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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

ENTREVISTA DE LA TV CUBANA CON JAMES CARTER

ENTREVISTA DE LA TV CUBANA CON JAMES CARTER

 Versión Taquigráfica, 30 de marzo de 2011 

 Arleen Rodríguez. — ¡Hola! Un saludo a todos los que a esta hora están en sintonía con la Televisión Cubana. Les doy la bienvenida, junto al ex presidente de Estados Unidos, James Carter, que minutos antes de partir de regreso a su país ha accedido gustosamente a darnos una entrevista, una declaración exclusiva para nuestra televisión.

Bienvenido. Gracias por aceptar nuestra invitación.

James Carter. —Es un gran placer volver a Cuba, a La Habana.

Arleen Rodríguez. —Es un gran placer tenerlo también.

Me comentaba que quería decirle algo al pueblo cubano antes de nuestra entrevista.

James Carter. —Sí.

Arleen Rodríguez. —La cámara es suya.

James Carter.—Quisiera agradecerle al pueblo de Cuba la posibilidad de estar de nuevo en este país para poder reunirme con los líderes cubanos, para reunirme con algunos ciudadanos cubanos que están en desacuerdo con el gobierno. Hemos estado muy estimulados en cuanto a las posibilidades de la reunión que va a sostenerse en el Congreso el próximo mes.

También tuvimos la posibilidad de reunirnos con los familiares de los cinco patriotas cubanos, con sus madres, con sus esposas.

Espero que en el futuro haya relaciones diplomáticas normales entre Cuba y Estados Unidos. Quisiera también que llegara el momento en que las restricciones de viajes desde Estados Unidos a Cuba y de Cuba a Estados Unidos puedan ser suspendidas, y también que pueda disfrutarse de libertad, de reasociación, de viajes. Creo que es muy importante para todo el mundo y para el pueblo de Cuba.

Hemos sostenido reuniones con el Ministro de Relaciones Exteriores, con el Presidente de la Asamblea Nacional, con el presidente Raúl Castro, con el anterior presidente, Fidel Castro, quien es mi amigo personal, y haremos todo lo posible para que se produzcan cambios económicos en Cuba.

Esta mañana también me reuní con el señor Gross, quien ha pasado un largo tiempo en prisión en Cuba, y pensamos que es inocente de cualquier delito. Espero que en el futuro pueda ser liberado conjuntamente con los llamados cinco cubanos que han pasado 12 años en prisión en Estados Unidos.

En el futuro espero que puedan desarrollarse el comercio y los viajes entre ambos países y que se pueda suspender totalmente el embargo económico, que es una opresión para el pueblo cubano, y que no solamente afecta al gobierno cubano, sino que es el pueblo de Cuba el que más se afecta. Considero que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba deben cambiar.

Cuando pasé a ser presidente, suspendí las restricciones de viajes entre ambos países y he trabajado muy de cerca con el presidente Castro para establecer intercambios diplomáticos. Ahora Estados Unidos y Cuba tienen a 300 personas empleadas en la Oficina de Intereses, tanto en la de Estados Unidos como en la de Cuba, y trabajan cubanos en la Oficina de Intereses en Cuba y viceversa, y creo que esto puede contribuir a las relaciones diplomáticas normales entre los dos países.

Esta ha sido una oportunidad que me ha dado la Televisión Cubana para poder dirigirme a ustedes y decirles cuán maravilloso es su país.

Arleen Rodríguez. —Gracias.

Yo quiero aprovecharme de esa oportunidad para hacerle unas preguntas.

Quiero, primero que todo, saludarlo con el respeto y la simpatía que ha generado el único Presidente de Estados Unidos que en 50 años hizo algo por normalizar las relaciones. Usted recordaba algunos de esos pasos importantes. El hecho también de venir a Cuba ya por dos veces y hacerlo con la mano extendida y con respeto. El pueblo cubano, que es muy orgulloso y digno, recibe con simpatía a  visitantes así.

Creo que, entrando en materia, usted me ha relevado de hacer una introducción al expresar nuevamente su voluntad y deseo de que se levante el bloqueo a Cuba. Se sabe que hay un consenso mayoritario en la sociedad norteamericana, que incluye a la comunidad cubana en Estados Unidos, y que, además, la comunidad internacional lo ha demandado en los últimos 20 años de manera masiva, de manera que sus esfuerzos son acompañados también por las grandes mayorías en Cuba y en Estados Unidos.

Como usted mismo reconoce, el bloqueo se mantiene, y los cubanos y las cubanas sabemos que se mantiene, además, con el mismo rigor de antes, y a veces aprieta un poquito más.

Yo pregunto: ¿Qué perspectivas usted les ve a las relaciones Cuba-Estados Unidos y a ese bloqueo, contra el cual está todo el mundo?

James Carter. —Como usted conoce, la mayoría de los cubanos desean que existan relaciones normales con Estados Unidos, y la gran mayoría de los norteamericanos también desean que existan relaciones normales con Cuba. Indudablemente existen algunos líderes radicales en mi país, algunos en posiciones destacadas en el Congreso, en muchos de los casos cubanoamericanos, que insisten en mantener este distanciamiento en las relaciones entre ambos países, estos representantes de la antigua comunidad cubanoamericana, cuyo objetivo fundamental era derrocar el régimen de Castro; incluso, entre los cubanoamericanos en mi país existe una pequeña minoría en estos momentos, pero muy poderosa desde el punto de vista político, en los círculos políticos. Considero que en los últimos años ha habido algunos progresos porque, incluso, la opinión pública dentro de los círculos de Miami y de los cubanoamericanos, incluso, los más jóvenes dentro de esa comunidad desean que se levante este bloqueo económico y tener oportunidades normales para poder viajar en ambas direcciones: de Estados Unidos a Cuba y de Cuba a Estados Unidos, esto es un cambio. En mi opinión es un cambio que va a avanzar en el futuro y espero que mi pequeña voz, así como la opinión de muchos norteamericanos, puedan hacer que esto se materialice.

Arleen Rodríguez. —Señor Carter, le escuché con mucha emoción en la conferencia de prensa, y aquí en la presentación le escuché pedir, demandar también la libertad de los cinco cubanos héroes, que Cuba considera héroes, porque enfrentaron a grupos terroristas y lograron evitar que creciera la lista de 2 099 incapacitados y 3 478 muertes que ha ocasionado el terrorismo a nuestro país.

No sé hasta qué punto usted es consciente de cuán sensibilizado está el pueblo de Cuba con la demanda de libertad para los Cinco. Sin embargo, es decir, no lo escuché pronunciarse por el indulto.

Usted decía que según las leyes norteamericanas usted esperaba que fueran liberados. Ellos han apelado a la Corte Suprema, que les denegó la revisión del caso, a pesar de que era una demanda de más de 10 Premios Nobel y centenares de personalidades políticas e intelectuales de todo el mundo. Es decir, agotaron todos los pasos legales.

Ha habido muchas arbitrariedades en el proceso, como usted decía, reconocidas por jueces, y ellos han recibido un castigo adicional al privarse a dos de ellos de la visita regular de sus esposas, con dificultades también para la visita a los familiares.

Llegar a ese punto de la Corte Suprema y que no les permitieran una revisión de un caso tan complejo, hizo que estos propios Premios Nobel y personalidades políticas demanden al presidente Obama el indulto.

Usted fue presidente de Estados Unidos, usted ejerció el derecho del indulto, como un gesto humanitario que le digo —como cubana— que agradecería profundamente el pueblo de Cuba, ¿estaría dispuesto a sumarse a otros Premios Nobel que piden el indulto de los Cinco a Obama?

James Carter. —Como usted conoce, no solamente soy un antiguo presidente de Estados Unidos, sino también un Premio Nobel.

Arleen Rodríguez. —Por eso.

James Carter.—O sea, en mis conversaciones privadas con el presidente Bush y con el presidente Obama, he hablado acerca de la liberación de estas personas.

Reconozco las limitaciones dentro del sistema judicial de Estados Unidos, y espero que el Presidente pueda conceder este indulto; pero esta es una decisión que solamente puede tomar el propio Presidente, o sea que no me correspondería decirle al Presidente lo que debe hacer; pero el Presidente, tanto antes como ahora, sabe que mi opinión es que el juicio de los Cinco fue muy dudoso, que se violaron normas, y que las restricciones acerca de sus visitas fueron extremas.

Ahora, sé que ya esos familiares han podido visitarlos, y espero que en el futuro pueda concederse este indulto y que pueda haber también un mayor acceso de sus familiares a estos prisioneros en Estados Unidos.

Me han informado unos funcionarios, por ejemplo, que el derribo del pequeño avión en La Habana, que hizo posible la muerte de dos de los pilotos, tuvo lugar después de que el Presidente de Estados Unidos informara a los líderes cubanos que ya no habría más vuelos. Los funcionarios cubanos me comunicaron que expresaron muy claramente al Presidente de Estados Unidos que no podía permitirse el sobrevuelo de la capital del país dejando volantes, y que tenían que proteger la soberanía de Cuba. Así que aun cuando esto es algo más serio, es un alegato más serio, en mi opinión, tengo dudas en cuanto a estas extensas condenas a las que fueron sometidas estas personas; pero cuando regrese pienso conversar con el presidente Obama, aquí está mi declaración pública, la he hecho antes con otros líderes norteamericanos, y hemos hablado a favor de la liberación de los Cinco; una de las razones, ya sean culpables o no, es que ya han pasado un largo tiempo en prisión, más de 12 años; o sea, que ya han sido castigados adecuadamente, aun cuando hayan sido culpables.

Arleen Rodríguez. —Acaba de fallecer recientemente una persona muy vinculada al caso, que usted conoció bien, Leonard Weinglass; sé que usted sabe que era un hombre amante de la justicia y que luchó por ella, y sus últimos pronunciamientos, su último trabajo, incluso, en su lecho de muerte, estuvo encaminado a probar que los Cinco no tienen nada que ver con el derribo de las avionetas.

James Carter. —Sí, lo sé.

Arleen Rodríguez.—Entrar más en el caso haría más larga esta conversación, pero lo que sabe el pueblo de Cuba, lo que se puede probar, lo que saben, incluso, las autoridades norteamericanas, por todo el informe que trasmitió Cuba, es que esos jóvenes lo único que hacían era buscar información para evitar actos terroristas.

Yo tengo la confianza de que usted también podrá trasmitir la solicitud de indulto, como un gesto humanitario. Estos hombres han sufrido mucho y han perdido familiares sin poder estar a su lado; en fin, no insisto, le agradezco su interés y sus declaraciones en nombre del pueblo de Cuba.

Señor Carter, usted decía también esta mañana en la conferencia que tuvo un encuentro de amigos con el Comandante Fidel Castro, quien en sus reflexiones ha expresado mucha angustia por los riesgos que está enfrentando la especie humana, por los enormes arsenales nucleares que siguen creciendo y que están en capacidad de destruir varias veces al mundo, y también por las consecuencias nefastas que podría tener para la especie humana el cambio climático; son temas en que creo que ustedes tienen una amplia coincidencia.

Como físico nuclear usted sabe lo que significa para la especie humana la posesión de armas nucleares, usted fue un presidente que trabajó mucho por educar a su pueblo contra el culto al consumo, promovió políticas de racionalidad, de defensa del medio ambiente, aunque lo hicieran impopular entre algunos sectores.

Bueno, rápidamente solo quiero saber si cree que todavía hay oportunidad de hacer algo para salvar a la especie humana.

James Carter. —Cuando yo era presidente negocié con la Unión Soviética para reducir el número de armas nucleares, con los Tratados SALT I y SALT II y estuve muy a favor de que se redujeran los arsenales nucleares en ambas partes. También considero firmemente que representa una amenaza para todos los seres humanos este calentamiento global, y como usted probablemente conoce, el presidente Obama y su antecesor, el presidente Bush, estaban interesados en trabajar con otras potencias nucleares para reducir los arsenales, y se han estado supervisando de una manera muy estricta los acuerdos que han firmado estos gobiernos.

Considero que Estados Unidos no ha sido todo lo firme que debía haber sido en el abordaje de los problemas del calentamiento global. Los funcionarios cubanos, desde que he estado aquí, me han señalado lo que se ha hecho con la parte vieja de La Habana, y he estado en Bolivia para reunirme con Evo Morales, y quizás Bolivia sea el primer país que sufra los principales daños a su economía, debido a que se están derritiendo los glaciares en las montañas de Bolivia, que significan una fuente de agua potable. Por eso espero que en el futuro este tema, como es el calentamiento global también, sea abordado por todas las naciones, y sé que Fidel Castro es también un promotor de este tema. Estuvimos conversando acerca de los pasos que se dieron cuando era presidente en Estados Unidos, y hemos estado conversando ahora y está hablando y tratando de utilizar sus conocimientos y su sabiduría como antiguo Presidente para el bienestar de los seres humanos. Estuvimos conversando, estuvimos de acuerdo en muchas cosas, y, sobre todo, hablamos también de este calentamiento global, y creo que puede haber posibilidad entre ambos países.

Arleen Rodríguez. —Le agradezco muchísimo.

Gracias, cada vez que usted visita a Cuba las esperanzas se abren, aunque las relaciones todavía sigan siendo tan difíciles con el bloqueo.

James Carter. —Espero que podamos volver otra vez. Quiero traer a toda mi familia, somos muchos de familia, somos 36 miembros. Espero no tardar mucho y traer a mi familia.

Muchas gracias.

Arleen Rodríguez. —Gracias, señor Carter, muchas gracias.

 (Tomado del periódico Granma)

LIBIA Y EL IMPERIALISMO HUMANITARIO

LIBIA Y EL IMPERIALISMO HUMANITARIO

 Kosovo, Irak, Afganistán : los partidarios de una intervención en Libia ¿no han aprendido la lección ? Jean Bricmont, autor de una obra sobre el imperialismo humanitario, nos explica porqué el derecho de injerencia es incompatible con la paz en el mundo y perjudica a las causas humanitarias. A menos, evidentemente, que dichas causa no sean más que pretextos…

 Entrevista de Grégoire Lalieu

 ¿Puede recordarnos en qué consiste el imperialismo humanitario ?

 Es una ideología que pretende legitimar la injerencia militar contra países soberanos en nombre de la democracia y de los derechos del Hombre. La motivación siempre es la misma: una población es víctima de un dictador y por lo tanto hay que actuar. Entonces nos sacan las referencias a la Segunda Guerra mundial, a la guerra de España y otras. Se trata de hacer aceptable la intervención. Es lo que pasó en Kosovo, Irak o Afganistán.

 Y ahora ¿es el turno de Libia ?

 Hay una diferencia, porque en este caso está autorizada por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero esa resolución ha sido votada en contra de los principios mismos de la Carta de las Naciones Unidas. Efectivamente, no veo ninguna amenaza exterior en el conflicto libio. Se ha recurrido a la noción de la “responsabilidad de proteger” a la población, pero quemando un poco las etapas. Además, no hay pruebas de que Gadafi masacre a la población simplemente con el objetivo de masacrarla. Es algo más complicado: se trata más bien de una insurrección armada y no sé de ningún gobierno que no reprima este tipo de insurrección. Evidentemente, hay daños colaterales y muertos entre los civiles. Pero si los Estados Unidos saben cómo evitar tales daños, que vayan a explicarlo a los israelíes y que se lo apliquen a sí mismos en Irak y en Afganistán. Tampoco hay ninguna duda de que los bombardeos de la coalición también van a provocar pérdidas civiles. Por lo tanto, pienso que desde un punto de vista estrictamente legal, la resolución del Consejo de Seguridad es discutible. En realidad, es el resultado de años de presión para el reconocimiento del derecho de injerencia que en este caso se legitima.

 Sin embargo, incluso entre las izquierdas mucha gente piensa que había que intervenir en Libia para detener la masacre. ¿Cree que es un error de juicio?

 Sí, y por varias razones. En primer lugar, esta campaña establece el reino de la arbitrariedad. En efecto, el conflicto libio no tiene nada de excepcional. Hay muchos otros en el mundo, ya sea en Gaza, Bahrein o, hace algunos años, en el Congo. En este último caso estábamos ante el cuadro de una agresión exterior por parte de Rwanda y de Burundi. La aplicación del derecho internacional habría permitido salvar millones de vidas pero no se hizo. ¿Por qué? Además, si se aplican los principios de injerencia que subyacen en el ataque contra Libia, esto significa que todo e mundo puede intervenir en todas partes. Imaginemos que los rusos intervinieran en Bahrein o los chinos en Yemen: sería la guerra generalizada y permanente. Una gran característica del derecho de ingerencia es, en consecuencia, el no respetar el derecho internacional clásico. Y si hubiera que modificar el derecho internacional con nuevas reglas que legitimaran el derecho de ingerencia, ello desembocaría en la guerra de todos contra todos. Es un argumento al que los partidarios del derecho de ingerencia nunca responden. Finalmente, estas ingerencias refuerzan lo que yo llamo el “efecto barricada”: todos los países que están en el punto de mira de los Estados Unidos van a sentirse amenazados y van a intentar reforzar su armamento. Hemos visto lo que pasó con Saddam. Por cierto, Gadafi declaró a la liga árabe: “Acaban de ahorcar a un miembro de esta liga y no habéis dicho nada. Pero lo mismo puede ocurriros a vosotros, ya que, aunque todos vosotros seáis aliados de los Estados Unidos, Saddam también lo fue anteriormente”. Actualmente se reproduce lo mismo con Gadafi y la amenaza que pende sobre muchos Estados puede relanzar la carrera armamentística. Rusia, que no es precisamente un país desarmado, ya ha anunciado que iba a reforzar sus tropas. Pero esto puede ir incluso más lejos: si Libia tuviera armamento nuclear jamás habría sido atacada. Desde luego, esta es la razón por la que no se ataca a Corea del Norte. La izquierda que apoya la intervención en Libia debería pues darse cuenta de que la consecuencia de la ingerencia humanitaria es el relanzamiento de la carrera armamentística y a largo plazo, la creación de lógicas de guerra.

 Sin embargo, esta intervención militar contra Gadafi ¿no podría considerarse un mal menor?

 Hay que pensar en las consecuencias. Ahora que las fuerzas occidentales están comprometidas es evidente que tendrán que llegar hasta el fin, derrocar a Gadafi e instalar a los rebeldes en el poder. ¿Qué va a pasar entonces? Libia parece dividida. Si hay resistencia en Trípoli ¿Occidente va a ocupar el país y embarcarse en una guerra sin fin como en Irak o Afganistán? Pero, imaginemos que todo va bien: la coalición se deshace de Gadafi en unos cuantos días, los rebeldes toman el poder y el pueblo libio está unido. Todo el mundo está contento ¿y después ? No creo que Occidente vaya a decir : “Ya está, hemos hecho esto porque somos buenos y respetamos los derechos del Hombre. Ahora podéis hacer lo que queráis”. ¿Qué pasará si el nuevo gobierno libio parece demasiado musulmán o no limita correctamente los flujos migratorios? ¿Creéis que se les va a dejar actuar? Es evidente que después de esta intervención el nuevo gobierno libio será prisionero de los intereses occidentales.

 Si la intervención militar no es la solución, entonces ¿qué hacer?

 En primer lugar habrían debido ensayarse honestamente todas las soluciones pacíficas. Quizás no habría funcionado, pero respecto ha habido una voluntad manifiesta de rechazar estas soluciones. Es desde luego una constante en las guerras humanitarias. Por lo que respecta a Kosovo había propuestas serbias muy detalladas para llegar a una solución pacífica pero fueron rechazadas. Occidente incluso impuso condiciones que hacían imposible cualquier negociación, como la ocupación de Serbia por tropas de la OTAN. En Afganistán, los talibanes propusieron hacer juzgar a Ben Laden por un tribunal internacional si se les aportaban pruebas de su implicación en el atentado del World Trade Center. Estados Unidos lo rechazaron y bombardearon. En Irak, Saddam había aceptado el retorno de los inspectores de la ONU así como numerosas condiciones enormemente apremiantes. Pero nunca era suficiente. En Libia, Gadafi había aceptado un cese el fuego y había propuesto el envío de observadores internacionales. Los observadores no fueron enviados y se ha dicho que Gadafi no había aceptado el cese el fuego. Occidente también rechazó la propuesta de mediación de Chávez, que sin embargo fue aprobada por numerosos países latinos así como por la Organización para la Unidad Africana. Respecto a esto me enfurezco cuando oigo a gente de izquierda, en Europa, denunciar “la horrible Alianza Bolivariana” que sostiene al dictador Gadafi. ¡Esta gente no ha comprendido nada! Los dirigentes latinos son personas en el poder con importantes responsabilidades. No son izquierdistas insignificantes que parlotean en su rincón. Y el gran problema de estos dirigentes es la injerencia de los Estados Unidos ; cuanto menos puedan los Estados Unidos hacer lo que quieran en cualquier parte del mundo, mejor será para todos los países que intentan emanciparse de su tutela y para todo el mundo.

 El hecho de rechazar sistemáticamente las soluciones pacíficas ¿significa que la ingerencia humanitaria es un pretexto?

 Sí, pero funciona con respecto a los intelectuales, tengo más dudas con respecto a la reacción de los pueblos europeos. ¿Van a apoyar a sus dirigentes en el ataque contra Gadafi ? A nivel de los pueblos son las guerras por la seguridad las que gozan de una mayor legitimidad; cuando hay, por ejemplo, una amenaza contra nuestras poblaciones, neutras formas de vida, etc. Pero aquí y en Francia, con todo este clima islamofóbico que hay (que no apruebo, pero que existe) ve a explicarles que vamos a luchar en Cirenaica por unos insurgentes a los que vemos gritando “« Allah U Akbar »… ¡es contradictorio ! A nivel político la mayoría de partidos apoyan la intervención. Incluso en la izquierda, trotskistas como Mélenchon. Todos andan con la flor en el fusil. Los más moderados apoyaban únicamente una zona de exclusión aérea, pero si Gadafi envía sus tanques hacia Benghazi ¿qué hacemos? Durante la Segunda Guerra mundial los alemanes perdieron muy rápidamente  el control aéreo, pero resistieron todavía varios años. Sin lugar a dudas los moderados debían pensar que, en la medida en que el objetivo es el derrocamiento de Gadafi, se iría más allá del establecimiento de una zona de exclusión aérea. La izquierda, incapaz de apoyar verdaderas soluciones alternativas, está atrapada por la lógica de la ingerencia humanitaria y se ve obligada a apoyar a Sarkozy. Si la guerra se termina rápido y bien, el presidente francés se encontrará en buena posición para 2012 y la izquierda le habrá allanado el camino. Puesto que esta izquierda no asume un discurso coherente opuesto a las guerras, se ve obligada a ir a remolque de la política de ingerencia.

 ¿Y si la guerra va mal?

 Es penoso, pero el único partido francés que se ha opuesto a la intervención en Libia es el Frente Nacional. Ha invocado especialmente la amenaza de los flujos migratorios y lo ha aprovechado para desmarcarse de la UMP y del PS diciendo que el nunca había colaborado con Gadafi. Si la guerra en Libia no funciona como está previsto ello podría beneficiar al Frente Nacional en 2012.

 Si la injerencia humanitaria no es más que un pretexto ¿cual es el objetivo de esta guerra?

 Las revoluciones árabes han sorprendido a los occidentales que no estaban suficientemente bien informados de lo que ocurría en el Magreb y en Oriente Medio. No pongo en entredicho que haya buenos especialistas de la cuestión, pero con frecuencia no son suficientemente escuchados a un cierto nivel de poder y desde luego se quejan de ello. Ahora pues, puede que los nuevos gobiernos egipcio y tunecino no se alineen con los intereses occidentales y, por consiguiente, podrían ser hostiles a Israel. Para asegurarse el control de la región y proteger a Tel-Aviv, los occidentales probablemente quieran deshacerse de los gobiernos ya hostiles a Israel y a los occidentales. Los tres principales son Irán, Siria y Libia. Puesto que este último es el más débil se le ataca.

 ¿Puede funcionar eso?

 Occidente soñaba con dominar el mundo, pero desde 2003, con el fiasco irakí, se ve que no es capaz de ello. Antes, los Estados Unidos podían permitirse derrocar dirigentes que ellos mismos habían llevado al poder, como Ngô Dinh Diêm en Vietnam del Sur en los años 60. Pero Washington ya no tiene la posibilidad de hacer esto hoy en día. En Kosovo, Estados Unidos deben arreglárselas con un régimen mafioso. En Afganistán todo el mundo dice que Karzaï es un corrupto pero no tienen alternativa. En Irak también deben acomodarse con un gobierno que está lejos de convenirles totalmente. De bien seguro que el problema también se presentará en Libia. Un irakí me dijo una vez : “En esta parte del mundo no hay liberales en el sentido occidental del término, excepto algunos intelectuales bastante aislados”. Como Occidente no puede apoyarse en dirigentes que compartan sus ideas y defiendan totalmente sus intereses, intenta imponer dictaduras por la fuerza. Pero evidentemente esto crea un desfase con las aspiraciones de la base popular. Además, este procedimiento resulta un fracaso y la gente no debería engañarse acerca de lo que pasa. Occidente, que creía poder controlar al mundo árabe con marionetas como Ben Alí y Mubarak, se diría de pronto: “Todo era falso ¿vamos ahora a apoyar la democracia en Túnez, en Egipto y en Libia? “ Es tanto más absurdo teniendo en cuenta que una de las grandes reivindicaciones de las revoluciones árabes es el derecho a la soberanía. Dicho de otra forma ¡no a la injerencia ! Occidente debe resignarse : el mundo árabe, lo mismo que África y el Caribe, no le pertenece. De hecho, las regiones donde Occidente interviene más son las menos desarrolladas. Si se respeta su soberanía estas regiones podrán desarrollarse, como lo ha hecho Asia y como sin duda lo hará América latina. La política de injerencia es un fracaso para todo el mundo.

 ¿Cuál es la alternativa entonces ?

 En primer lugar hay que saber que la política de injerencia necesita un presupuesto militar importante. Sin el apoyo de Estados Unidos y su presupuesto militar delirante, Francia y Gran Bretaña no se habrían comprometido. Bélgica, todavía menos. Pero todos estos medios puestos a disposición no caen del cielo. Este presupuesto se basa en préstamos de la China que conllevan déficits US y todo tipo de problemas económicos. Raramente se piensa en ello. Además, se nos repite constantemente que no hay dinero para la educación, la investigación, las pensiones, etc. ¡Y de repente aparece una gran cantidad de dinero para hacer la guerra en Libia. Una cantidad ilimitada, puesto que no se sabe cuanto tiempo va a durar esta guerra ! Por otra parte ya se está gastando dinero para nada en Afganistán. Hace falta, por lo tanto, otra visión política y, a mi parecer, suiza es un buen ejemplo. Este país consagra su presupuesto militar únicamente a la protección de su territorio. Los suizos tiene una política de no intervención coherente, puesto que su ejército, por principio no puede salir de su territorio. Podría decirse que Suiza deja que Gadafi masacre a los insurgentes pero, en primer lugar, ella nunca ha cometido un genocidio u otras masacres, incluso si su política puede ser criticada a otros niveles (banca o inmigración). Y, en segundo lugar, si todo el mundo hiciera como Suiza, por las razones que ya he explicado anteriormente, el mundo iría mucho mejor. Las guerras y los embargos siempre tienen consecuencias desastrosas. A mi parecer, la mejor alternativa es la cooperación con distintos países, sean cuales sean sus regímenes. A través del comercio, pero no el de armas evidentemente, las ideas circulan y las cosas pueden evolucionar, sin guerra. Se pueden discutir las modalidades: comercio justo, ecológico, etc. Pero el comercio es una alternativa mucho menos sangrienta que las sanciones y los embargos, que son la versión soft de las guerras humanitarias.

 (Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO,es profesor de física en la Universidad de Louvain la Neuve, Bélgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su último libro, Humanitarian Imperialism acaba de publicarse en Monthly Review Press (hay traducción castellana en Editorial Viejo Topo, Barcelona, 2009). 

Traducción para www.sinpermiso.info : Anna Maria Garriga Tarré

Tomado de: www.michelcollon.info

 

UNA LUZ QUE AÚN PARPADEA

UNA LUZ QUE AÚN PARPADEA

Por Luis Sexto

Las relaciones actuales entre el Estado cubano y la Iglesia Católica parece estar de acuerdo en un antiguo refrán: “Más vale encender una luz que maldecir las tinieblas", asumiendo que por cierto tiempo comunistas y católicos se tildaron mutuamente de habitar en la oscuridad. Los días de encono parecen haber pasado hoy al sepulcro de la historia, que las mejores tendencias en ambos sectores de la sociedad cubana quisieran  a prueba  de arqueólogos.

De acuerdo con respuestas del cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana a la agencia Zenit, la vista pastoral de Juan Pablo II a Cuba, articuló el comienzo de un período gradual hacia la proximidad y "una lenta, pero progresiva mejoría". Sin embargo, no es posible comprender el presente sin que echemos un vistazo sobre aquellos primeros años de los 1960, cuando numerosos católicos de verdadera fe, y muchos sin ninguna, al  amparo de la Iglesia, conspiraron contra la naciente revolución. Fueron, en efecto, años de confusión, de dilemas, torpezas por ambas partes. Y mientras el Che Guevara aseguraba que la revolución intentaba unir todas las aspiraciones honestas y no separar a los cubanos por su fe o sus creencias, algún templo se prestó a esconder armas –el articulista lo puede atestiguar.  La jerarquía firmó cartas pastorales condenando el comunismo y a los gobiernos de esa ideología como enemigos de “todas las obras sociales, caritativas, educacionales y apostólicas de la Iglesia”. El resto de la historia  es conocido: nacionalización de la enseñanza;  expulsión de unos 130 sacerdotes;  expatriación voluntaria de unos 470 curas y clérigos….

Los años siguientes mantuvieron  al catolicismo en una posición defensiva. Suele acudirse al término de “Iglesia del silencio”. Pero  los templos continuaron abiertos, aunque el culto fue  limitado al interior,  y prosiguió la catequesis. Pocos sacerdotes se ordenaron o vinieron del extranjero en esa etapa.  Y por el lado oficial, la mentalidad revolucionaria olvidó las ideas que el Che había expresado y empezó a juzgar a todo creyente como enemigos. Según se estrechaban los vínculos con la Unión Soviética el ateísmo se convirtió en aspecto básico de la cosmovisión socialista. Y los católicos sufrieron discriminación en el acceso a las universidades o a ciertos empleos. El primer congreso del Partido Comunista, en 1975, atemperó un tanto el enfoque en su tesis sobre la religión, la iglesia y los creyentes, al supeditar “la lucha contra la religión” a la necesidad de sumar a los creyentes a la construcción del socialismo.

Resumiendo, en 1986 la Iglesia convocó su primer encuentro nacional eclesial (ENEC) donde aceptó que el socialismo era ya un sistema estable en Cuba y que la iglesia debía asumir esa realidad. Admitió, incluso, que la revolución, con sus estructuras de justicia social había enseñado a la iglesia una nueva dimensión de la caridad. El ENEC se definió así como uno de los momentos más audaces de la Iglesia Católica a favor de la unidad de la nación. En 1990, Fidel Castro aceptó públicamente que la única discriminación aún vigente en Cuba era religiosa. Un año más tarde,  el cuarto congreso del Partido Comunista aceptó el ingreso de creyentes en sus filas, lo que  ciertos católicos consideran un acto de oportunismo. En 1992, la Constitución modificó su condición ateísta y se declaró laica. Un año después,  cuando el llamado período especial iniciaba su obra de deterioro social y económico, el episcopado firmó una carta pastoral titulada  “El amor todo lo espera” en la que la Iglesia pedía el diálogo y cambios económicos, políticos y sociales. El acto fue tildado de prematuro, incluso de oportunista por la prensa oficial. Y por ello las relaciones entre la Iglesia y el Estado retrocedieron hacia las tinieblas, tal vez hasta cuando llegó Juan Pablo II.

En la actualidad, las relaciones parecen encontrar un término de recíproco entendimiento. El Gobierno ha devuelto paulatinamente antiguas edificaciones confiscadas, ha concedido espacios radiales en fechas muy significativas. Y  por lo visto, la Iglesia Católica ha sido, de hecho,  reconocida por el gobierno de Raúl Castro como una institución fundamental, al aceptarla como garante de la amnistía de los condenados en 2003 y otros condenados por delitos contrarrevolucionarios. El arzobispo de La Habana calificó este proceso como un acto de la participación pública,  humanitaria y servicial de la Iglesia, en nuestra sociedad, lo que constituye un modo positivo de “afianzar la libertad religiosa” en Cuba, derecho reconocido claramente en la Constitución vigente en Cuba.

En cambio, dentro de ese clima de “expresiones y gestos nuevos”, según  la revista Palabra Nueva, órgano de la arquidiócesis de La Habana, el Gobierno, aunque respeta el ejercicio del culto, incluso en el exterior de los templos, y reconoce la vocación caritativa, no acepta el papel profético, es decir, el papel crítico de la Iglesia, que al parecer es lo que más inquieta a determinados sacerdotes entrevistados por Progreso Semanal y que solicitaron el anonimato. Para estas voces, el papel del cardenal Ortega, su colaboración con el Gobierno equivale a  rendir “la misión profética”. Desde luego, habría que admitir, como  medios de expresión crítica, las homilías, a veces crudas,  y las publicaciones de la iglesia, cuyo número supera incalculablemente las que existieron antes de 1959 y que circulan sin siquiera el permiso legal del Ministerio de Justicia. Un ejemplo son la propia Palabra Nueva y Espacio Laical; en ambas revistas aparecen artículos que competentemente critican la estrategia  anticrisis del Gobierno  o proponen fórmulas distintas.

La Iglesia Católica, que históricamente tantas figuras aportó a  la cultura, a la consolidación de  la nacionalidad y al desarrollo de un pensamiento cubano, y a pesar que muchos en la Iglesia aceptan que Cuba se ha descatolizado, tiene por delante mucho más que ganar. Porque también resulta apreciable que un sector de los fieles y el clero piensa “en cubano”. Hay que tener en cuenta que el cardenal Ortega, a pesar de los inconformes, es un obispo que ha evidenciados sentimientos muy cubanos. Recordemos que cuando Fidel Castro se enfermó de gravedad, y algunos creyeron inminente la caída del Gobierno,  el cardenal, en una conferencia de prensa, afirmó tajantemente que la Iglesia Católica no permitiría ninguna acción de intervención extranjera en los asuntos de Cuba. Esas declaraciones se completan con otras más recientes en las que el purpurado estima necesario el diálogo entre Cuba y los Estados Unidos. “El presidente Raúl Castro –dijo el cardenal- propuso a los Estados Unidos este diálogo sin condiciones. En su campaña política presidencial, Barack Obama también indicó que cambiaría el estilo al uso y buscaría ante todo hablar directamente con Cuba”. Pero, según reconoció Ortega, a pesar de cualquier medida positiva, Obama ha retomado el mismo lenguaje de sus predecesores.

No habrá que dudarlo,  la Iglesia Católica y el Estado socialista han encendido un candil, aunque aún los vientos la hacen temblar. (Tomado de Progreso Semanal)

 

 

 

LIBIA, OTRA VEZ EL PETRÓLEO

LIBIA, OTRA VEZ EL PETRÓLEO

Por Lorenzo Gonzalo,

periodista cubano radicado en Miami

La nueva Administración estadounidense, más informada e inteligente que la anterior, ha manejado la problemática de Libia, buscando una supuesta participación internacional en la toma final de decisiones.

Siempre que las grandes potencias asumen posiciones respecto a las pequeñas naciones, poniendo excesivo énfasis en la “comunidad internacional”, tenemos derecho a desconfiar. Especialmente porque lo primero que debemos hacer es cuál es su definición de “comunidad internacional”.

Estados Unidos acostumbra referirse a los problemas de otros países como si le correspondiera en puridad, no solo la solución del conflicto, sino el tipo de políticas a seguir por esos gobiernos. Más que sugerir, imparte órdenes.

Cuando surgieron los primeros brotes de protesta en Túnez y más tarde en Egipto, Washington abogó por “soluciones negociadas entre las partes”: gobierno y manifestantes. Los gobernantes de ambas naciones eran aliados de Estados Unidos. No fue hasta que el ejército, la policía y los principales miembros del orden interior, optaron por demandar la renuncia de sus Jefes de Estado, que la Casa Blanca exigió, con ese complejo de mando que la caracteriza, que Mubarak y Alí abandonaran el mando.

Libia es otro pastel o quizás un cordero envenenado. En vista de esta circunstancia Estados Unidos ha recurrido al “apoyo internacional” que, en este caso, es el apoyo de Alemania, Reino Unido, Italia, Francia, Canadá y Japón. Este grupo, junto con Estados Unidos, se conoce con el nombre de G-7. Pero antes de iniciar estas gestiones que permitan la imagen de una actuación internacional mancomunada, Obama ya había declarado que Gadafi tiene que irse porque “ha perdido el poder para gobernar”. Ni siquiera esperó el mencionado “apoyo internacional”.

La intención de crear una zona de prohibición de vuelo sobre Libia, fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el jueves 17 de Marzo. Estados Unidos no estaba muy conforme con esa reunión porque imaginaba que la reacción de Rusia y China no serían favorables y ya tenía de su lado a Francia e Inglaterra, para comenzar una acción militar.

Los chinos han vetado muy pocas veces, pero cuando abrigan dudas de la practicidad de las propuestas, optan por la abstención. Conforme a esa tradición de no opinar, echarse aun lado y esperar, fue que actuaron nuevamente en esta ocasión.

Solamente Alemania, uno de los aliados estadounidenses del G-7 decidió abstenerse y expresar sus motivos. La dirección política de ese país considera extremadamente peligroso un ataque militar a Libia, por las enormes probabilidades de que ocurra una guerra civil de difícil control. También se abstuvieron India y Brasil.

El caso de Libia a diferencia de Túnez y Libia, se parece más al de Barhain, donde la fuerza pública ha reprimido las protestas aceptando inclusive la entrada de dos mil soldados de Arabia Saudita.Estados Unidos reiteradamente ha enarbolado su bandera de doble rasero político.No critico que cada cual arrime la brasa a su sardina, pero hay una elegancia política, si queremos llamarla de alguna manera, que debe primar por encima de la arrogancia, junto a un mínimo sentido de justicia y respeto ajeno.

Vivimos en un mundo múltiple, donde si bien Estados Unidos tiene el mayor poder militar, otros han crecido económicamente, hasta el punto de que China ya le pisa los talones, no solo en el aspecto productivo sino en tecnología militar. En menos de veinte años, China ha transformado el país, sin necesidad de apelar a extraordinarios métodos opresivos y sin llegar a las cruentas represalias de la URSS, ni volver a aplicar algunos de los excesos de Deng Xiaoping durante los primeros doce años de su mandato.

China, sin renunciar a su discurso de organizar un mundo más justo, con una mejor distribución de la riqueza y acceso para todos a los servicios básicos a la vida, ve con buenos ojos los movimientos sociales y los justos reclamos de los pueblos por mejorar sus condiciones, pero respeta y reconoce la obligación de los Estados a la hora de imponer el mando y el cumplimiento de la Ley.

El movimiento social que tiene lugar en Medio Oriente está más bien vinculado al rechazo del autoritarismo y poner fin a la corrupción creada por poderes omnímodos y absolutos, que a un cambio en las formas de producción y administración. No claman por una revolución, sino por el derecho a respirar. Aspiran al mismo orden social alcanzado por Europa en el Siglo XIX y que también, por razones históricas y geográficas, pudieron organizarse con fluidez en el Norte de América, tanto en Estados Unidos como en Canadá.

En Barhain y Libia existe un enfrentamiento de grupos sociales con la fuerza pública, lo cual no llegó a suceder en Egipto y Túnez,  donde los cuerpos militares y represivos se sumaron a la protesta.En situaciones como estas, el camino adecuado, al margen de simpatías, es apoyar al gobierno de Libia frente a la actitud de anarquía y violación del orden público creado por los manifestantes. Al mismo tiempo se impone buscar vías que favorezcan un entendimiento entre las partes, porque no caben dudas que existe un amplio sector poblacional, capaz de tomar ciudades y paralizar parcialmente el país. Por consiguiente la protesta debe ser escuchada y canalizada. Pero la integridad territorial debe ser defendida en una región donde las tendencias tribales constituyen un disperso núcleo central del poder. Gadafi ha perdido la capacidad que en los primeros años unificó el país, en función de profundas reformas que fueron beneficiosas para la mayoría, pero aún conserva algo de su autoridad moral.

Barhain tiene la misma situación, excepto que dicho enclave gravita en la órbita de Arabia Saudita y juntos favorecen la presencia de una fuerza naval estadounidense y una producción petrolera sensible a los intereses industriales y financieros de Estados Unidos.

Esta diferencia geopolítica y económica es la que lleva a los colonizadores europeos a asumir una actitud de parcialidad total, apoyando al gobierno de Barhain en sus represalias y desautorizando al de Libia.

Gadafi ha sido una veleta. Ha sido socialista, panárabe, nacionalista y anticomunista. En una época practicó el terrorismo. Luego se retractó e incluso pagó indemnización por la voladura de un avión de pasaje de Panam en 1988. En tiempos de George W. Bush llegó al acuerdo de suspender los planes nucleares y la producción de armamento químico a cambio de no aparecer en la lista negra de Washington, como uno de los países que apoyan el terrorismo. Todo esto obliga a ser cautelosos. Quizás por eso los chinos quieren observar los toros desde la barrera. Pero con seguridad gritarán si detectan una desestabilización que solo sirva para beneficiar a Estados Unidos y sus aliados.

La revuelta al interior de ese territorio de casi dos millones de kilómetros cuadrados es irrelevante para Europa y para Washington. Lo importante es una parte de la costa norte, hacia el este, donde están los pozos petroleros. Todo indica que en esa zona concentrarán los esfuerzos de vigilancia aérea, con un costo aproximado de cuatro millones de dólares a la semana. El Pentágono plantea concentrar allí dicha actividad puesto que vigilar la enorme distancia de la costa del líbano, representaría un desembolso cercano a los cien millones.

El escenario que presenciamos nos vuelve a llevar nuevamente al criterio de siempre. No se trata de salvar civiles, el derecho al voto y ni siquiera las facilidades comerciales. El asunto es simple: ¡Es el petróleo idiota, es el petróleo! Esperar para ver.

 

CUBA SE DESHACE DE INÚTILES FARDOS

CUBA SE DESHACE DE INÚTILES FARDOS

Por Lorenzo Gonzalo*

Con alguna prensa ocurre como con los niños: si hacen ruido corremos para ver qué sucede y si no lo hacen nos preocupamos igual. El gobierno cubano ha puesto en la calle a uno de los últimos presos, llamados de conciencia. Ha sido un proceso donde al parecer la Iglesia Católica jugó un rol importante en términos de conversar con las autoridades gubernamentales, lo cual indica a su vez la desaparición de las tensiones entre ambas instituciones.

El origen de las tensiones data de la época donde dicha Iglesia, asumió actividades políticas de tono contestatario y ocasionalmente apoyó la práctica insurrecta de ciertos grupos. Cuando dichas posiciones fueron abandonadas, comenzó un proceso de distensión que ha tenido un enorme beneficio para los creyentes y para la estabilidad social cubana.

A raíz de la detención de unas decenas de personas, que fueron detenidas por mantener relaciones y recibir ayuda de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, con el fin de desestabilizar al Estado cubano, los familiares de muchos de ellos recurrieron a la Iglesia, con el fin de llamar la atención internacional. Ciertas prácticas utilizadas por estos en ese entonces, obligaron a los prelados eclesiásticos a limitar sus actividades y a trazar una línea que impidiese identificar el reclamo de libertad que éstos hacían para sus familiares, con la posición política de la Iglesia.

Eventualmente la institución decidió acceder al reclamo de este grupo de su feligresía, quienes al parecer habían cumplido ordenadamente con las exigencias de no involucrar sus actividades espirituales con las políticas.

Como en tantas oportunidades, en todos los países donde tiene presencia la Iglesia Católica, por razones humanitarias, intercedió ante las autoridades del gobierno. Es una práctica común y conocida, empleada por todas las iglesias, de todas las denominaciones, en el mundo entero.

El resultado ha sido que todos los presos, con excepción de dos en estos momentos, han sido puestos en libertad y la mayoría optó por viajar a España. No es la primera vez que se llegan acuerdos de esta naturaleza entre los dos países. En época de Felipe González un grupo de la organización vasca ETA, que guardaban prisión por actividades insurrectas y empleo de violencia contra el Estado español, fueron enviado a Cuba, a petición de aquel Estado. En los acuerdos de liberación de los cubanos que habían operado con la Oficina de Intereses de Estados Unidos para llevar a cabo sus planes contra el Estado cubano, se usaron también los buenos oficios de España, y ha recibido a los presos que deseen abandonar el país. En el caso de España con los vascos, estos fueron obligados a abandonar la Península Ibérica como condición previa de la liberación. En el caso de Cuba parece que han existido presiones para que los presos liberados viajen al exterior, pero quienes han deseado permanecer, han podido hacerlo. Incluso han sido liberados y enviados a España, personas que no solamente conspiraron, como es el caso de quienes recibían ayuda de los estadounidenses, sino otros que habían cometido actos violentos de secuestros de naves y atentados dirigidos a esos fines.

En este contexto y durante el tiempo que duró el cumplimiento de las condenas de los detenidos, la prensa internacional ha reflejado reiteradamente las noticias que salen por el Nuevo Herald de la ciudad Miami.

Estados Unidos ha concentrado sus empeños de desestabilizar al gobierno de La Habana a través de una feroz campaña de prensa. En otros tiempos fueron el apoyo y financiación de actos de violencia, terror y sabotaje, instrumentados desde épocas de Kennedy, quien comisionó a su hermano Robert, fiscal general durante su gobierno, para fiscalizar la Operación Mangosta, un plan paramilitar dirigido a entorpecer al Estado cubano, a través de acciones clandestinas  bélicas.

Las funciones de los últimos años de la prensa ha sido presentar la existencia de “presos políticos” cubanos, como una horrible mancha de humanidad. Nunca o pocas veces, hacen mención de la enorme cantidad de presos políticos, revueltas, protestas sociales y actos por el estilo que son diario denominador en la mayoría de los países que defienden como modelos de democracia. Pero no actúan de esa manera. El asunto es magnificar pequeños y aisladas ocurrencias de esta naturaleza que han sucedido en Cuba y que en gran medida, resultan estimuladas por la propaganda desinformativa de esos mismos órganos.

Hace unas horas, Cuba puso en libertad a uno de los últimos presos, por quienes muchos apostaban y en el fondo de sus corazones quizás deseaban, que no fuese liberado.

El Nuevo Herald publicó la noticia en primera plana pero no fue priorizada como en ocasiones anteriores. Esta vez estimaron que el desastroso tsunami ocurrido esta madrugada en Japón era más importante. Cabría preguntarse si la prioridad otorgada al desastre natural, por encima de una ocurrencia que resulta cotidiana en cualquier país, especialmente en los pobres y en desarrollo, fue por respeto a la objetividad periodística.

En esta oportunidad los periódicos de Europa, especialmente los principales rotativos de España, no hicieron mención alguna de la noticia. Los periódicos el País y El Mundo han sido reiterativos en presentar la cuestión de los “presos políticos cubanos” y las supuestas “violaciones de derechos humanos” en Cuba, casi todas las semana y casi todos los días, durante largas jornadas. Esta vez el Nuevo Herald se quedó solo pero además ni siquiera éste le otorgó la importancia de otras veces.

Definitivamente para cualquier observador del asunto cubano, los acontecimientos de los últimos años, demuestran que ese país está enfrascado en una labor seria por reajustar todas sus estructuras, incluyendo con seguridad y por fuerza de los cambios que ya se están operando, las políticas.

La puesta en libertad de esos pocos presos que, por razones políticas, pero prestando servicio y sirviéndole a los intereses del gobierno estadounidense, actuaron en contra del Estado, es una prueba más de que el gobierno cubano está consciente que no existe otro interés en la ciudadanía, que aquel de buscar por vías legales, una solución a las ineficiencias. De lo que hay que hablar, cada vez más, es que las dificultades impuestas por el bloqueo de Estados Unidos, seguirán siendo un impedimento a un despegue sostenido.

La prensa tendrá que buscar nuevos chivos expiatorios. Me refiero a esa prensa que tiene muy poca honra por la ética periodística.

El silencio frente a los últimos presos liberados, cuya encarcelación presentaron con mucha fanfarria y durante mucho tiempo, como una tremenda conmoción política que ocurría en Cuba, nos hace pensar que las tácticas van a cambiar pero los propósitos van a continuar.

La supuesta actitud objetiva ante un hecho que ya perdió su importancia, no es un cambio, es un proceso para reponerse ante la partida que acaban de perder.

Ya se acabaron los presos políticos, ahora analizarán cómo relanzar al huelguista de hambre profesional que durante semanas llenó las primeras páginas de periódicos, al tiempo que otros huelguistas, por causas más merecedoras, agonizaban en otras partes del mundo sin que los lectores de esa prensa se enteraran.

Esperan además la reacción del último que hace unas horas pusieron en libertad. Si el hombre no ha rectificado ante la realidad y no ha sido capaz de comprender que existen mecanismos para mejorar las políticas y procedimientos seguidos hasta hoy en Cuba, pudiera ser un buen elemento para convertirlo en el héroe del momento.

Recordemos que esta prensa, como hemos dicho tantas veces, tiene la capacidad de convertir elefantes en mariposas. Todo depende que aparezca un ángulo donde las orejas del paquidermo puedan ser transformadas por una fantasía penosa y poco honrada.

Por lo pronto los acontecimientos indican que Cuba se deshace de inútiles fardos y continúa concentrando sus esfuerzos en sus obligaciones colectivas.

Hace falta que esa prensa, aunque sea de vez en vez, hable de estas cosas.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami   

 

LIBIA: A RÍO REVUELTO…

Por NÉSTOR NÚÑEZ*

 ¿Alguien puede dar una visión realmente objetiva de lo que acontece en Libia por estos días? ¿Existe un juicio certero, equilibrado, razonable y apegado a la realidad? Es más, ¿conviene a ciertos intereses muy apegados a ganar posiciones geoestratégicas en el Medio Oriente que las cosas sean vistas a partir de un prisma de exactitud y veracidad?

 Si nos atenemos a estas preguntas y a sus posibles respuestas, es casi seguro que llegaremos a plantearnos que, en torno a la divulgación y el pretendido análisis de las manifestaciones que se han estado produciendo en ese país norafricano, hay bastante mala intención, distorsión, manipulación y deseos de establecer pretextos indignantes como para que no sean muchas las voces que se alcen en caso de que las grandes potencias imperiales decidan intervenir con sus fuerzas en uno de los grandes productores de petróleo del orbe.

 Y se llega a esa conclusión porque tal vez sea en el caso de Libia donde la amplificación de los hechos internos ha llegado a extremos de dimensiones desmesuradas.

 Se ha hablado de represión extrema, de miles de muertes, de ocupación de ciudades, de bombardeos y ametrallamiento aéreo de manifestantes opuestos al gobierno de Muammar Gadafi, todo dirigido a establecer la idea de un caos total y de una violencia oficial extrema.

 Sin embargo, otras fuentes parecen no estar muy de acuerdo con esas visiones de ciertos poderosos medios, y se cuenta que no existen evidencias reales de muchos de los alarmantes sucesos que se repiten una y otra vez en determinada prensa internacional.

 

Y lo cierto es que en eso de establecer "fantasmas" hay ciertas autoridades e instituciones que poseen una larga experiencia.

 A Iraq, por ejemplo, se le invadió y se le ocupa militarmente hasta hoy porque se dijo que el país estaba lleno de armas de destrucción masiva, y a la fecha, todavía la opinión pública mundial espera porque se muestre el primero de esos artilugios capturado por los nuevos conquistadores.

 ¿Alguien podría asegurar entonces que le falta algo de razón a quienes en Libia denuncian que parte de las protestas que allí han tenido lugar han sido incentivadas desde el exterior, a expensas del clima explosivo que reina en el Medio Oriente, y que estalló ante todo contra gobiernos ligados a los intereses norteamericanos y pro occidentales, y al mismísimo sionismo?

 No se trata de una defensa a ultranza de las autoridades de Trípoli. En algún momento tendrá que conocerse con lujo de detalles el discurrir de esa nación y la actitud y prácticas de sus dirigentes, y entonces se podrá hablar con honestidad y verdadera objetividad de si existen o no causas suficientes para promover reclamos sensatos y necesarios en el seno del pueblo.

 Pero lo cierto es que lo que masivamente nos llega a través del innegable monopolio reaccionario de los principales medios informativos globales, no es otra cosa que la visión que los dueños de tales fuentes desean imponerle a la mayoría de las personas para lograr sus fines políticos y económicos en una zona del mundo que, por muchas razones, está bajo las miras depredadoras.

 De hecho, Libia se ha convertido en el epicentro informativo de las revueltas que, vale repetirlo, empezaron mucho antes y no han cesado en otras naciones de la zona, pero donde el tratamiento informativo de las grandes monopolios noticiosos se presenta más moderado, más atemperado, y menos acucioso y explosivo.

Y no porque los actos de protesta sean menos violentos, ni porque los personajes contra los que van dirigidos resulten menos "terribles", todo lo contrario. De manera que andar con pies de plomo, leer entre líneas, cotejar fuentes y estar alertas en torno a la procedencia de ciertas informaciones y análisis, constituye la mejor manera de intentar llegar a la verdad al pasar revista a situaciones como las que acontecen en Libia y en todo el Medio Oriente y el norte de África.

 Y no olvidar que no estamos en presencia de una región de segunda categoría en la mira imperialista. Por el contrario, se trata de un contexto esencial para los poderosos del mundo, donde el entrecruzamiento de intereses mezquinos suele ser tan enmarañado como el corazón de la más tupida selva tropical. (Periodista cubano, durante muchos años jefe de la página internacional de Bohemia; tomado de Cubahora)

LA “IDEA CERRADA”

LA “IDEA CERRADA”

Por Luis Sexto

La manipulación informativa puede responder, de acuerdo con este comentarista, a dos actitudes: al dominio del oficio o a la perversidad. Es casi universal el concepto que la realidad noticiosa no se refleja con la objetividad de un ojo cuando mira un paisaje natural; más bien se construye acomodando sus partes mediante reajustes subjetivos. Y como la subjetividad está integrada, además de por ingredientes psicológicos, por intereses económicos, culturales, posiciones políticas, conceptos ideológicos, de la pericia periodística a la instrumentalización perversa de la teoría del periodismo, solo hay, pues, una palabra dictada, dicho sumariamente, por la honradez o su ausencia.

Entre las técnicas de manipulación que inducen a confusiones, se inscribe lo que los norteamericanos llaman “idea cerrada”, cuya manifestación radica, sobre todo, en el empleo del titulaje periodístico: el título expresa afirmativa o negativamente un mensaje, y el texto lo matiza con términos como presumiblemente, quizás, según dicen rumores no confirmados, etcétera.

Como se puede apreciar, un título que afirma o niega lo que el enunciado noticioso ni afirma ni niega rotundamente, es un uso perverso de las técnicas periodísticas. Pongamos de ejemplo, el titular del 23 del febrero pasado, en el Nuevo Herald de Miami, en su versión digital: “PILOTOS CUBANOS BOMBARDEAN EN LIBIA”. Así se aseguraba en el llamado de la portada, y también en el título de la nota. Sin embargo, ya en el segundo párrafo la fuente de la noticia decía: “Según los informes más recientes, el régimen ha desplegado helicópteros y aviones a reacción para aplastar el levantamiento, supuestamente tripulados por mercenarios de la Europa Oriental, Cuba y otros lugares, escribió Hugh Miles en el blog de London Reviewof Books”.

Como se aprecia, la fuente matiza la posibilidad advirtiendo que lo que se informa es una suposición, “un supuesto”. Y por tanto, el título falsea el contenido de la información con una “idea cerrada”, es decir, sin modular lo que se presume pero no se afirma rotundamente. Así, la fuerza del titular fija una idea que, tal vez, no permita apreciar al lector común la casi imposible veracidad del dato. Y queda establecida en la conciencia o subconciencia del receptor la idea primeramente ofrecida como verdad indubitable.

Con la técnica de la “idea cerrada” se ha venido conformando también la visión satanizada sobre Cuba. ¿Sería, pues, excesivo calificar de mentiroso un título que asegura lo que en el cuerpo del texto se expresa entre dudas? Por ello, cuando personas honradas residentes en Miami o en otros sitios de los Estados Unidos, y que tras larga ausencia han venido a Cuba, quizás avergonzándose de haber creído en periódicos, revistas radio y televisoras que, con tanta perversidad, le han presentado la mentira como si fuera verdad, le confiesan al amigo o al pariente; “Aquí hay problemas, pero no es como me lo hicieron creer.”

NI CORDEROS NI LOBOS

NI CORDEROS NI LOBOS

Por Luis Sexto

La existencia en librerías cubanas  de las memorias del pastor bautista Raúl Suárez Ramos, parece confirmar desde la cultura la  visión política que actualmente busca predominar en Cuba sobre la religión, las iglesias y los creyentes. Y aunque Cuando pasares por las aguas, título del libro publicado por la editorial Caminos en 2007, no se autocensura al hacer el recuento de los conflicto entre el Estado  y la iglesia bautista y otras denominaciones, puede apreciarse en su  redacción, edición y circulación una especie de creciente  pluralidad en la sociedad cubana.

En un período de los últimos cincuenta años, las iglesias evangélicas vivieron momentos de estrechez eclesial, incluso de angustia por su fe, cuyo más escabroso pico se remite a la década de 1960. Hoy aparecen aquellos días como envueltos en una caótica atmósfera de cambio en la que se debatieron ideas de transformación revolucionaria, actitudes conservadoras, incomprensiones, dudas, malos entendidos, en fin el cuadro típico de una sociedad que transitaba hacia una ruptura de raíz con las estructuras del pasado republicano. La acción y la reacción, de uno y otro lados,  sirvió para que la revolución se radicalizara  quizás más rápido de lo que pudo convenir  para su propia existencia, y para que los individuos, también de uno y otro bandos, dispusieran de tanto espacio como para convertir la acción y las ideas individuales en acción o ideología colectiva.

De ese modo, mientras  la pastora bautista oriental Adela Mourlot publicaba en El Mensajero su artículo “Déjame seguir soñando”, en el que preguntaba con ánimo positivo: “¿No fue siempre un sueño perturbador la erradicación de la contaminada Lotería Nacional? […] ¿No hemos soñado siempre con una patria gobernada por hombres probos, bien intencionados, desinteresados, virtuosos? […] ¿No hemos soñado siempre con la protección de la niñez desvalida y el campesino ultrajado y desamparado?”, ya el  metodista Justo González Carrasco, en su libro La revolución que falta,  juzgaba en el propio 1959 los inicios del movimiento revolucionario advirtiendo que  “no se puede esperar que un movimiento pujante y vencedor, que se originó en acciones de violencia, después del triunfo convierta en cruz de amor la espada tajante a la que atribuyó la victoria”.

El reverendo Suárez Ramos, al recordar aquellos días de confusión casi apocalíptica, confiesa  en sus memorias que “la nueva situación creada a partir del primero de enero de 1959 desafió de manera profunda nuestra comprensión y práctica de la fe cristiana”.  “Nuestra identidad religiosa resultó tremendamente sacudida. Un fuerte reto a la vocación pastoral, una renovación puesta al ritmo de los nuevos tiempos. Esta era la opción: o el ghetto religioso o emigrar. Cada medida a favor de nuestro pueblo humilde ahondaba la contradicción entre la percepción de lo que se hacía y las reservas tradicionales  sobre quiénes lo realizaban.”

Del lado de los revolucionarios, se extendió una mentalidad que empezó  a ver, en óptica global,  a creyentes y pastores como enemigos. El propio Suárez Ramos recibió la orden de reclutamiento para partir hacia Camagüey, hacia una de las nuevas unidades militares dedicadas al trabajo agrícola. En las UMAP,  aquel a tiempo rectificado experimento de transformar en “hombres nuevos’ a quienes eran clasificados como “lacras sociales”, lejos de su iglesia y de su familia en Colón, le preguntaron, impresionados por la conducta del pastor devenido cocinero: ¿Cuál es su problema con la revolución? Y el bautista en plan de regeneración forzada, respondió. Ninguno. Al parecer es la revolución la que tiene problemas conmigo. 

Más o menos, esas citas reflejan los altibajos del proceso de cambio empeñado en construir el socialismo entre combates ideológicos y guerras calientes y frías que la cronología cubana de 1959 a estas fechas  no puede esquivar, aunque las recoja con colores de izquierda y de derecha, es decir, a favor o en contra del núcleo de nuestra historia reciente: la revolución cubana.  Pero el devenir más que deslindar los territorios entre religión y Estado los ha despejado despaciosamente  de dudas, injusticias, equívocos, aunque investigadores y periodistas, no podrían afirmar que entre los adeptos y fieles de todas las confesiones cristianas y todos los militantes y dirigentes del Partido Comunista de Cuba, no existan opiniones y actitudes personales que maticen  las relaciones entre estas  instituciones.

Pluralmente se ha ganado en mutua comprensión. Según las evidencias, el Partido Comunista modificó su percepción de que profesar una religión no implica  que el creyente adopte, como por mediación automática,  una militancia contraria al socialismo. Y por ello desde 1991 ciudadanos con fe religiosa pueden aspirar a militar en el partido de gobierno y único. Por supuesto, de otra manera no podrían conciliarse las aspiraciones de igualdad que sostiene el programa del Partido Comunista y una práctica discriminatoria hacia los cubanos creyentes.  Pero si en lo concerniente a la institución la voluntad integradora se muestra con claridad, en términos individuales, como hemos dicho, aún transitan por la realidad cubana, hecha cuerpo de este o de aquel, un concepto reductor de las creencias religiosas. O entre creyentes se nota también la negativa a aspirar a la militancia entre los comunistas.

En términos de espacios, en cambio, las confesiones evangélicas disfrutan hoy de una valoración jurídica, constitucional que las empareja a todas, incluso con la Iglesia Católica. Al  ser el cubano un Estado laico, no adopta religión oficial y por tanto las trata sin privilegios. Ningún régimen antes de la revolución, reconoció ese fuero de igualdad. El reverendo y también diputado Raúl Suárez Ramos reconoció, en conversación con el autor, que “a  partir  de 1984 se inició un proceso creciente de mejoramiento en las relaciones entre el Estado y las iglesias, que ha durado hasta hoy”.  “Todas las iglesias, como creyentes, abundó, tenemos las mismas limitaciones de índole material que  todas las instituciones y todos los cubanos. Pero desde lo pastoral, gozamos de libertad plena. Fue precisamente en 1984 cuando concurrieron varios acontecimientos que coadyuvaron a que comenzara ese proceso de superación de viejas y a veces conflictivas relaciones”.

En junio de 1984, el reverendo norteamericano  Jesse Jackson visitó  a Cuba, y su presencia, en particular su cercanía con Fidel Castro, sirvió para una especie de mensaje de la posible conciliación entre concepciones ideológicas que parecían no poder vivir sino en la desconfianza. Ese mismo año, en noviembre,  el Presidente cubano se reunió  con los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos  de Cuba y diez líderes del movimiento ecuménico. Luego se fundó la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos, adscrita al comité central del Partido Comunista. Y en 1985, se publicó en una tirada masiva  Fidel y la religión, libro que difundió  la entrevista entre Fidel Castro y el dominico brasileño Frei Betto, y  en cuyas páginas el líder de la revolución explicitó y clarificó sus ideas y posiciones acerca del fenómeno religioso, como si con ello impartiera una catequesis de entendimiento entre  cosmovisiones aparentemente irreconciliables. 

En abril de 1990, la política de mejoramiento  recibió un impulso culminante, cuando Fidel Castro se reunió con 74 líderes ecuménicos de diferentes denominaciones evangélicas. “Se operó desde entonces –asegura Suárez Ramos-  una mayor fluidez en las relaciones entre el Estado y las iglesias, pero los que más se han beneficiado son los creyentes, que viven su fe insertos en la existencia cotidiana. No me equivoco al afirmar que desde 1984 han venido experimentando  mucho más libertad para visitar los templos. Lo cual se refleja  en el crecimiento del número de fieles. Hablo de la comunidad cristiana. Las iglesias evangélicas estamos organizadas, estructuradas, pero las vivencias mayores ocurren en las comunidades locales”.

Es muy prematuro evaluar, sin embargo, cómo las comunidades  reaccionan a la actual etapa de actualización o renovación  de la sociedad cubana.  Según la experiencia del Reverendo Suárez Ramos en la comunidad Ebenezer, de Mariano, donde también radica el centro Martin Luher King, “no hay dudas de que al contar con más información y al ver la honestidad con que ha hablado el presidente Raúl Castro al pueblo, hay más claridad, más confianza, más esperanza y más fe en ese proceso”… “Uno nota  a la gente con más entusiasmo, que no implica que no existan preocupaciones y temores. El pueblo es uno, pero uno en su diversidad.

Podemos preguntarnos, como conclusión provisional, si “el pueblo de Dios” habrá modificado parte de la tradición frente a las ideas comunistas que heredó antes de 1959.  De acuerdo con el criterio del reverendo Rafael Cepeda, reconocido historiador protestante, expuesto en su libro Vivir el Evangelio. Reflexiones y experiencias (La Habana, Editorial Caminos, 2003): “El anticomunismo había sido permanente tema de estudio en el currículo de educación cristiana en las iglesias. Para muchos el reto se convirtió en terror, y comenzó el éxodo de pastores y feligreses. Aun los más fuertes, los que decidieron permanecer y encarar el desafío, albergaban profundas dudas, y zigzagueaban en pensamientos y actitudes. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Cómo decirlo y hacerlo responsablemente, frente a un pueblo exaltado y esperanzado?

Y habremos de preguntarnos también si desde el lado de los revolucionarios ya disminuye, en el plano de la conducta individual, el ateísmo practicado como un acto de fanatismo, es decir, como un principio solidificado por el dogma. Por ahora, la respuesta para estas preguntas debe de estar en que las iglesias evangélicas, como elementos de integración comunitaria en una fe y una moral, y el socialismo -lo que hasta ahora puede llamarse así entre tantos fracasos socialistas-  como factor de unidad, justicia y libertad e independencia nacional, se hagan conscientes de la necesidad  de coexistir en la misma patria y como partes integrantes del mismo pueblo. Porque la espiritualidad humana, según un criterio generalmente admitido, no se agota en la religión;  también  se enriquece con valores éticos laicos, políticos, estéticos. Y por tanto la unidad política de un pueblo no radica en la cosmovisión, la filosofía,  sino en un programa  político que pueda unir lo  que es uno y es  también diverso. (Tomado de Progreso Semanal)