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PATRIA Y HUMANIDAD

LA EDAD DE LA ROBÓTICA

LA EDAD DE LA ROBÓTICA

Por Luis Sexto

La humildad  merece el signo de la señal de tránsito que advierte: por aquí no se pasa. Tanto se le teme que muy pocos hoy aceptan  asumir el crédito bochornoso de ser humildes, salvo en las autobiografías que nos exigen para aspirar a un carné en ciertos partidos u organizaciones de izquierda, o para optar por un premio: “Nací en el seno de un hogar humilde”… Nos enaltece haber nacido humilde, en casa pobre y honrada, pero no ser humilde, porque entonces la relación es diversa, casi opuesta. El diccionario carga con un volumen de responsabilidad en esa fobia. Entre las tres o cuatro acepciones de humildad, la mayoría nos fijamos en la última: esa que nos remite a sumisión, rendimiento.  

Nadie, pues, opta por la sumisión, la servidumbre y, por tanto, la humildad viene siendo una virtud maldita, bíblica, propia de “cerebros religiosos”. Yo, como me es habitual, pienso en contra de todo aquello que no tenga en cuenta las insuficiencias y las tendencias naturales de los hombres. No creo en la superioridad innata del ser humano. Sí acepto su facultad de mejorar  partiendo “humildemente” de su falible condición. En este análisis la humildad se asienta como un trampolín: el de la admitir humildemente que humilde  proviene de humus, en latín, y que humus es tierra, barro por extensión. Es eso, pues: reconocer nuestra poquedad, como garantía para crecer y afianzarnos.  

En lo individual, de ¡cuántos disparates e injusticias nos preserva la humildad! A la inversa, no ser humilde puede implicar la altanería, la soberbia, que no significan rebeldía. Preguntémosle a la vida del Che Guevara, y nos dirá que él, hombre de combate, acostumbrado a las balas, en la guerra, según confesó en una entrevista,  “tuvo miedo, mucho miedo”. Y ahí está de cuerpo entero un rebelde paradigmático atrincherado en la conciencia de su debilidad humana, para ser fuerte y, siéndolo, comprender y respetar a las personas. Y ese, pues, es el mérito. Nacer valiente no exige nada extraordinario, solo seguir el llamado de la sangre.  

He querido dejar esas ideas claras. Teorías revolucionarias aparte, sociología aparte, estoy entre los que estiman que el planeta se disuelve en el caos por falta de humildad, de claridad acerca de los valores y desvalores ingénitos de nuestra especie. Todo lo que tiene fin es breve, ha dicho un poeta. Y me parece también razonable que, además de breve, sea imperfecto. Nuestra especie carece de humildad. Nos hemos creído la historia del rey de la creación, el animal superior. Y las evidencias atestiguan que creerla resultad válido: ¿Quién como nosotros? Pero esa disposición natural tiene que afincarse en  la convicción de que es una superioridad latente, parcial, signada por la muerte –supremo símbolo de la fragilidad- de los individuos y, quizás, algún día, por efecto de la misma soberbia a la que el Hombre apuesta sus ilusiones, estará marcada por la probable desaparición de la especie. Admito el papel de los intereses, la función de la lucha de clases, la influencia de la cultura en la sociedad humana. Pero ya he aclarado que hablo desde la ética. Y si cultura y ética no se benefician mutuamente, una y otra se desacreditan. Lo dijo Maurice Blondel (1861-1949): “No tratemos al embrión que somos como si fuese un ser acabado”. Ahí están la ética y la cultura estableciendo el punto de partida del desarrollo humano.

Quizás solo estoy enumerando equívocos, aunque la subjetividad posee sus derechos. Bajemos, pues,  al polvo. Desde hace más de un siglo –el último y cuanto va del actual-, la Tierra vive una posguerra permanente. Porque la Historia ha decursado en guerras y entre guerras. De muchas de ellas, los Estados Unidos de Norteamérica son culpables por acción u omisión. ¿Hace falta nombrarlas? La hispano-cubana-americana, la primera guerra neocolonial, imperialista.  Y siguen, entre otras: Corea, Viet Nam, Irak, Irak otra vez, Afganistán… Guerras y posguerras,  espacios iguales porque cuando una termina empiezan a gestar la otra. ¿No pasa ahora con Irán? ¿Cuando Irak dejará de ser la “guerra” para convertirse en la “posguerra” de la de Irán? Irak, en su turno,  ha modificado parte de la teoría de la guerra y ha confirmado un principio estratégico recordado hace unos años por Fidel Castro: Se puede ocupar un país, pero es casi imposible gobernarlo ocupado.  Y por parte del agresor, ya se observa nítidamente que una guerra puede ser la posguerra de la que la antecedió. Ese es un aporte imperial. 

Los Estados Unidos defienden sus intereses hegemónicos: el petróleo aquí, su presencia allá, el control acullá. Pero éticamente hablando,  los Estados Unidos pecan de soberbia. La humildad se les ha escurrido entre la casaca de la arrogancia. ¿Quién como nosotros?, pregonan alzando la espada de fuego del Ángel soberbio. Y donde los demás no pueden, porque ellos lo prescriben, los Estados Unidos sí pueden. Y si con ellos hay que ir a la mesa redonda de la discusión, el mueble no será un círculo sino un rectángulo, y habrá que discutir lo que ellos quieran. Y si te rebelas, te clavan en la cruz roja de los proscritos. Pregúntenle a Cuba. 

Por ello, los Estados Unidos necesitan del miedo para mantener su coherencia interna. Su pueblo, que el monje y escritor norteamericano Thomas Merton tachó de inmaduro, se mueve por el miedo. De qué otro recurso se ha servido la administración de W. Bush para ganar tanto espacio represor de las libertades clásicas en los Estados Unidos. El “Acta patriótica” ha sido posible gracias al miedo. Y el miedo tiene una de sus raíces en la prepotencia. Tenemos miedo –dicta la psicología social más común en Norteamérica, condicionada por los medios- porque somos los más poderosos, los líderes del mundo: los pueblos inferiores nos envidian y por tanto todo misil que pulverice una casa o una fábrica, todo tanque que aplasté la cabeza de un niño, en el Tercer Mundo, será siempre un acto de defensa. Un remedio contra nuestro miedo. Esa es, como mínimo, la forma con que se enmascaran los intereses imperiales de hegemonismo. Subjetividad, ética, cultura y economía se interconectan y se influyen. 

Tal vez,  si ese pueblo adquiriera la clarividencia de una madurez humilde, llegaría a sostener lo que recientemente suscribió, en una carta al presidente Bush, el obispo Robert Bowan, ex combatiente de Viet Nam con 101 misiones de bombardeo:  

“Como Teniente coronel retirado y frecuente conferencista en asuntos de seguridad nacional, siempre cito el salmo 33: ‘Un rey no está a salvo por su poderoso ejército, así como un guerrero no está a salvo por su enorme fuerza’. La reacción obvia es: ¿Entonces, qué podemos hacer? ¿No existe nada que podamos hacer para garantir la seguridad de nuestro pueblo? Existe. Pero para entender eso, precisamos saber la verdad sobre la amenaza. 

“Sr. Presidente, Ud. no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos Afganistán y Sudán. ¡Ud. dijo que somos blanco del terrorismo porque defendemos la democracia!, la libertad y los derechos humanos del mundo. ¡Qué absurdo, Sr. Presidente! Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo, nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana”. 

En el siglo XIX, un norteamericano llegó a las profundidades de la filosofía meditando sobre la naturaleza. Uno de sus primeros poemas publicados se titulaba “Simpatía”, y su doctrina política principal se llamó “resistencia pasiva”, la acción desde la humildad. Henry David Thoreau fue el precursor de Gandhi. Y cuánto de Thoreau necesita Norteamérica, sobre todo los que  la gobiernan.  

Posiblemente muchos sostengan la tesis de que lo subjetivo empieza y termina en el individuo. Y, por tanto, sepa, señor periodista ingenuo, que la sociedad, las masas, las clases, la especie son categorías objetivas a salvo de análisis idealistas.  

No me extrañaría, así, que sigamos tratando como un ser definitivamente completo a “el embrión que somos”. Y que pronto la robótica, esa ciencia de la superioridad, comience a auscultarnos para ver si alguno de nuestros “chips” se quemó o si necesitamos un nuevo software… 

EL MANIFIESTO DE MONTECRISTI

EL MANIFIESTO DE MONTECRISTI

Por Félix Jacinto Bretón 

Montecristi. Con un variado programa de actividades, que incluirá un desfile y presentaciones artísticas entre otras, se recordará aquí el 112 aniversario de la firma del histórico Manifiesto de Montecristi, considerado como el acontecimiento de mayor trascendencia que vincula a República Dominicana y Cuba. 

La jornada, que se iniciara a partir de las 9:00 de la mañana del sábado 24 y que culminará en horas de la tarde del domingo 25, estará dedicada por completo a los Cinco cubanos antiterroristas presos en cárceles norteamericanas: René González, Antonio Guerrero, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Fernando González. 

El sábado, en horas de la mañana, arranca el programa con un taller sobre los conceptos filosóficos e ideológicos del Manifiesto, con entrega de certificados a los participantes, en la Casa Museo. A las cinco de la tarde se dará el recibimiento oficial al nuevo embajador cubano en República Dominicana, licenciado Juan Astiasarán, en los salones de la Gobernación Provincial, y en la noche habrá presentaciones artísticas diversas.

En los mismos salones, el grupo de Teatro Makey, de esta ciudad del Morro, presentará la obra “Firma del Manifiesto de Montecristi”, lo que ocurrió el 25 de marzo de 1895 justamente 112 años atrás en este legendario pueblo “noroestano”. 

EL DOMINGO 

Un desfile desde el liceo secundario Jose Martí hasta la Casa Museo Máximo Gómez, precederá las actividades de este día. Será encabezado por estudiantes de este  plantel educativo, las delegaciones presentes y personalidades diversas, informó el Comité Organizador. En la Casa Máximo Gómez se desarrollará un acto donde se rememorarán  los episodios que marcaron la firma del famoso Manifiesto y las visitas que, repetidamente, hizo el apóstol Jose Martí a estas tierras en procura de conquistar al Napoleón de las Guerrillas para que se integrara a la lucha emancipadora de Cuba, sin más que ofrecerle que “el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”. 

La velada preparada incluye la presentación de dos obras teatrales: Duarte, prócer de la República Dominicana y Francisco Alberto Caamaño y la Revolución del abril del 1965, las que estarán a cargo de los grupos de teatro Justicia Global y Anacaona, de Santo Domingo. El escenario será el Club del Comercio, Incorporado. Los actos son organizados por el Comité Montecristeño de Amistad y Solidaridad con Cuba de esta localidad que dirigen el doctor Bolivar Ureña y el ingeniero Arismendy Rivas, con el apoyo Coordinadora de Amigos de Cuba, encabezada por Claudio Távarez Belliard. 

 Numerosas delegaciones del país han confirmado su participación en estos actos, siendo la principal la de la Embajada de Cuba que estará encabezada por su principal representante, el honorable señor embajador Juan Astiasarán. También han confirmado su presencia, la Campaña de Solidaridad con Cuba en el país, una nutrida delegación de Bani, cuna del Generalísimo, de médicos haitianos graduados en Cuba, del Comité de Solidaridad de Santiago de los Caballeros y de otros pueblos de la región.   

EL AMOR NO ESTÁ PRESO

EL AMOR NO ESTÁ PRESO

 Por Liset García

Entrevista desde una cárcel de alta seguridad (fragmentos) 

El destino de cinco hombres está envuelto en un cruel absurdo, en la venganza y la impotencia de quienes no soportan a Cuba firme. Ocho años de cárcel en Estados Unidos no han podido contra la razón. Con la alambrada de por medio surgió este diálogo que ahora nos acerca a uno de esos héroes de la resistencia. Aquí está Ramón Labañino, de cuerpo entero, a vuelta de correo. Auténtico y con seis pies, más de 200 libras y toda la fuerza de la verdad. 

En el mínimo espacio de una celda no cabe un hombre como Ramón Labañino Salazar o cualquiera de sus cuatro hermanos. El espíritu, las ideas, su historia individual abarcan una dimensión imposible de aprehender, y sobre todo de encarcelar. Lo peor para quienes decidieron confinar a estos héroes el 12 de septiembre de 1998, es que tampoco han conseguido arrestar la verdad. Aquel día, Ramón Labañino Salazar tenía cumplidos una parte de sus sueños y los primeros 35 años de su existencia. Luego de casi una década de castigo y avatares legales, este hombre conserva intactos los deseos de vivir y seguir luchando. A ese convencimiento se llega luego de leer estas líneas enviadas a BOHEMIA, repasar su correspondencia, conversar con su esposa Elizabeth Palmeiro Casado, conocer a sus hijas e indagar cómo es ese joven que culminó estudios de Economía en la Universidad de La Habana con Diploma de Oro y ha ejecutado diversas misiones a partir de entonces.  Las respuestas recibidas demuestran que cualquier espacio suele resultar ideal para una entrevista. Es preciso solo que entrevistado y periodista estén de acuerdo en contar lo que debe ser contado. Por eso, la única condición que puso Ramón cuando accedió a dialogar con los lectores de esta revista fue dejar aplazada una segunda parte para cuando esté entre nosotros. "Será en Cuba y pronto", escribió. Y así se hará. 

-Las informaciones hablan de que el régimen carcelario de la prisión donde te encuentras es especialmente riguroso. ¿Cómo es la vida de Ramón tras esas alambradas? 

-U. S. P Beaumont es una cárcel de máxima seguridad y como todas las de su tipo en Estados Unidos alberga a los más violentos, peligrosos y agresivos prisioneros, por lo que el sistema carcelario es estrictamente severo, restrictivo e intimidante incluso. "Las celdas miden siete por cinco pies aproximadamente, un espacio bastante reducido, donde nos encierran desde las diez de la noche hasta las cinco y 45 de la mañana. Los fines de semana y días feriados son hasta las seis y 45. Cada unidad está formada por dos pisos de 32 celdas cada uno, o sea, 64 en total, para un máximo de 128 ‘inquilinos’ por unidad. 

"En cada piso hay una puerta de acero que solo el guardia puede abrir con llaves. Detrás de esa puerta hay un detector de metales, después otra puerta que se abre por control remoto central desde una de las cinco torres exteriores. Solo entonces sales al campo central formado por dos pequeños terrenos de juegos de pelota, donde está todo cuadriculado por altas celdas cerradas por gigantescas alambradas de púas, cuchillas super afiladas parecidas a las que se han visto en la cárcel de Guantánamo. 

"Para acceder a cada área: el comedor, la iglesia, la comisaría y otras, hay que pasar a través de otras puertas con llaves, detectores de metales y un sinnúmero de guardias que te chequean a cada segundo. Todo eso unido a un ejército enorme de cámaras de video ubicadas en cada rincón inimaginable que registra cada actividad, cada pelea, cada mirada. "Otra medida de seguridad son los infames shakedowns, (registro) que consisten en chequear la celda y botar lo que se les antoje. Además cada cierto tiempo hacen pruebas de orina y de aliento para detectar drogas y alcohol."Como es conocido, en esta cárcel hay presos muy peligrosos. La vida aquí está rodeada de la zozobra que provocan los hechos de violencia que ocurren a diario. Por eso son muy frecuentes los encierros en las celdas, por 24 horas o por períodos largos de tiempo, en los que no se permite ni bañarnos, ni hacer llamadas telefónicas, ni recibir visitas familiares, legales, ni consulares. Gran parte del pasado año estuvimos en régimen de lock down, como se le llama aquí a esos encierros. 

"Además estoy sometido a un programa de chequeo cada dos horas. O sea, entre las ocho de la mañana y las ocho de la noche debo dejar lo que esté haciendo y presentarme ante el guardia más cercano. En medio de todo esto trato siempre de rodearme de actividades sanas, pacíficas, educativas y evito conflictos. Para mí, es simplemente Beaumont, donde he aprendido a vivir, a probarme, incluso a crecer, igual que hacen mis cuatro hermanos donde están. 

"Nuestra lucha por la paz, por un mundo mejor no es solo una filosofía de vida sino la forma de vivirla. Quiero salir de aquí como un ser humano mejor y eso nadie podrá impedirlo. Es uno de los retos y compromisos de los Cinco." 

-¿Cómo encauzas tus energías de hombre de acción, amigo de practicar deportes y que eres además un inteligente profesional?  

-Mis días aquí se debaten en una pelea constante contra la monotonía, por lo que varío con frecuencia mis actividades y horarios. En la mañana, después del aseo personal, limpio, organizo mi celda y voy al laundry-room (cuarto de lavandería de mi unidad) para realizar mi trabajo de lunes a viernes, como orderly, que consiste en sacudir las máquinas de lavar y limpiar ese cuarto. El resto del tiempo lo ocupo haciendo algo que me haga olvidar la soledad y el aislamiento. 

"Hago ejercicios, corro y también practico (a solas en mi celda) algo de yoga, de fuerza, elasticidad, etcétera. Debo confesarte que para mí es imprescindible el ejercicio físico, sudar, relajarme, para liberar el estrés diario. Desde pequeño he practicado deportes fuertes; son una necesidad para mí. "También busco satisfacer mis inquietudes intelectuales. Gran parte del tiempo lo dedico a leer y responder cartas que con todo amor y cariño les envío a todos los hermanos del mundo que nos escriben, aunque nunca damos abasto para poder llegar a todos como quisiéramos. Aprovecho esta oportunidad para agradecer en nombre de los Cinco todas las misivas que recibimos. 

"Lo importante es tratar de mantener un balance entre la actividad física y la intelectual. Es que ambas son esenciales para nosotros y eso intentamos hacer."También juego ajedrez, otro deporte que me fascina y necesito jugar diariamente. A las ocho y 30 de la noche nos llaman a todos para dentro de las unidades hasta las diez, hora en que nos encierran en las celdas hasta el siguiente día. En ese horario leo la correspondencia recibida en el día, y luego oigo noticias hasta que consigo el sueño; me acuesto con Cuba y con ella me levanto siempre."  

-¿Cómo son las personas con quienes compartes espacio en la cárcel? ¿Qué has aprendido después de que estás preso?   

He aprendido que aquí uno se relaciona con el ser humano, no con el delito que cometió, aunque hay delitos que para mí son imperdonables, como las violaciones, los maltratos a menores, los asesinatos. Fuera de eso he conocido seres realmente sensibles, incluso honestos, con algunos de ellos he compartido y aprendido deportes, habilidades. Quiero subrayar que los reclusos y el personal de la cárcel me han tratado con respeto; saben que soy cubano." 

-¿Las autoridades del penal conocen las decisiones sobre el proceso? ¿Cómo reaccionan frente a eso?  

Creo que ellos saben de las decisiones que ha habido en nuestro caso, en especial la anulación del proceso realizada por los tres jueces de Atlanta. Entonces, me preguntaban cuándo me iría libre, y por qué estaba aún en la cárcel. Luego, cómo andaba el caso, por qué las demoras. Les cuento de las maniobras del Gobierno, las apelaciones… 

-En estos años de encierro has podido ver a tu esposa Elizabeth y a tus hijas Ailí, Laura y Lizbeth en unas pocas visitas a la cárcel. ¿Cómo transcurren las visitas? ¿Y la hora de despedirse, sabiendo que volver a verlas es una desconcertante incógnita por el régimen de la cárcel y las demoradas visas?

 -Las visitas de mi Eli y mis tres pequeñas son los momentos más felices que tengo en todo este tiempo de encierro. Cuando estoy con ellas nada existe, nada importa, solo el amor, la ternura, la felicidad de tenerlas. Me olvido del lugar donde estoy y es como si estuviera en casa o un parque con ellas, en Cuba. Me entrego con toda la pasión de esposo y padre. Por mi mente solo pasa extender cada segundo y conservarlo. Es un momento mágico; desnudo el alma de las cuatro y me meto en cada pedacito de sus vidas, de sus realizaciones, de sus sueños. Las aconsejo, las educo, las inspiro, las cuido, les enseño todo lo que se puede en ese espacio. Ellas hacen igual conmigo.  

"El dolor de no saber cuándo nos volveremos a ver se compensa con el convencimiento de que nuestro amor es invencible. Sueño todos los días con ese amor que nos une; eso me mantiene vivo y animado. Algún día recuperaremos la ternura y los afectos que hoy nos prohíben. El amor tiene muchas existencias. No solo se alimenta de la presencia física, del sexo; aunque ambas son muy importantes, no son imprescindibles. La existencia espiritual, íntima, dulcísima y profunda suele ser indestructible. La gran ventaja que tenemos Eli y yo es que hemos vivido y disfrutado intensamente como amantes, como fieles amigos, como eternos compañeros cada segundo que compartimos juntos. En las actuales circunstancias, utilizamos todos los recursos, desde las cartas, las llamadas y las visitas, hasta la poesía, la pintura y la comunicación de nuestros espíritus.  "Elizabeth es una mujer especial y un ser humano extraordinario. Ha superado todas las pruebas. Además de fiel y amorosa esposa, ha sido compañera de batalla en esta causa que defendemos. Su papel como padre y madre de nuestras hijas lo ha cumplido con virtud impecable. Siempre supe que sería difícil encontrar una pareja que soportara los avatares de mis misiones, de mi vida. Pero cuando conocí a Eli, salí de dudas y comprendí que ya había hallado a esa persona. Los hechos lo han demostrado. Tengo para ella solo amor, gratitud eterna y ternura infinita

-¿Qué virtud admiras más de cada uno de tus cuatro compañeros de lucha? ¿Cuáles son las claves en que ustedes cinco han depositado sus esperanzas para lograr el regreso

Muchas virtudes tienen mis hermanos, que admiro. En particular destaco en Gerardo su humor eterno; en Tony, su sensibilidad y nobleza; en René, su exquisita cultura, y en nuestro Fernando, su virilidad y determinación. Nosotros defendemos una causa totalmente justa y noble; solo hemos utilizado nuestra inteligencia. Nunca le hemos hecho daño a nadie ni a nada, al contrario, hemos intentado salvar la vida de seres humanos inocentes, luchando contra el terrorismo y evitando las guerras”. 

 -¿Qué piensas del pueblo de Estados Unidos? En especial, quisiera tu valoración de la labor que hacen las personas solidarias con el caso, con quienes mantienes vínculos epistolares desde la cárcel. 

-El pueblo de Estados Unidos es muy trabajador, cariñoso, amistoso y alegre. Guardo excelentes recuerdos de este pueblo, de su gente y su vida. El afecto que recibí de algunos de ellos los conservaré siempre. Muy especial es la solidaridad de todas las compañeras y compañeros que enfrentados a todas las adversidades de estos tiempos nos apoyan con valor, determinación, en la defensa de Cuba y de nuestra libertad. Ellos representan lo mejor, lo más puro del pueblo norteamericano”.  

-¿Qué opinión tienes de tu abogado, cómo han transcurrido las relaciones entre ustedes, pese a las violaciones que ha habido en ese particular? 

 -Cuando empezó el juicio la Fiscalía limitó los contactos entre mi abogado William Norris y yo, lo que hizo difícil el proceso. Ahora estamos muy distantes, él en Miami y yo en Texas; la comunicación se dificulta. Básicamente ha sido a través de cartas y documentos oficiales, por fin de año, etcétera. A pesar de los obstáculos, las relaciones entre nosotros son buenas, cordiales, de respeto, incluso de cariño. Hemos logrado que entienda bien la esencia del caso, y pudiera decirte que él me ve como un patriota que defiende su patria como él mismo lo haría."

-Si te permitieran montarte en una máquina del tiempo y volver tu vida hacia atrás, ¿qué cosas harías exactamente igual y qué diferente?

-Lo haría todo exactamente igual

21 de febrero de 2007)
 

UN CRONISTA LLAMADO FRANCISCO

UN CRONISTA LLAMADO FRANCISCO

Por Luis Sexto 

No escribiré un prólogo; más bien mis palabras delinearán un pórtico, de modo que haré de portero para advertir de dos o tres verdades a quien entre en este libro. Es decir, como cualquier portero no estaré dentro, sino fuera. Y elijo esa ubicación porque me falta el derecho de “cienfuegueridad”. Alguna vez he alegado que soy cienfueguero embrionario. Mis padres, procedentes de la norteña y recoleta Remedios, cursaron su luna de miel en la Perla del Sur, y yo nací exactamente nueve meses después. Una habitación en El Ciervo de Oro –según creo recordar que me dijo mamá- me sirvió de muelle para empezar a desembarcar  desde el bote de la casualidad en este mundo al que nadie me llamó. Pero no basta para adquirir derechos. Ni siquiera alguna rama cienfueguera de mi familia materna –los Sánchez Borroto- podrán abogar por mí: nunca me conocieron.

Y por qué habré de necesitar un derecho de ciudadanía para prologar o, lo que es igual, decir las primeras palabras –desde fuera- sobre este libro. La respuesta la da el propio tema: aquí toparemos con una visión, un acercamiento a las interioridades de esta recta, limpia y original ciudad. Salvo alguna salida fuera de los linderos citadinos, lo demás es de nombre adentro. De gente y lugares de la península de la Majagua, en los que no soy experto

Ahora bien, del autor de Gajos del oficio puedo decir algo con más propiedad, porque soy su amigo. Y no porque lo sea, aclaro a tiempo, me pondré  a la entrada a vocear todo cuanto enseguida he de decir. Es mi amigo, y por eso lo conozco. Pero no lo alabo en nombre de la amistad que nos aproxima; más bien lo exalto atraído por la calidad y el talento que calimban a cuanto Francisco G. Navarro escribe. Desde la primera vez cuando me crucé con ellas, las crónicas de su columna De la Majagua, en el periódico 5 de Septiembre, me sedujeron. Este –le comenté al sagaz Eduardo Montes de Oca- es un cronista, escritor que asume con la gracia de la emoción los temas cotidianos, esos vapores que caldean, distinguen, cimentan las calles y que pocos perciben en el atareado pasar tras lo más concreto, y por tanto urgente, en la lógica servil de lo utilitario.

El cronista camina dotado de levedad angélica. Ve lo que otros desestiman. Huele una flor ridícula; se detiene ante una pared desconchada; oye una palabra en desuso; descubre un episodio envuelto en la naftalina del tiempo…  Los macera en su emotividad. Y los devuelve en la prosa lírica y preñada de la crónica. Así, de súbito, nos deslumbra lo que está junto a nosotros y no habíamos visto. Gracias al cronista todo comienza a sernos familiar.

 Aunque moleste, he de señalarlo: todos no somos elegidos por ese género exclusivo. El cronista es un señor muy raro con un pecho enorme. La crónica es cuerda que no se entrega unánimemente en la orquesta del periodismo. Viene entre las fibras de las aptitudes y se cría con el magma de la cultura.  Alegrémonos, pues, que Cienfuegos, que tuvo en Miguel Ángel de la Torre a un maestro de la crónica, haya suscitado, entre otros, a un cronista llamado Francisco G. Navarro.

De Francisco me place su capacidad de síntesis y de concisión. No significa ello que escriba textos breves, aunque los escribe. La brevedad a veces remite a lo incompleto. Y él escribe brevemente completo o completamente breve. ¿Acaso le pedimos más para aprehender en propiedad sus contenidos? Por momentos lamentamos que no haya más, que el texto termine, pero es la queja del que no quiere dejar de disfrutar los placeres de una prosa construida con sentido armónico,  abnegada hasta el punto de darle voz al pensamiento solo con el mínimo de palabras y entreverada con la ironía que insinúan unos ojos entornados, como si sonrieran socarronamente al recoger y transformar cuanto miran.

 Estas son mis impresiones. Por ahora se quedan en el lenguaje y el estilo de la crónica: pura subjetividad. Pero las intuiciones pueden corresponder a lo verdadero, real, genuino. No se necesitan dientes nuevos para morder y degustar el pan crujiente y blanco. Dicho lo cual, como portero de este libro, llevo mis manos a la boca, las convierto en bocinas y grito: Pasen, señores, pasen; no se lo pierdan.  (Gajos del oficio, ed. Mecenas, Cienfuegos, 2006) 

MÁS SOBRE EL PERIODISMO LITERARIO

MÁS SOBRE  EL PERIODISMO LITERARIO

Por Luis Sexto

Para iniciados y también para los que están fuera 

En términos estrictamente teóricos periodismo no es literatura. Basta para corroborarlo precisar el objeto de cada de estas dos vertientes –o actividades- del pensamiento humano. Y efectuado ello hay que rechazar el juicio simplista de que el periodismo se define como literatura por el hecho de trabajar con la letra, con la palabra en su más abarcador sentido.

Uno de los más inteligentes crítico de la lengua castellana, el polígrafo mexicano Alfonso Reyes, paseó la linterna de Diógenes por problema de tanta complejidad conceptual y dilucidó el objeto de la literatura y de otras ramas del conocimiento.

Reyes, con esa fineza y precisión estilísticas que lo alzaron a la categoría de clásico de nuestro tiempo, enseña: “Sumariamente definidas las principales actividades del espíritu, la filosofía se ocupa del ser; la historia y la ciencia del suceder real (...); la literatura de un suceder imaginario, aunque integrado –claro es- por los elementos de la realidad, único material de que disponemos para nuestras creaciones”.

Las afirmaciones del autor de Visión del Anáhuac las confirma otro acatado especialista, el hispanista checo Oldrich Belic, cuyas investigaciones se conceptúan en la actualidad como uno de los principales aportes a la ciencia literaria. Belidc precisa: La obra literaria (artística) es una fusión, una síntesis, una unión de ficción y no ficción. Por un lado refleja la realidad, por otro lado forma parte de la imagen de la realidad; imagen creada, precisamente, por la literatura”. Fijado teóricamente el objeto de la literatura, podemos inferir, basados en la práctica del periodismo, que este se ocupa por definición del suceder real, de la no ficción. Sobre lo ficticio pesa en este caso una sentencia de proscripción: no puede integrar ni en una microscópica partícula la materia prima de la prensa. En cambio, en la novela, el drama y la lírica –y empleo la nomenclatura reyeseana al dividir la literatura- la ficción compone la sustancia, lo imprescindible de su valor semántico. ¿Qué es, pues, el periodismo? ¿Historia? No; tampoco. El periodismo es actualidad; refleja y analiza el suceder real acabado de producirse, en caliente como precisó Carpentier. La historia, en cambio, se vira hacia lo sucedido cuando el tiempo decursado entre el acontecimiento y el juicio asegura un enfoque limpio, sin deformaciones causadas por la complicidad de la cercanía temporal. El periodismo se incorpora a la historia –no como parte de su esencia, sino como ingrediente externo, fuente. Cuando envejece. En esa función de complemento echológico radica la segunda vida del periodismo, que es como decir una eternidad utilitaria.Un tanto ingeniosamente podríamos determinar que el periodismo es... periodismo; algo particular, tan incomparable, que sólo se compara consigo mismo. Desde luego, sólo serían una frase.

Tanto en Reyes como en Belic encuentro solución al enigma. Dije más arriba que el periodismo no puede ser literatura sólo por utilizar el mismo código de señales: la palabra escrita. Sin embargo, esa igualdad instrumental los une. Estamos frente a una paradoja que parece encerrarnos en un rejuego de ser y no ser a la vez. A los teóricos citados no se les  pasó esa aparente contradicción y después de desenvolver originales argumentos sobre las afinidades formales entre la literatura y la prosa conceptual  de la historia, la ciencia, el periodismo –Reyes no lo menciona, aunque se sobreentiende-, concluye que esas actividades del intelecto, con sus campos y fines muy claros, componen una literatura que el mexicano llama aplicada y el checo pragmática.

el término descubiero por Reyes, y a su luz puedo afirmar que periodismo es, en suma, literatura aplicada a un fin de difusión del acontecer real e inmediato, aunque debo aclarar que el periodismo, sin identificarse con la literatura, es la actividad escrita que más se une a ésta en el estilo.

A la definición acarreada por Reyes y Belic hay que añadir un factor que ambos autores no olvidaron apuntar, pero que yo retuve hasta este instante. Es el relativo a la función estética de la literatura. Ello significa que la apropiación literaria de la realidad y su traslado al plano de lo imaginario o ficticio se efectúa,  sobre todo, con un propósito de expresión estética, y se concreta mediante un lenguaje organizado artísticamente.  El lenguaje literario y sus diversos estilos, pues, están signados por el uso del tropo, la metáfora, el símil, y se atienen intelectualmente al ritmo, el tono, el color de la palabra. En ellos predomina lo expresivo por sobre lo informativo.

Retornando a los términos de la vieja polémica sobre la que discurren estas líneas, la pelea se encona en las redacciones cuando se trata de comparar los estilos literarios y el de la prensa. Y no empleo el plural en este último aspecto, porque no coincido con el maestro Emil Dovifat en que existe un lenguaje periodístico, pero varios estilos periodísticos. Yo lo veo opuestamente: existen varios lenguajes periodísticos, pero un solo estilo general, colectivo, propio de la formación estilística de trabajo periodístico, con sus normas y procedimientos que la subjetividad del periodista adecua a las propias aptitudes y sensibilidad. Por ejemplo – y salvo el primero los nombres son míos- , existe el lenguaje informativo, propio de la noticia; el de fondo, típico del editorial, el comentario, el artículo; el emotivo, exigido por la crónica, y el lenguaje compuesto, en el que se mezclan todos los anteriores y se ajusta al reportaje.

UN AMERICANO EN CAMAGÜEY

UN AMERICANO EN CAMAGÜEY

Por  Luis Sexto 

El nombre de La Mosca, barrio periférico de Camagüey –unos 600 kilómetros al este de  La Habana-, parece proceder, según ciertos juicios, de la corrupción prosódica del apellido de Carlos Muecke.  Muecka fueron pronunciando algunos al referirse a ese norteamericano que en 1904 se avecindó en  la ciudad después de haber militado en las filas del Ejército Libertador,  durante la guerra de independencia de Cuba.  

Más tarde el apellido Muecke pudo derivar en Muesca y finalmente en Mosca. Especulaciones aparte, lo cierto es que Carlos Muecke Bertel, nacido en 1866 de padre alemán y madre holandesa, adquirió en 1906 la quinta llamada La Mosca, en Camagüey, y con los años el urbanización de la ciudad en ese sector recibió el nombre de la propiedad del mambí americano, posiblemente como un homenaje por haber servido a Cuba en el campo de batalla contra España.  

En su juventud, perteneció por unos diez años a la Guardia Nacional de Nueva York, en cuyo cuerpo mereció el grado de primer teniente.  Se afilió a la masonería. Y en 1996 desembarcó por las costas de Varadero en la expedición del buque Comodoro, enviado por la Junta Revolucionaria de Nueva York. Sirvió como dinamitero en el Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, en Matanzas, particularmente en Jagüey Grande y la Ciénaga de Zapata, en el sur de la provincia. Nueve meses más tarde fue transferido al Primer Cuerpo, en el oriente de la isla, en zonas de Santiago de Cuba, San Luis y Ramón de las Yaguas. Luego pasó como artillero al Segundo, más al oeste del Departamento Oriental. Terminó la campaña en 1898 con el grado de capitán. Oficialmente, en el índice del Ejército Libertador se le reconoce haber ingresado a filas el 20 de julio de 1896 y su adscripción al Cuartel General del Segundo Cuerpo. 

De acuerdo con los datos del historiador Eugenio Suárez Castro, Carlos Muecke Bertel publicó en 1928 un libro titulado Patria y Libertad, basado en el diario que llevó durante la guerra. En este  diario  no se limitó a las incidencias bélicas. Tuvo el cuidado de anotar –según Suárez Castro- observaciones acerca de la flora, la fauna, las estaciones, las personas, y además de elogios  a sus jefes, apuntó críticas a su falta de capacidad o de conocimientos militares. 

Muecke se caracterizó por su apego a la disciplina y al orden,  reforzado por un carácter fuerte. Sus escritos evidencian sinceridad y valor.  En Patria y Libertad advierte que “este libro se ha escrito para hacer justicia”. Y añade: “Aproximadamente han transcurrido 30 años de la campaña de Santiago de Cuba; pero las mentirosas y maliciosas acusaciones aún viven; por lo tanto doy a conocer estos datos históricos, para que las futuras generaciones puedan juzgar sin recelos la fidelidad y el valor con que el Ejército Libertador cooperó con el Ejército Americano.  Llegará el día en que la historia de la campaña de Santiago será estudiada por las generaciones futuras para saber cómo no hacerse una guerra.” 

Sin paliativos, critica al mando norteamericano por su inhabilidad en conducción de la campaña, y sobre todo por el menosprecio con que los oficiales trataron a los libertadores cubanos. “Si usted tiene un aliado trátelo como tal y no parta de la idea de que usted no puede aprender de un aliado por el hecho de que esté cubierto de harapos, pues los harapos pueden ser la orgullosa insignia de su perseverancia y su patriotismo (…) La bravura personal, el heroísmo y la habilidad militar no han sido nunca patentizado por ningún hombre ni por ninguna nación para excluir de ellos al resto del mundo.” 

Murió el 27 de abril de 1947. Y después de su deceso, el reparto La Mosca empezó a llamarse como ese americano que adoptó a Cuba como patria y se honró en servirla, orgulloso de haber heredado de su familia, si no la inteligencia y la riqueza, “los ideales por la libertad y los derechos del Hombre”. 

Dogma y herejía: una relación saludable

Dogma y herejía: una relación saludable

 Por Luis Sexto 

El dogma tiene  su antónimo en la herejía. Ha sido una vocación inclaudicable del hombre la de actuar en contra de cuanto pretenda ser definitivo, inexorable, o le limite el pensamiento, el criterio racional, de modo que la historia de las doctrinas políticas y religiosas podría ser también la historia de la lucha entre el dogma y la herejía. Donde se plantó la cuadriculada y hermética aspiración de constituir una verdad inapelable, se irguió la heterodoxia para destapar cajas, demoler muros, deshollinar gavetas, aunque más adelante el heresiarca de hoy se convirtiera en el dogmático de mañana. 

Fue contradictoriamente un religioso, un jerarca eclesiástico, pero a la vez un filósofo –quizás el más sabio, audaz y auténtico filósofo cristiano- el que legitimó la herejía y a los herejes. Conocido es el apotegma de San Agustín en que el autor de la “Ciudad de Dios” y de unas “Confesiones” en plenitud de debilidad humana, reconoce el necesario papel regulador de los herejes: “Oportet enim heresses esse”.  Esto es, el hereje opera como una rendija a través de la cual  se filtra la prueba que afianza y perfecciona el dogma. Desde luego, el Obispo de Hipona cocinó la idea para servirla en su mesa. No obstante, partiendo del criterio agustino de la necesaria y plausible heterodoxia, podemos emprender una aventura hacia lo profundo del dogma y sus paradojas. 

Un escritor y periodista católico –periodista que punza, no complace-  ha escrito,  a fines del siglo XX, que “siempre que el hombre expone lo que ha hecho el hombre, da un juicio implícito sobre los hechos, aunque solo sea por sus omisiones o sus silencios”.  Hasta aquí  el francés Jean Guitton parece estar de acuerdo con casi todo el pensamiento de su época. Pero enseguida adopta una posición antidogmática: “Lo que a mi modo de ver lo deshonraría sería dar a entender que tiene la objetividad de un aparato, o que todo historiador debería interpretar  los hechos de la misma manera.” Y más adelante, establece que “la fuente de todas las herejías está en concebir el acuerdo de dos verdades opuestas y creer que son incompatibles”. 

Deduzco, pues, que el origen de las herejías se enraíza en la rigidez de la ortodoxia. La ortodoxia  -el pensar apegado al dogma- no ha aprendido a utilizar la flexibilización como una de las fórmulas de su invulnerabilidad y, por tanto, de la perdurabilidad de las verdades que se estiman correctas. Dogma es palabra de origen griego que, teniendo una prosapia limpia, ha venido ensuciándose en su actitud irremovible e intransigente de “cosa acabada, terminada definitivamente”, que eso significa “dokein” cuando se une a un pronombre personal, yo, por ejemplo, he acabado. 

El dogma carece de recursos. La razón no le es afín. Incluso el dogma la rechaza con un “odio lúcido”, y es lúcido porque posiblemente  los dogmas intuyan que su caída depende, en primordial medida, de la crítica.  ¿De que se sirven aquellos  para apuntalar su inaccesibilidad al debate y al cuestionamiento? En la autoridad. En el poder de cuantos los establecen, imponen y sostienen. Ha sido, así,  adoptado por el autoritarismo como el garante de su poder incuestionable.  

Focalizado en el plano de la religiosidad, quizás sea menos dañino, aunque en una época atizó la candela bajo los pies de cuantos pretendieron removerlo o modificarlo. Y ocurrió así determinado por los vínculos e intereses comunes del poder político y las jerarquías eclesiales. Porque, cuando el dogma pasa a la política como instrumento, como piedra fundamental, comienzan los riesgos para los grupos, sociedades y Estados que lo organizan y ubican sobre un pedestal ideológico. Una de los problemas del llamado socialismo del siglo XX, el también nombrado real, fue la aplicación dogmática del marxismo. De guía para la acción, se transformó en “señor feudal” de la acción. Un rápido paneo por sobre la historia de las sociedades socialistas europeas, nos abastecería de actos tan irracionales que podrían añadir un nuevo volumen a la “Historia de la estupidez humana”, del húngaro Paul Tabori. El dogma, por insuficiencias reflexivas, es incapaz de detectar las contradicciones que se generan en su nombre. Y con estas, sobreviene la parálisis. Y con la parálisis, el lento deterioro de las sociedades dirigidas por el dogma filosóficamente político, que es el me parece más actual y peligroso. El religioso ofrece, en estos tiempos modernos, la libertad de creer o no creer. Y nada pasa. 

Pero en la política, la cerca que bordea al dogma está vidriada con picos y fondos de botellas: se hiere quien los toque. La discusión, la discrepancia, la crítica se proscriben o se toleran entre condicionamientos. Y con ello el dogma se priva de su principal aliado: los herejes. Porque los herejes anticipan con sus audacias y temeridades la verdad más completa, que ha de sobrevenir en los días próximos. Al fin llega, pero nadie reivindica a sus gestores, porque se ha de pagar el precio por anticiparse. Pagarlo asumiendo el descrédito del revisionista o del inoportuno. 

Entre las izquierdas, a pesar de la experiencia del socialismo europeo, de tan claras moralejas,  aún subsiste  el dogmatismo.  Es un hábito cómodo. Significa decidir en las cúpulas sin el esfuerzo que implica el debate. Y a veces, para cancelar el exceso de presión, apela a la unidad del grupo, del partido, de la sociedad. Pero, a mi modo de ver, en la unidad propugnada por el dogmatismo no cabe la diversidad. Exige la unidad de los unánimes. Porque los dogmas no distinguen entre la necesidad y los fines, entre el derecho y la intención, entre la opinión y la oposición, la sugerencia y la impertinencia. Y por ello favorecen  el desarrollo tentacular de la doble moral y sus normas éticas encapsuladas en apariencias sin esencias. Pero la unanimidad, reducida tan solo a levantar la mano,  alguna vez empezará por resquebrajarse en nombre de los mismos derechos que el dogma de izquierda reconoce defender y garantizar: la libertad y la razón. 

Parece escabroso comprender que la unidad política excluye la imposición de dogmas. Porque la unidad política se formula y reformula constantemente en torno de un programa, jamás alrededor de las abstracciones de una cosmovisión. Y su agente principal consiste en el esfuerzo de hombres libres que alcen la mano para… opinar, debatir, sobre todo cuanto ayude a que la diversidad fortalezca la unidad. Y que debatan y opinen como herejes necesarios que impidan la dogmatización de las ideas y la burocratización de las acciones. Ah, sí. Dogma y burocracia son afines.

NUEVO LIBRO DE LISANDRO OTERO

NUEVO LIBRO DE LISANDRO OTERO

Por Luis Sexto 

No hay periodismo falto de imaginación, sino periodistas escasos de imaginación. Y si una colección de enunciados periodísticos soportan un libro, habrá, pues, que concluir, en palabras un tanto vagas, pero inteligibles, que es buen periodismo. O algo mejor. El propio autor del libro que comento ahora ha dicho que hemos tenido que aceptar que las memorias, los reportajes, hasta la propaganda son categorías de arte. Desde cuándo habremos tenido que aceptarlo. Quizás Lisandro Otero (La Habana, 1932) se haya referido a la actualidad, tiempos de literatura kleenex,  combustible, desechable, aunque me parece que el propio autor tuvo en cuenta que desde hace mucho se ventila una polémica bizantina entre literatura y periodismo, en la que esa que los tratadistas llaman formación estilística de arte o de creación le niega la sal y el agua a la formación estilística de trabajo informativo. Lisandro, sin embargo, ha renunciado a las cucharadas del orgullo que atiza este debate y ha sabido tomar el partido más justo: el de combinar lo literario y lo periodístico. 

Conozco a pocos escritores  que hayan sabido guardar lealtad a la literatura y al periodismo. Desde muy joven, Lisandro halló en el periodismo un modo precario de ganarse la vida –y eso no lo demerita sino define a la época en que cuajó su vocación literaria. Pero se dedicó sobre todo al periodismo para  –según un  término de Tomás Eloy Martínez-  “ganar la vida”.   Y ganó, además, un campo de aprendizaje, un medio donde mezclarse con la realidad ejerciendo un acto  de servicio público. Más tarde, el autor de reportajes, se convirtió en novelista. Podríamos decir con Tom Wolfe, que Lisandro calentó sus motores en ese molde periodístico –el reportaje-, que asumido creadoramente se convierte en antesala del cuento o de la novela. “La Situación, “Pasión de Urbino”, “Temporada de Ángeles”, “El árbol de la vida, novelas conocidas que presentan y representan a Lisandro Otero. Pero, paralelamente, puedo recordar a “Trazado, “Razón y fuerza de Chile, “En busca de Viet Nam, “ZDA, libros de periodismo que igualmente recomiendan a su autor y que todavía mantienen vigencia.   

mantienen vigencia porque, aunque su contenido haya sido superado por la acumulación sucesiva de años y hechos, a los lectores les queda la opción de degustar la forma y la profundidad del análisis y los datos. Lisandro Otero confirma lo que demostraron José Martí, Víctor Hugo, Pablo de la Torriente Brau, Onelio Jorge Cardoso, Roberto Arlt Gabriel García Márquez, Miguel Bonazzo o el recién fallecido Rysiard Kaspuschinski: que el periodismo, por fuerza de sus urgencias, de sus inmediatas funciones informativas, no tiene que ser superficial, banal, o basto.  El periodismo –iba a decir el periodismo más apto, más zahorí- cuando se percata de que los instrumentos tradicionales no bastan para componer un documento que ahonde hasta los instestinos en un tema actual, acude a los préstamos de la literatura. Y de esa dialéctica cooperación, proviene el periodismo literario, tan actual como antiguo. 

En fin, Lisandro Otero es también un periodista que emplea su aptitud y su saber literario. Podría él suscribir, con Octavio Paz, que no lo desacredita escribir cuartillas para periódicos, porque ha  aspirado a escribir  prosa de creación con “la ligereza, el magnetismo y el poder de convicción de un buen artículo de periódico” y ha escrito artículos de periódico “con la espontaneidad, la  concisión y la transparencia de un poema”. El libro que hoy presentamos, pues, ha sido escrito al fluir de los días, respondiendo a las demandas noticiosas del mundo de la cultura, la literatura y el arte. Al leerlo, el lector no enterado de lo sucedido en los últimos años o el que ya olvidó un título sepultado entre rimeros de periódicos y revistas, encontrará una información que, trascendiendo el olor a cosa envejecida, como son los periódicos incluso acabados de salir, ofrece una actualidad fresca sobre acontecimientos y personajes.  

Para concluir esta presentación, que me honra como periodista, lector y amigo de Lisandro, debo referirme al género a que se ajustaron las prosas de estos “Avisos de ocasión”. Avisos, sí, porque el periodista es avizor. Y también yo he de avisar. He de avisar que lo más arduo al evaluar enunciados periodísticos resulta precisarles el género. Como sabemos, los géneros responden a intenciones. Y las intenciones son libres –muy libres- y por lo tanto  se mezclan, se revuelven.  En este libro encontrará el lector crónica: habrá siempre un detalle subjetivo, lírico que, a pesar de la objetividad con que Lisandro escribe, se inserta en la crónica, ese esquema que no se sujeta a esquemas, y que por ello Lisandro lo trasciende.  Como trasciende también la reseña.

Desde luego, las dificultades para determinar los géneros, propician que los teóricos y los manualistas gocen de su zafra. Y apreciamos que hoy surgen nombres desde cualquier lado de nuestro ejercicio: periodismo investigativo, interpretativo, de precisión, etcétera, siendo todos, en definitiva, resultado de un periodismo creador. A Lisandro le corresponde, a mi parecer,  también uno de estos nuevos nombres: el de periodismo ensayístico. Porque, además de las calidades estilísticas clásicas del periodismo –claridad, concisión e interés-, Lisandro se acerca a la realidad noticiosa desde el mirador de las ideas y con la libertad de quien juzga los datos fundamentales del tema sin pretender ser un especialista.  Y, según creo, esa es la actitud del ensayista, a quien no le está vedado el periodismo, ni ha de avergonzarse por escribir unas prosas urgentes y urgidas que, al cabo, tienen más de una vida cuando se entregan con oficio y alma.  

Este, por tanto, es un libro para subrayar. Claro, intento no hacer el ridículo de recomendar un libro de Lisandro Otero. Pero es inevitable decir claramente que “Avisos de ocasión” tiene la virtud  de un sistema de correo apegado a la tradicional sacralidad del servicio: puede guardar por años un mensaje y entregarlo sin achaques al destinatario cuando este lo reclame. Aviso, pues, que estos “Avisos de ocasión” nos depararán más de una sorpresa y mucho más que una ocasión de unos minutos de placer.