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PATRIA Y HUMANIDAD

BUROCRACIA, DISTORSIÓN Y RIGIDEZ

BUROCRACIA,  DISTORSIÓN Y RIGIDEZ

Por Luis Sexto  

El juicio más común la define por el mueble que la distingue: el buró, la mesa de trabajo, y por el soporte en que habitualmente estampa sus disposiciones: el papel. Pero esas metáforas son eminentemente simplistas. Pudo Einstein pensar acodado a una mesa y hacer sus cálculos sobre papel, sin que por ella pudiéramos tacharlo de burócrata. Y si quisiéramos  extender el calificativo a un médico, que oye la cantinela de su paciente sentado a una mesa, o a un escritor, que emborrona sobre el mismo mueble su novela, también erraríamos. Porque la burocracia halla su definición en una actitud que poco se relaciona con sus atributos palpables.  Más bien es un mal intangible. Casi intocable por tortuoso. 

Habría, para empezar a entenderla, acudir a Max Weber en un libraco muy voluminoso, pero portador de ciertas certezas sociológicas en la interpretación de esa entidad etérea en el capitalismo. No voy ahora a levantarme para repasar sus capítulos. Este artículo pretende presentar a la burocracia como un problema práctico, aunque trasciende lo puramente técnico para insertarse en lo ideológico y dentro de ello en lo político. Prefiero acudir a otro libraco más a mano y sintonizarnos sin muchos filosofismos. Reproduzco, pues,  las tres últimas acepciones del Diccionario de la Real Academia Española. Burocracia: 2) Conjunto de los servidores públicos. 3) Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos. 4) Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Esta última, relacionada con las anteriores, es la definición que más se aproxima a la que la experiencia me ha permitido deducir.  

Mi experiencia en Cuba, no otra. Porque es el papel de la burocracia en mi patria el que me interesa dilucidar y sobre el cual advertir de los peligros que entraña en el mejoramiento del socialismo. Y, desde luego, con óptica de periodista, que es observador y a veces objeto sufriente de las actitudes burocráticas. 

Le mejor definición de la burocracia o de la mentalidad burocrática la leí en un breve relato de Eduardo Galeano, especie de parábola evangélica. Sin que nuestra cultura de origen grecolatino sea narrativa, como la hebrea de los tiempos bíblicos, a veces una historia ilumina los conceptos encapsulados de los analistas para que los comprendamos transparentemente Cuenta el autor de Las venas abiertas de América Latina que en una unidad militar el oficial de guardia castigó a un soldado a cumplir una posta al lado de un banco, en el polígono del cuartel. Durante horas estuvo el soldado custodiando el asiento que no necesitaba protección. El oficial cumplió el turno y se le olvidó derogar su orden, y el que llegó a sustituirlo, sin información previa, relevó al recluta castigado con otro guardia. De modo que durante 20 años, creo, se hizo “la posta del banquito”, hasta cuando alguien preguntó con qué fin, y nadie supo decirlo. Por tanto, la burocracia, necesaria en muchos aspectos de la administración pública, comienza a ser peligrosa cuando pierde el sentido de su finalidad.  

José Martí, el libertador y el pensador  de todos los tiempos, previó  los peligros de una burocracia incontrolada, adueñada de los resortes del Poder. Tildó “la vida burocrática”de “peligro y azote” y quiso a la república cubana libre de la “peste de los burócratas”. Evidentemente, Martí intuía que la burocracia como representante de los intereses del pueblo, podría soslayar en algún momento de su ejercicio esos intereses para tener solo en cuenta los suyos como grupo o casta.  Hoy por hoy, la rigidez, el papeleo, la ineficiente administración, que le atribuye el DRAE  a la burocracia, ha “mediocrizado”, descontextualizado las prerrogativas del Estado socialista cubano. Ha sido una especie de Hada madrina al revés: todo cuanto su varita mágica toca se ha convertido en una caricatura de las aspiraciones socialistas. Maltrata, encona todo cuanto de creativo trajo la Revolución de Fidel Castro a Cuba. Acudiendo a una imagen del acidulado Giovanni Papini, la burocracia, transformada en mentalidad, en ideología, posee el secreto de una alquimia “coprófera”, esto es, suele convertir el oro en excremento. En eso ha sido un auxiliar inconsciente o involuntario del bloqueo norteamericano. Quizás, también inconscientemente, le convenga que el bloque perdure como garantía de su existencia mediatizadota y anárquica. 

En Cuba, dice la voz del pueblo, las actitudes burocráticas responden con un problema a cada solución; con un “no” a un “sí”. Y diluyen cada iniciativa en papeles y reuniones. Y ven la realidad a través de los colores de sus cristales, o el mirador de sus balcones, habitualmente altos y alejados de la calle o los talleres. O a través de informes que suelen estar adulterados por quienes no desean que la verdad se conozca. No exagero. Y si lo digo aquí, en este espacio de la izquierda, es porque la izquierda necesita disponer de experiencias y porque alguna vez, y más de una vez, lo he dicho en periódicos de mi país. Y baste la aclaración si es que alguien necesita una justificación de cuanto está leyendo.

El socialismo europeo se disolvió, como “Alka Zeltzer” en agua, gracias a las distorsiones burocráticas. Distorsiones que obligaron al discurso político a andar por los aires mientras la realidad de la gente por el fango. No inventemos enemigos. Las causas principales de la extinción del socialismo del siglo XX, el que fracasó, están dentro de sí mismo: incubó la mentalidad, por no decir la casta, que echó por la borda la correlación del predominio de clases a favor de los trabajadores. ¿Quiénes se beneficiaron en la  Unión Soviética con la ruina? ¿Quiénes son hoy, allí, los ricos?  Los burócratas, que desde mucho antes de Gorbachov, Eltsin y su banda, sustituyeron el piso del Estado socialista por arenas movedizas. La burocracia, por supuesto, brotó de una sociedad rigidizada por el verticalismo, en detrimento de la horizontalidad democrática. Veamos claramente: donde falta la democracia, y  el centralismo se excede a costa de los lados, prospera la burocracia. Y con esta, el dogma y la corrupción. 

Cualquier proyecto de renovación y perfeccionamiento del socialismo en Cuba, además de la oposición de los Estados Unidos y su permanente guerra, y de los que dentro del país pugnan de una u otra forma por empujar a Cuba hacia el capitalismo,  tendrá por principio que afrontar y anular la resistencia burocrática. Todo cuanto le parezca limitación de sus intereses, sus privilegios, su capacidad para deslegitimar toda decisión constructiva, toda libertad legítima contará con su hostilidad, traducida en indiferencia, extremismo, distorsión. Hechos que lo confirmen sobran. ¿Por qué las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, decisión política del partido Comunista en 1993, se han paralizado en el fracaso? La respuesta la conocen aquellos que desde las empresas eran personajes poderosos que dispensaban, como señores feudales generosos, su poder sobre la producción agropecuaria. Ellos impidieron que cuajara el principio primordial de esta organización productiva en la agricultura: la autonomía para utilizar el uso de los medios de producción, que el Estado le vendió a los colectivos de trabajadores, y de la tierra, otorgada en usufructo por el propio Estado. Las estructuras empresariales prosiguieron imponiendo su mando, quebrando leyes, reglas y procedimientos y limitando la relativa independencia de las cooperativas. La agricultura, así, como denunció Raúl Castro el 26 de julio pasado, se ha plagado de marabú, ese arbusto casi invencible que todo lo copa y asfixia. Y muchos años antes Fidel denunció que el campo se había  colmado  de oficinas. 

Hasta en las tiendas la burocracia introduce su estrechez de visión. Instalaciones con numerosas puertas, solo mantienen una abierta para entrar y salir. Y dentro, los compradores tendrán que pagar, dependiendo de la mercancía, en diversas cajas, con la consiguiente pérdida de tiempo.  ¿Y los trámites legales, en particular los de la vivienda? ¿O los del trabajo por cuenta propia?  Una sola imagen los ilustra: la subida a un Gólgota cuyas estaciones requieren un Pilatos de papel. En fin, hermetismo. Inmovilidad. Y a veces corrupción. 

 

En cualquier otro país podrá ser igual o peor. Pero en Cuba el enfrentamiento ideológico y político me parece inexcusable. Imprescindible. Se juega la supervivienda de la Revolución. Las acciones burocráticas, por engorrosas, limitadoras, enajenantes, tienden a liquidar la causa del socialismo en el corazón del pueblo.  Y el antídoto es el mismo pueblo.  Ampliando los usos, espacios y controles democráticos y flexibilizando las estructuras económicas, se reduce la burocracia a eso que dice el diccionario: conjunto de servidores públicos. Ese es su estado ideal. Pero ¿tendremos valor para obligarla, como el domador al tigre, a marchar cabizbaja hacia el rincón subalterno que le corresponde?

On Criticizing Cuba

By: Luis Sexto

A reader asked me if at some point I would write about the positive aspects of Cuba. I answered that I have been working as a journalist for 35 years, and all this time I have defended, along with my people, the values of the Revolution. Has anybody who knows me ever read or heard the contrary?

I am not going to justify myself or make statements in good faith — that sounds bad. I will deal with the issue because, as it often happens, you can speak about good things in many different ways. I discuss and criticize negative aspects to preserve the positive ones. Human actions are also a target of opinion. My training as a journalist is based on authors such as Che Guevara and his «vigilant style. » Nobody has ever read a line written by Che in which he was not critical — because criticism is vigilance. It is the «being alert» of Julius Fucik.

If there is an impact I would like to make in my writing, it would be to make people think. Traditionally, criticism has always been some kind of offence. Fernando Ortiz referred to this tendency in his books in his youth: Ensayos de psicología tropical, written in the early 20th century. We react to criticism —the wise man said— in an intolerant and generally defensive way, considering criticism as the enemy. That is why it is very hard to understand one another, which almost forces us to do without this method, and miss out on the corrective elements.

Has anyone educated their children without using criticism? Maybe the children who «turned out bad» are the result of this lack of criticism. Such parents believe in hiding defects and justifying actions, because if you “come down too hard on the boy he might get mad, and leave home.” I have heard these arguments before. Look at the family life of any unfortunate family and you will see that the too wide strainer is the channel through which clean water is dirtied.

Coincidentally, a few days ago, in a public debate about the radio, a person questioned the practice criticism because “it may give bullets to our enemies.” My position was the same I have always held: the enemy is delighted that we don’t criticize — they count on it. Certain mistakes, without public criticism, continue to do damage.

After Fidel Castro’s admonishment on November 17, 2005 —when he forecasted that our mistakes may do what the United States has never achieved— nobody should be able to sleep peacefully.

Criticism, which is not exclusive to the press, should also come from the party, the government, administrative and management meetings, union assemblies, neighborhood assemblies and their representatives—from the public— because many of the flaws are public. Like an old Latin saying goes, publica publice tractanda sunt, meaning that public mistakes should be dealt with in public to prevent harm to the community.

There’s something else before I finish. I would like to ask reader if he has ever tried to understand journalists. There might be some journalists who adapt themselves and can write while ignoring difficult questions; however, the heritage we have recieved from the time of Jose Marti to the present day —passing through Mella, Villena, Roa, Marinello, Che, Fidel— teaches us to unite political convictions with the role of the press.

We owe loyalty to many things, but is it possible for us to resign ourselves to knowing that collective work is in danger and still just go on as if it were not our business?

INVENTANDO NOTICIAS

INVENTANDO NOTICIAS

Así se manipula a quienes  elogian  “la prensa libre” y creen en ella.  

Apenas la semana pasada, unos cuantos medios de noticias y sitios en Internet divulgaban el rumor de que Fidel había muerto.  Los rumores llegaron a su punto máximo el pasado viernes.  Cuando el domingo los medios de noticias cubanos publicaron una columna que él había escrito el sábado, los reportes crearon una variante: que un pequeño grupo de miembros del partido comunista estaban escribiendo columnas para que pareciera que él aún estaba vivo.  Los periodistas estadounidenses que informan desde Cuba dijeron que no vieron ninguna señal de que sucediera algo, e incluso el Departamento de Estado negó tener información sobre la muerte de Fidel Castro, pero los medios de comunicación no refutaban los rumores. El martes, Fidel escribió nuevamente.  Esta vez comentó que de todos los Presidentes de los Estados Unidos que había conocido, solo uno, James Carter, “por motivos ético-religiosos, no fue cómplice del brutal terrorismo contra Cuba”. El Presidente cubano escribió acerca de los muchos candidatos que actualmente están tratando de obtener el voto de la Florida, y observó: “Hoy se habla de que un ticket al parecer invencible podría crearse con el binomio Hillary presidente y Obama vicepresidente”.  Sin embargo, él no los tomó muy en serio, pues inmediatamente después escribió: “No están haciendo política; están jugando a las barajas un domingo por la tarde”.  En el momento justo, un considerable número de importantes periódicos y servicios de noticias, encabezados por CNN y Fox, publicaron titulares en los que se decía que “Castro Apoya el Ticket Clinton-Obama”, y otros sitios menos relevantes continuaron divulgando el mismo disparate.  Simpaticemos o no con el Presidente cubano, hay que admitir que él no dijo nada semejante.  A pesar de eso, esto constituyó un gran titular eficaz para atraer lectores.  Estos son algunos ejemplos de los titulares publicados el 28 de agosto:

  • CNN – Castro afirma que el ticket Clinton-Obama es “invencible”
  • Houston Chronicle – Castro afirma que el ticket Clinton-Obama es triunfador
  • Concord Monitor – Castro satisfecho con las posibilidades de triunfo del ticket Clinton-Obama
  • Telegraph.co.uk (RU) -- Fidel Castro pronostica que el equipo Clinton-Obama será el ganador
  • Hollywood Today Newsmagazine – ¿El fantasma de Castro pronostica que Clinton y Obama serán compañeros de  candidatura?
  • Stop the ACLU – Castro aprueba el ticket Clinton-Obama
No fue sino un sitio del Oriente Medio el que interpretó correctamente la columna: 
  • Peninsula On-line (Qatar) – Castro reprende al binomio Hillary-Obama en sus comentarios
 El frenesí continuó el día 29:
  • NEWS.com.au, Australia: Castro apoya a Hillary Clinton
  • New York Times – Castro afirma que el binomio Clinton-Obama es “invencible”
  • USA Religious News – Porqué Castro aprueba el binomio Clinton-Obama (Este equipo extremista afirmó que la columna no mencionaba a Dwight Einsehower, lo cual es una muestra de que en realidad nadie allí la había leído.)
  • Investor's Business Daily – La Aprobación de Castro
  • Judicial Watch, DC -- Fidel Castro desea alianza Clinton-Obama para campaña presidencial
  • New York Post: CASTRO: HILLARY GANARÁ (En letras mayúsculas, por supuesto.)
  • Lawrence Journal World, Kansas -- Castro pronostica victoria del binomio Clinton-Obama
  • Reuters – Pronóstico de Castro: binomio Clinton-Obama será el ganador
 Y así por el estilo.  Adivinen quién lo interpretó bien esta vez. 
  • PRESS TV (Irán) – Líder cubano critica severamente el binomio Hillary-Obama
 Algunos articulistas se sentían ofendidos porque Fidel estaba interviniendo en los asuntos políticos de los Estados Unidos, pero no se percataban de que Estados Unidos estaba tratando no solo de intervenir en los asuntos políticos de Cuba sino también de derrocar al Gobierno de ese país.En honor a la verdad, un reporte de la periodista Anita Snow, de AP, sí tenía un titular correcto en algunos medios: 
  • ABC News – Ensayo de Castro critica a los candidatos a las elecciones de 2008
  • PensacolaNewsJournal.com -- Ensayo de Castro critica a los candidatos a las elecciones de 2008
 Sin embargo, esas fueron las excepciones.  Desde los periódicos de Murdoch en Australia y su periódico New York Post hasta el New York Times, desde Reuters hasta el Houston Chronicle, los titulares eran los mismos.La noticia aquí es que los medios noticiosos estadounidenses dominantes, y el mundo angloparlante, pueden estar tan ajenos a las realidades de Cuba como la comisión creada por el presidente Bush para la anexión de la Isla, pero aún así sirven para influir en la opinión pública en relación con un aspecto de las relaciones exteriores importante para los Estados Unidos. Que se lea incorrectamente o se tergiverse de manera intencional las palabras del Presidente de otra nación es un asunto serio.  En el caso de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, once millones de cubanos enfrentan cada día el bloqueo impuesto por los Estados Unidos con el objetivo de estrangular la economía de Cuba. Los cubano-americanos que viven en los Estados Unidos son alejados de sus familias en la Isla.  Los profesores universitarios tienen restricciones muy severas en sus visitas a Cuba para estudiar las realidades de la vida en ese país.  El comercio con la Isla, por supuesto, está obstaculizado por esas regulaciones que el Gobierno de Bush puede imponer sin necesidad de consultar al Congreso.  Esta es la política oficial de los Estados Unidos.Los lectores y televidentes en los Estados Unidos y, por extensión, el mundo angloparlante merecen algo mejor.
(Editorial de La Alborada, Estados UnidosTraducido por Yanitza González y revisado por Sarahymi Serra, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión ) 

LA SEÑORA DEL FARO

LA SEÑORA DEL FARO

Por Luis Sexto

  Las precarias circunstancias en que conocí a Victoria Denis Giraldez, no impidieron que hallara el punto muerto de su ternura.  Llegamos a ella navegando  con cara de asiáticos postizos, porque el sol, y el mar que le servía de espejo, nos achicaban los ojos en una especie de oblicuo acatamiento del rebrillar del mediodía. El viaje, por suerte, era corto, y a los 25 minutos la tierra se acercó al silbato.

El barco fondeó entre dos islotes. Un kilómetro a estribor, hacia el norte, emergía cayo Mégano, diminuto como un estuche, con sus arenas como de cal y forrado de pinares. Desde la banda contraria divisábamos al otro. Distante unos 500 metros mostraba sobre la línea de la costa el cono esquelético  y metálico de un faro pintado de amarillo y blanco. 

Era Cayo Jutías. 

Desembarcaríamos allí cuando el bote que sacaba arena del fondo, tocara las costaneras del remolcador y nos trasladara hacia la orilla. La ansiedad apresuraba los deseos de mojarme los zapatos en el playazo. Tenía hambre. Pero el escozor estomacal azuzado por el aire salitroso no era la causa de mi excitación, sino esa mujer. En el trayecto desde el puerto de Santa Lucía –cuya planta de sulfometales humeaba en la distancia-  yo me dirigía las preguntas normales de un reportero que marchaba hacia un personaje insólito.  Victoria Denis Giraldo era entonces la torrera. Más de diez años antes se había empotrado allí como jefa de la luz en un tramo principal del tráfico marítimo hacia el sur de las Américas. Los lamparazos del Cayo trazan las líneas en los mapas de navegación de docenas de naves que, luego de pasar el faro de Gobernadora, buscan el de Jutías, y después el del Cabo de San Antonio frente al Estrecho de Yucatán.

En qué la habrán convertido la soledad, el silencio, la tensión de sus responsabilidades. ¿Será tímida, delicada; acaso recia, amarga? Me preguntaba y me respondía imaginando figuras arbitrarias, innombrables. Más tarde sabría que una persona nunca encaja en una sola visión. Más bien compone cuadros  donde pueden convivir, alternándose, la fortaleza y la acidez, la timidez y la delicadeza.

En el minuto de nuestro encuentro Victoria se mostró amarga, descortés. El día anterior la electricidad solo le alcanzó para abastecer el faro, y aun no habían venido a reparar el cargador de las baterías. Entonces el cayo permanecía aislado, todavía sin la brevedad de una carretera sobre el mar como hoy.  Ella, así, esperaba electricistas. Porque la desesperaba la certeza de que pasaría otra noche sin los colores del televisor, consolándose del despojo  con el columpio sonoro del mar y el zumbido de algún mosquito infiltrado por los desgarrones de las mallas de puertas y ventanas.

-¿Periodistas? ¿Para qué necesito yo periodistas? –cortó la conversación y regresó a su casa.

Victoria no comenzó en el Cayo como señora del faro. Fue, primeramente, la esposa del torrero. Llegó allí siguiendo a su segundo marido, a quien habían nombrado responsable de aquella luminaria cuya construcción empezó en 1902 y terminó ocho años más tarde. Venían del Cabo de San Antonio donde ella había nacido en 1933.  La vida en Jutías, pues, no se le presentaba como un castigo. La soledad y el asilamiento la acompañaban habitualmente. A los 13 años pareció que podía desprenderse del sino en que se le mezclaban el mar desierto y la tierra arisca. Viajó  a La Habana.  Se casó en 1951. Pero el hombre empezó a beber  aguardiente, y regresaba al hogar trastabilleante,  colérico. Y rompía alguna pieza del ajuar precario de los obreros.

Si el problema es de romper –decidió Victoria- yo rompo esta pareja tan dispareja. Y retornó, con sus tres hijos, al intrincado y olvidado Cabo de San Antonio.

-Allí vivía papá. Solo.

Después pasaron nueve años en Cayo Jutías, contando diariamente los 173 escalones del caracol del  faro. Una mañana,  su esposo navegó definitivamente  hacia Santa Lucía. Iba tras una nueva mujer. O escapaba de la uniformidad del paisaje, la igualdad del tiempo. Lo conocí una década más tarde en el faro de Carapachibey, en la Isla de la Juventud. Supe, por él, que Victoria se había jubilado. Tras la partida irremisible del hombre, el radioteléfono trajo la decisión: había sido nombrada torrera.

La evidencia de que no permitiría una entrevista,  avivó más mi interés. Y le dije a Aramís Ferrera, el fotógrafo: es una mujer de carácter. Él, inquieto por la hora, replicó: eso es lo malo, porque no nos invitará a almorzar. La seguimos.  Y quince minutos después, Victoria cortaba en ruedas varios aguajíes,  sanos, sí, porque los había pescado ella y ella sabía cuál podía enfermar de ciguatera. Yo había penetrado en la casa y me había percatado de que, dentro,  no influía lo agreste del Cayo. Victoria mantenía el chalet como si a cada momento  fuera a tocar a la puerta un visitante desconocido o una vecina chismosa.  Predominaba el gusto de la mujer que, sin lujos, adecenta su habitación para vivir en la limpieza y la luz. Uno lo percibía en los cojines de las butacas, el forro que protegía el televisor, el mantel...  La elogié en voz alta.

Su rostro, hasta ese instante en fase severa, adquirió poco a poco matices de dulcedumbre. Y una sonrisa, que anunciaba hospitalidad, aceptación,  firmó finalmente  un gesto de gratitud hacia mis encomios. Y al encender las hornillas de gas para hervir boniatos y freír las ruedas generosamente anchas, empezó a evocar su historia. Le advertí que no le había solicitado autorización a sus jefes para entrevistarla. Tendrá usted que llamar a La Habana.  A nadie pido permiso para hablar de mí, replicó mientras el olor del pescado, convertido en emisario, pregonaba mi triunfo.   

Aramís, cuya eminente barriga dudada de mi eficacia, entró para almorzar aguají. El cerdo del mar, dijo con la boca llena. 

(Victoria Denis falleció hace unos cinco años; la visité en 1990)   

MARTÍ: NI ODIO LÚCIDO NI ODIO CIEGO

MARTÍ: NI ODIO LÚCIDO NI ODIO CIEGO

Por Luis Sexto          

El ensayista cubano Cintio Vitier –nacido en Key West en 1921- acaba de publicar un libro titulado Vida y obra del Apóstol José Martí. Y al repasarlo en librerías, antes de adquirirlo, el lector aventajado podría preguntarse si después de la cuantiosa bibliografía sobre José Martí aún podremos encontrar algo distinto a lo que ya conoce.

Parece, en efecto, que sí es posible escribir con originalidad de Martí, ese “misterio que nos acompaña” de acuerdo con la expresión afortunada del poeta José Lezama Lima. Vitier compuso un libro que desafía y trastorna. Y su lectura quizás produzca un impacto en los conceptos y las imágenes predominantes sobre el Fundador de la independencia. Revela, sin ser una biografía, a un Martí que, aunque ciertamente conocido, se nos dibuja más hondo, más cabal y también más actual. O actual. Porque ningún estudioso o seguidor del Apóstol estima que  pueda actualizarse. Más bien, permanece constantemente actual. Y es Martí quien  actualiza, quien hace recordar con su pensamiento adelantado que existen cosas, hechos, ideas que han de enfocarse como él las enfocó para evitar el error.

 En su libro, estructurado en diversos acápites de la vida y la obra de Martí –la imagen, la trayectoria revolucionaria, la poesía, la oratoria, la crítica, el periodismo, etcétera-  Vitier enfatiza en la singularidad del organizador de la última guerra de independencia en Cuba, como pensador del Tercer Mundo. Lo contrasta con otros célebres autores –como Frantz Fanon y Albert Memmi- y establece una esencial diferencia. Si estos criticaron el colonialismo y el racismo, lo hicieron “condicionados por el mundo del colonizador”, predicando el “odio lúcido”contra el “odio ciego”. Martí, en cambio, critica, combate la opresión colonial sin odios y su afán de liberación comprende, incluso, al mismo opresor. Esa es, según Vitier, el rasgo que diferencia y lo convierte en único. Martí fue libre en la esclavitud. Libre, en particular, de las visiones esclavistas reflejadas en los esclavos. Aun encadenado, “descubre la libertad del espíritu, la sustancia del bien y el sentido del sufrimiento”. Por ello, podría  inferir el lector, en sus casi dos décadas  residiendo en los Estados Unidos -donde escribió la mayor parte de su obra literaria, ensayística y periodística-, Martí  se mantiene tan lúcidamente libre que aun “dentro del monstruo” –términos que usó para referirse a los Estados Unidos- puede verle las entrañas y evitar confundirse con ellas. Fue  libre de la plácida y soberbia visión norteamericana de sí misma, y  supo alertar sobre los gérmenes que la corromperían y la harían degenerar en un peligro para el resto de América.

Vida y obra del Apóstol José Martí  es un libro con las dimensiones de un iceberg. Debajo de cada frase, de cada capítulo, de cada síntesis se sumerge una masa de sentido que obliga al lector a leer y releer, avanzar y retroceder, para alcanzar la plenitud en un texto colmado de sugerencias y de propuestas que quiebran la uniformidad del Martí que la tradición nos ha ofrecido. Vitier confirma que el Apóstol –apóstol por ser “enviado” del pueblo a ganar la independencia y a preparar los caminos del porvenir- legó una obra insondable en sus posibilidades de sugerencias.

 Poeta, narrador y el mayor ensayista vivo en Cuba, Cintio Vitier  se ha destacado por sus investigaciones sobre la cultura cubana. Muy conocido es su libro Lo cubano en la poesía, un acercamiento a la identidad nacional desde la expresión poética, que parte de los primeros poemas escritos en Cuba hasta la contemporaneidad.  En particular, sus estudios sobre Martí sobresalen  por la familiaridad interpretativa, la ternura con que nos ofrece los diversos ángulos martianos. Su labor de indagación se refleja en este libro –suma de años de estudio- como un apego filial que se transforma en una visión igual y distinta a la habitual, porque es anuente y contestaria a la vez.       

MEMORIAS DEL VALOR Y LA ENTEREZA

MEMORIAS DEL VALOR Y LA ENTEREZA

Luis Sexto                                      

 El de la foto es el célebre torturador batistiano Carratalá

Hace poco leí un libro que se acerca a La Habana desde una perspectiva un tanto olvidada por unos y desconocida por otros. Pocos de cuantos viven hoy en la urbe seductora de ayer y de hoy, podrán identificar ciertos nombres, ciertas referencias de lugares, establecimientos y gente. “Me llevaron a la Décima”, o “entrando en El Encanto”, o “Carratalá me dijo”, o “Miguelito el Niño me golpeó”. ¿Qué dicen a la mayoría? Supongo que casi nada.

Por ello mismo, para que los recuerdos no perezcan entre las muelas del tiempo, se escribió este libro. Son memorias. Memorias que destilan sangre, dolor, duda, miedo, angustia y sobre todo entereza, heroísmo. El autor, Gaspar González- Lanuza, reconocido promotor de la cultura –en particular la ópera- que fue también combatiente de la guerra contra la opresión ha querido con su libro Clandestinos: héroes vivos y muertos, mantener vigente la acción y la entrega de cuantos, en las calles habaneras bajo la tiranía de Batista, afrontaron el peligro cierto de rebelarse contra la injusticia, el pillaje, la corrupción, en un frente complementario del Ejército Rebelde en las montañas. La lucha clandestina componía, en cierta paradoja que la honra, la retaguardia adelantada de las guerrillas.

En lo personal, me gustan las memorias. Es un placer adentrarse en la vida de personas que, aunque puedan ser desconocidas, nos cuentan su participación en episodios que los historiadores nos ofrecen sintetizados, encapsulados en juicios generales. Las memorias y las anécdotas son la parte más vital y atractiva de la historia.

 González-Lanuza –hijo de un reconocido combatiente internacionalista en España- supo contar su participación en la epopeya revolucionaría de los 50, subordinándose a la acción colectiva. Evidentemente, se aprecia que intenta minimizar su crónica personal, para resaltar la de sus compañeros y jefes. Está hablando, desde luego, de hombres que, de obreros o profesionales comunes, se transportaron de un salto a las cimas del coraje y la ofrenda sin tachas. A la excepcionalidad.

Relata, incluso, aspectos inéditos de hechos que impactaron a los combatientes, en el Llano y en la Sierra. Por ejemplo, el asesinato de Lydia y Clodomira, mensajeras de la Sierra Maestra. Lanuza estaba en posición privilegiada: tuvo la misión de proteger a Lydia. Su experiencia en el clandestinaje y su cautela y aprensiones no pudieron evitar el trágico, y heroico, final de ambas mujeres. Dada la cercanía y el afecto camaderil que lo unió a las combatientes, Lanuza llegó a precisar, mediante la investigación, los detalles del hecho y el destino definitivo de sus cuerpos.

Clandestinos: héroes vivos y muertos –Editorial de Ciencias Sociales, 2007-  se lee con facilidad. Es ameno. No leeremos, quizás, una prosa acabada, sabia –el autor no es un escritor profesional-, pero tampoco entraremos en contacto con una prosa formal, propia de los informes. El estilo intenta ser objetivo a veces; lírico otras, tratando de evidenciar la circunstancia íntima en que se envuelve el combatiente clandestino. Y lo consigue. Lo consigue sobre todo en un capítulo que el autor, creo que por modestia, inserta al final: su detención, sus torturas, a manos de  oficiales de la policía de Batista, algunos de los cuales se exiliaron meses más tarde en los Estados unidos y vivieron y murieron en Miami.

 Cuando uno escribe, debe buscar el efecto más impactante, el interés más cautivante. La vanidad o el egoísmo que alguno a veces intentan elevar al rango de defectos en un texto, son por hábito reproches aldeanos. Ningún escritor suele escribir por vanidad: trata de ser efectivo. Y me hubiera gustado leer al principio de este  libro el capítulo titulado “En la Décima Estación”. Es lo más logrado, porque es lo más personal.

MEMORIES OF COURAGE AND INTEGRITY

MEMORIES OF COURAGE AND INTEGRITY

By Luis Sexto
 

Yesterday I read a book that looks at Havana from a pretty much forgotten,
or at least for many, unknown perspective. Only a few among those who live
in the seductive Cuban capital will recognize certain names, references to
places, businesses and people. «They took me to the Decima,» or «coming into
the El Encanto,» or «Carratala told me,» or «Miguelito the Niño hit me.»
What do these names mean to most people? Almost nothing, I guess.

That’s why this book was written, so that these memories do not vanish with
the passing of time. They are memories, memories that ooze blood, pain,
doubt, fear, anguish and, especially, integrity and heroism. In
Clandestinos: heroes vivos y muertos (Clandestine fighters: live and dead
heroes), author Gaspar Gonzalez-Lanuza, a great promoter of culture and the
arts who also fought in the war against oppression, keeps alive the actions
and dedication of those people in Havana who rebelled against the injustice
and corruption during the Batista administration, putting their lives in
peril by supporting the Rebel Army, fighting in the mountains. The
clandestine struggle was a paradoxical front rearguard of the guerrillas.

I like memories. It is a pleasure to know about the lives of people who, yet
unknown, tell us about their participation in events that have always been
summarized by historians, trapped in generalizing. Memories and anecdotes
are the most important and attractive part of history.

Gonzalez-Lanuza —son of a renowned internationalist fighter in
Spain— brings
alive his participation in the
Cuba’s 1950s revolutionary struggle,
subordinating his exploits to those of collective action. The author
minimizes his personal story, highlighting the actions of his partners and
leaders; people who demonstrated exceptional degrees of courage and
sacrifice.

Among the books highlights are previously unpublished details that greatly
impacted fighters, such as the murders of
Lydia and Clodomira Acosta.
Gonzalez-Lanuza was in a privileged position; he had the mission of
protecting
Lydia. But all his experience in the clandestine struggle, his
care and concern were unable to prevent the tragic and heroic end of the
clandestine messengers. With his proximity and links to both women,
Gonzalez-Lanuza provides the reader with great detail of the tragic event
and the final resting spot of their bodies.

Clandestinos: heroes vivos y muertos is a good and enjoyable read. While
maybe not an example of high prose —the author is not a professional
writer—, the book is neither a dry account, characteristic of reports. At
times the style tries to be objective; at others, lyrical, trying to show
the intimate circumstances surrounding the clandestine fighters. And the
author achieves this intimacy, especially in the final chapter where he
tells us about his arrest and tortures. When we write, we must try and find
the most impacting effect to try to captivate the reader. I would have liked
to have read the chapter entitled «En la Decima Estacion (At the tenth
station)» at the beginning of the book. It is the best of all chapters
because it is the most personal one.

 

This book, published this year by the Ciencias Sociales Publishing House,
revives a
Havana that has already vanished with the passing of time and one
which is important to remember. It brings us closer to a stage in history
when the best of the Cuban people reached an instant of glory, opening the
road for future successes; a stage which we should never forget.
 

LA VERDAD SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

LA VERDAD SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

Por José Martí 

Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósito, por el purito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y formas que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva. Es de hombres de prólogo y superficie, -que no hayan hundido los brazos en las entrañas humanas, que no vean desde la altura imparcial hervir en igual horno las naciones, que en el huevo y tejido de todas ellas no hallen el mismo permanente duelo del desinterés constructor y el odio inicuo,-el entretenimiento de hallar variedad sustancial entre el egoísta sajón y el egoísta latino, el sajón generoso o el latino generoso, el latino burómano o el burómano sajón: de virtudes y defectos son capaces por igual latinos y sajones. Lo que varía es la consecuencia peculiar de la distinta agrupación histórica: en un pueblo de ingleses y holandeses y alemanes afines, cualesquiera que sean los disturbios, mortales tal vez, que le acarree el divorcio original del señorío y la llaneza que a un tiempo lo fundaron, y la hostilidad inevitable, y en la especie humana indígena, de la codicia y vanidad que crean las aristocracias contra el derecho y la abnegación que se les revelan, no puede producirse la confusión de hábitos políticos y la revuelta hornalla de los pueblos en que la necesidad del conquistador dejó viva la población natural, espantada y diversa a quien aún cierra el paso con parricida ceguedad la casta  privilegiada que engendró en ella el europeo. Una nación de  mocetones del Norte, hechos de siglos atrás al mar y a la nieve; y a la hombría favorecida por la perenne defensa de las libertades locales, no puede ser como una isla del trópico, fácil y sonriente, donde trabajan por su ajuste, bajo un gobierno que es como piratería política, la excrescencia famélica de un pueblo europeo, soldadesco y retrasado, los descendientes de esta tribu áspera e inculta, divididos por el odio de la docilidad acomodaticia a la virtud rebelde, y los africanos pujantes y sencillos, o envilecidos y rencorosos, que de una espantable esclavitud y una sublime guerra han entrado a la conciudadana con los que los compraron y los vendieron, y, gracias a los muertos de la guerra sublime, saludan hoy como a igual al que hacían ayer bailar a latigazos. En lo que se ha de ver si sajones y latinos son distintos, y en lo que únicamente se les puede comparar, es en aquello en que les hayan rodeado condiciones comunes: y es un hecho que en los Estados del Sur de la Unión Americana, donde hubo esclavos negros, el carácter dominante es tan soberbio, tan perezoso, tan inclemente, tan desvalido, como pudiera ser, en consecuencia de la esclavitud, el de los hijos de Cuba. Es de supina ignorancia, y de ligereza infantil y punible, hablar de los Estados Unidos y de las conquistas reales o aparentes de una comarca suya o grupo de ellas, como de una nación total e igual, de libertad unánime y de conquistas definitivas; semejantes Estados Unidos son una ilusión o una superchería. De las covachas de Dakota, y la nación que por allá va alzándose, bárbara y viril, hay todo un mundo a las ciudades del Este, arrellanadas, privilegiadas, encastadas, sensuales, injustas. Hay un mundo, con sus casas de cantería y libertad señorial, del norte de Schenectady a la estación zancuda y lúgubre del sur de Petersburg,-del pueblo limpio e interesado del Norte, a la tienda de holgazanes, sentados en el coro de barriles, de los pueblos coléricos, paupérrimos, descascarados, agrios, grises del Sur. Lo que ha de observar el hombre honrado, es precisamente, que no sólo no han podido fundirse, en tres siglos de vida común, o uno de ocupación política, los elementos de origeny tendencia diversos con que se crearon los Estados Unidos, sino que fa comunidad forzosa exacerba y acentúa sus diferencias primarias, y convierte la federación innatural en un estado, áspero, de violenta conquista. Es de gente menor, y de fa envidia incapaz y roedora, el picar puntos a la grandeza patente y negarla en redondo, por uno u otro lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al sol. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en fa política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice. Ni con el deber de hombre cumple, de conocer la verdad y esparcirla; ni con el deber de buen americano, que sólo ve seguras la gloria y paz del continente en el desarrollo franco y libre de sus distintas entidades naturales; ni con su deber de hijo de nuestra América, para que por ignorancia, o deslumbramiento o impaciencia no caigan los pueblos de casta española, al consejo de la toga remilgada y el interés asustadizo, en la servidumbre inmoral y enervante de una civilización dañada y ajena. Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. 

Lo malo se ha de aborrecer, aunque sea nuestro;-y aun cuando no lo sea. Lo bueno no se ha de desamar sólo porque no sea nuestro. Pero es aspiración irracional y nula, cobarde aspiración de gente segundona e ineficaz, la de llegar a la firmeza de un pueblo extraño por vías distintas de las que llevaron a la seguridad y al orden al pueblo envidiado. .-por el esfuerzo propio y por la adaptación de la libertad humana a las formas requeridas por la constitución peculiar del país. En unos es el excesivo amor al Norte la expresión, explicable e imprudente, de un deseo de progreso tan vivaz y fogozo, que no ve que las ideas, como los árboles, han de venir de larga raíz, y de ser de suelo afín, para que prendan y prosperen, y que al recién nacido no se fe da la sazón de la madurez porque se le cuelguen al rostro blando los bigotes y patillas de la edad mayor: Monstruos se crean así, y no pueblos: hay que vivir de sí y sudar fa calentura. En otros la yanquimanía es inocente fruto de uno u otro saltito de placer, como quien juzga de las entrañas de una casa, y de las almas que en ella ruegan o fallecen, por la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite; padézcase; carézcase; trabájese; ámese, y en vano; estúdiese, con el valor y libertad de sí; vélese, con los pobres; llórese, con los miserables; ódiese, la brutalidad de la riqueza; vívase, en el palacio y en la ciudadela, en el salón de la escuela y en sus zaguanes, en el palco del teatro, de jaspes y oro, y en los bastidores, fríos y desnudos; y así se podrá opinar, con asomos de razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos. En otros póstumos enclenques del dandismo literario del segundo imperio, o escépticos postizos bajo cuya máscara de indiferencia suele latir un corazón de oro, fa moda es el desdén, y más, de lo nativo; y no les parece que haya elegancia mayor que la de beberle al extranjero los pantalones y las ideas, e ir por el mundo erguido, como el faldero acariciado, el pompón de la cola. En otro es como sutil aristocracia, con la que, amando en público lo rubio como propio y natural, intentan encubrir el origen que tienen por mestizo y humilde, sin ver que fue siempre entre hombres señal de bastardía el andar tildando de ella a los demás, y no hay denuncia más segura del pecado de una mujer que el alardear de desprecio a las pecadoras. Sea la causa cualquiera,- impaciencia de la libertad o miedo de ella, pereza moral o aristocracia risible, idealismo político o ingenuidad recién llegada,-es cierto que conviene, y aun urge, poner delante de nuestra América fa verdad toda americana, de lo sajón como de lo latino, a fin de que la fe excesiva en la virtud ajena no nos debilite, en nuestra época de fundación, con la desconfianza inmotivada y funesta de lo propio. En una sola guerra, en la de secesión, que fue más para disputarse entre Norte y Sur el predominio en la República que para abolir la esclavitud, perdieron los Estados Unidos, hijos de la práctica republicana de tres siglos en un país de elementos menos hostiles que otro alguno, más hombres que los que en tiempo igual, y con igual número de habitantes, han perdido juntas todas las repúblicas españolas de América, en la obra naturalmente lenta, y de México a Chile vencedora, de poner a flor del mundo nuevo, sin más empuje que el apostolado retórico de una gloriosa minoría y el instinto popular, los pueblos remotos de núcleos distantes y de razas adversas, donde dejo el mando de España toda la rabia e hipocresía de la teocracia, y la desidia y el recelo de una prolongada servidumbre. Y es de justicia, y de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy menos humano y viril, mientras que el hispanoamericano, a todas luces, es superior hoy, a pesar de sus confusiones y fatigas, a lo que era cuando empezó a surgir de la masa revuelta de clérigos logreros, imperitos ideólogos e ignorantes o silvestres indios.-Y para ayudar al conocimiento de la realidad política de América, y acompañar a corregir, con la fuerza serena del hecho, el encomio inconsulto,-y, en lo excesivo, pernicioso--de la vida política y el carácter norteamericanos, Patria inaugura, en el número de hoy una sección permanente de Apuntes sobre los Estados Unidos, donde, estrictamente traducidos de los primeros diarios del país, y sin comentario ni mudanza de la redacción, se publiquen aquellos sucesos por donde se revelen, no el crimen o la falta accidental-y en todos los pueblos posibles en que sólo el espíritu mezquino halla cebo y contento, sino aquellas calidades de constitución que, por su constancia y autoridad, demuestren las dos verdades útiles a nuestra América:-el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos,-y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos. 

Patria, Nueva York, 23 de marzo de 1894