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PATRIA Y HUMANIDAD

EL OJO QUE TE MIRA

EL OJO QUE TE MIRA

El cinismo como política

 

La secretaria de Estado de los Estados Unidos acaba de decir en la Universidad de Louisville, Kentucky:

La actual administración del presidente Barack Obama ha hecho algunas aproximaciones al régimen cubano al permitir más viajes familiares y más oportunidades de negocio para los productos agrícolas.

 

También ha dialogado con Cuba en algunos asuntos de interés común como la migración y el tráfico de drogas, pero no han obtenido la respuesta esperada por parte del régimen cubano.

 

''Hay maneras en las que tratamos de mejorar nuestra cooperación, pero en mi opinión personal los Castro no quieren ver el final del embargo y no quieren ver la normalización (de las relaciones) con EE.UU., porque perderían todas sus excusas por lo que no ha pasado en Cuba en los últimos 50 años''.


Un cubano común y corriente podría preguntarle a la señora Clinton. Bueno, si es verdad que los Castro no quieren que el bloqueo caiga, por qué la Casa Blanca y el Congreso no lo eliminan para poner a los Castro en un aprieto.

 

Ahora veamos esta nota difundida en la radio de Miami, y firmada por El Duende, “fantasmal” periodista residente de esa ciudad.
 

Los Blogueros también comen.

 Algo  nuevo  ha salido a relucir con eso de que se está investigando en Washington como  se  gastan los  40 millones  de  dólares  del  presupuesto  norteamericano  destinados a la  ayuda económica  a los  “Disidentes”  y opositores  al  gobierno  cubano  que  operan dentro  y  fuera  de la   isla. Pero  el  dinero  está  retenido  por  Washington hasta que se termine  la  pesquisa  sobre  la corrupción que se ha detectado  en  ese programa federal  de  financiamiento a la  oposición  cubana.

 

En Estados  Unidos reciben el dinero gordo unas  cuantas  organizaciones  de bolsillo  que dicen  representar a  los  opositores del interior  de la  isla, mientras que allá lo  que llega es  la  piltrafa, que  va a parar,  bajo protesta y reclamo de mejor  atención económica, a quienes se presentan como “Periodistas  Independientes” “Disidentes  históricos ” “Damas  de  Blanco” o “Defensores  de los  Derechos  Humanos”.

 

Todo  eso  es  viejo  y  bien  sabido.  Lo  nuevo  y lo que  pocos  conocen es que de acuerdo  a la  investigación  que  se  está  llevando a  cabo  en  Washington  sobre  el  dinero  de  USAID-  la  agencia  oficial  que  maneja los  fondos-  los  llamados  “Blogueros” y “Blogueras” “Macho Rico”  acompañadas,   también cobran   por  sus  actividades anti-castristas  en  la  Internet.   Todos  mezclados comiendo en el  mismo  plato. ¡Calladito  que se lo  tenían!

                           

QUÉ PASA EN CUBA, SEÑORES, QUE YO NO LO VEO

QUÉ PASA EN CUBA, SEÑORES, QUE YO NO LO VEO

Por Luis Sexto

 

Descarga ingenua de un cubano común

 

Una mañana navego por la Internet, y empiezo a leer declaraciones, entrevistas, artículos alarmadísimos por lo que está pasando en Cuba. Y de pronto, este ciudadano común y corriente se confunde: qué está pasando en Cuba, caballeros, que yo no sé. Qué está pasando en mi tierra que Obama y  Zapatero saben más que yo, y más que yo saben El País, y El Nuevo Herald, y la CNN, y el ceremil de medios que dicen decir la verdad, una verdad que yo no veo ni tocó andando por mis calles.

 

Equilibrado como cualquier ciudadano común -esto es,  los transeúntes,  los que no están en nada y solo tratan de vivir lo mejor posible en su tierra-, me resisto a insultar  de  sopetón a políticos y periodistas extranjeros. Me digo: ¿qué ven ellos que yo no veo, estando aquí, oliendo las aguas del Almendares, respondiendo la llamada telefónica de la enfermera de la familia para recordarme que debo acudir al consultorio para recibir la vacuna contra la influenza; estando aquí, sí, sentándome en el muro del Malecón, con un libro en la mano, sin que nadie me pregunte qué estoy leyendo, o esperando el periódico junto con otros viejos, hablando de la pelota, y de mil jodiendas e insuficiencias de nuestro país sin que nadie nos salga al paso, amenazándonos con llevarnos presos si seguimos hablando mierda.

 

Qué está pasando en Cuba que yo no me entero. Ah, sí unas señoras vestidas de blanco que nadie conoce y que de vez en cuando desfilan como un pelotón de ceremonias, con una flor en la mano. Me pasaron por delante el otro día. Y pasaron, allí en G y 23, sin que nadie las abucheara, ni insultara. Luego el noticiero de la TV, las  filmó en medio de una escandalera, por allá por La Habana Vieja, zona caliente, activa, bueno, en fin, nada que uno no sepa que ocurre en cualquier lugar del mundo. Tengo un amigo en Europa que me cuenta que él ve todos los días manifestaciones de ciudadanos pidiendo trabajo o protestando por el costo de la vida, y la policía los golpea, y, dice mi amigo, eso no sale en ningún periódico. Uno, gente común, a lo mejor piensa, con psicología de colonizado mental, que una manifestación y una golpiza en Europa o Norteamérica no tiene porqué preocupar a nadie. En fin, eso es la democracia: gente que grita, alborota, y policías que golpean a los que gritan y alborotan. En esa democracia, el derecho no es equitativo. Pero es la mejor, porque cada cual tiene lo que le corresponde…

 

Pero parece, pienso yo, ciudadano común que por las noches va la sede universitaria del municipio y estoy ahí machacando la carrera de derecho parece  que según la democracia occidental, las llamadas damas de blanco tienen que tener el derecho en Cuba  a salir a la calle, a pedir lo suyo, que no es lo que pide la mayoría, pero los demás, es decir la otra gente, la mayoría  carecen del derecho a responderles. Hay que dejarlas tranquilas, aunque detrás de ellas marche, como testigo, un funcionario de la SINA norteamericana, que vela por los intereses de su país.  Habitualmente tranquilas  han estado estas señoras. Cierto día subí a un auto de alquiler –un botero entre nosotros- y me convertí en compañero de viaje de dos damas de blanco, que revisaban un conjunto de copias de artículos de El Nuevo Herald, de Miami. Así, a lo descarado. Me sonrieron. Yo les sonreí. Se bajaron. Y cada cual siguió su ruta en paz. Desde cuándo, pues, esas señoras caminan por las calles de La Habana, y se meten en las iglesias buscando apoyo y buscando, además, complicarles la vida al cura y a los verdaderos creyentes. Hace rato que están en eso… Dicen que piden la libertad para sus hijos y esposos, que están presos. Presos de conciencia. Y uno indaga y llega a creer que son presos de mala conciencia.  Yo conocí a algunas personas -aunque soy un ciudadano común, tengo amigos- que un día necesitaban dinero y empezaron a hacerse los periodistas; aprendieron en la SINA algo del lead y de la libertad de prensa, enviaron hacia el extranjero noticias, con algo de verdad y con mucha truculencia, y su vida material mejoró: llegaron los dólares, las comidas en la casa del jefe de la SINA en La Habana, recibieron instrucciones políticas sistemáticas, y también computadoras, cámaras fotográficas, radiorreceptores… En fin, comenzaron a trabajar, como agentes de otro país, sin registrarse ante el gobierno cubano.

 

Ahora recuerdo que, en clase, un profesor me dijo que en los Estados Unidos servir como agente de otro país  sin registrarse es delito sansionable. ¿Y por qué aquí en Cuba, aunque también es delito, no se les puede sancionar?  El profesor no tuvo una respuesta jurídica para mi pregunta.

 

Qué pasa en Cuba, pues, que yo no lo veo. Ah, la muerte, más bien suicidio, de un preso que se declaró en huelga de hambre pidiendo le pusieran televisor y alguna otra comodidad en la celda. ¿Morir por eso? Vamos, yo le hubiera dado mi televisor; prefiero leer. Pero quién lo habrá convencido de que con eso hacía  algo bueno.  En fin, uno lamenta que un hombre joven, sin mucha cultura, albañil, imaginara o creyera que el gobierno de Cuba iba a acceder a tales demandas. Tal vez un gobierno que no se respete… Eso pasó en una cárcel. Pero los periódicos del extranjero hablaron como si hubieran tenido treinta enviados especiales al lado del que se moría voluntariamente  de hambre. Cerquita, viéndolo agonizar. Qué difícil resulta  creer eso que nadie puede atestiguar de cuerpo presente.

 

Ahora hay otro, ex  preso,  que lleva más de un mes en huelga de hambre y de sed. ¿De sed, dicen ustedes? ¿De sed? No sé nada de medicina, pero he oído que si usted deja de tomar agua cinco o seis días, enseguida empieza a experimentar alucinaciones, a perder conciencia, y en las primeras semanas Fariñas hablaba por teléfono, hacía declaraciones, y repetía sus demandas hasta que lo ingresaron en el hospital. Pedía libertad para presos de “conciencia” enfermos. ¿Y de verdad hay presos en las cárceles de Cuba  cuya enfermedad les impida cumplir su condena?  Hace dos o tres años liberaron a varios verdaderamente enfermos. Claro, en eso de los presos uno afronta el riesgo de los que comen pescado: se te puede atravesar una espina; los presos, y más los presos que tienen a una potencia tratándolos como héroes y mártires, no les resulta muy difícil intentar ser héroes o mártires.

 

Pero para qué tanta agonía. Bueno, aparte de lo monetario, cuál es el programa de esa gente: la retórica romántica de libertad, de derechos humanos, y uno que ya es viejo recuerda cómo el gobierno de los Estados Unidos apoyaba al régimen de Batista y no se preocupaba por los muertes que aparecían en 1957 y 1958 a orillas de las carreteras o en las alcantarillas. En fin, esa llamada disidencia no disiente de nada, simplemente quiere tumbar al gobierno de su país con el auxilio financiero y material de los norteamericanos. Y pensar que del Padre Varela y José Martí hasta hoy, miles de  cubanos han luchado para mantenerse independientes de los Estados Unidos.  Los miembros de la llamada disidencia que no disiente sino se opone, repartidos en mil grupitos con nombres rimbombantes, carecen de crédito, nadie los conoce, sus líderes son como pícaros.  ¿Y de verdad alguien puede esperar que en Cuba pueda existir un partido que abogue por llevar al país nuevamente bajo la tutela de Washington? Yo soy el primero que se opondría…

 

Y uno, que sigue todos los días preocupándose por las cosas que de verdad pasan en Cuba: la distribución de tierras, el estudio de mil propuestas para agilizar y readecuar la organización económica, facilitar nuestra vida y hacer más efectiva y participativa la vida política honrada y patriótica,  pregunta si un gobierno,  popular por añadidura,  amenazado de derrocamiento, tiene que dejar que lo derroquen.  

 

De qué Cuba hablan ciertos jefes de Estado, y esos  periódicos que siempre han tenido un cúmulo de relaciones promiscuas con el dinero, es decir, con el poderoso caballero que promueve guerras y destruye la naturaleza del planeta. A lo mejor, digo yo, gente común, hablan de una Cuba ficticia que algunos creen verdadera. Varios me han preguntado: ¿por qué tengo que creer las explicaciones del gobierno cubano? Y yo les digo: ¿por qué no creerlas? ¿O acaso Obama, Zapatero y los parlamentos y congresos y todos los medios que hablan de Cuba cosas que no pueden confirmar, son  más creíbles?  Tengo la impresión, señores,  de que se están burlando de ustedes.

 

 

A CONFESIÓN DE PARTES, RELEVO DE PRUEBAS

A CONFESIÓN DE PARTES, RELEVO DE PRUEBAS

Nota tomada de la web

 

El Pájaro Tieso -Ernesto Hernández Busto, bloguero en Barcelona y protector de Yoani Sánchez- acaba de hacer una declaración de principios sui géneris: los “disidentes” y “blogueros independientes” en Cuba no tienen ningún impedimento moral para recibir el dinero de Estados Unidos que ayudaría a derrocar al gobierno de la Isla. Lo admite sin ambigüedades y se alista para participar en una reunión con George W. Bush, el próximo 19 de abril, para conformar el estado mayor de la Ciberguerra bloguera, en representación de los “voluntarios” de Cuba en el Ejército de Estados Unidos.

“No hay que tener ningún tipo de vergüenza ni sumarse a esa demonización del dinero extranjero”, dice, y tal parece que no acaba de entender el meollo del problema.  El asunto no es que ciertos cubanos reciban dinero del extranjero, sino que lo reciben clandestinamente, violando la ley, de una potencia enemiga cuyo proyecto presupuestario es tumbar al gobierno cubano a cambio de un régimen al servicio de Washington.  Actividad que es penada en todos los países del mundo, incluyendo los Estados Unidos.

No es que Cuba “demoniza” el dinero extranjero, como alega el bloguero “independiente” en su cínica apología.  Es que de facto se reconoce como asalariado del enemigo, y de paso, compromete hasta la médula a los ciber-contrarrevolucionarios, cuya independencia este año 2010 tiene el precio que ya puso en un cheque el Departamento de Estado: 20 millones de dólares.

Repetimos para los incrédulos: los 20 millones no son una fantasía del gobierno cubano, sino un financiamiento público emitido por el Gobierno de Obama, cuya partida usted puede ver aquí (documento original en PDF).

Lo extraño es que pese a su defensa de los salarios de los agentes de la potencia enemiga en Cuba -Yoani Sánchez, Damas de Blanco y similares guerreros de la libertad- y los constantes pedidos de dinero en su blog,  Hernández Busto dice que él no recibe parte del botín. Como diría Shakespeare: “The Lady dost protest too much, methinks” (la Dama protesta demasiado, creo yo).

 

EVADIENDO LOS EXTREMOS

Por Luis Sexto

Los poetas, si suelen acertar en el hallazgo de la imagen, no tienen a veces igual fortuna cuando intentan filosofar. ¿Acaso no parece equivocarse el bardo que legó a sus hijos “el tiempo, todo el tiempo”? Este verso, como arquitectura poemática, es intachable, aunque  en la vida práctica ningún ser vivo pueda disponer de todo el tiempo como categoría absoluta. Pero qué consecuencias dañinas tendría el yerro de un poeta, comparándolo, por ejemplo, con el error de los políticos al creer que poseen el tiempo, todo el tiempo…

El tiempo, pues, parece ser la magnitud que observadores y agoreros prestigian como la escenario donde el gobierno revolucionario y su partido dirimirán el destino del socialismo en Cuba. Se presume que el tiempo resulta  aliado durante ciertos momentos y poco después  puede  convertirse en enemigo de la política, cuando los políticos lo sobrevaloran o lo menosprecian.  Y ello tiene una relación con la actual circunstancia cubana. ¿Se demora el país en acometer su renovación y concretar las modificaciones de concepto y de estructura que cuando fueron anunciadas como tareas inmediatas ganaron el crédito de ser las propuestas más revolucionarias del día?

Como escribo desde Cuba, comprometido con las ideas fundamentales inauguradas en 1959, tengo una opinión flexible, abierta, consciente de que ciertas respuestas no caben, a riesgo de inexactitud e injusticia, en un sí o un no inapelables. Y por ello sigo creyendo que hoy por hoy la situación cubana no puede simplificarse  en la propaganda mediática que “infierniza” a Cuba combinando ecuaciones sin ética y fórmulas de fantaciencia, ni tampoco en la prédica melosa y unilateral que, al defenderla, la describe como una estación avanzada del paraíso terrenal. Las miradas militantemente severas, absolutas, suelen ir a los extremos, y desde los extremos el énfasis suele afiliarse a lo irracional, sea en las derechas o en las izquierdas.  

Tocando fondo, me inclino a sugerir que desde cierta impaciencia espoleada por la propia realidad, la percepción más usual en Cuba estima un tanto retardada la concreción de esa “revolución en la revolución”, ese “cambiar lo que debe ser cambiado”.  Mas, ¿es cierto que en Cuba todo sigue igual? ¿Apagada y fría? ¿Cansada? ¿Entusiasmada? ¿O fracasada?  “No”, responderían muchos que desde el retiro o el trabajo administrativo se dedican a recordar la hazaña que les dio justificación para vivir y insertarse en un proceso histórico único, habitado por la gloria de alfabetizar, plantar carretas, levantar escuelas, construir fábricas y sobre todo edificar la justicia, y ganar guerras solidarias y resistir invasiones, sabotajes, bloqueos concebidos, pagados, atizados desde los Estados Unidos, donde una de sus ciudades, entre las menos importantes en 1959 –y la más cercana a Cuba- se convirtió en la capital de la contrarrevolución en América Latina.

En otro momento me he referido en este espacio a que en Cuba habitualmente “pasa algo”, aunque a quienes deciden les parezca inconveniente insistir en lo que se acuerda, se aprueba y empieza aplicarse. Y se ha de ser muy agudo para unir, como piezas de una estrategia única, dispersos acontecimientos relacionados con la esencia del sistema cubano. Los propios decretos leyes sobre la tierra y el empleo múltiple, y la resolución del pago del trabajo por rendimiento confirman una voluntad de desmantelar la rigidez  de la economía y la sociedad cubanas. Hemos de tener en cuenta,  además, los reajustes que tienden a eliminar el paternalismo igualitarista y a extinguir entidades productivas sin eficiencia ni efectividad –como numerosas cooperativas básicas de producción agropecuaria (UBPC). En diversos mercados, a pesar de que el dato parezca baladí, ya los consumidores compran libre y establemente papa a un peso por libra en la “moneda nacional”. Si consideramos que este tubérculo fue durante décadas estricta y celosamente racionado, nos percatamos de que su liberación sugiere algo más que una ocasional superproducción.

El silencio viene siendo de antiguo un “pacto social” que mantiene muy localizado el alcance de medidas y debates.  Porque viejo es el esquema defensivo que trata de hermetizar cualquier movimiento interno que amenace la unidad nacional y en consecuencia pueda facilitar una hendija favorable a la hostilidad nunca desmentida, ni atenuada, de Washington y sus legionarios de Miami, aunque en esta ciudad la mayoría de los inmigrantes provenientes de Cuba más bien se ocupan por encontrar espacio dentro de las facilidades  del capitalismo desarrollado, y hoy enfermo, que combatir el comunismo. Ese conglomerado, un tanto indiferente o menos agresivo hacia el gobierno del país natal, podría derivar hacia una especie de fuerza equilibradora si empezara a poner en duda  la “gastronomía de chatarra” del  anticomunismo o el anticastrismo de los medios de Miami. Al menos por consideraciones familiares. Quién de no ha dejado en Cuba a padres, hermanos, tíos, esa larga cadena de parentesco que distingue a nuestra cultura. La suerte de la Cuba actual también corresponderá a todos sus ciudadanos. Porque, en fin, el grueso del pueblo no  se fragmenta en la llamada diáspora: vive en Cuba.

Por supuesto, inscribirse en la visión de que las trampas norteamericanas han de ser  neutralizadas solo con el inmovilismo o el silencio, equivale ya a una actitud maquinal. ¿No se trasunta que la escasez de discurso e información hoy en Cuba también se relaciona con el plano interno?  No lo dudo: los enemigos del socialismo se agrupan primordialmente en territorio de la Unión. Pero radican también dentro del archipiélago. Paso por alto los llamados “disidentes”, que suelen hacer carrera de pícaros tras el cartel de la política prohijada desde el extranjero. Me refiero a que a veces, sin conciencia culpable, la mentalidad encartonada de ciertos revolucionarios intenta frenar el cambio dialéctico estimando que lo hecho desde 1959 es perfecto. El curso rectificador o readecuador de la organización socio económica de Cuba dentro del esquema de la sociedad solidaria,  asusta  a unos por constituir una corrección de la distancia frente al dogma ya desacreditado. Y espanta a otros, porque implica una desverticalización jerárquica de la sociedad para privilegiar la horizontalidad democrática, con lo cual se suprimirían métodos y privilegios autoritarios calcados de fenecidas doctrinas. Esa circunstancia tan delicada para quienes intentan coser una “camisera rota” que puede rasgarse por otra parte, explica, a mi manera de ver, la conveniencia del paso lento, ejemplificado en el aplazamiento del sexto Congreso del Partido Comunista, sin cuya aprobación poco se podría rehacer en el aspecto estructural,  y en la aún indeterminada fecha de la conferencia del Partido,  anunciado escalón previo para  preparar el congreso.

Este articulista cree ver, sin embargo,  aun dentro de las indefiniciones, que en Cuba  se mueve una considerable tendencia  entre sectores populares, intelectuales y políticos que aboga por la urgencia de una reestructuración socialista, sin que ello implique concesiones a los Estados Unidos o deslealtad a los principios básicos de la revolución. Porque un pensamiento también se evidencia: si alguna vez desapareciera la facultad de pensar en Cuba, seguiría latente la sospecha sobre las intenciones limpias de los intereses norteamericanos con respecto de Cuba. El cubano medio intuye que, vuelta la Isla al patio yanqui, le corresponderá el papel de Las Vegas o de Miami, centro y vía de la prostitución, el juego y el narcotráfico. Ese fue el papel de esa Cuba previa a 1959 y que los químicos de las cocinas ideológicas de Miami y Madrid ofrecen como próspera y libre. Próspera y libre en las memorias de cuantos fueron minoritariamente prósperos y libres ejemplares de una pequeña clase media de autos, apartamento costosos y vacaciones en La Florida, a costa de la pobreza generalizada de obreros sin trabajo; campesinos expulsados de sus tierras o asesinados por geófagos y policías rurales; familias desalojadas de sus casas por no poder pagar al casateniente; niños, jóvenes y adultos analfabetos; poblados sin electricidad, sin médicos, sin maestros; mapas sin carreteras…

Dicho todo esto, qué pienso del tiempo: ¿se demora Cuba en su reclamada y proyectada renovación socialista? He sugerido explicaciones para que cuantos me leen alcancen su conclusión. En particular, comparto el criterio más común: el tiempo, ese aliado, podría convertirse en el enemigo principal,  tanto si nos apuramos como si aplazamos la solución esperando clima más benigno.  En política, si llegar temprano es malo; llegar tarde es peor, aunque, como escribió con acierto otro poeta, quizás cuando creamos que tenemos todas las respuestas, de pronto cambian todas las preguntas. (Tomado

 de Progreso semanal)

 

 

 

¿SERES APOCALÍPTICOS?

¿SERES APOCALÍPTICOS?

 

Por Luis Sexto

Como minúsculos dioses, los fotógrafos recortan segmentos del tiempo y convocan una quinta dimensión de la vida: la perdurabilidad del momento en una imagen... Pero interesará acaso filosofar sobre la fotografía y sus administradores, los fotógrafos. ¿Acaso el hábito de verlas, atesorarlas no limita cualquier intento de meditar sobre esa magia tecnológica, química y física domesticadas, que echó sus humos definitivos en el siglo XIX, apoyándose en Niepce, en Daguerre, que se basaron en Da Vinci, incluso en Aristóteles, y en el XX se desarrolló tanto que se concibieron cámaras tontas, esto es, sin necesidad de ojos y dedos sabios?

 No tengo intenciones de filosofar. Quise simplemente presentar el tema. Porque lo capital ahora es reproducir dos cartas inéditas de Dulce María Loynaz. En esas dos tarjetas de cartón, de 13 por ocho centímetros, la desgarrada y  serena autora de Poemas sin nombre, confiesa aversión hacia los fotógrafos -al menos hacia uno de ellos-, a la vez que les otorga un papel básico en la vida. Y divulga que les ha dedicado una novela.

A pesar de su brevedad, son documentos que favorecen pisar el dintel de la espiritualidad de la poetisa. Los doy a conocer, porque en l981, cuando fui a entregárselos  ella me los dejó otorgándome implícitamente el permiso para utilizarlos.  Ese día, 9 de octubre de 1981, fue la única ocasión en la que vi y hablé con Dulce María. Aquella tarde me preguntó de pronto: ¿Usted tiene Jardín?  Y luego de mi negativa, cuyos síntomas de ridículo ya he contado prolijamente en otra página, dijo: “Me refiero a mi novela”. Yo no lo había leído. Dulce María, en cambio, la leyó cada diez años, a partir de l95l cuando la editorial Aguilar la publicó en España. No pude averiguar por qué cumplía un rito al que son renuentes otros escritores, que piensan que el libro, tras su difusión, no les pertenece, se les independiza, y por tanto lo olvidan. O temen hallarse con errores, deslices, que ya nadie podrá salvar... al menos en esa edición. Y no le pregunté la razón de su fidelidad a Jardín, porque en el momento de mi visita ignoraba yo su costumbre. La descubrí más adelante cuando terminé de leer la novela en el ejemplar que ella me regaló finamente dedicado. En la última página había escrito, con su letra desbordada, aparentemente inhábil: “Ayer domingo 9 de agosto de 198l, en compañía de Beba y Angelina leí por última vez este libro. Lo venía haciendo desde su publicación una vez cada diez años.” Y debajo, su firma.

 Parece evidente que Dulce María leyó, o releyó, cuatro veces su novela. La primera, en l95l, año de la primera edición; la segunda, en l96l; la tercera, en l971, y la cuarta, en l98l. ¿La habrá releído en l991? Lo dudo. Porque también parece evidente que me obsequió el único ejemplar de que disponía. La presencia de la nota autógrafa, lo atestigua. Y también el inapelable “última vez”. Ese término sugiere que se había propuesto no oficiar más  ceremonia tan íntima. Quizás, al regalármelo con el valor agregado de su decisión manuscrita, apartó la tentación inmediata.

Retornando a nuestro asunto, las cartas que intenté devolverle fueron dirigidas a Ascensión Tejera, hija mayor del poeta Diego Vicente Tejera y entonces esposa del doctor Alfonso Forcade, diplomático que fue embajador de Cuba ante la Santa Sede. Chon, con quien  sostuve una filial amistad, de hijo a madre, desde mis 20 años hasta su muerte, me las cedió. La primera data del l3 de marzo de l940. Este es el texto:

 Querida amiga mía:

 Muy buena has sido tú y tus compañeras queriendo oír mi palabra, pero más aún quiero que lo sean, que lo seas tú, Chon, complaciéndome en un pequeño ruego.

 Ayer tarde me retrató un fotógrafo, especie de ser apocalíptico que me inspira un verdadero terror. No dejes que mi retrato se publique, no dejes que se publique nada sobre mí. Guarden esa tarde para Udes. Y piensen que nada me es más grato que el silencio cuando puedo saber que no es indiferencia. Creo que tú sabes cuán sinceramente te lo pido.

 Eso espero de ti; y que vengas a verme también como dijiste. Tuya: Dulce María Loynaz.

 La otra, en tarjeta similar, y sin fecha, pero aludiendo a los mismos hechos y por tanto a los mismos días, dice:

 Querida Chon, gracias por tu carta, una de las pocas que yo guarde; cartas como esa consuelan de muchas cosas.

 Todavía con la grata impresión del martes, te recuerda Dulce María.

  Al dorso, una posdata:

 Los fotógrafos son cosa importante, son verdaderamente de las pocas cosas importantes que existen. Algún día te leeré algunas páginas de la novela que les he dedicado.

 ¿De dónde provino esa aversión a los fotógrafos? ¿Quién era ese ser apocalíptico: el género o un individuo? En cualquier respuesta, la contradicción planta sus púas, sus muelas, porque, no obstante el rechazo, ensalza a los fotógrafos hasta ubicarlos en el nicho de las pocas cosas importantes del mundo. Y en los años sucesivos, la fisonomía de la escritora famosa se introdujo en la cámara de decenas de fotógrafos. Quizás Aldo Martínez Malo, que le heredó la papelería y la frecuentó domésticamente, pudo descifrar el jeroglífico, aunque hay más de uno. Porque, ¿por qué son de las verdaderas cosas importantes? 

Sobre esa cuerda tan floja y ante esas confesiones, otra pregunta importuna al cronista, y posiblemente al lector. ¿Será Jardín la novela que Dulce María dedicó a los fotógrafos? Se sabe, por confesión de la autora en el prólogo, que en l935 ya estaba escrita. Y aunque no he hallado una referencia explícita a los fotógrafos, la atmósfera del libro huele a imagen, a instantánea. Es una mezcla de los claroscuros del pasado y del presente, de olores húmedos, rancios, y de aromas más jóvenes, limpios.

 La obra toda de la poetisa de Los juegos del agua entraña un atreverse hacia más allá de las movedizas fronteras del tiempo. De viaje por Egipto, siendo muy joven, pretendió desdoblarse, aventurarse por las galerías de lo inasible, y le escribió una Carta de amor a Tut-Ank-Amen, el adolescente faraón, entonces recién extraído de la profundidad momificada y arqueológica del pasado. “Daría –le dice- mis ojos vivos por sentir un minuto tu mirada a través de tres mil novecientos años...”

 Esa, a mi entender, es la clave poético literaria de Dulce María Loynaz. Ella, como sugiere en uno de los poemas sin nombre, está siempre doblada sobre un recuerdo, haciendo alusiones a las sombras. Incluso, la luz es sombra. “¿Y esa luz?” –pregunta la poetisa, y responde: “Es tu sombra.”

Y qué otra cosa puede ser la fotografía sino la sombra perdurable de la luz. La petrificación de la luz.  Cuánto poder el del fotógrafo, que, como minúsculo dios, si no crea el tiempo, lo detiene. Nos pone a hibernar en una estampa rígida, pero expresivamente definidora, como acuse de la memoria en el fervor hiriente de la nostalgia.

Tal vez por esa facultad de hacer claudicar el fluir de los días, para Dulce María Loynaz el fotógrafo era una “especie de ser apocalíptico”. Apocalipsis en su raíz de revelación. Y Nicéforo Niepce, que en l826 captó en el cajón de su cámara la primera fotografía de la historia, y Jacobo Daguerre, que mejoró el invento, quizás más que técnicos hayan sido poetas. Porque buscaban la visión de lo eterno en lo perecedero. Y a la vez, supone uno, los aterraba el vacío del pasado.


TIEMPOS DE TERMINAR CON JUEGOS POLÍTICOS

TIEMPOS DE TERMINAR CON JUEGOS POLÍTICOS

Por Lorenzo Gonzalo*

 

 

Quienes estamos acostumbrados a contemplar las represiones que ocurren en diferentes partes del mundo durante marchas políticas, estamos aún tratando de encontrar un parangón con la supuesta violencia a que fueron sometidas las llamadas Damas de Blanco, que recientemente han desfilado durante varios días en La Habana, Cuba.

 La prensa inicialmente mostró las imágenes del primer día, donde evidentemente hubo forcejeo entre las manifestantes y elementos de la fuerza pública que las obligaron a retirarse del lugar. El escenario se produjo, cuando las personas manifestantes, se vieron acosadas por grupos contrarios al mensaje político de quienes marchaban. Los policías se vieron obligados a utilizar fuerza, no así golpiza alguna, para sacarlas, evitando que los protestantes del otro grupo entrasen en confrontación violenta con las señoras que pedían la liberación de sus esposos.

Cuando las protestas tienen un carácter político siempre son propensas a encender los ánimos y las autoridades tienen que actuar con mucha cordura o de lo contrario caer en la trampa de la violencia. Así ocurrió con las protestas de Seattle, durante la reunión en esa ciudad, de la Organización Mundial del Comercio. La violencia fue tal que antes de concluida la reunión, las autoridades declararon el estado de queda en la ciudad.

 En Cuba es más complicado, porque no hay un procedimiento para solicitar permisos para manifestaciones públicas y tampoco hay regulaciones que las prohíban. Cuando ocurren, las autoridades deben proceder en concordancia con las afectaciones que puedan representar al orden público.

 Así sucedió durante la primera manifestación del las Damas de Blanco. El grupo que las insultaba era numeroso y la policía decidió retirar del lugar al menos nutrido, para evitar la confrontación que una gran cantidad de prensa, gobiernos y movimientos políticos contrarios al Estado cubano, desean.

 Nadie puede negar la bondad de una protesta compuesta por mujeres que piden que sus esposos sean puestos en libertad. Sin embargo, la manifestación realizada en la ciudad de Miami por unos miles de personas de diversas nacionalidades, en apoyo a ese grupo de cubanas reclamando la libertad de sus esposos, equivale a desenterrar el rábano tirando por las hojas. No trae ningún resultado positivo.

 Politizar la marcha de las llamadas Damas de Blanco, convirtiéndola en una reclamación de cambio de gobierno en Cuba y peor aún en cambio de proyecto social, es un craso error que sólo contribuye a dificultar aún más cualquier intento por suavizar el enfrentamiento de Estados Unidos con la dirigencia cubana. La manifestación de Miami no fue en apoyo a las Damas de Blanco, fue un estertor que intenta llamar la atención sobre Cuba, presentándola por su cara negativa y ocultando el verdadero conflicto que da lugar a muchas de las cosas criticables que en el país suceden.

 La movilización alentada por un grupo de artistas y gente de la farándula de Miami, en apoyo de esas cubanas, intenta revivir el protagonismo que por muchos años las Administraciones estadounidenses le dieron en Miami a representantes de la dictadura cubana que motivara la insurrección revolucionaria y a las personas que se prestaron a conspirar contra el proceso social iniciado posteriormente, sirviendo conciente o inconscientemente, a los intereses de Washington en aquella época.

 Es un tema superado, que se intenta revivir por el camino de protestas ejercidas a través de cantantes, artistas y personas aparentemente inocuas y carentes de aspiraciones políticas. Es apelar a las simpatía para sumar a un público marginal políticamente e intentar rescatar una entelequia llamada exilio, que no sólo contribuyó a evitar la estabilización del proceso cubano, sino que alentó la comisión de actos terroristas como la voladura del avión de Barbados que conducía pasajeros civiles a bordo. Es volverse a equivocar, en un momento que el mundo cambia y los países de Suramérica y el Caribe se debaten en la búsqueda de caminos que los alejen del liberalismo que los hundió en abismos de miseria.

 La solución no es inmiscuirse en los asuntos internos de terceros países, reclamando de ellos determinado sistema político, sino procurar que Washington cambie su estrategia respecto a Cuba.

 El mundo no va a entender que desde Miami le traten de imponer a Cuba su sistema de gobierno y mucho menos aceptará que Washington dictamine cómo debe organizarse el país. La independencia lograda por las naciones respecto a la Casa Blanca cada vez es mayor y un regreso a esos tiempos sólo conduciría a una confrontación que nadie desea. Especialmente cuando Estados Unidos está en un proceso de desgaste económico y países como China se ocupan de su desarrollo interior y no se gastan un centavo ocupando territorios y manteniendo bases imperiales alrededor del mundo. Estados Unidos sabe que tiene que cambiar o se hunde en la tembladera del Medio Oriente, donde yacen enterrados miles de millones de dólares y miles de soldados.

 Es justo apoyar que suelten a presos condenados a enormes sanciones por motivos puramente políticos. Es necesario que Estados Unidos no sume en Cuba a más incautos o ambiciosos a sus planes. Es importante que sus gobiernos no apelen a maniobras políticas para sancionar a cubanos, como los cinco agentes que guardan prisión, a condenas que no son aplicadas a verdaderos espías que han sido capturados en los últimos años, algunos de los cuales eran funcionarios del estado.

 No hacen falta marchas para encender el fuego. Es necesario abandonar la pirotecnia y las actitudes incendiarias y apelar a un cuerpo de bomberos responsables.

 Las marchas continuadas de las Damas de Blanco, paseando por las calles de La Habana desmiente las noticias de represión brutal que ha encabezados la primera página del periódico El Nuevo Herald por varios días. Un gobierno brutal hubiese golpeado el primer día y asesinado el segundo a los manifestantes. Nos parece que la situación reviste tanta seriedad que no se debe jugar con imágenes y posturas teatrales.

 La solución es aceptar que los dos países, Cuba y Estados Unidos tienen derecho a vivir en paz y cooperar en los asuntos de interés común y que, tanto de uno y otro lado, deben terminar los jueguitos políticos que causan víctimas inocentes. Marchas y contramarchas repudiantes y repudiados, definitivamente no es la solución.

(*El autor es periodista cubano residente en Miami)

 

¿HISTORIADOR TÚ?

Por Argelio Santiesteban *

DE qué historia hablamos, señores de la Florida  

 

Se dice  –con toda la razón capaz de albergarse bajo la bóveda celeste—que la ignorancia es descocada, desaforadamente atrevida. Sí, la estulticia se muestra en cueros, desvergonzada, a calzón quitado.

     Esa idea me vino al occipucio cuando hojeaba el libro Breve historia de Cuba (1), de Jaime Suchlicki, publicado en la Florida.

   Los dislates, en este engendro infeliz, ya saltan a la vista cuando se pretende historiar los mismísimos días inaugurales. Nos dicen que, en 1492, “Cristóbal Colón descubrió y exploró a Cuba” (p. 229). Y los dos verbos contenidos en la declaración constituyen barbaridades que no absolvería ningún padre confesor.

   En primer lugar, desempolva el manido tópico del “Descubrimiento”. Ya Eduardo Galeano –con su deliciosa ironía--  ha dicho que las legiones romanas, cuando arribaron a la península ibérica, no “descubrieron” esa área, pues ya estaba habitada. Y, que yo sepa, los mal llamados indocubanos eran gente, y no jutías ni almiquíes.

   Por otra parte, el Gran Almirante de la Mar Océana no “exploró” a Cuba en su incursión. Dio unas cuantas vueltecitas por la costa nororiental. Envió a tierra a una avanzadilla, primeros europeos que vieron fumar. Dijo aquello de “ninguna cosa tan fermosa vide”, cliché que repetiría en otros parajes, pues la riqueza literaria no era su fuerte. Plantó una cruz en Baracoa. Y se largó hacia Quisqueya. Pero el territorio del archipiélago permanecería inexplorado hasta muchas décadas tras el desembarco de Diego Velásquez.

   Estimados acompañantes en este accidentado viaje libresco: movámonos en el tiempo para saber que “bajo la administración de Carlos III (1759-1788) se convirtió en un monopolio del gobierno” la comercialización del tabaco (p. 22). Cualquier mediano conocedor del ayer cubano sabe que los vegueros protagonizaron, en la primera mitad de los 1700, varias asonadas, por el trato abusivo que sufrían bajo el estanco. Por lo que dice el libro, da la impresión de que a los isleños de Jesús del Monte no los ahorcaron por rebeldía, sino que su diversión preferida estribaba en balacearse al extremo de una soga. (El propio autor se contradice en la p. 36).

   El Papel Periódico de La Havana, que vio la luz en 1790, fue –nos revela Suchlicki--  el “primer diario de Cuba” (p. 45). Para empezar, dos publicaciones periódicas le antecedieron: El Pensador y Gazeta. Además, El Papel  jamás fue un diario, pues se inauguró como hebdomadario y después tuvo frecuencia bisemanal, nunca cotidiana.

   Ahora sí, sufridos lectores, han ustedes de ajustarse el cinturón de seguridad. Porque este pozo de ciencia nos pone al tanto de que Aponte no terminó con la cabeza sobre una pica, en la intersección de las calles hoy llamadas Reina y Belascoaín, sino que “liberó a los negros” (p. 230). (No comment!, como dicen los anglófonos cuando quieren guardar silencio).

   Desde la Península –ahora la floridana, no la ibérica--  el enterado profesor Suchlicki nos hace saber que Juan Gualberto Gómez fue “un distinguido general negro de la guerra contra España” (p. 70). Y a eso sí que le zumba el proverbial merequetén.

   Hallamos en Juan Gualberto a una cúspide inconmensurable del civilismo independentista, lo que le valió dos estancias en el infierno de Ceuta. Fue enemigo jurado de la Enmienda Platt, del entreguista Estrada Palma, de José Miguel –la corrupción en dos patas--, de la hiena que se apellidó Machado.

   Pero bien lejos estuvo de ser un adalid guerrero. Su única participación bélica fue en el fallido Grito de Ibarra, que quizás durase unos diez minutos. Sospecho que jamás tuvo ni la mínima idea de cómo funcionaba un fusil de cerrojo, un bolt action, es decir, un mauser o un remington.

   Ah, pero el historiador miamense nos presenta a Juan Gualberto como si –por ejemplo--  él hubiese capitaneado –y no Quintín Banderas--  la aguerrida infantería oriental en la oleada invasora maceísta.

   El siglo XX no queda a salvo en cuanto a las meteduras de pata, en las cuales el doctor Suchlicki resulta un indiscutible perito ejecutor. Así, nos informa que la Primera Intervención se mantuvo durante “dos años” (p. 69). La más elemental aritmética de bodeguero permite saber que entre el momento en que se inaugura 1899 y el 20 de mayo de 1902 media un lapso temporal superior a los tres años y cuatro meses. Pero el autor tampoco es diestro en tan pedestre cómputo.

   ¿Qué más? Pues olvidaba decirles que Ramón Grau San Martín fue “un distinguido profesor de Filosofía” (p. 86), y nunca ejerció la docencia en Fisiología. (Estos desatinos… ¿tendrán alguna relación con el estrecho vínculo que Suchlicki mantiene con los Bacardí, y sus espirituosos productos?).

   Ya casi en nuestros días, Ricardo Bofill resulta investido como “vicerrector de la Universidad de La Habana” (p.244). Ese hijo de Madruga, en su trayectoria académica, tuvo como clímax el nombramiento de administrador del cine Actualidades, en la viejohabanera calle Zulueta.

   Dígase que sólo me he referido a dislates históricos. Pero, de la redacción, ni hablar. Esto parece escrito con el último tramo del intestino grueso.

   Sí, después de esta lectura, que convoca a la indignación, “no hay más pueblo”, como dice el sermo vulgaris cubensis. A pesar de ello, Luis Aguilar León, Profesor Emérito de la Georgetown University califica la obra como “La mejor síntesis que se ha hecho de la historia de Cuba”. Carlos Alberto Montaner, de Firma Press, nos dice que “Recoge todo lo que se necesita saber para entender qué ha sucedido en ese país…”. Y Carmelo Mesa-Lago, de la Universidad de Pittsburg, adjetiva generosamente al libro: “sofisticado […] detallado […] balanceado y objetivo”.

   Jaime Suchlicki, entre otras galas, ostenta la de presidir la cátedra con el sacratísimo nombre de Emilio Bacardí Moreau –superiorísimo santiaguero—y la de dirigir el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, en la Universidad de Miami.

   Y me asalta una sospecha. Presumo que, en el exigente mundo académico de Miami, los alborotadores canes de mi barrio podrían alcanzar rango de eruditos.

   Todo esto me trae a la mente cierto comentario que, ante la incoherencia, suele proferir el actor Mario Limonta, cuando en un programa radial humorístico rezonga: “Caballeros, esto no es serio… ¡esto es bufo!”.

 

(1) Jaime Suchlicki: Breve historia de Cuba. Environ Publishers. Coral Gables. 2002.

* ARGELIO SANTIESTEBAN (Cuba, 1945): Periodista y escritor. Recibió el Premio Nacional de la Crítica.

 

 

DENUNCIA DE UN PLAGIO

DENUNCIA DE UN PLAGIO

Luis Hernández Serrano

Tomado del periódico Juventud Rebelde

 

Enrique Cirules (Nuevitas, Camagüey, 1938), nos da nuevas noticias acerca del proceso de plagio y robo en Estados Unidos de dos de sus más exitosos libros. Cirules es autor de novelas, testimonios, cuentos y ensayos. Entre sus más afamados libros se encuentran Conversación con el último norteamericano, Premio 26 de Julio, 1973; La otra guerra (cuentos), finalista Casa de las Américas, 1977; Los guardafronteras, 1983; y las novelas La saga de la Gloria City, 1983; Bluefields, Premio 26 de Julio, 1986; y Extraña lluvia en la tormenta, 1988.

Además, Hemingway en la cayería de Romano, Mención Casa de las Américas, 1999. Sus más recientes éxitos fueron con La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana, 2004, y la novela Santa Clara Santa, 2007.

El imperio de La Habana resultó Premio Casa de las Américas en 1993 y Premio de la Crítica en 1994. Acerca del plagio de que ha sido objeto, dialogamos con él nuevamente.

—Thomas Joseph English, periodista radicado actualmente en Nueva York, ha negado las acusaciones que usted hizo en la entrevista que publicó Juventud Rebelde el 12 de febrero pasado. ¿Qué puede decir al respecto?

—No voy a dialogar con el señor T. J. English. Del plagio ofrezco cifras, datos, pruebas. En Havane Nocturne, 2008, no me cita, sino que menciona en 72 ocasiones a Cirules, para justificar el robo de más de 260 páginas de El imperio de La Habana y La vida secreta de Meyer Lansky.

«Y, como si fuera poco se refiere —no 16 veces como dije en la ocasión anterior— en 35 ocasiones a una supuesta entrevista con Armando Jaime Casielles los días 24 y 26 de enero de 2007. Esa es una entrevista falsa, que nunca existió. Casielles nunca se reunió con English, nunca le concedió una entrevista a English.

«En esas fechas, hacía varias semanas que Casielles se encontraba hospitalizado, gravemente enfermo, con un solo pulmón, donde tenía cáncer, respirando con la ayuda de un balón de oxígeno. Casielles muere 17 días después: el 12 de febrero de 2007».

—¿Conoce usted que English ha declarado que puede utilizar a su arbitrio las memorias de Casielles?

—La ambición desmedida le hace perder la cabeza. Los libros míos tienen su copyright en Cuba y otros países; y ambos están registrados en la Agencia de Derechos de Autor: El imperio… en 1992, y La vida secreta… en 2003. Su plagio ocurre en 2008. Poseo, además, algunos otros documentos firmados por Jaime Casielles.

—Sin embargo, están preparando una millonaria película. Extraemos dos párrafos de cables internacionales: «(…) Un trío de productores prominentes se han unido para producir la Havana Nocturne, una historia de mafiosos radicados en Cuba en los años 50 y que está basada en el libro más vendido de la serie del diario The New York Times, del autor T. J. English (…) Los productores dicen que no han decidido todavía cuán tenaz será su solicitud para filmar en Cuba.

—Lo sé. Leí un artículo de Steven Zeitchik en The Hollywood Reporter (28-6-2009) donde se informa que los productores de Hollywood Eric Eisner, Gil Adler y Shane McCarthy preparan la filmación de La saga de la mafia en La Habana. La Paramounth es la encargada del proyecto; y la empresa de Eisner producirá y financiará la película, en coordinación con la Gilbert Adler Productions.

«Quiero pensar que la Editorial Harper y la gran prensa estadounidense, que ha elogiado tanto a Havane Nocturne, así como los productores cinematográficos, han sido engañados. Pienso que English les ha hecho creer que está en posesión de las memorias de Casielles, contenidas en mi libro La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana. Supongo que todo haya ocurrido de esa manera y no que se trate de un proyecto coordinado para manipular lo que aconteció en La Habana con el clan de Meyer Lansky durante 1957 y 1958».

—Pero, insisto, English le ha declarado al periódico Esto, de México, lo siguiente: «El señor Cirules merece el crédito de ser uno de los primeros en explorar el tema de los gánsters de Estados Unidos en La Habana, pero «él no es dueño de la historia. Él no es propietario de las memorias de Armando Jaime Casielles, en quien está basada mucha de la reputación de Cirules como experto en la materia. Él no creó los hechos. Unos se basarán en su trabajo, y otros se basarán en los míos». ¿Cómo se explica eso?

—Sí —aprovecho para decirlo— ¡soy el dueño de las memorias de Armando Casielles! Pero el asunto es más complicado. Esa actitud de arrogancia y prepotencia del señor English no solo obedece a su plagio, sino a un proyecto para manipular lo que aconteció en Cuba con la mafia norteamericana antes y después de 1958. El proyecto es ocultar la responsabilidad histórica de Estados Unidos en estos acontecimientos.

«He sido muy cuidadoso y medido en las investigaciones que he realizado. Pero no voy a permitir que mi obra sea utilizada para la manipulación. ¡Hay muchos cabos sueltos! Y aún está pendiente el estudio de la evolución de la mafia norteamericana que fue derrotada en Cuba, y cuyos principales “personajes” fueron recibidos por el Gobierno encabezado por el binomio del general Dwight David Eisenhower y Richard Milhous Nixon desde los primeros días de 1959.

«¡No solo ese Gobierno recibió a los mafiosos, sino también a los torturadores y asesinos batistianos! El cine nos ha hecho creer durante 50 años que en Estados Unidos todavía existen rescoldos de las “clásicas” familias sicilianas, cuando en realidad ha tenido lugar un nuevo fenómeno, poco estudiado o no estudiado aún. Es parte de la herencia batistiana y de ese clan de Meyer Lansky que desató la guerra mafiosa de 1957 en Estados Unidos por la disputa de los fabulosos negocios que se estaban generando en la capital cubana.

«Lo que existe actualmente en Estados Unidos es el resultado de lo que el senador Kefauver denunció en 1950, cuando comenzaban los entrelazamientos entre el crimen organizado, la política y los negocios. Es esa mafia la que hoy aspira a la rendición del pueblo cubano por hambre y enfermedades, la que sostiene a los grupos terroristas anticubanos y la que apoya cruelmente la famosa licencia de tres días para matar a 300 000 cubanos.

«Quiero recordar que no corren los tiempos en que se podía construir una saga como la de El Padrino y sus herederos. El tema de la mafia norteamericana para la ficción, para la manipulación, está agotado irremediablemente. Ha sido desgastado con la filmación de miles de películas y actualmente millones de personas en el mundo entero desean conocer qué aconteció realmente con la mafia norteamericana antes y después de 1958».

—Es un tema fascinante…

—Es cierto: La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana es un fabuloso texto para una magistral película, pero ¡las historias contenidas en mis libros nadie las puede plagiar, ni copiar, ni manipular impunemente! No lo voy a permitir y menos que se filme una película con los robos flagrantes que ha realizado T. J. English en Havane Nocturne. Su libro está cargado de plagios a mi obra. Cualquier proyecto que se comprometa con esas manipulaciones nacería herido de muerte.

—La denuncia suya al plagio en Havane Nocturne, ¿qué repercusión ha tenido?

—Ha tenido mucha resonancia y va a ser mucho mayor en las próximas semanas. He recibido numerosas muestras de condena al plagio, no solo de intelectuales, sino de lectores de varias partes del mundo. Algunos abogados de Francia, Holanda y España se han ofrecido para iniciar un litigio contra el plagiador, pero todavía no he tomado ninguna decisión en ese sentido.

—¿Qué piensa usted hacer?

—Seguir denunciando ante la opinión pública el plagio, y ver cómo se desencadenan los acontecimientos.

—¿Algo más?

—Sí, hay mucha información de interés que estaré dispuesto a revelar si fuera necesario.