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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

ESTÁ OSCURO Y HUELO A QUESO

ESTÁ OSCURO Y HUELO A QUESO

Por Lorenzo Gonzalo

Han silenciado la columna de Vicky Pélaez

La noticia referente a la existencia de una red de espionaje a favor de Rusia en Estados Unidos, ha obtenido una cobertura que no se corresponde con las detenciones de este género que habitualmente ocurren. Los agentes extranjeros actuando en territorio estadounidense no es un suceso nuevo, ni pertenecen siquiera a un pasado remoto. En el año 2001, Robert Hanssen, un ex agente de la Oficina Federal de Investigaciones, fue condenado a cadena perpetua por suministrar información altamente confidencial a Rusia. En el año 2006 Ariel Weinmann fue arrestado y acusado de espiar supuestamente para los rusos. Weinmann era un funcionario de la Marina de Estados Unidos.

De los aspectos significativos de la noticia pudieran destacarse varios puntos fundamentales que quizás sirvan de utilidad a la hora de descifrar el misterio de lo sucedido: Los detenidos son supuestos agentes y no espías, de acuerdo a todas las informaciones oficiales publicadas y las declaraciones de los organismos de gobierno estadounidense. La detención se produce diez años después de iniciadas las investigaciones. Entre los datos acopiados suponen existir pruebas de ciertas cantidades de dineros entregadas en el parque de un país latinoamericano no identificado, a la pareja Vicky Peláez y Juan Lázaro, dos de los diez detenidos. Esta información corresponde al comienzo del Siglo XXI y hasta estos días ninguna acción fue implementada. Coincide la detención con la presencia del ex Presidente Bill Clinton en Moscú, quien asistía a una conferencia internacional sobre comercio e inversión. Clinton se reunió con el Primer Ministro Vladimir Putin, quien jocosamente le expresó: “llegas en buen momento; tú policía está fuera de control y están arrojando a la gente a la cárcel”. La cancillería rusa publicó en la página web que “los detenidos no cometieron actos dirigidos contra los intereses de los Estados Unidos”. Hace unos días Medvedev, el Presidente de Rusia, y Barack Obama compartieron una hamburguesa en un restaurante de comida rápida.

Un funcionario estadounidense se encargó de declarar a la BBC que “es lamentable que esta actividad sucedía en nuestro país; pero esto no debe afectar el actual impulso que tienen nuestras relaciones con Rusia”. Y por último, pero no por ello menos importante, debemos destacar que Rusia se sumó a las sanciones en contra de Irán propuestas por Estados Unidos, en el Consejo de Seguridad de la ONU. Los únicos dos países que se opusieron fueron Brasil y Tuquía. Un acontecimiento de esta naturaleza supone perjudicar las buenas relaciones entre dos países. Sin embargo, todo indica que Rusia y Estados Unidos están de plácemes. Cabría entonces preguntarse, ¿cuál es la razón de un escándalo semejante que bien pudiera manejarse de otro modo, en caso de ser absolutamente cierto? En las relaciones internacionales, todos los países acopian informaciones similares a éstas por las cuales se acusan a estos detenidos. Dicho trabajo se realiza habitualmente a través de sus embajadas, especialmente por vía de sus cónsules.

Cuando suceden las reuniones internacionales cada país pretende saber cuáles serán las respuestas de las diferentes delegaciones, a los temas propuestos y cuáles serán los planteamientos inesperados que pueden sucederse. En el transcurrir diario de las diplomacias, todas las informaciones son imprescindibles a los efectos de dar respuestas ponderadas y racionales al momento de las reuniones, evitando así confrontaciones innecesarias que pueden surgir de la improvisación frente a lo inesperado. Una parte del encauzamiento revela que recibieron instrucciones, cuando Barack Obama visitó Moscú el año pasado, pidiéndoles información sobre la posición de Estados Unidos respecto a Afganistán y el programa nuclear iraní. Como diría un viejo refrán cubano, “esto está oscuro y huele a queso”.

Es muy significativo que en una época en que Rusia ha optado por una posición contraria a sus intereses en la región, aliándose con Estados Unidos en su pedido de sanciones contra Irán, surja un acontecimiento que debilite esa decisión. Irán se encuentra dentro de la zona geográfica de influencia de Rusia y tradicionalmente la política de Moscú ha consistido en sostener alianzas con esa región persa. Contrariamente a esa tradición, apoyó las sanciones contra Irán en un momento que nuevos protagonistas como Brasil y Turquía habían obtenido importantes adelantos en la solución de la crisis creada sobre el programa nuclear iraní. Uno de los aspectos más significativos de la noticia es que ambos gobiernos han sido parcos en sus declaraciones y prácticamente le han restado importancia a los hechos.

Lo único que queda vivo del tema es la eliminación de la columna periodística que escribe Vicky Peláez, del periódico El Diario La Prensa.El mencionado rotativo tiene una gran circulación en New York, es el periódico hispano más viejo de Estados Unidos, leído diariamente por cerca de 270,000 personas. Salió al aire por vez primera en 1913 con el nombre La Prensa y en 1963 al unirse con El Diario de Nueva York, optó por su nombre atual. La columna de la periodista detenida mantiene una línea editorial contraria a la política exterior de Washington. Es defensora de los procesos de cambio latinoamericanos y una tenaz crítica de la política que Estados Unidos practica hacia Cuba. La periodista Peláez y su esposo Juan Lázaro, son acusados de un asunto que en el mundo diplomático y especialmente en Washington y para los gobiernos de todo el mundo, no es una gran noticia. Estados Unidos está seguramente lleno de personas que informan de manera privada a terceros países, sobre aspectos de la política estadounidense que puedan favorecerlos o perjudicarlos. Viceversa, todos los países deben estar saturados de personas que visitan las Embajadas estadounidenses o conciertan citas con sus cónsules o supuestos empleados de segunda, para rendirles similares informaciones. Excepto que en estos casos, a diferencia de lo que ocurre con quienes así actúan en Estados Unidos informando a terceros, muchas de las informaciones recolectadas por Washington, son utilizadas para desestabilizar a esos estados o controlar la dirección política de los acontecimientos.

Esperemos para ver qué sucede en los próximos días pero definitivamente lo sucedido está oscuro y no huele muy bien.La operación de redada puede también haber sido para recordarle a los rusos que Washington los mastica pero no se los traga. No obstante, de ser así, la jugada ha sido utilizada también por los rusos, quienes al adoptar una actitud festiva frente a los hechos y aceptar que las informaciones recopiladas no constituyen “actos dirigidos contra los intereses de Estados Unidos”, también están enviando a Washington una señal similar.

De lo sucedido, el misterio menor es en la detención del matrimonio que trabaja para El Diario La Prensa. Ocho de los once son rusos o tienen vinculaciones evidentes con ese país. Del onceavo existe aún poca información. Pero quienes parecen ser verdaderas víctimas de la maniobra, a la luz de los hábitos políticos de los cuerpos represivos de cualquier Estado, son la periodista Vicky Peláez y su esposo Juan Lázaro. Con una jugada al mejor estilo de Hollywood, a Vicky Peláez le han silenciado su columna periodística.

MI ULTIMO ADIÓS A UN AMIGO

Por Fray Antorcha

 

Luis: Te escribo, después de un largo período escapado de tu blog. El destino me llevó a un largo periplo tras las huellas del hambre, cómo integrante de una delegación de organizaciones caritativas,  interesados en estudiar in situ la situación verdadera del fantasma llamado MISERIA.

 

Y como de costumbre, me remito primero a varios de tus artículos, para encontrarme con uno que me llenó de la misma tristeza que a ti: el último viaje de quien también fue mi colega y amigo Tomasíto Barceló.

 

De ahí que decidí poner mis apuntes a un lado para enviarte ante todo estas cortas líneas, con las que me solidarizo en  tu dolor por el amigo --¿y por que no?--, con el compañero (palabra que atormenta a los oídos de  muchos en este exilio), en los años mozos de nuestra ingrata profesión.

 

Por ello dejo mis crónicas para más adelante. Pero lo que si no puedo dejar para después es mi repulsa a esa tiñosa parlanchina (y luego dicen que las auras no hablan), que evidentemente te persigue, desde el primer día en que saliste a la luz tras crear este espacio.

 Repulsiva, como todas las aves de rapiña, en uno de sus comentarios al post alusivo a Tomasito duda de la muerte humilde e inevitable para todos. Y en vez de callarse ante tu réquiem,  como ante el de cualquier otro soldado de la información, o cualquier persona,  pone su asquerosa pezuña sobre la llaga. Primero, con una a todas luces hipócrita línea y luego, como es su costumbre, para cuestionar la salida del hermano, que no por haber abandonado la patria la deshonra, y se mofa de la caída, que de igual modo será inevitable para él…

 

 La diferencia está  en  morir con dignidad y no hacerlo como un perro rabioso por no haber podido cambiar el destino de la patria odiada.

 

 No creo equivocarme si digo que si alguien ejerce la democracia con verdadera vehemencia sigue siendo tú. A estas alturas, ya yo le habría cortado las alas y no le hubiese publicado una réplica más (que a los medios de difusión aquí, cuando no les conviene alguna opinión, no la publican, cosa que parece desconocer este analfabeto).

 

No importa. Continuaremos escribiendo con justeza y amando la tierra donde quiera que nos encontremos sin que los quejidos de la hiena hieran nuestros oídos. Y tiene que ser así  porque como y millones allá,  miles aquí y yo marcamos la diferencia. Mientras, deja que  se retuerza el cavernícola,  en su propio estercolero,  que si se va primero que yo, o que , te prometo que escribiré sobre su tumba este epitafio:  “Aquí un pobre ratón/ finalizó su carrera;/ de odiar la Revolución/ el hígado se le cocinó en salmuera.

 

                    

EL SIONISMO Y ALGUNOS CUBANOS

EL SIONISMO Y ALGUNOS CUBANOS

Por Lorenzo Gonzalo

 

Un artículo enviado desde los Estados Unidos

 

Si a Ud. le preguntaran qué grupo humano es más parecido a un sionista, Ud. puede contestar, sin temor a equivocarse, que cierto tipo de cubano, de los pocos que quedan, llegados a Miami tras el derrocamiento popular de la dictadura de Batista.

 

El día 1ro. de junio del año 2010, toda la prensa mundial, incluyendo la de Estados Unidos, reflejó en su primera plana la masacre cometida por el gobierno sionista de Israel, contra una caravana de ayuda humanitaria, que llevaba suministros varios, principalmente de alimentos, para la Franja de Gaza. Por varios días ha continuado como noticia de primera plana.

 

Esta Franja, era una antigua provincia del Mandato Británico, que quedó destinada a los palestinos en 1948. En aquel momento, los países europeos, liderados en ese asunto por Inglaterra, decidieron entregar un pedazo de tierra al movimiento sionista que se desarrolló en Europa. Las bases que permitieron hacer efectiva la gestión sionista, fue la discriminación sufrida por los judíos en esa región, la cual a su vez tuvo sus orígenes en ciertas coincidencias que habían sido negativas para Alemania durante la Primera Guerra Mundial, vilmente explotadas luego por el racismo nazi.

 

No existe traje más apropiado a la mentalidad agresiva, guerrerista, terrorista y caprichosamente tramposa, de ese pequeño grupo de cubanos que viven en Miami rumiando penas, que la política discriminadora del gobierno sionista de Israel. Son como rostro y espejo.

 

Una prueba, hasta dónde existe una identificación de este grupo, con el tipo de política practicada por Israel, se evidencia en la reacción del periódico El Nuevo Herald. Este medio, se ha convertido en órgano oficial de ese pequeño segmento que, en otra época, fue muy nutrido, pero hoy sólo cuenta con el poder económico acumulado durante el tiempo que fueron claves para la política exterior estadounidense respecto a Cuba  y Latinoamérica.

 

La forma en que El Nuevo Herald ha manejado la noticia, cuando se compara con el resto de la prensa internacional, aun la más reaccionaria, conservadora y guerrera, demuestra, no sólo la relación marital entre ese medio y ese segmento de cubanos, sino la plena identificación de todos ellos, con las políticas de dominación que tanto daño le ha causado al mundo. Mientras el mundo condena a Israel, esta prensa bajo el dominio de ese grupito de cubanos, busca elementos que justifiquen el ataque.

 

La determinación de Israel por dominar la región de Medio Oriente y su uso desenfadado de la agresión militar, son el paradigma de ese grupo que ha conspirado y presionado a las Administraciones estadounidenses, hasta lo indecible, para que hagan otro tanto en la región caribeña. Especialmente respecto a Cuba, a donde sueñan con desembarcar en la punta de las bayonetas de los marines.

 

En los programas radiales y televisivos que domina ese sector, la actitud ha sido tan parca como la asumida por la Casa Blanca, la cual tiene como justificante su papel de mediador en el conflicto israelí – palestino y la posición definida por Obama hace unos meses respecto al mundo árabe. Pero no es el caso de este grupo. La prensa de todo el mundo y los conservadores no identificados con las posiciones sionistas, han reaccionado con virulencia ante lo sucedido y han puesto en dudas las supuestas “pruebas” que Israel ha pretendido venderle a la comunidad internacional para justificar la matanza.

 

La actitud de esos cubanos, es la que bloquea las gestiones de las personas sensatas que quieren ponerle fin al conflicto Estados Unidos – Cuba. Especialmente a la luz de las circunstancias actuales, donde la historia de hace cincuenta años se puede analizar con mayor objetividad y menos apasionamiento. Sabemos que el lodazal en que devino la relación de ambos países, respondió a los estrechos intereses ideológicos que definían la política de Washington de aquellos tiempos. Con esto no pretendemos justificar plenamente su política actual, porque todavía conserva fuertes rasgos agresivos y altas pretensiones de dominio foráneo, pero sin dudas que hoy, aquellos sucesos adquieren una connotación diferente.

 

La conducta sionista del actual gobierno de Israel, tiene todos los visos de la actitud de un hijo respondón, encaprichado en que le acepten sus desvaríos.

 

Obama ha mantenido cierto distanciamiento con ese gobierno y ha criticado su conducta respecto a la Franja de

Gaza. Ha mantenido un balance relativo para no tirar demasiado de la cuerda. Estados Unidos no está en condiciones de crear una situación más difícil, en una región de fuerte sentimiento antiestadounidense, donde además, un pequeño sector asume conductas fanáticas y controvertidas. En estos momentos es preferible seguir lidiando con un aliado indisciplinado como Israel, a pesar de confundir de donde le vino su poder y las condiciones históricas que las favorecieron. Un Israel totalmente disgustado, expondría momentáneamente los intereses estadounidenses en la región, a peligros imprevisibles.

 

Pero ese es Israel. Un poder real, con territorio (no importas que fuese fabricado), con armas, poder económico y con varios millones de creyentes, para quienes, como los católicos fanáticos, Israel es la Roma depositaria de su “verdad” y no entienden ni les interesan, los entramados políticos, los intereses de enriquecimiento y las vocaciones de poder, que dirigen los acontecimientos. Es entendible que Washington maneje con pinzas la problemática israelí.

 

Pero no se entiende que se comporte de igual manera con relación a eses pequeño grupo de cubanos, a quienes hoy les sucede como a la lechuza: “tienen mucho plumaje pero ninguna carne”.

 

Es bueno que observen la conducta que ese grupo ha asumido frente a la masacre cometida por los israelitas, para que entiendan que se trata de pequeños monstruos que es mejor no seguir alimentando. De hecho, ya le han hecho trastadas, en el pasado, a algunas Administraciones y ocurrirá con ellos igual que con “el perro huevero”, que “aunque le corten el hocico”, seguirán “comiendo huevos”. En el futuro volverán a hacerlo. Esperar para ver. (El autor es periodisdta cubano radicado en los Estados Unidos)

 

 

NOSTALGIA, DESCONFIANZA, ESPERANZA

NOSTALGIA, DESCONFIANZA,  ESPERANZA

 

Por Luis Sexto

 

Filosofía de los olores

 

Lo político pudiera ser un detalle vinculado al olfato si reconociéramos que a Cuba se le puede percibir en diversos olores.  Los emigrantes que se paran sobre el punto que marca las noventa millas entre Cuba y los Estados Unidos en Cayo Hueso, al olisquear el aire creen sentir el olor de la nostalgia. Y si fuera solo la morriña gallega, la añoranza por el país de origen, los amigos, la lengua, no fuera peligrosa; quizás anticipara un estado poético. Pero muchos de cuantos se recuestan del lado de los recuerdos, añoran la Cuba sin revolución. Y ese sentimiento de vacío se convierte en violenta potencialidad, en peligroso deseo de revancha.

 

Parejamente, en La Habana, muchos de cuantos se suben en el muro del Malecón a pasar las horas frescas de la noche, y tantean con la nariz el norte, reciben el olor de la desconfianza o de la esperanza, dependiendo el primero de la actitud política favorable a la revolución y el segundo, en un apreciable grado, de las aspiraciones económicas. Tal vez esos tres -nostalgia, desconfianza y esperanza- sean los olores básicos que el aire del mar ofrece a los cubanos del lado de allá del estrecho de la Florida y del lado de acá, desde donde escribo.

 

Al llegar a tal conclusión, uno lamenta la azarosa providencia geográfica que puso a la Isla de Cuba a emerger en esta posición tan crucial, fiel de América que dijera Martí, crucero entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Es fácil reconocerlo: ha sido un incómodo destino existir  tan solo a cuatro brazadas del país que alcanzaría tanta influencia y poder como para que los cubanos lo viéramos, unos, como la "tierra prometida" y, otros, como el sitio de donde dimanan toda amenaza y todo riesgo.

 

Parece claro: la fase violenta, vengativa de  la nostalgia en Miami, influye directamente en el olor de la desconfianza que muchos cubanos huelen, ayer y hoy,  en el lenguaje agresivo de los medios del llamado exilio y, por supuesto, de las instituciones de Washington. Con cincuenta años de argumentos, está justificada la sospecha acerca de qué se puede esperar de esa ciudadela de la contrarrevolución en que se convirtió  Miami desde 1959. Y así, mientras el conflicto ideo político esté planteado en términos hostiles, a los cubanos que respiran en la isla les resultará fácil defenderse: reconocen al enemigo; coliman el blanco, y hallan en la posibilidad de la agresión las justificaciones para la resistencia numantina.

 

No resulta tan simple, en cambio, anular o disminuir la intensidad del efluvio de "esperanza” que otros cubanos creen sentir cuando abren las ventanas de su olfato con un ademán también nostálgico, pero de una nostalgia distinta: la que añora lo que no conoce y  estima como el sésamo ábrete que decretará la prosperidad personal. La emigración, legal o ilegal, pues, se erige en fórmula básica para que los que aspiran a vivir presumiblemente mejor, toquen su "sueño americano".

 

¿Cómo habrá de impedir la Cuba socialista los olores  que, envueltos en blanco de nubes, llegan tentando a muchos, en particular a jóvenes, en cifras inquietantes? En esta faceta de las hostilidades entre ambas orillas, los cañones no resuelven. No soy el primero que lo afirma. Y me parece que, a pesar de cualquier aparente duda de los habitantes del archipiélago cubano que no hayan tenido oportunidad de asumir otra posición que no sea la del "espectador crítico", las ideas más lúcidas en Cuba tienden a percatarse de que para reducir el trasiego clandestino de personas y los efectos de la ley  de ajuste migratorio que lo estimula, lo primordial será cuanto se haga dentro del país, para que nadie tenga que buscar en el extranjero lo que podría tener, aun más modestamente, en el interior. Y sin esperar a que la racionalidad germine entre los asesores y ejecutivos del poder político en Washington.

 

Hasta ahora, en los últimos 20 años, Cuba  ha resistido siguiendo  una estrategia que ha apostado mayormente al tiempo, al tiempo que depare un golpe de suerte, toque mágico que haga brotar el subsuelo la riqueza que pueda financiar necesidades e incluso ineficiencias.  Pero el tiempo suele también  no traer lo que esperamos. Y con notoria ansiedad ante las posibilidades de desarrollo interno,  percibimos un nuevo olor: el de modificar, ahora, estructuras económicas que promuevan una respuesta creadora a las urgencias presentes. En Cuba, como dije una vez, las cosas a veces se conciben, maduran y pasan soterradamente. No olvidemos que la desconfianza en los actos procedentes de los Estados Unidos y sus adeptos condiciona cualquier movimiento interior. Aparte de las trabas y distorsiones burocráticas, que son otro tipo de enemigo, las cautelas rodean las decisiones que a veces creemos demasiado lentas. ¡Cuidado!, dice un combatiente suspicaz: el enemigo está al tanto de cualquier grieta. Pero la sociedad cubana, por muchos años rigidizada, sacude el almidón que la inmovilizaba en su lealtad a un paradigma socialista ya descalificado por la historia. Y aclaro: No es que el socialismo haya fracasado,  sino que el modo de implantarlo fue el que se frustró en Europa por su incapacidad de autorregularse.

 

Cuba, en efecto, sigue moviéndose, aunque lentamente, dentro de la lógica de su olfato político: cambiar lo caduco sin comprometer la solidez del poder de la Revolución.  El reciente  de decreto ley 268 sobre la multiplicad de empleo, es, a juicio de este articulista, una medida de fondo, junto con el decreto sobre la entrega y usufructo de tierra. A partir de ahora, si la burocracia no nos entretiene, el individuo tendrá mayor espacio para decidir y definir su situación doméstica. Ya no habrá que esperar la mano dadivosa del Estado para  un aumento de suelto o de pensión, que por momentos hay que aplazar. Si usted lo necesita o si quiere vivir más holgadamente podrá trabajar más. Por primera vez el principio de que el trabajo sea la verdadera fuente de riqueza y bienestar, empieza a formalizarse en un cuerpo social y jurídico, sin más limitaciones que las que tiendan a preservar la legalidad escoltada por la razón.

 

Tal vez exagero, o quizás soy, por esta vez, demasiado optimista, pero un olor de esperanza renovada  hace sus espirales en el aire un tanto espeso de Cuba; no  la esperanza que ciertos ánimos inconformes buscan fuera, en el oropel de una promesa muy costosa, sino la que empieza a gestarse como premisa para trascender la insuficiencia y solidificar el olor de justicia que trajo la Revolución. Mi olfato cree que  el desencanto equivaldría a la ruina.

 

MÉXICO, ESTADOS UNIDOS Y LA INMIGRACIÓN

MÉXICO, ESTADOS UNIDOS Y LA INMIGRACIÓN

Por Lorenzo Gonzalo

 

El Senador por Arizona, John McCain, respondió airado a las críticas que hizo el Presidente de México, Felipe Calderón, a una Ley del estado de Arizona que permite a la fuerza pública solicitar la documentación de las personas que consideren sospechosos de ser indocumentados, con el propósito de verificar su statu migratorio. Es de todos sabido que esta Ley lleva implícita una alta dosis étnica y racial.

 

Dijo McCain que “es desafortunado y decepcionante que el Presidente de Mexico haya criticado al estado de Arizona, opinando sobre “un tema de política interna estadounidense, durante un viaje que buscaba reafirmar la relación única entre nuestros dos países”. El Senador McCain continó diciendo: “nunca había oído que el Presidente de otro país viniera y criticara de esa forma a Estados Unidos”. Habría que preguntarle al Senador, si conoce de las reiteradas injerencias del suyo, en los asuntos internos de otras naciones. La facción más radical de Estados Unidos no acepta críticas provenientes de terceros. Inclusive, muchos que no son tan radicales militantes de la derecha tradicional, tampoco las aceptan.

 

Con el transcurso de los años, desde la injusta declaración de guerra a España a fines del Siglo XIX, fecha en  que Estados Unidos decidió participar como actor principal en la arena internacional, han pretendido convertir los criterios socio - políticos del “establishment” en verdades absolutas. De hecho las relaciones diplomáticas se instrumentan de manera que los estilos de vida y ciertas maneras de producir y dirigir las industrias y las finanzas, se conviertan en modos universales del quehacer y de obligatorio cumplimiento para el sostenimiento de relaciones fluidas. Esta actitud tiene el beneficio de facilitar el control de las riquezas ajenas, porque su implementación requiere de una dirección que sólo pueden ejercer, los tecnócratas que inventaron los mecanismos estructurales que sirven a los grandes capitales y poderes políticos de Washington.

 

Partiendo de esas premisas, el poder estadounidense ha creado barreras aislantes, que no permite opiniones foráneas referentes a sus políticas internas, al tiempo que sus ideas y formas de gobernar son exigidas al mundo exterior. De aquí la molestia causada por el discurso del Presidente Calderón. México es un país fronterizo con grandes territorios, cuyo control es un imperativo para los intereses económicos de Estados Unidos y como escudo militar de la frontera sur.

 

Para entender la incongruencia de esa actitud, debemos señalar que lo solicitado por el Presidente Calderón, es una necesidad que responde a los requerimientos de ambos países.

 

Al margen de la ilegalidad de la presidencia de Calderón, partiendo del supuesto de que existieron irregularidades en las elecciones que lo llevaron al poder, su reciente pedido a los legisladores en Washington para que prohíban la venta de armas de alto poder a la población, como si se tratara de indefensos juguetes, es un requerimiento de ambos países. Esto permitiría controlar mejor la frontera y el poder de una mafia que ya se ha introducido parcialmente en territorio estadounidense.

 

La inmigración es un problema que afecta a ambos por igual. Ninguna legislación por parte de uno de los dos, aislada del contexto general que los identifica en la problemática, tendría sentido y tanto el uno como el otro, necesitan tener voz en esa discusión. No comprender la crítica del Presidente de México a una ley particular, aprobada unilateralmente por uno de los cincuenta estados que componen la nación estadounidense, manifiesta un desconocimiento de la realidad. Su discurso pretendió ser una señal de alerta, sobre un tópico que no puede tomarse a la ligera y mucho menos ser manipulado en calidad privada, por los intereses de una de las cincuentavas partes que componen Estados Unidos. Manifestar disgusto por semejantes críticas, sólo muestra una marginalización del tema que, en ocasiones, puede resultar peligrosa. Este es el caso de la respuesta de John McCain y otros miembros poderosos del poder, porque viene precisamente de

 personas con influencias, con un peso decisorio en cuestiones de política general, lo cual incluye las exteriores.

 

La finalidad de este artículo es no sólo destacar que la inmigración entre México y Estados Unidos es un caso que sólo puede ser enfrentado de común acuerdo y considerando los intereses que desde ambos lados dan lugar al fenómeno, sino también destacar, el espíritu de injerencia que aún prevalece en las principales filas del poder de Estados Unidos.

 

Esperemos, por el momento, que se fundamenten los debates legislativos sobre éste álgido asunto. Entre otras cosas, confiemos que el Presidente, que dejó de ser persona independiente cuando alcanzó esa alta magistratura, no se vea envuelto en el laberinto que, como consecuencia de acciones partidistas, le impidió inaugurar un seguro universal de salud que pide a gritos el quebrado sistema nacional médico del país.

 

Gobernar con un Congreso compuesto por una sola persona es fácil, excepto por el cúmulo de errores al que quedamos expuestos, pero hacerlo con 435 distritos y cien senadores, es harina de otro costal. De todos modos, si la ceguera personal no se impone en cada uno de esos legisladores y el interés nacional prima por encima de sus flacos intereses personales, se podrán establecer leyes racionales que reglamenten el fluir humano entre ambas fronteras. Para alcanzar ese objetivo será importante recordar que el fenómeno en cuestión, fue incubado y estimulado, precisamente por la avaricia de los productores del Norte y las miserias surgidas, de economías que nunca pudieron crecer y desarrollarse por sí mismas, por su sujeción a intereses foráneos. (El autor es periodista cubano radicado en los Estados Unidos)

 

 

VISIÓN SENTIMENTAL DE LA EMIGRACIÓN

VISIÓN SENTIMENTAL DE LA EMIGRACIÓN

Por Luis Sexto

La emigración asusta unas veces; conmueve otras. ¿Podremos evaluar el daño que ha causado a la integridad ética y cultural de la república cubana o a la integridad de cada uno de los emigrados? Cincuenta años de emigración cubana han, incluso, distorsionado aspectos del pasado previo a 1959. Tanto lo han enrollado en el bagazo de la desmemoria que suele creerse que en Cuba se  empezó a emigrar luego del triunfo de  la revolución. Pero los archivos no han desaparecido. Y la revista Bohemia facilita responder preguntas inquietantes. Si usted, que duda, quisiera comprobar revise la colección de la revista del señor Miguel Ángel Quevedo y verá que a mediados de la década de los 50s, frente a la embajada norteamericana de Malecón, por la calle Calzada, bordeando la cerca diplomática, se formaban las mismas colas que podemos ver hoy. Y en esas páginas de la hoy centenaria publicación se enterará que en esos tiempos  se otorgaron anualmente  hasta 20, 000 visas de residentes.

 

Esas fotos y cifras inducen a una pregunta: si hasta la primera mitad del siglo XX Cuba  fue, principalmente, un país de inmigrantes –gallegos, canarios, haitianos, jamaicanos, italianos, polacos…-,  por qué  a partir de la segunda mitad la corriente parece revertirse.  A primera vista, una causa: a mediados de esa década las estadísticas  enumeraban cerca de un millón de desempleados, además de una población rural muy pobre, desposeída, según lo confirma la encuesta que la Agrupación Católica Universitaria aplicó en 1956. Y las crónicas históricas cuentan de un gobierno efectivamente  represivo, cruento.  ¿O Ventura, Carratalá, Martín Pérez  son  acaso ángeles azules injustamente acusados de derramar sangre?

Permítanme un recuento imprescindible, aunque conocido. Al derrocamiento de Batista siguió el exilio de los comprometidos con el régimen: ladrones o criminales, u otros batistianos, que aun sin esas culpas, prefrieron aguardar la vuelta de la normalidad en el extranjero, en una ambigua condición de exiliado y emigrante. Luego, la reforma agraria y la nacionalización de las empresas y las pequeñas propiedades alentaron a que, los que perdieron su riqueza,  pretendieran rehacerla en el exterior mientras esperaban a que los americanos atrasaran el reloj. Y he ahí el concurso que explica en parte la corriente migratoria. Evidentemente, tras las oleadas del principio -obligadas hasta cierto punto a emigrar- decenas de miles de cubanos optaron por emprender viaje impelidos, en esencia, por móviles económicos. Pero beneficiados por las ventajas que los sucesivos gobiernos de Washington les concedieron a los cubanos respecto de la entrada en territorio de la Unión. El periodista Luis Ortega escribió una síntesis cabal al decir que los cubanos, mediante la ley de ajuste cubano, recibieron privilegios que los Estados Unidos nunca han concedido a otras nacionalidades. Y lo que asombra –resume el polémico periodista- no es que de Cuba hayan emigrado cerca de un millón de personas, sino que todavía queden once millones en el archipiélago. En el acto de emigrar hay perfiles políticos ineludibles,  porque marcharse de un país también implica un descontento con el estado de cosas dominante. Pero fueron los medios propagandísticos norteamericanos los que transformaron al emigrante en un “refugiado” político que aspiraba a regresar y recuperar sus valores y posiciones.

 

Partamos, para clarificar estos conceptos, de una verdad históricamente demostrada: emigrar es consustancial al ser humano. Y variados y diversos son los móviles para abandonar el suelo nativo. No me parece superficial afirmar que la decisión de salir a correr mundo pertenece por lo habitual a los individuos. Por tanto, es una solución personal a un problema colectivo o a una inquietud… personal, salvo los pueblos nómadas, o el pueblo de Israel, que fugado de la esclavitud en Egipto, país ajeno, peregrinó hacia la tierra prometida,  también ocupada por otros pueblos.

 

Durante cincuenta años, pues, el estrecho de la Florida ha sido también una frontera sentimental, emotiva. Soporte de una inadmisible crónica roja difundida por páginas amarillas. Lo que asusta es que Cuba siga desgajada infinitamente. Y conmueve, sobre todo, el drama o la tragedia que sobrevuela la historia familiar de cada emigrado. Padres separados de sus hijos; hijos que desaparecieron en el mar; madres que perdieron  a sus criaturas recién nacidas,  porque un padre, dominados por el egoísmo lo sacó de la cuna y lo embarcó en una travesía ilegal y peligrosa. Quién no podría contar una historia similar, distinguida solo por el desenlace, irremisiblemente fatídico o finalmente feliz. Desde luego, a nadie se le puede quitar, al igual que lo “bailao”, la pena, la tristeza de estar ausente, lejos del afecto, de ese apego insular por la familia, o la mujer de sus sueños. Por las calles de Miami, o de cualquier otra ciudad donde el cubano habita en el cascarón de su diáspora, transitan decenas de miles de zapatos que un día prefirieron, con derecho a elegir, más brillo, mejor betún y  zapatera más confortable, pero que en silencio, como un acto reflejo  golpean erráticamente la añoranza como a un balón de fútbol que ha extraviado las porterías.

 Y del lado de acá qué pasa.  En la emigración abundan las quejas sobre  cierto rechazo  en el país donde nacieron. Pero si desde Miami y Washington elucubran, gestionan, mienten, gruñen, votan, y deciden que Cuba socialista o revolucionaria, o castrista, como gustan decir, sea cercada por leyes extraterritoriales y condenada como país enemigo y terrorista, a pesar de las evidencias en contrario, es simple comprobar que a la hostilidad no se le ha de responder con agasajos, ni al prejuicio con la confianza. Aun el más lúcido funcionario de emigración no querría tachar una lista de prohibiciones adoptadas como respuesta a la hostilidad que ha provenido de la emigración, juzgándola, un tanto injustamente, como un conjunto de afinidades políticas.

 

Hace apenas unos meses, en Miami, más de 4 000 emigrados cubanos de múltiples señas y orígenes bailaron con la criolla travesura de la música cubana más actual, en los instrumentos y las voces de una orquesta radicada en Cuba y  que parece resucitar cada día: Van Van. Por las mismas fechas unos 400 emigrados se reunieron en La Habana con representantes del gobierno cubano. ¿Anticipos de tiempos nuevos? ¿Una especie de reconciliación a través de los pasillos de la cultura y el diálogo? No quiero repetir lugares comunes de que  “todos somos cubanos  y aquí no ha pasado nada”. También los corifeos del exilio, una minoría de verdad, echaron  a la calle su cólera, su frustración por la visita de Formell y sus músicos. Han tomado, claramente el partido del odio: su negocio, es decir, mantenernos separados.

 

A  pesar de la partida de los más perdurables amores, muchos de cuantos permanecimos en esta isla nos negamos a consentir que la emigración o el exilio fuesen condiciones para que el amor prosperara. Y hoy, decursado el tiempo hemos de admitir sin que el pusilánime que a veces nos habita venga a mancillar nuestro criterio,  que la revolución ha sido también una espada. Ha tajado, separado. Somos víctimas de ese martirologio incruento y también inevitable, donde hay que inscribir a aquellos que se les frustraron sueños y pasiones.

Desde hace tiempo, en Cuba se aglutina la voluntad de renovar y normalizar los vínculos del país con sus emigrados. Como periodista estuve presente en las primeras reuniones, llamadas con acierto encuentros entre la emigración y la nación. Desde 20 años antes, en los 70s, la tendencia tuvo momentos prometedores con la visita de los primeros jóvenes, nacidos de cubanos en los Estados Unidos o conducidos muy pequeños a la emigración. Después, la regularidad de las visitas. También he leído a escritotes de la emigración publicados por editoriales o revistas del Ministerio de Cultura. Pero me parece que hoy, salvo los que se apartan y optan por la beligerancia, todos, en Cuba o fuera de ella, hemos de pararnos de frente a nuestro pasado. Juzgar nuestras acciones. Y si la honradez nos dirige tendremos que concluir que por muy justificadas que hayan sido las coyunturas políticas, hubo excesos de un lado y del otro. En este medio siglo, nos hemos visto obligados a decidir en los extremos. Extremos -aunque los argumentáramos con razones de seguridad nacional- fueron las planillas que nos preguntaban si teníamos familiares en el exterior y si nos comunicábamos con ellos. En el extremo fueron puestos los emigrantes que, principalmente en Miami, fueron compelidos a asumir la doblez y esconder cautelosamente cualquier simpatía con el gobierno de su país  de origen,  bajo el riesgo de las represalias de aquellos que aduciendo representar la libertad la limitan.

 

Por todo ello, la emigración asusta y conmueve. Asusta que Cuba no pueda trascender las insuficiencias que justificarían, en parte, que  grupos de ciudadanos se marchen al extranjero en cifras que, desde el 2000  hasta hoy,  casi igualan las del período de 1970 a 1979;  o que asuman la salida un tanto irresponsablemente, sin sopesar la probable ruptura familiar. Asusta también que cuantos asumimos el destino de permanecer apoyando con nuestra presencia las aspiraciones patrióticas de conservar la independencia y proteger la justicia social, no lleguemos a comprender totalmente que los móviles y los intereses de la emigración cubana se han diversificado tanto como para reducir menos del 50 por ciento -según encuestas  en los Estados Unidos- el apoyo al bloqueo. ¿Ente esas evidencias, continuaremos aceptando que la dimensión humana de la emigración continúe supeditada a las coyunturas políticas entre ambas orillas del Estrecho? ¿Cuál será, por ejemplo, el destino de los miles de cubanos que por marcharse ilegalmente, hace l5 ó 20 años, no han podido  visitar a Cuba?  No lo dudemos: será arduo, pero tal vez habremos de darnos cuenta de que en este lado, sin causa razonable, no podemos convertir al emigrado en un exiliado. Y asusta con no menores escalofríos que cuantos  residen fuera olviden respetar las leyes y las razones de los de adentro.

 

Conmueve, sobre todo,  la posibilidad de que lo que parece natural en la historia de los pueblos, siga derivando hacia una dolorosa dicotomía, una lenta fragmentación en los números estadísticos: los que se van y los que se quedan. (Tomado de Progreso semanal)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL RIESGO DE NO PONERSE LAS BOTAS

Por Luis Sexto

 Un fantasma real, palpable, aún recorre a Cuba: el debate. En cifras que parecen por ahora imprecisables, los cubanos discuten el futuro inmediato de Cuba. Y en una como especie de ágora cerrada,  se juntan  el anónimo comentario de las calles, las propuestas en centros laborales, las charlas de oficina, conclusiones de estudios económicos y sociológicos, y artículos teóricos, críticos y a veces irreverentes difundidos por la Internet o la Intranet, pero con profesión de fe socialista.

A veces audible en los medios, mediante cartas de lectores y todavía escasos comentarios periodísticos, ese hervidero tiene una principal virtud: no los financia ni estimula ningún dólar extraído de los 20 millones que Washington ha aprobado hace poco para la subversión en la satanizada patria de Fidel Castro. En sentido contrario, el ruido de los mal llamados disidentes atruena la atmósfera mediática del exterior generando un mínimo de acción que facilite un máximo de difusión. Mal llamados disidentes son, porque esos grupos minoritarios, censados, controlados y retribuidos por la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, no “disienten” de algún aspecto de una fe compartida, sino se oponen a las ideas predominantes en la sociedad cubana. Y proponen como solución de la crisis lo que muchos ciudadanos influyentes tratan de evitar: la vuelta al capitalismo dependiente. Es decir, el régimen que devolvería la tranquilidad hemisférica a cualquier administración de la Casa Blanca, incluida la actual. Esa opción parece haber nacido muerta, o por lo menos con trastornos congénitos, pues resulta antihistórica a juicio del pensamiento más preclaro que ha informado desde el siglo XIX la historia de Cuba, partiendo de Félix Varela y José Martí: todo fuera de la égida castradora de los Estados Unidos.

Lo percibo claramente: si en Cuba se debaten los problemas internos en los diversos conglomerados ciudadanos  es de por sí señal, si no de salud, de lucha por mejorarla. Y un observador atento podría incluso creer que el Gobierno revolucionario –bien calificado así  por la tarea renovadora que ha de afrontar- está sometido a una intensa presión desde sus bases de apoyo. Este comentarista opina que, en efecto, se nota la presión, la exigencia de una apertura que atienda básicamente a la economía. Lo que se dirime en Cuba no es, en esencia, un problema o asunto político. Más bien se refiere a los acuerdos que permitan desamarrar las fuerzas productivas ya hoy inmovilizadas en parte por la herencia del “socialismo real”.

Ahora bien, en qué medida el Gobierno cubano responde a las demandas surgidas del debate, podría ser la pregunta inicial de este análisis. Es evidente que en  esferas gubernamentales y partidistas existe la percepción de que el modelo de socialismo hasta ahora aplicado en Cuba, urge de readecuaciones de conceptos y estructuras, necesidad reconocidas en 2007 por el presidente Raúl Castro. Pero en Cuba, a diferencia de cuanto la propaganda antirrevolucionaria echa a volar habitualmente entre distorsiones, la visión del liderato puede carecer de consenso o de votación unánime. Y por ello también se percibe una puja, que no sé si pudiéramos insertar en el debate general, acerca de qué cambiar y cuánto cambiar, sin arriesgar demasiado el poder conquistado por  la revolución,  y a veces, desafortunadamente, el poder burocrático de ciertos estamentos empresariales. Ello, unido a cautelas razonables inspiradas en el principio de Ignacio de Loyola de no “hacer mudanzas” en tiempos de crisis, puede estar deteniendo hoy como ayer  el cronómetro de las urgencias. Porque, como sabemos, el tiempo de la revolución ha estado habitualmente envuelto en circunstancias tan adversas y críticas como un permanente estado de sitio.

Aunque algunos en Cuba no quieran aceptarlo, destrabar las fuerzas productivas, o una porción de estas, equivale a conceder más espacio a los individuos y, como mínimo, promover el trabajo privado, aunque no egoísta, que en la agricultura el decreto ley 259 potenció desde 2008 y que todavía no ha sido cabalmente aplicado. Aún casi el 50 por ciento de las tierras enmarañadas en la manigua de la improductiva subsiste acusando la decadencia. El control -un control que no promete intervenir para potenciar, sino para frenar- es palabra amenazante, según la terminología burocrática vigente junto con su correlato de autoritarismo.

En el mismo sector agropecuario se acaba de adoptar una decisión que puede ser asumida en términos negativos por la población. Al cancelar cien empresas ineficientes y por consiguiente reubicar en otras labores a 40 mil trabajadores no vinculados directamente a la tierra, incluye la presumible inconformidad de los afectados. Lo cual indica que, a mi criterio, las fuerzas reordenadoras de la economía cubana se debaten, a su vez, entre los extremos de la racionalidad y la demagogia. O cumples lo que la gente pide desde la óptica de sus necesidades y aspiraciones y posiblemente todo se desplace hacia lo peor, u oyes, evalúas y decides lo que según un parecer político, técnico,  maduro y hondo, de largo alcance, implicaría soluciones que tendrán que afrontar la incomprensión de grupos sociales acostumbrados a recibir del Estado el regalo paternalista. Por ejemplo, ¿a quién no le agradaría que le dijeran: No te inquietes, si hemos de cerrar tu trabajo, te pagaremos por estudiar?  Esa decisión componía antes una fórmula poco efectiva, aunque generosa desde una política social desmesurada. Ahora supondría una especie de dar vueltas en círculos concéntricos.

Pero la pregunta merecería hacerse de distinta manera. No creo que haya solo que preguntarse dónde poner a trabajar a tantos desplazados; el fondo radica en el destino que seguirán las tierras de las empresas extintas. ¿Serán asignadas a otras entidades con la ya tradicional estructura estatal de propiedad o pasarán a integrar cooperativas de productores?  ¿Qué le convendría más a la agricultura: la persistencia de una organización que la práctica ya demostrado inoperante o aceptar el desafío de nociones que, aunque conocidas, no han sido concretadas con el rigor de la autonomía?

Visto el panorama en trazos generales, tal vez  apreciáramos el escueto campo con que cuenta la actualización de la economía cubana. Demasiado que arriesgar y demasiadas rendijas que resanar. El país se halla entre la crisis financiera mundial con sus resonancias depresoras  en importaciones e exportaciones, y la hostilidad económica y mediática de los Estados Unidos que, si concede algún “gesto caritativo”, vinculado con los viajes  o el acceso a Internet, sigue prohibiendo los préstamos de los organismos crediticios a Cuba, veto del cual ni El Nuevo Herald, la CNN o El País informan alguna vez.

Sin embargo, el Gobierno cubano se mueve tratando de responder a las urgencias y necesidades. Según informaciones públicas, las propuestas se conservan en listas y resúmenes que los políticos y ministros meditan. Y es de suponer que varias de las últimas medidas han respondido a los deseos populares, como el pago por rendimiento, el pluriempleo, la liberación de licencias para el transporte particular, además de la distribución de tierras a productores individuales. Otras, que de acuerdo con datos espigados en diversas fuentes no oficiales incluyen formas de comercialización, de cooperativización, de autonomía empresarial y municipal, continúan en un proceso de reflexión que a muchos parece lento y que podría resultar ineficaz por tardío.

Por supuesto, el Gobierno tiende a mantener su conocida línea de principios que proteja, sobre todo, la independencia y la soberanía de la república, además de la justicia social, excluyendo el igualitarismo y el paternalismo. En consonancia con su ideología decidirá, pues, lo más conveniente a la voluntad aún mayoritaria de ciudadanos afiliados, aunque el escepticismo  los tiente,  a un socialismo adecuado a la vida de este mundo y a las condiciones de Cuba, lo cual obliga  a no poner, según la frase criolla,  “la carreta delante de los bueyes”, que significa no supeditar la realidad a los deseos, origen de varios males de la estructura social y económica del país.

Aunque no se conozcan al detalle las propuestas de los trabajadores –entre los cuales cerca de un millón poseen un título universitario-, su existencia afirma, en primer lugar, un deseo casi unánime de modificar lo que ya no propicia avanzar desde adentro. Cierto, hay opiniones que, para justificar su negativa a condenar lo caduco, alegan que el socialismo no posee un mapa conocido. Hay que andar a oscuras, aprendiéndolo en la práctica, dicen. Y casi es verdad. Los paradigmas se devaluaron en los Noventa. En cambio, sí es conocida la inoperancia de  los viejos esquemas. Y por tanto resulta previsible que cambiar exija afrontar riesgos  provenientes del extranjero y las dudas que surjan en lo interior. Lo contrario, quizás, podría significar perder lo que poseemos, sin habernos calzado  las botas. (Tomado de Progreso Semanal)

 

 

 

 

 

LADRAN, SANCHO, SEÑAL ES DE QUE ANDAMOS

LADRAN, SANCHO, SEÑAL ES DE QUE ANDAMOS

Por Luis Sexto

 

El dogma, que su primitiva raíz griega remite a "camino correcto", ha venido a significar modernamente, en el lenguaje  político, todo lo contrario: el no camino; el por aquí no se pasa. Sus efectos son conocidos: intransigencia irracional, anquilosamiento, recurrencia del círculo vicioso. Y por ello parece que una de las alusiones más relevantes del discurso de Raúl Castro en el congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, el pasado 4 de abril, es la referente a la necesidad de "romper dogmas".

No ha sido común admitir oficialmente la supervivencia de una mentalidad dogmática en Cuba. Y quizás podríamos reconocer algo más en el texto que leyó el presidente cubano: estimable parte de su contenido tiende a atacar el dogmatismo. ¿O qué, si no, significa recomendar que los nuevos dirigentes de la UJC -y por extensión los del país- sean capaces de sostener diálogos con mente abierta, y rechacen la repetición de consignas y escuchen y argumenten racionalmente ante las discrepancias no antagónicas, que no han de ser asumidas como fuentes de problemas sino de soluciones?

Quien no quiera ver, tal vez siga siendo un ciego culposo, o un dogmático.  Pero, según un criterio recto, el primer paso para resolver un problema es admitirlo;  luego, expresar la voluntad de intentar solucionarlo. Y ambos requisitos, a mi modo de ver,  los cumplió Raúl Castro en su reciente discurso. Pero esa profesión de fe antidogmática no opera necesariamente como un conjuro, una fórmula mágica que haga abrir puertas, demoler paredes y muros; o lavar oídos. Incluso, la misma cautela que volvió a definir como una norma táctica en la "actualización del modelo económico cubano", está directamente  relacionada con esa mentalidad rígida, asentada sobre verdades preestablecidas, tras las cuales muchos en Cuba, ciudadanos o dirigentes,  se abroquelan.

La palpable resistencia burocrática a la renovación se entronca, en efecto, con el dogma, con el culto supersticioso a ciertas "verdades" intocables. Apartemos, por hoy, la madeja de intereses orgánicos que puedan ligar a un individuo o conjunto de individuos a persistir en un camino sin salida reputado de "correcto". Y reparemos en que la tozudez de ciertas tendencias a retrancar, retrasar -a veces inconscientemente-  una política de reforma, incluso de rectificación en lo económico, se junta con un enfoque doctrinario que convierte ideas y principios en una especie de código, manual tan  irrevocable como la postura de un ídolo.

Ese tipo de fundamentalismo de izquierda se aprecia hasta en algunas de las cartas a  Granma. El periódico suele mezclar las opiniones que publica en su ya popular sección de correspondencia de los viernes: no se inclina a ningún extremo; más bien establece un balance entre las opiniones, algunas de ellas opuestas entre sí. Las más ortodoxas azuzan el peligro del capitalismo como un lobo disfrazado de abuelita, y en la práctica sus prevenciones confunden en un mismo paquete la propiedad privada de los medios fundamentales de producción y la propiedad cooperativa o la pequeña propiedad privada artesanal o en los servicios más domésticos. Con lo cual uno se percata de que el exceso de celo más que definir una actitud de apego a la letra, encubre también el desconocimiento, en parte, de la teoría socialista y del pensamiento de los clásicos marxistas y leninistas.

Otras cartas, las más equilibradas, también defienden la pervivencia del socialismo y de la independencia política frente a los Estados Unidos. Pero no pecan de extremistas. Sugieren abrir, afrontar riesgos, porque prefieren el riesgo de andar, al de perecer dentro de un esquema socioeconómico que ya ha perdido vigencia por su inoperancia ante una circunstancia cualitativamente distinta a la que lo vio surgir.

En esa dicotomía, en ese querer lo mismo apelando a caminos  no correctos para el dogma, hierve hoy la discusión en Cuba. Y dentro de esa contradicción, claramente no antagónica, se mueve la actualización, la renovación del socialismo cubano, que supone un reajuste distanciado de la herencia del llamado socialismo real. ¿Cuánta duda o inconformidad podría provocar la eliminación de los subsidios estatales,  la readecuación del Estado que hasta ahora ha sido previsor y provisor único? Estas ineludibles medidas tienden a atizar suspicacias en  el dogma que asignó al Estado socialista la misión de complacer, dar, premiar sin exigir correspondencia.

Desde hace varios meses, este comentarista viene confirmando su parecer sobre la realidad cubana. Me ha inquietado, como a otros compatriotas, lo que uno ha tildado de demora, de peligro de llegar tarde, que peca también de impolítico, tanto como llegar temprano.  Pero he admitido, en cambio, los escollos endógenos que van más allá de una oposición interna virtual, cuya fuerza artificiosa no degrada la paz interior del país. Escollos que suponen los enfoques de cambiar empleando las viejas e ineficaces fórmulas frente a las urgencias de actualizarse buscando un camino un tanto heterodoxo hacia el socialismo,  hoy  básicamente solo una aspiración de vivir en bienestar, igualdad y libertad, además de en independencia. Una aspiración no acabada del socialismo, porque  aún le falta concreción creadora en estructura y en conceptos renovados sobre la eficiencia, la eficacia y la efectividad, a pesar de todo lo enriquecedor que le ha aportado a la nación cubana.

Fijémonos, siendo honrados, que como escollo pretende ganar beligerancia, influencia en el interior de Cuba,  el otro dogma, el que dicta hoy la encarnizada oposición que desde el extranjero echa sobre la acción de los cubanos de dentro  el veneno cocido en laboratorios de servicios secretos. Somos el patito feo del planeta, según el lenguaje de la Internacional de la calumnia.  Un día tras otro revisando periódicos, televisoras, declaraciones de políticos y gobernantes mediáticamente serios,  nos van dejando, entre muchos trabajos, algunas verdades. Y me parece que una de las más recientes consiste  en que cuantos se dedican a denigrar al gobierno cubano y con él a los principios de la revolución del 59, ofrecen un punto vulnerable: suelen recibir la flecha allí en el talón donde se les esfuma la credibilidad. Porque no parece atinado creer a quienes niegan toda virtud en el que atacan con tanta aplicación. ¿Lo que poco vale, merece tanto aire, tanta atención?

Esgrimen, desde luego, los artilugios de la geopolítica., devenida programación cibernética de una mentalidad general que pretenden globalizada. ¿No es acaso verdad que tanta furia enlatada recuerda una frase de Don Quijote? Rememoremos, o imaginemos, aquel episodio cuando el Caballero y su ayudante andaban por caminos fuera de toda aparente cordura, trazados por la voluntad cuerda de quien tachaban de loco, y al salir los perros al camino con su dogmático gruñir de por aquí no se pasa, Don Quijote dijo: Ladran, Sancho, señal es de que andamos. Y por lo visto y oído, los perros no quieren que Cuba ande. (Tomado de Progreso Semanal)