Blogia
PATRIA Y HUMANIDAD

Política

EL DINERO SUENA Y SUENA DE VERDAD...

EL DINERO SUENA Y SUENA DE VERDAD...

 

Documentos obtenidos a través de una petición de la Ley de Libertad de Información (FOIA), demuestran el vínculo existente entre periodistas pagados por el gobierno de Estados Unidos y la agresiva campaña de mentiras contra los Cinco durante su amañado juicio, informó Prensa Latina.

Más de 2 200 páginas de contratos entre periodistas de Miami y de Radio y TV Martí, fueron obtenidos mediante una petición formulada por el Comité Nacional estadounidense para la Libertad de los Cinco Cubanos, la Fundación de la Asociación por la Justicia Civil (PCJF) y el periódico Liberation.

Nóminas de pago del gobierno estadounidense guardan los nombres de reporteros de los diarios The Miami Herald, El Nuevo Herald, Diario Las Américas, y de emisoras de radio y televisión de Miami, cuando las autoridades norteamericanas juzgaban a los cubanos.

Los escritos mostraron que, durante el juicio, el gobierno estadounidense, a través de su agencia de propaganda oficial, el Buró de Gobernadores de Transmisiones (BBG), les estaba pagando en secreto a prominentes periodistas de Miami, que saturaban los medios con reportes altamente provocativos y perjudiciales para los Cinco, añade el sitio Cubaminrex.

Según la nota de la organización solidaria estadounidense, aún están pendientes nuevas apelaciones al gobierno por el Comité Nacional, Liberation y la Fundación PCJF, para la entrega de otros papeles, a fin de exponer la política ilegal de Washington.

Un ejemplo mostrado públicamente en el sitio digital reportersforHire.org es el caso de Enrique Encinosa, quien ha defendido los ataques con bombas a hoteles cubanos.

Encinosa fue empleado por el gobierno estadounidense mientras trabajaba como director "independiente" de noticias en una estación de radio de lengua hispana de la ultraderecha de Miami.

De acuerdo con la nota, Encinosa alardeó en una entrevista de radio en Internet de haber estado involucrado en grupos paramilitares contra la Revolución cubana.

Él mismo recibió, según FOIA, hasta 10 400 dólares por presentar un programa semanal en Radio Martí desde el 1ro. de octubre del 2000 hasta el 30 de septiembre del 2001, cuando ocurrió el juicio a los Cinco, que duró del 27 de noviembre del 2000 al 8 de junio del 2001.

La presencia de periodistas de Miami —quienes pretendían reportar como si se tratara de prensa "independiente"—, en las nóminas de pago del gobierno de EE.UU., va a lo más intrínseco de la injusta condena de los Cinco, quienes no solo fueron víctimas de una acusación por causas políticas, sino también de la operación de propaganda realizada por el gobierno.

EL TIEMPO EN CUBA

EL TIEMPO EN CUBA

Por Luis Sexto

Como me inclino, aunque a veces trastabillee, hacia el equilibrio para tratar de mantener la misma distancia de los extremos, he interpretado el discurso del presidente Raùl Castro en la todavìa reciente sesiòn plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, no como la promesa de que una “Cuba mejor es posible”, sino como la certeza de que Cuba va siendo mejor. Mejor, que es decir màs justa, màs racional en las formas de tener y hacer y sobre todo de ser en un paìs con propòsitos socialistas. Y va siendo también màs equilibrada y abierta en los deberes, derechos y métodos que componen su entramado polìtico, ético y jurìdico.

El episodio relativo a pràcticas discriminatorias contra  una militante del Partido Comunista por  su fe religiosa, y que el Presidente contò en sus pormenores, me parece revelador de que los hechos se juntan a las palabras. Uno pensaba que en 1990, Fidel Castro y luego, en 1991, el Cuarto Congreso, habìan clarificado la actitud màs revolucionaria, màs inclusiva: la de dar cabida a todos cuantos quisieran participar en la obra de alzar sobre nuestro cielo, la comba transparente de  una sociedad sin discriminaciones por creencias y otros atributos, y sin privilegios que repugnaran la equidad del trabajo y del mérito. Pero, como ha sido reconocido, la incomprensiòn, el oportunismo,  los intereses desnaturalizados o burocràticos pueden tejer sus intrigas en cualquier conciencia. Alienta, persuade y convence, pues, que quien reclamò su derecho a sentir y practicar la fe religiosa y conjugarla con su fe y militancia polìticas, sin antagonismos, haya sido atendida como si la injusticia contra una persona  fuera cometida contra toda la naciòn y, en particular contra la revoluciòn, en cuyos combates murieron hombres y mujeres con pluralidad en sus creencias. Recuerdo haber leìdo que el Che Guevara, en 1959,  despidiò el duelo de tres soldados rebeldes fallecidos en un accidente, y destacò en su oraciòn que los tres habìan peleado por la misma causa patriòtica habiendo dos de ellos profesado religiones distintas y el tercero, ninguna. Porque  la revoluciòn no podìa dividir a sus combatientes por la fe religiosa o por la ausencia de esta.

Habremos de considerar, no obstante, que hostilidades desde varios frentes, incluìdas instituciones religiosas, e influencias dominantes por imperativos de la defensa de la revoluciòn  –que no menciono porque subyacen “en la cultura latente” que la historia y los medios echan al aire y en él permanecen-  distorsionaron en algun momento y por largo tiempo principios e intenciones  humanos y participativos.  Mas, lo primordial ahora, en Cuba, no es el pasado. Màs bien el presente, en que  planillas con preguntas acerca de la religiosidad no pueden caber en la gran planilla del amor y el servicio a la patria, que necesita refundarse sobre los mismos principios de su fundaciòn, sobre todo en el principio de que todos cabemos, si queremos caber, dentro de las leyes que como advertìa el Padre Felix Varela, y Raùl Castro reiterò, nos mandan a todos.

Por ello, las preguntas de una planilla para aspirar a esto o a aquello, no podràn referirse jamàs a si creo o no creo en Dios. Màs bien, tendrìan que preguntarme si soy honrado, y no miento, y no discrimino a nadie por sus creencias, color de la piel o sexo, si soy un padre amante y celoso, e  hijo agradecido y generoso, y un estudiante aplicado y limpio, y un trabajador solidario, disciplinado y productivo. Son esas las condiciones y actos que nos avalan o disminuyen ante la conciencia crìtica de la sociedad cubana. Lo demàs es competencia de la democracia que Cuba intenta y tendrà que ampliar y ajustar de modo que los legìtimos intereses colectivos e individuales se desarrollen sin conflictos.

Servir en la libertad y la  verdad  de la honradez y el apego a las leyes compone el antìdoto contra la doble moral, esa inmoralidad que resulta tan perjudicial, pues uno nunca sabrà quién sirve de verdad al paìs o lo aparenta servir para servirse de la obra colectiva. Si echamos la vista al pasado, tal vez uno lamente no haber cerrado los atajos a tantos yerros, simulaciones, arbitrariedades y deserciones  si se hubiese respetado completamente la elecciòn de cada persona.

El discurso de Raùl Castro me sugiere, pues, que la recurrente apelaciòn a la incondicionalidad con que ciertos buròcratas se ahorran el trabajo de dialogar, persuadir y mejorar el medio, recibirà un edicto de expulsiòn, màs bien de extinciòn. Esta claro: La democracia y la libertad no pueden defenderse mediante instrumentos que la nieguen. Y la incondicionalidad, ese exigir a los individuos que obren pegados al techo, sin las necesarias escotillas para decidir, compone, bajo el subterfugio de la integraciòn polìtica, un recurso que limita y empobrece la elecciòn consciente y libre.

¿Quièn, asì, cuestionarìa que la unidad de una naciòn serà màs apretada en sus lados y su centro cuando esté compuesta por la diversidad,  mezcla en que el espacio sirva para participar y no para simular la participaciòn? Ya hoy tenemos una respuesta parcial; luego  seguiremos acercàndonos al fondo. Todo, ha dicho el escritor bìblico, tiene su tiempo, aunque ahora solo lo tengamos para reconstruir y perdurar.

 

 

 

DE SU ABUELO LO APRENDIÓ

DE SU ABUELO LO APRENDIÓ

Por Luis Sexto

Apellido fiel a su pasado

Vetar o no vetar  es la nueva disyuntiva del  Hamlet reciclado que ocupa la Casa Blanca. En las próximas semanas el gobierno de Barak Obama pasará una prueba, no tan aguda como las que le presenta la virtual bancarrota de la economía, sino un test local que indicará hasta dónde las administraciones norteamericanas  seguirán dispuestas a actuar con respecto a Cuba según le programen los miembros cubano americanos – ¿o americano cubanos, que ya uno no sabe hasta dónde lo uno se subordina a lo otro? – en el Senado y la Cámara. De convertirse en leyes los proyectos donde tanto Rivera como Díaz Balart han propuesto enmiendas que harán retroceder los viajes de los emigrados cubanos y las remesas familiares a los estrictos límites aprobados por W.Bush, 

¿Obama las vetará como su administración ha declarado?

La política no es tan permeable a los pronósticos como la meteorología que mediante ciertos datos atmosféricos podría acertar, con una minúscula posibilidad de errar. Y si no llueve o nieva en este lado de la acera, podría hacerlo en la contraria, y el pronóstico quedará a salvo. Pero Obama es, a juicio de este comentarista, el menos susceptible a los vaticinios. Es, quizás, el más débil de los jefes de la Casa Blanca, porque ha pretendido gobernar mediante los vaivenes de un equilibrista.  Como se ha dicho, por un lado ha actuado contrariamente a su predecesor, y por otro ha compensado el atrevimiento, esto es, caricia allí y garrote más allá. ¿Qué dará a cambio, pues, si vetara las leyes o las enmiendas  presentadas  por los congresistas para quienes Cuba es un asunto de política interior?

De Mario Díaz Balart podría decirse, modificando un término de aquel anuncio de la TV cubana en los años de 1950: de mi abuelo lo aprendí. Y si lo aprendió de su abuelo, y también de su padre, ministro de Gobernación del régimen de Batista, los cubanos, en particular los habitantes del archipiélago -aunque no excluyo a los emigrantes menos comprometidos con el programa del llamado exilio- debemos tener memoria histórica. Estos señores, que legislan contra el gobierno de Cuba, pero que perjudican a millones de cubanos dentro y fuera del país, han envejecido añorando recuperar sus posesiones  y capitales. Por ello, para ser, y perseverar en el ser se ha de conservar la memoria. Recuerdo, luego soy.

La memoria es eso: reproducción recurrente del ser en fílmicos planos del pasado. Quien la pierde puede extraviarse en la demencia. Y si es un pueblo, tal vez se desoriente entre los enrevesados trillos de la historia. Por lo cual el mejor antídoto contra las desmemorias colectivas son los archivos. A los archivos, que suelen albergarse también en los libros públicos, acudo ahora cuando en Miami y Washington conciben, con más prisa y mayor odio, proyectos de transición de la sociedad cubana  hacia el modelo político y económico que ellos, a tanta distancia, han puesto a hervir en la olla de la injerencia.

Recordemos, pues, que entre los que hablan, argumentan, exigen la intervención  norteamericana como si fuera un monstruo de cien cabezas, se hallan los hermanos Díaz Balart.  El cronista argentino Aldo Baroni, que por aquellos tiempos  de los 20 y 30 del siglo XX conversó con dictadores y tiranos en Cuba y otros países de América Latina, argumentó en uno de sus libros  que Cuba era un país de mala memoria. Quizás, sea cierto. Pero en Cuba se conservaron e enriquecieron antiguos archivos históricos, y  los  Díaz Balart y sus émulos como Ileana Ross, o David Rivera, o Bob Menéndez, no podrán pregonar impunemente sus argumentos y diatribas.

Las falacias se le despintan ante los documentos. El pasado los acusa. Les acusa el origen cipayesco -que así, cipayos, llamaban a los aborígenes que servían a las metrópolis coloniales.   Son nietos de un abuelo llamado Rafael de igual  apellido.  Y que fue en Banes, capital de la United Fruit Company, uno de los asesores legales de esta empresa norteamericana, usurpadora de las más feraces tierras de la antigua provincia de Oriente. Del cerebro norteamericanizado del doctor Díaz Balart surgieron invenciones matreras  contra los derechos, incluso los humanos, de los trabajadores de la Company. Organizó los servicios médicos. Y según su plan, la United descontaba  el dos por ciento a los obreros para recibir asistencia. Pero, si era preciso ingresar al paciente en alguno de los dos hospitales de la empresa, cobraba una entrada de 25 pesos (dólares)  y 2,14 diariamente por la cama y los alimentos, y exigía, además el pago de los medicamentos y las intervenciones quirúrgicas. Hablamos de épocas en que el salario mínimo para los braceros no superaba o a veces no alcanzaba esta última cifra: 2.14. ¿Quién, pobre y mal pagado, podía enfermarse?

No es todo, sin embargo. En los archivos se conserva una, entre tantas  cartas reveladoras. El doctor Díaz Balart recomendaba en ella a los mandones de “Mamita Yunai” cómo violar o suprimir derechos en la entonces recién aprobada Constitución de 1940. El abogado, de provechosa filiación a las ideas y actos de Fulgencio Batista y a los propósitos de dependencia cabal con respecto de  los Estados Unidos, sugería a la United: “Artículo 66. Fija la jornada máxima de ocho horas y el tiempo semanal de 44 con pago de 48. Aconsejo que se presione para derogarlo. Artículo 71. Este precepto concede el derecho a huelgas y al paro. Creo que tanto uno como otro deberían suprimirse.”

Si alguna necesidad hubiera de clarificar, develar, los fines de Washington y sus instrumentos, la verdad refulge en la invencible permanencia del pasado en los archivos. La memoria escrita vincula a cuantos hoy se pintarrajean de paladines de la democracia, la libertad, los derechos humanos en Cuba, con quienes en nuestra historia  negaron, maltraron y violaron  la democracia, la libertad y los derechos de los cubanos. Los liga el apellido, el dinero y los intereses de la potencia que sirvieron antes y ahora.

El palo y su astilla, naturalmente, son iguales.  ¿Por qué hemos de creer lo contrario?

 

 

 

 

 

LA TIERRA BALDÍA

LA TIERRA BALDÍA

Un asunto de Cuba

Por Luis Sexto

 En la noticia sobre cierta asamblea popular oí, según la cita de una opinión entre otras, que el reparto de tierras era un fracaso. Los argumentos de tal juicio no fueron trasmitidos. O no me acuerdo, que los oídos no son estables ante el sonido de la radio o la tv.

El haber oído le esencia del criterio, me basta para comentarlo. Quizás tenga relación con la noticia de que a nueve mil tenedores de tierras se les había revocado el otorgamiento por baja atención a sus áreas o parcelas. El proceder de los organismos del Ministerio de la Agricultura se ha ajustado a la ley, que fija un plazo de dos años para empezar a cultivarlas. Y por tanto qué tendría el comentarista que añadir ante una conducta en sintonía con la legalidad y lo aparentemente razonable.

Es cierto: la tierra se ha entregado a productores individuales para que incrementen la producción agropecuaria y coadyuven a refundar un campesinado decreciente en número y saberes. Pero uno oye las cifras y se inquieta. Aún queda más del 30 por ciento de tierra ociosa sin distribuir. Y del total repartido, solo el  77,1 por ciento está en labor. Por lo visto en el mercado, parece, por tanto,  que el cuerno de la abundancia tardará un tanto en llover sobre el campo. Y aunque el trabajo ha esparcido fama de  milagrero, se ha de acompañar de la paciencia, la perseverancia y la disciplina, y de una mente flexible, y fertilizada con normas que operen para facilitar y no para limitar.

No estamos todavía, pues, en  temporada de saber si el decreto ley 259 derivará en chasco. Sabemos, en cambio, que la agricultura concentrada, centralizada y burocratizada, un día empezó a producir cada vez menos… ¿Por qué, así, descargar el augurio del fracaso sobre  lo que aún no termina de probarse?

En cambio, me parece, que lo que tal vez podría empezar a enjuiciarse como fracaso no es la revolucionaria medida de democratizar  tierras ociosas. El fracaso podría articularse en las entidades agrícolas, cooperativizadas o estatales, que retrasan su inventario de áreas vacantes y, en consecuencia, demoran en ponerlas sobre la tarima de la distribución. ¿Qué planes de producción están en el taller de los buenos propósitos como para incumplir con una demanda de la nación? Posiblemente sea tanto el amor por esa tierra que les duela entregarlas para su redención productiva, como esos padres que, por un exceso de amor que a la corta se revela como autoritarismo, ponen tranqueras en el desarrollo del niño.

 Y  fracaso, parcial fracaso, podría ser también que tantos miles de beneficiaros hayan tenido que devolver la tierra. No se les otorgó, he de repetirlo, para plantar las flores de la contemplación. Sin embargo, haber retirado el usufructo supone desplazar toda la responsabilidad hacia cuantos intentaron ser agricultores y fracasaron. Y  uno está inclinado a preguntar, desde el derecho de un periodista legitimado también por la ley no escrita del ejercicio de la opinión: ¿Habrán  tenido en cuenta los celadores del 259 que los tentáculos del marabú no se rinden como la hierba bruja? ¿Habrán considerado que los recursos y los aperos no han abundado, y tampoco la experiencia? ¿Se agotaron acaso los medios políticos y técnicos para persuadir y alentar?

Las preguntas tal vez sobren. Pero no ha de sobrar el que intentemos fundir una campana de transparencia y creatividad para desamarrar las fuerzas productivas, de modo que ninguno de nosotros –principalmente los que administran o dirigen- en vez de comprender, no quiera oír dudas, preocupaciones, necesidades. Le temo, en efecto, al prejuicio. Principalmente a los míos. Pero el vivir me ha confirmado que es más fácil quitar que dar… ánimo y ayuda, además de tierra. Por tantos años creyendo como única solución válida la agricultura extensiva en enormes empresas estatales, a veces dudo de que todos comprendamos la urgencia actual de que el hombre vinculado a unas varas de tierra, dependiendo de su tesón y laboriosidad y recibiendo directamente el provecho del trabajo, será más productivo que un asalariado.

Según la enseñanza del acontecer, tesón y laboriosidad son virtudes que exigen cubrirse con el “aniego” de la confianza, la comprensión, y con reglas legales cada vez más amplias y con esquemas más hábiles de distribución, para que el usufructuario de la tierra llegue a creer en lo que es: un trabajador imprescindible.

Habrá, pues, que oír atendiendo a lo que se oye. O la tierra pedirá cuentas un día por haberse usado para terminar como tierra baldía. No lo dudo: lo que legitimará nuestra obra es la remisión del error; no su persistencia.

 

 

¿ES CIERTO QUE LA RAZÓN ESTÁ DE SU PARTE?

¿ES CIERTO QUE LA RAZÓN ESTÁ  DE SU PARTE?

Por Luis Sexto

Muchos de los comentarios que aparecen como perchas debajo de los post de Progreso Semanal o en mi blog Patria y Humanidad, nos acusan a de esparcir el odio. Lo más llamativo es que acusan a editores y periodista de estimular el rencor, pero condenan desde el odio, desde la satanización. La carga de subjetividad es tanta que uno ha intentado debatir y se ha topado con el mismo glosario de lugares comunes, atrincherados en la prepotencia, con los cuales no parece provechoso discutir. Creo hallar más equilibrio en los que escriben desde Cuba, pues, conociéndola, respetan lo positivo y critican lo que resulta ya caduco, fracasado y negativo.

Del lado de allá de la barricada, las respuestas, en particular a mis artículos de Progreso Semanal, salvo juicios asentados, maduros, comienzan por negarlo todo. Y así surge el concepto de que quienes tienen la razón histórica son los cubanos que residen en el extranjero, sobre todo en  los Estados Unidos. No hay un hecho en el que desde Cuba se dé una versión que no sea falsa para estas opiniones sabichosas, y consecuentemente crean que en Miami reside la versión verdadera y exacta. ¿Cómo se podría llamar esa actitud, esa posición intransigente, renuente a conciliarse con la razón o al menos con la duda?  Definiéndola en palabras simples, es la defensa sin matices de un alineamiento político extremo que, en el fondo,  yerra por presuntuoso e injusto. Más fundamentalistas que mis opiniones, son las de la mayoría de mis comentaristas. Al menos, y alguno lo ha reconocido aguda e inteligentemente, este periodista critica las fallas del país y de  la causa que defiende.

Nadie en mejor condición  para juzgarla que cuantos hemos vivido en Cuba, asumiendo sus defectos y sufriendo sus  yerros y dificultades. No hay que olvidar que la rectificación de los errores en Cuba ha provenido de los mismos revolucionarios. Y en verdad, nada justifica un error, pero quien desee alcanzar credibilidad tiene que colocarse en un mirador desde el cual aprecie todos los matices de una circunstancia tan complicada,  a veces trágica, y tan confusa por el número de interpretaciones,  como el medio siglo de revolución. Por la carencia de una perspectiva equilibrada, los opositores internos o externos nunca han podido rozar la certeza de ganar el poder. En estos días, venga de ilustración,  se ha recordado la “matanza” del remolcador 13 de Marzo.  Y ninguno de esos recuentos considera, en primer término, que por muy apremiante que haya sido  la situación de ese grupo de emigrantes ilegales, nada justifica adormecer a un custodio, valiéndose de la confianza que condiciona el trabajar en la misma empresa, y robar la llave de un remolcador y llenarlo de personas, entre ellos niños. Hay, en ese proceder, una incalculable irresponsabilidad, aunque el pirata pensara salir a mar abierto y ser rescatado antes de que el remolcador naufragara en una mar para la cual no estaba concebido.

Quién con sensibilidad no deploró aquellas muertes y lo que pudo haber de accidente o de exceso en la persecución de la embarcación pirateada. Pero  no hallamos el mismo lamento cuando se les recuerda que en 1976, fue volado en el aire, al despegar de Barbados,  un avión de Cubana de Aviación, cuyos pasajeros eran extranjeros y deportistas cubanos que regresaban de una competencia en Venezuela. Uno de los autores intelectuales todavía reside en Miami, y no ha sido juzgado por esa matanza. Alguno, desde luego, podría decir que los campeones de esgrima y el avión eran comunistas. Y con tal pretexto la conciencia queda tranquila.

En estos días un comentarista puso debajo del post titulado Mi visita a Miami, varios reparos “históricos” de esa índole. Y recordó, además, el traslado de colaboradores de las bandas de alzados en la Sierra de Guamuhaya, incorrectamente conocida como Escambray, hacia dos pueblos fundados para relocalizarlos en Pinar del Río. Desde luego, dicho así, el gobierno revolucionario puede ser acusado de crueldad. ¿Mas, se tiene en cuenta las razones de este lado? ¿Se considera que los más de mil alzados  en las montañas del sur, en el centro del país, ahorcaban campesinos y maestros y eran pertrechados desde los Estados Unidos?

Admitamos, pues, que los revolucionarios cometieron errores. Pero  fueron obligados a defenderse. ¿O quién no recuerda los secuestros de aviones, de embarcaciones, los sabotajes, los desembarcos, lo atentados? ¿Ya hemos olvidado el estímulo a la emigración ilegal? ¿Desconocemos qué monstruosidad implica la ley de ajuste cubano que le reconoce a un cubano el derecho de permanecer en territorio norteamericano sea cual sea la vía que haya usado, aunque haya asesinado a un prójimo?  En estas semanas, sin embargo, el gobierno de Raúl Castro conmutó la pena de muerte por fusilamiento de un “patriota nacionalista” que, luego de desembarcar en las costas de Caibarién durante los 1990, asesinó al primer secretario del Partido Comunista en ese municipio villaclareño. Y el acto del Consejo de Estado no parece impuesto por la debilidad, sino provino de una manifestación de generosidad. Y solo se es generoso cuando uno se siente fuerte y apto.

El periodista que soy reconoce que la mayoría de la emigración cubana no es batistiana como el núcleo inicial liderado por los Díaz Balart, ni le interesa la política. Por lo que he podido observar en varios viajes a los Estados Unidos – y voy allí por necesidades profesionales y familiares- lo básico para ellos consiste en mantener el trabajo, pagar las cuentas, y tratar de ayudar a su familia en Cuba. El tiempo no les alcanza para comentar post en Progreso Semanal. Incluso, si entre quienes lo hacen niegan ser batistianos, puede ser que los actuales senadores y representantes de origen cubano en el Congreso, sean electos por su voto. Y en la práctica, es lo mismo. Porque votan por los candidatos que representan la revancha y no  la paz.

Para dejar tema para más tarde, solo pregunto: ¿los problemas de nuestra patria son solo obra de la incapacidad de los gobernantes?  Cierto: hubo errores adentro. ¿Y el embargo qué influencia ha ejercido? ¿Puede un país desarrollarse sin créditos, obligado a comprar  en países de Asia o de Europa, sin inversiones de su vecino más cercano? Y no me digan que los alimentos que Bush autorizó vender a Cuba,  niegan el bloqueo o el eufemístico término de embargo.  No se trata de que Cuba le compre a los Estados Unidos, sino que este también le compre a Cuba e invierta en Cuba.  Comprar alimentos no desarrolla a un país. Y para confirmar el bloqueo comercial, económico y financiero releamos las leyes Torricelli y Helm-Burton, que tantas prohibiciones establecen con respecto de Cuba, y contemos los 20 millones de dólares que se entregan cada año a no se sabe quiénes para promover la “democracia” en Cuba. A los cubanos de adentro no se nos ha preguntado si queremos esa democracia a la norteamericana. A mí, al menos, no me lo han preguntado. Pero creo en que usted tiene derecho a pensar cuanto quiera de mis textos, a decirlo. Y de mi lado,  a soportarlo callado o a responderle. Como ahora.

 

EL INFIERNO DE UN COWBOY

EL INFIERNO DE UN COWBOY

Por Luis Sexto

Confesiones de un infante de marina

El dramaturgo alemán Peter Hanke no se equivocó cuando dijo hace unos veinte años que el periodismo había dejado de ser oficio de románticos. Ideal de Quijotes. Las noticias de la guerra suelen traer solo el número de bajas, también la cifra de civiles muertos o heridos y la cantidad de bombas arrojadas sobre blancos enemigos. Las noticias de la guerra se convirtieron en partes militares corregidos, descontaminados y luego globalizados., de modo que las noticias de la guerra carecen de lo fundamental: el odio, la crueldad, el dolor humano, la destrucción de las riquezas, el daño al medio ambiente, la perversidad de la propaganda.

Todo lo que  se echa de menos en las noticias,  el lector inconforme con la papilla deshumanizada del presente, solo lo encontraba, hace años,  en textos de periodistas como John Redd, Ernest Hemingway, Herbert Matew, Norman Mailer,   Rysiard Kapuscinski y otros  que se mojaban los zapatos buscando la verdad de la guerra.  Y por estas razones, el libro Cowboys del infierno,  escrito por Jimmy Massey con la colaboración de la periodista Natasha Saulnier,  nos conmueve por el sello testimonial, por el desgarramiento que el autor, ex infante de marina de los Estados Unidos, sufre al contar su participación en la última guerra de Irak.

Este libro, publicado en español por las editoriales Apóstrofe, de España, y Timeli, de Suiza, nos diseña  una radiografía del mundo interno de la infantería de marina de los Estados Unidos, cuerpo para el que Massey fue reclutado cuando era un joven aún  sin definiciones económicas ni morales. La infantería de marina se convirtió para el joven desorientado, sin afectos,  en un cuerpo sagrado, y él en un potencial héroe con la misión de defender la seguridad de su patria y del mundo de la maldad del terrorismo (ponga usted las comillas).

Jimmy Massey, con el tiempo, fue una víctima. En uno de los párrafos de su libro dice: “Tengo 32 años y soy asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse  en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mi los civiles son despreciables retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy un perro pastor. Soy un depredador. En el ejército me llamaba Jimmy el tiburón”. Y también:  “De ser un niño sureño criado en la religión baptista entre Texas y Carolina del Norte al que le encantaba  cazar ardillas, me convertí en una máquina altamente  entrenada para matar. Perdí mi moral, destruí mi primer matrimonio y, con el tiempo, empecé  a perderme  a mí mismo. Y ahora siento que vivo en el purgatorio, cada recuerdo, cada nueva pesadilla, me persigue diariamente”.

 A Jimmy, el sargento reclutador, lo llevaron  también a la guerra. Y allí sufrió un impacto tan contundente, que fue licenciado conflictivamente a causa de una psicosis, cuyo origen puede ser un personaje incubado en esta escena del  libro de Massey y que cito indirecta pero exactamente: Cuando el capitán Schmidt  le preguntó en Irak: Está usted bien, sargento,  este tardó unos segundos en contestarle.

-No señor. No me encuentro bien.

-Por qué -le preguntó el capitán.

-Porque hoy ha sido un mal día. Hemos matado a muchos civiles inocentes.

-No-repuso el capitán Schmidt, con voz autoritaria. Hoy ha sido un buen día…-y se marchó dejando solo al sargento Massey con su crisis moral.

El testimonio parece recobrar ahora el auge  de los siglos XV, XVI,  cuando los relatos de viaje  de Marco Polo; el Diario, de Colón; La conquista de la nueva España, de Bernal Díaz de Castillo; la Destrucción de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, aparecieron para dar al futuro lo más auténtico de aquellos años en que el mundo empezaba a globalizarse. El testimonio ha recobrado el protagonismo que en el XIX y el XX tuvieron las memorias de la guerra, en particular en las dos por  la independencia de Cuba, y ha vuelto al auge de los años de 1960. El testimonio, género ligado al periodismo, a la literatura, a la historia, y sobre todo vinculado a la verdad personal, recupera su tarea de hurgar en el estercolero de las guerras actuales. Como decir,  el que da o escribe su testimonio, su descargo, su catarsis deriva en un limpiador de letrinas o de inodoros.   El testimonio es el género que, como un detector de mentiras, devela el subterfugio de las nuevas palabras para nombrar viejas acciones: intervención humanitaria, daños colaterales, guerra preventiva, protección de civiles…

El capítulo 25 y último de Cawboys del infierno, Massey confiesa: “Se acabaron los espacios luminosos para mí. Se acabó el nirvana después de la matanza. Vivo en un charco de lodo y la única forma de salir de él es dejando de matar.” Y prosigue: “No quiero tocar un arma, ni siquiera mirarla. Vendí todas mis armas. Al principio me sentía desnudo e indefenso. Ahora no me siento atraído por ninguna de ellas. Sólo cogería un arma ahora si alguien  de mi familia fuera herido. Ni siquiera haría nada  si alguien me escupiera a la cara. He visto suficiente destrucción y violencia para una vida entera”.

Enseguida, Massey cuenta su experiencia de la noche en que había asistido  con su mujer en un concierto del cantante de música country Charlie Daniels. El ex marine vestía de vaquero, “mi cinturón con su gran hebilla y mis botas, pero me sentía raro”. ”Estaba rodeado de sureños, estaba en las montañas, y por primera vez  en mucho tiempo me sentía seguro. Sin embargo, sentía que no pertenecía a ese lugar. En uno de sus intermedios, Daniels dijo:

-“Quisiera agradecer a los hombres y mujeres que están luchando más allá de los mares.

“Entonces habló del 11 de septiembre. Aquello me causó un impacto negativo. Pensé en escribirle una carta contándole todo lo que había visto en Irak. Pero ahora estoy bloqueado psicológicamente. No puedo usar más mi sombrero de vaquero.

“Supongo que ya he dejado de ser un vaquero”.

Jimmy Massey ha sido uno de los primeros en escribir contra la misión antiterrorista de los infantes de marina de los Estados Unidos en Irak.

 

A LA “REINA” LE ESCONDEN LA BOLA

A LA “REINA” LE ESCONDEN LA BOLA

Por Max Lesnik, Radio Miami

Azares de la madre de Zapata

Lo que  le están  haciendo  a  esa  pobre  señora no tiene  perdón  de  Dios. Las promesas  que  le hicieron   para  que  se  “embarcara”  para  Miami  con  sus  trece  familiares  de  acompañantes,  se  está  convirtiendo en  sal  y  agua.  Le  prometieron   regalarle  una  casa  para  ella   y  otras  dos  para  el  resto  de  su  familia  y nada.  Ahora resulta   que  las  casas  son  de  alquiler.  Y  no  son  casas  sino  apartamentos  que  solo  serán  pagados  por  tres  meses.  De  ahí en  adelante,  allá  ellos.   El  monumento  de  tres metros  de  alto  en  la calle  ocho  al  hijo  muerto,   ha  quedado en  veremos.

 El  dinero  de la  colecta  de  100  mil  dólares  no  aparece  en  ninguna  cuenta  de  Banco. Los  millonarios  del  CLC   no  aparecen  y   los  Congresistas  batistianos  que la llevaron  al  Capitolio  la  devolvieron  a  Miami  en  24  horas.  La  señora  quería  conocer  la  capital  de  Estados  Unidos  pero  le  dijeron que “eso  será  en  otra  ocasión”. En cuanto  a  lo  de  los  tres  automóviles  que  les  iba a  regalar   Gus  Machado  Ford, nananina.  Y  en  cuanto a  una  cuenta abierta para   a  comer  todos  los  días  en  el  Versalles,  ni hablar.   También le  prometieron    a  la  pobre  señora  ponerle  una  “Botánica”   pero   la  llave  del  establecimiento,  que  le dijeron  estaría situado   en   una  céntrica  calle  de  la  ciudad  de  Hialeah ,  tampoco  aparece.   En  fin,  que  lo  de  “Reina por  un día”   se  quedó  corto.  Me dicen  que  ya  un  sobrino  de  la  señora   está  a punto   de  cantarle las  cuarenta a  los  que tanto prometieron.  Lo cierto  es  que  nada  de lo  prometido   aparece  por  ninguna  parte.

Nada,  que  a  la señora   “Reina”  le   han  tomado  el  pelo. Le  han  escondido  la  bola. Pobre  señora  ¡Que  gente!

LOS DISIDENTES “DIALOGUEROS”.

Ahora resulta  que   una  buena  parte  de  la  Disidencia  dentro  de la  isla  está reclamando   un dialogo  con  el  gobierno   que  preside  el  General  Raúl  Castro  para  buscar- dicen  ellos-  una solución  negociada  entre  cubanos   de  todos  los bandos  y  creencias.  A  ese  efecto  acaban  de  publicar  un  documento firmado  por  unos  40   Disidentes   de  los  que  llaman “Históricos”  entre  los  cuales  no  aparece ningún   “Bloguero”.
En  Miami  la  noticia  del  diálogo   con  el  gobierno cubano propuesto  por  ese  grupo  de  Disidentes,  no  ha caído  muy bien  en  algunos  sectores  de  la  extrema  derecha.  Les  llaman  “Dialogueros  de  nuevo  cuño”. Y  como  si  fuera  un  acto  de  traición  al  exilio   intransigente,  amenazan  con  hacer  gestiones  para  que  de  Washington  no  les llegue  más  dinero  ni  ayudas. ¿Qué  les  parece?   Como  me  dijo   un amigo cura  hablando  en  latín :  “Dialoguemos  habemus”.


                       

MEDIO PAN Y UN LIBRO

MEDIO PAN Y UN LIBRO

Por Federico García Lorca

 

Discurso en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), septiembre 1931

 
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre”, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

 
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

 
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. 

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: “Cultura”. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.