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¿SE HA ROTO EN VERDAD UN AVISPERO?

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Luis Sexto

Este problema también me atañe. Respuesta a un lector

Mario:

He leído los dos textos que usted me ha remitido, y cuyos autores, respectivamente, son Javier de Malas  y Enrique Rey . El primero se titula Víctor mesa: problema y peligro, y el segundo, Otra muestra del desorden en el béisbol cubano. No conozco a los autores. Primera vez que leo sus nombres, aunque ello es sólo responsabilidad de mi ignorancia.  Reconozco. sin embargo, falta de  originalidad en las opiniones de ambos. Todo lo que ellos han dicho lo leí, un tanto más mesurados en sus juicios críticos  y sin insultos, en los medios oficiales: Granma, Juventud Rebelde, Tribuna y programas radiales y de TV.

Estos dos textos, a mi parecer,  carecen de equilibrio. Es verdad, Víctor Mesa se ha caracterizado durante su vida como deportista por la explosividad. Pero no obvio que ha sido el mejor jardinero central de los últimos 50 años. A veces es irascible, irrespetuoso. Pero no olvido que defiende conceptos propios sobre la estrategia en el beisbol y  su inquieto juego confirma que el deporte es sobre todo vitalidad, torneo de fuerza y técnica, y mucho más lo es cuando el béisbol  se ha convertido en el más importante espectáculo de  nuestro pueblo.

Claro, no significa que la grosería y la irrespeto sean manifestaciones inevitables o excusables en el deporte. Que Víctor Mesa pierda el control o se caracterice por excesivos aspavientos, sería reprobable si sus actos atentaran regularmente  contra el fluido y ordenado desempeño del juego.  Tengamos en cuenta que ha sabido conducir a equipos condenados al fondo de la tabla, sin autoestima, desorganizados. ¿No basta su papel en el comando del  Matanzas para admitir, al menos, que sus métodos, su ardor conquistan lo que parece imposible?

 Podremos estar en desacuerdo con los enfoques de Víctor Mesa sobre las estrategias y las tácticas del béisbol. Podremos debatirlas. Pero no lo hagamos con los mismos recursos de la conducta que criticamos. Ejemplar fue, en una de las mesas redondas sobre el reciente Clásico del béisbol, el juicio del periodista Michel Contreras. Criticó la táctica de convertir en tocadores de bolas a los sluggers. Pero su alegato  no invalidó el criterio de Víctor Mesa, ni lo consideró un peligro para el béisbol cubano. El debate consiste en la argumentación, no en el insulto, ni en acusaciones que no se puedan probar.

Aunque ya no estoy de manera profesional vinculado al deporte, comencé mi carrera como cronista deportivo. Cubrí numerosas competencias, en particular fútbol y ciclismo; viajé al exterior acompañando a equipos deportivos y a dirigentes del deporte. Y a pesar de tanta alegría suscitada por el desempeño de nuestros atletas y jugadores, aprecié en responsables de las diversas delegaciones,  imposiciones y afanes centralizadores y métodos de ordeno y mando, a veces humillantes, que regían  las relaciones entre algunos dirigentes y entrenadores y deportistas. Incluso, periodistas.

Para mí, por tanto, Víctor Mesa es la liberación de  la injerencia en asuntos de dirección competitiva, de ciertas  autoridades locales  sobre el equipo de cada provincia; para mí es el anticipo, a veces desbordado, de cómo se ha de ser libre incluso jugando beisbol, en cuyo terreno han de predominar los enfoques y resoluciones del director y su equipo auxiliar mientras estos conduzcan a un conjunto en la preparación y la competencia.

Resumiendo, repruebo la indisciplina, el desorden de las pasiones, aunque prefiero la pasión, la creatividad, la audacia, incluso el show, ante aquellos hieráticamente sentados frente al juego sin mover un músculo de su cara, sin expresar públicamente su compromiso con lo que está pasando en el terreno. Desde luego, esa actitud podría constituir una escuela de dirección. Y por ello, no la condeno; simplemente digo que no me convence  fórmula tan pasiva.

Mario:

 Todavía seguimos prefiriendo a los hombres y mujeres que callen,  que no digan no, que no pongan condiciones. Ese es nuestro problema.   Si se profieren tantos insultos contra Víctor Mesa, estamos dando pruebas de que si él se excede, los que lo critican de modo tan  desmedido también sobrepasan la frontera entre lo justo y lo injusto, entre lo correcto y lo incorrecto, sobre todo porque hay desequilibrio  en sus juicios. Tal vez si fueran periodistas o aficionados de Villa Clara, la provincia de Víctor Mesa, o Matanzas, la novena que  este dirige, evaluarían los llamados problemas del polémico manager desde otros puntos de vista menos extremos y más convenientes para la pelota en Cuba. Debemos defender y proteger a Víctor Mesa: Es, a pesar de sus defectos, un valor de béisbol cubano. Y lo juzgo así sin que deberes de amistad o favoritismos de aficionado me lo exijan.  Nunca he visto a Mesa en persona, ni  concurro al estadio: solo soy periodista y en el recogimiento de mi casa, ante el televisor deseo en secreto que gane Industriales, el equipo que enardeció mi juventud.

No nos alarmemos por un show de más o de menos. En Grandes Ligas he visto peleas colectivas de boxeo entre dos equipos  completos en medio de un partido. Sucede, se adoptan sanciones y después se olvida. Por supuesto, no justifico nuestros shows con los shows ajenos. Quiero decir que en cualquier patio se arma el barullo, porque una competencia por momentos chispea y el combustible rueda por el área de juego.

Si me preguntaran,  prefiero el jugador o director o entrenador  que habla que al que calla para no desentonar; prefiero el que defiende su criterio, aunque se equivoque, que al que solo sigue la indicación de los que se erigen en mandantes por encima de sus atribuciones. Más que la expulsión de Víctor Mesa del béisbol, yo pediría la salida de la sinuosidad orgánica que evita abordar los problemas de frente e informar completa o verazmente sobre problemas y respuestas. En esas conductas de ser severos con unos y permisivos con otros, apreciamos una ética de base injusta. La justicia, según José de la Luz y Caballero, es el sol del mundo moral. En el béisbol, como en cualquier otro deporte, la justicia, la franqueza, la transparencia deben de ser las virtudes que afiancen la limpieza en los actos de los organismos dirigentes y fortalezcan la confianza que debe sentir  el pueblo en  cuantos toman decisiones.  

A mi criterio, el error más grave de Víctor Mesa en aquel tristísimo juego frente a Industriales, fue el querer retirar del terreno al equipo. Qué precedente habría establecido el director del Matanzas  si algunos jugadores, como lo apreciamos en la televisión, lo hubieran seguido. Y ese acto, aunque fallido, no merecía dos juegos de suspensión, sino mucha más severidad. Incluso, una excusa pública. Víctor Mesa necesita  reflexionar y delimitar las líneas blancas  entre la pasión,  la acometividad y el ideal de vencer, y la violencia contra principios inviolables.

Resumiendo, la crisis del béisbol es  el reflejo de la crisis del país. Todavía la indisciplina campea y muestra sus desgarradoras sutilezas la doble moral, y  continúa el ejercicio torpe y empecinado de la vieja mentalidad, esto es,  esa que  intenta mandar, incluso en el deporte, sin opción a que alguien exponga su punto de vista ante una arista pasada por alto o aporte una solución distinta, o adopte  un comportamiento diverso al que se impone desde el presunto balcón de los truenos. Ahora bien, ante esta actitud autoritaria y rígida que considera muñequitos de plomo a los seres humanos, cuando alguien quiebra el molde, parece que se ha roto un avispero.

 

14/04/2013 13:53 Luis Sexto #. Ética



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