya podido olvidar esas jornadas cuando nos parecía que un nuevo hombre se formaba con el barro distinto del polvo y el sudor?

En las páginas que siguen se verá que ninguno de los protagonistas de este entrañable guión ciclístico ha logrado borrar la cicatriz de la Vuelta. Porque, como en el poema famoso de Amado Nervo dedicado a su amada, “quien la vio no la pudo jamás olvidar”.  Y ahora este libro de Joel García nos la resucita vital, cierta, creadoramente. Y lo primero de cuanto podría decir sobre la obra, se refiere a su clasificación genérica. Me parece que los mejores libros son esos que carecen de la ductilidad que facilite introducirlos en un casillero. Y por tanto aquí cada lector encontrará lo que más lo apremia o le satisface. Desde el dato estadístico y la valoración técnica o periodística, hasta la confesión inédita, la intrahistoria, el dato nunca sabido del cúmulo de pasiones humanas que surgen y se pulen en una vuelta ciclística.

Yo me reencontré, al leerlo, con una de las etapas más fecundas de mi vocación periodística. Cubriendo la Vuelta, siendo testigo y a veces víctima de las insolencias e inclemencias del camino y las provocaciones de la meta lejana, experimenté hace 30 años el privilegio de ejercer el periodismo. Lo supe desde el primer momento. No tuve que esperar la aparición de las cenizas o el reposo de las aguas para apreciar nítidamente cuánto me transformo la Vuelta en mis conceptos profesionales.

La Vuelta es una de las tantas cristalizaciones perdurables del INDER. Su inauguración en 1964 ayudó a masificar el ciclismo y a convertir el espectáculo deportivo en una fiesta de cultura. Cuando los trabajadores de la zafra armaron por primera vez un arco con sus machetes a orillas de la carretera para que los ciclistas gozaran del triunfo de competir, y los habitantes de pueblos y caseríos se aglomeraron en las aceras con sus  pañuelos en el aire, la Vuelta empezaba a gestar un público respetuoso y querencioso de la gloria deportiva, bajo cuya influencia revolucionaria Cuba se hacía mejor sociedad.

Joel García, periodista de 29 años, nos reproduce en este libro las primeras 29 ediciones del giro nacional. Pero, como ya he insinuado,  no asume la postura del compilador que pone nombres, tiempos y fechas. Trasciende esa mínima, aunque necesaria, función. Y junto con todo el andamiaje estadístico, onomástico y cronológico, nos delinea en un estilo restallante, vívido, rápido como la bicicleta de “Pipián” Martínez o de “Locomotora” Vázquez, la profundidad humana de la épica de la Vuelta. Predomina en el autor el gusto por una síntesis que se afinca en el detalle más revelador. Y las páginas, más que resúmenes, son crónicas noveladas que a la vez que informan, recrean el ambiente geográfico y psicológico de la carrera con un tino de estirpe romántica.  De la Vuelta no se puede escribir sino así: mojando las teclas en la sensibilidad. Y para ello hay que estar enamorado. Joel García –que escribe su libro con la misma edad con que yo cubrí mi primera Vuelta- también fue seducido. Él, al igual que ruteros, directivos y periodistas, se percató que le habían dado acceso a un hecho único. Y no ha tardado en regalar a su novia el anillo que afianza un compromiso, una pasión.

La Vuelta cuenta habitualmente con un corto prólogo. Una carrera que calienta las piernas. Y este prólogo -cuya encomienda, ante la ausencia de otros con mayores méritos, me honra- ha de ser también breve. Termino de escribir. Y mi corazón pedalea jadeante tras el pelotón que se estira y se pierde en la ignota incertidumbre del que hace camino al andar,  y que aunque no sea el Líder, el ganador, sabe que habrá ganado siempre el fuego y el placer de la aventura, la promesa, el tesón. Y la nostalgia. 

Corta es la vida; larga la cola de la Vuelta. 

 

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA (6)

LIBROS PUBLICADOS EN CUBA (6)

Por Luis Sexto

La Avellaneda vive una resurrección. Contrariamente a Stendal, que apostó a los 100 años siguientes para ser reconocido, la camagüeyana tuvo que esperar mucho más para que se le empezara a hacer justicia como escritora. Quizás, haber sido una mujer y una escritora muy discutida en su tiempo y en los tiempos que sobrevinieron,  compone la prueba más incontrovertible de sus méritos. Muchos autores y críticos de valor, a veces de extraordinario valor, como Cintio Vitier, han dudado de los méritos de la poetisa camagüeyana. 

            

En los últimos años han aparecido libros que asumen su defensa, una defensa legitimada por la pasión y el análisis lúcido. Cuando un libro es apasionado, no estoy diciendo que es un libro ciego,  u obnubilado. Más bien digo que la pasión es como otra lucidez que avala cualquier intento de rescatar la justicia y la razón.

             

Contra Tula, contra La Peregrina, sobrenombres de  Gertrudis Gómez de Avellaneda, habitualmente se tuvo alguna prevención. ¿Es cubana o española? ¿Es poetisa o solo diestra componedora de versos? ¿ Es mujer con ínfulas de varón? Ya ustedes ven los riesgos que asumen ciertos escritores o escritoras  cuando van más allá de su tiempo, cuando incluso quieren ir más allá de su sexo. A veces el excesivo talento, la excesiva audacia espanta a cuanto miran o juzgan.

Ahora, pues, el poeta Roberto Méndez ha salido a defender a su conterránea, y parejamente el novelista Antón Arrufat ha publicado otro volumen proponiendo una revaloración de la denostada y negada autora de ese soneto que los cubanos conocemos desde niños: Al partir. Méndez titula su libro Otra mirada a la peregrina, editado por Letras Cubanas,  y Arrufat al suyo: Las máscaras de Talía, (Para una lectura de la Avellaneda), publicado por Ediciones Matanzas, que tanto libro interesante viene entregando a los lectores. Tengo que admitir que si un autor es capaz de levantar tanta polémica y atraer a tan competentes defensores, es porque como diría Martí, se lleva luz adentro.

CÓMO ESCRIBÍ “EL CABO DE LAS MIL VISIONES”

CÓMO ESCRIBÍ “EL CABO DE LAS MIL VISIONES”

Por Luis Sexto

La idea de escribir El Cabo de las mil visiones surgió en 1990 cuando, tanteando la geografía humana y social de Cuba con el interés de encontrar historias para la revista Bohemia, llegué hasta la península de Guanahacabibes y entrevisté a Fisco Varela. Enseguida supe que aquel hombre, próximo a la vejez, nacido en el Cabo de San Antonio y experto en la ciencia del vivir en la soledad y a veces en la desolación, me había descrito un mundo urgido de ser contado y a la vez me había propuesto una voz narrativa. El Cabo de las mil visiones es, en síntesis, un libro breve, pero con la facultad de poder nutrirse de nuevos hallazgos. Recoge la memoria colectiva y algo de la historia local de un paraje casi desconocido por la generalidad de los cubanos.

Topé en El Cabo, pues, con una memoria que pedía ser nombrada, construida o reconstruida mediante la literatura, y a ese fin dediqué más de ocho años a oír, ver, leer, valorar, aprenderme literalmente, como el Himno Nacional, los 14 casetes recogidos durante mis indagaciones. Específicamente, durante tres años visité con cierta frecuencia al Cabo de San Antonio, hablando con sus pobladores y revisando sus parajes más renombrados, para conocer vivencialmente el escenario de aquellas historias  tan antiguas. Me introduje con el hábito discreto de un reportero o un entrevistador que solo provoca a su entrevistado, y luego reordena y reconstruye lo oído sin distorsionarlo.

Quise evadir el periodismo más simple, y sinteticé todos los testimonios en un personaje ficticio, pero objetivo, a quien llamé ÉL. La voz de la primera persona que ocupa el espacio narrativo, turnándose y confundiéndose con la tercera del autor, es la de Fisco Varela. Las vivencias, los pormenores de las peripecias, pertenecen a todos los entrevistados. En el libro no aparecen todos los que me abastecieron de datos, anécdotas, leyendas, pero sí cuanto dijeron.

Algo curioso sucedió: después que conversaba con aquellos viejos octogenarios, se iban muriendo, como si, al descargarse de todo el pasado conocido personalmente o recibido de sus padres y abuelos, una maldición les exigiera la existencia.

Según el Comandante Julio Camacho Aguilera, director del desarrollo integral de la península de Guanacahabibes, esta obra “posiblemente cierre el ciclo de las que se puedan escribir basadas en las narraciones de los habitantes del Cabo; porque estos hombres están desapareciendo, unos físicamente y otros se han trasladado fuera del territorio, lo que nos priva de la tradición oral que había conservado el lugar, y sus leyendas sobre los supuestos tesoros ocultos en las entrañas inaccesibles de la península”.

En mi faena periodística de casi 40 años he seguido un principio: cuando me detengo ante unas ruinas o un recuerdo, intento adivinar qué hombres amaron y sufrieron en esos que ahora son despojos o sombras.  Y a ello fui al extremo occidental de Cuba: a develar cómo aquellos hombres y mujeres afrontaron la explotación, el aislamiento, la soledad, el odio, la incultura. La imaginación humana es el mejor instrumento del vivir. La fantasía sostiene la vida con eso que alguien ha llamado la materia de los sueños.

Un periodista joven y muy agudo, Ronald Suárez –homónimo de su padre, también periodista- advirtió que para cualquier escritor resultaría complicado acercarse a personajes en cuyos testimonios se mezclan los hechos reales con la fantasía y me preguntó: ¿Cómo resuelve este conflicto?

Yo sabía que cuanto evocaran mis testimoniantes nunca sería una verdad objetiva, científica, pero sí su verdad, su interpretación del medio y de los fenómenos sociales y naturales. Recogí esa verdad fantástica, poética, y yo, como autor, me encargué  de explicar, en términos narrativos, las condiciones sociales y materiales que propiciaron el origen de toda esa mitología que, fuera de allí, parece inverosímil o increíble, y que, sin embargo, es parte de la riqueza espiritual de El Cabo.

Disfruté mucho mientras lo escribía,  a pesar de que lo hice junto al lecho de mi hijo menor mortalmente enfermo. Pudo asegurar que esos personajes y sus peripecias me asistieron en mi inevitable e innombrable  agonía. En el universo del Cabo el dolor fue también una presencia en cualquier sendero, playa o encrucijada y, en particular, en el mínimo cementerio donde enterraban casi únicamente a los niños. En la creación de este libro, de tan mala suerte como obra publicable, aprendí que la literatura, el oficio de escribir, es algo más que una profesión, o una pose, un medio de vida. Es a veces un drama. Ahora bien, no sé si cuantos deciden sobre un libro en las editoriales, lo han aprendido.

 

 

 

UN LIBRO CON MALA FORTUNA

POR MARÍA LUISA GARCÍA

Hoy voy a hablarles, amigos, de un libro poco afortunado. A pesar de poseer valiosísimos ingredientes que hacen de él una excelente propuesta para los lectores, El cabo de las mil visiones, del sobresaliente periodista y escritor Luis Sexto, no ha tenido suerte en el mundo editorial cubano y, si existe como libro, se debe al modesto esfuerzo de la editorial Pablo de la Torriente que, en una escasa tirada, en la rizo, publicó unos pocos ejemplares.

¿Por qué? Pues habría que analizar algunos de nuestros mecanismos editoriales que, en ocasiones, privan al lector de excelentes textos, como este, e imponen otros ni tan nuestros ni tan excelentes. Y les aseguro que no ha sido por desinterés de nuestras casas editoriales…

Sin embargo, El cabo de las mil visiones, desde su poético nombre, vale la pena y el reclamo. Pocas veces, y lo digo como editora, me cae en las manos un libro tan bien escrito. Reúne las historias y leyendas de uno de los puntos más especiales de la geografía del país: el cabo de San Antonio, refugio de piratas y bandoleros, sitio donde la pobreza y las necesidades, el abandono y la ignorancia dieron lugar a la creación de un pequeño mundo de misterios y leyendas. Y más allá de toda esa mitología, aparece y trasciende el ser humano con sus grandezas y sus miserias.

La búsqueda de lo excepcional, herencia del avezado periodista, pone su sello en este libro. Testimonio y relato se entremezclan con habilidad para dar a conocer la riqueza de esa historia legendaria e íntima de los pobladores del cabo, la cual refleja nuestra naturaleza insular.

Luis Sexto compartió con los habitantes de esta región y supo escuchar sus conflictos sociales y personales, sus historias y leyendas, sus verdades y fantasías, sus tristezas e infortunios. Con infinita paciencia exploró su memoria y supo de traiciones y hazañas, de miedos y coraje. Lo mitológico marca la atmósfera del libro.

Su excelente manejo del lenguaje, que bien podría figurar entre lo mejor del panorama literario cubano, oscila, según las necesidades del relato, entre lo elegante y lo genuinamente popular y se caracteriza siempre por el dinamismo peculiar que le confiere a la obra.

Un escenario de extraordinaria belleza, sumido durante siglos en el más triste abandono generó una atmósfera misteriosa, donde la naturaleza deviene también protagonista.
El cabo de San Antonio, límite occidental de Cuba, era sitio de paso para carabelas y galoneones que transitaban entre el golfo de México y Europa, muchas de las cuales zozobraron en su cercanía. También corsarios y piratas bordearon sus costas y se integran, aún hoy, al imaginario popular.

Esta obra fue publicada en Brasil. Sin embargo, en Cuba, apenas contamos con la escasa pero oportuna tirada de la Pablo, que vino a salvar la honrilla nacional. ¿Cuántos buenos libros, como este, no logran llegar al lector cubano? Quizás valga la pena reflexionar al respecto…

El cabo de las mil visiones, de Luis Sexto y publicado por la editorial Pablo de la Torriente es un excelente libro.

DEFINICIONES EN UN PARQUE

DEFINICIONES  EN UN PARQUE

Por Luis Sexto

Primeramente fue la plaza. Después el parque, versión cómoda, sombreada y trasnochada de los espacios colectivos. Surgió como democrático estacionamiento y superficie para el vaivén. ¡Y son tan polivalentes, asumen tantos papeles los parques de pueblos, o de barrios! Por momentos solitarios parajes de citas, confesionarios de amor. Tribunas de peroratas y rincón de ideas susurrradas. Peñas de lo banal. Recintos de la frustración. Academias del aburrimiento. Cuartones de los mitómanos. Corral de ensueños. 

En los parques convergen directores a distancia de béisbol, gobernantes de la suposición, periodistas del rumor, estrategas de romances, narradores de fantaciencia, filósofos sin cátedra y poetas aprendices. ¡Parques! Ámbito escueto en lo físico y ancho en sus deseos donde, al fin, como los bueyes al trapiche colonial, la gente da la vuelta para reconocer las mismas caras, los mismos árboles, los mismos bancos. Invariablemente.

Retengo de los parques un único  recuerdo personal, carnalmente doloroso, sin mezcla de nostalgia; tal vez de lamento. A Sergio Hernández Rivera, poeta de Remedios y Caibarién, los parques sí le provocaban remembranzas, fantasmas de sensaciones envueltos en las batas anchas de muchachas lindas e imposibles, o aventuras creadoras que le afirmaron su vocación, su búsqueda de la poesía, aunque de poemas, en la época de su juventud, en vez de vivir se podía morir.  Lo leí en el borrador de sus memorias que me llevó a casa unos meses antes de fallecer, ya retirado y abstraído. Con unos 20 años, junto a dos amigos más jóvenes -Panchito de Oraa y Carlos Galindo Lena-, que en el futuro serán poetas de hondura y sortilegio en una expresividad original, improvisó un tríptico de sonetos al General José Maceo. En Cuba versificadores y cantadores componen décimas en la inspiración entusiástica de la controversia repentista. Pero el soneto es estrofa de mayor tino, más apegado al filo descortés de la exigencia formal y la precisión de la idea. Ellos, sin embargo,  lo consiguieron, para enviar la obra a un concurso y ganar cien pesos que  metalizaran un tanto sus   ayunos de místicos pueblerinos.

El esfuerzo reclamaba un estimulante, un paraíso de lentejuelas, una sicodélica  estancia de ángeles. Carecían de peculio para ron, incluso para un plebeyo aguardiente. La fantasía de Panchito de Oraa superó gallardamente el trance. Había leído que el jugo de caña  regalaba al cuerpo humano un sucedáneo de embriaguez. Y reuniendo los centavos que por ignotos rejuegos se dispersaban en sus bolsillos, obtuvieron capital para cinco vasos de guarapo por boca.

Inflados, tal vez distendidos, pero vacíos de prefiguraciones esotéricas, encontraron un rincón en el parque de Caibarién, y convocaron, mediante la conversación apropiada, la presencia del General José. Creada la atmósfera histórica, la composición imaginaria del lugar, Sergio, de pronto, ordenó:

-Vamos, Panchito, comienza tú; pero con endecasílabos.

Oraa, alzando la mano en un gesto aún habitual, recitó como si extrajera el verso de una memoria imprecisa y consciente a la vez: Hermano digno del coloso oscuro... Galindo, asumiendo la dirección, dijo:

-Arriba, Sergio, tú ahora.

Y Sergio: Fruto inmortal del vientre de Mariana. Y Galindo: Que abriste con tu brazo la ventana... Y Oraa, a un ademán de Sergio, completó el primer cuarteto: Hacia  el amanecer más alto y puro.

A los 20 minutos habían compuesto tres sonetos. El primero seguía así: Bajo tu empuje irrefrenable y duro/ Cedió la furia de la hueste hispana,/Y fue tu corazón áurea campana/ De Libertades sobre el patrio muro./ Tu sangre perfumada y florecida,/ Hoy, desde el surco fértil de la gleba,/ Resurge  en flor brillante y encendida,/ Mientras tu voz despierta el horizonte/ Con un grito que cada palma eleva/ Y hace estremecimiento cada monte.

No ganaron el concurso. Ganaron más: la certeza renovada del talento propio y la justificación del parque como expresión de libertad para aquellos que cuerdos o locos tienden a encontrarse  para soñar, o mirar el cielo entre los árboles.

Yo, por el contrario, nunca he escrito poemas en los parques. Y no besé muchachas en agraz bajo copudas sombras clandestinas o cómplices. Y menos moldeé mentiras como aquel compañero que haciendo retroceder el recuerdo, relataba que un día matriculó en la universidad y se dijo que hasta que no se hiciera abogado no se detendría. Luego callaba. Y todos suponíamos que era abogado. Así, de vez en cuando hacía alusión a su pretendida carrera. Una noche, alguien le preguntó si había cumplido su empeño, si se había detenido o había continuado contra cualquier oposición o dificultad. Tartamudeó. Y logró admitir que esa pregunta nadie nunca se la había hecho, porque a fin de cuentas se podía colegir de su historia el resultado final. Por tanto, el tampoco contestaría a quien no sabía emplear la imaginación, ese borde delantero de la inteligencia. Porque él había aprendido, en la academia militar... Y añadió otro diploma a un currículo que crecía en esa universidad improvisada y siempre activa de los parques.

Pero aún me agobia el único hecho que me correspondió protagonizar en un parque. Sucedió mientras conversaba una noche de jueves con varios condiscípulos. De pronto, una pelea.  No supe nunca por qué causa. Y me inmiscuí con mi vocación de buen samaritano que Juan Ángel Cardi, escritor y humorista, reconoció públicamente años más tarde al dedicarme un cuento  de su libro El  caso del beso con sabor a cereza. Dentro, pues, de la concertación de puñadas  y trompicones, echando a un lado a unos y a otros, recibí un golpe en la nunca. Un mazazo cuya contundencia requería premeditación del puño tan certeramente teledirigido. A veces trato de intuir qué incógnito enemigo aprovechó la confusa circunstancia, y lo que hallo en la penumbra  es una especie de aversión hacia los parques donde tantas opciones pululan y donde, sin embargo, elegí la menos conveniente para contar después cualquier historia. ( Del libro Con Judy en un cine de La Habana y otras crónicas de la ciudad)

 

 

MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS INTERNACIONALES SOBRE REFERENDO EN VENEZUELA

MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS INTERNACIONALES SOBRE REFERENDO EN VENEZUELA

El escritor, periodista y ex director del diario francés Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, dijo que los medios internacionales ligados a las cadenas más adineradas del mundo, están dando cuenta de la propuesta de enmienda constitucional en Venezuela de manera que esta se entienda como un hecho que beneficiaría solo al presidente Hugo Chávez Frías y no a todos los funcionarios electos por votación popular.

"Como siempre, están transformando el debate político en Venezuela y lo están presentando diciendo la verdad a medias. No dicen que esa propuesta se aplica para todos los elegidos mediante el voto, solo hablan de Chávez. No dicen tampoco que los ciudadanos podrán tener el poder de elegir a sus gobernantes las veces que ellos consideren necesario", dijo.

Lo anterior formó parte de las declaraciones que Ramonet ofreció a medios venezolanos, durante su participación en el Foro Social Mundial (FSM), evento que se celebra desde este martes en Belém, Brasil, y se extenderá hasta este domingo.

A manera de contraste, el intelectual español recordó que hace poco el diario estadounidense The New York Times sostuvo en su editorial que "limitar los mandatos de los gobernantes, cuando estos eran eficaces, iba en contra de la democracia" y planteó "la necesidad de reflexionar acerca de prolongar dichos mandatos".

La propuesta de enmienda constitucional a que Ramonet hizo referencia se someterá al veredicto de todos los venezolanos el 15 de febrero entrante.

La misma se orienta a la postulación continua de todos los funcionarios electos por votación popular: Diputados regionales (Art. 162) y nacionales (Art. 192), alcaldes (Art. 174), gobernadores (Art. 160) y presidente o presidenta de la República (Art. 230).

La iniciativa en cuestión constituye una práctica normal en muchos países europeos y del mundo que se precian de su naturaleza democrática, lo cual no es mencionado por ninguno de los medios o gobiernos detractores del caso venezolano.

El dirigente del Partido Socialista Español (PSOE) Felipe González, por ejemplo, fue presidente de gobierno entre 1982 y 1996 (14 años), gracias a la opción de postulación continua ejercida en ese país.

Los presidentes de Egipto, Mohamed Hosni Mubarak, y Camerún, Paul Biya, personifican la máxima jefatura en sus países desde 1981 y 1982, respectivamente, hasta la fecha, sin que el Departamento de Estado de Estados Unidos haya opinado nunca nada al respecto, amén de las relaciones bilaterales normales que ambos sostienen con la nación norteamericana.

(Tomado de ABN)

 

IMAGINEMOS

IMAGINEMOS

IPor José Saramago, premio Nobel

 

Imaginemos que, en los años treinta, cuando los nazis iniciaron su caza a los judíos, el pueblo alemán hubiera bajado a la calle, en grandiosas manifestaciones que quedarían en la Historia, exigiéndole a su gobierno el final de la persecución y la promulgación de leyes que protegiesen a todas y cada una de las minorías, ya fueran de judíos, de comunistas, de gitanos o de homosexuales.

 

Imaginemos que, apoyando esa digna y valiente acción de los hombres y mujeres del país de Goethe, los pueblos de Europa desfilaran por las avenidas y plazas de sus ciudades y unieran sus voces al coro de las protestas levantado en Berlín, en Munich, en Colonia, en Francfort. Ya sabemos que nada de esto sucedió ni podría haber sucedido. Por indiferencia, apatía, por complicidad táctica o manifiesta con Hitler, el pueblo alemán, salvo alguna rarísima excepción, no dio un paso, no hizo un gesto, no dijo una palabra para salvar a quienes iban a ser carne de campo de concentración y de horno crematorio, y, en el resto de Europa, por una razón u otra (por ejemplo, los fascismos nacientes), una asumida connivencia con los verdugos nazis mantendría el orden o castigaría cualquier veleidad de protesta.

Hoy es diferente. Tenemos libertad de expresión, libertad de manifestación y no sé cuantas libertades más. Podemos salir a la calle miles o millones que nuestra seguridad siempre estará asegurada por las constituciones que nos rigen, podemos exigir el final de los sufrimientos de Gaza o la restitución al pueblo palestino de su soberanía y la reparación de los daños morales y materiales sufridos a lo largo de sesenta años, sin mayores consecuencias que los insultos y las provocaciones de la propaganda israelí.

Las imaginadas manifestaciones de los años treinta serían reprimidas con violencia, en algún caso con ferocidad, las nuestras, como mucho, contarán con la indulgencia de los medios de comunicación social y luego entrarán en acción los mecanismos del olvido. El nazismo alemán no daría un paso atrás y todo acabaría igual a lo que luego iba a ser y la Historia ha registrado.

Por su parte, el ejército israelí, ése que el filósofo Yeshayahu Leibowitz, en 1982, acusó de tener una mentalidad "judeo-nazi", sigue fielmente, cumpliendo órdenes de sus sucesivos gobiernos y comandos, las doctrinas genocidas de quienes torturaron, gasearon y quemaron a sus antepasados.

 Podría decirse incluso que en algunos aspectos los discípulos adelantaron a los maestros. En cuanto a nosotros, seguiremos manifestándonos. (Fuente SurySur.net )