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AUTORIDAD VERSUS AUTORITARISMO

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Luis Sexto

Hemos de reconocerlo nuevamente: las sociedades excesivamente centralizadas, engendran el método del autoritarismo, ejercicio individual e inapelable de la última palabra en un conglomerado humano, sea laboral o político. Con el tiempo, el autoritarismo pasa a convertirse en práctica de la ideología predominante.

Desde luego, no he dicho nada original. Ya el autoritarismo se ha reconocido y condenado  en Cuba. Pero el diagnóstico no cura las enfermedades. El diagnóstico requiere del tratamiento para lograr la efectividad. ¿Y cuál sería el tratamiento contra el autoritarismo? Me parece claro: el medicamento para erradicar el todavía vivo parásito de las actitudes y acciones autoritarias, consiste básicamente en la descentralización de la sociedad.

Con la actualización económica y con el proceso renovador en lo social, nuestro país también intenta erradicar esa dupla que llamamos ordeno y mando. Es decir, una combinación propia del ámbito militar. Pero que en lo civil indica una especie de encorsetamiento de la democracia. El autoritarismo, pues, consiste en la negación del espíritu democrático. Yendo por partes, cuando levantamos la mano unánimemente como una costumbre, o cuando nadie nos consulta para decidir lo que atañe a la colectividad, estamos encerrando al ejercicio democrático en una caja hermética, donde no entra el aire de la voluntad del pueblo. La práctica autoritaria sólo reconoce el poder que está de su cabeza hacia arriba: el superior. Para abajo, sólo cuenta el que manda. ¿No parece que al habituarse a mandar donde la razón exige debatir, consultar, la práctica autoritaria llega a no distinguir el bien del mal, lo útil de lo inútil, lo grave de lo leve?

¿Acaso nos hemos percatado de que el autoritarismo genera prácticas aparentemente democráticas que suelen ir perdiendo crédito? Sigamos preguntando: ¿Cuándo votamos por el delegado de circunscripción, o el diputado, estamos convencidos de que quien nos representará en la asamblea municipal o en la nacional, podrá trasmitir y hacer oír nuestras urgencias? Mi experiencia como votante y como periodista, me ha mostrado que parte de mis conciudadanos en la circunscripción suelen votar sin saber por qué o a quién eligen, y los elegidos, a su vez, no están muy convencidos de que algo podrán hacer.

Al parecer, hemos perdido el sentido de los fines de nuestra democracia. No desconozco, por supuesto, lo sensible de este tema desde el punto de vista político. Aunque este comentarista pudiera equivocarse, peor, en mi opinión, es la supervivencia de una mentalidad que emplea el autoritarismo como método. Nuestra democracia empalidece ante prácticas tan nocivas. Veamos un ejemplo: ¿Por qué tiene que rendir cuentas el delegado de circunscripción, si nada o poco puede solucionar de las necesidades de sus electores? ¿Por qué no rinden cuentas los directivos locales de los organismos de gobierno y administración? Pocos funcionarios suelen asistir a las asambleas de rendición de cuentas. Y el delegado, al rendir cuentas, dirá: no se pudo, no pude.

No lo dudemos: el hábito distorsionador del autoritarismo continúa enrareciendo, lastrando la obra política y social de la revolución. No basta con descentralizar estructuras administrativas o políticas. Hace falta que el pueblo, como elector en la circunscripción, o como trabajador en sus centros de trabajo ejerza el poder. Esa es la premisa de la transformación justa y necesaria de nuestra sociedad.

Tal vez debemos seguir hablando de este asunto, y advertir que más que autoritarismo necesitamos el ejercicio de la autoridad.

(Difundido por Radio Progreso, en el programa A primera hora, lunes 11 de agosto de 2914)

19/09/2014 07:16 Luis Sexto #. Política



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