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PATRIA Y HUMANIDAD

NOSTALGIA, DESCONFIANZA, ESPERANZA

NOSTALGIA, DESCONFIANZA,  ESPERANZA

 

Por Luis Sexto

 

Filosofía de los olores

 

Lo político pudiera ser un detalle vinculado al olfato si reconociéramos que a Cuba se le puede percibir en diversos olores.  Los emigrantes que se paran sobre el punto que marca las noventa millas entre Cuba y los Estados Unidos en Cayo Hueso, al olisquear el aire creen sentir el olor de la nostalgia. Y si fuera solo la morriña gallega, la añoranza por el país de origen, los amigos, la lengua, no fuera peligrosa; quizás anticipara un estado poético. Pero muchos de cuantos se recuestan del lado de los recuerdos, añoran la Cuba sin revolución. Y ese sentimiento de vacío se convierte en violenta potencialidad, en peligroso deseo de revancha.

 

Parejamente, en La Habana, muchos de cuantos se suben en el muro del Malecón a pasar las horas frescas de la noche, y tantean con la nariz el norte, reciben el olor de la desconfianza o de la esperanza, dependiendo el primero de la actitud política favorable a la revolución y el segundo, en un apreciable grado, de las aspiraciones económicas. Tal vez esos tres -nostalgia, desconfianza y esperanza- sean los olores básicos que el aire del mar ofrece a los cubanos del lado de allá del estrecho de la Florida y del lado de acá, desde donde escribo.

 

Al llegar a tal conclusión, uno lamenta la azarosa providencia geográfica que puso a la Isla de Cuba a emerger en esta posición tan crucial, fiel de América que dijera Martí, crucero entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Es fácil reconocerlo: ha sido un incómodo destino existir  tan solo a cuatro brazadas del país que alcanzaría tanta influencia y poder como para que los cubanos lo viéramos, unos, como la "tierra prometida" y, otros, como el sitio de donde dimanan toda amenaza y todo riesgo.

 

Parece claro: la fase violenta, vengativa de  la nostalgia en Miami, influye directamente en el olor de la desconfianza que muchos cubanos huelen, ayer y hoy,  en el lenguaje agresivo de los medios del llamado exilio y, por supuesto, de las instituciones de Washington. Con cincuenta años de argumentos, está justificada la sospecha acerca de qué se puede esperar de esa ciudadela de la contrarrevolución en que se convirtió  Miami desde 1959. Y así, mientras el conflicto ideo político esté planteado en términos hostiles, a los cubanos que respiran en la isla les resultará fácil defenderse: reconocen al enemigo; coliman el blanco, y hallan en la posibilidad de la agresión las justificaciones para la resistencia numantina.

 

No resulta tan simple, en cambio, anular o disminuir la intensidad del efluvio de "esperanza” que otros cubanos creen sentir cuando abren las ventanas de su olfato con un ademán también nostálgico, pero de una nostalgia distinta: la que añora lo que no conoce y  estima como el sésamo ábrete que decretará la prosperidad personal. La emigración, legal o ilegal, pues, se erige en fórmula básica para que los que aspiran a vivir presumiblemente mejor, toquen su "sueño americano".

 

¿Cómo habrá de impedir la Cuba socialista los olores  que, envueltos en blanco de nubes, llegan tentando a muchos, en particular a jóvenes, en cifras inquietantes? En esta faceta de las hostilidades entre ambas orillas, los cañones no resuelven. No soy el primero que lo afirma. Y me parece que, a pesar de cualquier aparente duda de los habitantes del archipiélago cubano que no hayan tenido oportunidad de asumir otra posición que no sea la del "espectador crítico", las ideas más lúcidas en Cuba tienden a percatarse de que para reducir el trasiego clandestino de personas y los efectos de la ley  de ajuste migratorio que lo estimula, lo primordial será cuanto se haga dentro del país, para que nadie tenga que buscar en el extranjero lo que podría tener, aun más modestamente, en el interior. Y sin esperar a que la racionalidad germine entre los asesores y ejecutivos del poder político en Washington.

 

Hasta ahora, en los últimos 20 años, Cuba  ha resistido siguiendo  una estrategia que ha apostado mayormente al tiempo, al tiempo que depare un golpe de suerte, toque mágico que haga brotar el subsuelo la riqueza que pueda financiar necesidades e incluso ineficiencias.  Pero el tiempo suele también  no traer lo que esperamos. Y con notoria ansiedad ante las posibilidades de desarrollo interno,  percibimos un nuevo olor: el de modificar, ahora, estructuras económicas que promuevan una respuesta creadora a las urgencias presentes. En Cuba, como dije una vez, las cosas a veces se conciben, maduran y pasan soterradamente. No olvidemos que la desconfianza en los actos procedentes de los Estados Unidos y sus adeptos condiciona cualquier movimiento interior. Aparte de las trabas y distorsiones burocráticas, que son otro tipo de enemigo, las cautelas rodean las decisiones que a veces creemos demasiado lentas. ¡Cuidado!, dice un combatiente suspicaz: el enemigo está al tanto de cualquier grieta. Pero la sociedad cubana, por muchos años rigidizada, sacude el almidón que la inmovilizaba en su lealtad a un paradigma socialista ya descalificado por la historia. Y aclaro: No es que el socialismo haya fracasado,  sino que el modo de implantarlo fue el que se frustró en Europa por su incapacidad de autorregularse.

 

Cuba, en efecto, sigue moviéndose, aunque lentamente, dentro de la lógica de su olfato político: cambiar lo caduco sin comprometer la solidez del poder de la Revolución.  El reciente  de decreto ley 268 sobre la multiplicad de empleo, es, a juicio de este articulista, una medida de fondo, junto con el decreto sobre la entrega y usufructo de tierra. A partir de ahora, si la burocracia no nos entretiene, el individuo tendrá mayor espacio para decidir y definir su situación doméstica. Ya no habrá que esperar la mano dadivosa del Estado para  un aumento de suelto o de pensión, que por momentos hay que aplazar. Si usted lo necesita o si quiere vivir más holgadamente podrá trabajar más. Por primera vez el principio de que el trabajo sea la verdadera fuente de riqueza y bienestar, empieza a formalizarse en un cuerpo social y jurídico, sin más limitaciones que las que tiendan a preservar la legalidad escoltada por la razón.

 

Tal vez exagero, o quizás soy, por esta vez, demasiado optimista, pero un olor de esperanza renovada  hace sus espirales en el aire un tanto espeso de Cuba; no  la esperanza que ciertos ánimos inconformes buscan fuera, en el oropel de una promesa muy costosa, sino la que empieza a gestarse como premisa para trascender la insuficiencia y solidificar el olor de justicia que trajo la Revolución. Mi olfato cree que  el desencanto equivaldría a la ruina.

 

MÉXICO, ESTADOS UNIDOS Y LA INMIGRACIÓN

MÉXICO, ESTADOS UNIDOS Y LA INMIGRACIÓN

Por Lorenzo Gonzalo

 

El Senador por Arizona, John McCain, respondió airado a las críticas que hizo el Presidente de México, Felipe Calderón, a una Ley del estado de Arizona que permite a la fuerza pública solicitar la documentación de las personas que consideren sospechosos de ser indocumentados, con el propósito de verificar su statu migratorio. Es de todos sabido que esta Ley lleva implícita una alta dosis étnica y racial.

 

Dijo McCain que “es desafortunado y decepcionante que el Presidente de Mexico haya criticado al estado de Arizona, opinando sobre “un tema de política interna estadounidense, durante un viaje que buscaba reafirmar la relación única entre nuestros dos países”. El Senador McCain continó diciendo: “nunca había oído que el Presidente de otro país viniera y criticara de esa forma a Estados Unidos”. Habría que preguntarle al Senador, si conoce de las reiteradas injerencias del suyo, en los asuntos internos de otras naciones. La facción más radical de Estados Unidos no acepta críticas provenientes de terceros. Inclusive, muchos que no son tan radicales militantes de la derecha tradicional, tampoco las aceptan.

 

Con el transcurso de los años, desde la injusta declaración de guerra a España a fines del Siglo XIX, fecha en  que Estados Unidos decidió participar como actor principal en la arena internacional, han pretendido convertir los criterios socio - políticos del “establishment” en verdades absolutas. De hecho las relaciones diplomáticas se instrumentan de manera que los estilos de vida y ciertas maneras de producir y dirigir las industrias y las finanzas, se conviertan en modos universales del quehacer y de obligatorio cumplimiento para el sostenimiento de relaciones fluidas. Esta actitud tiene el beneficio de facilitar el control de las riquezas ajenas, porque su implementación requiere de una dirección que sólo pueden ejercer, los tecnócratas que inventaron los mecanismos estructurales que sirven a los grandes capitales y poderes políticos de Washington.

 

Partiendo de esas premisas, el poder estadounidense ha creado barreras aislantes, que no permite opiniones foráneas referentes a sus políticas internas, al tiempo que sus ideas y formas de gobernar son exigidas al mundo exterior. De aquí la molestia causada por el discurso del Presidente Calderón. México es un país fronterizo con grandes territorios, cuyo control es un imperativo para los intereses económicos de Estados Unidos y como escudo militar de la frontera sur.

 

Para entender la incongruencia de esa actitud, debemos señalar que lo solicitado por el Presidente Calderón, es una necesidad que responde a los requerimientos de ambos países.

 

Al margen de la ilegalidad de la presidencia de Calderón, partiendo del supuesto de que existieron irregularidades en las elecciones que lo llevaron al poder, su reciente pedido a los legisladores en Washington para que prohíban la venta de armas de alto poder a la población, como si se tratara de indefensos juguetes, es un requerimiento de ambos países. Esto permitiría controlar mejor la frontera y el poder de una mafia que ya se ha introducido parcialmente en territorio estadounidense.

 

La inmigración es un problema que afecta a ambos por igual. Ninguna legislación por parte de uno de los dos, aislada del contexto general que los identifica en la problemática, tendría sentido y tanto el uno como el otro, necesitan tener voz en esa discusión. No comprender la crítica del Presidente de México a una ley particular, aprobada unilateralmente por uno de los cincuenta estados que componen la nación estadounidense, manifiesta un desconocimiento de la realidad. Su discurso pretendió ser una señal de alerta, sobre un tópico que no puede tomarse a la ligera y mucho menos ser manipulado en calidad privada, por los intereses de una de las cincuentavas partes que componen Estados Unidos. Manifestar disgusto por semejantes críticas, sólo muestra una marginalización del tema que, en ocasiones, puede resultar peligrosa. Este es el caso de la respuesta de John McCain y otros miembros poderosos del poder, porque viene precisamente de

 personas con influencias, con un peso decisorio en cuestiones de política general, lo cual incluye las exteriores.

 

La finalidad de este artículo es no sólo destacar que la inmigración entre México y Estados Unidos es un caso que sólo puede ser enfrentado de común acuerdo y considerando los intereses que desde ambos lados dan lugar al fenómeno, sino también destacar, el espíritu de injerencia que aún prevalece en las principales filas del poder de Estados Unidos.

 

Esperemos, por el momento, que se fundamenten los debates legislativos sobre éste álgido asunto. Entre otras cosas, confiemos que el Presidente, que dejó de ser persona independiente cuando alcanzó esa alta magistratura, no se vea envuelto en el laberinto que, como consecuencia de acciones partidistas, le impidió inaugurar un seguro universal de salud que pide a gritos el quebrado sistema nacional médico del país.

 

Gobernar con un Congreso compuesto por una sola persona es fácil, excepto por el cúmulo de errores al que quedamos expuestos, pero hacerlo con 435 distritos y cien senadores, es harina de otro costal. De todos modos, si la ceguera personal no se impone en cada uno de esos legisladores y el interés nacional prima por encima de sus flacos intereses personales, se podrán establecer leyes racionales que reglamenten el fluir humano entre ambas fronteras. Para alcanzar ese objetivo será importante recordar que el fenómeno en cuestión, fue incubado y estimulado, precisamente por la avaricia de los productores del Norte y las miserias surgidas, de economías que nunca pudieron crecer y desarrollarse por sí mismas, por su sujeción a intereses foráneos. (El autor es periodista cubano radicado en los Estados Unidos)

 

 

QUERER NO ES PODER

QUERER NO ES PODER

Por Luis Sexto

En 1987, en la península de Guanahacabibes, región occidental de Cuba, conocí a esta anciana centenaria

El automóvil se detuvo a unos cien metros del bohío. Francisca Paula  todavía estaba en la cama. Ahorita se levanta -dijo María, la hija mayor, mientras intentaba ordenar la casa que en su desgaste parecía suplicar la presencia de manos jóvenes para remendar las paredes y renovar el guano del techo.

No lo esperaban. El cronista habían llegado allí  porque, procedente de Pinar del Río, una noticia circuló por La Habana citando, segura, cifras y fechas que adjudicaban implícitamente  la  primogenitura nacional a Francisca Paula Álvarez Quílez. Según los datos, debía entonces sumar 118 años.

Llegar a aquel sitio  hubiera significado una aventura tres décadas antes. En ese tiempo el valle de San Juan, en la Península de Guanahacabibes, permanecía amurallado por el aislamiento. El bohío de la anciana contrastaba ahora con los edificios de cuatro pisos de la comunidad de El vallecito, y con las viviendas de mampostería, dispersas o agrupadas a orillas de la carretera hacia el Cabo de San Antonio.

Francisca Paula apareció sobre las 10 de la mañana. María, y Catalina –la otra hija-, la traían sujeta por los brazos, casi a rastras, como si fuese un combatiente herido.

Viéndola sin capacidad para gobernar los pies, reducida en su estatura por la loma de la espalda, con la mirada puesta en remotas neblinas, el cronista creyó que era, entre todos los cubanos, la de mayor edad, una especie de campeona entre personas que vivían, usualmente entre 74 ó 76 años.

Venía quejándose. Sus dolamas se había concertado ese día para maltratarla, aunque los médicos aseguraban que el estado clínico de la anciana punteaba en lo satisfactorio. El cronista, compadeciéndola, dijo: No se lamente, vieja; alégrese, mire cuántos años usted ha vivido. Francisca Paula, levantando la cabeza y mirándolo con sus ojos blancos, le respondió:

-Y quiero seguir viviendo, mi hijito; qué se cree usted….

 

VIVEN EN CUBA 1 541 CENTENARIOS

La actualización del Estudio de Centenarios en Cuba que se realizó en el periodo comprendido entre los años 2004 al 2008, una investigación multicéntrica coordinada por la Dirección Nacional del Adulto Mayor y Asistencia Social del Ministerio de Salud Pública, muestra que actualmente viven en nuestro país 1 541 personas que en edad rebasan la centena, 53 más que hace dos años.

Lo anterior indica que en el territorio nacional habita un centenario por cada 7 296 cubanos, y también uno por cada 1 269 adultos mayores, es decir, personas mayores de 60 años.

El tema será objeto de análisis en la nueva edición del Seminario Internacional Longevidad Satisfactoria: Visión Integral, que incluye un Encuentro de Centenarios, a partir de este miércoles y hasta el viernes en el Hotel Nacional de Cuba, con la asistencia de delegados procedentes de diez países.

El mencionado estudio motiva gran interés entre los investigadores y población en general al tratarse de un grupo humano que ha logrado vencer obstáculos ambientales, de salud y alcanzar los mayores límites de vida actuales.

La decana en Cuba de los que han sobrepasado la curva de los 100 es Juana de la Candelaria Rodríguez, con 125 años cumplidos el pasado 28 de febrero, quien radica en el municipio de Campechuela, en la provincia de Granma.

El presidente del Club de los 120 años y de la Asociación Médica del Caribe (AMECA), profesor Eugenio Selman Housein-Abdo, en su libro Cómo vivir 120 años, publicado por la Editorial Científico-Técnica, sustenta seis elementos esenciales como pilares fundamentales para la expansión de vida.

La motivación, desde las más tempranas edades, porque somos lo que nos motiva; la alimentación, con frutas y vegetales, y comer incluso "de todo" pero evitando los extremos; la salud, enfocada sobre la prevención; actividad física durante 30 minutos entre tres y cinco días por semana, porque "es necesario moverse"; la cultura, como enriquecimiento espiritual, que tiende incluso a combatir el exceso de estrés; y rodearnos de un medio ambiente sano. (Tomado de Granma)

 

 

VISIÓN SENTIMENTAL DE LA EMIGRACIÓN

VISIÓN SENTIMENTAL DE LA EMIGRACIÓN

Por Luis Sexto

La emigración asusta unas veces; conmueve otras. ¿Podremos evaluar el daño que ha causado a la integridad ética y cultural de la república cubana o a la integridad de cada uno de los emigrados? Cincuenta años de emigración cubana han, incluso, distorsionado aspectos del pasado previo a 1959. Tanto lo han enrollado en el bagazo de la desmemoria que suele creerse que en Cuba se  empezó a emigrar luego del triunfo de  la revolución. Pero los archivos no han desaparecido. Y la revista Bohemia facilita responder preguntas inquietantes. Si usted, que duda, quisiera comprobar revise la colección de la revista del señor Miguel Ángel Quevedo y verá que a mediados de la década de los 50s, frente a la embajada norteamericana de Malecón, por la calle Calzada, bordeando la cerca diplomática, se formaban las mismas colas que podemos ver hoy. Y en esas páginas de la hoy centenaria publicación se enterará que en esos tiempos  se otorgaron anualmente  hasta 20, 000 visas de residentes.

 

Esas fotos y cifras inducen a una pregunta: si hasta la primera mitad del siglo XX Cuba  fue, principalmente, un país de inmigrantes –gallegos, canarios, haitianos, jamaicanos, italianos, polacos…-,  por qué  a partir de la segunda mitad la corriente parece revertirse.  A primera vista, una causa: a mediados de esa década las estadísticas  enumeraban cerca de un millón de desempleados, además de una población rural muy pobre, desposeída, según lo confirma la encuesta que la Agrupación Católica Universitaria aplicó en 1956. Y las crónicas históricas cuentan de un gobierno efectivamente  represivo, cruento.  ¿O Ventura, Carratalá, Martín Pérez  son  acaso ángeles azules injustamente acusados de derramar sangre?

Permítanme un recuento imprescindible, aunque conocido. Al derrocamiento de Batista siguió el exilio de los comprometidos con el régimen: ladrones o criminales, u otros batistianos, que aun sin esas culpas, prefrieron aguardar la vuelta de la normalidad en el extranjero, en una ambigua condición de exiliado y emigrante. Luego, la reforma agraria y la nacionalización de las empresas y las pequeñas propiedades alentaron a que, los que perdieron su riqueza,  pretendieran rehacerla en el exterior mientras esperaban a que los americanos atrasaran el reloj. Y he ahí el concurso que explica en parte la corriente migratoria. Evidentemente, tras las oleadas del principio -obligadas hasta cierto punto a emigrar- decenas de miles de cubanos optaron por emprender viaje impelidos, en esencia, por móviles económicos. Pero beneficiados por las ventajas que los sucesivos gobiernos de Washington les concedieron a los cubanos respecto de la entrada en territorio de la Unión. El periodista Luis Ortega escribió una síntesis cabal al decir que los cubanos, mediante la ley de ajuste cubano, recibieron privilegios que los Estados Unidos nunca han concedido a otras nacionalidades. Y lo que asombra –resume el polémico periodista- no es que de Cuba hayan emigrado cerca de un millón de personas, sino que todavía queden once millones en el archipiélago. En el acto de emigrar hay perfiles políticos ineludibles,  porque marcharse de un país también implica un descontento con el estado de cosas dominante. Pero fueron los medios propagandísticos norteamericanos los que transformaron al emigrante en un “refugiado” político que aspiraba a regresar y recuperar sus valores y posiciones.

 

Partamos, para clarificar estos conceptos, de una verdad históricamente demostrada: emigrar es consustancial al ser humano. Y variados y diversos son los móviles para abandonar el suelo nativo. No me parece superficial afirmar que la decisión de salir a correr mundo pertenece por lo habitual a los individuos. Por tanto, es una solución personal a un problema colectivo o a una inquietud… personal, salvo los pueblos nómadas, o el pueblo de Israel, que fugado de la esclavitud en Egipto, país ajeno, peregrinó hacia la tierra prometida,  también ocupada por otros pueblos.

 

Durante cincuenta años, pues, el estrecho de la Florida ha sido también una frontera sentimental, emotiva. Soporte de una inadmisible crónica roja difundida por páginas amarillas. Lo que asusta es que Cuba siga desgajada infinitamente. Y conmueve, sobre todo, el drama o la tragedia que sobrevuela la historia familiar de cada emigrado. Padres separados de sus hijos; hijos que desaparecieron en el mar; madres que perdieron  a sus criaturas recién nacidas,  porque un padre, dominados por el egoísmo lo sacó de la cuna y lo embarcó en una travesía ilegal y peligrosa. Quién no podría contar una historia similar, distinguida solo por el desenlace, irremisiblemente fatídico o finalmente feliz. Desde luego, a nadie se le puede quitar, al igual que lo “bailao”, la pena, la tristeza de estar ausente, lejos del afecto, de ese apego insular por la familia, o la mujer de sus sueños. Por las calles de Miami, o de cualquier otra ciudad donde el cubano habita en el cascarón de su diáspora, transitan decenas de miles de zapatos que un día prefirieron, con derecho a elegir, más brillo, mejor betún y  zapatera más confortable, pero que en silencio, como un acto reflejo  golpean erráticamente la añoranza como a un balón de fútbol que ha extraviado las porterías.

 Y del lado de acá qué pasa.  En la emigración abundan las quejas sobre  cierto rechazo  en el país donde nacieron. Pero si desde Miami y Washington elucubran, gestionan, mienten, gruñen, votan, y deciden que Cuba socialista o revolucionaria, o castrista, como gustan decir, sea cercada por leyes extraterritoriales y condenada como país enemigo y terrorista, a pesar de las evidencias en contrario, es simple comprobar que a la hostilidad no se le ha de responder con agasajos, ni al prejuicio con la confianza. Aun el más lúcido funcionario de emigración no querría tachar una lista de prohibiciones adoptadas como respuesta a la hostilidad que ha provenido de la emigración, juzgándola, un tanto injustamente, como un conjunto de afinidades políticas.

 

Hace apenas unos meses, en Miami, más de 4 000 emigrados cubanos de múltiples señas y orígenes bailaron con la criolla travesura de la música cubana más actual, en los instrumentos y las voces de una orquesta radicada en Cuba y  que parece resucitar cada día: Van Van. Por las mismas fechas unos 400 emigrados se reunieron en La Habana con representantes del gobierno cubano. ¿Anticipos de tiempos nuevos? ¿Una especie de reconciliación a través de los pasillos de la cultura y el diálogo? No quiero repetir lugares comunes de que  “todos somos cubanos  y aquí no ha pasado nada”. También los corifeos del exilio, una minoría de verdad, echaron  a la calle su cólera, su frustración por la visita de Formell y sus músicos. Han tomado, claramente el partido del odio: su negocio, es decir, mantenernos separados.

 

A  pesar de la partida de los más perdurables amores, muchos de cuantos permanecimos en esta isla nos negamos a consentir que la emigración o el exilio fuesen condiciones para que el amor prosperara. Y hoy, decursado el tiempo hemos de admitir sin que el pusilánime que a veces nos habita venga a mancillar nuestro criterio,  que la revolución ha sido también una espada. Ha tajado, separado. Somos víctimas de ese martirologio incruento y también inevitable, donde hay que inscribir a aquellos que se les frustraron sueños y pasiones.

Desde hace tiempo, en Cuba se aglutina la voluntad de renovar y normalizar los vínculos del país con sus emigrados. Como periodista estuve presente en las primeras reuniones, llamadas con acierto encuentros entre la emigración y la nación. Desde 20 años antes, en los 70s, la tendencia tuvo momentos prometedores con la visita de los primeros jóvenes, nacidos de cubanos en los Estados Unidos o conducidos muy pequeños a la emigración. Después, la regularidad de las visitas. También he leído a escritotes de la emigración publicados por editoriales o revistas del Ministerio de Cultura. Pero me parece que hoy, salvo los que se apartan y optan por la beligerancia, todos, en Cuba o fuera de ella, hemos de pararnos de frente a nuestro pasado. Juzgar nuestras acciones. Y si la honradez nos dirige tendremos que concluir que por muy justificadas que hayan sido las coyunturas políticas, hubo excesos de un lado y del otro. En este medio siglo, nos hemos visto obligados a decidir en los extremos. Extremos -aunque los argumentáramos con razones de seguridad nacional- fueron las planillas que nos preguntaban si teníamos familiares en el exterior y si nos comunicábamos con ellos. En el extremo fueron puestos los emigrantes que, principalmente en Miami, fueron compelidos a asumir la doblez y esconder cautelosamente cualquier simpatía con el gobierno de su país  de origen,  bajo el riesgo de las represalias de aquellos que aduciendo representar la libertad la limitan.

 

Por todo ello, la emigración asusta y conmueve. Asusta que Cuba no pueda trascender las insuficiencias que justificarían, en parte, que  grupos de ciudadanos se marchen al extranjero en cifras que, desde el 2000  hasta hoy,  casi igualan las del período de 1970 a 1979;  o que asuman la salida un tanto irresponsablemente, sin sopesar la probable ruptura familiar. Asusta también que cuantos asumimos el destino de permanecer apoyando con nuestra presencia las aspiraciones patrióticas de conservar la independencia y proteger la justicia social, no lleguemos a comprender totalmente que los móviles y los intereses de la emigración cubana se han diversificado tanto como para reducir menos del 50 por ciento -según encuestas  en los Estados Unidos- el apoyo al bloqueo. ¿Ente esas evidencias, continuaremos aceptando que la dimensión humana de la emigración continúe supeditada a las coyunturas políticas entre ambas orillas del Estrecho? ¿Cuál será, por ejemplo, el destino de los miles de cubanos que por marcharse ilegalmente, hace l5 ó 20 años, no han podido  visitar a Cuba?  No lo dudemos: será arduo, pero tal vez habremos de darnos cuenta de que en este lado, sin causa razonable, no podemos convertir al emigrado en un exiliado. Y asusta con no menores escalofríos que cuantos  residen fuera olviden respetar las leyes y las razones de los de adentro.

 

Conmueve, sobre todo,  la posibilidad de que lo que parece natural en la historia de los pueblos, siga derivando hacia una dolorosa dicotomía, una lenta fragmentación en los números estadísticos: los que se van y los que se quedan. (Tomado de Progreso semanal)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL RIESGO DE NO PONERSE LAS BOTAS

Por Luis Sexto

 Un fantasma real, palpable, aún recorre a Cuba: el debate. En cifras que parecen por ahora imprecisables, los cubanos discuten el futuro inmediato de Cuba. Y en una como especie de ágora cerrada,  se juntan  el anónimo comentario de las calles, las propuestas en centros laborales, las charlas de oficina, conclusiones de estudios económicos y sociológicos, y artículos teóricos, críticos y a veces irreverentes difundidos por la Internet o la Intranet, pero con profesión de fe socialista.

A veces audible en los medios, mediante cartas de lectores y todavía escasos comentarios periodísticos, ese hervidero tiene una principal virtud: no los financia ni estimula ningún dólar extraído de los 20 millones que Washington ha aprobado hace poco para la subversión en la satanizada patria de Fidel Castro. En sentido contrario, el ruido de los mal llamados disidentes atruena la atmósfera mediática del exterior generando un mínimo de acción que facilite un máximo de difusión. Mal llamados disidentes son, porque esos grupos minoritarios, censados, controlados y retribuidos por la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, no “disienten” de algún aspecto de una fe compartida, sino se oponen a las ideas predominantes en la sociedad cubana. Y proponen como solución de la crisis lo que muchos ciudadanos influyentes tratan de evitar: la vuelta al capitalismo dependiente. Es decir, el régimen que devolvería la tranquilidad hemisférica a cualquier administración de la Casa Blanca, incluida la actual. Esa opción parece haber nacido muerta, o por lo menos con trastornos congénitos, pues resulta antihistórica a juicio del pensamiento más preclaro que ha informado desde el siglo XIX la historia de Cuba, partiendo de Félix Varela y José Martí: todo fuera de la égida castradora de los Estados Unidos.

Lo percibo claramente: si en Cuba se debaten los problemas internos en los diversos conglomerados ciudadanos  es de por sí señal, si no de salud, de lucha por mejorarla. Y un observador atento podría incluso creer que el Gobierno revolucionario –bien calificado así  por la tarea renovadora que ha de afrontar- está sometido a una intensa presión desde sus bases de apoyo. Este comentarista opina que, en efecto, se nota la presión, la exigencia de una apertura que atienda básicamente a la economía. Lo que se dirime en Cuba no es, en esencia, un problema o asunto político. Más bien se refiere a los acuerdos que permitan desamarrar las fuerzas productivas ya hoy inmovilizadas en parte por la herencia del “socialismo real”.

Ahora bien, en qué medida el Gobierno cubano responde a las demandas surgidas del debate, podría ser la pregunta inicial de este análisis. Es evidente que en  esferas gubernamentales y partidistas existe la percepción de que el modelo de socialismo hasta ahora aplicado en Cuba, urge de readecuaciones de conceptos y estructuras, necesidad reconocidas en 2007 por el presidente Raúl Castro. Pero en Cuba, a diferencia de cuanto la propaganda antirrevolucionaria echa a volar habitualmente entre distorsiones, la visión del liderato puede carecer de consenso o de votación unánime. Y por ello también se percibe una puja, que no sé si pudiéramos insertar en el debate general, acerca de qué cambiar y cuánto cambiar, sin arriesgar demasiado el poder conquistado por  la revolución,  y a veces, desafortunadamente, el poder burocrático de ciertos estamentos empresariales. Ello, unido a cautelas razonables inspiradas en el principio de Ignacio de Loyola de no “hacer mudanzas” en tiempos de crisis, puede estar deteniendo hoy como ayer  el cronómetro de las urgencias. Porque, como sabemos, el tiempo de la revolución ha estado habitualmente envuelto en circunstancias tan adversas y críticas como un permanente estado de sitio.

Aunque algunos en Cuba no quieran aceptarlo, destrabar las fuerzas productivas, o una porción de estas, equivale a conceder más espacio a los individuos y, como mínimo, promover el trabajo privado, aunque no egoísta, que en la agricultura el decreto ley 259 potenció desde 2008 y que todavía no ha sido cabalmente aplicado. Aún casi el 50 por ciento de las tierras enmarañadas en la manigua de la improductiva subsiste acusando la decadencia. El control -un control que no promete intervenir para potenciar, sino para frenar- es palabra amenazante, según la terminología burocrática vigente junto con su correlato de autoritarismo.

En el mismo sector agropecuario se acaba de adoptar una decisión que puede ser asumida en términos negativos por la población. Al cancelar cien empresas ineficientes y por consiguiente reubicar en otras labores a 40 mil trabajadores no vinculados directamente a la tierra, incluye la presumible inconformidad de los afectados. Lo cual indica que, a mi criterio, las fuerzas reordenadoras de la economía cubana se debaten, a su vez, entre los extremos de la racionalidad y la demagogia. O cumples lo que la gente pide desde la óptica de sus necesidades y aspiraciones y posiblemente todo se desplace hacia lo peor, u oyes, evalúas y decides lo que según un parecer político, técnico,  maduro y hondo, de largo alcance, implicaría soluciones que tendrán que afrontar la incomprensión de grupos sociales acostumbrados a recibir del Estado el regalo paternalista. Por ejemplo, ¿a quién no le agradaría que le dijeran: No te inquietes, si hemos de cerrar tu trabajo, te pagaremos por estudiar?  Esa decisión componía antes una fórmula poco efectiva, aunque generosa desde una política social desmesurada. Ahora supondría una especie de dar vueltas en círculos concéntricos.

Pero la pregunta merecería hacerse de distinta manera. No creo que haya solo que preguntarse dónde poner a trabajar a tantos desplazados; el fondo radica en el destino que seguirán las tierras de las empresas extintas. ¿Serán asignadas a otras entidades con la ya tradicional estructura estatal de propiedad o pasarán a integrar cooperativas de productores?  ¿Qué le convendría más a la agricultura: la persistencia de una organización que la práctica ya demostrado inoperante o aceptar el desafío de nociones que, aunque conocidas, no han sido concretadas con el rigor de la autonomía?

Visto el panorama en trazos generales, tal vez  apreciáramos el escueto campo con que cuenta la actualización de la economía cubana. Demasiado que arriesgar y demasiadas rendijas que resanar. El país se halla entre la crisis financiera mundial con sus resonancias depresoras  en importaciones e exportaciones, y la hostilidad económica y mediática de los Estados Unidos que, si concede algún “gesto caritativo”, vinculado con los viajes  o el acceso a Internet, sigue prohibiendo los préstamos de los organismos crediticios a Cuba, veto del cual ni El Nuevo Herald, la CNN o El País informan alguna vez.

Sin embargo, el Gobierno cubano se mueve tratando de responder a las urgencias y necesidades. Según informaciones públicas, las propuestas se conservan en listas y resúmenes que los políticos y ministros meditan. Y es de suponer que varias de las últimas medidas han respondido a los deseos populares, como el pago por rendimiento, el pluriempleo, la liberación de licencias para el transporte particular, además de la distribución de tierras a productores individuales. Otras, que de acuerdo con datos espigados en diversas fuentes no oficiales incluyen formas de comercialización, de cooperativización, de autonomía empresarial y municipal, continúan en un proceso de reflexión que a muchos parece lento y que podría resultar ineficaz por tardío.

Por supuesto, el Gobierno tiende a mantener su conocida línea de principios que proteja, sobre todo, la independencia y la soberanía de la república, además de la justicia social, excluyendo el igualitarismo y el paternalismo. En consonancia con su ideología decidirá, pues, lo más conveniente a la voluntad aún mayoritaria de ciudadanos afiliados, aunque el escepticismo  los tiente,  a un socialismo adecuado a la vida de este mundo y a las condiciones de Cuba, lo cual obliga  a no poner, según la frase criolla,  “la carreta delante de los bueyes”, que significa no supeditar la realidad a los deseos, origen de varios males de la estructura social y económica del país.

Aunque no se conozcan al detalle las propuestas de los trabajadores –entre los cuales cerca de un millón poseen un título universitario-, su existencia afirma, en primer lugar, un deseo casi unánime de modificar lo que ya no propicia avanzar desde adentro. Cierto, hay opiniones que, para justificar su negativa a condenar lo caduco, alegan que el socialismo no posee un mapa conocido. Hay que andar a oscuras, aprendiéndolo en la práctica, dicen. Y casi es verdad. Los paradigmas se devaluaron en los Noventa. En cambio, sí es conocida la inoperancia de  los viejos esquemas. Y por tanto resulta previsible que cambiar exija afrontar riesgos  provenientes del extranjero y las dudas que surjan en lo interior. Lo contrario, quizás, podría significar perder lo que poseemos, sin habernos calzado  las botas. (Tomado de Progreso Semanal)

 

 

 

 

 

LADRAN, SANCHO, SEÑAL ES DE QUE ANDAMOS

LADRAN, SANCHO, SEÑAL ES DE QUE ANDAMOS

Por Luis Sexto

 

El dogma, que su primitiva raíz griega remite a "camino correcto", ha venido a significar modernamente, en el lenguaje  político, todo lo contrario: el no camino; el por aquí no se pasa. Sus efectos son conocidos: intransigencia irracional, anquilosamiento, recurrencia del círculo vicioso. Y por ello parece que una de las alusiones más relevantes del discurso de Raúl Castro en el congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, el pasado 4 de abril, es la referente a la necesidad de "romper dogmas".

No ha sido común admitir oficialmente la supervivencia de una mentalidad dogmática en Cuba. Y quizás podríamos reconocer algo más en el texto que leyó el presidente cubano: estimable parte de su contenido tiende a atacar el dogmatismo. ¿O qué, si no, significa recomendar que los nuevos dirigentes de la UJC -y por extensión los del país- sean capaces de sostener diálogos con mente abierta, y rechacen la repetición de consignas y escuchen y argumenten racionalmente ante las discrepancias no antagónicas, que no han de ser asumidas como fuentes de problemas sino de soluciones?

Quien no quiera ver, tal vez siga siendo un ciego culposo, o un dogmático.  Pero, según un criterio recto, el primer paso para resolver un problema es admitirlo;  luego, expresar la voluntad de intentar solucionarlo. Y ambos requisitos, a mi modo de ver,  los cumplió Raúl Castro en su reciente discurso. Pero esa profesión de fe antidogmática no opera necesariamente como un conjuro, una fórmula mágica que haga abrir puertas, demoler paredes y muros; o lavar oídos. Incluso, la misma cautela que volvió a definir como una norma táctica en la "actualización del modelo económico cubano", está directamente  relacionada con esa mentalidad rígida, asentada sobre verdades preestablecidas, tras las cuales muchos en Cuba, ciudadanos o dirigentes,  se abroquelan.

La palpable resistencia burocrática a la renovación se entronca, en efecto, con el dogma, con el culto supersticioso a ciertas "verdades" intocables. Apartemos, por hoy, la madeja de intereses orgánicos que puedan ligar a un individuo o conjunto de individuos a persistir en un camino sin salida reputado de "correcto". Y reparemos en que la tozudez de ciertas tendencias a retrancar, retrasar -a veces inconscientemente-  una política de reforma, incluso de rectificación en lo económico, se junta con un enfoque doctrinario que convierte ideas y principios en una especie de código, manual tan  irrevocable como la postura de un ídolo.

Ese tipo de fundamentalismo de izquierda se aprecia hasta en algunas de las cartas a  Granma. El periódico suele mezclar las opiniones que publica en su ya popular sección de correspondencia de los viernes: no se inclina a ningún extremo; más bien establece un balance entre las opiniones, algunas de ellas opuestas entre sí. Las más ortodoxas azuzan el peligro del capitalismo como un lobo disfrazado de abuelita, y en la práctica sus prevenciones confunden en un mismo paquete la propiedad privada de los medios fundamentales de producción y la propiedad cooperativa o la pequeña propiedad privada artesanal o en los servicios más domésticos. Con lo cual uno se percata de que el exceso de celo más que definir una actitud de apego a la letra, encubre también el desconocimiento, en parte, de la teoría socialista y del pensamiento de los clásicos marxistas y leninistas.

Otras cartas, las más equilibradas, también defienden la pervivencia del socialismo y de la independencia política frente a los Estados Unidos. Pero no pecan de extremistas. Sugieren abrir, afrontar riesgos, porque prefieren el riesgo de andar, al de perecer dentro de un esquema socioeconómico que ya ha perdido vigencia por su inoperancia ante una circunstancia cualitativamente distinta a la que lo vio surgir.

En esa dicotomía, en ese querer lo mismo apelando a caminos  no correctos para el dogma, hierve hoy la discusión en Cuba. Y dentro de esa contradicción, claramente no antagónica, se mueve la actualización, la renovación del socialismo cubano, que supone un reajuste distanciado de la herencia del llamado socialismo real. ¿Cuánta duda o inconformidad podría provocar la eliminación de los subsidios estatales,  la readecuación del Estado que hasta ahora ha sido previsor y provisor único? Estas ineludibles medidas tienden a atizar suspicacias en  el dogma que asignó al Estado socialista la misión de complacer, dar, premiar sin exigir correspondencia.

Desde hace varios meses, este comentarista viene confirmando su parecer sobre la realidad cubana. Me ha inquietado, como a otros compatriotas, lo que uno ha tildado de demora, de peligro de llegar tarde, que peca también de impolítico, tanto como llegar temprano.  Pero he admitido, en cambio, los escollos endógenos que van más allá de una oposición interna virtual, cuya fuerza artificiosa no degrada la paz interior del país. Escollos que suponen los enfoques de cambiar empleando las viejas e ineficaces fórmulas frente a las urgencias de actualizarse buscando un camino un tanto heterodoxo hacia el socialismo,  hoy  básicamente solo una aspiración de vivir en bienestar, igualdad y libertad, además de en independencia. Una aspiración no acabada del socialismo, porque  aún le falta concreción creadora en estructura y en conceptos renovados sobre la eficiencia, la eficacia y la efectividad, a pesar de todo lo enriquecedor que le ha aportado a la nación cubana.

Fijémonos, siendo honrados, que como escollo pretende ganar beligerancia, influencia en el interior de Cuba,  el otro dogma, el que dicta hoy la encarnizada oposición que desde el extranjero echa sobre la acción de los cubanos de dentro  el veneno cocido en laboratorios de servicios secretos. Somos el patito feo del planeta, según el lenguaje de la Internacional de la calumnia.  Un día tras otro revisando periódicos, televisoras, declaraciones de políticos y gobernantes mediáticamente serios,  nos van dejando, entre muchos trabajos, algunas verdades. Y me parece que una de las más recientes consiste  en que cuantos se dedican a denigrar al gobierno cubano y con él a los principios de la revolución del 59, ofrecen un punto vulnerable: suelen recibir la flecha allí en el talón donde se les esfuma la credibilidad. Porque no parece atinado creer a quienes niegan toda virtud en el que atacan con tanta aplicación. ¿Lo que poco vale, merece tanto aire, tanta atención?

Esgrimen, desde luego, los artilugios de la geopolítica., devenida programación cibernética de una mentalidad general que pretenden globalizada. ¿No es acaso verdad que tanta furia enlatada recuerda una frase de Don Quijote? Rememoremos, o imaginemos, aquel episodio cuando el Caballero y su ayudante andaban por caminos fuera de toda aparente cordura, trazados por la voluntad cuerda de quien tachaban de loco, y al salir los perros al camino con su dogmático gruñir de por aquí no se pasa, Don Quijote dijo: Ladran, Sancho, señal es de que andamos. Y por lo visto y oído, los perros no quieren que Cuba ande. (Tomado de Progreso Semanal)

 

 

 

 

 

 

ENTREVISTA CON LA BLOGUERA YOANI SÁNCHEZ

ENTREVISTA CON LA BLOGUERA YOANI SÁNCHEZ

Salim Lamrani*

Rebelión

Primera parte

 Yoani Sánchez es la nueva figura de la oposición cubana. Desde la creación de su blog «Generación Y» en 2007, ha obtenido innumerables premios internacionales: El premio de Periodismo Ortega y Gasset (2008), el premio Bitacoras.com (2008), el premio The Bob’s (2008), el premio Maria Moors Cabot (2008) de la prestigiosa universidad estadounidense de Columbia. Del mismo modo, la bloguera fue seleccionada entre las 100 personalidades más influyentes del mundo por la revista Time (2008), en compañía de George W. Bush, Hu Jintao y el Dalai Lama. Su blog fue incluido en la lista de los 25 mejores blogs del mundo del canal CNN y la revista Time (2008). El 30 de noviembre de 2008 el diario español El País la incluyó en la lista de las 100 personalidades hispanoamericanas más influyentes del año (lista en la cual no aparecían ni Fidel Castro ni Raúl Castro). La revista Foreign Policy por su parte la incluyó entre los 10 intelectuales más importantes del año y la revista mexicana Gato Pardo hizo lo mismo para el año 2008.

Esta impresionante avalancha de distinciones así como su carácter simultáneo han suscitado numerosas interrogantes, tanto más cuanto que Yoani Sánchez, según sus propias confesiones, es una total desconocida en su propio país. ¿Cómo una persona desconocida por sus vecinos –según la propia bloguera– puede formar parte de la lista de las 100 personalidades más influyentes del año?

Un diplomático occidental, cercano a esta atípica opositora al gobierno de La Habana , había leído una serie de artículos que escribí sobre Yoani Sánchez y que eran relativamente críticos. Se los enseñó a la bloguera cubana y ésta quiso reunirse conmigo para esclarecer algunos puntos que había abordado.

El encuentro con la joven disidente de fama controvertida no tuvo lugar en algún oscuro apartamento con ventanas cerradas o en un lugar aislado y recluso para escapar a los oídos indiscretos de la «policía política». Al contrario, se desarrolló en el vestíbulo del Hotel Plaza, en el centro de la Habana Vieja , en una tarde inundada de sol. El lugar estaba muy concurrido, con numerosos turistas extranjeros que deambulaban por el inmenso salón del majestuoso edificio que abrió sus puertas a principios del siglo XX.

Yoani Sánchez está cercana a las embajadas occidentales. En efecto, una simple llamada de mi contacto al mediodía permitió fijar la cita para tres horas después. A las 15 horas, la bloguera apareció sonriente, vestida con una falda larga y una camiseta azul. Llevaba también una chaqueta deportiva para hacer frente a la relativa frescura del invierno habanero.

La conversación duró cerca de dos horas alrededor de una mesa del bar del hotel con la presencia de su marido, Reinaldo Escobar, quien la acompaño durante unos veinte minutos antes de abandonar el lugar para acudir a otra cita. Yoani Sánchez se mostró sumamente cordial y afable y dio prueba de una gran tranquilidad. El tono de voz era seguro y en ningún momento se mostró incómoda. Acostumbrada a los medios occidentales, domina relativamente bien el arte de la comunicación.

Esta bloguera, personaje de apariencia frágil, inteligente y sagaz, es consciente de que, aunque le cueste reconocerlo, su mediatización en Occidente no es una casualidad, sino que se debe al hecho de que preconiza la instauración de un «capitalismo sui generis» en Cuba.

El incidente del 6 de noviembre de 2009

Salim Lamrani: Empecemos por el incidente que ocurrió el 6 de noviembre de 2009 en La Habana. En su blog, usted explicó que fue arrestada con tres de sus amigos por «tres fornidos desconocidos» durante una «tarde cargada de golpes, gritos e insultos». Usted denunció las violencias que las fuerzas del orden cubanas cometieron contra usted. ¿Confirma su versión de los hechos?

Yoani Sánchez: Efectivamente, confirmo que sufrí violencia. Me secuestraron 25 minutos. Recibí golpes. Logré quitarle un papel que uno de ellos tenía en el bolsillo y lo puse en mi boca. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto.

SL: El relato, en su blog, es verdaderamente terrorífico. Cito textualmente: usted habló de «golpes y empujones», de « golpes en los nudillos», de «andanada de golpes», de la «rodilla sobre [su] pecho», de los golpes en «los riñones y […] la cabeza», «el cabello halado», de su «rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido», de «los golpes [que] seguían cayendo» y «todos estos morados». Sin embargo, cuando recibió la prensa internacional el 9 de noviembre todas las marcas habían desaparecido. ¿Cómo explica eso?

YS: Son profesionales de la golpiza.

SL: De acuerdo, pero ¿por qué no sacó fotos de las marcas?

YS: Tengo las fotos. Tengo pruebas fotográficas

SL: ¿Tiene pruebas fotográficas?

YS: Tengo las pruebas fotográficas.

SL: Pero, ¿por qué no las ha publicado para desmentir todos los rumores según los cuales usted habría inventado una agresión para que la prensa hablara de su caso?

YS: Prefiero guardarlas por el momento y no publicarlas. Quiero presentarlas ante un tribunal un día para que esos tres hombres sean juzgados. Me acuerdo perfectamente de sus rostros y tengo fotos de dos de ellos por lo menos. En cuanto al tercero, queda por identificar pero dado que se trataba del jefe, será fácil de ubicar. Tengo también el papel que le quité a uno de ellos y que tiene mi saliva pues lo puse en mi boca. En ese papal estaba escrito el nombre de una mujer.

SL: De acuerdo. Usted publica muchas fotos en su blog. Nos resulta difícil entender por qué prefiere no mostrar las marcas esta vez.

YS: Como ya le dije, prefiero reservarlas a la justicia.

SL: Usted entiende que con esta actitud está dando crédito a los que piensan que inventó esa agresión.

YS: Es mi elección.

SL: Sin embargo, incluso los medios occidentales que le son más bien favorables tomaron precauciones oratorias poco habituales para contar su relato. El corresponsal de la BBC en La Habana Fernando Ravsberg escribe, por ejemplo, que usted «no tiene hematomas, marcas o cicatrices». La agencia France Presse relata la historia clarificando con mucho cuidado que se trata de su versión con el título «Cuba: la bloguera Yoani Sánchez dice haber sido golpeada y detenida brevemente». El periodista afirma por otra parte que usted «no resultó herida».

YS: Yo no quisiera evaluar el trabajo de ellos. No soy quien debe juzgarlo. Son profesionales que pasan por situaciones muy complicadas que no puedo evaluar. Lo cierto es que la existencia o no de marcas físicas no es la evidencia del hecho.

SL: Pero la presencia de macas demostraría que se ejercieron violencias. De ahí la importancia de publicar las fotos.

YS: Usted debe entender que son profesionales de la intimidación. El hecho de que tres desconocidos me condujeran a un auto sin presentarme ningún documento me da el derecho de quejarme como si me hubieran fracturado todos los huesos del cuerpo. Las fotos no son importantes porque la ilegalidad está cometida. La precisión de «si me dolió aquí o si me dolió allá» es mi dolor interior.

*Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne -Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.