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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

LAS COSAS SON, COMO SON

LAS COSAS SON, COMO SON

Apostillas de un ciudadano ingenuo

Por Luis Sexto

El 26 de octubre, en respuesta al ministro de relaciones exteriores de Cuba,   antes de la votación del proyecto de resolución de la ONU contra el bloqueo norteamericano, el embajador Ronald D. Godard declaró que su país tiene el derecho soberano de decidir su política comercial hacia cualquier país.

Pero insistió en que ``una nueva era en las relaciones EEUU-Cuba no se realizara completamente hasta cuando el pueblo cubano disfrute de libertades políticas y económicas internacionalmente reconocidas”.

¿Qué respuesta podría tener la primera parte de ese argumento aparentemente racional, ajustado al derecho?

La segunda parte es la admisión de todo cuanto el embajador niega. ¿Hay que ser muy inteligente para percatarse de la falacia?

Este ciudadano diría que Cuba, mi país, tiene también  el derecho soberano de elegir, aplicar, perfeccionar, el modelo o régimen socio político que crea más conveniente a sus intereses como nación, siempre y cuando cuente con la anuencia de la mayoría de su pueblo. Y tiene el derecho de practicar la autodeterminación  sin que países poderosos lo hostilicen y exijan que el gobierno cubano cumpla esas exigencias para entonces levantar prohibiciones que lolimitan y retrasan económica y tecnológicamente, y que incluso afectan a terceros países.

 

Godard tambien lamentó que el gobierno de La Habana ``continúa año tras año tildando (el embargo) como un genocidio’’ y apuntó que a pesar de las restricciones Estados Unidos es ahora el quinto socio comercial mas grande de La Habana.

Al parecer, el embajador Godard nunca ha perdido un hijo por falta de medicamentos que las transnacionales norteamericanas no puedan vender por imperativos de las leyes estadounidenses. Ahora bien, corrijamos; Estados Unidos no es el quinto socio comercial de Cuba. Es un mero vendedor de alimentos, alimentos que hay que pagar en efectivo antes de que lleguen a puertos cubanos. Es decir, no hay créditos, ni plazos de liquidación, como es usual en el comercio mundial. Y sobre todo, amigos, los Estados Unidos no le compra a Cuba. Y en verdad, Cuba no necesita solo comprar, sino, y sobre todo, vender, que es la garantía de su desarrollo.  Estados Unidos, pues,  no es socio comercial de Cuba. Ser socio implica el intercambio. Y, en la genuina semántica de la palabra,  no hay intercambio en la operación en  que uno solo vende desde su prepotencia y el otro solo compra.

Esa es la esencia del bloqueo; lo otro, la venta de alimentos es caridad, como un modo de tranquilizar la conciencia de una potencia que incluso ha limitado los derechos de sus ciudadanos violando la Constitución para perjudicar a Cuba. En fin: ¿Por qué no se les permite a los  norteamericanos  viajar a Cuba sin correr el riesgo de una multa enorme o de la cárcel?  

En esos argumentos casi cínicos se basa la defensa de la conducta del gobierno norteamericano sobre Cuba. Las cosas no suelen ser como ciertos intereses quieren que sean. Son, habitualmente, como son. 


 

 

EL JUEGO DE LAS PARADOJAS

EL JUEGO DE LAS PARADOJAS

Acumulación originaria y etapa de tránsito

Por Luis Sexto

La actualidad suele demostrar que la Historia a veces aclara la perspectiva oscureciéndola. Y con esta paradoja, que nada tiene que ver con las de Oscar Wilde, intento decir que como sujetos conscientes de la Historia, somos a mi parecer demasiado conscientes de ese señorío, de modo que le cedemos demasiado espacio a la voluntad reduciendo el de la razón. Este es, por tanto, uno los riesgos de las revoluciones actuales: persistir en las rutas cerradas o pretender que impactando el vehículo contra las barreras será posible habilitar el camino.

 Después de la experiencia del socialismo soviético; después de la demolición de esa  fortaleza inaugural del mundo nuevo -que muchos revolucionarios adoptaron como modelo-, lo que algunos creen ver todavía claramente se ha vuelto oscuro para advertir con claridad infrarroja  que las revoluciones socialistas supervivientes, o las que inician su “gran marcha”,  de insistir en el mismo paradigma,  podrían topar al final de túnel con la desilusión. Y también la disolución.

No siendo este articulista un teórico, sino más bien un lector de la realidad, podrá decir que lo primero que uno detecta en los acontecimientos del último medio siglo es que la vida social suele poner patas arriba a la  teoría más  reputada de exacta. Nada menos regular que la regularidad de los intereses humanos. Por lo cual ya vemos claro que la voluntad, principalmente la política, no siempre acierta al  decidir cambios, rumbos, normas. Y dicho esto ya estamos en condiciones de afirmar que la tarea más resbaladiza y escabrosa de las revoluciones socialistas no consiste en tirar por la ventana al capitalismo, sino sustituirlo. Dicho lo cual uno pregunta: con qué esquema será acertado empezar a deconstuir y sustituir las relaciones de producción capitalistas y  su esencia explotadora: ¿con el extinto socialismo soviético que en la práctica resultó una sociedad poscapitalista donde la clase obrera, clase triunfante y por ende dominante en el socialismo, tropezó con la contradicción de que siendo dueña teórica de los medios de producción continuó siendo asalariada?

 Al erigirse el Estado como único socializador de la propiedad del socialismo, la así llamada construcción socialista  tropezó con otra contradicción, esta vez práctica: ser incapaz de cumplir con el propósito programático de satisfacer totalmente las siempre crecientes necesidades de la sociedad y verse constreñido a organizar un orden estrechamente centralizado, que a pesar de invocar los términos de democracia y democrático, resultó  por momentos autoritario y burocrático.

 Demos medua vuelta a la página. Y asumamos lo que inspiran estas líneas: Cuba. En este archipiélago hierven hoy, como ayer en tiempos de José Martí, las encrucijadas. Las encrucijadas que antes de exigir a Cuba un papel de fiel o catalizador de las circunstancias  fuera de sus fronteras, tendrán que actuar dentro. Porque Cuba hoy, más que candil del exterior, tendrá que iluminar en el  interior. Y este poco avezado lector de la realidad entiende que el voluntarismo, ese estar por encima de la posibilidad, se va arrinconando. Y ya percibimos cómo pasan a retiros los conceptos por tanto tiempo vigentes, al ser confrontados con lo racional y posible. Para qué ser campeones olímpicos –ha sugerido el Gobierno en declaraciones recientes  del vicepresidente que atiende la esfera deportiva-, para qué lugares olímpicos en la cima si todavía faltan instalaciones para  practicar deportes como ejercicio de salud y recreación y las existentes necesitan remozamiento y modernización. ¿Cuánto cuesta una medalla de oro perseguida como fin sistemático propio de las potencias económicas?

Lo que pasa hoy en Cuba en el orden de la economía y en la estructura conceptual de  la política solo merece un nombre: transición. Porque a mi juicio la sociedad cubana recomienza ahora la etapa de tránsito hacia el socialismo, interrupta en 1968 cuando muchos consideramos que, de un salto, el socialismo sería una certeza, incluso adelantando esa otra sociedad netamente teórica, incluso inimaginable, que recibe el nombre de comunismo, es decir, la sociedad perfecta.

Hoy, en cambio, una idea parece cierta: sin nada que repartir, el socialismo nunca llegará a serlo en la praxis. La pobreza no puede ser la base de una sociedad que procura el bienestar en igualdad y equidad. Una de sus conquistas principales tendrá que consistir en resolver las urgencias de la vida cotidiana, sin acudir a la metáfora del futuro de bienestar –tantas veces aplazado por causa de acontecimientos adversos- para  justificar lo que se ha vuelto precario. Por lo tanto, para distribuir en justicia habrá que generar riquezas y valores. Y si el modelo hasta ahora activo ha probado incapacidad para  alcanzar la eficiencia, la eficacia y la efectividad mediante la centralización vertical, esto es burocrática, autoritaria, se precisa buscar alternativas poco ortodoxas en relación con la ideología más extendida–una economía mixta, digamos-, de modo que  la sociedad revitalice sus fuerzas productivas para entonces avanzar hacia lo que llamamos socialismo, cuyos intentos se han diluido en expresiones de buena voluntad. Este período que comienza con la Actualización de la economía cubana, dicta mi ignorancia, se podría llamar aún etapa de tránsito.  

De aplazar ese proceso, según lúcidas y honradas percepciones –las de Fidel Castro en noviembre de 2005, cuando aludió a los gérmenes de autodestrucción que coleteaban en la sociedad cubana-, se recalaría en  una casi inevitable ruina de las aspiraciones de justicia e independencia que conquistó la revolución. A pesar de ello,  varias opiniones internas  están convencidas de que el país transita hacia el capitalismo, porque sospechan de que, al cederles espacios económicos a los individuos y facultarlos para que contraten a trabajadores,  se dispondrían los pilotes para las bases de una pequeña burguesía, que, de acuerdo con la visión marxista o de ciertos marxistas, genera capitalismo. A esa aprensión pudiera oponérsele una pregunta: ¿Y qué generaría en nuestra sociedad, dadas sus circunstancias de iliquidez, de ineficiencia, de administravismo distorsionador,  si el Estado prosiguiera ejerciendo como dispensador y controlador de lo más nimio y menos provechoso, o encomendara a los trabajadores autogestionar una empresa casi en bancarrota? A propósito, en una conferencia dictada en 1962, el Che Guevara recriminaba la hostilidad entonces creciente hacia la pequeña burguesía*,  clase que en útil proporción produjo alimentos, vestido y calzado para los cubanos más pobres durante el capitalismo que la revolución se proponía dejar atrás.

En  mil letras y teorías  lo custodios de una presunta ortodoxia o los inquietos por el riesgo de “coquetear” con el mercado expresan su inconformidad. Y ello favorece la diversidad de enfoques  si se  argumentaran sin interponer entre la realidad y la teoría los cristales de lo absoluto. En algunos textos, sin embargo, el lector percibe  hálitos de regodeo en la denuncia, un gusto tan pugnaz por exponer lo negativo o lo inservible que uno cree que se aproximan a una “oposición” teórica aparentemente de izquierda.

 En general, las advertencias parecen amplificadas por jinetes de un Apocalipsis  anunciado.   Quizás hayan perdido toda su confianza en la estrategia del Gobierno  y, sin percatarse, esta o aquella  propuestas despiden por momentos olores tan dogmáticos como el dogma que declaran proscribir; son  tan intolerantes como la intolerancia  contra la cual se quejan. Y soslayan la amenaza de que si la sociedad cubana no acude a lo que más rápidamente podría afianzar las fuentes para una especie de acumulación originaria del socialismo –y en ese supuesto teórico coincido con el brasileño Emir Sader-, tal vez  no haya tiempo para reconsultar  manuales, ni leer directamente a los clásicos.

 Concluyo  esta somera aproximación a nuestros conflictos, copiando y entrecomillando  la mitad de  una frase breve de Che Guevara y con ella  acepto que, ante estos tiempos de encrucijadas y oportunidades inapelables, “tener malanga” ahora es más urgente e importante que  aplicar teorías. Y ese juicio, tan oscurantista para miradas turbias, lo aclara la Historia en esas paradojas que salen sin que el autor se las proponga.

 *Escritos y discursos, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, página 218

 

 

 

EN RESPUESTA A UN RECLAMO HUMANITARIO

Media en Cuba la Iglesia Católica

Así lo reconoce tanto el arzobispado como las Damas de Blanco

LA HABANA, domingo, 22 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- La Iglesia en Cuba está mediando entre los familiares de los presos y las autoridades en respuesta al reclamo humanitario de esas familias, ha aclarado una nota de prensa difundida este viernes por el arzobispado de La Habana.

El comunicado fue avalado poco después por una las Damas de Blanco, que calificaron de "positiva" la mediación de la Iglesia para la excarcelación de sus familiares presos políticos, y tomaron distancia de una dura crítica, realizada por disidentes cubanos en una carta abierta al Papa.

La aclaración, en la que el arzobispado deja claro que en ningún momento su actividad es política, tiene lugar "debido a la indignación generada en un número de fieles católicos que han conocido en las últimas horas" el contenido de la carta abierta dirigida al Santo Padre Benedicto XVI, "de contenido ofensivo para con la Iglesia en Cuba".

"Cuando la Iglesia aceptó la misión de mediar entre los familiares de los presos o damas de blanco, y las autoridades cubanas, sabía que esta mediación podría ser interpretada de las más disímiles maneras y provocar diversas reacciones: desde el insulto y la difamación, hasta la aceptación y el agradecimiento. Permanecer inactiva no era una opción válida para la Iglesia por su misión pastoral", aclara la nota.

"La acción de la Iglesia a favor del respeto a la dignidad de todos los cubanos y la armonía social en Cuba no comenzó hace veinte años, y ha sido una acción que no se ha apoyado, ni se apoyará nunca, en tendencias políticas, ni en las del gobierno ni en las de quienes se le oponen, sino en su misión pastoral", subraya.

El arzobispado asegura que "la Iglesia en Cuba no desviará su atención de aquello que la motivó a actuar en este proceso: el reclamo humanitario de familias que han sufrido por el encarcelamiento de uno o más de sus miembros".

"Esto es algo que conoce muy bien el Papa Benedicto XVI -sigue diciendo el comunicado--. Vale la pena recordar lo expresado hace unas semanas por el padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede: ’El papel crucial asumido en el proceso de diálogo cubano por el cardenal Ortega Alamino y por monseñor Dionisio García, presidente del episcopado, ha sido posible por el hecho evidente que la Iglesia católica está profundamente arraigada en el pueblo y es intérprete atendible de su espíritu y de sus expectativas’".

"No es una realidad extraña, no escapa en los tiempos de dificultad -seguía diciendo el director de la Oficina de Información de la Santa Sede--. Carga con los sufrimientos y trae esperanza, con dignidad y con paciencia, sin servilismo pero también sin tratar de aumentar las tensiones ni de exacerbar los ánimos, al contrario, con el compromiso constante de abrir caminos a la comprensión y al diálogo".

La Santa Sede , agregó el padre Lombardi, "apoya a la Iglesia local con su solidaridad espiritual y con su autoridad internacional".

En este sentido, " la Santa Sede se ha declarado siempre en contra del embargo, y por lo tanto solidaria con los sufrimientos del pueblo, y dispuesta a apoyar toda perspectiva de diálogo constructivo... con paciencia, se han hecho importantes progresos en esta dirección. Todos deseamos que el camino continúe".

Por su parte, Berta Soler, una de las representantes de las Damas de Blanco ha declarado: "Respetamos las opiniones que pueda dar cualquier persona sobre la Iglesia Católica. La nuestra es que, como mediadora, está haciendo todo lo que ha podido hacer por la libertad de nuestros hombres".

"La Iglesia está haciendo lo que realmente debe hacer una Iglesia: estar al lado de las personas que sufren, de las personas que están presas y de lo está haciendo, el resultado ha sido positivo", añadió.

 

(Nota del autor del  blog: Este periodista, con el respeto y acatamiento que le profesa a la Iglesia Católica, en cuyo seno se educó mediante las escuelas de los Padres Salesianos y en cuyo seno permanece espiritualmente, estima pertinente que en el proceso de liberación de los reclusos que desde 2003 cumplían prisión por atentar contra la estabilidad del Estado cubano, hay que tener en cuenta también  la voluntad política del Gobierno de Cuba, que ha sido muy anuente ante la mediación y las solicitudes de la Iglesia. Como no ignoramos,  la visión unilateral se aparta del recto juicio, aunque de cualquier forma, mi aclaración es a título personal y solo añade un parecer a la información que reproduzco arriba. Luis Sexto)

 

 

 

LA FÓRMULA DE HOUDINI

LA FÓRMULA  DE HOUDINI

Por Luis Sexto

Desde una perspectiva moral, podíamos acepta que sobrevivir es crecer, como dijo recientemente en la revista Unión,  Roberto Manzano. Y me valgo de la definición de este original poeta para empezar añadiendo que si sobrevivir resulta un ejercicio de honradez no hay dudas de que quien sobrevive crece en su condición humana.

Ahora bien, si más que un cúmulo de actos de mejoramiento mediante la resistencia de las fuerzas interiores, sobrevivir implica hacer uso del truco mezquino, el fraude, y la inventiva egoísta, entonces la supervivencia acusa un decrecimiento de la moral de la persona. Pero no voy a seguir por el individuo y su virtud. Pasemos al espacio social. Y así quizás convengamos en que los períodos de supervivencia en los pueblos –a veces temporadas de resistencia-, aunque también significan una depuración moral en el conjunto, no  suponen un crecimiento material. Sobrevivir es asomar la nariz por entre lo precario, mantenerse en pie entre impedimentos sin que por ello se avance más allá de los obstáculos.

Con esto dicho, uno estima que la supervivencia no compone un programa de desarrollo. Más bien una estrategia coyuntural, cuya temporalidad  no ha de derivar en un permanente “estar en crisis”. Lo digo, pues, porque ya parece que, aunque genere alguna duda la cautela mostrada y cuya necesidad ha sido reconocida públicamente, Cuba pasa de la supervivencia a la capacidad de echar a andar el presente.

He llegado a este punto, porque intento averiguar cómo responder al lector que en un correo electrónico creyó conveniente que este periodista se refiriera a las cosas por modificar en Cuba. Por supuesto, no me negaré, y advierto que no tengo más información que la que suministra mi experiencia periodística. No ocupo ninguna posición apropiada para saber lo que los más no saben o saben a medias. Solo escribo comprometido con los afanes y las metas del país, y para hacerlo miro la vida, la evalúo comparándola con circunstancias similares en otras etapas y saco conclusiones condimentadas con mis deseos y esperanzas.

En este momento, para mí, lo primero es advertir que  las  transformaciones estructurales y de conceptos que en nuestra sociedad puedan ocurrir necesitarán también de un cambio de mentalidad de todos. Es decir, un esfuerzo subjetivo del individuo basado en su virtud para comprender y asumir que nada de lo que se reorganice, se readecue, se actualice o se elimine –fíjense cuántos términos- compondrá una especie de fórmula a lo Houdini, es decir, que con unas cuantas contorsiones corporales habremos de zafar los nudos, abrir los candados, y sanseacabó: todo a fluir sobre la dicha.

Ojalá fuera de ese modo. Porque sin despejar las plantillas laborales de una fuerza de trabajo sobrante que asciende más o menos a un millón y cuarto de trabajadores, ningún remedio será efectivo, porque equivaldría a inutilizar cualquier solución al nacer. Y  esa drástica medida también exige el entierro definitivo del paternalismo, para que la justicia social actúe propiamente al garantizar leyes, oportunidades, y ayudando al más débil o al impedido, pero estableciendo espacios para que los aptos coadyuven al bienestar propio y familiar. Por tanto, “regalado”, lo que hemos recibido gratuitamente y no es básico, tendrá que morirse de verdad. Y ante su deceso habrá que establecer fórmulas de trabajo cooperativo y por cuenta  propia que incrementen las opciones laborales y aumenten las soluciones a necesidades domésticas, para que el Estado deje de ocuparse del timbiriche mañanero y atienda los sectores fundamentales de la economía, esos que habrán de decidir el equilibrio del comercio, la prioridad de las inversiones, la política de desarrollo. En fin, la vitalidad de la nación.

Mucho más habrá que hacer. Democratizar la producción. Y descentralizar la administración y la gestión local de gobierno. No es primera vez que este comentarista habla de que los municipios están doblemente impedidos: por la falta de capacidad decisoria para emplear los recursos y por el hábito de mirar arriba esperando las órdenes. Habrá, pues  que crecer moral, política, intelectualmente, pero no como secuela de una supervivencia heroica. Porque entonces estaríamos en las mismas rutinas. Tendremos que crecer como expresión de la honradez, del trabajo compartido e individualizado, de la sabiduría, del compromiso con un cambio que promete el destino de lo que avanza, aunque exigiendo una etapa de abnegación. Quedo a medias. Pero uno da solo lo que tiene. O lo que cree tener. (Publicado en Juventud Rebelde, La Habana)

         

DE QUEJAS Y EXIGENCIAS

DE QUEJAS Y EXIGENCIAS

 Por EL DUENDE

Tomado de la radio de Miami

 

Mala imagen en España. Nos dicen  desde Madrid  que  Carlos  Alberto  Montaner  está indignado y echando chispas  contra los  recién liberados Disidentes  cubanos  que llegaron a  España y desde que  pisaron  tierra han estado  haciendo declaraciones públicas quejándose  de la  hospitalidad  del  país que  gestiono  la  libertad de  ellos porque    los  habían alojado en  un  hotel  sin baños privados  en los  cuartos  ni  aire  acondicionado.

Montaner  a  quien  no se le  escapa  una  y que  está  al  tanto de lo  que se  publica  en la prensa  española  sobre   Cuba está consciente  que  la  “mercancía  importada”  de  las cárceles  de la  isla no es  digerible  por  la inmensa  mayoría  de los españoles  que  perciben a los  llamados  “Disidentes” como  unos mal agradecidos.  Las  cartas  que  se reciben y  publican en la  prensa  española con  respecto  a los  recién llegados,  así  lo atestiguan  en  una  proporción   de 90  a  diez,  ya que  todos  los  mensajes son  negativos en relación a  estos  ex presos  que  han salido de la  cárcel  exigiendo en  Madrid   cuartos con baños privados  y  aire acondicionado.

“ Que  los  manden  de vuelta a  Cuba  o sevayan para  Miami y que  los  mantengan los   millonarios  de  allí”,  dicen  las  cartas  que se publican. Montaner  está “anonadado”. En un  santiamén  estos  “Disidentes” recién llegados  a  Madrid  le  han desbaratado su montaje  de  propaganda  negra  contra  Cuba.   Mal  negocio  ese  el de criar  cuervos sin  ponerse  careta y espejuelos para  protegerse  los ojos. protegerse  los ojos. (Martes 20 julio 2010)

 

 

DISTORSIONAR LA REALIDAD DIFICULTA LAS SOLUCIONES

Por Lorenzo Gonzalo

En la historia de las luchas políticas, en múltiples oportunidades, los protagonistas han sido forzados al exilio. El actual caso cubano no es nuevo. Las 75 personas que fueron detenidas y condenadas por sostener vínculos con los funcionarios de Estados Unidos, recibir dinero y materiales de propaganda con el objetivo de desestabilizar al gobierno cubano, están siendo liberadas.

El delito del que fueron acusadas es obvio. Estados Unidos ha agredido oficialmente a Cuba durante medio siglo y mantiene un presupuesto de varias decenas de millones de dólares, expresamente destinados a derrocar al gobierno de ese país. De aquí se desprende que cualquier vínculo de una persona con Estados Unidos, destinado a realizar la más mínima oposición al gobierno cubano, la convierte de facto en agente extranjero.

La campaña de la prensa estadounidense, que ha puesto a bailar a la media europea al ritmo de sus tambores, ha convertido un caso perteneciente íntegramente a la seguridad nacional cubana, en un espectáculo de Broadway. Asumimos que para aliviar tensiones internacionales, el gobierno cubano ha accedido a la solicitud de la Iglesia Católica y a las gestiones del gobierno

español, decretando la libertad de un gran número de presos.  El gobierno español es el único de Europa Occidental que ha abandonado las políticas agresivas alentadas por Washington contra Cuba y plantea relaciones negociadas y sustentadas en el diálogo.

Frente a la actitud del gobierno estadounidense, de imponer cambios políticos y económicos como condición para sostener relaciones y reducir sus injerencias en los asuntos internos de Cuba, España plantea el respeto entre los dos países y transparencia, por parte del gobierno cubano, en los asuntos que las campañas mediáticas señalan como violaciones de derechos humanos.

Lo planteado por España es de sentido común, cuando comparamos sus propuestas con las de Estados Unidos.La presencia de presos en Cuba condenados por “cooperar con el enemigo” para “desestabilizar al Estado cubano”, dio lugar a amplias campañas internacionales que la diplomacia estadounidense supo instrumentar, con la precisión que permite el derroche de grandes recursos. Contrario a la benevolencia con que el mundo acepta las barbaridades que Estados Unidos comete, ocupando países y movilizando ejércitos en cientos de bases fuera de su tierra, a Cuba no se le reconoce, ni siquiera el derecho de adoptar medidas de defensa, ante la agresividad de una descomunal diplomacia como la de Washington. La prensa manipulada por esa misma diplomacia, ni siquiera considera las agresiones reales y el apoyo que el gobierno de Obama concede a terroristas como Posada Carriles, Orlando Bosch y otros que viven plácidamente en Miami. Estos señores han dinamitado aviones de pasajeros en pleno vuelo y bombardeado barcos civiles anclados en puerto. Algunos han colocado bombas en algunas de sus Embajadas y otros han asesinado a funcionarios cubanos mientras trabajaban en la ONU.

La prensa no enfoca el problema desde su problemática e injusta historia. A los 75 presos los han puesto en libertad o están en ese proceso. También se ha conversado que “otros”, catalogados también de “políticos”, serán liberados siempre que sean pacíficos. Obviamente a los capaces de colocar bombas y asesinar no los van a poner en la calle.

La cobertura que la prensa ha dado a los presos que llegan a España, no ha contado con el análisis ponderado de analistas serios. Si vemos los periódicos españoles, sus columnas de opinión están a cargo de gente que asumió una militancia anticastrista. Muchos de ellos disfrutaron el poder con “Castro”, como acostumbran decir, y sancionaron la existencia de un presidio político, donde ocurrieron hechos lamentables, ante los cuales palidecen las historietas que inventan o magnifican los recién llegados a España.

La situación cubana es tan seria y la actitud de los países “llamados libres” resulta tan bufónica, que se requiere de una prensa capaz de hacer un alto, prestándole atención a lo sucedido e integrando en sus análisis todos los elementos que han conducido los acontecimientos hasta la actualidad. Es importante que, al menos por unos días, por unas horas, la prensa internacional, sobre todo la europea, se sitúe con seriedad ante la problemática cubana e instruya a sus lectores para que puedan juzgar con objetividad.

 

Distorsionando las desagradecidas declaraciones de un puñado de gente, que ni siquiera saben asumir con dignidad el papel de supuestos “presos político liberados”, reclamando de la España que les ofreció su tierra, habitaciones de hoteles con baño y tratamiento de reyes sin corona, la prensa no podrá contribuir a una justa solución del conflicto.

 

 

FRAY ANTORCHA RESPONDE A FPC

FRAY ANTORCHA RESPONDE A FPC

Desde Miami

Mi muy querido y ponderado FPC,  si algo tiene usted de original es la medida en que comparte razones con contradicciones. Por ello permítame hacerle algunas aclaraciones. Ciertamente la Toma de la Bastilla, una antigua fortaleza militar que albergaba solamente siete prisioneros, al ser tomada por los revolucionarios  parisinos el 14 de julio de 1789, significó simbólicamente el fin del “antiguo régimen” y el comienzo al mismo tiempo de la Revolución Francesa. Para coronar el éxito, los asaltantes tenían como objetivo ocupar la gran cantidad de armas y municiones que se guardaban allí.

¿No le recuerda ello un cierto parecido con el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953? Pues si la respuesta del asistente de Luis XVI  a la pregunta del monarca: “¿Será esto una revuelta?,  este le contestó: “No su alteza, esto es una revolución”, aquel  hecho santiaguero fue el símbolo en nuestro país del inicio de una verdadera revolución del pueblo, para derrocar al régimen tiránico de Fulgencio Batista..

Pero digamos más, la Revolución francesa fue sobre todo un conflicto político y social, que comenzó con la proclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó 10 años después con el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte. Usted mismo lo destaca en  su comentario al post que está debajo de mi escrito en este blog, al reconocer que “las revoluciones la hacen los pueblos para derrocar a tiranos  y déspotas…”

            ¿Conoce usted en Cuba o en este exilio a alguien con los pantalones  bien puestos que intentara siquiera un golpe de Estado en Cuba en estos 50 años de revolución? ¿Verdad que no? Y esa es la mejor prueba que la mayoría del pueblo cubano no solo ha sido fiel a esa causa, sino que ha cuidado la no intervención extranjera en ella.

Todas las revoluciones del mundo arrastran consecuencias y permítame decirle que a mi modo de ver, en la de Cuba hay dos hechos extremadamente lamentables derivados de ella. De un lado los débiles, infelices e inconformes; del otro, los oportunistas, que del mismo modo como surgieron en Francia, aparecieron en Cuba también. Ese es el precio que paga cualquier revolución.

 En el primer caso se agrupan los incapaces de compartir el pan con el prójimo; en el otro, muchísimos llegados a la cumbre del poder como la serpiente del cuento: ”arrastrándose”, para hacer mas daño que buenas acciones y disfrutar a costa del pueblo trabajador beneficios no merecidos.

 (Si quiere le puedo ofrecer una lista bien amplia con los nombres de muchos de ellos que hoy viven en el exilio, que ocuparon hasta las salidas de sus ratoneras puestos claves dentro del gobierno cubano, al cual traicionaron cuando “les pisaron el cayo”, o fueron descubiertos en triquiñuelas fraudulentas para beneficios personales y familiares)

Por ultimo,  remítase al cuadro “Los fusilamientos del 3 de mayo”, de Goya, probablemente el más valorado e influyente del pintor español, y el que refleja, como ninguno, el punto de vista moderno, hacia  el entendimiento de lo que supone todo enfrentamiento armado. Porque las ejecuciones aparecen en toda  revolución, no fueron iniciativa de la cubana, ni injustificados tampoco. ¿O los asesinos de Batista solo les daban nalgaditas a quienes caían en sus manos con un periódico doblado en dos?

Todavía recuerdo con mis ojos y mi memoria infantil aquel cuartel de un pueblo pequeño, donde los instrumentos de torturas no eran precisamente obras de arte que quedaron abandonadas tras las huidas masivas de los soldados, sino la prueba más fehaciente, de porqué se necesitaba realizar una revolución. Esa es la que reina aún, a pesar de todo, por el apoyo y el decreto del pueblo cubano.

             

 

LA IGLESIA CATÓLICA Y EL GOBIERNO CUBANO

Por Lorenzo Gonzalo

El autor es periodista cubano radicado en los Estados Unidos

Guillermo Fariñas estuvo 135 días en huelga de hambre. Para ponerle punto finala su decisión planteaba el gobierno cubano debía primero soltar a los presos políticos. Su pedido se refería básicamente a los enfermos. Aunque siempre estuvo alerta y con una conversación estructurada a veces sus planteamientos no resultaban muy obvios. De hecho el gobierno cubano puso en libertad a quienes padecían padecimientos delicados y Fariñas continuó su huelga. La acción de liberar a determinados presos por razones de salud, fue la respuesta del gobierno a conversaciones que el gobernante cubano Raúl Castro sostuvo con la Iglesia Católica.

El punto principal que dificultaba la conducta de Fariñas es que ningún gobierno ha accedido nunca a los pedidos de prisionero alguno salvo excepciones, donde lo solicitado sea factible y constituya un legítimo pedido. Otro aspecto que añade dificultades a una solicitud de esa naturaleza, es la tipificación que hace Cuba del tipo de delitos por el cual un reducido número de personas fueron condenadas hace unos años. Para Cuba, como para Estados Unidos, cualquier delito que atente de alguna manera contra los poderes del Estado, no son políticos. En relación al mencionado caso se comprobó que, de alguna manera, todos ellos estaban en comunicación con la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba, recibiendo ayudas e incluso de orientación. Estados Unidos es un país que se declaró enemigo de Cuba desde comienzos de los años sesenta y ha establecido organismos estatales orientados al derrocamiento del gobierno cubano. Un hecho insólito en las relaciones internacionales que poca o ninguna crítica recibe de otras naciones.

No obstante estas incidentales, las campañas mediáticas dificultan aún más la búsqueda de soluciones En el caso de los presos y de la huelga de hambre de Fariñas, que en su punto culminante estuvo más cercana a un intento de suicidio que a una demanda política, la campaña logró acuñar dos aspectos: se trata de “presos de conciencia”, o sea estaban presos por lo que pensaban y no por lo que hicieron y las condenas además de injustas fueron excesivas. Esto tergiversa la realidad desde el punto de vista del gobierno cubano porque implica problemas semánticos e interpretaciones falsas de sus leyes.

En medio de este escenario, la Iglesia Católica que en los últimos años ha participado tenuemente en algunas cuestiones internas del país, ha dado un paso al frente y se ha dispuesto a conversar con las autoridades sin condicionamientos ni agendas.

Tradicionalmente esta Iglesia ha estado en contrapunteo con el gobierno. Se ha mostrado siempre poco inclinada a participar en las labores administrativas de su comunidad junto a las autoridades o instituciones estatales. Se ha mantenido al margen, haciendo críticas y alejada de las instituciones del país, con rechazos tan marcados a veces, que ha hecho pensar que le niega reconocimiento al gobierno y a las organizaciones que componen ese Estado.

La mayoría de las iglesias en Cuba, respondiendo a la estructuración políticos administrativa existente, participan de alguna manera y en una forma integrada, de la vida nacional. No integran el gobierno, pero se empeñan en acompañar a los miembros de aquella sociedad dentro de los cánones que la rigen, en aras de ser parte de una ciudadanía que en gran número constituye la feligresía de cada una de ellas. El Parlamento, por ejemplo, tiene representaciones de eclesiásticos y el Partido Comunista tiene un departamento que lidia con las iglesias. El gobierno se reúne con los representantes de las mismas, escucha las quejas y toma medidas en dependencia de las demandas que objetivamente el Estado considera susceptibles de atención o corrección, procediendo incluso a la creación de nuevas regulaciones cuando se estiman necesarias.

La Iglesia Católica no ha estado vinculada de la misma manera. Sin embargo, los nuevos pasos decididos por su jerarquía, hace pensar que hay un nuevo entendimiento y el deseo de desempeñar un mejor papel en el contexto social cubano. No hay dudas que cualquier participación en los aspectos sociales de un país, aun en aquellos considerados más “civilistas”, tienen que pasar en algún momento por las esferas políticas. La decisión de la Iglesia Católica muestra que existe una nueva disposición para desempeñar un rol más activo en este campo.

El gobierno cubano por su parte, parece que no quiere desaprovechar esta oportunidad y ha escuchado la preocupación de la Iglesia en relación a unas decenas de presos que algunas esferas internacionales consideran políticos. Esto le ha brindado al gobierno la oportunidad de incluir esta Iglesia en la participación de asuntos de interés nacional, al tiempo que por primera vez le conceden importancia al diálogo institucional desde una perspectiva que anteriormente estaba fuera de toda posibilidad. La Iglesia Católica a su vez gana espacio en una sociedad acostumbrada a lidiar con los problemas a través de instituciones estatales, gubernamentales o de tipo participativo. Por este camino la Iglesia se pone a la par con el papel que su institución juega en los países que practican la llamada “democracia representativa”. En este caso la Iglesia asumió la representación personal de las esposas de los presos, quienes son asiduas asistentes al culto de la misma.

Por otro lado, esto sucede en una época en que se viene desarrollando un proceso de revaloración de las estructuras e instituciones existentes en Cuba, las cuales se concibieron cuando el socialismo se imaginó como un fenómeno divorciado del capitalismo y no como una continuación orientada a la reestructuración de los mecanismos distributivos de la riqueza y a facilitar que, la inevitable concentración de los medios de producción, no interfiera con lo anterior y no le ponga obstáculos a las iniciativas personales. Ante un entendimiento semejante es necesario buscar la formación adecuada de nuevas estructuras, capaces de sostener el ritmo productivo y sin correr el peligro, de retornos inútiles a las deficiencias del modo de producción actual.

Lo sucedido en Cuba, en relación a los diálogos de la Iglesia Católica y elgobierno, es parte del proceso de reformas que está teniendo lugar, en un medio donde la lucha contra el dogmatismo, heredado de las incorrecciones soviéticas, están siendo abordadas con mucha ponderación y con sumo cuidado para no herir o apartar del proceso a ninguno de los miles y miles de pilares esenciales que hicieron posible la dura lucha de defender la soberanía del país de los ataques injustos de Estados Unidos.

De otra manera no puede entenderse el ambiente negociador que tiene lugar en estos momentos. Como subproducto de este acercamiento institucional optado por la única Iglesia importante que aún se mantenía apartada del reconocimiento pleno del Estado y el gobierno cubanos, está la actitud de buena voluntad de España, presionando a sus pares europeos para eliminar la política llamada “posición común”. Esta política pretende exigir de Cuba la creación de un tipo de Estado similar al demandado por Estados Unidos, con irrespeto absoluto a su pleno derecho a la libre determinación.

Acceder a solicitudes de terceros no es ceder, sino el reconocimiento de que existen mejores avenidas o la necesidad de corregir errores. Cuba, como lo hemos dicho otras veces, ha atravesado por muchos gobiernos aunque sus actores sigan siendo los mismos. En realidad lo que sucede es que los procedimientos son menos hipócrita que el de aquellos que se autonombran campeones de democracia. Lo que en realidad diferencia a un gobierno de otro no son las personas que lo dirigen sino las políticas que se aplican. En este sentido, si arañamos la superficie de esos gobiernos llamados “demócratas”, veremos que allí los autores no sólo son siempre los mismos por generaciones, sino que sus políticas no cambian en esencia, lo cual los convierte en dictaduras disfrazadas.