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PATRIA Y HUMANIDAD

Política

EL CARDENAL NO TIENE FICHAS PARA ESE JUEGO

EL CARDENAL NO TIENE FICHAS PARA ESE JUEGO

Luis Sexto

A propósito de la última prueba de que el exilio no es la emigración

Tras tildar recientemente de “cipayo” y “canalla” al Cardenal Jaime Ortega, entre otros calificativos denigrantes,   Radio Martí, emisora perteneciente a una agencia del gobierno de los Estados, y por tanto  clasifica como medio oficial, confirma que un posible proceso de “reconciliación” con la  mal llamada diáspora, no es posible sin saber elegir puntualmente a los interlocutores. La semana pasada publiqué  en Progreso Semanal un artículo intentando establecer diferencias semánticas, políticas e ideológicas entre exilio y emigración.  Y aunque me ahorre exponerlas ahora, debo repetir que exilio y emigración no significan lo mismo, sobre todo, desde el punto de vista de su pensar y accionar políticos. 

Del exilio forman parte todos los cubanos, o cubanoamericanos, que aspiran a derrocar al actual gobierno cubano y regresar al poder que perdieron algunos de ellos, o sus abuelos o sus padres, o beneficiarse de algúna posición como aliados de última hora. Evidentemente, esa gente no quiere reconciliación con los cubanos que en Cuba tratamos de construir un país mejor sin renunciar a conquistas revolucionarias, como la justicia social, y la independencia política, en particular de los Estados Unidos.  Y tanto es el odio  del exilio que sus adeptos no vacilan en maltratar a un eclesiástico de la jerarquía de su Eminencia el Cardenal Ortega.

¿Cuál es la razón por la cual el director de Radio Martí –ah, si Martí supiera para qué cochinadas utilizan su nombre-, miembro encumbrado del  exilio y también del gobierno federal,  ofenda públicamente la dignidad humana y religiosa del arzobispo de  La Habana*? Aparte de las opiniones emitidas en Hervard por el arzobispo de La Habana, la razón es muy  simple, simple como suelen ser los argumentos políticos del exilio, ya sea histórico o histérico, según el agudo decir de Carlos Saladrigas.  Su eminencia Jaime Ortega vive en Cuba y su percepción de la realidad no coincide con la de los enemigos de la revolución, ni su misión episcopal se apega a los métodos y propósitos de los “llamados –y bien pagados- luchadores por la libertad”- en Miami, Washington y Madrid.  Ortega intenta coadyuvar al bien de Cuba mediante su influencia pastoral, y no está interesado en derrocar al Gobierno cubano, ni propiciar con sus acciones la división interna y mucho menos poner los problemas de Cuba al arbitrio de los Estados Unidos. Aún recuerdo cuando, ante la grave enfermedad de Fidel  Castro en 2006, y mientras W. Bush se frotaba las manos ante un plato fácil y suculento, el arzobispo de La Habana declaró a la prensa internacional que la Iglesia Católica cubana no estaría de acuerdo con la intervención extranjera en Cuba.

Tal vez lo que ha sucedido con Ortega en Miami avive el seso, al decir de Jorge Manrique, de cuantos, con cierto hábito, construyen desde Cuba sermones laicos sobre la necesidad de la reconciliación y el diálogo, en un lenguaje tan ambiguo que parece que el culpable de los sufrimientos de los cubanos de dentro y de fuera, es el gobierno de La Habana. Esas exhortaciones, que acusan ingenuidad u oportunismo –depende del buen corazón de quién los lee o juzga- se fundamentan en lo abstracto. Para algunos de ellos, no existen los Estados Unidos, ni su guerra cincuentenaria contra el gobierno revolucionario; ni existe el bloqueo económico y financiero que prohíbe comprar hasta medicinas que usen ingredientes norteamericanos, y prohíbe que el FMI y el Banco Mundial otorguen créditos a Cuba; ni Obama aprobó 20 millones dólares para promover la subversión dentro de Cuba, ni mantiene activa la ley de ajuste cubano, que estimula la emigración ilegal… El propio cargo de Carlos García Pérez, autor del editorial contra Ortega, es una confirmación cósmica de la injerencia norteamericana en los asuntos internos de Cuba: director de la Oficina de Transmisiones a Cuba

Estos “defensores de la paz,  la unidad nacional y la caridad”, escriben sus dulzones textos soslayando culposamente que Cuba ha sido un país habitualmente atacado y que incluso parte de los errores de nuestro lado pertenecen a un modo de encarar   la defensa. No resulta una manifestación de superinteligencia comprender que, más que proponer ideas constructivas y justas, estos artículos se proponen respaldar con sus fichas la data común de la Casa Blanca y el llamado exilio.

Pero Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega toca la mesa y se pasa. No tiene fichas para ese dominó tan macabro, en cuyos extremos se sientan gente que si dicen creer en Dios, no vacilan en condenar a sus representantes si no comulgan con los intereses que le dan sentido a la existencia  que ellos mantienen plácidamente en tierra extraña y que ya consideran propia. Cuba, si la recuperan, sería una… colonia para inversiones y fines de semana en algún casino de los que reaparecerán como antes, en aquellos tiempos de Meyer Lanksi y el embajador Gardner, el general Batista y la United Fruit Company, y periódicos que anunciaban el arribo a puerto de cocaína de la buena y marca Merckx. 

 *Carlos García considera “una canallada” que el Cardenal Ortega dijera la verdad a su auditorio en Harvard; que entre aquellos que invadieron el Santuario Diocesano y Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad en La Habana el 13 de marzo habían delincuentes, un extraditado desde una prisión en los Estados Unidos y un sancionado por exhibicionismo; invasores que salieron sin que se usara la fuerza, como declaró la propia Iglesia el día 15 de marzo. También le disgustó a Carlos García que el Cardenal Ortega haya revelado que el recién fallecido Mons. Agustín Román le dijera durante una visita a Miami que no mencionara aquí la palabra “reconciliación”.

OJO CON LOS ACANTILADOS DE LA FLORIDA

OJO CON LOS ACANTILADOS DE LA FLORIDA

Luis Sexto

 

 

 

 

 

Antes de que algún lector me lo recuerde, este post ya fue publicado, pero me parece oportuno sacarlo del fondo del archivo

 

La web se ha vuelto adicta a textos, a veces menos que eso, a simple algarabía teórica, que coincide en decir que Cuba se aparta del socialismo y va hacia el capitalismo. Pero la generalidad de esas tesis, a pesar de sus diversos cromatismos de izquierda, coinciden en una omisión: ninguno dice cómo Cuba ha de solucionar su crisis estructural sin caer en el vacío de una nueva crisis o encallar en los arrecifes de La Florida.
Confluyen estos teóricos de la red –a veces impune y caótico reinado de la irresponsabilidad- en avisarles a los cubanos que Cuba tiene que volver al socialismo. ¿A cuál? ¿Al que nunca se ha probado, o si se ha probado, como en un tiempo el socialismo autogestionario de Yugoslavia, ha fracasado al igual que el socialismo real soviético?

 

Es curioso: algunos de cuantos escriben sobre Cuba y sus problemas lo hacen desde la distancia, desde intuiciones facilitadas por los discursos o los devocionarios de la ultra izquierda o de la derecha camaleónica o amarilla; incluso, Posada Carriles declaró el año pasado en Miami estar convencido de que “este año estaremos en Cuba”. “Ya nosotros ganamos”, dijo aludiendo a la supuesta vuelta de Cuba al capitalismo. Son, en suma, declaraciones de zapateros fuera de sus zapatos.

 

Desde ese mirador en que se confunden izquierdistas y derechistas, se gestan varios de esos artículos y declaraciones tan estrictamente doctrinarios. Y qué podría decir el cubano medio, ese que lucha su yantar y su trajín diario, ante tales reproches, formulados en nombre del dogma que en Cuba se trata de extinguir. “Bueno, mi hermano, socialismo sin comida, sin zapatos, sin transporte, no camina. O es que tú quieres ponerme en el altarcito de tus diablillos con el nombre de “San Sagunto o San Numancio”, el que resistió pa’ná”. Por lo tanto, si la estrategia de actualización económica que se aplica en Cuba ayuda a facilitar la alimentación, la ropa, el transporte, a hacer más eficaz la medicina y la escuela, y al desparecer los subsidios y las dádivas también retrocede el autoritarismo burocrático, puede ser que los cubanos veamos el inicio de una búsqueda socialista cuyo primer requisito es tener lo necesario para repartir. Porque ninguna teoría que prometa distribuir parejamente la pobreza, podría llamarse socialista.

 

Pero desde fuera y también desde dentro recomiendan nuevos saltos al vacío. Por ejemplo, ¿se pueden entregar empresas incompetentes a trabajadores habituados a cumplir órdenes y orientaciones encorsetados en ese socialismo burocrático en el que derivaron las mejores intenciones? Una verdad, a mi parecer, se sobrepone a las múltiples y opuestas opiniones: el país no podrá inventar, ni experimentar hipotéticos modelos. Tendrá que partir de lo conocido, o de lo más seguro, aunque los resortes de estimulación de las fuerzas productivas tengan una o dos o muchas afinidades con el capitalismo. Ahora bien, habrá que horizontalizar la dirección y la producción, porque los trabajadores tienen que ser objetos y sujetos del trabajo y también codecisores del destino político y empresarial.

 

 Si con cuanto ha sido proyectado y escrito, y lo aún no escrito, para trascender la hostilidad de los Estados Unidos y rectificar definitivamente los errores de improvisación en el interior de la sociedad cubana, Cuba va hacia el capitalismo -como asegura una izquierda que parece ingenua y, en el peor de los expedientes, es irracional- estoy de acuerdo si en ese intento Cuba y la Revolución se salvan de la catástrofe. Aunque uno a veces quisiera más claridad, más dimensión en algunos aspectos que están muy encapsulados o sudan la resequez del estilo tecnocrático en los Lineamientos de la actualización económica, es preferible ir por nuestros medios y nuestra voluntad al sitio donde parece estar, en las circunstancias presentes, la más fiable fórmula de amplitud económica y de efectivo orden social. Peor sería que los Estados Unidos, y sus intermediarios del “exilio” lleven a Cuba al capitalismo si el país no logra salvar el precipicio que, según Raúl Castro, actualmente bordea.

 

Por otra parte, qué poco se ha logrado saber del capitalismo. Porque a cualquier intento de azuzar, mediante algún resorte regulado de mercado, a fuerzas productivas inmovilizadas y dependientes de subsidios, lo tildan de capitalista sin conocer cabalmente, o conociendo al menos con intenciones limpias, la situación interna y sus perentorias demandas de crear y acumular la riqueza suficiente para progresar en el socialismo. ¿Podrán fracasadas interpretaciones del marxismo componer el mágico manual de “hágase así” porque lo dice el libro? Es, por tanto, preferible que el zapatero vaya a sus zapatos…

 

Este articulista, al menos, está en los zapatos que le corresponde: vive en Cuba, y aunque reconoce, y admite y haber sido víctima de errores domésticos, también ha sufrido el daño que ha echado sobre Cuba el inodoro enorme, hegemónico y cruel de los Estados Unidos de América, además de haber crecido, con carencias, insuficiencias y letreros de “no tresspasing” en el capitalismo dependiente cubano previo a 1959. Advirtamos que mucho de lo fallido en Cuba durante el mimético socialismo cubano -aunque hayan sido decisiones individuales o colectivas- sufrió la distorsión de la guerra pública y secreta delineada por Washington. Ah, si Allan Dulles, Kennedy, Nixon, los Bush y la nómina engordada por los fondos federales en Miami, se sentaran a una mesa redonda para decir la verdad de cuánto han gastado por derrocar al gobierno de Cuba, ya veríamos que los yerros de los revolucionarios pertenecen en parte a la política de cerco establecida y aún mantenida por los Estados Unidos, a pesar de las recientes aperturas políticas de Obama, cuyos propósitos no buscan ahorrar el dinero de los contribuyentes, sino hacer más eficaz la estrategia tradicional de la Casa Blanca.

 

Hace años escribí en Bohemia o en Juventud Rebelde, que ya no me acuerdo, que el dilema de Cuba no era básicamente entre socialismo o capitalismo, sino entre la nación o la anexión. Hoy me parece que el dilema continúa expresándose así: una nación justa y próspera que sepa equilibrar los espacios democráticos y las capacidades de sus ciudadanos o la dependencia de los Estados Unidos. Por ello, el destino de muchos triunfa o se frustra con todo cuanto hoy en Cuba está concibiendo para no embarrancarse, como una vez previó Jorge Mañach, en los acantilados de La Florida.

EL DEMONIO VENCIDO POR EL AMOR

EL DEMONIO VENCIDO POR EL AMOR

Por RICARDO RONQUILLO BELLO*

Hay quienes padecen la anomalía congénita del «mal de cálculo». Así le ocurrió a quienes aspiraban a desatar los demonios en vez del amor y la caridad que inspiraban la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI.

Olvidaron que en la isla revolucionaria que visitó el Santo Padre hay cada vez señales más fehacientes de que pueden convivir el amor a dios y a la justicia social, sentimientos que a veces parecieron irreconciliables.

No ha sido una prueba sencilla. No lo fue, ni lo será en medio de ningún cambio social profundo, pero una Revolución cubana en mayor madurez, y en circunstancias históricas que ya no son aquellas de los cismas fundacionales, ha aprendido a superar gradualmente el dogma de que las religiones son el opio de los pueblos, uno de los más graves estigmas que separaron históricamente a marxistas y creyentes.

Tampoco la iglesia católica cubana actual es aquella en la que se hacían inconciliables la fe cristiana con los más avanzados ideales sociopolíticos de la modernidad.

En los documentos del Primer Encuentro Eclesial Cubano, un acontecimiento singular en la historia del catolicismo en Cuba celebrado en 1986, que siguió a otros muy renovadores de la vida de la iglesia en el continente, se reconocía que: «a raíz de los momentos de enfrentamiento entre Iglesia y Estado de los años 1961 y 1962, algunos cristianos adoptaron, para conservar su identidad, un estilo cerrado y defensivo a modo de “exilio interior”. Este modo de vida, muchas veces sin compromiso con la sociedad, creó la opinión de que la Iglesia era desafecta a la Revolución».

Ya desde ese momento se hacía un acento en superar las diferencias y avanzar en el camino del respeto y el entendimiento. En los documentos de aquel Encuentro Eclesial se recogió que «la Iglesia en Cuba, en la persona de sus obispos, sacerdotes, consagrados y laicos más comprometidos, ha tratado de encontrar los caminos que lleven a una situación de diálogo entre católicos y marxistas.

«Para esto la Iglesia, en su predicación y orientaciones pastorales, ha insistido en el papel del cristiano en la sociedad, exhortando a los creyentes a dar lo mejor de sí mismos en bien de la colectividad, queriendo así servir mejor a la sociedad y propiciar un diálogo constructivo». En definitiva, ya desde ese instante se abría de ambas partes una aptitud verdaderamente ecuménica, fehacientemente demostrada en los resultados de la visita del Sumo Pontífice al país.

Lo cierto es que los cubanos, con independencia de sus raíces y creencias, estamos interesados cada vez más en conocer los nexos principales de la milenaria historia universal, y en promover una cultura sin esquemas ni doctrinas ideologizantes, como ha reconocido el luchador de la Generación del Centenario del Natalicio del Apóstol en Cuba, Armando Hart.

Para el actual director de la Oficina del Programa Martiano del Consejo de Estado, esa es la cultura que necesita el mundo para librarnos de la estrechez de conceptos generados por una civilización cargada de materialismo vulgar, y tan necesitada del acento utópico de los pueblos de raíz latina.

En su cálida y respetuosa despedida al Papa, Raúl resaltó que Cuba ha tenido como su principal objetivo la dignidad plena del ser humano, algo que, dijo, somos conscientes no se construye solo sobre bases materiales, sino también sobre valores espirituales.

Curiosamente, en los fundamentos de los católicos cubanos, como en los de la Revolución que triunfó en enero de 1959, hay una opción preferencial por los pobres. Esta última proclamó el 16 de abril de 1961 que la nuestra era una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

En el mencionado encuentro eclesial se postuló que la Iglesia Católica cubana compartía la opción preferencial por los pobres proclamada en Puebla: «La Iglesia quiere ayudarlos a tomar conciencia de su propia dignidad y a conseguir su desarrollo integral».

Mientras concluía la visita a Cuba de su Santidad Benedicto XVI recordaba a Cintio Vitier, el destacado intelectual y apasionado martiano que sufrió entre nosotros su propio «calvario» de incomprensiones como consecuencia los prejuicios religiosos.

Al enterrar a Cintio no pocos cubanos sentimos que en nuestra tierra no penetraba un cadáver, más bien reverdecía una raíz, una estremecedora conexión, un hilo misterioso entre los hombres y las épocas que le dieron a esta isla su entraña sentimental, y la elevaron a su condición espiritual: de gallarda, noble y soñadora, levantada a la emancipación y al decoro. Con su cuerpo sembramos una columna, de las tantas sobre las que deberá seguir irguiéndose el altar moral de Cuba de entre cualquier desgarradura.

Al intelectual y hombre completo que se fue al definitivo reposo nada alcanzó para envenenarlo, sino para ennoblecerlo y agigantarlo. Supo darle perdón a lo que lo merecía. Asumió que el bien de la patria está siempre por delante de todo, incluso la fortuna material y la vida. Su gesto, como el de otros tantos, honra la frase del escritor francés Conde de Rivarol: «Cada dogma tiene su día, los ideales son eternos».

*Periodista cubano.

Y EL GOBIERNO QUEDÓ EN PIE

Y EL GOBIERNO QUEDÓ EN PIE

Luis Sexto

Últimas impresiones sobre la visita papal

Vino, habló y ganó el respeto de los cubanos. No de todos.  Porque si algunos esperaban que Benedicto XVI tumbara al gobierno revolucionario, con una arenga, una oración o un soplo, han de sentir, además de frustración, una especie de rencor hacia el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.  De esos absurdos, intrigas, fantasías y carencias de realismo está compuesta la mentalidad de muchos de cuantos  pelean pretendiendo que un golpe de suerte, les haga el trabajo de derrocar eso que, en una reducción de la historia y las circunstancias, llaman castrismo.  Si hubieran sido enemigos de los romanos, en época de Cristo, habrían pretendido que Jesús les destruyera el imperio. 

O posiblemente no quieran derrocar al gobierno cubano, porque  a fin de cuentas, se acaba el negocio.  No invento. Mi amigo y ex profesor  Jorge Dubreuil, hace años  confundido entre  mercaderes de la política hasta que se dio cuenta y se reconcilió con la Cuba de hoy, no con la de su pasado, me contó que entonces Frank Calzon, la esfinge de la “casa de la libertad”,  le dijo: El asunto no es tumbar a Fidel Castro… Y cuál es entonces el propósito de nuestras reuniones y discursos, preguntó Dubreuil. Pues… eso: reunirnos, hablar y recibir el dinero.

Días después de la partida del Papa, uno se percata que a pesar de que  pretendan tergiversar sus palabras y gestos, quedan dos verdades muy claras. La primera, vino a Cuba como jefe de un Estado, aunque muchos -dentro y fuera de Cuba- no lo entiendan y requieran por lo tanto de estudiar historia si se creen aptos para hablar de política. Segunda, llego a Cuba como cabeza visible de la Iglesia Católica Romana, para realizar una visita pastoral, es decir, reunirse y orar con los fieles, obispos y sacerdotes en Cuba. Para ellos habló en primer término. Por ello, sus homilías se ciñeron a una intención religiosa o ético religiosa, y no me parece que el Sumo Pontífice haya echado mano de “indirectas” o alusiones que en su caso específico habrían lastimado la moral cristiana que invocó en cada una de sus alocuciones.

Ahora bien, ciertos adeptos de la derecha se disgustaron  con el Papa por la condena al bloqueo de los Estados Unidos contra el archipiélago cubano, y ciertos adictos al izquierdismo le critican a Benedicto XVI su referencia -durante el viaje a México-  a la incapacidad de la filosofía de Marx para responder a las necesidades  del mundo actual en la forma en que se aplicó. Pero, como le pedí comentar a un lector en este blog,  el papa no ha dicho nada del otro mundo. Además es su opinión, y no una opinión ex catedra, es decir, como jefe de la Iglesia, sino como hombre de pensamiento. Podría, incluso estar equivocado. Pero los revolucionarios inteligentes y abiertos saben que una oblicua  interpretación de Marx  fracasó con el socialismo real. El propio Marx, de haber oído al Papa, hubiera dicho que tendría razón, porque en vez de utilizar el análisis marxista del capitalismo y del paso al socialismo como una guía, adecuada a las circunstancias y al desarrollo de las fuerzas productivas, lo usaron como dogma. Y los dogmas sociales, no los religiosos, corren el riesgo de desarticularse en la práctica. Ahora bien, lo que sí no ha fracasado es la aspiración a un mundo justo, en paz, a un socialismo nuevo. Y una creadora interpretación de Marx, coadyuvaría a materializarlo,  como también podrá coadyuvar el cristianismo original. He de repetir que si en lo religioso, el dogma es imprescindible para mantener íntegra la doctrina de la fe, en la filosofía, particularmente en la filosofía política y en la sociología, el dogma tiende a destruir la base epistemológica de las ideas.  

En fin, se especula. Se especula de un lado y otro, tanto los frustrados por que los días del Papa en Cuba encontraron desenlaces no deseados,  como los inconformes porque el anticlericalismo o el ateísmo sostenidos como piedra miliar de la militancia política, no aceptan relaciones con iglesias o religiones. Para los primeros, “el castrismo” intenta convertir en su aliada a la Iglesia Católica cubana en detrimento del resto de confesiones y creencias.  La racionalidad, a mi parecer,  demanda que una relación fluida, un espíritu de colaboración nacional con la Iglesia Católica, exigirá también el mismo respeto y la misma colaboración  en unidad con el resto de denominaciones y creencias y, sobre todo, creyentes.

Ahora bien, el Papa de los católicos posee, como ya advertí, un valor más universal. No solo por ser el catolicismo la religión predominante en Occidente, sino por su antigüedad, una antigüedad que desde comienzos de nuestra era –la era cristiana- acompaña la historia humana, con todos los yerros que, quienes introducen los dedos en las llagas, hayan utilizado  para invalidar la visita papal; incluso, magnificando la filiación  a las juventudes hitlerianas  del joven Ratzinger, pegando la etiqueta sin más datos circunstanciales, y soslayando la realidad histórica de Alemania en la década de 1930.  Fijémonos en la inconsecuencia de ese  proceder en esta analogía.  Pobres de los exmilitantes  de la Juventud Comunista de Cuba y del Partido Comunista Cubano, y de los que, de niños, fueron pioneros y vivan hoy en los Estados Unidos; en cualquier momento les cae una razzia  sobre su pasado para anularlos como ciudadanos integrados a la sociedad norteamericana.  Claro, el término  de “natzinger”  aplicado al Sumo Pontífice es un despropósito que procede de una izquierda que, por su incapacidad de evolucionar evaluando objetiva y justamente a las personas y las circunstancias, jamás podrá tomar el poder en el país donde se asiente. Y si lo toma, enseguida lo pierde: no puede doblarse  para distinguir táctica y estrategia, lo posible de lo imposible, lo útil hoy y lo útil mañana… La rigidez es el germen de la autodestrucción de la cualquier izquierda.  Lo he dicho antes: el dogmatismo.

Cuba, esto es, el socialismo en Cuba, necesita contar  con todos los cubanos y con todas las instituciones. Múltiples son las conquistas por defender. Una de las primeras es la independencia y con la independencia, la unidad de la nación, que no pertenece solo a los revolucionarios, y mucho menos a los ateos. Pertenece a una sociedad que incluya a todos los cubanos, en una diversidad que persiga las causas  nutridas con la obra y la sangre de generaciones anteriores, comenzando entre las primeras, con Aponte y su audaz conspiración independentista, y siguiendo con el Padre Félix Varela y Martí, hasta hoy. El socialismo, pues,  ha de tender a la unidad, y ninguna ley la ha prohibido. Y por ello, a mi modo de ver, van contra la patria las acciones o propuestas que intenten  dividirnos  por la creencia, el color de la piel, el sexo, y  otras diferencias normales  en cualquier sociedad humana.

Los que guerrean contra el socialismo en Cuba, nos ofrecen el primer pivote para la división: llaman castrista al gobierno cubano. Cualquier juicio con mayoría de edad intelectual y ética, no podrá negar el papel de los actos y las ideas Fidel y Raúl Castro en nuestra historia. Pero los del otro lado del estrecho de La Florida o del Atlántico, soslayan que la revolución cubana ha sido un movimiento nacional masivo. A mí, en lo personal, no me disgusta que me califiquen de castrista, si serlo implica tratar, entre  agresiones, bloqueos  y errores propios, de levantar una sociedad justa donde el cubano no se sienta extraño e inseguro  en su tierra. Pero no me pidan que les reconozca  el derecho a cualesquiera de mis compatriotas a  volver al capitalismo, bajo la égida geopolítica de los Estados Unidos.  Al menos, no en esta situación en que   las administraciones norteamericanas se relevan para destruir lo que la revolución edificó y ellas han limitado con el viejísimo recurso de la guerra económica.  Ya conocemos esa tela y el traje que resulta de ella  es la dependencia.

Por otra parte, en ese campo ilimitado para lo cuerdo, lo recto, y también para lo irresponsable nombrado Internet,  aparecen acusaciones y críticas desde una izquierda que parece ser zurda, y acusan paradójicamente al gobierno cubano, a ese que tanto limitan, insultan y combaten desde el extranjero, de llevar a Cuba al capitalismo.  Venga a ver, Mío Cid, quién les entiende ese marxismo doctrinario y libresco al que Benedicto XVI –hombre de pensamiento teológico y filosófico- dijo que así, en esa forma no responde  a la actualidad…  Aceptemos el consejo. Antes, sin embargo, habrá que renunciar al absolutismo que a va veces nos obliga a quedar ciegos para que otro sea tuerto.

 

 

 

IMPRESIONES DE LA VISITA PAPAL

IMPRESIONES DE LA VISITA PAPAL

Luis Sexto

Un desmentido a quienes mienten

De Europa me ha llegado un mensaje. De sus palabras chispean los golpes de un martillo enardecido y a la vez zaherido por la infamia, por el rejuego manipulador de la gran prensa. Cito uno de sus párrafos: “Creo que la visita del Papa a Cuba será un viaje feliz para todos, menos para los que quieren pescar en un río que intentan revolver. Aquí como siempre, la prensa "objetiva y libre" hace ver por la tv entrevistas que hacen solo a cubanos bien escogidos entre una crápula vendible, que existe en Cuba como en cualquier parte, aunque en cualquier otra parte, no pasan como personas decentes. Y esas personas “no decentes”, cuya ordinariez se les percibe en la pronunciación de un español de orilla. Hablan de "régimen", "comunismo", "libertad", "derechos" y esas palabras claves adaptadas para un público amaestrado.

Las imágenes de México, en cambio, lo muestran "todo maravilloso", el "país más católico" etcétera, cuidándose de omitir referencias al narcotráfico, los asesinatos masivos, el abuso de menores, el analfabetismo, la pobreza extrema, el tráfico de personas, la delincuencia... Es verdaderamente repugnante este mundo lleno de intereses, gente ignorante y manipulada que se cree libre”. Comprendo a mi amigo europeo. He visto algunos medios digitales tratando de dar una imagen caótica del paso papal por este archipiélago satanizado.

Hoy, cuando en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre pidió orar, entre otros seres humanos, por los privados de libertad, han querido ver una alusión a los presos en Cuba. Claro, no hay muchos. Hace poco, unos 150 condenados a prisión por delitos contra la seguridad del Estado cubano fueron liberados, y recientemente 3 000 reclusos por delitos comunes también fueron amnistiados.

 Pero uno puede pensar que, al pedir una oración por los presos, también se refería a los detenidos en la base naval ocupada ilegalmente por el gobierno de norteamericano en Guantánamo; decenas de prisioneros acusados de terrorismo por Washington sin comparecer ante un juez, y sufriendo torturas, habitualmente encadenados; o también por las decenas de condenados en el pabellón de la muerte de las cárceles de los Estados Unidos, o los presos en países de Asia y África y de la misma Europa. Esa misma petición se formula en cada misa celebrada en el mundo. Cada día, en nombre de la misericordia cristiana.

Ayer en la noche, luego de la misa pontifical en la plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, un enviado entre los 800 periodistas de 35 países, preguntó a Federico Lombardi, vocero papal, por qué el Sumo Pontífice había pronunciado la palabra libertad en su homilía y sin embargo en el texto entregado en el centro de prensa del hotel Meliá Santiago, no aparecía. El padre Lombardi pidió una copia y dijo vamos a ver, vamos a ver y fue leyendo hasta encontrar la palabra libertad. Y el provocador periodista pudo leer lo que parece no quiso leer. Ese es el sesgo de los grandes medios y cadenas: provocar, confundir, ignorar que sus receptores se confundan e ignoren la verdad.

Al principio de la Eucaristía en la Plaza Antonio Maceo, una persona, un “loco” -según calificativos oídos más tarde por mí, allí presente como periodista- gritó “abajo el comunismo, abajo la dictadura”. Cerca, en altas tarimas estaban las cámaras de las televisoras extranjeras, que debieron filmar la hazaña. Pero fue un intento fallido. Quienes pagaron, perdieron el dinero. Ninguna de las más de 250 000  personas apretujadas en la Plaza no secundó la provocación. Yo estaba allí, repito. En cambio, habían aplaudido cuando el presidente Raúl Castro entró en la Plaza y ocupó su puesto en la primera fila de sillas, como aplaudieron cuando, al concluir le misa, subió las escaleras hasta el presbiterio del provisorio altar para saludar a Su Santidad. Luego, cuando le preguntaron al vocero por la solitaria voz apenas oída, Lombardi dijo: Eso pasa en cualquier parte.

Contradictoriamente, los medios de las grandes corporaciones mediáticas no han hecho hincapié en las palabras del arzobispo de Santiago de Cuba cuando, al dirigirse al Sumo Pontífice de la Iglesia Católica antes de la Eucaristía, al definir al pueblo cubano, su multiplicidad de ingredientes, su mestizaje, dijo que nosotros los cubanos no aceptamos que ningún país intervenga en los asuntos internos de Cuba.

Muchos medios, muchos políticos y politiqueros en los Estados Unidos hubieran querido que el Papa dijera que en Cuba los niños son objeto de maltrato, o que las mujeres no tienen derechos, o que la gente no tiene escuela ni asistencia médica, o que el gobierno mata gente por la calle sin contemplaciones y gobierna con los tanques... Sería burdo, absurdo. Su Santidad Benedicto XVI, sabe qué país visita y que lo ha recibido y oído con respeto y atención, católicos y no católicos, porque además es un jefe de Estado.

 Por ello, en el Cobre, esta mañana, ante decenas de fieles y vecinos del verde y luminoso valle donde se alza el santuario de la patrona de Cuba, el Papa pidió orar por Cuba que vive hoy momentos de renovación y de esperanza. Como es sabido, la renovación -que aquí llamamos actualización- y las esperanzas provienen del gobierno cubano y del pueblo, de ese pueblo que como dijera Monseñor Dionisio García no tolera injerencia extranjera en sus asuntos o problemas.

DINERO MALDITO Y PALABRAS PERVERSAS

DINERO MALDITO Y PALABRAS PERVERSAS

 

Por Luis Sexto

Reflexión ante la visita papal a Cuba

 Como sabemos, el capitalismo de las potencias hegemónicas se internacionaliza. Si hasta la segunda guerra mundial peleaban entre sí, hoy se conciertan  de modo que intentan convertir  el Consejo de Seguridad   de la ONU en una oficina de trámites para la impunidad y utilizan la alianza atlántica como el famoso tambor de Queronea de Alejandro Magno, cuyo retumbar difundía el espanto entre los soldados enemigos: ¡OTAN!, ¡OTAN…! La nueva internacional capitalista unifica también el lenguaje de su geopolítica, y el vocabulario resultante destila perversidad y cinismo, en resumen: la negación de la ética. Por tanto, la injerencia significa ahora “intervención humanitaria” y   el bombardeo masivo y extenso en el tiempo se le llama “zona de exclusión aérea” y la matanza de civiles equivale a “daños colaterales”.

Casi todas las palabras de la geopolítica del gran capital, han de ponerse bajo cuarentena. Por ejemplo, democracia. ¿Qué es la democracia para los Estados Unidos?  ¿La que definió Lincoln cuando dijo que  significaba el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?  Más bien, democracia para los Estados Unidos es hoy el original concepto griego, donde el demos, es decir, el pueblo, eran solo los ciudadanos ricos y reconocidos. Los demás –mujeres, esclavos, pobres, mendigos- no cabían en ese aún reputado como magnífico hallazgo del humanismo griego. Concluyendo, pues, democracia para Washington es la norteamericana -limitada al voto para los electores, y las decisiones para los poderosos de  Wall Street- que parece ser la única verdadera. Por qué,  si no, la administración de Obama, como las anteriores, aprobó para el año fiscal una partida de 20 millones de dólares para “promover la democracia en Cuba”.

Volveríamos entonces, con la agudeza del viejo y zahorí Lenin, a preguntar de qué democracia hablamos, para quiénes y para qué la democracia. Pero también preguntemos a la cubana: ¿quién “se mete”  tanto dinero, dónde lo “meten”? Parecen términos obscenos, y lo son porque obscenos son los fines y la mayoría de las organizaciones que emplean ese dinero en reuniones, banquetes, pago de votos y de declaraciones de ciertos personajes de aura internacional, y compra de  pícaros para gritar, ocupar templos, y  adoptar poses de luchadores por la libertad dentro de Cuba. Una de esos organillos se titula Directorio Democrático Cubano (DDC). En la industria anticastrista es uno de los más dotados: en los bolsillos de sus corifeos suenan partidas de esos 20 millones.

Recientemente el DDC circuló una demanda patrocinada por la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (Redlad),  para que figuras de relieve, o al menos de cierto relieve la firmaran. El texto, entre otros términos de la satanizadora retórica que con respecto a Cuba proviene de los Estados Unidos, plantea aprovechar la visita de Benedicto XVI para obligar a “crear un espacio para el diálogo”. Medio centenar de personajes y personajitos, según los promotores, firmaron la petición. El nombre más relevante, entre los conocidos, es Desmond Tutu, y cualquiera con algún conocimiento del historial a favor de la justicia  y contra el apartheid del anglicano obispo  sudafricano, no se explica por qué Tutu se desacredita rubricando un documento, de tan sospechosa prosapia, junto a Alfredo Cristiani o Armando Calderón Sol, ex presidentes de chata e inmoral ficha política en América Central, cuyas crónicas cualquiera puede confrontar.

Pero, personajes aparte, reparemos en el término diálogo y volvamos a esgrimir la clásica pregunta de político inteligente: ¿Diálogo con quiénes y  con qué propósito? Pues con la mal llamada disidencia,  grupo de enemigos  del legítimo gobierno de Cuba. Enemigos no pacíficos, sea aclarado, porque con sus acciones aparentemente no violentas procuran fomentar un estallido que justifique una “intervención humanitaria” de Washington en La Habana. Hemos de tener en cuenta, además, que es imposible un diálogo con personas que si resuenan en la web, en su país son solo conocidos en su casa o entre sus familiares, y cuyos salarios, ya que no suelen trabajar, provienen de la USAID,  el Fondo Nacional para la Democracia (NED) y otros nombres y siglas no menos comprometidos con el gobierno norteamericano en cuanto a subvertir repúblicas tachadas de enemigas o calificadas de terroristas. Son pocos, pero ambiciosos estos disidentes a quienes, si se les baja el pantalón o se les sube la saya,  muestran el sello “made in USA”. Y sus pretendidos líderes hablan, exigen, claman, aluden a la libertad y la democracia y se arrogan el derecho de representar al pueblo de Cuba.

¿Quién les dio tal mandato a Osvaldo Payá, Elizardo Sánchez Santa Cruz, Guillermo Fariñas, José Luis Pérez (Antúnez), Iris Aguilera, Mayra Beatriz Roque…? Han pervertido también la palabra pueblo. Y han roto toda mesura, toda ética, porque mienten y reclaman sin tacto, irrespetuosamente. Fariñas, salvado de la muerte más de una vez por los médicos cubanos tras varias huelgas de hambre, dirigió una carta al Papa. Veamos si el psicólogo con neurosis de martirio pudo alguna vez orientar correctamente a sus pacientes, según se le juzgue al dirigirse al Papa. Fariñas le advierte a Su Santidad, como si el guía espiritual de los católicos fuera ingenuo, ignorante   o manipulable: “El rol del obispo de Roma es estar de parte de Las Víctimas y jamás apoyar a los Victimarios. En una Sociedad Totalitaria como la que se apresta a visitar, estos papeles están bien definidos: Los Victimarios son los opresores gobernantes y Las Víctimas los oprimidos gobernados”. Y termina, en una línea que desicologiza al sicólogo: “Usted representa una Alta Autoridad moral en este mundo, si no puede hacer lo pedido por los oprimidos, por favor posponga su viaje a nuestra Patria”.

El Papa, presumiblemente, nunca responderá ese insulto, agravado con mayúsculas tan mal empleadas. En cambio, la más certera respuesta a Fariñas proviene de una católica  residente en El Cobre, cerca del santuario de la Virgen de la Caridad.  Melba Sánchez Franco dirigió a Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, una misiva conmovedora por su sinceridad. Tras una modesta presentación, escribe: “Estas son las razones que me conmueven a poner en su conocimiento, el sentir mío y otros hermanos que amamos a la iglesia y la virgencita. Me refiero a que hoy nuestra iglesia la están cogiendo personas inescrupulosas para crear  un ambiente nunca antes visto en este pueblo, me refiero a las mujeres que dicen llamarse Damas de Blanco, ya que todos los fines de semana  crean la atención entre los vecinos más próximos a la iglesia  y pobladores del Cobre, así como otras personas que visitan  nuestra Virgen  de la Caridad (…) consideramos un bochorno esta situación que se está produciendo en el Santuario y la hospedería todos los domingos y deseo de su bondad y su bendición que contribuya a remediar esta bochornosa situación”.

Yendo a lo objetivo, El Papa, si ha de solidarizarse con alguien, la caridad lo inclinaría a hacerlo con el verdadero pueblo de Cuba, víctima de un bloqueo económico, comercial y financiero que dura 50 años y que Juan Pablo II tildó, en 1998, de éticamente inaceptable, porque incluso prohíbe la compra de medicinas que contengan una determinada cantidad de componentes norteamericanos. Hace unos días, el vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, expresó el parecer del Vaticano al condenar nuevamente el bloqueo. Pero nadie en Cuba, podrá imponer una agenda al Papa, en viaje pastoral, invitado por la Conferencia de Obispos Católicos y el Gobierno de Cuba.

Los sedicentes disidentes han cometido, con alguna, excepción, varios errores que los invalidan ante su pueblo, si este  los reconociera. Primeramente,  hablar en nombre de la nación cuya historia y cuyos padeceres a causa del bloqueo, soslayan culposamente.  Después, han pretendido ocupar  los templos para generar conflictos entre la Iglesia y el Gobierno previamente a la llegada de Benedicto XVI. La Iglesia Católica, en su respuesta, optó por lo más justo: impedir que su actual y creciente papel de interlocutora, y protagonista en diversos momentos de la historia y la cultura cubana -no en cifras sino en hechos-, derivara hacia la intriga marginal de pretender exigir del Gobierno, entre otros puntos, lo que ya hace varios meses Iglesia y Gobierno resolvieron con la amnistía a centenar y medio de reclusos por delitos políticos. ¿La libertad de qué otros presos piden?  ¿Creeremos la nunca demostrada noción mediática de que Cuba es una cárcel?

El último error es definitivo. Han olvidado que en nuestra historia el antianexionismo ha sido la estrella de nuestra bandera. No importa que Narciso López la trajera con esos fines a Cárdenas en 1850. Yara y  Bayamo la limpiaron con sangre y cenizas en 1868 y 1869. El Padre Félix Varela le trazó, como uno de los precursores, el único camino: la independencia. Incluso reformistas como José Antonio Saco, si enemigo de la separación  de España, fue más acérrimo al rechazar la anexión. Quizás pocos como Saco escribieron páginas tan ardientes cuanto patrióticas contra la anexión a los Estados Unidos. Y para su epitafio pidió que se grabaran estas palabras: El más antianexionista de los antianexionistas. Y José Martí sella la voluntad de la nación al escribir unos días antes de morir en combate, la parte más clara de su testamento político: todo cuanto hice fue para impedir a tiempo que los Estados Unidos cayeran sobre Cuba.

Sabido, ¿no? Pero los mal llamados disidentes lo olvidan. Ni Varela, ni Martí pidieron dinero al gobierno de los Estados Unidos para fundar la independencia de Cuba. Les sobró ética, lealtad, capacidad de representar a su pueblo porque procuraban su bien al querer el predominio de la independencia y de la justicia social, a la que, por cierto ningún de los  grupos pronorteamericanos en Cuba o fuera de ella, dedica una alusión, ni siquiera una promesa republicana o demócrata. La ética es práctica extraña entre los disidentes que Washington y sus agencias fabrican, como maniquíes de plástico. Mienten cuando afirman que una pedrada accidental sobre el cristal de una ventanilla de un automóvil diplomático, es la secuela de una batalla a tiros o difunden videos clandestinos tomados en  prisiones donde es imposible, increíble, filmar... lo que no existe ni sucede. Y engañaron e instigaron a morir cuando Janisset Rivero, mano adelantada del Directorio Democrático Cubano, instó a Zapata a renunciar a los alimentos hasta fallecer por demandas baladíes como un televisor en la celda. Y mintió después cuando la adolorida madre se marchó a Miami con la promesa de que todo, todo el bienestar le sería dado porque la muerte de su hijo lo había ganado para ella. Reina Luisa ya maldice el momento de aquella  decisión. Vive, más bien, muy  cerca de la desesperación del que tiene poco en un país donde se necesita mucho para sobrevivir.

Y ese pecado -mentir, engañar, instigar hasta el suicidio- tal vez ni el Santo Padre pueda perdonarlo o quiera perdonarlo. Porque, según Sor Juana Inés de la Cruz, quién es más culpable: el que paga por pecar o peca por la paga. 

EL PADRE VARELA EN LA REVOLUCIÓN CUBANA

EL  PADRE VARELA EN LA REVOLUCIÓN CUBANA

 

Luis Sexto

El Siervo de Dios Félix Varela quizás pronto adelante un nuevo paso hacia el camino de la canonización y sea declarado Venerable. Desde este estadio es previsible que tarde en  ingresar en el canon de los santos. Varela podría ser un santo, posiblemente uno de los pocos que aglutinen en grado heroico las virtudes cristiana y las virtudes políticas. Y habría que preguntar, aunque no sea muy natural hacerlo, si las virtudes políticas no tienen una relación raigal con la práctica del más intenso cristianismo. Pero, como político, patriota, independentista cubano, el padre Varela tuvo que escribir mucho para exponer sus ideas y extender su causa civil.  Escribió tanto como para amontonar varias toneladas de papel, que los fiscales de la causa de su beatificación tendrán que leer microscópicamente y tratar de detectar una línea o una palabra que pueda atentar contra la doctrina y el dogma católicos. Son los rigores de un proceso que la Iglesia de Roma ejecuta con disciplina ejemplar.

Tal vez, antes del siglo XII, con la aclamación de los fieles, como se practicaba previamente hasta ese momento, hubiera bastado. Porque los católicos cubanos, habrían levantado la mano para aprobar al padre Varela como un santo al saber de su vida abnegada y austera, y de su fe sin fisuras, su fidelidad a la Iglesia, y su caridad, tan constante y abierta como para, en medio del invierno neoyorquino, el vicario general de la diócesis se despojara de su abrigo y cubriera el cuerpo de un mendigo callejero. Recientemente bajo uno de los post que inserto en el blog Patria y Humanidad, un lector preguntó qué podría unir al Padre Varela con la revolución y el gobierno cubanos, si durante años la superestructura ideológica de Cuba exigió el ateísmo y discriminó a los creyentes.

En realidad, esa fue una política equívoca, mimética, a  veces torpe,  que el Primer  Congreso del Partido Comunista (1975), en su resolución sobre la religión, las iglesias y los creyentes, trató de atemperar al establecer que la lucha filosófica contra la religión debía subordinarse a la unidad con los creyentes en la construcción del socialismo. Era también una tesis insuficiente. Pero  el Cuarto Congreso, en 1991, disipó el andamiaje discriminador al aprobar el ingreso en el Partido de los creyentes que lo desearan y tuvieran méritos para ello, y posteriormente, en 1992,  la Constitución de la República  definió a Cuba como un Estado laico en vez de científico y materialista.

La inicial profesión de ateísmo que, aunque reclutó para las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), a creyentes –por dos o tres años hasta su extinción- incluso a algunos sacerdotes y pastores evangélicos, no cerró templos, ni prohibió la llamada a misa, ni la catequesis, ni las casas de oración, ni ha prohibido decenas de revistas y hojas católicas que circulan en cifra que ni en la etapa republicana previa a 1959, tan paradisiaca para los desmemoriados o los malintencionados, pudo imprimir la Iglesia. A partir de determinado momento, el Gobierno  permitió la entrada de sacerdotes en Cuba, en cifras que, si pequeñas al principio, hoy se incrementan.

Aunque el ateísmo hubiese continuado como posición oficial, entre el padre Varela y la Revolución cubana hay puntos de tangencia. Varela es uno de los héroes patrios, uno de los fundadores que coadyuvan con sus ideas y su ética a articular la ideología de la nación, a pesar también del viejo ateísmo y anticlericalismo practicados por varios de nuestros patricios. El concierto nacional lo califica como un Precursor de la independencia, entroncado con el pensamiento de Carlos Manuel de Céspedes y José Martí. Entre Varela y Martí hay una línea de continuidad que supera el azar de que Varela muriera casi un mes  después del nacimiento de Martí, como si se efectuara un relevo de apóstoles. Y si el padre Varela condenó la mercantilización de la sociedad norteamericana,  treinta años después condenará José Martí el mercantilismo y el egoísmo que corroían a Norteamérica.  Y si del único acto del que el Padre Varela confesó no arrepentirse era el de amar demasiado a Cuba y a su independencia, tampoco Martí se arrepintió de ese sentimiento totalizador de su existencia.

Y qué une a Varela con el presente. No parece atinado afirmar de que en Cuba pocos conocen al reformador de la enseñanza filosófica en Cuba, ni al fundador del periódico El Habanero, si desde hace años las editoriales cubanas publican  libros sobre Varela, libros que penetran, y enriquecen y rectifican antiguas interpretaciones, en la época y la vida  del gestor de un proyecto, tal vez el primero,  sobre la abolición de la esclavitud, y a favor de la independencia de Hispanoamérica, presentado, este sí, en las cortes españolas, además de aceptar la deposición de Fernando VII, actos que lo convirtieron en víctima, por su posición radical e ilustrada, de una condena a muerte de la monarquía española, y que evitó exiliándose en los Estados Unidos, en 1823. Uno de esos libros recientes pertenece al historiador Jorge Ibarra Cuesta y su libro se titula: Varela, el precursor, un estudio de época, de cuyas páginas he tomado algunas citas indirectas.

Varela se une al presente  con su espíritu científico. La revolución cubana desarrollo la vocación por la extensión de las ciencias que alentaron previamente a solas tantos cubanos, contra variadas hostilidades: el propio Varela reformó la enseñanza de la filosofía, introdujo el método explicativo en la docencia, prohijó la experimentación. Y la revolución  ha desarrollado la ciencia hasta el punto de recibir los elogios del premio Nobel de química en 2003, el norteamericano Peter Agree, que en declaraciones al periódico Juventud Rebelde el pasado 7 de marzo, dijo: Cuba “es una lección maravillosa de cómo se puede integrar el conocimiento y la investigación científica, que incluye la búsqueda de complejas vacunas y el impulso de una medicina preventiva, de modo que se alcancen indicadores de salud de calidad”.

Y también a Varela lo vinculan al presente sus ideas a favor de las enseñanzas de las clases populares, aunque incluyera la enseñanza religiosa. Y por qué no habría de incluirla en la formación de los seres humanos, si Varela era un sacerdote de acendrada religiosidad, y su mérito mayor radica en que la religión y el sacerdocio no constituyeron frenos a su amplitud política y científica; quizás, al contrario, la práctica de la caridad evangélica le  facilitó la capacidad de enfocar la filosofía y la política como instrumentos de mejoramiento aquí en la Tierra. Ya, tal vez, la teología de la liberación de los 1970 contaba con alguna semilla anticipadora en el pensamiento social de Varela, sin que ello este redujera su fe, su ascetismo, su virtud extrema y su apego al dogma católico. Cuántas lealtades ejerció el vicario de la diócesis de Nueva York, el periodista de El Habanero, el moralista de Cartas a Elpidio.  Vigentes están entre nosotros su doctrina sobre la educación. Se negó el precursor de la independencia a que se juzgara al pueblo, esto es, a las clases populares, como un conglomerado de “locos o niños”. Y para que no fuesen “el juguete de todos el que quisiera engañarlo, una víctimas sacrificada a la ambición y la avaricia”, predicó la justicia de la educación para todos y, a nivel personal, la ejecutó en los emigrantes pobres de Nueva York.

Uno de los logros de la revolución cubana ha sido la educación, cuyo primer acto masivo fue la campaña de alfabetización. Varela estaba –en espíritu-  entre sus propulsores. Y hoy, un millón de graduados universitarios componen el capital más útil del país. Un capital que urge de ser utilizado en una organización económica descentralizada y controlada desde la horizontalidad popular, a cuya concreción la república avanza sin desatinarse, sin apresurarse, términos empleados alguna vez por el padre Varela.

Pero la mayor prueba de la conjunción entre el Precursor, y luego el Fundador –Martí- y hoy los cubanos empeñados en la edificación de un socialismo racional, se abroquela en el anti anexionismo. Ante las propuestas de sumarse a la causa de la anexión a los Estados Unidos, el Varela viejo y enfermo, y abandonado por discípulos y amigos, guardó silencio en su soledad de San Agustín de la Florida. Y como apunta el historiador Ibarra Cuesta, fue el silencio que expresa la inutilidad de conversar lo que no es negociable. No, no calló para otorgar, sino para repetir, en la elocuencia del silencio, que sostenía al final la misma convicción del principio: la independencia era el único camino de la historia de Cuba. ¿Y hoy quién duda de que en la resistencia de Cuba a someterse, a recibir créditos y mercancías a cambio de derivar hacia la Florida, no alumbra definitivamente el padre Félix Varela? Cuba y Varela, revolución fidelista y convicción vareliana, han sufrido las mismas negaciones. Félix Varela no fue preconizado obispo de Nueva York, porque el rey de España  exigió al Vaticano que uno de los más agudos enemigos del régimen de opresiva explotación colonial  en Cuba, no fuera exaltado al rango que merecían los méritos  apostólicos y las virtudes del padre Varela. En actual analogía,  si hoy, por ejemplo, Cuba no accede a créditos del Fondo Monetario Internacional, como cualquier país de este planeta urgido de financiamiento para su desarrollo, la causa proviene de la oposición de Washington.

Y todavía dicen del otro lado del mar  que entre Varela y la Cuba revolucionaria, solo existe el desconocimiento. Sí, el desconocimientos de quienes se oponen a la revolución  y desconocen al Padre.

 

CALIFICA ARZOBISPADO DE LA HABANA ILEGÍTIMA LA OCUPACIÓN DE TEMPLO

CALIFICA ARZOBISPADO DE LA HABANA ILEGÍTIMA LA OCUPACIÓN DE TEMPLO

Antes de leer

Los tramposos se han manchado con su propia alfombra de "vidrio inglés". Han pretendido comprometer a la Iglesia Católica con   manifestaciones autotituladas disidentes, cuando, siguiendo la rima, podrían ser indecentes, por indecorosas y carentes de ética. Evidentemente, la trampa de poco sirvió: ni para que la arquidiócesis de La Habana los amparara y legitimara su acción, destinada a enrarecer la visita de Su Santidad Benedicto XVI. También, por supuesto, los malos olores de la trampa iban dirigidos a provocar al Gobierno. Parecen estar seguros de que el Gobierno, preocupado por el "show mediático" -que así se llaman estas acciones- se desatinara y los sacara por la violencia de la casa de Dios, casa de oración que ellos han convertido en caja de cobro. ?Alguien dudaría de que detrás de esos usurpadores del silencio del templo, no tintinea el dinero de Miami y de Langley? Nadie, pues, se manchará con el "vidrio inglés", vulgar excremento de vaca en los campos de Cuba con que estos señores han emporcado el piso de un templo. (Luis Sexto)

NOTA DE PRENSA

En la tarde de ayer(antier), martes 13 de marzo, un grupo de trece personas conformado por hombres y mujeres adultos, quienes se identifican como disidentes y habían acudido a la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad de esta arquidiócesis de La Habana, manifestaron al rector de este Santuario Diocesano, padre Roberto Betancourt, que tenían un mensaje para el Santo Padre Benedicto XVI y una serie de demandas sociales y se negaban a abandonar el templo.

Con posterioridad, en el lugar se presentó el canciller de la arquidiócesis de La Habana, monseñor Ramón Suárez Polcari, quien igualmente escuchó sus peticiones, les aseguró que el mensaje sería transmitido y les pidió abandonar el templo para el cierre, a la hora acostumbrada, lo cual rechazaron. Finalmente el templo fue cerrado y los ocupantes permanecieron en su interior. Con frecuencia hacían y recibían llamadas usando sus teléfonos celulares.

Durante todo este tiempo, además, las autoridades eclesiásticas mantuvieron una comunicación frecuente con las autoridades de gobierno, quienes se comprometieron a no actuar en modo alguno. Esto igualmente fue transmitido al grupo de ocupantes, y se les ofreció conducirlos a sus casas en autos de la Iglesia. Todo intento por persuadirlos fue inútil. Al amanecer de hoy, miércoles 14, supimos que situaciones similares se habían presentado en otras iglesias del país, pero los ocupantes ya habían abandonado los templos.

Se trata de una estrategia preparada y coordinada por grupos en varias regiones del país. No es un hecho fortuito, sino bien pensado y al parecer con el propósito de crear situaciones críticas a medida que se acerca la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba. Hemos recibido comunicación de que otros grupos y personas disidentes fueron convocados a ocupar templos en otras diócesis pero se negaron a hacerlo por considerarlo "una actitud irrespetuosa hacia la Iglesia".

A los templos católicos de todo el país acuden miles y miles de fieles cada día. Las oraciones por los presos, los que sufren alguna injusticia, los difuntos o los necesitados de una vida digna, nunca faltan en nuestras liturgias y celebraciones. Todo el que desee puede ir a rezar al templo, que es casa de oración abierta a todos los que buscan en Dios la respuesta a sus necesidades espirituales y aun materiales, o a dar gracias por un bien recibido.

Por este mismo hecho, todo acto que pretenda convertir el templo en lugar de demostración política pública, desconociendo la autoridad del sacerdote, o el derecho de la mayoría que va allí en busca de la paz espiritual y el espacio para la oración, es ciertamente un acto ilegítimo e irresponsable. La Iglesia escucha y acoge a todos, e igualmente intercede por todos, pero no puede aceptar los intentos que desvirtúan la naturaleza de su misión o pueden poner en peligro la libertad religiosa de quienes visitan nuestras iglesias. Invitamos a quienes así piensan y actúan, a cambiar de actitud, y si son hombres y mujeres que se consideran católicos, a proceder como tales.

Nadie tiene derecho a convertir los templos en trincheras políticas. Nadie tiene derecho a perturbar el espíritu celebrativo de los fieles cubanos, y de muchos otros ciudadanos, que aguardan con júbilo y esperanza la visita del Santo Padre Benedicto XVI a Cuba.

Orlando Márquez Hidalgo
La Habana, 14 de marzo del 2012