Facebook Twitter Google +1     Admin

DINERO DE CUBA EN LA INDEPENDENCIA NORTEAMERICANA

20060718031106-batalla1.jpg

Por Luis Sexto

George Washington sería el primero en ordenar un añadido en los textos escolares de historia de los Estados Unidos. Nadie como él pudo apreciar aquel millón de libras esterlinas que aportaron las damas de La Habana, y con el cual pudo avituallar su ejército, carente entonces de ropas, alimentos, armas y municiones, para batir definitivamente a los ingleses en la batalla de Yorktown el 31 de octubre de 1781.

Ciertos estudiosos y profesores universitarios de los Estados Unidos reclaman desde hace años el derecho de los estudiantes norteamericanos, incluso a los de origen latino, a conocer el concurso de españoles, cubanos, mexicanos y de otros países de América Latina y el Caribe, en la guerra por la independencia de las 13 Colonias. Todavía hoy solo se habla de la participación europea, en particular francesa, y se exaltan los nombres de Lafayette, Von Steuben, Kalb, y otros.

El historiador Stephan Bonsal asegura que el aporte monetario de las mujeres en Cuba “puede ser considerado, verdaderamente, el cimiento sobre el cual se erigió el edificio de la independencia americana”. La historia es así. En la primavera de 1781, Washington le comunicó al general Conde de Rochambeau, jefe de las fuerzas francesas en territorio norteamericano, las necesidades logísticas de sus tropas, calculadas en un millón 200 mil libras esterlinas. El militar pidió lo que en la época sumaba una fortuna, a Degrasse, almirante de la flota francesa fondeada en Santo Domingo.  El marino intentó  colectar el dinero en  esa isla, pero le resultó imposible. Y remitió tres de sus barcos a La Habana, uno de los cuales navegaba capitaneado por el célebre Saint Simon. 

Mujeres adineradas, esposas o hijas de altos funcionarios de la colonia, de comerciantes  o de hacendados criollos, se despojaron de sus joyas, en un donativo cuyas razones habría que buscarlas en la solidaridad con los norteamericanos, o en el odio a Inglaterra, que había gobernado y maltratado a los habaneros en 1762. Lo cierto que su sacrifico cubrió casi el monto de la suma, divido luego entre las tropas independentistas y las francesas.

Capitán General de Cuba era Juan Manuel Cagigal, cuyo ayudante de Campo se llamaba Francisco de Miranda, más tarde precursor de la independencia  de los países hispanoamericanos. Ambos pelearon del lado insurrecto en la batalla de Pensacola, dirigida por Bernardo Gálvez, gobernador español de la Luisiana que apoyó desde 1777 a los revolucionarios de las 13 Colonias. Galveston fue bautizada así en su honor. En Pensacola, en 1781, como en Mobile en 1780, lucharon 4 000 soldados procedentes de Cuba, muchos nativos, blancos y negros, de la isla; 2 000 de México y centenares de Puerto Rico, Haití, Santo Domingo.

La historia podría escribirse en el presente, pero ocurrió en el pasado,  imborrable e insustituible. Washington sería el primer en testificarlo.

 
17/07/2006 22:03 Luis Sexto #. Historia



Powered by Blogia

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris