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Política

ENTREVISTA CON LA BLOGUERA YOANI SÁNCHEZ

ENTREVISTA CON LA BLOGUERA YOANI SÁNCHEZ

Salim Lamrani*

Rebelión

Primera parte

 Yoani Sánchez es la nueva figura de la oposición cubana. Desde la creación de su blog «Generación Y» en 2007, ha obtenido innumerables premios internacionales: El premio de Periodismo Ortega y Gasset (2008), el premio Bitacoras.com (2008), el premio The Bob’s (2008), el premio Maria Moors Cabot (2008) de la prestigiosa universidad estadounidense de Columbia. Del mismo modo, la bloguera fue seleccionada entre las 100 personalidades más influyentes del mundo por la revista Time (2008), en compañía de George W. Bush, Hu Jintao y el Dalai Lama. Su blog fue incluido en la lista de los 25 mejores blogs del mundo del canal CNN y la revista Time (2008). El 30 de noviembre de 2008 el diario español El País la incluyó en la lista de las 100 personalidades hispanoamericanas más influyentes del año (lista en la cual no aparecían ni Fidel Castro ni Raúl Castro). La revista Foreign Policy por su parte la incluyó entre los 10 intelectuales más importantes del año y la revista mexicana Gato Pardo hizo lo mismo para el año 2008.

Esta impresionante avalancha de distinciones así como su carácter simultáneo han suscitado numerosas interrogantes, tanto más cuanto que Yoani Sánchez, según sus propias confesiones, es una total desconocida en su propio país. ¿Cómo una persona desconocida por sus vecinos –según la propia bloguera– puede formar parte de la lista de las 100 personalidades más influyentes del año?

Un diplomático occidental, cercano a esta atípica opositora al gobierno de La Habana , había leído una serie de artículos que escribí sobre Yoani Sánchez y que eran relativamente críticos. Se los enseñó a la bloguera cubana y ésta quiso reunirse conmigo para esclarecer algunos puntos que había abordado.

El encuentro con la joven disidente de fama controvertida no tuvo lugar en algún oscuro apartamento con ventanas cerradas o en un lugar aislado y recluso para escapar a los oídos indiscretos de la «policía política». Al contrario, se desarrolló en el vestíbulo del Hotel Plaza, en el centro de la Habana Vieja , en una tarde inundada de sol. El lugar estaba muy concurrido, con numerosos turistas extranjeros que deambulaban por el inmenso salón del majestuoso edificio que abrió sus puertas a principios del siglo XX.

Yoani Sánchez está cercana a las embajadas occidentales. En efecto, una simple llamada de mi contacto al mediodía permitió fijar la cita para tres horas después. A las 15 horas, la bloguera apareció sonriente, vestida con una falda larga y una camiseta azul. Llevaba también una chaqueta deportiva para hacer frente a la relativa frescura del invierno habanero.

La conversación duró cerca de dos horas alrededor de una mesa del bar del hotel con la presencia de su marido, Reinaldo Escobar, quien la acompaño durante unos veinte minutos antes de abandonar el lugar para acudir a otra cita. Yoani Sánchez se mostró sumamente cordial y afable y dio prueba de una gran tranquilidad. El tono de voz era seguro y en ningún momento se mostró incómoda. Acostumbrada a los medios occidentales, domina relativamente bien el arte de la comunicación.

Esta bloguera, personaje de apariencia frágil, inteligente y sagaz, es consciente de que, aunque le cueste reconocerlo, su mediatización en Occidente no es una casualidad, sino que se debe al hecho de que preconiza la instauración de un «capitalismo sui generis» en Cuba.

El incidente del 6 de noviembre de 2009

Salim Lamrani: Empecemos por el incidente que ocurrió el 6 de noviembre de 2009 en La Habana. En su blog, usted explicó que fue arrestada con tres de sus amigos por «tres fornidos desconocidos» durante una «tarde cargada de golpes, gritos e insultos». Usted denunció las violencias que las fuerzas del orden cubanas cometieron contra usted. ¿Confirma su versión de los hechos?

Yoani Sánchez: Efectivamente, confirmo que sufrí violencia. Me secuestraron 25 minutos. Recibí golpes. Logré quitarle un papel que uno de ellos tenía en el bolsillo y lo puse en mi boca. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto.

SL: El relato, en su blog, es verdaderamente terrorífico. Cito textualmente: usted habló de «golpes y empujones», de « golpes en los nudillos», de «andanada de golpes», de la «rodilla sobre [su] pecho», de los golpes en «los riñones y […] la cabeza», «el cabello halado», de su «rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido», de «los golpes [que] seguían cayendo» y «todos estos morados». Sin embargo, cuando recibió la prensa internacional el 9 de noviembre todas las marcas habían desaparecido. ¿Cómo explica eso?

YS: Son profesionales de la golpiza.

SL: De acuerdo, pero ¿por qué no sacó fotos de las marcas?

YS: Tengo las fotos. Tengo pruebas fotográficas

SL: ¿Tiene pruebas fotográficas?

YS: Tengo las pruebas fotográficas.

SL: Pero, ¿por qué no las ha publicado para desmentir todos los rumores según los cuales usted habría inventado una agresión para que la prensa hablara de su caso?

YS: Prefiero guardarlas por el momento y no publicarlas. Quiero presentarlas ante un tribunal un día para que esos tres hombres sean juzgados. Me acuerdo perfectamente de sus rostros y tengo fotos de dos de ellos por lo menos. En cuanto al tercero, queda por identificar pero dado que se trataba del jefe, será fácil de ubicar. Tengo también el papel que le quité a uno de ellos y que tiene mi saliva pues lo puse en mi boca. En ese papal estaba escrito el nombre de una mujer.

SL: De acuerdo. Usted publica muchas fotos en su blog. Nos resulta difícil entender por qué prefiere no mostrar las marcas esta vez.

YS: Como ya le dije, prefiero reservarlas a la justicia.

SL: Usted entiende que con esta actitud está dando crédito a los que piensan que inventó esa agresión.

YS: Es mi elección.

SL: Sin embargo, incluso los medios occidentales que le son más bien favorables tomaron precauciones oratorias poco habituales para contar su relato. El corresponsal de la BBC en La Habana Fernando Ravsberg escribe, por ejemplo, que usted «no tiene hematomas, marcas o cicatrices». La agencia France Presse relata la historia clarificando con mucho cuidado que se trata de su versión con el título «Cuba: la bloguera Yoani Sánchez dice haber sido golpeada y detenida brevemente». El periodista afirma por otra parte que usted «no resultó herida».

YS: Yo no quisiera evaluar el trabajo de ellos. No soy quien debe juzgarlo. Son profesionales que pasan por situaciones muy complicadas que no puedo evaluar. Lo cierto es que la existencia o no de marcas físicas no es la evidencia del hecho.

SL: Pero la presencia de macas demostraría que se ejercieron violencias. De ahí la importancia de publicar las fotos.

YS: Usted debe entender que son profesionales de la intimidación. El hecho de que tres desconocidos me condujeran a un auto sin presentarme ningún documento me da el derecho de quejarme como si me hubieran fracturado todos los huesos del cuerpo. Las fotos no son importantes porque la ilegalidad está cometida. La precisión de «si me dolió aquí o si me dolió allá» es mi dolor interior.

*Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne -Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

EL OJO QUE TE MIRA

EL OJO QUE TE MIRA

El cinismo como política

 

La secretaria de Estado de los Estados Unidos acaba de decir en la Universidad de Louisville, Kentucky:

La actual administración del presidente Barack Obama ha hecho algunas aproximaciones al régimen cubano al permitir más viajes familiares y más oportunidades de negocio para los productos agrícolas.

 

También ha dialogado con Cuba en algunos asuntos de interés común como la migración y el tráfico de drogas, pero no han obtenido la respuesta esperada por parte del régimen cubano.

 

''Hay maneras en las que tratamos de mejorar nuestra cooperación, pero en mi opinión personal los Castro no quieren ver el final del embargo y no quieren ver la normalización (de las relaciones) con EE.UU., porque perderían todas sus excusas por lo que no ha pasado en Cuba en los últimos 50 años''.


Un cubano común y corriente podría preguntarle a la señora Clinton. Bueno, si es verdad que los Castro no quieren que el bloqueo caiga, por qué la Casa Blanca y el Congreso no lo eliminan para poner a los Castro en un aprieto.

 

Ahora veamos esta nota difundida en la radio de Miami, y firmada por El Duende, “fantasmal” periodista residente de esa ciudad.
 

Los Blogueros también comen.

 Algo  nuevo  ha salido a relucir con eso de que se está investigando en Washington como  se  gastan los  40 millones  de  dólares  del  presupuesto  norteamericano  destinados a la  ayuda económica  a los  “Disidentes”  y opositores  al  gobierno  cubano  que  operan dentro  y  fuera  de la   isla. Pero  el  dinero  está  retenido  por  Washington hasta que se termine  la  pesquisa  sobre  la corrupción que se ha detectado  en  ese programa federal  de  financiamiento a la  oposición  cubana.

 

En Estados  Unidos reciben el dinero gordo unas  cuantas  organizaciones  de bolsillo  que dicen  representar a  los  opositores del interior  de la  isla, mientras que allá lo  que llega es  la  piltrafa, que  va a parar,  bajo protesta y reclamo de mejor  atención económica, a quienes se presentan como “Periodistas  Independientes” “Disidentes  históricos ” “Damas  de  Blanco” o “Defensores  de los  Derechos  Humanos”.

 

Todo  eso  es  viejo  y  bien  sabido.  Lo  nuevo  y lo que  pocos  conocen es que de acuerdo  a la  investigación  que  se  está  llevando a  cabo  en  Washington  sobre  el  dinero  de  USAID-  la  agencia  oficial  que  maneja los  fondos-  los  llamados  “Blogueros” y “Blogueras” “Macho Rico”  acompañadas,   también cobran   por  sus  actividades anti-castristas  en  la  Internet.   Todos  mezclados comiendo en el  mismo  plato. ¡Calladito  que se lo  tenían!

                           

QUÉ PASA EN CUBA, SEÑORES, QUE YO NO LO VEO

QUÉ PASA EN CUBA, SEÑORES, QUE YO NO LO VEO

Por Luis Sexto

 

Descarga ingenua de un cubano común

 

Una mañana navego por la Internet, y empiezo a leer declaraciones, entrevistas, artículos alarmadísimos por lo que está pasando en Cuba. Y de pronto, este ciudadano común y corriente se confunde: qué está pasando en Cuba, caballeros, que yo no sé. Qué está pasando en mi tierra que Obama y  Zapatero saben más que yo, y más que yo saben El País, y El Nuevo Herald, y la CNN, y el ceremil de medios que dicen decir la verdad, una verdad que yo no veo ni tocó andando por mis calles.

 

Equilibrado como cualquier ciudadano común -esto es,  los transeúntes,  los que no están en nada y solo tratan de vivir lo mejor posible en su tierra-, me resisto a insultar  de  sopetón a políticos y periodistas extranjeros. Me digo: ¿qué ven ellos que yo no veo, estando aquí, oliendo las aguas del Almendares, respondiendo la llamada telefónica de la enfermera de la familia para recordarme que debo acudir al consultorio para recibir la vacuna contra la influenza; estando aquí, sí, sentándome en el muro del Malecón, con un libro en la mano, sin que nadie me pregunte qué estoy leyendo, o esperando el periódico junto con otros viejos, hablando de la pelota, y de mil jodiendas e insuficiencias de nuestro país sin que nadie nos salga al paso, amenazándonos con llevarnos presos si seguimos hablando mierda.

 

Qué está pasando en Cuba que yo no me entero. Ah, sí unas señoras vestidas de blanco que nadie conoce y que de vez en cuando desfilan como un pelotón de ceremonias, con una flor en la mano. Me pasaron por delante el otro día. Y pasaron, allí en G y 23, sin que nadie las abucheara, ni insultara. Luego el noticiero de la TV, las  filmó en medio de una escandalera, por allá por La Habana Vieja, zona caliente, activa, bueno, en fin, nada que uno no sepa que ocurre en cualquier lugar del mundo. Tengo un amigo en Europa que me cuenta que él ve todos los días manifestaciones de ciudadanos pidiendo trabajo o protestando por el costo de la vida, y la policía los golpea, y, dice mi amigo, eso no sale en ningún periódico. Uno, gente común, a lo mejor piensa, con psicología de colonizado mental, que una manifestación y una golpiza en Europa o Norteamérica no tiene porqué preocupar a nadie. En fin, eso es la democracia: gente que grita, alborota, y policías que golpean a los que gritan y alborotan. En esa democracia, el derecho no es equitativo. Pero es la mejor, porque cada cual tiene lo que le corresponde…

 

Pero parece, pienso yo, ciudadano común que por las noches va la sede universitaria del municipio y estoy ahí machacando la carrera de derecho parece  que según la democracia occidental, las llamadas damas de blanco tienen que tener el derecho en Cuba  a salir a la calle, a pedir lo suyo, que no es lo que pide la mayoría, pero los demás, es decir la otra gente, la mayoría  carecen del derecho a responderles. Hay que dejarlas tranquilas, aunque detrás de ellas marche, como testigo, un funcionario de la SINA norteamericana, que vela por los intereses de su país.  Habitualmente tranquilas  han estado estas señoras. Cierto día subí a un auto de alquiler –un botero entre nosotros- y me convertí en compañero de viaje de dos damas de blanco, que revisaban un conjunto de copias de artículos de El Nuevo Herald, de Miami. Así, a lo descarado. Me sonrieron. Yo les sonreí. Se bajaron. Y cada cual siguió su ruta en paz. Desde cuándo, pues, esas señoras caminan por las calles de La Habana, y se meten en las iglesias buscando apoyo y buscando, además, complicarles la vida al cura y a los verdaderos creyentes. Hace rato que están en eso… Dicen que piden la libertad para sus hijos y esposos, que están presos. Presos de conciencia. Y uno indaga y llega a creer que son presos de mala conciencia.  Yo conocí a algunas personas -aunque soy un ciudadano común, tengo amigos- que un día necesitaban dinero y empezaron a hacerse los periodistas; aprendieron en la SINA algo del lead y de la libertad de prensa, enviaron hacia el extranjero noticias, con algo de verdad y con mucha truculencia, y su vida material mejoró: llegaron los dólares, las comidas en la casa del jefe de la SINA en La Habana, recibieron instrucciones políticas sistemáticas, y también computadoras, cámaras fotográficas, radiorreceptores… En fin, comenzaron a trabajar, como agentes de otro país, sin registrarse ante el gobierno cubano.

 

Ahora recuerdo que, en clase, un profesor me dijo que en los Estados Unidos servir como agente de otro país  sin registrarse es delito sansionable. ¿Y por qué aquí en Cuba, aunque también es delito, no se les puede sancionar?  El profesor no tuvo una respuesta jurídica para mi pregunta.

 

Qué pasa en Cuba, pues, que yo no lo veo. Ah, la muerte, más bien suicidio, de un preso que se declaró en huelga de hambre pidiendo le pusieran televisor y alguna otra comodidad en la celda. ¿Morir por eso? Vamos, yo le hubiera dado mi televisor; prefiero leer. Pero quién lo habrá convencido de que con eso hacía  algo bueno.  En fin, uno lamenta que un hombre joven, sin mucha cultura, albañil, imaginara o creyera que el gobierno de Cuba iba a acceder a tales demandas. Tal vez un gobierno que no se respete… Eso pasó en una cárcel. Pero los periódicos del extranjero hablaron como si hubieran tenido treinta enviados especiales al lado del que se moría voluntariamente  de hambre. Cerquita, viéndolo agonizar. Qué difícil resulta  creer eso que nadie puede atestiguar de cuerpo presente.

 

Ahora hay otro, ex  preso,  que lleva más de un mes en huelga de hambre y de sed. ¿De sed, dicen ustedes? ¿De sed? No sé nada de medicina, pero he oído que si usted deja de tomar agua cinco o seis días, enseguida empieza a experimentar alucinaciones, a perder conciencia, y en las primeras semanas Fariñas hablaba por teléfono, hacía declaraciones, y repetía sus demandas hasta que lo ingresaron en el hospital. Pedía libertad para presos de “conciencia” enfermos. ¿Y de verdad hay presos en las cárceles de Cuba  cuya enfermedad les impida cumplir su condena?  Hace dos o tres años liberaron a varios verdaderamente enfermos. Claro, en eso de los presos uno afronta el riesgo de los que comen pescado: se te puede atravesar una espina; los presos, y más los presos que tienen a una potencia tratándolos como héroes y mártires, no les resulta muy difícil intentar ser héroes o mártires.

 

Pero para qué tanta agonía. Bueno, aparte de lo monetario, cuál es el programa de esa gente: la retórica romántica de libertad, de derechos humanos, y uno que ya es viejo recuerda cómo el gobierno de los Estados Unidos apoyaba al régimen de Batista y no se preocupaba por los muertes que aparecían en 1957 y 1958 a orillas de las carreteras o en las alcantarillas. En fin, esa llamada disidencia no disiente de nada, simplemente quiere tumbar al gobierno de su país con el auxilio financiero y material de los norteamericanos. Y pensar que del Padre Varela y José Martí hasta hoy, miles de  cubanos han luchado para mantenerse independientes de los Estados Unidos.  Los miembros de la llamada disidencia que no disiente sino se opone, repartidos en mil grupitos con nombres rimbombantes, carecen de crédito, nadie los conoce, sus líderes son como pícaros.  ¿Y de verdad alguien puede esperar que en Cuba pueda existir un partido que abogue por llevar al país nuevamente bajo la tutela de Washington? Yo soy el primero que se opondría…

 

Y uno, que sigue todos los días preocupándose por las cosas que de verdad pasan en Cuba: la distribución de tierras, el estudio de mil propuestas para agilizar y readecuar la organización económica, facilitar nuestra vida y hacer más efectiva y participativa la vida política honrada y patriótica,  pregunta si un gobierno,  popular por añadidura,  amenazado de derrocamiento, tiene que dejar que lo derroquen.  

 

De qué Cuba hablan ciertos jefes de Estado, y esos  periódicos que siempre han tenido un cúmulo de relaciones promiscuas con el dinero, es decir, con el poderoso caballero que promueve guerras y destruye la naturaleza del planeta. A lo mejor, digo yo, gente común, hablan de una Cuba ficticia que algunos creen verdadera. Varios me han preguntado: ¿por qué tengo que creer las explicaciones del gobierno cubano? Y yo les digo: ¿por qué no creerlas? ¿O acaso Obama, Zapatero y los parlamentos y congresos y todos los medios que hablan de Cuba cosas que no pueden confirmar, son  más creíbles?  Tengo la impresión, señores,  de que se están burlando de ustedes.

 

 

A CONFESIÓN DE PARTES, RELEVO DE PRUEBAS

A CONFESIÓN DE PARTES, RELEVO DE PRUEBAS

Nota tomada de la web

 

El Pájaro Tieso -Ernesto Hernández Busto, bloguero en Barcelona y protector de Yoani Sánchez- acaba de hacer una declaración de principios sui géneris: los “disidentes” y “blogueros independientes” en Cuba no tienen ningún impedimento moral para recibir el dinero de Estados Unidos que ayudaría a derrocar al gobierno de la Isla. Lo admite sin ambigüedades y se alista para participar en una reunión con George W. Bush, el próximo 19 de abril, para conformar el estado mayor de la Ciberguerra bloguera, en representación de los “voluntarios” de Cuba en el Ejército de Estados Unidos.

“No hay que tener ningún tipo de vergüenza ni sumarse a esa demonización del dinero extranjero”, dice, y tal parece que no acaba de entender el meollo del problema.  El asunto no es que ciertos cubanos reciban dinero del extranjero, sino que lo reciben clandestinamente, violando la ley, de una potencia enemiga cuyo proyecto presupuestario es tumbar al gobierno cubano a cambio de un régimen al servicio de Washington.  Actividad que es penada en todos los países del mundo, incluyendo los Estados Unidos.

No es que Cuba “demoniza” el dinero extranjero, como alega el bloguero “independiente” en su cínica apología.  Es que de facto se reconoce como asalariado del enemigo, y de paso, compromete hasta la médula a los ciber-contrarrevolucionarios, cuya independencia este año 2010 tiene el precio que ya puso en un cheque el Departamento de Estado: 20 millones de dólares.

Repetimos para los incrédulos: los 20 millones no son una fantasía del gobierno cubano, sino un financiamiento público emitido por el Gobierno de Obama, cuya partida usted puede ver aquí (documento original en PDF).

Lo extraño es que pese a su defensa de los salarios de los agentes de la potencia enemiga en Cuba -Yoani Sánchez, Damas de Blanco y similares guerreros de la libertad- y los constantes pedidos de dinero en su blog,  Hernández Busto dice que él no recibe parte del botín. Como diría Shakespeare: “The Lady dost protest too much, methinks” (la Dama protesta demasiado, creo yo).

 

EVADIENDO LOS EXTREMOS

Por Luis Sexto

Los poetas, si suelen acertar en el hallazgo de la imagen, no tienen a veces igual fortuna cuando intentan filosofar. ¿Acaso no parece equivocarse el bardo que legó a sus hijos “el tiempo, todo el tiempo”? Este verso, como arquitectura poemática, es intachable, aunque  en la vida práctica ningún ser vivo pueda disponer de todo el tiempo como categoría absoluta. Pero qué consecuencias dañinas tendría el yerro de un poeta, comparándolo, por ejemplo, con el error de los políticos al creer que poseen el tiempo, todo el tiempo…

El tiempo, pues, parece ser la magnitud que observadores y agoreros prestigian como la escenario donde el gobierno revolucionario y su partido dirimirán el destino del socialismo en Cuba. Se presume que el tiempo resulta  aliado durante ciertos momentos y poco después  puede  convertirse en enemigo de la política, cuando los políticos lo sobrevaloran o lo menosprecian.  Y ello tiene una relación con la actual circunstancia cubana. ¿Se demora el país en acometer su renovación y concretar las modificaciones de concepto y de estructura que cuando fueron anunciadas como tareas inmediatas ganaron el crédito de ser las propuestas más revolucionarias del día?

Como escribo desde Cuba, comprometido con las ideas fundamentales inauguradas en 1959, tengo una opinión flexible, abierta, consciente de que ciertas respuestas no caben, a riesgo de inexactitud e injusticia, en un sí o un no inapelables. Y por ello sigo creyendo que hoy por hoy la situación cubana no puede simplificarse  en la propaganda mediática que “infierniza” a Cuba combinando ecuaciones sin ética y fórmulas de fantaciencia, ni tampoco en la prédica melosa y unilateral que, al defenderla, la describe como una estación avanzada del paraíso terrenal. Las miradas militantemente severas, absolutas, suelen ir a los extremos, y desde los extremos el énfasis suele afiliarse a lo irracional, sea en las derechas o en las izquierdas.  

Tocando fondo, me inclino a sugerir que desde cierta impaciencia espoleada por la propia realidad, la percepción más usual en Cuba estima un tanto retardada la concreción de esa “revolución en la revolución”, ese “cambiar lo que debe ser cambiado”.  Mas, ¿es cierto que en Cuba todo sigue igual? ¿Apagada y fría? ¿Cansada? ¿Entusiasmada? ¿O fracasada?  “No”, responderían muchos que desde el retiro o el trabajo administrativo se dedican a recordar la hazaña que les dio justificación para vivir y insertarse en un proceso histórico único, habitado por la gloria de alfabetizar, plantar carretas, levantar escuelas, construir fábricas y sobre todo edificar la justicia, y ganar guerras solidarias y resistir invasiones, sabotajes, bloqueos concebidos, pagados, atizados desde los Estados Unidos, donde una de sus ciudades, entre las menos importantes en 1959 –y la más cercana a Cuba- se convirtió en la capital de la contrarrevolución en América Latina.

En otro momento me he referido en este espacio a que en Cuba habitualmente “pasa algo”, aunque a quienes deciden les parezca inconveniente insistir en lo que se acuerda, se aprueba y empieza aplicarse. Y se ha de ser muy agudo para unir, como piezas de una estrategia única, dispersos acontecimientos relacionados con la esencia del sistema cubano. Los propios decretos leyes sobre la tierra y el empleo múltiple, y la resolución del pago del trabajo por rendimiento confirman una voluntad de desmantelar la rigidez  de la economía y la sociedad cubanas. Hemos de tener en cuenta,  además, los reajustes que tienden a eliminar el paternalismo igualitarista y a extinguir entidades productivas sin eficiencia ni efectividad –como numerosas cooperativas básicas de producción agropecuaria (UBPC). En diversos mercados, a pesar de que el dato parezca baladí, ya los consumidores compran libre y establemente papa a un peso por libra en la “moneda nacional”. Si consideramos que este tubérculo fue durante décadas estricta y celosamente racionado, nos percatamos de que su liberación sugiere algo más que una ocasional superproducción.

El silencio viene siendo de antiguo un “pacto social” que mantiene muy localizado el alcance de medidas y debates.  Porque viejo es el esquema defensivo que trata de hermetizar cualquier movimiento interno que amenace la unidad nacional y en consecuencia pueda facilitar una hendija favorable a la hostilidad nunca desmentida, ni atenuada, de Washington y sus legionarios de Miami, aunque en esta ciudad la mayoría de los inmigrantes provenientes de Cuba más bien se ocupan por encontrar espacio dentro de las facilidades  del capitalismo desarrollado, y hoy enfermo, que combatir el comunismo. Ese conglomerado, un tanto indiferente o menos agresivo hacia el gobierno del país natal, podría derivar hacia una especie de fuerza equilibradora si empezara a poner en duda  la “gastronomía de chatarra” del  anticomunismo o el anticastrismo de los medios de Miami. Al menos por consideraciones familiares. Quién de no ha dejado en Cuba a padres, hermanos, tíos, esa larga cadena de parentesco que distingue a nuestra cultura. La suerte de la Cuba actual también corresponderá a todos sus ciudadanos. Porque, en fin, el grueso del pueblo no  se fragmenta en la llamada diáspora: vive en Cuba.

Por supuesto, inscribirse en la visión de que las trampas norteamericanas han de ser  neutralizadas solo con el inmovilismo o el silencio, equivale ya a una actitud maquinal. ¿No se trasunta que la escasez de discurso e información hoy en Cuba también se relaciona con el plano interno?  No lo dudo: los enemigos del socialismo se agrupan primordialmente en territorio de la Unión. Pero radican también dentro del archipiélago. Paso por alto los llamados “disidentes”, que suelen hacer carrera de pícaros tras el cartel de la política prohijada desde el extranjero. Me refiero a que a veces, sin conciencia culpable, la mentalidad encartonada de ciertos revolucionarios intenta frenar el cambio dialéctico estimando que lo hecho desde 1959 es perfecto. El curso rectificador o readecuador de la organización socio económica de Cuba dentro del esquema de la sociedad solidaria,  asusta  a unos por constituir una corrección de la distancia frente al dogma ya desacreditado. Y espanta a otros, porque implica una desverticalización jerárquica de la sociedad para privilegiar la horizontalidad democrática, con lo cual se suprimirían métodos y privilegios autoritarios calcados de fenecidas doctrinas. Esa circunstancia tan delicada para quienes intentan coser una “camisera rota” que puede rasgarse por otra parte, explica, a mi manera de ver, la conveniencia del paso lento, ejemplificado en el aplazamiento del sexto Congreso del Partido Comunista, sin cuya aprobación poco se podría rehacer en el aspecto estructural,  y en la aún indeterminada fecha de la conferencia del Partido,  anunciado escalón previo para  preparar el congreso.

Este articulista cree ver, sin embargo,  aun dentro de las indefiniciones, que en Cuba  se mueve una considerable tendencia  entre sectores populares, intelectuales y políticos que aboga por la urgencia de una reestructuración socialista, sin que ello implique concesiones a los Estados Unidos o deslealtad a los principios básicos de la revolución. Porque un pensamiento también se evidencia: si alguna vez desapareciera la facultad de pensar en Cuba, seguiría latente la sospecha sobre las intenciones limpias de los intereses norteamericanos con respecto de Cuba. El cubano medio intuye que, vuelta la Isla al patio yanqui, le corresponderá el papel de Las Vegas o de Miami, centro y vía de la prostitución, el juego y el narcotráfico. Ese fue el papel de esa Cuba previa a 1959 y que los químicos de las cocinas ideológicas de Miami y Madrid ofrecen como próspera y libre. Próspera y libre en las memorias de cuantos fueron minoritariamente prósperos y libres ejemplares de una pequeña clase media de autos, apartamento costosos y vacaciones en La Florida, a costa de la pobreza generalizada de obreros sin trabajo; campesinos expulsados de sus tierras o asesinados por geófagos y policías rurales; familias desalojadas de sus casas por no poder pagar al casateniente; niños, jóvenes y adultos analfabetos; poblados sin electricidad, sin médicos, sin maestros; mapas sin carreteras…

Dicho todo esto, qué pienso del tiempo: ¿se demora Cuba en su reclamada y proyectada renovación socialista? He sugerido explicaciones para que cuantos me leen alcancen su conclusión. En particular, comparto el criterio más común: el tiempo, ese aliado, podría convertirse en el enemigo principal,  tanto si nos apuramos como si aplazamos la solución esperando clima más benigno.  En política, si llegar temprano es malo; llegar tarde es peor, aunque, como escribió con acierto otro poeta, quizás cuando creamos que tenemos todas las respuestas, de pronto cambian todas las preguntas. (Tomado

 de Progreso semanal)

 

 

 

TIEMPOS DE TERMINAR CON JUEGOS POLÍTICOS

TIEMPOS DE TERMINAR CON JUEGOS POLÍTICOS

Por Lorenzo Gonzalo*

 

 

Quienes estamos acostumbrados a contemplar las represiones que ocurren en diferentes partes del mundo durante marchas políticas, estamos aún tratando de encontrar un parangón con la supuesta violencia a que fueron sometidas las llamadas Damas de Blanco, que recientemente han desfilado durante varios días en La Habana, Cuba.

 La prensa inicialmente mostró las imágenes del primer día, donde evidentemente hubo forcejeo entre las manifestantes y elementos de la fuerza pública que las obligaron a retirarse del lugar. El escenario se produjo, cuando las personas manifestantes, se vieron acosadas por grupos contrarios al mensaje político de quienes marchaban. Los policías se vieron obligados a utilizar fuerza, no así golpiza alguna, para sacarlas, evitando que los protestantes del otro grupo entrasen en confrontación violenta con las señoras que pedían la liberación de sus esposos.

Cuando las protestas tienen un carácter político siempre son propensas a encender los ánimos y las autoridades tienen que actuar con mucha cordura o de lo contrario caer en la trampa de la violencia. Así ocurrió con las protestas de Seattle, durante la reunión en esa ciudad, de la Organización Mundial del Comercio. La violencia fue tal que antes de concluida la reunión, las autoridades declararon el estado de queda en la ciudad.

 En Cuba es más complicado, porque no hay un procedimiento para solicitar permisos para manifestaciones públicas y tampoco hay regulaciones que las prohíban. Cuando ocurren, las autoridades deben proceder en concordancia con las afectaciones que puedan representar al orden público.

 Así sucedió durante la primera manifestación del las Damas de Blanco. El grupo que las insultaba era numeroso y la policía decidió retirar del lugar al menos nutrido, para evitar la confrontación que una gran cantidad de prensa, gobiernos y movimientos políticos contrarios al Estado cubano, desean.

 Nadie puede negar la bondad de una protesta compuesta por mujeres que piden que sus esposos sean puestos en libertad. Sin embargo, la manifestación realizada en la ciudad de Miami por unos miles de personas de diversas nacionalidades, en apoyo a ese grupo de cubanas reclamando la libertad de sus esposos, equivale a desenterrar el rábano tirando por las hojas. No trae ningún resultado positivo.

 Politizar la marcha de las llamadas Damas de Blanco, convirtiéndola en una reclamación de cambio de gobierno en Cuba y peor aún en cambio de proyecto social, es un craso error que sólo contribuye a dificultar aún más cualquier intento por suavizar el enfrentamiento de Estados Unidos con la dirigencia cubana. La manifestación de Miami no fue en apoyo a las Damas de Blanco, fue un estertor que intenta llamar la atención sobre Cuba, presentándola por su cara negativa y ocultando el verdadero conflicto que da lugar a muchas de las cosas criticables que en el país suceden.

 La movilización alentada por un grupo de artistas y gente de la farándula de Miami, en apoyo de esas cubanas, intenta revivir el protagonismo que por muchos años las Administraciones estadounidenses le dieron en Miami a representantes de la dictadura cubana que motivara la insurrección revolucionaria y a las personas que se prestaron a conspirar contra el proceso social iniciado posteriormente, sirviendo conciente o inconscientemente, a los intereses de Washington en aquella época.

 Es un tema superado, que se intenta revivir por el camino de protestas ejercidas a través de cantantes, artistas y personas aparentemente inocuas y carentes de aspiraciones políticas. Es apelar a las simpatía para sumar a un público marginal políticamente e intentar rescatar una entelequia llamada exilio, que no sólo contribuyó a evitar la estabilización del proceso cubano, sino que alentó la comisión de actos terroristas como la voladura del avión de Barbados que conducía pasajeros civiles a bordo. Es volverse a equivocar, en un momento que el mundo cambia y los países de Suramérica y el Caribe se debaten en la búsqueda de caminos que los alejen del liberalismo que los hundió en abismos de miseria.

 La solución no es inmiscuirse en los asuntos internos de terceros países, reclamando de ellos determinado sistema político, sino procurar que Washington cambie su estrategia respecto a Cuba.

 El mundo no va a entender que desde Miami le traten de imponer a Cuba su sistema de gobierno y mucho menos aceptará que Washington dictamine cómo debe organizarse el país. La independencia lograda por las naciones respecto a la Casa Blanca cada vez es mayor y un regreso a esos tiempos sólo conduciría a una confrontación que nadie desea. Especialmente cuando Estados Unidos está en un proceso de desgaste económico y países como China se ocupan de su desarrollo interior y no se gastan un centavo ocupando territorios y manteniendo bases imperiales alrededor del mundo. Estados Unidos sabe que tiene que cambiar o se hunde en la tembladera del Medio Oriente, donde yacen enterrados miles de millones de dólares y miles de soldados.

 Es justo apoyar que suelten a presos condenados a enormes sanciones por motivos puramente políticos. Es necesario que Estados Unidos no sume en Cuba a más incautos o ambiciosos a sus planes. Es importante que sus gobiernos no apelen a maniobras políticas para sancionar a cubanos, como los cinco agentes que guardan prisión, a condenas que no son aplicadas a verdaderos espías que han sido capturados en los últimos años, algunos de los cuales eran funcionarios del estado.

 No hacen falta marchas para encender el fuego. Es necesario abandonar la pirotecnia y las actitudes incendiarias y apelar a un cuerpo de bomberos responsables.

 Las marchas continuadas de las Damas de Blanco, paseando por las calles de La Habana desmiente las noticias de represión brutal que ha encabezados la primera página del periódico El Nuevo Herald por varios días. Un gobierno brutal hubiese golpeado el primer día y asesinado el segundo a los manifestantes. Nos parece que la situación reviste tanta seriedad que no se debe jugar con imágenes y posturas teatrales.

 La solución es aceptar que los dos países, Cuba y Estados Unidos tienen derecho a vivir en paz y cooperar en los asuntos de interés común y que, tanto de uno y otro lado, deben terminar los jueguitos políticos que causan víctimas inocentes. Marchas y contramarchas repudiantes y repudiados, definitivamente no es la solución.

(*El autor es periodista cubano residente en Miami)

 

TRADICIÓN Y NOVEDAD

TRADICIÓN Y NOVEDAD

Por Luis Sexto

El discurso oficial cubano ha encontrado el término más apropiado para nombrar el proceso renovador que, entre dudas mayoritarias, anda lentamente por las estructuras socio económicas del archipiélago. Sé que al escribirlo, mi artículo tendrá que asumir el riesgo de parecer un atolondrado manipulador del diccionario, o que se le acuse de escamotear de la realidad. Sin embargo, no vaciló en creer que el presidente Raúl Castro usó la palabra que podría generar en Cuba más adhesión que otros vocablos hasta hoy recurrentes como cambios, modificaciones, reformas.  Ahora, en su discurso del 20 de diciembre de 2009, utilizó el sustantivo actualización para referirse al proceso de transformaciones aun en etapa de estudio y reflexión, aunque con ciertas fórmulas ya en práctica.

A juicio de este comentarista, actualización -acción y efecto de actualizar, como establece el diccionario- es un término que tiene la virtud de tranquilizar los resquemores de cierto sector de la burocracia, resistente pasivo a cualquier cambio que pueda amenguar su capital como usufructuario político de la plusvalía social. Con este término ya podrán reducirse las polémicas acerca  de que si los “cambios”implican un retorno al capitalismo. Y resulta comprensible la suspicacia ante el término cambio, pues parece estar un tanto desacreditado ante la óptica de la izquierda desde que los “cambios”en la Europa socialista y la Unión Soviética condujeron a virajes hacia la derecha con todas sus secuelas económicas y sociales aparentemente  irreversibles. En verdad, podemos juzgar la reticencia  como un detalle baladí, sin importancia, más bien una minucia léxico semántica. Pero en Cuba, cualquier opinión que intente acercarse al fondo tendrá que tenerlo en cuenta.

Actualizar, pues, viene a sugerir lo que en realidad significa. De modo, pues,  que el asunto se reduciría a su aspecto fonético, como palabra de más simpático, menos hostil sonido: actualizar, sí, es decir, poner al día lo que ya envejeció, readecuarse a los tiempos, a las urgencias de impedir el estancamiento;  promover el antídoto del óxido que carcome los hierros de la producción material y esclerosa los servicios hasta el punto de que entre ambos incrementan la decadencia de la productividad. Actualizar, esto es, remotorizar la técnica  y los circuitos de la propiedad estatal con bujías, carburadores y poleas y un código de tránsito que faculten a los trabajadores experimentar, en carne y espíritu, el hasta ahora no concretado principio de ser “propietarios de los medios de producción”.

El mes pasado, en Progreso Semanal, me refería la inquietud por las vueltas del reloj: el persistente agotamiento de la cuenta regresiva con respecto al punto crítico -la oportunidad para trascender la fiebre o ser su víctima- de la sociedad cubana. Uno ve, decía, que algo se está haciendo, pero no afloran las soluciones. Al menos, todas las soluciones. Hoy no habré de volver al tema. Ya sabemos que la actualización es una lucha contra el tiempo en el tiempo, en un tiempo complicado, sobre todo en lo externo, por la crisis triple que ha sorprendido al planeta, o a una parte de este, por actuar como los antiguos romanos: comer y beber hasta la explosión y luego vomitar para seguir comiendo. Pues bien, la crisis, a mi juicio, es económica, ecológica y moral.  Y Cuba,  con su testarudo proyecto de sociedad nueva en mundo viejo, también se queja con más o menos intensidad de esta crisis tripartida, que la restringe e inquieta al añadir limitantes materiales y financieras  a las limitaciones de diversa índole del modelo económico cubano.

En honrada objetividad, uno se siente dispuesto a admitir que la herencia de la revolución de 1959 ha sobrevivido en los últimos veinte años como acción portentosa de la voluntad colectiva. Las interpretaciones foráneas –particularmente en Miami- suelen abroquelarse en la retórica de la tiranía, la opresión, hasta el definir la supervivencia del gobierno revolucionario como el efecto de seis millones de policías vigilando y aterrorizando  a seis millones de personas, la otra mitad de la población. Quizás ello explique que habitualmente ese “exilio sacrificado y glorioso”, simple fábula, jamás hayan acertado a tocar la flauta. Ni por casualidad, aunque se me figura que el agosto de esas guerritas prospera según sus operaciones se frustran.  

Aquí, dentro del archipiélago, unos estiman que las soluciones válidas son las que por lo general se aplicaron ante cada episodio de nuestras crisis más o menos presente en medio siglo. Hace poco, un lector me escribió a Juventud Rebelde proponiendo  que para resolver las deficiencias de la agricultura lo más apropiado consistiría en cerrar las fábricas y enviar a sus trabajadores al campo. Le respondí con varias preguntas: ¿Qué hicimos en los primeros años de los 1990?  ¿Acaso  usted y yo no nos vimos en las áreas agrícolas de la provincia de La Habana? ¿Y que sucedió? ¿Comimos más?  ¿Resolvimos las insuficiencias alimentarias? ¿Incrementó la agricultura su eficiencia y su efectividad?

En fin, le dije, las cosas empezaron a mejorar cuando una resolución del Buró Político del Partido Comunista decidió cooperativizar las ineficientes tierras explotadas por el Estado. Fue una respuesta de fondo; un querer actualizar la propiedad agropecuaria. Si no resultó como podía preverse fue, a mi criterio, por la intromisión de los burócratas, que constriñeron la autonomía de las unidades básicas de producción cooperativa. En un aparente espacio de autogestión, los trabajadores asumían las deudas y la quiebra, y las empresas –que habían quedado como entidades metodológicas- continuaron determinando qué hacer y cuándo y cómo hacer. En 1994, este comentarista escribió un artículo en Bohemia, fundamentado en una indagación personal en varias provincias. El tema, la realidad shakespereana: ser o ser… autónomas, esa es la cuestión.

Desde luego, la actualización no habrá de discurrir por las fórmulas fracasadas. ¿De esa forma qué se conseguiría si no actualizar el estancamiento? Porque si la mentalidad conservadora que ha estropeado iniciativas muy progresistas en Cuba, intentara imponer propuestas ya repetidamente fallidas, estaríamos los cubanos jugando al perro que se muerde la cola, trazando un círculo vicioso. Desde mi punto de vista,  cuantos conciben y analizan  y sobre todo deciden las soluciones tendrán que evaluar y controlar, en términos políticos, esa  mentalidad inmovilista -salpimentada por cierto oportunismo- que como el marabú se resiste a ser erradicada. He oído decir: Hace falta mucho tiempo y mucha paciencia para romperla mediante la persuasión y el reacomodo actualizador de la economía.

Parece, pues,  que la ecuación correcta es la interdependencia de la tradición y la novedad. Es decir, lo salvable del esquema desautorizado por las circunstancias, más lo nuevo que debe potenciarlo y  a la vez sustituir lo caduco. Pero el método, según se aprecia, es la cautela, que se justifica, entre otras, por esta razón: qué sociedad socialista del siglo XX, con las excepciones de Viet Nam y China, ha sobrevivido a su estrategia de renovación. (Tomado de Progreso Semanal)

 

 

TRASTORNO CÓSMICO

TRASTORNO CÓSMICO

 Por Luis Sexto

Lo sentimos, no hay habitación libre, dijo el posadero a José y María. Y ya lo sabemos: el nacimiento de Jesús y las circunstancias materiales de desamparo y pobreza que rodearon su natividad son el lado opuesto de la ética utilitaria que antes como hoy orienta, en términos globales, a la humanidad. Tan extendido está ese “quid pro quo” –“esto por aquello”-  que aún ciertos ricos hacen caridad para que, como recompensa, les sea devuelta en mayor riqueza. 

La ética utilitaria, pues,  como su afín la ética del placer por el placer, puede resumirse en un mandamiento: vive la vida. ¿Pero acaso hacemos algo distinto? Tengo vida, luego vivo. Esa es la certeza íntima e impostergable de cualquier persona. Vivir, imperativo, avalancha sucesiva de energía y conciencia. Pero la frase no es tan torpe como aparenta. Excluye el simple existir, el mero impulso de respirar y andar.

Vive la vida. Y en el horizonte de tan redundante máxima, prevalece cierta subrepticia  intención. Recomienda algo más. Y lo que nos pretende sugerir en tono tan inapelable, equivale a un apartamiento de las consideraciones éticas, a un cerrar los ojos ante una disyuntiva moral. Sacrifica la honradez, la verdad, el amor. A eso apunta. Porque vivir la vida para esta frase tan recurrente implica la erupción del yo y la inmersión, el ahogamiento del él, del tú, del nosotros. Exaltación, apoteosis del egoísmo, en la trama un tanto desvergonzada de una filosofía vitalista cuyo objeto es el placer y el tener.

Vive la vida. Goza, despreocúpate, záfate. Y los principios, ah, los principios, conviértelos en tus “fines”. No partas de ellos, móntate sobre ellos. Y simúlalo. Sólo se vive una vez Y en ese ensalmo utilitario la prosperidad se transforma en un maratón por tener más. Lo apreciamos en la reciente cumbre de jefes de Estado y de Gobiernos que analizaron el cambio climático en Copenhague. Unos regatean; otros dudan, y aquellos menos influyentes son soslayados. Y la esencia del desacuerdo es una: los poderosos de la economía y los ejércitos, las empresas, los banqueros prefieren que el planeta se convierta en una olla de hormigón y aluminio, a perder su cuota de ganancia media. De modo que el  Hombre, que no es Dios, a pesar de cuanto pudieron decir los emperadores romanos y luego Niesche, se erige en anti-dios e invierte el tiempo en “desconservar” el mundo ambiente. 

Cristo con su vida y su muerte, y en particular con su nacimiento en una cueva vino a modificar el sentido de esa frase tan socorrida de vive la vida. Y  nos abre, como luego de un baño profundo, otros espejos,  otra dimensión. Y así, en vez de ser sinuosa, escabrosa norma de conducta, pasa a componer un desafío. Vive la vida. Esto es, sóplale sentido: convierte el beso en luz, el trabajo en cimiento, el deber en moral, la palabra en sinceridad, el acto en justicia, la relación en solidaridad.

Hemos de vivir nuestro sueño – el tuyo, el mío, el de aquel-  pero integrados al sueño del otro. Como ha sido dicho por quien nos da  la imagen más conmovedora de la Historia: un recién nacido sobre la paja de un pesebre, calentado  en la madrugada fría por el aliento de la hermana oveja, el hermano burro. Y arriba, las hermanas estrellas anunciaban un trastorno cósmico de cuanto hasta ese momento los seres humanos habían creído.