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UN POEMA AL CHE ESCRITO POR UN MONJE

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Por Luis Sexto

Una antología de poemas dedicados a Ernesto Che Guevara, dos años después de su asesinato en La Higuera, Bolivia, el 8 de octubre de 1967, recoge un poema aparentemente insólito: el del monje trapense norteamericano Thomas Merton. Insólito en apariencias, porque este contemplativo, hombre de perenne soledad, además de ser un maestro de la paz interior, un místico moderno, se había especializado durante su vida monacal en la prédica y la práctica de la convivencia de los opuestos o lo disímil.

Nada es sorprendente en Merton. Quizás por su hábito de sorprender, de obrar a contrapelo del canon predominante en un catolicismo rígido, iracundo, intolerante, fue capaz de estudiar el budismo zen con el propósito ecuménico de acercar al Oriente y el Occidente en lo religioso. Murió electrocutado en 1968 al encender un ventilador en un hotel de Bangkok mientras esperaba entrevistarse con el Dalai Lama. Uno se pregunta cómo hubiera sonado ese diálogo entre dos silenciosos. Tal vez habría hablado solo el corazón… Por tanto, no puede este monje asombrar al componer un poema donde con un tropo tierno, suave –“Niño de la música lejana”- rebautiza y define a un revolucionario cuya táctica para convertir a los pobres en ciudadanos redimidos consistía en la guerra de guerrillas. En este poema habla claramente el corazón.

Como creyente, Merton tuvo vínculos con Cuba. En 1940, antes de su ingreso en el monasterio trapense de Nuestra Señora de Getsemany, en Louisville, Kentucky, visitó el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre –Patrona de Cuba- cerca de Santiago de Cuba, ante cuya imagen llegó para suplicar a Dios la gracia de ser aceptado como aspirante al sacerdocio. En su autobiografía, La montaña de los siete círculos -un best seller en 1948 y años siguientes- cuenta su recorrido por la “Isla luminosa”. Visita, además de Santiago, a las ciudades de La Habana, Matanzas, y Camagüey, donde empezó a leer bajo una palma real el texto en español de la autobiografía de Santa Teresa.

Después, como uno de los escritores católicos más leído y acatado del siglo XX, Merton sostuvo correspondencia epistolar con escritores cubanos, entre ellos el poeta y ensayista Cintio Vitier. En Semillas de destrucción reproduce su respuesta “a un poeta cubano”. Le pide, extendiendo el deseo a otros amigo del destinatario, que le envíen poemas nuevos. “Ha llegado el momento –asegura- en que la publicación de poemas ha de ser como esas pálidas y ligeras semillas que vuelan por la corriente de la brisa del bosque, a través de las sombras azules, y caen en la hierba donde decreta Dios. Estoy convencido de que ya estamos en el tiempo en que la palabra impresa no se lee, pero el papel que se pasa de mano en mano se lee con avidez.”

El poema al Che Guevara lo une de modo definitivo a Cuba. Su condición de monje de clausura, silencioso, distante, apartado, nunca le impidió un análisis amoroso de los conflictos del mundo. Es quizás esa serena y tolerante mirada, el fundamento de la certeza con la cual juzgó a hombres y acontecimientos. En estos versos, el Che se transforma en una especie de ángel de la vida, sin estridencias ni arengas. 

LETTERS TO CHE:CANTO BILINGÜE

Te escribo cartas, Che,

En la sazón de lluvias

Envenenadas.

They came without facesFound you with eyeless rays

The tin grasshoppersWith five-cornered magic

Wanting to feed you

To the man-eating computer

Te escribo cartas , Guerrero,

Vestido de hojas y lunas

But you won and became

The rarest jungle tree

A lost leopard

Out of metal’s way

Te escribo cartas
Hermano invisible

Gato de la noche lejana

Cat of far nights

Whisper of a Bolivian kettle

Cry

Of an Inca hill

Te escribo cartas,

NiñoDe la música callada.
 

(Tomado de poemas al Che, Ed. Instituto del Libro, la Habana, Cuba, 1969)  

16/07/2006 13:55 Luis Sexto #. Cultura



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